El erotismo gráfico del antiguo Perú

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11

6 . Pampayrunas: prostitutas del incario “Pampayruna era en el Incario “mujer pública”, según el Inca Garcilaso de la Vega .
Sorprende la afirmación del mestizo cronista dado que todos conocemos que su tendencia es más bien a idealizar el Incario, a verlo en la forma en que seguramente lo entendían los aristócratas orejones imperiales cuzqueños, de quienes tenía sangre, a través de su madre Isabel Chimpu Ocllo . Pero ¿qué es una prostituta? La mejor definición sigue siendo la de Justiniano, el de los códigos romano-bizantinos: “mujer que se entrega por dinero y no por placer” .

“Por esta sencilla razón, denunciar que hubo prostitución en el Incario rompe con todos los esquemas garcilacistas; lo que es peor, deshace todas las demás informaciones en torno a la sociedad incaica . Resulta así imprescindible una revisión del caso .
Además, la discutida aseveración garcilacista hundiría todos los esquemas vigentes en torno a la evolución universal de las sociedades, puesto que el Antiguo Perú no pasó del Calcolítico (cobre y piedra) . Período que aunque brillantemente cumplido, no llegaba aun a los niveles económicos de la evolución que son base para el surgimiento de ciertas instituciones y costumbres, la prostitución entre ellas .”
Juan José Vega (33)

Cuentan los cronistas de la Conquista que los reyes incas y aún la nobleza cusqueña eran los únicos que podían permitirse el “lujo” de contar con verdaderos “harenes”, muy al estilo oriental . Pero éstas eran mujeres muy especiales . Los Incas tuvieron una vida sexual tan activa como la de sus antecesores, aunque ellos le pusieron lo suyo . Con sus brillantes conquistas, los reyes cusqueños avasallaron las viejas culturas llevando otras costumbres y formas de vida que éstos tuvieron que adoptar . Una de ellas era la presencia de mujeres públicas que, como ahora y como siempre, prestaban sus servicios amorosos…

La prostitución fue una actividad muy difundida en el Tahuantinsuyo . Las mujeres que practicaban este oficio recibían el nombre de “pampayrunas” (Nota 10) y eran toleradas por el Inca, como indica Christian Vitry, (21) quien, citando a los “Comentarios Reales de los Incas” relata que “Los hombres las trataban con grandísimo menosprecio . Las mujeres no hablaban con ellas, so pena de haber el mismo nombre y ser trasquiladas en público, y dadas por infames, y ser repudiadas de los maridos si eran casadas .
No las llamaban por su nombre propio sino pampayruna, que es ramera” . (Garcilaso 1968, IV, XIC)” .

Hay autores que hablan de la imposición con que los Incas sometían a estas mujeres para que ejercieran, de grado o fuerza, la prostitución para evitar, por ejemplo, el adulterio o las violaciones . Así, el historiador Waldemar Espinoza, nos dice que… “no la ejercían mujeres que por su propia voluntad e impelidas por la necesidad se hubiesen metido a ejercitarla” (26), pero que los propios gobernantes del Tahuantinsuyo mantenían una actitud esclavista sobre estas mujeres . “En efecto – prosigue Espinoza— con la finalidad de que los solteros no trastornaran el orden social estuprando a muchachas o deseando a esposas ajenas, Pachacutec dio varias resoluciones regimentando la prostitución:

1º Que los prostibularios estuviesen edificados fuera de las llactas (ciudades incaicas) .
2º Que allí se ganaran la vida únicamente mujeres prisioneras, capturadas en las guerras .
3º Que percibiesen un pago dado por cada cliente que las solicitara .
4º Que en caso de quedar embarazadas y dar a luz, se les quitará a los niños para alojarlos en casas especiales a cargo de mujeres honestas que carecieran de hijos .

Figura 14. “Virgen del Sol o aklla colgada de los cabellos en un araway junto a su amante, por transgredir las normas del imperio Inka.” Triste era el destino de muchas “mujeres públicas” en el incario; la menor falta no perdonaba a nadie, ni siquiera a estas pobres mujeres, verdaderas vestales del imperio inca, como se puede observar en este crudo dibujo del cronista Guamán Poma de Ayala (1615). Ilustración del portal del “Museo de Antropología de Salta” (Argentina). (21)

5º Considerar a tales chiquillos, hijos de todos los hombres que habían cohabitado con sus madres; y una vez mayores, se les encaminará como trabajadores a los cocales, al lado de los “pinas” .
6º Debían vivir en chozas individuales, impedidas de entrar en las llactas y ayllus . Precisamente por parar en el campo se les decía “pamopayrunas”, o sea, mujeres públicas, dispuestas a recibir a cuantos querían acercárseles, por lo que también se les decía “mitahuarmis”: mujeres de turno . ” (26)

Así de penosa era la vida de estas pobres mujeres . Por desgracia, no se sabe qué era lo que pasaba con ellas al envejecer, cuando la edad les imposibilitaba seguir en el oficio impuesto por el Estado . Quién sabe si más de una debió extrañar en cierto modo la época en que sus pueblos eran más libres y ellas no tenían que llevar a cuestas tan extraño “oficio” impuesto, al cual no podían escapar so pena de la muerte o el escarnio público . (Nota 12)

Figura 14 .

6 . 1 . Sodomía ritual

Pedro Cieza de León, en su libro “La Crónica del Perú” (27), revela asimismo la existencia de otras formas de desviaciones sexuales durante el incario . La promiscuidad sexual era tal que se podían encontrar prostíbulos incluso en lugares donde era poco común ver un acto de sodomía . A la par, Garcilaso en sus “Comentarios Reales” admite que en ciertas etnias se practicaba la sodomía religiosa o ritual . (Nota 11): “Hubo sodomitas en algunas provincias, aunque no muy al descubierto, sino algunos particulares y en secreto” .
(Garcilaso 1968, I, XIV) (Nota 11) . Esto lo confirma Cieza de León, quién detalla: “Verdad es que generalmente entre los serranos y yungas ha el demonio este vicio debajo de especie de santidad, y es que cada templo o adoratorio principal tiene un hombre o dos o más, según es el ídolo, los cuales andan vestidos como mujeres desde el tiempo que eran niños, y hablaban como tales, y en su manera, traje y todo lo demás remedaban a las mujeres . Como éstos, casi como por vía de santidad y religión, tienen las fiestas y días principales su ayuntamiento carnal y torpe, especialmente los señores y principales .

Esto sé porque he castigado a dos: [..] .. a los cuales hablándoles yo sobre esta maldad que cometían, y agravándoles la fealdad del pecado, me respondieron que ellos no tenían culpa, porque desde el tiempo de su niñez los habían puesto allí sus caciques para usar con ellos este maldito y nefando vicio y para ser sacerdotes y guarda de los templos de sus ídolos .” (Cieza 1945, LXIV) .

En torno a esto, Vitry (21) no se cansa de advertir que… “Los documentos de los cronistas siempre deben ser tomados con reserva, debido a que están escritos bajo un halo moralizante e idealista, tanto a favor de los inkas como de la corona o la iglesia .
Por ejemplo, Antonio de Herrera y Tordesillas, en su libro “Historia general de los hechos de los castellanos en las islas, y Tierra-Firme de el mar Océano” de 1601-15, en su catálogo de las penas judiciales inkaicas, no comenta nada respecto a que las prostitutas fuesen castigadas . Menciona en cambio algo que resulta curioso, el castigo al lenocinio, que en aymara recibe el nombre de sakeri, al respecto el autor comenta que “Al alcahuete le daban tormento públicamente, habiendo junta de gente, y si perseveraba en el vicio, le mataban” (Herrera 1945, V, IV, III) .

Han transcurrido casi cinco siglos desde la llegada de las huestes de Pizarro y Almagro al corazón del imperio Inka, el golpe fue letal y un nuevo orden se impuso por la fuerza . Hoy, contamos sólo con jirones de la rica historia precolombina, reflejada, como en este caso, a través de algunos documentos, o bien, en las inertes ruinas arqueológicas, silentes testigos de una efervescente sociedad que dominó gran parte del mundo andino . ”

7 . ¿Quién les enseñó este arte a los aborígenes peruanos? (habla Kauffmann Doig)

Las creencias de estos pueblos no sólo consideraban la unión carnal entre hombres y mujeres como una función mágica, sino que también atribuían a la tierra una función similar, la fertilidad de la tierra fecundada por el cielo –la lluvia—, que no hacía más que corroborar la continuidad del ciclo de la vida en todos los reinos de la naturaleza . Como parte de este contexto, lo representado en los llamados huacos eróticos, como ya mencionamos arriba y veremos a continuación, es algo que supera a la imaginación alucinada de los autores del “Kamasutra”, vale decir, la creatividad de unos alfareros que convirtieron el barro en un arte de contorsionistas .

Figura 15. El arqueólogo Federico Kauffmann Doig mostrando las ilustraciones de uno de sus libros. Foto del Museo Larco publicada por la revista “Rumbos del Perú” # 28

Las posturas de los personajes de la terracota moche, las parejas de amantes, hombres y mujeres que se unen carnalmente en las perpetuas, inmóviles, pero vividas recreaciones artísticas de la cerámica erótica peruana, nos presentan un universo de infinitas expresiones coitales o posturas dignas de un yogui oriental, donde personajes de ambos sexos –y raramente las parejas unisexuales— son mostradas con tal realismo que parecen exhalar el hálito de una experiencia vital . Nadie ha podido describir tan vividamente las costumbres amorosas de los antiguos peruanos como lo hicieron los anónimos ceramistas de los tan certeramente conocidos como huacos eróticos .

Como describe el doctor Fernández (13), estas representaciones de la vida amorosa o coital las encontramos en todo el Perú; pero es en la región costera del norte y central peruana donde este arte alcanzó su mayor perfección .
Se presume, como ya indicamos arriba, que este arte fue pasando de pueblo en pueblo, cada cual perfeccionó las técnicas de fabricación y diseño de estos ceramios . Los mochicas, finalmente, fueron el cenit de este arte .

En su gran obra, “Arqueología Peruana” (22) Federico Kauffmann Doig intenta llegar al fondo del enigma de los huacos retrato mochica, y en particular, de la cerámica erótica… “No faltan, finalmente, escenas de la vida sexual y su ritualismo –que han hecho pensar en la existencia de costumbres deprabadas (sic)*-, tema sobre el que ha discurrido pasajeramente Gutiérrez de Quintanilla, Posnansky y, posteriormente, J . C Muelle, el malogrado escritor Kinsey y Rafael Larco .”

Print Friendly, PDF & Email

One Comment

  • · Edit

    Hola muy interesante lo que corresponde a las representaciones gráficas sobre las ideas y prácticas sobre la sexualidad y el erotismo en el área del Perú. En México existen diversos invetigadores que abordan este tema en mesoamerica como Noemí Quezada. Valga comentar que existen algunas similitudes y muchas diferencias entre ambas regiones.

    Un gusto leer este texto.

    René

    Reply

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: