¿Festejando con los señores mochicas?

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Los festines fueron una práctica común y recurrente en los Andes Centrales durante la época prehispánica. Sin embargo, no existe un consenso sobre los criterios utilizados en la caracterización arqueológica de estos eventos. En este artículo revaluamos las evidencias del Repositorio de Ofrendas 1 de Sipán, un sitio Mochica (siglos tres y cuatro dC) ubicado en el valle de Lambayeque, a través del empleo de una variable cuantitativa llamada “peso de carne disponible”. Asociado a la tumba del Señor de Sipán, este depósito contiene centenas de ofrendas de prestigio, pero también miles de restos de fauna. El análisis de estos últimos proporciona nuevas perspectivas sobre la comida funeraria dada en homenaje a este alto dignatario después de su entierro. El uso de la variable mencionada permite evaluar la magnitud de esta comida y muestra la importancia de definir criterios metodológicos fiables para seguir investigando los festines, eventos que constituyen una de las bases de las relaciones sociales y políticas de las sociedades prehispánicas.

The feast was a common and recurring practice in the Central Andes during Prehispanic times. Nevertheless, there is no consensus on the criteria used in the archaeological characterization of these events. In this paper, we reassess the evidence of Sipan’s Offering, a Mochica site (third–fourth centuries AD) in the Lambayeque valley, testing a quantitative variable called the “available meat weight”. Associated with the tomb of the Lord of Sipán, the deposit contains hundreds of prestige offerings and thousands of faunal remains. Analysis of the latter could help us assess the magnitude of the funeral meal by calculating the “available meat weight”. This provides new perspectives on the funeral meal given to honor this particular high dignitary after his burial. Considering that feasts constitute one of the foundations of social and political relations in Prehispanic Andean societies, we make a case for defining reliable methodological criteria in future scholarly work on Andean feasts.

¿Festejando con los señores mochicas? Hacia una Revaluación de los festines y comidas rituales prehispánicos en los andes centrales.

Autores: Nicolas Goepfert y Walter Alva

La celebración, el desarrollo y el significado de banquetes y festines han sido objeto de una abundante literatura antropológica (e.g., Blitz 1993; Dietler 1996; Dietler y Hayden 2001; Hayden 1996, 2009; Potter 2000). Estos trabajos han sido utilizados frecuentemente para identificar e interpretar¿ numerosos contextos arqueológicos específicos. En los Andes Centrales, los términos “festín” y “banquete” han sido ampliamente empleados para caracterizar prácticas comensales. Sin poner en duda las interpretaciones de los investigadores, aquí deseamos evaluar más precisamente las variables utilizadas para la identificación arqueológica de dichos festines.

En Perú, los contextos arqueológicos de festines fueron identificados principalmente en sitios del Horizonte Temprano (e.g., Chicoine 2011; Ikehara y Shibata 2008; Ikehara et al. 2013; Kaulicke y Dillehay 2008; Vega-Centeno 2008), pero también de épocas más tardías (e.g., Bray 2003a, 2003b; Goldstein 2003; Jennings y Bowser 2009; Lau 2002, 2007; Swenson 2008). En estos trabajos, los investigadores usan diversos criterios de identificación: la tipomorfología de los recipientes de cerámica (Bray 2003b;Goldstein 2003; Ikehara&Shibata 2008), la presencia de almidones y fitolitos de maíz (Ikehara et al. 2013), las remodelaciones de las estructuras arquitectónicas (Swenson 2008), la asociación de vasijas de cerámica con restos de fauna (Chicoine 2011) y la cantidad de animales encontrados (Lau 2002, 2007). Si bien existen diferentes tipos de festines, resulta sorprendente la diversidad de criterios, en muchos casos cualitativos, utilizados para una misma categoría genérica de hallazgos.

Nicolas Goepfert CNRS-Paris 1 UMR 8096 Archéologie des Amériques, 21 allée de l’Université, 92000 Nanterre, Nanterre, France (nicolas.goepfert@cnrs.fr).
Walter Alva Museo Tumbas Reales de Sipán, Juan Pablo Vizcardo y Guzman 895, Lambayeque, Peru (tumbasdesipan@hotmail.com)

Latin American Antiquity 29(2), 2018, pp. 331–349
Copyright © 2018 by the Society for American Archaeology
doi:10.1017/laq.2018.2

Los festines pueden definirse como una forma de actividad ritual centrada en el consumo colectivo de alimentos y bebidas (Dietler 2011:180) que difieren de las comidas habituales que se desarrollan en la esfera doméstica. Citando numerosos ejemplos, Dietler (2011:181) muestra la antigüedad de esta práctica en el Viejo Mundo. Al abordar la cuestión de los banquetes galos, Méniel (1992, 2001) indica que estos ocupaban un lugar primordial en la vida social durante la Antigüedad clásica. Era durante estas reuniones que se compartían y consumían las carnes (provenientes de un sacrificio sangriento) y las bebidas. Según este autor, estos dos elementos constituyen la “esencia de los banquetes” (Méniel 2001:63). Para la época prehispánica, notamos que son raros (o inexistentes) los contextos arqueológicos que presentan una asociación formal e indiscutible de estos dos elementos, aunque sí están reportados independientemente. Así, uno de los dos componentes principales de los festines es la comida consumida, ya sea de origen animal o vegetal. La presencia de restos botánicos es obviamente muy dependiente del estado de conservación, al cual se añade un sesgo metodológico causado por la ausencia o escasez de tamizaje y flotación sistemáticos de los sedimentos. Por el contrario, los restos de fauna aparecen como un material de primer orden para identificar y caracterizar estos eventos.

Hablar de festín no resulta ser tan sencillo, a pesar de que este tipo de evento agrupa una serie de manifestaciones cuyos límites son bastante amplios en términos de participantes (esfera doméstica, colectiva, etc.), de contextos culturales (funerario, matrimonio, guerra, etc.) o de función (religiosa, comunitaria, etc.). Así, no pretendemos discutir aquí los diferentes tipos de festín (competitivo, redistributivo, etc.), ya que no existen criterios arqueológicos claramente definidos y aceptados para cada una de estas categorías. Uno de los primeros objetivos consiste entonces en definir criterios específicos que diferencien un festín de una comida cotidiana.

El lugar y el contexto de descubrimiento (santuario, templo, palacio, plaza ceremonial) es fundamental para distinguir un evento de consumo ordinario de uno de consumo fuera de lo ordinario (Brisebarre et al. 2010; Goepfert 2010). Méniel (2001) resalta tres criterios para distinguirlos:

  • la cantidad de animales consumidos, que debe claramente sobrepasar los niveles de consumo doméstico y cotidiano;
  • la elección específica de un tipo de animal o de un pieza de carne;
  • la recurrencia del registro, en distintos lugares, de patrones de selección similares.

El tercer criterio es por el momento difícil de corroborar por la falta de estudios comparativos para un mismo periodo y una misma región; los dos primeros criterios son más accesibles y pueden aplicarse a otros vestigios (como la cerámica), pero no parecen ser suficientes. Por lo tanto, agregamos dos variables adicionales:

  • la cronología, que debe corresponder a un evento de duración limitada o una sucesión de eventos bien definidos cronológica y estratigráficamente;
  • el espacio en el que se desarrolla este evento (esfera doméstica, pública, reservada), que podría contribuir a distinguir entre diferentes tipos de comidas.

En su artículo sobre los festines funerarios, Hayden (2009) reporta el ejemplo del túmulo de Gayhurst (Edad de Bronce) donde se encontraron los restos de al menos 300 bóvidos. Asimismo,se pueden mencionar los espectaculares hallazgos de Kerma en Sudán (Chaix 1989) donde hasta 5.000 bucráneos de reses fueron depositados alrededor de las tumbas, mientras que el resto del cuerpo de los animales fue consumido durante eventos festivos en la ciudad. En Ouessant (Francia), un sitio de la primera Edad del Hierro, se registraron 21.000 restos provenientes de al menos 460 ovejas, 70 reses, 30 cerdos, aves marinas y peces (Méniel 2001:65-67). En Chevrières (Francia), el descubrimiento de los restos de al menos seis reses y tres cerdos proporcionó una estimación de más de 700 kg de carne (Méniel 2001:67-68). Por otro lado, en Tell Brak (Siria), un sitio del Calcolítico tardío, se señaló el descubrimiento de restos de fauna depositados encima de sepulturas colectivas (McMahon et al. 2011). Por las características zooarqueológicas (fragmentación, desarticulación, huellas de corte, extracción de médula) y la cantidad de animales (25 bóvidos y 100 corderos), este contexto fue interpretado como un evento suntuario, es decir un festín sellando un nivel de tumbas.

Como se puede constatar, el consumo de cantidades considerables de carne marca eventos de gran magnitud que fácilmente sobrepasan una comida doméstica habitual. Por diversas razones, los estudios previos de festines en los Andes no resaltan ninguno de estos criterios, dificultando la identificación de estos eventos y su diferenciación de una comida ordinaria. La razón principal es la ausencia de estudios zooarqueológicos completos, o la realización de estudios limitados a determinaciones taxonómicas, contabilización del Número de Restos y cálculos simples del Número Mínimo de Individuos.

Las evidencias que exponemos aquí permiten proponer reflexiones comparativas sobre la magnitud de los festines en los Andes Centrales durante la época prehispánica. La primera es considerar como festín todo tipo de evento de comensalidad que se desarrolla en el marco de rituales; de esta forma, el concepto de festín abarca una larga gama de contextos. La segunda es limitar el uso de los términos festín y banquete a determinado tipo de reuniones excepcionales. Sin embargo, esto implica utilizar ciertos criterios metodológicos para identificarlos. Esta opción conduce a una primera pregunta, intencionalmente provocadora: ¿hubo realmente festines en los Andes prehispánicos? Y si hubo, ¿cuáles son los criterios y las evidencias zooarqueológicas que permiten comprobarlo? A seguir veremos si el criterio cuantitativo es fundamental o no, y si concuerda con las cantidades descritas por varios autores para la Antigüedad clásica en el Viejo Mundo. Debemos resaltar además que los términos banquete y festín son modernos y no corresponden a un origen clásico relacionado con antiguos conceptos greco-latinos. Sin embargo, la palabra banquete es comúnmente utilizada para referirse a las prácticas griegas (y luego romanas) de comensalidad y comidas de aparato. Dentro de estas actividades, resaltan dos componentes descritos por Dentzer (1982) para el Medio Oriente y el mundo griego entre los siglos VII-IV antes de nuestra era: el reparto de comida, deipnon, al cual sucede el symposium donde se toma el vino.

En este trabajo planteamos que el uso de los términos festín y banquete debe ser revisado puesto que parece ser inapropiado o mal empleado en muchos casos. De este modo, tal vez sería preferible hablar de comidas rituales o de ritos alimenticios de comunión en lugar de festín o banquete. Discutimos este aspecto a través de las evidencias arqueológicas y zooarqueológicas provenientes de la cultura Mochica, en particular de la plataforma funeraria de Sipán, que suele ser interpretada como el lugar de una comida funeraria con un objetivo político, jerárquico y exclusivo. Sin cuestionar la existencia de ritos colectivos con utilización de comida y bebida en el mundo andino, queremos volver a discutir el empleo indistinto de estos términos. En este trabajo nos enfocamos en un criterio metodológico empírico que no ha sido explotado por otros investigadores en los Andes para identificar estos tipos de contextos: la estimación del peso de carne disponible. A partir de esta evaluación y pensando en modelizar estas evidencias, una gran cantidad de carne correspondería a un evento colectivo que reunió a muchas personas; al contrario, una cantidad limitada de carne sería el resultado de un evento más pequeño, reservado para pocas personas. Así, la variable cuantitativa permite evaluar la amplitud de estos contextos y diferenciar las comidas rituales con un carácter reducido de posibles festines.

El Repositorio 1 de Sipán: ¿Vestigios de un Festín?

Figura 1. Localización del sitio de Sipán.

Sipán es un sitio cívico-ceremonial y funerario de la cultura Mochica ubicado en el valle de Lambayeque en la costa norte de Perú (Figura 1). Las tumbas del “Señor” y del “Viejo Señor” de Sipán son las más famosas de un conjunto de 15 descubiertas entre 1987 y 2012. Los ajuares funerarios contienen innumerables artefactos de metal y cerámica, descritos en varias ocasiones (Alva 1988, 1994, 2004; Alva y Donnan 1993), y también animales enteros: llamas (Lama glama) y alpacas (Vicugna pacos), perros (Canis familiaris), cuyes o conejillos de India (Cavia porcellus) y una serpiente (restos aún no analizados). Los mamíferos dominan claramente el espectro faunístico y subrayan la importancia considerable de estas ofrendas en los rituales funerarios de la cultura Mochica, probablemente para acompañar y guiar al difunto hacia el inframundo (Goepfert 2011, 2012). Los restos de fauna no fueron encontrados solamente en las tumbas, sino también en cuatro grandes depósitos llamados repositorios de ofrendas que fueron receptáculos de miles de ofrendas de todo tipo (Alva 2004; Alva y Donnan 1993).

La Tumba del Señor de Sipán y el Repositorio de Ofrendas 1

La tumba del Señor de Sipán (Figura 2) es una inhumación múltiple que contiene nueve individuos enterrados en una gran cámara funeraria construida de adobe. El personaje principal es un hombre adulto, de 35 a 45 años, ubicado en el centro de la sepultura dentro de un ataúd de madera(AlvayDonnan1993). El ajuar funerario consiste en cientos de objetos de metal (oro, plata y cobre dorado) —pectorales, tocados, tres pares de orejeras, narigueras, collares, un cetro, cuchillos ceremoniales, ornamentos múltiples— además de cerámicas, valvas de espóndilos (Spondylus princeps) y animales (Alva 1988, 1994, 2004; Alva y Donnan 1993). Los restos de fauna se distribuyen alrededor del ataúd principal y se componen exclusivamente de mamíferos: dos camélidos (Lama sp.) y un perro (Canis familiaris).

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