Chan Chan de Regreso al Futuro: Arqueólogos Retoman la Investigación en Utzh An, el Palacio Más Extenso del Imperio Chimú
chan chan 2026 1
La costa norte peruana vuelve a capturar las miradas del mundo científico y cultural. El Ministerio de Cultura de Perú, mediante el Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan (Pecach), ha anunciado formalmente el reinicio de los trabajos de excavación, registro y conservación preventiva en el imponente conjunto amurallado de Utzh An —históricamente conocido en las crónicas y la literatura arqueológica como el palacio Gran Chimú—.
Esta nueva fase operativa no representa un esfuerzo aislado. Se integra en una política de Estado sostenida a largo plazo que concibe el patrimonio prehispánico no como un testigo estático del tiempo, sino como un eje vivo de identidad y conocimiento en beneficio de la ciudadanía. Con un despliegue técnico riguroso y metas cronológicas definidas para los próximos meses, las excavaciones prometen reescribir pasajes fundamentales sobre la estratificación social, el urbanismo de barro y los periodos tardíos de reocupación en la antigua capital del Chimor.
El Desafío Arquitectónico: Conservar el Muro Perimetral de Mayor Extensión
El núcleo central de la actual temporada de campo se concentra en una de las estructuras más vulnerables y expuestas del complejo monumental: el gran muro perimetral de Utzh An. Esta colosal muralla de adobe no solo destaca por sus dimensiones dentro de la urbe, sino por su compleja ubicación geográfica, ya que colinda directamente con la carretera pavimentada que conecta la ciudad de Trujillo con el balneario de Huanchaco. Esta cercanía expone continuamente a la estructura al flujo vibratorio del transporte, la presión demográfica y los factores climáticos costeros.
Los muros perimetrales en Chan Chan son verdaderas proezas de la ingeniería civil prehispánica:
Morfología de Doble Talud: Presentan una geometría trapezoidal. Son notablemente anchos en sus bases —alcanzando hasta los 5 metros de espesor— y se van adelgazando gradualmente conforme ganan altura.
Alturas Monumentales: En sus secciones mejor conservadas, estas defensas de barro y material orgánico llegan a registrar hasta los 12 metros de altura vertical.
Según detalló Henry Gayoso Rullier, jefe de la Unidad de Investigación, Conservación y Puesta en Valor del Pecach, las labores de conservación sobre estos muros se rigen bajo los más estrictos principios internacionales de restauración de monumentos. “Las intervenciones consisten en respetar escrupulosamente el estado de la estructura como un documento histórico original, descartando cualquier tipo de reconstrucción arbitraria o falsificación histórica; nuestro trabajo se limita a devolverle su estabilidad estructural perdida por el paso de los siglos”, precisó el especialista. El objetivo prioritario es consolidar el adobe original y asegurar que la volumetría del monumento no colapse ante contingencias sísmicas o climáticas inmediatas.
Nuevas Fronteras: Explorando Áreas Inéditas de la Élite Intermedia
chan chan 2026 2
Más allá de la estabilización física de las murallas perimetrales, el proyecto abre un capítulo científico fascinante al adentrarse, por primera vez en la historia del sitio, en la documentación de un sector totalmente inédito dentro del conjunto amurallado.
Históricamente, las investigaciones en los grandes palacios o «ciudadelas» de Chan Chan han priorizado los sectores residenciales de la máxima realeza (los reyes Chimú) o las monumentales plataformas funerarias donde se depositaban los restos de los soberanos divinizados junto a fastuosos ajuares de oro y plata. Sin embargo, los vacíos de conocimiento sobre los estratos intermedios del aparato estatal siguen siendo amplios.
La arqueóloga Sinthya Cueva García, directora del Programa de Investigación Complejo Arqueológico Chan Chan, puntualizó que el diseño de las actuales excavaciones apunta de forma directa a identificar contextos habitacionales y patios ceremoniales vinculados a una élite de nivel intermedio dentro de la pirámide social chimú.
«El registro minucioso de este sector nos brindará datos empíricos indispensables para comprender las sutiles distinciones sociales, arquitectónicas y rituales de los funcionarios, administradores o curacas locales que operaban el palacio. Esto nos permite mapear la organización social de Chan Chan desde una perspectiva mucho más rica e integradora, y no centrada únicamente en el monarca absoluto», argumentó Cueva García.
Se espera que las excavaciones en los pisos arqueológicos revelen basurales domésticos de consumo selectivo, vajilla alfarera de uso ceremonial e indicadores económicos (como cuentas de concha Spondylus o herramientas de metalurgia) que definan con exactitud el estatus e identidad de los habitantes de esta zona residencial interna.
Hallazgos del Pasado que Alientan las Nuevas Excavaciones
El optimismo que rodea a la presente campaña en Utzh An no es fortuito; se cimenta sobre descubrimientos previos de extraordinario impacto científico global realizados en este mismo palacio. El propio Henry Gayoso Rullier recordó que durante las excavaciones dirigidas en el sector del ingreso principal del recinto en el año 2018, el equipo arqueológico desenterró un conjunto de 20 estatuillas antropomorfas de madera finamente talladas.
Estas esculturas prehispánicas, que medían aproximadamente 70 centímetros de altura, representaban a personajes de la liturgia chimú (posiblemente sacerdotes o guardianes rituales). Una de las características más impactantes de aquel hallazgo fue que algunas de las estatuillas portaban en sus manos representaciones de cabezas trofeo cercenadas y cuchillos ceremoniales, aportando evidencia tangible sobre los rituales de sacrificio y la iconografía del poder político en el palacio. Aquel suceso mereció portadas internacionales y fue catalogado por publicaciones científicas de prestigio mundial, como National Geographic, como uno de los hitos arqueológicos más importantes del año a nivel global.
Asimismo, en el sector norte de Utzh An se han documentado fragmentos de muros decorados con relieves en altorrelieve de barro que muestran olas marinas, redes de pesca y la enigmática figura del «animal lunar», una deidad panandina fuertemente vinculada a las mitologías de la costa norte. Al ser Utzh An uno de los pocos sectores donde la decoración mural sobrevivió a la intemperie y al saqueo colonial, la apertura de nuevas unidades de excavación abre la posibilidad real de hallar nuevos frisos y decoraciones inéditas bajo las toneladas de escombro y adobes colapsados.
La Huella Inca: La Desacralización Doméstica del Palacio
chan chan 2026 3
Un aspecto histórico de alto valor que los arqueólogos del Pecach buscan profundizar en esta temporada es el proceso de transición cultural tras la caída del Reino Chimor ante la expansión del Tahuantinsuyo. Las evidencias acumuladas en los últimos años demuestran que la presencia incaica en Chan Chan fue mucho más compleja y disruptiva de lo que consignan las fuentes etnohistóricas tradicionales.
Los datos arqueológicos recuperados en las capas superiores de Utzh An revelan un fenómeno sistemático de reocupación tardía y desacralización. Tras derrotar al último rey chimú, Minchancaman, los conquistadores cusqueños y sus aliados locales alteraron por completo la funcionalidad del palacio:
Ruptura de Accesos: Se fracturaron intencionalmente muros perimetrales y divisiones internas para romper el patrón de circulación restringida característico de la burocracia chimú.
Conversión Doméstica: Espacios que originalmente ostentaban un carácter sagrado, administrativo o exclusivo de la realeza fueron transformados en áreas de uso común, talleres artesanales o viviendas multifamiliares de estilo incaico-costeño.
Las excavaciones de este año permitirán delimitar con mayor precisión cronológica este periodo de abandono, sometimiento y transformación arquitectónica de la mayor urbe de barro de América.
Presupuesto, Plazos y Logística Multidisciplinaria
La envergadura de una intervención de este tipo requiere un respaldo técnico y financiero sólido. Para esta etapa operativa, el Estado peruano ha asignado un presupuesto exacto de 1 millón 941,000 soles. Esta inversión económica cubre no solo la contratación de mano de obra en campo, sino también el financiamiento de análisis de laboratorio especializados (dataciones por radiocarbono, análisis físicos de suelos y caracterización petrográfica de adobes), así como materiales e insumos críticos para la estabilización estructural de emergencia.
Con respecto al cronograma de ejecución, las actividades de campo se iniciaron formalmente el 13 de abril y se proyectan de forma continua durante un plazo inicial de ocho meses, culminando la presente temporada en noviembre. No obstante, las autoridades del Pecach han adelantado que la planificación macro contempla una extensión de cinco meses adicionales fijada para el inicio del año entrante, asegurando así el cierre definitivo del frente de trabajo correspondiente a los muros perimetrales externos. A la fecha de los últimos reportes oficiales, el componente de ejecución presupuestal registra ya un avance superior al 70 %, lo que garantiza la continuidad y el abastecimiento logístico de las tareas programadas.
El éxito de la campaña descansa sobre los hombros de un equipo multidisciplinario compuesto por cerca de 90 trabajadores. Esta fuerza laboral incluye arqueólogos de campo, conservadores especializados en tierra, arquitectos, ingenieros estructuralistas, dibujantes técnicos, auxiliares y personal de apoyo local. Cabe destacar que la totalidad del personal técnico cuenta con amplia experiencia previa en intervenciones complejas dentro de sitios arqueológicos inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, un requisito indispensable para intervenir un monumento que arrastra la condición de «patrimonio en peligro» debido a su vulnerabilidad intrínseca.
Ficha Resumen del Proyecto en Utzh An
Componente
Detalles Técnicos y Financieros
Sitio Arqueológico
Conjunto Amurallado Utzh An (Ex Gran Chimú) – Chan Chan
S/. 1,941,000 (Un millón novecientos cuarenta y un mil soles)
Duración de Campaña
8 meses (Inicio: 13 de abril / Cierre: Noviembre)
Personal en Campo
Cerca de 90 especialistas (Arqueólogos, conservadores, ingenieros, arquitectos)
Objetivo Central
Investigación y conservación del muro perimetral mayor y excavación de sectores inéditos de élite intermedia
Hacia una Gestión Sostenible del Patrimonio Chimú
El director del Pecach, Christian Arbaiza Mendoza, reafirmó la visión de largo aliento que guía estas intervenciones en la costa de La Libertad. Arbaiza enfatizó que todas las tareas ejecutadas en Utzh An se ciñen rigurosamente al Plan Maestro para la Conservación y Manejo del Complejo Arqueológico Chan Chan.
“Desde el Ministerio de Cultura reafirmamos el compromiso inquebrantable de preservar y, sobre todo, poner en valor científico y social a Chan Chan. Buscamos fortalecer la investigación con estándares internacionales contemporáneos, promoviendo al mismo tiempo una gestión que sea sostenible en términos turísticos y plenamente inclusiva para las comunidades locales de Trujillo y Huanchaco, quienes son los legítimos herederos de este legado ancestral”, concluyó el directivo.
A medida que las brochas y los bisturís de los arqueólogos retiran las capas de arena acumuladas por los vientos costeros, Utzh An empieza a revelar sus secretos arquitectónicos y sociales. Las semanas venideras serán cruciales para conocer nuevos detalles sobre el día a día de aquellos administradores chimúes que controlaron los tributos del imperio, ofreciendo una ventana científica directa hacia las entrañas de la civilización de barro más importante del continente americano.
Poca atención se ha brindado al estudio de las estructuras de combustión en los sitios urbanos del área andina central. Nuestro estudio se ha centrado en una muestra de las áreas de combustión registradas en casi 20 años de estudio en el complejo arqueológico huacas de Sol y de la Luna. Este estudio se ha iniciado con una propuesta de clasificación tipológica de dichas estructuras, así como una primera propuesta de su funcionalidad a partir del estudio contextual arquitectónico, los estudios etnohistóricos y etnográficos. Futuros análisis químicos y físicos, tanto de las estructuras como de los sedimentos asociados, así como ensayos experimentales, corroborarán o no esta primera propuesta.
Autores:
Feren Castillo Luján, Santiago Uceda Castillo y Ramiro Javier March
Introducción
1. Metodología de investigación
2. Tipología
2. 1. Las estructuras de combustión
2. 1. 1. Los Fogones
Tipo A: fogón tipo fosa
Subtipo A1: fogón tipo fosa simple
Subtipo A2: fogón tipo fosa de paredes verticales
Subtipo A3: fogón tipo fosa simple con borde
Subtipo A4: fogón tipo fosa de paredes verticales con borde
Tipo B: fogón de estructura rectangular
Tipo C: fogón adosado al muro
Subtipo C1: fogón adosado al muro sin borde
Subtipo C2: fogón adosado al muro con borde
Tipo D: fogón plano
Tipo E: fogón atípico o diverso
2. 1. 2. Los hornos
Tipo F: horno alfarero
Tipo G: horno orfebre
Subtipo G1: horno de fusión con chimenea
Subtipo G2: horno de fusión cerrado
Subtipo G3: horno de recocido
2. 1. 3. Los braseros
2. 2. Las concentraciones de ceniza
2. 3. Los testigos de incendio
3. Discusión y comentarios generales
3. 1. Los fogones permanentes y temporales
3. 2. Los hornos alfareros de Moche
3. 3. El uso de los hornos orfebres
3. 4. El fuego portátil
Conclusiones
Introducción
1En los estudios del urbanismo andino (500 a. C. – 1532 d. C.) se ha prestado poca atención a la información sobre el rol del fuego, tanto en la utilización doméstica como simbólica o artesanal. Sin embargo, este podría brindar información sobre los grupos sociales estudiados y la naturaleza de las ocupaciones mochicas en la zona urbana de las huacas del Sol y de la Luna, ya sea desde un punto de vista de su organización arquitectónica, funcional o estructural. Como es sabido, la utilización del fuego está estrechamente ligada a nuestra evolución desde un punto de vista biológico o cultural. El fuego tiene también un aspecto integrador en las relaciones sociales ya que el hombre se socializa a través de su utilización, la cual es compartida frecuentemente (Leroi-Gourhan, 1964; Levi-Strauss, 1964; Lieberherr, 2006; March, 2002; Wrhangham, 2009).
2Como fuente de energía ha permitido transformar la materia prima o la cocción de alimentos y bebidas alcoholizadas. Este también ha sido utilizado en la preparación de variados colores del ocre mineral en bruto que fue utilizado para pintar el cuerpo, la cerámica o las fachadas y pisos de los templos. Ha servido también para preparar los terrenos para las siembras y ha jugado sin duda un rol selectivo en cuanto a la explotación de plantas desde el descubrimiento de la agricultura. Finalmente, el fuego ha sido útil en la organización de actividades, así como en la integración del grupo al interior y exterior del hábitat contribuyendo a la domesticación del espacio y su organización (March, 2002), y ha determinado en cierta forma la organización arquitectónica del mismo (Gousdblom, 1992; Wright, 1966). Esta estructuración del espacio no responde solamente a las imposiciones técnicas de la utilización del fuego en el hogar sino que refleja la estructuración social de cada grupo humano (Bourdieu, 1980).
3El estudio de la utilización del fuego por parte de los grupos que habitaron las huacas del Sol y de la Luna puede darnos una valiosa información sobre los cambios sociales acontecidos dentro de los procesos históricos que previamente condujeron al pasaje de un estado teocrático a un estado secular (Uceda, 2010). Para ello, este artículo propone una primera propuesta tipológica a partir de la clasificación de las diversas áreas de combustión, teniendo en cuenta la forma y función de estos elementos hallados en el sitio.
1. Metodología de investigación
1 Los estados arcaicos están íntimamente relacionados con la presencia de centros urbanos, muchas vec (…)
4Estudiar las áreas de combustión en el complejo arqueológico huacas del Sol y de la Luna implica una serie de problemas metodológicos a resolver, puesto que estas han sido elaboradas inicialmente para estudiar sociedades menos complejas (Leroi-Gourhan & Brézillon, 1972; Olive & Taborin, 1989; Bar-Yosef et al., 1996; Frère Sautor et al., 2003; March & Wunsch, 2003). La estructura social diferenciada en este sitio moche posee una mayor densidad de población que produce bienes1 y alimentos, con un control de la energía térmica mucho más sofisticado y que se aplica en relación con la calidad y cantidad de los productos necesarios para el funcionamiento del aparato estatal. Por ello, fue necesario adecuar el concepto de área de combustión para referirnos a los diversos espacios físicos en el que se ha desarrollado una combustión o donde se han documentado restos asociados a la misma (Soler, 2003). La realización de un inventario de las áreas de combustión requiere de una tipología previa que, como se sabe, no representará el estado final de la investigación sobre la historia que condujo a los tipos definidos. Esta tipología podrá ser modificada en función de los resultados analíticos y experimentales que se realizarán en una segunda etapa de este estudio.
5La investigación consistió en revisar el centenar de áreas de combustiónregistradas en diversos niveles de ocupación a lo largo de más de 15 años de investigación en el sitio (Castillo, 2012). De esta manera se propuso una clasificación en función de las características formales, como orientación, dimensiones, superficie de uso, contenido interno y externo, y la ubicación de cada estructura al interior de cada ambiente. Posteriormente se realizó el análisis y comparación con la iconografía moche, los datos etnohistóricos y etnográficos de viviendas rurales, y los estudios e hipótesis que han sido construidas previamente sobre estas estructuras por otros investigadores del mundo andino, interesados en el estudio de la energía térmica y su aplicación. De esta manera, nuestra muestra corresponde a diez conjuntos arquitectónicos del núcleo urbano; así como dos paramentos con evidencias de incendio del templo viejo de huaca de la Luna (fig. 1).
Figura 1 – Plano general del Complejo Arqueológico Huacas del Sol y de la Luna
Aumentar Original (jpeg, 516k)
6El Conjunto Arquitectónico 5 (CA5) fue excavado como muestra de análisis y se ubica al sur del núcleo urbano Moche (figs. 1 y 2). El resultado de la excavación permitió definir un nuevo subconjunto (CA5-SC5) y un área no definida para la ocupación del piso 2 (Meneses et al., 2012). El CA5-SC5 se caracteriza por ser un espacio para celebraciones y servicios. La muestra empleada está representada por fogones (fg) y concentraciones de ceniza (cc) con siete casos respectivamente, distribuidos en ocho ambientes: 5-13 (cc3 y cc4), 5-19 (fg14), 5-22 (fg9, fg10 y fg17), 5-26 (cc6), 5-28 (cc10), 5-30 (fg12 y cc8), 5-35 (fg11 y cc9) y 4-5 (fg16 y cc7). En el área no definida se emplearon los elementos registrados en los ambientes 5-6 (fg19, fg20 y cc2) y 5-7 (fg15).
Figura 2 – Plano del Conjunto Arquitectónico 5 (CA5)
Aumentar Original (jpeg, 320k)
7Los Conjuntos Arquitectónicos 7 y 9 se ubican en el centro del núcleo urbano (figs. 1 y 3) y han sido excavados hasta definir el piso de la última ocupación —piso 1— (Chapdelaine, 1998; Armas et al., 2007). El primer conjunto —a pesar de no haber sido definido completamente— fue incluido en la muestra por presentar un horno orfebre (Ho1). Se trata de un caso único ubicado al interior del ambiente 7-14, que además sugieren su función como taller orfebre. Además se han registrado tres concentraciones de cenizas en los ambientes 7-5b (cc1), 7-8 (cc2) y 7-10 (cc3). El conjunto 9 fue definido en su totalidad y está compuesto por áreas de cocina, molienda, depósitos, vestíbulos, etc. La muestra está representada por siete fogones distribuidos en los ambientes 9-10 (fg1), 9-12 (fg2), 9-13 (fg3), 9-28 (fg4), 9-35 (fg5 y fg6) y 9-25b (fg7).
Figura 3 – Plano de los Conjuntos Arquitectónicos 7 y 9 (CA7 y CA9)
Aumentar Original (jpeg, 304k)
8Al oeste de la avenida 1, en el sector central del núcleo urbano se han definido dos bloques arquitectónicos para la ocupación del piso 2 (figs. 1 y 4). El primer bloque —al sur— está conformado por los Conjuntos Arquitectónicos 27 y 30 (Chiguala et al., 2012), que a su vez se subdividen en cinco áreas de actividad complementarias (Uceda, 2010). En el área administrativa se han registrado cuatro fogones distribuidos en los ambientes 27-34 (fg11), 27-35 (fg3), 27-39 (fg4 y fg5). En el área de servicios se ha definido un solo fogón de grandes dimensiones al interior del ambiente 27-9 (fg6). En el taller orfebre se registró la presencia de hornos al interior del ambiente 27-30 (Ho1, Ho2 y Ho3) y otros contextos como yunques y desechos de fundición. El área residencial se caracteriza por presentar un patio con banquetas y cuatro cocinas, donde se han registrado fogones y concentraciones de ceniza distribuidos en los ambientes 30-34a/c/d (fg7a), 27-32 (fg8), 30-17 (cc1), 30-35 (cc2), 30-38 (fg7b), 30-20 (fg9a, fg9b y cc3) y 30-2a/b (fg8a y fg8b). El área residencial y de servicios presenta dos fogones al interior del ambiente 30-22 (fg4 y fg5).
Figura 4 – Plano de los Bloques Arquitectónicos 1 (CA27 y CA30) y 2 (CA35, CA17 y CA21)
Aumentar Original (jpeg, 456k)
9El segundo bloque está conformado por los Conjuntos Arquitectónicos 35, 17 y 21 (Chiguala et al., 2007), a su vez se subdivide en seis áreas (Uceda, 2010). En el área de residencia y ritual se han registrado seis fogones en el ambiente 35-4 (fg2, fg5, fg7, fg8, fg9 y fg10), mientras en el área de servicios se definieron cuatro fogones al interior del ambiente 35-11/12 (fg18, fg19, fg20 y fg21). En el taller de abalorios de piedra se han registrado un fogón en el ambiente 17-10 (fg4) y dos concentraciones de ceniza en los ambientes 17-1b y 17-1d. En cambio, en el área de residencia o viviendas se han registrado dos fogones en los ambientes 17-30 (fg7) y 17-4f (fg9), además de tres concentraciones de cenizas registradas en los ambientes 17-8 y 17-9. En el área administrativa se ha definido un fogón en el ambiente 21-1; mientras en el taller alfarero se definieron un horno (Ho1) al interior del ambiente 21-3 y una concentración de ceniza (ambiente 21-2).
10En el sector norte del núcleo urbano, también se han definido dos bloques arquitectónicos (figs. 1 y 5), cuyas formas arquitectónicas son muy similares y se les asocia a celebraciones y servicios (Seoane et al., 2010; Gayoso, 2010). El bloque 3 está conformado por el Conjunto Arquitectónico 42 para la ocupación del piso 2. Para esta ocupación se han registrado cuatro concentraciones de ceniza en los ambientes 42-3, 42-5 y 42-16; asimismo se han definido seis fogones distribuidos en los ambientes 42-6 (fg15), 42-3 (fg16), 42-4b (fg17), 42-13 (fg18), 42-17 (fg19) y 42-40 (fg20).
Figura 5 – Plano de los Bloques Arquitectónicos 3 (CA42) y 4 (CA39/43)
Aumentar Original (jpeg, 404k)
11El bloque 4 está conformado por el Conjunto Arquitectónico 39/43 para la ocupación del piso 3 (Meneses et al., 2011). Para esta ocupación se han definido once concentraciones de ceniza y catorce fogones distribuidos en los ambientes 39-6E (fg18, cc1, cc2 y cc3), 39-7 (fg12), 39-8 (fg8), 39-11 (fg15), 39-16 (fg19), 39-19 (cc4), 39-20 (fg16, fg17 y cc5), 39-27 (fg20, fg21 y cc6), 43-5b (cc7), 43-10 (fg22), 43-16 (cc8), 43-23 (fg23 y fg24), 43-31 (fg25), 43-32 (fg26), 43-44 (cc9), 43-52 (cc10 y cc1).
12Finalmente, en la muestra se han incluido dos casos únicos —hasta la fecha— de paramentos con evidencias de incendio, asociados a espacios ceremoniales del último edificio del Templo Viejo de huaca de la Luna. Ambos casos fueron registrados en los paramentos internos de los muros perimétricos este, tanto de la terraza 2 de Plaza 1 (Orbegoso et al., 2011), como de la plaza 2A (Chávarri & Mejía, 2011).
2. Tipología
13Las áreas de combustión analizadas corresponden a un total de 107 casos inmuebles (cuadro 1), divididos en tres clases: estructuras de combustión que hace referencia a la combustión in situ (65,4% del total), concentraciones de ceniza (32,7%) y testigos de incendio (1,9%).
Cuadro 1 – Distribución de los casos de estructuras de combustión (fogones, hornos y brasero), concentraciones de ceniza y testigos de incendio
Clase
Grupo
Tipo
Subtipo
#
Casos
Estructuras de Combustión
Fogón
Fosa
Simple
21
CA17 (fg4a y fg9), CA27 (fg4, fg5 y fg11), CA30 (fg4, fg5, fg8, fg9a y fg9b), CA35 (fg8, fg9, fg18, fg19 y fg21), CA39/43 (fg15 y fg23) y CA42 (fg16, fg17, fg18 y fg20)
De paredes verticales
5
CA39/43 (fg12, fg16, fg17, fg18 y fg19)
Simple con borde
8
CA5 (fg9, fg11 y fg12), CA9 (fg1 y fg2), CA27 (fg3), CA30 (fg7b) y CA35 (fg10)
De paredes verticales y borde
7
CA9 (fg4 y fg5), CA35 (fg2, fg5 y fg7), CA39/43 (fg8) y CA42 (fg15)
De estructura rectangular
4
CA9 (fg7), CA27 (fg6), CA30 (fg7a) y CA42 (fg19)
Adosado al muro
Sin borde
12
CA5 (fg10, fg16, fg17, fg19 y fg20), CA9 (fg3 y fg6), CA30 (fg8a y fg8b), CA35 (fg20) y CA39/43 (fg20 y fg21)
Con borde
2
CA5 (fg15) y CA21 (fg1)
Plano
5
CA5 (fg14) y CA39/43 (fg22, fg24, fg25 y fg26)
Atípico
1
CA17 (fg7)
Horno
Alfarero
Abierto
1
CA21 (Ho1)
Orfebre
De fusión con chimenea
1
CA7 (Ho1)
De fusión cerrado
1
CA27 (Ho1)
De recocido
2
CA27 (Ho2 y Ho3)
Brasero
–
Iconografía del mural de Pañamarca
Concentraciones de ceniza
35
CA5 (cc2, cc3, cc4, cc6, cc7, cc8, cc9 y cc10), CA7 (cc1, cc2 y cc3), CA30 (cc1, cc2 y cc3), CA17 (cc1, cc2, cc3, cc4 y cc5), CA21 (cc1), CA42 (cc1, cc2, cc3 y cc4), CA39/43 (cc1, cc2, cc3, cc4, cc5, cc6, cc7, cc8, cc9, cc10 y cc11)
Testigo de incendio
2
MPE de plaza 2A y MPE de terraza 2 de huaca de la Luna
2. 1. Las estructuras de combustión
14El concepto estructuras de combustión nace con el resultado de las investigaciones en el sitio de Pincevent (Leroi-Gourhan & Brézillon, 1972). El uso de este concepto permite abocar de manera general a las diferentes formas distribuidas y ordenadas particularmente por el hombre y que han sido alteradas por efecto de la combustión.
15A partir de otras investigaciones (Arteaga et al., 2001) se sugieren dos rasgos importantes que permiten identificarlas: (1) Alteración térmica del sustrato sedimentario delimitado y uniforme, marcado por una variación cromática y por el grado de compactación del sedimento; (2) Presencia de residuos de combustión, como cenizas, carbones y material cultural alterados térmicamente dispuestos en un grado de orden latente o evidente.
16Las estructuras de combustión son las más comunes y se dividen en tres grupos: fogones (65 casos), hornos (5 casos) y braseros, que a su vez nos permiten proponer ocho tipos (fig. 6). Los braseros corresponden a un tipo de fuego portátil o mueble que podría estar destinado a funciones diferentes según los casos; por estas razones no se los incluye en los análisis estadísticos.
Figura 6 – Esquema con secciones de los tipos de estructuras de combustión Tipo A. Fogón tipo fosa: fogón tipo fosa simple (A1), fogón tipo fosa de paredes verticales (A2), fogón tipo fosa simple con borde (A3) y fogón tipo fosa de paredes verticales con borde (A4); Tipo B. Fogón de estructura rectangular (B1); Tipo C. Fogón adosado al muro: fogón adosado al muro sin borde (C1) y fogón adosado al muro con borde (C2); Tipo D. Fogón plano (D1); Tipo E. Fogón atípico o diverso (E1); Tipo F. Horno alfarero (F1); Tipo G. Horno orfebre: horno de fusión con chimenea (G1), horno de fusión cerrado (G2) y horno de recocido (G3); Tipo H. Brasero (H1)
17Los fogones son el grupo de estructurasmás común (fig. 7). Se trata de un fuego abierto estructurado y construido en un espacio diferenciado de la vivienda, llamado cocina. La cocina, como espacio contenedor, puede estar parcial o totalmente techada, con el fin de generar la ventilación y fluido del aire. Todos los casos presentaban relleno de cenizas y carbones, con fragmentos de cerámica, lítico y restos orgánicos.
Figura 7 – Porcentaje de las formas según subtipo registradas en el total de la muestra
Aumentar Original (jpeg, 96k)
18Haciendo una división en nueve lados del ambiente contenedor (fig. 8), notamos que los fogones se distribuyen recurrentemente en la parte central (26,2%), seguido por el centro-este (24,6%), norcentral (13,8%), suroeste (10,8%), surcentral (9,2%) y centro-oeste (4,6%). Además, el 63,1% del total de la muestra no está adosado a un muro, mientras el 36,9% restante sí (fig. 9). Es notable, también, que el 67,7% de los casos están orientados de sur a norte, mientras el 32,3% restante está orientado de este a oeste (fig. 10).
Figura 8 – Distribución porcentual de los fogones al interior de los ambientes o espacios contenedores
Aumentar Original (jpeg, 108k)
Figura 9 – Porcentaje de los fogones según su asociación a los muros del espacio contenedor
Aumentar Original (jpeg, 136k)
Figura 10 – Porcentaje de los fogones según la orientación del eje mayor
Aumentar Original (jpeg, 120k)
19Los fogones, a partir de su forma arquitectónica y corte de perfil, se pueden dividir en: fogón tipo fosa (tipo A), fogón de estructura rectangular (tipo B), fogón adosado al muro (tipo C), fogón tipo plano (tipo D) y fogón atípico o diverso (tipo E).
Tipo A: fogón tipo fosa
20Este tipo es el más común de la muestra estudiada, está representado con 41 casos, equivalente al 58,6% del total de estructuras de combustión. Se han identificado 5 subtipos a partir de sus formas arquitectónicas más resaltantes: (A1) fogón tipo fosa simple, (A2) fogón tipo fosa de paredes verticales, (A3) fogón tipo fosa simple con borde, (A4) fogón tipo fosa de paredes verticales con borde.
Subtipo A1: fogón tipo fosa simple
21Este subtipo generalmente está ubicado en el centro del ambiente contenedor. Presenta una planta variable de forma elíptica, ovoide o rectangular con bordes cortados. Vista de perfil se trata de una fosa cavada en el piso de forma cóncava, cuya profundidad varía entre los 0,05 y 0,10 m. Con respecto al eje mayor está orientado de sur a norte en el 85% de los casos, con algunas variables menores de este a oeste (fig. 6 y 11).
Figura 11 – Vista norte-sur de los fogones de subtipo A1 (fg18 y fg19) registrados en el ambiente 35-11/12
Aumentar Original (jpeg, 584k)
22En la muestra se han identificado 21 casos, equivalentes al 30% (fig. 7; ver cuadro 1). En todos los casos el borde presenta alteración térmica, producto de la oxidación de los sedimentos por acción del calor, mientras la fosa presenta ceniza adherida a las paredes.
Subtipo A2: fogón tipo fosa de paredes verticales
23Este subtipo se diferencia del anterior por presentar una fosa de mayor profundidad (hasta 0,40 m). Particularmente son de planta rectangular con bordes cortados (figs. 6 y 12); sin embargo notamos casos tardíos, asociados a niveles superiores con planta elíptica u ovoide. Vista de perfil la fosa presenta las paredes ligeramente verticales con un fondo cóncavo. La totalidad de la muestra analizada está orientada de sur a norte; sin embargo, los fogones tardíos están particularmente orientados de este a oeste. Además en tres casos se ha definido áreas de evacuación de ceniza al sur. La muestra estudiada está representada por 5 casos, equivalentes al 7,1% (fig. 7; ver cuadro 1).
Figura 12 – Vista sur-norte del fogón de subtipo A2 (fg12) registrado en el ambiente 39-7
Aumentar Original (jpeg, 692k)
Subtipo A3: fogón tipo fosa simple con borde
24Se trata de un fogón excavado en el piso que forma una fosa o cubeta de poca profundidad (posiblemente una variante del subtipo A1). La fosa tiene una planta variable, entre elíptica y rectangular cuyo eje mayor está orientado típicamente de sur a norte (figs. 6 y 13). Se ubica generalmente en el centro del ambiente contenedor y en la mayoría de casos presentan un área de evacuación de ceniza al sur.
Figura 13 – Vista norte-sur del fogón de subtipo A3 (fg11) registrado en el ambiente 5-35
Aumentar Original (jpeg, 616k)
25Se han recuperado un total de ocho casos, equivalentes a 11,4% (fig. 7; ver cuadro 1). En todos los casos la fosa presenta dos filas de adobes asentadas sobre el piso del ambiente a lo largo del eje mayor de la fosa. Los adobes pueden estar dispuestos de cabeza y/o soga, de acuerdo al número de filas de adobes utilizado y están unidos con argamasa de barro y pachilla de fragmentos de cerámica. Los adobes pueden variar en tamaño y es muy típico notar el uso de adobes refractarios.
Subtipo A4: fogón tipo fosa de paredes verticales con borde
26Este subtipo arquitectónicamente es muy similar al subtipo A3, diferenciándose solo por la profundidad de la fosa, esto lo convierte en una variante del subtipo A2 (figs. 6 y 14). Este subtipo presenta el área de evacuación tanto al sur como al norte. Este subtipo está representado por 7 casos, equivalentes al 10% del total de la muestra (fig. 7; ver cuadro 1).
Figura 14 – Vista sur-norte del fogón de subtipo A4 (fg8) registrado en el ambiente 39-8
Aumentar Original (jpeg, 656k)
Tipo B: fogón de estructura rectangular
27Se caracteriza por presentar una estructura rectangular de adobes dispuestos de cabeza asentados en una pequeña plataforma sobre el piso (figs. 6 y 15). Este fogón se ubica al centro del espacio contenedor, cuyo eje mayor está orientado generalmente de este a oeste. El interior de la estructura funciona como cámara de combustión (vista las alteraciones térmicas observadas sobre las paredes); mientras los bordes y fondo están parcialmente oxidados. En ninguno de los casos se han registrado áreas de evacuación de ceniza anexa. La muestra está compuesta por 4 casos, equivalentes al 5,7% (fig. 7; ver cuadro 1).
Figura 15 – Vista oeste-este del fogón de subtipo B1 (fg6) registrado en el ambiente 27-9
Aumentar Original (jpeg, 740k)
Tipo C: fogón adosado al muro
28Este tipo fue diferenciado a partir de su asociación o adosamiento a los muros de los espacios contenedores. La asociación al muro es totalmente funcional, este funciona como chimenea y ayuda a evacuar los gases producidos en la combustión. Se han identificado catorce casos distribuidos en dos subtipos: (C1) fogón adosado al muro sin borde y (C2) fogón adosado al muro con borde
Subtipo C1: fogón adosado al muro sin borde
29Este subtipo se caracteriza por presentar una fosa poco profunda, particularmente de planta semicircular adosada a uno de los muros del ambiente que la contiene (figs. 6 y 16). La orientación de este subtipo es igual tanto de este a oeste como de sur a norte. Su asociación a los muros no es recurrente, puede estar en cualquiera de los cuatro muros que definan el espacio contenedor. El muro por lo general se encuentra oxidado, posiblemente por las altas temperaturas alcanzadas durante la combustión que hayan transformado el material o posiblemente se hayan empleado adobes refractarios. La muestra está conformada por doce casos, que equivalen al 17,1% del total de la muestra (fig. 7; ver cuadro 1).
Figura 16 – Vista norte-sur del fogón de subtipo C1 (fg17) registrado en el ambiente 5-22
Aumentar Original (jpeg, 600k)
Subtipo C2: fogón adosado al muro con borde
30Este subtipo podría ser una variante del subtipo anterior. Se diferencia por presentar borde de adobes adosados al muro (figs. 6 y 17). Los 2 casos registrados en la muestra —2,9%— (fig. 7; ver cuadro 1), se encuentran adosados al muro norte del ambiente contenedor y su eje mayor está orientado de este a oeste. Al igual que el caso anterior, el muro presenta huellas de la acción del fuego (estado de oxidación y hollín).
Figura 17 – Vista sur-norte del fogón de subtipo C2 (fg15) registrado en el ambiente 5-7
Aumentar Original (jpeg, 648k)
Tipo D: fogón plano
31Se trata de un tipo de fuego al aire libre, conocido actualmente como: fogata. Este tipo se caracteriza por estar sobre el piso del ambiente contenedor, que a menudo puede ser confundido como lentes de ceniza asociados a los rellenos de una ocupación. Sin embargo, se pueden distinguir al apreciar formas elípticas de suelo termo alterado, con orientación diversa y ubicados al centro del espacio contenedor (figs. 6 y 18).
Figura 18 – Vista sur-norte del fogón de subtipo D1 (fg14) registrado en el ambiente 5-19
Aumentar Original (jpeg, 748k)
32Este tipo de fogón no está documentado en la mayor parte de la muestra, posiblemente fueron descritos como simples «quemas» asociadas al piso; sin embargo, hemos logrado identificar cinco casos, equivalentes al 7,1% (fig. 7; ver cuadro 1).
Tipo E: fogón atípico o diverso
33En esta categoría hemos optado por incluir a los fogones cuyas formas no se incluyen en los tipos anteriores. En la muestra se ha registrado un solo caso atípico (fig. 7; ver cuadro 1). Sin embargo, existen otros casos únicos registrados en otros conjuntos y sectores del sitio, que no han sido considerados en nuestra muestra.
34Se trata de una fosa de planta elíptica y corte cóncavo, cuyo eje mayor está orientado de este a oeste (figs. 6 y 19). Se diferencia por presentar adobes refractarios al interior de la cámara de combustión y por debajo del nivel del piso. Además tiene un adobe en la parte superior que forma una bóveda, posiblemente presentaba pequeñas aberturas en la parte superior que eran utilizadas para que salga la lumbre y dé directamente en las bases de las ollas. En el lado este se ubica la entrada de combustible, mientras en la parte contraria el área de evacuación de residuos.
Figura 19 – Vista este-oeste del fogón de subtipo E1 (fg6) registrado en el ambiente 27-9
Aumentar Original (jpeg, 700k)
2. 1. 2. Los hornos
35Los hornos son un tipo de dispositivo empleado para alcanzar altas temperaturas que permiten transformar materiales como la arcilla, y para transformar elementos químicos sólidos como los metales. Los hornos son muy variados y están dispersos en todo el mundo. En nuestro caso, se han identificado dos tipos: horno alfarero (tipo F) y horno orfebre (tipo G).
Tipo F: horno alfarero
36Este horno se ubica en un espacio grande y abierto (posiblemente sin techar). La forma de la planta es generalmente circular con ligeras irregularidades en sus bordes por los procesos de posabandono (figs. 6 y 20). El horno presenta una cavidad no muy profunda y contiene un relleno de ceniza mezclado con material cultural de color grisáceo en sus límites y marrón rojizo en la parte central.
Figura 20 – Vista sur-norte del horno alfarero (Ho1), registrado en el ambiente 21-3
Aumentar Original (jpeg, 568k)
37La muestra estudiada identificó un solo tipo de horno de alfarero Moche (Ho1) en el CA21, equivalente al 1,4% del total de la muestra (fig. 7; ver cuadro 1); sin embargo, la evidencia en el sitio —aún reducida— nos presenta un total de cinco casos distribuidos en los dos talleres alfareros (CA21 y TAM).
Tipo G: horno orfebre
38Los hornos orfebres son estructuras de combustión muy diversa diseñadas para soportar altas temperaturas (1000-1200 °C). En su interior tiene lugar la fusión o recocido del mineral en metal. La muestra incluye todos los casos —hasta la fecha— reportados para el sitio. Estos se encuentran distribuidos en el CA7 (Ho1) y CA27 (Ho1, Ho2 y Ho3). El presente estudio nos ha llevado a clasificarlos en horno de fusión con chimenea (G1), horno de fusión cerrado (G2) y horno de recocido (G3).
Subtipo G1: horno de fusión con chimenea
39Este horno está compuesto por una chimenea de forma circular cuya construcción se hizo posible superponiendo nueve filas de adobes de manera circular, obteniendo un diámetro de 0,55 m y una altura de 1,20 m (figs. 6 y 21). Cerca de la base, el horno presentaba una pequeña abertura, que estaba tapada por un adobe esculpido. En el mismo nivel de la abertura presenta fragmentos de cerámica entre los adobes que sirvieron para controlar la temperatura (Fraresso, 2007).
Figura 21 – Vista sur-norte del horno de subtipo G1 (Ho1), registrado en el ambiente 7-15
Aumentar Original (jpeg, 512k)
40Internamente presentaba una capa de arena eólica de 0,60 m de espesor sobre una capa de arena mezclada con carbones de madera y pequeños fragmentos de mortero enrojecido por el calor. Los últimos 0,20 m eran más compactos, contuvieron más carbones y fragmentos oxidados de mortero mezclados con ceniza. El paramento interno de la estructura circular se encontraba altamente termo alterado, siendo más prominente en la parte inferior. Se trata de un caso único, equivalente al 1,4% (fig. 7; ver cuadro 1), registrado en el CA7 (Chapdelaine, 1998).
Subtipo G2: horno de fusión cerrado
41Este horno debió ser una pequeña fosa revestida por una gruesa capa de arcilla fina sin aditivos con una bóveda elaborada mediante aplicaciones sucesivas de paneles de arcilla y canales a manera de chimeneas en la parte superior (fig. 6). La presencia de fragmentos de cerámica de pasta gruesa con restos de metal en vitrificaciones respalda la hipótesis.
42Este subtipo no se ha conservado adecuadamente en el taller orfebre —CA27— (ver cuadro 1). Sin embargo debió tratarse de aquella estructura adosada al muro del ambiente 27-30. Este horno orfebre (Ho1) habría tenido la forma de aquellos registrados en Yécala (Makowski & Velarde, 1998) o Batán Grande (Shimada, 1994a).
Subtipo G3: horno de recocido
43Estos hornos están elaborados en el suelo, a manera de fogones del tipo fosa simple, de planta circular y pequeñas dimensiones (figs. 6 y 22). En la parte central de la estructura presentaban un adobe refractario. Estos hornos podrían confundirse con fogones, pero la presencia de restos de escoria, prills y toberas podría ayudar con su identificación. En la muestra podemos distinguir dos hornos de recocido en el taller orfebre Ho2 y Ho3, equivalentes al 2,4% del total de la muestra (fig. 7; ver cuadro 1).
Figura 22 – Vista sur-norte del horno de recocido (Ho2), registrado en el ambiente 27-30
Aumentar Original (jpeg, 576k)
2. 1. 3. Los braseros
44Los braseros fueron recipientes inmuebles hechos de cerámica donde se contenían brasas para ser trasladadas a cualquier dirección. Estos fueron vasijas de cerámica como los cuencos semiesféricos de base pedestal con o sin agarraderas tipo anillo a la altura del borde.
2. 2. Las concentraciones de ceniza
45Las concentraciones de ceniza son acumulaciones de cenizas y/o carbones que en ocasiones se encuentran mezclados con restos orgánicos (óseos, malacológicos y vegetales) y no orgánicos (lítico, fragmentos de adobes quemados, metales y cerámica). Estos podrían tratarse de depósitos de cenizas frías provenientes de la limpieza de los fogones. En la muestra hemos determinado 35 casos (ver cuadro 1).
46Estas se diferencian de las estructuras de combustión por ser muy irregulares y podrían ser áreas de desechos, botaderos o evacuación de ceniza que se generan en los diferentes tipos estructurados o incluso áreas de actividades relacionadas con el uso de las cenizas (fig. 23). El estudio demuestra que las concentraciones de ceniza no presentan suelos claramente alterados térmicamente u oxidados; sin embargo existen muchos casos de fogones abandonados y convertidos en áreas de desechos, lo cual puede dificultar la identificación de estos en un principio. Un caso particular fue registrado en el CA5, en un principio se creía que era un fogón (cc10); sin embargo el análisis espacial nos indica que fue abandonado y convertido en área de desecho (fig. 2).
Figura 23 – Vista norte-sur de una concentración de ceniza (cc3) registrada en el ambiente 5-13
Aumentar Original (jpeg, 580k)
47La mayoría de los casos corresponden a pequeños ambientes (depósitos) reutilizados como botadores. Sin embargo, un buen porcentaje corresponde a áreas de evacuación asociadas directamente a los fogones tipo fosa. Es importante registrar las áreas de evacuación como elementos independientes y distintos a la matriz de los fogones, pues el estudio arqueométrico podría revelarnos detalles sobre la microtemporalidad del depósito.
2. 3. Los testigos de incendio
48Los testigos de incendio son evidencias de paramentos oxidados o rasgos arquitectónicos quemados, tanto de espacios domésticos como de grandes edificios o templos. La muestra estudiada solo permitió identificar este tipo de evidencias en dos paramentos del Templo Viejo de Huaca de la Luna (ver cuadro 1). Los dos casos estudiados, a simple vista son totalmente distintos. El primero se trataría de una acumulación de combustible que permita consumirse totalmente como hojas o textiles. La quema «ritual» de estos desechos debió producir la alteración térmica del paramento (fig. 24). El segundo, en cambio, presenta evidencias de haberse quemado el techo (Gynerium sagitatum «caña brava»). Se puede apreciar in situ restos del techo quemado, así como improntas de cielo rasos totalmente oxidados (fig. 25).
Figura 24 – Vista sur-norte del testigo de incendio 2 registrado en la terraza 2 del último edificio del Templo Viejo de Huaca de la Luna
Aumentar Original (jpeg, 572k)
Figura 25 – Detalle del testigo de incendio 1 registrado en la plaza 2A del Templo Viejo de Huaca de la Luna
Aumentar Original (jpeg, 1,2M)
49La quema de arquitectura ha sido reportada para otros sitios Moche como Pampa Grande (Shimada, 1994a) y Cao Viejo (Quilter, 2008), relacionándola al abandono o clausura de un edificio (Guffroy et al., 1994). Sin embargo, recientes investigaciones nos muestran que este tipo de quemas podrían ser interpretadas como un praxis ritual que connota actos de limpieza o purificación de los espacios arquitectónicos (Chávarri & Mejía, 2011).
3. Discusión y comentarios generales
3. 1. Los fogones permanentes y temporales
50Los fogones fueron empleados para la cocción de alimentos y elaboración de bebidas (chicha); además es posible que estos estén asociados a actividades complementarias como la de integrar las relaciones sociales de la familia en rituales de culto.
51Los fogones del tipo A son los más abundantes en nuestro estudio, por lo que optamos por hacer hincapié en el tamaño, según el eje mayor. El 31,7% de la muestra son medianos, entre 1,01 y 1,50 m, seguido por los pequeños menores a 1 m (26,8%), grandes entre 1,51 y 2 m (17,1%), muy grandes entre 2,01 y 2,50 m (14,6%) y en menor proporción extra grandes mayores a 2,51 m (9,8%). Estas proporciones nos hacen sugerir que existe una estandarización de este tipo entre el 1,01 m y 1,50 m. Con respecto al eje menor, se tomó en cuenta el ancho de la cámara de combustión. Este varía entre los 0,30 y 0,70 m y es irregular con respecto a la dimensiones del eje mayor. Existe la posibilidad de que mientras más ancha era la cámara, mayor era el tamaño de las vasijas que se empleaban en la cocción y, por lo tanto, empleaba más cantidad de combustible. Esto denota una alta producción de alimentos y/o bebidas.
52Los diferentes casos conservados de fogones del tipo A permiten identificar cuatro partes arquitectónicas: (1) La fosa, que funciona como cámara de combustión donde se coloca el combustible sólido (leña) y es quemada en el proceso de ignición; (2) Las estructuras de adobes, que sirven para sostener vasijas de gran tamaño y preparar alimentos y/o bebidas; (3) La entrada de combustible, es la parte por donde la persona puede avivar el fuego introduciendo más combustible o aire; (4) El área de evacuación, que se ubica al otro extremo de la entrada de combustible, por lo general sirve para evacuar la ceniza, restos de carbón o comida que se acumulan al interior de la cámara de combustión.
53Los fogones de Tipo B son poco comunes, pero imponentes al interior de las cocinas del núcleo urbano. Particularmente están asociados a cocinas con presencia de vasijas in situ de gran tamaño (tinajas), lo que sugiere su función exclusiva para la preparación de chicha; además sus dimensiones (mayores a 2 m de largo) respaldan su asociación a la producción masiva de bebidas.
54Con respecto a los fogones de Tipo C, doce casos fueron registrados en posibles áreas de cocción de alimentos y/o bebidas, mientras dos casos estuvieron asociados a un patio con banqueta, lo cual sugiere que fueron empleados como espacios temporales para calentar alimentos y/u otra actividades que deben ser aclaradas en futuras investigaciones.
2 Las últimas investigaciones al interior del templo viejo de huaca de la Luna están reportando una d (…)
55Otro caso particular son los fogones de Tipo D, todos los casos registrados no estaban asociados a alguna cocina, sino a patios o antesalas. Esto sugiere la posibilidad de haber sido empleado como calefacción, alumbramiento u otra actividad desconocida. Sin embargo, no se puede descartar el uso secundario de cocción de alimentos hasta no realizar un estudio químico de los sedimentos que demuestren la ausencia de esteroles de animales (March et al., 1989). De esta manera nuestra propuesta ha sido elaborada desde una perspectiva netamente arquitectónica, cuya función específica deberá ser corroborada en futuras investigaciones analíticas2.
56A partir del trabajo etnográfico elaborado en cocinas modernas en los valles de Moche y Virú (Castillo, 2012), podemos sugerir que los fogones del subtipo A1, A2 y C1 serían fogones temporales y empleados en eventuales celebraciones para abastecer un mayor número de comensales o asistentes al interior de las residencias Moche. Estos debieron ser, en su estado original (antes del abandono), como los fogones del subtipo A3, A4 y C2 respectivamente. El dato etnográfico nos hace pensar que las cocineras preparaban el espacio donde colocarían sus fogones temporales, teniendo en cuenta la ventilación, iluminación y facilidad de circulación al interior de la cocina (fig. 26).
Figura 26 – Vista oeste-este de un fogón temporal registrado al exterior de una vivienda en el sector Huaca Larga (valle de Virú)
Aumentar Original (jpeg, 1,2M)
57En el caso que la cocina contara con un fogón permanente, este sería el de mayor importancia y el que mayor grado de alteración térmica presente en los adobes a causa de la constante combustión (fig. 27). Sin embargo, es de notar en los fogones modernos que los adobes solo logran oxidarse en la cara interna de la cámara de combustión; mientras los fogones moches, en su mayoría, presentan los adobes totalmente oxidados.
Figura 27 – Vista oeste-este de un fogón permanente al interior de una vivienda en Virú Pueblo (valle de Virú)
Aumentar Original (jpeg, 992k)
58¿Se puede sugerir un posible conocimiento, por parte de los Moche, del manejo y control del calor al emplear adobes refractarios? De ser así, habría que plantear la posibilidad de un espacio en la ciudad Moche destinado a la elaboración de adobes crudos y en menor escala quemados o refractarios. La evidencia en los hornos alfareros registrados hasta la fecha demuestra que fueron básicamente para cerámica ritual (Uceda & Armas, 1997) y abalorios (Chiguala et al., 2007), mas no para cocción de adobes. Otra alternativa podría ser la preparación de estos adobes al interior de los mismos fogones; esto deberá ser verificado en futuras investigaciones experimentales. Para finalizar el tema de los adobes refractarios, es evidente también la reutilización de estos en cámaras funerarias (Zavaleta et al., 2011) y como parte del montaje o remodelación de muros de las viviendas Moches (Meneses et al., 2012).
3. 2. Los hornos alfareros de Moche
59El trabajo etnográfico realizado en Mórrope (Shimada, 1994b) sugiere que los hornos suelen encontrarse en áreas cercanas, algunas veces adyacentes a sus talleres. Los hornos abiertos de Mórrope alcanzan temperaturas por encima de 800 a 850 °C con la que consiguen la cocción completa de grandes tinajas y pequeñas vasijas. La mayoría de talleres están diseñados para la manufactura de cerámica, pero existe la presencia y uso ocasional de fogones demarcados por adobes que sirven para calentar agua o para realizar actividades culinarias de pequeña escala.
60Las vasijas a oxidar deben ser transportadas desde un lugar cercano al horno para ser precalentadas colocándolas sobre un promontorio de estiércol seco o a lo largo de este. La carga del horno se logra colocando leña en el fondo del horno, luego van las vasijas precalentadas en posición vertical y cubiertas completamente con leños de zapote y algarrobo, en la base se colocan tiestos grandes y pesados, y en la cima solo tiestos pequeños y livianos. Finalmente, la capa de tiestos es cubierta por estiércol, dejando una abertura en los extremos del horno para fines de iluminación.
61Los hornos alfareros Moche presentan características similares a las reportadas en Mórrope. Esto respalda que estos hornos fueron abiertos y empleados para transformar objetos de arcilla en piezas de cerámica a gran escala (Uceda & Armas, 1997; Chiguala et al., 2007).
3. 3. El uso de los hornos orfebres
62Con respecto a los hornos de fusión,los cronistas reportan el uso de sopladores para abastecer de aire el horno donde se funden metales (Benzoni, 1968; De la Vega, 1991). Estos sopladores han sido materializados en la iconografía Moche (Donnan, 1998). El cuenco reportado se caracteriza por figuras modeladas dispuestas alrededor de una estructura en forma de cúpula hueca. Presenta tres personajes usando sopladores para introducir aire dentro del horno; mientras que el cuarto personaje está manipulando uno de los objetos que está encima de la cúpula. En la parte alta del horno se encuentran el carbón, dos objetos en forma de «T» que podrían ser preformas de tocados, lingotes o láminas de metal que están en proceso de fundición o recocido para el trabajo del laminado; además de otros dos objetos redondeados no identificados que podrían ser preformas de máscaras.
63Los sopladores habrían avivado el fuego del horno a través de los tubos de caña revestidos con toberas de cerámica, esto con el fin de obtener altas temperaturas. El cuarto personaje tiene un objeto en las manos que posiblemente sirvió para retirar las piezas de metales y llevarlas al martillado. La presencia de otros cuencos con cúpula hueca en su interior descartan la idea de que el horno orfebre haya presentado esa forma (Donnan, 1998).
64Esta misma escena está representada en los murales asociados tanto en el tema complejo de Huaca Cao, complejo El Brujo (Franco & Vilela, 2003), como al reciento esquinero de la Plaza 1 de Huaca de la Luna (Tufinio, 2005). Cabe resaltar que la escena representada en la Huaca de la Luna no es lo suficientemente clara, pero guarda cierta similitud a la representada en la Huaca Cao.
65El análisis comparativo de ambas escenas nos demuestra que el personaje de la derecha está soplando a través de un tubo (posiblemente de caña) para avivar el calor dentro de una pequeña estructura en forma de cúpula. Mientras el personaje de la izquierda presenta el brazo izquierdo levantado como en posición de dar golpe. Estos personajes dan la clara impresión de ser el primero un metalurgista fundidor y el segundo un orfebre deformador (Fraresso, 2007).
66Las representaciones anteriormente descritas parecen ser similares, las tres representaciones enseñan personajes sopladores; además de un personaje orfebre deformador, el cual sugiere que se habría estado representado un horno de recocido, donde se calentaba el metal para ser luego deformado. En la muestra estos hornos están asociados a un horno de fundición cuya asociación al muro sugiere que fue ideal para los orfebres, puesto que habría sido el lugar más oscuro del ambiente y habrían mantenido una mejor lectura del metal fundido (Fraresso, 2010).
3. 4. El fuego portátil
67Hasta la fecha se desconoce el uso de recipientes especiales para este uso, es más, no se ha realizado un análisis del interior de las vasijas para deducir rasgos conservados de ceniza o quema antes del abandono. Partiendo de la información bibliográfica, se ha identificado una representación de uso de fuego portátil en la iconografía mural de la sociedad Moche.
68Se trata de un mural polícromo ubicado en el templo de Pañamarca, valle de Nepeña (Bonavia, 1961; 1985). A pesar de la destrucción que ha sufrido el sitio se pudo identificar una escena ritual de sacrificio humano que se describe a continuación.
69Esta escena representa una variante del tema de la presentación descrita con mucho detalle por Donnan (1975). Para nuestros fines solo vamos a detenernos en la escena del primer acompañante de la sacerdotisa que lleva la copa con la sangre del sacrificado (fig. 28). Es posible que lo que sostiene en la mano izquierda sea un cuenco con base anular, del cual desprende una flama y que el recipiente fuera empleado para sostener el fuego portátil a manera de braseros o sahumerios similares a los empleados por la sociedad Tiahuanaco (Berenguer, 2000). Los sahumadores Tiahuanaco fueron muy típicos y parte de la parafernalia alfarera junto con los keros y huaco-retratos; sin embargo en la sociedad Moche se desconoce o se ha investigado poco para saber si las actividades rituales estuvieron acompañadas de incensarios o sahumerios que le den un mayor realce.
Figura 28 – Detalle del acompañante 1 portando un brasero, iconografía mural del edificio de Pañamarca
70La etnohistoria presenta detalles sobre incensarios empleados en ceremonias rituales de México (Acosta, 1590). El cronista menciona que los sacerdotes portaban un incensario en la mano lleno de brasa, el cual tomaba del brasero o fogón que ardía ante el altar, mientras en la otra mano llevaba una bolsa de incienso, con el cual incensaban a los ídolos con mucha recurrencia. Si bien es cierto, Acosta brinda detalles de la forma cómo eran utilizadas estas vasijas, no queda claro cuál fue el tipo o formas de estas.
71La portabilidad de estos objetos sugiere que debió ser un recipiente pequeño de pasta fina, cuya base pedestal fue propicia para sostenerla con una de las dos manos, mientras la otra mano quedaba libre para abastecer de pequeños carbones y/o incienso. El análisis en microscópico de la parte interior de los cuencos con hollín deberá corroborar la hipótesis; así como el cuidadoso registro de nuevas formas registradas en investigaciones posteriores.
72Posiblemente debieron existir otros medios de iluminación fija o portátil; estos podrían ser antorchas o lámparas encendidas con una mecha empapada en vegetales, grasas animales o aceites vegetales que no se han conservado hasta nuestros días (Lieberherr, 2006).
Conclusiones
73La variedad de formas de estructuras de combustión registradas en los diferentes componentes del complejo arqueológico huacas del Sol y de la Luna, nos ha permitido proponer un primer ensayo de tipología, estableciendo tres tipos básicos: los fogones, hornos y braseros. Siendo los fogones el más dominante, representado por el subtipo fosa. A estos tipos de estructuras de combustión debemos agregar dos categorías más, una son las áreas de desechos, a las que hemos denominado concentraciones de ceniza y, la segunda, son los testigos de incendio en arquitectura monumental.
74A partir del análisis contextual de las estructuras de combustión y los espacios arquitectónicos asociados, así como los estudios etnohistóricos y etnográficos de las comunidades campesinas de Moche y Virú, hemos propuesto una primera aproximación a las funciones de estos diversos tipos de estructuras de combustión. De este modo, hemos propuesto que los fogones tipo fosas han servido para la cocción de alimentos y producción de chicha; los hornos relacionados a la cocción de cerámica y un caso especial de horno con chimenea que habría funcionado para la fusión de metales; además de pequeños hornos de recocido. Asimismo debieron existir formas de fuego portátil como los braseros relacionados con ceremonias rituales. Esta primera aproximación deberá ser confirmada o modificada con estudios sobre los procesos de formación y transformación de estas estructuras mediante análisis físicoquímicos (CG_MS – CG_C_IRMS, difraccion de rayos X, espectrometría Mossbaüer, ICP-MS) (March, 2013; March et al., 2014). Estos deberán estar orientados a la caracterización de los elementos orgánicos e inorgánicos presentes, así como a definir las fases minerales, su estado de alteración y las temperaturas alcanzadas durante el funcionamiento de los fogones, estudios antracológicos (para definir la naturaleza de los combustibles y su modo de utilización) y micromorfológicos (Guffroy et al., 1994); así como ensayos experimentales que nos permitan definir su modo de funcionamiento y su función de una manera más precisa. Además de entender la duración de sus respectivas utilizaciones (March et al., 2010; 2014). Estudios que esperamos realizar en colaboración con la Universidad de Rennes 1 y el UMR 6566 del CNRS.
Bibliografía
Los DOI están añadidos automáticamente a las referencias por Bilbo, la herramienta de anotación bibliográfica.
Los usuarios de las instituciones quienes suscriben a unos de nuestros programas Freemium de OpenEdition pueden descargar las referencias bibliográficas para las cuales Bilbo encontró un DOI.
ACOSTA, J. de, 1590 – Historia natvral y moral de las Indias, en las que se tratan las cosas notables del cielo, y elementos, metales, plantas, y animales dellas; y los ritos, y ceremonias, leyes, y gouierno, y gueras de los Indios, 535 pp.; Sevilla: Casa de Juan de León.
ARMAS, J., HUANCA, J., & SÁNCHEZ, R., 2007 – El conjunto arquitectónico 9: caracterización de la ocupación. In: Investigaciones en la Huaca de la Luna 2001 (S. Uceda, E. Mujica & R. Morales, eds.): 195-204; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
ARTEAGA, I., ALLUÉ, E., PASTÓ, I., VALLVERDÚ, J., & CARBONELL, E., 2001 – Els fogars del Peleolitic Mitjà de Lábric Romaní (Capellades, Anoia). Cypsela, 13: 13-29.
BAR-YOSEF, O., CAVALLI-SFORZA, L., MARCH, R. J., & PIPERNO, M., 1996 – Colloquia 5. The Lower and Middle Paleolithic, Colloquium IX: The study of human behavior in relation to fire in archaeology: new data and methodologies for understanding prehistoric fire structures et Colloquial X The origin of modern man XIII International Congress of prehistoric and protohistoric sciences, 8/14 September 1996, 272 pp.; Forli: M. Editors.
BERENGUER, J., 2000 – Tiwanaku. Señores del lago sagrado, 107 pp.; Santiago de Chile: Museo Chileno de Arte Precolombino & Banco Santiago.
BENZONI, J., 1968 – La historia del nuevo mundo, 77 pp.; Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
BONAVIA, D., 1961 – A mochica painting at Panamarca, Peru. American Antiquity, 26 (4): 540-543.
BONAVIA, D., 1985 – Mural painting in ancient Peru, xi+224 pp.; Bloomington: Indiana University Press.
Bourdieu, P., 1980 – Le sens pratique, 475 pp.; París: Editions de Minuit.
DOI : 10.3406/arss.1976.3383
CASTILLO, F., 2012 – Estructuras de combustión. Tipología e implicancias en la modelización del espacio del Núcleo Urbano Moche, 327 pp.; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo. Tesis de Licenciatura.
CHAPDELAINE, C., 1998 – Excavaciones en la zona urbana de Moche durante 1996. In: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1996 (S. Uceda, E. Mujica & R. Morales, eds.): 85-115; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Libertad.
CHÁVARRI, H. & MEJÍA, J., 2011 – Excavaciones arqueológicas en Plaza 2a – temporada 2010. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, Informe técnico 2010 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 125-146; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
CHIGUALA, J., GAMARRA, N., GAYOSO, H., PRIETO, G., RENGIFO, C. & ROJAS, C., 2012 – Dinámica ocupacional del Conjunto Arquitectónico 27. Núcleo urbano del Complejo Arqueológico Huacas del Sol y La Luna. In: Investigaciones en la Huaca de la Luna 2003 (S. Uceda, E. Mujica & R. Morales, eds.): 101-169; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
CHIGUALA, J., RODRÍGUEZ, F., MORALES, A., SOTO, P., LÓPEZ, M. & GÓMEZ, J., 2007 – Áreas de actividad del Conjunto Arquitectónico 21 y su integración al Bloque Constructivo N.° 2. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, Informe técnico 2006 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 89-155; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
DE LA VEGA, I. G., 1991 – Los comentarios reales de los Incas, 2 t., 880 pp.; Lima: Fondo de Cultura Económica.
DONNAN, C., 1975 – The thematic approach to Moche iconography. Journal of Latin American Lore, 1 (2): 147-162; Los Ángeles: Latin American Center, University of California.
DONNAN, C., 1998 – Un ceramio moche y la fundición prehispánica de metales. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino, n.° 7: 9-18.
FRANCO, R. & VILELA, J., 2003 – Aproximaciones al calendario ceremonial mochica del complejo el brujo, valle Chicama. In: Moche: hacia el final del milenio (S. Uceda & E. Mujica, eds.): 383-423; Lima: Universidad Nacional de Trujillo, Pontificia Universidad Católica del Perú. Actas del Segundo Coloquio sobre la Cultura Moche (Trujillo, 1 al 7 de agosto de 1999).
FRARESSO, C., 2007 – L’usage du métal dans la parure et les rites de la culture Mochica (150-850 AP J-C.), Pérou, 596 pp.; Bordeos: Université Michel de Montaigne de Bordeaux 3. Tesis doctoral.
FRARESSO, C., 2010 – Estudio arqueometalúrgico de un taller de transformación de cobre y de aleaciones tumbaga en el sitio de huacas de Moche. Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines, 39 (2): 351-387.
DOI : 10.4000/bifea.2001
FrÈre-Sautot, M-C., Vicherd, G., Villes, A., Bontemps, C. & Chastel, J., 2003 – Le Feu domestique et ses structures au Néolithique et aux âges des métaux: Actes du colloque de Bourg-en-Bresse et Beaune, 7 et 8 octobre 2000, 560 pp.; Montagnac: M. Mergoil.
GAYOSO, H., 2010 – Excavaciones en los CA 39 y 43 o Bloque Arquitectónico 4: un espacio de fiesta en El núcleo Urbano de Huacas del Sol y de la Luna. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Informe Técnico 2009 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 397-432; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
Goudsblom, J., 1992 – Fire and Civilisation, 247 pp.; London: Ed. Allen Lane The Penguin Press.
GUFFROY, J., MARCH, R., & WATTEZ, J., 1994 – Les structures et produits de combustion. In: Cerro Ñañañique: Un établissement monumental de la période formative, en limite de désert (Haut Piura, Pérou) (J. Guffroy, ed.): 137-166; París: Ed. ORSTOM.
LEROI-GOURHAN, A., 1964 – Le geste et la parole vol. I: Technique et Langage, 323 pp.; París: Ed. Albin Michel.
LEROI-GOURHAN, A. & Brézillon, M., 1972 – Fouilles de Pincevent, essai d’analyse ethnographique d’un habitat magdalénien, 2 vols., 331 pp.; París: CNRS 2.
Levi-Strauss, C., 1964 – Le cru et le cuit, 402 pp.; París: Ed. Plon.
LIEBERHERR, R., 2006 – Le feu domestiqué, usage et pratiques dans l’architecture mondiale, 54. Établissement Humains et Environnement Socio-Culturel. Propuesta de Aubry para el estudio de la arquitectura vernacular, 156 pp.; París: Unesco.
MAKOWSKI, K. & VELARDE, M. I. 1998 – Taller de Yécala (siglo III/IV): observaciones sobre las características y organización de la producción metalúrgica Vicús. Boletín Museo de Oro, vol. 41: 99-118.
MARCH, R. J., 2002 – Il controllo del fuoco, in Il Mondo dell‚ Archeologia, vol. II. Enciclopedia Italiana Treccani: 807-812.
MARCH, R. J., 2013 – Searching for the Functions of Fire Structures in Eynan (Mallaha) and their Formation Processes: a Geochemical Approach. In: Natufian Foragers in the Levant: Terminal Pleistocene Social Changes in Western Asia (O. Bar-Yosef & F. Raymond, eds.): 227-284; Ann Arbor, Michigan. Archaeological Series 19 International Monographs in Prehistory.
MARCH, R. J. & WÜNSCH, G., 2003 – Loupes et lentilles obscures: à propos de la fonction des structures de combustion. In : Le feu domestique et ses structures au néolithique et aux âges des métaux (M. Mergoil, ed.): 311-318. Actes du colloque Bourg-en-bresse 7 octobre 2000, Beaune 8 octobre 2000.
MARCH, R. J., BALDESSARI, A. & GROSS, E., 1989 – Determinación de compuestos orgánicos en estructuras de combustión arqueológicas. Memoires du Musée de Préhistoire D’Ile de France, 2: 47-58.
MARCH, R. J., MUHIEDDINE, M. & CANOT, E., 2010 – Simulation 3D des structures de combustion préhistoriques. Archéovision, 4: 29-39. Actes du colloque virtual retrospect 2009 Session 1.
MARCH, R. J., LUCQUIN, A., JOLY, D., FERRERI, J. C. & MUHIEDDINE, M., 2014 – Processes of formation and alteration of archaeological fire structures: views on complexity based on experimental approaches. Journal of archaeological method and theory, volumen 21, issue 1, March 2014: 1-47.
MENESES, J., CASTILLO, F., FIGUEROA, M., GARCÍA, M., GÓMEZ, B., TORRES, J., VELÁSQUEZ, V. & VILLANUEVA, L., 2011 – El Bloque Arquitectónico 4: una residencia de élite durante el moche tardío del complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Informe Técnico 2010 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 179-283; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
MENESES, J., CASTILLO, F., TORRES, L., RÍOS, J., LA ROSA, V., SANTISTEBAN, S. & ZÚÑIGA, V., 2012 – Conjunto Arquitectónico 5: Definiendo una nueva residencia en la parte sur del Núcleo Urbano Moche. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Informe Técnico 2011 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 309-392; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
OLIVE, M. & TABORIN, Y., 1989 – Nature et fonction des foyers préhistoriques. Actes du colloque international de Nemours, 12-13-14 mai 1987, 334 pp.; Nemours: Association pour la promotion de la recherche archéologique en Ile de France.
ORBEGOSO, M., GÓMEZ, J., CHUMBE, L., RAMÍREZ, L. & BARBOZA, S., 2011 – Excavaciones en el Frontis Norte y en la Plaza 1 de Huaca de la Luna. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, Informe técnico 2010 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 51-124; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
QUILTER, K., 2008 – Art and Moche Martial Arts. In: Moche Art and Archaeology in Ancient Peru(S. Bourget & K. Jones, eds.): 215-228; Austin: University of Texas Press.
SEOANE, F., CAMPAÑA, V., CASTILLO, F., CHUMBE, L., MEJÍA, J. & GAMBOA, P., 2010 – El Conjunto Arquitectónico N.° 42 y los bloques arquitectónicos en el Núcleo Urbano Moche. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Informe Técnico 2009 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 305-395; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
SHIMADA, I., 1994a – Pampa Grande and the Mochica Culture, 341 pp.; Austin: University of Texas Press.
SHIMADA, I., 1994b – La producción de cerámica en Mórrope, Perú: Productividad, especialización y espacio vistos como recursos. In: Tecnología y organización de la producción de cerámica prehispánica en los andes (I. Shimada, ed.): 295-320; Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
SOLER, B., 2003 – Estudio de las estructuras de combustión prehistóricas: una propuesta experimental. Cova Negra (Xàtiva, Valencia), Ratlla del Bubo (Crevillent, Alicante) y Marolles-sur-Seines (Bassin Parísien, Francia); xii+163 pp.; Valencia: Servicio de Investigación Prehistórica.
TUFINIO, M., 2005 – Excavaciones en el Frontis Norte y Plaza 1 de Huaca de la Luna. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, Informe técnico 2004 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 57-92; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
UCEDA, S., 2010 – Los contextos urbanos de producción artesanal en el complejo arqueológico de las huacas del Sol y de la Luna. Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines, 39 (2): 243-297.
UCEDA, S. & ARMAS, J., 1997 – Los talleres alfareros en el centro urbano Moche. In: Investigaciones en la Huaca de la Luna 1995 (S. Uceda, E. Mujica & R. Morales, eds.): 93-103; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Libertad.
Wrangham, R. W., 2009 – Catching Fire How cooking made us human, 320 pp.; London: Profile Books.
Wright, L., 1966 – Los fuegos del hogar. De la hoguera prehistórica a la cocina y a la calefacción de hoy, 237 pp.; Barcelona: Ed. Noguer S. A.
ZAVALETA, E., ZAPATA, C., AFÁ, G., AVILENO, D., MONTALVO, J., ROBLES, A., ROMÁN, C., ZAGASTIZÁBAL, D., 2011 – Arquitectura y actividades productivas en el CA 44 durante el moche tardío en el Complejo Arqueológico Huacas del Sol y la Luna, Valle de Moche. In: Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna. Informe Técnico 2010 (S. Uceda & R. Morales, eds.): 285-371; Trujillo: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
Inicio de página
Notas
1 Los estados arcaicos están íntimamente relacionados con la presencia de centros urbanos, muchas veces del tipo ciudad. En las ciudades, una de las características fundamentales es la presencia de especialistas que requieren espacios y estructuras arquitectónicas específicas donde desarrollar sus actividades productivas. En este sentido, la presencia de estos artesanos especializados requiere además de estructuras de combustión muy variadas; por lo que esperamos encontrar en el registro arqueológico una mayor diversidad de estas estructuras, de acuerdo a las actividades de cada especialista. Es decir, esperamos que las estructuras de combustión para un ceramista que hace cocción reductora sean diferentes de aquel que hace una cocción oxidante; lo mismo debe ser para un metalurgista o un orfebre.
2 Las últimas investigaciones al interior del templo viejo de huaca de la Luna están reportando una diversidad de fogones planos y atípicos que merecen también su atención en futuras interpretaciones.
Inicio de página
Índice de ilustraciones
Título
Figura 1 – Plano general del Complejo Arqueológico Huacas del Sol y de la Luna
Figura 6 – Esquema con secciones de los tipos de estructuras de combustión Tipo A. Fogón tipo fosa: fogón tipo fosa simple (A1), fogón tipo fosa de paredes verticales (A2), fogón tipo fosa simple con borde (A3) y fogón tipo fosa de paredes verticales con borde (A4); Tipo B. Fogón de estructura rectangular (B1); Tipo C. Fogón adosado al muro: fogón adosado al muro sin borde (C1) y fogón adosado al muro con borde (C2); Tipo D. Fogón plano (D1); Tipo E. Fogón atípico o diverso (E1); Tipo F. Horno alfarero (F1); Tipo G. Horno orfebre: horno de fusión con chimenea (G1), horno de fusión cerrado (G2) y horno de recocido (G3); Tipo H. Brasero (H1)
Fuente:
Referencia en papel
Feren Castillo Luján, Santiago Uceda Castillo y Ramiro Javier March, «El uso del fuego en el complejo arqueológico de las huacas del Sol y de la Luna, Perú. Un primer ensayo de tipología de las áreas de combustión», Bulletin de l’Institut français d’études andines, 44 (1) | 2015, 53-59.
Referencia electrónica
Feren Castillo Luján, Santiago Uceda Castillo y Ramiro Javier March, «El uso del fuego en el complejo arqueológico de las huacas del Sol y de la Luna, Perú. Un primer ensayo de tipología de las áreas de combustión», Bulletin de l’Institut français d’études andines [En línea], 44 (1) | 2015, Publicado el 08 mayo 2015, consultado el 09 septiembre 2025. URL: http://journals.openedition.org/bifea/7425; DOI: https://doi.org/10.4000/bifea.7425
La Zona Arqueológica Monumental de Cabeza de Vaca se emplaza en el valle bajo y en la margen izquierda del río Tumbes, en un punto de confluencia de las colinas y la planicie litoral. Tras ser incorporado al Imperio por el Inca Tupac Yupanqui, este sitio pasó a convertirse en la sede central de la costa norte del Tawantinsuyu y en uno de los asentamientos más importantes conectado al Qhapaq Ñan en esta región. Era, además, el destino final del Camino Inca de la Costa y el principal puerto de ingreso del spondylus proveniente del golfo de Guayaquil. La vía marítima se extendía hasta este golfo ecuatoriano (e incluso más al norte), siendo Tumbes el punto de partida y de llegada de las embarcaciones que transportaban preciadas valvas de spondylus.
Ruta ancestral del Qhapaq Ñan Zona Norte Ruta del Chinchaysuyu
CABEZA DE VACA
El Templo del Sol, en
Cabeza de Vaca, es
la mayor edificación
prehispánica en Tumbes.
En la región de Tumbes, la vía terrestre se desplaza desde la quebrada Cusco, en la montaña de los Amotapes, hasta Playa Hermosa en el litoral. Políticamente, el camino se localiza en los actuales distritos tumbesinos de San Jacinto y Corrales. Este tramo del Camino Inca alcanza casi 100 kilómetros de longitud siguiendo una dirección de sur a norte, con altitudes que oscilan desde los 1538 metros hasta el nivel del mar; a lo largo de la vía se han identificado sitios arqueológicos que tuvieron distintas funciones y jerarquías, siendo Cabeza de Vaca el más importante.
Como capital provincial o cabeza de provincia inca, el centro administrativo y ceremonial de Cabeza de Vaca concentró el poder estatal. Por ello, ahí se construyeron las mayores edificaciones estatales de poder distribuidas en un amplio núcleo urbano. El asentamiento estuvo conformado por grandes construcciones de barro y piedra, como el sitio de Soledad de Tambo, conocido también como Tambo Real de Pincos, es el asentamiento más extenso de la quebrada de Tambillos, y que funcionó como centro administrativo y ceremonial durante la época Inca. En el complejo se conserva el ushnu y numerosas estructuras anteriores a la ocupación inca, así como kallankas y kanchas que podrían corresponder al sector residencial. El asentamiento se ubica en una zona bastante favorable a la producción agrícola, asociado a un amplio sistema de terrazas que abarca el 32 % del área total de la quebrada.
Ubicación: la Zona Arqueológica
Monumental de Cabeza de Vaca
se encuentra ubicada 6 kilómetros
al suroeste de la provincia de
Tumbes, en el distrito de Corrales
(aproximadamente a 15 minutos en
auto desde la ciudad de Tumbes). Estancia recomendada: Día completo. Altitud: 18 msnm. Clima: cálido y semihúmedo. Temperatura mínima de 21 °C y
máxima de 31 °C. Época de lluvias: noviembre – abril.
El Camino Inca atraviesa el sitio de Soledad de Tambo y pasa al lado del ushnu, una gran plataforma escalonada que conserva en la parte superior un pozo de ofrendas de planta rectangular, elaborado con piedras finamente labradas al estilo Inca Imperial. Las investigaciones realizadas por el Proyecto Qhapaq Ñan han permitido determinar que el ushnu estuvo vinculado a lugares importantes de carácter ancestral, algunos alineamientos coinciden con los elementos geográficos sagrados, como los cerros tutelares Wiñaq, Anqo Raqu, Llalliraq y Pan de Azúcar, poniendo de manifiesto el paisaje ritual en la quebrada de Tambillos.
ACCESOS Y DISTANCIAS
Aéreo: de Lima a Tumbes, 1 hora
y 50 minutos.
Terrestre: de Lima a Tumbes, 20 horas
de camino, 1259 kilómetros de
carretera asfaltada.
Terrestre: de Tumbes a Corrales,
10 minutos y luego 5 minutos
más hacia Cabeza de Vaca.
La carretera se encuentra asfaltada,
adoquinada y también hay tramos
de trocha carrozable.
El distrito de Corrales se encuentra a
1,2 kilómetros (5 minutos) de la Zona
Arqueológica Monumental de Cabeza
de Vaca.
El sector denominado Colcas de Huaganco se encuentra integrado por trece depósitos de almacenamiento alineados en la parte alta de un promontorio rocoso; el lugar manifiesta una importancia simbólica, dado que, antes de la llegada de los incas habría funcionado como un sector funerario y de reverencias.
DATOS
Parque Nacional Cerros de Amotape:
a 36 kilómetros de la ciudad de Tumbes (1
hora y 20 minutos en auto). Reúne una gran
diversidad de flora (algarrobo, hualtaco,
charán, sapote, pasallo y guayacán) y
fauna (cóndor andino, tigrillo, venado
rojo, sajino, oso hormiguero norteño,
oso de anteojos, venado gris, ardilla
de nuca blanca y loro cabeza roja). Puede
visitarse durante todo el año, pero el
acceso es difícil en temporada de lluvias
(enero – marzo).
La atención es de lunes a domingo
(incluye feriados), previa gestión en las
oficinas del Servicio Nacional de Áreas
Naturales Protegidas (SERNANP),
en la avenida Panamericana Norte
1739, de lunes a viernes de 9:00 a.m.
a 1:00 p.m. y de 4:00 p.m. a 5:30 p.m. Se
recomienda contratar el servicio de una.
Tumbes fue anexado al Tawantinsuyu
por el inca Tupac Yupanqui, quien
instauró en Cabeza de Vaca la sede
principal de esta región para el dominio
del territorio y el comercio del spondylus.
Miguel de Estete señala: “(…) lo del
templo del sol, en quien ellos adoran
era cosa de ver, porque tenían grande
edificio, y todo él por dentro y de fuera
pintado de grandes pinturas y ricos
matices de colores, porque los hay en
aquella tierra” (Estete 1968 [1535]).
Siguiendo la ruta del Qhapaq Ñan se llega al sitio arqueológico de Huaritambo, conocido en crónicas antiguas como la “casa de Huayna Capac”, se trata de uno de los diez tambos reales ubicados entre Huánuco Pampa y Huamachuco. En el complejo destaca un conjunto de colcas o depósitos de almacenamiento asociados a un camino secundario. En los alrededores del complejo es posible observar diversas estructuras y distinguir una plaza, las kallankas y diversos edificios rodeados de campos de cultivo. Hacia el lado sureste se observa el sector mejor conservado, conformado por calles, recintos, patios y kanchas de la época Inca.
ACTIVIDADES
En la Zona Arqueológica Monumental
de Cabeza de Vaca se realiza el
servicio de guiado; también se puede
observar la fauna, la flora, los paisaje y
tomar fotografías. Costos de entrada:
Adultos: S/ 4, jóvenes y universitarios:
S/ 1 y niños: S/ 0,50. Entradas
especiales con 50 % de descuento:
adultos mayores: S/ 2, jóvenes con
discapacidad: S/ 0,50. OTROS ATRACTIVOS Y FESTIVIDADES Playa Zorritos: a 27 kilómetros de
la ciudad de Tumbes (30 minutos en
auto). Playa de arena fina y de oleaje
ideal para practicar tabla y pesca. Hay
alojamiento, restaurantes, tiendas,
Internet y mercadillo. Puerto Pizarro: a 13 kilómetros al norte
de la ciudad de Tumbes (15 minutos
en auto). Punto de partida para ir a los
manglares, ecosistema formado por
canales o esteros del río Tumbes. Es
refugio de una gran variedad de aves
y alberga un criadero de cocodrilos
tumbesinos (Crocodylus acutus). Para
visitar entre mayo y diciembre.
Santuario Nacional Manglares de
Tumbes: a 30 kilómetros al norte de la
ciudad de Tumbes. Es un ecosistema
rico en fauna silvestre. Reserva Nacional de Tumbes: a 51
kilómetros al noreste de la ciudad de
Tumbes. Para ingresar a ambos se debe
coordinar con el SERNANP, en la avenida
Panamericana Norte 1739, de lunes a
viernes de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. y de
4:00 p.m. a 5:30 p.m. Se recomienda
contratar una agencia de viajes.
La convocatoria para esta edición atrajo más de 200 nominaciones de todo el mundo.
El Qhapaq Ñan, Sistema Vial Andino declarado Patrimonio Mundial, que tiene su origen en el Perú y se extiende a Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador, ha sido incluido entre los 25 sitios culturales seleccionados para el Watch 2025.
La candidatura de la gran Red Vial Inca fue presentada en un trabajo conjunto de los seis países que integran el Qhapaq Ñan, destacando este camino como una red integradora que conecta comunidades en América del Sur, facilitando su comunicación, comercio e intercambio cultural.
Este sistema único atraviesa diversos ecosistemas, con altitudes que alcanzan los 6700 metros sobre el nivel del mar, consolidándose como una de las obras de infraestructura más extensas y diversas del mundo.
Asimismo, los campos agrícolas Waru Waru de Puno, también han sido seleccionados para el programa 2025 de la World Monuments Fund (WMF). Los Waru Waru de Puno es un sistema agrícola ancestral que combina ingeniería tradicional y adaptación humana a las llanuras aluviales del lago Titicaca.
Este sistema no solo representa una impresionante proeza de innovación, sino que también ofrece soluciones hacia la resiliencia y la seguridad alimentaria en el contexto del cambio climático.
Esta postulación fue presentada por la Asociación Aymara Suma Yapu, liderada por mujeres indígenas y la Dirección Desconcentrada de Cultura de Puno, con el objetivo de buscar estrategias proactivas y cooperativas para proteger el patrimonio cultural preservando nuestra historia y narrativa colectiva
En esta ocasión, por primera vez, se incluyó en el Watch 2025, al satélite natural de la tierra (Luna), destacando su importancia de reconocer y preservar los artefactos que testimonian los primeros pasos de la humanidad más allá de la Tierra.
“La inclusión de la Luna refleja la necesidad urgente de estrategias proactivas y cooperativas para proteger el patrimonio cultural, tanto en nuestro planeta como más allá, preservando nuestra narrativa colectiva”, señaló Bénédicte de Montlaur, presidenta y directora ejecutiva de WMF.
El Watch de la World Monuments Fund (WMF) es un programa de defensa basado en nominaciones, que destaca a 25 sitios culturales de todo el mundo –entre ellos dos del Perú en esta nueva nominación- que enfrentan desafíos críticos como el cambio climático, el turismo descontrolado, los conflictos armados y los fenómenos naturales.
La convocatoria para esta edición atrajo más de 200 nominaciones de todo el mundo, las cuales fueron sometidas a una rigurosa revisión por un panel independiente de expertos internacionales en patrimonio cultural.
El Dato
Hasta la fecha, el WMF ha contribuido con más de 120 millones de dólares a proyectos en casi 350 sitios del Watch, y la visibilidad proporcionada por el programa ha ayudado a comunidades locales a recaudar 300 millones de dólares adicionales de otras fuentes.
Unas de las actividades productivas más antiguas de la humanidad, incluso antes de la domesticación de las plantas, es nada menos que la práctica de organizar fibras vegetales en bellos tejidos; nos referimos a las actividades de cestería. Aunque en la actualidad representa una actividad económica relegada a las artesanías, en tiempos muy remotos de la humanidad fue crucial para la subsistencia y desarrollo cultural. Los registros arqueológicos más antiguos que se tienen provienen de los asentamientos paleolíticos de Moravia, República Checa, con una antigüedad que va de los 27000 a 29000 cal. AP. (Adovasio, 2010). Se trataba de impresiones en barro, donde se pudo identificar variedades de la técnica entrelazada; evidenciando un alto grado de desarrollo tecnológico alcanzado por la humanidad en sus inicios.
Autor: Rubén H. Buitron Picharde
Jefe del laboratorio del Complejo Arqueológico El Brujo
Fuente: Complejo Arqueológico El Brujo
Título original: Actividades económicas del antiguo Perú: La Cestería
En el caso de los Andes sudamericanos, a la fecha, los reportes más tempranos de cestería y cordelería se encuentran en la cueva de Guitarrero (Fig.1), ubicado en el Callejón de Huaylas. Los fragmentos de cestería entrelazada y cordelería fueron datados entre los 12800 y 10600 cal. AP. (Jolie et al., 2011). Según sus investigadores, los artefactos en fibra vegetal fueron parte del equipamiento esencial para el internamiento y dominio de las zonas altoandinas, por parte de los primeros grupos que poblaron esta parte del continente.
Fig.1. Fragmentos de cestería con técnica entrelazada descubierta en la Cueva de Guitarrero (Jolie et al., 2011)
En relación a la franja costera andina, los reportes de cestería más antiguos se encuentran en los sectores pre monticulares de la Huaca Prieta, Valle de Chicama. Las últimas investigaciones (Dillehay et al., 2017) han reportado fragmentos de cestería en junco, elaborados mediante dos variantes de la técnica del entrelazado, fechados para los 10.600 y 11.159 años cal. AP. Debido a lo tupido y rígido de los fragmentos se plantea hipotéticamente que hayan servido como trampas, parte de cestos para pescar o a modo de petate para el piso. Lo cierto es que su importancia reside en su vínculo con las actividades económicas de subsistencia a inicios del desarrollo humano.
Para los 3 000 a.C. la cestería y cordelería ya contaban con un desarrollo importante y distribución en gran parte del territorio Andino, prueba de ello es el cementerio arcaico de Chilca, pueblo 1, ubicado al sur de la ciudad Lima. En este sitio se descubrió una aldea y un cementerio, donde los petates y bolsos eran los artefactos más usados en sus fardos funerarios (Fig.2). De igual forma que en épocas posteriores, la técnica del entrelazado, en sus variantes abierta y espiral son las que más predominan (Engel, 1988). Acá podemos evidenciar que estos artefactos ya cubrían otras necesidades de la vida social como elaboración de casas, almacenaje, prácticas funerarias e incluso se pudo identificar artefactos en fibra vegetal con forma de animales a modo de juguetes.
Fig.2. Patrón funerario en Chilca, Pueblo1. Nótese el uso normalizado de petates en sus fardos funerarios (Engel, 1988).
El progresivo desarrollo de las sociedades prehispánicas elevó la demanda de artefactos de cestería, otorgándole un gran valor a las áreas naturales donde se extraían las materias primas. Nos referimos principalmente a las lagunas y humedales, lugares donde se recolectaba y cultivaba el junco (Juncus), la totora (Schoenoplectus californicus) y diversas especias de eneas. Según María Rostworowski (2016), la demanda de estas plantas para la elaboración de petates y cestas fue tan intensiva que, en 1654, el cacique de Huamán (Trujillo) solicitaban, al gobierno español, derechos sobre varias lagunas pantanosas para el cultivo de juncos.
Como hemos podido ver, la cestería cumplió un rol muy importante en la vida de las sociedades prehispánicas; pero además representa el antecedente directo de los textiles tal como los conocemos, una vez que el algodón es domesticado allá por los7800 cal AP (Rossen, 2011). Un ejemplo de lo que decimos son los textiles de algodón descubiertos en la Huaca Prieta. Fueron elaborados mediante las mismas técnicas entrelazadas de la cestería y datan de los 6200 cal AP (Splitstoser et al., 2016).
En relación a los procesos productivos implicados en la cestería, se tuvo cuatro pasos principalmente:
– Recolección: Nos referimos a la extracción de la materia prima, ya sea cultivada o no. Según estudios sobre el manejo de estas plantas en poblaciones modernas de la costa peruana (Aponte, 2009), indican que las fibras pueden ser recolectadas en humedales casi todo el año, aunque los pobladores modernos evitan los meses de verano para evitar plagas. Su recolección puede ser manual mediante la extracción directa, pero suele dejarse los rizomas en el sustrato para que puedan volver a crecer.
– Secado: Una vez cortada la materia prima, eran transportados a puntos de secado. Las fibras deben perder toda humedad para que sean más ligeras y moldeables. Por ello, se expone al sol por algunos días. En este proceso pierden su color verde y obtienen ese color amarillo característico.
– Seleccionado: Antes de ser transportados para su posterior tejido, son seleccionados según tamaño, calidad de fibras y el tipo de uso que tendrá. Como señalamos líneas arriba, la cestería posee una variada gama de productos destinados a la construcción, practicas mortuorias, objetos de prestigio o simplemente como petates para el suelo. Una vez seleccionados son empaquetados y llevados para que el artesano pueda tejerlos.
– Tejido: Hace referencia al conjunto de conocimientos y trabajo manual invertido por el artesano. Las técnicas dependen mucho del tipo de artefacto que se desea elaborar, así como la variedad de técnicas que el grupo social dominaba.
Pero ¿Cuáles fueron las técnicas de manufactura más utilizadas? Según James Adovasio (2010), famoso especialista en el estudio de cestería, las técnicas se agruparon principalmente en 3:
Técnica en espiral. Consiste en colocación un elemento, la cual es enrollado sobre sí mismo y sujetado por una serie de puntadas que otorga consistencia al tejido (Fig.3). Este elemento puede estar compuesto por un grupo de fibras, torcidas e incluso trenzadas. Se suele utilizar para la elaboración de canastas, recipientes y envoltorios. Por ejemplo, esta técnica ha sido reportada, haciendo uso de sogas trenzadas de totora como elemento principal y cuerdas de cabuya para las costuras, a modo de envoltorio de los fardos de época Wari en la Costa Central (Cornejo, 2021; Flores, 2013)
Fig.3. Técnica en espiral (Modificado de Calo, 2008).
Técnica entrelazada: Ocurre cuando dos elementos horizontales móviles sujetan elementos verticales para conformar una estructura (Brugnoli & Hoces de la Guardia, 1998) (Fig.4). Esta técnica posee una cantidad importante de subvariantes que permiten elaborar diversos artefactos como petates, cestas, costureros y etc. Tanto en Guitarrero como en Huaca Prieta se descubrió una cantidad importantes de artefactos que presentan esta técnica, siendo una de las técnicas de cestería más usada en los Andes en épocas tempranas.
Fig.4. Técnica del entrelazado (Adovasio, 2010)
Técnica tejida: Se obtiene cuando se entrecruza elementos verticales y horizontales para conformar una estructura tupida y consistente (Fig.5). Al ser una técnica más versátil sirve para la elaboración de esteras, petates, tocados, coronas, recipientes, etc. De igual forma que en el entrelazado, esta técnica cuenta muchas varias entre los que destacan llanos y sargas.
Fig.5. Técnica tejida del tipo sarga (Adovasio, 2010)
Gran parte de los artefactos de cestería solían elaborarse con varias de estas técnicas (Fig.6); asimismo se tiene reportes de otras técnicas como el calado, trenzado, etc., pero que fueron trabajados en menor cantidad.
Fig.6. Fragmento de cesto descubierto en Huaca Prieta. Nótese el uso de las técnicas entrelazado y tejida (Bird et al 1985)
La cestería en el Complejo Arqueológico El Brujo
El Complejo Arqueológico El Brujo, se encuentra próximo a la desembocadura del rio Chicama, área geográfica favorecida por humedales. Incluso en la actualidad, en temporadas de lluvias, es común la aparición de pequeños humedales donde crecen totorales y juncos (Fig.7). Esto da a pensar que, en época prehispánica, las áreas de extracción de la materia prima para la cestería fueron mucho más extensas y probablemente ampliadas artificialmente con inundaciones controladas mediante canales.
Fig.7. Presencia de junco en la desembocadura de dos canales adyacentes a Huaca Prieta.
Al contar con áreas importantes de extracción y una ocupación humana de larga data, se entiende mejor el hallazgo de especímenes que superan los 10 000 de antigüedad para las fases pre monticulares de Huaca Prieta. Posteriormente, las investigaciones realizadas sobre el mismo montículo (Bird et al., 1985) concluyen que la cestería tejida y entrelazada tuvieron un grado de hegemonía hasta poco después del ingreso de los textiles de algodón. Las nuevas tecnologías entrantes como la cerámica, materiales de construcción más estables y principalmente los textiles de algodón restringieron su producción a petates, cestas y algunos artefactos de especiales.
En Huaca Cao, durante la época Mochica (200-700 d.C.), se ha reportado extensos petates rectangulares de junco, de más de 3 metros de largo, elaborados en técnica tejida del tipo sarga (2/1), que cubrían los fardos funerarios de la élite; tal como ocurrió en los fardos de la señora de Cao (Fig. 8) y dos de sus acompañantes (Mujica, 2007). Estas piezas se encuentran en los almacenes del CAEB y poseen atributos y acabados bastantes elaborados, lo cual estaría indicando que la cestería habría logrado un importante desarrollo tecnológico desde las épocas de Huaca Prieta.
Fig.8. Detalle del petate de junco que cubría el fardo de la Señora de Cao.
Para la época transicional (800-900 d.C.), se tiene un petate hallado en la base de la tumba 1-1995 (Franco et al., 2007). Lamentablemente no se tienen más evidencias de cestería en esta época, debido principalmente al huaqueo intensivo que han sufrido estas tumbas.
Afortunadamente, para época Lambayeque (900-1200 d.C.), se tiene reportado un cementerio. Se ubicó sobre los escombros del frontis norte de la Huaca Cao Viejo. Los entierros excavados han develado una gran variedad de artefactos en cestería como petates, costureros, bolsas y artefactos poco comunes como tocados. Esta variedad se debe, en buena medida, a que en el cementerio se enterró indistintamente a la población llana y la elite local. El manejo de técnicas es muy variado, destacando principalmente las sargas, los entrelazados y el calado, para los tocados.
Para épocas posteriores, se tiene pocas evidencias documentadas. Esto, debido que los asentamientos principales se encontraban fuera de El Brujo.
Como hemos podido ver, la cestería fue una actividad económica muy importante para la humanidad, representando uno de los pocos trabajos que se relaciona directamente con la extracción sostenible y preservación de los humedales. Este vínculo, incluso en la actualidad, hace que las poblaciones que resguardan aún estos conocimientos establezcan una relación de empatía con su medio, además de ser receptarías de conocimiento milenarios que lamentablemente se han ido perdiendo progresivamente. En ese panorama, la cestería representa una oportunidad y un legado que debemos fortalecer y resguardar para lograr un desarrollo integral y coherente de nuestra sociedad.
Bibliografía
Adovasio, J. M. (2010). Basketry Technology: A Guide to Identification and Analysis. Routledge.
Aponte, H. (2009). El junco: Clasificación, biología y gestión. Científica, 6 (1), 38-45.
Bird, J., Hyslop, J., & Skinner, M. (1985). The Preceramic excavations at the Huaca Prieta Chicama Valley, Peru. (Vol. 1). American Museum of Natural History.
Brugnoli, P., & Hoces de la Guardia, S. (1998). En la busqueda del sentido de las estructuras textiles y técnicas textiles: El torzal. Boletín del Comité Nacional de Conservación Textil, N° 3, 71-79.
Calo, C. (2008). Improntas del pasado: Las canastas de Cardonal. Revista Española de Antropología Americana, 38 (2), 39-55.
Cornejo, M. (2021). Complejo Arqueológico Catalina Huanca. Montículo 6: Continuidad y ruptura del Horizonte Medio en la costa central (Cornejo M.). Arenera San Martin de Porres S.A.
Dillehay, T. D., Goodbred, S., Pino, M., Vásquez Sánchez, V. F., Tham, T. R., Adovasio, J., Collins, M. B., Netherly, P. J., Hastorf, C. A., Chiou, K. L., Piperno, D., Rey, I., & Velchoff, N. (2017). Simple technologies and diverse food strategies of the Late Pleistocene and Early Holocene at Huaca Prieta, Coastal Peru. Science Advances, 3(5), e1602778. https://doi.org/10.1126/sciadv.1602778
Engel, F. (1988). Ecologia Prehistórica Andina. El Hombre, su estabvlecimiento y el ambiente de los Andes. La vida en tierras árida y semiaridas. (Universidad Nacional Agraria La Molina). Centro de Investigaciones de zonas áridas.
Flores, I. (Compiladora). (2013). Los Wari en Pucllana. La Tumba de un sacerdote. Ministerio de Cultura.
Franco, R., Gálvez, C., & Vásquez, S. (2007). El Brujo: Practicas Funerarias Post Mochicas [Inédito].
Jolie, E. A., Lynch, T. F., Geib, P. R., & Adovasio, J. M. (2011). Cordage, Textiles, and the Late Pleistocene Peopling of the Andes. Current Anthropology, 52(2), 285-296. https://doi.org/10.1086/659336
Mujica, E. (2007). El Brujo. Huaca Cao, Centro Ceremonial Moche en el Valle de Chicama (Elías Mujica). Fundación Augusto N. Wiese.
Rossen, J. (2011). Preceramic Plant Gathering, Gardening, and Farming. En T. D. Dillehay (Ed.), From Foraging to Farming in the Andes: New Perspectives on Food Production and Social Organization (pp. 177-192). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511793790.010
Rostworowski, M. (2016). Recursos naturales renovables y pesca, siglo XVI-XVII; Curacas y sucesiones, costa norte. Instituto de Estudios Peruanos.
Splitstoser, J. C., Dillehay, T. D., Wouters, J., & Claro, A. (2016). Early pre-Hispanic use of indigo blue in Peru. Science Advances, 2(9). https://doi.org/10.1126/sciadv.1501623
Reproducimos la entrevista a Ricardo Morales Gamarra, una eminencia de la restauración en el Perú y en el mundo. El Hoy Director del Proyecto Arqueológico Huacas de la Luna –la que inicio con su gran compañero Santiago Uceda Castillo– nos habla de sus vivencias y cómo se inició su fructífera vida en la arqueología peruana.
“La historia me abrió el libro” – Entrevista a Ricardo Morales
La historia me abrió el libro, y me dijo: «ingresa, este párrafo quizás es para ti”
Entrevista a Ricardo Morales Gamarra, director del proyecto arqueológico Huacas de Moche,
por la revista en linea CLIO
Hablar de Ricardo Morales nos llevaría varios artículos y publicaciones. No sabríamos si empezar mencionando que descubrió los relieves policromados de la huaca de la luna, hace ya treinta años, o que ha cruzado la cordillera de los andes cuatro veces, entre otras cosas.
A sus 74 años, este chalaco de herencia tarapaqueña y corazón trujillano, ha acumulado varios títulos en su formación académica y vida profesional. Es licenciado en Historia, tiene una maestría en Gestión Ambiental y un doctorado en Ciencias Biológicas (todos emitidos por la Universidad Nacional de Trujillo) y un título de “Especialización en conservación y restauración del patrimonio cultural”, por la Universidad de Alcalá (Henares, España). Además, ha realizado cursos de especialización profesional en: Conservación de sitios y monumentos arqueológicos, conservación de pintura mural, conservación de museos, investigación histórica y restauración del patrimonio cultural. Esto, más allá de mostrar el nivel profesional que tiene, demuestra su compromiso con el patrimonio de nuestro país y el trabajo que realiza para su gestión y uso social.
Sin duda, Ricardo Morales Gamarra es un referente de la arqueo-conservación nacional e internacional. Desde el año 1991 es director del Proyecto Arqueológico Huacas del Sol y de la Luna, uno de los sitios arqueológicos más representativos en el departamento de La Libertad y del norte del Perú. Esta entrevista nos permite conocer a la persona y al profesional a través de las anécdotas, que no muchos conocen, sobre el trabajo realizado en las huacas de Moche y otros proyectos importantes que ha desarrollado a lo largo de su carrera.
Ricardo Morales Gamarra en el muro de la deidad de las montañas, más conocido como Ai Apaec. Foto: Archivo Ricardo Morales Gamarra.
¿Cuál es la historia detrás del inicio y puesta en marcha del Proyecto Arqueológico Huacas del Sol y de la Luna?
Esa es una larga historia, me estás llevando a enero, febrero de 1980. Ese año hicimos unos trabajos ordenados por el INC (Instituto Nacional de Cultura – Sede Central). En ese tiempo yo trabajaba en el Instituto Nacional de Cultura de Trujillo y me ordenaron reabrir el espacio que había sido investigado por una expedición extranjera. Así lo hicimos y en ese subir y bajar de la huaca encontré un fragmento de relieve pintado por un color gris. Esta es una historia que muy pocos saben.
A raíz de ese trabajo, Elías Mujica me dijo: “Escribe una nota en la revista Histórica de la Católica”. Yo, muy obediente, lo hice. En ese proceso tuve, ¿qué se podría decir?, la fortuna o quizás un mal momento. Recibí críticas muy ácidas de parte de un distinguido arqueólogo. Hay dos publicaciones ese año, una que yo escribo y una donde me reviran, me dan como se dice criollamente “con palo”.
Posteriormente en el año 90, cuando se abren los trabajos en Huaca Cao Viejo (en el Brujo) y se ven los relieves Moche, estas personas entendieron que yo tenía razón. Sin embargo, yo me quedé callado, nunca reclamé ni dije nada. Estas son cosas con las que uno va ganando experiencia en la vida. En fin, nunca me he preocupado por la revancha. Solo me queda el recuerdo de lo que había significado para mí esa desabrida respuesta. Pero ese mismo año la historia me abrió el libro y me dijo ingresa, este párrafo quizás es para ti. Tuve la suerte de encontrar fragmentos de relieve policromados, al subir por el lado sur de la huaca, y ya no eran simplemente el color azul o gris, sino era un rojo con blanco y un negro con amarillo, intensos. Mis ojos se desorbitaron totalmente. Eso fue un 20 de octubre de 1990. Vamos a cumplir 30 años y voy a celebrarlo con bombos y platillos y todo lo demás.
Ese es el inicio, tuve la suerte de descubrir en el lado sur de la huaca de la luna un muro con relieves que dibujaban a quien después todos hemos conocido como la deidad mayor de las montañas. Este monstruo era felínico, de colmillos entrecruzados, de una mirada desorbitada y fiera, quizá perdido por el San Pedro que ha bebido (Ai Apaec). Pero lo interesante es cómo llego a este punto y me enfrento a una realidad. Yo no soy arqueólogo, soy conservador o arqueo-conservador, como me gusta llamarlo. En ese momento me pregunté: ¿cómo manejar esto?, aquí tenemos algo muy importante. Miré en trescientos sesenta grados en el panorama de Trujillo y encontré a una persona: Santiago Uceda. Conversé con él y lo invité a formar parte del proyecto y, entre los dos, armamos el equipo con otros profesionales.
Con Santiago diseñamos un plan muy, ¿qué les puedo decir?, ¿ambicioso?, pero convencidos que lo podíamos lograr y lo hicimos. Ya son treinta años prácticamente y hemos hecho la parte más importante que es el museo, la carretera de la panamericana a la huaca, que ha sido una gestión nuestra, disculpen la modestia, mi gestión, porque yo personalmente gestioné el presupuesto para la carretera a las huacas de Moche y realicé un convenio entre la Municipalidad de Moche, el Patronato de las Huacas y el Ministerio de Turismo. El resultado fue la construcción de la carretera enbloquetada, que es un ejemplo en todo el Perú. Disculpen la inmodestia nuevamente, pero eso de trabajar con asfalto en sitios arqueológicos no funciona. Los bloques de concreto son lo mejor, incluso para el centro histórico de Trujillo, pero hay veces que el asfalto nos llama más la atención. En fin, esa es la historia, mira cuanto me he dilatado para contar cómo comenzó la huaca de la luna.
Ricardo, sabemos que un sitio arqueológico implica muchos años de trabajo, incluso generaciones de profesionales interviniendo en el desarrollo del mismo, hay etapas que se cierran, otras que se abren y que en la gestión inicial del proyecto se plantean objetivos que con el tiempo van cambiando gradualmente. ¿Cuál fue el objetivo inicial del proyecto de la huaca?
El proyecto comienza en un nivel académico – científico y para nosotros era hacer un trabajo de arqueología y conservación de forma paralela. Comenzamos con once o doce personas, de las cuales tres aún están en el campo todavía con nosotros ya veintinueve años trabajando en la huaca. Lo que planteamos con Santiago fue una perspectiva arqueológica, es decir, las huacas de Moche, ¿qué función cumplieron?
Anteriormente algunos plantearon que entre la huaca de la luna y la huaca del sol no había nada, que en esa explanada no había nada. Fue un arqueólogo norteamericano, no voy a hablar con nombres, no es que no me acuerde, solo que creo injusto mencionarlo en una cuestión como esta. Del mismo modo, otro grupo que llegó a hacer después excavaciones encuentra que hay estructuras, que hay un posible uso doméstico, arquitectura doméstica, es decir una ciudad o una aldea. Entonces el primer objetivo fue tratar de buscar la respuesta a esta inquietud.
El segundo objetivo fue conocer: ¿cuál fue la función que cumplieron cada uno de los componentes arqueológicos? Por ejemplo: huaca del sol, huaca de la luna, ¿qué hay entre ellas?, ¿qué hay con la huaca de las estrellas o huaca de la cruz que está un poco al sur?, ¿qué otras huacas pueden haber existido en el entorno?
Y el tercer objetivo fue identificar la técnica constructiva. ¿Cómo se trabajaron los materiales?, ¿qué técnicas se emplearon?, ¿las técnicas evolucionaron en el tiempo o simplemente tienen un mismo patrón durante varios ciclos de ocupación?
Entonces fíjate, de estas tres simples preguntas, aparentemente simples preguntas, se comienza a trabajar el primer decenio. Nosotros tenemos una política, trabajar de 10 en 10 años. Algo importante de mencionar es que con Santiago, dijimos: “Bueno, hay que trabajar todos a una”, y comenzamos con un sueldo como cualquier otro, eso es muy importante decirlo, porque a veces piensan que uno está por la repartija, pero eso nunca ha habido.
Ricardo Morales y Santiago Uceda, la dupla que dió inicio a uno de los proyectos arqueológicos más grandes del norte peruano. Foto: Dante Piaggio.
¿Cómo obtuvieron el apoyo y presupuesto para iniciar con las excavaciones e investigaciones?
En 1992, con los objetivos ya definidos, tocamos la puerta de la fundación Ford y nos dieron 75 mil dólares con los cuales hicimos los trabajos de excavación en el muro sur, el flanco sur de la huaca, por donde ahora se sube y próximamente por ahí ya se va a bajar, pero esa será otra historia para el futuro inmediato.
Comenzamos a buscar plata para trabajar ese muro, entonces tocamos la puerta de la fundación y ahí encontramos a una dignísima persona, Antonio Muñoz Najar, un arequipeño que siempre nos regalaba Anís del Mono (Ricardo se carcajea con el recuerdo). Él tenía su comité de historiadores, ¡qué personajes! María Rostworowski, ¡imagínense! Marita nos ayudaba mucho y nos alegraba con su presencia y sus visitas, nos levantaba mucho la moral. También estaba Juan Ossio, un antropólogo que fue el primer ministro de cultura, y Duccio Bonavia, arqueólogo que también firmó a favor del proyecto y así nos dieron el dinero.
Por otro lado, a partir de enero o febrero de 1992, me acuerdo que hablé con Don Alfredo Pinillos Hoyle, él trabajaba en Pilsen Trujillo y gracias a su gestión nosotros empezamos a recibir dos mil soles mensuales que también nos ayudaron en el proyecto. Don Pepe Casinelli, que nos regalaba combustible de su grifo para cargar el bus que nos daba la universidad como transporte del equipo, durante 3 o 4 años nos regaló el diesel que nos permitió ir y regresar de la huaca todos los días. Incluso el 24 de junio de 1991, que aun siendo feriado decidimos ir a trabajar; y para suerte nuestra encontramos la primera tumba, que es el “Juancho”. Le pusimos así porque fue el 24 de junio.
También nos ayudó Julio Lau León, de su ferretería nos regalaba herramientas, serruchos, clavos, clavitos y alojamiento para los especialistas que nosotros traíamos, en su Hotel Continental. Esto no es un comercial, pero son personas que en un momento nos ayudaron. Andrés Arenas, de la librería Bolígrafo, nos regalaba todos los lapiceros, borradores, papel bond, papel milimetrado. Así nació el Proyecto Huaca de la Luna, no teníamos plata.
En el ‘94 Pilsen Trujillo pasa a ser Backus, y es ahí donde nos asustamos, dijimos: “Seguro que no van a continuar con el apoyo”; pero fue al contrario, duplicó el aporte que daba. Y así hemos ido creciendo; hemos tenido momentos duros, difíciles, pero ahora ya con la huaca consolidada tenemos fuerza para decir que no tenemos miedo, peores cosas hemos pasado. Ese mismo año, la fundación Ford se retira del Perú y nos quedamos sin su apoyo.
Con Santiago hemos pasado por todo, pero hemos sacado adelante a la huaca a pesar que algunas personas nos criticaban con petardos anónimos. Durante un año y medio con Santiago no cobrábamos nuestro mísero sueldo, pero teníamos el de la universidad, por ejemplo, y eso nos ayudó a seguir hasta que pudimos contar con organizaciones importantes como la World Monuments Fund, que al final nos ha dado un millón ochocientos mil dólares. Para que tengan una idea de la confianza de estas instituciones en un proyectito que podría generar desconfianza a muchos pero que, sin embargo, los resultados son los que hablan por uno.
¿A qué te refieres cuando mencionas “petardos anónimos”?
Cuando la Fundación Ford comenzó a apoyar nuestro trabajo en la huaca, empezaron a bombardearnos desde el interior de la facultad. Algunos personajes que no creían en nosotros hacían unos panfletos anónimos que llegaron a la fundación con el objetivo de que nos quiten el dinero. Esto ocasionó una visita de la fundación enviada de Estados Unidos para ver si era cierto que nosotros estábamos malogrando la huaca y robando cosas.
Estos pasajes uno los recuerda con mucha gratitud porque hay gente que piensa en hacer daño, pero no saben que te están haciendo un gran favor. Gracias a estos ataques arteros nació la idea de los “Coloquios de la Cultura Moche”. Tomamos una decisión e incluimos una política en nuestro proyecto: si nos atacan nunca les respondamos. Y nunca lo hemos hecho, solo respondemos con trabajo.
Ricardo Morales y Santiago Uceda, codirectores del Proyecto Arqueológico Huacas de Moche, con el equipo inicial en 1991. Foto: Libro «Huaca de la luna, templos y dioses moche», 2016.
Este año el descubrimiento de la huaca cumple treinta años y 29 como proyecto en ejecución. ¿Actualmente cuáles son los objetivos?
Los objetivos van cambiando con el tiempo de acuerdo a cómo se van respondiendo las grandes preguntas que se generan, precisamente, como un problema científico, hipótesis y estas se transforman en objetivos; esa es la línea metodológica.
Nosotros tenemos un objetivo transversal: “lo moche”, donde no solo es huacas de Moche sino también Sipán y El Brujo. Entonces, ¿cómo nos encontramos horizontalmente?, ¿qué diferencias o cercanías hay entre ellos?, ¿qué características específicas encontramos?, ¿se puede hablar de un moche norte y un moche sur? Todo esto está en discusión.
El otro punto que tenemos que ver para el tercer coloquio es ¿cómo se transforman y se convierten los moche en un estado? Porque acá no hubo intervención externa, no es que vino una tribu de afuera y civilizó sobre lo que ya estaba civilizado por los moche, fueron ellos mismos. Los moche han sido unos grandes genios, no solo hay que verlos como grandes artesanos que han hecho alfarería excelente. La gente tiene que conocer que los grandes ingenieros hidráulicos han sido los moche y los nazca; y que los incas han aprendido de ellos.
Aquí también salta otra pregunta, ¿en qué momento colapsa el estado moche? Eso es lo que hay que discutir. ¿Qué factores ambientales han generado cambios brutales en la ideología, filosofía, religión y en la iconografía? Muchos de estos cambios los encontramos en sus expresiones artísticas. Por ejemplo, en la huaca de la Luna tenemos dos templos, en el viejo templo se le rinde culto a la deidad felínica hasta los 600 o 650, pero cuando nos trasladamos unos cien metros más arriba, al templo nuevo, ya no encontramos a esta deidad. Entonces, si la iconografía ha cambiado, algo tiene que haber generado ese cambio. El arte demuestra el constructo imaginario que ellos tenían. La interpretación iconográfica de los relieves de la huaca de la luna nos puede dar respuestas que, a manera de primicia se los comento, serán temas que incluiremos en el tercer coloquio.
La idea es seguir construyendo conocimiento. ¿Cuánto conocimiento hay en todos estos monumentos arqueológicos? No lo sabemos. Imagínense ustedes cuánto conocimiento podríamos obtener si excaváramos el 80% del complejo arqueológico, lo que hemos hecho hasta ahora no llega ni al 30%. Lo que hemos trabajado nosotros es la huaca de la luna, la huaca del sol apenas cuatro veces hicimos excavaciones y se volvió a cerrar. Además, falta trabajar la falda del cerro, está llena de arquitectura.
Esto último, en realidad, ya es para otra generación. Estos son proyectos de varias generaciones. Mi generación va terminando poco a poco, quizás en unos 5 o 10 años más tendrá que entrar otro equipo a la dirección; tienen que ser los chicos que ya se están formando con nosotros, que tengan esta mística que no se puede explicar y que sigan la línea dentro de la universidad y el Patronato Huacas de Moche. Lo importante es que mi generación ya marcó una huella, esa huella no se va a perder, pero quienes van a continuar deben seguir trabajando bien, si no, desde el otro mundo les vamos a jalar las patas. El trabajo es y debe continuar siendo organizado. En las huacas nunca se ha hecho una excavación que no responda a un problema de investigación.
Respecto al trabajo que se viene realizando en huaca de la luna y al trabajo que tú has realizado en el valle de moche. ¿Cuál ha sido el hallazgo o la gestión que más ha calado en ti o el que te ha dado más satisfacción personal? Debe haber uno al que le tengas personal aprecio y memoria.
El hallazgo principal, único e incomparable a todo lo que puede haber pasado, fue el hallazgo de los relieves el 20 de octubre de 1990, ese es el que da inicio al proyecto. Gracias a ese hallazgo se inicia el proyecto y con ello cambia la vida de mucha gente, incluida la mía.
Nos contaste como sucedió, pero nos gustaría saber, ¿cómo te sentiste?
Bueno, en ese momento sentí mucha emoción, es indescriptible, pero más recuerdo lo que pensé, el cerebro es más rápido que uno mismo y ahí en fracciones de segundos tuve una proyección rápida en el tiempo y me imaginé muchas cosas en ese momento y algunas las hicimos realidad, como el museo, por ejemplo.
Para que tengan idea estamos hablando de un muro que calculamos tenía veinte metros, entonces pensé: “esto tiene que ser descomunal”. ¿Qué habrá delante de este muro? Si aquí hay un muro entonces tiene que haber un patio, como se vio en Chan Chan. O sea, en ese momento la imaginación es muy rápida, uno vuela.
Ricardo en Los Pinchudos, Parque nacional del Río Abiseo. Foto: Archivo Ricardo Morales Gamarra.En cuanto a gestiones, de todas las que se han hecho, es el ingreso de la World Monuments Found la que más satisfacción me ha dado, porque eso tiene su partida en Los Pinchudos y Pajatén, en el parque Nacional Río Abiseo. Yo gané una beca de cuarenta y siete mil dólares de la World Monuments Found y conseguí ser auspiciado por Warren Church, que en ese tiempo estaba en la universidad de Colorado y consiguió de la National Geographic ocho mil dólares más para el proyecto. Es que la beca no da dinero para arqueología sino para conservación o investigación para la conservación, entonces armamos un equipo y nos fuimos a la selva. Estuvimos dos meses en la selva virgen, fue una experiencia gratísima.
Después de ello me invitaron a Sao Paulo para hacer la presentación de esos trabajos y ellos se quedaron cautivados con el monumento en plena selva virgen. Fue ahí que me comentan que querían apoyarme en un trabajo que yo tuviese. Entonces les presenté el proyecto de la huaca y es así como el 2002 ingresa la World Monuments Found, gracias a un trabajo anterior que hicimos en el año 2000.
Pero considero que lo más importante en toda la gestión fue la creación del Patronato Huacas del Valle de Moche, presidido por nuestro querido y siempre recordado maestro Alfredo Pinillos Hoyle, Don Fefe, un caballero. El equipo está formado por Alfredo Pinillos hijo, Tom Barger, Victor Urquiaga, Ricardo Ganoza, entre otras personas. Todos ellos han llegado a interiorizarse con el monumento, eso se ve en sus logros. Mucha gente me dice: “Oye pásame los estatutos del patronato”, al ver que funcionan. Pero eso no lo hacen los documentos sino la gente y es su trujillanismo la motivación que los impulsa. Esto es una lección. Son treinta años trabajando y nos siguen apoyando y eso creo que solo se puede traducir en una sola palabra: transparencia.
Tantas historias, anécdotas y recuerdos que nos estás contando solo nos hace preguntarnos: ¿Cómo empieza todo esto para ti? ¿Cómo es que llega el joven Ricardo Morales al mundo de la historia, la arqueología y el patrimonio en general? ¿Te imaginabas que llegarías a ser uno de los referentes en la historia del Perú y el mundo?
Bueno (Ricardo se carcajea). ¡No exageren! (Parece no creer lo que escucha). La historia es algo que siempre me ha atraído. He tenido una madre que supo sembrar muchas cosas en mí, pero yo también tenía inquietudes y siempre me ha gustado la aventura.
Yo, durante mi primer año de secundaria vivía en Pueblo Libre, en Lima, en la avenida San Martín, a unas cinco o seis cuadras del Museo Arqueológico de Pueblo Libre. Entonces para mí era muy fácil hacerme “la vaca”, no iba al colegio para irme al museo. Hasta ahora me acuerdo, hasta la puedo dibujar, siempre que voy busco esa maqueta, la maqueta de Machu Picchu y me paseaba por el museo. Ya la gente me conocía, me dejaban pasar. “A ese niño déjenlo pasar”, decían. Yo no pagaba, yo me acuerdo que iba con mi carnet de la Biblioteca Nacional para pasar, yo no tenía plata para pagar. Es más, ni sabía que se pagaba para ingresar a un museo. Ese museo lo conozco desde que tuve 13 años. Ya sabía distinguir algunos elementos.
Por otro lado, mi madre me llevaba a muestras. Me acuerdo mucho de una exposición francesa, en lo que ahora es el MALI. La Embajada Francesa hizo una exposición en el paseo Colón, que fue una maravilla. Me acuerdo perfectamente de todos los salones, eso lo tengo muy grabado en mi cerebrito, por eso es que quiero mucho a Francia, a pesar de que no he tenido la suerte de estudiar ahí.
Además, puedo decir que he tenido profesores como Alberto Pinillos, por ejemplo, que siempre me ha motivado e incentivado. Rafael Narváez Cadenillas, el doctor Jorge Zevallos Quiñones, personas importantes que uno no puede olvidar. Son personas y experiencias que van calando en ti sin que te des cuenta y se van consolidando en una plataforma. Entonces, cuando llega el momento en que uno se pregunta ¿qué hago yo aquí?, ya tienes esta plataforma sólida que te da el impulso para saltar.
Y la aventura siempre me ha llamado, como irme a la selva. Mi madre me decía: ¿a qué te vas allá arriesgando tu vida si puedes estar aquí tranquilo? Me lo decía, pero ella sabía que yo no iba a aceptar su negativa. Me he ido a Los Pinchudos tres veces, he cruzado la cordillera de los andes a caballo y en mula; no tienen idea como la condición humana sube a niveles de estratósfera total. Porque no es lo mismo ir en un helicóptero que cruzar a caballo y caminar en el fango. Como decía uno de los chicos que nos acompañaron: “Yo cargo mi caballo, pero no lo dejo”.
Todas esas cosas a uno lo fortalecen espiritualmente. Yo tengo ahorita 74 años y no me siento viejo. Yo sé que todavía tengo mucha cuerda para tirar duro hacia adelante. A los 75 me van a decir muchas gracias señor por los servicios prestados a la nación, pase usted al invernadero. ¡No! Es algo que nunca voy a aceptar, pues tengo mucho fuelle y mucho carácter para seguir trabajando. Además, siempre me van a necesitar en otros sitios, de eso estoy seguro.
Ricardo, por tu profesionalismo y por tu experiencia es fácil caer en cuenta que debió haber otras ofertas, otras propuestas para dirigir proyectos nuevos, en otros lugares, pero has decidido permanecer aquí todo este tiempo. ¿Qué es lo que te mantiene en constante relación con la huaca, el museo, con Moche, con Trujillo?
Son sentimientos que a veces uno no los entiende. ¿Cómo uno puede haberse encariñado tanto con una tierra? Sí, he tenido varios ofrecimientos. En el 75, después de terminar mi trabajo con la Unesco en Cusco, me ofrecieron una dirección para quedarme. Me acuerdo que un amigo chileno, Abel Bubenik, me dijo: “Ricardo, ándate a Trujillo, que allá vas a ser cabeza de ratón y aquí cola de león”. Recuerdo mucho de ese consejo. De todas maneras quedarme en el Cusco iba a ser muy difícil. Me gusta la sierra, pero no para vivir en ella. Yo tengo que ver el mar, sino no vivo, tengo que sentir que está cerca.
La segunda invitación fue a Bogotá, ahí tengo aún la cartita. Me invitaron ya nombrado y todo para hacerme cargo del área de restauración en Bogotá y no acepté, con buen sueldo y todo, a pesar de la bronca que generé en una persona que fue mi mentor, un mexicano, Rodolfo Vallín Magaña.
La tercera fue en Nueva York, en el año 97. El sueldo era realmente atractivo, me ofrecieron un trabajo en restauración, pero no, tampoco. Ya por entonces yo tenía mi bebé de siete años y era difícil para mí alejarme más de lo que ya me había alejado, estuve cinco meses en Estados Unidos.
Dejar un sitio como Trujillo, que para mí es la sucursal del cielo, para irme a otro lugar no era posible. Los ofrecimientos han seguido. Tuve una invitación para Bolivia y la última fue de Costa Rica cuando fui a trabajar a un sitio que se llama Guayabo, al pie del volcán Torre Alba.
Pero hay algo en todos estos sitios que no hay y es la comida, ¡cierto ah! Además, yo diría que hay dos elementos que son muy importantes en mi formación: Uno es Chan Chan, trabajé trece años ahí, conozco Chan Chan como muchos, pero esos muchos no saben lo que yo conozco y no hablo necesariamente de lo arqueológico. Y el segundo reto importante fue la restauración del retablo mayor de la catedral, porque cuando recibimos los restos del retablo eran fragmentos y esculturas rotas. Fue una bonita experiencia y un reto porque significaba armar un gran rompecabezas sin tener referencias, eso también me motivó a dedicarme a la investigación.
Ahora que veo cómo van deformando el retablo siento que el Morales y el Gamarra, y cuidado con el Gamarra que es terrible, se me quieren salir. Mi madre fue tarapaqueña, ella fue de las familias que nunca se rindieron ante Chile y que prefirieron dejar todas sus propiedades para venirse. Entonces yo, siendo de esas heroicas familias tarapaqueñas y siendo a la vez muy duro, cuando digo las cosas fuertes soy bastante de “machete en mano”, porque defiendo lo mío. A mí nadie me puede levantar el dedo o acusar, yo no tengo rabo de paja. Más bien me pueden investigar como ya lo han hecho y no me van a encontrar nada. Prueba de ello es todo lo que he hecho, no solo Chan Chan y la huaca, es la catedral, es El Carmen, la casa del mariscal Orbegoso, la casa Risco.
Portada de la Casona Ramírez y Laredo, actual Café Casona Deza. Foto: Clío Cultura y Ciudadanía.
La primera casa que restauramos en Trujillo fue la Ganoza Chopitea o Ramírez y Laredo. ¿Iglesias? ¡Ufff! ¿Cuántas? Belén, El Carmen, Huamán y Santa Rosa. Entonces creo que si Diosito toma en cuenta todo eso ya tengo seguro el ingreso. Me acuerdo cuando trabajaba en las pinturas murales de la casa Ganoza, pasaban los taxistas gritando ¡boten esa vejez! y hagan un edificio de diez pisos, nosotros jóvenes nos reíamos.
¿Cuántos metros cuadrados de pintura mural hemos descubierto y trabajado en Trujillo? Bueno, más de tres mil metros cuadrados. Actualmente estoy haciendo un estudio de eso.
¿Cómo es que tu constante formación académica ha sido un motor para tu desarrollo profesional?
Yo soy profesor, profesor formado en la Universidad Nacional de Trujillo. Mi promoción se llama Alberto Pinillos Rodríguez, en un reconocimiento al cariño que le alcanzamos a este digno profesor universitario.
Después he estudiado otras cosas, y dentro de ellas, la conservación. Estudié también bibliotecas, pero llegó un momento en la universidad en que tuve que decidirme. Un camino a la izquierda que eran las bibliotecas, tenía una plaza ya ganada en concurso y otra que era la restauración y la UNESCO me puso una beca, y me fui con la beca. Renuncié a la universidad, trabajaba en la facultad de medicina en el año 74.
La beca de UNESCO fue gracias a mis buenos rendimientos, no hay porque ocultarlo. Me dieron una beca, que creo fue muy generosa. Fueron tres en una: Estudié en Roma, en Madrid y en Bruselas. Gracias a esta beca triple pude abrir los ojos más de lo que los tenía, pero creo que finalmente en mi formación profesional han tenido mucho que ver mis estudios de maestría y doctorado en ciencias ambientales, ello me ha dado una visión más amplia, más holística de lo que es el monumento arqueológico. En realidad yo ya no veo al monumento arqueológico horizontalmente, en plano suelo, lo veo de forma vertical y antes que el monumento veo el medio ambiente.
Estoy convencido que los monumentos arqueológicos no se van a conservar si no hay una política estatal de prevención del medio ambiente que rodea el entorno inmediato del monumento arqueológico. Si mejoramos las condiciones ambientales, vamos a darle a ese enfermo, a ese viejo que está fatigado y vulnerable por todas las actividades que nosotros hacemos, mejores condiciones, entonces va a vivir más tiempo. La conservación lo que hace es mitigar el impacto del tiempo, de la naturaleza y de nosotros que somos unos bárbaros.
Decidí dedicarme a la restauración y trabajé en el plan maestro que generó Lucho Alva Castro y el Banco Central de Reserva. Formé parte del equipo que manejó el Proyecto de Chan Chan, el Proyecto de la Iglesia y Monasterio del Carmen y la catedral, en donde inauguramos el museo catedralicio el 29 de diciembre de 1997. Entonces creo que esta experiencia fue muy importante, aparte de la que ya había obtenido yo como jefe y en algún momento como Director de Patrimonio Cultural en el INC. La gestión, la capacidad de gestión que a mí no me la enseñaron en un aula, sino que la aprendí en el campo moviendo adobes, moviendo andamios, agarrando carretillas; tantas cosas. Ustedes me van a hacer llorar, que realmente son un recuerdo inmenso. Supongo que en algún momento tendré que escribir algo sobre todo esto.
Hay tantas experiencias, tantas anécdotas, como haber viajado a El Gran Pajatén tres veces, haber cruzado la cordillera de los andes una cuarta vez para ir a la laguna de los cóndores, participar en proyectos grandes como planes de manejo de Nazca, Pachacamac, Chavín, Túcume, Kuelap, Chan Chan (dos veces). Eso le da a uno un campo bastante rico de experiencias. Recordar todo lo que he hecho, me hace pensar: ¿por qué no vivir más tiempo?
Entrevista realizada por la plataforma virtual Zoom el lunes 25/05/2020 – 4:00 pm
Fuente: https://clio.pe
La arqueología denomina indistintamente Moche o Mochica a una compleja cultura pre-inca, cuyo pueblo vivió en gran parte de la costa norte del actual Perú,desde inicios de nuestra era hasta mediados del siglo IX. Lo que hasta fi nes de la década de los 80sfue pensado como un Estado Moche monolítico y centralizado (Larco 1945), ha sido re-interpretadoen los últimos años como una serie de entidades políticamente independientes pero interrelacionadas por la ideología (Bawden 1995; Castillo y Donnan1994), cuya complejidad social se dio a diferentes niveles, en los diferentes territorios que los moches ocuparon (Castillo y Uceda 2008). Una de las variables en las que se observa las particularidades de las diferentes entidades políticas moches, es la de los patrones funerarios (Kaulicke 2001: 245).
Autores: Henry Gayoso Rullier y Santiago Uceda Castillo Titulo original: Cuando los Muertos Hablan en Moche. Los Patrones Funerarios en un Conjunto Arquitectónico del Núcleo Urbano
El complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna es considerado como uno de los sitios moches más importantes, acaso la ciudad capital del denominado Estado Moche del Sur (Castillo y Donnan 1994). Éste habría ocupado los actuales valles de Chicama y Moche, ambos considerados como el área nuclear, desde donde los moches se habrían expandido, en su época de máximo esplendor, hacia los valles sureños de Chao, Virú, Santa y Nepeña. Los restos de la otrora ciudad de Huacas del Sol y de la Luna se ubican en la zona sur del valle de Moche, en su parte baja, a 6 kilómetros de la línea costera y a 5 kilómetros de la moderna ciudad de Trujillo. La ciudad se asienta al oeste del río Moche y al este del mítico Cerro Blanco. Si bien hubo estudios anteriores muy puntuales desde fi nes del siglo XIX (p.e. Uhle 1915; Topic 1977), el sitio se ha estudiado de manera intensiva y continua desde el año 1991, gracias al Proyecto Huaca de la Luna, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo. Los estudios del Proyecto han permitido establecer en el área arqueológica nuclear, que ocupa un espacio de aproximadamente 750,000 m2, tres elementos mayores: la Huaca del Sol, la Huaca de la Luna (ambos, sus edifi cios mayores) y el Núcleo Urbano.
Fig. 1. Mapa General del sitio y detalle de ubicación del CA35.
La Huaca del Sol se ubica en el extremo oeste de la ciudad. Es una estructura piramidal de adobe que, en su último proyecto arquitectónico, llegó a tener 345 m de largo, 160 m de ancho y 30 m de altura máxima, siendo considerada una de las pirámides de barro más grandes de América. Huaca de la Luna, es un complejo arquitectónico compuesto por dos templos de adobe, ambos ubicados a los pies del Cerro Blanco, en el extremo este. El Templo Viejo, que está compuesto por dos plataformas y tres plazas, ocupa un espacio de 31.806 m2, donde su estructura mayor, la Plataforma I, destaca con sus 100 m de lado y 24 m de altura, con forma de pirámide escalonada, y su eje principal en sentido norte-sur. El Templo Nuevo, compuesto por una plataforma aterrazada y acaso una plaza, se ubica inmediatamente al este del Templo Viejo y su eje principal se orienta de este a oeste; los trabajos en este templo son aún iniciales. Los muros de ambos templos fueron primorosamente decorados con motivos iconográfi cos policromos. Finalmente, el Núcleo Urbano se halla en la planicie que separa las dos huacas, donde se ubicaron las áreas residenciales, de producción, de almacenaje, administrativas y de relaciones sociales recíprocas (fi gura 1). Prácticamente en todas las publicaciones sobre el sitio arqueológico, se menciona y describe tumbas moches. Sin embargo, el estudio específi co sobre sus prácticas funerarias se inició con el trabajo de Donnan y Mackey (1978), quienes publicaron un libro sobre patrones funerarios antiguos, a partir del análisis de tumbas excavadas en el valle de Moche, incluyendo las Huacas del Sol y la Luna; luego Tello, Armas y Chapdelaine (2003), hicieron un estudio comparativo de las prácticas funerarias moches, a partir de tumbas del Núcleo Urbano y de la Huaca de la Luna, excavadas entre 1991 y 1998.
Fig. 2. Fotografía aérea del CA35.
Para cumplir con el objetivo de la presente investigación, hemos tomado como muestra un grupo de tumbas registradas en el Conjunto Arquitectónico 35 (CA35). Este Conjunto tiene un área total de 495 m2; se ubica en la zona central del Núcleo Urbano, unos 120 metros al oeste del Templo Antiguo de Huaca de la Luna. Ha sido estudiado entre los años 2000 y 2005 (Tello et al. 2006; Tello et al. 2008; Tello et al. 2004; Tello et al. 2005; Seoane et al. 2006). Se ha excavado y registrado la mayor parte de su extensión, hasta el sexto piso de ocupación, salvo en el ambiente 35-5. En este ambiente se excavó hasta la capa estéril, 8 metros abajo, lográndose defi nir 13 pisos de ocupación cultural asociados a los estilos cerámicos Moche II, III y IV. Un muro grueso divide el CA35 en dos subconjuntos: el subconjunto 1, al este, ha sido defi nido como un área pública administrativa, mientras el subconjunto 2, al oeste, como un área residencial y de producción de chicha. Es probable que al menos durante el periodo Moche IV, el CA35 haya formado parte de un bloque arquitectónico complementado con los CAs 17 y 21 (Chiguala et al. 2006: 199), ambos identifi cados como talleres de producción artesanal, probablemente controlada por los habitantes del CA35. Los límites del CA35 no han variado en los últimos seis pisos de ocupación; por lo tanto, es muy probable que dicho Conjunto haya sido, a lo largo del tiempo, la residencia del mismo grupo social. De allí la relevancia del estudio de su variabilidad a través del tiempo (fi gura 2). Los resultados obtenidos nos han permitido establecer patrones de enterramiento típicamente moches (Donnan y Mackey 1978), pero también algunas variantes particulares. Algunas características observadas en nuestra muestra coinciden con las informaciones recuperadas por los cronistas sobre las costumbres de enterrar muertos, particularmente en los pueblos de la Costa Norte. LAS
TUMBAS Y SUS ASOCIACIONES
La muestra procedente de este Conjunto agrupó un total de 25 tumbas entre los pisos de ocupación 7 y 1, asociados a las fases estilísticas de cerámica Moche III y Moche IV (fi gura 3). A partir de fechas radiocarbónicas obtenidas para el Núcleo Urbano (Uceda et al. 2008), podemos decir que las tumbas asociadas a la fase estilística Moche III se ubican cronológicamente entre el 240 y el 600 d.C. Para esta fase, contamos con 18 tumbas. Las 7 tumbas Moche IV se ubican entre el 600 d.C. y el momento de abandono del sitio, hacia el 850 d.C. No se ha registrado tumbas anteriores al piso 7, menos aún asociadas a la fase estilística Moche II, probablemente debido a que el CA35 no ha sido excavado en su totalidad hasta el nivel estéril. Características estructurales de las tumbas Según las características constructivas, las tumbas del CA35 se clasifi can en tumbas de fosa y tumbas de cámara, siguiendo la clasifi cación previa hecha para las tumbas del Núcleo Urbano y Huaca de la Luna (Tello et al. 2003:154-155). Si hacemos un cruce entre las características constructivas de las tumbas, y el número de individuos que contienen, son cuatro los subtipos de tumbas identificados dentro de los límites del CA35: (1) las tumbas de Fosa de entierro Individual (FI); las tumbas de Fosa de entierro Grupal (FG); las tumbas de Cámara de entierro Individual (CI) y las tumbas de Cámara de entierro Grupal (CG).
Fig. 3. Correlación de las tumbas del CA35
Tumbas de fosa
Las tumbas de fosa son las más simples en términos estructurales. Para nuestra muestra contamos con 20 tumbas, de las cuales 18 son FI y 2 son FG (cuadro 1). Son hoyos que se excavan en el suelo, de dimensiones variables, generalmente oblongas. En algunos casos tienen la base en forma de «v», probablemente debido al tipo de herramienta utilizada para su excavación. Para su construcción, se tuvo que romper pisos de arquitectura y los rellenos de dichos pisos. La variable que parece determinar el tamaño de la fosa es el número de individuos que contiene, pues las fosas más grandes son del subtipo FG. Sin embargo, en el caso específi co de las tumbas FI, no es clara cual es la variable que determina el tamaño de la fosa aunque el rango o estatus, traducido en la cantidad de ofrendas, parece ser más importante que el tamaño del individuo (incluido edad y género). Por ejemplo, la tumba que contiene la mayor cantidad de cerámica (tumba 23), contiene un niño de entre 12 y 18 meses de edad, y la fosa mide 200 cm de largo por 150 cm de ancho y 62 cm de profundidad. La fosa de la tumba 11, que también contiene un infante de entre 8 y 16 meses de edad, tiene apenas 65 cm de largo por 37 cm de ancho y 30 cm de profundidad. La tumba del individuo de mayor estatura (tumba 20) tiene sólo una vasija de cerámica y mide 170 x 70 x 56 cm. Un ejemplo «clásico» de tumba de fosa es la Tumba 4 (fi gura 4), de subtipo FI. Está asociada al piso 3 (Moche III) y tiene como dimensiones: 170 cm de largo, 70 cm de ancho y 56 cm de profundidad. El cadáver se encontró en posición decúbito dorsal o supino, con la cabeza al sur y los pies al norte. El cráneo estaba ligeramente inclinado sobre el hombro izquierdo, mirando al oeste. Los miembros superiores e inferiores estaban extendidos. Se registró un efecto de pared en ambos lados del cuerpo, lo que indicaría la presencia de un ataúd al momento de su inhumación. Se trata de un adulto mayor, posiblemente una mujer. La estatura se estimó en 153,3 cm (± 3,82 cm). Sobre los pies se ubicó una botella. De la boca se recuperó una lámina gruesa de cobre; sobre la pelvis, una lámina delgada, asociada a la mano izquierda. Junto a la tibia izquierda, se ubicó un hueso de extremidad de camélido (Tello y Delabarde 2008: 133-134).
Cuadro1. Características constructivas de las tumbas del CA35.
Tumbas de cámara
Son las tumbas formalmente más complejas. Se denominan así porque su estructura está conformada por 4 muros de adobes construidos dentro de una fosa, sin que la altura de los muros llegue hasta la boca de dicha fosa. Los 4 muros forman una cámara de dimensión paralelepípeda. Puesto que el primer paso es excavar una fosa, también se tuvo que romper pisos de arquitectura, y los rellenos de dichos pisos, para su construcción. En nuestra muestra, se ha registrado 5 tumbas, de las cuales una es del subtipo CI (tumba 5), y las cuatro restantes son CG (cuadro 1).
Fig. 4. Dibujo de planta y fotografía de la tumba 4, de subtipo fosa individual.
Tres de las tumbas de cámara registradas en el CA35 (tumbas 9, 10 y 14; fase estilística Moche III) presentan un techo compuesto por un nivel de vigas de «algarrobo» (Prosopis pallida) o de «caña de guayaquil» (Guadua angustifolia) dispuestas a lo largo de la cámara descansando sobre las cabeceras de los muros norte y sur. Estas vigas a su vez soportaban un nivel de «caña brava» (Gynerium sagittatum), dispuesto de manera transversal a dichas vigas. Sobre el nivel de cañas, iba un nivel de adobes, para finalmente ser sellado por un relleno, es decir, un nivel de tierra de entre 20 y 97 cm de espesor, hasta alcanzar la boca de la matriz. Este relleno final estuvo generalmente compuesto por tierra y adobes, tanto enteros como fragmentados, muy compacto. Tello y Delabarde (2008: 147) asumen que el relleno fue humedecido y apisonado durante su depósito en la matriz. En los otros dos casos (tumbas 5 y 6, fase estilística Moche IV), las cámaras eran simplemente selladas por el mismo relleno de la tumba y un piso, sin arreglo de techo alguno (cuadro 1). Los adobes de los muros que configuraban las cámaras están dispuestos, en la mayoría de los casos, de soga, salvo en el caso de una cámara (tumba 10, fi gura 5) que tiene hornacinas en los muros este y oeste, donde los adobes están colocados tanto de soga como de canto. Las paredes de los muros de las cámaras estuvieron enlucidas con barro, sin evidencia de pintura. La base de las cámaras también era tratada mediante un apisonamiento compuesto por una capa de barro que descansaba sobre una capa de arena, o de arena y tierra.
Las dimensiones de las cámaras también varían, y no es clara ninguna variable que las determine. La cámara más pequeña (tumba 9), de subtipo CG, tiene en su interior 116 cm de largo por 60 cm de ancho y 88 cm de profundidad. La más grande (tumba 14), también del subtipo CG, tiene en su interior 226 cm de largo por 140 cm de ancho y 85 cm de profundidad.
Una tumba de cámara «clásica», desde el punto de vista formal, es la tumba 14. Se trata de una cámara de adobes construida dentro de una fosa excavada desde el piso 6. La fosa tiene 257 cm de largo por 178 cm de ancho y 125 cm de profundidad. Dentro de ella se habilitó la cámara, de 226 cm de largo por 140 cm de ancho y 85 cm de profundidad, cuya base estaba constituida por una capa de tierra apisonada de unos 5 cm de espesor. Dentro de ella se colocaron los cuerpos de tres individuos, de los cuales uno es el entierro original y los dos restantes, re-entierros. La cámara se rellenó con arena semi-compacta, mezclada con pedazos de piso, adobes quebrados y fragmentos de material cultural. La cámara presentó un techo compuesto por tres «cañas de guayaquil» dispuestas a lo largo sobre los muros norte y sur, sobre las cuales se colocó una trama de «caña brava» de manera transversal, para fi nalmente ser cubierto por una capa de adobes. Sobre este techo se colocó un relleno, compuesto de tierra y pedazos de adobe, hasta sellar la tumba (Tello en prensa: 179-184) (Figura 6).
Proceso de enterramiento
Los datos etnohistóricos proporcionados por los cronistas coloniales indican que, en el mundo andino, la muerte de una persona era un acontecimiento importante dentro de su familia y de su comunidad, y su importancia variaba según su posición social. La importancia social infl uía en el tiempo de duración del velatorio, dónde era enterrado, cómo y con qué era enterrado, la cantidad de asistentes a su sepelio, entre otros aspectos. Se desconoce en qué momento del velatorio el muerto era amortajado y/o colocado en un ataúd. De un dato proporcionado por Bartolomé de las Casas (1939 [1550], capítulo XV), respecto a que durante el velatorio «Ponenle cada dia ropa y vestidos nuevos sobre los que tiene, sin quitalle nada» se deduce a priori que la colocación del difunto en la mortaja y/o ataúd se debió hacer en las instancias finales.
Luego del velatorio, que podía durar varios días dependiendo de la clase social del difunto1, se procedía al entierro. El difunto era llevado por sus parientes y amigos en procesión hasta la sepultura, Según Bernabé Cobo (1964 [1653], capítulo VII), «Celebraban las obsequias acompañando al muerto sus parientes y amigos hasta la sepultura con cantares lúgubres, bailes y borracheras, que duraban tanto más tiempo cuanto era mayor la calidad del difunto».
En el caso de la tumbas de fosa, el proceso de enterramiento parece fácil de deducir. Uno o dos sepultureros cavaron la fosa hasta alcanzar las dimensiones deseadas 2. Luego se procedió a colocar el cuerpo del difunto (o difuntos), el ajuar funerario y ofrendas correspondientes. Finalmente, los sepultureros rellenaron la fosa con tierra hasta sellarla; incluso, se pudo sellar con un piso arquitectónico.
En el caso de las tumbas de cámara, los sepultureros cavaron una fosa hasta alcanzar las dimensiones deseadas y dentro de ella arreglaron la disposición de los 4 muros que dan forma paralelepípeda a la cámara. La disposición de los adobes dependerá de la presencia o no de hornacinas. Se niveló la base de la cámara con barro, a manera de piso, y se procedió a la deposición del cuerpo o cuerpos humanos, y las asociaciones correspondientes. Las tumbas de cámara Moche III del CA35 fueron rellenadas hasta la base de la cámara, luego de lo cual se colocó el techo, para fi nalmente rellenar el resto de la fosa hasta la boca. Las tumbas de cámara Moche IV fueron rellenadas hasta la boca de la matriz, sin colocar techo alguno.
Este proceso «clásico» presenta dos variantes en el CA35, defi nidas por cuerpos inhumados fuera de la cámara, pero dentro de la fosa3 (tumbas 5 y 6). En el caso de la tumba 5, el difunto-ofrenda se entierra primero, en la base de la matriz de fosa, luego se rellena con tierra y se elabora el piso de la cámara. Luego se construye la cámara, es decir sus 4 muros, y en su interior se deposita el cuerpo. En la tumba 6, el proceso es el mismo, con la diferencia de que en el interior de la cámara se depositan el entierro principal y más difuntos-ofrenda4.
Fig. 5. Tumba 10. a. Plano de parte de la cubierta; b. Plano de planta de restos óseos y cerámica en la cámara; c. Plano de ubicación de las hornacinas de la cámara; d. Reconstrucción isométrica de la cámara.Fig. 6. Tumba 14. a. Plano de planta de la cubierta; b. Plano de planta de las osamentas y de la cerámica.
Asociaciones
Las asociaciones se pueden separar en aquellas que están en directa relación con el cuerpo (relación directa) de aquellas que no lo están (relación indirecta). De los cronistas obtenemos descripciones sobre las asociaciones que acompañaban a los difuntos de elite. Las tumbas de los difuntos más importantes incluían en su ajuar a sus mujeres, sirvientes, vestidos, ornamentos, objetos de cerámica, objetos de metal, armas, instrumentos de ofi cio, comida y chicha, etc. Tomaremos como ejemplo, la descripción que hace Bernabé Cobo, quien describe con qué se enterraba a los difuntos:
«… aderezados y compuestos de las vestiduras mas preciosas, de todas las joyas y arreos con que solían engalanarse cuando vivían, con las armas que usaban en la guerra, y en muchas partes con los instrumentos del ofi cio que habían ejercitado en vida, como, si era pescador, con las redes y demás adherentes; y a este modo de los otros ofi cios. Ponían sobre el cuerpo difunto de sus comidas y bebidas; y con los caciques y señores enterraban parte de sus criados y de las mujeres mas queridas; destos, unos ahogaban antes y los echaban muertos, y a otros, habiéndolos primero emborrachado, los metían vivos en la sepultura, a que muchos de su voluntad se ofrecían» (Cobo, op. cit., capítulo VII).
Asociaciones de relación directa
Aquí incluimos aquellos objetos que están en contacto directo con el cuerpo, como objetos en la boca, manos y/o sobre diferentes partes del cuerpo; máscaras, collares, orejeras, narigueras y otros ornamentos puestos en sus sitios correspondientes o al menos dentro de receptáculos como ataúdes o fardos (Kaulicke 2001: 91) (ver cuadro 3).
Cuadro 3. Asociaciones directas e indirectas en las tumbas del CA35.
Ornamentos de metal
Generalmente los ornamentos que forman parte de la indumentaria del difunto son de metal, principalmente cobre. Sólo en siete tumbas se han registrado ornamentos completos o casi completos de metal reconocibles. Entre los ornamentos reconocidos se encuentras restos de máscaras, narigueras, orejeras, colgantes, collares, cuchillos, así como partes de ornamentos no identifi cados, como cuentas, láminas y discos. La tumba más rica en ofrendas de metal es la tumba 9, asociada a la fase estilística Moche III, que registra 2 orejeras de oro, un collar conformado por 12 grandes conos de cobre dorado en forma de búho y una cuenta alargada de este mismo material; un par de láminas alargadas con agujeros, de cobre dorado; un conjunto de pequeños discos de cobre dorado; pequeños discos y cuatro pequeños objetos globulares debajo de la mano del individuo principal (Figuras 7 y 8).
Fig. 7. Vista en primer plano, in situ, de asociaciones de ornamentos del difunto principal de la tumba 9.Fig. 8. Ornamentos de metal de la tumba 9. a. Orejeras de oro; b. Colgante en forma de cono; c. Objeto laminar alargado con agujeros.
Fragmentos de metal, cerámica y conchas
Fig. 9. Tumba 13. Asociaciones directas de fragmentos de cerámica.
En algunos casos, se ha registrado la costumbre de colocar piezas de cobre (láminas y fragmentos de láminas delgadas y gruesas, piezas pequeñas enteras y fragmentadas, en algunos casos dobladas, etc.) en la boca del difunto, a veces envueltos en un fragmento de textil de algodón. Estas piezas habrían sido deliberadamente dobladas o rotas antes de ser colocadas en las tumbas. Según Donnan y Mackey (1978:86) esta costumbre «is an extensión of the Salinar and Gallinazo practice of placing metal objects in the mouth». Estos investigadores señalan que esta práctica es muy común en las culturas prehispánicas subsecuentes (Ibid.). Sin embargo, su signifi cado simbólico, al menos en el mundo mochica, es desconocido5. Esta costumbre fue practicada, a decir del Padre Calancha (1934 [1638], capítulo 12), hasta algunas décadas después de la conquista:
«En los primeros años de su conversion desenterravan los difuntos de las Iglesias o cementerios, para enterrarlos en sus guacas, o cerros o llanadas, o en su mesma casa, i entonces beven, baylan i cantan, juntandose sus deudos i allegados, i les ponian como antes oro i plata en la boca, y ropa nueva tras la mortaja, para que les sirva en la otra vida. Esta supersticion mando arrancar el Concilio segundo Limense del ano de 1567 (…)».
La boca no es la única parte del cuerpo donde se colocaban pequeños objetos o fragmentos de objetos de metal. También se colocaron en antebrazos, manos, tórax, pelvis, piernas y pies. Esta costumbre no discrimina edad ni sexo, pero si el rol funerario del difunto, al menos en el CA35: de 36 individuos, al menos 12 tenían metal en algunas de las partes del cuerpo señaladas, pero ninguno de ellos es un acompañante o difunto-ofrenda, por lo cual esta costumbre está asociada a los difuntos principales. Otra costumbre que parece ser análoga, es la de colocar fragmentos de cerámica en vez de metal, pero esto sólo se da, al menos en el 35, en tumbas de fosa (Figura 9). Existe un caso donde el difunto tiene en las manos valvas de concha (ver cuadro 3).
Cinabrio
Si bien el uso del cinabrio (sulfuro de mercurio) para fi nes funerarios estuvo muy difundido en la zona central andina, no es común a todos los contextos mortuorios. En las Huacas del Sol y de la Luna se ha registrado cinabrio en las osamentas, en los arreglos (ataúd, envoltorio) o en las ofrendas asociadas (cerámica, metal, mates) de algunas tumbas, así como en algunos contextos arquitectónicos rituales. Pero no es lo común. En el caso específi co del CA35, se detectó en dos tumbas: tumba 5 (radio derecho del individuo principal) y tumba 19 (cuello).
Otros
Además del material descrito, también se pueden encontrar en las tumbas objetos de piedra y hueso, principalmente en forma de cuentas que habrían formado parte de collares.
Asociaciones de relación indirecta
En este grupo incluimos ofrendas que, estando dentro de la estructura funeraria, están separadas del individuo aunque ordenados en relación a él (Kaulicke op. cit.). En este grupo destacan la cerámica y las ofrendas de animales, especialmente camélidos (ver cuadro 3).
Objetos de Cerámica
Se ha registrado en total 143 piezas de cerámica, completas o casi completas, asociadas a las fases estilísticas Moche III (79 piezas) y Moche IV (64 piezas). Las formas de cerámica más recurrentes son las botellas y los cántaros6. Prácticamente todo el grupo de vasijas son fi nas; la calidad de la cerámica es buena en términos generales. Sin embargo, la cerámica de las tumbas Moche III (Figura 10) es de mejor acabado que la de las tumbas Moche IV (Figura 11). Cualitativamente, las piezas de cerámica registradas son piezas fi nas, escultóricas y/o pictóricas, de uso restringido. En un sólo caso, el ajuar cerámico incluye una vasija de cerámica para uso doméstico: una olla (tumba 23, ocupada por un infante)7.
Fig. 10. Muestra de vasijas de cerámica de tumbas Moche III del CA35. a. Botella asa-estribo con decoración pictórica; b. botella asaestribo escultórica.; c. Cántaro con decoración pictórica; d. Cántaro con decoración escultórica; e. Cuenco; f. Canchero; g. Olla; h. Crisol; i. Miniatura que representa un vaso escultórico.
No se han hecho estudios específicos para determinar si los objetos cerámicos fueron elaboradas ex profeso para la tumba o son piezas de uso restringido usadas por el difunto en vida. En el estudio sobre las tumbas del Núcleo Urbano y Huaca de la Luna previamente mencionado, al hablar sobre el ajuar cerámico, Tello y colegas (2003: 163) aseguran que sólo algunos ceramios de la mejor calidad, que posiblemente formaban parte de los objetos personales del difunto, presentaron huellas de uso; en la mayoría de los casos, no presentaban evidencias de uso y se tratarían de vasijas fabricadas ex profeso para el entierro. La presencia de vasijas crudas en algunas tumbas Moche IV de Plataforma Uhle (Chauchat y Gutiérrez 2006, 2008) indicaría también una tendencia a elaborar piezas de cerámica estrictamente para fi nes funerarios.
Normalmente, las ofrendas de cerámica en las tumbas de fosa, tanto Moche III como IV, oscilan entre 1 y 4 piezas. Los dos casos excepcionales son las tumbas 7B y 23 (9 piezas cada una). La tumba 23 contiene 1 olla, 1 botella asa-estribo escultórica, 2 cántaros y 5 miniaturas8. Esta tumba es la única en donde se registran una olla y miniaturas. Es en las tumbas de cámara donde se ha hallado la mayor cantidad de cerámica por tumba; en líneas generales, el número de piezas de cerámica en este tipo de tumba es muy variable, y no guarda relación con el número de individuos que la ocupan. Por ejemplo, la tumba 5 posee la mayor cantidad de ajuar cerámico, contando con 44 piezas de cerámica, y solamente fue ocupada por un individuo dentro de la cámara, y una ofrenda humana bajo la misma, la cual no posee cerámica asociada. Sin embargo, la tumba de cámara 14, que fue ocupada por 3 individuos, sólo contó con 8 vasijas asociadas.
Casi todas las tumbas tenían vasijas de cerámica. Sin embargo, cinco no contuvieron vasijas de cerámica como parte de su ajuar funerario (tumbas 13, 18, 19, 21 y 22)9. En los 5 casos se trata de tumbas de fosa ocupadas por infantes, de las cuales tres pertenecen a un mismo piso de ocupación (tumbas 18, 19 y 22, piso 4). Estos infantes, en 4 casos, presentaron fragmentos de cerámica doméstica en asociación directa al cuerpo, aparentemente de manera análoga a la costumbre de colocar láminas o fragmentos de láminas de metal, como ya se ha visto.
Fig. 11. Muestra de piezas de cerámica de tumbasMoche IV del CA35. a. Botella de asa lateral; b. Cántaro con aplicación escultórica; c. Cántaro con decoración pictórica; d. fl orero; e. cuenco; f. canchero; g. silbato; h. pututo; i. piruro.
Ofrendas de animales
Catorce tumbas presentan ofrendas de animales, de las cuales 12 son ofrendas de camélido; en un caso es un roedor (probablemente un «cuy», Cavia porcellus) y en otro caso es un pescado no identificado. Las partes de camélido que se ofrendan de manera más común son el cráneo, mandíbula, vértebras, costillas y extremidades. Parece que ciertas ofrendas de animales no habrían cumplido una función alimenticia en el marco ideológico funerario moche, como ya fue observado por Donnan y Mackey (1978: 210), en base a la pobreza del contenido de carne de las ofrendas de camélido. Recientemente, Nicolás Goepfert analizó una muestra de ofrendas de animales registradas en tumbas de la Plataforma Funeraria Uhle, al oeste del templo viejo de Huaca de la Luna. Corroboró lo observado por Donnan y Mackey y sugiere, haciendo uso de datos iconográficos y etnográficos, una función de psicopompa, «es decir, que el animal ayuda a llevar el alma del muerto al inframundo» (Goepfert 2008: 240). Al menos este parece ser el caso para las ofrendas de camélido, animal que es representado en la iconografía transportando esqueletos en el mundo de abajo.
Adicionalmente, se puede encontrar en algunas tumbas otras piezas como piedras trabajadas y pedazos de cuarzo.
LOS INDIVIDUOS ENTERRADOS Y SU TRATAMIENTO
En total, son 36 los individuos enterrados en las diferentes tumbas registradas en el CA35.
Orientación
La orientación predominante es la S-N, típica de los entierros moches en el sitio, en la cual el cuerpo está enterrado a lo largo de la matriz, con la cabeza al sur y los pies al norte; sin embargo, se han registrado 4 casos en los cuales el cuerpo está orientado en sentido E-W. La predominancia de la orientación S-N es recurrente para cada piso de ocupación. La orientación del cráneo parece ser irrelevante, pues se han registrado casos en que el individuo está con la mirada al frente, así como al este o al oeste (cuadro 2).
Posición
La posición más común del cadáver es decúbitodorsal o supina (DD), con las extremidades superiores e inferiores extendidas. En la mayoría de los casos, las extremidades superiores están recogidas a la altura de la pelvis, y las extremidades inferiores recogidas a la altura de los pies, uno sobre el otro. Sin embargo, existen algunas variantes en la posición de manos y los pies. Las manos pueden estar también paralelas a los costados, a la altura del fémur; recogidas ambas sobre el tórax; o una bajo el cuerpo y otra sobre la pelvis. Las extremidades inferiores pueden estar también extendidas con los pies paralelos, o ligeramente fl exionadas.
La posición DD, con 21 casos de los 36 registrados, equivale al 60% del total de difuntos del CA35. La preferencia por esta posición es constante para cada uno de los pisos de ocupación. Son menos comunes los casos de posición decúbito dorso-lateral o de costado (DDL, izquierda y derecha), decúbito ventral o prono (DV), posición sentada fl exionada (SIT) y posición decúbito ventro-lateral derecha, con las piernas hiper-fl exionadas (DVLd) (ver cuadro 2).
Cuadro 2. Características biológicas y de tratamiento del difunto de las tumbas del CA35.
La posición DV no es aplicada en ninguna de las tumbas de la fase estilística Moche III de nuestra muestra, sólo en las tumbas Moche IV. En los tres casos registrados, los individuos están en tumbas de cámara y en calidad de acompañantes, como difuntosofrenda. En dos casos, boca abajo y en un caso con el cráneo mirando al norte (fi gura 12a).
La posición DDL (de costado) se aplica en 3 tumbas de infantes del subtipo FI (Moche III) y una tumba de adulto de sexo masculino, de subtipo FG (Moche IV). No parece haber ningún tipo de relación entre esta posición y variables como género, fase estilística Moche, tipo de tumba u orientación (figura 12b). De igual modo, en el resto de tumbas del Núcleo Urbano, registradas hasta el momento, se han hallado en esta posición tanto infantes como adultos de ambos sexos, en las fases estilísticas Moche III y Moche IV, tanto en tumbas de fosa como de cámara, orientados en sentido S-N, aunque también en sentido E-W (ver Tello et al. 2003:153, cuadro 5.1).
Fig. 12. Tipos de posiciones de difuntos, no típicos, registrados en el CA35. a. Decúbito ventral (DV); b. Decúbito dorso-lateral (DDL); c. Decúbito ventro-lateral derecho con piernas hiper-fl exionadas (DVLd); d. Sentados (SIT).
Las posiciones SIT y DVLd son aún menos comunes dentro de las prácticas funerarias moches10 y son casos únicos, hasta el momento, en el Núcleo Urbano. El caso del individuo colocado en posición DVLd, corresponde a la tumba 6, la cual se describirá a detalle más adelante (fi gura 12c). El caso de los individuos sentados (SIT) corresponde a la tumba 9 (figura 12d). Esta tumba se ubica en el ambiente 35-5. Es del tipo cámara, conformada por adobes que delimitaban un espacio rectangular de 116 cm de largo por 60 cm de ancho y 88 cm de altura, orientado en sentido sur-norte. La profundidad de la cámara tiene evidentemente que ver con la forma de enterramiento. Al interior se encontraron los restos de dos individuos, ambos colocados en posición sentada, con las piernas fl exionadas. El individuo 1 era un hombre adulto de entre 30 y 35 años de edad, de unos 162,2 cm de estatura (± 3,42 cm) se encontraba sentado de frente hacia el norte, recostado en el muro sur de la cámara. Los miembros superiores se extendían junto al cuerpo y se unían en la pelvis, mientras que los inferiores se recogían hacia el tórax. Las improntas de textiles en los huesos, reducidas a polvo marrón, demuestran que el cuerpo fue depositado dentro de un envoltorio. El cuerpo del individuo 2 corresponde a una mujer joven, de entre 15 y 20 años de edad, con unos 140,9 cm (± 3,82 cm) de estatura. El cuerpo se halló en el extremo norte de la cámara, apoyando la espalda en el muro este, inclinado hacia el lado izquierdo. Al igual que el individuo 1, el cráneo estaba inclinado hacia abajo debido a un deslizamiento de su posición original. Los miembros superiores se hallaron retraídos hacia el tórax, pero con los codos retirados del cuerpo; los miembros inferiores estaban flexionados, pero hacia abajo, permitiendo que las rodillas se separen y sobresalgan hacia arriba, mientras que el pie derecho se superponía al izquierdo (Tello 2003: 176).
Número de individuos por tumba
Tanto las tumbas de fosa como las de cámara, pueden poseer un único individuo (de entierro individual) como una cantidad mayor (de entierro grupal). Los dos casos de tumbas de fosas de entierro grupal (tumbas 7A y 7B) son tumbas dobles, es decir, poseen sólo dos individuos11. Las cámaras de entierro grupal pueden poseer dos (tumbas 5,9 y 10), tres (tumba 14) o cuatro (tumba 6) individuos. En los casos de tumbas grupales, tanto de fosa como de cámara, aparentemente nos hallamos ante entierros múltiples, aunque al menos un caso parece ser un entierro colectivo (tumba 14)12.
Atributos paleodemográficos
Fig. 13. Gráfi co sobre periodo de vida y sexo de los difuntos del CA35.
El grupo de 36 individuos enterrados en las tumbas del CA35 incluye 2 fetos (5,56%), 17 infantes (47,22%) y 17 adultos (47,22%). Tal como se observa en el cuadro 2 y fi gura13, hay dos no natos o fetos, ambos registrados en una tumba de fosa grupal (tumba 7B, fase estilística Moche III, piso 4). Los dos tienen entre 7 y 9 meses lunar in utero. La presencia de una vasija de cerámica escultórica, que representa una curandera, es sugerente, y podría tener relación con la mujer que intervino en el parto fallido de uno o los dos fetos (Tello y Delabarde 2008: 141).
Hay 17 infantes cuyas edades oscilan entre los 6 meses y los 10-14 años. Aunque están presentes en todos los tipos de tumba de la muestra, es en las fosas individuales donde su presencia es abrumadoramente mayoritaria. No se dan casos en que la posición del cuerpo del infante sea DV, SIT o DVLd. Dentro del grupo de los adultos, hay cierto equilibrio en cuanto al género. De los 17 adultos identifi cados, 7 son mujeres, 8 son hombres y en 2 casos el género no se ha podido determinar. También hay un equilibrio en cuanto a su presencia según el tipo de tumba. Las edades oscilan entre los 15-20 años y los 40-55 años. Las mujeres son bastante jóvenes, pues sus edades oscilan entre 15-20 y 18-25 años; mientras que en el caso de los hombres, las edades oscilan entre 18-25 y 40-55 años. Las tallas de los individuos de sexo masculino oscilan entre 160 y 168 cm mientras que las de las mujeres, entre 140 y 153 cm. En nuestra muestra no existen tumbas con difunto de sexo femenino orientado en sentido E-W. Esta afi rmación preliminar se hace extensiva al resto de tumbas del Núcleo Urbano.
Envoltorio
Fig. 14. Caso atípico de uso de tinaja como ataúd. Tumba 23.
La preservación de elementos de origen orgánico es mala debido a la altura de la capa freática, pero sobre todo al uso del espacio en el Periodo Chimú como terreno de cultivo. Esto ha impedido que se conserven componentes como el ataúd, los envoltorios o mortajas, y el vestido. Sin embargo, se conservan algunas evidencias, como por ejemplo las improntas, la descomposición en espacio colmado de la osamenta, o efecto de pared en los huesos, que indican que los cuerpos estuvieron envueltos en textiles y/o dentro de ataúdes de cañas, la igual que en tumbas moches de otras zonas. Al menos en 11 de las 25 tumbas, esta evidencia es clara. En todos los casos de las tumbas de cámara, al menos el individuo considerado el difunto principal presenta evidencias de envoltorio y/o ataúd. En un único caso, la evidencia sugiere que el cuerpo fue depositado desnudo. Es el caso del individuo 2 de la tumba 9, del subtipo CG, una mujer que fue colocada sentada, acompañando a un hombre, también sentado.
Un caso atípico de «ataúd» es aquel de la tumba 23, del subtipo FI. Es una fosa de 150 cm de largo por 200 cm de ancho por 62 cm de profundidad, la cual fue sellada por una torta de barro. Dentro de la fosa se halló una vasija grande carente de borde y fragmentada, tapada por la base convexa de otra vasija. Dentro de ella se acomodó el cuerpo de un infante de menos de 6 meses de edad, «como dentro de un útero» (Tello et al. 2005: 234). Se hallaron ofrendas tanto en la fosa como en el interior de la vasija que contenía el cuerpo del infante. El ajuar cerámico está compuesto por objetos de cerámica, objetos de metal, y en menor medida de otros materiales, además de ofrendas de animales (fi gura 14).
Actores funerarios: principales y acompañantes
En las tumbas de entierro grupal registradas en el CA35 se pueden identifi car dos tipos de actores: el difunto principal y difunto-ofrenda o acompañante.
Los difuntos principales son los muertos que han motivado el ritual funerario. Puesto que tienen la capacidad de ocasionar la muerte de otras personas para que los acompañen en su viaje al mundo de los ancestros, se suponen personas del más alto nivel de la elite. Existen algunos aspectos que confl uyen para identifi carlos dentro de una tumba de entierro grupal. El primero es la orientación y disposición del cuerpo; en el caso moche, el cuerpo que se encuentre en sentido sur-norte, decúbito dorsal extendido, podría ser el difunto principal. Un segundo aspecto a tener en cuenta son las asociaciones. El difunto principal lleva asociaciones directas e indirectas siempre, mientras que los difuntos-ofrenda, como veremos más adelante, no. Las asociaciones indirectas son colocadas, claramente, en dirección al difunto principal.
Los difuntos-ofrenda o acompañantes son inmolados como parte del ritual funerario de entierro, para acompañar a los difuntos principales al mundo de los ancestros; son ofrendas humanas. Dentro de nuestra muestra, al menos 5 individuos presentan evidencias de ser ofrendas humanas. Estos se encontraron inhumados en las tumbas de cámara 5, 6 (Moche IV) y 9 (Moche III). En el caso de la tumba 5, una ofrenda humana fue colocada debajo de la cámara mientras el entierro principal se encontraba dentro de la misma.
El individuo considerado ofrenda, una mujer, se encontraba en posición decúbito ventral, ubicado bajo el muro este de la cámara y no tenía ninguna asociación, aunque posiblemente fue inhumado con un envoltorio. En el caso de la tumba 6, una ofrenda humana fue colocada debajo de la cámara, y dos más fueron colocadas dentro de la cámara, junto al entierro principal. Las posiciones de los individuos ofrenda son sugerentes. El individuo-ofrenda que se halló bajo la cámara, de sexo masculino, se encontró en posición decúbito ventro-lateral derecha con los brazos flexionados y las piernas hiperflexionadas, y el muro oeste de la cámara pasaba por encima de su pelvis; su cuerpo se halló sin asociación alguna. Uno de los individuos-ofrenda depositados dentro de la cámara es un adulto de sexo femenino, que se ubicó al costado derecho del individuo principal, en la misma orientación (S-N), pero decúbito ventral y fl exionado. Los miembros inferiores estaban hiperflexionados hacia el abdomen, con las rodillas al nivel del tórax y los pies por debajo del miembro derecho del individuo principal. Esto sugiere que el individuo fue arrojado y que las piernas fueron flexionadas para permitir el depósito del individuo principal. La mayoría de las conexiones están preservadas y la organización de los huesos muestra que no hubo perturbación al momento del depósito de los otros cuerpos, por lo tanto sería un depósito simultáneo. Para Tello y Delabarde (op. cit.), la posición es característica, más de una ofrenda, que de un entierro moche. El otro individuo-ofrenda es un niño de entre 4 y 5 años de edad. Se localizó a los pies del individuo principal, en posición decúbito ventral y estaba dispuesto con la cabeza hacia el noreste y los pies al suroeste. Los miembros inferiores se encontraron extendidos y pasaban debajo de la pierna derecha del individuo 1. Esta forma de enterramiento tampoco es común para los moches y se parece a la inhumación de los otros individuos-ofrenda. Todas las ofrendas materiales de la tumba se encuentran asociadas al difunto principal, inhumado al final (figura 15).
Fig. 15. Tumba 6. a. Plano de planta de difunto principal y difuntosofrenda, así como sus asociaciones; b. Plano de planta de difunto ofrenda (individuo 4) bajo la cámara.
En el caso de la tumba 9, la ofrenda humana fue colocada dentro de la cámara, junto al difunto principal. Las posiciones de ambos, son poco ortodoxas, pues se encontraban sentados. El difunto-ofrenda es un adulto de sexo femenino, y su osamenta no mostraba rastros de ningún tipo de envoltorio y no presentaba asociaciones. A partir de la diferencia en el tratamiento del los cuerpos, Tello asume que el hombre sería el personaje principal de la tumba, mientras que la mujer habría sido sepultada desnuda como acompañante. Como ajuar funerario se registró vasijas de cerámica, ornamentos de metal y ofrendas de camélido (Tello en prensa). Todas las asociaciones correspondían al individuo considerado el entierro principal. Manipulación post-entierro En el CA35 hay evidencias de manipulación posterior al entierro, realizada por los mismos moches. Este es el caso de las tumbas 7-A, 14 y 23, consideradas re-entierros, y las tumbas 5 y 10, donde se ha desenterrado la tumba, manipulado los huesos, y vuelto a enterrar.
Re-entierros
La tumba 7-A, de subtipo FG y fi liación Moche IV, ha sido interpretada por sus investigadores (Tello y Delabarde 2008: 140-141) como un re-entierro. Esta ocupada por un adulto de sexo masculino y un infante. Al adulto se le halló sin ningún hueso de la mano izquierda, y los huesos de los pies estaban incompletos; también se registró una perturbación en la organización de la osamenta. Además, al levantar el sacro, se registró dos carpos de la mano derecha de otro individuo adulto. Los huesos faltantes se habrían perdido antes de ser depositado el cadáver en la tumba, aunque no hay ninguna explicación lógica para la presencia de los carpos del otro adulto. La osamenta del niño también se halló con algunas alteraciones: la mayoría de los elementos del tórax y de la cintura pélvica estaban desplazados, las costillas se encontraron en paquete, y el fémur derecho se registró al lado izquierdo, mientras que el izquierdo al lado derecho. Algunos fragmentos de la pelvis se ubicaron hacia los miembros inferiores. Puesto que los cuerpos presentan algunas conexiones preservadas, Tello y Delabarde (2008: 141) sugieren que «el enterramiento se realizó cuando la descomposición del cuerpo no era total (…)».
La tumba 14, de subtipo CG, asociado a la fase estilística Moche III, presenta clara evidencias de re-entierro. En su contexto primario debió ser una tumba individual de un adulto de sexo masculino, que luego se reabrió para colocar dos re-entierros de infantes. Mientras la osamenta del adulto se encontraba articulada, algunos huesos de los infantes, como por ejemplo el cráneo y las extremidades superiores e inferiores, se extendían fuera de sus posiciones anatómicas, de lo cual se deduce que estos habrían sido traídos de otro lugar cuando sus tejidos blandos ya estaban decompuestos (Tello en prensa: 182) La tumba 23, es una tumba FI, donde el cuerpo de un infante fue depositado dentro de una vasija grande, posiblemente una tinaja y esta a su vez, dentro de la fosa. El esqueleto se encontraba en posición DD, pero sus huesos no se encontraban en posición anatómica, lo que indicaría que el cuerpo fue depositado parcialmente descompuesto dentro de la vasija.
Estos son ejemplos que indicarían la costumbre de desenterrar difuntos enterrados en lugares distantes, y que se re-entierran en la ciudad. La práctica de reenterramientos ha sido registrada en otros contextos moches. En la Huaca Cao Viejo, en el Complejo Arqueológico El Brujo (valle de Chicama), se registró una tumba de cámara con evidencias de remoción de la osamenta del personaje principal, remoción de ofrendas, rotura de ofrendas, desplazamiento de parte del ajuar afuera de la tumba y desarticulación de los esqueletos que acompañaban al personaje principal, el cual debió ser re-enterrado en otro lugar, como ha sido registrado en una tumba de cámara en Huaca Cao Viejo (valle de Chicama) (ver Franco et al. 1998, 2003: 165).
Sin embargo, existe la posibilidad de que no se traten de re-entierros sino de entierros primarios de difuntos que fueron trasladados, luego del velatorio, desde lejos del lugar de entierro. Nelson y Castillo (1997) registraron que la osamenta de la mayor parte de los individuos enterrados en tumbas del periodo Moche Medio, en San José de Moro (valle de Jequetepeque) estuvo desarticulada en zonas como el cráneo, los pies, las costillas y vértebras. Estos investigadores aseguran que cuando se depositaron los cuerpos en las tumbas, estos se encontraban en un avanzado proceso de descomposición, y que esto se debería a un prolongado ritual funerario pre-entierro de algunas semanas de duración, incluido el traslado desde zonas distantes a San José de Moro.
Entierro-desentierro-entierro
La tumba 9, es de subtipo CG y está asociada con cerámica de la fase estilística Moche III. Las evidencias que indican manipulación post-mortem son las siguientes: (1) el centro del relleno de la tumba estaba más suelto, compuesto por arena, y dicho espacio se reducía conforme se ingresaba a la cámara; (2) el techo de adobes y algarrobo había sido removido y cortado; (3) el muro este de la cámara fue parcialmente destruido. Para Tello (en prensa: 174) este proceso tuvo por fi nalidad «depositar o extraer algún elemento de la tumba». Las osamentas de los dos individuos que ocupan la cámara están completas y no presentan huellas visibles de manipulación por lo que se podría suponer que la tumba se re-abrió con la fi nalidad de darle de comer y beber al difunto principal, proceso que incluyó la manipulación del ajuar. Al menos existe evidencia de un cántaro que fue introducido en la tumba «después que se sella la cámara» (Tello en prensa: 177).
Fig. 16. Tumba 10. a. Restos óseos disturbados del primer nivel; b. Restos óseos disturbados del segundo nivel.
La evidencia sobre la costumbre de desenterrar las tumbas para darles de comer a los difuntos y renovar su ropa, dentro de un periodo de tiempo establecido, ha sido registrada por diferentes cronistas, a lo largo de los llanos y la sierra andina (p.e. Francisco de Ávila 1987 [1598], capítulo 28; Cieza de León 1946 [1553], capítulo LXIII; Calancha 1934 [1638], Capitulo 12; Las Casas 1939 [1550], capítulo XV). Por ejemplo, Cieza de León dice que «… usaron en los tiempos pasados de abrir las sepulturas [el subrayado es nuestro] y renovar la ropa y comida que en ellas habían puesto». En el mismo sentido, Francisco de Ávila señala como «… decían a propósito de la fi esta de Todos los Santos que los huiracochas también ofrecían comida de la misma manera que ellos solían hacer a sus cadáveres y a sus huesos [el subrayado es nuestro]; y así, en los tiempos antiguos, llevaban toda clase de comida, toda muy bien preparada, diciendo: ¡Vamos a la iglesia! ¡Demos de comer a nuestros muertos!».
La tumba 10, es de subtipo CG y fi liación Moche III. Las evidencias que indican manipulación post-mortem son varias. La cubierta de adobes rota es la primera evidencia. Una segunda evidencia es las características del relleno: hacia el centro y parte superior, el relleno estaba conformado por tierra con pedazos de adobes, de consistencia compacta, mientras que los extremos y la base estuvieron rellenados con material semicompacto, conformado por arena y algunas concentraciones de tierra, que sería el relleno original. La tercera evidencia está conformada por las osamentas: se identifi caron tres individuos dentro de un depósito de huesos perturbados, los cuales, en algunos casos están en paquete o preservando conexiones anatómicas. En la fosa, pero fuera de la cámara (primer nivel, fi gura 16a), se encontró los miembros inferiores de un niño; dentro de la cámara (segundo nivel, fi gura 16b) se hallaron los huesos de los adultos, pero sin los huesos de la pelvis y el cráneo, lo cual impidió determinar el sexo. El orden en que se hallaron las vasijas tanto dentro como fuera de la cámara, fue muy particular «y estaría indicando que el ajuar funerario también fue disturbado. Es muy posible que se sacaran y/o ingresaran elementos, incluso los ceramios del primer nivel podrían haber estado originalmente dentro de la cámara» (Tello y Delabarde 2008: 154). Este es un proceso tafonómico diferente al de la tumba 9. Belkis Gutiérrez (2008) nos ofrece una primera interpretación de este tipo de contextos. Ella reporta procesos de alteración post-entierro en la Plataforma Uhle, ubicada al pie de la Huaca de la Luna. Según Gutiérrez hay un orden pre-establecido que se inicia con el entierro primario, luego el desentierro del mismo, generalmente cuando el cuerpo está parcialmente articulado. En dicho desentierro, se remueve una parte del cuerpo, o la mayor parte del mismo, quedando algunos huesos como prueba de que el cuerpo estuvo en la cámara. El ritual termina con el re-entierro «sin inhumación, es decir se sella la tumba manipulada dejándola casi vacía»; esto entierros habrían estado ligados a eventos El Niño (Gutiérrez 2008: 248). ¿A dónde se llevan los huesos extraídos? Se han registrado casos en diferentes zonas del complejo arqueológico donde se han hallado partes de cuerpos humanos enterrados en contextos no funerarios. Por ejemplo, en el CA39, Seoane y co-autores reportan el hallazgo de 2 cráneos así como dos miembros inferiores en conexión anatómica en una zona de almacenes (ambiente 6); igualmente extremidades humanas de al menos una mujer y dos adolescentes en otra zona de almacenamiento (ambiente 13), también anatómicamente articulados (Seoane et al. 2007: 183).
Siguiendo las evidencias de la tumba 10, quisiéramos sugerir otra posibilidad de interpretación a la propuesta de Gutiérrez. Podría ser que la osamenta fue sacada de la tumba para cumplir algún ritual donde esta fue manipulada, luego de lo cual fue re-depositada. En el lapso de tiempo entre la extracción de la osamenta y su re-entierro, la manipulación de los huesos pudo ocasionar el desprendimiento y pérdida de algunos de ellos, por lo que al re-enterrarse, los cuerpos se encontraron incompletos. Margarita Gentile reporta, gracias a un documento etnohistórico, la práctica de desenterrar muertos en 1784, en la ciudad boliviana de Cochabamba. Aún cuando esta ciudad está muy lejana de la costa norte del Perú, los datos que proporciona Gentile son muy interesantes. Por ejemplo, cuando habla de la práctica de desenterrar muertos dice que:
«Hasta la tarde brindan y se convidan unos a otros, en el atrio de la iglesia. Luego pasan al camposanto y comienzan a desenterrar los cadáveres enterrados el año anterior, tarea que dura hasta la noche. Después dichos cadáveres son depositados en la iglesia, en féretros, pero las calaveras, y parece que parte de algunos cuerpos, se llevan envueltos en mantas, llamadas también aquí quepes y llicllas (…), a las casas de los alfereces. Allí se baila ‘cargados a las espaldas los huesos, para que también se festejen, y alegren los difuntos’ Al día siguiente, al medio día, los alfereces encabezaban una procesión llevando las calaveras adornadas con fl ores, sostenidas en pañuelos (telas o paños pequeños). Luego sacan los féretros que estaban dentro de la iglesia, adornados con guirnaldas de fl ores, y salen todos en procesión alrededor del camposanto precedidos por un sacerdote con capa negra y otros con túnicas de mangas anchas, acompañados de muchas velas y los alfereces con sus pendones distintivos. El último acto público es el entierro en el interior de la iglesia, posiblemente en una fosa común (…) ya que en esta circunstancia no cabe pensar que se pudiera respetar ninguna manda testamentaria referida al lugar de entierro …» (Gentile 1994: 72-73).
Al respecto, Gentile (1994: 74) sostiene que se trata de una ceremonia «para rogar por el agua necesaria para las chacras…», donde se compromete a los difuntos «a ser buenos intermediarios a cambio de un festejo». Gentile (ibid.) añade que «No hay que perder de vista tampoco que, en los Andes en general, los difuntos no entran en tal categoría sino hasta los tres años de fallecidos, de manera que al año, como en este caso, todavía no se han ido del todo (para expresarlo de alguna forma». La procesión de los alfereces llevando las calaveras adornadas con fl ores «retrotrae sin esfuerzo a las escenas representadas en huacos mochicas y nasca».
SÍNTESIS Y COMENTARIOS FINALES
La información arriba presentada, complementada con los cuadros 1, 2 y 3, nos permite hacer un análisis sincrónico y diacrónico, a partir del cual sintetizar y discutir algunos aspectos interesantes, ligados a rasgos particulares de cada piso de ocupación y variantes temporales, para finalmente acercarnos a conocer parte de la identidad social de los difuntos del CA35.
Sobre el tratamiento del difunto
En líneas generales, dentro de cada piso de ocupación, la posición predominante de los cuerpos es decúbito dorsal extendido, con la cabeza orientada al sur y los pies al norte. Estos rasgos funerarios son considerados típicos de Moche (Ubbelohde-Doering 1967: 22; Donnan y Mackey 1978: 63, 86, 208; Donnan 1995; Armas et al. 2003: 156; Castillo 2003: 90-91), aunque se observan algunas variantes particulares, que también se han visto en otros contextos del complejo arqueológico y en otros sitios moches de la Costa Norte. Desconocemos cual es la razón por la cual los enterradores optan algunas veces por colocar los cuerpos orientados en sentido este-oeste13, o en posición DDL o SIT. Cualquier intento de explicación a la luz de los datos que disponemos, sería mera especulación. Sin embargo, es sugerente el hecho de que la posición DV se asocia en nuestra muestra sólo a difuntos-ofrenda, en tumbas de cámara Moche IV. En el resto del Núcleo Urbano sólo se ha registrado una tumba (Moche III de subtipo FG) con dos individuos en esta posición, sin mayores asociaciones e identificados también como difuntos-ofrenda.
A este punto del análisis, dos aspectos generales llaman la atención: las particularidades sincrónicas y las variantes temporales.
a) Particularidades sincrónicas
El piso 6 (Moche III), que reportó cinco tumbas, muestra como rasgo común la ausencia de la costumbre de colocar fragmentos de metal, cerámica, o malacológico, en asociación directa con el cuerpo del difunto, salvo en un caso. Esta costumbre se observa recién como una constante a partir del piso 5, y pudo ser retomada de las culturas Salinar y Gallinazo (Donnan y Mackey 1978). El piso 4 (Moche III) es muy peculiar, pues sólo presenta tumbas del tipo fosa y ocupadas por infantes (a excepción de una tumba de fetos) de entre 9 y 24 meses de edad, sin vasijas de cerámica como parte de sus asociaciones. No hay ninguna tumba de adultos. El piso 2 (Moche IV) muestra como rasgo común el patrón de enterramiento en las tumbas de cámara, con una ofrenda-humana por debajo de dicha cámara y sin techo.
b) Variantes temporales
Las tumbas de fosa no presentan alguna variante signifi cativa entre piso y piso, o entre fases estilísticas. Sin embargo, la forma estructural y de enterramiento como variable comparativa, nos lleva a pensar de manera preliminar que las tumbas de cámara Moche III constituye un grupo funerario diferente al grupo Moche IV. Mientras que en Moche III, los difuntos y ofrendas se colocan dentro de la cámara, se rellenan y luego se techan, para fi nalmente rellenar hasta la boca de la tumba, con manipulación post entierro; en Moche IV, un difunto-ofrenda se coloca debajo de la cámara (rasgo para el cual no hay antecedentes en el sitio), y dentro de la cámara el personaje principal, algunas veces con ofrendas-humanas también al interior; luego se procede a rellenar la tumba hasta la boca, sin elaborar techo alguno, y sin manipulación post-entierro.
Sobre la identidad de los difuntos
Las tumbas que, dentro de un conjunto arquitectónico debidamente delimitado, están asociadas al mismo piso de ocupación, son relativamente contemporáneas y los individuos que las ocupan podrían haber formado grupos consanguíneos o de otro tipo de nexo social. Mario Millones afirma que «existe un corolario a los entierros como «decodificadores de parentesco» y éste es que efectivamente, se encuentren en la unidad residencial y que representen al grupo doméstico, o por lo menos abstraigan una coherencia de éste» (Millones 1996: 51). En el mismo sentido, Kaulicke sostiene que para reconocer grupos sociales hay que partir de la hipótesis de que «los individuos que comparten una afinidad consanguínea o de otro tipo de nexo social están enterrados en espacios contiguos. Además de ello compartirán otros rasgos como posición, tipo de asociación y, sobre todo, la orientación» (Kaulicke 2001: 93).
Si tenemos en cuenta lo sostenido por Millones y por Kaulicke, y que los individuos de la muestra están enterrados dentro de los límites del mismo conjunto arquitectónico, comparten patrones de enterramiento y semejanzas de estilo en las asociaciones, se infiere que dichos individuos formaban parte del mismo grupo social. La evidencia es contundente al señalar que dichos individuos pertenecían a la elite14 del grupo al momento de su muerte. Las diferencias estructurales (tumbas de fosa versus tumbas de cámara) y de asociaciones entre cada tumba, indicarían diferencias de estatus al interior del grupo, toda vez que el tratamiento mortuorio del individuo es consistente con la posición social que ocupó en vida (O’Shea 1984: 36). Estas diferencias obedecerían a los diferentes roles que pudieron cumplir los difuntos durante su vida y hasta antes de su muerte, en el marco de las relaciones sociales y de producción, algo que Saxe (1970: 7) ha llamado identidades sociales.
¿Fue el mismo grupo social el que habitó el Conjunto Arquitectónico durante toda su historia ocupacional? Parece que fue el mismo durante la vigencia de la fase estilística Moche III, puesto que la arquitectura interior no presenta cambios signifi cativos ni tampoco los patrones funerarios. Pero, ¿siguió este mismo grupo habitando el conjunto durante la fase estilística Moche IV? Las diferencias de entierro entre las tumbas de cámara Moche III y Moche IV nos ofrecen dos posibilidades de interpretación: (1) Si habría sido el mismo grupo, y estas diferencias de entierro se habrían dado por cambios en la estructura social de los residentes, dentro de la sociedad moche (Uceda 2007); o (2) hubo un cambio de grupo social residente en dicho conjunto arquitectónico durante la fase estilística Moche IV, donde estos nuevos residentes habrían realizado los cambios arquitectónicos observados por Tello (2008: 447), ampliando el número de habitaciones pero en espacios más reducidos y especializados. Futuros análisis de ADN nos permitirán optar por una de estas dos posibilidades.
Lo que no queda claro aún es el nexo del grupo social, es decir, si este involucra una agrupación familiar o de linajes unidas por un nexo de parentesco, o de personas que comparten un origen común; ni tampoco el tamaño del grupo social. Los estudios en el sitio para la fase estilística Moche III son muy limitados. Nuestra visión para la siguiente fase estilística es más clara, pues ya en otras publicaciones hemos sostenido que los habitantes de los conjuntos arquitectónicos del Núcleo Urbano, durante la vigencia de la fase estilística Moche IV, formarían parte de diferentes grupos corporativos (grupos de fi liación familiar que poseen grupos no familiares adscritos a él) (Uceda 2007: 42) o parcialidades (Gayoso 2007: 154, 162) y que las actividades desarrolladas al interior de un conjunto arquitectónico son efectuadas por algunos de sus miembros bajo la administración de su elite mayor. Dichas actividades o roles conferían a los miembros que las ejecutaban un estatus mayor en relación a los demás miembros del grupo social. Lo que no queda claro aún es si los señores de los conjuntos arquitectónicos son señores de parcialidades o de estratos de la misma unidad.
Edad y género versus estatus y división sexual del trabajo
En los pisos donde hay tumbas de hombres adultos, mujeres adultas y niños, las tumbas de los hombres adultos son las que poseen una mayor cantidad de ofrendas, en especial cerámica y metales. En el mismo sentido, en 4 de las 5 tumbas de cámara el personaje principal es un hombre adulto; en la otra es una mujer adulta. Sin embargo, contamos también con tumbas de fosa de niños o de mujeres adultas con mayor cantidad de asociaciones que algunas tumbas de fosa de hombres adultos. Esto indica que si bien el poder fue ejercido por los miembros adultos masculinos de la sociedad mochica, mujeres y niños pudieron obtener mayor rango o estatus social que algunos hombres, pero este rango se habría adquirido por el grado de parentesco que tuvieron con los hombres adultos que detentaban el poder. Uno de nosotros llegó a la misma conclusión en un trabajo anterior, al afi rmar que «por las ofrendas de cerámica y metales, los hombres tuvieron un mayor estatus entre los pobladores del Núcleo Urbano que las mujeres y niños» (Uceda 2007: 31).
No existen asociaciones que sirvan como indicadores de género y de división sexual del trabajo, como si sucede en otros sitios arqueológicos. Por ejemplo, en San José de Moro (valle de Jequetepeque) los piruros y otros elementos del hilado y el tejido, están asociados a tumbas de mujeres, mientras que los elementos de trabajo de metal están asociados a tumbas de hombres; puesto que el hilado y el tejido fueron actividades asociadas tradicionalmente al sexo femenino, mientras que la metalurgia se asocia al sexo masculino, su presencia en las tumbas son indicadores de género y de división sexual del trabajo. En el CA35, se encontraron como asociación directa sólo 2 piruros en dos tumbas diferentes: una tumba de fosa de un infante y una tumba de cámara, asociado a una mujer. Las evidencias encontradas en otros contextos funerarios del sitio indican una presencia pareja de piruros en tumbas de hombres y mujeres. Esto nos llevó a meditar, en el caso de Huacas del Sol y de la Luna, «si efectivamente la presencia del piruro en una tumba es un indicador de actividad productiva realizada en vida del individuo o nos encontramos frente a un signifi cado ideológico que se escapa a nuestro entendimiento» (Gayoso 2007: 152).
Los difuntos-ofrenda
Finalmente, queremos señalar dos criterios que se podrían utilizar para identifi car un difunto-ofrenda en los contextos funerarios del sitio, a partir de las evidencias en el CA35. Un primer criterio podría ser la posición del cuerpo – que no es decúbito dorsal – aunque esta no es determinante; este criterio parece débil aunque no por eso debemos dejarlo de lado. Lo que sí parece determinante es la carencia de asociaciones, en especial aquellas de relación directa con el individuo. Por ejemplo, ningún difunto-ofrenda presenta láminas de metal en la boca u otras partes del cuerpo. Las tumbas con difuntos-ofrenda se encuentran tanto en la estilística Moche III como en la fase estilística Moche IV, asociadas a tumbas de cámara. En la fase estilística Moche III sólo una tumba de cámara presenta un difunto ofrenda, mientras que en la fase estilística Moche IV hay una tumba con 3 difuntos ofrenda, uno de ellos colado debajo de la cámara. Aunque la evidencia de la muestra es estadísticamente baja, esto corroboraría la idea propuesta por uno de nosotros (Uceda 2007) en el sentido de que entrada la fase estilística Moche IV, la elite urbana adquiere mayor poder que la elite religiosa, la cual se traduce en un mayor acceso a los recursos, entre ellos, las vidas humanas.
Queda pendiente un estudio a mayor escala de los patrones funerarios en el sitio y en el valle que nos permitirían enriquecer el conocimiento sobre las particularidades del sitio, del valle, así como del moche sureño en relación a otros grupos políticos moches.
CONCLUSIONES
1. Las tumbas excavadas en el CA35 son típicas de la cultura moche, pues guardan el patrón de enterramiento conocido para esta cultura. El porqué se escoge en algunos casos una orientación o posición diferente a la moche es una respuesta que se obtendrá a la luz de una mayor cantidad de datos.
2. Las tumbas corresponden a individuos de la elite moche, pero de estatus variable. Esta variabilidad se debería a los diferentes roles cumplidos en vida por los difuntos, o por su relación de parentesco con personas de roles importantes dentro de las actividades sociales, políticas y económicos del grupo social al cual pertenecieron. El segundo argumento explicaría el alto número de entierros de infantes.
3. Aquellos cuerpos identifi cados como difuntosofrenda corresponderían a sirvientes. Por lo tanto, no se tratarían de miembros de la elite, pero si de miembros del mismo grupo social, posiblemente por adscripción.
4. Los contextos identifi cados como re-entierros o entierros de difuntos de procedencia lejana, podrían indicar que no necesariamente todos los muertos vivieron en el CA35, pero si que pertenecían al grupo social que operaba en dicho conjunto. La necesidad de enterrarse en este conjunto tendría que ver con el hecho de yacer dentro de un sitio considerado sagrado (cercanía al templo y al divino Cerro Blanco), es decir, por cuestión de ideología o de prestigio. Este hecho permitiría abrir una nueva visión sobre las relaciones entre las elites urbanas y grupos no urbanos a los cuales pudieron estar ligados, en el sentido de grupo corporativo o parcialidad.
5. Las diversas interpretaciones vertidas sobre las evidencias de manipulación post entierro no son del todo excluyentes. Existe la posibilidad de que este comportamiento con los muertos sea aún mucho más compleja, y obedezca a diferentes rituales, por lo que tanto las interpretaciones planteadas por Gutiérrez como las nuestras se apliquen para el caso del sitio, en diferentes situaciones o contextos. Vemos que las fuentes de información etnohistórica, arqueológica y etnográfica se complementan con la evidencia del CA35 como en el resto del sitio, y nos permiten observar una rica y compleja relación entre vivos y muertos en el mundo moche y andino.
Pie de página
Mientras mayor estatus o rango social tenía el difunto, más días se le velaba, como lo señala Pedro de Cieza de León (1946[1553], Capítulo LXII): “Y guardaron, y aun agora lo acostumbran generalmente, que antes que los metian en las sepulturas los lloran cuatro o cinco o seis dias, o diez, segun es la persona del muerto, porque mientras mayor señor es, mas honra se le hace y mayor sentimiento muestran, llorandolo con grandes gemidos y endechandolo con musica dolorosa, diciendo en sus cantares todas las cosas que sucedieron al muerto siendo vivo”. Esto se confirma cuando, por ejemplo, Pablo José de Arriaga (1968 [1621], capítulo VI) señala que en algunos pueblos de los llanos (la costa) el muerto se velaba por 10 días. Francisco de Ávila (1987 [1598], capítulo 27) dice que “en los tiempos muy antiguos, cuando un hombre moría, velaban su cadáver durante cinco días”. Ambos cronistas basan la duración del velatorio en la importancia del difunto. Así, el difunto descrito por Arriaga parece describir el velatorio de un individuo de elite, probablemente un principal o un curaca, mientras Ávila parece señalar el velatorio de un individuo del común.
Se desconoce el tipo de instrumento que utilizaron para tal fi n. Para el caso de las tumbas del Periodo Mochica Medio de San José de Moro, en el valle de Jequetepeque, Martín del Carpio (2008: 91) sostiene que “El proceso de cavado del pozo de acceso y la cámara debió hacerse con un instrumento de cobre o madera, una especie de palo cavador que, por las improntas halladas en las tumbas, debió tener un ancho de hoja de unos 15 cm”. Esta labor, según del Carpio, se pudo realizar en unas pocas horas.
Según Tello y Delabarde (2008) las evidencias son claras para afi rmar que se trata de un mismo evento de entierro, y no de entierros diferentes superpuestos.
Hay un caso en que uno de los ocupantes de la tumba está fuera de la cámara, pero dentro de la fosa de la tumba por encima de la cámara, pero es un contexto alterado por los moches, por lo cual se desconoce si originalmente esa fue la disposición de los cuerpos: es el caso de la tumba 10.
En la zona mesoamericana, los mexicas colocaban en la boca de los cadáveres de los señores y nobles una piedra verde
llamada chalchihuitl simulando su corazón (Murillo 2002: 61, 74).
En total son 138 vasijas (43 botellas, 74 cántaros, 10 floreros, 3 cancheros, 2 cuencos, 1 olla, 5 miniaturas), 2 piruros, 2 instrumentos musicales (1 pututo y 1 silbato) y una cuchara con mango escultórico. Los floreros son vasos de borde acampanulado; los cántaros mencionados son pequeños, del tipo jarra; los cancheros son cuencos de borde cerrado con mango; el piruro es un volante de huso; el pututo es una trompeta con forma de caracol.
Las ollas y tinajas están tradicionalmente asociadas a la cocción de alimentos y la chicha (cerveza de maíz); las tinajas también se habrían usado para el almacenamiento de la chicha.
Originalmente estas piezas fueron definidas como crisoles, por su pequeño tamaño (Tello et al. 2005: 235-236).
Sólo hemos considerado en este punto las tumbas intactas. Las tumbas 1, 2, 15 y 24 tampoco tuvieron cerámica al momento de ser excavadas, pero se registraron completamente disturbadas por huaqueros, con lo cual la presencia o no de cerámica en su contexto original es desconocida.
La posición sentada es reportada por Max Uhle (en Tello 2003: 176) cerca de Huaca de la Luna, donde encuentra, a 4 metros de la superfi cie, tanto tumbas individuales como grupales en esta posición, pero podrían ser tumbas chimúes intrusas, pues según Donnan y Mackey (1978: 242-366) la posición sentada es común en entierros chimúes registrados en las Huacas del Sol y de la Luna. Chauchat y Gutiérrez (2006) reportan una tumba de tipo FG, de transición Moche II-III, en la Plataforma Funeraria Uhle, al pie de la Huaca de la Luna.
Hasta el momento, no se registrado ninguna tumba de fosa grupal (FG) en el Núcleo Urbano que contenga más de dos individuos.
En la teoría de la antropología forense y ciencias afi}nes, los entierros múltiples implican inhumación simultánea de los difuntos que ocupan una tumba, que por lo general son individuos que acompañan a un personaje principal; mientras que los entierros colectivos identifi can a tumbas donde las inhumaciones no son simultáneas, y tienen un periodo de utilización largo (ver p.e. Alfonso y Alesan 2003: 15).
Donnan y Mackey (1978: 208) sugieren una relación entre la orientación del cuerpo y el sitio arqueológico para el caso Moche IV. Mientras que en sitios como Huanchaco, Huacas del Sol y de la Luna o Pacatnamu, la orientación sur-norte es predominante; en el caso del valle de Santa, en el sitio de Pampa Banca, los cuerpos están generalmente orientados en sentido oeste-este.
No hay tumbas de sirvientes en el CA35, al menos dentro del rango de difuntos principales. Los únicos individuos enterrados que se podrían considerar sirvientes son los difuntos-ofrenda. Incluso las tumbas más sencillas tienen asociaciones que implican cierta capacidad de acceso a recursos socialmente restringidos a la elite. Por ejemplo, la tumba FI 16 no posee mayor asociación que tres vasijas de cerámica, sin embargo una de ellas es una botella de asa estribo con representación iconográfica, y las otras dos son cántaros tipo jarra. La tumba FI 20 posee un individuo con fragmentos de cerámica en asociación directa y una sola vasija, pero de buena calidad: es una botella asa estribo con representación en alto relieve de la cacería del venado. La tumba FI 18 posee fragmentos de cerámica en asociación directa al cuerpo del difunto y ofrendas de camélidos. Dentro de este grupo de elite enterrado en el CA35 se observan diferencias. Por ejemplo, si tomamos en cuenta las características formales de las tumbas, aquellos individuos enterrados en tumbas de cámara tendrían un mayor status. Por añadidura, las tumbas de fosa, más simples, parecen estar asociadas a individuos de menor status. Dentro del grupo de las ofrendas, creemos que las ofrendas humanas tienen un mayor valor, por lo que aquellos enterrados en cámara con ofrendas humanas, tienen mucho mayor status aún. A priori, una mayor cantidad y calidad de las ofrendas de cerámica y metales indicarían también un mayor status.
BIBLIOGRAFÍA
ALFONSO QUINTANA, Jordi y Alicia ALESAN ALIAS
2003 «Capítulo 2. Métodos de recuperación, tratamiento
y preparación de los restos humanos». En:
Paleopatología: la enfermedad no escrita. Isidro,
Albert y Assumpció Malgosa Morera, editores;
Editorial ELSEVIER-MASSON, Barcelona.
ARRIAGA, Pablo José de
1968 [1621] Extirpación de la idolatría del Pirú.
Biblioteca de Autores Españoles, vol. 209 (Crónicas
Peruanas de Interés Indígena). Ediciones Atlas,
Madrid.
AVILA, Francisco de
1598/1987. Ritos y tradiciones de Huarochiri del
siglo XVII (Dioses y Hombres de Huarochiri).
Taylor, Gerald, ed. Lima: Instituto de Estudios
Peruanos/Instituto Francés de Estudios Andinos.
BAWDEN, Garth
1995 «The Structural Paradox: Moche Culture as Political
ideology». Latin American Antiquity 6 (3):
255-273. Washington D.C. Society for American
Archaeology.
CALANCHA, Antonio de la
1638/1974-81 Coronica moralizada del Orden de San
Agustin en el Peru, con sucesos egenplares en
esta monarquia, Libro 2, Capítulo 6-43, vol. 3, pp.
785-1218. Editorial Ignacio Prado Pastor, Lima.
CASTILLO, Luis Jaime
2003 «Los últimos mochicas en Jequetepeque». Moche
Hacia el Final del Milenio. Actas del Segundo
Coloquio sobre la cultura Moche, Santiago Uceda
y Elías Mujica, editores. Tomo II: 65-123. Lima,
Universidad Nacional de Trujillo y Pontificia
Universidad Católica del Perú.
CASTILLO Luis Jaime y Christopher DONNAN
1994 «Los Mochicas del Norte y los Mochicas del Sur,
una perspectiva desde el valle de Jequetepeque». En:
Vicús, Krysztof Makowski y otros, pp. 143-181.
Colección Arte y Tesoros del Perú. Lima, Banco
de Crédito del Perú.
CASTILLO Luis Jaime y Santiago UCEDA
2008 «Capítulo 36. The Mochicas». En: Handbook
of South American Archaeology, editado por
Helaine Silverman y William H. Isbell. New York,
Springer Science+Bussiness Media, LLC.
CHAPDELAINE Claude, Greg KENNEDY y Santiago
UCEDA
1995 «Activación neutrónica en el estudio de la
producción local de la cerámica ritual en el sitio
Moche, Perú». En: Boletín del Instituto Francés
de Estudios Andinos 24 (2). Lima, pp. 183-212.
CHAUCHAT Claude y Belkys GUTIÉRREZ
2006 «Excavaciones en el Conjunto Arquitectónico 18
(Plataforma Uhle) durante las temporadas 1999 y
2000». En: Investigaciones en la Huaca de la
Luna 2000, S. Uceda, R. Morales, editores, pp.
103-147. Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna.
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
Nacional de Trujillo.
2008 «Excavaciones en la Plataforma Uhle, temporada
2001». En: Investigaciones en la Huaca de la
Luna 2001, S. Uceda, R. Morales, editores, pp.
63-91. Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna.
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
Nacional de Trujillo.
CHIGUALA Jorge, Cristian ALMONACID, Milagros
ORBEGOSO, Diana ROJAS y María Consuelo
SANDOVAL
2006 «La integración funcional de los conjuntos
arquitectónicos 17 y 35 como parte de un Bloque
Arquitectónico en el Núcleo Urbano». En:
Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna –
Informe Técnico 2005. S. Uceda, E. Mujica y R.
Morales, editores; pp. 137-206. Facultad de Ciencias
Sociales, Universidad Nacional de Trujillo, Perú. No
publicado.
CIEZA DE LEÓN, Pedro de,
1946[1553]. La crónica del Perú (Primera Parte). Le
Riverend Brusone, Julio J. Crónica de la conquista
del Perú. Editorial Nueva España, México.
COBO, Bernabé
1964 [1653] Historia del Nuevo Mundo. Biblioteca de
Autores Españoles, vols. 91 y 92, Ediciones Atlas.
Madrid.
DEL CARPIO, Martín
2008 «La ocupación Mochica Medio en San José de
Moro». En: Arqueología Mochica, nuevos
enfoques. Actas del Primer Congreso Internacional
de Jóvenes Investigadores de la Cultura Mochica.
Luis Jaime Castillo, Hélène Bernier, Gregory
Lockard y Julio Rucabado, editores, pp. 81-104.
Lima, Instituto Francés de Estudios Andinos,
Fondo Editorial de la Pontifica Universidad
Católica del Perú.
DONNAN, Christopher
1995 «Moche funerary practice». En: Tombs for the
Living: Andean Mortuary Practices, Tom
D. Dillehay, editor, pp.111-159. Washington
D.C., Dumbarton Oaks Research Library and
Collection.
DONNAN Christopher y Carol MACKEY
1978 Ancient Burial Patterns of the Moche Valley,
Peru.University of Texas Press/ Austin &
London.
FRANCO JORDÁN Régulo, César GÁLVEZ MORA y
Segundo VÁSQUEZ SÁNCHEZ
1998 «Desentierro ritual de una tumba Moche: Huaca
Cao Viejo». En: Revista Arqueológica Sian 7:
16-23. Trujillo.
2003 «Modelos, función y cronología de la Huaca Cao
Viejo, Complejo El Brujo». Moche Hacia el Final
del Milenio. Actas del Segundo Coloquio sobre
la cultura Moche, Santiago Uceda y Elías Mujica,
editores. Vol. II: 125-277. Lima, Universidad
Nacional de Trujillo y Pontificia Universidad
Católica del Perú.
GAYOSO RULLIER, Henry
2007 Tejiendo el Poder: los especialistas textiles de
Huacas del Sol y de la Luna. Tesis de Maestría.
Programa de Maestría y Doctorado en Historia
de América Latina. Universidad Pablo de Olavide.
Sevilla, España.
GENTILE, Margarita
1994 «Supervivencia Colonial de una ceremonia
prehispánica». En: Boletín del Instituto Francés
de Estudios Andinos 23 (1): 69-103.
GOEPFERT, Nicolás
2008 «Ofrendas y sacrifi cio de animales en la cultura
Mochica: el ejemplo de la Plataforma Uhle,
Complejo Arqueológico Huacas del Sol y de
a Luna». En: Arqueología Mochica, nuevos
enfoques. Actas del Primer Congreso Internacional
de Jóvenes Investigadores de la Cultura Mochica.
Luis Jaime Castillo, Hélène Bernier, Gregory
Lockard y Julio Rucabado, editores, pp. 231-244.
Lima, Instituto Francés de Estudios Andinos,
Fondo Editorial de la Pontifica Universidad
Católica del Perú.
GUTIÉRREZ LEÓN, Belkys
2008 «Plataforma Uhle: enterrando y desenterrando
muertos». En: Arqueología Mochica, nuevos
enfoques. Actas del Primer Congreso Internacional
de Jóvenes Investigadores de la Cultura Mochica.
Luis Jaime Castillo, Hélène Bernier, Gregory
Lockard y Julio Rucabado, editores, pp. 245-259.
Lima, Instituto Francés de Estudios Andinos,
Fondo Editorial de la Pontifica Universidad
Católica del Perú.
KAULICKE, Peter
2001 Memoria y Muerte en el Perú Antiguo. First
Edition. Pontifi ca Universidad Católica del Perú.
Lima, Fondo Editorial 2000.
LAS CASAS, Bartolomé de
1939 [1550] Las antiguas gentes del Perú. Colección
de Libros y Documentos Referentes a la Historia
del Perú, Serie 2, Vol. 11. Imprenta y Librería
Sanmarti y Cs., Lima.
LARCO HOYLE, Rafael
1945 Los Mochicas (Pre Chimu de Uhle y Early
Chimu de Kroeber). Sociedad Geográfica
Americana, Buenos Aires.
MILLONES, Mario
1996 «Morte secca et parentela» Parientes del pasado
– Entierros del Presente». Al final del Camino.
Luis Millones y Moisés Lemlij, editores, pp. 51-67.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Las nuevas líneas tienen formas intrigantes que todavía los científicos no explican.
Algunas tienen formas humanas, de animales o plantas; otras son seres míticos, desconocidos, al parecer sacados de una enfebrecida imaginación.
Casi todas son una especie de mensaje desde la Tierra hasta el cosmos, trazos -como caligrafías desconocidas- creadas desde el pasado para la eternidad.
Las llamadas «líneas de Nazca» (también escrito como Nasca), en pleno desierto en el centro-sur de Perú, siguen intrigando a científicos y visitantes cientos de años después de su creación.
Algunas se conservan en perfecto estado, otras han sido borradas lentamente por los vientos, la erosión y el paso del tiempo.
Pero ahora, un grupo de expertos japoneses ha encontrado, a través del uso de tecnología de última generación, un grupo de geoglifos del que no se tenía idea de que existían.
Son más de 140 formas que van desde algunas ya conocidas, como monos y serpientes, hasta otras que han sorprendido a los científicos, como un ser humanoide con bastón cuyo significado comenzará ahora a estudiarse.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Las nuevas tecnologías permitieron identificar con precisión qué había detrás de este trazado..UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Las nuevas tecnologías permitieron identificar con precisión qué había detrás de este trazado…
Según informó en un comunicado la Universidad de Yamagata, que patrocinó el estudio, se cree que los geoglifos encontrados fueron creados entre el 100 a.C y 300 d.C, y la mayoría de ellos se encuentra en mal estado.
De ahí que para su localización fuera necesario, además del trabajo de campo e imágenes de alta resolución, un modelo de inteligencia artificial (IA) para el que utilizaron tecnología de IBM.
¿Cómo realizaron el estudio?
El equipo de expertos japoneses, liderado por el arqueólogo Masato Sakai, que ha encontrado otras líneas con anterioridad, realizó inicialmente un estudio de campo entre 2016 y 2018, que conllevó un análisis de los materiales utilizados y del terreno.
Con los datos obtenidos y tras el procesamiento de imágenes de alta resolución, realizaron proyecciones de las figuras y descubrieron 142 nuevas formas que incluyen peces, llamas, monos y aves.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Este pez es una de las nuevas figuras identificadas.
Luego, con los datos obtenidos, utilizaron técnicas de IA para reconstruir algunos cuya forma no había podido determinarse por los métodos convencionales.
Finalmente, la apuesta concluyó con la identificación de un nuevo geoglifo: una forma humana con un bastón.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. La inteligencia artificial permitió identificar algunas figuras muy erosionadas.
«Este estudio exploró la viabilidad del potencial de la IA para descubrir nuevas líneas e introdujo la capacidad de procesar grandes volúmenes de datos con IA, incluidas fotos aéreas de alta resolución a altas velocidades», indica el informe de la investigación.
¿Qué encontraron los científicos?
Las figuras encontradas varían desde su complejidad hasta su antigüedad o tamaño.
La más grande identificada mide más de 100 metros de extremo a extremo (un poco más que la Estatua de la Libertad) y las más pequeñas miden apenas 5 metros, aproximadamente el mismo tamaño que el David de Miguel Ángel.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Las formas más pequeñas miden cerca de 5 metros.
Para facilitar su identificación, los expertos japoneses los dividieron en dos grupos:
Grupo A
Son dibujos lineales y tienden a ser más grandes: miden más de 50 metros cada uno.
Se cree que fueron las de más reciente creación y su origen varía entre el año 100 y 300 d.C.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Algunas formas miden más de 50 m.
Grupo B
Tienden a ser estructuras más complejas y de menor tamaño: menos de 50 m.
Se cree que son más antiguas, construidas alrededor del 100 a. C., o incluso anterior a esa fecha.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Los trazados más antiguos muestran diseños más complejos.
De acuerdo con los científicos, cada grupo habría tenido diferentes propósitos: el primero habría sido utilizado para rituales que involucraban el uso de cerámica y los segundos con fines más decorativos.
¿Qué son las «líneas de Nazca?
Ubicadas a unos 400 kilómetros de Lima, las líneas de Nazca fueron desconocidas durante siglos, hasta que el inicio de la aviación descubrió las enigmáticas formas que solo son visibles desde las alturas.
En conjunto, ocupan un área aproximada de 517 kilómetros cuadrados de desierto e incluyen cientos de geoglifos, creados por la civilización Nazca entre 500 a.C. y 500 d.C.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Se desconoce el significado de muchas de las figuras.
Estos diseños fueron delineados como canales o zanjas en la arena, es decir, como grabados de bajo relieve, pero las condiciones áridas del terreno han permitido su conservación por siglos.
Con estas figuras, la antigua sociedad Nazca, desarrollada hace unos 2.300 años, «transformó un extenso territorio yermo en un paisaje cultural con alta connotación simbólica, ritual y social«, según el Ministerio de Cultura de Perú.
Las líneas fueron descubiertas en 1927 y según Paul Kosok, un académico estadounidense que se dedicó a su estudio, eran «el libro astronómico más grande del mundo», que marcaba los solsticios de invierno y verano.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Una pequeña llama está entre las nuevas figuras descubiertas.
Sin embargo, hasta ahora se desconoce a ciencia cierta su finalidad.
En 1993, los geoglifos se convirtieron en reserva arqueológica y parte del Patrimonio Cultural de la Nación de Perú.
Un año después fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
«Son el grupo de geoglifos más destacado del mundo y son incomparables en extensión, magnitud, cantidad, tamaño y diversidad con cualquier otro trabajo similar en el mundo», afirmó la Unesco.
«Forman un singular y magnífico logro artístico de la cultura andina«, agregó.
UNIVERSIDAD DE YAMAGATA. Un nuevo mono también fue encontrado.
El aura de misterio que rodea a esta obra preincaica se debe a tres características fundamentales:
su monumentalidad;
el hecho de que los diseños pueden apreciarse a plenitud solo desde grandes alturas;
su ubicación en medio de uno de los desiertos más áridos del mundo.
Santiago Uceda Castillo (12 Octubre 1954 – †14 enero 2018). Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana, trascendió como un investigador excepcional de la cultura moche, dejando una huella imborrable en la comunidad científica nacional e internacional. Su arduo trabajo y dedicación lo convirtieron en un referente obligado para comprender la riqueza y complejidad de esta antigua civilización.
Arqueólogo de profesión y profesor principal de la Universidad Nacional de Trujillo, Uceda Castillo no solo se dedicó a la investigación, sino que también compartió su conocimiento con las nuevas generaciones, formando a innumerables profesionales que hoy en día continúan su legado.
Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y director del Proyecto Arqueológico Huacas de Moche, Uceda Castillo lideró proyectos de gran envergadura que permitieron ampliar significativamente nuestro conocimiento sobre la cultura moche. Su pasión por la arqueología y su compromiso con la preservación del patrimonio cultural lo convirtieron en un ejemplo a seguir para todos aquellos que se dedican a esta noble disciplina.
En este artículo, compartimos un texto escrito por su hermano Manuel, en conmemoración de un nuevo aniversario de su nacimiento. A través de estas palabras, podemos vislumbrar la profunda admiración y el cariño que su hermano sentía por él, así como la enorme trascendencia que tuvo su obra en el ámbito de la arqueología peruana.
FELIZ DÍA EN EL CIELO
Por: Manuel Uceda Castillo
facebook.com/manuel.ucedacastillo
Es costumbre en nuestra familia, recordar el natalicio de nuestros familiares con una misa, estén o no con vida. Hace algunos años atrás, pague la celebración de una misa en una Iglesia ubicada en San Borja para recordar el natalicio de mi padre quien había partido al encuentro de sus padres, asistimos a la misa, los hermanos que residíamos en Lima y nuestra familia más cercana, en la homilía el cura molesto nos dijo que a una persona fallecida no se le debía celebrar su natalicio, yo quiero creer que solo es o fue dicho cura, quien piensa o pensaba que cuando una persona fallece ya no se debe recordad su natalicio en este mundo y solo debemos recordar el nacimiento a su nueva vida.
Con el perdón del cura y todos los que piensan así, debemos decir que el nacimiento de un ser humano en este mundo, marca el inicio de su vida, llena de tristeza, penurias sinsabores, odios, venganzas y todos los sentimientos que empobrecen al alma de un ser humano, pero también esta lo bueno, lo importante, lo grandioso lo maravilloso lo noble lo amable, lo amoroso, lo cariñoso, lo amigable, lo sencillo, lo alegre, lo honesto, lo honrado, que es o fue la persona que no solamente compartió con sus familiares, amigos, discípulos y condiscípulos estos invaluables sentimientos y valores, sino que nos ha dejado un gran legado histórico.
Un día como hoy, 12 de octubre de 1954, nace en Santiago de Chuco, Santiago E. Uceda Castillo, que no solamente trajo alegría y felicidad a la familia con su primer llanto, sino que trajo el inicio de un camino pletórico de éxitos, logros personales y luego profesionales, los cuales llenan de orgullo a la familia, a los amigos entrañables, a nuestra tierra Santiago de Chuco y al Perú, por todos los reconocimientos y premios internacionales logrados.
Quienes conocieron a Santiago Uceda, recordaran al niño inteligente, vivaracho, amigable y comunicativo, para quien, era lo mismo compartir una conversación entretenida y amena con un niño de su edad, que, con un adulto; las personas que conocían a Santiago como poseedor del arte de la conversación, no dudaban en llamarlo para conversar, cuando Santiaguito como lo llamaban paseaba por las calles inclinadas de nuestro pueblo, silbando alguna tonada que había escuchado.
Las interminables horas de conversación con los adultos se hacían tan cortas porque, no solamente disfrutaban de su inteligencia y locuacidad, así como de sus relatos que fluían de su imaginación, virtud de la que hizo uso en todos los actos de su vida, tanto familiar, como profesional.
Cuando Santiago tenia entre ocho a nueve años, llego a la casa muy contento y nos comunicó que había conseguido trabajo, Carmen mi hermana mayor, le inquirió por el trabajo, donde queda y que haces en el trabajo, Santiago respondió orgullosamente, lijo carros. El mencionado “trabajo” lo obtuvo Santiago (solo por un día), por su don de comunicación con las personas y fundamentalmente por su sencillez, porque él no hacía distingo de las personas por su posición económica o social, a todos los trataba con la misma naturalidad, aprecio y respeto, como solo un hombre con grandeza espiritual lo hace.
Un hombre inteligente, soñador grande de espíritu, debe instruirse y prepararse para afrontar la vida y hacer realidad sus objetivos, metas y sus sueños. Santiago lo hizo destacando sobre sus compañeros de promoción. Primer puesto en los seis años de instrucción primaria. Primer puesto y puesto de honor en los cinco años de estudios en el Colegio Nacional San Juan de Trujillo. Primer puesto en su formación profesional en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo. Destacado estudiante de Post grado en la UNIVERSITE DE BORDEAUX, donde obtuvo primero el grado de Magister D.E.A. – Geologie Du Quaternaire y luego el Doctorado de Estado en Ciencias, reconocido por el gobierno francés como el grado más alto que un estudiante puede aspirar.
Celebramos hoy día 12 de octubre, el nacimiento de quien desempeño diferentes cargos públicos y académicos con la transparencia, honestidad y honradez que su grandeza exigía. Gracias hermano a nombre de toda la familia por haber desempeñado tus cargos con la pulcritud que nos enorgullece, ahora que vivimos una vorágine de corrupción.
Natalia, mis hijos José, Emerson, Sheila, Erick y Lizet y mis nietos Heinrich, Salvador, Bruno, Flavia, Santino y Camila, celebramos tu cumpleaños y tu legado histórico como investigador de la Cultura Mochica y Moche, celebramos tus éxitos y premios obtenidos para el Perú, así mismo, celebramos tu inmortalidad por tu obra y tu legado.
Un abrazo de toda mi familia hasta donde te encuentres que sabemos estas con nuestra querida y amada Ninoshka.
Fuente: Post publicado en Facebook: https://www.facebook.com/SantiagoUcedaCastillo/posts/2158804081035012
La arquitectura monumental del complejo de Pachacamac es un tema que ha sido tratado ampliamente. En este sentido, ha llamado la atención el desarrollo urbano y el carácter de asentamiento al interior de la primera y segunda muralla en la que confluyen grandes edificios desde periodos tempranos. Tal es el caso del Templo Viejo (Intermedio Temprano) abordado por Franco (1993a, 1993b), Franco y Paredes (2016); y el complejo de adobitos por Marcone (2001). El caso del Horizonte Medio es aún incierto a nivel de arquitectura que pueda marcar diferencias, debido a la falta de estudios concretos de edificios construidos propiamente para esta época, siendo solo abordado por Paredes (1985) y Franco y Paredes (2016) a través de fases superpuestas a los ya existentes Templo Viejo y Templo Pintado.
Caso contrario ocurre con los edificios denominados Pirámides con Rampa (Eeckhout 1995, 2000, 2003, 2010). Eeckhout basa sus estudios a partir de una caracterización de fundación y clausura de las Pirámides con Rampa, y sostenidas en base a fechados. Además, postula una propuesta teórica basada en la jerarquía entre los edificios y la sucesión de gobernantes principales que construyeron cada Pirámide-Palacio principal (concretamente PCR1, 2, 3, 7 y 12). Postula también que a la par de lo anteriormente descrito, se dio la presencia de ocupaciones transitorias de peregrinos, que ocuparon los espacios abiertos (patios) de estos edificios; remodelados en ciertos aspectos por una arquitectura en muros de quincha o muros ordinarios, dando paso a ocupaciones domésticas en los mismos (Eeckhout 2004; Eeckhout y Luján 2013a).
La arquitectura inca ha sido también un tema muy discutido para el complejo monumental de Pachacamac en estos últimos años. De acuerdo a las evidencias, se ha venido sosteniendo que muchos edificios fueron construidos en dicha época (Makowski 2015). Sin embargo, esto no parece ser del todo cierto, como bien pudimos argumentar en el ciclo de conferencia organizado por el Qapaq Ñan – Ministerio de Cultura y el simposio organizado por la FCS-EAPA de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Eeckhout y Luján 2016a, 2016b). Los cambios de una arquitectura sobre otra se observan claramente al interior del complejo monumental, lo cual se hace evidente en el edificio B15, el cual fue remodelado tras ser ocupado por los incas. Por lo tanto, el carácter formal de continuidad en el sitio se basa en remodelaciones y renovaciones de edificios particulares; en principio como consecuencia de procesos de coyunturas de poder político, la cual pudo darse en las esferas de las élites en Pachacamac a la llegada de los incas. Una vez transcurrido este hecho, el Estado inca (en el Horizonte Tardío) habría fortalecido su poder político con la construcción de edificios como el Templo del Sol, el Acllahuasi, etc.; esto como una cuestión necesaria para afianzar su legitimidad en la costa central, basada en una estructura orgánica (piramidal) social, política, económica y religiosa.
Dada entonces la naturaleza del poder inca en la costa central, sus manifestaciones se fueron dando de formas diversas. Una de estas fue la arquitectura bajo el prolegómeno de remodelaciones de edificios que cumplieron roles fundamentales de manejo del poder. Este fue el caso del edificio B15, absorbido y asimilado por principios religiosos y políticos que permitieron continuidad (control, manejo y uso) para actividades de tipo ritual, las cuales parecen tener su precedente en periodos anteriores. Estas se realizaban con el fin de fortalecer vínculos entre la esfera política (inca) y el oráculo (dioses), teniendo como intermediadores a los sacerdotes (o chamanes).
Arquitectura Inca como expresión de poder: alcances, perspectivas y fases constructivas del edificio B15 (Complejo Monumental de Pachacamac)
Autores: Peter Eeckhout y Milton Luján
Antecedentes
Muchos han sido los estudios desarrollados en Pachacamac. El pionero Uhle (1903) fue el primero en proponer un plano para monumento. Un siglo después, el Proyecto Ychsma logra desarrollar, como parte de su proyecto de investigación, un levantamiento topográfico y sistemático del complejo monumental de Pachacamac (Eeckhout 2010). Esto ha permitido tener un mejor conocimiento de la arquitectura y su diversidad, hecho que ha llevado al desarrollo de una propuesta tipológica de los diferentes edificios (Eeckhout 2012a), con el fin de diferenciar el grado de función, pudiendo ser: sagrado-religioso, palaciego, político-administrativo, etc.
Por otro lado, las intervenciones de Tello, hoy conocidas a través de los Cuadernos del Archivo Tello (2007, 2009, 2012), nos han brindado una idea clara sobre los edificios tardíos, aspecto fundamental para entender el posicionamiento de los incas en el Oráculo de Pachacamac. Desde estas fuentes es posible hacer una lectura y entender el rol que desempeñó cada edificio, pudiendo distinguir su importancia en el último Horizonte. Los recientes trabajos en diferentes sectores y edificios en el sitio, desarrollados por el Museo de Sitio de Pachacamac (MSP), ayudan también a enriquecer nuestros conocimientos, especialmente los concernientes al área monumental (Bueno 1982; Franco 1993a, 1993b, 2016; Jiménez Borja 1985; Marcone 2001; Paredes 1988; Pozzi y Bernuy 2010).
Otro de los aspectos importantes para entender
Pachacamac, son los edificios, los cuales sintetizan particularidades funcionales para las épocas tardías. Los estudios abordados por el proyecto Ychsma (Eeckhout y Luján, 2013a, 2014) fundamentan de manera concreta, no solo procesos sociales sino, procesos de cambio en la arquitectura, tales como las remodelaciones o renovaciones. Por lo tanto, cada estudio, a partir de una visión no sesgada, ayuda a ampliar las bases fundamentales para una explicación de los procesos que pudieron desarrollarse al interior de los edificios.
Desde esta lectura un tanto generalizada, se puede explicar entonces los roles protagónicos desempeñados, de manera particular, en edificios como el B15 en época inca. Un claro ejemplo de esto nos lo brinda el caso del edificio 8, el cual por sus características, ayuda a entender y esclarecer aspecto de complementariedad económica en Pachacamac (Eeckhout, 2012b; Eeckhout y Luján 2013a, 2013b; Luján y Eeckhout, 2016).
Cuestiones como estas sustentan procesos de cambio a nivel de arquitectura, que se regulan y complementan a través de las evidencias de hallazgos in situ al interior de los edificios, y expresan así roles protagónicos al interior del complejo monumental. Esta visión se amplía y complementa con la presencia de representaciones iconográficas que forman parte de los murales hacia la etapa final de ocupación en Pachacamac. Un ejemplo de ello se evidencia en el edificio B15 (Eeckhout y Luján 2014) cuyas representaciones iconográficas indican tanto las relaciones o influencias de otras sociedades, así como la existencia de contenido simbólico sagrado. Estas representaciones también se encuentran plasmadas en el Templo Pintado (Muelle 1939).
Es así que la naturaleza de los murales merece nuestra atención y discusión. El caso del edificio B15 ha sido solo abordado dentro de procesos de renovación
Figura 1. Localización del sector B15 entre la segunda y tercera Muralla.
de las pinturas murales en espacios específicos. Por otro lado, el tema de la iconografía puede ser vista de manera más amplia desde su aspecto formal, entendiendo los murales de los templos y su relación con la religión, la cual fue originada posiblemente desde periodos tempranos en el Templo Viejo. Este tema ha sido abordado superficialmente por Franco y Paredes (2016) en el Templo Viejo; y por Uhle (1903), Bonavía (1985) y Marcone (2003) en el Templo Pintado. Finalmente, no trataremos dicha cuestión en este ensayo, al margen que el templo del sol muestre únicamente pintura monocroma (lo cual es una característica de la época tardía).
Localización
El Complejo Monumental de Pachacamac está ubicado a la altura del km 30 de la Panamericana Sur, margen derecha del rio Lurín y próximo a su desembocadura en el océano Pacifico. El edificio (B15) se localiza al noreste del Templo Viejo, Templo Pintado y el Templo del Sol, encontrándose aislado de las pirámides, edificios, plazas y otros. En términos de localización espacial, el edificio se encuentra entre la primera y segunda muralla. Su ubicación entonces permite sugerir una relación directa con los templos y edificios de diferentes épocas (Figura 1), aun, cuando no se ha evidenciado pasajes o calles que permitan conectar a
estos espacios. Esto se deba posiblemente a la presencia del actual circuito turístico, el cual podría haber cortado las antiguas vías, tema que queda por resolver.
Resultados preliminares a nivel la arquitectura del edifico B15
Figura 2. Corte oeste – este relacionado a rasgos arquitectónicos.
El edifico B15 corresponde al “Tipo 4” (Eeckhout 2012a) de nuestra clasificación arquitectónica, es decir, a una estructura cuadrada rodeada por cuatro muros bastante anchos de cerca 2 m, a la que se accede por un solo ingreso de 0.90 m de ancho ubicado en la esquina noreste. Sus paredes se encuentran pintadas de color rojo intenso, similar al templo del sol.
La estratigrafía del edificio B15, a nivel de las dos primeras capas superficiales, cubrió componentes arquitectónicos como el muro perimétrico, relacionado con el ingreso principal; y los muros de la parte central, relacionados a accesos, pasadizos y otros rasgos arquitectónicos (pozas, estructuras en desnivel, banquetas, hoyos, enlucidos y pisos) (Figura 2), que estuvieron relacionadas a ofrendas de “abandono”. Por otra parte, se presentó superposición de muros, donde los muros perimétricos corresponden a la última época (Horizonte Tardío), y el muro por debajo de la base del anterior, estaría relacionado a una de las últimas fases del Intermedio Tardío.
La asociación de este conjunto de evidencias, junto con el registro sistemático, teniendo en cuenta la superposición y recurrencia de los hallazgos (Lumbreras 2005), nos ayuda a proporcionar una interpretación del edificio, estableciendo dos aspectos fundamentales para nuestra investigación: fases relacionadas con los últimos periodos en el edificio (Intermedio Tardío – Horizonte Tardío) y su función.
La caracterización del edificio busca resolverse a través de excavaciones en área, lo cual permitirá claridad con los eventos temporales (cortos o procesos largos), generados a través de las remodelaciones de los espacios, ya sean en el exterior o al interior del conjunto arquitectónico; así como renovaciones de rasgos particulares.
Figura 3. Distribución de las unidades excavadas en relación al plano de sector B15.
La unidad 124, excavada en un área de 300 m2, evidenció un conjunto de contextos de ofrendas de abandono perfectamente depositadas sobre el último piso de los recintos, pasadizos, pozas y nichos. Si bien esos hallazgos no son materia de este ensayo, estos serán referenciados sucintamente. La unidad 126, excavada en un área de 27 m2, mostró correlación con la arquitectura central a través de cambios arquitectónicos por superposición de muros y recurrencia de pisos, asociados a contextos de ofrendas. La unidad 127, acceso principal, fue excavada en un área de 18 m2. Esta se planteó para explorar el ingreso al edificio, así como posibles fases de superposición arquitectónica relacionada a épocas tardías.
Figura 8. Estructura en desnivel 2 (banqueta) con diseños de motivos de personajes y peces relacionados con la ocupación Inca.
La estratigrafía en el acceso estuvo conformada por dos capas relacionadas con la última ocupación: una superficie de arena eólica y una siguiente formada por tierra suelta beige, creada a partir parte de restos de adobes (de los muros perimétricos), los cuales cubrieron tanto remanentes de enlucido simple como con segmentos de pintura y motivos figurativos. Estos motivos presentaron decoración en color amarillo, crema y verde, encontrándose en los mismos adobes. Desde el borde interno del muro perimétrico, la capa presentó un desnivel con eje norte-sur hasta alcanzar una superficie horizontal, que se encontró alterada con material removido y relacionado a entierros disturbados de épocas más tempranas.
Al interior del acceso principal, el piso estuvo alterado, presentando ofrendas de figurinas marinas en nácar (Figura 6), asociado a un poste ubicado en la parte central. También se encontraron restos óseos de cuyes por debajo del último piso (que cubre una sucesión de pisos por renovación), el cual se encontró relacionado con la ocupación inca y quizá con la última fase del periodo Intermedio Tardío. La base del muro perimétrico presentó superposición en relación a un muro anterior. De igual manera, el uso de técnicas constructivas diferenciadas, tecnologías constructivas diferenciadas, así como el uso de diferentes tipos de adobes, supondría la existencia de dos diferentes fases constructivas (Figura 7).
La arquitectura interna nos muestra áreas de recepción, pasadizos laberinticos y recintos, a los cuales se ingresaron a través un vano. Este último estuvo asociado con la prolongación del muro que separa el pasadizo laberintico, del recinto 7; y un muro aún no definido, posiblemente asociado al muro perimétrico del lado norte. Este muro también restringió ingreso directo al recinto 7, el cual delimitó en el lado sur con otro muro (M19) en eje este a oeste (de 0.60 m de ancho por cerca de12.50 m de largo) (Eeckhout y Luján 2014).
La presencia de tierra, adobes y piedras asociados al muro (M19) que divide el lado norte del lado sur del edificio, cubre la estructura en desnivel 2 (banqueta), la cual presenta 0.50 m de ancho por 1.40 m de largo. Esta
banqueta, que también presenta en una sección enlucido (con diseños de peces y personajes) (Figura 8), similares a los encontrados en el templo pintado, representa por si misma un espacio privado de interacción entre personaje e individuos que probablemente transportaban recursos (como alimentos) y aquellos que desarrollaban labores específicas en el edificio (como lo sería la decoración con pintura en paredes). La evidencia de esta última actividad se encuentra también sustentada en el hallazgo de un primer pincel en un contexto de ofrenda cercano a la estructura en desnivel 2 (banqueta). Por lo anteriormente descrito, es muy probable que el uso de dicha banqueta estuviese destinado exclusivamente para el representante que controló el edificio.
Figura 7. Superposición de muros relacionados con la remodelación del edificio B15.
La arquitectura de este espacio (recinto 7) se complementa con la presencia de banquetas en sus extremos (0.5 m de ancho por 2 m a 1.50 m), construida sobre una plataforma de 2.40 m de ancho por 8 m de largo. También se registró la presencia de una poza cuadrangular de 2 m de largo por 1 m de ancho, la cual contuvo en su interior una poza menor elaborada con lajas. Estas se encuentran localizadas al extremo oeste del espacio, asociadas a un, no menos importante, contexto de deposición de ofrendas (correspondientes a cerámica en miniatura con representación de pez, paleta trabajada en mullu, artefactos líticos, sandalia y otros). Además, se registró la existencia de un pequeño silo hacia el extremo noroeste del espacio, muy cerca a la plataforma elevada orientada de sur a norte, sobre cuya superficie (sobre el piso) se halló un muro de piedras que correspondería a etapa final de abandono. El muro de adobes, construido en varias hiladas, funcionó a manera de contención para la elevación del muro de piedras, lo que supone la remodelación de este espacio asociado a la época inca.
La arquitectura se hace más formal en la parte central del edificio debido a la presencia de los pasadizos laberinticos (3, 4 y 5) y un vestíbulo. Estos fueron rellenados intencionalmente por una gran cantidad de adobes (como se describió anteriormente), los cuales presentaban remanentes de enlucidos con diversos restos de pinturas murales polícromas y monocromas (roja o amarilla), una tras otra. Esto significaría la constante renovación de los enlucidos pintados y de las imágenes representadas, lo cual fundamenta temporalidades diversas, que, si bien son difícil de determinar con exactitud, nos ayuda a entender la existencia de fases cortas o largas durante la ocupación inca.
Debajo del relleno se encontraron contextos de ofrendas tales como: spondylus triturado, discos elaborados en mullu y nácar, copas, figurinas (con representaciones marinas), cuentas de spondylus, grapas para las copas de madera y láminas de metal, plumas, restos óseos de cuy, conopas, artefactos líticos y vasija fraccionadas intencionalmente. Estas ofrendas fueron distribuidas por los pasadizos en el momento de abandono del espacio.
Figura 9. Pintura mural con motivos de influencia norteña antes del ingreso al recinto 2.
Los pasadizos laberinticos (1 y 2) presentaron dos direcciones: la primera de sur-norte con un ligero desnivel asociado a un nicho localizado por debajo del piso del vestíbulo, y la segunda de norte-sur. Ambos pasadizos fueron de circulación restringida, con un ancho de 0.60 m y una altura de sus muros que no sobrepasó el 1 m de altura. Esto habría permitido únicamente el paso de un individuo. Otro elemento asociado, que llamó la atención, fue la presencia de una banqueta de descanso en la esquina noroeste del pasadizo sur-norte. Lo anteriormente dicho hace suponer la restricción a espacios interiores, como el caso del recinto 4 (patio) o el recinto 2.
El recinto 4 (patio principal) fue un espacio que pudo ser utilizado para reuniones de consenso entre el encargo del edificio y la élite religiosa. Este presentó un piso uniforme asociado a un artefacto lítico inusual incrustado sobre el piso, en la esquina noroeste del mismo. Este artefacto pareciera ser la representación simbólica de una wanka. Otro de los hallazgos asociados a este espacio fue una concentración Concholepas concholepas, ofrendadas encontrada en el ingreso del espacio. Respecto a la arquitectura, el recinto 4 se configuró además con la presencia de la estructura en desnivel 1 y otras dos banquetas. La primera se encontró adosada al muro perimétrico del patio, presentando una altura no mayor al 1 m de altura. La segunda se encontró adosada al muro sur del recinto. Estos rasgos corresponden a una fase posterior del muro perimetral del patio, debido a que sus enlucidos se registran desde la cabecera hasta la base de los muros.
Figura 10. Pozo y posible canal relacionado a ritual de culto al agua.
Respecto a los murales ubicados cerca al ingreso del recinto 2, estos presentan escalonamiento en ambos extremos, mostrando en su interior diseños de grecas, las cuales recuerdan a los diseños norteños (específicamente chimú), aunque estos diseños también han sido registrados en piezas tardías de la costa sur (Figura 9). Un rasgo curioso es que en una de estas paredes (de los murales), se encuentra incrustada una pelvis humana cuya explicación podría responder a cuestiones culturales, vinculada temporalmente con la época inca. Otro aspecto importante de resaltar es el hallazgo de adobes con murales de diseños variados: peces, plantas y otros en colores variados (negro, blanco, verde, amarillo), todas ellas presentes también en el Templo Pintado (Marcone 2003). Debemos destacar en este sentido la renovación de enlucidos del pasadizo laberintico e ingreso, asociados a las fases finales del Horizonte Tardío.
El recinto 2 fue de forma alargada, presentado 3 m de largo por 2 m de ancho, y delimitándose por cuatro muros de 1.60 m de ancho aproximadamente. La anchura de los muros parece corresponder al adosamiento de muros de diferentes fases. Esto se evidencia en la parte central de uno de los muros, donde se observa una línea semi abierta que permite diferenciar entre cada una de las fases (Figura 3), Los extremos este, sur y oeste del muro corresponderían a la última fase de la ocupación inca, propuesta que será verificada en una posterior intervención.
Figura 11. Paquetes de barro a manera de esferas asociadas a caña de función incierta.
Un componente a resaltar para este espacio fue la presencia de un nicho de 0.30 por 0.30 m en sus lados y 0.30 m de profundidad, así como un muro que forma una “L”, con una altura de 0.80 m, el cual termina restringiendo un espacio relativamente pequeño. En este se ha registrado ofrendas de spondylus, cuentas de spondylus y líquidos depositados en hoyos. También se han registrado placas de mullu (colocadas sobre el piso), y una sucesiva presencia de contextos de ofrendas depositadas en la vía de ingreso, tales como: mullu, artefactos líticos, ornamentos de textil con plumas, plumas depositadas individualmente, vasijas rotas, mullu triturado, etc. Estas últimas se encontraron en una poza pequeña, donde posiblemente vertían líquidos.
Por otro lado, también se han registrado la presencia de postes, rasgo que nos sugiere que el espacio posiblemente se encontró techado. También se registró un entierro disturbado de un personaje femenino (probablemente tratase de un “ancestro”), hallado sobre la base del piso, delimitado por un pequeño muro que parece corresponder a la etapa final de clausura del edificio.
Desde la esquina noreste del recinto 2, la presencia de una “poza de agua” da pie a proponer la existencia de un “canal”, de donde este partiría. El canal presenta las siguientes dimensiones: 0.50 m de ancho por 2.40 m de largo, direccionado hacia el recinto de la poza hundida. La base de los muros de este espacio presenta desgaste, ocasionado posiblemente por escorrentía. La conformación de este rasgo se configura además con la presencia de un dintel a 0.50 m de la superficie del piso del “canal” (Figura 10), rasgo que aparentemente remodeló un espacio más amplio, probablemente usado en un momento anterior. Esto se hace entrever a través del adosamiento de muros paralelos.
La esquina noroeste de la poza hundida, en el recinto 1, formó parte de la prolongación del “canal” hasta perderse por la presencia de un muro cortina, el cual hizo que se estreche entre 0.40 m a 0.50 m de ancho. El piso recorrió en desnivel en dirección oeste a este, y de norte a sur. La superficie del piso estuvo cubierta por enlucido muy compacto y fino, el cual cubrió las lajas. Un hallazgo interesante asociado a este canal, fue la de una cerámica (maqueta), la cual en su interior presentó la representación de un hoyo. Pensamos que esto podría asociarse al tema de culto al agua, a lo cual se suma la presencia de spondylus en variadas formas.
Figura 5. Relleno de lajas asociadas a ofrendas de abandono de de función incierta. spondylus
Por otra parte, en la misma poza hundida (recinto 1), hacia el extremo sur, se registró un rasgo particular en un espacio estrecho de 0.40 m de ancho por 4 m de largo. Este consistió en una gran concentración de material vegetal, donde se encontró paquetes de barro, a manera de esferas con una caña la cual atraviesa desde la mitad de las mismas (Figura 11). La función de estas fue incierta.
La poza hundida presenta unas dimensiones de 1.40 m a 1.60 m de ancho, por 4 m de largo y una altura promedio de 1.50 m (desde el piso de la poza), que funcionalmente guarda cierta relación con la arquitectura relacionada con espacios dedicados al “culto al agua” (como lo hemos mencionado antes), arquitectura que se asemeja a la estructura B1 de Choquepukio (McEwan et al. 2005) no solo por la forma sino por los elementos asociados como son las ofrendas. Por otro lado, desde el nivel del pasadizo del recinto 1 (espacio probablemente relacionado con la época inca), los muros anteriormente referidos no sobrepasan el 1 m de altura.
Continuando, los muros laterales (este y oeste) de la poza hundida presentan un ancho de 0.40 m, mientras que los muros de los extremos norte y sur presentan un ancho de 0.60 m y 1 m respectivamente. Se debe señalar que al extremo sur del pozo hundido se registró un muro (en paralelo al muro sur), el cual presenta una ligera orientación o desviación, lo cual hace suponer una fase anterior (Figura 3). De igual manera, hacia el extremo norte de esta estructura, se ha registrado una considerable cantidad de dinteles junto con ofrendas de mullu y una vasija doméstica, los cuales se encontraron depositados en el piso de la poza (Figura 5). La presencia de los dinteles nos sugiere que este espacio fue transitable
Figura 12. Ofrendas de artefactos múltiples de abandono
La presencia de una hornacina de 0.40 por 0.40 m ubicada en la esquina SO, no encaja en la distribución homogénea de la arquitectura de la poza hundida, por lo tanto su ubicación, así como el hecho se haberse encontrado cubierta por relleno constructivo permite suponer que habría estado relacionada a una etapa anterior a la ocupación inca.
La base de la poza hundida presentó un piso uniforme con revoque asociado a la base de los muros. Ha de resaltarse que a diferencia de los muros norte, sur y este de la estructura, que fueron construidos íntegramente de adobes, el muro oeste presenta piedras en la base, sobre las cuales fueron colocados los adobes hasta alcanzar 1 m de altura.. Al sur de este espacio se ubica una pequeña poza elaborada con las lajas de piedra de 0.50 m por 0.70 m, en la cual se halló masa compacta de material orgánico posiblemente en descomposición. Nuevamente, la relación de estos elementos en el espacio, sugieren ritos de culto al agua.
Los espacios del extremo oeste del edificio parecen guardar una relación diferente a lo expuesto hasta este punto. La separación existente con el espacio de recepción se relaciona en principio a una plataforma cuadrada de 1.90 m por 2 m, asociado a los ambientes 1, 2 y el recinto 6 (donde se encuentran los nichos). En principio los ambientes parecen haber cumplido la función de espacios para el procesamiento de algunos especímenes (spondylus); que fueron encontrados en contextos de ofrendas de abandono sobre el último piso, en el que también se ha encontrado un mortero y un artefacto lítico a manera de cono. Estos últimos se encuentran además en un espacio separado por un murete bajo y poco ancho, con presencia de banquetas muy angostas En términos formales se registra renovación de pisos; así como la remodelación del área ocupada por estos ambientes y el recinto en la última etapa de ocupación inca.
Figura 4. Capa de abandono intencional en los pasadizos
El recinto 3 (también llamado recinto de las conopas) presenta un acceso trapezoidal de 0.40 m a 0.50 m de ancho. Las dimensiones del recinto son de 1.40 m de ancho por 3.40 m de largo. Los muros de este espacio parecen adosarse a muros de fases anteriores, similar a los recintos 1 y 2, correspondiendo de esta manera a dos momentos distintos. Este recinto presentó en el piso hoyos con ofrendas de conopas de diversos tamaños, ovillos de vegetal, cañas, spondylus triturado y fragmentado, artefactos de madera, plumas, copas de madera con incrustaciones de discos, láminas rectangulares de nacar y spondylus, chaquiras hechas de cuentas, textiles con ornamentos de pluma, unkus, fragmentos de cerámica, pinceles, etc. Estos también se encontraron regados en el piso contiguo, perteneciente al recintos 6 (Figura 12).
Tras el abandono y clausura del edificio, próximo a los ambientes 1 y 2 se encontraron dos muros en “diagonal”, los cuales rompen el patrón arquitectónico del edificio. Dichos muros fueron construidos con adobes desmontados de los muros de la arquitectura central. Presentan una dimensión de 9.50 m de largo por 0.50 m de ancho; y 3 m de largo por 0.40 m de ancho, respectivamente, con una altura promedio, en ambos casos, de 0.40 m Esta construcción estaría relacionada con la fase epi-
colonial. (Figura 3).
En términos generales, los muros de la arquitectura central variaron entre 1 m y 1.50 m de ancho. Por otra parte, es interesante notar como el muro central oeste que demarca un eje en el que se puede diferenciar espacios, tales como espacios pintados y no pintados, espacios de recepción y espacios para acuerdo, y espacios para rituales con espacios para actividades laborales. La presencia de hoyos de postes, podría sugerir que el espacio estuvo techado e su momento de uso.
La estratigrafía tardía del edificio B15
La naturaleza estratigráfica de la superficie del edificio muestra una elevación irregular a consecuencia de la arquitectura de la construcción. Los niveles de estratos en las tres unidades se conforman en principio por una capa superficial homogénea, arena eólica que cubre el edificio, mientras la capa 1 estuvo conformada por tierra suelta de coloración beige. Ha de resaltarse que esta última fue consecuencia del desgaste de los componentes de adobes que formaron parte de los muros, así como rellenos (principalmente de adobes y terrones) entremezclados con presencia de cultura material, las cuales entraron en contacto con la superficie del último piso presente en las unidades 124, 126 y 127. Las dos últimas presentaron áreas más disturbadas (Eeckhout y Luján 2014).
Si bien el edificio muestra áreas alteradas, el sector excavado evidencia un relleno de abandono intencional provocado por los propios habitantes al momento de sellar el edificio. La disposición de adobes registrados al interior del ingreso principal y pasadizo en el laberintico sugiere que fueron desmontados y posiblemente depositados intencionalmente hacia los espacios abiertos (tránsito y recintos) (Figura 4). En esta se registraron adobes con enlucidos, con decoración pictórica o sin ella, grandes lajas de piedra asociadas a ofrendas de mullu y una serie de artefactos (Figura. 5); más la acumulación ex-profesa de tierra y terrones que fueron colocados para cubrir los contextos de ofrendas de abandono. No es casual entonces esta deposición, lo cual lleva a suponer el carácter funcional, así como la importancia que tuvo el edifico durante la ocupación inca y el porqué de su abandono quizá tan intempestivo.
El conjunto de materiales cubiertos por esta capa de abandono brinda luces sobre la explicación ontológica de los materiales registrados en contextos de ofrenda. El conjunto general hallazgos encontrados se sintetiza de la siguiente manera: gran cantidad de material lítico, conopas de formas diversas, láminas de metal, spondylus en estado natural, triturado, placas, polvo o representando a especies marinas; discos y placas rectangulares para copas, plumas de aves de la Amazonía, vasijas y plaquetas de cerámica fracturadas intencionalmente, cuentas de Spondylus, ornamentos de textiles con plumas, uncus, brazaletes, pinceles, pigmentos para pintura, etc.
Todo estos conjuntos de contextos conformados por estás ofrendas asociados a los espacios del edificio induce a plantear la hipótesis en la cual el edificio B15 desempeñó una función particularmente (religiosa) en la época inca. Cada espacio del edificio cumplió un rol protagónico, desde actividades particulares hasta rituales, las cuales fueron generadas y auspiciadas por personajes religiosos como sacerdotes o chamanes. Creemos que dentro de estas actividades se involucró los diferentes especímenes que llegaron al edificio, para que luego de un proceso de limpieza litúrgica, se destinaran como ofrendas en ritos religiosos al oráculo, los ancestros o a los entierros específicos que se registraron en el cementerio de la parte posterior de la pirámide 13 (Eeckhout y Luján 2013a) y/o depósitos registrados en el edificio 8 (Eeckhout y Luján 2013b, Luján y Eeckhout 2016).
Conclusiones preliminares
El edificio B15 del tipo “4” cumplió una función trascendental y de continuidad en las que se desarrollaron actividades relacionadas con aspectos rituales hasta el Horizonte Tardío. El carácter formal de la arquitectura y los rasgos presentes invita a proponer que al interior del edificio se desarrollaron actividades particulares en beneficio de los templos, edificios, y ancestros, bajo el encargo de un personaje que mantendría relaciones directas con la élite y/o sacerdotes. Esta hipótesis se sustenta a través de los rasgos formales de la arquitectura del edifico, expresada por pinturas murales y pinturas monocromas en espacios específicos, que difieren dependiendo del uso y distribución de los espacios; así como de la distribución de la cultura material y ofrendas sobre la superficie del piso.
De manera preliminar sostenemos la propuesta de una superposición de arquitectura que nos lleva a sugerir que el espacio fue remodelado horizontalmente, basado en el ancho de los muros de los recintos 1, 2 y 3 que marcaron diferencias en el espacio de los mismos. Además estos presentan ciertos rasgos, como en el caso del pozo hundido (que presenta un nicho) el cual induce a sostener distintos momentos o fases arquitectónicas. La intrusión en el muro que modifica el pasadizo o canal entre los recintos 1 y 2, también es un buen ejemplo para el caso.
Otro elemento que sustenta que el edificio fue construido en fases distintas, son los muros perimetrales del edificio. Estos muros se encuentran asentados sobre un muro bajo elaborado con una técnica constructiva distinta. Estos muros también se diferencian en el tamaño, tal como ocurre con el muro registrado por debajo del muro perimetral sur del recinto 1, el cual no guarda simetría de continuidad vertical o simetría con la técnica constructiva. De igual manera el ambiente 1 y 2 parecen modificar en algún momento el espacio de conexión (pasadizo) con el recinto 3.
Las renovaciones están claramente identificadas en los enlucidos presentes de los pasadizos, vestíbulo y el recinto 6, ya que se han registrado entre 3 y 4 capas de enlucidos con murales de diseños diversos, los cuales expresan la importancia de estos espacios. De igual manera, esta práctica se evidenció una superposición de enlucido monocromo rojo-amarillo y en el adosamiento de banquetas sobre paredes con pintura, que corren de la cabecera del muro al piso, registrado en el recinto 4. Finalmente creemos que la renovación de pisos ocurrido al interior del ambiente 2, debe correlacionarse con el ambiente 1 por presentar las mismas características.
De esta manera, podemos decir que la construcción de algunos espacios se habría dado en momentos próximos al “abandono” del edificio, tal como lo expresa el muro en “L” y el muro que diferenció la zona de contextos de entierros funerarios. Esta información se complementa con la presencia de contextos de ofrenda de “abandono” y el cubrimiento de las áreas por relleno intencional (de los propios adobes que formaron parte de los muros de la arquitectura central e ingreso principal). Finalmente, estos cambios también se evidenciaron en la construcción de dos muros con direcciones distintas en la etapa epicolonial, los cuales rompieron con el esquema del edificio del Horizonte Tardío.
Agradecimientos
Al Ministerio de Cultura por autorizar las excavaciones. También queremos agradecer el apoyo financiero de la Universidad Libre de Bruselas, del FNRS. El apoyo logístico de la Embajada de Bélgica en el Perú y del MSP. Muchas gracias a todos los miembros del equipo Ychsma 2014.
Referencias
Bonavía, D.
(1985) Mural paintings in Ancient Peru. Bloomington. Indiana University Press.
Bueno, A.
(1982) El antiguo valle de Pachacamac: Espacio, tiempo y cultura.
Editorial los Pinos, Lima.
Franco, R.
(1993a) El centro ceremonial de Pachacamac, nuevas evidencias en el templo viejo, en Boletín de Lima N° 86, pp. 45-62.
(1993b) Los dos templos principales de Pachacamac, breve síntesis, en Revista del Museo de Arqueología N° 4, pp. 55-77.
Franco, R. y P. Paredes.
(2016) Templo Viejo de Pachacamac, Dioses Arquitectura Sacrificios y ofrendas. IAR, Fundación Wiese.
Eeckhout, P.
(1995) Pirámide con Rampa N° 3 de Pachacamac, costa central del Perú, resultados preliminares de la primera temporada de excavaciones (zona 1 y 2), en Bulletin de Inst. Fr. Etudes andines 24(1), pp. 61-106.
(2000) Los antecedentes formales y funcionales de las “pirámides con rampa” de la costa central del Perú en los tiempos prehispánicos, en Boletín Americanista. No 50, pp. 39-60, Barcelona.
Diseño arquitectónico, patrones de ocupación y formas de poder en Pachacamac, costa central del Perú, en Revista Española de Antropología Americana, No 33, pp. 17-37.
Pachacamac y el proyecto Ychsma, en Arqueología de la costa central del Perú en los Periodos Tardíos. Bulletin de I´Institut Français d´Etudes Andines. Editado P Eeckhout, IFEA, pp. 425-448.
(2010) Las pirámides con rampa de Pachacamac durante el Horizonte Tardío. In Arqueología en el Perú. Nuevos aportes para el estudio de las sociedades andinas prehispánicas, editado por Rubén Romero Velarde y Trine Pavel Svendsen, pp.415-434. Universidad Nacional Federico Villarreal, Lima.
(2012a) Absolute chronology, monumental architecture and social complexity at Pachacamac. Paper read at the Roundtable on the Pachacamac Sanctuary, Dumbarton Oaks, Washington, D.C.
2012b Inca Storage and Accounting Facilities at Pachacamac. Andean Past 10: 212-238.
Eeckhout, P. y m Luján
(2013a) Informe Final del Proyecto Ychsma Investigaciones Arqueológicas en el sitio de Pachacamac Temporada 2012, presentado al Ministerio de Cultura, Lima.
(2013b) Un complejo de almacenamiento del periodo Inca en Pachacamac, en Studium Veritatis, UCSS, Año 11, N° 17, pp. 227-286.
(2014) Informe Final del Proyecto Ychsma Investigaciones Arqueológicas en el sitio de Pachacamac Temporada 2014, presentado al Ministerio de Cultura, Lima.
(2016a) Cronología e impacto de la conquista inca en la costa central: una reevaluación crítica desde el caso de Pachacamac. Conferencia, Nuevas perspectivas sobre la conquista y ocupación Inca en la Costa
Central: una mirada desde las comunidades locales. Qapaq ÑanMinisterio de Cultura.
(2016b) Modelos de interpretación del impacto inca en el sitio de Pachacamac. Simposio, Señoríos yungas en el Tawantinsuyu. FCSEAPA, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Jiménez Borja, A.
(1985) Pachacamac. Boletín de Lima, N° 38, pp. 40-54.Lima.
Lumbreras, LG
(2005) Arqueología y Sociedad. Editores E. Gonzáles Carre y C. Del Águila. Instituto de Estudios Peruanos.
Luján, m y P. Eeckhout
(2016) Aspectos de la economía incaica en Pachacamac, tras los resultados de las excavaciones del complejo E8, en Actas del primer Congreso Nacional de Arqueología, Ministerio de Cultura.
Makowski, K.
2015 Pachacamac- Old Wak’a or Inka Syncretic Deity? Imperial Transformations of the Sacred Landscape in the Lower Ychsma (Lurín) Valley. In The Archaeology of Wak’as, editado por Tamara L. Bray, pp127-166. University Press of Colorado, Boulder.
Marcone, G.
(2001) El complejo de adobitos y la cultura Lima en el santuario de Pachacamac, en Huari y Tiwanaku: modelos vs. Evidencias. Primera parte. Boletín de Arqueología de la PUCP, Kaulicke y W. Isbell (Eds.), pp. 597-605.
(2003) Los murales del Templo Pintado o Relación entre el Santuario de Pachacamac y la iconografía tardía de la costa central peruana. Anales del Museo de América 11 :57-80. Subdirección General de Documentación y Publicaciones.
McEwan,G., A.Gibajab, & y m Chatfield
(2005)Arquitectura monumental en el Cuzco del Periodo Intermedio Tardío: evidencias de continuidades en la reciprocidad ritual y el manejo administrativo entre los Horizontes Medio y Tardío. Boletín de Arqueología PUCP 9 : 257-280.
Muelle, J. C. y R. Wells
(1939) Las pinturas del templo de Pachacamac, en Revista del Museo
Nacional, t IV, N° 1, Lima
Paredes Botoni, P.
(1985) La Huaca Pintada o El Templo de Pachacamac. Boletín de Lima, 41:70-7.
(1988) Pachacamac -Piramide con Rampa N°2. Boletín de Lima, 55:41-58.
Pozzi, D. y K. Bernuy
(2010) Informe final del proyecto de investigación arqueológica calle Norte-Sur y segunda muralla del santuario de Pachacamac. Museo de Pachacamac, entregado al Ministerio de Cultura.
Tello, J. C.
(2007 [1940]) Arqueología de Pachacamac: Excavaciones en Urpi Kocha y Urpi Wachak. Cuadernos de Investigación del Archivo Tello N° 5. MAAUNMS y CCSM.
(2009 [1940-1941]) Arqueología de Pachacamac: Excavaciones en el Templo de la Luna y Cuarteles, 1940, 1941. Cuadernos de Investigación del Archivo Tello N° 6. MAAUNMS y CCSM
(2012 [1945]) Arqueología e Historia de Pachacamac. Cuadernos de Investigación del Archivo Tello N° 10. MAAUNMS y CCSM.
Uhle, m
(2003 [1903]) Pachacamac. Clásicos Sanmarquinos. Fondo editorial de la UNMSM y Corporación Financiera de Desarrollo.