Pachacamac y Pariacaca: Interacción de Sacralidad y Poder Político

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El tema de Pariacaca en relación a Pachacamac es una nueva visión para explicar los factores de sacralidad que envuelven a estos iconos. Ambas implican una religiosidad muy arraigada en la mentalidad de los pueblos, pero también es visible un control político-territorial de las instituciones estatales o étnicas, la primera relacionada al territorio cordillerano; la segunda, relacionada a la costa y litoral, prácticamente bajo la hegemonía de Pachacamac. Estos espacios están articulados por ríos que descienden de las cordilleras hacia el mar (río Rímac, Lurín, Mala y Cañete). De éstos, el río Lurín y Mala son los más importante puesto que la interacción de ambos, delimita un paisaje sagrado cuyos componentes sociales y culturales conforman un poder político.

 

Carlos Farfán Lobaton
Docente-Investigador – Universidad Nacional Federico Villarreal, Facultad de Humanidades, Laboratorio de Arqueología y Antropología Física y Forense Lima Perú.
carlosf21@yahoo.com

The issue regarding Pariacaca Pachacamac is a new perspective to explain the factors that surround these sacred icons. Both involve a religiosity deeply rooted in the mentality of the people, but it is also visible political and territorial control of state institutions or ethnic, the first related to the Andean country, the second related to the coast and coast, practically under the hegemony Pachacamac. These spaces are articulated by rivers that descend from the mountain ranges to the sea (river Rimac, Lurin, Mala and Cañete). Of these, the river Lurín and Mala are the most important since the interaction of both, delineates a sacred landscape who’s social and cultural components form a political power.

Introducción
Ya hemos señalado en oportunidades anteriores (Farfán, 2002, 2004 y 2010) la existencia de nexos simbólicos entre el paisaje, el uso y manejo del agua; entre las formas arquitectónicas y las orientaciones de los espacios arquitectónicos; entre los paisajes sagrados y los componentes sociales y entre los territorios de la yunga con los de la sierra. Los argumentos que aquí se manejan son básicamente datos empíricos susceptibles de ser comprobados, por lo que su validez tiene rangos aceptables. Estas relaciones la estamos considerando como fenómenos sociales que ocurren dentro de una dinámica del paisaje y las relaciones sociales. La recurrencia de estos fenómenos en los ámbitos de los andes centrales es muy común, toda vez que para conocerlas, hay que compenetrarse en el contexto social actual y en el contexto arqueológico que forma parte del entorno. Lo que vemos entonces, en dichos contextos es la regularidad en la estructuración del espacio social articulado a una estructura simbólica que explica lo sagrado, lo profano, y principalmente una jerarquía donde se visualiza el poder. Los argumentos que fundamentan este poder pueden ser sagrados o simplemente simbólicos, pero detrás de estos factores subyace el control de las fuerzas productivas, consecuentemente el control económico, como es la circulación de los bienes y servicios.

Como parte de esta investigación primeramente nos referiremos a Pachacamac, como territorio y espacio social. La información que manejamos está basado en nuestro conocimiento que se sustenta en una larga permanencia en las investigaciones arqueológicas . Lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en Pachacamac, es la presencia de una regularidad y ordenamiento del espacio social, imbricado a un espacio sagrado. En este sentido, el manejo del espacio en Pachacamac obedece a un orden jerárquico, donde el emplazamiento de los componentes urbanos obedece a una planificación o zonificación que se desarrolló a lo largo de su crecimiento. Los componentes arquitectónicos más populares son las llamadas pirámides con rampa y fueron construidas a lo largo de dos ejes: la calle EsteOeste y la calle Norte-Sur. El diseño aparentemente está basado en un canon común de forma y función, sin embargo, se ha identificado diferencias en las orientaciones que estarían marcando diferencias en su significación social y simbólica, (Farfán, 2004). Para entender la arqueología de la arquitectura de estos edificios estamos considerando cuatro momentos: a) planificación y diseño, b) construcción, c) funcionamiento y d) abandono. Luego de esta última etapa estos edificios se sacralizan y se convierten en depositarios de ofrendas a los ancestros o como actos de propiciación donde se evoca al dios de las aguas que mora en las montañas donde nacen los ríos, en este caso nos estamos refiriendo a Pariacaca.

Para el presente estudio trataremos de demostrar que desde tiempos antiguos hubo una estrecha relación entre los oráculos de Pariacaca y Pachacamac a través de las cuencas del Rimac, Lurín, Mala y Cañete. Esta relación no se reduce al carácter sacro de ambos, sino más bien es una respuesta al control territorial de los recursos económicos, estructurado en un paisaje sagrado donde se fundan los asentamientos a lo largo de ambas márgenes de estos ríos. Estos asentamientos están interconectados por caminos que fueron el soporte de una permeabilidad entre los pueblos. En este caso, los caminos se convirtieron en un instrumento de transformación del paisaje social a través de los reguladores económicos, políticos y religiosos que subyacen en la estructura social de estos pueblos (Cuadro 1). Los más importantes son el camino que une Pachacamac con Xauxatambo pasando por Pariacaca a través de la cuenca del río Lurín, mientras que por la cuenca del río Mala se genera otro nexo mucho más intenso desde los tiempos del Período Intermedio Tardío, como es la concentración de asentamientos de rangos mayores y medianos emplazados en cumbre para los relacionados a la sierra y en conos de deyección y quebradas laterales, para los relacionados a la costa cuya datación se remonta al período Intermedio Tardío. En estos tramos con asentamientos aparecen vínculos muy estrechos con la sierra y la costa y continúan en tiempo de los incas con mayor persistencia, la dinámica de interacción se genera dentro de un ordenamiento racional de control territorial y sagrado.

En este sentido, los incas al conquistar estos valles diseñaron una estrategia tomando en cuenta el territorio integrado al componente humano a través de los centros urbanos y rurales y estructuraron un modelo de control, tanto territorial como económico e ideológico. De modo que, la fundación o sometimiento de los asentamientos en un estado como el inca, no solo estaba limitada a las posibilidades sociopolíticas o económicas, sino que también estuvo referido a una racionalidad del uso y manejo del espacio, donde se superpone el paisaje sagrado y simbólico sobre el paisaje social. Esta es la razón, por el cual, el trazado urbano de los asentamientos de estos valles, obedece a una planificación estratégica, a veces forzada, basada en esquemas funcionales, a la vez simbólicos, puesto que trasmiten a través de la forma, un valor ideológico capaz de cohesionar y aglutinar a los grupos humanos conquistados y a la vez establecer espacios públicos y espacios restringidos. Sin embargo, si quisiéramos definir o caracterizar estos espacios arqueológicos, o si quisiéramos analizar la arqueología de su arquitectura, encontraremos limitaciones debido a su fragmentada información, puesto que ya no están en funcionamiento, solo quedan los restos físicos disminuidos en su integridad, por lo que necesitaremos tomar en cuenta tres dimensiones como prioridad de análisis: a) dimensión territorial o paisaje, b) dimensión social y cultural; c) dimensión simbólica, para este último, trataremos de aproximarnos a través de la hermenéutica de estos fenómenos y explicar de cómo se construyeron los espacios sociales. Estos espacios tanto de los asentamientos del corredor de los valles Lurín y Mala de la chaupiyunga como de las partes altas que para algunos son denominados paisajes andinos, es factible identificar dos analogías: la idea del paisaje como texto y como tejido, (Gavazzi, 2010:32). Estas posibilidades son importantes toda vez que el paisaje requiere de una interpretación en su dinámica y a la vez como estructuración de un sistema de formas que trasmite una significación. Para nuestro caso, el área de investigación abarca cuatro escenarios muy bien diferenciados en la antigüedad: el escenario marino como la mamacocha (madre de los lagos), el litoral como como escenario de los recursos, las lomas y la chaupiyunga como corredor y lugares de cultivo de tres productos muy importantes en la vida ritual, la coca, maíz negro y ají. Este paisaje era muy disputado por las etnias precisamente por el potencial de estos recursos (Rostworowski, 1978); la sierra o región Quechua lugar de los asentamientos mayores y la puna donde se ubican los lagos, nevados y lugares de pastoreo. Precisamente estos paisajes fueron los motores de cambio y disputas entre los grupos étnicos y sociedades organizadas que les permitía poseer un poder político, económico y hasta religioso como el caso de los incas que llegaron a controlar política y territorialmente a un vasto territorio.

Cuadro 1: Esquema de interpretación de la cuenca para explicar el valle de Lurín y Mala

En el caso del valle de Mala, nos importan las características como escenario de cambio, transformación y control territorial por el estado inca dado las evidencias visibles. En tal sentido, encontramos como antecedentes el catastro ejecutado por Williams y Merino (1976), donde se hacen un balance cuantitativo y cualitativo del potencial arqueológico de este valle, mostrando por primera vez una fotografía territorial de las ocupaciones prehispánicas, luego Tantalean (2007) hace un recuento en base a prospecciones superficiales, mostrando principalmente los rasgos de la ocupación inca en el valle con características administrativas materializadas en edificios palaciegos de una elite para el control territorial y económico, señala como sitios con esta característica a Piedra Angosta, La Vuelta, Cochahuasi, Huancani.

Todo lo que hemos esbozado hasta ahora se refiere a los corredores Lurín y Mala, pero cuando nos centramos en la parte alta de la sierra encontramos otra realidad donde los asentamientos tienen otro patrón, pero siempre mantienen la articulación al Qapaq Ñan tanto en Huarochiri, San Pedro de Huancaire, San Juan de Tantarache. En este último hallamos un tambo asociado a sepulcros en machays decorados con pintura roja para luego llegar a la gran meseta de Pariacaca ubicado entre las lagunas de Piticocha y Paucarcocha, donde se halla el gran asentamiento de Pirca-Pirca a 4400m.s.n.m. Este gran camino ya existía antes de la llegada de los incas, luego con la conquista mejoraron acondicionándolos para un control más adecuado. Sin duda, estos acontecimientos generaron sistemas de control territorial y fundamentalmente el control de las tensiones sociales que iban en aumento al interior de las poblaciones conquistadas por los impactos generados.

Los incas le dieron un énfasis preferencial al manejo y administración de los pueblos y sus recursos a través de los caminos que debían estar dotados de una serie de equipamientos para cumplir estas funciones, por ello, además de los tambos, se pueden notar otros elementos quizá los más determinantes, nos estamos refiriendo a una serie de lugares sagrados o míticos tales, como apachetas, huacas, cerros sagrados (apus y wamanis), nevados, puquios, etc., consideradas como símbolos sagrados ligados a mitos de origen, de propiciación, orientaciones y otras significaciones sagradas que le daban al camino un valor especial de sacralidad. De este modo, los caminos tanto el que recorre el valle de Lurín como el de Mala, constituían un símbolo del poder omnipresente, y de autoridad del Estado Inca hacia los pueblos conquistados (Bauer, 1996). Este aspecto es importante debido a que los caminos eran las rutas no solo del tránsito de gente común y corriente, sino en muchos de los casos, del Inca y su comitiva, así como contingentes armados que sin duda, trasmitían terror y respeto en las poblaciones conquistadas.

Nuestro estudio, tratara de manera puntual la interacción de sacralidad y poder político entre Pachacamac y Pariacaca. Uno de los elementos determinantes para esta interacción fue el enorme poder que ejercían ambos espacios sociales; Pachacamac ligado al mar donde desembocan los ríos que bajaban de las alturas y Pariacaca ligado a los nevados y lagunas que alimentan los ríos. Ambos tenían significación simbólica que corresponden a dos espacios de oposición dentro de la mentalidad andina: Pariacaca como deidad serrana y Pachacamac como deidad yunga o de los llanos; el primero está relacionado con el agua y las nieves y el segundo a la mamacocha o mar, (Fig.1). Sin embargo, este último también era una deidad con atributos de generar los movimientos sísmicos “el que hace temblar la tierra” o el pachacuyuchic, (Rostworowski, 2007). Según Rostworowski Pachacamac también posee el atributo de representar la oscuridad, mientras que su oponente antagónico Vichama posee el atributo de representar el día, por consiguiente ambos funcionan como una dualidad de oposición y en lucha constante (Rostworowski, 1983). Pero también podemos hablar de la dualidad de Pariacaca-Pachacamac. Esta dualidad de oposiciones visible en los atributos de estas deidades, se configura en la vida e ideología de los pueblos, tanto de los yungas como los pueblos de las partes altas. Este mecanismo ideológico, al parecer, fue uno de los móviles que impulso a la administración inca en la ruta Pachacamac – Xauxatambo para viabilizar las conquistas y fijar referentes económicos y políticos ante los pueblos conquistados con un poder subyacente. Como vemos, Pachacamac no solo ha establecido alianzas sagradas con Pariacaca sino también con Vichama hacia el norte.

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