Las piedras de plastilina

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“Yo he visto las canteras dónde estas piedras estaban cortadas -insistió-. Yo los he visto en todas las fases de preparación, y puedo asegurarlo, las superficies fueron trabajadas a mano y nada más!”

“Pero, otro amigo mío me contó la siguiente historia:

“Hace algunos años, cuando yo estaba trabajando en el campamentominero de Cerro de Pasco (un lugar a 14.000 pies (es decir, a 4.000metros de altitud sobre el nivel del mar. N. de VA), en los Andes del PerúCentral), yo salí un domingo del campamento, con otros Gringos, paravisitar algún viejo cementerio inca o Preinca, con la intención de ver sipodíamos encontrar algo de valor. Tomamos la carretera a este lugar,y llevamos, claro, unas botellas de pisco y cerveza; y un peón, paraque nos ayude a excavar en el cementerio.

Después de almorzar llegamos al camposanto, y el peón empezó aabrir algunas tumbas que parecían estar intactas. Trabajamosdifícilmente, y aprovechábamos cada ocasión para tomar un trago. Yono bebo, pero otros lo hicieron, sobre todo un muchacho que comenzóa beber demasiado pisco hasta emborracharse. Pero a pesar de tantoesfuerzo, sólo encontramos una vasija de barro, como de un cuarto degalón de capacidad, con un líquido espeso dentro de él.

“¡Yo apuesto la chicha!” -dijo el bebedor, totalmente fuera de sí—.”¡Lo probamos a ver qué clase de cosa bebió el inca! “

“Probablemente nos envenenemos si lo hacemos” –observó otro—.”

¡Entonces permitan que lo pruebe el peón!” -exclamó el borracho—.

Entonces rompieron el sello y sacaron el tapón de la vasija, olfatearonel contenido y llamaron al peón para que pruebe el misterioso líquido.

“Tome un trago de esta chicha” -pidió el borracho-. El peón tomó lavasija, dudó, y entonces, con el miedo pintado en su cara, lo empujóen las manos del borracho y retrocedió.

“No, no, señor” –murmuró—. “Eso no”. “¡Eso no es ninguna chicha!” -exclamó-. Entonces, el peón dio media vuelta y escapó.

El borracho puso la vasija sobre una piedra plana y corrió tras el peón.”¡Venga muchacho, agárrenlo!” –gritó—. Atrapamos al desgraciadohombre y lo llevamos a rastras de regreso; y de nuevo le exigimos quebebiera unos tragos de la vasija.

Pero el peón se enojó y en su resistencia todos forcejeamosviolentamente con él, y en la pelea la vasija cayó al suelo,rompiéndose en mil pedazos. Y su contenido se derramó y formó uncharco encima de la piedra plana.

Cada uno se rió. Era como un gran chiste, pero el esfuerzo de laexcavación de la tumba nos había dejado exhaustos y sedientos. Yellos fueron al saco dónde tenían guardadas las botellas de cerveza. Ycomenzaron a beber.

Aproximadamente diez minutos después, yo me agaché sobre lapiedra plana y por accidente examiné el charco del líquido derramado.Parecía que había más líquido derramado que antes; ¡Pero no era eso,la vasija entera dónde había estado el líquido, y la piedra bajo ella,eran tan suaves como el cemento fresco! Era como si la piedra se hubiera fundido, como la cera bajo la influencia del calor.”

Texto traducido y adaptado del libro: EXPLORATION FAWCETT, Percy H. Fawcett-Brian Fawcett(The Companion Book Club, London, 1954:317-318).

2.2. Exploración Fawcett II

Figura 6. Portada del libro donde Percy H. Fawcett cuenta sus aventuras por tierras sudamericanas, en una de sus tantas reediciones. En la tapa se puede apreciar un retrato del autor con su gorrita militar. Ilustración de Hall American History.

“Buscamos en toda la Montaña peruana y boliviana un pájaro pequeño, comoun martín pescador, que hace su nido en los agujeros redondos ubicados en lasparedes rocosas de los acantilados del río. Estos agujeros simplemente puedenverse, pero no son fácilmente accesibles; y aunque parezca extraño, tales huecos sólo se encuentran donde los pájaros están presentes. Yo expresé misorpresa una vez, cuando ellos tuvieron bastante suerte en encontrar pájarosanidando en sus agujeros, que ahuecaron tan bien como si hubieran utilizadoun taladro.”

“Los agujeros los hacen ellos” –Fueron las palabras de un hombre quehabía vivido un cuarto de siglo en los bosques—. “Yo he visto cómoellos lo hacen –continuó contando—, durante mucho tiempo. He vistolos pájaros entrar al precipicio con las hojas de alguna clase de plantaen sus picos; estas aves se aferran a la piedra como lo hacen a unárbol, mientras frotan las hojas en un movimiento redondo encima dela superficie de la roca. Entonces, salieron volando y regresaron conmás hojas, y continuaron con el proceso frotante. Después de tres ocuatro repeticiones, dejaron caer las hojas y empezaron a besar lapiedra con sus picos afilados, y –aquí está la parte maravillosa— lasaves pronto abrieron un hueco redondo en la piedra. Entonces, el avesalió otra vez de su agujero, y dejó el proceso de frotamiento variasveces antes de continuar besando. Tomó varios días, pero finalmentehabían abierto los agujeros profundamente, lo bastante para contenersus nidos. ¡Yo he subido y he echado una mirada en ellos, y, créame,¡un hombre no podría perforar un agujero tan limpiamente!”

“¿Quiere decir usted que el pico del pájaro puede penetrar la piedrasólida? ¿El pico de un pájaro “Pito” penetra en la madera sólida, no?…–pregunté sorprendido-.”

“No, yo no pienso que el pájaro puede consumir la piedra sólida –respondió el hombre—. Yo creo, como todos los que los hemos visto,creo que esos pájaros conocen una hoja que tiene un jugo que puedeablandar la piedra hasta que queda como la arcilla mojada.”

“Yo tomé esto como un gran cuento –y entonces, luego de haberescuchado historias similares en todo el país, me pareció una tradiciónpopular—. Sin embargo, en una oportunidad, un amigo inglés deindudable confiabilidad me contó una historia que puede arrojar másluz sobre ella:

“Mi sobrino estaba en la selva baja, en el país de Chuncho, enel Río Pyrenee (Perené), al norte de Perú(Nota 6), y un día sucaballo se lastimó, lo dejó junto a la chacra de un vecino,aproximadamente a cinco millas de su destino, y se fuecaminando a su casa. Al día siguiente, reemprendió el caminó para recuperar su caballo y tomó un atajo a través de unbosque que nunca antes había penetrado. Él usaba suscalzones de montar a caballo desgastados, botas de montaña,y las espuelas grandes –no el tipo inglés pequeño, sino lasgrandes espuelas mexicanas de cuatro pulgadas de largo—, yestas espuelas eran casi nuevas. Cuando él llegó a unachacra, después de una caminata caliente y difícil a través deun arbusto espeso, su asombro fue mayúsculo cuandodescubrió que “algo” se había “comido” sus hermosasespuelas, quedando estas reducidas a un punto negro deapenas una octava de pulgada. Ante el desconcierto delmuchacho, el dueño de la chacra por donde estaba pasandole preguntó, entonces, si por casualidad había pisado ciertaplanta de un pie de alto, con las hojas rojizas oscuras. Misobrino recordó en seguida que él había pasado por una áreaancha dónde la tierra estaba densamente cubierta con talplanta. “¡Ése es él!” – exclamó el chacarero-. “¡Eso es lo quese comió sus espuelas de lejos! ¡Ése es el material que losincas utilizaron para moldear las piedras! El jugo ablandará la roca de abajo para arriba hasta quedar como la pasta. Usteddebe mostrarme donde encontró las plantas.” Cuando ellos regresaron para buscar el lugar, no pudieron encontrarlo. “No es fácil desandar los pasos en una selva dónde no existe ningún sendero.”

Texto traducido y adaptado del libro: EXPLORATION FAWCETT, Percy H. Fawcett-Brian Fawcett(The Companion Book Club, London, 1954:105-106).

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3 Comments

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    Un misterio inexplicable, pero el artículo habla que los españoles usaron dinamita! Cuidado eso es un error pues la dinamita es un invento del siglo XX. Alfred Bernhard Nobel (Estocolmo, 21 de octubre de 1833-San Remo, 10 de diciembre de 1896) fue un químico, ingeniero, inventor y fabricante de armas sueco, famoso principalmente por la invención de la dinamita y por crear los premios que llevan su nombre.

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