Hay documentos que demuestran que en el siglo XVI Machu Picchu ya era conocido

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Arqueólogo Óscar Montufar Latorre afirmó que en 1585 aparecen documentos que hablan sobre esta ciudad del tiempo de los incas, la cual no era llamada Machu Picchu, sino Huayna Picchu.

Con motivo del 16º aniversario de Machu Picchu como una de las 7 Maravillas del Mundo Moderno, el arqueólogo Óscar Montufar Latorre, dio algunos alcances sobre la construcción y descubrimiento de la ciudadela inca, declarada Santuario Histórico Peruano en 1981 y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1983.

Si bien el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham pasó a la historia como el descubridor de Machu Picchu en 1911 (aunque muchos expertos consideran que no fue el primero en llegar a la ciudadela), el exdocente de la escuela de Arqueología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad San Antonio de Abad, indicó que existen nuevas evidencias que datan que desde el siglo XVI se tenía conocimiento de la monumental fortaleza.

«Hay documentos que están apareciendo ahora y que demuestran que en el siglo XVI Machu Picchu ya era conocido. En 1585 aparecen estos documentos que ya hablaban de esta ciudad del tiempo de los incas y que no se llamaba Machu Picchu, sino Huayna Picchu», señaló en Ampliación de Noticias.

A ello, agregó que «ya en 1623 hay documentos más fehacientes donde demuestran que los españoles ya habían caminado por este sector porque Machu Picchu se encuentra en los límites de lo que sería el pueblo de San Francisco de la Victoria de Vilcabamba y del pueblo de Ollantaytambo. Para hacer los linderajes caminaron por esta zona».

Cabe señalar, que un estudio realizado en el 2021, revelaba que la ciudadela de Machu Picchu era más antigua de lo que establecen los registros históricos y que estuvo en uso desde, aproximadamente, el año 1420 hasta el año 1530. Esa utilización -precisa la investigación- terminó alrededor de la época de la conquista española.

¿Para qué fue construida?
Óscar Montufar Latorre sostuvo que Machu Picchu fue mandada a construir durante el periodo del noveno inca, Pachacútec. Asimismo, explicó que los últimos análisis radiocarbónicos están dando una datación entre 1400 a 1410 de nuestra era.

«Entonces, en 1400, se inicia el proceso de construcción. Hay un documento muy importante que encuentra John Rowe y que habla de las tierras y haciendas reales de los incas. Y es precisamente Pachacútec quien comienza a tener estos espacios en el Valle Sagrado. Primero en Cusco en Patallacta, luego Pisac, Ollataytmbo y después hace construir Machu Picchu para que él, cuando disponga de un tiempo, vaya a estos lugares», manifestó.

También detalló que «cuando Bingham comienza a hacer las investigaciones y excavaciones a partir de 1911, encuentra un centenar de restos óseos, de tumbas, donde indica que un 70 % son mujeres y un 30 % hombres. Por ello, Bingham decía que (Machu Picchu) era el Acllahuasi, el lugar de las escogidas del inca».

Sin embargo, el arqueólogo precisó que nuevos estudios a estos restos evidencia que lo hallado estaba conformado por el 50 % de mujeres y el 50 % de hombres. «Se calcula que vivieron (en la ciudadela) unas 300 ó 400 personas y cuando el inca llegaba con toda su comitiva, esta cifra podía duplicarse hasta triplicarse», afirmó.

«Para construirlo se hizo un trabajo formidable. Han tenido que trabajar desde el piso de valle e hicieron todos los andenes para tener unos espacios llanos en la parte alta y hacer esta maravilla que hoy tenemos», finalizó.

Parque Nacional Huascarán – Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

El Parque Nacional Huascarán (Perú) (N 333) fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Convención de la UNESCO de 1972 como bien natural bajo los criterios (vii) (viii), en la 9ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en París, Francia, el 6 de diciembre de 1985.

Significado Natural

Localizado en la apropiadamente denominada Cordillera Blanca, el Parque Nacional Huascarán protege el corazón de la cadena de montañas tropical más alta del mundo, ubicada en los Andes centrales peruanos. La propiedad, de 340000 hectáreas, cubre un paisaje montañoso diverso que se inicia con elevaciones de aproximadamente 2500 metros sobre el nivel del mar y culmina en 27 picos nevados que superan los 6000 metros de altitud. Incluye al espectacular nevado Huascarán, el pico más alto del Perú con 6768 m.s.n.m, cuyo nombre, inspirado en el regente Inca del siglo XVI, Huascar, otorga la denominación del parque. Los picos nevados, los numerosos glaciares tropicales y lagunas de origen glaciar, las altas mesetas cortadas por quebradas profundas por las que discurren arroyos torrentosos y la variedad de tipos de vegetación y fauna de altura, conforman un paisaje espectacular de singular valor y rara belleza.

Al apreciar la geomorfología e impactante belleza paisajística del parque, es fácil pasar por alto que este también alberga notables ecosistemas y valores de biodiversidad. Desde los sectores más bajos hasta las cimas de las montañas, existe una impactante diferencia altitudinal de más de 4 kilómetros que abarca terreno agreste y variado con distintos tipos de vegetación.

La flora dominante está representada por diversos tipos de pastizales de páramo y matorrales de Puna, que muestran una transición hacia tundra tropical en las elevaciones más altas.

El amplio rango de ecosistemas se completa con pequeños bolsones de bosques montanos tropicales en algunas de las laderas y valles más bajos. En total, se han documentado alrededor de 800 especies de plantas, entre las cuales la más famosa y amenazada es la Puya Raimondi, conocida por su gigantesca espiga de flores.

El Parque Nacional Huascarán protege también una amplia gama de animales silvestres adaptados a ecosistemas de altura.

Entre ellos destaca la emblemática vicuña, una de las dos especies conocidas de camélidos silvestres sudamericanos.

Esta especie estuvo próxima a su extinción en la década de 1960, pero se ha recuperado notablemente desde entonces, evidenciando uno de los éxitos de conservación más espectaculares del continente. Otros mamíferos representativos son la taruca o venado de los Andes norteños, el puma, el vulnerable oso de anteojos y el gato montés andino en peligro de extinción. La avifauna cuenta con más de 100 especies registradas, entre ellas el cóndor andino y el colibrí gigante.

Además de su riqueza biológica y bellos paisajes, el parque alberga numerosos restos arqueológicos que evidencian la milenaria ocupación humana de este territorio. A estos antiguos habitantes les pertenecen restos de terrazas agrícolas y corrales, así como caminos, represas y canales de agua, vestigios del ingenio y creatividad aplicados para adaptarse a un medio muy difícil. Adicionalmente, existen notables pinturas rupestres, tumbas de piedra e infinidad de artefactos que identifican sus antiguos sistemas de creencias.

El Parque Nacional Huascarán es, en suma, una joya natural que preserva, de manera íntegra y equilibrada, un notable escenario geográfico de paisajes de altura y biodiversidad asociada.

Los grandes glaciares y lagunas del parque, en su calidad de grandes reservorios de agua, permiten la continuidad de la vida no solo dentro del área protegida, sino también en un territorio circundante significativamente más amplio cuya extensión es difícil de calcular. El parque también nos ofrece un vívido recordatorio de lo frágiles que son estos ecosistemas frente a los cambios ambientales, especialmente aquellos de incidencia mundial. Se estima que la cuarta parte del volumen del hielo glaciar de la Cordillera Blanca ha desaparecido desde finales de la década de 1960, un proceso que se mantiene en curso y que se cree continuará cambiando el aspecto visual del parque.

Criterio (vii): El Parque Nacional Huascarán cubre una parte considerable de la Cordillera Blanca, la cordillera tropical más alta del mundo. La característica visual más abrumadora es la concentración de 27 picos nevados por encima de los 6000 m.s.n.m., en particular el Nevado Huascarán o el Monte Huascarán, la elevación más alta del Perú con 6768 m.s.n.m. Desde las elevaciones más bajas de la propiedad, alrededor de 2500 m.s.n.m. a las cumbres, hay una impresionante diferencia altitudinal de más de 4 kilómetros que abarca un terreno y vegetación variados y escarpados. Los picos cubiertos de nieve, los glaciares tropicales y los lagos glaciares, las mesetas altas interceptadas por arroyos torrenciales que se extienden en profundos barrancos y la variedad de tipos de vegetación forman un paisaje espectacular de rara belleza.

Entre la rica flora, destaca la famosa Reina de los Andes (Puya Raimondi), conocida por su colosal inflorescencia. La fauna diversa incluye mamíferos y aves carismáticos, como la vicuña, el oso de anteojos y el puma, así como el cóndor andino y el colibrí gigante.

Criterio (viii): El Huascarán se encuentra en los Andes altos e incluye elevadas mesetas de pastizales de Puna, donde picos y glaciares de 6000 m m.s.n.m. forman una región montañosa notable a nivel mundial, que incluye más de 600 glaciares, casi 300 lagos y 41 afluentes de tres ríos importantes: Santa, Pativilca y Marañón. Detrás del excepcional paisaje del Parque Nacional Huascarán se encuentra un amplio espectro de características y procesos geológicos en curso que configuran la impresionante geomorfología. La historia y las estructuras geológicas del área son muy complejas, con picos serrados y topografía accidentada que se originó a partir de la elevación de sedimentos mesozoicos que fueron severamente plegados y fracturados por la actividad tectónica compleja al final del período Cretáceo y sometidos a vulcanismo en las épocas del Plioceno y del Pleistoceno. Hasta el día de hoy, hay una fuerte actividad sísmica en el área, y los terremotos más importantes, tales como los de 1945, 1962 y 1970, sirven como recordatorios crueles. La glaciación es un elemento importante en la geomorfología e hidrología de la propiedad. Se estima que casi una cuarta parte del volumen de hielo glacial en la cordillera puede haber desaparecido desde fines de la década de 1960, un proceso que probablemente cambiará aún más la cara visual del Parque Nacional Huascarán.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

El Parque Nacional Huascarán cubre una vasta extensión de terreno montañoso accidentado que alberga un amplio repertorio de los valores naturales propios de los Andes tropicales.

Está inscrito dentro de una reserva de biósfera aún más amplia que cubre la Cordillera Blanca casi en su totalidad, ofreciendo, así, una oportunidad para gestionar la propiedad a nivel del paisaje. Los factores naturales que contribuyen y han contribuido a la integridad del Parque Nacional Huascarán incluyen la gran altitud, las condiciones climáticas severas y la topografía accidentada. Los impactos que resultan de las actividades humanas contemporáneas son relativamente modestos y son manejables dentro del parque.

Los retos más complejos a la integridad a largo plazo del Parque Nacional Huascarán, a largo plazo, provienen de los valles circundantes de uso intensivo fuera de los límites de la propiedad y el interés en la extracción de minerales. A pesar de haber sido inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial por sus valores naturales, el parque también es famoso por sus valores arqueológicos. Una parte significativa de los vestigios de culturas extintas parece haber escapado a la ambición de buscadores de tesoros, beneficiándose del carácter remoto y duras condiciones ambientales adversas que rigen en vastas áreas del bien. La identificación de los riesgos y la oportuna implementación de medidas efectivas, ayudará a preservar los valores naturales y culturales de esta extraordinaria parte de los Andes.

Gestión

En la década de 1960, la inminente extinción de la intensamente cazada vicuña, un camélido andino nativo, y las preocupaciones sobre la supervivencia de la emblemática Puya Raimondi, fomentaron la creación de una zona de monitoreo en el espacio que hoy ocupa el bien. Subsecuentemente, el 1° de julio de 1975, se creó, mediante Decreto Supremo N° 0622-75-AG, el Parque Nacional Huascarán bajo el amparo de la legislación nacional que versa sobre bosques y vida silvestre. Desde 1977, el parque también constituye la zona nuclear de la Reserva de Biósfera Huascarán, desde que esta fue reconocida por la UNESCO. El parque está protegido por la Constitución Política del Perú (artículo 68°) y por la Ley N° 26834, Ley de Áreas Naturales Protegidas, de julio de 1997, entre otras normas.

Originalmente bajo la tutela del Ministerio de Agricultura, el Parque Nacional Huascarán y la extensa reserva de biósfera que lo rodea, son hoy en día gestionados por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), dependiente del Ministerio del Ambiente. Con un manejo adecuado, esto permite un enfoque integral de conservación y manejo, que incluye a los valles poblados y de uso intensivo adyacentes a la propiedad. La administración del bien es guiada por un plan maestro, aprobado en 2010 y por un comité de gestión que garantiza la participación de comunidades locales.

Los retos a la conservación del parque son mínimos y restringidos a la presencia de comunidades que se remontan a derechos consuetudinarios, lo que requiere la negociación de acuerdos en cuanto al uso de los recursos naturales. No obstante, las concesiones mineras y los planes de construcción de represas son retos que abordar. El turismo nacional e internacional, atraído por el espectacular paisaje y los importantes valores arqueológicos, si bien puede ocasionar riesgos de impactos culturales y naturales no deseados, brinda oportunidades para la economía local, el financiamiento de la conservación y la educación de visitantes.

Un desafío mayor que requiere constante monitoreo y preparación para la conservación del parque, es el rápido retroceso de los glaciares. Se calcula que los glaciares han perdido cerca de la cuarta parte de su volumen en un período de poco más de 50 años. El área es especialmente sensible a los efectos del calentamiento global, que no solo amenaza con destruir la belleza paisajística del parque, sino que también, genera el riesgo de agotar sus reservas de agua, que son la principal fuente de vida dentro del bien y de sostenimiento en los valles adyacentes que están siendo intensamente cultivados

Galería Fotográfica del Parque Nacional Huascarán – Patrimonio de la Humanidad

 

Parque Nacional Rio Abiseo – Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

El Parque Nacional Río Abiseo (Perú) (C-N 548) fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Convención de la UNESCO de 1972 como bien natural bajo los criterios (vii) (ix) (x), en la 14ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en Banff, Canadá, el 12 de diciembre de 1990.

Mas adelante, el Parque se inscribió como bien cultural bajo el criterio (iii), en la 16ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en Santa Fé, Estados Unidos de Norteamérica, el 14 de diciembre de 1992.

Significado Cultural y Natural

El Parque Nacional Río Abiseo se extiende sobre la ladera oriental de los Andes tropicales del centro-norte del Perú, constituyendo uno de los pocos sitios del país inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial bajo valores naturales y culturales.

A lo largo de sus 274520 hectáreas, el parque abarca no solo distintos tipos de bosque tropical y pastizales altoandinos, sino también sitios arqueológicos extraordinarios que reflejan, por lo menos, ocho milenios de historia humana. Los científicos consideran que el territorio que ocupa el parque fue un refugio del Pleistoceno, lo cual significa que la flora y fauna sobrevivió y evolucionó aquí aislada durante la última glaciación.

Esta es una explicación posible para el alto grado de endemismo y asombrosa diversidad de las especies propias a áreas boscosas y pastizales. Los numerosos sitios arqueológicos del bien se integran armoniosamente con bosques, cañones y serranías, teniendo como maravilloso fondo un paisaje remoto y virgen de la cordillera andina.

El parque abarca las cuencas de tres ríos tributarios del Huallaga, un gran afluente peruano del río Amazonas. Estos ríos, denominados Abiseo, Montecristo y Tumac, discurren por estrechos valles flanqueados por picos y elevaciones de marcada pendiente. Tanto los pastizales altoandinos como los bosques bajos montanos y de neblina que se concentran en este paisaje accidentado albergan una impresionante variedad de plantas y animales silvestres. A pesar de que se ha desarrollado poca investigación, se han identificado más de 5000 especies de plantas, 1000 de las cuales pertenecen solamente al ecosistema de pastizales. En general, los bosques secos se distinguen de los cuatro tipos de bosques húmedos y los pastizales de gran altitud; entre ellos, los bosques nubosos prístinos que alcanzan hasta 3600 m.s.n.m., destacan como un tipo de bosque excepcional.

El inventario de fauna es similarmente incompleto, incrementándose rutinariamente estudios taxonómicos de especies antes desconocidas para la ciencia, entre ellas, vertebrados, anfibios e inclusive mamíferos pequeños. Algunas de las especies identificadas tienen una distribución restringida al ámbito inmediato del parque. Entre las más representativas está el críticamente amenazado mono choro de cola amarilla, uno de los primates más grandes de Sudamérica, que se pensó extinto hasta su redescubrimiento en 1974. El parque ofrece también refugio a animales en peligro de extinción o ya desaparecidos en otras partes de Sudamérica, tales como el oso de anteojos, el armadillo gigante, la taruca, el jaguar y muchas otras especies de felinos. También protege tipos de árboles raros, considerados en vías de extinción, como el cedro de altura y el romerillo. Los registros de polen de la propiedad merecen ser mencionados pues contienen información valiosa sobre la dinámica del clima de esta parte de la cuenca del Amazonas.

Además de sus evidentes bondades naturales, el Parque Nacional Río Abiseo destaca también por concentrar sitios arqueológicos de gran valor. Estos sitios son testimonio de 8 mil años de ocupación humana continua en este agreste territorio.

La variedad de yacimientos es impresionante, desde abrigos rocosos ocupados por antiguos grupos de cazadores y recolectores trashumantes, estructuras domésticas y ceremoniales, terrazas agrícolas y sitios de control asociados a un ramal del Qhapaq Ñan – Sistema Vial Andino hasta reducciones de indígenas organizadas por clérigos españoles. Las relaciones comerciales existían con lugares tan lejanos como la costa del Pacífico y lo que hoy son los Andes ecuatorianos. Los sitios arqueológicos más sorprendentes pertenecen a la cultura denominada Chachapoya, que prosperó en la vertiente oriental de los Andes norperuanos entre los siglos IX y XV de nuestra era.

Esta cultura erigió extensos asentamientos compuestos por casas circulares de piedra (Gran Pajatén, La Playa, Las Papayas, Cerro Central, entre otros) y torres funerarias en los farallones (Los Pinchudos y otros) en el terreno abrupto y boscoso del valle del río Montecristo. Algunas estructuras presentan una decoración arquitectónica exquisita que incluye extensas composiciones de mosaicos e inclusive esculturas de madera. Estas composiciones representan un testimonio excepcional de las tradiciones artísticas desarrolladas por las antiguas culturas americanas. El terreno accidentado y el carácter impenetrable de la selva, han permitido que estas manifestaciones culturales sobrevivan el expolio de buscadores de tesoros.

Criterio (iii): Los monumentos prehispánicos del valle del Montecristo, dentro del Parque Nacional Río Abiseo, son ejemplos sobresalientes de la adaptación, evolución y ocupación humana prehispánica en los bosques de neblina de gran altitud de la cuenca amazónica de los Andes peruanos, en tiempos tan tempranos como los 6000 a.C. -evidenciado por la cueva de Manachaqui- hasta la mitad del siglo XVI. Los restos extensos y notablemente completos son de gran importancia para la comprensión de la temprana ocupación humana en la región andina.

Criterio (vii): Ubicado en una parte remota de los Andes tropicales, el Parque Nacional Río Abiseo alberga una cuenca virgen cubierta por densos y exuberantes bosques. Hacia las elevaciones más altas, el terreno se vuelve cada vez más accidentado y profundamente hendido. Eventualmente, los bosques nublados dan lugar a los pastizales de páramos andinos. La espectacular belleza escénica del variado paisaje de montaña se complementa con numerosos pequeños lagos de montaña, ríos, arroyos, quebradas y cañones escarpados. Incrustados en el paisaje hay numerosos sitios arqueológicos destacados que sirven como un recordatorio de la vida aún poco comprendida de las sociedades pasadas en un entorno natural deslumbrante.

Criterio (ix): La totalidad de los Andes tropicales, que se extiende a lo largo de varios países, es conocida por su importancia para la conservación global, coincidiendo trágicamente con la creciente presión humana. Dentro de la región, el Parque Nacional Río Abiseo se destaca como un área protegida casi intacta que se beneficia de un alto grado de aislamiento y protección natural debido al terreno agreste. A lo largo del enorme gradiente altitudinal de alrededor de 350 a 4349 m.s.n.m. y favorecido por suelos altamente variables, patrones de precipitación y microclimas, la propiedad alberga ecosistemas y hábitats extremadamente variados. En términos generales, los bosques secos se pueden distinguir de los cuatro tipos de bosques húmedos y los pastizales de gran altitud.

Los bosques nubosos prístinos de Río Abiseo alcanzan hasta 3600 m.s.n.m. y se destacan por ser un raro ejemplo intacto de un tipo de bosque particularmente valioso. Se cree que la propiedad pertenece al refugio del pleistoceno del Huallaga, de acuerdo con la hipótesis del refugio del pleistoceno, una explicación predominante de los patrones de la biodiversidad y el endemismo. Se piensa que los refugios aislados, como el área que hoy constituye la propiedad, permitieron no solo la supervivencia, sino también el nacimiento de nuevas especies durante períodos glaciales. Los registros todavía muy incompletos muestran niveles impresionantes de endemismo en plantas, invertebrados, anfibios e incluso mamíferos, sugiriendo que los procesos de especiación se mantienen todavía en curso. Más allá del grado científicamente fascinante de endemismo, el Parque Nacional Río Abiseo también es una referencia importante para el estudio del polen y el cambio climático en la cuenca del Amazonas.

Criterio (x): Los numerosos ecosistemas y hábitats intactos del Parque Nacional Río Abiseo albergan una impresionante diversidad de especies de importancia mundial para la conservación y la ciencia. Aunque solo se ha llevado a cabo una investigación limitada en estos bosques y pastizales, se han registrado más de 5000 especies de plantas, y casi 1000 solo en los pastizales. El inventario de la fauna también es incompleto, los estudios taxonómicos producen de forma rutinaria especies previamente desconocidas para la ciencia, incluidos los vertebrados, tales como reptiles, anfibios e incluso pequeños mamíferos. La fauna de mamíferos más conspicua incluye el oso de anteojos, el armadillo gigante, el ciervo del norte de los Andes, el jaguar y varias otras especies de gatos. De las 5 especies de primates, destaca el mono choro de cola amarilla en peligro crítico de extinción, ya que su futuro parece estar estrechamente vinculado al futuro del Parque Nacional Río Abiseo.

Cientos de especies de aves e innumerables artrópodos se distribuyen a través de muchos hábitats y nichos ecológicos.

El endemismo del parque es alto en muchos grupos taxonómicos y muchas especies de flora y fauna son raras, algunas están amenazadas o incluso en peligro de extinción.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

El Parque Nacional Río Abiseo, debido a su ubicación remota en un terreno abrupto, no es de fácil acceso. Este hecho ha permitido que los atributos naturales y culturales que sustentan su Valor Universal Excepcional se mantengan mayormente inmunes a las alteraciones causadas por la mano del hombre.

El parque contiene gran variedad de sitios arqueológicos, que permanecen intactos a no ser por cambios poco substanciales generados por factores naturales. Estos factores, entre los que destaca notablemente el crecimiento del bosque, han propiciado la degradación física de artefactos y estructuras.

Los límites del parque son razonables, en tanto incluyen una abundancia de rasgos culturales y naturales de gran significado para la conservación y la investigación. Al abarcar las cuencas de tres ríos, se consiguió que un extenso territorio virgen, que alberga una compleja sucesión de ecosistemas, goce de completa protección formal. Es también significativo que toda la gradiente altitudinal de la cordillera, desde los llanos de selva hasta los altos pastizales de puna, gocen de plena protección.

Dada la limitada información científica sobre la distribución exacta de la biodiversidad, el endemismo y los sitios arqueológicos, podría ser recomendable considerar la extensión del área natural protegida en el futuro. La investigación arqueológica apoya esta propuesta, pues se ha logrado demostrar que el área de asentamiento prehispánico se extendía más allá de las fronteras actuales del parque. Cualquier propuesta eventual de extensión de límites requerirá una cuidadosa evaluación, para asegurar que una protección y disposiciones adecuadas de gestión estén debidamente implementadas.

La propiedad contiene todas las características culturales físicas, desde refugios de roca hasta estructuras de viviendas, ceremonias, producción (plataformas y almacenes), cementerios y caminos que permanecen intactos. Las autoridades responsables prestan especial atención a la conservación de los sitios arqueológicos excavados para mitigar los factores de degrado debidos a las condiciones climáticas y ambientales, incluido el riesgo de perturbaciones sísmicas, así como a los derivados de las acciones humanas.

La autenticidad de los restos arqueológicos del Parque Nacional Río Abiseo es incuestionable. No han ocurrido intervenciones humanas significativas desde su abandono en el siglo XVI hasta su redescubrimiento en el siglo XX. La configuración geográfica, el aislamiento y la inaccesibilidad del territorio han contribuido a mantener intacta la autenticidad de los asentamientos precolombinos.

Estas condiciones muestran que la diversidad de sitios arqueológicos localizados en los distintos nichos ecológicos del parque todavía ofrece valioso testimonio de la continuidad histórica y el proceso de adaptación, humana a los bosques de neblina y el páramo del alto territorio andino. Este proceso se extiende desde tiempos que corresponden al poblamiento inicial del continente, hasta la consolidación de sociedades complejas locales en el siglo XV y su posterior asimilación dentro del nuevo orden establecido por la ocupación española.

Gestión

El Parque Nacional Río Abiseo fue creado mediante Decreto Supremo N° 064-83-AG de agosto de 1983, con el objetivo principal de proteger la cuenca del río Abiseo y sus afluentes, sus excepcionales bosques de neblina y, explícitamente, los valores culturales asociados a estos espacios naturales. La protección del parque se encuentra amparada por la Constitución Política del Perú (artículos 21° y 68°), por la Ley N° 26834, Ley de Áreas Naturales Protegidas de julio 1997 y por la Ley N° 28296, Ley General de Patrimonio Cultural de julio de 2004, entre otras normas específicas.

Desde el inicio, el Ministerio de Agricultura (y posteriormente el Ministerio del Ambiente) y el Instituto Nacional de Cultura (ahora Ministerio de Cultura), han compartido la responsabilidad de administrar el parque. Este esfuerzo de gestión conjunta requiere una coordinación amplia, que a veces puede resultar desafiante entre instituciones y campos de experiencia distintos.

Desde la creación del Parque Nacional Río Abiseo, e incluso antes, se han elaborado planes de gestión que han propuesto una planificación para el manejo de sus recursos, a veces especificados en planes operativos. Paralelamente, el bien ha recibido apoyo científico, técnico y financiero de distintas instituciones no gubernamentales nacionales e internacionales especializadas en investigación y conservación. Esta estructura diversificada de apoyo requiere ser consolidada y, de ser posible, expandida en anticipación a posibles limitaciones de financiamiento. A pesar del evidente potencial turístico del paisaje y los fascinantes sitios arqueológicos, las visitas públicas están muy restringidas y controladas debido a la fragilidad de la propiedad.

Galería Fotográfica del Parque Nacional Rio Abiseo – Patrimonio de la Humanidad
Ciudad Sagrada de Caral – Supe  : Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

La Ciudad Sagrada de Caral (Perú) (C 1269) fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Convención de la UNESCO de 1972 como bien cultural bajo los criterios (ii) (iii) (iv), en la 33° Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en Sevilla, España, el 30 de junio de 2009.

Significado Cultural

La Ciudad Sagrada de Caral-Supe se ubica en un pequeño y fértil valle en la costa central del Perú, a 182 km al norte de Lima y a 50 km de distancia del mar. El sitio es un extenso asentamiento arqueológico prehispánico de aproximadamente 62 hectáreas de extensión, en el que destaca la concentración de 32 edificios públicos, 6 de los cuales son grandes estructuras piramidales.

En su momento de mayor esplendor, Caral había encabezado un sistema de asentamiento que congregó 17 sitios similares, pero menos monumentales ubicados en el mismo valle, así como otros más pequeños en los valles vecinos. Investigaciones científicas han demostrado que la Ciudad Sagrada de Caral-Supe y el complejo sistema de asentamientos que administró, se habría empezado a gestar alrededor del año 3000 a.C., hecho que lo convierte en la manifestación más antigua de civilización en el Perú y en todo el continente americano.

La Ciudad Sagrada de Caral-Supe refleja el auge de la civilización en las Américas. Como estado sociopolítico completamente desarrollado, es notable por su complejidad y su impacto en el desarrollo de asentamientos en todo el valle de Supe y más allá. Ofrece el testimonio más temprano de un modelo de organización urbana gestado de manera autónoma por las sociedades andinas, y replicado a lo largo de muchos siglos por distintas civilizaciones locales hasta la llegada de los españoles.

El sitio, ubicado sobre una amplia terraza desértica vecina al río Supe, denota una estricta planificación, estando sus edificios alineados a lo largo de un eje paralelo al curso del río.

Se distinguen en él dos grandes sectores, denominados Alto y Bajo, dispuestos uno al lado del otro. El sector Alto es el más importante y concentra cinco grandes edificios piramidales, así como un extenso sector residencial de casas de quincha alrededor de una gran plaza elipsoidal. El sector Bajo se ubica detrás del núcleo principal, más lejos del río, y está compuesto por una fila de edificios públicos comandados, en uno de sus extremos, por la gran Pirámide del Anfiteatro. Además de los edificios ceremoniales más notables, la Ciudad Sagrada de Caral- Supe incluye sectores residenciales para gente de distinto rango, una serie de templos menores y talleres para la producción de adornos personales.

Además de la traza urbana, la complejidad de la sociedad de la Ciudad Sagrada de Caral-Supe se percibe en el diseño mismo de sus edificios. Sus pirámides principales fueron levantadas con bloques de piedra unidos con argamasa y bolsones de piedra sujetas en redes de fibra vegetal, llamados shicras. Bloques inusualmente grandes fueron dispuestos como refuerzo en las esquinas de los muros de contención o formando las jambas de entradas a espacios de especial relevancia. Tanto para el acarreo de estos bloques, como para la construcción de las pirámides mismas, se requirió la participación de un alto número de trabajadores procedentes de un territorio que posiblemente excedió los límites del valle. El diseño original de las pirámides evidencia un primoroso apego a la simetría, sin lugar a dudas concebido por maestros constructores que posiblemente también dirigieron las obras sobre el terreno.

Este diseño fue, subsecuentemente, alterado tras numerosas remodelaciones constructivas que se sucedieron a lo largo de mil años.

La prestancia de los líderes locales se percibe en diversos elementos presentes en la arquitectura monumental. Sus residencias son sólidas, elegantes y espaciosas, generalmente dispuestas en la inmediata proximidad de una gran pirámide.

La importancia del culto como herramienta de control social se advierte en los distintos tipos de contextos y espacios ceremoniales asociados a las pirámides. Entre ellos se cuenta con menhires o huancas, cuartos que encerraron un fogón votivo, altares y una curiosa forma de recinto circular rodeado por un muro masivo. El hallazgo de un quipu – un instrumento de cuerdas similar al que los incas usaron para contabilizar los aportes de la masa tributaria – dentro de un ambiente de la Pirámide de la Galería, nos indica que en Caral se estaban manifestando mecanismos de gestión estatal que alcanzaron gran refinamiento en épocas muy posteriores.

Criterio (ii): Caral es la mejor representación de la arquitectura del Arcaico Tardío y la planificación urbana en la antigua civilización peruana. Las pirámides, las plazas circulares hundidas y el trazo urbano, que se desarrollaron durante siglos, influyeron en los asentamientos cercanos y, posteriormente, en gran parte de la costa peruana.

Criterio (iii): Dentro del valle de Supe, la manifestación de civilización más antigua conocida en las Américas, Caral es el ejemplo de asentamiento más desarrollado y complejo dentro del período formativo de la civilización (el período Arcaico Tardío).

Criterio (iv): Caral es impresionante en cuanto al diseño y la complejidad de sus elementos arquitectónicos y espaciales, especialmente sus pirámides monumentales y las plazas circulares hundidas, características que dominarían una gran parte de la costa peruana durante muchos siglos.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

a Ciudad Sagrada de Caral-Supe está sorprendentemente intacta, básicamente debido a que fue súbitamente abandonada y recientemente descubierta. Después de que sus ocupantes originales la dejaran, fue reocupada solo dos veces y en tiempos muy distantes: una vez alrededor del año 1000 a.C., y otra entre los 900 y 1440 d.C. Dado a que estas dos ocupaciones fueron efímeras y se concentraron en las afueras de la urbe, no perturbaron sus estructuras arquitectónicas más representativas.

Adicionalmente, el sitio no ha sido objeto de excavaciones clandestinas, básicamente debido al poco valor comercial de los objetos que contiene. La sociedad que ocupó Caral no produjo objetos de cerámica, finos textiles o artículos de metal, que son los que suelen alcanzar precios atractivos en el mercado negro de antigüedades.

Otro aspecto que ha aportado al notable estado de integridad del sitio es su lejanía respecto a grandes centros poblados.

La Ciudad Sagrada de Caral-Supe se encuentra dentro de un ambiente rural, en el que las principales señales de actividad humana reciente consisten en pequeños campos de cultivo. Al margen de instalaciones turísticas construidas con materiales locales, el sitio no presenta edificaciones modernas permanentes en su inmediata proximidad. El único camino vehicular que discurre a lo largo del valle pasa por el lado opuesto del río, y es preciso cruzar un puente peatonal para llegar al sitio En resumen, tanto el sitio arqueológico como su paisaje cultural y natural de gran belleza, proyectan una imagen de sosiego e imperturbabilidad que favorece la interpretación del bien.

No se debe pasar por alto, sin embargo, que el sitio arqueológico es muy antiguo (5000 años) y, por lo tanto, evidencia claras señas de deterioro causadas por agentes naturales. Los sismos son una amenaza frecuente en la costa del Perú y muchos de ellos han ocasionado el desplome parcial de los muros de contención de las terrazas de las pirámides. Fenómenos como El Niño – Oscilación Sur (ENSO), si bien infrecuentes en esta parte de la costa, no son absolutamente ajenos y han tenido un impacto muy severo sobre la arquitectura de tierra (enlucidos y morteros). El viento, que sopla incesantemente sobre la terraza aluvial, acarrea partículas de arena que desgastan las antiguas estructuras, especialmente aquellas levantadas con materiales orgánicos (quincha).

La Ciudad Sagrada de Caral-Supe es una obra magistral de urbanismo y arquitectura prehispánica que, antes del año 1994, yacía olvidada e inalterada en un lugar distante de un valle de la costa del Perú. A partir de ese año, un equipo de investigadores peruanos asumió la responsabilidad de poner en valor el sitio, profundizando el conocimiento acerca de sus antiguos habitantes y desenterrando y estabilizando sus estructuras.

Las labores de conservación arquitectónica han seguido estándares internacionales, limitándose a realizar anastilosis y reintegraciones de los muros de piedra y respetando todos los añadidos posteriores a la fábrica original de los edificios. Las excavaciones arqueológicas, por otro lado, han demostrado que el sitio todavía contiene objetos producidos y usados por sus antiguos habitantes, incluyendo algunos que, tras varios análisis, han permitido determinar que la ciudad fue ocupada entre el 3000 y 1800 a.C. y más específicamente en el Período Arcaico Tardío. La autenticidad del sitio, incluyendo su traza urbana, sus componentes arquitectónicos y los contenidos de sus diversas superficies y espacios de uso, está garantizada y está siendo adecuadamente resguardada.

Gestión La Ciudad Sagrada de Caral-Supe está protegida por la legislación peruana vigente. Esto es, por la Constitución Política del Perú (artículo 21°) y por la Ley N° 28296, Ley General del Patrimonio Cultural de julio de 2004. El 1° de agosto de 2002, antes que esta ley fuera promulgada, la Resolución Directoral Nacional N° 720/INC ya había declarado a los sitios de Caral y Chupacigarro, en el valle de Supe, como Patrimonio Cultural de la Nación. La subsecuente Resolución Directoral Nacional N° 645/INC, de agosto de 2003, aprobó el plano de delimitación de estos dos sitios. El área protegida, que cubre 626 hectáreas, abarca tanto las zonas arqueológicas intangibles como el marco paisajístico circundante.

La Ciudad Sagrada de Caral-Supe es uno de los pocos sitios arqueológicos peruanos que cuenta con el respaldo de un proyecto especial auspiciado por el Estado peruano. La Zona Arqueológica Caral (ZAC) fue creada el 10 de febrero de 2003, como Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe (PEACS), mediante Decreto Supremo N° 003-2003-ED, que adicionalmente le concedió autonomía administrativa, financiera y científica.

Dos años más tarde, la Resolución Directoral Nacional N° 689/ INC le otorgó al PEACS todas las facultades del entonces Instituto Nacional de Cultura (ahora Ministerio de Cultura) en lo que concierne a la protección, conservación, investigación, puesta en valor, difusión y promoción del patrimonio cultural y sitios arqueológicos dentro de su territorio de acción (el valle de Supe y áreas vecinas). La Ley N° 28690 del 18 de marzo de 2006, dispuso que el Decreto Supremo 003-2003-ED tuviera fuerza de ley. En octubre de 2010, con la creación del Ministerio de Cultura, la Zona Arqueológica Caral fue adscrita a ese ministerio, como Unidad Ejecutora 003.

El PEACS trabaja bajo las directrices de un plan de gestión, aprobado el 25 de mayo de 2005 mediante Resolución Directoral Nacional N° 688/INC. En lugar de centrarse en un sitio específico, este plan de manejo tiene un alcance mucho más amplio, pues se enfoca en concretar la protección de todos los sitios arqueológicos del valle de Supe, integrándolos dentro de las perspectivas de desarrollo económico y cultural de la población de la cuenca. El plan de gestión, ha sido actualizado a finales de 2008, es ejecutado por el PEACS en coordinación con autoridades comunales y municipalidades y está demostrando su valor como herramienta exitosa de gestión.

Galeria fotográfica de la Ciudad Sagrada de Caral – Supe : Patrimonio de la Humanidad
Zona Arqueológica de Chan Chan – Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

La Zona Arqueológica de Chan Chan (Perú) (C 366) fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro de la Convención de la UNESCO de 1972 como bien cultural bajo los criterios (i) (iii), en la 10ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en París, Francia, el 28 de noviembre de 1986.

Significado Cultural

El reino Chimú alcanzó su apogeo en el siglo XV, poco antes de ser asimilado por los incas. Su capital, Chan Chan, se ubica en el otrora fértil valle de Moche o Santa Catalina. Como centro del poder hegemónico de un vasto imperio extendido en la costa norte del Perú, alcanzó grandes dimensiones (aproximadamente 20 km²) y es hoy día considerada como la ciudad de arquitectura de tierra más grande de la América precolombina. Los restos de esta vasta ciudad reflejan en su trazado una estrategia política y social estricta, enfatizada por su división en nueve ciudadelas o palacios que forman unidades independientes.

El Valor Universal Excepcional de Chan Chan no solo reside en su notable extensión, sino también en la planificación jerárquica de esta gran ciudad, que incluye sectores de diferente prestancia social y política, barrios de artesanos y en los restos de los antiguos sistemas hidráulicos y agrícolas que una vez la sostuvieron.

El núcleo del gran centro urbano, de aproximadamente 6 km2, está ocupado por nueve grandes conjuntos rectangulares de enormes murallas, denominados comúnmente ciudadelas o palacios, que habrían funcionado como sedes de distintos regentes de la dinastía chimú. Estos edificios presentan una organización bipartita o tripartita, que reproduce grandes espacios abiertos o plazas, así como una densa concentración de depósitos, estructuras en forma de “U” llamadas audiencias, y la plataforma funeraria real. Como corresponde a su alto estatus, los muros que dividían los espacios internos de estos edificios estaban a menudo profusamente decorados con celosías romboidales y frisos que representan motivos abstractos, como bandas y paneles escenográficos con figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas elaboradas en relieve y originalmente policromadas.

En el mismo núcleo monumental, encontramos pirámides escalonadas de distintas dimensiones, además de 32 conjuntos residenciales de élite. El cinturón externo de la ciudad está compuesto por extensas áreas cercadas o canchones, cementerios y cuatro sectores con densas concentraciones de pequeñas viviendas irregulares en donde las excavaciones arqueológicas han detectado actividades relacionadas con la producción de objetos suntuarios (textilería, madera y metales ornamentales). El paisaje urbano se complementa con distintos elementos que hicieron posible la vida en la ciudad y la administración de un vasto territorio, como caminos terraplenados, manantiales, extensos campos de cultivo y restos de un sistema de irrigación que permitió transformar el desierto circundante en una inimaginable zona fértil.

Construida durante más de 600 años (850-1470 d.C.), la Zona Arqueológica de Chan Chan representa la culminación de un proceso de once mil años de desarrollo cultural en la costa norte del Perú y constituye un testimonio excepcional de los modelos de urbanismo desarrollados por las antiguas civilizaciones americanas. Antes del Cusco, Chan Chan fue la ciudad más suntuosa en Sudamérica y es posible que los incas asimilaran de ella principios y conceptos que usaron para enriquecer la pompa de sus propias cortes.

Los ríos Moche y Chicama una vez suministraron un intrincado sistema de riego a través de un canal de aproximadamente 80 km de largo, que sostuvo a la región alrededor de Chan Chan durante la cumbre de la civilización chimú.

Criterio (i): La planificación de la ciudad de tierra más grande de la América precolombina es una absoluta obra maestra de planificación urbana. Su rigurosa zonificación, el uso diferenciado del espacio habitado y la construcción jerárquica, ilustran un ideal político y social que raramente se expresa con tal claridad.

Criterio (iii): Chan Chan ofrece un testimonio único y es la ciudad más representativa del desaparecido reino Chimú, donde se sintetizan y expresan once milenios de evolución cultural en el norte del Perú. El conjunto arquitectónico integró de manera única la arquitectura simbólica y sagrada con el conocimiento tecnológico y la adaptación eficaz al medio ambiente local.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

Chan Chan conserva todos los elementos que expresan su Valor Universal Excepcional en un área de 1414.57 hectáreas, que, a pesar de ser menos que el área original de la ciudad, contiene características representativas de las unidades arquitectónicas, caminos ceremoniales, templos y residencias de élite, así como muestras representativas de los barrios populares y sistemas de cultivo periféricos que transmiten el significado cultural de la propiedad.

El tipo de material constructivo empleado en la ciudad – adobes de tierra batida y argamasa de barro – es especialmente frágil y sensible frente a agentes de deterioro medioambiental (viento, humedad del suelo, lluvias y sales). La vulnerabilidad del sitio se incrementa por estar situado en una zona costera donde los embates de los eventos cíclicos de El Niño-Oscilación Sur (ENSO) se sienten con más fuerza. A lo largo de siglos, las torrenciales lluvias que acompañan estos eventos han deteriorado y causado el colapso de los muros de Chan Chan y barrido los frisos de barro que los decoraban. Sin embargo, el mantenimiento continuo con materiales de tierra ha mitigado el degrado del impacto físico. Los muros más masivos mantienen todavía gran altura. Las excavaciones arqueológicas prueban la supervivencia de frisos que permanecieron siglos cubiertos por escombros.

En términos de forma y diseño, el sitio arqueológico todavía expresa fielmente la esencia del paisaje urbano monumental de la antigua capital chimú. Los componentes arquitectónicos que evidencian su organización jerárquica permiten discernir claramente la alta complejidad política, social, tecnológica, ideológica y económica que alcanzó la sociedad chimú entre los siglos IX y XV de nuestra era.

A pesar de las pasadas catástrofes climáticas y el saqueo de tumbas, palacios y pirámides, sobreviven numerosos ejemplos de muros decorados con frisos y celosías. Al ser descubiertos, se toman las previsiones necesarias para garantizar su preservación incluyendo, en algunos casos, volver a enterrarlos. Las excavaciones arqueológicas practicadas en distintos sectores de la ciudad comprueban que esta todavía esconde numerosas evidencias y artefactos que permiten reconstruir los rituales, actividades y formas de vida de sus antiguos habitantes. La arquitectura de tierra original, con sus características y decoraciones simbólicas, está siendo sometida a intervenciones de conservación utilizando materiales de tierra y aún representan fielmente los métodos de construcción y el espíritu de la gente de Chimú.

Gestión

El sitio está protegido por leyes y decretos nacionales de larga data. Así, mediante la Ley N° 6634 de junio de 1929, se proclamó expresamente el derecho inalienable e imprescriptible de la nación a todos los monumentos históricos precedentes a la época del virreinato. Esta misma ley, declaró monumento nacional a Chan Chan. Más adelante se aprobaron los planos de delimitación del sitio mediante Resolución Suprema N° 0518- 67-ED de junio de 1967, a la que se le otorgó fuerza de ley con la Ley N° 28261 de junio de 2004 que declara de Necesidad y Utilidad Pública la Recuperación del Complejo Arqueológico de Chan Chan. Asimismo, se encuentra protegido por la Constitución Política del Perú (artículo 21°) y la Ley N° 28296, Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, de julio de 2004.

El Ministerio de Cultura es el órgano principal encargado de proteger la zona arqueológica. Colabora con autoridades a nivel nacional, regional y municipal en implementar acciones de protección del bien. Sin embargo, problemas de larga data, como la tenencia de la tierra, aún deben abordarse de manera efectiva para garantizar la plena conservación y protección a largo plazo de Chan Chan. Los mecanismos reguladores para la zona de amortiguamiento se están implementando en colaboración con el municipio local.

En 1986, Chan Chan fue inscrito originalmente en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro debido al frágil estado de conservación de la arquitectura de tierra y a su vulnerabilidad frente a los eventos climáticos extremos causados por el Fenómeno El Niño que afecta la costa norte del Perú, la extracción ilegal de objetos arqueológicos, la presencia de ocupantes ilegales y la construcción de una carretera que cruza el sitio.

Desde su inscripción, se han tomado una serie de medidas para alcanzar el estado de conservación deseado y retirar al sitio de la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro y el desarrollo de un plan de gestión. Estas medidas tomaron la forma de acciones concretas, como el patrullaje permanente y el control total de la extracción ilegal de piezas arqueológicas, la erradicación de construcciones e instalaciones indebidas, la construcción de canales de drenaje para controlar el afloramiento de aguas subterráneas y el desarrollo sostenido de programas de investigación, conservación y protección del sitio y sensibilización de la comunidad local, que se conducen bajo los principios de las normas internacionales; así como la construcción del Museo de Sitio de Chan Chan para el desarrollo de la investigación, conservación y la promoción de los valores del sitio.

Un nivel mayor de planificación se alcanzó con la elaboración del Plan Maestro para la Conservación y Manejo del Complejo Arqueológico de Chan Chan, aprobado por Decreto Supremo N° 003-2000-ED de enero de 2000, al que se le dio fuerza de ley mediante la Ley N° 28261 antes indicada. A fines del 2006, se creó el Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan (Decreto de Urgencia N° 032-2006 y Decreto Supremo N° 026- 2006-ED), auspiciado por el Estado peruano para la ejecución sostenida del plan maestro con financiamiento gubernamental permanente a través de la Unidad Ejecutora 110 (actualmente UE 006). El plan fue actualizado en el año 2018 para un horizonte de 10 años. Desde entonces, el plan maestro ha fortalecido la gestión de Chan Chan permitiendo concretar una serie de medidas efectivas relacionadas al mantenimiento del nivel freático, la estabilidad de muros perimetrales e internos de los palacios y plataformas funerarias, el mantenimiento de áreas de uso público, la investigación arqueológica, la documentación arquitectónica para la conservación y la gestión, la conservación de estructuras arquitectónicas, el desarrollo de capacidades del personal y de artesanos locales, programas de sensibilización para estudiantes y la comunidad local y la creación del Centro Panamericano de Conservación de la Arquitectura de Tierra con la finalidad de desarrollar la conservación de las estructuras de Chan Chan sobre la base de estudios científicos.

Asimismo, se ha desarrollado un plan de preparación para emergencias y desastres contra el Fenómeno El Niño.

La visión para Chan Chan es mantener su estatus como símbolo cultural para el Perú, que vincule el presente con el pasado y juegue un rol esencial para el desarrollo humano de la región y el país. La conservación y presentación del sitio arqueológico y su contexto contribuyen a su valoración y a fortalecer la identidad cultural peruana.

Galeria Fotografica de Chan Chan
Mapa de Ubicación de Chan Chan

Sitio Arqueológico de Chavín – Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

El Sitio Arqueológico de Chavín (Perú) (C 330) fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Convención de la UNESCO de 1972, como bien cultural bajo el criterio (iii), en la 9ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en París, Francia, el 6 de diciembre de 1985.

Significado Cultural

El Sitio Arqueológico de Chavín se ubica a 3180 metros sobre el nivel del mar en los Andes del norte del Perú, dentro de un estrecho valle rodeado por altas montañas, en la provincia de Huari, Región Ancash. Chavín fue un sitio ceremonial y de peregrinaje que, entre los años 1200 y 550 a.C., se convirtió en un gran centro de convergencia y diseminación ideológica, cultural y religiosa organizada alrededor de un culto animista que alcanzó gran difusión dentro de un territorio que hoy día comprende una extensa parte de la sierra, la selva alta y la costa norte y sur del Perú. Su antigua prestancia religiosa se expresa en el refinado estilo arquitectónico de sus templos y en el desarrollo local de un arte monumental de talla lítica y estelas que no tienen parangón entre ninguna de las manifestaciones culturales sudamericanas de su época.

Chavín es uno de los sitios prehispánicos tempranos más representativos del Perú y constituye la más importante expresión de las artes y técnicas decorativas y de construcción de su tiempo. Su configuración fue lograda por sucesivas construcciones a lo largo de mil años, alcanzando hacia los 900 a.C. su fisonomía monumental. Se conforma de un conjunto de edificios megalíticos, terrazas y plazas, destacando la plaza cuadrada y la plaza circular que precede a la notable Galería del Lanzón.

La arquitectura exterior de estos edificios denota una esmerada construcción. El cuerpo central del edificio más prominente, por ejemplo, estuvo revestido por grandes bloques rectangulares de granito blanco, dispuestos en hiladas superpuestas que alternan grosores distintos. El núcleo central de los edificios que conforman Chavín, estuvo dotado de un complejo sistema interno de galerías – aparentemente usadas en ceremonias de iniciación – complementados con una red de ductos de ventilación y canales de drenajes sin precedentes en América del Sur, siendo el Canal Rocas el de mayor envergadura, y el que en su largo recorrido cruza la plaza circular y la plaza cuadrada.

Para servir a los intereses del culto y ensalzar, al mismo tiempo, la magnificencia y belleza de los templos que le dieron acogida, se dispusieron numerosas tallas líticas que, invariablemente, representan a los seres sobrenaturales del culto Chavín. Se reconocen tres tipos básicos de tallas: esculturas en bulto, estelas y obeliscos. Las primeras están representadas, sobre todo, por efigies tridimensionales de cabezas humanas que alguna vez se exhibieron en los muros exteriores de los templos (cabezas clavas). Las estelas son losas tabulares esmeradamente cortadas y pulidas, con imágenes talladas en relieve hundido en una de sus superficies mayores. Su mejor exponente es la Estela Raimondi, de 1.98 metros de altura, que representa a un dios con báculos que antecede a la famosa imagen de la cultura Tiahuanaco. Finalmente, los obeliscos son monolitos grabados en derredor con la imagen de una antigua divinidad.

Su máximo representante, El Lanzón, todavía ocupa su posición original, en el centro de la galería cruciforme del Templo del Lanzón.

Los distintos atributos que distinguen al Sitio Arqueológico de Chavín – que incluyen el complejo diseño de sus templos, su prestancia arquitectónica y ornamental, belleza y prolijidad de su arte lítico y la amplia difusión que alcanzó el culto que auspiciaba – son testimonio del sorprendente desarrollo alcanzado por esta civilización prehispánica. Estos atributos demuestran, igualmente, lo elaboradas que llegaron a ser las estrategias de dominación ideológica esbozadas por líderes religiosos de sociedades andinas en épocas tan remotas como el primer milenio antes de Cristo. Chavín es, en consecuencia, un monumento único de significado universal.

Criterio (iii): El Sitio Arqueológico de Chavín, epónimo de una de las civilizaciones más antiguas de América del Sur, es un ejemplo excepcional de las creaciones arquitectónicas, tecnológicas y simbólicas de las sociedades precolombinas tempranas de los Andes peruanos. Su aspecto es imponente, con un conjunto de terrazas y plazas, sistemas complejos de galerías internas y decorados con diseños iconográficos antropomorfos y zoomorfos de extraordinaria belleza. Fue un importante centro de convergencia y diseminación ideológica, cultural y religiosa en torno a un culto extendido en un amplio territorio de los Andes.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

Los límites del área protegida del Sitio Arqueológico de Chavín abarcan 14.79 hectáreas y engloban todos los elementos, características y valores simbólicos clave originales del complejo arquitectónico y de su evolución histórica, que transmiten su Valor Universal Excepcional. A pesar de que el sitio ha sido históricamente afectado por fenómenos naturales y alteraciones inducidas por la mano del hombre, la integridad del complejo formado por los edificios, plataformas y plazas, la planimetría, su diseño arquitectónico, las formas y materiales originales empleados en distintas etapas de su construcción, todavía se mantiene y es fácilmente distinguible. Las estructuras, galerías y otros espacios arquitectónicos preservan sus elementos y características primigenias incluyendo, en muchos casos, la iconografía y su arte lítico decorativo, revelando su uso y función original.

A pesar de que han transcurrido más de 2000 años desde su abandono, el Sitio Arqueológico de Chavín y su paisaje circundante no han padecido cambios substanciales. Las áreas vecinas, por ejemplo, evidencian la continuidad de prácticas agrícolas tradicionales. El factor más relevante que afecta la preservación e integridad del sitio es el medio ambiente, que ha deteriorado sus estructuras más representativas. Los daños más significativos han sido causados por terremotos (como el de 1970, que afectó toda la región circundante), y por grandes deslizamientos de tierras propiciados por el rebalse de lagunas glaciares (como el de 1945 que sepultó varias estructuras y barrió con muchas tallas líticas que las decoraban).

Las condiciones de autenticidad del Sitio Arqueológico de Chavín, expresada en su planificación territorial y su concepción arquitectónica, las formas y materiales constructivos y el diseño iconográfico, se han mantenido. Los elementos existentes en el sitio son testigos del excepcional diseño, desarrollo y síntesis estética del arte lítico de las lápidas, vigas, columnas, esculturas y otros que permanecen in situ, y muestran sus connotaciones ideológicas religiosas, el simbolismo y el significado ritual del complejo, así como el uso ceremonial y función de espacios y áreas arquitectónicas en particular. También representan la sociedad de Chavín y el proceso de evolución histórica que revela diferentes etapas de construcción y contextos culturales, debido a las funciones sociales continuas del sitio que finalmente dieron forma a sus edificios. Los hallazgos materiales producidos por excavaciones arqueológicas revelan la función del centro ceremonial como lugar de peregrinación frecuentado por antiguas poblaciones del norte y centro del Perú, en relación con el culto claramente visible en su iconografía arquitectónica y en la parafernalia religiosa que se encuentra en el sitio. Las investigaciones arqueológicas y las intervenciones de conservación desarrolladas en Chavín han sido ejecutadas por profesionales, manteniendo igualmente inalterados los espacios, estructuras y componentes del conjunto ceremonial.

Gestión

El marco legal de protección del Sitio Arqueológico de Chavín se remonta mucho tiempo atrás. La Ley N° 6634 de junio de 1929, que proclama inalienable e imprescriptible el derecho de la Nación sobre todos los monumentos históricos que preceden al tiempo del virreinato en el país, declaró a Chavín como Monumento Nacional; y la Ley N° 13457 de enero de 1941, como Parque Arqueológico Nacional y Centro de la Zona Arqueológica y Turística de la Provincia de Huari, departamento de Ancash. El 10 de noviembre de 1960, la Ley N° 13457 estableció claramente los linderos del área arqueológica, calculada entonces en 13.41 hectáreas; también decretó la creación de la Junta Provincial de Conservación y Supervigilancia de la Zona Arqueológica Chavín, encargada de cercar el sitio, promover el turismo y supervisar las investigaciones que se den en su interior. En agosto de 2007, la Resolución Directoral Nacional N° 1056/INC, declaró Patrimonio Cultural de la Nación al sitio y estableció una nueva área de protección de 14.79 hectáreas.

Actualmente, el bien se encuentra protegido por diversas normas, siendo las más importantes, la Constitución Política del Perú (artículo 21°) y la Ley N° 28296, Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, de julio de 2004.

Después de la inundación que enterró parcialmente a Chavín en 1945, se llevaron a cabo trabajos de protección, limpieza, preservación preventiva, investigación y preparación con la participación de varias instituciones y del Ministerio de Cultura.

Desde 1919 en adelante, muchos proyectos de investigación, principalmente patrocinados por universidades locales o extranjeras, han excavado las estructuras de Chavín y las han registrado de manera intensiva. Estos proyectos han proporcionado mucha información sobre el sitio arqueológico, por lo que es uno de los mejor documentados y comprendidos en el Perú. La terrible inundación de 1945 detuvo temporalmente el trabajo de investigación, obligando a las actividades posteriores a centrarse en la exhumación, la limpieza, la conservación preventiva y la estabilización de estructuras. Sin embargo, los trabajos de conservación continúan y el sitio no ha vuelto a enfrentar un percance mínimamente similar al de 1945.

De acuerdo a la normativa nacional, la protección y la gestión del Sitio Arqueológico de Chavín son responsabilidad del Ministerio de Cultura en nombre del Gobierno peruano. El Ministerio de Cultura ha desarrollado un plan de gestión donde se han programado los elementos necesarios para satisfacer las necesidades básicas y desarrollar los proyectos permanentes necesarios para proteger, preservar y restaurar el sitio en el marco de los esquemas de operación institucional. Además, las actividades de investigación y conservación son apoyadas por instituciones privadas.

Chavín continúa atrayendo muchos turistas hoy en día y últimamente su estrategia de exposición ha mejorado notablemente con la construcción del Museo Nacional de Chavín en el vecino pueblo de Chavín de Huántar. Este museo, construido con un importante aporte de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa (JICA) e inaugurado en el 2008, exhibe las piezas más representativas del arte lítico, finos objetos de cerámica y artefactos de otros materiales recuperados en el sitio. Resguarda otros bienes muebles de gran valor y belleza y asimismo, provee amplios espacios de almacenamiento para los objetos que serán recuperados y analizados en futuras investigaciones.

 

Ubicación en el Mapa

 

Machu Picchu no es la única ciudadela de Perú ni los incas lo hicieron todo

En coincidencia de eventos y opiniones vertidas recientemente acerca de las culturas precolombinas y su importancia en la cultura peruana, como por ejemplo las expresadas por el ilustre y recientemente fallecido arqueólogo peruano Santiago Uceda Castillo en la exposición “Perú antes de los incas” del Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac, en París, Francia, que tiene la ambición de cambiar nuestra visión del Perú –la muestra estará hasta el 1ro de abril del 2018–, la versión digital del diario El País de España, ha publicado un artículo titulado «Los otros Machu Picchu «, el cual, y al igual que Uceda, describe la importancia de las culturas precolombinas en la formación y auge de la cultura Inca y ofrece alternativas interesantes e importantes de lugares arqueológicos que merecen la atención de los turistas e investigadores.

Los otros Machu Picchu

Ni Machu Picchu es la única ciudadela de Perú ni los incas lo hicieron todo. El país andino pone en valor otras construcciones grandiosas para diversificar el turismo. Aquí van tres de las mejores

Choquequirao
Hay dos errores recurrentes entre los viajeros a Perú. Creer que Machu Picchu es único. Y confundir la historia precolombina de Perú con la de los incas. El Imperio inca duró 100 años, desde 1438 hasta 1532, cuando Pizarro hizo preso a Atahualpa en Cajamarca. Imposible en tan corto periodo de tiempo aprender y desarrollar semejantes técnicas constructivas, agrícolas y de organización territorial como de las que hicieron gala los quechuas. En realidad los incas solo fueron la punta de un iceberg de más de 5.000 años de historia en los que sucesivos pueblos, desde los paracas a los huari, pasando por los mochicas, los chancas o los chimu fueron acumulando conocimientos y sabiduría para domesticar un territorio tan vasto. Los incas heredaron esos conocimientos y los mejoraron, pero digamos que el copyright no es completamente suyo. Por eso hay muchos machupicchus en Perú y no todos hechos por los incas. Estos son tres yacimientos arqueológicos de suma importancia que también deberías conocer:

Muralla de la ciudadela de Kuelap.
En marzo del año pasado el presidente Pedro Pablo Kuczynski inauguró el primer telecabina del país. La infraestructura -de 26 góndolas- permite a los visitantes acceder en 20 minutos a la ciudadela de Kuelap, ahorrando un viaje de 32 kilómetros por pistas de tierra que demoraba 90 minutos. Kuelap es la mayor ciudad conocida de la cultura chachapoyas, un pueblo que floreció en la ceja de selva en lo que hoy es el departamento de Amazonas, entre el siglo VIII y el XVI. Es decir, muchos antes de que aparecieran los incas. Fueron unos grandes maestros de la piedra y levantaron en un cerro de forma alargada a 3.000 metros de altitud, en el valle del río Utcubamba, afluente del Amazonas, la increíble ciudad-fortaleza de Kuelap. Nada más llegar impresiona la muralla de sillar de piedra caliza que rodea todo el conjunto. Tiene 20 metros de alta y se encuentra en buen estado de conservación. Tres estrechos pasadizos, por los que un hipotético ejército atacante hubiera tenido que pasar de uno en uno, dan acceso al interior.

Allí se despliegan las evidencias de más de 500 viviendas circulares, además de torreones, observatorios astronómicos, restos de viviendas de sacerdotes y nobles y el templo Mayor, en forma de cono truncado e invertido. Kuelap estuvo comida por la selva hasta 1843, cuando un funcionario enviado desde Lima se percató que aquella montaña de piedras era una construcción hecha por el ser humano.

Choquequirao en quechua significa «cuna de oro».
Le llaman la hermana de Machu Picchu, y de hecho no está muy lejos de esta. Es de origen inca y se eleva en otra montaña selvática del departamento de Cusco, a 169 kilómetros de la capital. Choquequirao, que en quechua significa «cuna de oro», fue un centro cultural y religioso. Probablemente más importante que Machu Picchu, solo que esta última está ahora excavada, accesible y puesta en valor, mientras que muchos secretos de Choquequirao están aún bajo la maleza. Y más importante aún: no hay carretera para llegar a ella; la única manera es a pie o en mula, salvando 63 kilómetros (entre ida y vuelta) desde la aldea de Cachora, un pueblito colonial de casas de adobe en la cuenca del río Apurimac. Esa inaccesibilidad ha mantenido a Choquequirao al margen del frenesí del turismo y hace de su visita una verdadera aventura, solo para viajeros con ganas de salir de rutas trilladas. Funcionó como una especie de puesto avanzado entre la selva amazónica y la capital del imperio, Cusco.

Se le considera también uno de los últimos bastiones de resistencia de los fieles a Manco Inca cuando los españoles sitiaron y tomaron Cusco en 1535. Quedan evidencias de lugares de culto, del complejo sistema de riego, de viviendas para sus casi 10.000 habitantes y, como en Machu Picchu, de los andenes que servía para cultivar y como soporte de las edificaciones.

Templo Mayor de Chavín de Huantar
Mil doscientos años antes de Cristo —contemporáneo por tanto de la Babilonia asiria y el Egipto faraónico—, creció en los Andes peruanos una civilización considerada la madre de todas las demás: Chavín. Su poder se extendía desde Lambayeque al norte, hasta Ayacucho e Ica, al sur (un territorio de más de 1.500 kilómetros de longitud).

El Lanzón, ídolo tallado en piedra en el interior de Chavín.
Las ruinas de lo que fue su capital pueden visitar aún en las cercanías de Chavín de Huantar, un pueblito encantador de la provincia de Huari, departamento de Áncash, en la vertiente este de la cordillera Blanca de los Andes, a 86 kilómetros de Huaraz. Para llegar hay que salvar el paso de Ka­huish, el segundo túnel de montaña más alto del mundo, situado a 4.516 metros de altitud. El yacimiento arqueológico no es tan espectacular como Kuelap o Choquequirao, pero lo que impresiona es su edad y la calidad de las estructuras. Se aprecia muy bien la gran plaza principal del conjunto y buena parte del templo Mayor, además de otras edificaciones menores.

Al excavar el templo Mayor apareció un ídolo de cinco metros de altura tallado en piedra – el Lanzón- que una vez acabados los trabajos se dejó en el mismo lugar en el que sus constructores lo colocaron hace ya más de 3.200 años. Chavín de Huantar no está construido en un valle de suelos fértiles por lo que se cree que tuvo una función de centro ceremonial y de peregrinación. Otra visita inexcusable a ese otro Perú arqueológico que va más allá de Machu Picchu y los incas.

Fuente: El Pais – Blog de Viajes por Paco Nada
https://elpais.com/elpais/2018/02/15/paco_nadal/1518714483_305254.html