Arquitectura Ceremonial y Espacios de Poder en los Andes Centrales. Una Propuesta de Secuencia de Desarrollo Temprano

Huaca Ventarrón

Se propone una secuencia de desarrollo de los espacios rituales entre el Período Arcaico Tardío y Formativo Medio de los Andes Centrales a partir del análisis de la organización espacial y la distribución territorial de los mismos. Se parte de una crítica a los enfoques tipológicos y cuantitativos, optando por un enfoque que enfatice el estudio del diseño arquitectónico y sus implicancias funcionales. La secuencia sugiere la existencia de espacios rituales originalmente pensados para congregar e identificar a unidades familiares que, a lo largo del tiempo, van incorporando componentes que sugieren la consolidación de entidades de alcance comunal y regional que, por lo general, engloban a las unidades de menor alcance.

 

 

Rafael Vega-Centeno Sara-Lafosse
Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima. fvega@pucp.edu.pe

A developmental sequence of ritual spaces is proposed for the Late Archaic and Middle Formative Periods of the Central Andes. This sequence is addressed through the analysis of the buildings’ spatial organization and territorial organization. Before explaining the sequence, I discuss classic typological an quantitative approaches to the study of early architecture in the Andes, noting the need to emphasize the architectural design and its functional implications. The proposed sequence reveals how ritual spaces originally congregated kinship units and through time, incorporate several components that indicate the development of communal an regional entities that tend to involve smaller-scale social units.
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Introducción
El manejo de la evidencia arquitectónica ha jugado un rol central en la caracterización de las sociedades centro-andinas, con una particular relevancia para el caso de los períodos tempranos (v.g., los períodos Arcaico Tardío (3000-1800 a.C.) y Formativo (1800-200 a.C.). Esta evidencia ha estado dominada por dos enfoques. Por un lado, ha existido un enfoque que se puede definir como tipológico, que pone énfasis en la identificación de formas arquitectónicas prototípicas y el registro de su distribución espacial y temporal. Por otro lado, ha existido un enfoque cuantitativo, que enfatizaba la medición del volumen de los edificios, partiendo de la premisa de que éste reflejaba de manera directa la escala del proceso constructivo y, de manera indirecta, la capacidad de convocatoria o control de los líderes o élites responsables de la conducción de la construcción. Se requería, en este caso, de técnicas de medición de los volúmenes arquitectónicos y, en aproximaciones más sofisticadas, de los elementos constructivos y sus requerimientos técnicos.

Figura 1. Conjuntos arquitectónicos del Período Arcaico Tardío: a. Montículo KT de Kotosh, b. Montículo Sur de La Galgada, c. Unidad 1 de El Paraíso, d. Conjuntos Arquitectónicos de Buenavista, e. Recintos al Sur de Plataforma Principal de Pampa de los Perros, f. Conjuntos Arquitectónicos de Cerro Lampay, g. Estructura Central de la Pirámide Mayor de Caral, h. Estructura Central del Templo del Anfiteatro de Caral, i. Edificio de la Fase 2 de Huaca Ventarrón

Los enfoques aquí mencionados han contribuido significativamente al conocimiento del fenómeno arquitectónico en los Andes. Gracias al enfoque tipológico, ha sido posible el registro de elementos arquitectónicos distintivos de los Andes como la plaza circular hundida (Williams 1972), el diseño de templos con planta en U (Williams 1971, 1980) o los recintos con banqueta y fogón central (Bonnier 1988), por poner algunos ejemplos. Por su parte, dentro del enfoque cuantitativo, se han dado varias contribuciones que han permitido abrir la discusión a las implicancias sociopolíticas del fenómeno arquitectónico (Haas 1987; Lanning 1967; Pozorski 1987; Shady et al. 2000). Ambos enfoques, sin embargo, presentan algunas limitaciones que es necesario poner en relieve.
La perspectiva tipológica puede en ciertas ocasiones sobredimensionar los aspectos formales de la arquitectura, dejando de lado la preocupación por cómo es que los elementos formales llegan a constituir espacios significativos. Esto se pone en evidencia cuando volúmenes geométricos son asumidos como “patrones arquitectónicos”. Por su parte, la perspectiva cuantitativa puede tender a reducir la complejidad del fenómeno arquitectónico a una sola variable (el volumen de construcción) sin tomar en cuenta la complejidad del proceso constructivo ni la naturaleza del diseño arquitectónico previo a dicho proceso. Dado el grado de simplicidad a que podía llegarse, no es casualidad que bajo ambos enfoques se hayan llevado a cabo caracterizaciones del fenómeno arquitectónico sobre la base de evidencia superficial, prescindiendo de información contextual proveniente de excavaciones.
A partir de estas consideraciones, presento una propuesta de caracterización de la arquitectura ceremonial temprana que parta de una evaluación de las implicancias de las funciones propias de este tipo de edificios. Se entiende por implicancias los factores derivados de la creación de un espacio destinado a acoger actividades rituales como son: el número y naturaleza de los participantes, la forma de acceder a los espacios, las posibles distribuciones al interior de los espacios y las instalaciones internas.

La propuesta considera, a su vez que, en tanto que se trata de espacios de congregación para actividades significativas, estos espacios se convierten en recursos identitarios para quienes participan de dichas actividades y, por lo tanto, el registro de su distribución y diseño permitiría establecer la escala de los grupos humanos congregados en ellos (familias, comunidades, regiones, etc.).

A partir de estos parámetros, se hará una revisión de las características de los centros ceremoniales de épocas tempranas de los Andes Centrales, que involucran los períodos Arcaico Tardío (3000-1800 a.C.), Formativo Temprano (1800-1200 a.C.) y Formativo Medio (1200-800 a.C.). El propósito es establecer una secuencia de cambios y continuidades en los espacios rituales que permita inferir o proponer diferentes estrategias de legitimación socio-política, como base para delinear los procesos sociales de éstas épocas.

El Período Arcaico Tardío: Templos familiares y templos comunales.
Recientes investigaciones en diferentes regiones de los Andes Centrales han permitido expandir nuestra idea sobre los edificios rituales de este período. Vamos a centrarnos en algunos casos emblemáticos para ensayar una caracterización.

El sitio de Kotosh es conocido por los recintos ceremoniales registrados en la fase Mito de este sitio (Izumi y Terada 1972) que Elizabeth Bonnier caracterizó a este tipo de edificios como recintos con piso a desnivel y fogón central (Bonnier 1988). En Kotosh, estos recintos fueron construidos sobre una plataforma escalonada que los contenía en sus diferentes niveles (Figura 1a). Burger (1993) ha sugerido que podría haber co-existido hasta 25 de estos espacios en el sitio. Por otro lado, las investigaciones de la Misión Japonesa en el valle del Huallaga permitieron registrar estructuras semejantes en los sitios de Wayra Jirka y Shillacoto (Izumi 1971), existiendo la posibilidad de que otros asentamientos homologos estén aún por identificarse en este valle.

El sitio de La Galgada, en el cañón de Tablachaca, presenta significativas semejanzas con Kotosh, más allá de los aspectos formales antes mencionados. En La Galgada (Figura 1b), tal como en Kotosh, existen dos montículos que contienen los recintos (en este caso, sólo en la cima) y, por otro lado, se trata de un sitio que coexiste con otros sitios que también cuentan con arquitectura pública asignable al Precerámico (Grieder et al. 1988).

Ambos casos, emblemáticos de la llamada Tradición Mito, revelan escenarios regionales fragmentados en asentamientos con edificios ceremoniales equivalentes en escala o complejidad, hecho que sugiere la existencia de unidades sociopolíticas autónomas unas de otras. Los espacios ceremoniales tendrían por lo tanto un rango de congregación local, usualmente relacionado con entidades comunales. Por otro lado, al interior de estos espacios, encontramos una sub-división en unidades arquitectónicas menores, de acceso autónomo y función homóloga (los recintos ceremoniales), susceptibles de considerarse como espacios rituales de grupos familiares (clanes, linajes, etc.).

Figura 2. Conjuntos arquitectónicos del Período Formativo Temprano: a. Ataúdes, b. Pendiente, c. Huaca Antigua de Montegrande, d. Huaca Grande de Montegrande, e. Arquitectura Intermedia Típica de Pampa de las Llamas – Moxeke, f. Huaca A de Pampa de las Llamas Moxeke

Nos encontraríamos por lo tanto ante edificios que revelan actividades rituales que involucran a los grupos humanos que componen una comunidad (v.g., grupos familiares) y que, a su vez, han concertado un espacio común que representa a dicha entidad. Puede, por otro lado, explorarse la posibilidad de que existan desigualdades (en recursos o poder) entre estos grupos a partir de la escala, calidad constructiva y ubicación de los recintos dentro del espacio comunal.

Recientes estudios en la costa central han revelado características semejantes para el Período Arcaico Tardío. A las evidencias del conocido sitio de El Paraíso, se han sumado ahora las de Buenavista y Pampa de los Perros dentro del valle medio y bajo del río Chillón, sugiriendo una distribución de asentamientos semejante a las consideradas para el Alto Huallaga o el cañón de Tablachaca. Por otro lado, las estructuras registradas en estos sitios presentan rasgos a tomar en cuenta.

En el caso de El Paraíso, se cuenta con un registro completo de la organización espacial de la Unidad 1, analizada por Jeffrey Quilter, quien concluye que ésta se compone en su cima por al menos seis estructuras compuestas, por lo general, de dos recintos articulados (Quilter 1985) (Figura 1c). La forma, disposición de accesos y tamaño de los recintos puede variar, existiendo sin embargo un patrón relativamente común de escala y diseño. Quilter encontró estructuras semejantes en la Unidad IV, quedando abierta la posibilidad de un número considerable de éstas en todo el sitio (Quilter 1985). Por su parte, los trabajos recientes del equipo de R. Benfer y H. Ludeña en el sitio de Buenavista han permitido el registro de por lo menos tres estructuras rituales que, como en el caso de El Paraíso, se componen de dos recintos articulados (Figura 1d), si bien en este caso pueden encontrarse elementos figurativos impresionantes como frisos y modelados de barro (Benfer et al. 2007). Por último, César Cornejo ha reportado la existencia de un montículo plataforma en el sitio de Pampa de los Perros (Figura 1e), en cuya primera terraza encontramos, una vez más, una serie de estructuras de dos recintos (Cornejo 2012).

Puede verse en estos registros que el valle del Chillón muestra la constitución de un patrón de estructuras rituales donde recintos de pequeña o mediana escala se articulan en espacios comunes formando probablemente centros de alcance comunal compartiendo el valle y que, a su interior, albergan espacios para grupos de base, razonablemente considerados como grupos familiares. Se trata, por lo tanto de una situación homóloga a aquella del Alto Huallaga, si bien en términos formales, se trata de estructuras que revelan identidades regionales particulares.
Si comparamos esta situación con aquella de la Costa Nor Central (valles de Fortaleza, Pativilca, Supe y Huaura), encontramos diferencias de otra índole. Por mucho tiempo, se consideró que en esta región existía un patrón de montículos-plataforma asociados con plazas circulares hundidas. Esta definición se basaba, como mencionamos antes, en registros superficiales (Williams y Merino 1979). Las excavaciones llevadas a cabo en los últimos años han permitido definir un patrón arquitectónico más preciso.

En el caso del sitio de Cerro Lampay (Vega-Centeno 2005), encontramos una estructura compuesta por un recinto posterior y una antesala. Él primero es de unos 45 m2 de área, mientras que la antesala es de unos 144 m2. Un detalle significativo de esta estructura es que, además del acceso frontal y el que conecta a ambos espacios, existen accesos laterales simétricamente dispuestos, además de un acceso posterior. En un segundo momento, se adosó otra estructura que replica a la primera, aunque en menor escala (Figura 1.f.).

Los trabajos llevados a cabo en sitios de mayor escala y complejidad como Caral o Chupacigarro (Shady 1997, 2006) (Fig. 1g-h), en el vecino valle de Supe, han revelado que en la cima de los grandes montículos plataforma, existen estructuras análogas a aquella excavada en Cerro Lampay.

Una diferencia significativa entre las estructuras ceremoniales de esta región y aquellas del Huallaga, Tablachaca o el Chillón es que, en vez de existir un agregado de espacios, la escena ritual se reduce a un solo espacio (o dos) que, por otro lado, introducen un sistema de accesos más complejo, revelando un sistema de desplazamiento-congregación hacia el espacio ritual que regula grupos con mayores variables de estructuración. Es significativo, por otro lado, que en algunas estructuras de Caral como la Pirámide Mayor o el Templo del Anfiteatro, existan espacios rituales restringidos que consistan en recintos con fogón central y un solo acceso (Shady y Machacuay 2003, Shady et al. 2003) (Figuras 1g-h). Estos espacios, que recuerdan aquellos de Kotosh o La Galgada, bien pueden ser entendidos también como espacios rituales para grupos familiares pero, en este caso, se trataría de grupos con acceso a lugares restringidos. Estamos sin duda ante una manifestación de diferenciación social que se articula y contrasta con el espacio central antes descrito, que centraliza la actividad ritual en la estructura, sugiriendo que estamos ante un tipo de espacio ritual comunal, que resume la participación de las unidades familiares de base en su manejo dual de espacio o, eventualmente, en su distribución de pares de estructuras (significativamente asimétricas), sugiriendo la organización en mitades (Vega-Centeno 2005).

Desde esta perspectiva, centros de gran escala como Caral, Miraya, Lurinhuasi, San José o Caballete, pueden ser entendidos como centros regionales donde se estarían congregando y compartirían el espacio estructuras ceremoniales de distintas comunidades. Otros casos como Cerro Lampay, Cerro Blanco Norte o Cerro Blanco de supe sugerirían espacios comunales aislados.

Figura 3.Conjuntos arquitectónicos del Período Formativo Medio: a. Huaca de los Reyes, b. Cardal.

Trabajos recientes en el valle de Lambayeque, en el sitio de Ventarrón, han revelado una estructura de carácter ceremonial compuesta por una plataforma escalonada en cuya cima aparece un solo recinto (Alva 2010) (Figura 1i). Diversos elementos como el uso de contrafuertes para los muros de contención o pintura mural compleja, evidencian una tradición cultural diferenciada de aquellas e más al sur. Por otro lado, la organización centralizada y unitaria del espacio ritual sugiere una situación homóloga a la de la Costa Nor Central.

Puede decirse, a manera de síntesis preliminar, que durante el Período Arcaico Tardío la arquitectura ceremonial revela diferentes formas de estructuración del poder y de estructuración de las relaciones entre linajes al interior de las comunidades andinas. En algunos casos, se enfatiza aún el espacio autónomo de cada grupo, siendo posible la diferenciación entre éstos por la escala, elaboración o ubicación de los espacios, mientras que en otros casos existen ya grupos claramente diferenciados con acceso privilegiado a un nuevo espacio ritual comunal, cuyo diseño revela las formas en que la participación de los grupos es uniformizada.

Nuevos escenarios en el Formativo Temprano
El Período Formativo Temprano es conocido por la introducción de la cerámica y la construcción de nuevos complejos arquitectónicos en los Andes Centrales. Quizás las regiones mejor documentadas en este período son el valle medio del Jequetepeque y del valle de Casma.

En el Jequetepeque, registros de Ravines (1982), Tellenbach (1986) y, recientemente Tsurumi (2010), han revelado la coexistencia de asentamientos del Período Formativo Temprano en el valle medio; zona conocida como Tembladera. Al interior de estos asentamientos, se ha podido registrar la presencia de estructuras de carácter ceremonial cuya relativa uniformidad en escala y complejidad espacial sugiere que corresponderían a los espacios de unidades sociopolíticas homologas, probablemente de escala comunal. Rogger Ravines (1982) tipificó a estas estructuras como plataformas con recintos elevados, recintos que varían en número y disposición entre los sitios, sugiriendo que podría tratarse de espacios rituales correspondientes a grupos familiares semejantes a las observadas en casos del Período Arcaico Tardío (Figuras 2a-c).

En el sitio de Montegrande, sin embargo, se observa un importante cambio, al construirse en un segundo momento de la existencia del asentamiento la Huaca Grande, delante de la Huaca Antigua (representativa de los patrones antes descritos) (Tellenbach 1986). La Huaca Grande dispone en su cima de una organización dual, con agrupamientos simétricos de tres recintos alineados (Figura 2d.). Si bien los recintos sugieren, como en los casos anteriores, la existencia de unidades rituales de base, su disposición y estandarización numérica (en 2 grupos de 3) podrían sugerir, alternativamente, que representan a otro tipo de entidad o grupo social, transversal a los grupos familiares. En tal caso, el ámbito comunal y sus instituciones estaría siendo enfatizado por encima del ámbito familiar.
En el caso del valle de Casma, más allá de la notable escala de las estructuras, encontramos una estandarización del espacio ritual desde las unidades más pequeñas a otras más grandes, donde se dispone de un recinto central y recintos laterales, sintetizando una organización centralizada y, a la vez, dual del espacio ritual (Figura 2e), concordante con la organización de espacios de naturaleza comunal (Vega-Centeno 1995). Hay, por otro lado, ejemplos de elaboraciones mayores, como aquella de la Huaca A (Pozorski y Pozorski 1992, Vega-Centeno ms.).

En la Huaca A (Figura 2f.), la organización es de varios recintos pero, a diferencia de la aglomeración relativamente espontánea antes descrita, aquí encontramos un acceso dual a atrios y recintos centrales, junto con pasadizos que llevan a grupos de 4 recintos simétricos (siendo estos un total de 16 recintos). Posteriormente, se tiene un acceso a una plaza central, luego de la cual se accede a otros conjuntos prototípicos de atrio-recinto central – recintos laterales. Este nivel de elaboración sugiere que estamos ante una organización ritual que involucra a unidades mayores. Teniendo en cuenta además que Pampa de las Llamas – Moxeke es un sitio de escala y complejidad sin paralelos en el valle del río Casma, es razonable pensar que representa a una unidad política de alcance regional y, por lo tanto, la organización de la Huaca A reflejaría la organización ritual de las unidades locales (v.g., comunales) que reproducen las nociones de dualidad en una mayor escala.

A manera de resumen, los ejemplos aquí revisados nos sugieren que dentro del Período Formativo Temprano podemos encontrar una diversificación de las formas de organización de los espacios rituales, que incluye aquellas registradas para el Período Arcaico Tardío pero, además, incorpora modalidades cada vez más complejas donde la simbología de los números de espacios adquiere una relevancia creciente. Lejos de esperar, por lo tanto, un escenario uniforme para toda la región, es razonable considerar que la variedad de trayectorias y formas de organización se incremente conforme se incremente nuestro registro.

El Formativo medio y los centros regionales
El Período Formativo Medio es conocido por la existencia de complejos ceremoniales que, siendo a veces más pequeños que algunos del período anterior, suelen ser considerablemente más elaborados. Esto parece estar asociado a que, por lo general, en este período se suele encontrar uno o dos centros por región a diferencia de la profusión de los mismos en períodos anteriores.

Por ejemplo, en el caso del Jequetepeque, destaca la presencia de Limoncarro en el valle bajo (Sakai y Martinez 2010), Las Huacas en el valle Medio (Tsurumi 2010) y KunturWasi y Cerro Blanco en el valle Alto (Onuki 1995). En otros lugares, como Nepeña, tenemos la coexistencia de Cerro Blanco y Huaca Partida (Shibata 2010), mientras que en el valle de La Leche, tenemos a Huaca Lucía (Shimada et al. 1982), en Lambayeque a Huaca Collud (Alva 2010) y en Moche a Huaca de los Reyes (Figura 3a) (Pozorski 1975). En todos estos casos estamos ante conjuntos que elaboran el espacio sobre la base del esquema atrio-recinto central-recintos laterales, llegando a niveles de complejidad espacial notable. Estas características sugieren que estamos ante centros ceremoniales de alcance regional, donde la actividad ritual está mucho más centralizada y, a diferencia de lo de Huaca A, oblitera completamente la presencia de los espacios rituales de las comunidades de base al enfatizar un diseño unitario y complejo.

Es significativo que, mientras esto ocurre en la cota y sierra norte, en la Costa Central se aprecia un marco regional semejante a aquel del Formativo Temprano, con varios centros coexistentes en valles como el Chancay, Chillón, Rímac o Lurín y, donde sobre la forma en U con un espacio central, podemos encontrar otros espacios alternativos, con en el caso de Cardal (Figura 3b) (Williams 1980, Burger 1992).

Una vez más, al igual que en períodos anteriores, la diversidad de patrones arquitectónicos no responde únicamente a criterios formales sino a distintas formas de organización del espacio ritual, que revelan diferentes formas de elaboración de las estrategias y relaciones de poder.

Conclusiones y perspectivas
La revisión que se ha hecho del desarrollo de la arquitectura ceremonial temprana busca poner en relieve cómo es que esta refleja las formas en que las estrategias de legitimación de determinados grupos sociales a través de las actividades rituales se materializa. Nos revela también la forma gradual en la que aparecen espacios de culto supra-familiares y supracomunales y cómo es que éstos van reflejando diferentes grados de centralización y/o diferenciación. Se ha enfatizado además que, si bien puede reconocerse cierta tendencia a un incremento gradual de la escala de las entidades políticas y su grado de centralización, no se trata de ninguna manera de un desarrollo lineal o unidireccional y puede encontrar diferencias significativas entre regiones y a través del tiempo. Un escenario altamente dinámico e impredecible puede esperarse con nuevos hallazgos y caracterizaciones futuras.

Bibliografía

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  • Artículo extraído de la obra: LOS CENTROS POLÍTICOS CEREMONIALES O LAS CIUDADES

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