T’aqrachullo: El Enigma de la Fortaleza entre Abismos y su Nexo con la Mítica Ancocagua

En la inmensidad sobrecogedora del altiplano cusqueño, donde el viento implacable de la puna moldea los relieves y los cursos fluviales esculpen cañones de vértigo absoluto, se levanta uno de los testimonios arquitectónicos más imponentes, masivos y, paradójicamente, menos comprendidos de la historia andina prehispánica. T’aqrachullo, una monumental ciudadela de piedra que parece desafiar las leyes de la gravedad desde las cumbres de la provincia de Espinar, ha comenzado finalmente a revelar sus secretos al mundo, sacudiendo los cimientos de la arqueología tradicional peruana.

Durante generaciones, los flujos del turismo masivo y los principales proyectos de inversión científica han concentrado históricamente su atención en los valles cercanos al Cusco, el Valle Sagrado de los Incas y el icónico santuario histórico de Machu Picchu. Sin embargo, las minuciosas investigaciones de campo recientes y la sorpresiva atención de cadenas de difusión científica global —particularmente los reportajes internacionales publicados por National Geographic— están provocando un giro radical de los reflectores hacia el sur de la región Cusco. Este es un territorio altoandino donde cada bloque de piedra laja cuenta una historia de resistencia militar, adaptación ecológica extrema y majestuosidad compartida entre civilizaciones preíncas e incas.

Conocida localmente por algunos pobladores, comuneros y arrieros bajo el apelativo popular de la «Fortaleza de María» —debido a su estricta proximidad geográfica con el imponente sector homónimo dentro del espectacular sistema de fallas geológicas y cañones de la zona—, T’aqrachullo no representa simplemente un mirador fortificado o una avanzada militar periférica. Los datos acumulados en las últimas campañas de excavación demuestran de forma irrefutable que nos encontramos ante un complejo urbano, religioso, logístico y militar de gran envergadura que reescribe por completo nuestra comprensión de las fronteras del Tawantinsuyu, así como de las dinámicas de asimilación de las naciones autónomas que habitaron el antiguo Perú antes de la consolidación final del imperio de los incas.

El Cambio de Paradigma: La Arqueología en Manos Peruanas

El verdadero valor del proceso de rescate arqueológico que está experimentando T’aqrachullo en el siglo XXI no radica únicamente en la espectacularidad de sus estructuras de piedra o en la riqueza material oculta en sus estratos arqueológicos. Lo que verdaderamente marca un hito y un cambio de paradigma en la disciplina del país es que las complejas excavaciones, prospecciones y análisis científicos que han retirado la densa maleza de la puna de sus muros están siendo ejecutadas y lideradas de forma directa por investigadores y científicos peruanos.

Históricamente, gran parte de la narrativa oficial sobre el Imperio Inca y las sociedades andinas ha sido construida y filtrada a través de las crónicas coloniales de los conquistadores españoles que los desplazaron y desestructuraron, o mediante expediciones arqueológicas extranjeras de los siglos XIX y XX que a menudo extraían las piezas fuera de sus contextos originarios. Los incas, al no poseer un sistema de escritura alfabético occidental, dejaron su historia grabada en la distribución de sus espacios sagrados, en la tecnología de sus muros y en el interior de sus contextos funerarios.

En T’aqrachullo, cada nuevo muro consolidado, cada fragmento de cerámica catalogado y cada resto óseo analizado representa un acto monumental de reclamación histórica y cultural. Profesionales de la arqueología nacional, profundamente conectados con la herencia de la región, están asumiendo el rol protagónico en la reconstrucción del pasado andino. Esta labor no se limita al aislamiento de los laboratorios o los gabinetes científicos; por el contrario, los equipos de investigación mantienen un diálogo constante y activo con las comunidades campesinas locales que habitan bajo la sombra de la mesa, como Chaupimayo y el distrito de Suykutambo. Al compartir los hallazgos y explicar la trascendencia de la ciudadela a los descendientes directos de sus constructores, la arqueología cumple su función social más noble: devolver a las poblaciones locales su memoria histórica, su orgullo identitario y el protagonismo en la gestión y protección de su propia herencia cultural.

T’aqrachullo Fuente: NatGeo
Geografía del Abismo: El Entorno Estratégico de Suykutambo y el Cañón de la Fortaleza

Para comprender la verdadera magnitud de T’aqrachullo, es imperativo analizar el escenario geográfico y geológico en el cual fue edificado. La ciudadela no fue construida sobre una montaña cualquiera; se asienta de manera imponente sobre una gigantesca mesa barrida por el viento, en las cumbres de la provincia de Espinar, en el distrito de Suykutambo, elevándose a una altitud que oscila entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 1, 2]. Esta ubicación sitúa al complejo en un ecosistema de puna seca, un territorio caracterizado por variaciones térmicas extremas, vientos constantes y una vegetación dominada por el ichu y arbustos rastreros, un paisaje que contrasta drásticamente con los valles fértiles y la ceja de selva donde se ubican centros ceremoniales más conocidos como Machu Picchu [cite: 2].

El emplazamiento de T’aqrachullo responde a una planificación militar y logística de orden superior. La meseta se eleva unos 300 pies de forma completamente vertical sobre el cauce del río Apurímac, justo en las inmediaciones donde convergen tres ríos importantes de la región, un nudo fluvial estratégico que actúa como un foso natural inexpugnable [cite: 1, 2]. Las paredes del cañón adyacente, conocidas localmente en el sector como el Cañón de los Tres Cañones, no solo ofrecían una barrera física insuperable contra cualquier intento de incursión enemiga, sino que además dotaban al asentamiento de un control visual absoluto sobre las rutas de tránsito que interconectaban el altiplano con los valles interandinos del sur del Cusco [cite: 2].

La Escala del Gigante Olvidado

Durante décadas, el manto del olvido y la vegetación silvestre ocultaron las verdaderas dimensiones de este baluarte de piedra. Las exploraciones y excavaciones sistemáticas lideradas por el Ministerio de Cultura han revelado que las ruinas de T’aqrachullo se extienden de manera orgánica a lo largo de un área que abarca aproximadamente 43 acres [cite: 1, 1]. Para poner esta escala en perspectiva científica, la extensión del complejo es aproximadamente cuatro veces más grande que la zona urbana y agrícola de la célebre ciudadela de Machu Picchu, ubicada a unas 140 millas al noroeste [cite: 1].

Esta enorme área arqueológica no se limita exclusivamente a la plataforma superior de la mesa. El planeamiento urbano prehispánico del sitio se distribuyó de forma vertical, abarcando una importante zona residencial y de servicios en la base misma de las formaciones rocosas colosales, así como el denso tejido arquitectónico de élite que corona la cima de la meseta [cite: 1, 2]. Esta dicotomía espacial demuestra que T’aqrachullo no fue un simple puesto de avanzada o un refugio temporal en tiempos de guerra, sino un centro de población masivo, un núcleo logístico permanente y un santuario de gran envergadura capaz de albergar y sustentar a una población numerosa bajo condiciones ambientales sumamente exigentes [cite: 2].

El Acceso Restringido: La Escalera tallada en la Roca

Uno de los elementos de ingeniería más fascinantes y que mejor ilustran el carácter exclusivo y defensivo de T’aqrachullo es su sistema de acceso. La meseta está resguardada por abismos colosales en casi la totalidad de su perímetro, lo que obligó a los antiguos constructores a depender de una única vía de entrada: una empinada, estrecha y escarpada escalera de piedra que rasga la cara misma del acantilado vertical desde el fondo del valle [cite: 1, 1].

Este sendero único funcionaba como un filtro de seguridad implacable. Cualquiera que intentara ascender a la cima quedaba completamente expuesto a las defensas de la ciudadela, haciendo que la entrada fuera fácilmente defendible por un puñado de guerreros situados en la parte superior. Las evidencias arqueológicas indican que este acceso no estaba destinado al uso de la población común de la región. Mientras que los comerciantes, pastores y transeúntes comunes de las redes viales andinas transitaban y se alojaban en el sector bajo, situado en la base de la formación, el acceso a la cima de la plataforma estaba estrictamente restringido a la nobleza inca, los administradores estatales y el cuerpo de sacerdotes dedicados al culto [cite: 1, 1].

El desgaste físico en los peldaños de esta imponente escalera cuenta una historia de siglos de actividad ininterrumpida. Debido a la ausencia total de fuentes de agua naturales y de tierras agrícolas fértiles en la superficie plana de la meseta, todos los recursos esenciales para la vida y el culto —desde el agua potable hasta los alimentos y los textiles sagrados— debían ser transportados de manera constante desde el fondo del valle. Este titánico esfuerzo logístico recayó sobre caravanas de llamas domesticadas, cuyos pesados e incesantes pasos a lo largo de las centurias dejaron huellas e indentaciones profundas y claramente visibles sobre los peldaños de piedra dura, un testimonio mudo de la intensa vida económica y religiosa que animó las alturas de T’aqrachullo [cite: 1].

La Línea del Tiempo de T’aqrachullo: Desde los Orígenes Wari y la Nación K’ana hasta la Hegemonía Inca

Para comprender cabalmente el entramado social, político y sagrado que define a T’aqrachullo, es indispensable realizar una inmersión profunda en su compleja estratigrafía cronológica. Las investigaciones científicas de las últimas décadas han desmantelado la idea de que este sitio fue una creación exclusivamente incaica. Por el contrario, los datos de campo acumulados estiman que la meseta y sus laderas registran una secuencia ininterrumpida de presencia y actividad humana que se extiende por aproximadamente 2,000 años, transformándolo en un fascinante palimpsesto de las civilizaciones más influyentes del sur andino [cite: 1, 1].

La Génesis del Sitio: El Horizonte Medio y la Presencia Wari

La historia arquitectónica y religiosa de T’aqrachullo hunde sus raíces en el Horizonte Medio (ca. 650–1000 d.C.) [cite: 1]. Durante gran parte del siglo XX, las teorías académicas convencionales afirmaban que el Imperio Wari —una poderosa civilización centralizada con base en Ayacucho— no había extendido su esfera de influencia directa de manera tan drástica hacia las provincias altas del sur de la región Cusco. Sin embargo, las exploraciones iniciales de superficie lideradas en la década de 1990 por las investigadoras peruanas Alicia Quirita y Maritza Candia comenzaron a resquebrajar este consenso al hallar tiestos y fragmentos cerámicos con una clara filiación estética y técnica wari [cite: 1].

Las excavaciones sistemáticas ejecutadas posteriormente por el Ministerio de Cultura del Perú bajo la dirección del arqueólogo Emerson Pereyra confirmaron estas sospechas de manera monumental. Al profundizar en los estratos inferiores, el equipo desenterró un imponente conjunto de ofrendas y entierros intactos pertenecientes a esta etapa formativa del santuario [cite: 1]. Entre los hallazgos más deslumbrantes destaca una tumba sellada que albergaba exquisitas estatuillas y figurinas aplanadas talladas en metal con la silueta de llamas, acompañadas de finas láminas de oro puro y piezas de crisocola —un mineral de tonalidades azul-verdosas sumamente codiciado en el mundo prehispánico— minuciosamente trabajadas para emular la sagrada e imponente figura del puma [cite: 1, 1]. Estos elementos demuestran que, ya bajo el dominio Wari, la mesa de T’aqrachullo no era un simple campamento de pastores, sino un espacio dotado de una profunda carga ritual, donde la élite regional depositaba manufacturas de alto valor simbólico.

T’aqrachullo. Fuente NatGeo
El Intermedio Tardío: El Pukara de la Nación K’ana

Con el colapso del sistema imperial Wari hacia el año 1000 d.C., los Andes centrales entraron en el periodo conocido como el Intermedio Tardío (ca. 1000–1450 d.C.) [cite: 1, 2]. Esta época estuvo profundamente marcada por una marcada fragmentación política, intensos conflictos interétnicos y una competencia feroz por el control de fuentes de agua estables y pastizales óptimos para la ganadería de camélidos en las zonas de altura. En este contexto de inestabilidad generalizada, la provincia alta de Espinar fue ocupada sólidamente por la nación K’ana [cite: 2].

Los K’anas eran un grupo étnico preínca caracterizado en las fuentes etnohistóricas por su temperamento marcial, su destreza en la economía ganadera de altura y su notable capacidad para adaptar soluciones arquitectónicas defensivas a los rigurosos ecosistemas de la puna seca [cite: 2]. Fue precisamente esta necesidad de supervivencia y soberanía territorial la que impulsó a los líderes K’anas a elegir la cumbre de los macizos rocosos de Suykutambo para fundar un imponente pukara o asentamiento fortificado [cite: 2]. Desde las alturas inexpugnables de la meseta, los vigías y guerreros K’anas poseían un dominio visual absoluto sobre todo el cañón y controlaban de manera estricta las vitales rutas comerciales que conectaban el altiplano de la cuenca del Titicaca con los valles interandinos septentrionales [cite: 2]. Durante esta fase, el urbanismo del sitio se expandió mediante la construcción masiva de recintos de planta circular y rectangular levantados con piedra laja local unida con argamasa de barro, diseñados para albergar a la población civil y a las guarniciones defensivas permanentes [cite: 2, 2].

T’aqrachullo. Fuente: NatGeo
El Horizonte Tardío: La Intervención e Integración Imperial Inca

Hacia mediados del siglo XV, el Horizonte Tardío irrumpió en la región con las campañas expansivas iniciadas desde el Cusco por el Estado Inca, bajo el liderazgo de soberanos como Pachacútec [cite: 1]. La historiografía y las detalladas evidencias materiales sugieren que la incorporación de la provincia de Espinar y de la nación K’ana al Tawantinsuyu no se produjo necesariamente a través de una cruenta guerra de exterminio, sino por medio de una serie de complejas y calculadas alianzas políticas, diplomáticas y matrimoniales [cite: 2]. Los gobernantes cuzqueños valoraban sobremanera la bravura y destreza militar de los guerreros K’anas, integrándolos rápidamente como un cuerpo de choque aliado en las sucesivas campañas de conquista del imperio hacia otras latitudes.

Una vez consolidada la anexión pacífica del territorio, los arquitectos e ingenieros del imperio intervinieron de forma monumental el tejido urbano preexistente de T’aqrachullo [cite: 2]. Respetando escrupulosamente el núcleo original de las construcciones K’anas, los incas superpusieron sus refinadas técnicas de aparejo de piedra, ampliaron masivamente los sistemas de andenería en las laderas para estabilizar los suelos frente a los deslizamientos y asegurar la agricultura de altura, y erigieron imponentes recintos administrativos y ceremoniales que asimilaron el sitio dentro del gran Qhapaq Ñan o sistema vial andino [cite: 2, 2]. Así, el complejo quedó integrado como un nudo logístico, espiritual y de control político absolutamente crucial dentro de la vasta región del Kuntisuyu, sirviendo como un nexo de comunicación directo con metrópolis tan distantes como Quito en la actual frontera norte o Santiago en el extremo sur [cite: 1, 2].

Arquitectura de Poder y Fe: Análisis Detallado de los Sectores Urbano, Militar y el Gran Templo Sagrado

La distribución espacial y la monumentalidad de las estructuras de T’aqrachullo constituyen un testimonio tangible de la sofisticada planificación urbana prehispánica, diseñada con el doble propósito de consolidar el control geopolítico de la región y albergar las más sagradas manifestaciones litúrgicas de las provincias altas [cite: 1, 2]. Las campañas de restauración del Ministerio de Cultura de las que formó parte el arqueólogo Emerson Pereyra han permitido catalogar cerca de 600 estructuras complejas distribuidas de manera orgánica a lo largo de crestas rocosas y abismos vertiginosos [cite: 1, 2]. Este extenso entramado constructivo se organiza a través de sectores claramente zonificados y especializados [cite: 2].

El Sector Residencial y Doméstico: La Base Social y Logística

La base demográfica y de servicios de la ciudadela se localiza estratégicamente tanto en las zonas bajas adyacentes a la mesa como en sectores intermedios de las laderas [cite: 1, 2]. Este sector doméstico destaca por una masiva concentración de recintos habitacionales de planta predominantemente circular y rectangular, una tipología que denota la herencia constructiva de la nación K’ana respetada y posteriormente refaccionada por la administración incaica [cite: 2]. Las paredes de estas viviendas están edificadas con piedra laja de origen local, unidas con una densa y resistente argamasa de barro y paja de la puna [cite: 2].

Intercaladas de forma regular entre los recintos residenciales, los arquitectos prehispánicos levantaron estructuras circulares de almacenamiento conocidas como qollqas [cite: 2]. Estos depósitos estatales eran indispensables para el acopio de productos nativos de altura, como tubérculos deshidratados (chuño) y granos andinos, destinados al sustento de las guarniciones militares y de los operarios dedicados al mantenimiento del complejo. En las laderas adyacentes, se despliega un intrincado sistema de terrazas y andenerías agrícolas que cumplían una doble función técnica de gran trascendencia: estabilizaban los suelos frente a los constantes deslizamientos del cañón y generaban microclimas aptos para la producción agrícola bajo condiciones climatológicas extremas [cite: 2].

Murallas y Sistemas Defensivos: El Pukara Inexpugnable

El carácter militar y de refugio fortificado de T’aqrachullo se hace evidente al analizar sus formidables perímetros de seguridad. Aunque la topografía natural de la mesa —con sus caídas de 300 pies verticales hacia el cauce del río Apurímac— proporcionaba una barrera física prácticamente insuperable, los flancos que presentaban mayor vulnerabilidad y suavidad en la pendiente fueron fuertemente protegidos por imponentes lienzos de murallas defensivas de mampostería [cite: 1, 2]. Estos gruesos muros de contención y murallas no solo impedían el ingreso de agentes externos en tiempos de guerra, sino que segregaban de forma estricta los flujos de tránsito cotidianos de la ciudadela [cite: 2].

El acceso hacia la zona noble y sagrada estaba fuertemente controlado a través de una angosta estructura de entrada al final de la empinada escalera tallada en el acantilado [cite: 1]. Las recientes investigaciones han sacado a la luz evidencias de que la guarnición defensiva de la fortaleza se encontraba permanentemente armada y abastecida para resistir asedios prolongados. En áreas estratégicas del perímetro defensivo se han desenterrado abundantes depósitos o caches con proyectiles esféricos de piedra seleccionada, puntas de lanza talladas en obsidiana negra y restos óseos de individuos masculinos que presentan fracturas y lesiones traumáticas ante-mortem, signos inequívocos de enfrentamientos bélicos violentos directos [cite: 1].

El Sector Ceremonial de Élite: El Corazón Sagrado de la Mesa

En la plataforma superior de la mesa, aislada del bullicio doméstico por la estricta restricción de tránsito, se alza el núcleo teocrático y administrativo de T’aqrachullo [cite: 1, 2]. En este espacio exclusivo, la calidad de la arquitectura sufre un salto técnico cualitativo asombroso: las rústicas construcciones de piedra laja dan paso a estructuras con un aparejo y un acabado notablemente superiores, caracterizadas por el empleo de nichos u hornacinas empotradas y vanos trapezoidales finamente labrados, elementos que representan la firma inconfundible de la arquitectura monumental de la élite incaica [cite: 2].

El descubrimiento más espectacular de este sector, consolidado en el año 2023, corresponde a las fundaciones de un Gran Templo de planta abierta orientado de forma precisa hacia las cumbres de los apus o montañas sagradas circundantes [cite: 1]. Los análisis arquitectónicos y estratigráficos demostraron que esta estructura principal fue edificada sobre las bases de plataformas rituales mucho más antiguas, confirmando la naturaleza ancestral del culto en la meseta mucho antes de la expansión cusqueña [cite: 1].

En el centro geométrico de esta gran plataforma ceremonial se localizan los restos de una icónica fuente o pileta sacramental vinculada al culto del agua y la fertilidad de la tierra [cite: 1]. La fuente cuenta con un elaborado canal labrado directamente sobre el suelo de piedra, diseñado para que las autoridades y sacerdotes vertieran libaciones rituales de chicha (bebida fermentada de maíz) de un vaso ceremonial a otro como ofrenda consagrada a los dioses y deidades de la naturaleza [cite: 1]. Durante estas solemnes ceremonias y observaciones astronómicas nocturnas bajo el firmamento de la puna, los sacerdotes de la alta nobleza incaica —ataviados con elaborados tocados, textiles polícromos y resplandecientes aplicaciones de metal— depositaban pepitas y fragmentos de oro puro en las junturas de los bloques de piedra de la fuente, mientras oraban y cantaban al compás de trompetas de caracola y tambores para asegurar la prosperidad del imperio [cite: 1].

Los Monumentos Funerarios: Las Chullpas Nobles

La sacralidad de T’aqrachullo se extendía de igual manera a su dimensión funeraria, configurándolo como un imponente centro de veneración de los ancestros. En los sectores periféricos y más elevados de la meseta se yerguen las chullpas, estructuras funerarias en forma de torres construidas con piedra laja destinadas exclusivamente a albergar las momias y los fardos funerarios de los miembros de la élite y la nobleza dominante [cite: 1].

La edificación de estos monumentos funerarios incaicos refleja un proceso de apropiación espiritual y reconfiguración del espacio sagrado de gran interés para los estudios arqueológicos. Los ingenieros incas levantaron estas complejas chullpas directamente sobre los cementerios y tumbas subterráneas de las civilizaciones precedentes, como los Wari. Los restos óseos de los antiguos habitantes enterrados allí siglos atrás fueron cuidadosamente exhumados de sus tumbas originales y trasladados de forma respetuosa hacia grandes fosas o tumbas comunales secundarias de carácter colectivo, permitiendo que la nueva clase gobernante imperial ocupara físicamente las posiciones espaciales de poder y culto a los muertos en la cima de la ciudadela [cite: 1].

El Tesoro Escondido: El Hallazgo de las Secuencias de Oro y la Conexión con la Mítica Ancocagua

A pesar de la imponente monumentalidad de sus estructuras de piedra laja, el verdadero punto de inflexión científica que obligó a la comunidad arqueológica internacional a reevaluar por completo la posición jerárquica de T’aqrachullo ocurrió una mañana de septiembre del año 2022 [cite: 1]. El arqueólogo peruano Dante Huallpayunca se encontraba realizando meticulosas labores de limpieza y raspado superficial de suelos en el interior de un recinto de piedra que, durante décadas, había sido empleado de manera rústica por los comuneros locales como un simple corral para alpacas [cite: 1]. De pronto, uno de sus asistentes de campo divisó un destello inusual entre la tierra compacta [cite: 1].

Lo que inicialmente comenzó como el hallazgo de una pequeña pieza aislada se transformó rápidamente en el desentierro de uno de los tesoros ceremoniales más masivos e importantes registrados en el sur andino en las últimas décadas: una impresionante colección oculta de casi 3,000 pequeñas lentejuelas o placas circulares perforadas (secuencias) manufacturadas en oro puro, plata y cobre [cite: 1]. Estos delicados discos metálicos, meticulosamente labrados a inicios del siglo XVI, no eran elementos utilitarios o de intercambio comercial; constituían adornos sagrados de alta costura diseñados exclusivamente para ser cosidos y fijados sobre los suntuosos textiles y vestimentas ceremoniales empleados por la suprema élite imperial y el cuerpo sacerdotal incaico durante las liturgias de Estado [cite: 1, 1]. El hallazgo demostró de forma irrefutable que T’aqrachullo no era una fortaleza periférica o un asentamiento rural aislado, sino un centro de inmenso poder político, económico y teocrático dentro del Tawantinsuyu [cite: 1].

La Hipótesis de Reinhard: La Búsqueda de Ancocagua

Este asombroso descubrimiento material dotó de un peso científico renovado a una audaz teoría que había permanecido archivada durante casi tres décadas. En el año 1994, el renombrado antropólogo, arqueólogo de alta montaña y Explorador de National Geographic, Johan Reinhard, visitó la meseta por primera vez acompañado por la entonces estudiante de arqueología Alicia Quirita [cite: 1]. Reinhard se encontraba enfrascado en una persistente investigación histórica: localizar el emplazamiento exacto de una de las ciudadelas y santuarios más sagrados, enigmáticos e inexplorados de la literatura colonial, conocida en los textos bajo el nombre de Ancocagua [cite: 1, 1].

Las referencias sobre este místico oráculo procedían inicialmente de la Crónica del Perú, un tratado fundamental publicado en 1553 por el cronista español Pedro Cieza de León [cite: 1]. En su manuscrito, Cieza de León afirma taxativamente que el templo de Ancocagua figuraba de forma oficial como uno de los cinco centros ceremoniales y santuarios más importantes, venerados y ricos de todo el Imperio Inca, albergando un célebre oráculo y acumulando inmensas cantidades de oro y plata procedentes de las ofrendas imperiales [cite: 1, 1]. Sin embargo, las descripciones geográficas proporcionadas por la Crónica eran sumamente vagas, lo que impidió que los historiadores de los siglos XIX y XX pudieran determinar su paradero exacto.

El panorama de la investigación cambió drásticamente en el año 1987 con el descubrimiento fortuito en España de la parte que se consideraba perdida del manuscrito del cronista Juan de Betanzos, redactado originalmente en el siglo XVI [cite: 1]. Betanzos, un colono español que dominaba el idioma quechua por estar casado con una noble incaica, no solo corroboró la inmensa jerarquía religiosa de Ancocagua, sino que legó un relato detallado y desgarrador sobre los eventos militares que acontecieron en dicha fortaleza durante los últimos días de existencia del imperio [cite: 1].

El Relato de Betanzos: Asedio, Resistencia y Muerte en el Abismo

De acuerdo con las crónicas recuperadas de Betanzos, tras la captura y ejecución del inca Atahualpa en Cajamarca por las huestes comandadas por Francisco Pizarro en 1532, el control español sobre los Andes no se consolidó de manera pacífica [cite: 1]. Casi de inmediato, cruentas rebeliones y focos de resistencia armada estallaron en diversas provincias del imperio. Uno de los bastiones de resistencia más feroces e inexpugnables se organizó precisamente en el santuario de Ancocagua, descrito como una monumental ciudadela fortificada situada sobre una meseta escarpada e inaccesible en una región localizada al sur de la capital imperial del Cusco [cite: 1].

Decididos a aplastar de forma definitiva este peligroso levantamiento nativo, un batallón de caballería e infantería española liderado por uno de los hermanos de Francisco Pizarro marchó hacia las provincias altas con el objetivo de asaltar la fortaleza [cite: 1]. Sin embargo, al llegar a la base de las formaciones rocosas, los conquistadores descubrieron que las huestes incas rebeldes habían bloqueado por completo el único y estrecho sendero de acceso que conducía a la cima de la meseta [cite: 1]. Ante la imposibilidad material de realizar un asalto frontal debido al abismo vertical, el ejército español se vio obligado a establecer un riguroso cerco o sitio militar alrededor de la montaña, cortando de manera absoluta todo ingreso de suministros esenciales, agua potable y alimentos hacia la plataforma superior [cite: 1].

El desenlace de este asedio prolongado fue trágico. Tras semanas de privaciones extremas y ante la inminencia de la caída de sus defensas por el hambre y la sed, los desesperados defensores de la ciudadela tomaron una determinación radical: antes que rendirse y someterse a la esclavitud o el suplicio a manos de los invasores europeos, cientos de hombres, mujeres y niños residentes del santuario prefirieron arrojarse en masa desde los imponentes acantilados verticales hacia los abismos del cañón, hallando la muerte sobre las rocas del río Apurímac [cite: 1, 1]. Una vez que las tropas españolas lograron finalmente vulnerar los accesos saboteados, saquearon los templos, confiscaron los tesoros del oráculo y abandonaron el sitio, dejándolo sepultado bajo el manto del olvido histórico [cite: 1].

Las Evidencias del Conflicto Militar

Al contrastar estas sobrecogedoras narraciones históricas con los hallazgos físicos recuperados en las campañas de excavación dirigidas por Emerson Pereyra, las coincidencias científicas resultan abrumadoras. Además de la correspondencia exacta de la geografía de T’aqrachullo con la mesa descrita en las fuentes coloniales, el equipo de arqueólogos peruanos descubrió que el sendero principal de la escalera de piedra se encontraba obstruido y sepultado de forma artificial por una densa capa de entre seis y diez pies de bloques de roca colapsada [cite: 1]. Si bien inicialmente los investigadores consideraron que se trataba de un derrumbe natural fortuito, los análisis estructurales posteriores demostraron de forma contundente que los peldaños fueron saboteados y dinamitados de forma deliberada por los propios operarios incas con el fin de inhabilitar la subida ante una inminente invasión militar [cite: 1].

Esta hipótesis se ve fuertemente respaldada por el desentierro en los sectores residenciales y de murallas de numerosos entierros secundarios e individuos cuyos esqueletos presentan marcas claras de traumatismos perimortem causados por armas contundentes, lesiones infligidas de forma violenta en combate y una total ausencia de elementos o artefactos de filiación europea [cite: 1]. Si bien las investigaciones arqueológicas aún no han detectado vestigios materiales directos que denoten una ocupación o presencia prolongada de los conquistadores españoles en la meseta, este hecho concuerda perfectamente con la naturaleza del relato de Betanzos: un asedio externo, un saqueo relámpago de las riquezas del oráculo y el abandono inmediato de una fortaleza destruida y maldita por el suicidio colectivo de sus habitantes [cite: 1].

Guía de Exploración Científica y el Futuro del Patrimonio en las Provincias Altas

Para el investigador, estudiante o viajero enfocado en la exploración científica, adentrarse en el complejo arqueológico de T’aqrachullo constituye una experiencia tan profundamente gratificante como rigurosa y exigente desde el punto de vista físico y logístico [cite: 2]. Al encontrarse geográficamente apartado de los circuitos turísticos comerciales tradicionales del departamento del Cusco, la planificación de una expedición hacia este baluarte prehispánico requiere un ordenamiento meticuloso de la ruta, el equipamiento y los tiempos de aclimatación [cite: 2].

Planificación Logística y Rutas de Acceso

El complejo se ubica formalmente en los terrenos de la comunidad campesina de Chaupimayo, dentro del distrito de Suykutambo, perteneciente a la provincia de Espinar, en el sector meridional de la región Cusco [cite: 2]. El viaje se desglosa a través de las siguientes pautas logísticas y operativas fundamentales para garantizar una exploración exitosa [cite: 2]:

Aspecto Clave Detalle Operativo e Indicaciones Científicas
Altitud Operativa El complejo se despliega verticalmente en un rango comprendido entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 2].
Ruta Terrestre Desde la ciudad de Cusco, se toma la vía terrestre hacia la ciudad de Yauri (capital de Espinar) en un viaje que toma entre 4 y 5 horas [cite: 2]. De Yauri, se continúa en vehículo hacia Suykutambo (1 hora aproximadamente) hasta el sector de Chaupimayo [cite: 2].
Tramo Peatonal En Chaupimayo se inicia la caminata de ascenso vertical a través de la icónica y empinada escalera de piedra laja tallada sobre el acantilado [cite: 1, 2].
Condiciones de Ingreso El acceso al sitio está gestionado de manera comunitaria directa por los comuneros locales, quienes aplican tarifas mínimas destinadas al mantenimiento básico [cite: 2].
Estacionalidad Óptima Se recomienda efectuar la exploración

estrictamente durante la temporada seca andina (de mayo a octubre), evitando las lluvias torrenciales de la puna [cite: 2].

Debido a la altitud extrema en la que se ejecutan los tramos de ascenso, es una pauta médica y de seguridad indispensable realizar un periodo previo de aclimatación física de al menos 48 horas en las ciudades de Cusco o Yauri para mitigar los efectos del mal de montaña o soroche [cite: 2]. El sendero peatonal exige una condición física moderada, calzado técnico de montaña con excelente agarre para roca laja suelta, vestimenta térmica por capas capaz de contener el intenso viento de la puna, protección contra la alta radiación solar y sistemas portátiles de hidratación [cite: 2]. Asimismo, se exhorta a los científicos y exploradores a realizar la prospección acompañados obligatoriamente por guías comunitarios locales para garantizar la seguridad y evitar cualquier daño accidental sobre los frágiles paramentos arqueológicos que aún no han sido plenamente consolidados por el Estado [cite: 2].

El Futuro del Patrimonio: Conservación, Museo de Sitio y Sostenibilidad

El incremento de la visibilidad científica internacional brindado a T’aqrachullo por plataformas de investigación global no representa un hecho aislado, sino el reflejo directo de un profundo cambio de paradigma en la geopolítica de la arqueología peruana [cite: 2]. Las provincias altas del Cusco, largamente postergadas en los manuales de historia oficial en favor de los monumentos del Valle Sagrado, están demostrando poseer una riqueza monumental que redefine por completo el equilibrio de poder y las fronteras de los estados prehispánicos [cite: 2].

Las excavaciones sistemáticas dirigidas por Emerson Pereyra concluyeron formalmente en el año 2024, dejando al descubierto que los arqueólogos apenas han retirado el velo científico sobre un poco más del 50% de la superficie total del complejo arqueológico [cite: 1]. El resto de la gigantesca meseta de 43 acres e intrincadas estructuras habitacionales ha sido dejado intacto de forma deliberada por el Ministerio de Cultura, reservando estos estratos y contextos arqueológicos sellados para que futuras generaciones de investigadores puedan abordarlos con tecnologías avanzadas y mejores métodos de análisis microestratigráfico [cite: 1, 1].

En el corto y mediano plazo, el verdadero desafío que afronta T’aqrachullo radica en articular un equilibrio armónico entre la investigación científica continua, la conservación física de los muros expuestos a la intemperie altoandina y el desarrollo de un modelo de turismo sostenible y de gestión comunitaria [cite: 2]. Uno de los anuncios más significativos y esperados por los investigadores es el proyecto estatal para impulsar la construcción de un moderno Museo de Sitio en la jurisdicción de Espinar [cite: 2]. Este espacio técnico tendrá como objetivo prioritario albergar, catalogar y exhibir bajo estrictas normas de conservación el inmenso universo de artefactos recuperados en el sitio: desde las miles de lentejuelas de oro, plata y cobre halladas por Dante Huallpayunca, hasta las finas vajillas ceremoniales K’ana e Inca, herramientas líticas y elementos funerarios [cite: 1, 2].

La implementación de este museo no solo garantizará la protección del patrimonio mueble contra el huaqueo y el tráfico ilícito de antigüedades, sino que se constituirá en el motor central para la educación patrimonial de las comunidades campesinas de Chaupimayo y Suykutambo, devolviéndoles el legítimo protagonismo en la gestión y usufructo de su herencia histórica [cite: 2]. Al restaurar y proteger estos muros sin alterar su esencia sagrada, T’aqrachullo se posiciona en el siglo XXI no como una ruina muerta del pasado, sino como un monumento vivo de identidad, ciencia y soberanía cultural andina [cite: 2].

Fuentes y Referencias Bibliográficas
  • Archivo Histórico de Arqueología del Perú. (2026). El despertar de Taqrachullo: La majestuosa ciudadela preínca e inca que desafía los límites del patrimonio andino en Espinar. Publicado originalmente en arqueologiadelperu.com.

  • National Geographic UK. (Edición de Junio, 2026). The Search for the Inca’s Lost Citadel (La búsqueda de la ciudadela perdida de los incas). Textos por Alejandro Muñoz; Fotografías por Arturo Rodríguez. Reportaje especial sobre las excavaciones del Ministerio de Cultura en T’aqrachullo y la hipótesis de la fortaleza de Ancocagua.

Arqueología Peruana

La arqueología peruana es un estudio de las culturas antiguas del Perú, que es importante para comprender la historia del país y su herencia prehispánica. El primer período importante en la cronología arqueológica del Perú es el período «pre-cerámico«, que se divide en dos períodos: «pre-cerámico temprano» (12.000 a 5.000 A.C.) y «pre-cerámico». Durante el período «pre-cerámico temprano», los asentamientos humanos eran nómadas que vivían en cuevas y se dedicaban a la caza y la recolección. Decoraban las cuevas con pinturas rupestres.

Julio César Tello (1880-1947), un médico y antropólogo peruano, es considerado el «padre de la arqueología peruana». Sus estudios sobre las culturas prehispánicas fueron rigurosos y utilizaron métodos adecuados, y convenció a otros de que era la única manera de comprender el Perú actual. 

  
¿Qué arqueólogos destacados hay en la historia del Perú?

 

Algunos de los sitios arqueológicos más importantes del Perú:
Caral: Un viaje al corazón de la civilización más antigua de América

Caral, ubicada en la provincia de Barranca, al norte de Lima, no es solo una ciudad, es un portal hacia el pasado, un viaje a los inicios de las civilizaciones americanas. Con más de 5000 años de historia, se erige como la cuna de la cultura andina, un testimonio de la ingeniosa arquitectura y el desarrollo social de una civilización que floreció hace milenios.

Huaca del Sol y La Luna: Un viaje a través del tiempo y la cultura

En la costa norte de Perú, a solo cinco kilómetros al sur de Trujillo, se encuentra un lugar que emana misticismo y grandeza: la Huaca del Sol y la Luna. Este complejo arqueológico, considerado uno de los santuarios más importantes del país, transporta a los visitantes a través del tiempo, revelando los secretos de una civilización fascinante.

Pachacámac: Un coloso de adobe que desafía al tiempo

Pachacámac, imponente y majestuoso, se erige como uno de los sitios arqueológicos más impresionantes del Perú. Ubicado en el distrito de Lurín, al sur de Lima, este complejo milenario nos transporta a la época prehispánica, revelando la grandiosidad de la cultura Ichma y su profunda conexión con el cosmos.

Sipán: Un viaje al corazón del poder y la opulencia

En las tierras fértiles de Lambayeque, al norte del Perú, se encuentra un lugar que encierra los secretos de uno de los personajes más poderosos del Antiguo Perú: Sipán. El descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán, realizado por el eminente arqueólogo Walter Alva, cautivó al mundo entero, revelando la magnificencia de una civilización que floreció hace milenios.

Más que un simple entierro, la tumba del Señor de Sipán era un microcosmos de poder, riqueza y simbolismo. Rodeado de un séquito de nobles, guerreros y servidores, este gobernante mochica ostentaba lujosas ofrendas que reflejaban su estatus y su conexión con el mundo divino

El Brujo: Un viaje a los orígenes de la cultura Mochica

En el corazón del valle del río Chicama, al norte de Perú, se encuentra un lugar que nos transporta a los albores de la civilización andina: el Complejo Arqueológico El Brujo. Ubicado en el distrito de Magdalena de Cao, en La Libertad, este enclave milenario alberga huacas imponentes como la Huaca Cortada, la Huaca Cao y la Huaca Prieta, que alguna vez fueron centros neurálgicos de la cultura Mochica, una de las más importantes del Antiguo Perú.

complejo arqueologico el brujo
complejo arqueologico el brujo
¿Que es la arqueologia del Peru?

La arqueología del Perú es una disciplina que se dedica a estudiar las sociedades antiguas que habitaron el territorio peruano. A través del análisis de restos materiales como cerámicas, textiles, herramientas, construcciones y huesos, los arqueólogos reconstruyen la historia, las costumbres, las creencias y las formas de vida de estas civilizaciones prehispánicas.

¿Por qué es tan rica la arqueología peruana?

Perú es considerado uno de los centros de origen de la civilización en América, junto con Mesoamérica. Su diversidad geográfica, desde la costa desértica hasta la selva amazónica, y su variedad climática, han favorecido el desarrollo de una gran cantidad de culturas, cada una con sus propias características y expresiones artísticas.

¿Cual es la importancia de la Arqueologia Historica Andina?

La arqueología histórica andina es una disciplina fundamental para comprender la compleja y rica historia de las sociedades andinas, tanto prehispánicas como coloniales y republicanas. Su importancia radica en varios aspectos:

1. Reconstrucción de la historia:
Continuidades y cambios: Permite identificar procesos de continuidad y cambio cultural a lo largo del tiempo, revelando cómo las sociedades andinas se adaptaron a diferentes contextos históricos.
Interacciones culturales: Facilita el estudio de las interacciones entre las culturas prehispánicas y las sociedades coloniales y republicanas, mostrando cómo se produjo la mezcla y transformación cultural.
Historia local: Contribuye a la construcción de historias locales más detalladas, complementando las narrativas nacionales.
2. Comprensión de las sociedades andinas:
Organización social: Permite analizar la organización social, económica y política de las sociedades andinas en diferentes momentos históricos.
Cosmovisión: Ayuda a comprender la cosmovisión andina y su relación con el entorno natural y social.
Adaptación al cambio: Revela cómo las sociedades andinas se adaptaron a los cambios ambientales y a las nuevas tecnologías.
3. Preservación del patrimonio cultural:
Identidad cultural: Fortalece la identidad cultural de los pueblos andinos al conectarlos con su pasado.
Valorización del patrimonio: Promueve la valorización y protección del patrimonio arqueológico y cultural.
Turismo sostenible: Contribuye al desarrollo de un turismo sostenible basado en el conocimiento y la valoración del patrimonio.
4. Diálogo intercultural:
Puente entre pasado y presente: Establece un puente entre el pasado y el presente, facilitando el diálogo intercultural.
Descolonización del conocimiento: Contribuye a descolonizar el conocimiento y a visibilizar las perspectivas andinas.
5. Desarrollo de políticas públicas:
Planificación territorial: Informa la planificación territorial y el desarrollo de políticas públicas que tengan en cuenta el patrimonio cultural.
Gestión de riesgos: Permite evaluar los riesgos asociados a desastres naturales y conflictos sociales, y desarrollar estrategias de prevención y mitigación.

Peru, cuna de una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo

El Perú es considerado la cuna de una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo, junto con Mesopotamia, Egipto, el Valle del Indo, China y Mesoamérica. Esta afirmación se sustenta en el descubrimiento de la civilización Caral, ubicada en la costa central peruana, cuya antigüedad se estima en unos 5000 años.

Perú es un tesoro arqueológico que guarda las huellas de civilizaciones milenarias que han contribuido de manera significativa al desarrollo de la humanidad. La arqueología peruana sigue revelando nuevos descubrimientos que enriquecen nuestra comprensión del pasado y nos permiten valorar aún más nuestra herencia cultural.

Ají milenario – su uso en la época preinca

El ají mantiene un ardiente romance con los peruanos desde hace mucho. Diversas culturas preíncas lo utilizaron no solo en sus alimentos, sino también como emblema ícono de su arte y religión.

Aunque se lo conoce con diversos nombres –ají, uchu, chile, pimiento–, lo cierto es que el género Capsicum (grupo de plantas al que pertenece este fruto y sus variedades) se originó en el Alto Perú, zona que incluye la cuenca del lago Titicaca y lo que hoy es Bolivia. En ello coinciden diversos paleobotánicos, científicos que estudian las plantas que vivieron en el pasado. Desde esta zona, y gracias a las corrientes de los ríos y a las aves migratorias, ajiculel ají empezó su recorrido, que lo llevaría a poblar y conquistar el resto de América del Sur y Central, y después el mundo entero.
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En el obelisco tello, de la cultura
chavín, se encuentra la más antigua
expresión gráfica y escultórica de
frutos de ají, de más de 2.000 años

 

 

Ajíes en Obelisco Tello
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Picante antiguo

Aji ceramio Nasca - preinca
Colorida representación preinca de ajies en ceramio de la Cultura Nasca

En el Perú, los restos arqueológicos más antiguos que comprueban su presencia se hallaron en la cueva Guitarrero, en la provincia de Yungay (Áncash). Estos se remontan a unos 8.000 años antes de nuestra era. Pero no son los únicos.

La dieta del litoral

Hay más pruebas arqueológicas que demuestran su uso en el antiguo Perú. Por ejemplo, las tumbas estudiadas en el complejo arqueológico Huaca Prieta (2500 a. C.), en el valle de Chicama (La Libertad). Allí, luego de sesudas investigaciones y análisis de restos del aparato digestivo de un agricultor, se encontró que un componente muy importante de su dieta era el ají, además de caracoles marinos, uñas de cangrejo y conchas de erizo. También están los hallazgos de chacras hundidas en Guañape, litoral del valle de Virú, pertenecientes a la Cultura Salinar (400 a. C.-100 a. C.). En estos campos se encontraron cultivos de ají mochero, entre otros alimentos como zapallos, frijoles y maíz.

Cuestión de hábito
Según Carlos G. Elera, director del Museo Nacional de Sicán, el consumo de ajíes en el antiguo Perú era una costumbre tradicional de los pueblos del litoral. “En los hábitos alimenticios de los descendientes de los muchik del litoral de Lambayeque, Jequetepeque, Chicama, Moche y Virú, es común notar la ingestion de crustáceos tiernos junto con ají y sal, como cangrejos y muymuy con caparazón y todo”.

 

Fuente: Ajíes Peruanos

Museo Getty exhibe importante muestra de arte precolombino

Diez piezas pertenecientes al ajuar funerario del Señor de Sipán y nueve del museo Bruning, que representan al legado cultural de la región Lambayeque, se exponen junto a otras reliquias del Perú y de varios países de Latinoamérica en el museo Getty de la ciudad de Los Ángeles, en Estados Unidos.

La exposición, titulada “Reino de oro: lujo y legado en la antigua América”, presenta una muestra selecta del arte orfebre y suntuario de las principales culturas americanas, con más de 300 obras de 50 instituciones culturales internacionales.

El Perú presenta un total de 60 bienes culturales pertenecientes a diversos museos estatales y privados que fueron seleccionados para esta extraordinaria exposición que, por primera vez, reúne las obras maestras de las principales culturas de América antigua.

Las obras culturales del antiguo Perú que se exponen en el museo Getty, pertenecen a los museos nacionales de Arqueología e Historia del Perú, Tumbas Reales de Sipán, y Bruning de Lambayeque, así como el museo Larco Herrera, los museos de sitio de Chan Chan  y Cao de Trujillo, Kuntur Wasi de Cajamarca.

La exposición estará hasta mayo del 2018 y la salida del Perú de las piezas precolombinas está autorizada mediante la Resolución Ministerial N 228-2017-MC.

A la ceremonia de inauguración de esta muestra asistieron cercar de 1,000 selectos invitados de diversos países de Latinoamérica, donde participaron en representación del Perú el arqueólogo Walter Alva, director del museo Tumbas Reales de Sipán, y Natalia Majluf, directora del Museo de Arte de Lima (Mali).

Al respecto, Walter Alva consideró que la exposición “Reino de oro: lujo y legado en la antigua América” es una singular vitrina al mundo de nuestra herencia cultural y es la primera exposición que logra reunir las obras de arte suntuarias más importante de toda América, donde se puede apreciar las joyas y ornamentas que distinguen de los gobernantes y jefes religiosos de las diversas culturas americanas.

En esta importante exposición se puede apreciar bienes de carácter funerario como máscaras, tocados, entre otros, así como ofrendas dedicadas a las divinidades, como el caso de las joyas ofrendadas en el Cenote de Chichén Itzá (México).

En este arte fastuoso se incluye también los trabajos de plumería, jade y mosaico de turquesas que tuvieron tanto valor simbólico como el oro en las antiguas culturas mexicanas.

Finalmente, el descubridor del Señor de Sipán indicó que para el Perú resulta de gran importancia esta exposición, porque muestra el alto nivel de desarrollo tecnológico y artístico, así como la suntuosidad que se desarrolló en las culturas latinoamericanas, desde aproximadamente el año 1,000 antes de Cristo, hasta la llegada de los europeos a principios del siglo XVI.

El museo Getty de los Ángeles recibe más de un millón 300,000 visitantes cada año, siendo uno de los museos más visitados en los Estados Unidos y con esta exposición recientemente inaugurada se espera superar esta cifra, pues por primera vez se exponen el rico pasado y el vital presente del arte latinoamericano», dijo en un comunicado Jim Cuno, presidente del fideicomiso J. Paul Getty.

Por su parte, Michael Govan y Wallis Annenberg, del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, coincidieron en afirmar que se trata de una muestra incomparable por su magnitud, su alcance curatorial y su perspectiva.

Tres personas fueron detenidas en el distrito de Locumba tras ser encontradas, con más de 200 utensilios, excavando restos prehispánicos. A estos huaqueros se les encontró fardos funerarios, keros, arévalos, instrumentos musicales de la zona arqueológica de San Antonio.

Personal de la municipalidad provincial de Jorge Basadre fueron los encargados de intervenir a los huaqueros. Uno de estos logró escapar, pero la Policía pudo detener al dueño de la casa donde estos sujetos se hospedaban.

Al ser consultado por la Policía, dijo que estas personas se encontraban en la zona desde el pasado martes. En tanto, el fiscal ya intervino en el caso que se realizará bajo la ley de flagrancia,

 

Fuente: Canal N

 

 

 

RUPAC: complejo arqueológico recibe 3,000 visitantes al año

El complejo prehispánico Rúpac, situado en el distrito de Atavillos Bajo, en la provincia de Huaral, región Lima, y conocido como el Machu Picchu limeño, recibe alrededor de 3,000 visitantes al año, sostuvo la presidenta de la Asociación de Hoteles, Restaurantes y Afines (Ahora)-Huaral, Rosa Elena Balcázar.

Sin embargo, dijo que la situación del sitio arqueológico es preocupante porque Rúpac todavía no está preparada para recibir turistas en forma masiva, por lo que se trabaja en forma conjunta con las autoridades del  sector privado para ponerlo en valor a corto plazo.
«Tenemos un convenio con el Ministerio de Cultura,  en virtud del cual se realiza la conservación y preservación de dicha ciudadela, declarada Patrimonio Cultural  de la Nación», puntualizó Balcázar en declaraciones a la Agencia Andina.
Rúpac es un complejo arqueológico que se encuentra localizado en la sierra de Huaral, a 3,400 metros sobre el nivel del mar, por el estado de conservación de sus edificaciones es uno de los restos arqueológicos más hermosos de Lima.
Estos restos arqueológicos no son muy conocidos y su desarrollo turístico aún es incipiente, pero por su belleza atrae a muchas personas aventureras que están dispuestas a caminar durante horas para poder apreciar estas hermosas huellas de nuestro pasado.
Está comprendido por edificaciones localizadas al borde del abismo que llegan a medir hasta 10 metros de altura, las cuales cuentan con sólidos techos que permanecen hasta el día de hoy y han sido elaboradas totalmente en piedra. Cuentan con segundo piso, almacenes y con fogatas con chimeneas; también se puede encontrar restos óseos dentro de estas edificaciones.
Este complejo data del año 1200 d.C. y pertenece a la cultura preinca de Los Atavillos, una cultura que se desarrolló en el valle limeño.
Rúpac es llamada el Machu Picchu limeño debido a su similitud con la ciudadela inca ubicada en Cusco, ya que se sitúa en la cima de la montaña, tiene un alto grado de conservación y está elaborado en piedra. Además, porque desde su posición estratégica se puede divisar todo el valle.
Balcázar sostuvo, asimismo, que dentro de la semana turística de Huaral, que se desarrollará desde el viernes 1 al lunes 11 de mayo, se ha programado una noche cultural, donde se presentará la edición única de Rúpac, cuyo autor es  Ferruccio Marussi, de la Universidad Peruana de Arte Orval.
Descubren tumba de mil años con restos de adulto y niño Wari en Huaca Pucllana

La huaca Pucllana es el escenario del hallazgo de una tumba del año 1,000 d.C en condición intacta perteneciente a la cultura Wari, descubierta en la sexta etapa de la zona denominada Gran Pirámide del recinto y se compone de dos fardos: un adulto y de un niño.

«Estos niños que están acompañando a los adultos son ofrendas que los ponen seguramente vivos, no se sabe, porque van envueltos con toda su vestimenta», declaró Flores sobre la presencia del pequeño en la tumba de un adulto de la cultura preincaica Wari.

La tumba, que tiene una profundidad de dos metros, está acompañada de numerosas ofrendas como siete mates, cuatro cuyes, más de 20 tusas de maíz, calabazas y bolsas de tela conteniendo vegetales.

Las ofrendas humanas fueron una costumbre de las culturas preincaicas que se extendieron en la costa de Perú en ritos para los dioses del mar, refirió.

La tumba está a 22 metros de altura, en la sexta plataforma de la huaca (sitio arqueológico) Pucllana, un centro ceremonial en forma de pirámide ubicado en el distrito limeño de Miraflores, desde donde se puede observar el océano Pacífico.

El hallazgo fue hecho hace cinco días por un equipo de expertos que trabaja desde hace 32 años en la huaca, construida por la cultura Lima en el siglo cuarto después de Cristo y luego invadida por la cultura Wari, alrededor del siglo octavo, indicó Flores.

La pobladores de la cultura Lima fueron pescadores y agricultores que adoraban al mar, mientras que los Wari fueron guerreros que llegaron de la sierra en busca de mayores recursos para vivir y extender sus dominios, precisó la experta.

Los fardos aún se encuentran in situ pues se realizan los trabajos de registro pertinentes; la tumba se salvó del saqueo ya que fue hallada ligeramente fuera del espacio elegido por los antiguos peruanos de la cultura Ichsma (1,000 – 1,450).

Los Wari hicieron agujeros en la estructura original de la huaca para construir en ellos las tumbas y colocar los restos de sus líderes, a manera de representar el dominio que ejercieron sobre sus antecesores, los Lima, según dijo Flores.

¿QUIÉN ES ESTE IMPORTANTE PERSONAJE?

La directora del museo de la Huaca Pucllana informó que «los dos personajes están allí con todas sus ofrendas», entre las que se han encontrado cuyes (conejillos de indias), maíz morado, vasijas en forma de botella, calabazas con diseños de felinos corriendo, tejidos y bolsas con restos vegetales.

Para determinar la importancia del personaje principal, los arqueólogos tendrán que analizar la totalidad del vestuario, las ofrendas y los artículos personales que lo acompañan en su tumba, una labor que se hará a partir de enero próximo, cuando se retiren los fardos de la tumba, adelantó Flores.

Los arqueólogos estudiarán además las enfermedades que sufrió el personaje, sus características físicas y los probables vínculos genéticos con el infante en los laboratorios del museo.

El fardo del adulto está envuelto con una malla de junco, en cuclillas, y da la impresión de ser un personaje sentado con una falsa cabeza que ha desaparecido, agregó la experta.

Debido a que la Huaca Pucllana ha quedado en medio de la ciudad, fue objeto en el pasado de numerosos robos, conocidos como «huaqueo», pero el equipo que dirige Flores ha encontrado al menos diez tumbas similares en sus diferentes plataformas.

«Hemos encontrado a un jefe enterrado con sus ponchos (abrigos de lana) bordados y ofrendas, y también a maestras tejedoras, que llevan consigo sus muestras de lana y de diferentes puntos de tejidos», contó Flores.

En Lima hay numerosos centros arqueológicos, o huacas, levantados entre otras por las culturas Lima (200 a 700 d.C.), Wari (700 a 1.000 d.C.) e Yschma (1.200 a 1.450 d.C), que antecedieron a los Incas, y que las autoridades locales trabajan para preservarlas de los traficantes de tierras y mafias dedicadas al tráfico del patrimonio cultural.

En febrero pasado, un equipo de arqueólogos del Ministerio de Cultura encontró once tumbas de las culturas Lima e Yschma en medio de una villa deportiva en el distrito de San Luis, que habían permanecido intactas hasta la actualidad.

 

Fuente: El Comercio

El erotismo gráfico del antiguo Perú

En el Perú «hasta los dioses coitean» escribió una vez el polémico pero notable psiquiatra peruano Artidoro Cáceres Velásquez .

«Sus gestos y sus rostros demuestran placer y su comportamiento se engarza con lo natural y terrenal . Disfrute pleno de su sexualidad con técnicas y aditamentos que señalan la importancia de este comportamiento . No podría ser de otra manera en culturas que vivieron «naturalmente» y crearon tantas y tantas demostraciones de arte, tecnología y sistemas sociales de convivencia altamente humanas…»

Aquí recreamos la forma de vida y las costumbres de unos pueblos cuyos protagonistas en nada tuvieron que envidiar a otras civilizaciones de otras latitudes del mundo .

Autor: Carlos Gamero Esparza .

Artículo publicado también en la Revista Vivat Academia bajo el título «La sexualidad en el Perú pre-colombino. Kamasutra Indiano»

Introducción

1 .El «arte erótico» no era ajeno al Antiguo Perú
1 .1 .Una insólita iconografía «reproductiva»

2 .»…la primera representación erótica en el mundo…»
2 .1 . Antropomorfia de Eros al derecho y al revés
2 .2 . Los huacos retratos eran los libros del antiguo Perú ]
2 .3 . La «moda» mochica
2 .4 . Un Eros arácnido… y una teoría sobre el fin de los mochicas
3 . La historia «inexistente»
3 .1 . Enfoque moderno de un viejo asunto
3 .2 . Condenando el pasado
3 .3 . Al encuentro del origen «perdido»
3 .3 .1 .Consideraciones «non sanctas»
3 .3 .2 .Kinsey: una vista de médico a la arqueología peruana
3 .3 .3 .La humanidad de la arcilla I
3 .3 .4 .La humanidad de la arcilla II
4 .Templos de la fertilidad andina
4 .1 .»Inca Ullu»: los falos del Collao
4 .2 .Q’enqo, otro adoratorio de la fecundidad
5 . El servinacuy, matrimonio «de a mentiras»
6 .Pampayrunas: prostitutas del incario
6 .1 . Sodomía ritual
7 . ¿Quién les enseñó este arte a los aborígenes peruanos? (habla Kauffmann Doig)
8 . Epílogo
8 .1 . Extirpadores de idolatrías y otros diablos… vade retro
9 . ¿Sabía usted qué…
10 . Para saber más
11 . Notas
12 . Fuentes
13 . Origen de las imágenes
14 . Recortes
14 .1 . Museo en Perú es ejemplo de que los primeros pobladores de nuestro continente sí sabían de erotismo .

Introducción

El título de este reportaje no es otra cosa que el nombre de una de las obras de este acucioso investigador del comportamiento humano que es Artidoro Cáceres Velásquez (1) (Nota 1) Para él, el antiguo Perú es una verdadera caja de sorpresas y las sociedades que fundaron las viejas culturas andinas crearon un mundo de relaciones humanas que difiere totalmente de los conceptos de sociedad que después fueron impuestos por los europeos llegados a estas tierras .
La sexualidad en el antiguo Perú fue una de las grandes manifestaciones culturales en sus viejos reinos y señoríos, donde cada cual tenía su manera particular de concebir la vida y sus creencias .
Por ello queda justificado aquello de «Kamasutra indiano» como subtítulo de este trabajo .
Descubramos, pues, lo desconocido e insólito de esta tierra maravillosa y única .
Dejemos que ellas, las culturas del Perú antiguo, nos hablen desde el fondo del tiempo .
Dejemos que ellos, los hombres y mujeres de ébano, hijos e hijas del Sol y del maíz, nos cuenten su historia de oro y terracota .

1 . El «arte erótico» no era ajeno al Antiguo Perú «

Agotados los conceptos de la Antropología, meditaciones de teólogos, argumentos e hipótesis de los psiquiatras, sociólogos y cuantos se han aventurado filosofar sobre sus funciones, el sexo, como la vida, continua siendo un misterio. Rafael Lacro Hoyle, en su libro CHECAN, revela este aspecto del Perú desconocido. Con un fondo eminentemente científico, presenta conclusiones resultantes de un estudio profundo de los ceramios eróticos .

» «Las representaciones eróticas en el antiguo Perú alcanzan su esplendor (…) con la cultura Mochica, no sólo por el volumen sino sobre todo por la habilidad artística expresada en cada una de ellas . Con un profundo conocimiento de anatomía, el artista Mochica esculpe fragmentariamente el cuerpo humano y acabadas representaciones de los genitales, el acto sexual y el parto . En todas las piezas se muestra a la perfección el detalle: elaboradas con maestría no se limitan simplemente a reproducir, son verdaderos retratos psicológicos .

1 .1 . Una insólita iconografía «reproductiva»

El antiguo peruano fue hombre eminentemente religioso, temeroso de las fuerzas de la naturaleza, adorador de los astros, supersticioso y fetichista, y además un gran creativo como pocos .
En pocos países del mundo se pueden encontrar unas manifestaciones culturales tan impregnadas de humanidad, con su cuota de mito, magia y rito, sin desprenderse de la tierra donde se nace, se vive y se muere, la vieja «Mamapacha» (Nota 2) que les prodigaba el alimento y el abrigo. Eran pueblos que prosperaban siempre alrededor de un valle o a orillas del mar, a veces ingeniándoselas de forma admirable para vencer la adversidad de un medio hostil; fueron personas que se instalaron en estas regiones atraídas por la necesidad de encontrar el sustento; fueron pueblos dedicados a la agricultura, la domesticación de animales y el comercio, incluso eran pescadores y navegantes, y lograron desarrollar sociedades urbanas y teocráticas muy complejas que, además, ejercían una influencia militar y política sobre sus vecinos más débiles, a quienes sojuzgaban y reducían a la servidumbre… hasta que el pueblo sometido se le rebelaba o eran conquistados por otro más poderoso .

Por este motivo en el Perú es frecuente escuchar a los historiadores y arqueólogos hablar de lapsos de tiempo o «periodos» para señalar las épocas en que surgieron estos pueblos, se desarrollaron, alcanzaron su apogeo, entraron en decadencia, y finalmente desaparecieron; así se dice, por ejemplo, que hubo un horizonte «Formativo» o «Temprano», que es el más antiguo, luego un periodo «Intermedio» y, finalmente, otro «Tardío» (Ver cuadro de la figura 1a más abajo) . De esta forma tenemos una cronología entendible para una historia supuestamente sin escritura (Nota 3) .

Figura 1a. Las Edades y los Horizontes del Antiguo Perú

La historia del antiguo Perú es como un enorme rompecabezas cuyas piezas son los hallazgos arqueológicos y el estudio e interpretación de los testimonios dejados por estos pueblos . Un trozo de tela, un hueso de animal convertido en instrumento musical, una piedra tallada o un dibujo rupestre pueden decirnos muchas cosas . Por fortuna las condiciones medioambientales –como la sequedad del clima en la zona andina o la aridez en los desiertos costeros— han permitido la preservación de muchos restos humanos sepultados en tumbas donde los yertos despojos realizan su viaje al mas allá rodeados de todo aquello que amaron en vida: el ajuar funerario donde, a la manera del antiguo Egipto, no podía faltar ni la chicha de jora –bebida fermentada hecha a base de maíz— ni sus prendas favoritas.

Es en este contexto que los restos materiales de las viejas culturas son prácticamente la única forma de saber cómo eran los antiguos creadores de estas civilizaciones andinas peruanas, y entre estos, las manifestaciones artísticas plasmadas en la piedra, la arcilla y cualquier materia prima susceptible de ser tallada, moldeada, esculpida, forjada, o bien teñida, pintada o dibujada. Y la cerámica fue, entonces, una de las modalidades de expresión artística más recurridas, y con ella nos dejaron una historia viva .

Figura 1b. Distribución geográfica de las culturas precolombinas en el Perú. Ilustración del portal «Culturas del Perú Precolombino».

En el «Museo Brüning» (2) de Lambayeque (ciudad de la región Lambayeque, muy cerca de Chiclayo, en el norte del Perú) se conserva una curiosa estatuilla de oro atribuida a la cultura Vicús (3) con indudables rasgos femeninos: la «Venus de Frías» . Esta figura, como otras, es hueca, lo que ha hecho suponer a los arqueólogos que debió tratarse de objetos de culto . En el caso de la famosa «Venus», se piensa que pudo estar dedicada a un culto a la fertilidad o feminidad, algo que parece repetirse en diversas manifestaciones culturales a lo largo de la geografía peruana precolombina.

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Una «Venus» peruana Llamada también la Venus de Frías, representa a una mujer desnuda trabajada en oro repujado, martillado y soldado por mitades . Se advierte cierto movimiento para la cabeza y para las manos . Parece que las manos descansaban en algún objeto en cuyo caso la estatuilla formaba parte de un conjunto . Los rasgos de la estatuilla son notoriamente femeninos a pesar de sus anchos hombros y angostas caderas . Dos argollas penden de las orejas y los ojos son enormes .

Figura 2. La figura de Frías

La figura de Frías Estatuillas parecidas se han encontrado en Quimbaya (Colombia),lo cual viene a confirmar una influencia cultural llegada del norte, que también se hace presente en la forma de las tumbas . Para el arqueólogo Lumbreras, la estatuilla de Frías es importada . En el «Arte y la Vida Vicús» dice: «sin lugar a duda fue hecha en Esmeraldas (Ecuador) o en Tumaco (Colombia) pues pertenece al estilo Tolita precisamente de la época de los Desarrollos Regionales» . El arqueólogo Kauffmann Doig, la da como «perteneciente al círculo Vicús», y sólo semejante a las de Colombia . (El Perú Antiguo) .

Pese a estos criterios de que la estatuilla es importada y no una manifestación del arte piurano antiguo, se la ha declarado Patrimonio Prehispánico Cultural del Departamento de Piura con la Resolución Directoral 005-82DRP del Instituto Nacional de Cultura, Filial Piura . La figurilla ha estado durante mucho tiempo en el «Museo Brünning» de Lambayeque . El 20 de Noviembre de 1956, el conservador del Museo, don Oscar Fernández de Córdova, la decomisó de unos huaqueros que la ofrecían en venta y la llevó al Museo . La estatuilla que es toda de oro, pesa 60 gramos y mide 153 mm de alto . Se construyó con oro laminado de 22 quilates .

El Director del Museo Walter Alva -descubridor de la tumba del Señor de Sipán– la consideraba perteneciente al estilo de Frías El antropólogo Luis Chaparro Frías, Director del Patrimonio Cultural de Piura, con admirable constancia, por muchos años estuvo reclamando para Piura, la estatuilla .

En 1999, aprovechando que el Ministerio de Educación era ocupado por el sullanero Felipe García Escudero, redobló las gestiones y al fin obtuvo que el 30 de Septiembre de ese año, la valiosa obra retornase a Piura con otras 61 piezas arqueológicas .
Como era de suponer, el arribo de la figurilla, dio origen a un acto de gran solemnidad en él que estuvo presente el Ministro de Educación .
Nota: El texto de este recuadro y la ilustración han sido extraídos del sitio Web del investigador peruano Reynaldo Moya (4) .
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Más abajo de Lambayeque, a unos 200 kilómetros al sur de la ciudad de Lima, se encuentra la península de Paracas (Ica) (5) .
Aquí, entre las arenas del desierto, en los años 20, el arqueólogo Julio C . Tello, considerado el padre de la arqueología peruana (6), hizo un sensacional descubrimiento: miles y miles de fardos funerarios sepultados en verdaderas ciudades de los muertos, a las que bautizó como «Paracas Necrópolis» y «Paracas Cavernas» (5) . En una de estas tumbas colectivas, que el Carbono 14 fechó en 300 a .
de C . , es decir, casi contemporáneos a los mochica y antecesores de los nasca, Tello encontró una momia que estaba envuelta por un curioso manto policromo que ha sido identificado por Artidoro Cáceres como una muestra de arte erótico en esta árida región .

«. . existe una simbología sumamente importante –explica Cáceres— representando la maternidad, la herencia, la concepción; según creen algunos investigadores peruanos . En la parte inferior (del manto policromo) una cabeza de niño, encima una de adulto . A un lado y hacia arriba, una serie de cabezas menores que van completándose y perfeccionándose hacia abajo y que proceden desde arriba, de otra cabeza adulta y celeste . Al lado y paralelamente, otra hilera que comienza en otra cabeza de tinte rojo y que se continúa hacia abajo con cuatro figuras redondeadas . Éstos podrían ser óvulos, los anteriores espermatozoides . Más hacía afuera, otra figura que representa a un animal (¿filogenia?) y, a la periferia, 3 elementos en forma de pera o coniformes (¿espermatozoides?) ¿Qué representa realmente esta figura? -se pregunta este autor— En la probabilidad interpretativa hay lugar a la fantasía . » (1)

Figura 3. Un manto de Paracas similar a éste llamó la atención del doctor Artidoro Cáceres. La figura, de vivísimos colores, tejida con una técnica depurada, se ha mantenido inalterable al paso del tiempo. El «desfile de cabezas» y el personaje que adornan esta imagen resultan por cierto evocadores. Espécimen 382-10 (detalle), «Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú» de Pueblo Libre (Lima). Foto de Anne Paul.

Regresando de nuevo al norte peruano, pero esta vez a la zona andina central, entre el Callejón de Huaylas y la provincia de Huari (Ancash), nos topamos con los vestigios de un pueblo que, alrededor del segundo milenio A .C ., extendió sus dominios desde el Pacífico a la región amazónica, ocupando buena parte del actual territorio peruano . Aquí es frecuente encontrar esculturas monolíticas pétreas de la civilización de Chavín (7), considerada una de las más viejas de América . Se trata de estatuas de rasgos masculinos . Hay estudiosos que ven en ellas falos (Nota 4) que apuntan al cielo (casualmente el mismo tipo de esculturas fálicas que también se encuentran esparcidos por la región del lago Titicaca, en Puno, cerca la frontera con Bolivia, atribuidas a la cultura Tiahuanaco . (8) (Ver en el capítulo: 4 .Templos de la fertilidad andina, el subcapítulo 4 .1 .»Inca Ullu»: los falos del Collao .)

También hay figuras líticas talladas de Chavín y de Recuay –cultura que siguió a Chavín— que muestran órganos femeninos. . ¿otra vez un culto a la fertilidad… o a la feminidad? El hecho de que esta iconografía «reproductiva», como las ya vistas, de índole masculina, se repita trascendiendo el tiempo y el espacio en todo el antiguo Perú hace presumir al doctor Cáceres que tales esculturas pudieron haber tenido alguna finalidad ritual relacionada con la fertilidad, dado que siempre se las ubica en lugares prominentes, como en la cima de un cerro, por ejemplo . (Nota 4)

Sigue…

Descubrimiento del señor Wari cambia la geografía histórica del Perú, manifestó viceministro de Patrimonio Cultural

El viceministro de Patrimonio Cultural, Bernardo Roca Rey, manifestó que el descubrimiento de la tumba de un Señor Principal de Wari en Cusco «cambia realmente la geografía histórica del Perú».

En diálogo con RPP Noticias, Roca Rey no se atrevió a especular con mayor profundidad en torno a este hallazgo. No obstante, precisó que el Ministerio de Cultura tiene conocimiento del entierro Wari en la zona de Espíritu Pampa, distrito de Vilcabamba, provincia de La Convención, desde hace 4 meses.

Luego de la presentación oficial del entierro en la Casa Garcilaso de la Vega, en el centro del Cusco, Roca Rey indicó que las piezas encontradas fueron estudiadas exclusivamente por arqueólogos cusqueños, quienes ahora tienen la misión de proteger dicho patrimonio.

Entre dichas piezas destaca un pectoral de plata en forma de Y, de base cóncava y con dos brazos laterales, cada uno lleva dibujado tres formas circulares. El pectoral tiene en su parte posterior un felino antropomorfo con un orificio en el medio de la boca. Este instrumento mide 65 centímetros de largo por 52 de ancho.

El Primer Rey encontrado en la sierra peruana

El arqueólogo Luis Lumbreras sostuvo que hasta este descubrimiento no se tenían noticias de hombres Wari en Cusco, y que los asentamientos humanos más antiguos conocidos en la zona de La Convención datan de la época de los Incas que se levantaron contra los conquistadores.

«Estos hallazgos de los arqueólogos cusqueños nos transmiten otra cosa. Esto quiere decir que es un sitio que era muy viejo, conocido por la gente, que era antiguamente habitado, y que además era importante porque es una tumba realmente espectacular. Lo que se ha encontrado no es un hallazgo cualquiera, es el primer rey que hemos podido encontrar en la sierra peruana», dijo Lumbreras a RPP Noticias.

Coincidió que la tumba del señor de Wari tiene el mismo valor que las del señor de Sipán y Sicán. Asimismo, estimó que la misma correspondería al siglo octavo, noveno o décimo de nuestra era.

Waris fueron los primeros en poblar el Antisuyo, señalan

A partir del descubrimiento de la tumba de un señor Wari en Cusco se puede señalar que “los primeros que llegaron al Antisuyo fueron el Estado Wari”, indicó el arqueólogo Javier Fonseca.

En diálogo con el programa HOY de RPP TV, el investigador que participó del hallazgo sostuvo, además, que el entierro correspondería a un individuo de alguna casta militar – teocrática, la misma que dataría del período horizonte medio, aproximadamente entre el año 550 y 900.

De esta manera, se descartaría que la zona de Vilcabamba haya sido el último bastión Inca durante la época de la conquista, debido a que los Wari poblaron dicho lugar muchos siglos antes.

Ornamentos encontrados

Entre el ornamento del señor Wari encontrado en el sector de Espíritu Pampa, distrito de Vilcabamba, provincia de La Convención (Cusco) destaca un pectoral de plata en forma de Y, de base cóncava y con dos brazos laterales, en cuya parte posterior se aprecia la figura de un felino antropomorfo con un orificio en medio de la boca. El pectoral mide 65 centímetros de largo por 52 de ancho.

Como parte de la parafernalia en la tumba también se encuentra una máscara de plata con una figura antropomorfa, de 21 centímetros de largo y 19 de ancho. Alrededor de la misma se aprecian orificios dispuestos de forma continua y equidistante, informó RPP Noticias.

El atuendo del personaje de la nobleza Wari, también consigna dos brazaletes de oro. Cada uno de ellos tiene 21 centímetros de largo y 11 de ancho. Asimismo, 234 láminas de plata en forma ovoide y circular; todas con dos agujeros en los extremos que servirían para sujetarlas con una cuerda a la vestimenta del individuo.

Según el director regional de Cultura del Cusco, Juan Julio García, el impresionante hallazgo Wari en plena selva cusqueña abre un nuevo capítulo en las investigaciones arqueológicas y obliga a escribir de nuevo la historia, porque solo se conocía que dicha cultura se había expandido por la toda la costa y sierra peruana, no se conocía de vestigios en la selva.

Añadió que esta presencia Wari, también lleva a los especialistas a plantear la versión de que la ciudad de Espiritu Pampa fue recuperada por los Incas, que ampliaron, perfeccionaron y modificaron los patrones constructivos de la antigua ciudad Wari.