Los Estados Panandinos: Wari y Tiwanaku

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INTRODUCCIÓN.

Las investigaciones arqueológicas precolombinas sobre América señalan a Mesoamérica y los Andes centrales y sureños, actuales repúblicas andinas del Ecuador, Perú y Bolivia, como dos de las áreas nucleares que generaron los procesos culturales más complejos. Aquí la ciudad y el estado son las expresiones culturales y políticas más logradas en su evolución. Las otras regiones, próximas o distantes a estas dos áreas, alcanzaron poca complejidad, siendo el curacazgo en muy pocos lugares la organización política más alta y, más bien, la banda y la tribu, las formas más comunes de organización social y política.

Autor: Julián I. Santillana

En ambas áreas, en los primeros cinco siglos de nuestra era, la ciudad y el estado se manifestaron prístinamente, como producto de largos procesos autónomos de experimentación y descubrimiento. La singularidad frente a otros desarrollos civilizatorios del mundo fue la característica resaltante de ambos procesos. Hablamos de complejidad de una cultura para no utilizar términos usados frecuentemente como superioridad o inferioridad, que refieren más bien a una forma subjetiva y etnocéntrica de ver una sociedad.

Las culturas son sencillamente diferentes, no superiores ni inferiores, porque toda la cultura material e inmaterial es producto de la relación del hombre con determinado medio ambiente y de las relaciones entre sus integrantes. Los hombres amazónicos, andinos y costeños en el pasado ofrecieron eficaces respuestas a los múltiples retos que representaban las diversas ecologías de esta parte del mundo. Conocida y familiarizada primero, transformada y dominada después, los antiguos pobladores integraron la naturaleza para su beneficio.

La comparación cultural debe hacerse valorando la solución satisfactoria de las necesidades grupales y no por la presencia o ausencia de determinados elementos, como por ejemplo la escritura o la rueda, inventos que responden adecuadamente a realidades específicas. Las sociedades del Viejo Mundo con escritura y con rueda son tan complejas o “civilizadas” como los waris o inkas, culturas sin escritura y sin rueda, comparables sin embargo, en su complejidad sociopolítica y en la solución de sus necesidades, con otros procesos civilizatorios del Lejano y Cercano Oriente antiguos.

En el área nuclear andina, la complejidad de la sociedad es igual a civilización y, a diferencia del Viejo Mundo, donde la civilización es sinónimo de ciudad y estado, en nuestra región la civilización andina antecede al estado y la ciudad. Como dijera Service, la civilización no se asentó sobre el origen del estado. La complejidad de la sociedad andina se expresa de diversa manera. En la economía por el aprovechamiento racional y eficiente de los diversos recursos naturales, por el desarrollo de diferentes sistemas de cultivo como el riego, la tala y quemado o el barbecho; o también por el manejo de la ganadería altoandina como los activos renovables más preciados, exclusivamente en los ecosistemas de frío del Perú y Bolivia, cuyas fibras procesadas trascendieron lo estrictamente económico. La pesca y la recolecta de productos marinos fueron sólo formas de economía de subsistencia generalizada aunque, según Moseley, los recursos marinos de la costa peruana permitieron desarrollos culturales complejos.

territorios wari tiwanaku
Mapa de territorios Wari y Tiwanaku. (Basado en Lanning 1967, Lumbreras 1969 y Moseley 1992).

La mano de obra especializada y a tiempo completo, y en muchos casos subvencionada por la entidad política, combinada con los grupos no especializados organizados eventualmente, sobre todo para la construcción o mantenimiento de las grandes obras públicas, lograron el desarrollo de la arquitectura y urbanismo, con la construcción de grandes y suntuosos templos, tumbas, palacios residenciales, centros urbanos y administrativos y desarrollo de la infraestructura vial. La especialización también se refleja en la fabricación de lujosas ropas y mantos y, finalmente, en la extracción, transformación y producción metalúrgica y artesanal en general. Estos logros materiales fueron posibles –en la mayoría de los casos– por la dinámica de progreso y cambio generada por la ideología y política, y al parecer, no por variables tecnoeconómicas como precondición sine qua non; “…las ideas y las instituciones –como tempranamente dijera Coe– explicarían esta evolución”.

Hoy sabemos que las culturas complejas emergieron tempranamente en los Andes, siendo la más representativa, de acuerdo a los datos arqueológicos contemporáneos, la cultura Valdivia, en el actual Ecuador que, como integrante de un proceso de complementariedad de esferas culturales andino-amazónicas, ha aportado sustantivos rasgos para la tradición religiosa de la sociedad prehispánica de los Andes centrales y sur centrales, como se infiere de los trabajos de Lathrap, Damp, Pearsall y Marcos. Sin embargo, el cambio cualitativo está en la institucionalización del ejercicio del poder y la religión que se profundizó en el Horizonte Medio (550-900 d.C.), época que trataremos en las páginas siguientes y que es fechada por otros arqueólogos entre el 550 y el 800 d.C. Es cierto que en muchos casos, durante el Horizonte Medio se trató de la institucionalización de prácticas de distinta índole que ya se venían dando en el período anterior y, en otros, de la invención de la estructura política y religiosa en su grado más alto. La etapa anterior al Horizonte Medio debe considerarse como de experimentación y descubrimiento de las estructuras básicas de la sociedad andina y el Horizonte Medio como la etapa final de las invenciones. Lo que sucede a partir de este Horizonte es la reinterpretación y reestructuración de los elementos estructurales de la cultura.

En las páginas que siguen abordaremos los rasgos más significativos de Wari y Tiwanaku, dos entidades políticas que se desarrollaron durante el Horizonte Medio. Por ser Wari la más compleja y la que mayor información tiene, se ha hecho un resumen introductorio sobre la cronología, expansión y estilos alfareros, para procurar que el lector no especializado se oriente en el tiempo y en el espacio sobre los logros sociopolíticos y los estilos alfareros. Este último tema no se desarrollará en el texto por no corresponder a la naturaleza del libro.

I WARI
CRONOLOGÍA, EXPANSIÓN Y ESTILOS ALFAREROS

Los temas centrales referidos para el Horizonte Medio en general y para el estado Wari en particular, se los debemos a los profesores D. Menzel y L. G. Lumbreras, quienes lúcidamente avizoraron muchos de los aspectos políticos y religiosos de aquella época. Algunos temas centrales que hoy preocupan y ocupan a los arqueólogos andinistas, ubicados cronológicamente en el Horizonte Medio, fueron esbozados inicialmente por ellos. Debemos sobre todo a Lumbreras agudos y visionarios aportes sobre el conjunto del fenómeno Wari. Creemos que las contribuciones que vienen dándose en la última década –sobre todo por William Isbell y su asociación de académicos– parten de la sistematización lograda en las décadas de los 60 y 70.

Wari es un fenómeno político estatal que sucede durante el Horizonte Medio entre los años 550 y 900 d.C. aproximadamente, y fue dividido por Menzel en las siguientes épocas:

Horizonte Medio 1A
Horizonte Medio 1B
Horizonte Medio 2A
Horizonte Medio 2B
Horizonte Medio 3
Horizonte Medio 4

La emergencia del estado panandino Wari se produce en la cuenca ayacuchana en base al crecimiento urbano y la experiencia administrativa logrados por la cultura local Warpa en las postrimerías del Período Intermedio Temprano poco antes de la aparición de Wari, cuando los contactos con la costa sur fueron intensos.

La época 1A se caracteriza por la aparición del estado y la ciudad asociados a la presencia de elementos míticos altiplánicos plasmados en las grandes vasijas ornamentales halladas en Qonchopata (Ayacucho), en las décadas de los 40 y los 70. El tema central mítico tiene semejanza con la imagen de la Portada del Sol de Tiwanaku. Los estilos alfareros ceremoniales predominantes son Qonchopata y Chakipampa A.

Los contactos con el altiplano se dieron también en el nivel de la arquitectura, como lo evidencia la construcción del templete semisubterráneo en Wari. Wari tuvo también colonias en la costa sur en Ica y Moquegua.

Vista posterior de la Puerta del Sol, 1877; fotografía de Georges B. von Grumbkow. Esta imagen sería publicada en Die Ruinenstaette von Tiahuanaco de Alfons Stübel y Max Uhle (Leipzig, 1892). La deidad representada en esta portada es muy semejante al tema central de la alfarería Wari.

En la época 1B, los cambios son dramáticos y la población de la ciudad crece merced al flujo migratorio rural. El estado Wari es más fuerte, poderoso y maduro y empieza la primera expansión por la sierra norte hasta el callejón de Huaylas (Honqo Pampa y Willcawaín) y Huamachuco, por la sierra sur hasta Cuzco (Pikillaqta), y consolida sus posiciones en la costa central y sur. Asimismo, en la costa norte hay evidencias en el valle de Santa. Se fundan, además, sitios como Wariwillka, Jincamoqo, Waywaka, todos ellos articulados por una gran red vial. Las construcciones Wari alteran las tradiciones urbanísticas locales, asimilando en algunos casos experiencias previas, como ocurre en la sierra norte. En la costa norte más septentrional no existen, sin embargo, evidencias materiales contundentes de filiación Wari, ausencia que permite que algunos investigadores cuestionen la injerencia Wari en la región.

Caracterizan a esta época los estilos alfareros Robles Moqo, Chakipampa B y muchos otros estilos menores que resultan de la influencia Wari en tradiciones locales. Pacheco, en Nazca, era probablemente una colonia con mucho prestigio.

En la época 2, el estado Wari pasó por una reestructuración política y experimentó una segunda expansión, que le permitió ocupar nuevas regiones del área andina central, resultando más poderoso y centralizado. La ciudad de Wari alcanza su máxima extensión y su máximo crecimiento poblacional. Se construyen nuevos sitios próximos a la ciudad como Jargampata en San Miguel y Azángaro en Huanta.

Destacan los siguientes estilos alfareros Wari: Viñaque, originario de Ayacucho, Atarco en Nazca y Pachacamac en la costa central. La dicotomía costasierra se pronuncia. De esta época 2 serían también las construcciones costeñas de Socos (Chillón), Conoche (Topará) y quizás La Cantera (Chincha); todas ellas de diseño ortogonal, predominante en la cerámica Viñaque. Durante la época 2B la expansión Wari alcanza hasta Cajamarca, La Libertad, Moquegua y Sicuani en el Cuzco.

Vasija Qonchopata con el tema de la “Deidad de los Báculos”. (Tomado de Cook 1994).

El sitio de Pachacamac desde la época 2A se convierte en un centro de mucho prestigio y durante la época 2B influye en la costa norte, en el sur (Ica) y en la sierra central (Huancayo). Quizás fue una entidad política con cierta independencia de Wari.

 

Sin embargo Wari, desde Ayacucho, mantiene su presencia en la costa central y sur y en todas las otras regiones ocupadas en las épocas 1 y 2A, aunque ella difiera en sus mecanismos.

Luego de la época 2B, Wari colapsa y se abandona la ciudad, perdiendo toda significación en las épocas 3 y 4. Esta última coincidiría con un período de desecamiento de las tierras serranas producto de un cambio climático. Colapsan también los centros provinciales. Desaparece la experiencia más significativa en el nivel político como estado panandino y como ciudad prístina en los Andes en el nivel urbanístico.

Pachacamac, sin embargo, mantuvo cierta importancia y prestigio en la época 3 y al parecer en Huarmey, según Menzel, surgió otro centro importante que conservó diseños Wari, de los que tampoco se apartaron las poblaciones en la costa sur y central con tendencia a una marcada tradición local propia.

ORÍGENES WARI

Las investigaciones arqueológicas sobre esta etapa de la historia andina son las que mayor discrepancia han generado, no estando ausentes las connotaciones de orden político. Ha habido también una revisión y una crítica permanentes de los modelos y las interpretaciones de los datos.

Al final, sin embargo, el fenómeno Wari resultaría ser un modelo para explicar los siguientes procesos culturales y muchos investigadores señalan que lo inka sirve para entender lo wari. Los wari serían por tanto el modelo para los inkas, planteamiento inicialmente sugerido también por Menzel.

Representación en cerámica de personaje en actitud de caminar, Qonchopata (Ayacucho), Horizonte Medio, época 1A. (Tomado de Menzel 1977).

En la región ayacuchana, escenario de la aparición de la ciudad y el estado Wari panandinos, no fue posible un sistema agrícola excedentario en ninguna de las etapas prehispánicas. Tampoco se desarrolló en la región un sistema religioso complejo y monumental antes de Wari. En otros procesos civilizatorios estos factores son hasta cierto punto determinantes para el surgimiento del estado; sin embargo su ausencia en el caso andino Wari singulariza el proceso.

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