Como un reblandecimiento y posterior solidificación de la piedra dejaría –
pienso- huellas en su composición, quizá la mejor forma para salir de dudas
seria realizar un análisis paleomagnético a todas y cada una de las piedras de
un grupo compacto de 4 ó 5 por su cara vista. Con esta operación se podrían
averiguar varias cosas: si las catas tuvieran una orientación paleomagnética en
su parte más externa diferente de su parte más profunda o interna, podría
significar que en algún momento de la manipulación de las piedras éstas se
reblandecieron superficialmente de alguna forma; y si la orientación más
externa tuviera en todas ellas en la misma dirección significaría que ya estaban
juntas en el momento de reblandecerse. También se sabría si se endurecieron
en horizontal. Por el contrario, si las catas mostraran una misma orientación
paleomagnética en toda su profundidad y esta orientación, a su vez, fuese
dispar entre las diferentes piedras, habría que abandonar definitivamente la
idea de la ‘piedra blanda’.
Pero, por otra parte, si finalmente se demostrase que los incas sí disponían de
algún método para reblandecer la roca, habría que plantearse otras preguntas,
como la del transporte de las piedras que componen los muros. Para mí este es
un misterio tan grande, o más, que la construcción del propio muro; porque no
me convence la versión oficial tradicional que asegura que las grandes piedras
eran llevadas rodando o a rastras desde su cantera de origen sólo a base del
esfuerzo humano, atravesando la irregular orografía del terreno, a más de
3.000 metros de altura en muchas ocasiones, hasta su destino final en el muro
en construcción. Y luego… ¡vuelta a empezar! Y así bloque tras bloque.
Pero si descartamos esta forma de transporte ¿qué otra más nos queda? Es
evidente que todavía falta mucho por descubrir. ¿Sabremos algún día toda la
verdad? El enigma persiste.”
10.2. Las piedras incas pierden su misterio
“El arquitecto estadounidense Jean Pierre Protzen reprodujo todo su proceso
de construcción.”
“Una investigación demostró que extraer, transportar, cortar y ajustar grandes
piedras para construir edificios estaba dentro de las posibilidades de los incas.”
Norián Muñoz
Publicado en el diario El Universal de Caracas — martes 18 de febrero de 1997.
“Caracas. Una de las preguntas que ha provocado más especulaciones a lo
largo de la historia es ¿cómo los incas lograron extraer bloques de piedra
monumentales, debastarlos y unirlos de tal modo que ni una hojilla cabe entre
ellos? La respuesta a esta pregunta la encontró en una cantera peruana Jean
Pierre Protzen, profesor de arquitectura de la Universidad de California, Estados Unidos, quien vino recientemente a nuestro país invitado por el
Doctorado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad
Central de Venezuela.
Protzen logró reproducir en el sitio todo el proceso de construcción que
comenzaba en la cantera y terminaba con la elaboración de las imponentes
paredes. Así pudo demostrar que todo pudo ser hecho perfectamente con la
tecnología inca, gracias a una manera muy especial de debastar las piedras y
hacerlas encajar unas con otras, aun sin contar con herramientas de hierro.
10.2.1. “El loco de la cantera”
El arquitecto explica en un fluío español aprendido en Perú, que todo comenzó
en 1979 luego de dictar algunos cursos en la Universidad de Sao Paulo en
Brasil. Antes de regresar a Estados Unidos, decidió visitar algunos sitios que le
atraían de América Latina, entre ellos Machu Picchu. Se quedó impresionado
con la habilidad constructiva de los incas, pero nadie tenía una explicación
coherente acerca de cómo se habían hecho estas edificaciones. Entre los
argumentos de sus guías se encontraba incluso la intervención de fuerzas
extraterrestres.
De regreso a Estados Unidos, Protzen encontró muy poca información sobre
estas edificaciones. Decidió entonces investigar por cuenta propia, se fue a
Perú en 1982 durante su año sabático y logró que la universidad financiara su
proyecto. Durante los primeros días en Perú, no tenía idea de por dónde
comenzar, lo único que hacía era observar. Poco a poco se dio cuenta de que
tenía que encontrar respuesta a cuatro aspectos fundamentales: cómo extraían
la piedra, cómo hacían bloques individuales, cómo la ajustaban y cómo la
transportaban.
Muy pocos habitantes de Ollantaytambo, localidad donde se radicó, sabían
dónde estaban las canteras. Contrario a lo que esperaba, tampoco se conservó
la tradición de extraer la roca y tallarla a la manera inca, de forma que nadie
sabía cuál era el tratamiento.
Le tocó entonces experimentar y pasar largos días tallando piedras. Fue un
proceso de ensayo y error, hasta que encontró la técnica correcta, que
consistía en debastar la piedra poco a poco usando otra piedra de río como
martillo. Mientras hacía sus experimentos los lugareños lo llamaban ‘el loco de
la cantera’. Para demostrar cómo debía ser el transporte de los bloques de
piedra, Protzen involucró a todo el pueblo, que se prestó para trasladar una
enorme piedra hasta el lugar donde hoy se encuentran las ruinas. Todas las
partes del proceso fueron reproducidas. Para tratar de exponerlo de forma
sencilla Protzen explica: ‘en la cantera se labraba la piedra mínimamente.
Desde allí era arrastrada con cuerdas a través de los caminos hechos por los
propios incas hasta la obras. Una vez en el sitio de la construcción comenzaban
a elaborar el muro haciendo una primera hilera de bloques y dejando la parte
superior sin cortar.
Luego cortaban las piedras que irían arriba de manera que ‘encajaran’
perfectamente con las anteriores y así sucesivamente. Esto es lo que permite
que no sean necesarios otros elementos para unir una piedra con otra’.
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