En las fronteras meridionales de Moche y Chimú

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Resumen.

En el presente artículo presentamos los resultados de las investigaciones arqueológicas polaco-peruanas en la provincia de Huarmey, en la costa norte del Perú, llevados a cabo durante diez temporadas subsiguientes. A juzgar por los resultados de prospecciones y excavaciones sistemáticas, esta zona llegó a formar parte sucesivamente de varios mini sistemas-mundo antes de la conquista incaica. La investigación ha aportado evidencias novedosas al debate sobre las características de los estados Moche del Sur y las razones de su expansión, sobre la cronología y la modalidad de la conquista de la costa norte por parte del hipotético imperio Huari, y sobre las fronteras meridionales del reino Chimo.

Abstract.

Aretes de Oro – Cultura Chimú

The article presents the results of Polish-Peruvian archaeological research conducted in the province of Huarmey (Northcoast of Peru) for ten consecutive years. Judging from the results of archaeological surveys and excavations in this area, severalsmall (mini) independent political organisms had already been formed before the Inca conquest. This research gathered newevidence for the discussion on the character of Southern Moche states as well as their reasons for expansion, when and how theso-called Huari Empire conquerered the North coast and additionally on the issue of the Southern border of Chimor.

Palabras clave: Andes Centrales, Perú prehispánico, costa norte del Perú, arqueología de las fronteras y las zonas limítrofes.

Autores: Miłosz Giersz1, Krzysztof Makowski2 y Patrycja Prządka-Giersz3
1. Universidad de Varsovia, Instituto de Arqueología/ Centro de Estudios Precolombinos, calle Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Varsovia; correo-e: mgiersz@uw.edu.pl .
2. Pontificia Universidad Católica del Perú, Departamento de Humanidades; correo-e: kmakows@pucp.edu.pe
3. Universidad de Varsovia, Instituto de Estudios Inderdisciplinarios “Artes Liberales”, Centro de Investigación Sobre Culturas en Contacto, calle Dobra 72, 00-312 Varsovia; correo-e: p.przadka@uw.edu.pl

INTRODUCCIÓN
Las investigaciones de las fronteras y las zonas limítrofes poseen gran importancia para el entendimiento de las sociedades complejas. Esas áreas, alejadas de sus núcleos culturales,frecuentemente se convierten en el escenario de intensa interacción socio política y difusión cultural(Elton 1996; Lattimore 1940, 1962). En términos generales, las fronteras se definen como líneas imaginarias que se trazan en los confines de una entidad política, y que la separan de la o las entidades vecinas o áreas despobladas, delimitando así el territorio en el que se ejerce el poder. Las fronteras pueden estar constituidas por elementos del terreno de difícil acceso (mares, lagos, ríos, montañas,etc.) o enmarcadas en la superficie por construcciones de función defensiva (por ejemplo la Gran Muralla de China o la muralla de Adriano en Northumbria, en el Reino Unido).

Como lo han demostrado varios estudios sobre las fronteras culturales en los Andes durante las épocas prehispánicas, sobre todo las fronteras del Tawantinsuyu (Bauer 1992; Combes y Saignes 1991; D’Altroy 1994, 2002; Dillehay y Gordon 1998; Hyslop 1990; Malpass 1993; Salomon 1986; Patterson 1986, 1987; Schjellerup 1997; Pärssinen y Siiriainen 2003; entre otros), en el ámbito andino,el concepto de la frontera no necesariamente comparte las mismas características. No existen claras demarcaciones fronterizas comparables con los ejemplos del Viejo Mundo y Asia. Sin embargo, existen casos comprobados de las fronteras fortificadas en tiempos prehispánicos, sobretodo en el límite oriental del Tawantinsuyu como es el caso de la frontera con Chiriguanos (Combes y Saignes 1991; D’Altroy1994; Hyslop 1990; Pärssinen y Siiriainen 2003; véase también los relatos de Cobo (1964 [1653]) y Sarmiento de Gamboa 1942 ([1572]). En general, las fronteras en los Andes prehispánicos eran más culturales que militares. La ideología religiosa cumplía un papel significativo en la demarcación delas tierras, basta recordar el sistema incaico de los ceques (Bauer 1992; Rowe 1979; Ziółkowski 1997;Zuidema 1964) o el alcance territorial del poder de las huacas del Tawantinsuyu (Demarest 1981;Szemiński 1987; Ziółkowski 1997; entre otros). Otro aspecto del mismo problema son los conceptos andinos de la frontera, el límite y la zona limítrofe, existentes en el pensamiento indígena del pasado, y la polivalencia semántica de esos términos, referidos a la frontera (saywa) y límite (tincuy pura, ticci).

LOS PROGRESOS METODOLÓGICOS DEL ESTUDIO DE LAS FRONTERAS Y LAS ZONAS LIMÍTROFES DEL PASADO

Desde el punto de vista metodológico, existen varios instrumentos para abordar el tema del estudio de las fronteras y las zonas limítrofes. En los últimos 20 años se nota un fuerte impacto de la teoría de sistema-mundo (world-system theory) en el campo de la arqueología y la prehistoria. Esta teoría,planteada originalmente por Immanuel Wallerstein (1974), y diseñada para el modelo del mundo capitalista, ofrece instrumentos especialmente aplicables a este tipo de estudio.El sistema-mundo capitalista, según Wallerstein (1974, 1990, 1991, 1992), no es homogéneo en términos culturales, políticos y económicos. Es un mundo lleno de conflictos que se mantiene en un estado de tensión permanente. Está caracterizado por profundas diferencias en el desarrollo cultural,acumulación del poder político y capital. Estas diferencias se manifiestan en una división duradera del mundo en un núcleo (core), la semi-periferia (semi-periphery) y la periferia (periphery).A raíz de las polémicas acerca la validez de las propuestas del sociólogo norteamericano para el estudio de las sociedades complejas pre capitalistas, se originaron varias modificaciones de la teoría original (Blanton y Feinman 1984; Chase-Dunn y Hall 1997; Kardulias y Hall 2008; Peregrine1999; Schortman y Urban 1999; Wallerstein 1990, 1991, 1992; entre otros). Las modificaciones más importantes conciernen al carácter de las relaciones entre el estado y el imperio por un lado y el sistema-mundo por el otro. En primera instancia, el modelo se aplicaría también a las sociedades pre estatales puesto que cualquier sociedad requiere de bienes e informaciones procedentes de las áreas que no puede controlar directamente, lo que impulsa las redes de interdependencia (Chase-Dunn yHall 1997; Peregrine 1999). En segunda instancia, conforme con los postulados de Wolf (1982) los sistemas-mundo pueden desarrollarse a partir de varios centros coetáneos y conexos. Algunos de ellos tienen características de ciudades-estado.

En su versión adaptada al estadio pre capitalista, el sistema-mundo se refiere a entidades políticas y socio económicas que por definición abarcan no solamente grandes territorios, sino también una serie de sistemas sociales interrelacionados que muchas veces constituyen civilizaciones. La estructura más importante –aunque ciertamente no la única– que mantuvo unificada a las antiguas sociedades complejas fue el intercambio (a través del comercio, el tributo y la entrega de regalos) de recursos básicos o escasos. El carácter y la intensidad de estas relaciones son los que definen a un sistema mundo, no los aspectos específicos de la organización cultural (Williams y Weigand 2004). En tal teoría, la periferia facilita la materia prima al (los) núcleo (s), mientras que este (os) último (s) domina(n) todo el territorio y controla (n) el mercado (o la redistribución de los bienes), las guerras, los enlaces entre diferentes linajes de elites y el intercambio de ideas e informaciones (Chase-Dunn y Hall1997:28; Trigger 1989:332).

Las aplicaciones recientes de la teoría del sistema-mundo a las sociedades complejas pre capitalistas demuestran que, en este caso, la división entre el núcleo y la periferia no es perentoria, pues en lugar de la centralización del poder en el núcleo, tan característico para el sistema-mundo capitalista, nos enfrentamos al problema de la ausencia de una fuerte jerarquización entre los diferentes elementos dela estructura, o la presencia de más de un núcleo (Chase-Dunn y Hall 1997:28; Smith y Berdan 2000).En su adaptación de la teoría del sistema-mundo a las sociedades pre capitalistas Chase-Dunn y Hall(1997:28) subrayan que el intercambio de bienes, la guerra, los matrimonios y el intercambio de idease información son cruciales para la reproducción de la compleja estructura interna formada por varios elementos e influyen, de forma decisiva, en los procesos que se ejecutan en las estructuras a nivel local.Los mismos autores diferencian cuatro niveles de redes de enlaces, basadas en los siguientes factores de interacción: 1) intercambio de bienes básicos; 2) intercambio de bienes escasos, de cierto prestigio;3) interacciones políticas y militares; 4) intercambio de información.

El sistema-mundo puede fundamentarse en todos esos niveles de interacción, que en la práctica funcionan mutuamente e integran el sistema. A consecuencia de tal definición del sistema-mundo,los cambios sociales y culturales en las periferias lejanas y zonas limítrofes se deben explicar por la intensificación de intercambios e interacciones.No obstante, la teoría de sistema-mundo no ha sido aceptada por todos los que estudian las sociedades complejas pre capitalistas. En la literatura del tema, encontramos una vasta crítica de la aplicación de ideas de Wallerstein a este campo de investigación (Blanton y Feinman 1984; Edens1992; Lightfoot y Martínez 1995; Schortman y Urban 1999; Schneider 1977; Stein 1999; Urban y Schortman 1992; entre otros).

La teoría de sistema-mundo, en sus recientes formas modificadas, ha sido aplicada a las diferentes culturas prehistóricas del mundo. Para dar un ejemplo, basta recordar los trabajos de Modelski yThompson (1999) acerca de las migraciones desde las zonas rurales hacia los centros urbanos en Asia y Europa, entre 4000 a.C. y 1500 d.C., o los estudios de Wells (1999) sobre el intercambio de bienes en el Imperio Romano. En el caso de las culturas prehispánicas del Nuevo Mundo, el concepto del sistema-mundo ha sido inicialmente aplicado en América del Norte y Mesoamérica (Blanton yFeinman 1984; Kepecs y Kohl 2003; Peregrine 1999; Smith y Berdan 2000; entre otros).

En el área centro andina, en cambio, la aplicación de la teoría de Wallerstein no goza de mucha popularidad y se limita principalmente al imperio Inca (Kuznar 1999; Stanish 1997), o algunas culturaspreincaicas usadas a manera de ejemplos en los estudios comparativos (Fagan 1999; Lemmen y Wirtz2003; La Lone 1994). A pesar de eso, en la literatura sobre las culturas prehispánicas centro-andinasexiste una larga discusión acerca del surgimiento de la civilización, la formación del estado y el problema de la urbanización (Collier 1955; Haas et al. 1987; Isbell 1988; Lumbreras 1986; Makowski2008d; Schaedel 1978, 1980; Shady 2003; Shimada 1994; entre otros). Estas polémicas se desprendían,en muchos casos, de los planteamientos ya clásicos de Childe (1954) y Carneiro (1970).

En su trabajo sobre Mesoamérica, Blanton y Feinman (1984) observaron que el intercambio alarga distancia de bienes de lujo, destinados exclusivamente para los miembros de la elite, en general,tenía fuertes implicaciones a nivel político y económico. Obviamente, ese intercambio no se puede explicar por la simple aspiración a tener acceso a bienes exóticos de prestigio por parte de grupos minoritarios de estatus alto. El prestigio y el estatus de una cierta región y sus elites se fundamentaban en el grado de habilidad de manipulación del flujo de recursos (bienes básicos y escasos), energía(mano de obra) y servicios (artesanos especializados) a una escala macro regional mediante el control  de las redes de reciprocidad. Este modelo suele ser muy dinámico y permite ver y analizar el problema del estrés y la rivalidad entre las unidades socio políticas dentro los núcleos (cores), y entre estos últimos y las zonas periféricas (Blanton y Feinman 1984:674). Algo semejante, según nuestra opinión,sucedía con las sociedades prehispánicas complejas de la costa norte del Perú, por lo menos desde el Horizonte Temprano.

EL CASO ANDINO

Siguiendo las pautas de Chase-Dunn y Hall (1997:43), el proceso de desarrollo de las sociedades sedentarias en el área centro-andina a partir de fines del IV milenio a.C. puede ser entendido como una paulatina integración que comprende avances, a veces bruscos, pero también retrocesos (Makowski2010b, 2012). Esta integración continúa hasta el presente sin haber logrado abolir diferencias, a veces abismales, entre las áreas nucleares de desarrollo, las semi-periferias y las periferias. Con la integración en sucesivos sistemas-mundo algunas áreas nucleares de desarrollo han colapsado emergiendo otras.

En la época prehispánica, las épocas definidas por Rowe (1962) como horizontes pueden interpretarse desde la perspectiva discutida como épocas de integración acelerada, las que se inician y terminan con crisis de reestructuración política, debido a la presión desde las periferias hacia las zonas nucleares.Hay un consenso general el cual sugiere que la integración norte-sur tomó particular fuerza durante el Horizonte Medio (600-1000 d.C.), anticipando las exitosas conquistas incas. Es también materia de consenso que los fenómenos culturales como Moche, Cajamarca, Recuay, Chimú y Lambaye que corresponden a fenómenos de integración a nivel local o subregional, a pesar de que las opiniones acerca del carácter preciso de las instituciones políticas y económicas, y el grado de centralización del poder, son muy divergentes (por ejemplo el caso Moche: Makowski 2010a). Los intereses de sus elites podían en unos casos coincidir con los intereses de las elites del sur (Huari), y en otros casos probablemente eran contradictorios lo que incentivaba conflictos bélicos.

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