
El pasado 13 de marzo de 2025, el arte cusqueño despidió a uno de sus exponentes más entrañables: Don Rodolfo Manga Alosilla. Con una trayectoria que abarcó más de medio siglo, Manga no solo dejó una huella indeleble a través de su técnica depurada, sino también mediante su compromiso social y su invaluable aporte a la academia cusqueña.
Orígenes y Formación
Nacido en Huayopata en la provincia de La Convención el 27 de junio de 1933, Rodolfo fue el tercero de los cuatro hijos de Fernando Manga y Laura Alosilla. Su vocación artística se manifestó precozmente; a los siete años, su «lápiz travieso» ya esbozaba sus primeras caricaturas. Realizó sus estudios primarios en la ciudad del Cusco, en el Colegio Humberto Luna —conocido popularmente como Kuychipunku o «Puerta del Arco Iris»— y cursó la secundaria en el emblemático Colegio Nacional de Ciencias.
Su formación artística formal transcurrió en la Escuela Superior Autónoma de Bellas Artes «Diego Quispe Tito». Allí recibió lecciones de grandes maestros como Mariano Fuentes Lira y Ángel Rozas, pionero del impresionismo en la región y apasionado retratista de la arquitectura colonial. Manga egresó en 1949 y, gracias a sus méritos plásticos, obtuvo una beca para el Instituto Tecnológico de Bellas Artes de Cerro de Pasco en 1950. Se le considera un «alumno fundador» de la primera etapa de la Escuela de Artes y Oficios (1945), compartiendo generación con artistas de la talla de Quintanilla, Torres y Béjar.
El Artista y la Academia: Su Legado en la UNSAAC
La carrera de Rodolfo Manga estuvo intrínsecamente ligada a la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC). Asimilado al Departamento de Extensión Cultural, colaboró estrechamente con destacados científicos e intelectuales como César Vargas, Sergio Quevedo, Luis Olazo y Enrique González.
Su aporte fue vital para la documentación científica: ilustró innumerables libros, revistas y boletines, dejando en la Biblioteca Central de la universidad álbumes completos con estudios de botánica y especímenes variados. Asimismo, fue el creador de los logotipos de las facultades de Medicina Humana y Enfermería.
Su liderazgo cultural se consolidó con la fundación de importantes colectivos, como la Asociación ILLARI en la década de 1960 y, fundamentalmente, la Asociación de Artistas Plásticos «Taller 82» de la UNSAAC, institución que fundó junto a Raúl Brozovich y de la cual fue Presidente Vitalicio.
Estilo y Obra: Entre el Realismo y la Sátira
La obra de Manga se sitúa en un realismo estricto y regionalista, caracterizado por una identidad visual monocroma y una meticulosidad fastuosa. Destacó magistralmente en dos vertientes:
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El Puntillismo: Su manejo de la pluma para crear texturas y volúmenes en paisajes y figuras es testimonio de una paciencia y técnica excepcionales.
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La Caricatura: Con una excelente capacidad de síntesis lineal y acierto fisonómico, Manga capturó la esencia de personajes cusqueños históricos y contemporáneos. Sus retratos de figuras como Raúl Brozovich, Gustavo Pérez Ocampo y Luis Velasco Aragón son ya parte de la historia gráfica del Cusco.
En 2010, el entonces Instituto Nacional de Cultura (INC) publicó su libro “El artista hace lo que le dá la gana”, una obra que compila su talento para el humor y la sátira, entendiendo la caricatura no como una distorsión, sino como una creación risueña del espíritu de la época.
Proyección y Compromiso Social
Su arte trascendió fronteras, participando en numerosas exposiciones locales e internacionales. Destacan su muestra colectiva en Estados Unidos (1998), en la Escuela de Bellas Artes del Condado de Pasco (Florida) y el Pinellas Park Art Center, así como su aclamada exposición individual «Trazos del Alma» (2015) en la Alianza Francesa del Cusco.
Más allá del lienzo, Rodolfo Manga fue un hombre de profunda sensibilidad social. Junto a su familia, fue un impulsor clave en Cusco de la conmemoración del 17 de Octubre, «Día Mundial del Rechazo a la Miseria». En 1993, colaboró con el Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo para inaugurar la muestra de arte “Familias en Lucha contra la Extrema Pobreza”, reafirmando su disposición a apoyar siempre a los excluidos.
Rodolfo Manga Alosilla parte a la eternidad dejando un legado de disciplina, agudeza visual y humanidad. Su obra permanece como testimonio vital de la cultura cusqueña del siglo XX y XXI.
Presentación: El legado gráfico de un maestro cusqueño
En Arqueología del Perú, tenemos la firme convicción de que la historia de nuestros pueblos no solo se escribe en piedra o en antiguos manuscritos, sino también en el trazo vivo de sus artistas. Es por ello que constituye un verdadero honor presentar a nuestros lectores la obra «Rodolfo Manga: El artista hace lo que se le dá la gana».
Este libro es mucho más que una compilación de caricaturas y dibujos; es un testimonio agudo, humorístico y profundamente humano de la sociedad cusqueña, capturado por la pluma magistral de Don Rodolfo Manga Alosilla. A través de sus páginas, el maestro no solo retrató rostros, sino que inmortalizó el espíritu de una época con esa libertad creativa que el título de la obra proclama con orgullo.
Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento a la familia Manga por la confianza depositada en nuestro portal. Su generosidad al permitirnos difundir este legado hace posible que la obra de Don Rodolfo siga dialogando con nuevas generaciones, manteniendo viva su memoria y su inigualable talento.
Invitamos a todos a recorrer estas páginas y la galeria de su arte y descubrir, entre trazos y sonrisas, la mirada eterna de uno de los hijos predilectos del Cusco.

DEDICATORIA
a la memoria
de mis padres y
mi esposa,
un legado para
mis hijos y nietos.
AGRADECIMIENTO
Han transcurrido muchos años desde que ingresé a trabajar a la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco y también muchos, desde que llegué a engrosar la Asociación de Trabajadores Cesantes y Jubilados de la UNSAAC. Soy viejo en años, pero no en espíritu. El tener los cabellos canos, después de todo es una virtud, hace que uno sea especial y diferente a los demás, porque viene desde más atrás y cuenta historias a sus nietos colocándonos como verdadero héroe de la jornada y, ese no es mi caso, porque yo Rodolfo Manga Alosilla, dejo el testimonio gráfico de nuestro Qosqo convirtiendo mis apuntes en caricaturas, puntillismos y pinturas en este libro que se publica gracias a la generosidad del Instituto Nacional de Cultura y de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, por ello agradezco al Arquitecto Jorge Zegarra Balcázar, Director del INC; al Dr. Víctor Raúl Aguilar Callo, Rector de la UNSAAC y al Lic. Eleazar Crucinta Ugarte, Director del Consejo de Proyección Social.
Gratitud especial por su invalorable apoyo y colaboración a mis ex-compañeros de Proyección Social, Lic. Guadalupe Angulo Saldivar y al Prof. Hugo Bonet Rodríguez.
RODOLFO MANGA ALOSILLA
UNA OBRA NECESARIA
Instituto Nacional de Cultura – Cusco
Con gran satisfacción el INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA, presenta el libro de Rodolfo Manga, el mismo que bajo el sugestivo título de “El artista hace lo que le dá la gana”, ve la luz con los mejores auspicios.
La caricatura, es sin duda una de las mejores expresiones del arte, porque requiere del ojo certero del artista para captar las expresiones corporales de la persona, a las cuales se le añade el matiz de sus rasgos más distintivos. El maestro de la caricatura en el Perú, Vinatea Reynoso, sembró una escuela que durante el siglo pasado, alcanzó notoriedad en diarios y revistas de la más diversa tendencia. Hoy, sin duda que la figura más descollante es “CARLÍN”, a quien la crítica conceptúa como el más logrado de sus exponentes.
En el Cusco, debemos mencionar a Hugo Vela y al “Chillico” (César Aguilar), que han cubierto muchas páginas del acontecer local y nacional, poniendo en relieve a los personajes más notorios de la política y del discurrir cotidiano.
La obra de Rodolfo Manga, es oportuna, pues llena un vacío en la difusión que deben alcanzar los artistas que cultivan el arte de la caricatura, que como en su caso requiere de una fuerte dosis de talento y de imaginación, para plasmar la figura del personaje escogido. Pero no sólo debe resaltar el talento del artista, como ocurre con la obra de Manga, sino que debe mediar el sentido del humor, del chascarro y del rasgo travieso que es propio del lápiz y del pincel del autor.
El Instituto Nacional de Cultura (INC), al presentar la obra de Rodolfo Manga, lo hace con la convicción de que en esta forma contribuye a que la obra de un artista cusqueño de primer nivel, no se pierda, sino que quede como testimonio de una época y de los personajes que lograron figuración, desde la óptica de la caricatura, que nunca debe ser entendida como la imagen distorsionadora de la persona, sino como una creación risueña del espíritu de nuestros tiempos.
Cusco, diciembre de 2009.
Jorge Zegarra Balcázar
EL MAESTRO RODOLFO MANGA ALOSILLA
Hugo Bonet Rodríguez
Anatole France dijo: “El artista debe mostrar todos los días lo bello de la vida, de lo contrario dudaríamos de él” y Rodolfo Manga Alosilla, en su trajín siempre nos muestra lo bello de la vida, tanto en sus obras de arte, como en sus ocurrencias a flor de labio con el respaldo de su innata autoridad de amigo que gusta de lo correcto, ajeno a la mentira y al engaño.
¿Quién no conoce a Rodolfo Manga y le dicen maestro por su gran sensibilidad y calidad humana? ¿Quién no ha recurrido a él para pedirle “gauchadita” relacionada con su oficio? ¿Qué poeta, qué narrador joven o viejo no ha llegado a él para que ilustre su publicación? ¿Cuántas carátulas de revistas no se deben a su pluma? ¿Y cuánto ha cobrado por sus servicios? Nada, absolutamente nada.
Rodolfo Manga en la época que laboró y aún antes en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, ha ilustrado casi todas las revistas científicas publicadas en el claustro. Gracias a él tenemos en la Biblioteca Central de la UNSAAC álbumes completos con variedades de plantas y otros especímenes estudiados por los docentes universitarios.
Junto con Raúl Brozovich el maestro Manga fundó el Taller 82 de Artes Plásticas de la UNSAAC, taller que organizó múltiples exposiciones colectivas e individuales, en las que Manga mostró sus caricaturas, sus pinturas y sus trabajos en puntillismo. Algunos de ellos se publican en esta edición, gracias a una paciente búsqueda en colecciones particulares y algunas del archivo del autor.
El Maestro Rodolfo Manga Alosilla, ama la libertad y él siempre dice: “el artista hace lo que le dá la gana para ratificar la libertad del hombre en sus expresiones artísticas”; por eso sus trabajos viajan con personalidad propia, sin detenerse en tendencias de moda, porque él, plasma el mundo que lo rodea con la sangre del arte que circula en sus venas.
EL QOSQO EN LAS TINTAS DE RODOLFO MANGA
Ángel Avendaño Farfán
Siempre he creído que Rodolfo Manga pudo haber sido el ilustrador insuperable de los libros de José Uriel García, en especial: “La Ciudad de los Incas”, ese volumen fundador de la arqueología descriptiva del Cusco. Libro pionero, donde el estilo literario, a la par de la descripción cronográfica del yacimiento arqueológico, es un racconto multicromático de una ciudad de leyenda, encallada entre el mito y la incredulidad; una ciudad que no empieza en las manos de quienes la construyeron ni en los pasos de quienes la habitan, sino en las églogas y los rumbos de quienes la describen. Ciudad enigma que se convierte en la ternura de quienes la evocan.
Así como Honoré Daumier fue el gran ilustrador de “Les Fleurs du mal” de Charles Baudelaire, o Constantin Guys de los cuentos de Edgar Allan Poe, Manga pudo haber revivido ese sol de cinabrio que se refracta sobre los chapiteles de la única torre de la Recoleta. O, acaso, el escorzador de los rutilantes artesonados de las casonas coloniales cusqueñas. El lápiz de Manga estaba dotado —aún lo está— de una punta sutil para restituir todas las incertidumbres de las formas, todos los elementos sustantivos y accesorios de las cosas. Nadie tan minucioso ni veraz en los difuminos y naufragios de los ajimeces coloniales. Nadie con las manos de Rodolfo Manga Alosilla para medir los contornos de los olvidos y los recuerdos hace tiempo maduros.
Manga tiene el don del apunte a primera vista, esa cualidad eficaz de resumir una forma en un rasgo. La suya no es solo ejercicio de la representación de las cosas a través de las líneas; es, sobre todo, curiosidad espontánea para capturar una forma en un momento de intensa emoción. Es una suerte de explosión interna que pretende resumir la eternidad en un segundo. La necesidad compulsiva de perennizar algo que, siendo pasado, debe empezar a ser futuro en el papel.
El apunte no es sino el instante congelado en la ansiedad del artista: una suerte de clic a mano alzada. Obsesión lúcida y compulsiva de un miniaturista que no puede descuadrarse de lo que enfocan sus pupilas, so pena de caer en la nada del informalismo devorador.
El basamento del arte de Manga es el dibujo. Sin él, no se explicaría la verosimilitud de sus tintas, puntasecas y monocromías. Sus reproducciones de paisajes, casi fotográficas, evocan arquitecturas de ensueño encalladas en el tiempo imaginario de una remota arcadia. Las tintas de Manga convocan al pasado: son algo de nosotros que ya no es nada; sin embargo, nos descubrimos dentro de él. Tintas que giran en sus sombras hasta sedimentar las nociones de lo remoto en un tiempo desierto.
Acaso, esa capacidad de evocar una cierta lindura antañona y bucólica sea una de las características del arte de Rodolfo Manga. Artista que conserva, en lo más profundo de su ser, transparentes las cualidades del agua, que se prodiga a todos sin esperar nada de nadie. (Como evoca Jony González, compañera de Rodolfo Manga: su crítica de primera mano, su admiradora y confidente, perpetuada en la vastedad de su amor y en la verdad de sus juicios críticos. A la hora en que escribo este suelto, cinco y veinte del nuevo día, tal vez Jony González, desde un pisonay de tinta china, contempla llena de angustia el difícil atardecer de su artista. Porque siempre es difícil atravesar el último tramo de la vida totalmente solo, devorado sin pausa por los recuerdos).
ANDARES Y AVATARES
Rodolfo Manga Alosilla nació en Huayopata – La Convención, el 27 de junio de 1933. Sus padres fueron Fernando Manga y Laura Alosilla. Es el tercero de una familia de cuatro hermanos. Estudió primaria en la Escuela Humberto Luna del Cusco, al que el pueblo nombra simplemente como “Kuychipunku” (Puerta del arco iris). Todo secundaria los cursó en el Colegio Nacional de Ciencias. Sus primeras lecciones de arte los recibió del maestro Ángel Rozas, el primer y único pintor impresionistas de aquellos años, trabajador incansable y asombrado descubridor de los balcones del Cusco. Un enamorado de los peristilos y brocales de las casonas coloniales cusqueñas.
Manga llevó algunos cursos de arte en la Escuela Regional Diego Quispe Tito del Cusco, dirigida por Mariano Fuentes Lira. Fuentes Lira dirigió la ERBA durante treinta y cuatro años. Lapso en que inmoló su arte a sus afanes pedagógicos. Valió la pena el sacrificio. ¿Quién sabe? Los Apus lo dirán. Lo cierto es que Manga egresó de la ERBA, casi con los mismos caudales de oficio e entusiasmo con los que había ingresado.
Después de algunas ocupaciones ocasionales fue asimilado por el Departamento de Extensión Cultural de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, cuando dicha dependencia era encabezada por el poeta Luis Nieto Miranda. Desde ese puesto ilustró absolutamente todas las ediciones que llevan el sello de la San Antonio Abad. En paralelo, se dedicó a perfeccionar su talento como caricaturista: empeñado en expresar con el mínimo de línea el máximo de carga sicológica del caricaturizado. Porque de eso se trata, no de ridiculizar al personaje que se caricaturiza, sino de mostrarlo tal cual es en los entresijos más profundos de su psiquis. No se trata de dibujar figuras ridículas sino de retratar psicologías monstruosas. Manga exhibe en ese aspecto algunos de cal y otras de arena, pero tiene indudables aciertos que pasarán a la historia de la caricatura cusqueña, con muchísima suficiencia. Entre ellas las caricaturas del poeta Raúl Brozovich y Gustavo Pérez Ocampo y de los docentes universitarios: Luis Velazco Aragón, Enrique González Willis.
EN LA BALANZA DEL TIEMPO
“Primero es la forma después el volumen” decía Leonardo da Vinci. En efecto, a lo largo de la historia de la pintura, la forma es aquello que garantiza la identidad y permanencia de las cosas, tanto en la realidad real como en el elemento material de la pintura (tela, bastidor, pigmentos, aglutinantes y disolventes, etc. etc.). También se dice que es la manera en que está distribuida la materia en un cuerpo, el aspecto o apariencia de las cosas. Toda forma entraña la ocupación de un espacio. En filosofía “forma” es lo opuesto a materia: entrambos constituyen el ser.
A nosotros nos interesa la forma, desde el punto de vista pictórico: es decir, las formas de las cosas y el lugar que ocupan en un determinado espacio. Precisamente, el hallazgo y utilización de ese espacio en la tela, los conceptos de simetría, asimetría, perspectiva, equilibrio, ritmo, color, precisión, es lo que hace la obra de arte dentro del formalismo. El informalismo entraña los conceptos de color-color dentro de la valoración del cuadro, y demanda otro enfoque.
La obra de Rodolfo Manga, está situada dentro del más estricto realismo. Es un realismo monocromo regionalista. Su referente definidor está en el reconocimiento de la realidad, de la que toma su identidad y con la que se identifica plenamente. Sus propósitos son perpetuar determinadas expresiones arquitectónicas o bucólicas —inmediatas— que no solo entrañan un cierto grado de artesanía, sino un conocimiento previo o una evocación que terminan unismándolo con la obra de arte. Metiéndolo en la realidad cruda y escueta, cuya lectura no demanda ningún esfuerzo, porque esa realidad es la de todos los días. Un carpe diem cotidiano. Es un trasvase desnudo de convencionalismos y categorías. Un regodearse con lo más sólido y voluntarioso de lo ya conocido. Su encanto es su técnica acabada y el primor del dibujo.
Tampoco es puntillismo lo que se le atribuye a los dibujos de Manga. Toda vez que la técnica de Georges Seurat era un método de trabajo que utilizaba los contrastes de color entre lo que él denominaba zonas de sombra, colores adyacentes, color de luz, reflejos y color local; equilibrios entre verticales y horizontales basados en las definiciones de la línea áurea. Con todo, la obra de Rodolfo Manga es lo más cusqueño y sustantivo del dibujo artístico. Sus trabajos respiran serenidad, entre perspectivas donde la dicha iza sus banderas; donde no abdica la esperanza y donde el silencio es por sí el lenguaje de todos los recuerdos.
En la caricatura es otra cosa. Toda caricatura tiene intención satírica: esto es, burlarse de una persona, divertirse a su costa, mostrarlo estrafalario, estrambótico, advertir en las singularidades que lo hacen risible, a partir de los cuales se esboza la caricatura. Deviene así en hazmerreír y figurón, definido en esa línea sutil entre la broma, el insulto o la agresión. Manga, en sus caricaturas, derrocha ironías de consumado Voltaire, esbozando apenas un rictus sardónico y acerado. Ah, la caricatura, ese arte de alegorías satírico‑morales que derrocharon El Bosco y Pieter Bruegel, el Viejo; o los de Grosz y Toulouse‑Lautrec; las de Juan Bravo Vizcarra y Hernán Velarde en nuestro medio. Con el agregado de que Rodolfo Manga ha simplificado la caricatura para hacerla más densa y profunda en su expresión. Caricaturas que parecen inocentes, pero que dan en el blanco y matan. Chayllan chay. Sayk’urapuni.
Limapi, chunka hoqniyuq p’unchawpi, hatun poqoy killapi. Iskay waranqa qanchisniyuq watapi.
DATOS EDITORIALES
RODOLFO MANGA
El artista hace lo que le dá la gana
© Rodolfo Manga Alosilla
C.H. Ingeniería I, C-202 – Teléfono 242166 – Móvil 984 756363 – Ciudad del Cusco
Ilustración de carátula: Alberto Andía
Maquetado: Fernando Oviedo Hinojosa
Editor: JL Editores, Av. Huayruropata 1223 – Teléf. 984 207291 – Cusco
Todos los derechos reservados

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