“Demás de lo que della dizen, es de saber que hicieron en el camino de la sierra, en las cumbres mas altas, de donde más tierra se descubría, unas placetas altas, a un lado o a otro del camino, con sus gradas de cantería para subir a ellas, por aquellas sierras altas y baxas, nevadas y por nevar, que cierto es una hermosísima vista, porque de algunas partes, según la altura de las sierras por do va el camino, se descubren, cincuenta, sesenta, ochenta y cien leguas de tierra, de donde se ven puntas de sierras tan altas que parece que llegan al cielo y por el contrario, valles y quebradas tan hondas, que parece que van a parar al centro de la tierra…”.
Garcilaso de la Vega
(Comentarios Reales)

En el año 2003, se suscribió la Declaración Conjunta de Presidentes del Grupo de Río, que incluyó de manera novedosa y visionaria el compromiso del Perú, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador, de desarrollar conjuntamente el proyecto del “Qhapaq Ñan o Camino Principal Andino”.

Pocos podrían haber vislumbrado entonces la importancia del paso que se estaba dando para encontrar en las raíces mismas de nuestra identidad, el sustento de la integración entre nuestros pueblos.

Se encontró en la estructura vial denominada Qhapaq Ñan el símbolo más claro de cuán articulado podíamos concebir el ordenamiento de los pueblos andinos y cómo a partir de ese esquema, los pueblos contemporáneos encontramos ligazón, puntos de unión, pautas de entendimiento, criterios comunes y sobre todo, una red sobre la que podemos seguir tejiendo nuestros destinos.

El Qhapaq Ñan ha aportado desde ese momento una forma distinta de comprender nuestra historia y territorio dándole al Perú la justa oportunidad de posesionarse en el panorama de América Latina, como actor y gestor de actividades culturales futuras, basadas en los elementos fundamentales del pasado.

El Camino Principal Andino nos otorga la posibilidad de comprender y desarrollar formas armoniosas de entendimiento entre el hombre y la naturaleza, da ejemplos sensatos de manejo territorial y muestra de manera admirable la habilidad de los antiguos para dominar su espacio y hacer del Camino, la columna fundamental de los logros alcanzados en los aspectos social, político y económico.

A partir del año 2003, el Instituto Nacional de Cultura a través del Programa “Qhapaq Ñan – Camino Principal Andino” viene desarrollando un intenso y permanente trabajo tanto en la investigación de campo propiamente dicha como en las labores de gabinete en donde se procesa la información acopiada a lo largo de muchas horas, días y meses, caminando desde entonces, no menos de 14,781.068 Km.

Se ha logrado identificar monumentos arqueológicos y se ha establecido el sendero de la ruta troncal y de las vías transversales así como datos asociados al patrimonio inmaterial y riquezas paisajísticas.

Uno de los objetivos de mayor envergadura es reivindicar la presencia de los hombres en sus tierras ancestrales, recuperar la memoria de una manera de ser y de vernos, de valorarnos en tanto debemos respetarnos en la diversidad.

La labor del Programa Qhapaq Ñan se sustenta en propuestas técnicas que buscan involucrar a la población a fin de proteger y desarrollar potencialmente a los pueblos hacedores y herederos de la tradición andina.

Ello con el objetivo de generar formas sostenibles de desarrollo turístico y de mejor comprensión de los procesos particulares de cada comunidad o región.

En el Qhapaq Ñan, el principio del respeto al otro y de la comprobación de la similitud es asombroso. Investigadores de diversas especialidades y disciplinas, de variadas nacionalidades e intereses se enlazan en este esfuerzo por cimentar las bases de la historia. Desde el Instituto Nacional de Cultura, el Qhapaq Ñan va avanzando como quien pone, punto a punto, los hilos de un gran tejido en el que deben estar presentes y reconocerse todos los elementos que hacen de la diversidad cultural del Perú, la base fundamental de nuestra manera de ser.

Esa labor se teje también con el aporte de los diversos programas o comités nacionales de los seis países por donde el Camino Principal Andino también discurre y con quienes se viene realizando una labor intensa para unificar criterios técnicos; formas de registro y de manejo de la información, estando en capacidad de postular conjuntamente al Qhapaq Ñan para que en 2011, pueda ser reconocido por Unesco, como Patrimonio Cultural de la Humanidad; como testimonio de la obra de los hombres andinos que desde épocas inmemoriales hasta nuestros días, han trazado y andado ese camino, haciéndolo con la seguridad que es la vía que nos une, que nos integra y nos devuelve a la esencia de nuestros orígenes comunes.

No en vano, el cronista Pedro Cieza de León, en tiempos tan tempranos como 1553, señalaba: “… Una de las cosas que yo más me admiré, contemplando y notando las cosas deste reino, fue pensar cómo y de qué manera se pudieron hacer caminos tan grandes y soberbios como por él vemos y que fuerzas de hombres bastaran a los hacer y con que herramientas y instrumentos pudieron allanar los montes y quebrantar las peñas, para hacerlos tan anchos y buenos como están; porque me parece que si el emperador quisiese mandar hacer otro camino real, como el que va del Quito a Cuzco o sale de Cuzco para ir a Chile…..” Para el Perú la importancia de este Programa es sustantiva, habiendo sido reconocido como actividad de interés nacional según Ley 28260 y, en cumplimiento de ello, el Instituto Nacional de Cultura integra a profesionales de diversas especialidades, a ciudadanos y trabajadores que en conjunto, hacen del trabajo en el Qhapaq Ñan una expresión de confianza en la grandeza del Perú y una forma de manifestar la esperanza de que sea este Qhapaq Ñan, el gran elemento unificador de los peruanos y una ruta para vislumbrar un futuro de integración.

Cecilia Bákula Budge

Con el aporte de la arqueología, antropología, etnografía, geografía, historia y otras disciplinas, el Programa Qhapaq Ñan ha podido ser analizado desde diversas perspectivas y no solo como una red de caminos que comunicaba pueblos alejados entre sí. Hoy es posible tratarlo y entenderlo como una obra cuya dimensión espacial adquiere cada vez mayor importancia social y cultural.

Reconocimiento del Gran Camino.

La investigación y registro arqueológico del Qhapaq Ñan, de su estado de conservación y de la investigación sobre los sitios asociados a él, busca concluir un catastro arqueológico nacional vinculado a la extensión total del Qhapaq Ñan.

La identificación y el registro de tramos de caminos prehispánicos y sitios arqueológicos, requiere de un agotador recorrido a pie por el camino. Para que se comprenda la magnitud del trabajo realizado, vale la pena referir algunas cifras: Se estima que a la fecha, los técnicos peruanos han identificado y registrado aproximadamente el 80% del Qhapaq Ñan en nuestro territorio, el faltante 20% aproximado aún no se registra debido a problemas de accesibilidad como cobertura vegetal y terrenos inestables.

Los museos, soporte y refuerzo de nuestra identidad Entendiendo los museos como centros de interpretación y custodia de la memoria material e inmaterial, el Programa Qhapaq Ñan busca a través de ellos vincular el pasado con el presente, unir a poblaciones y países andinos en busca de la conservación y conocimiento de sus elementos más caracterizados, para reforzar la identidad local y dotar a las poblaciones de elementos atractivos para el uso turístico en beneficio de su propio desarrollo. Dentro del Programa Qhapaq Ñan, el componente museológico ha implementado el Plan de la Red de Museos que se ha iniciado con la musealización del primer tramo de la Ruta del Peregrino (Jauja-Pachacamac) y del Proyecto Museo Nacional Pachacamac, cuya ejecución debe iniciarse en breve a fin de dotar a este importantísimo santuario de la costa del Perú, de un centro de interpretación adecuado y acorde con la importancia del sitio arqueológico.

La Red de Museos del Qhapaq Ñan tiene como misión poner en valor el Qhapaq Ñan y contribuir con el desarrollo local, regional y nacional a través de una propuesta descentralizada que refuerce la identidad presente y de lineamientos para el uso sostenible de los recursos culturales.

Es sustantivo el aporte del conocimiento geográfico del Qhapaq Ñan que permite contextualizar el territorio y descubrir el papel que éste juega en la dinámica territorial actual.

Aportes del Qhapaq Ñan Desde el punto de vista científico y gracias a los aportes multidisciplinarios del Programa, ha sido posible establecer, entre otros lineamientos, una metodología para el reconocimiento y registro del entorno territorial relacionado al Gran Camino. Asimismo, fijar los parámetros para el estudio y catalogación de los paisajes culturales a nivel nacional y dotar una adecuada normativa para la declaración y manejo de los paisajes culturales, algunos de los cuales han sido declarados como patrimonio cultural de la Nación.

Sector Mullococha, tramo Jauja-Pachacamac.

Paisajes: expresiones de la sociedad andina Desde las primeras ocupaciones humanas, el habitante de las zonas altas de los Andes fue capaz de responder con imaginación y eficiencia ante los retos que planteaba el territorio andino, al que intervino dejando diversidad de paisajes culturales a lo largo de la red caminera. Perviviendo aún en nuestros días como expresiones tangibles de la capacidad de las sociedades que ocuparon el extenso universo andino.

En ese sentido, es sustantivo el aporte del conocimiento geográfico del Qhapaq Ñan que permite contextualizar el territorio y descubrir el papel que éste juega en la dinámica territorial actual. Asumir el paisaje cultural como una riqueza propia y singular, será una herramienta de posicionamiento regional en el futuro.

Las poblaciones y su cultura Luego de cinco años de investigación y actividades realizadas en conjunto con las poblaciones asociadas al Qhapaq Ñan, el Instituto Nacional de Cultura ha desarrollado productos finales que ponen de manifiesto la vigencia de formas de ser y vivir, tradiciones y prácticas de cosmovisión que muestran cada vez más el valor ancestral de la cultura transmitida de generación en generación y cómo ello sustenta la diversidad cultural de nuestro país, rico en expresiones y saberes.

El componente etnográfico ha aportado un conocimiento cabal de: la cultura Chopcca, etnia de Huancavelica que ha guardado celosamente sus tradiciones haciendo de ellas una práctica habitual y un elemento de identidad y orgullo; la cerámica tradicional de Pucará, como un gran remanente de técnicas alfareras cuyos orígenes se remontan a épocas milenarias; el anaco, que es uno de los elementos de vestimenta a manera de túnica, con mayor presencia y permanencia en las poblaciones en territorio peruano; la recuperación de la memoria del Inca en Huánuco Pampa; la persistencia del Tanta, en la ruta del Pariacaca; así como la sorprendente pervivencia del arte textil en Aypate, provincia de Ayabaca, Piura, en la frontera norte del país.

Patrimonio colonial y republicano Dentro del Programa Qhapaq Ñan existe la necesidad de investigar y comprender el aporte que ha tenido el hombre en tiempos de la presencia española en nuestras tierras. Es así que encontramos espacios y territorios en los que se han superpuesto construcciones, esquemas arquitectónicos y se ha dado uso dual a lugares que trataron a lo largo de los siglos de mantener un valor ancestral, muchas veces oculto bajo las formas y visión occidentales.

Es por ello que se ha desarrollado tres ámbitos de trabajo: diagnóstico y registro, estudio de tipologías arquitectónicas y técnicas constructivas, todo ello con la finalidad de comprender las circunstancias y el valor del aporte y la presencia de los distintos grupos humanos que viven y ocupan espacios a los largo del Qhapaq Ñan.

Producto de ese trabajo son importantes publicaciones que han permitido establecer las pautas para la preservación, conservación e intervención futura en centros urbanos y ceremoniales, como Vilcashuamán en Ayacucho, que constituye uno de los lugares en los que se aprecia claramente la superposición y continuidad de las edificaciones incas con las ocupaciones modernas. Las investigaciones realizadas allí han aportado pautas para intervenciones futuras en centros similares, en los que es necesario identificar la obra primigenia para poder valorar los aportes posteriores.

Defendiendo lo nuestro La apropiación de los valores culturales es una tarea impostergable y a ella se aboca de manera intensa el Instituto Nacional de Cultura, interviniendo de manera directa en los sitios arqueológicos e históricos asociados al Qhapaq Ñan, para sensibilizar a la población, fomentar el conocimiento y cuidado de lo propio, a partir del crecimiento de la autoestima y orgullo por los valores y bienes culturales que les son propios.

A través de la labor del área de defensa del patrimonio, el Programa Qhapaq Ñan busca, entre otros, reducir el tráfico ilícito de bienes culturales, involucrar a la población cercana a los sitios asociados al Gran Camino para que, conociendo su valiosa riqueza ancestral, sepan cómo protegerla y puedan identificar las amenazas a que ese patrimonio está sometido. Una permanente labor de asesoramiento busca brindar herramientas que orienten y ayuden en las acciones de protección y defensa de los bienes del patrimonio cultural mueble e inmueble.

La labor de defensa es ardua y tiene como meta fomentar la apropiación cultural para disminuir y erradicar los atentados contra los sitios arqueológicos e históricos asociados al Qhapaq Ñan, así como poner término al expolio de bienes muebles.

Logros en la defensa del patrimonio Son muchos los logros obtenidos y es quizá la tenacidad y la persistencia de las campañas realizadas las que generan una conducta cada vez más comprometida por parte de la población y de las autoridades locales.

Destaca la permanente asesoría técnica en programas de participación ciudadana y capacitación en programas de defensa del patrimonio; el apoyo permanente para el desarrollo de los planes de trabajo relacionado a la sensibilización y educación de la población en zonas de gran importancia como Huánuco Pampa, Cabeza de Vaca y Huaycán de Cieneguilla, en los que se ha realizado el diagnóstico sociocultural para identificar agentes internos y externos que deben ser involucrados como parte de la labor conjunta con la población. Para ello ha sido de gran importancia la organización de mesas de trabajo con el objetivo de diseñar una propuesta curricular que contenga fundamentos para la valoración del patrimonio cultural, y diseñar así una guía metodológica para la intervención en proyectos con fines de uso social.

Promoción de nuestro patrimonio Los resultados de las investigaciones elaboradas por los especialistas de los diferentes componentes que integran el Programa Qhapaq Ñan, se plasman en publicaciones de libros, música y discos documentales con la finalidad de poner a disposición de la población los estudios realizados, así como material de trabajo para la defensa del patrimonio histórico.

Se ha editado una nutrida lista de publicaciones tanto en versión impresa, como en digital, referidas a los informes técnicos de las diferentes campañas anuales de trabajo de campo y de gabinete, para dar a conocer los trabajos realizados, los logros alcanzados y poner en conocimiento de los grupos especializados y de la población en general, el aporte de los componentes etnográfico, geográfico, arqueológico y de defensa del patrimonio histórico.

Además de las publicaciones de corte académico, existen material de difusión masiva y otros destinados al mayor conocimiento de los logros en estos años de trabajo como el boletín Proyectos de investigación y puesta en uso social; y los informes relativos a las intervenciones en el Proyecto Cabeza de Vaca, Huánuco Pampa y Huaycán de Cieneguilla. El programa Qhapaq Ñan también ha editado su Plan cuatrienal 2006-2010, así como el producto del registro e identificación del camino hacia el Apu Pariacaca y el Alto Cañete, informe contundente respecto al estudio de paisaje cultural. Algunas ediciones aportan primicias técnicas y ofrecen perspectivas novedosas para el futuro del programa Qhapaq Ñan. En ese sentido, destacan también las publicaciones tituladas Reconocimiento y registro del entorno territorial del Qhapaq Ñan cuyo volumen I aborda la ruta del Chinchaysuyu entre Acostambo y Huanucopampa; el segundo volumen registra la ruta entre Jauja y Pachacamac, el tercero está dedicado al tramo entre Huánuco Pampa y Conchucos y el cuarto entre Piás y Chachapoyas. El volumen V se aboca al recorrido del Qhapaq Ñan desde Acostambo hacia Andahuaylas y el volumen VI presenta el tramo del camino transversal desde Vilcashuamán hasta Chincha Alta.

Vislumbrando un gran futuro En el convencimiento de que el Programa Qhapaq Ñan es el empeño cultural nacional más importante de las últimas décadas, resulta evidente que se trata de un esfuerzo que involucra a las autoridades y población de todas las regiones y pueblos por donde discurre este portento de ingeniería y dominio territorial como se demuestra día a día que fue y es el Camino Principal Andino. Hoy lo comprendemos en su dimensión real y compleja y no cabe duda que se trata del proyecto de mayor envergadura para asociar a todos los pueblos del Perú, de sur a norte y de este a oeste, aglutinando experiencias, reconociendo individualidades y esencias para valorar la diversidad cultural, étnica, lingüística y la diversidad de cosmovisiones, reconociendo que el gran tesoro del Perú y el eje de su futuro es su riqueza cultural sustentada en la variedad de formas de ser y de saber. Nada de ello se desdice de la unidad: todo puede conducirnos a ello y el Qhapaq Ñan es, sobre todo, el “camino que nos une”, que nos remonta a orígenes comunes, a valores ancestrales y a experiencias culturales de singular valor.

Por ello es que la participación activa y constante de la población asociada al Camino Principal Andino es de importancia fundamental para la sostenibilidad del Programa, en vista de que es la sociedad la que debe reconocer, admirar y cuidar su patrimonio cultural y al apropiarse de él, ser el beneficiario directo del mismo.

Finalmente, y como producto asociado al trabajo que se realiza, se espera generar espacios de encuentro y colaboración a nivel nacional e internacional, públicos y privados, para el desarrollo económico, técnico y de gestión de los ámbitos comprometidos en el Programa Qhapaq Ñan, al que queremos entender como el “camino que nos une”, criterio en el que radica mucho de su valor actual.

Aportes del Qhapaq Ñan
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Desde el punto de vista científico y gracias a los aportes multidisciplinarios del Programa, ha sido posible establecer, entre otros lineamientos, una metodología para el reconocimiento y registro del entorno territorial relacionado al Gran Camino. Asimismo, fijar los parámetros para el estudio y catalogación de los paisajes culturales a nivel nacional y dotar una adecuada normativa para la declaración y manejo de los paisajes culturales, algunos de los cuales han sido declarados como patrimonio cultural de la Nación.

Rescate de la tradición
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La realización de los documentales denominados Ruraq Maki (o “Hecho a mano”) que rescata la tradición artística popular de diversas regiones en las que se ha mantenido las formas, iconografías y técnicas de producción artesanal tanto de objetos suntuarios como de uso diario; el registro de tradiciones orales; la investigación, registro y producción digital de música tradicional, entre otros productos, dan cuenta de la importancia del elemento etnográfico que contiene el Qhapaq Ñan a lo largo de todo su recorrido. Ello queda plasmado en la edición de Chopccam Kani, conjunto de tres discos que incluyen 38 canciones tradicionales Chopcca, nunca antes registradas y menos grabadas por sus auténticos cultores, junto a una investigación profunda del sentido y contenido de cada una de esas canciones.

Los comités nacionales del Programa Qhapaq Ñan de cada país vienen realizando una labor intensa para unificar criterios técnicos, así como formas de registro y manejo de la información, a fin de alcanzar el ansiado reconocimiento.

El Qhapaq Ñan – Camino Principal Andino, constituye el más grande proyecto político integrador de la región andina, compuesto por un complejo sistema de comunicación que articulaba todo el Tawantinsuyu en sus dimensiones sociales, culturales, administrativas y territoriales, asentándose sobre la base de una extensa red de caminos longitudinales y transversales, que permitían la conexión de la población con su entorno.

Esta inmensa red de caminos que supera los 23,000 Km. solo en nuestro territorio, es asociada a diversos sitios arqueológicos cuyas estructuras evidencian la conectividad y organización de los incas.

El Qhapaq Ñan vincula el pasado con el presente y continúa siendo patrimonio vivo, manteniendo su vigencia física y funcional. Asimismo, conecta territorios con características comunes y singulares que superan los límites administrativos tradicionales.

En la actualidad, esta red articula los territorios de seis países de la región andina: Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú, los que suscribieron en marzo de 2002, durante la Reunión del Patrimonio Mundial en Montevideo (Uruguay), y por iniciativa de la representación peruana, un acta de compromiso para promover acciones conjuntas a favor del Qhapaq Ñan.

Igualmente, en mayo del mismo año el gobierno peruano propuso inscribir al Qhapaq Ñan en la lista tentativa del Patrimonio Mundial, iniciativa que fue respaldada por los países mencionados.

El Instituto Nacional de Cultura (INC) ejecuta desde ese año el Programa Qhapaq Ñan, el cual desarrolla acciones de identificación, registro, investigación, conservación y puesta en valor de dicha red vial. Ello permite que hoy podamos entender mejor el enorme valor patrimonial de este bien y la importancia de promover su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Desde el inicio del programa se han llevado a cabo una serie de reuniones técnicas para definir los lineamientos metodológicos para el registro del Qhapaq Ñan en los países miembros del proyecto. La Reunión de Expertos Técnicos del Proceso de Nominación del Qhapaq Ñan a la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, realizada en noviembre de 2006 en Pasto (Colombia), fue una cita importante, en el que se acordó la selección de tramos posibles a ser nominados y su registro en materia arqueológica, etnográfica y ambiental-geológica. Para ello se elaboraron fichas de registro de información en campo, cuya estructura base fue tomada de la experiencia peruana.

A partir de esa reunión, el INC, a través del Programa Qhapaq Ñan, constituyó un equipo técnico nacional conformado por profesionales de distintos ámbitos, en Cusco y Lima. Cada cual estaba integrado por dos arqueólogos, dos antropólogos, un geógrafo y un biólogo. Este equipo definió los tramos nacionales y binacionales que formarían parte del expediente de nominación, según criterios técnicos. Así, se definieron seis tramos en total, cuatro nacionales y dos binacionales. Estos tramos evidencian la conectividad del sistema vial inca en el territorio nacional, partiendo de Cusco, a lo largo del gran camino de la sierra, hacia el resto del territorio nacional.

Inmediatamente se procedió al registro de los tramos seleccionados, tarea concluida en el Perú al 100%. La justificación integrada de cada tramo se realizó de acuerdo a criterios de excepcionalidad, singularidad y continuidad histórica.

De esta forma, el Programa Qhapaq Ñan de Perú ha cumplido con los compromisos asumidos en las reuniones internacionales, al culminar el registro de sus seis tramos, en todos sus componentes. Cabe destacar que en nuestro territorio se presenta más del 70% de evidencias físicas del camino.

La Declaratoria del Qhapaq Ñan como Patrimonio Mundial permitirá mostrar al mundo un bien con enormes valores culturales, que aún se mantiene vigente y que consolida una alternativa de desarrollo para todas las comunidades de su entorno.

Para investigar el sistema vial inca o Qhapaq Ñan, tenemos que recurrir en primera instancia a las tempranas fuentes escritas, es decir, aquellas crónicas que se escribieron tras la conquista española. Por ello, nuestra atención se centra principalmente en las versiones ofrecidas por los primeros testigos oculares de los hechos protagonizados por la soldadesca hispana cuando irrumpe por vez primera en el Tawantinsuyu y se internan en él siguiendo el Qhapaq Ñan.

Primeros cronistas Entre estos escritores tempranos podemos citar a Miguel de Estete y su obra Relación del descubrimiento del Perú; Francisco de Jerez con su Verdadera Relación de la Conquista del Perú; Pedro Sancho de la Hoz y su Relación de la Conquista del Perú; o a Cristóbal de Mena con La Conquista del Perú llamada la Nueva Castilla, todas del año 1534. Estos cronistas de la conquista, además de transitar por los caminos, observaron el funcionamiento del sistema vial o Qhapaq Ñan, o mejor dicho, lo que quedaba de él, ya que -como sabemos- se encontraba afectado por la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa.

En sus crónicas describen, a modo de itinerario, los hechos ocurridos a partir de 1532, el viaje efectuado desde la Isla Puná a Tumbes y de allí hacia el interior del imperio. Describen algunos parajes del camino y los poblados donde descansaron. Por ejemplo, es bastante conocido el recorrido que hicieron desde Tumbes hacia Cajamarca para entrevistarse con el Inca Atahualpa y posteriormente capturarlo. Meses después, la comitiva presidida por Hernando Pizarro emprende el viaje de Cajamarca hacia Pachacamac, con el fin de recoger el oro y la plata del templo de Pachacamac ofrecido por Atahualpa para pagar su rescate.

Referencias para el trabajo arqueológico Esta información histórica es relevante, porque ofrece importantes referencias para desarrollar los trabajos arqueológicos de campo, los cuales han permitido identificar y registrar como monumentos arqueológicos muchas de las localidades y los poblados citados por los cronistas, y evidentemente ubicar otros tramos de caminos inca en los cuatro suyos o regiones. En esta relación de escritos históricos también se encuentra aquella famosa carta elevada por Hernando Pizarro a la Audiencia de Santo Domingo, Carta a los oidores de la Audiencia de Santo Domingo (1533), donde se narra el viaje a Pachacamac. Por esta razón se puede afirmar que esta documentación de primera mano es de vital importancia.

Años más tarde, Pedro Cieza de León en El Señorío de los Incas (1553), expresó su asombro y admiración por los caminos inca, escribiendo sobre lo admirable de sus características constructivas –“que superaban a las romanas y a la que Aníbal hizo construir sobre los Alpes”– y su utilidad. Narra que por el Qhapaq Ñan transitaban altos dignatarios llevados sobre literas y también se movilizaban grandes caravanas de llamas transportando sus cargas. Si de la anchura del camino se trata, el camino longitudinal de la sierra tenía un ancho promedio de entre 4 y 15 m., y estaba definido por una arquitectura de borde elaborada con piedras canteadas y calzada empedrada. Este camino podía superar los 2,000 Km. de longitud en el territorio nacional.

Asimismo, destacan las escaleras con miles de peldaños como las de cerro Huaylillo en el departamento de La Libertad, la cual ascendía por una pronunciada pendiente, y la de la cordillera de Pariacaca en la sierra de Lima. Posteriormente Guamán Poma de Ayala, en su Primera Nueva Corónica y Buen Gobierno (1614), proporciona una valiosa relación de los tambos asociados al sistema vial y que comprende desde los más sencillos y pequeños hasta los más grandes e importantes, que definían capitales provinciales.

Pero no fueron solo los cronistas quienes apreciaron esta obra magnánima de ingeniería vial y escribieron sobre ella, sino también funcionarios coloniales laicos o religiosos, como el gobernador Vaca de Castro en Ordenanzas de Tambos (1543) y Francisco de Toledo en Tasa de la Visita General (1570-1575), quienes redactaron informes administrativos y otros documentos oficiales que datan de la época colonial temprana y del proceso de evangelización, y que contienen itinerarios hacia poblaciones o localidades específicas, con el fin de organizar la mita a los tambos ubicados en los caminos, tasar a la población y cobrarles impuestos, así como evangelizar a los nuevos súbditos de la corona.

Un objetivo secundario fue reorganizar el viejo sistema vial inca que poco a poco iba cayendo en desuso y destruyéndose.

Estas fuentes también son empleadas para identificar nuevas rutas y nuevos sitios asociados, e indirectamente las características del camino.

En este sentido, Fray Reginaldo de Lizárraga, en su obra Descripción breve de toda la tierra del Perú (1589), describió el camino costero en los siguientes términos: “el camino por los arenales estaba marcado de trecho en trecho por unas vigas grandes, hincadas por adentro en la arena. Cuando la vía entraba a un valle aparecía entre dos paredes a manera de tapias, hechas de barro mampuesto de una altura de un estado para impedir que los viajeros perjudicasen las sementeras que atravesaban”.

El Programa Qhapaq Ñan, valiéndose de estos datos y de las referencias de otros investigadores contemporáneos, ha constatado la existencia de estos caminos en el desierto de Ica marcados con postes, tal como es descrito por Lizárraga; además, muy cerca de Lima, en el sector ‘Las Palmas’, el camino de Pachacamac a Jauja aún presenta muros de tapiales muy similares a aquellos muros de los caminos que de los valles de la costa norte de La Libertad y Lambayeque salen hacia el desierto y cuyas evidencias aún perviven.

Las claves de las crónicas Estas descripciones no solo ofrecen rutas y características constructivas, sino también estrategias de movilidad o desplazamiento por los caminos.

Es así que el padre Bernabé Cobo en su Historia del Nuevo Mundo, de 1653, ilustra al respecto cuando menciona que para cruzar los inclementes desiertos que median entre los valles costeros de la vertiente del Pacífico o para ascender de la costa a la sierra siguiendo el curso de estos valles, la localización estratégica de algunos tambos permitía llegar a ellos y así disfrutar de un reconfortante descanso antes de iniciar nuevamente el viaje. Por otro lado, señala que el recorrido se efectuaba en horas de la noche para evitar el intenso calor del día que podía sentirse en el desierto o en la chaupiyunga (la zona media de los valles costeros). Asimismo, por esas referencias sabemos sobre la existencia de algunas vías naturales de paso, como las quebradas que unen los valles costeros, permitiendo un tránsito más rápido y efectivo. Por ejemplo en la región de Ica, específicamente entre los valles de Pisco y Nasca, notamos la presencia de caminos que aprovechan el curso de estas quebradas en los ámbitos donde los valles están más próximos entre sí.

Estos caminos podrían ser transitados con relativa facilidad evitando la fatiga que produce el suelo arenoso del desierto y el intenso calor de este.

Otras fuentes de información que nos proporcionan indicios para identificar las rutas de caminos y, en consecuencia, entender la magnitud del sistema vial inca, son los relatos de las guerras civiles entre los españoles durante el siglo XVI.

Del mismo modo, los itinerarios que siguieron los ejércitos libertadores del Sur y del Norte durante la guerra de la Independencia; los relatos y partes de guerra producidos durante la Campaña de la Breña en la Guerra del Pacífico; y las noticias de los movimientos de bandoleros de inicios del siglo XX en la sierra norte de nuestro país. Toda aquella documentación que revela la movilidad de personas que por diversas circunstancias históricas se han trasladado por el Qhapaq Ñan desde diferentes puntos del territorio nacional, sin duda posee un potencial rico y válido para identificar rutas prehispánicas que posiblemente no figuren en las crónicas.

En cuanto al funcionamiento y estado de conservación del sistema vial, volvemos a las referencias de los cronistas de la conquista, quienes tomaron contacto directo con las poblaciones y la infraestructura ubicada a la vera del camino. Observaron el funcionamiento de los canales de drenaje en la calzada, el resguardo, construcción e incluso destrucción de los puentes para evitar el paso de los ejércitos durante la guerra entre Huáscar y Atahualpa.

A la identificación del camino En la actualidad, los segmentos identificados del Qhapaq Ñan que se conservan demuestran la gran inversión de trabajo en su elaboración, como es el caso de la calzada empedrada en la zona de Tingo (Huánuco), las escaleras del Pariacaca o el túnel que da al puente Maucachaca sobre el río Apurímac.

Sin embargo, existen también segmentos que han ido desapareciendo por su abandono, como el camino de la sierra norte de Piura que se dirige hacia el Ecuador, el cual está cubierto por arboledas. Por otro lado, el trazo de otros caminos ha sido utilizado para proyectar y construir carreteras.

Aquellos caminos que en la actualidad se mantienen y conservan la mayor parte de sus atributos originales de la época inca, son justamente los que fueron abandonados o cayeron en desuso con la conquista española, como el camino de Incahuasi –de Lunahuaná hacia Chincha– en la costa, o los caminos en los desiertos hoy cubiertos por arenales, los de la selva y los de las puna a más de 4,000 msnm, y que se ven como una especie de “carreteras”, que sobreviven después de casi 500 años.

Importantes investigaciones Tres investigaciones marcan significativos hitos en la comprensión del Qhapaq Ñan: Alberto Regal (1936), John Hyslop (1992) y Ricardo Espinoza ‘El Caminante’ (2002). Todos ellos, en su tiempo y desde distintos métodos de estudio y puntos de vista, lograron vislumbrar la magnitud real de los caminos inca y los sitios asociados.

Alberto Regal, basado en la prolija información de los cronistas, en la documentación administrativa colonial y en los relatos de los viajeros extranjeros del siglo XIX, logró reconstruir parcialmente el sistema vial inca y plantear sus propias apreciaciones, mostrando la gran variedad de formas y caracterizaciones de este.

John Hyslop, desde una perspectiva arqueológica, realizó el análisis de una muestra representativa de los caminos inca en todo el ámbito del Tawantinsuyu. Evaluó el estado de los caminos y trató de comprender la magnitud real del sistema vial inca caracterizándolos científicamente por vez primera.

Ricardo Espinoza recorrió el camino inca de la sierra uniendo las actuales repúblicas de Ecuador, Perú y Bolivia. Esta exploración constituye el primer reconocimiento de campo a todo lo largo de esta vía inca. Asimismo, parte de ese reconocimiento recorrió siete tramos laterales, recuperando información importante sobre la integración del camino inca entre la sierra y la costa.

Posteriormente, el Programa Qhapaq Ñan del Instituto Nacional de Cultura efectuó reconocimientos extensivos del sistema vial inca desde el año 2003, registrando, confrontando y corroborando los relatos que los cronistas hicieron sobre el camino, como el de Tumbes a Cajamarca; Cajatambo hacia Pumpu, seguido por Hernando Pizarro; el camino hacia la sierra norte en Piura; y el gran camino longitudinal de la sierra, que une los centros administrativos inca más importantes desde el Cusco hacia el norte, específicamente hasta la frontera con Ecuador y al sur hacia la frontera con Bolivia.

Producto de ello se puede decir que si bien las cifras iniciales de la cantidad de kilómetros que comprendía el Qhapaq Ñan han ido variando con los años, también sorprende que dicha variación ha ido en aumento, debido a las labores de reconocimiento y registro emprendidas por el Instituto Nacional de Cultura. Este trabajo sostenido permite comprender mejor la magnitud y diversidad de los caminos en el territorio nacional.

John Hyslop en su publicación Qhapaq Ñan. El sistema vial incaico (1992) calculaba que la red vial en el Tawantinsuyu tenía 25,000 Km. –en las seis repúblicas por las que atraviesa el Qhapaq Ñan–. Hoy en día esa cifra ha sido superada ampliamente y solo representaría entre el 30% y 35% de los caminos existentes en nuestro país. Actualmente se calcula que la red vial en el territorio peruano tendría de 60,000 a 70,000 Km. Al respecto, solo la región Cusco, sede de la antigua capital imperial, ha reportado aproximadamente 9,500 Km.

de caminos; mientras que en el ámbito nacional –sin contar al Cusco– a la fecha se han identificado unos 14,781 Km. de caminos, lo cual sumaría aproximadamente los 25,000 Km. señalados inicialmente por Hyslop.

Es importante aclarar que aún falta reconocer y definir el camino en diversas áreas del territorio nacional, como la región de la cordillera de los Andes, el desierto costero y la selva. En estos lugares donde la complejidad topográfica y geográfica demanda un mayor esfuerzo para registrar, existen más tramos de camino. Las sociedades prehispánicas que ocuparon estos medioambientes fueron asimiladas e integradas al estado inca mediante el Qhapaq Ñan. Cada uno de estos hábitats naturales han sido escasamente explorados ya sea por su inaccesibilidad o amplitud, lo que exigirá la aplicación de estrategias diferentes, que se espera ampliar paulatinamente.

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COMPLEJO ARQUEOLOGICO EL BRUJO

El yacimiento arqueológico se ubica en la margen derecha del valle Chicama, junto al litoral, distrito de Magdalena de Cao, en la provincia liberteña de Ascope. A unos 60 minutos de la ciudad de Trujillo, se encuentran las pirámides de adobe conocidas como El Brujo, que encierra en su interior más de 4,500 años.

El complejo arqueológico está constituido por la Huaca Prieta en el extremo sur, la huaca Cao Viejo y la huaca El Brujo son las estructuras más prominentes del sitio, donde también existe un importante número de montículos menores, cementerios y áreas domésticas de diversos períodos, distribuídos sobre una plataforma geológica de forma triangular, la cual tiene una extensión aproximada de 1.2 km2, rodeada por el Norte, Sur y Este con pequeñas albuferas y tierras de cultivo, y por el Oeste con el balneario de punta Prieta y la playa El Brujo

Desde Agosto de 1990 se viene ejecutando uno de los proyectos de investigación arqueológica mas trascendentales del norte peruano de los últimos 20 años, dentro de un programa de mediano y largo plazo en el cual intervienen la Universidad Nacional de Trujillo el Instituto Nacional de Cultura La Libertad y la Fundación Augusto N. Wiese como entidad financiera.

Este lugar ha sido ocupado desde el Arcaico con huaca Prieta (2,500 a.C) con una ocupación contínua hasta la llegada de los españoles donde se erigió una iglesia fundada por los padres Dominicos junto a una importante población de la época conocida como Cao. Durante la ocupación Moche (0 – 650 d.C.) el complejo había cumplido la función más importante como eje progresista consagrada a actividades urbano ceremoniales para las élites y deidades más importantes en este valle.

En la actualidad, a la luz de los recientes estudios se viene reafirmando la trascendencia de la sociedad Moche que se desarrolló en esta parte norteña del Perú. En el mismo yacimiento donde se realizan las investigaciones se ha instalado un moderno campamento con oficina, laboratorio y sala de cómputo que facilitan la labor de los arqueólogos y especialistas.
Los trabajos de excavación y conservación están centrados en conocer el modelo arquitectónico del edificio a través de toda secuencia y la función que cumplió cuando estuvo en vigencia.

El flanco norte corresponde al frontis principal, el cual presentaba un gran número de pozos de huaqueo para el saqueo de un importante cementerio de la ocupación Lambayeque, en donde se dejo disperso gran cantidad de restos culturales como textiles, vegetales, restos óseos humanos y de camélidos junto a cerámica de estilo Lambayeque. Estas evidencias estuvieron dentro de las capas de escombros y rellenos que cubrían la arquitectura Moche. Para el valle de Chicama es la primera vez que se investigan contextos asociados de entierros humanos para la cultura Lambayeque o Sicán habiéndose registrado más de 300 hasta la actualidad.

Lo más saltante de la arquitectura en la huaca Cao Viejo son los impresionantes relieves policromos, en las cuales se ha representado o escenificado en paneles con personajes desnudos atados por el cuello con una soga, conocidos como «prisioneros» los que avanzan de oeste a este; detrás de ellos siguen varios guerreros portando sus armas.

En este mismo nivel, en la esquina nor-este del edificio hay un relicto completamente decorado, en dos de sus fachadas, con relieves polícromos representando cuatro paneles con seis parejas de guerreros en pequeñas escala; en su fachada principal el panel conocido como el «Tema complejo» 1 y 2 muestran la cosmovisión del mundo Moche, desconocido hasta el momento en otros grandes centros ceremoniales de esta época.

Otros de los temas representados corresponden a una serie de personajes tomados de las manos en posición de frente y rígidos los que decoran el segundo nivel, se ha representado con la misma técnica de bajo relieve a el degollador o también «Ai Apaec» dios Mochica mitad superior humano y la parte inferior con cuerpo y patas de araña. Todo esto corresponde a la última fase de ocupación del edificio, cuando sucedió el abandono intempestivo seguido por lluvias torrenciales que destruyeron parcialmente sus paramentos decorados.

Todo el edificio tiene la forma de una pirámide escalonada trunca cuadrangular con 100 m. de base y aproximadamente 30 m. altura. El edificio está orientado hacia el Norte.

Recientemente se hizo el hallazgo espectacular de un monumental ídolo de madera, tallado en un viejo tronco de Lúcumo de aproximadamente 2.50 m. de alto por 90 cm. de diámetro. Probablemente corresponda a una deidad Moche de las fases tempranas que fue desechado o cambiado por haberse infestado con termitas y escarbajos que lo deterioraron fuertemente.

Todo el complejo arqueológico guarda mucha información para los diferentes períodos culturales de la costa norte peruana, además de su potencial turístico que servirá para el desarrollo económico y social de esta región y sus pueblos cercanos.

El proyecto Qhapaq Ñan camina.

A la fecha, alrededor de diez mil kilómetros del sistema vial inca han sido recorridos.
Se han registrado 65 cuencas y 735 sitios arqueológicos asociados al camino.
Más de 16 mil comunidades han sido identificadas.
Aproximadamente 17 mil fotografías y unos 120 mapas técnicos grafican los tramos ya reconocidos.
La matemática resulta alentadora.
La historia ha puesto los pies sobre 50 mil kilómetros cuadrados de tierra.

VIAJE A LOS INICIOS

Hace 500 años la sociedad inca utilizó un gran sistema vial que permitió la integración de pueblos distintos y lejanos.

A lo largo de 23 mil kilómetros, extendidos sobre uno de los terrenos más accidentados del planeta, esta importante red, que surcó tierras argentinas, bolivianas, chilenas, ecuatorianas y peruanas, representó algo más que un conjunto de caminos por el que transitaron apurados pobladores.

El Qhapaq Ñan fue la expresión del poder inca y un constante recordatorio de su dominio.

Pero no sólo eso.

Vestigio de la más impresionante obra de ingeniería precapitalista, el gran camino es sólo comparable con la calzada romana y la muralla china.

Sorteando todo tipo de terrenos, climas, gentes y lenguas, esta enorme red logró integrar los centros administrativos y religiosos del mundo andino y permitió así el manejo efectivo del Estado más importante de la América precolombina.

Este régimen caminero, de trazos claramente delimitados y efectiva señalización, implicó una generosa política de abastecimiento: descanso, vestido y comida esperaban en los «tambos» al exhausto caminante.

Así, chasquis y peregrinos atravesaron longitudinalmente la cordillera, salvaron las pendientes con el uso de escalinatas, burlaron quebradas a través de puentes e hicieron posible el paso donde los macizos exigían túneles o tramos extensos de camino.

Pero no sólo los antiguos peruanos lo recorrieron.

En 1532, durante las campañas de conquista, Francisco Pizarro y sus huestes cabalgaron por el Qhapaq Ñan y destruyeron muchos de sus tramos.

Ignoraban que el gran camino inca había sido creado sólo para caminantes.

Transitándolo a pie, los gobernantes podían contemplar sus dominios y conocerlos de cerca.

A pesar de ello, durante la segunda mitad del siglo XVI los caminos fueron olvidados y su destrucción se hizo inevitable.

Todos miraron a la costa y un nuevo sistema vial fue impuesto en el país.

PROYECTO EN MARCHA En el 2001, el Proyecto Integral Qhapaq Ñan planteó la realización de una intensiva investigación multidisciplinaria que definió las posibilidades de este valioso recurso cultural, olvidado durante largos siglos.

El objetivo principal ha sido desde entonces la revalorización y adecuada conservación del gran sistema vial inca, de sus paisajes y sus gentes.

Para ello el proyecto comprometió a las regiones y países a emprender procesos de desarrollo a través del uso racional del patrimonio cultural.

En junio del 2002, mediante el convenio FONCODES-INC, se delimitaron 42 sitios arqueológicos distribuidos en 11 regiones del país y se ejecutaron siete Proyectos de Puesta en Valor en cinco regiones del país –Vilcashuamán y Vischongo en Ayacucho, Armatambo y Huaycán en Cieneguilla y Quebrada de la Vaca en Arequipa– mediante labores de investigación arqueológica que permitieron obtener un primer diagnóstico del estado de conservación de los diversos sitios.

Las acciones apuntaron a la revalorización del patrimonio cultural y sobre todo a iniciar algunas tareas que a la postre permitieron el desarrollo de las comunidades colindantes.

En el 2003 se efectuó el proyecto de Levantamiento de Información del Sistema Vial Inca, para lo cual se dividió el territorio nacional en cuatro macro regiones.

Se recorrieron seis mil kilómetros de caminos, registrándose evidencias arqueológicas, antropológicas y medioambientales.

Mil sitios asociados al Qhapaq Ñan, tales como apachetas, tambos y centros administrativos, fueron identificados.

Así, se reconoció la variabilidad del camino, se estudiaron las particularidades de las comunidades aledañas a la red y se culminó la delimitación de 34 sitios del convenio FONCODES-INC.

LAS HUELLAS DEL 2004

Para el 2004 el equipo de Qhapaq Ñan, dividido en siete áreas de trabajo (arqueología, etnografía, geografía, museos, promoción y difusión, defensa del patrimonio y relaciones regionales), tiene planeado identificar y recorrer otros 7.

200 kilómetros de camino y continuar con las tareas arqueológicas, etnográficas y geográficas realizadas hasta la fecha.

También se ha propuesto el desarrollo de algunos proyectos especiales –como el que se ha iniciado en Vilcashuamán, Ayacucho– que permitirán conocer los problemas, necesidades, sentido de pertenencia, valores culturales y naturales de la comunidad en relación con su patrimonio.

Finalmente, además de promover el desarrollo descentralizado de las poblaciones, el INC se encarga de coordinar y encabezar, a través de la Cancillería, la propuesta para la declaratoria del Qhapaq Ñan como Patrimonio Cultural de la Humanidad, lo cual incentivará el peregrinaje de caminantes de otras partes del mundo.

Así pues, en términos de patrimonio arqueológico estamos frente al mayor monumento del continente americano.

El camino es largo, pero se avanza.

Los Caminantes

– En 1550 Pedro Cieza de León destaca los tres principales tramos del Camino Inca que recorrió desde Colombia hasta el Cusco: la cordillera del Pariacaca (Sierra de Lima), la Sierra de Piura y Apurímac.

(La crónica del Perú).

– En 1802 Alexander Von Humboldt no sólo describió los asentamientos incas dispuestos a los largo del Qhapaq Ñan entre Pasto y Cajamarca y estableció relaciones entre ellos sino que propuso también una secuencia expansiva del Estado Inca en el norte del Perú a partir de la ubicación altitudinal del Qhapaq Ñan y sus asentamientos.

(Sitios de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América).

– En la década del 50, Víctor W.

Von Hagen documentó de manera novelesca varios tramos del Camino Inca.

(Los caminos del sol) – En 1984, John Hyslop exploró seis tramos del Camino Inca a lo largo de los cinco países que antaño conformaron el Tawantinsuyu.

(The Inca Road System) – Entre 1997 y 1999, Ricardo Espinoza y Joe Castro exploraron el Camino Inca entre Quito y La Paz.

Además recorrieron siete de los caminos transversales que unen la costa y la sierra.

(La gran ruta inca)