Rutas Ancestrales del QHAPAQ ÑAN

El antiguo Sistema Vial Andino o Qhapaq Ñan, notable obra de ingeniería prehispánica, atravesó enormes arenales, accidentadas cordilleras y tupidas florestas para integrar cientos de pueblos esparcidos por la actual América Andina. No resulta exagerado afirmar que, gracias a esta vía, las actuales naciones andinas comparten muchos rasgos culturales esenciales que hacen patente nuestra hermandad.

Si bien algunos de los tramos integrados al Qhapaq Ñan constituían en realidad antiguas rutas de tránsito, implementadas por sociedades precedentes como los moche y los wari, fue con el Estado Inca que el sistema adquirió un carácter orgánico, permitiendo gobernar todo el Tawantinsuyu. Por ello, el cronista Pedro Cieza de León señaló a mediados del siglo XVI que, así como España fue dividida desde la antigüedad en provincias, “estos indios para contar las [provincias] que avía en tierra tan grande lo entendían por sus caminos”. En otras palabras, conocer el Qhapaq Ñan era conocer propiamente todo el Imperio.

En la actualidad, no hay mejor forma de familiarizarse con los pueblos conectados alguna vez por esta vía, con los escenarios naturales que atraviesa y con los monumentales conjuntos arquitectónicos levantados a su vera, que visitándolos en aquellos segmentos aún preservados.

Este libro resultará de gran utilidad en esta tarea, ya que no solo despliega ante el lector un impresionante repertorio fotográfico, producto de una selectiva sensibilidad estética, y actualizada información histórica y arqueológica de cada uno de los tramos tratados, sino que también incluye valiosos datos sobre las rutas de acceso y distancias de los sitios, sus mejores temporadas de visita, los servicios disponibles y los bienes personales que se recomienda portar para hacer de su viaje una grata experiencia.

Con esta publicación, el Ministerio de Cultura pone a disposición del público general una síntesis de los estudios que el Proyecto Qhapaq Ñan viene realizando desde hace casi veinte años, reafirmando su compromiso de fomentar el conocimiento del Sistema Vial Andino, en esta ocasión, entre todos aquellos que se vean animados a recorrerlo, disfrutarlo, y reencontrarse con nuestra naturaleza diversa, así como con la pluriculturalidad que caracteriza a nuestro país. Sonia Guillén Oneeglio Ministra de Cultura del Perú.

INTRODUCCION

El Qhapaq Ñan estuvo constituido por un complejo sistema de caminos preincaicos e incaicos que se extendía por más de 30 000 kilómetros, comunicando todo el Tawantinsuyu. Considerado Patrimonio Mundial por la Unesco, esta red vial integró los actuales países de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú, siendo estructurado sobre la base de caminos dispuestos estratégicamente teniendo como eje a la cordillera de los Andes, desde donde se vinculaban los diversos pisos ecológicos característicos de esta amplísima región. Más de 20 000 kilómetros de este sistema de caminos se encuentran en el Perú, donde el Qhapaq Ñan sigue funcionando como una gran red de comunicación entre los pueblos andinos.

A partir de la creación del Proyecto Qhapaq Ñan, en el año 2001, el Ministerio de Cultura tiene a su cargo la identificación, registro, investigación, conservación, puesta en uso social y puesta en valor de las manifestaciones culturales vinculadas al Camino Inca a lo largo del territorio nacional. Para llevar a cabo estas labores, el Proyecto Qhapaq Ñan está organizado en proyectos integrales y proyectos de tramo. Los primeros se encuentran en sitios arqueológicos de gran envergadura asociados al camino, donde se realizan labores arqueológicas, de investigación y de conservación; por su parte, los proyectos de tramo se ejecutan en segmentos de la antigua Red Vial Inca e incluyen caminos y sitios que van desde pequeños tambos hasta grandes sitios administrativos y ceremoniales.

Hoy, el Camino Inca mantiene una notable vigencia y genera un estrecho vínculo con las poblaciones; es un camino vivo, un lugar de encuentro, de intercambio y de comunicación entre los pueblos andinos. Con esta publicación, el Ministerio de Cultura busca difundir el Qhapaq Ñan como un importante esfuerzo unificador de carácter nacional, y mostrar la relevancia de las investigaciones y de los trabajos de puesta en valor que se llevan a cabo en el mayor monumento prehispánico de Sudamérica.

Este libro es una invitación a seguir el Camino Inca a través de imágenes que presentan esta gran obra de la ingeniería desde sus monumentos, sus paisajes y desde las comunidades ancestrales que aún lo cuidan, lo transitan y forman parte de su paisaje cultural. Esta publicación es un viaje por el Qhapaq Ñan, un recorrido que va desde el norte hasta el sur del Perú y registra para el viajero los principales sitios arqueológicos monumentales y los mejores tramos para caminar, seleccionados según un criterio de valor patrimonial, de paisaje, de cultura viva, así como de accesibilidad.

Las rutas presentadas en estas páginas constituyen una selección que incluye, no solo los tramos longitudinales del camino, sino también las vías transversales que tienen gran valor, ya que éstas conectan variados pisos ecológicos generando una gran diversidad cultural y paisajística.

Cada ruta seleccionada representa una oportunidad de encuentro para el viajero, para recorrer hoy el Qhapaq Ñan, apreciar la cultura viva, sus manifestaciones y expresiones diversas, y acercarse a las comunidades que lo habitan. María Elena Córdova Burga Viceministra de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales Ministerio de Cultura del Perú.

CABEZA DE VACA

La Zona Arqueológica Monumental de Cabeza de Vaca se emplaza en el valle bajo y en la margen izquierda del río Tumbes, en un punto de confluencia de las colinas y la planicie litoral. Tras ser incorporado al Imperio por el Inca Tupac Yupanqui, este sitio pasó a convertirse en la sede central de la costa norte del Tawantinsuyu y en uno de los asentamientos más importantes conectado al Qhapaq Ñan en esta región. Era, además, el destino final del Camino Inca de la Costa y el principal puerto de ingreso del spondylus proveniente del golfo de Guayaquil. La vía marítima se extendía hasta este golfo ecuatoriano (e incluso más al norte), siendo Tumbes el punto de partida y de llegada de las embarcaciones que transportaban preciadas valvas de spondylus.

En la región de Tumbes, la vía terrestre se desplaza desde la quebrada Cusco, en la montaña de los Amotapes, hasta Playa Hermosa en el litoral. Políticamente, el camino se localiza en los actuales distritos tumbesinos de San Jacinto y Corrales. Este tramo del Camino Inca alcanza casi 100 kilómetros de longitud siguiendo una dirección de sur a norte, con altitudes que oscilan desde los 1538 metros hasta el nivel del mar; a lo largo de la vía se han identificado sitios arqueológicos que tuvieron distintas funciones y jerarquías, siendo Cabeza de Vaca el más importante.

Como capital provincial o cabeza de provincia inca, el centro administrativo y ceremonial de Cabeza de Vaca concentró el poder estatal. Por ello, ahí se construyeron las mayores edificaciones estatales de poder distribuidas en un amplio núcleo urbano. El asentamiento estuvo conformado por grandes construcciones de barro y piedra, como el sitio de Soledad de Tambo, conocido también como Tambo Real de Pincos, es el asentamiento más extenso de la quebrada de Tambillos, y que funcionó como centro administrativo y ceremonial durante la época Inca. En el complejo se conserva el ushnu y numerosas estructuras anteriores a la ocupación inca, así como kallankas y kanchas que podrían corresponder al sector residencial. El asentamiento se ubica en una zona bastante favorable a la producción agrícola, asociado a un amplio sistema de terrazas que abarca el 32 % del área total de la quebrada.

El Camino Inca atraviesa el sitio de Soledad de Tambo y pasa al lado del ushnu, una gran plataforma escalonada que conserva en la parte superior un pozo de ofrendas de planta rectangular, elaborado con piedras finamente labradas al estilo Inca Imperial. Las investigaciones realizadas por el Proyecto Qhapaq Ñan han permitido determinar que el ushnu estuvo vinculado a lugares importantes de carácter ancestral, algunos alineamientos coinciden con los elementos geográficos sagrados, como los cerros tutelares Wiñaq, Anqo Raqu, Llalliraq y Pan de Azúcar, poniendo de manifiesto el paisaje ritual en la quebrada de Tambillos.

El sector denominado Colcas de Huaganco se encuentra integrado por trece depósitos de almacenamiento alineados en la parte alta de un promontorio rocoso; el lugar manifiesta una importancia simbólica, dado que, antes de la llegada de los incas habría funcionado como un sector funerario y de reverencias.

Siguiendo la ruta del Qhapaq Ñan se llega al sitio arqueológico de Huaritambo, conocido en crónicas antiguas como la “casa de Huayna Capac”, se trata de uno de los diez tambos reales ubicados entre Huánuco Pampa y Huamachuco. En el complejo destaca un conjunto de colcas o depósitos de almacenamiento asociados a un camino secundario. En los alrededores del complejo es posible observar diversas estructuras y distinguir una plaza, las kallankas y diversos edificios rodeados de campos de cultivo. Hacia el lado sureste se observa el sector mejor conservado, conformado por calles, recintos, patios y kanchas de la época Inca.

HUÁNUCO PAMPA

Huánuco Pampa fue uno de los más importantes centros administrativos del Tawantinsuyu. Se trata de un complejo urbano que abarca 800 hectáreas en las que se distribuyen más de 4000 edificaciones de piedra. El sitio destaca por el carácter excepcional de su planeamiento espacial, constituido por una enorme plaza que mide 350 metros por 550 metros y un edificio central desde el cual irradian una serie de calles y caminos que delimitan los barrios o sectores del asentamiento. De acuerdo a recientes estudios, Huánuco Pampa fue diseñado en base a alineamientos astronómicos.

El complejo inca destaca por la monumentalidad de sus construcciones y por su fina arquitectura de estilo cusqueño. Las enormes salas techadas conocidas como cada una de más de 75 metros de largo con una altura estimable de 12 metros, resultan particularmente notables. Asimismo, el o plataforma ceremonial en la que se realizaban sacrificios y ofrendas de libación. Este complejo cuenta con seis portadas perfectamente alineadas, flanqueadas por felinos duales. A esta zona se accede de manera gradual, ingresando a espacios cada vez más restringidos, hasta llegar a la Casa del Inca o y al Baño del Inca, ambos de uso exclusivo del soberano.

Se podía llegar a Huánuco Pampa a través del Camino Longitudinal de la Sierra, que unía Cusco con Quito y articulaba diversos asentamientos de similar nivel en su recorrido; Huánuco Pampa, sin embargo, fue el punto neurálgico entre ambos lugares.

El Camino Inca o Qhapaq Ñan parte desde el centro del asentamiento, específicamente del , y en su recorrido (casi siempre recto) atraviesa una extensa altiplanicie, ríos, quebradas y lagunas rodeadas de enormes cerros. La geografía del entorno está sorteada por una importante infraestructura de caminos empedrados, escaleras de piedra, cortes en los cerros y muros de contención en zonas de precipicios, así como diversos puentes para atravesar cursos de agua, un complejo sistema de drenaje para evitar la inundación de los caminos y una serie de marcadores en las zonas llanas donde el camino estaba despejado.

Las investigaciones arqueológicas realizadas por el Proyecto Qhapaq Ñan han evidenciado características que denotan un alto nivel de ingeniería y planificación, además de notables conocimientos tecnológicos empleados para la construcción de este asentamiento. Tal es el caso del hallazgo de una serie de muros de contención que soportaban el relleno constructivo del y de más de treinta capas estratigráficas que permitían la filtración del agua producida por las lluvias, evitando así empozamientos en la plataforma.

ZONA CENTRO
Los caminos del peregrinaje

HUARAUTAMBO
PUMPU
CHACAMARCA

Este es uno de los caminos más destacados y mejor conservados de la vía longitudinal del Qhapaq Ñan que recorre la sierra, ya que vinculaba importantes centros administrativos y ceremoniales de los Andes. El camino prehispánico comienza en el poblado de Chacamarca, ubicado al suroeste del lago Chinchaycocha o Junín, en las faldas del cerro Chacamarca, y prosigue por la margen izquierda del lago rumbo al gran centro administrativo inca de Pumpu, para luego continuar al tambo de Huarautambo. Este tramo del Qhapaq Ñan tiene una longitud de 115 kilómetros desde el poblado de Chacamarca, donde se libró la batalla de Junín el 6 de agosto de 1824. El camino continúa por la orilla del lago Chinchaycocha, el segundo más grande del Perú, localizado en un área natural protegida.

Este particular ecosistema es, además, un referente paisajístico para las culturas de la sierra central. En esta parte del territorio, el Qhapaq Ñan transita por encima de los 4000 metros de altitud y llega hasta el Complejo Arqueológico de Pumpu, que tiene como escenario el imponente paisaje del bosque de piedras del Huayllay, ubicado a 4 kilómetros de distancia. El camino se inicia en una extensa pampa hasta llegar a la altura de Awilanragra, en Pasco, donde el relieve se torna cada vez más accidentado. Este tramo del camino presenta diferentes infraestructuras como calzadas empedradas que conservan canales laterales, drenajes y otras soluciones al escarpado terreno de la zona tales como: escaleras, puentes y en algunas secciones, plataformas de tipo corte talud, las cuales han sido construidas con piedras locales, que contrastan con el paisaje circundante y la vegetación gramínea de la zona.

Este camino recorre un paisaje diverso que articula los cálidos valles orientales, la puna y la yunga. En las proximidades aún se aprecian evidencias de la actividad ganadera prehispánica y algunos asentamientos tempranos en las alturas. Los monumentos directamente relacionados al camino son pocos, pero definen bien su uso como un sistema organizado y bien planificado.

El primer monumento de la ruta es Chacamarca, que funcionó como un centro administrativo de unas 80 hectáreas. Está conformado por más de veinticinco conjuntos o kanchas incas con edificios de planta rectangular y una plaza. En la ladera baja de los cerros aledaños hay ciento treinta colcas de planta circular dispuestas en dos hileras y una serie de plataformas asociadas al camino.

Siguiendo la ruta del Qhapaq Ñan, unos 11,2 kilómetros al norte de Ondores, frente el desvío de Ucchupampa, se divisa el sitio de Ingapirca. Ubicado a la orilla del lago, el complejo conserva una gran estructura de planta cuadrangular de unos 32 metros de lado, formada por diez recintos dispuestos a modo de una típica kancha inca.

Pumpu es el principal sitio en esta región y está emplazado al noroeste del lago, en una ubicación estratégica entre la costa y la selva. Todavía se puede distinguir su extensión original y sus más de sesenta conjuntos, además de una plaza de más de 25 hectáreas con una plataforma ceremonial tipo ushnu en su interior. El monumento presenta, asimismo, cerca de trescientos recintos de almacenamiento en las laderas de las montañas asociadas al centro administrativo.

En Huarautambo, el camino se aprecia desde el sur del poblado entre terrenos de cultivo, donde es cortado por segmentos de la actual carretera. En el mismo poblado hay un puente de origen inca que conserva su forma prehispánica original. Saliendo del pueblo hacia el norte está el sitio de Huarautambo que se presenta como uno de los monumentos más importantes, ya que cuenta con una refinada arquitectura construida con piedra tallada y labrada de estilo Inca Imperial, con vanos trapezoidales de doble jamba y finos acabados, que evidencia la gran relevancia ceremonial que debió de tener.

COCHAS
HUARICOLCA
TARMATAMBO

La sección del Qhapaq Ñan que va de Huaricolca a Tarmatambo se ubica en la provincia de Tarma (Junín), en los distritos epónimos, y forman parte de la vía longitudinal de la sierra, ruta principal que unía Cusco con Quito, en Ecuador. Específicamente, se localiza en el tramo que va del asentamiento Hatun Xauxa (Jauja) hasta el centro administrativo ceremonial de Pumpu, en la frontera entre Junín y Pasco.

El recorrido comienza en Lomolargo, a 4200 metros de altitud. En esta zona de la puna, el Camino Inca presenta una calzada delimitada con piedras en ambos lados y escalinatas empedradas. Un punto importante de este trayecto del Qhapaq Ñan es Ingapatacunan, localidad donde aún existe un tramo de escalinatas de piedra que atraviesa la parte alta de la puna de Tarma. Desde este punto, hacia el lado este, se divisa el nevado Huayhuay, compuesto por tres cumbres: el apu Huayhuay, Chonta Huayhuay y Sulca Huayhuay. Este último nevado constituía la huaca o deidad principal de las poblaciones prehispánicas de la actual región de Tarma. Al pie de este se encuentra un adoratorio inca conocido como Otorongo, que consiste en dos recintos con el eje mayor orientado hacia la cima del nevado y un espacio cercado asociado a afloramientos rocosos, desde donde posiblemente se hacían sacrificios.

Desde la llanura de Ingapatacunan, el camino comienza a descender por una quebrada en dirección norte hacia Huaricolca, ubicado a una altitud de 3860 metros.

Hacia el lado este de este sector de la vía se observan dos conjuntos de almacenes incas o colcas, un grupo de cinco en hilera y otro de cincuenta y cuatro dispuestas en doble fila, ambos grupos encerrados por un cerco de piedra. Es muy probable que el nombre del sitio arqueológico Huaricolca esté asociado al manantial cercano o puquio que se conoce como Mamahuari, alrededor del cual se encuentran varios abrigos rocosos con pinturas rupestres.

Desde Huaricolca el camino sigue en descenso hacia el sitio arqueológico de Tarmatambo, localizado en el poblado del mismo nombre. Este asentamiento se encuentra conformado por varios conjuntos arquitectónicos, entre los que destacan las kanchas, las estructuras alargadas denominadas kallankas, el awanawasi, una plaza y, hacia el sur, en el cerro contiguo conocido como Pirwa Pirwa, dos grupos de almacenes incas. Las construcciones, en su mayoría, fueron construidas con piedra y barro y casi todas se ubican sobre terrazas. El sitio inca rodea una pequeña colina en la que se observa una caverna denominada Ushcu, que fue probablemente el adoratorio local. Mención especial merece el conjunto arquitectónico identificado como el awanawasi o taller de tejido; se trata de una construcción alargada, originalmente techada, que da a un gran patio.

Al interior del recinto se hallaron los restos de una decena de anillos de piedra tallados que servían para colgar las kallwa o telares de cintura con los que elaboraban los tejidos. Si bien Tarmatambo se localiza en una zona ecológica propicia para la agricultura, sobre todo para la siembra de maíz, también llegó a convertirse en un importante sitio para la manufactura textil, empleándose materia prima proveniente de Pumpu y Chacamarca.

Las terrazas del sitio son utilizadas actualmente por la comunidad campesina de Tarmatambo. Todas las andenerías existentes funcionan con el mismo sistema de canales usados desde la época prehispánica. El agua proviene de dos manantiales: Quinualpuquio y Huachac, ubicados en las partes altas. A partir de Tarmatambo, el camino comienza a ascender en dirección norte. La calzada inca en esta parte es de tipo plataforma (corte talud) y rodea el cerro Sarahuisa hasta la quebrada de Auquibamba; tras cruzarla, la vía asciende hacia el cerro Incatacunan. En la parte más alta del camino, a una altura altitud de 3859 metros, se cruza por una plataforma aterrazada desde donde la vía toma rumbo oeste y comienza el descenso.

Desde Incatacunan se pueden divisar las andenerías de Carhuacatac y Tarmatambo por el sur, y Sacsamarca por el lado norte. En este punto el camino desciende en dirección oeste al cerro Jarama, hasta llegar al poblado de Huasqui (a 3411 metros de altitud). Esta zona tiene un extenso valle en el que se cultivan flores en gran escala como alhelíes, claveles, gladiolos y lirios, que cubren de colores las terrazas prehispánicas. De Huasqui, el camino vuelve a ascender por las andenerías incas en dirección oeste rumbo a Queropuquio, localidad que toma su nombre de un manantial que, durante todo el año, provee de agua de riego a la zona de Cochas. En épocas prehispánicas, esta zona agrícola fue utilizada para producir tubérculos y maíz.

HATUN XAUXA
HATUN CHACA

Esta importante sección del antiguo camino transversal unía el centro administrativo – ceremonial inca de Hatun Xauxa con la cordillera de Pariacaca y el Santuario Arqueológico de Pachacamac. Tiene una longitud de 5 kilómetros y se extiende desde el actual pueblo de Sausa hasta la localidad de Hatun Chaka, a orillas del río Mantaro.

Esta vía prehispánica atraviesa escenarios naturales y culturales de distinta índole, desde laderas y cumbres hasta poblados rurales y llanuras agrícolas, donde se aprecian hermosos paisajes que muestran la magnificencia del otrora valle de Jauja.

En el trayecto se encuentran también importantes sitios arqueológicos del Tawantinsuyu. Uno de especial trascendencia es Hatun Xauxa, establecimiento inca de primer orden en el Chinchaysuyu desde el cual se administró una parte importante de la sierra central peruana. En el lugar, ubicado en el actual distrito de Sausa, aún se pueden observar los vestigios de los edificios prehispánicos como el ushnu o plataforma ceremonial, ubicado pocos metros de la plaza Huáscar. Destacan también restos de otros conjuntos arquitectónicos como Cancha Cancha y Pillcopampa, además de la iglesia colonial de San Francisco, una de las más antiguas en la región.

Otro punto importante es el complejo almacenero inca de Shushunya, conformado por casi quinientas colcas o depósitos levantados con muros de piedra, en su mayoría de planta circular, dispuestos en hileras en la parte alta de la ladera al suroeste de Hatun Xauxa. Allí se puede visitar un conjunto de edificios prehispánicos que han sido conservados recientemente por el Proyecto Qhapaq Ñan, siguiendo un circuito de visita acondicionado especialmente para tal fin.

Estudios realizados por investigadores norteamericanos y por el Proyecto Qhapaq Ñan han permitido la identificación de restos de maíz, papa, tarwi, quinua, frejol y ají. Ello pone en evidencia la diversidad de productos que eran acopiados en el lugar, procedentes de la misma zona y de regiones distantes, para luego ser redistribuidos por la administración estatal inca.

El camino también articula los sitios arqueológicos de Chucchu y Puywan. El primero de ellos corresponde a los restos de un pueblo formado durante los años del dominio inca en la región, cuyos habitantes habrían procedido originalmente de algunos de los antiguos centros shawshas del valle de Yanamarca. En cuanto a Puywan, el sitio es un pequeño asentamiento de la primera parte del período Intermedio Tardío, que se habría constituido en un punto de relevancia ceremonial.

Finalmente, otro sitio importante en la ruta es Hatun Chaka, a orillas del río Mantaro y próximo a la localidad de Miraflores, en Paccha. Allí se aprecian los restos de dos puentes de piedra, uno al lado del otro. Los vestigios ubicados al lado este pertenecen al estribo de un puente de factura inca. Los restos del lado oeste corresponden a una estructura en forma de arco de medio punto que fue parte de un puente colonial, construido en 1552.

En la sección de Hatun Xauxa – Hatun Chaka el camino presenta características variables según las condiciones específicas del terreno que atraviesa. En algunos segmentos se encuentra encerrado por muros de piedra, particularmente cuando atraviesa zonas de cultivo cercanas a poblaciones modernas, mientras que en sectores de laderas exhibe muros de contención de piedra unida con mortero de barro.

En otras partes se aprecian restos de escalinatas de piedra como en Chakawajta, por donde se desciende hacia Hatun Chaka. En la actualidad no se aprecian los restos de las calzadas empedradas.

ABRA
PORTACHUELO
PITICOCHA

El camino Portachuelo – Piticocha es una de las secciones mejor conservadas del Qhapaq Ñan y forma parte de la ruta que unía el centro administrativo inca de Hatun Xauxa (Junín) con el Santuario Arqueológico de Pachacamac (Lima). El camino se ve rodeado por un imponente paisaje de montañas y lagunas coronadas por el Pariacaca, el apu tutelar de la región.

Durante el trayecto se alcanza una altitud de hasta 4800 metros y es posible observar diversos componentes de la red vial, como caminos empedrados y canales. Además, pueden apreciarse distintas técnicas constructivas empleadas para sortear accidentes geográficos, como caminos en plataforma y escaleras, todos ellos construidos utilizando piedra canteada de la zona.

El inicio de esta sección se encuentra en Shacsha, localidad ubicada a 1 hora (en vehículo motorizado) del pueblo de Tanta, en dirección noreste. Desde Shacsha, la caminata comienza ascendiendo por la ladera media de las formaciones rocosas de la zona. Luego de caminar aproximadamente 45 minutos, se llega al abra Portachuelo; a partir de este punto se puede apreciar por primera vez el camino al apu Pariacaca, nevado que domina el paisaje. Desde el área del abra Portachuelo se realizan ofrendas a los ancestros y a los seres de la cosmovisión andina.

Siguiendo el Qhapaq Ñan, en dirección suroeste, se atraviesan varios segmentos de la vía que presentan caminos con plataforma construidos sobre laderas, así como segmentos empedrados que superan los 4 metros de ancho; estos últimos fueron construidos sobre las cabeceras de montañas menores. Uno de los principales puntos es Escalerayoc, una zona de descenso conformada por más de dos mil peldaños hechos con piedra canteada.

Luego del descenso por Escalerayoc se alcanza una planicie donde se encuentra el abrigo rocoso de Cuchimachay, uno de los sitios de arte rupestre más importantes del país, el cual contiene varios paneles de pinturas con representaciones de camélidos y formas antropomorfas del período Arcaico, con más de 3000 años de antigüedad.

Una vez pasado Cuchimachay, comienza un ascenso por la cadena montañosa a través de caminos empedrados hasta la laguna Mullucocha. Siguiendo el recorrido, y antes de llegar a la laguna de Piticocha, el camino atraviesa dos sitios arqueológicos muy importantes que habrían sido ocupados durante la presencia inca en la zona: Pirca Pirca y Tambo Real, a 4400 metros de altitud.

ANTIOQUÍA
NIEVE NIEVE
CHONTAY
HUAYCÁN
MOLLE

Este tramo del Qhapaq Ñan es un camino prehispánico que unía el centro administrativo de Hatun Xauxa, en la sierra de Junín, con el Santuario Arqueológico de Pachacamac, en el litoral limeño. El Camino Inca atraviesa el valle casi de modo paralelo al río Lurín, aprovechando la solidez de las laderas rocosas, lo que ha favorecido a su conservación por más 600 años.

Esta ruta recorre el valle medio de Lurín, un valle angosto con imponentes formaciones rocosas en ambas márgenes. En el primer tramo del camino que va de Chontay a Antioquía se aprecian importantes sitios arqueológicos, entre ellos Nieve Nieve, ubicado a pocos metros del centro poblado de San José de Nieve Nieve. Este complejo habría sido uno de los primeros asentamientos construidos durante la Colonia para albergar a la población cercana.

Siguiendo la ruta del Qhapaq Ñan se llega a la Zona Arqueológica de Huaycán de Cieneguilla, un centro administrativo – ceremonial construido por las poblaciones comarcanas que fue capital del curacazgo de Huaycán, y que, posteriormente, pasó a formar parte del señorío Ychsma (1000 – 1470 d. C). A fines del siglo xv, Huaycán fue integrado al Tawantinsuyu a través del Qhapaq Ñan, quedando adscrito a la provincia inca de Pachacamac. De este modo, el sitio se mantuvo vigente entre los años 900 y 1532 d. C.

La Zona Arqueológica de Huaycán de Cieneguilla conserva 16 hectáreas construidas y destaca por su monumentalidad frente a otros asentamientos contemporáneos del valle de Cieneguilla. Su ocupación tardía concentra varios sectores: el área nuclear alcanza las 4 hectáreas y alberga 12 conjuntos arquitectónicos articulados por 6 calles. En el caso de los conjuntos arquitectónicos, cada uno se organiza en torno a espacios principales de carácter ceremonial sobre los que giran el resto de estructuras; destacan cuatro, dos de ellos con una arquitectura de estilo local y los otros dos con una arquitectura vinculada a los incas.

Hoy los visitantes pueden recorrer sus conjuntos arquitectónicos, transitar por sus pasadizos, plazas ceremoniales y recintos sagrados, como el Conjunto Ornamentado con su representativo Patio del Animal Lunar, edificio que fuera el núcleo de desarrollo del grupo local; el Conjunto de Las Ventanas, con su imponente arquitectura imperial que alberga un gran patio asociado a una plataforma con rampa frontal; y el Conjunto de Las Hornacinas, un palacio inca del cual sobresale el Patio de Las Doce Lunas, flanqueado por dos plataformas. Mención especial merece un mausoleo con frisos escalonados, en donde se halló la tumba de un posible quipucamayoc acompañado de un conjunto de quipus y un par de diminutos queros.

Al igual que Huaycán de Cieneguilla, la Zona Arqueológica de Molle forma parte de una serie de asentamientos vinculados al señorío Ychsma que continuó siendo utilizado por los incas. Tiene una ubicación estratégica justo en el cruce de dos caminos: el tramo de camino que unía Hatun Xauxa con Pachacamac, y un camino secundario que conectaba los valles del Rímac y Lurín, entre los sitios de Huaycán de Pariachi y Molle.

De acuerdo con las investigaciones realizadas por el Proyecto Qhapaq Ñan, se ha propuesto a Molle como un asentamiento doméstico que incluye áreas de uso administrativo, el cual pudo depender posiblemente de Huaycán de Cieneguilla.

Tiene una extensión de aproximadamente 40 hectáreas y se encuentra conformado por cuatro sectores, los dos primeros divididos por una franja sin construcciones, hoy utilizado como trocha carrozable, que pudo corresponder al Camino Inca que atravesaba el asentamiento.

Molle está conformado por una serie de conjuntos arquitectónicos, que incluyen recintos rectangulares, patios y estructuras menores de planta rectangular y circular, con muros elaborados de piedras canteadas unidas con barro y enlucidos con barro batido, y en algunos casos pintados de color amarillo y rojo. Aquí también destacan los patios con frisos que corren a lo largo de la parte superior de los muros, con diseños en plano relieve.

Además existe una serie de estructuras subterráneas que habrían servido como depósitos, siendo posteriormente reutilizados como tumbas.

PACHACAMAC

El Santuario Arqueológico de Pachacamac fue el principal centro de peregrinaje de la costa peruana durante la época prehispánica. Ubicado estratégicamente frente al mar y próximo a la desembocadura del río Lurín, este lugar sagrado acogía a los peregrinos que llegaban por los caminos de la costa y de la sierra, para rendir culto a la imagen del dios principal. Los incas, conocedores del poder de esa deidad, decidieron incorporar el santuario al culto solar a través del Qhapaq Ñan.

El Camino Inca permitió vincular a Pariacaca, apu tutelar de la sierra de Huarochirí, con Pachacamac, principal oráculo de la costa. Por esta gran red vial andina se trasladaban los peregrinos que llegaban a Pachacamac desde lejanos lugares del Tawantinsuyu, convirtiéndose así en una de las principales rutas de peregrinaje durante la época Inca.

En antiguos mitos recogidos en el siglo xvi y en descripciones de cronistas españoles se resalta la sacralidad del sitio y se afirma la fama de Pachacamac como un prestigioso oráculo a donde llegaban peregrinos desde lejanas tierras como la Amazonía boliviana, el Cusco imperial y la costa norte.

Pachacamac tiene un área de 465 hectáreas y se asienta a pocos metros del mar, en el cruce de caminos (tinkuy) de la ruta de la costa con la de la sierra. Al santuario se ingresaba por una vía flanqueada por amplias murallas. De esta manera, Pachacamac estaba conectada a través de dos caminos principales: uno que baja de la sierra hacia el lado noreste del santuario y bordea el valle por la margen derecha del río, y otro que llegaba a través del Camino de los Llanos, desde la tercera muralla.

Aunque sus primeras construcciones se remontan al siglo iii d. C., Pachacamac fue ocupado continuamente hasta el siglo xvi. Actualmente se conservan tres grandes murallas que delimitaban sus áreas pública y administrativa, así como la zona sagrada. La grandeza del lugar se evidencia en la existencia de más de quince pirámides con rampa, templos, canales, cementerios y calles con altos muros que conducían a la zona ceremonial. Bajo la administración inca se levantaron el Templo del Sol y el Acllawasi, las edificaciones incas más importantes de ese género en toda la costa.

Una de las estructuras más destacadas es el Acllawasi, edificio construido con fina cantería de piedra. Está formado por seis plataformas escalonadas y una serie de patios con hornacinas orientadas al mar. Otro monumento notable de la misma época es el Templo del Sol, situado en la cima del santuario. Este edificio cuenta con un área aproximada de 40 000 metros cuadrados y se llega hasta él a través de tres accesos por el lado este. Se trata probablemente del templo dedicado al Sol más grande de toda la costa.

Las principales vías internas de circulación del santuario, así como la calle Norte – Sur han sido investigadas por el Proyecto Qhapaq Ñan, gracias a lo cual ha sido posible determinar que, si bien parte de la calle fue construida durante la ocupación ychsma, fue usada por los peregrinos recién desde la ocupación inca fue usada para acceder a las partes sagradas del santuario, donde se ubicaban los templos y plazas principales.

Las excavaciones han revelado también que a partir del cruce de las calles Norte – Sur y Este – Oeste, los muros llegaron a los 6 metros de altura. La ruta central, siguiendo la orientación de la calle misma, introducía al peregrino a un ambiente cerrado de muros altos, enlucidos con pintura de color rojo y amarillo y decorados con figuras de peces, similares a las halladas en el Templo Pintado. En este ambiente se ha descubierto una serie de objetos dejados como ofrendas durante su construcción y funcionamiento.

A través del Proyecto Qhapaq Ñan, el Museo de Sitio de Pachacamac ejecuta labores de investigación y conservación desde el año 2009 y ha abierto al público espacios como la calle principal de ingreso al santuario que conduce a la zona de los templos.

El moderno museo de sitio alberga, como pieza principal, a la deidad de Pachacamac, tallada en un tronco durante la época Wari, y que luce una compleja iconografía. Además, en las excavaciones se han recuperado ofrendas de cerámica y finos textiles dejados por los peregrinos en el santuario y que hoy se lucen en el museo.

 

 

 

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