En Áncash, un grupo de arqueólogos peruanos realizó el descubrimiento de finos murales que pertenecen a la cultura Mochica. El hecho ocurrió en la zona de Pañamarca, en el valle de Nepeña, ubicado en la provincia de Santa. “Son estructuras de barro, enlucidas con mortero de barro. Sobre ello se ha pintado una capa blanca. Encima de eso, a su vez, se han hecho las líneas de los dibujos”, señaló la arqueóloga Jessica Ortiz Zevallos.
La científica revela que, cuando los antiguos mochicas clausuraron algunos de los espacios, los cerraron con adobe. Un personaje de dos rostros, que sostiene en una mano plumas y en la otra una copa de la que beben aves, es uno de los hallazgos más interesantes. El muro descubierto es de dos metros de largo y un metro con ochenta de alto. Ortiz de Zevallos sentenció que el tipo de trabajo que desarrollan es muy cuidadoso para evitar que las condiciones climáticas afecten las estructuras.
Los finos murales descubiertos en el sitio arqueológico de Pañamarca, provincia del Santa, en la región Áncash, tienen el potencial de demostrar mucho más sobre la identidad colectiva y las aspiraciones de la civilización preinca Moche, permitiendo comprender mejor sus rituales religiosos, vida política y jerarquía social.
La arqueóloga explicó que el trazo pertenece a la línea fina característica de la cerámica mochica y destacó que por una serie de hechos afortunados se ha conservado la pintura mural original prácticamente intacta.
“Son estructuras de barro, enlucidas con mortero de barro. Sobre ello se ha pintado una capa blanca. Encima de eso, a su vez, se han hecho las líneas de los dibujos”, refirió.
Manifestó que se tuvo la suerte de que los antiguos mochicas, al clausurar algunos de estos espacios, los taparon con adobes. Indicó que hay información del siglo XIX en que se descubrieron otras figuras y con el tiempo han desaparecido.
Importancia
“Estamos aportando significativamente a la parte central del trabajo al brindar una mirada de las perspectivas y prioridades de las personas que caminaron por este paisaje mucho antes que nosotros”, dijo Ortiz Zevallos.
Ortiz de Zevallos apuntó que el tipo de trabajo que desarrollan es muy cuidadoso para evitar que las condiciones climáticas afecten las estructuras o su decorado. Por ejemplo, se ha preferido dejar tapados algunos lugares para evitar la erosión.
No obstante, explicó que han dado con algunos diseños interesantes. Uno de ellos es el de un personaje de dos rostros, que sostiene en una mano plumas y en la otra una copa de la que beben aves.
El edificio en el que están excavando, denominado edificio con pilares, aparentemente tenía pinturas en todos los muros. Lo descubierto es de dos metros de largo y un metro ochenta de alto.
“Pañamarca fue un lugar de innovación y creatividad artística notable, donde los pintores elaboraron sus conocimientos sobre los cánones artísticos de maneras creativas y significativas, mientras que los habitantes de Nepeña establecieron su posición en el mundo moche del extremo sur”, señaló a su vez la profesora asociada de Historia del Arte y Arqueología Precolombina de la Universidad de Columbia y parte del proyecto arqueológico Lisa Trever.
El estudio de las prácticas funerarias Moche se inicia con las excavaciones realizadas por Uhle en la plataforma ubicada cerca a la Huaca de la Luna (Uhle 1915). Luego, en la década de los treinta, Larco (1938, 1939) continúa con este trabajo en el valle de Chicama, cuya cerámica de los contextos funerarios le permite establecer una secuencia estilística de cinco fases para el periodo Moche (Larco 1948), así como los trabajos de Ubbelohde-Doering (1983), durante las temporadas de 1937 y 1938 en Pacatnamú. Más recientemente, los estudios sobre las prácticas funerarias son diversos: Donnan y Mackey (1978) en las Huacas del Sol y de la Luna; los estudios realizados en Sipán (Alva 1988, Alva y Donnan 1993); en San José de Moro (Castillo y Donnan 1994); en La Mina (Narváez 1994); en el sitio de las Huacas del Sol y de La Luna (Uceda et al. 1994, Chapdelaine et al. 1997 y 1998, Tello 1997 y 1998, Uceda 1997, Chapdelaine 1998a y 1998b); y en el complejo El Brujo (Franco et al. 1999).
Prácticas funerarias Moche en el complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna Ricardo Tello José Armas Claude Chapdelaine
A pesar que este tema ha sido bastante tratado, queremos en esta oportunidad presentarlo desde una óptica comparativa que nos permita observar las similitudes y diferencias entre los contextos funerarios según su distribución espacial. Para ello, el presente estudio se basa en una muestra de 38 tumbas Moche excavadas en la zona urbana y en la Plataforma I de la Huaca de la Luna del complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna, durante las temporadas de 1991 a 1998 y dentro del marco general del Proyecto Arqueológico Huaca de La Luna que ejecuta la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo.
Moche: hacia el final del milenio. Actas del Segundo Coloquio sobre la Cultura Moche
(Trujillo, 1 al 7 de agosto de 1999), Santiago Uceda y Elías Mujica, editores, T. I, págs. 151-187.
Lima, Universidad Nacional de Trujillo y Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.
Fig. 5.1. Ubicación de las tumbas en la zona urbana de las Huacas del Sol y de la Luna.
Conjunto Arquitectónico
Nº de Tumba
Código en Fig.5.1
.
Conjunto Arquitectónico
Nº de Tumba
Código en Fig.5.1
6
1
T1
17
1
T17
7
1
T2
18
1
T18
2
T3
25
1
T19
3
T4
2
T20
4
T5
3
T21
8
1
T6
4
T22
2
T7
5
T23
3
T8
6
T24
4
T9
7
T25
9
1
T10
26
1
T26
2
T11
Plaza Pública
1
T27
3
T12
Taller Alfarero
1
T28
4
T13
2
T29
5
T14
Centro de Visitantes
1
T30
15
1
T15
2
T31
16
1
T16
3
T32
En los trabajos de la zona urbana participan estudiantes de la Universidad de Montreal (Canadá), dirigidos por Claude Chapdelaine y cuyos objetivos fueron conocer el funcionamiento del sitio Moche y estudiar el desarrollo urbano y del Estado en la costa norte del Perú
Conjunto Arquitectónico
No de Tumba
Características constructivas
Individuo
Inhumación del Individuo
Cerámica
Fase
Moche
Ubicación de objetos de cobre
Ofrendas de animales
Sexo
Edad
(años)
Orientación
Posición
6
1
Fosa
Indeterminado
04-Ago
N – S
DV
2
CH.Temp
B,M,P
-.-
7
1
Fosa
Femenino
35-49
S – N
DD
9
IV
R,B,M,
OTRO
-.-
2
Fosa
Masculino
Adulto
S – N
DD
-.-
IV
-.-
-.-
3
Fosa
Masculino
Adulto
S – N
DD
5
IV
B,T,OTRO
-.-
4
Fosa
Indeterminado
12
S – N
DD
3
IV
B,T,OTRO
c
8
1
Fosa
Masculino
Adulto
E – O
dC
1
III
-.-
-.-
2
Fosa
Femenino
Adulto
O – E
DD
-.-
III
OTRO
-.-
3
Fosa
Masculino
20-24
E – O
DV
7
III
-.-
c
Indeterminado
Infante
E – O
DV
4
Fosa
Masculino
35-45
S – N
DD
5
III
-.-
-.-
9
1
Cámara
Masculino
24-34
S – N
DD
.
IV
? OTRO
.
2
Cámara
Indeterminado
Adulto
.
.
.
IV
? OTRO
c
3
Cámara
Indeterminado
03-Abr
.
.
.
IV
? OTRO
.
Indeterminado
03-Abr
4
Cámara
.
.
.
.
.
IV
? OTRO
.
5
Cámara
Indeterminado
15
S – N
dC
.
IV
OTRO
-.-
15
1
Fosa
Masculino
Adulto
S – N
DD
4
III
B,T
-.-
Indeterminado
Infante
E – O
DD
T
16
1
Cámara
Femenino
35
.
.
33?
IV
OTRO ?
c
Indeterminado
Infante
17
1
Fosa
Masculino
Adulto
S – N
DD
24?
IV
OTRO ?
c
18
1
Cámara
Masculino
Joven
S – N
DD
2?
III
M,OTRO
-.-
25
1
Fosa
Indeterminado
02-Mar
S – N
DD
2
IV
M,P,T
c,r,p
2
Fosa
Femenino
36-40
S – N
DD
55
IV
R,M,P
c
3
Fosa
Indeterminado
11-Dic
S – N
DD
34
IV
B,M
-.-
4
Fosa
Femenino
30-40
S – N
DD
15
IV
R,M,P
c
5
Fosa
Indeterminado
36-45
.
.
19?
IV
B,M
.
6
Fosa
Indeterminado
Adulto
.
.
22?
IV
B,P
.
7
Fosa
Masculino
45
S – N
DD
8?
IV
B,M
c
26
1
Cámara
Masculino
48
S – N
dC
29
IV
? OTRO
c
Plaza Pública
1
Fosa
Femenino
25
S – N
dC
23
IV
M,P
-.-
Taller Alfarero
1
Fosa
Masculino
40
S – N
DD
4
IV
R
c
2
Fosa
Femenino
40-50
S – N
DD
43
IV
R,B,M,P
r
Centro de Visitantes
1
Fosa
Indeterminado
5+-16 meses
S – N
DD
10
IV
B
-.-
2
Cámara
Masculino
60
S – N
DD
59
IV
B,M
c
3
Fosa
Indeterminado
04-May
E – O
DD
1
IV
-.-
-.-
N = Norte DD = Decúbito Dorsal R = Rostro c = camélido
S = Sur DV = Decúbito Ventral B = Boca r = roedor
E = Este dC = de Costado M = Manos p = pez
O = Oeste P = Pies
T = Tórax
Cuadro 5.1. Detalle de las tumbas de la Zona Urbana Moche de las Huacas del Sol y de la Luna.
(Chapdelaine 1998a). Asimismo, participan estudiantes de la Universidad Nacional de Trujillo como parte de sus prácticas pre-profesionales, fueron dirigidos por Santiago Uceda y se persiguen los mismos objetivos ya mencionados (Uceda et al. 1997). En cuanto a los estudios en la Huaca de la Luna, están orientados a establecer la función, cronología y comprender el desarrollo arquitectónico del monumento (Uceda et al. 1994); son dirigidos por Santiago Uceda y también se cuenta con la colaboración de estudiante de la UNT.
LAS TUMBAS DE LA ZONA URBANA
En total son 32 tumbas que representan el 84% del total de la muestra analizada. Se ubicaron en la planicie que separa a las Huacas del Sol y de la Luna (Fig. 5.1) y fueron excavadas durante las temporadas de 1995 a 1998. Se distribuyen dentro de doce conjuntos arquitectónicos y una plaza pública que forman parte de la red urbana Moche del sitio en mención. Se registraron en el siguiente orden espacial: una tumba en el conjunto 6, cuatro tumbas en el conjunto 7, cuatro tumbas en el conjunto 8, cinco tumbas en el conjunto 9, una tumba en el conjunto 16, una tumba en el conjunto 15, una tumba en el conjunto 17, una tumba en el conjunto 18, siete tumbas en el conjunto 25, una tumba en el conjunto 26, una tumba en la plaza pública entre el conjunto 11 y el 12, dos tumbas en el conjunto del taller de alfarero y tres tumbas en el conjunto arquitectónico donde actualmente funciona el Centro de Visitantes (Cuadro 5.1).
De todas estas tumbas, 21 se hallaron intactas, mientras que las 11 restantes fueron alteradas por excavaciones clandestinas. Sin embargo, para los propósitos del presente estudio todas mostraron información importante, aunque indudablemente se perdieron datos irreparables en las tumbas parcialmente disturbadas.
Características constructivas
Según las características de construcción, las tumbas se clasifican en dos tipos: tumbas de fosa y tumbas de cámara (Cuadro 5.2).
Las tumbas de fosa son las más simples y generalizadas para la zona urbana. Este tipo consiste en la excavación de una fosa de acuerdo al tamaño del individuo a inhumar, con una profundidad promedio que alcanza los 80 cm, por 2,10 m de largo y 85 cm de ancho. Para la construcción en la mayoría de los casos se rompieron los pisos de la arquitectura o también se ubican por encima del piso de la última ocupación del sitio en una matriz de arena eólica. Luego de ser inhumado el cadáver se rellenaba con el mismo material propio del área, pudiendo además ser selladas con el piso de la siguiente ocupación. Según la tipología de tumbas establecida para San José de Moro (Castillo y Donnan 1994: 119), se ubican en la categoría de “tumba de pozo”.
Las tumbas de cámara representan una construcción más compleja, que requiere de mayor tiempo y la participación de otras técnicas. La cámara es fabricada con adobes dispuestos
Conjunto Arquitectónico
Nº de
Tumba
Características Constructivas
Fosa
Cámara
6
1
x
.
7
1
x
.
2
x
.
3
x
.
4
x
.
8
1
x
.
2
x
.
3
x
.
4
x
.
9
1
.
x
2
.
x
3
.
x
4
.
x
5
.
x
15
1
x
.
16
1
.
x
17
1
x
.
18
1
.
x
25
1
x
.
2
x
.
3
x
.
4
x
.
5
x
.
6
x
.
7
x
.
26
1
.
x
Plaza Pública
1
x
.
Taller Alfarero
1
x
.
2
x
.
Centro de Visitantes
1
x
.
2
.
x
3
x
.
Total
23
9
Cuadro 5.2. Características constructivas de las tumbas en el centro urbano Moche.
en hiladas y en una fila o más, según el tamaño de la fosa donde se ubicará, pues el propósito es crear un espacio uniforme en su interior, donde se pueda enterrar un individuo. Este espacio no difiere en dimensiones a las tumbas de fosa, excepto que la altura promedio llega a los 90 cm. Los paramentos de la cámara no tienen ningún tratamiento adicional del enlucido, como puede ser pintura o nichos. De manera similar a las tumbas de fosa, pueden intruir en los pisos de la arquitectura, pero no han sido encontradas hasta el momento dentro de la capa de arena posterior al piso tardío. Este tipo de cámara, según la clasificación establecida por Donnan (1995: 136), se ubica en la categoría de “cámara rectangular”. También se registró una cámara construida “sobre el piso”, asociada a la arquitectura del conjunto 16 (Chapdelaine et al. 1998: 245).
Merece una mención especial la tumba encontrada en la plataforma del conjunto arquitectónico 18 (Tello 1997, 1998), debido a que su sistema constructivo se asemeja al de la tumba 2 de la Huaca de La Luna (Uceda et al. 1994: 280-284). La cámara se comporta como un encajonamiento dentro de bloques constructivos de adobes, dejado exprofesamente durante la construcción de la plataforma. La cubierta es a doble agua, creada a través de adobes que se apoyan en el reborde de la cámara y entre sí para formar un ángulo interno. Además de este tipo de cubierta, debieron también existir otras formas de techar las tumbas de cámara, usando vigas de madera o de caña de guayaquil.
Fig. 5.2. Conjunto arquitectónico 25, individuo y ofrendas de la tumba 1.
Inhumación del individuo
Casi todos los individuos descansan sobre el piso de la tumba y en ocasiones sobre ofrendas de cerámica u objetos de metales (Cuadro 5.1). Lamentablemente, es escasa la información que se pudo recuperar referente a la preparación del cadáver, pues sólo se registraron algunas improntas de textil y cañas como elementos componentes del ataúd o “fardo” funerario.
El cadáver siempre se ubica al centro de la tumba, generalmente en posición decúbito dorsal (Figs. 5.2 a 5.5) y en ocasiones de costado (Fig. 5.6) o decúbito ventral (Fig. 5.7). La orientación generalizada es de sur a norte, es decir la cabeza ubicada al sur y los pies al norte, pero también existen entierros orientados de este a oeste. Muy pocas veces se encuentran orientados de oeste a este, como en el caso de una tumba de la fase Moche III; o de norte a sur, como en el caso de una tumba del conjunto 6 que es de la época Chimú Temprano (Chapdelaine et al. 1999).
.
Fig. 5.3. Conjunto arquitectónico 25, vista y dibujo de planta del individuo de la tumba 2.
Cuando el cadáver está ubicado decúbito dorsal y de sur a norte, la mirada puede estar hacia el este u oeste y ocasionalmente hacia el norte, mientras que los que están decúbito ventral se orientan de este a oeste y con la mirada simplemente hacia abajo. En cuanto a los entierros en posición de costado, generalmente se orientan de sur a norte, pero también existen de este a oeste; pueden descansar en su lado derecho o izquierdo, mirando hacia el frente.
Casi todos los cadáveres decúbito dorsal están extendidos y muy pocas veces semi extendidos; las extremidades superiores están pegadas a los lados, y las manos pueden estar por encima de la pelvis o al costado de ella; así como recogidas hacia el tórax. Las extremidades inferiores se juntan a la altura de los pies y pueden estar superpuestas o separadas.
El caso del individuo uno de la tumba 3 (conjunto arquitectónico 8), está decúbito ventral, las extremidades superiores se recogen contra el vientre y los pies están superpuestos. Los cadáveres de costado generalmente están semi extendidos, pero también existen flexionados, y las extremidades superiores se recogen hacia el tórax o están semi extendidas (Fig. 5.7).
Los individuos
El estudio de antropología física ha determinado que los individuos inhumados son de ambos sexos y de edades que oscilan entre 2 a 60 años de edad al momento de su muerte (Cuadro 5.4).
El individuo de la tumba del conjunto arquitectónico 6 es un infante de 4 a 8 años y de sexo indeterminado (Chapdelaine et al. 1997: 78). En el conjunto arquitectónico 7 se han excavado cuatro individuos en sus respectivas tumbas: el individuo 1 es de sexo femenino y de 35 a 49 años; el segundo y tercer individuo son de sexo masculino y adultos; mientras que el individuo 4 es un adolescente, de unos 12 años de edad (Chapdelaine et al. 1997, Chapdelaine 1998a, 1998b y 1999).
Conjunto Arquitectónico
Nº de
Tumba
Orientación
.
Posición
.
S-N
E-O
O-E
N-S
Decúbito Dorsal
Decúbito Ventral
De Costado
6
1
.
.
.
x
.
x
.
7
1
x
.
.
.
x
.
.
2
x
.
.
.
x
.
.
3
x
.
.
.
x
.
.
4
x
.
.
.
x
.
.
8
1
.
x
.
.
.
.
x
2
.
.
x
.
x
.
.
3
.
x
.
.
.
x
.
.
x
.
.
.
x
.
4
x
.
.
.
x
.
.
9
1
x
.
.
.
x
.
.
2
?
.
.
.
?
.
.
3
?
.
.
.
?
.
.
4
?
.
.
.
?
.
.
5
x
.
.
.
.
.
x
15
1
x
.
.
.
x
.
.
.
x
.
.
x
.
.
16
1
?
.
.
.
.
.
.
17
1
x
.
.
.
x
.
.
18
1
x
.
.
.
x
.
.
25
1
x
.
.
.
x
.
.
2
x
.
.
.
x
.
.
3
x
.
.
.
x
.
.
4
x
.
.
.
x
.
.
5
?
.
.
.
?
.
.
6
?
.
.
.
?
.
.
7
x
.
.
.
x
.
.
26
1
x
.
.
.
.
.
x
Plaza Pública
1
x
.
.
.
.
.
x
Taller Alfarero
1
x
.
.
.
x
.
.
2
x
.
.
.
x
.
.
Centro de Visitantes
1
x
.
.
.
x
.
.
2
x
.
.
.
x
.
.
3
.
x
.
.
x
.
.
Total
21
5
1
1
21
3
4
Cuadro 5.3. Inhumanación de los individuos en las tumbas de la zona urbana.
Son cinco los individuos que se han podido identificar hasta el momento en el conjunto arquitectónico 8: el primero es de sexo masculino y adulto; el segundo es una mujer adulta; el tercero es un hombre de 20 a 24 años; el cuarto es un infante; y el quinto es un hombre de 35 a 40 años que presentó pintura roja en el rostro.
El análisis de antropología física de los restos óseos del conjunto arquitectónico 9 están en curso, pero por versiones de Millones (comunicación personal, 1999) se puede adelantar que existe un individuo de sexo masculino entre 24 a 34 años, un adulto de sexo indeterminado, dos infantes entre 3 a 4 años y un individuo de 15 años de edad.
La tumba del conjunto arquitectónico 15 está constituida por dos individuos. El individuo principal es de sexo masculino y adulto, el segundo es un infante (Chapdelaine 1999).
El individuo del conjunto arquitectónico 16 es de sexo femenino, de más de 35 años y sufrió de artritis (Chapdelaine et al. 1998: 247). El personaje del conjunto arquitectónico 17 es un hombre adulto, mientras que el individuo del conjunto 18 es de sexo masculino, pero joven.
Conjunto Arquitectónico
Nº de
Tumba
Sexo
Edad (años)
Estatura (cm)
6
1
indeterminado
4-8
.
7
1
femenino
35-49
.
2
masculino
adulto
.
3
masculino
adulto
.
4
indeterminado
12
.
8
1
masculino
adulto
.
2
femenino
adulto
.
3
masculino
20-24
.
indeterminado
infante
.
4
masculino
35-45
.
9
1
.
.
.
2
.
.
.
3
.
.
.
4
.
.
.
5
.
.
.
15
1
masculino
adulto
.
indeterminado
infante
.
16
1
femenino
35
.
17
1
masculino
adulto
.
18
1
masculino
joven
.
25
1
indeterminado
2-3
73
2
femenino
36-40
150
3
indeterminado
11-12
130
4
femenino
30-40
138
5
indeterminado
36-45
.
6
indeterminado
adulto
.
7
masculino
45
157
26
1
masculino
adulto
.
Plaza Pública
1
femenino
25
.
Taller Alfarero
1
masculino
40
155
2
femenino
40-50
150
Centro de Visitantes
1
indeterminado
5+ 6 meses
.
2
masculino
60
154
3
indeterminado
4-5
.
Cuadro 5.4. Los individuos de las tumbas de la zona urbana Moche.
….
En el conjunto arquitectónico 25 se han registrado siete individuos. El primero es una infante de entre 2 a 3 años y 73 cm de estatura. La única patología que se le observó es la presencia de criba orbitalia en ambas órbitas, que actualmente se asocia con anemia por deficiencia de hierro. El segundo individuo es de sexo femenino, de 36 a 45 años y 150 cm de estatura. Se puede observar en la porción posterior del parietal derecho la existencia de una fractura consolidada, probablemente producto de un golpe, pero que cicatrizó sin mayores consecuencias. Así mismo, las falanges distales muestran una leve artritis en ambas manos, y es interesante indicar también la presencia de pintura roja en su rostro. El tercer individuo es de 11 a 12 años y 130 cm de estatura. No fue posible observar ninguna patología. El cuarto individuo es de sexo femenino, de 30 a 40 años y 138 cm de estatura. Entre las patologías que se le identificó está la artritis, a través de las huellas dejadas en las falanges distales de la mano izquierda; así como las hipoplasias dentales registradas en los defectos de crecimiento del esmalte. El quinto individuo tiene entre 36 a 40 años y se ha podido observar la miositis osificans como patología. El individuo 6 es un adulto, cuya única evidencia de patología la constituye una leve caries en el tercer molar; no es posible determinar exactamente otras características, debido a que está incompleto producto de la huaquería, al igual que el individuo 5. Finalmente, el séptimo individuo es de sexo masculino, de 45 años y 1,57 m de estatura. No presenta patologías, excepto inicio de artritis en algunas de las falanges distales de la mano derecha (Millones 1999: 75-97).
Fig. 5.6. Conjunto arquitectónico 8, individuo y cerámica de la tumba 1.
El individuo de la tumba del conjunto arquitectónico 26 es de sexo masculino, adulto y presenta huellas de una herida en el cúbito derecho (Chapdelaine 1999).
La tumba ubicada en la plaza pública entre el conjunto 11 y 12 correspondió a un individuo de sexo femenino y de 25 años de edad (Chapdelaine 1998a: 99).
En el taller de alfarero se excavaron dos tumbas, cuyos cadáveres fueron analizados por el antropólogo físico John Verano. El individuo de la tumba 1 es de sexo masculino, de unos 40 años, 155 cm de estatura y de buena conformación ósea. Esta persona sufrió de varias alteraciones o traumatismos profesionales (traumatismos en las manos y artritis en la columna), producto de los trabajos de alfarería. En la tumba 2 se inhumó un individuo de sexo femenino, de 40 a 50 años y de 150 cm de estatura. Sufrió de artritis en la columna vertebral, manos y rodillas; además se observó una fractura consolidada en el radio izquierdo (Uceda y Armas 1997: 98 y 102).
Finalmente, del Centro de Visitantes provienen tres individuos encontrados en sus respectivas tumbas. El primer individuo es un infante de 5 años (± 6 meses); presenta como patologías en la órbita izquierda dos pequeños orificios porosos que indican la existencia de criba orbitalia y en ambos parietales tiene una lesión en el tejido compacto que puede
Fig. 5.7. Conjunto arquitectónico 8, individuo y ofrendas de la tumba 3.
relacionarse con una encefalitis de origen diversa. El segundo individuo es de sexo masculino, de 60 años y 154 cm de estatura. Como patología se observa un desgaste pronunciado en la carilla articular distal izquierda de la clavícula y del acromion del omóplato, que podría deberse a alguna actividad física específica del brazo izquierdo. El tercer individuo es un infante de 4 a 5 años; las patologías registradas son: una leve cribia orbitalia que actualmente se asocia con la anemia por deficiencia de hierro, así como periostitis en tres costillas derechas y una izquierda, cuya inflamación sería de origen traumática (Millones 2000: 215-233).
La cerámica
Generalmente la cerámica era colocada después de depositar el cadáver en la tumba, bajo un orden establecido previamente y se ubica hacia los pies, cráneo, costados y sobre el cadáver. Algunas veces los ceramios de mejor calidad eran rotos exprofesamente, estrellándolos sobre el piso o arrojándoles piedras; este acto también se ha registrado durante el sellamiento de la sepultura (Fig. 5.8). A medida que se avanzaba con el ritual de la inhumación, también se depositaban más ceramios, pero en menor proporción a los existentes en la parte inferior de la tumba (Láms. 5.1 y 5.2; Figs. 5.9 y 5.10).
El total de la muestra está conformada por 419 ejemplares pertenecientes a las tumbas objeto de este estudio (Cuadro 5.5). Las vasijas cerradas son las predominantes y están representadas por 315 ejemplares que equivalen al 75,18% del total de la muestra analizada.
Fig. 5.8. Conjunto arquitectónico 25, detalle de la cerámica de la tumba 2.
De estas vasijas, los cántaros alcanzan el porcentaje mayor con 168 ejemplares (40,10%), luego siguen 102 botellas (24,34%), 27 ollas (6,44%), 9 jarras (2,15%), 7 cancheros (1,67%) y finalmente dos tinajas (0,48%). Mientras tanto, las vasijas abiertas son 93, que representan el 22,20% del total de la muestra analizada y están conformadas por 81 floreros (19,33%) y 12 cuencos (2,86%). Por último, también se tiene tres figurinas, dos pequeñas vasijas escultóricas, dos piruros y cuatro vasijas no identificadas, 11 elementos que conforman el 2,63% del total de la muestra analizada.
De todas las tumbas estudiadas, la que presenta mayor cantidad de cerámica (59 ejemplares) es la tumba 2 del Centro de Visitantes (Láms. 5.3), perteneciente a un individuo de sexo masculino y de 60 años de edad. Luego sigue la tumba 2 del conjunto arquitectónico 25 (Lám. 5.1), con 55 ceramios y pertenece a una mujer de 36 a 40 años de edad. En tercer lugar está la tumba 2 del taller de alfarero, presentando 43 ceramios y pertenece a una mujer de 40 a 50 años. Finalmente, sigue la tumba 3 del conjunto arquitectónico 25 con 34 ceramios y pertenece a un infante de 11 a 12 años (Fig. 5.10).
La cerámica, en general, no presenta evidencias de uso doméstico y aparentemente éstas habrían sido elaboradas exclusivamente para la inhumación de los individuos, lo que también se puede observar en la forma y decoración de las vasijas que sugieren una producción en serie, característica propia de la fase Moche IV (Donnan 1965: 128). Se exceptúan de este patrón los ceramios de mejor calidad que tienen huellas de uso y posiblemente formaban parte de los objetos personales del difunto. Su forma y decoración es variada, pero generalmente similares a los publicados por Donnan y Mackey (1978). Es necesario indicar que las siete ollas de la tumba 3 del conjunto arquitectónico 8 se hallaron incompletas y con improntas que indican una función doméstica, si bien esta tumba pertenece a la fase III de Moche.
Conjunto Arquitectónico
Nº de
Tumba
Vasijas Cerradas
Vasijas Abiertas
Otros
Total
Botella
Canchero
Olla
Cántaro
Jarra
Tinaja
Subtotal
Florero
Cuenco
Subtotal
N
%
6
1
.
.
2
.
.
.
2
.
.
-.-
.
2
0.48
7
1
2
.
.
6
.
.
8
1
.
1
.
9
2.15
2
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
-.-
.
.
0
3
.
.
.
5
.
.
5
.
.
-.-
.
5
1.19
4
.
.
.
2
.
1
3
.
.
-.-
.
3
0.72
8
1
1
.
.
.
.
.
1
.
.
-.-
.
1
0.24
2
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
-.-
.
.
0
3
.
.
7
.
.
.
7
.
.
-.-
.
7
1.67
4
4
1
.
.
.
.
5
.
.
-.-
.
5
1.19
9
1
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
?
.
2
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
?
.
3
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
?
.
4
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
?
.
5
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
?
.
15
1
.
.
.
3
.
.
3
.
1
1
.
4
0.95
16
1
5
.
.
16
.
.
21
7
1
8
4
33
7.88
17
1
2
2
1
15
.
.
20
2
.
2
2
24
5.73
18
1
1
1
.
.
.
.
2
.
.
-.-
.
2
0.48
25
1
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
-.-
2
2
0.48
2
13
.
5
25
.
.
43
12
.
12
.
55
13.1
3
12
.
2
13
.
.
27
7
.
7
.
34
8.11
4
2
.
3
5
.
.
10
5
.
5
.
15
3.58
5
7
.
3
8
.
.
18
1
.
1
.
19
4.53
6
1
.
4
16
.
.
21
1
.
1
.
22
5.25
7
5
.
.
2
.
.
7
1
.
1
.
8
1.91
26
1
12
1
.
10
2
.
25
3
1
4
.
29
6.92
Plaza Pública
1
4
.
.
4
5
.
13
7
3
10
.
23
5.49
Taller Alfarero
1
1
.
.
.
.
.
1
2
.
2
1
4
0.95
2
5
.
.
19
2
.
26
10
6
16
1
43
10.3
Centro de Visitantes
1
2
.
.
8
.
.
10
.
.
-.-
.
10
2.39
2
23
2
.
11
.
.
36
22
.
22
1
59
14.1
3
.
.
.
.
.
1
1
.
.
-.-
.
1
0.24
Total
N
102
7
27
168
9
2
315
81
12
93
11
419
100
%
24.34
1.67
6.44
40.10
2.15
0.48
75.18
19.33
2.86
22.20
2.63
100
.
Cuadro 5.5. La cerámica de las tumbas de la zona urbana Moche.
Los objetos de cobre
Los objetos de cobre forman parte de las ofrendas y por lo general se colocaban directamente sobre el cuerpo del individuo durante la preparación del “fardo” funerario. Del total de las 32 tumbas analizadas, solamente 5 –que representan el 15,6%– carecen de este tipo de ofrendas. Los objetos de cobre se presentan con más frecuencia en la boca, manos, pies, rostros y/o tórax del individuo; así como en menor porcentaje sobre la pelvis (Cuadro 5.6). Desde luego que también se registran objetos fuera del “fardo” que pudieron ser colocados antes o durante la inhumación del individuo. Como ejemplo tenemos nueve objetos bivalvos ubicados por debajo del cadáver de la tumba del conjunto arquitectónico 18 (Fig. 5.11). Dentro de la boca del cadáver generalmente se colocaban láminas pequeñas o medianas dobladas, pero también se han registrado otros objetos como: depilador, anzuelo y prendedor. Los metales
.
.
Lám. 5.1. Arriba: Ofrendas de la tumba 2 del conjunto arquitectónico 25. Abajo: botella de la tumba 2, que representa a un personaje portando un objeto en la mano; la otra es una botella de la tumba 2 y representa a un prisionero.
Lám. 5.2. Nivel 2 de la cerámica de las tumbas 3 y 4, conjunto arquitectónico 25.
Conjunto Arquitectónico
Nº de
Tumba
Ubicación
Forma
Rostro
Boca
Manos
Pies
Pelvis
Tórax
Otro
Lámina
Prendedor
Aguja
Piruro
Cuchillo
Depilador
Otro
6
1
.
x
x
x
.
.
.
x
.
.
.
.
.
x
7
1
x
x
x
.
.
.
x
x
.
x
x
x
.
.
2
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
.
.
.
.
.
3
.
x
.
.
.
.
x
x
.
.
.
.
x
.
4
.
x
.
.
.
x
.
x
.
.
.
.
.
x
8
1
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
.
.
.
.
.
2
.
.
.
.
.
.
x
.
x
.
.
.
.
.
3
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
.
.
.
.
.
4
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
.
.
.
.
.
9
1
.
.
.
.
.
.
?
x
.
.
.
.
.
.
2
.
.
.
.
.
.
?
x
.
.
.
.
.
.
3
.
.
.
.
.
.
?
x
.
.
.
.
.
.
4
.
.
.
.
.
.
?
x
.
.
.
.
.
.
5
.
.
.
.
.
.
x
.
.
x
.
.
.
.
15
1
.
x
.
.
.
x
.
x
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
x
.
x
.
x
.
.
.
.
16
1
.
.
.
.
.
.
?
x
.
.
.
.
.
.
17
1
.
.
.
.
.
.
?
x
.
.
.
.
.
.
18
1
.
.
x
.
.
.
x
.
.
.
.
.
x
x
25
1
.
.
x
x
.
x
.
x
.
.
.
.
.
.
2
x
.
x
x
x
.
.
x
.
.
.
.
.
.
3
.
x
x
.
.
.
.
x
.
.
.
.
.
.
4
x
.
x
x
.
.
.
x
.
.
.
.
.
.
5
.
x
x
.
.
.
.
x
.
.
.
.
.
.
6
.
x
.
x
.
.
.
x
.
.
.
.
.
.
7
.
x
x
.
.
.
.
x
.
.
.
x
.
.
26
1
.
.
.
.
.
.
?
.
.
x
.
.
.
.
Plaza Pública
1
.
.
x
x
.
.
.
x
.
.
x
.
.
.
Taller Alfarero
1
x
.
.
.
.
.
.
x
.
.
.
.
.
.
2
x
x
x
x
.
.
.
x
x
.
.
x
.
.
Centro de Visitantes
1
.
x
.
.
.
.
.
x
.
.
.
.
.
.
2
.
x
x
.
.
.
.
x
.
.
.
.
.
.
3
.
.
.
.
.
.
-.-
.
.
.
.
.
.
.
Cuadro 5.6. Ubicación de los objetos de cobre de las tumbas de la zona urbana Moche.
ubicados en el rostro son láminas grandes a manera de máscaras que pueden estar conformadas por una o más piezas. Los objetos que se presentan en las manos del cadáver tienden a formas más diversas, como: cuchillo, depilador, piruro, espátula y láminas, cuya ubicación puede estar en cualquiera de las dos manos o en ambas a la vez. En los pies o tórax mayormente se colocan láminas pequeñas o de tamaño mediano pero dobladas. Finalmente, en la pelvis se han registrado láminas y cuchillos, éste último cogido en la mano del cadáver.
Además de los objetos en mención existen agujas y alambres que integran el ajuar funerario. La existencia de objetos de cobre directamente asociados al cuerpo del individuo, pueden presentarse en la mayoría de las partes antes mencionadas o en cualquiera de ellas indistintamente.
Otras ofrendas
También se registraron restos de animales asociados a 13 tumbas, que representan el 41% del total de las tumbas estudiadas (Cuadro 5.7). Todas presentan restos de camélidos, excepto la tumba 2 del taller de alfarero que sólo presentó restos de cuy a la altura del brazo derecho del individuo. En la tumba 1 del conjunto arquitectónico 25 se encontró siete vértebras
Conjunto Arquitectónico
Nº de
Tumba
Restos
Collar de Cuentas
Vasijas de Arcilla sin cocer
Camélido
Roedor
Pez
6
1
-.-
.
.
x
.
7
1
x
.
.
.
.
2
-.-
.
.
.
.
3
-.-
.
.
.
.
4
x
.
.
.
.
8
1
-.-
.
.
.
.
2
-.-
.
.
.
.
3
x
.
.
.
.
4
-.-
.
.
.
.
9
1
?
.
.
.
.
2
x
.
.
.
.
3
?
.
.
.
.
4
?
.
.
x
.
5
-.-
.
.
x
.
15
1
-.-
.
.
.
.
16
1
x
.
.
.
.
17
1
x
.
.
.
x
18
1
-.-
.
.
.
.
25
1
x
x
x
.
.
2
x
.
.
x
x
3
-.-
.
.
.
.
4
x
.
.
.
.
5
?
.
.
.
.
6
?
.
.
.
.
7
x
.
.
.
.
26
1
-.-
.
.
.
.
Plaza Pública
1
-.-
.
.
.
.
Taller Alfarero
1
x
.
.
.
.
2
.
x
.
.
.
Centro de Visitantes
1
-.-
.
.
.
.
2
x
.
.
.
.
3
-.-
.
.
.
.
Cuadro 5.7. Otras ofrendas de las tumbas de la zona urbana.
de pescado y un hueso de cuy sobre el abdomen, y un hueso de camélido cerca de los miembros inferiores del cadáver; el contexto sugiere que estos restos óseos formaban parte del relleno transportado durante el ritual. Mientras que en la tumba 2 de este mismo conjunto se ubicó el cráneo y extremidades de un camélido en la cabecera izquierda del individuo (Fig. 5.9d). La tumba 4 del conjunto arquitectónico 25 presenta al costado de la pierna izquierda del individuo un fragmento quemado de extremidad de camélido. En la tumba 7 del conjunto 25 se ubicó la mandíbula de un camélido cubriendo parcialmente las órbitas del individuo y también las extremidades del camélido aproximadamente a 10 cm por encima del cráneo y hacia las costillas del individuo. En las restantes ocho tumbas, los huesos están representados mayormente por extremidades de camélidos (Fig. 5.12), pero también se ha registrado el cráneo, como es el caso de la tumba 2 del Centro de Visitantes; así como un feto de camélido sin cabeza ni extremidades en la tumba 3 del conjunto arquitectónico 8.
Entre otras ofrendas se hallaron vasijas de arcilla sin cocer en la tumba del conjunto arquitectónico 17 y en la tumba 2 del conjunto 25; así como collares compuestos de cuentas en cerámica, hueso o piedra, en las tumbas de los conjuntos arquitectónicos 6, 9 (tumba 5), 15 y 25 (tumba 2), asociados alrededor del cuello de los cadáveres.
.
.....
Fig. 5.9. Dibujo de planta de la cerámica de la Tumba 2 del conjunto arquitectónico 25: a) nivel 1; b) nivel 2 A; c) nivel 2 B; d) nivel 3; y e) nivel 4.
Fig. 5.10. Conjunto arquitectónico 25, dibujo de planta del nivel 2 de la cerámica de las tumbas 3 y 4.
LAS TUMBAS DE LA PLATAFORMA I, HUACA DE LA LUNA
Fig. 5.11. Conjunto arquitectónico 18, segundo nivel de ofrendas de la tumba 1.
La muestra procedente de la Plataforma I de la Huaca de la Luna está conformada por seis tumbas (Cuadro 5.8; Fig. 5.13), que equivalen al 16% del total analizado y se hallaron entre 1991 y 1997 asociadas al relleno de adobes tramados que cubre el edificio B de la plataforma principal de la Huaca de La Luna (Uceda y Canziani 1998: 147) y pertenecientes a la fase estilística Moche IV, según la secuencia establecida por Larco (1948). Existen cinco tumbas más registradas en las excavaciones, pero lamentablemente fueron disturbadas por buscadores de tesoros y los escasos elementos culturales recuperados están siendo analizados, por tal motivo no han sido consideradas en la muestra del presente estudio.
Características constructivas
Considerando las características de construcción, las tumbas procedentes de la Plataforma I de la Huaca de la Luna se pueden clasificar en: a) Tumbas de cámara y b) Tumbas de fosa.
Tumbas de cámara. La cámara se construye mediante la técnica del encajonamiento, esto quiere decir que cuando se comienzan a cubrir los edificios con el relleno de adobes tramados, se deja un espacio exprofesamente para una tumba, por lo tanto los bloques de adobes crean una cámara de forma rectangular cuyas dimensiones varían de acuerdo al número de individuos a inhumar. Cuando se trata de un individuo, las dimensiones promedio son 2,10 m de largo, 80 cm de ancho y 90 cm de alto. Pero también existen cámaras más complejas, como es el caso de la tumba 5 (Tello 1995: 71-72), cuando el encajonamiento se presentó acondicionado por muros formando una cámara propiamente dicha compuesta de dos compartimientos, con piso de barro y midió 2,80 m de largo por 2,10 m de ancho y 1,10 m de alto.
Tumbas de fosa. Este tipo de tumba es más simple y se presenta con menos frecuencia. La construcción se realiza mediante el desarmado del relleno de adobe tramados para obtener un espacio de forma rectangular, por esto el corte tiende a ubicarse hacia los paramentos de los bloques constructivos, y cuyas dimensiones están de acuerdo al tamaño del individuo a inhumar, pero están dentro del promedio establecido para las tumbas de cámara. A diferencia del tipo anterior de tumbas, en estos casos no se habían previsto realizar originalmente durante el proceso de sellar el edificio. También estas fosas fueron acondicionadas con tierra, cascote y barro, para nivelar la superficie de la base, así como para ordenar los elementos ofrendados.
N° de
Tumba
Caracte. Construc.
Individuo
Inhumación del Individuo
Cerámica
Fase
Estilística
Ubicación de
Objetos de Cobre
Ofrendas de Animales
Sexo
Edad
(años)
Estatura (cm)
Orientacion
Posición
1
Cámara
Masculino
20-35
186 ± 3
E-W
DD
10
IV
R,T,Pe,P,H
.
2
Cámara
Masculino
20-35
186 ± 3
S-N
DD
17
IV
R,B,T,Pe,M,P
c,p,otro
3-4
Fosa
Masculino
40-45
163-170
S-N
DD
7
IV
R,M, Otro
c
5
Cámara
Femenino
18-20
154.9 ± 3
S-N
DD
**
IV
Otro
c, otro
*
*
*
-.-
-.-
8
Cámara
Femenino
50-60
155
S-N
DD
37?
IV
R,M,P
c
12
Fosa
Masculino
Adulto
152
S-N
DD
18
IV
r,b,t,m,p
c
* Cuadro N° 5.9 N = Norte DD = decúnito dorsal R = Rosto c = camélido
** Cuadro N° 5.10 S = Sur B = Boca p = pescado
E = Este M = Manos
W = Oeste P = Pies
T = Tórax
Pe = Pelvis H = Húmero Cuadro 5.8. Tumbas de la Plataforma I, Huaca de la Luna.
Fig. 5.13. Dibujo de planta de la Plataforma I señalando la ubicación de las tumbas.
Las cubiertas
Se han registrado dos tipos de cubierta: de adobes y de vigas. En el caso de las cubiertas de adobes, los adobes están distribuidos de manera paralela en número de dos a lo largo de la cámara. Este ordenamiento particular de los adobes forma una cubierta a manera de bóveda, dado que los extremos de los adobes se apoyan entre sí formando un ángulo interior; mientras que el otro lado se apoyaban en el borde de las paredes de la cámara.
En cuanto a las cubiertas de vigas, sobre esta cubierta se ubicaron los rellenos de adobes tramados y en algunos casos se cubrió en primer lugar con cantos rodados y lajas, como es el caso de la tumba 5. En este tipo de cubierta se han empleado tres materiales: algarrobo, caña guayaquil y caña brava. Las vigas de algarrobo se utilizaron en estado natural, de forma sinuosa y algunas presentan en uno de sus extremos un horcón; este detalle nos induce a pensar que en un primer momento fueron utilizadas como postes para crear techos en determinados espacios. Sin embargo, en la cobertura de las tumbas se pueden distribuir de tres maneras: a) Vigas que siguen la orientación de la tumba, b) Vigas transversales a la orientación de la tumba y c) Vigas que se cruzan alternadas siguiendo la orientación y trasversales a la tumba.
En cuanto a las cubiertas de caña guayaquil y caña brava, éstas fueron amarradas con soguillas y en algunos casos sobre ellas se colocó un petate posiblemente con la finalidad de evitar la filtración de tierra. También pueden estar reforzadas con vigas de algarrobo.
Fig. 5.14. Plataforma I, Huaca de la Luna, ataúd de cañas y osamenta de la tumba 8.
Preparación del cadáver
Dado el mal estado de conservación de la mayoría de los contextos, no fue posible recuperar toda la información referente a la preparación del cadáver, pero se puede afirmar que son dos las maneras como llegan los cuerpos hasta la ubicación final en la tumba: a) Estructura de cañas y b) Ataúd de cañas, siguiendo la clasificación establecida por Donnan (1995: 125 y 131).
En cuanto al tipo estructura de cañas, se trata de un tipo de “fardo” y está presente en las tumbas 3/4 y 12. Se trata de un soporte de cañas amarradas con fibra vegetal donde se coloca el cadáver para luego ser envuelto con textiles. También han sido reportados en el centro urbano Moche de las Huacas del Sol y de La Luna (Donnan y Mackey 1978) y en Pacatnamú (Ubbelohde-Doering 1983, Hecker y Hecker 1992).
En cuanto al tipo ataúd de cañas, se registró en las tumbas 2, 5, 8 y posiblemente en la tumba 1. Estos ataúdes están fabricados de cañas dispuestas a lo largo y transversales a los extremos, amarrados con fibras vegetales cada cierto tramo. Las dimensiones promedio son 2 metros de largo por 50 cm de ancho y 25 cm de alto (Fig. 5.14). Este tipo de sarcófago también fue registrado en Pacatnamú (Ubbelohde-Doering 1983, Hecker y Hecker 1992).
Los individuos
Los individuos se ubicaron en posición extendida decúbito dorsal, la cabeza está al sur y los pies al norte; excepto el individuo de la tumba 1 que se encuentra orientado de este a oeste (Cuadro 5.8). Las extremidades superiores se extienden lateralmente y las manos se juntan a la altura de la pelvis; mientras que las extremidades inferiores también se extienden y se juntan a la altura de los pies. La mirada de estos cadáveres es hacia cualesquiera de los cuatro puntos cardinales.
Los individuos de las tumbas 1 y 2 son de sexo masculino, de entre 20 a 35 años, de 168 ± 3 cm de estatura y con buena contextura física. El individuo de la tumba 1 presentó fracturas en la segunda y quinta falange del pie derecho y posiblemente tuberculosis aguda, observable en las clavículas. Posiblemente este individuo murió producto de una enfermedad crónica. Mientras que al individuo de la tumba 2 se le detectó artritis ligera en la primera y quinta vértebras lumbares, así como en los pies (Uceda 1997: 181).
El individuo de la tumba 3/4 es de sexo masculino, de 40 a 45 años, entre 1,63 a 1,70 m de estatura y de contextura robusta. La patología que se le identificó es la artritis en las articulaciones de las manos y pies, vértebras lumbares y toráxicas, así como en la clavícula. También presentó traumatismos en el cráneo, en dos dedos de la mano derecha y en la clavícula izquierda.
En cuanto a la tumba 5 se han registrado 11 individuos de los cuales el ubicado en el reborde de la cámara es una mujer, de entre 18 a 20 años y de 154,9 ± 3 cm de estatura (Cuadro 5.8). Las patologías que presenta en el ámbito dental son hipoplesia del esmalte en el canino derecho del maxilar, formación de cálculos en todos los dientes y reabsorción ligera del alveolar del maxilar. Mientras que dentro de la cámara se ubicaron partes de 10 individuos de ambos sexos y de edades que oscilan entre los 5 a 35 años (Cuadro 5.9) (Tello 1995, Uceda 1997).
La tumba 8 presenta un individuo de sexo femenino, entre 50 a 60 años y de 1,55 m de estatura. Finalmente, el individuo de la tumba 12 es adulto, de sexo masculino y tiene 1,52 m de estatura (comunicación personal de Millones, 1999).
La cerámica
En términos generales, los ceramios han sido elaborados para ser depositados como ofrendas, pues no presentan huellas de uso doméstico y se fabricaron en serie, a través de moldes, así como también por su decoración; excepto las piezas escultóricas que se distinguen por su mejor calidad y belleza. La muestra está conformada por 89 vasijas (Cuadro 5.8), casi todas pertenecientes a la fase Moche IV según la secuencia ceramográfica establecida por Larco (1948). Las botellas son las que predominan, luego siguen los cántaros, floreros, jarras, cancheros y olla.
N° de Individuo
Sexo
Edad
(años)
Estatura
(cm)
1
Femenino
25-35
154 ± 3
2
Femenino
18-35
157 ± 3
3
Femenino
19-24
147 ± 3
4
Masculino
20-23
152,7 ± 3
5
Masculino
21-25
166,5 ± 3
6
Masculino
20-30
Indeterminado
7
Indeterminado
5-7
Indeterminado
8
Indeterminado
9-11,5
Indeterminado
9
Indeterminado
10-15
Indeterminado
10
Indeterminado
12-15
Indeterminado
Cuadro 5.9. Individuos dentro de la cámara de la tumba 5, Huaca de la Luna.
En la tumba 1 se registraron 10 ejemplares, de los cuales cinco se ubicaron hacia el lado sur del cadáver y cinco hacia el lado norte. Ocho son botellas asa estribo, de cuerpo globular y pintadas de color rojo sobre crema; y dos botellas asa lateral, escultóricas y de mejor calidad que representan a un guerrero (Fig. 5.15a) y a un músico.
La tumba 2 presentó 17 ceramios, de los cuales hay un florero, un canchero (Fig. 5.16), un cántaro y 14 botellas. Diez de estas botellas son de cuerpo globular, asa estribo y decoradas con diseños de aves color marrón oscuro sobre fondo crema (Fig. 5.15b); y una es escultórica, asa estribo lateral y representa un ave (Fig. 5.15c). Es interesante indicar que esta última vasija fue rota intencionalmente durante el ritual funerario.
La cerámica de la tumba 3/4 está representada por dos cántaros iguales que representan en escultura a un reptil (Lám. 5.4a); cuatro botellas asa estribo, escultóricas y con labios ligeramente biselados (Fase III de Moche), de las cuales tres son representaciones antropomorfas (Lám. 5.4b y c) y una zoomorfa: lobo marino (Lám. 5.4d); y finalmente un canchero con engobe crema pintado por figuras geométricas de color rojo.
a
b c
Lám. 5.3. Tumba 2 del Centro de visitantes: a) detalle de la cerámica en la tumba; b) ceramio escultórico de la tumba 2; c) botella que representa a un sacerdote orando.
a b
c d
f
.
Lám. 5.4. Cerámica de las tumbas 3-4 y 8, Plataforma I de la Huaca de la Luna.
...
Fig. 5.15. Cerámica de la tumba 1 y 2, Plataforma I, Huaca de la Luna: botellas escultóricas y pictóricas.
.....
Son 37 los ceramios registrados para la tumba 8, después del análisis en gabinete, además se agregan 6 piruros. Estas vasijas se distribuyen en 15 cántaros, 13 floreros, 6 botellas, 2 ollas y un cuenco, y debido a que la tumba fue parcialmente saqueada no se conoce el numero exacto de las ofrendas (Figs. 5.14, 5.17 y 5.18, Láms. 5.4e y f). Finalmente, de la tumba 12 se recuperaron 18 ceramios, cuyo análisis está en curso.
Es necesario indicar que la tumba 5 se comporta como un repositorio de ofrendas para el templo de Huaca de la Luna (Tello 1995, Uceda 1997), por tal motivo se pudo identificar hasta 340 partes de ceramios diferentes como componentes de estas ofrendas (Cuadro 5.10).
Los objetos de cobre
Las ofrendas de metal estuvieron dispuestas en su mayoría directamente sobre las osamentas de los personajes y éstas debieron estar formando parte de su indumentaria. Generalmente se localizan en las diferentes partes del individuo (Cuadro 5.8):
Cráneo. Sobre el rostro de los individuos de las tumbas 1 y 2 se han evidenciado una lámina a manera de máscara, así como restos de cobre en el rostro del individuo de la tumba 8. También cubriendo el rostro del individuo de la tumba 12 se ha encontrado una lámina de metal envuelta en un textil y en su boca se colocó una lámina rectangular. A la altura del maxilar superior derecho de la osamenta de la tumba 3/4 existen huellas de cobre. De la boca del individuo de la tumba 2 se recuperó una lámina.
Tórax. Hacia el lado izquierdo sobre el tórax de la osamenta de la tumba 2 se hallaron discos laminares con orificios en la parte superior, la mayoría tiene un centímetro de diámetro.
FORMA
FRAGMENTOS
EJEMPLARES
Efectivos
%
Efectivos
%
VASIJAS
ABIERTAS
FLORERO
141
13,78
40
9,78
CUENCO
13
1,27
2
0,49
VASIJAS
CERRADAS
BOTELLA
249
24,34
88
21,51
CANCHERO
35
3,42
8
1,95
OLLA
45
4,40
15
3,67
JARRA
8
0,78
4
0,98
CANTARO
405
39,59
159
38,88
TINAJA
24
2,35
24
5,87
BASES
103
10,07
69
16,87
TOTAL
1.023
100
409
100
Cuadro 5.10. Cerámica de la tumba 5, Plataforma I de la Huaca de la Luna.
Así mismo, al nivel de las vértebras dorsales y lumbares se registraron láminas rectangulares de 4 x 6 cm y con orificios hacia sus bordes; también se registró una placa semicircular y con un borde dentado. Hacia el lado derecho del tórax se ubicó una espátula. El individuo de la tumba 1 presentó láminas en el lado izquierdo y derecho del tórax. Así también, el individuo de la tumba 12 tenía un disco laminar sobre su lado izquierdo.
Pelvis. El individuo de la tumba 2 presentó en esta parte del cuerpo una vasija pequeña de cobre laminado a manera de “calero”, la cual era sostenida por su mano derecha. También en la tumba 1 se ubicó un objeto de cobre laminado, similar al registrado en la tumba 2 y estaba sobre el húmero derecho del individuo. Además, en ambos personajes se registraron placas rectangulares.
Manos. Sobre ambas muñecas del individuo de la tumba 12 se ubicaron placas rectangulares; así como para la osamenta de las tumbas 3/4 y 8 se identificaron huellas de objetos de cobre.
Pies. En esta parte del cuerpo se colocaron placas rectangulares en los individuos de las tumbas 1, 2, 8 y 12.
Otras ofrendas
Además de las ofrendas anteriormente descritas se han registrado mates conteniendo alimentos en la tumba 2, destacando 8 especies de moluscos, 3 especies de gasterópodos, 2 especies de caracoles terrestres, 2 especies de bivalvos, peces y restos de llama: cabeza y extremidades. También se agregan restos de maíz, palta, lagenaria y semillas de coca.
Fig. 5.17. Plataforma I, Huaca de la Luna, nivel 1 de la cerámica de la tumba 8.
En las tumbas 3/4 y 8 también se colocaron mates conteniendo alimentos, se pudo observar vértebras, extremidades y el cráneo de camélidos. Para la tumba 5 entre otras especies se registró restos de llama. Finalmente, en la tumba 12 tenemos las extremidades y la cabeza del camélido.
Entre otras de las ofrendas tenemos 8 vasijas (3 cántaros y 5 floreros) de arcilla sin cocer asociadas a la tumba 8 y otras más para la tumba 12.
Fig. 5.18. Plataforma I, Huaca de la Luna, nivel 2 de la cerámica de la tumba 8.
COMENTARIOS
Los datos arqueológicos acá presentados muestran que los ritos y ceremonias Moche son una respuesta a la preocupación de todos los integrantes de la sociedad respecto a la muerte,sin distinción de clase social, sexo, edad u oficio. Desde luego que existen diferencias en la preparación, ofrendas y rituales entre los dignatarios de la Huaca de la Luna y los residentes de la zona urbana, debido al nivel de la estructura social a la cual pertenecen. A pesar de estas diferencias hay elementos comunes que escapan al control de la elite, por estar enmarcados dentro de una sola concepción ideológica. Indudablemente los componentes del ritual estarán de acuerdo a la condición social del difunto, por lo tanto habrán elementos exclusivos de cierta clase social. Esta manifestación cultural se puede observar en las tumbas objeto del presente estudio, en donde la manera de inhumar al individuo es similar tanto para la Plataforma I de la Huaca de La Luna como para la zona urbana; es decir, por lo general una posición extendida, decúbito dorsal y orientado de sur a norte; las extremidades superiores extendidas lateralmente y las inferiores se juntan a la altura de los pies.
En cuanto al género, los individuos son de ambos sexos, pero con edades que oscilan entre los 2 a 60 años para la zona urbana y sólo mayores de 18 años para la Huaca de la Luna. Esta diferenciación de edades estaría relacionada directamente a las funciones desarrolladas por los individuos de estas dos áreas, para lo cual la edad habría sido uno de los requisitos exigidos en la Huaca de la Luna.
En cuanto al ajuar, no se muestra algún tipo de discriminación respecto a la cantidad de ofrendas de cerámica, a diferencia de una igual o mayor calidad generalmente para algunos ceramios en las tumbas de la Huaca de La Luna, aunque hay un elemento común que los une y está representado por el ritual de romper las piezas mejor elaboradas, como es el caso de la botella escultórica de la tumba 2 de la Huaca de La Luna y las botellas antropomorfas de la tumba 2 y 3 del conjunto arquitectónico 25. A esto hay que agregar las técnicas de manufactura, forma y decoración de la cerámica que es igual en ambas áreas, aunque predominan las botellas para Huaca de la Luna y los cántaros para la zona urbana. Además, las tumbas con mayor cantidad de cerámica pertenecen a la zona urbana, lo que nos permite preguntarnos: ¿esta diferencia se compensaría con el mayor valor simbólico que tendrían las botellas de Huaca de la Luna con relación a los cántaros de la zona urbana? Lo que sí es claro y objetivo es que casi todos los individuos de estas dos áreas en estudio tuvieron acceso a la producción alfarera.
En cuanto a los objetos de cobre, la tradición consistía en ubicarlos directamente en el cuerpo del individuo y en ciertas partes específicas, como son en el rostro, boca, manos y pies. Pero, en el caso de la Huaca de La Luna hay una cantidad mayor de objetos de cobre situados en el tórax del cadáver, en comparación a los personajes de la zona urbana, lo que se debería a la diferencia de indumentaria con las cuales se prepararon los cadáveres.
Otra de las similitudes es la presencia de ofrendas de algunas partes del camélido, generalmente las extremidades y el cráneo, así como de vasijas de arcilla sin cocer.
La diferencia más importante entre las prácticas funerarias en ambos sectores estaría en la complejidad y mayor duración que habrían tenido éstas para la inhumación de los oficiantes en Huaca de La Luna con relación a los realizados para los personajes enterrados en la zona urbana, aparte de la exclusividad adquirida de quedarse inhumados en el templo, desde luego. Pero, a la vez existen elementos comunes que se presentan para ambas áreas y que son las ofrendas de huesos humanos (Hecker y Hecker 1992). En la Huaca de la Luna está representada por la tumba 5 como ofrenda al templo (Uceda 1997), mientras que en la zona urbana se manifiesta como ofrendas para la inhumación de individuos, como son los casos del cráneo adicional en la tumba 1 del conjunto arquitectónico 7, la reapertura de la tumba del conjunto 26 (Chapdelaine 1999), la ausencia del cráneo del individuo de la tumba 2 del conjunto 8 y el cráneo adicional en la tumba 3 del mismo conjunto, aunque estas dos últimas tumbas pertenecen a la fase Moche III.
Como comentario final, podemos agregar que las prácticas funerarias Moche son variadas e implican a todos los integrantes de la sociedad como respuesta a la preocupación respecto a la muerte. Las diferencias están en la forma de presentación que obedece a la estructura de las clases sociales. Los sucesos o elementos comunes presentes en las ceremonias y ritos fúnebres sin distinción, indican el derecho adquirido como miembros de una sociedad cuya concepción ideológica tiende a inmortalizar el alma, a través del paso exitoso del mundo de los vivos al mundo de los muertos, tanto para los personajes de Huaca de La Luna como para los residentes de la zona urbana Moche.
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La otra área excavada estuvo en la parte superior de la sección noreste de la Huaca del Sol. Esta excavación consistió en un corte estratigráfico que dejó a la vista un basural de la ocupación Moche. Los datos que se recuperaron indican que el sistema Moche de aprovisionamiento y procesamiento de recursos de flora y fauna fue eficiente y estuvo bien organizado.
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Lima, Universidad Nacional de Trujillo y Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.
ARQUITECTURA RESIDENCIAL Y SUBSISTENCIA DE LOS HABITANTES DEL SITIO DE MOCHE: EVIDENCIA RECUPERADA POR EL PROYECTO CHAN CHAN – VALLE DE MOCHE Shelia Pozorski Thomas Pozorski
INTRODUCCIÓN
Este artículo describe las excavaciones realizadas por los autores en el sitio de Moche (valle de Moche) durante la década del 70, cuando participamos en calidad de estudiantes en el Proyecto Chan Chan – Valle de Moche, así como cuando nos desempeñamos como codirectores del Programa Riego Antiguo.
Como se están ejecutando nuevos trabajos en este sitio (Uceda et al. 1994, 1997) y acerca de la cultura Moche en general (Hocquenghem 1987; Castillo 1989; Alva 1992, 1994; Alva y Donnan 1993; Campana 1994; Uceda y Mujica 1994; Bawden 1996), es importante que estos datos, que fueron obtenidos anteriormente, sean accesibles a los estudiosos involucrados con la cultura Moche.
Aquí describiremos los resultados de tres excavaciones distintas: 1) Las excavaciones estratigráficas realizadas en la Huaca del Sol en 1973, para obtener datos sobre la subsistencia Moche, como parte de una evaluación diacrónica de los sistemas de subsistencia en el valle de Moche; 2) El trabajo de campo realizado en 1972 en el área de arquitectura residencial localizada cerca al borde sur de la llanura que se extiende entre la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna; y 3) Las excavaciones realizadas en 1979 para explorar unas estructuras similares a canales, ubicadas al sur de la Huaca del Sol, las cuales dejaron expuesto un raro pavimento formado por círculos de adobes o rosetas (Fig. 4.1).
SUBSISTENCIA MOCHE
El estudio de la subsistencia Moche formó parte de una investigación más amplia orientada a documentar cambios en la subsistencia y la dieta prehistórica en el valle de Moche (Pozorski 1976, 1979a, 1979b). Se excavaron basurales ricos en restos de flora y fauna en sitios grandes y pequeños, dentro de un esfuerzo orientado a obtener muestras de la mayoría de las principales culturas y periodos temporales de este valle. La muestra del periodo Intermedio Temprano proviene del sitio de Moche, específicamente de una zona con acumulación de basura ubicada en un área baja del lado oeste de la cima de la Huaca del Sol. Aunque pareciera inusual hallar basura en esta ubicación, el depósito fue profundo y claramente in situ. Se expusieron unos 280 cm de basura, el componente estratigráfico quedó claramente visible, y la cerámica recuperada documenta una secuencia que va desde Moche hasta Chimú Temprano (Pozorski 1976: 25, 48-50). Los sistemas de subsistencia y dieta documentada en Moche son tanto similares como diferentes al ser comparados con periodos más tempranos y más tardíos.
.
Fig. 4.1. Mapa del sitio de Moche, que presenta las ubicaciones de la excavación estratigráfica, las zonas este y oeste de arquitectura residencial y los círculos de adobes.
Recursos de Fauna
Los datos de fauna procedentes del sitio Moche indican que los mamíferos terrestres fueron la principal fuente de proteínas de la dieta (Cuadro 4.1). Esto representa la culminación de una tendencia que fue evidente, por primera vez, durante el periodo Inicial y el Horizonte Temprano en Caballo Muerto, donde los animales terrestres –venados y camélidos– devinieron más importantes aunque todavía aportaban menos proteínas que los recursos marinos (Pozorski 1976: 227-228; 1979a: 174, Tabla 1; 1983: 28-37). En el periodo Intermedio Temprano, más del 90% del volumen de la proteína animal provino de especies domesticadas de camélidos. El estiércol de camélido también fue muy abundante en la basura excavada (Pozorski 1976: 114115). Estas especies pueden ser fehacientemente identificadas como llama (Lama glama) en los tiempos Moche, debido a que estos animales han sido representados frecuentemente en el arte realista de la cerámica moldeada y pintada. A menudo muestran cabestros y se les representa cargando sacos (Bawden 1996: 66, 131; Benson 1972: 91-92; Donnan 1976: 31, 94, 99; 1978: 40, 113, 115, 129; Horkheimer 1973: lámina que mira hacia la pág. 80; Shimada y Shimada 1985: 16).
La casi total dependencia de los habitantes de las huacas de Moche a la carne de llama, sumado a la abundancia de estiércol en la basura, sugiere que hubo una gran cantidad de estos animales en la vecindad del sitio. Sin embargo, los principales rebaños de los cuales procedieron los animales consumidos en Moche, pudieron haber sido mantenidos en áreas localizadas más al interior y a mayor altitud, ahí donde la tierra no podía ser cultivada y ofrecía con mayor facilidad abundante pastura. Es probable que estos rebaños fueran controlados por el Estado moche.
En las excavaciones de la Huaca del Sol se recuperó una gran cantidad de huesos de llama, lo cual ha permitido evaluar varios factores culturales relacionados a la economía y al procesamiento de la carne de llama. Esta evaluación se basa en los datos acerca de: la edad del animal, la frecuencia de huesos quemados, la frecuencia de los tipos de hueso, y las marcas producidas por el hombre en los huesos (Pozorski 1976: 113-118; 1979b).
Se hizo una evaluación parcial de la estructura de la edad de la población de llamas en base al criterio de la fusión (se detuvo el crecimiento) o no fusión (hubo crecimiento) de las epífisis de los huesos apropiados para el estudio. En base a la secuencia de la fusión epifisial se ha desarrollado una serie de etapas concernientes a la edad (Wing 1972). Cuando los datos de los huesos procedentes del sitio de Moche se evaluaron de acuerdo a las etapas progresivas de fusión, se determinó que los animales consumidos aquí generalmente fueron adultos muy jóvenes. Estos datos relativos a la edad indican que los animales consumidos proceden de rebaños criados principalmente para producir carne. Este escenario refleja el hecho que, después que los animales fueron seleccionados como ganado de casta, hubo una mayor eficiencia en la matanza de animales de carne, tan pronto éstos alcanzaron el tamaño de un adulto. En esta edad los animales ya no ganan un peso sustancial, pero consumen un forraje valioso (Pozorski 1976: 115-116; 1979b: 150).
.
Número
Número
Peso
Volumen
% de la
Especies
de niveles
mínimo de
en
de
dieta de
.
en que se
individuos
gramos
comida
carne
.
encuentra
.
.
en cm3
.
Moluscos
.
.
.
.
.
Scutalus sp. (caracol terrestre)
12
59
40.0
118.0
+
Choromytilus chorus (choro)
8
1
7.5
+
+
Semimytilus algosus (choro)
10
7
10.0
6.5
+
Brachidontes purpuratus (choro)
8
47
15.0
23.5
+
Pinctada mazatlanica (ostra de perla)
1
1
+
–
–
Argopecten purpuratum (concha de abanico)
2
1
2.5
–
–
Protothaca thaca (almeja)
5
1
5.0
10.0
+
Eurhomalea rufa (almeja)
3
1
5.0
+
+
Mesodesma donacium (macha)
11
15
37.5
45.0
+
Donax peruvianus (almeja)
14
4514
3460.0
2257.0
2.7
Semele corrugata (almeja)
2
1
2.5
30.0
+
Fissurella sp. (barquillo, lapa)
12
11
27.5
110.0
+
Tegula atra (caracol)
9
15
25.0
15.0
+
Turbo Níger (caracol)
12
40
55.0
40.0
+
Crepidula dilatata (pique)
1
1
+
+
+
Polinices cf. Cora (caracol)
3
4
+
2.0
+
Sinum cymba (caracol)
1
1
+
+
+
Thais chocolata (caracol)
12
46
52.5
32.0
+
Thais delessertiana (caracol)
8
22
32.5
33.0
+
Cantharus cf. Inca (caracol)
6
13
7.5
+
+
Nassarius gayi (caracol)
6
8
2.5
–
–
Olivella columellaris (caracol)
1
2
+
–
–
Prunum curtum (caracol)
1
1
+
–
–
Mitra orientalis (caracol)
1
1
+
+
+
Concholepas concholepas (chanque)
1
1
5.0
+
+
Chiton (2 especies) (barquillo)
10
3
30.0
30.0
+
Crustáceos
.
.
.
.
.
Platyanthus orbignii (congrejo)
13
9
35.0
170.0
+
Balanus tintinnabulum (barquillo)
4
2
+
–
–
Peces
.
.
.
.
.
Mustelus sp. (tollo)
2
1
+
88.0
+
Rhinobatos planiceps (guitarra)
1
1
+
12.5
+
Paralonchurus peruanus (roncador)
8
2
+
372.0
+
Sciaena deliciosa (lorna)
9
3
+
577.5
+
Mugil cephalus (lisa)
3
1
+
277.5
+
Pescados no identificado
8
–
+
+
+
Aves
.
.
.
.
.
Pelicanus sp. (pelícano)
1
1
+
64.0
+
Aves no identificado
10
–
35.0
490.0
+
Mamíferos
.
.
.
.
.
Roedores
8
12
+
–
–
Cavia porcellus (cuy)
8
11
10.0
483.0
+
Canis familiaris (perro)
6
1
+
136.0
+
Otaria byronia (lobo del mar)
4
1
27.5
2898.0
3.5
LLama glama (llama)
13
5
1647.5
56644.0
68.1
Mamífero no identificado
13
–
430.0
18275.0
22.0
Valores menos que 1%
.
.
.
.
3.7
Total
.
.
.
83189.5
100.0
Cuadro 4.1. Restos de la fauna de la Huaca del Sol.
La evidencia más directa de los métodos de procesamiento de animales procede de las marcas de corte y golpes realizados en los huesos recuperados durante la excavación. Estos datos, junto con las frecuencias de tipos de hueso, pueden ser usados para reconstruir los procedimientos estandarizados que tuvieron lugar desde el momento en que la llama fue sacrificada hasta su utilización. Después que se retiró el cuero el animal fue desarticulado, usualmente cortando las articulaciones. Probablemente, gran parte de las pequeñas unidades fueron cocinadas junto con los huesos; sin embargo, la carne fue cortada de las unidades esqueletales más grandes, para reducirla a porciones manejables. Por último, los huesos grandes fueron quebrados para extraer la médula. Al evaluar la frecuencia de huesos quemados según tipos específicos de hueso y la sección del cuerpo del cual provenían, se determinó que la mayoría de huesos no estuvieron quemados. Esto puede estar relacionado con el cocimiento realizado en contenedores. Las mayores frecuencias de quemado se encuentran en las costillas y las vértebras, lo cual sugiere que estas partes del cuerpo pueden haber sido asadas. Otros huesos, especialmente los metapodios, que son anchos y densos, fueron transformados en instrumentos (Pozorski 1976: 117-118, 1979b: 156-168).
El segundo mamífero domesticado que fue consumido por los pobladores de las huacas de Moche es el cuy (Cavia porcellus) (Cuadro 4.1; Pozorski 1976: 118-119; 1979a: 175). Probablemente estos animales fueron criados en el interior y alrededor de las casas, donde se les puede mantener con sobras. Aún cuando no son un elemento dietético importante, su frecuencia indica que los cuyes fueron una alternativa popular frente a la carne de llama. Los pequeños amontonamientos de huesos de perro identificados en los materiales Moche, indican otra fuente menor de proteína animal. Aún cuando no constituyeron una fuente de alimento, los roedores fueron inusualmente abundantes y tuvieron un impacto en la subsistencia Moche. Las partes internas de las semillas de muchas plantas cultivadas, en especial la calabaza, fueron consumidas por roedores (Cuadro 4.1; Pozorski 1976: 118-119).
En la basura se recuperaron cantidades importantes de caparazones de Scutalus (caracol terrestre). Probablemente éstos fueron recolectados de las rocas y arbustos existentes en las áreas de vegetación dispersa, para ser utilizados como alimento.
Los restos de lobo marino, pelícano (Pelecanus sp.), peces y moluscos marinos, reflejan el contínuo contacto con la zona costera (Cuadro 4.1). Sin embargo, a diferencia de la situación de los sitios más tempranos, estos animales constituyeron una fuente alimenticia de mínima importancia, y proporcionaron menos del 5% del total de la proteína animal. Las especies de moluscos explotadas en el periodo Intermedio Temprano ya no fueron los tipos que proporcionaban una cantidad de carne significativa. La mayor parte de proteína provino de sólo una especie, la pequeña Donax peruvianus, una concha de la zona de orilla. Las otras especies que se encuentran en menor cantidad son, predominantemente, de los tipos de playa rocosa, lo cual, al parecer, indica que los moluscos consumidos en Moche fueron recolectados de la margen sur del río, en dirección a la punta rocosa de Salaverry, donde estas especies son comunes (Pozorski 1976: 119-120; 1979a: Tabla 1).
Recursos de flora
En el interín existente entre el periodo Inicial y la ocupación de las Huacas de Moche, siglos más tarde, hubo un pequeño cambio en el inventario total de las especies de plantas cultivadas que se utilizaron en el valle de Moche (Cuadro 4.2). En vez de ello, los cambios ocurrieron en las frecuencias de las especies, en particular de las plantas alimenticias, lo cual indica diferencias en el énfasis dietético (Pozorski 1976: 120-121).
Especies
Número de
Número de
Peso en
Volumen de
% de la
.
niveles en
semillas
gramos
comida en
dieta
.
que se encuentra
.
.
cm3
vegetal
Plantas cultivadas
.
.
.
.
.
Zea mays (maíz)
13
87 tusas
195.0
3756.5
33.6
Arachis hypogaea (maní)
5
4
15.0
22.0
+
Phaseolus vulgaris (frijol)
11
176 cáscaras
35.0
152.0
1.4
Gossypium arbadense (algodón)
10
45
42.5
–
–
Capsicum sp. (ají)
9
27 pedúnculos
+
540.0
4.8
Cucurbita sp. (calabaza)
12
894 pedúnculos
25.0
4000.0
35.8
Lagenaria siceraria (mate)
14
–
895.0
–
–
Persea americana (palta)
5
4
15.0
500.0
4.5
Inga feuillei (pacae)
4
–
2.5
+
+
Bunchosia armeniaca (cansaboca)
2
2
+
20.0
+
Psidium guajava (guayaba)
4
4
5.0
132.0
1.2
Lucuma obovata (lúcuma)
6
17
5.0
2062.5
18.4
Plantas silvestres
.
.
.
.
.
Alga no identificada
5
–
+
–
–
Cenchrus echinatus
4
15
+
–
–
Panicum sp. (grama)
1
–
+
–
–
Gynerium sagittatum (caña brava)
14
–
895.0
–
–
Scirpus tatora (totora)
5
–
2.5
–
–
Prosopis chilensis (algarroba)
10
103
+
–
–
Especies mezclados con fibras
14
–
1182.5
–
–
Plantas no identificadas
11
–
2.5
–
–
Valores menos que 1%
.
.
.
.
0.3
Total
.
.
.
11185.0
100.0%
Cuadro 4.2. Restos de los materiales orgánicos recuperados de la Huaca del Sol.
Todas las especies cultivadas que se identificaron en los sitios más tempranos estuvieron presentes en Moche, incluyendo algodón, mate, calabaza, maní, frejol común y ají. Los árboles cultivados incluyen lúcuma, palta, pacae, cansaboca y guayaba. El maíz es la única especie que ha cambiado más entre la época de la cerámica temprana y la parte Moche del periodo Intermedio Temprano. La única muestra más antigua, procedente del sitio de Gramalote, consistió en dos mazorcas; mientras que la excavación en la Huaca del Sol proporcionó casi 200 mazorcas y fragmentos. El maíz sólo fue precedido por la calabaza, que fue la planta alimenticia más abundante en volumen. El fragmento de un metate procedente del basural sólo refleja esta importancia creciente del maíz (Pozorski 1976: 121).
.
Largo en mm.
Ancho en mm.
.
Sitio arqueológico
Muestra
Tamaño
Media
Rango
Muestra
Media
Tamaño
Rango
.
.
promedio
.
.
.
.
mediano
.
Padre Abán
9
11.2
11
10-13
9
6.2
6
5-7
Alto Salaverry
122
11.0
11
8-14
136
6.6
7
5-8
Gramalote
98
12.5
12
9-17
101
7.7
7
5-12
Moche
65
16.3
16
11-18
78
9.3
9
7-12
Galindo
177
13.4
14
11-18
173
7.7
8
6-9
Chimú Temprano
45
17.2
17
14-21
59
9.1
9
7-12
Chan Chan SIAR
19
15.6
15
12-19
21
8.1
8
7-11
Chan Chan Rivero
1
17.0
17
17
1
10.0
10
10
Caracoles
133
15.5
15
12-24
141
8.6
8
7-13
Choroval
547
14.6
15
9-21
609
8.3
8
5-13
Cuadro 4. 3. Tamaño de las semillas de Curcurbita sp.
.
Largo en mm.
Ancho en mm.
.
Sitio arqueológico
Muestra
Tamaño
Media
Rango
Muestra
Tamaño
Media
Rango
.
.
promedio
.
.
.
promedio
.
.
Padre Abán
–
–
–
–
4
6.5
6
6-7
Alto Salaverry
47
15.6
15
12-18
75
7.1
7
5-9
Gramalote
9
16.1
16
15-18
10
7.4
7
7-8
Moche
107
16.4
16
14-20
115
8.0
8
6-12
Galindo
4
14.5
14
14-15
6
7.3
7
6-8
Chimú Temprano
50
16.1
16
13-21
31
8.3
8
7-11
Chan Chan SIAR
4
15.0
15
12-17
5
8.8
10
6-11
Caracoles
105
16.6
17
11-20
108
8.8
9
6-12
Choroval
253
17.5
18
10-21
256
9.8
10
6-14
Cuadro 4. 4. Tamaño de las semillas de Lagenaria sp.
.
.
Largo en mm.
.
Ancho en mm.
.
Sitio arqueológico
Muestra
Tamaño
Media
Rango
Muestra
Tamaño
Media
Rango
.
.
promedio
.
.
.
promedio
.
.
Gramalote
1
55.0
55
55
1
15.0
15
15
Moche
35
54.1
52
30-116
35
15.0
14
9-24
.
1 *
29.0
29
29
1 *
8.0
8
8
Galindo
6 *
27.2
25
24-32
6 *
9.3
9
5-16
Chimú Temprano
12
38.0
35
22-50
12
10.8
10
6-15
Chan Chan SIAR
18
42.3
36
27-72
18
12.4
14
7-18
Caracoles
42
47.6
43
27-89
42
11.6
11
5-18
.
2 *
29.5
29
29-30
2 *
7.0
5
5-9
Choroval
216
53.7
53
17-104
216
13.1
13
4-20
.
16 *
33.6
31
21-57
16 *
8.4
8
5-12
* muestras quemadas
Cuadro 4.5. Tamaño de las tusas enteras de Zea mays.
Las demás plantas cultivadas, que fueron importantes en las épocas más tempranas, mantuvieron su importancia durante el periodo Intermedio Temprano. La evaluación de la reconstrucción del aporte combinado y la frecuencia persistente de las especies de flora, revela que las plantas cultivadas como el algodón, el mate, la calabaza, el maní, el frejol y, en menor medida, el ají, fueron las especies dominantes. Dentro de las frutas, la lúcuma fue la más significativa en la dieta Moche (Pozorski 1976: 121).
Cuando se compararon las mediciones realizadas en el material florístico Moche con los datos de sitios más tempranos, se documentó un importante incremento de tamaño en algunas especies. El más dramático es el incremento de casi el 25% en el tamaño de la semilla de calabaza; pero el tamaño de la semilla del mate también muestra un ligero incremento (Cuadros 4.3 y 4.4). Todas las corontas de maíz procedentes de la basura Moche son bastante largas, y el número de hileras de los granos es también mayor y variado; por lo general es aún mayor que los ejemplares que proceden de los sitios del subsiguiente periodo Intermedio Tardío (Cuadros 4.5, 4.6 y 4.7).
Las plantas silvestres no parecen haber tenido gran importancia dentro de la dieta Moche, pero fueron usadas comúnmente como materiales constructivos. Entre éstas se incluye la caña, proveniente del área cercana al río Moche, y los tallos de la totora (Pozorski 1976: 122).
Observaciones
En base a los datos de subsistencia procedentes de la Huaca del Sol, es posible discutir tentativamente las tendencias existentes en la época Moche. Las fuentes de recursos eficientes utilizadas en los periodos anteriores, devinieron en sistemas de producción de alimentos eficientemente organizados. Con este incremento en la organización, la producción de alimento fue mayor y definitivamente más confiable.
El examen de las fuentes de proteína animal documentada en Moche revela un énfasis en la domesticación de la llama, a tal punto que las otras fuentes de carne fueron de menor importancia. Esto sugiere que este recurso estuvo siendo controlado y mantenido por el Estado moche para el abastecimiento de carne y, posiblemente, de fuerza de trabajo y lana. La estructura de la edad de los animales de carne y los patrones de las marcas de carnicería sugieren procedimientos estandarizados en este procesamiento, lo cual es otra posible característica de este control (Pozorski 1979b: 156-168). Este sistema de producción de carne tan organizado tierra adentro, produjo un grado de control y una fiabilidad en cuanto al abastecimiento de carne, lo cual no era posible para los grupos más tempranos localizados al interior, los cuales tuvieron que valerse de diversas fuentes de proteína.
Diámetro en mm.
.
.
Sitio arqueológico
Muestra
Tamaño promedio
Media
Rango
Gramalote
1
13.0
13
13
Moche
133
10.8
10
5-19
.
26 *
7.1
7
4-11
Galindo
2
7.5
7
7-8
.
336 *
7.2
7
3-12
Early Chimu
71
10.9
9
5-15
.
1 *
9.0
9
9
Chan Chan SIAR
85
8.6
8
4-15
.
102 *
6.7
7
4-10
Chan Chan Rivero
54
7.6
7
4-13
.
30 *
7.0
7
4-10
Caracoles
106
9.8
10
5-16
.
42 *
7.5
7
5-11
Choroval
362
11.4
11
4-20
.
378 *
7.9
8
4-13
* muestras quemadas
Cuadro 4.6. Tamaño de las tusas fragmentadas de Zea mays.
Porcentaje de Cada Número de las Hileras
.
.
.
Sitio arqueológico
Muestra
4
6
8
10
12
14
16
Gramalote
2
0
0
0
100.0
0
0
0
Moche
189
0
0
20.6
39.7
27.0
12.2
0.5
Galindo
344
0
1.7
49.1
43.0
4.4
1.7
0
Chimú Temprano
81
0
0
11.1
62.9
19.8
6.2
0
Chan Chan SIAR
204
1.0
2.0
48.0
47.0
1.5
0.5
0
Chan Chan Rivero
84
0
0
44.0
46.4
8.3
1.2
0
Caracoles
195
0.5
0.5
45.1
51.3
2.6
0
0
Choroval
969
0.4
0.6
38.1
56.3
4.4
0.1
0
Cuadro 4.7. Número de las hileras de las tusas de Zea mays.
Las cantidades en extremo pequeñas de los otros alimentos animales que fueron consumidos, probablemente son el resultado de la recolecta esporádica por parte de individuos o de pequeños grupos, y del riesgo en la atención de los animales. Quizás el creciente énfasis en la llama se correlaciona, en alguna medida, con el decremento de las poblaciones de moluscos, hecho documentado para el periodo Intermedio Temprano. Sin embargo, el consumo de cantidades importantes de carne de camélido durante el periodo Inicial y el Horizonte Temprano, cuando aún existían los grandes moluscos en la bahía de Huanchaco, sugeriría que la declinación de la población de moluscos no fue el único factor involucrado. Con mayor probabilidad, la carne proveniente del interior fue adoptada rápidamente dentro del inventario de alimentos animales desde épocas muy tempranas y devino popular, aún con mayor rapidez, antes que los recursos marinos tradicionales fueran menos disponibles (Pozorski 1976: 123-124; 1979a: 175).
Hay varios rasgos en los datos de las especies de flora procedentes de la Huaca del Sol, que evidencian los esfuerzos por incrementar la producción agrícola. Los canales que corresponden a los tiempos Moche y que se extienden fuera de los límites de los cultivos modernos, indican que se incorporaron a la irrigación áreas nuevas y más extensas. Estas representan una inversión considerable, en particular de trabajo, y es probable que también fueran controladas al final por el Estado moche. El algodón, el mate, la calabaza, el maíz, el maní y los frejoles comunes surgieron como las principales plantas de cultivo, debido a que pudieron ser producidas en gran cantidad en los extensos campos irrigados. Las frutas fueron relativamente menos favorecidas en términos de la producción masiva y el almacenamiento, y tuvieron menos énfasis en los tiempos Moche con respecto a los periodos más tempranos. Todos los cultígenos dominantes, excepto la calabaza, pudieron ser reducidos con éxito a formas apropiadas para su almacenaje, facilitando así la acumulación del excedente de productos agrícolas. Finalmente, el incremento en el tamaño de las semillas de los cultígenos puede indicar una selección diferencial y/o un abastecimiento de agua más importante para los campos de cultivo. La selección artificial pudo haber servido para incrementar el tamaño y la productividad, y presumiblemente para seleccionar y concentrar nuevas cualidades positivas. La expresión final de todos estos factores combinados fue un sistema agrícola en extremo eficiente en cada etapa, empezando con la apertura de nuevas tierras para la irrigación, y probablemente sujeto al control estatal (Pozorski 1976: 124-125).
Las actividades de subsistencia en el periodo Intermedio Temprano estuvieron dominadas por los esfuerzos orientados al incremento sistemático de la producción. Cuando el sitio de Moche emergió como el centro de un estado poderoso, entonces se desarrolló un sistema de subsistencia compatible que liberó a la comunidad del interior de la dependencia de la costa. Un control similar de la producción agrícola aseguró para el Estado la atención de las necesidades dietéticas restantes. Además, al contrario del nivel de organización que implicó el control del Estado moche sobre los principales sistemas de producción, los datos de subsistencia provenientes de la Huaca del Sol también documentan un persistente factor humano. Los individuos o pequeños grupos estuvieron consumiendo todavía especies menores. Probablemente ellos cuidaron sus propios pacaes o guayabas en huertos asociados a las viviendas y viajaron a la zona costeña cercana para pescar y recolectar moluscos y algas (Pozorski 1976: 125-126).
ARQUITECTURA RESIDENCIAL
Fig. 4.2. Mapa de la zona oeste de arquitectura residencial, con la localización de las Áreas 1-3.
El Proyecto Chan Chan – Valle de Moche dedicó la temporada de campo del verano de 1972 a estudiar el sitio de Moche. Theresa Topic se ocupó de la investigación acerca del sitio y de la cultura del mismo nombre para su tesis (Topic 1977 y 1982). Se realizaron excavaciones estratigráficas a gran escala cerca a la Huaca del Sol para establecer una secuencia cronológica del sitio; se descubrió y excavó el cementerio Chimú Temprano localizado entre las huacas, y se excavó un área de arquitectura residencial, que es parte de lo que hoy se conoce como un gran complejo urbano (Chapdelaine et al. 1997), como un esfuerzo orientado a determinar si el sitio de Moche fue una ciudad o un centro ceremonial (Figs. 4.1, 4.2). Shelia Pozorski, junto con Dennis Heskel, estudiante graduado de Harvard, supervisó gran parte de la excavación realizada dentro de esta arquitectura residencial, y fue responsable de la excavación y registro de tres de las áreas de arquitectura más compleja (Fig. 4.2) (Pozorski 1980). El Área 1 corresponde a un grupo de habitaciones especialmente bien conservadas, y que parece formar una sola unidad que muestra una cohesión interna; el Área 2 está formada por una fila de nichos y una plataforma cercana, así como por un recinto dividido en cuatro partes, el cual se localiza exactamente al exterior y al norte del Área 1, aunque probablemente no correspondía a ésta; y el Área 3 es un conjunto de cuatro recintos contiguos que forman el borde sur de un complejo mucho más amplio que se extendía más hacia el norte, el mismo que no fue excavado por completo. La preservación del interior del área examinada fue mucho mejor hacia el lado sur, debido a que las estructuras estuvieron cubiertas por una gruesa capa de arena eólica; y estas estructuras, que estuvieron mejor conservadas, fueron objeto de excavaciones más completas.
Toda la arquitectura aquí descrita fue construida con adobes rectangulares moldeados, hechos con sedimento arenoso marrón, los cuales tienen como medidas promedio 28 + 3 por 20 + 3 por 16 + 3 cm. Estos adobes fueron tendidos usando mortero húmedo de 2-3 cm de espesor en las juntas verticales y horizontales. La composición del mortero empleado en esta construcción es la misma que la de los adobes. La mayor parte del revoque que se ha empleado tiene un color y composición similares a los adobes y al mortero. Todas las superficies, incluyendo las exteriores de los muros, están cubiertas por una capa de enlucido de 1-3 cm de espesor.
Área 1
Es un área residencial compleja, que estuvo dividida en un recinto central, tres recintos pequeños, y un área ocupada por una plataforma elevada con nichos (Fig. 4.3). El complejo tiene forma rectangular, y las dimensiones internas son: 8,06 m de norte a sur por 8,95 m de este a oeste. En esta área
Fig. 4.4. Recinto con cuatro compartimientos visto desde el sur, donde se observan los compartimientos internos y el friso de adobes.
la preservación es excelente, y el muro este del complejo conservaba una altura de 2,33 m, la cual probablemente se aproxima a su dimensión original. No es muy claro si toda la estructura estuvo cubierta por un techo. Cerca a la cabecera del muro este y a 196 cm de altura a partir del piso del recinto central hubo una saliente que podría haber funcionado como soporte de la cubierta, junto con la parte superior de los nichos de la pared sur. Existe una importante evidencia de la infestación de termitas en las cabeceras de los muros y en la parte superior de los nichos, la cual procedería del material orgánico usado como cubierta, como es el caso de la madera y la caña. Sin embargo, no hubo evidencias de enlucidos con improntas de caña en el recinto central, aunque este tipo de hallazgos sucede por lo común en otras áreas que tienen cubiertas.
La entrada hacia la parte que fue excavada en el Área 1 fue a través de la esquina noroeste, donde se desciende 43 cm al interior del recinto central, a partir de una plataforma de entrada y pasando un vano de 108 cm de ancho. Sin embargo, esta entrada no parece ser el verdadero acceso exterior –el cual probablemente se localiza debajo de una gran duna de arena–, sino más bien un acceso interno de un área de ingreso formada por la plataforma de entrada. Esta interpretación es sugerida por el hecho que el muro que forma el lado norte de esta entrada tenía 181 cm de altura, sobre la plataforma de entrada; pero el muro que forma el lado sur de la entrada tenía sólo 96 cm de altura, a partir del piso de la mencionada plataforma, lo cual permitió visualizar fácilmente el espacio comprendido entre esta plataforma y el recinto central.
Cuando uno se desplaza en círculo alrededor de la parte interna del Área 1, puede hallar numerosos recintos y rasgos: un pequeño recinto dividido en cuatro compartimientos, una plataforma elevada con nichos, un muro con nichos, un área de molienda, posibles plataformas para dormir, un depósito, y adicionalmente una posible plataforma para dormir o dormitorio. Cada una será descrita en adelante siguiendo el orden de las agujas del reloj.
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EL RECINTO PEQUEÑO CON CUATRO COMPARTIMIENTOS
Fig. 4.5. Planos y perfiles de los dos recintos con cuatro compartimientos ubicados en la zona arquitectónica oeste.
A lo largo del muro oeste del Área 1 hay un pequeño recinto de forma rectangular, que está dividido internamente en cuatro compartimientos (Figs. 4.3 a 4.5). Las dimensiones internas promedian 1,59 m de norte a sur por 1,88 m de este a oeste, y el piso está aproximadamente a 26 cm por debajo del piso del recinto principal. Cada uno de estos pequeños compartimientos fue delimitado, al menos en tres de los lados, por la estructura central en forma de cruz y por los salientes que se alinean en tres de los lados del recinto. Los compartimientos tienen diferentes dimensiones: el más pequeño, ubicado al suroeste, mide 63 cm de norte a sur por 83 cm de este a oeste, y el más grande, localizado al noreste, mide 77 cm de norte a sur por 96 cm de este a oeste. La estructura en forma de cruz y las salientes tienen una altura que oscila entre 25 a 33 cm sobre el piso del recinto, excepto la saliente oeste del compartimiento que se halla ubicado al noreste, la cual mide 41 cm de altura.
El recinto estuvo cubierto por un techo a un nivel aproximado de 57 cm sobre el piso. Esta interpretación se sustenta en los abundantes fragmentos de enlucido con marcas de caña que se hallan en el fondo de los compartimientos y exactamente sobre el piso. Esta cubierta se apoyaba en los muros sur y este del recinto y en dos columnas de adobe, una que se encuentra en la esquina noroeste y la otra junto al muro oeste (Fig. 4.5). El muro oeste presentaba dos depresiones cerca a la cabecera, donde los adobes fueron colocados dejando un amplio espacio entre sí, y estas depresiones pudieron haber servido para ubicar maderos que sirvieran de apoyo a la cubierta. El acceso al recinto se hizo a través de una abertura localizada en el techo, desde la cual se pudo alcanzar el contenido con facilidad.
La parte superior del muro norte estuvo decorada con un friso elaborado con adobes dispuestos siguiendo un diseño calado, el cual está formado por tres rombos separados por barras verticales (Figs. 4.4, 4.5). La parte del friso que no estuvo cubierta por el techo fue rellenada después, posiblemente al mismo tiempo que se rellenó y enlució una ventana localizada en el muro oeste.
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PLATAFORMA ELEVADA CON NICHOS
En la esquina suroeste del Área 1 hay una plataforma cuadrada con pares de nichos en los lados oeste y sur (Fig. 4.6). La plataforma mide 195 cm de norte a sur por 195 cm de este a oeste. Los dos pares de nichos fueron construidos antes que la plataforma. Ambos nichos del lado sur también forman parte del gran muro que tiene nueve nichos, el cual corresponde al lado sur del Área 1. De los cuatro nichos que están alrededor de la plataforma, el par del lado sur presentan dimensiones más próximas entre sí, pues tienen 38 cm de profundidad (de adelante hacia atrás) y 63 cm y 61 cm de ancho, respectivamente. Los dos nichos del lado oeste son más variables, pues el nicho sur tienen 38 cm de profundidad y 71 cm de ancho, y el nicho norte 26 cm de profundidad por 71 cm de ancho. Cuando se construyó la plataforma, ésta encajó en la esquina al sur del recinto con cuatro compartimientos, y elevó el piso del área cercana a los cuatro nichos hasta una altura de 56 cm por encima del piso del recinto central (ver Fig. 4.3). En consecuencia, se hizo el correspondiente ajuste en los nichos, elevando los pisos hasta una altura de 26 a 30 cm sobre la superficie de la plataforma. Los muros laterales de los nichos fueron ampliados hasta una altura máxima de 168 cm encima del piso del recinto central.
Fig. 4.6. Vista desde el noreste de la plataforma elevada con nichos, ubicada en la esquina suroeste del Área 1.
MURO CON NICHOS
La construcción del muro sur del Área 1 se basó en la creación de los nueve nichos, que ocupan el largo total de la pared (Figs. 4.3, 4.7). Esto es evidente a partir de la secuencia constructiva. Primero se construyó una banqueta de aproximadamente 52 cm de ancho y alrededor de 60 cm de altura sobre el piso del recinto central. En segundo lugar, sobre la banqueta se habilitaron las columnas que formaron las paredes de los nichos, llegando a una altura de 170 cm sobre el piso del recinto central. Finalmente, se completó el muro sur del Área 1, rellenando los espacios existentes entre las columnas y añadiendo dos capas de adobes puestos de canto para alcanzar la altura total del muro, que se conserva hasta 2,23 m sobre el piso del recinto central. Los siete nichos ubicados al exterior de la esquina suroeste de la plataforma presentan dimensiones bastante consistentes, con profundidades (de adelante hacia atrás) de 37-38 cm, anchos de 67-72 cm, y alturas de 59-62 cm sobre el piso del recinto central.
ÁREA DE MOLIENDA
A lo largo del muro sur y al interior del recinto central, existe un rasgo en el piso que está formado por dos piedras colocadas dentro del piso, las cuales fueron enlucidas y están rodeadas
Fig. 4.7. Vista desde el oeste del muro sur del Área 1, con los nueve nichos, el área de molienda y las plataformas para dormir (camas).
por un borde de 10 cm de altura, elaborado con fragmentos de adobe y luego enlucido, y colindan con el muro sur (Figs. 4.3, 4.7). La piedra más grande mide 22 cm de norte a sur por 40 cm de este a oeste, en tanto que la más pequeña, ubicada al sur de la anterior, sólo tiene 5 cm de diámetro. Este rasgo se adapta bien a la actividad de molienda. El borde pudo haber servido para contener el material molido en la piedra más grande, la cual presenta un desgaste alisado debido al uso.
PLATAFORMAS PARA DORMIR
Fig. 4.8. Vista desde la parte superior de la plataforma (cama) más baja.
Dos plataformas rectangulares bajas ocupan la esquina sureste del Área 1 (Figs. 4.3, 4.8, 4.9). La plataforma más alta mide 212 cm de norte a sur por 93 cm de este a oeste y 39 cm de altura, y está junto a los muros este y sur del recinto central. Existe un compartimiento pequeño, formado por dos muros adjuntos al borde norte de la banqueta más alta y al muro este del recinto central, el cual mide 37 cm de norte a sur por 59 cm de este a oeste y 56 cm de altura. Este fue mal elaborado y no presenta enlucido, lo cual sugiere que fue construido después que el resto del Área 1. La plataforma de menor altura, que mide 212 cm de norte a sur por 100 cm de este a oeste y 19 cm de altura, se ubica inmediatamente al oeste de la plataforma alta. Cerca al extremo norte de la plataforma baja existe una posible cabecera de adobe (Fig. 4.8). Esta se compone de 1 1/2 adobes arreglados de tal manera que la superficie se inclina gradualmente en dirección sur. El tamaño y la forma de las dos plataformas, así como la presencia de la posible cabecera, sugieren que ambas pudieron haber funcionado a modo de plataformas para dormir.
DEPÓSITO
Fig. 4.9. Vista desde el sur del lado este del Área 1, que presenta las plataformas (camas) y la entrada al recinto de almacenamiento ubicado en la esquina noreste.
El recinto rectangular que está en la esquina noroeste del Área 1 contiene varios rasgos que probablemente están relacionados con el almacenamiento (Figs. 4.3, 4.9 a 4.11). Las dimensiones internas son de aproximadamente 3,30 m de norte a sur por 3,03 m de este a oeste, y el piso está 10 cm más alto que el del recinto central. El acceso al depósito se realizó por medio de un vano con escalón, localizado en el muro sur. La abertura tiene 54 cm de ancho, y el umbral tiene 44 cm sobre el piso del recinto central.
Al interior del recinto de la esquina noreste hay tres rasgos que al parecer sirvieron para el almacenamiento, y todos están bien dispuestos para ser fácilmente accesibles desde el interior del recinto. Existe un conjunto de tres compartimientos a lo largo del muro este del recinto. Las dimensiones internas (norte-sur por este-oeste) son 76 cm x 48 cm para el compartimiento norte, 64 cm x 48 cm para el compartimiento central, y 59 cm x 61 cm para el compartimiento sur, y los muros laterales varían entre 92 a 98 cm de altura. La dimensión este-oeste es mayor en el caso del compartimiento sur, debido a que éste carece del muro frontal (oeste). Aunque parte del muro frontal (oeste) del compartimiento norte tiene la misma altura que los muros laterales, es más probable que las paredes frontales fueran más bajas porque los compartimientos tuvieron cubierta; asimismo, el acceso hubiera sido imposible si los muros norte, oeste y sur de cada compartimiento hubieran tenido la misma altura. El muro oeste del compartimiento central tiene 58 cm de altura, y la cabecera del muro está ligeramente desgastada, lo cual indica que este compartimiento fue usado activamente estando el muro a esa altura.
Fig. 4.10. Vista desde el oeste de la fila de tres arcones, localizados en el lado este de la esquina del recinto de almacenamiento. El patrón del enlucido del muro que está detrás de estos arcones indica que tuvieron cubiertas, y que hubo una segunda fila de tres arcones encima de los que están preservados.
Tanto el patrón de la pérdida del enlucido del muro como la presencia de abundantes fragmentos de enlucido con marcas de caña en los pisos de los compartimientos, indican que hubo una segunda fila de tres compartimientos sobre los ya existentes (Fig. 4.10). Los fragmentos de enlucido con marcas de caña aún están adheridos al muro este en la parte posterior de los compartimientos, donde estuvieron localizados el piso, los costados y probablemente la cubierta de estos compartimientos. Tomando como referencia el patrón de la pérdida del enlucido de los muros, parece ser que el piso de los compartimientos superiores –el cual habría formado, a la vez, la cubierta de los inferiores– tuvo 11-12 cm de espesor; asimismo, que los muros laterales de la fila superior de compartimientos alcanzaron una altura de alrededor de 157 cm sobre el piso del recinto ubicado en la esquina noreste, y que la cubierta de los compartimientos superiores tuvo 8 cm o más de espesor. Este diseño de dos filas de compartimientos expresa un uso muy eficiente del espacio de almacenamiento.
A lo largo del muro norte del recinto que está en la esquina noreste (Fig. 4.3), hay una banqueta de 41 cm de ancho y 63 cm de altura sobre el piso de este recinto. Existen dos pilastras que dividen la superficie de la banqueta en tres nichos, dos de los cuales alcanzan un ancho de 73 cm y uno (en el límite este) tiene 70 cm de ancho (Fig. 4.11). Las evidencias de enlucido con marcas de caña, existentes en el muro localizado encima de las pilastras, indican que estos elementos soportaron también una cubierta de alrededor de 8 cm de espesor en la parte superior de los nichos.
El recinto de la esquina noreste presenta en la esquina interna suroeste un cuarto pequeño de forma rectangular, que probablemente fue usado para almacenamiento (Fig. 4.11). El cuarto tiene como dimensiones internas 2,1 m de norte a sur por 1,33 m de este a oeste. Los muros oeste y sur están formados por los muros del recinto mencionado al inicio, pero los muros norte y este son considerablemente más delgados y cortos, midiendo 94 cm y 98 cm de altura, respectivamente, a partir del piso del cuarto, el cual es 6 cm más alto que el piso del recinto más grande. El acceso al cuarto pequeño se realizó a través de un pequeño vano con escalón, ubicado cerca al extremo norte del muro este. El vano mide 44 cm de ancho, y el umbral elevado está a 38 cm por encima del piso del cuarto de almacenamiento localizado en la esquina suroeste. Este pequeño cuarto tuvo una cubierta o techo que se apoyaba en los muros norte y este y en dos pilastras de adobe, una de las cuales tiene 92 cm de altura y se localiza en la esquina suroeste del cuarto y la otra, que es mucho más baja y está evidentemente destruida, se localiza junto al muro oeste.
Fig. 4.11. Vista desde el sur de los nichos y el pequeño cuarto esquinero ubicado en el sector noreste del recinto de almacenamiento.
La evidencia adicional de cubiertas corresponde a los fragmentos de enlucido con marcas de caña que han sido recuperados cerca del piso del recinto, así como a una línea de enlucido con marcas de caña que está adherida a los muros oeste y sur del cuarto, justamente encima de las pilastras. El grosor de esta línea indica que el techo o cubierta del cuarto tuvo entre 7 a 9 cm de espesor. También es probable que esta gruesa cubierta, colocada apenas a más de un metro sobre el piso del recinto circundante, fuera usada bien como un espacio de trabajo o como un espacio adicional de almacenamiento.
El recinto de la esquina noreste fue bien planeado y bien construido para cumplir una variedad de funciones relacionadas con el almacenamiento. Entre los rasgos que tienen que ver con el almacenamiento dentro de la estructura del Área 1 en su conjunto, este recinto es el más alejado en relación a la estructura de entrada, y su acceso es el más restringido. Los nichos a lo largo del muro sur del recinto central son más accesibles debido a que están abiertos hacia todo el recinto. Los nichos de la esquina suroeste son un tanto menos accesibles, debido a que para llegar hasta ellos se debe ascender sobre la plataforma y hacia un área relativamente cerrada. El pequeño recinto dividido en cuatro compartimientos, y que está asociado al muro oeste, estuvo cubierto y sólo fue accesible mediante una abertura existente en la cubierta. De este modo, su contenido no era fácilmente visible desde el interior del recinto central. El acceso hacia el recinto de la esquina noreste estuvo restringido inicialmente por una entrada escondida que fue creada alargando el muro sur con la hilada de compartimientos. Al interior del recinto de la esquina noreste, las estructuras de almacenamiento presentan una accesibilidad variable. Los dos niveles de compartimientos asociados al muro este, y especialmente los nichos abiertos que se integran a la estructura en forma de banqueta y se asocian al muro norte, parecen mostrar contextos de almacenamiento más abiertos y accesibles. El cuarto pequeño y oscuro de la esquina suroeste es mucho más encerrado y restringido. Con la cubierta en su lugar, la entrada a este pequeño cuarto esquinero se habría efectuado por medio de una abertura de sólo 60 cm de altura y 44 cm de ancho aproximadamente. No obstante, dentro del gran recinto de la esquina noreste en general, los diversos rasgos relacionados con el almacenamiento están dispuestos cuidadosamente, para maximizar el uso efectivo del espacio interno del recinto y para permitir el acceso a cada estructura desde la parte central del mismo.
DORMITORIO NORTE
Fig. 4.12. Vista desde el este de la gran plataforma para dormir (cama) ubicada en el dormitorio norte. Las grandes ventanas de los muros sur y oeste estuvieron selladas y fueron reemplazadas por aberturas más pequeñas.
El posible “dormitorio principal” de esta estructura es un cuarto rectangular asociado al muro norte (Figs. 4.3, 4.12), el cual mide aproximadamente 1,90 m de norte a sur por 3,28 m de este a oeste. El muro norte es, a la vez, el muro norte principal del Área 1, que es el más alto, con una altura de 1,86 m sobre el piso del dormitorio, el cual está a 48 cm más alto que el piso del recinto central. Los muros oeste, sur y norte tienen alturas semejantes, y miden 1,60 m, 1,68 m y 1,60 m, respectivamente, tomando como referencia el piso del dormitorio. Los muros sur y oeste de este cuarto presentan grandes vanos o ventanas, que fueron posteriormente sellados con adobes y luego enlucidos. El único vano del muro sur estuvo a 126 cm sobre el piso del cuarto y tiene 54 cm de ancho. Los dos vanos del muro oeste estuvieron a 127 cm sobre el piso del cuarto y tienen 48 cm de ancho. Ninguna de las ventanas selladas conservan su altura total. Aparentemente, las ventanas selladas de mayor dimensión fueron reemplazadas por vanos mucho más pequeños y más bajos, que fueron habilitados en los muros (Fig. 4.12). El vano del muro sur está a 89 cm sobre el piso del cuarto y mide sólo 18 cm de ancho y 13 cm de altura. Los dos pequeños vanos del muro oeste se ubican a aproximadamente 87 cm sobre el piso del cuarto, y también miden alrededor de 18 cm de ancho y 13 cm de altura. Los tres pequeños vanos fueron habilitados ampliando el espacio existente entre dos adobes.
El acceso al cuarto se realizó mediante un vano que está cerca a la parte central del muro sur. El vano es del tipo escalonado, sin un umbral preparado de manera especial, y la superficie inferior está muy desgastada por el tránsito. Hacia el exterior del vano hay una grada que ayuda a salvar la diferencia de 48 cm existente entre el piso del dormitorio y el del recinto central. En realidad esta es una abertura o un asidero para el pie en vez de una verdadera grada, y fue creada removiendo un adobe del paramento del muro para habilitar un hoyo a una altura de 24 a 70 cm por debajo del umbral. La superficie de este hoyo también estuvo muy desgastada por el uso.
Este cuarto se describe como un dormitorio, debido a la plataforma baja que ocupa todo el espacio del piso localizado al oeste del vano y dentro del cuarto. Esta plataforma mide 192 cm de norte a sur por 135 cm de este a oeste y tiene 30 cm de altura. Al igual que las plataformas ubicadas en la esquina sureste del recinto central, esta estructura se interpreta como una plataforma para dormir posiblemente por dos personas. Los muros que rodean la probable cama estuvieron decorados con un enlucido amarillo, cuyo color fue diferente al del enlucido y mortero de tono marrón claro utilizados en el Área 1. En los muros sur y oeste, este enlucido amarillo fue aplicado sobre el enlucido original de color marrón claro, hasta una altura de aproximadamente 47 cm sobre la plataforma. En el muro norte, el enlucido amarillo se extendió a mayor altura alcanzando un máximo de alrededor de un metro, y fue aplicado siguiendo un patrón escalonado. Un enlucido amarillo semejante fue registrado en el paramento sur del muro que forma el lado este del vano de acceso, y posiblemente sobre la superficie de la plataforma para dormir.
Al interior de la esquina noreste del cuarto se descubrió una olla de pasta roja corriente, la cual estuvo empotrada en el piso y fijada sólidamente en su lugar con enlucido. Al ser removida ya estaba rota, pero su diámetro original fue de aproximadamente 24 cm y la altura de unos 30 cm.
Observaciones sobre el Área 1
El Área 1 es la unidad arquitectónica de mayor cohesión interna en ser excavada durante esta campaña. Esta fue cuidadosamente planificada y dispuesta, y asimismo fue construida como una sola unidad, mediante el uso de una combinación de elementos arquitectónicos, muchos de los cuales son conocidos en otros sectores arquitectónicos de Moche. Las estructuras internas fueron construidas para ser usadas como tales, y su remodelación fue muy infrecuente. Estas incluyen casi todos los elementos que uno podría esperar en una residencia de, relativamente, alto estatus: áreas para dormir, una variedad de áreas para almacenamiento, y algunas evidencias de preparación de comida. No se hallaron hornos para cocinar o para calefacción, posiblemente debido a que éstos se hallaban en un sector del recinto central que no fue excavado, o al exterior del área de dormir y de almacenamiento, en el área de la plataforma más visible que se ubica al noroeste, la cual tampoco fue excavada completamente.
El Área 1 es también la unidad arquitectónica mejor preservada de cuantas fueron excavadas. Su conservación excepcional y la cohesión de la estructura, permite usarla como un ejemplo o modelo que cumple el propósito de: 1) Discernir las asociaciones o patrones entre las estructuras arquitectónicas que también existen en otros lugares y 2) Interpretar y reconstruir tentativamente los ejemplos que están menos preservados o los rasgos similares existentes en otras áreas arquitectónicas.
Área 2
El Área 2 se extiende inmediatamente al norte del Área 1 (Fig. 4.2). Consiste de una serie de nichos, una plataforma y un pequeño recinto partido en cuatro compartimientos. Estos tres rasgos se adosan al mismo muro este-oeste, que todos comparten con la estructura del Área 1.
MURO CON NICHOS
Los detalles constructivos indican que la fila de cuatro nichos fue construida antes que el recinto dividido en cuatro compartimientos. Los nichos tienen dimensiones relativamente consistentes, y miden 53 cm de norte a sur por 22-24 cm de este a oeste, con una altura promedio de 90 a 93 cm sobre el piso que les rodea. Estos fueron construidos habilitando, en primer lugar, una banqueta junto al muro que está inmediatamente al sur, y luego añadiendo las columnas que forman los muros laterales de los nichos.
PLATAFORMA
Hacia el oeste de la fila de nichos hay una plataforma que sólo fue excavada parcialmente. La plataforma linda con el muro nichado oeste, mide 162 cm de este a oeste y tiene 23 cm de altura. Su dimensión norte-sur es desconocida porque su extremo norte no fue excavado debido a la gran acumulación de dunas arenosas que cubren la plataforma.
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Fig. 4.13. Detalle del grabado Moche, incidido en la superficie del muro que está debajo de los nichos, en el Área 2.
DISEÑOS INCISOS MOCHE
A unos 40 cm por debajo de la parte media del segundo nicho, empezando por el oeste, se descubrió un diseño inciso en el paramento del muro que forma la parte frontal de los nichos (Fig. 4.13). Este es de forma rectangular, y mide alrededor de 17 cm de longitud y 5 cm de altura. El diseño consiste en dos motivos escalonados de tres gradas, que presentan triángulos en el centro, uno de los cuales está asociado a un posible espiral abstracto. Todo el diseño está enmarcado por una línea que define un rectángulo.
RECINTO DIVIDIDO EN CUATRO COMPARTIMIENTOS
Fig. 4.14. Vista desde el norte del recinto con cuatro compartimientos del Área 2. Los hoyos ubicados en el muro sur y las depresiones correspondientes en el muro norte, probablemente sustentaron maderos que sirvieron como soporte de una cubierta. La entrada al recinto probablemente se hizo por la esquina suroeste donde hay gradas formadas por un conjunto de adobes.
Al igual que el recinto del Área 1, éste tiene forma rectangular y está dividido por muros de adobe en cuatro cuadrantes (Figs. 4.2, 4.4, 4.14). Aparentemente, el extremo este de la fila de nichos fue destruido para dejar un espacio destinado a la construcción del muro oeste del recinto.
Este recinto mide aproximadamente 2,30 m de norte a sur por 2,65 m de este a oeste. Se encuentra dividido por muros que se cruzan en ángulos de 90°. El muro divisorio orientado de este a oeste es muy bajo, y mide más o menos 50 cm, permitiendo un fácil acceso de norte a sur entre las cámaras. El muro divisorio norte-sur es considerablemente más alto y tiene 130 a 133 cm; sin embargo, el movimiento de este a oeste a través del mismo se realizó por un vano de 37 cm de ancho, localizado cerca al centro del muro.
Existe una buena evidencia que esta estructura estuvo cubierta por un techo. En el piso se hallaron fragmentos de enlucido con marcas de caña y cuerdas de junco. Además hay hoyos en el muro sur y otras depresiones correspondientes en el muro norte, que probablemente sirvieron para sujetar los maderos que soportaron el techo. Todos los muros de la estructura parecen preservar la altura original y no hay evidencia de vanos. Por tanto, el acceso se realizó probablemente a través del techo. Esto es más probable en la esquina sureste, donde hay un conjunto de adobes que forman dos escalones sobre el piso del recinto. El borde interno del muro este, localizado sobre los adobes, estuvo desgastado a causa del tráfico, en la medida que, aparentemente, la gente caminó desde la cabecera del muro hacia los adobes. Una vez que se alcanzó el interior, el acceso a los cuatro cuadrantes fue factible mediante el muro bajo este-oeste y el vano habilitado en el muro norte-sur, que tiene mayor altura.
Área 3
Se extiende hacia el norte de las Áreas 1 y 2 (Fig. 4.2). Consiste de una fila de cuatro recintos y plataformas que comparten el mismo muro sur. El recinto Este es el más elaborado y poco común debido a la secuencia de remodelaciones, y es el único que describiremos aquí.
Mide 2,35 m de norte a sur por 3,10 m de este a oeste. El recinto contuvo originalmente hiladas de compartimientos tanto en el lado norte como sur, con un pasadizo entre ellos. Los tres compartimientos de la pared sur tienen un tamaño relativamenten uniforme, de 63-64 cm norte a sur por 54-57 cm este a oeste. Cuando se excavaron los compartimientos, los muros fueron registrados entre 17 a 19 cm sobre el piso de los mismos, que –a su vez– es 14 cm más bajo que el piso del recinto, siendo ambos contemporáneos. Sin embargo, los muros tuvieron una altura mayor en su momento. La configuración del enlucido del muro sur del recinto, indica que los muros de los compartimientos tuvieron originalmente 93-95 cm de altura.
Se registraron cuatro compartimientos asociados al muro norte del recinto, los cuales estuvieron casi totalmente destruidos, y los tamaños se determinaron a partir de las evidencias de enlucidos que quedaban en el piso. Debido a ello, las mediciones son menos exactas y las dimensiones de los compartimientos parecen ser más variables. Las dimensiones norte-sur varían entre 60 a 67 cm y las dimensiones este-oeste varían entre 46 a 61 cm. Los pisos de los compartimientos se elevan hasta 35 cm sobre el piso del recinto. Casi todos los muros de los compartimientos han sido destruidos; los restantes tienen 26-28 cm de altura, medida a partir de los pisos de estas estructuras.
La destrucción de los muros laterales de los compartimientos ubicados al norte y la nivelación de los compartimientos del sur, hasta una altura menor de 20 cm, revelan que hubo una considerable remodelación del recinto este del Área 3. Esto implicó la destrucción casi total de los compartimientos localizados al norte, hasta la altura de los pisos elevados que están a 35 cm encima del piso del recinto original, así como el truncamiento de los compartimientos del lado sur. Luego, todo el recinto fue rellenado hasta el nivel de los compartimientos truncados del lado sur, creando de esta manera un nivel superficial sin rasgos internos que se extendió más hacia el oeste de los límites originales del recinto.
Observaciones
Los recintos y estructuras aquí descritos documentan numerosas actividades, especialmente un gran volumen de almacenamiento, y una variedad de contextos asociados a esta función. Se sabe que varias de las estructuras –nichos, compartimientos y, especialmente, los recintos hundidos con cuatro compartimientos– se repiten en las grandes unidades arquitectónicas. Sin embargo, aún en los casos de los recintos con cuatro compartimientos, que guardan ciertas semejanzas entre sí, hay una considerable diferencia en lo que respecta a los detalles. Esto sugiere que los constructores compartieron una idea general acerca de los elementos que fueron esenciales para este tipo de recintos, incluyendo la división cuatripartita, una cubierta y una entrada habilitada en la cubierta. Sin embargo, algunos detalles, como las alturas de los muros internos, pudieron variar considerablemente.
Los datos que presentamos aquí también sugieren que habría existido un patrón respecto a la asociación de rasgos específicos. Por ejemplo, las estructuras similares a casas del Área 1 y el Área 2, incluyen inmediatamente al norte un recinto con cuatro compartimientos, una plataforma elevada y una fila de nichos, todos muy próximos entre sí. Esto sugiere que, en un nivel más general, hubieron muchas ideas o creencias compartidas de que ciertas estructuras mayores o conjuntos de estructuras fueron vitales para cada complejo arquitectónico integrado. El Área 1 bien puede representar, en especial, la versión idealizada y desarrollada de lo que debe contener un complejo arquitectónico integrado. El Área 1 es diferente a las Áreas 2 y 3, porque ambas presentan evidencias de un importante remodelamiento, para añadir el recinto con cuatro compartimientos en el Área 2, y para cubrir los compartimientos y cambiar la función del recinto Este en el Área 3. El Área 1 parece haber estado mejor concebida y planificada antes de su construcción. Esto se puede ver en los muros del sur, donde los nueve nichos fueron habilitados en el muro conforme éste iba siendo construido, así como en la falta de remodelaciones importantes en la estructura.
PAVIMENTO DE CÍRCULOS DE ADOBES TRIANGULARES
Fig. 4.15. Plano de los círculos o rosetas hechas con adobes triangulares, los cuales formaron un pavimento o patio en la pampa localizada al sur de la arquitectura residencial.
En 1979, durante la exploración y excavación de posibles canales en la margen sur del valle, dentro de las investigaciones del Programa Riego Antiguo, descubrimos accidentalmente un área excepcional, con estructuras arquitectónicas elaboradas con adobes triangulares. Esta área está localizada junto a los cultivos modernos y en el borde sur del sitio, a unos centenares de metros al sur de la arquitectura que excavamos y que hemos descrito anteriormente.
Cada estructura es un círculo o roseta hecho con adobes triangulares, y todos fueron hallados bajo unos cuantos centímetros de arena eólica (Figs. 4.15, 4.16). Se descubrió un total de 13 círculos, dispuestos en un patrón irregular dentro de un área que mide alrededor de 15 m de este a oeste y 4 m de norte a sur. La evidencia superficial de adobes disturbados y erosionados, se extiende hasta 13 m hacia el oeste y a 28 m hacia el este de la excavación realizada en el área, donde están los círculos intactos. Hubieron tiestos erosionados de color rojo, dispersos en la superficie existente entre los círculos de adobes, algunos de los cuales probablemente pertenecen a la cultura Moche, mientras que otros no fueron diagnósticos.
Los círculos excavados tuvieron un diámetro original de 75-85 cm. Aunque sólo hubieron tres intactos, es evidente a partir de éstos y de los círculos preservados en forma parcial, que cada uno contenía 10 adobes triangulares. Las mediciones de los adobes triangulares, muestran que la longitud de los lados mayores de cada triángulo varía en un rango ubicado entre 33 y 38 cm con un valor medio de 35-36 cm. El lado más corto de cada adobe mide entre 22 a 26 cm de longitud con una media de 24 cm. La longitud de cada adobe desde el punto de unión de los dos lados de mayor longitud hacia el centro del lado corto, varía entre 30 a 37 cm con una media de 33-34 cm. El grosor de los adobes triangulares fluctúa entre 9 cm a 18 cm con una media de 15 cm. Las proporciones de los lados y la altura de estos adobes caen en el rango de medidas de adobes Moche, y proporcionan la mejor evidencia para datar estas estructuras. No se han hallado otros adobes triangulares en el valle de Moche (C. Campana, comunicación personal, 1999), ni en otro sitio del Perú.
La excavación realizada junto a y debajo de cuatro de los círculos mejor conservados, reveló que todos fueron construidos sobre arena eólica estéril. No hay evidencia que sugiera que estos círculos fueran algo distinto a estructuras superficiales. Dado el carácter único de estas estructuras, y a la ausencia de asociaciones con otros rasgos arquitectónicos o evidencias artefactuales, es difícil interpretar su función con precisión. Por lo menos, parecen ser una suerte de pavimento superficial especial o patio que, tal vez, tuvo un significado conocido sólo para sus constructores.
CONCLUSIONES
Fig. 4.16. Vista de los tres círculos hechos con adobes triangulares, en la pampa localizada al sur de la arquitectura residencial.
Este artículo pone a disposición de los investigadores los resultados previos y aún no publicados del trabajo de campo realizado en el sitio de Moche en la década de los años 70. Los datos sobre la subsistencia son útiles a nivel local, porque proporcionan información acerca de los recursos de flora y fauna utilizados por la gente que vivía en el sitio de Moche. A nivel general, estos datos posibilitan la determinación de la dieta y de las prácticas de subsistencia Moche, dentro de un marco mayor de las culturas más tempranas y más tardías en el valle de Moche.
Los resultados de las excavaciones efectuadas en la arquitectura residencial, así como para exponer el pavimento de adobes, aumentan el corpus de datos en rápido incremento, el cual literalmente está “cubriendo la brecha” mediante la exploración de la extensa pampa ubicada entre la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna. La información proveniente de la estructura del Área 1, que está excepcionalmente bien conservada y tiene cohesión interna, contiene el potencial necesario para contribuir con datos básicos que ayuden a la interpretación de los casos de estructuras similares menos preservadas, y para proporcionar un ejemplo especialmente armonioso de lo que podría ser la “plantilla mental” Moche acerca de la combinación particular de rasgos arquitectónicos.
(Traducción: César A. Gálvez Mora)
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Introducción: El adobe es una forma tradicional de mampostería no reforzada que ha sido usada desde tiempos ancestrales. Sin embargo, las construcciones de adobe presentan elevada vulnerabilidad sísmica debido a su baja resistencia a tracción, a la elevada fuerza inercial movilizada y a su comportamiento frágil. En efecto, la observación post-sismo muestra que las construcciones de adobe sufren repetitivamente grandes daños, ej.. Teniendo en cuenta que los ensayos experimentales de mampostería son costosos, una buena forma de analizar su comportamiento es a través del modelamiento numérico. Sin embargo, una cantidad mínima de experimentos debe ser realizada para permitir la calibración y validación de los modelos. Por otro lado, la mampostería de adobe se caracteriza por presentar una elevada variabilidad en sus propiedades mecánicas, aspecto que tiene que ser considerado tanto en los experimentos como en la simulación numérica. En el caso de construcciones arqueológicas la variabilidad geométrica se incrementa, la cual puede ser original, o asociada a procesos de degradación del material por su exposición en el tiempo. Las construcciones masivas de adobe en Perú son un ejemplo evidente de esta variabilidad.
El presente artículo estudia la caracterización del material que constituye el sistema estructural de uno de los complejos arqueológicos de tierra más emblemáticos del Perú: La Huaca de la Luna . La Huaca se construyó entre los años 100 y 650 D.C. y se encuentra localizada en la costa norte del país, a 8 kilómetros del centro de la ciudad de Trujillo. Este sitio arqueológico fue uno de los templos más importantes de la cultura pre-i ca Mochica I-IX D.C.) [7] y es particularmente importante en la actualidad por su fachada decorada muy bien preservada y su sistema de construcción con templos superpuestos en sucesivos periodos.
Las construcciones patrimoniales de adobe en Perú, y en particular la Huaca de la Luna por su ubicación en la costa norte, están altamente expuestas a la acción de los sismos así como a fenómenos meteorológicos, ej. el Niño. Este estudio es parte de un análisis integral de la seguridad símica del monumento y contribuye con la caracterización del sistema de albañilería de adobe arqueológico. Asimismo, en este estudio se proponen propiedades mecánicas del sistema de albañilería que serán de utilidad para los futuros trabajos de análisis numérico predictivo en este monumento.
Titulo original del artículo: Análisis mecánico de albañilería arqueológica de adobe bajo cargas de compresión uniaxial: El caso de Huaca de la Luna . Autores: Eduardo Ramírez Mijail Montesinos Rui Marques Ricardo Morales Santiago Uceda Paulo B. Lourenço Rafael Aguilar
ABSTRACT
This article presents an experimental and numerical study for the mechanical characterization under uniaxial compressive loading of the adobe masonry of one of the most emblematic archaeological complex i Pe u, Huaca de la Lu a (100-650AD). Compression tests of prisms were carried out with original material brought to the laboratory. For measuring local deformations in the tests, displacement transducers were used which were complemented by a digital image correlation system which allowed a better understanding of the failure mechanism. The tests were then numerically simulated by modelling the masonry as a continuum media. Several approaches were considered concerning the geometrical modelling, namely 2D and 3D simplified models, and 3D refined models based on a photogrammetric reconstruction. The results showed a good approximation between the numerical prediction and the experimental response in all cases. However, the 3D models with irregular geometries seem to reproduce better the cracking pattern observed in the tests.
La campaña experimental se desarrolló en el laboratorio de estructuras de la Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP. La caracterización mecánica se realizó utilizando componentes originales de la mampostería de adobe en la Huaca de la Luna. Estos materiales fueron recolectados exclusivamente para el presente estudio durante un trabajo especial de excavación arqueológica, conforme se muestra en la Figura 1.
abc
Figura 1.Vista general de Huaca de la Luna y sus paredes: (a) Fachada Norte, (b) bloques de adobe usados para la caracterización mecánica y (c) proceso de extracción del mortero.
Para la caracterización de la mampostería se construyeron 3 prismas de 210x320x770 mm3 siguiendo las recomendaciones establecidas en el RNE – E080 [8] y en HB 195-2002 [9]. En cada prisma se emplearon 5 unidades de adobe que se unieron con mortero de 2.5 cm de espesor aproximadamente. Debido a que los adobes originales de la Huaca presentan una gran variabilidad dimensional, los prismas que se construyeron en laboratorio presentaron una geometría irregular (ver Figura 2).
(a) Prisma #01 Prisma #02 Prisma #03(b)(c)
Figura 2. Preparación de los prismas para la caracterización mecánica: (a) colocación del mortero, (b) construcción de prisma de adobe y (c) aspecto de los prismas antes del ensayo.
El ensayo de compresión uniaxial se realizó por control de desplazamientos a una velocidad de 0.25 mm/min de forma tal que se alcance la falla en aproximadamente 30 minutos, conforme se sugiere en EN 1052-1[10]. Para evitar concentraciones de esfuerzos en la zona de contacto del equipo con el prisma se utilizó una capa de arena y una plancha de madera como material de transición [9]. Se midieron las deformaciones locales utilizando LVDTs fijados en las dos caras laterales de los prismas, como se puede observar en la Figura 3a-b. Adicionalmente, para el ensayo del tercer prisma se empleó un equipo de medición óptica de deformaciones a través de correlación de imagen digital (ARAMIS) con una precisión de hasta 0.005% [11]. Para este efecto, se analizó con este equipo una superficie de 200×160 mm2 pintada en una de las caras frontales (Figura 3c).
(a)(b)(c)
Figura 3.Instrumentación de prismas de adobe para el ensayo de compresión: (a) LVDTs en la cara frontal, (b) LVDTs en la cara posterior y (c) área con pintura en escala de grises para el análisis con el ARAMIS.
En los ensayos se observa la aparición de grietas paralelas a la dirección de la carga. Se observó que las grietas aparecen primero en los extremos que están en contacto con los cabezales del equipo, lo cual es probablemente debido a que en esta zona se haya producido una concentración de esfuerzos, a pesar de la colocación de la capa de arena y plancha de madera. En la Figura 4 se observa la evolución de las grietas durante el ensayo de compresión en el prisma #3 (los números indican la secuencia de aparición). Las grietas se originan en la zona de contacto con el equipo (grietas 1, 2, 3 y 5). Una grieta en la zona central (grieta 4) empieza en la junta de mortero y luego se propaga a las unidades conforme avanza el ensayo. La grieta 6 se genera en una cara lateral del prisma y se propaga verticalmente. Luego, se siguen generando grietas en la junta de mortero (grieta 7). Debido al progreso de la grieta 4, se produce la grieta 8 que presenta una longitud considerable. No se logró registrar la aparición y evolución del resto de grietas debido a que cuando se alcanzó la carga máxima estas se propagaron súbitamente en todo el espécimen.
Figura 4. Evolución de grietas en el prisma 03: (a) vista frontal, (b) vista posterior y (c-d) caras laterales.
El análisis de los resultados del ensayo con control óptico de deformaciones confirma lo observado y muestra que las grietas se originan en el mortero cuando el sistema aún presenta un comportamiento elástico y se encuentra aproximadamente al 20% de la carga máxima (Figura 4b). Por otro lado, la aparición de grietas en los adobes coincidió con el inicio de la etapa no lineal en el prisma, al 95% de la carga máxima aproximadamente (Figura 4c). Durante el transcurso de la etapa no lineal, las grietas se propagan tanto en el mortero como en el adobe (Figura 4d). Se observó además que existe una interacción entre mortero y adobe durante el ensayo que se manifiesta en que el mortero sufre grandes deformaciones longitudinales y transversales (similar a lo reportado en [12]). Las deformaciones transversales (perpendiculares a la carga) producen tracción en las unidades de adobe, dando origen a las grietas verticales. El proceso descrito de formación de grietas se puede observar en la Figura 5.
Figura 5. Formación de grietas: (a) estado inicial, (b) primeras grietas en la junta de mortero, (c) primera grieta en ladrillo de adobe y (d) propagación de las grietas durante la etapa no-lineal. (El color azul indica mínima deformación en el espécimen mientras que el rojo representa una grieta completamente abierta)
A partir del registro de la fuerza aplicada y de las deformaciones medidas mediante los LVDTs se obtuvieron las curvas esfuerzo deformación, que junto a la forma de falla de los prismas permiten evaluar el comportamiento a compresión uniaxial de la albañilería (Figura 6). El esfuerzo máximo a co p esió p o edio σmáx) fue de 0.36 MPa con un coeficiente de variación (CV) de 15%, y la deformación unitaria promedio para el esfuerzo máximo fue de 0.0035 mm/mm con un CV de 12%. Utilizando el criterio propuesto por [13] se obtuvo un módulo de elasticidad promedio (E) de 107 MPa con un CV de 28%. La relación entre el módulo de elasticidad y la resistencia a compresión E/σmáx de 297 se encuentra dentro del rango propuesto por Tomaževič [14], que varía entre 200 y 1000. No fue posible obtener la respuesta completa post-pico, debido a que cuando las grietas atravesaban la superficie de apoyo de los LVDTs lo que ocasionó su desprendimiento de los prismas. Los parámetros mecánicos obtenidos en los ensayos se muestran en la Tabla 1.
Tabla 1. Propiedades mecánicas de los prismas de adobeFigura 6. Curvas esfuerzo-deformación del (a) prisma 01, (b)prisma 02, (c) prisma 03 y (d) envolvente
El análisis de los componentes de la albañilería a partir de las imágenes captadas por el equipo de video-correlación muestra que el mortero alcanza deformaciones hasta 12 veces más que el adobe, como se observa en la Figura 7b, lo que podría indicar que el comportamiento global del sistema depende fuertemente de la calidad del mortero. La influencia del mortero en el comportamiento resulta notoria al comparar la deformación medida en la albañilería con el LVDT y con el sistema de correlación de imagen digital, una vez que el LVDT cubre una menor extensión de mortero. La longitud inicial del LVDT era de 320 mm, a lo largo de la cual cerca del 80% era adobe y el resto mortero. En el caso de la longitud analizada con el ARAMIS (100 mm) el 70% aproximadamente era adobe. A pesar de la buena correspondencia de resultados, dicha diferencia podría ser el parámetro que genere que la curva de esfuerzo-deformación obtenida del ARAMIS tenga una menor pendiente y aparentemente mayores deformaciones, como se observa en la Figura 7. Aunque el comportamiento post-pico sea semejante, el mortero presenta mayores ductilidad y tasa de deformación plástica que las unidades de adobe. La ductilidad calculada en el mortero es igual a 2.08 mm, mientras que en el adobe es sólo de 0.08 mm, por otro lado, en la albañilería se estimó una ductilidad de 1.45 mm. El coeficiente de Poisson se calculó también en base a las mediciones realizadas con el equipo de correlación de imagen digital. En este caso se consideró estimar la componente horizontal de deformación a lo larga de una línea diagonal de forma tal que se consiga medir la deformación de la albañilería.
Figura 7. Comportamiento de la albañilería y sus componentes bajo cargas de compresión: (a) desfase entre el sistema de correlación óptico y los LVDTs y (b) componentes de la albañilería durante el ensayo de compresión.
La influencia del mortero en el comportamiento resulta evidente al comparar los resultados experimentales obtenidos a partir de los LVDTs y del sistema ARAMIS, como se mencionó anteriormente. Además, es importante recordar que los LVDTs no lograron registrar el comportamiento post-pico completamente, lo que por un lado produce que el desfase mostrado en la Figura 7a sea aún más evidente, pero por otro lado indica también la utilidad del sistema de medición de deformaciones sin contacto.
MODELACIÓN NUMÉRICA
La modelación numérica se desarrolló considerando modelos continuos de elementos finitos y asumiendo un material homogéneo. El comportamiento del material se representó usando el modelo total strain crack model disponible en DIANA [15]. El comportamiento a compresión fue descrito por una tendencia parabólica, mientras que en tracción se consideró una ley de decrecimiento exponencial. Parte de las propiedades empleadas en el modelo se obtuvieron de los ensayos experimentales. Sin embargo, debido a que no se realizaron ensayos de tracción, fue necesario recurrir a la literatura cuando no se disponía de información experimental. Se asumió la resistencia a tracción ft como fc/10, según lo propuesto en [16, 17]. Para el cálculo de la energía de fractura en compresión se consideró un factor de ductilidad µ(relación entre energía de fractura y resistencia a la compresión) igual a 1.6 mm [18]: µfc = 0.576 N/mm. Para la energía de fractura en tracción se consideró µ igual a 0.029 mm de acuerdo a recomendaciones mostradas en [19].
Adicionalmente, se realizó un análisis paramétrico de las energías de fractura en compresión y tracción, para verificar que los valores empleados sean los más apropiados. Los valores de energía de fractura a compresión y tensión a emplear se seleccionaron considerando el criterio de obtener una respuesta más estable y con mayor similitud al comportamiento observado en los ensayos de compresión de prismas. Las propiedades utilizadas para la mampostería se resumen en la Tabla 2. La densidad utilizada fue la reportada en un informe técnico del proyecto arqueológico Huaca de la Luna [20]. Para el ajuste de la respuesta a compresión en función de la energía de fractura a tracción (Figura 8a), el mayor valor se tomó de Tarque [4]. En el resto de casos se tomaron los valores límites del rango propuesto por Angelillo [19] y su valor recomendado con base en la ductilidad de las unidades a tracción. En cuanto a la energía de fractura a compresión, el mayor valor corresponde a los datos experimentales en Almeida [21]. Los valores intermedios se encuentran al multiplicar la resistencia a compresión por un factor de ductilidad igual a 1.6 mm [18] y 1.0 mm [17]. Finalmente, el menor de los valores se determinó haciendo uso de la regresión lineal propuesta en [21], para la determinación de la energía de fractura a compresión con base en la resistencia a compresión.
Figura 8. Comportamiento a compresión del prisma #2 con análisis paramétrico de la (a) energía de fractura de tensión y (b) energía de fractura a compresiónTabla 2. Propiedades del adobe usadas para los modelos numéricos
En el análisis se consideraron cuatro tipos de modelos: dos usando elementos tipo lámina y dos utilizando elementos sólidos. En el primer caso se utilizaron elementos tipo shell de 8 nodos en estado plano de esfuerzo, CQ16M [15]. Con referencia al prisma #1 en la Figura 7a, se construyó un primer modelo con elementos cuadriláteros regulares. Después, a partir de un modelo 3D del prisma obtenido mediante reconstrucción fotogramétrica (Figura 9b), se tomó una sección representativa del prisma para desarrollar un modelo con elementos lámina, ver Figura 7c. En una fase posterior se emplearon elementos sólidos con 20 nodos, CHX60 [15]. También en este caso, se modeló un prisma regular, y otro considerando el modelo obtenido de la reconstrucción fotogramétrica (Figura 9d). La Figura 10 muestra todos los modelos geométricos considerados. En ninguno de los casos se consideró modelar la interacción entre el prisma y el equipo de compresión, se restringieron los desplazamientos en la base del prisma.
Figura 9. Generación de mallas:(a) fotografía del prisma #1, (b) modelo 3D obtenido de la reconstrucción fotogramétrica, (c) modelo de elementos finitos 2D y (d) modelo 3D usando elementos sólidos.
El ensayo de compresión fue simulado aplicando un desplazamiento en la extremidad superior del modelo. El método de solución utilizado fue el Newton-Raphson Modificado en conjugación con la técnica de line-search, de modo a obtener un compromiso entre la carga computacional y la precisión de los resultados. Los resultados de la simulación numérica de los ensayos de compresión se muestran en la Figura 11. Se observa, en general, una buena aproximación a la respuesta general de los varios prismas ensayados. Es evidente que al considerar una geometría más detallada con elementos sólidos se consiguen resultados más cercanos a los experimentales, en especial con respecto a la predicción del modo de falla. Por otro lado, el costo computacional al emplear elementos sólidos es mucho más alto comparativamente a los modelos 2D y la respuesta obtenida de ambos no difiere notablemente. Cuando se simplifica la geometría, la predicción sigue aproximando mínimamente la respuesta experimental (Figura 11 d).
Figura 10. Modelos con elementos finitos: (a) 2D en estado plano de esfuerzo y (b) sólidos. (Prisma #1 al #3, y geometría simplificada, de izquierda a derecha en ambos casos)Figura 11. Diagramas esfuerzo-deformación de los prismas. Resultados experimentales y numéricos.
Las curvas obtenidas de las simulaciones numéricas presentan en general una buena aproximación en la parte lineal de la respuesta experimental. Sin embargo, las curvas no logran reproducir completamente la respuesta y denotan una falla abrupta tras alcanzar el pico, aunque el patrón de agrietamiento tenga en todos los casos bastante similitud a lo registrado en los ensayos (Figura 12a-
c). Por otro lado, para el prisma #3 se consiguió continuar el análisis aún después de la carga máxima, y se logró reproducir un mecanismo de falla muy similar al experimental (Figura 12d).
El patrón de agrietamiento se logró reproducir únicamente en los modelos con elementos sólidos. La formación de grietas se inicia debido a una concentración de esfuerzos en los extremos de los especímenes. Cuando la etapa lineal termina, se propagan grietas verticales desde los extremos hacia el centro del espécimen. Este comportamiento se debe principalmente a la energía de fractura de tensión. En el caso de los prismas #1 y #2, la formación de grietas se da desde el extremo superior hacia el centro, mientras que en el prisma #3 se inician en la base.
Figura 12. Patrones de grietas obtenidos de los ensayos experimentales y modelos numéricos.
DISCUSIÓN
En la literatura se encuentra que las unidades de albañilería muestran una rigidez y resistencia mayor que la albañilería misma [21]. Esta característica se confirmó también durante el ensayo de compresión del prisma #3 mediante las lecturas con el equipo de correlación de imagen digital en donde es evidente que la deformación de las unidades es varias veces menor que la del sistema de mampostería. Esto demuestra que el mortero tiene una elevada influencia en el comportamiento de los prismas ante cargas de compresión. Un factor que posiblemente haya influenciado en el comportamiento del mortero es que fue re-moldeado con agua en laboratorio para la fabricación de los prismas. Es probable que por el proceso de fabricación (y un secado abrupto) el mortero haya perdido rigidez a comparación del que se encuentra en el centro arqueológico, el cual tiene un tiempo de curado de alrededor de 1500 años. Esta hipótesis podría explicar la razón por la que el valor del módulo de elasticidad encontrado es menor que el obtenido en [17] en el cual se realizaron ensayos de caracterización in-situ. A pesar de ello, el orden de magnitud de estos valores es semejante.
Las curvas esfuerzo-deformación experimentales evidencian que para este tipo de mampostería la ubicación apropiada del sistema que mide las deformaciones locales es fundamental para una correcta caracterización. Como se observó, existe diferencia en las deformaciones medidas en diferentes posiciones, ya que el sistema está compuesto de materiales que tienen propiedades distintas. En este caso, para la comparación numérica se decidió utilizar las propiedades registradas por los LVDTs puesto que había más ensayos disponibles con este sistema y que las deformaciones registradas por dichos instrumentos corresponden a una longitud inicial que representa bien el sistema de albañilería.
Los resultados obtenidos de los modelos numéricos propuestos presentan aceptable correlación con los experimentales. En general, se consiguió aproximar el comportamiento a compresión de los prismas. Usando lo modelos sólidos se aproximó hasta el 88% de la carga máxima (prisma #2) y en el caso más desfavorable se llegó al 86% (prisma #1). Por otro lado, con los modelos geométricos más simples de elementos shell, se llegó al 99% de la carga máxima en el prisma #1 y al 85% en el prisma #3. Ambos modelos reproducen satisfactoriamente el comportamiento de los especímenes ensayados, en especial en la predicción del esfuerzo de rotura.
Con respecto a las deformaciones, se logró una aproximación aceptable, aunque no tan robusta como en el caso de los esfuerzos. El mejor resultado obtenido de los modelos 2D presenta un error de 7% (prisma #1) con respecto a la deformación correspondiente a la carga pico, mientras que en el caso menos favorable el error es de 39% (prisma #2). En cuanto a los modelos sólidos, se consiguieron resultados similares, siendo 4% el menor error (prisma #1) y 30% el mayor (prisma #3).
El análisis paramétrico de la energía de fractura en tracción y compresión permitió verificar los valores más adecuados para modelar el comportamiento a compresión de los prismas de adobe. En general, la variación de la energía de fractura a tracción no tuvo una gran influencia en la respuesta esfuerzo-deformación. Debido a esto, el criterio para la selección de este parámetro se basó en la aproximación de los mecanismos de falla (Figura 12) que diferían notablemente al variar esta propiedad. Por otro lado, la influencia de la energía de fractura en compresión es mayor. Cuando se emplearon valores en el rango más bajo presentado en [17, 21], no se consiguió reproducir el comportamiento no lineal adecuadamente y además el error en la predicción de la carga máxima de compresión fue mayor. Por el contrario, al adoptar una energía de fractura mayor a partir de Almeida [20], las incursiones en el régimen no lineal fueron mucho más extensas, siendo los niveles de deformaciones aparentemente excesivos, a excepción del prisma #1.
CONCLUSIONES
Mediante el análisis de deformaciones del prisma #3 en particular se determinó el proceso de formación de grietas durante el ensayo de compresión. Es notable resaltar que el mortero presenta agrietamiento a esfuerzos reducidos, mientras que el adobe inicia el agrietamiento cerca de la carga máxima. Estos resultados se pueden aplicar directamente en la inspección de construcciones similares a la Huaca de la Luna, que debido a sus dimensiones podrían alcanzar grandes esfuerzos de compresión. Se debe tener especial cuidado cuando se encuentren grietas en las unidades de adobe en zonas en que exista una gran concentración de esfuerzos de compresión, puesto que estas se podrían encontrar en un régimen inelástico cercano al colapso. Sin embargo, es necesario realizar una campaña experimental más extensa que incluya el análisis detallado de la formación de grietas para corroborar estas primeras observaciones.
Los modelos propuestos muestran una aceptable relación con los resultados experimentales. Las propiedades de resistencia y deformación en la rotura se aproximan bastante a los obtenidos en los ensayos, además que presentan un mecanismo de agrietamiento similar. Sin embargo, es necesario complementar la campaña experimental con una mayor cantidad de ensayos de caracterización, en especial de la interface unidad-mortero. Es posible que, mediante el uso de una aproximación de meso-modelación, se pueda reproducir la respuesta con mayor aproximación. También se debe prestar especial atención a los modelos de material escogidos, en particular al que gobierna el comportamiento a compresión. En la presente investigación no se profundizaron otros modelos, pero es posible que otros describan de mejor forma el comportamiento de la mampostería de adobe.
En general, los modelos con elementos en estado plano de esfuerzo llegaron a desarrollar un mayor esfuerzo resistente a compresión, posiblemente debido a que no se presentó la misma concentración de esfuerzos que en los modelos sólidos. Esto resulta más evidente al observar que existe una gran concentración de esfuerzos en los extremos de los prismas, que es por donde aparecen primero las grietas.
AGRADECIMIENTOS
Los autores agradecen a la Dirección de Gestión de la Investigación DGI PUCP por el financiamiento del proyecto de investigación 89-2014 dentro del cual se enmarca este trabajo. Se agradece también a CONCYTEC por el financiamiento de los alumnos de maestría (primer y segundo autor) a través de su programa de becas para estudios de posgrado. Finalmente, se agradece al Laboratorio de Estructuras y al Laboratorio de Materiales PUCP por la disponibilidad de sus instalaciones y equipos.
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Análisis mecánico de albañilería arqueológica de adobe bajo cargas de compresión uniaxial: El caso de Huaca de la Luna
Eduardo Ramírez 1, Mijail Montesinos1, Rui Marques 2, Ricardo Morales 3, Santiago Uceda3, Paulo B. Lourenço 2, Rafael Aguilar 1 1 Department of Engineering, Civil Engineering Division. Pontificia Universidad Católica del Perú-PUCP (PERU) {jeramirezc; mijail.montesinos; raguilar}@pucp.pe 2 Department of Civil Engineering. ISISE, University of Minho (PORTUGAL) [email protected], [email protected] 3 Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Trujillo (PERU) [email protected], [email protected]
Madres de la élite. La presencia de pintura facial y joyas, podrían indicarnos que estas madres formaban parte de la élite política social. Botella Mochica (1-800 d.C.).
Desde las antiguas crónicas y diccionarios Bertonio, (1612) 1984; Garcilaso, (1609) 1985; Guamán Poma (1612) 1980, se nos señala la importancia dada a la lactancia por los pobladores prehispánicos. La profusión de términos y la precisión de éstos son signos de ello. En el mundo andino prehispánico, la fiesta del corte de pelo o roto chico era a su vez la fiesta del destete (Lastres, 1951; Valdizán y Maldonado, 1922; González Carré y Galdo Gutiérrez, 1977). En esta celebración el niño recibía su nombre definitivo y era por primera vez diferenciado sexualmente por medio de la vestimenta. En definitiva, era incorporado activamente a su comunidad. Esto nos mostraría que se practicó una modalidad de destete que acontecía cuando el niño ya no requería física ni emocionalmente lactar (alrededor de los dos años de edad), modalidad difundida en todas las comunidades indígenas de América.
Las crónicas hacen referencia al uso de galactagogos por parte de las madres andinas, entre los cuales figuraban un cocido de quinua (Chenopodium quenoa) y unos gusanos llamados ñuñu quehua (Lastres, 1951). La quinua, como veremos posteriormente es usada actualmente con el mismo fin. Es interesante notar, que el nombre, “gusano”, podría traducirse como “el que estimula o coquetea con los senos.
La práctica de la lactancia estuvo contemplada dentro de la religiosidad andina. Rostworowski (1986), describe como imagen central del templo de Pachacámac una mujer que amamanta a una zorra, hija de Añás, divinidad nocturna costeña**. Además, Cawillaca, otra divinidad femenina andina, “durante un año mas o menos crió sola a su hijo amamantándolo” (Taylor, 1987:57). En la época Inca encontramos referencias al templo de Poq’enkancha. Poq’e, según el diccionario de Lira (1945), significa calostro y kancha, lugar, recinto. De donde se podría inferir que el Poq’kancha era el lugar del principio u origen de la vida (Nolte, 1991). Estos datos señalan la importancia del calostro y la lactancia en la época prehispánica.
Un cronista indígena como Guamán Poma (1980), menciona, aunque sin extenderse, la existencia de una entidad sobrenatural vinculada a la lactancia. Esta es el duende Happi ñuñu. Happi significa “coger, agarrar” y ñuñu, “seno”. Este duende cogía con los senos a los niños lactantes, llevándoselos; lo que posiblemente fuese una forma de explicar la mortalidad infantil en la etapa de lactancia. Pero aún no contamos con suficiente información para sustentar esta hipótesis. (La etnia Aguaruna presentaba una forma distinta de relacionar lactancia y mortalidad infantil: cuando un niño moría, era enterrado con un pocillo que contenía leche materna.) [Raimondi, 1957]
La arqueología es otra fuente de información sobre los patrones de lactancia prehispánicos. Un sinnúmero de ceramios presentan escenas relacionadas con esta actividad. Carrión Cachot (ver Lastres, 1951) señala esta diversidad en ceramios para la costa norte. En uno de ellos, de la cultura Moche, se puede observar que el bebe se apoya en las piernas de la madre, quien las tiene cruzadas, sin tomarlo en sus brazos, de forma similar a lo descrito por Garcilaso (1985); esto indica la misma práctica en diferentes épocas.
En el material compilado por el doctor Kauffman (1987), de las culturas Vicús y Moche, la lactancia está asociada al coito, con preponderancia del coito anal. Cuando Garcilaso menciona la abstinencia sexual durante la lactancia, se está refiriendo posiblemente a la luz de esto último, a la abstinencia del coito vaginal. Entre el material arqueológico podemos observar la presencia de madres lactando en Chancay, Vicús y Moche, al igual que las hembras de algunos animales como venados, perras y llamas; estos ceramios no han sido revisados y analizados en profundidad para observar la posición, relaciones iconográficas, etc.
Fotos: Museo Larco
Texto extraído de la obra: LACTANCIA: UNA PRÁCTICA QUE TRASCIENDE LOS TIEMPOS Autor: Camino, Lupe
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Resumen: Uno de los más importantes desarrollos de los estudios sobre la cultura Mochica en los últimos diez años es la cada vez más clara división entre una esfera sur y una esfera norte geográficamente separadas por la Pampa de Paiján. En estas dos áreas de la costa norte peruana entidades políticas de diferente grado de complejidad se desarrollaron entre los años 100 y 750 d.C. La adscripción de todos los Mochicas a una sola entidad política parece derivar de una falta de análisis de variaciones regionales en todos los aspectos de la cultura material, del énfasis de los estudios arqueológicos desde principios de siglo en el área de los valles de Moche y Chicama, centro de la esfera Mochica del sur, y de la escasez de colecciones comparativas de Mochica del norte. Los Mochica del sur parecen haber sido un estado unificado que se embarco en un proceso de expansión hacia el sur durante las fases III y IV. Aun cuando los Mochicas del norte y sur siguieron diferentes líneas de desarrollo todas compartieron estrategias económicas, organizaciones sociales y prácticas y creencias ideológicas. En este artículo presentamos las evidencias disponibles para postular la división e interpretamos las circunstancias históricas y ecológicas que generaron las diferentes sendas de desarrollo.
Abstract: One of the most important developments in Moche studies in the last ten years is the increasingly apparent division between a northern and a southern sphere, geographically separated by the Pampa de Paiján. In these two areas of the Peruvian North Coast distinct political entities developed between A.D. 100 and 750. The ascription of all Moche to one single political entity seems to derive from the predominance of archaeological studies starting at the turn of the century in and around the southern valleys of the Moche, a scarcity of comprehensive collections for the northern Moche, and a general lack of analysis of regional variations in Moche material culture. The southern Moche seems to have been a single, unified expansive state that underwent a process of southward expansion during Phases III and IV. In spite of different developmental paths, both the northern and southern Moche polities shared similar economic strategies, social organizations, and ideological practices and beliefs. In this paper we present the evidences available to postulate the division and interpret the historical and ecological circumstances that generated the different developmental paths and ceramic sequences.
Autores: Luis Jaime Castillo Pontificia Universidad Católica del Perú Profesor Principal del Departamento de Humanidades, Sección Arqueología y Director de Relaciones Internacionales y Cooperación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. ([email protected]) Butters Christopher B. Donnan UCLA University of California, Los Angeles Profesor Principal del Departamento de Antropología de la Universidad de California, Los Angeles.
En los últimos años la arqueología de la costa norte del Perú, y particularmente la arqueología Mochica, han experimentado un inusitado desarrollo, especialmente a partir del descubrimiento y excavación de las tumbas reales de Sipán en 1987. El renovado interés que existe en el fenómeno Mochica se puede ver en la gran cantidad de investigaciones que hoy se llevan a cabo (Uceda y Mujica 1994), y en el número de publicaciones sobre diversos aspectos de este pueblo que aparecen cada año. Este desarrollo no está basado sólo en recientes descubrimientos, sino que es el resultado del aporte de una larga tradición de investigadores que comenzó con Max Uhle y Rafael Larco, y ha continuado con la contribución de un gran número de peruanos y extranjeros dedicados al estudio de esta sobresaliente sociedad.
Actualmente gran parte de las investigaciones sobre la cultura Mochica están dedicadas al estudio rada por Rafael Larco en cinco fases estilísticas. Esta secuencia estuvo basada en un estudio sistemático de tres grandes temas: la iconografía y la secuencia cerámica, y particularmente la estructura política regional. Una serie de recientes estudios están tratando de establecer cuántas regiones, entidades políticas o estados constituyeron el fenómeno Mochica. Tradicionalmente se aceptaba que los Mochicas fueron a lo largo de su historia un estado centralizado o una entidad política unificada y monolítica (Figura 1), controlada por una clase gobernante de sacerdotes guerreros desde una capital ubicada en las Huacas de Moche. Los Mochicas habrían difundido sus tradiciones a lo largo de un amplio territorio a través de un proceso de conquista militar. Esta concepción centralizada y expansiva está siendo cuestionada. Nuevos estudios arqueológicos sugieren que existirían contemporáneamente al menos dos grandes regiones Mochicas, una norte y otra sur, separadas por la Pampa de Paiján (Figura 2; Donnan 1990, n.d., Donnan y Cock 1986).
Paralelamente se están reexaminando las peculiaridades del desarrollo de las manifestaciones culturales del fenómeno Mochica en diversas regiones, especialmente en cuanto a su secuencia cerámica. La secuencia cerámica Mochica de cinco fases, planteada por Larco en 1948 y confirmada en numerosos estudios de colecciones y trabajos arqueológicos, si bien útil para explicar la evolución de la cerámica Mochica en la región sur (en adelante Mochica-Sur), aparentemente no tienen la misma utilidad en la región norteña del fenómeno Mochica (en adelante Mochica-Norte).
Nuevos descubrimientos y nuevas líneas de investigación han llevado a cuestionar la existencia de un estado Mochica único y unificado, y de una sola secuencia cerámica, pero a la vez han reafirmado la uniformidad de «lo Mochica» como entidad cultural. Es cada vez más claro que los Mochicas de diversas regiones compartieron a lo largo de su historia una serie de elementos en común, los cuales evitaron que las diferentes entidades políticas se convirtieran en entidades culturales independientes.
Cuando pensamos en los Mochicas nos imaginamos una sociedad cohesionada, que compartía un ecosistema definido por los valles costeños de Piura a Nepeña (Donnan 1978) y que estaba expuesta a ciclos de Niños y sequías. Es muy probable que los Mochicas hablaran una misma lengua, emparentada con la lengua Muchik (Carrera [1644] 1939); participaran en ceremonias muy semejantes, como la Ceremonia del Sacrificio (Alva y Donnan 1993) y rindieran culto a los mismos dioses, especialmente Aia Paec (Larco 1948, Castillo 1989). Una compleja jerarquización de la sociedad fue común a todas las entidades políticas Mochicas (Larco 1938, 1939), mostrándose la posición de los individuos en todos los aspectos de la vida cotidiana; desde sus ropajes y joyería, sus armas y literas, los portadores y sirvientes que tenían, hasta su porte y musculatura que dependía, al fin y al cabo, de su dieta. Luego de su muerte cada individuo recibía un tratamiento funerario que reflejaba su posición en la sociedad a través del tipo y tamaño de su tumba y de los objetos depositados como ofrendas en ella (Castillo y Donnan 1994, Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978). Sabemos también que los señores Mochicas contaron con artesanos de gran experiencia, capaces de enroscar minúsculas laminas de oro y hacerlas parecer hilos (Alva y Donnan 1993: Fig. 185), o de decorar ceramios y paredes con detallados diseños que mostraban ceremonias y rituales, así como animales silvestres y monstruos sobrenaturales (Uceda, et. al. 1994; Bonavia 1985; PACEB 1994). También construyeron algunos de los templos y residencias más suntuosas que se hayan visto en los Andes (Hass 1985). Si bien estos elementos nos hablan de una sociedad compleja y jerarquizada, son las semejanzas estilísticas de los artefactos producidos en diversas regiones y bajo distintas administraciones las que nos indican una tradición compartida y una fuerte interacción entre los Mochicas de diversas regiones.
Una sola cultura Mochica La idea que los Mochicas constituyeron una sola entidad política y cultural es el resultado de las peculiaridades de la evidencia arqueológica. Para explicar como se llegó a esta interpretación queremos plantear tres fases en que las evidencias fueron colectadas e interpretadas. En la primera fase se determinó que existía una sola cultura Mochica, diferente e independiente de otras culturas prehispánicas. Esta cultura había antecedido a la irrupción de elementos asociados con el Horizonte Medio y la cultura Chimú. Esta interpretación estuvo basada en la identificación en diferentes valles de la costa norte de un repertorio de artefactos, especialmente ceramios, muy semejantes en forma y decoración, y de una comparación de este estiloe con el de objetos obtenidos en otras regiones, especialmente en la costa central.
Figura 1. Mapa del territorio Mochica según Rafael Larco Hoyle.
En la segunda fase se definió que los artefactos cerámicos producidos por los Mochicas habían evolucionado en todas las regiones influenciadas por esta cultura de acuerdo a una misma secuencia, de grandes colecciones de cerámica, especialmente la colección del Museo de Chiclín (hoy Museo Arqueológico Rafael Larco H.), y de superposiciones de contextos funerarios de donde provenían los ceramios. Finalmente, en la tercera fase se definió el carácter político del fenómeno Mochica. La expansión de la cultura Mochica y la difusión de su cultura material habrían sido el resultado de una sola entidad política expansiva y militarista, que durante las fases tres y cuatro alcanzó a conquistar la región comprendida entre los valles de Lambayeque y Nepeña. Signo inequívoco de este proceso era la distribución de la cerámica Mochica, especialmente de la cerámica elaborada que representaba a las clases gobernantes de esta sociedad.
Una Sola Cultura Las culturas precolombinas usualmente han sido definidas a través de conjuntos de objetos que comparten los mismos rasgos estilísticos, especialmente objetos cerámicos. Conjuntos de objetos con diferentes rasgos estilísticos representan diversas culturas, e interacciones entre estilos, por ejemplo cuando un estilos aparece influenciando a otro, se interpretan como interacciones entre diferentes entidades culturales. Una vez que el repertorio de rasgos ha sido definido, se estudia su distribución en el espacio para entender cuál fue el ámbito geográfico controlado o influenciado por una determinada cultura. Culturas arqueológicas son, por lo tanto, conjuntos de objetos distribuidos en el espacio, no de personas ni de las sociedades que las organizaron. El primer paso en la creación de una cultura prehispánica, entonces, es caracterizar un estilo cerámico, tanto a través del estudio de objetos en contexto, como de objetos en colecciones. Con la cultura Mochica la situación no fue diferente, y fue el peculiar origen de la muestra cerámica que se estudió lo que llevó a pensar amuchos investigadores, incluidos nosotros, que los Mochica habían sido una sola entidad cultural.
En el primer capítulo de la historia de los estudios sobre la cultura Mochica destacan tres personalidades: Max Uhle, investigador alemán que realizó las primeras excavaciones científicas en las Huacas del Sol y la Luna; Alfred Kroeber, uno de los pioneros de la antropología norteamericana que estudió en detalle las colecciones de Uhle; y particularmente Rafael Larco, investigador peruano que dedicó su vida, y buena parte de sus recursos, al estudio de esta sociedad. Antes del trabajo de estos investigadores, si bien existían colecciones en el Perú y el extranjero que incluían piezas de esta tradición, la cultura Mochica no existía como entidad independiente. La primera tarea de estos investigadores fue, pues, aislar el fenómeno Mochica de otros fenómenos culturales, y ubicarlo en la secuencia de culturas del antiguo Perú.
Max Uhle, en sus excavaciones a principios de siglo en las Huacas de Moche, ubicó y excavó una serie de tumbas Mochicas, especialmente en las áreas definidas como sitios E y F al pie de la Huaca de la Luna (Uhle 1915, Kroeber 1925:213). Estas tumbas, lamentablemente nunca bien publicadas, contuvieron más de 680 piezas de cerámica estilísticamente muy consistentes. Muchas compartían la característica decoración pictórica en crema y ocre, y/o detallada decoración escultórica que permitían diferenciarlas fácilmente de otros estilos encontrados en el sitio, especialmente del ubicuo estilo Chimú, y del estilo Tiahuanaco encontrado por el mismo Uhle en Pachacamac en 1896 (1903). Uhle además determinó que este estilo era contemporáneo con la construcción de la Huaca de la Luna (Uhle 1915:105), por lo tanto los arquitectos de estas masivas estructuras pertenecían a la misma sociedad que había producido a los maestros artesanos que elaboraron esta fantástica cerámica.
Kroeber (1925), luego de un minucioso análisis de las colecciones de Uhle en la Universidad de California, Berkeley, caracterizó por primera vez el estilo, diferenciándolo de otros estilos encontrados en el sitio. La información estratigráfica recogida por Uhle permitía concluir que el nuevo estilo era anterior a los estilos Tiahuanaco y Chimú, por lo que Kroeber lo llama Proto-Chimú. El estilo caracterizado por Kroeber no era exclusividad de la colección de Uhle; piezas semejantes existían en otros Museos en Europa, los Estados Unidos y el Perú. Kroeber en su estudio comparó las colecciones recogidas por Uhle con colecciones existentes entonces en el American Museum of Natural History y el Peabody Museum. En estos museos Kroeber encontró ceramios con las mismas características estilísticas, confirmando que se trataba no de un fenómeno aislado, sino de un estilo consistente y difundido en la costa norte. Ahora bien, pequeñas diferencias existían entre algunos grupos de objetos, especialmente en sus formas y contenidos iconográficos, lo que hacía sospechar que existían variaciones, quizá debidas a factores cronológicos, en el estilo. Es decir que estas colecciones incluían objetos de diversas épocas. Esta sospecha no se comprobaría hasta que no se estableciera una secuencia para la cerámica Mochica.
Figura 2. Mapa del territorio Mochica según Kroeber.
En base a la procedencia de estas colecciones, y a informaciones recogidas durante sus propios viajes de investigación por la costa norte del Perú, Kroeber inició el estudio de la distribución espacial del estilo Proto-Chimú (Figura 3). Kroeber (1925:224-229) concluyó que el estilo Proto-Chimú «en realidad es característico sólo en […] el área de Trujillo-Chimbote, ocurriendo infrecuentemente en las dos áreas adyacentes (Casma al sur, y PacasmayoChepén al norte), y no apareciendo en lo absoluto en las dos áreas más norteñas (Lambayeque y Piura). Aún cuando estéticamente superior, Proto-Chimú permanece siendo un estilo local. Evidentemente existió durante un período de limitadas comunicaciones, probablemente de unidades políticas restringidas» (Kroeber 1925:228-229).
Las características estilísticas que Kroeber encontró en los materiales excavados por Uhle también estaban presentes en miles de piezas en colecciones existentes en el Perú, especialmente en la colección pionera que Víctor Larco creara y que posteriormente fuera depositada en el Museo Nacional, y en la gigantesca colección que Rafael Larco congregara en la Hacienda Chiclín. Estas semejanzas estilísticas confirmaban, como era de esperarse, la consistencia del estilo Proto-Chimú y su enorme frecuencia. Se requería en este momento de un amplio corpus de piezas cerámicas para pasar de una simple caracterización a una definición del estilo y la iconografía Mochica. Rafael Larco, a través de excavaciones de cementerios en diversos valles de la costa norte entre Chicama y Santa (1945:30-41), y de la adquisición de colecciones menores, logró reunir la colección más grande y completa de cerámica Mochica que existe a la fecha. Fue en base al estudio de esta colección, proveniente en su inmensa mayoría de los valles de Chicama a Santa, que Larco definió el estilo Mochica (1945:15, 1948).
El estudio de la cerámica Mochica emprendido por Larco es radicalmente diferente al estudio de Kroeber. Kroeber analizó la cerámica Mochica solamente desde una perspectiva estilística, tratando de identificar elementos que permitieran fechar sitios y comprender la secuencia cultural de la costa norte. Kroeber estaba interesado en identificar culturas (entendidas como unidades estilísticas); Larco estaba interesado en entender la mentalidad y la vida del hombre Mochica del pasado. Para Larco la cerámica Mochica era primero un documento de la vida en el pasado, y sólo en segundo lugar una herramienta estilística o un instrumento cronológico. Es por esto que Larco emprende y publica primero (1938, 1939, 1945) sus estudios interpretativos, donde describe al hombre Mochica y su sociedad, la religión y el arte, el gobierno y el culto a los muertos. Larco entendía la totalidad de la producción cerámica Mochica como el resultado de un grupo de individuos compartiendo un mismo sistema cultural, un mismo idioma y una misma religión, y regidos por una misma élite y un mismo sistema político. No fue sino hasta 1946 y 1948 que Larco publica su estudio de la secuencia estilística de la cerámica Mochica. Es por el énfasis en el individuo y no el estilo que Larco denomina a este fenómeno con el gentilicio Mochica.
La acuciosidad y rigor del trabajo de Uhle, Kroeber y Larco está fuera de duda. Lo que queda por discutir es sólo si la base de datos con que contaron estos investigadores era realmente representativa de la totalidad del fenómeno Mochica. Por lo temprano de estos estudios algunas omisiones son obvias. Kroeber, por ejemplo, afirma en 1925 que en el valle de Lambayeque las evidencias de la cultura Mochica «aún esperan ser descubiertas o por lo menos publicadas» (Kroeber 1925:228). Larco, si bien menciona la presencia de cerámica Mochica en los valles de Piura a Casma, afirma en 1966 que en Lambayeque «es escasa la orfebrería Mochica y que tuvieron menor cantidad de oro a su disposición que los hombres de Lambayeque» (Larco 1966b:97). Estas afirmaciones contrastan con la magnificencia de la tumba del Señor de Sipán, donde las asociaciones de los Mochicas con grandes cantidades de oro y con una fuerte presencia en el valle de Lambayeque quedan claramente confirmadas.
Es evidente, por ende, que tanto Kroeber como Larco contaron para hacer sus observaciones con datos arqueológicos y colecciones de ceramios procedentes principalmente de los valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña. Piezas de estas regiones conformaban el grueso de la colección Larco, y de las grandes colecciones del Museo Nacional de Lima, del Museo fur Volkerkunde en Berlín, del Museo del Hombre de París, etc. En base a estas colecciones es que se hicieron las primeras observaciones y caracterizaciones del estilo Mochica y de su secuencia cronológica. Los resultados fueron luego comparados y confirmados con otras colecciones provenientes de estas mismas áreas.
Larco sabía de la existencia de algunos especímenes de cerámica Mochica en el valle de Lambayeque, al norte de la zona antes definida (Figura 1), pero por su reducido número los explicó en términos de «intercambio comercial y cultural entre los hombres de Lambayeque y los Mochicas. De allí que en Lambayeque, Pátapo, Pomalca y otros lugares encontremos sectores con tumbas correspondientes a Mochica III, IV y V.» (Larco 1966b:94). Kroeber, a su vez, menciona en su estudio de 1925 la existencia de 17 ceramios de estilo Mochica provenientes de Chepén, en el American Museum of Natural History (1925:225-226). Había evidencias de presencia Mochica al norte del área cultural Mochica, pero estas evidencias, por su baja incidencia y esporádica aparición indicaban una presencia de naturaleza.
En los años sesenta, con el descubrimiento de cerámica Mochica en Vicús, surge la primera posibilidad de contrastar el estilo Mochica definido a partir de evidencias de la región sur de la costa norte, con una muestra de origen totalmente distinto. Larco encontró en las piezas provenientes de Vicús suficientes elementos en común con ceramios Mochicas de fases tempranas como para calificar a este nuevo grupo de objetos como una nueva manifestación del mismo fenómeno cultural. Larco reconoció en estas piezas el uso de las mismas formas, especialmente el asa estribo, los mismos o semejantes motivos decorativos, la bicromía, el tamaño y el peso, etc. La procedencia de este nuevo conjunto de ceramios era, en síntesis, prueba fehaciente de que, incluso desde muy temprano, la cultura Mochica, había controlado un territorio aún más vasto del presupuesto. Las diferencias entre estos nuevos objetos y los ya conocidos para el período Mochica I en la secuancia cerámica de Rafael Larco, no eran destacables (Larco 1965, 1966a).
En síntesis, la consistencia y unidad de la cultura Mochica se definió a partir de las semejanzas de un enorme conjunto de ceramios provenientes tanto de colecciones y museos (Kroeber 1925, Larco 1938,1939), como especímenes excavados arqueológicamente (Bennet 1939, Larco 1945, Kroeber 1925, Uhle 1915). Estas piezas demostraban una enorme consistencia estilística e iconográfica, que reflejaba la uniformidad cultural de la sociedad que las produjo. Ahora bien, esta consistencia estilística se debía a que los objetos estudiados, en gran medida, provenían de un área restringida, los valles de Chicama a Nepeña. Especímenes provenientes de los valles al norte del Chicama eran prácticamente inexistentes en estas colecciones, por lo que mal podían proporcionar evidencias de la diversidad del fenómeno cultural Mochica. La cultura Mochica descrita en la literatura es la cultura que se desarrolló en la región comprendida entre Chicama y Nepeña, es decir el Mochica-Sur. En este momento no era posible determinar si las conclusiones planteadas podían extenderse a la región norte, y hasta antes del descubrimiento de Vicús, esto era ser innecesario ya que el fenómeno Mochica parecía circunscribirse a la región sur de la costa norte.
Una misma secuencia Larco no sólo tuvo acceso a la colección más grande de cerámica Mochica, él mismo excavó un gran número piezas en tumbas, dandose cuenta de sus asociaciones y relaciones estratigráficas (Larco 1945). Estas excavaciones le dieron acceso a conjuntos de objetos de indudable contemporaneidad y a superposiciones de tumbas que reflejaban secuencias cronológicas. En base a esta información de campo y al estudio minucioso de las características formales de la cerámica, Larco pudo establecer cinco fases sucesivas a través de las cuales evolucionó la cerámica Mochica (Larco 1948, Figuras 4 a 9). Esta secuencia describe en gran detalle la evolución de la cerámica decorativa Mochica, especialmente de las botellas de asa estribo, a través de un minucioso estudio de aspectos formales, técnicos y decorativos.
La cronología Mochica esbozada por Larco a principios de los años cuarenta y finalmente publicada en 1948 sirvió de base para una serie de estudios de campo que se trazaron como meta entender la prehistoria de la costa norte. El primero de estos fue el Proyecto Virú, que a partir de 1946 realizo un estudio sistemático y multidisciplinario del valle del mismo nombre. Los miembros del Proyecto Virú tuvieron acceso a las ideas de Larco en la famosa Mesa Redonda de Chiclín, el 7 y 8 de Agosto de 1946.
Las ideas de Larco y Kroeber fueron de mucha importancia para los jóvenes investigadores del proyecto Virú, especialmente porque el reconocimiento y la caracterización de los estilos de la costa norte planteada por estos autores se vio confirmada en sus investigaciones. La ocupación Mochica de Virú, y la variante regional del estilo Mochica en esta zona, fue denominada Huancaco, por el centro administrativo Mochica del mismo nombre. Luego de un minucioso análisis y de comparaciones con fragmentería proveniente de otros valles, James Ford arriba a la conclusión que la cerámica Huancaco de Virú es la misma que la que Larco denominaba Mochica en los valles de Moche y Chicama (Ford y Willey 1949). Las semejanzas eran tan grandes que Ford llega a afirmar que «si muchas de estas piezas no fueron hechas por los mismos artistas o de los mismos moldes, fueron producidas por lo menos por artistas entrenados en la misma escuela» (Ford y Willey 1949:66). Ford concuerda con Larco en que la cerámica Mochica evoluciona en Moche y Chicama de un sustrato Salinar, mientras que en Virú predomina cerámica «principalmente en técnicas de decoración negativas» (Ford y Willey 1949:66). La cerámica Mochica llega a Virú, de acuerdo a Ford, como un estilo maduro y como resultado en un proceso abrupto que se interpreta como una conquista militar que abarca los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña. El impacto de la cerámica Mochica se deja sentir con mayor fuerza en la cerámica decorada, y en menor grado en la cerámica simple, que permanece usando las mismas formas y técnicas que en el período anterior.
Duncan Strong y Clifford Evans (1952), a cargo de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por el proyecto, encontraron algunas diferencias entre la cerámica Mochica excavada por Uhle (Kroeber 1925) y Larco (1945, 1948) y la cerámica de estilo Huancaco que apareció en Huaca de la Cruz y otros sitios Mochica de Virú. La más importante diferencia era el uso de pintura negra orgánica, aplicada después de la cocción. Ahora bien, las semejanzas eran suficientes como para considerarlos expresiones de la misma identidad cultural y, más aún, corresponderían con las fases III y IV de la cronología de Larco. 1
La secuencia de Larco fue corroborada posteriormente en numerosos trabajos de reconocimiento regional y excavación, especialmente cuando se descubrieron tumbas Mochicas. Las asociaciones de objetos encontradas en estos trabajos concuerdan con las características señaladas por Larco. En algunos casos es posible encontrar piezas que reflejan el tránsito entre períodos contiguos, por ejemplo piezas Mochica III-IV, donde encontramos características de los períodos III y IV, o ligeras diferencias que podrían deberse a variaciones regionales. La validez de la secuencia de Larco también fue puesta a prueba en un minucioso estudio emprendido en las colecciones cerámicas excavadas por Uhle (Rowe 1959, Donnan 1965). Los resultados de este estudio confirmaron la secuencia de Larco.
Christopher Donnan (1973), y posteriormente Donald Proulx (1968, 1973), realizaron trabajos de reconocimiento en los valles de Santa y Nepeña respectivamente. Si la cerámica Mochica en estos valles periféricos era semejante a la planteada por Larco, entonces la secuencia debía ser correcta. Donnan, familiarizado con las colecciones de Uhle y con los resultados del proyecto Virú, encontró que la cerámica Mochica en Santa era casi idéntica a la reportada en Chicama, Trujillo y Virú. Proulx también encontró especímenes semejantes en Pañamarca y una serie de cementerios alrededor de este centro ceremonial en el valle de Nepeña. Proulx confirmó la presencia Mochica en Nepeña en mayor detalle que simplemente los magníficos murales de Pañamarca (Bonavia 1985, Schaedel 1951).
La mayor limitación de la secuencia de Larco fue no incluir ceramios de manufactura simple y de uso doméstico. Ollas, cántaros simples, cuencos, y otras formas domésticas, figurinas y cántaros de cuello efigie no están reflejadas en la secuencia de Larco. Esto ha hecho difícil utilizar esta secuencia para fechar gran cantidad de sitios Mochica que no presentan cerámica elaborada en superficie, o en estudios de contextos que no incluyen este tipo de cerámica.2 Una salvedad es de rigor en este punto. Por mucho tiempo se ha criticado el hecho de que Larco no incluyera objetos de uso cotidiano en su cronología. Se argüía que, como coleccionista, Larco no estuvo interesado en este tipo de objetos. Pero a juzgar por la evidencia disponible de tumbas excavadas arqueológicamente (Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978) un aspecto notorio de las tumbas Mochicas en las áreas estudiadas por Larco es la baja incidencia de materiales domesticos (Donnan y Mackey 1978, Kroeber 1925). Ollas, cuencos, cántaros simples y otros recipientes rudimentarios, si bien se encuentran en contextos domésticos con cierta frecuencia, aparecen en cantidades muy limitadas en las tumbas. Adicionalmente estas formas no cambian de manera significativa a través del tiempo, lo que las hace de difícil inclusión en secuencias cronológicas.
La conclusión del trabajo de Larco, y de las posteriores investigaciones en que éste fue comprobado y aplicado, es que la secuencia cronológica desarrollada por él es la mejor aproximación a la evolución del estilo Mochica con que se cuenta. Existiría, por lo tanto a partir de estos estudios una sola secuencia cerámica aplicable al fenómeno Mochica en las regiones estudiadas. La uniformidad en la evolución de la cerámica, a su vez confirmaría la noción de que los Mochicas fueron una sola entidad cultural. Lo que quedaba por definir era el ámbito geográfico al que aplicarían estas conclusiones.
Figura 3. Secuencia cerámica de los territorios Mochica Norte y Mochica Sur.
Si bien gran parte de los investigadores han encontrado la secuencia de Larco de gran utilidad, no todos están de acuerdo con la aplicabilidad irrestricta de esta cronología. Ultimamente un número de investigadores que trabajan en la región norte del territorio Mochica han cuestionado la validez de la secuencia descrita por Larco (Kaulicke 1992, Shimada 1994). Peter Kaulicke, por ejemplo, afirma que «las subdivisiones de mochica (I hasta V) no se vislumbran claramente a través de las evidencias publicadas, ni para la zona sureña (territorio Mochica), ni para el norte. La deficiente precisión de los datos publicados (frente a una cantidad mucho mayor de datos inéditos) apenas permite una separación cronológica de elementos pre y post Mochica» (Kaulicke 1992:898). Para arribar a esta conclusión Kaulicke reexamina las evidencias funerarias disponibles, especialmente los contextos funerarios excavados en la Huacas de Moche por Uhle (1915, Kroeber 1925) y por el proyecto Moche-Chan Chan (Donnan y Mackey 1978). En estas evidencias Kaulicke no encuentra sustento empírico para la cronología de Larco, sino más bien evidencias para refutar su validez. A partir de nuestro propio análisis de los mismos datos, incluyendo el examen de las piezas inéditas de la colección de Uhle, no podemos estar de acuerdo con Kaulicke. Si bien es cierto que los datos para la fase temprana de la secuencia (especialmente la fase II) son casi inexistentes, existe suficiente información para confirmar la validez de la primera y las últimas tres fases. La colección de Uhle corrobora la secuencia de Larco, ya que existe una marcada consistencia entre los lotes funerarios y las fases cerámicas. No es posible hacer una crítica cabal de la secuencia de Larco sin contar con los materiales que este utilizó para establecer la secuencia o de las tumbas excavadas por Uhle, estos datos lamentablemente aún permanecen inéditos.
Todo parece indicar que la secuencia de Larco describe básicamente la evolución del fenómeno Mochica en las regiones comprendidas entre Chicama y Nepeña que, como se dijo antes, son las regiones de donde provienen los materiales en los que se basa la secuencia. Trabajos de investigación en los valles de Virú, Santa, Nepeña y últimamente Chao (Víctor Pimentel comunicación personal) confirman la presencia Mochica en estos valles y validan la caracterización planteada por Larco de su estilo cerámico. Este no es necesariamente el caso de la secuencia cerámica en los valles al norte de esta región. Como se discutió antes, la arqueología de los valles de Jequetepeque, Lambayeque y Piura era casi desconocida cuando Larco realizaba sus estudios. No cuestionamos la validez de la secuencia de Larco, sino su ámbito de aplicación. No es de extrañar que los investigadores que trabajan en los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura consideren que la secuencia es de difícil aplicación a sus materiales. Esto nos lleva a concluir que es necesario construir una secuencia cerámica alternativa para estas regiones. Esta secuencia deberá ser compatibilizada con las cinco fases de Larco a fin de permitirnos comparar los desarrollos de las diversas regiones.
Una sola entidad política La tercera característica de la sociedad Mochica, y por cierto la menos discutida, es la concerniente a su estructura política. Si bien nunca se ha publicado un tratado comprensivo acerca de la organización política de la sociedad Mochica, a través de los años se han planteado algunos argumentos acerca de su nivel de complejidad (ver Shimada 1994). Estos argumentos, como veremos, adolecen de los mismos defectos que discutimos en las dos secciones anteriores. En la caracterización de las estructuras políticas se ha proyectado lo que sabemos para la región sur a todo el ámbito Mochica, asumiendo que todos los valles de la costa norte estuvieron en algún momento bajo el control político de un estado centralizado con sede en Moche. El colapso de este estado fue, por lo tanto, el fin del fenómeno Mochica en toda la costa norte. En un estado centralizado esperamos que el desarrollo en diversas regiones sea idéntico o por lo menos congruente, es decir que las instituciones sociales, económicas e ideológicas debieron desarrollarse paralelamente, sólo alcanzando mayor complejidad en el centro administrativo. El impacto de agentes exógenos debió afectar a todas las regiones integradas bajo el régimen centralizado por igual. Esto es aparentemente lo que sucede con el estado que se desarrolló entre Chicama y Nepeña, pero la información disponible en este momento contradice estos argumentos para la zona al norte de la Pampa de Paiján.
La indicación más clara de la complejidad, capacidad administrativa y militar de la sociedad Mochica-Sur, y de la necesidad de integrar a la esfera del estado nuevos territorios y una fuerza laboral más extensa está dada por el proceso de expansión y conquista de los valles al sur de Moche. Se ha argüido que esta expansión está documentada en dos fuentes: en las escenas de guerra o combate características de la iconografía Mochica y en la distribución de una serie de artefactos y elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa. Ford, por ejemplo resume este proceso diciendo que « Chicama parece haber vencido en la carrera local por cohesión política y poder militar. El movimiento que esparció el fenómeno ceremonial Mochica hasta Nepeña fue casi seguramente militar en naturaleza» (Ford y Willey 1949:66). Ford veía en este proceso no sólo un aspecto militar, sino una expresión de instituciones que combinaban el poder físico de la guerra con el consenso generado por los sistemas ideológicos. El impacto e influencia de la ideología Mochica esta evidenciado en la producción y distribución de la cerámica ceremonial Mochica. Para Ford la ideología Mochica tuvo un papel preponderante en el proceso de incorporación de los territorios conquistados, cosa que se podía ver en las piezas decoradas que debieron de haber sido hechas por sacerdotes ceramistas, ligados a las clases gobernantes (Ford y Willey 1949:66).
La sociedad Mochica ha sido caracterizada con mucha frecuencia a partir de una serie de evidencias indirectas como una sociedad guerrera. Entre estas evidencias destacan ajuares funerarios de individuos adultos masculinos que incluyen parafernalia militar como porras, hondas, lanzas y mazas de guerra, y representaciones iconográficas donde dos grupos de guerreros combaten. Estas características han sido muchas veces usadas como demostración de la capacidad de esta sociedad para emprender la conquista de un amplio territorio. El uso de la iconografía Mochica como fuente histórica, como lo señalara Strong y Evans (1952:216-226) no sólo es peligroso sino que puede resultar francamente erróneo cuando se utiliza descuidadamente. La famosas escenas de guerra o combate presentan una serie de problemas si se quieren interpretar como ilustraciones de combates reales, especialmente si suponemos que representan los combates que se realizaron para expandir el territorio Mochica hacia el sur. En las escenas de combate ambos bandos en conflicto son, en la mayoría de los casos, Mochicas, en base a sus tocados, ornamentos y ropajes. En estas escenas rara vez se produce la muerte de un enemigo, sino que el derrotado es despojado de su tocado y sus ropajes, se le ata una cuerda al cuello y se le transporta a un recinto ceremonial, o en balsas. El destino final de los guerreros vencidos será la muerte por desangramiento, y la sangre será a su vez consumida «ritualmente» por una serie de divinidades (Alva y Donnan 1993, Donnan y Castillo 1992, 1994).
Si éstas son realmente representaciones de guerra resulta sospechoso que no se produzcan muertes, que luchen Mochicas contra Mochicas y que no hayan escenas de conquista o saqueo. Donnan y Hocquenghem han planteado convincente e independientemente que lo que se representa son combates ceremoniales donde grupos de guerreros Mochicas se enfrentan, uno a uno y cuerpo a cuerpo, en pos de prisioneros para los rituales de la ceremonia del sacrificio (Alva y Donnan 1993, Donnan 1988, Hocquenghem 1987). El acentuado militarismo Mochica, sobre todo la guerra expansiva (Wilson 1988), no está necesariamente representado en el arte, como tampoco está su maestría en tecnología hidráulica, su capacidad para organizar grandes fuerzas laborales, su complejo sistema de comunicaciones, ni siquiera la producción especializada de cerámica, pinturas murales y otras actividades de la vida cotidiana.
La segunda fuente de información, la presencia de elementos Mochicas en los valles de Virú a Nepeña, es claramente indicativa de la naturaleza expansiva del estado Mochica-Sur. La difusión de la cerámica y otros elementos Mochicas en los valles de Virú, Chao y Santa no obedece a un patrón de intercambio restringido o de una colonia, sino a la estrategia geopolítica de un estado expansivo y unificado. La cerámica de estilo Mochica comienza a aparecer en estos valles en la fase III (Donnan 1973, Proulx 1973, Strong y Evans 1952, Wilson 1988). A partir de este período estos valles son inundados con sitios de clara filiación Mochica, y muchos sitios asociados con la precedente ocupación Gallinazo son abandonados. La edificación de nuevos centros de acuerdo al plan Mochica implica cambios en las técnicas constructivas, en la producción de adobes, en la planificación y localización de los sitios, es decir, en todos los patrones de asentamiento. Toda la distribución de los sitios y su jerarquía relativa es alterada. Estos cambios son obviamente el resultado de un cambio de mandos, y políticas.
Ya que es lógico asumir que la expansión Mochica no contó con el entusiasta apoyo de las élites locales, podemos deducir por la intensidad y el efecto que tuvo sobre la población local que ésta se realizó a través de un proceso de conquista militar, o que el proceso tuvo un fuerte componente de este tipo. Hay que reconocer en este punto que carecemos de evidencias arqueológicas directas que nos indiquen cuál fue la mecánica de la expansión. A raíz de esta conquista grandes centros Mochicas aparecen en las partes bajas de los valles (Huancaco, Pampa de los Incas). La cerámica asociada con estos centros es a partir de este momento el ubicuo estilo Mochica IV, caracterizada por Moseley como el estilo corporativo de esta sociedad (1992). A partir de estas evidencias se concluye, por lo tanto, que durante la fase Mochica IV todas las áreas de la costa entre Chicama y Nepeña estuvieron bajo el control de un único y unificado estado Mochica.
El fenómeno expansivo evidenciado en los valles del área Mochica-Sur es el resultado del crecimiento de un sistema estatal centralizado. La naturaleza estatal de la sociedad Mochica-Sur resulta una interpretación obvia de una abrumadora cantidad de evidencias. Entre estas destacan evidencias funerarias (Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978) y de organización interna de los sitios (Bawden 1977, Topic 1977) que indican que la sociedad Mochica estuvo complejamente jerarquizada, con posiciones sociales definidas desde el nacimiento y con una élite gobernante que basaba su poder en una combinación de coerción y consenso a través de la manipulación de violencia institucionalizada y de rituales así como otros mecanismos ideológicos. Los Mochicas tuvieron una economía planificada, centralizada y al servicio preferente de las élites gobernantes, con un vasto número de especialistas controlados por el estado, y un uso casi ilimitado de la mano de obra de los segmentos sociales dependientes. La magnitud de las obras públicas emprendidas por los Mochicas, tanto de infraestructura productiva como ideológica, implican niveles de trabajo y de planificación sorprendentes. La elaboración en las ceremonias religiosas, especialmente las relacionadas con el sacrificio de prisioneros y con rituales funerarios, y la participación diferenciada en ellos de diversos segmentos de la población (Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo 1992, 1994) demuestran la importancia de este ámbito en la sociedad Mochica. Evidencias de todos estos aspectos, y no sólo unas cuantas piezas cerámicas, aparecen implantadas en los valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña a partir de la fase Mochica IV.
Al sur del valle de Nepeña encontramos algunas evidencias de presencia Mochica, pero ninguna que implique ocupación permanente o control geopolítico. En el valle de Nepeña, que correspondería a la frontera sur del estado Mochica-Sur, encontramos una distribución de sitios Mochicas muy peculiar y que permitirían entender algunas características del proceso expansivo. En el valle de Nepeña, a diferencia de Virú y Santa, no encontramos un conjunto de sitios de diverso tamaño y función distribuidos homogéneamente a lo largo del territorio, sino un único gran centro ceremonial, Pañamarca, rodeado de pequeños cementerios (Proulx 1968, 1973). Este gran centro ceremonial vendría a ser un puesto de avanzada, con el que los Mochicas habrían iniciado la penetración en el valle de Nepeña. Este puesto está constituido, contrariamente a lo que podríamos imaginarnos, no por un edificio militar o defensivo, o por una sede administrativa, sino por un centro ceremonial. Encontrar templos donde esperábamos fortalezas nos permite entender que la ideología tuvo un importante papel en la penetración y expansión del estado Mochica.
Como se discutió en las secciones anteriores, debemos de preguntarnos cuál es el ámbito geográfico al que se aplicaría esta reconstrucción de la naturaleza política del estado Mochica. Larco y otros investigadores pioneros formularon sus interpretaciones pensando, nuevamente, en el área nuclear, y no en los valles de la periferia. Sus datos provenían de esta región, por lo tanto sus interpretaciones serían válidas sólo a ella. Larco estuvo en lo cierto al pensar que toda esta región estuvo en algún momento bajo la autoridad de una sola entidad política segmentada en diversos niveles de administración regional y local. De cuánta autonomía gozaron las diversas regiones comprendidas dentro del estado Mochica, no lo podremos saber hasta que no se realicen más excavaciones en sitios domésticos y centros administrativos Mochicas. En cualquier caso, Larco ya afirmaba que existía, bajo la autoridad centralizada de un Cie quich, un conjunto de gobernantes regionales, los Alaec (Larco 1945:22-23). Larco dedujo esta organización sólo de la distribución de vasos retratos; posteriormente sus ideas han sido corroboradas en base al estudio del patrón de asentamiento en los territorios conquistados.
Las numerosas investigaciones en la región comprendida entre Chicama y Nepeña han producido resultados que contrastan dramáticamente con los resultados de proyectos realizados al norte de esta región. Una de las diferencias más significativas es que la cerámica de los periodos Mochica III y IV, el estilo corporativo directamente asociado con la expansión y consolidacion del estado Mochica-Sur respectivamente, y encontrado en enormes cantidades en los valles entre Chicama y Nepeña, sea casi inexistente en los valles entre Piura y Jequetepeque. Cómo explicar que el patrón de asentamiento de este estado expansivo, caracterizado por un gran centro ceremonial/administrativo entre los valles medio y bajo, no se vea reflejado en ninguno de estos valles. Se trata acaso de un problema en la muestra, o estas diferencias obedecen a diferencias estructurales, es decir son el resultado de la acción de estados o entidades políticas distintas. La circunscrita aplicabilidad de las interpretaciones antes señaladas comienza a ser evidente cuando se trata de aplicarlas a los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura. En esta región desde los años 60′ comenzaron a aparecer importantes evidencias de la ocupación Mochica. En estos valles aparecen evidencias que permiten definir grupos semejantes en muchos aspectos al Mochica-Sur, pero aparentemente con un desarrollo independiente y con características peculiares en su cultura material que serán discutidas en la siguiente sección.
Los Mochica del Norte y los Mochica del Sur Hasta este momento nos hemos limitado a cuestionar la idea que sostenía que la cultura Mochica, en todas las regiones donde ocurrió, fue el resultado del mismo fenómeno político y social. Si esta noción no es válida, y lo que entendíamos como Mochica sólo es aplicable a la esfera sur de este fenómeno, entonces cómo debemos caracterizar a la sociedad Mochica-Norte. La intención de esta sección no es dar cuenta definitivamente de todas las características del fenómeno Mochica-Norte. Esta tarea es teórica y prácticamente imposible a estas alturas por cuanto la mayor parte de la información arqueológica que se tenía antes de 1985 tiene que ser analizada e interpretada nuevamente, y la información que se ha recogido después de esta fecha en su mayoría aun no ha sido publicada. Lo que podemos hacer con los datos con que contamos es ofrecer una perspectiva regional, la del valle del Jequetepeque, donde se han concentrado nuestras investigaciones hasta la fecha.
Figura 4. Mapa con indicación de los territorios Mochica Norte y Mochica Sur divididos por la pampa de Paiján.
Una salvedad es de rigor en este punto para evitar caer en el mismo tipo de error que se critica aquí. El valle del Jequetepeque, y la historia cultural que allí estamos reconstruyendo con un programa sistemático de investigaciones, no necesariamente deberá ser entendido como un microcosmos de la historia cultural de toda la región Mochica-Norte. Es muy posible que los resultados con que contamos para esta región nos presenten un desarrollo que, si bien más cercano a lo que aconteció en Lambayeque y Piura que lo que pasaba en la región sur, es sin embargo sólo una expresión regional. No podemos asegurar, en resumidas cuentas, si los diferentes valles de la región Mochica-Norte no tuvieron desarrollos independientes. Todo parece indicar, por ejemplo, que la secuencia de Piura sería distinta, y posiblemente más corta que la secuencia de los otros valles; Lambayeque, por otro lado experimentó un florecimiento durante el período Mochica Tardío que no es comparable con el de los otros valles. Dicho esto podemos regresar a las diferencias entre el MochicaNorte y el Mochica-Sur, y la secuencia planteada aquí para caracterizar el desarrollo del fenómeno MochicaNorte en el valle del Jequetepeque.
Aparentemente los valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura estuvieron física y culturalmente separados de los valles del territorio Mochica-Sur. Entre las dos regiones se encuentra la Pampa de Paiján, una llanura desértica de más de 50 kilómetros de extensión que sirvió como barrera natural y cultural para sociedades prehispánica antes y después de los Mochicas (Donnan y Cock 1986b). Esta barrera no sólo fue cosa del pasado; Trujillo y Chiclayo, cada una con sus respectivas órbitas de influencia, marcan todavía la separación de las dos grandes regiones de la costa norte. La gran cantidad de cerámica de estilo Cajamarca hacia fines del desarrollo Mochica en Jequetepeque indica, más bien, que los Mochicas de Jequetepeque mantuvieron un fuerte contacto con las sociedades que se desarrollaban en la sierra norte aledaña. El valle del Jequetepeque parece haber servido de eje de transición para una serie de movimientos y rutas comerciales que unían la costa norte con la zona andina central. Estos intercambios experimentaron un inusitado desarrollo durante las primeras fases del horizonte medio, coincidiendo con el final de la cultura Mochica y su evolución hacia otras tradiciones, entre ellas el conspicuo estilo Lambayeque.
Cuando juzgamos la relación entre las sociedades Mochica-Norte y Mochica-Sur nuestra fuente de información más importante es la cerámica, especialmente la compleja cerámica ceremonial. En ésta se reflejan vívidamente los cambios y las interacciones entre diversas sociedades, las tendencias estilísticas, los prestamos y las idiosincrasias locales.
Cuatro grandes características distinguen los desarrollos de las tradiciones cerámicas sureña y norteña: a) la escasez pronunciada de cerámica MochicaSur de la fase IV y de una serie de formas como huacos retratos, cancheros y floreros en los valles al norte de la Pampa de Paiján, así como de decoración pictórica de línea fina del tipo Mochica IV (Castillo y Donnan 1994); b) la excepcional calidad y belleza de la cerámica Mochica-Norte Temprana, especialmente en piezas escultóricas donde se representan seres humanos o animales (Donnan 1990, Narváez 1994); c) la predominancia de jarras y cántaros de caragollete en las fases Media y Tardía del Mochica- Norte (Ubbelohde-Doering 1983); y d) el extraordinario desarrollo de la pintura de línea fina durante el período Mochica-Norte Tardío (McClelland 1990, Donnan y McClelland 1979).
El fenómeno Mochica Norte El primer indicio que nos reveló que la secuencia cerámica, y por lo tanto la historia ocupacional de las dos regiones de la costa norte habían seguido diferentes derroteros fue la carencia de una serie de formas y estilos comúnmente asociados con el fenómeno Mochica-Sur. Dos formas son peculiarmente escasas: los floreros, y los cancheros. Algunos floreros de estilo Mochica V han sido excavados en Pampa Grande (Shimada 1976:194) pero podrían haber sido importados desde el sur. Igualmente cancheros han sido reportados muy pocas veces en la región norte, en Sipán (Alva, comunicación personal 1994) y en la región de Vicús (Makowski, comunicación personal 1994). Tampoco aparecen en esta región los llamados huaco retratos. La carencia de estas formas, de acuerdo a lo planteado por Larco, significaría que esta región no estuvo dentro del ámbito de control de los Cie quich con sede en Moche y Chicama.
La escasa presencia de cerámica de estilo Mochica IV en los valles al norte de la Pampa de Paiján es aun más significativa. Es importante recalcar que no se trata de una absoluta carencia ya que existen algunos reportes de cerámica Mochica IV en la región, sino de una escasez pronunciada, especialmente en relación a las cantidades que encontramos en los valles de la región sureña. Carlos Elera (comunicación personal, 1994) excavó un conjunto de ceramios de este estilo en Puerto de Eten (ver Shimada 1994:55). Carlos Deza (comunicación personal, 1993) afirma haber visto a huaqueros ofreciendo piezas Mochica IV en el valle de Zaña. Izumi Shimada también ha reportado este tipo de cerámica para una serie de sitios en Batán Grande pero sin documentar sus aseveraciones (1994). En colecciones del valle del Jequetepeque existen algunas pocas piezas en este estilo, pero parecen haber sido traídas desde el sur. Shimada (1994:39) publicó un mapa de «las ocupaciones Moche documentadas» en los valles de Reque-Chancay y Zaña con indicaciones de las fases Mochicas en que estos sitios fueron ocupados. Una inspección directa de una serie de los sitios presentados en dicho mapa (Santa Rosa, Sipán, Saltur, Collique y Cerro Corbacho) arrojó resultados negativos en cuanto a la presencia Mochica IV. Tampoco encontraron este estilo de cerámica investigadores que han trabajado en esta región por varios años (Walter Alva, Jorge Centurión, y Carlos Wester; comunicación personal, 1993). Con relación a Pampa Grande, también mencionada en dicho mapa, si bien en un reconocimiento parcial del sitio no pudimos encontrar materiales Mochica IV es posible que excavaciones estratigráficas pudieran haber producido este tipo de materiales. Esperamos la publicación de los resultados de la investigación de Kent Day y Izumi Shimada donde estas incógnitas deberán ser resueltas y documentadas.
En conclusión, existen evidencias de la presencia de cerámica de estilo Mochica IV en la región norte, pero en cantidades muy limitadas y en contextos muy mal documentados. Por falta de información contextual no se puede determinar aún si se trata de piezas intercambiadas, o de evidencias de pequeños asentamientos controlados por los MochicaSur. Aparentemente un cierto intercambio de cerámica existió entre las dos regiones (Larco 1966b. También se intercambiaban piezas de cerámica con la sierra norte aledaña, conchas de spondylus con el Ecuador y plumas con la región amazónica. Por cierto, ninguno de estos intercambios tuvo consecuencias de largo plazo en términos de la identidad o independencia política del estado Mochica-Norte. El conjunto de piezas encontrado por Elera en un pozo de prueba en el Puerto de Eten, y los materiales encontrados por Shimada en Batán Grande podría corresponder a la segunda posibilidad, un pequeño asentamiento. Lo que resulta sospechoso es que, hasta la fecha, sitios arqueológicos Mochica IV, especialmente sitios de la magnitud de los asentamientos encontrados en los valles de Chicama a Nepeña, no han sido reportados. Si los Mochica-Sur de la fase IV controlaron los valles de Piura a Jequetepeque lo hicieron a través de un sistema de asentamientos insólito y que además ha burlado a cinco generaciones de arqueólogos.
Lo que esta carencia implica en términos de la estructura política de los estados Mochicas es muy importante. Moseley definió acertadamente al estilo Mochica IV como el estilo corporativo del estado Mochica expansivo. Su presencia en un sitio arqueológico delata la presencia, y en algunos casos permite documentar la expansión del estado Mochica. Si bien algunos ejemplares de este estilo confirman que hayan habido contactos entre estas entidades políticas, cantidades limitadas de este estilo cerámico no pueden ser interpretadas como evidencias de la conquista y control geopolítico de la región. Los Mochica-Sur durante la fase IV no estaban dedicados a la exportación de cerámica, sino a la conquista de grandes territorios, que inmediatamente eran reorganizados de acuerdo a un patrón de asentamientos que maximizaba los intereses del conquistador. Ninguno de estos fenómenos, conquista o reorganización, se reflejan en los datos recogidos al norte de la Pampa de Paiján. Debemos concluir entonces que el estado Mochica-Sur no cruzó esta barrera. En la región norte se desarrollaron independientemente otros estilos, que también pueden ser considerados corporativos, con características propias que reflejan entidades políticas y sociales independientes. Estos estilos, por la cercanía cultural de las dos regiones Mochicas, presentan muchos rasgos en común con su contraparte sureña, sin embargo su desarrollo, es decir su secuencia, es diferente y sus características son peculiares. Esto nos lleva a enfatizar que diferencias en las estructuras políticas no necesariamente indican diferencias culturales, es decir que los Mochicas constituyeron diferentes estados pero no diferentes culturas. Es claro que los estados MochicaNorte y Mochica-Sur compartieron suficientes elementos en común, como la religión y las costumbres, que impidieron una deriva cultural, es decir que al estar aislados uno del otro con el tiempo se convirtieran en dos culturas diferentes. La religión y el sistema ceremonial, uno de los mecanismos de poder político de las élites aparece como uno de los más importantes elementos de intercomunicación entre estos estados.
La secuencia cerámica del Mochica Norte Las diferencias entre las tradiciones cerámicas Mochica-Norte y Mochica-Sur permiten aislar estos dos estilos y seguir independientemente su desarrollo. En el caso de la cerámica Mochica-Norte este desarrollo puede ser dividido, en este momento, en sólo tres fases: Mochica Temprano, Medio y Tardío (Castillo y Donnan 1994). Las tres fases del MochicaNorte en Jequetepeque (Figura 10) han sido reconstruidas a partir de un cuidadoso análisis de datos estratigráficos provenientes de las excavaciones en San José de Moro (Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Castillo y Rosas ms.) y Pacatnamú (Donnan y Cock 1986b, Ubbelohde-Doering 1983), del examen de contextos funerarios excavados en La Mina, Pacatnamú y San José de Moro (Castillo ms., Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Donnan y Cock 1986b, Donnan y McClelland ms., Narváez 1994, Ubbelohde-Doering 1967, 1983) y de información derivada de un análisis cuidadoso de colecciones locales. La información estratigráfica encontrada hasta la fecha sugiere dos períodos ocupacionales, que incluyen la construcción de tumbas, que estarían asociados con especímenes cerámicos de lo que más adelante se caracteriza como Mochica Medio y Tardío. No se ha podido ubicar aún evidencia estratigráfica para la fase temprana de la secuencia, sin embargo, es posible encontrar conjuntos de ceramios que corresponderían con este período. En base a estos datos se han podido organizar más de ciento treinta entierros Mochicas excavados arqueológicamente en Jequetepeque en estos tres períodos. Los materiales asociados con estos entierros, y su ocurrencia en los perfiles estratigráficos han permitido reconstruir las tres fases estilísticas de la cerámica Mochica en el valle del Jequetepeque.
El período Mochica Temprano De los tres períodos que conforman la secuencia ocupacional Mochica del valle del Jequetepeque, el período Mochica Temprano es el menos documentado. Evidencias de este período han sido encontradas en sólo cuatro sitios del valle: Pacatnamú, La Mina, Tolón y Dos Cabezas (Figura 10). Lamentablemente, con contadas excepciones, la mayor parte de la información que poseemos de la ocupación Mochica Temprano de estos sitios no ha sido documentada arqueológicamente. Por esta razón casi toda la cerámica que podemos reconocer para este período es de alta calidad; ceramios de calidad media, como jarras y figurinas, o ceramios simples de uso doméstico, como ollas y cuencos, son casi desconocidos.
En Pacatnamú, ubicado al norte de la desembocadura del río Jequetepeque, el período Mochica Temprano está representado únicamente por una botella con asa estribo modelada en forma de búho (Figura E1). Este ceramio fue excavado por Heinrich Ubbelohde-Doering en una simple tumba de pozo junto con una olla con cuello que posiblemente pertenece al período Mochica Medio (UbbelohdeDoering 1967:26, 67; 1983: 128-129). Cabe la posibilidad que la tumba, y no sólo la olla, pertenezca al período Mochica Medio, en cuyo caso la botella con asa de estribo habría sido considerablemente antigua cuando fue puesta en la tumba. Ninguna de las otras 126 tumbas Mochicas excavadas en Pacatnamú contenían cerámica diagnóstica para el período Mochica Temprano, así como tampoco se reportaron fragmentos de cerámica de este período de las extensas excavaciones conducidas en el sitio por UbbelohdeDoering en 1937-39, 1953-54 y 1962-63, y por Donnan y Cock entre 1983 y 1987. Esto implica que si bien Pacatnamú tuvo una ocupación Mochica significativa durante los períodos Medio y Tardío, el sitio no fue ocupado durante el período Temprano.
Figura 5. Conjunto de botellas Mochica Temprano recuperada de una tumba saqueada en el sitio La Mina.
El sitio de La Mina es posiblemente el lugar más importante donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada (Donnan 1990, Narváez 1994). La Mina se encuentra en la margen sur del valle del Jequetepeque, aproximadamente a 5 kilómetros del mar (Figura 10). La historia de la excavación de la Mina es un tanto penosa, ya que si bien es el único sitio Mochica Temprano que se ha podido excavar arqueológicamente, esto fue posible únicamente después de que los huaqueros habían dado cuanta de casi todo el contenido de la tumba. Aproximadamente a mediados de 1988, un grupo de huaqueros comenzó a extraer una gran cantidad de objetos de oro, plata y cobre aparentemente de una rica tumba Mochica en el valle del Jequetepeque. La tecnología, forma y extraordinaria calidad artística de estos objetos (Lavalle 1992) era similar a la de objetos encontrados en las tumbas reales excavadas por Walter Alva en Sipán, en el valle de Reque (Alva 1988, 1990; Alva y Donnan 1993; Figuras 1 y 2). Sin embargo, el estilo de estas piezas era suficientemente diferente del estilo de los objetos encontrados en Sipán como para distinguir fácilmente ambos conjuntos (Donnan 1990). Junto con los objetos metálicos los huaqueros aparentemente encontraron un gran número de botellas de cerámica modeladas en forma de seres humanos, animales y aves, incluyendo búhos casi idénticos a la botella encontrada por Ubbelohde-Doering en Pacatnamú.
En Mayo de 1989 la tumba de La Mina fue finalmente localizada por personal del Instituto Nacional de Cultura, iniciándose inmediatamente una excavación de salvataje a cargo de Alfredo Narváez, y con la colaboración de Christopher Donnan y Alana Cordy-Collins (Narváez 1994, Donnan 1990). Excavando cuidadosamente un área de la tumba que no había sido disturbada, los arqueólogos encontraron siete botellas de cerámica que habían escapado a la atención de los huaqueros (Figura E2). Estas incluían un guerrero arrodillado, una persona llevando una jarra en su hombro izquierdo, un felino cuyos ojos estaban adornados con incrustaciones, un individuo sentado con la cara decorada con un diseño de ola (Figura E3), un búho (Figura E4), y un individuo sentado con un tocado circular (Figura E5). También se encontró una pieza en cerámica negra modelada en forma de un cóndor (Figura E6) y una jarra con abultamientos en la cámara (Figura E7). Los ceramios recuperados arqueológicamente de La Mina estaban todos rotos por compresión debido al peso del relleno. Más aún, durante la excavación de salvataje se recuperaron numerosas piezas de concha cortada que originalmente fueron incrustaciones usadas para adornar los ojos y otros accesorios de las piezas cerámicas que fueron extraídas de la tumba por los huaqueros.
Tolón, un tercer lugar en donde se encontraron especímenes cerámicos del período Mochica Temprano, a diferencia de los otros tres sitios está localizado en la margen sur del valle medio del Jequetepeque, aproximadamente a 33 kilómetros del mar (Figura 10). A mediados de los años setenta un numero de tumbas simples de pozo conteniendo ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas del sitio (Figuras E8 a E16). Estas piezas están modeladas en forma de individuos sentados o arrodillados (Figuras E8 a E11), felinos (Figuras E12 a E14) y aves, incluyendo búhos (Figuras E15 y E16). Muchas de estas piezas son casi idénticas a las encontradas en La Mina (por ejemplo, comparar las figuras E5 y E9), y por lo tanto su contemporaneidad y afiliación estilística parece segura.
Figura 6. Personajes sentados llamados «ingenieros». La Mina, valle de Jequetepeque.
El cuarto sitio donde cerámica del período Mochica Temprano ha sido encontrada es Dos Cabezas (Figura 10), ubicado al sur de la desembocadura del río Jequetepeque. El sitio está constituido por varias pirámides de regular tamaño, áreas de aparente carácter doméstico adyacentes a las grandes estructuras y lo que parecen ser basurales, que además contienen evidencias de pequeñas habitaciones y numerosos fogones. Si bien Dos Cabezas no ha sido aún excavado arqueológicamente, un examen cuidadoso de los fragmentos de cerámica que se encuentran en el sitio sugiere que su ocupación incluye tanto el estilo Virú, que normalmente precede al estilo Mochica, así como el período Mochica Temprano. Hasta que no se realicen excavaciones en el sitio no se podrá determinar cual es la relación exacta entre estos dos estilos, es decir si uno precede al otro o si ambos son contemporáneos. Además de estas evidencias, se sabe que un número de tumbas que contenían ceramios de estilo Mochica Temprano fueron huaqueadas de Dos Cabezas a principios de los años ochenta. Estas piezas incluirían los característicos felinos, guerreros arrodillados y aves, incluyendo halcones, cóndores y búhos. Una pieza de la que se presume procede de estos entierros esta modelada en forma de un decapitador llevando en una mano un tumi (cuchillo ceremonial) y en la otra la cabeza decapitada de un ser humano (Figura E17, comparar esta figura con la figura E10).
La cerámica del período Mochica Temprano del valle del Jequetepeque, en términos generales, constituye un conjunto bastante diagnóstico y homogéneo, con formas y elementos decorativos frecuentemente repetidos. El aspecto más característico de la cerámica Mochica Temprano es la extraordinaria calidad de sus esculturas tridimensionales. Estas muchas veces incluyen una sorprendente abstracción de diseños (por ejemplo ver la Figura E16) o, por el contrario, un marcado énfasis en detalles difícilmente visibles (por ejemplo ver los detalles incisos en la cara y las manos de las Figuras E3 y E11). Aunque algunas piezas del período Mochica Temprano fueron hechas con arcilla blanca (Figura E3), la mayoría fueron hechas con arcilla roja (terracota) que fue cocida tanto en hornos oxidantes, para convertirse en cerámica de color rojo, o en hornos de atmósfera reducida (Figura E10), para convertirse en cerámica negra (Figura E8). La cerámica roja fue casi invariablemente decorada con diseños en blanco y roja para resaltar detalles y crear diseños no incluidos en la escultura. En muchos casos la cerámica de este período fue decorada con incrustaciones de conchas y piedras. Estas incrustaciones se utilizaron para crear o subrayar detalles tales como los ojos de felinos (Figura E14), búhos o seres humanos (Figura E3); los dientes de felinos y seres humanos; y los brazalete y escudos en representaciones de seres humanos. Ocasionalmente encontramos ceramios modelados como felinos en los que incrustaciones de piedras negras forman la nariz (Figura E14). También estas piezas originalmente incluyeron detalles como aretes o narigueras hechos en hueso (Figura E3) y probablemente también en concha y metales preciosos. Evidencias de este tipo de decoración son pequeñas perforaciones en las orejas de los individuos representados en las figuras E9 y E11.
Figura 7. Botella asa estribo Mochica Temprano. Felino. Colección Oscar Rodríguez Razetto.
Si bien en algunos casos encontramos que las botellas tienen picos cónicos altos y asas sólidas de sección circular (Figura E15), la gran mayoría presenta asas en forma de estribo, extremadamente consistentes tanto en forma como en tamaño. Estas tienen arcos pequeños y redondeados, y picos cortos cuya terminación tiene consistentemente un pronunciado reborde en el labio (ver, por ejemplo la Figura E8). Si bien las características formales de las asas de estribo correspondientes al período Temprano del Mochica-Norte son semejantes a las piezas definidas por Larco como Mochica I, las cámaras de las mismas piezas son completamente diferentes. Ninguna de las seis botellas que Larco utilizó para ilustrar su Mochica I (Larco 1948:28) es semejante a botellas Mochica Temprano del valle de Jequetepeque. Por lo tanto la diferencia entre Mochica-Norte y Mochica-Sur durante la parte temprana de la secuencia en innegable.
Es interesante señalar, sin embargo, que existe una sorprendente semejanza entre las botellas del período Mochica Temprano de Jequetepeque y muchas de las botellas Mochica huaqueadas durante los años sesenta de sitios alrededor de Cerro Vicús, en el valle de Piura, incluyendo aparentemente Loma Negra (Figuras 1 y 2, ver otros artículos en este volumen). Estas últimas incluyen felinos, generalmente sentados o echados en las mismas posiciones que en piezas del Jequetepeque; búhos, halcones y cóndores; y seres humanos vestidos como guerreros, ataviados con tocados circulares, o llevando cántaros en los hombros (estas tres formas discutidas anteriormente). También encontramos botellas modeladas como loros, sapos, monos, focas, y seres míticos llamados«Decapitadores», esencialmente todas y cada una de las formas que hoy sabemos fueron producidas repetidamente por artesanos Mochica Temprano en el valle del Jequetepeque.3 Más aún, en muchos casos las formas, tamaños, tratamientos de superficie, e incluso los colores de ceramios de estas dos áreas son tan semejantes que parecerían haber sido hechos por los mismos artesanos. La explicación de estas semejanzas deberá ser despejada en futuras investigaciones, pero resulta evidente que ambas áreas se encuentran en lo que hemos definido como la esfera Mochica-Norte. El período Mochica Medio
Durante el período Mochica Medio, el sitio de Pacatnamú experimentó una intensa ocupación evidenciada en la construcción de montículos de aparente carácter ceremonial (Huaca 31), y de cementerios conteniendo numerosos entierros. Un total de ochenta entierros correspondientes a este período han sido excavados en este sitio (Donnan y Cock 1986b, Donnan y McClelland ms., Hecker y Hecker 1984, Ubbelohde-Doering 1983). Una indicación importante del rango de Pacatnamú durante esta fase es el número y complejidad de los entierros excavados allí. En primer lugar, la cantidad de entierros nos informa de una población bastante grande. Aún cuando no necesariamente todos estos individuos vivieron directamente en el sitio, es muy posible que la gran mayoría de ellos residiera en el valle aledaño y que, por la importancia religiosa del sitio, fuera enterrado en Pacatnamú. La segunda indicación de la importancia de Pacatnamú durante esta fase esta dada por un número de entierros de élite excavados en la década de los treinta por Heinrich Ubbelohde-Doering (1967, 1983). 4
En San José de Moro (Figura 10), en la parte norte del valle, la ocupación durante el período Mochica Medio parece haber sido de menor intensidad que durante la fase tardía en base a la información con la que contamos a la fecha. Ninguna estructura en el sitio puede ser fechada como Mochica Medio, y sólo dos entierros correspondientes a esta fase han sido documentados (Castillo y Donnan 1994). Sin embargo, cerámica Mochica Medio ha sido encontrada en las excavaciones de cortes estratigráficos y áreas funerarias en San José de Moro, aún cuando en cantidades muy limitadas.
Considerando la calidad, materiales, tratamiento de superficie, y contenido iconográfico, la cerámica Mochica Medio puede ser dividida en tres categorías: cerámica fina, cerámica de calidad media y cerámica simple o doméstica. Los ejemplos más finos de cerámica Mochica Medio son botellas de asa estribo con un característico pico evertido en el labio, cuerpos generalmente achatados y lenticulares, bases anulares, y decoración en relieve o pintada en ocre, crema y un distintivo color morado o púrpura (Figura M1). Diseños típicos en estos especímenes incluyen seres sobrenaturales, como Decapitadores (Figura M2), y animales, como por ejemplo aves marinas de largos cuellos engullendo ranas o peces de cabezas triangulares (Figuras M3 y M4); o piezas con diseños geométricos incisos o en relieve (Figura M5). Estas botellas de asa estribo son diferentes a piezas de semejante forma de estilo Mochica III del Mochica-Sur, y más claramente se asemejan a piezas encontradas en los valles de Lambayeque (Alva y Donnan 1993) y Piura (Kaulicke 1994, Lumbreras 1987). También entre las piezas Mochica Medio de alta calidad encontramos algunas botellas de cuerpos modelados (Figura M6) y lenticulares en cerámica negra, con cuellos rectos o ligeramente evertidos, y a veces dos pequeñas asas en la base del cuello (Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 7-5).
Las piezas de calidad media durante este período son jarras simples, jarras de cuello efigie, y figurinas. Las jarras simples usualmente están compuestas por cuerpos globulares u ovales, y cuellos rectos (Figura M7) o ligeramente evertidos (Figura M8). El diámetro del cuello es por lo general entre dos tercios y un medio del diámetro del cuerpo y su altura está entre un tercio y un medio de la altura del cuerpo. En algunos casos las jarras están decoradas con motivos en relieve en forma de pequeñas ranas (Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 23-1). Las jarras de cuello efigie tienen las mismas proporciones que las jarras simples pero sus cuellos están decorados en relieve con caras de seres humanos (Figura M9) o sobrenaturales (Figura M10) y animales mirando hacia el frente. Algunas veces el cuerpo del ser humano o del animal está indicado con líneas gruesas de pintura en el cuerpo de la jarra (Figura M12). Usualmente el cuerpo pintado en la cámara aparece de perfil, lo que es característico de esta área más no así del Mochica-Sur. Piezas semejantes fueron encontradas en la tumba del Viejo Señor de Sipán (Alva y Donnan 1993, Figs. 181 y 187). En algunos casos motivos triangulares irradian de la base del cuello, probablemente representando un pectoral o collar (Figura M13). Existen algunos raros ejemplos de jarras donde el cuerpo de la pieza en su totalidad ha sido modelado como una cara (Figura M14). Las figurinas, raras en los conjuntos de cerámica de entierros Mochica Medio (Figura M15) combinan elementos en relieve y diseños en trazo grueso de pintura blanca. Este tipo de objetos presentan muchas semejanzas con piezas de similar forma de la región Mochica-Sur (Russell, Leonard y Briceño 1994).
Las formas simples más importantes durante Mochica Medio son ollas de cuello corto evertido o recto. Las bocas de las ollas son amplias (Figura M16), con diámetros en promedio de más de dos tercios del diámetro del cuerpo de la pieza. Finalmente, la cerámica Mochica Medio más simple son pequeñas piezas ligeramente cocidas en forma de crisoles. Los crisoles aparecieron en pequeñas grupos, de entre una a tres piezas en algunos entierros de Pacatnamú y en un entierro de San José de Moro. Los crisoles encontrados en tumbas Mochica Medio y Tardío son casi idénticos, posiblemente porque sus formas son tan simples que no se prestan para variaciones estilísticas.
El período Mochica Tardío La ocupación Mochica Tardío del valle del Jequetepeque parece haber sido más intensa que las anteriores. Evidencias de cerámica Mochica Tardío, especialmente las formas diagnósticas de jarras cuello efigie llamadas «Nuevo Rey», o «Rey de Assyria» por Ubbelohde-Doering (Figura T1) y de ollas de cuello plataforma (Figura T2) se encuentran en numerosos sitios del valle (Hecker y Hecker 1990). En Pacatnamú la ocupación Mochica Tardío está evidenciada en un pequeño número de entierros encontrados por Ubbelohde-Doering cerca de la Huaca 31, y por varias áreas funerarias documentadas por Verano (1987).
Además de Pacatnamú los sitios Mochica Tardío más importantes en el valle del Jequetepeque se encuentran localizados en el área norte, especialmente en el sector comprendido en ambas márgenes del río Chamán. Entre éstos, los más importantes están localizados sobre y alrededor de los cerros Chepén y Colorado (Hecker y Hecker 1990), en el área de Chérrepe (Guillermo Cock, comunicación personal, 1990), y en San José de Moro. De éstos San José de Moro parece haber sido el centro ceremonial y funerario Mochica Tardío. En San José de Moro veintidós entierros Mochica Tardío han sido excavados arqueológicamente, y muchos más han sido huaqueados en los últimos años. Estos entierros fueron encontrados en tres tipos de tumbas: fosas simples sin mayores asociaciones y muy semejantes en forma a tumbas de los dos períodos anteriores, tumbas de bota, semejantes a tumbas del período Mochica Medio encontradas en Pacatnamú, pero con muy poca complejidad en cuanto a sus asociaciones y preparación de los cuerpos; y grandes tumbas de cámara ricamente ornamentadas y con múltiples asociaciones. Este gran número de asociaciones ha permitido reconstruir en detalle el repertorio cerámico Mochica Tardío.
El repertorio de formas y estilos cerámicos en el período Mochica Tardío es mucho más complejo y rico que su contraparte del período Medio. Esto es especialmente cierto en cuanto a la cerámica fina, que presenta una enorme variabilidad de formas y diseños. Una fuente de esta diversidad es ciertamente la influencia de estilos cerámicos foráneos (Figura T3) encontrados prominentemente en los entierros más complejos de San José de Moro (Castillo y Donnan 1994). Piezas con decoración polícroma o diseños en relieve imitando estilos de la costa central (Castillo y Donnan 1994: 3.33) y piezas con diseños típicamente sureños, tales como jarras mamiformes, o botellas carenadas (angulares en el ecuador) (McClelland 1990: figs. 14 y 15) son muy frecuentes en estos contextos (Figuras T4 a T7). El alto grado de innovaciones durante el período Mochica Tardío hace imposible una descripción detallada de todas las nuevas formas y decoraciones sea, por lo que aquí se incluyen descripciones sólo de los tipos más comunes asociados con este período.
Botellas pintadas con diseños en línea fina son el sello de la cerámica Mochica Tardía. Pintura en línea fina, que ocasionalmente aparece en jarras (Figura T8) o decorando piezas tridimensionales (Figura T9), se encuentra más frecuentemente en botellas de asa estribo. Estas piezas tienden a ser muy estandarizadas en sus formas y decoraciones (Figura T10). El asa estibo está compuesta siempre de un pico ligeramente cónico, y el estribo esta formado como un triángulo invertido (McClelland 1990: fig. 6). Los cuerpos de estas piezas son tanto esféricos como carenados (Figura T11). Existen algunos ejemplos de piezas cuyos cuerpos tienen formas ojivales (Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 49). La pintura de línea fina asociada con el período Mochica Tardío, especialmente en especímenes del valle del Jequetepeque, representa la culminación del estilo pictórico Mochica (Figura T12). Piezas finas en este período también incluyen representaciones tridimensionales de animales, así como de seres naturales (Figura T13) y sobrenaturales (Figura T14). Piezas tridimensionales son raras en San José de Moro durante el período Mochica Tardío.
Figura 23. Botella asa estribo Mochica Tardío. Tema del entierro. San José de Moro.
La cerámica de calidad media durante el período Mochica Tardío comparte muchos rasgos con sus antecedentes del período Mochica Medio. Las jarras de cuello efigie continúan siendo producidas, aún cuando en esta fase carecen de detalles pictóricos. Las caras moldeadas en los cuellos son generalmente simples, al punto que muchas veces los rasgos son indistinguibles (Figura T15). Un tipo común de jarra de cuello efigie presenta un asa formada por un pequeño brazo saliendo del hombro de la pieza hasta tocar el rostro (Figura T16). Esta peculiar forma de jarra de cuello efigie ha sido algunas veces erróneamente identificada como Gallinazo por sus crudos rasgos (Shimada y Maguiña 1994: Fig. 1.17). El ejemplo más común de jarra de cuello efigie son piezas del tipo Nuevo Rey (Ubbelohde-Doering 1967: Fig. 59; Castillo y Donnan 1994: fig. 3.7), donde aparece un individuo con patillas prominentes, ojos almendrados, bigotes a ambos lados de la boca, orejeras circulares grandes, y una banda o corona en la frente. El número de jarras con cuello efigie disminuye durante el Mochica Tardío, y es reemplazado por jarras con cuellos cortos y constrictos, que algunas veces están decorados con círculos impresos y bultos que forman una cruda cara (Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 50-8). Otra forma común en Mochica Tardío es una pequeña jarra hecha a molde, con cuello recto evertido, cuerpo ligeramente angular en el ecuador, y base plana. Estas jarras simples están algunas veces finamente pulidas y pintadas en rojo oscuro, guinda, naranja y crema (Figura T17). Algunas fueron cocidas en atmósferas reductoras, adquiriendo un color que fluctúa entre el gris y el negro oscuro. Las jarras simples están decoradas algunas veces con bandas de diseños en relieve en la parte superior de sus cámaras (Figura T18). El diseño más común consiste en una serie de patos guerreros (Figura T19). Finalmente, algunas botellas de asa estribo encontradas en tumbas de cámara en San José de Moro también pueden ser consideradas cerámica de calidad media ya que están hechas a molde sin mayor tratamiento de sus superficies, muchas veces ni siquiera un simple pulido, y sin decoración pictórica (Figura T20).
Figura 24. Pieza escultórica Mochica Tardío. Individuo ricamente ataviado, con bigotes y grandes orejeras. Tumba MU30. San José de Moro.
Los ceramios simples y las formas domésticas durante el período Mochica Tardío son muy semejantes a los descritos para Mochica Medio (Castillo y Donnan 1994: fig 3.8 a 3.10). Las ollas son semejantes en forma, y presentan una gran variedad de bordes, desde rectos y cortos, hasta curvos y evertidos (Figura T21). La decoración de ollas también incluye bandas de protuberancias en la parte alta del cuerpo. La decoración más común en ollas durante esta fase son líneas burdas y gruesas alrededor del cuello de la vasija, algunas veces extendiéndose hacia el centro de la vasija en volutas. En algunos casos caras muy simplificadas fueron modeladas en el cuello de la olla (por ejemplo Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 50-5) mediante dos círculos impresos pequeños y una nariz en relieve. La forma más común de ollas, y la que más frecuentemente se encuentra en superficie en sitios domésticos Mochica Tardío, son ollas de cuello plataforma (Castillo y Donnan 1994: Fig. 3.9).
Finalmente, las formas de cerámica simple más frecuentes son crisoles similares a los asociados con entierros Mochica Medio. En San José de Moro, los crisoles fueron encontrados en algunas de las tumbas de bota y en todas las tumbas de cámara (Figura T22), donde sus números muchas veces excedieron las mil quinientas piezas por tumba. En algunos casos crisoles fueron hechos a molde y decorados en el cuello con un murciélago o felino (Figura T23). La función de estos extraños objetos aún se desconoce, pero resulta sintomático que no hayan aparecido en contextos domésticos. Aparentemente se fabricaban especialmente para los entierros y, a juzgar por la ligereza de sus cocción, poco antes del evento.
La caracterización cronológica de la ocupación Mochica del valle del Jequetepeque no es de ninguna manera definitiva. Aún existen grandes períodos de tiempo que no están bien documentados, especialmente los tránsitos entre los períodos Temprano y Medio, y este último y el período Tardío.
Conclusiones
Figura 25. Piezas escultóricas Mochica Tardío. Iguana Antropomorfizada, Aia Paec tocando tambor, individuo esquelético. Tumba M-U30. San José de Moro.
Hasta mediados de la década de los ochenta el consenso entre los arqueólogos andinistas era que los Mochicas habían constituido una sola cultura. Esto implicaba tácitamente que los Mochicas habían conformado además un estado unificado único evolucionando en la costa norte a través de una secuencia cronológica de más de 700 años configurada por Larco en cinco fases. Esta noción y los datos que la sustentaban fueron por muchos años congruentes con los trabajos arqueológicos que se realizaban en la costa norte, y con los materiales existentes en colecciones privadas y publicas, ya que, como se explicó en la primera parte de este trabajo, ambos se concentraron en la región Mochica-Sur. No fue sino hasta el descubrimiento y excavación de importantes evidencias de la presencia Mochica al norte de la pampa de Paiján que la uniformidad monolítica del fenómeno Mochica comenzó a desmoronarse. El caso mejor documentado a la fecha para el Mochica Norte es el desarrollo en el valle de Jequetepeque. La reconstrucción de la secuencia cerámica en este valle, y su diferenciación de la secuencia Mochica-Sur ha sido tratada en la segunda parte de este trabajo.
Es importante recalcar que la secuencia cerámica presentada aquí es, para todo efecto, sólo regional. El derrotero de los estilos cerámicos en el Jequetepeque no es necesariamente el mismo que en otros valles, y es ciertamente diferente a lo que aconteció al sur de la Pampa de Paiján. No debemos caer en la tentación de pensar que la secuencia propuesta describe la evolución de la cerámica Mochica en los valles de Zaña, Lambayeque y Piura hasta que no se hagan estudios comparables. Si bien las evidencias de la presencia Mochica encontrada en estos valles han presentado muchas semejanzas con la que encontramos en Jequetepeque, al punto que podemos asumir que todos estos valles formaban parte de una misma subregión, también presenta importantes diferencias y particularidades. Por ejemplo, en Jequetepeque no existen para el período Mochica Tardío sitios de la magnitud de Pampa Grande en Lambayeque. A su vez la concentración de entierros con cerámica fina Mochica Tardío encontrada en San José de Moro no ha aparecido en ninguna otra región, y hasta este momento, en ningún otro sitio. Es posible que estos dos sitios correspondan a dos unidades políticas diferentes, o quizá ambos sitios tuvieron diferentes funciones bajo un mismo sistema político. Estas incógnitas deberán ser resueltas a través de programas sistemáticos de investigación arqueológica.
Notas 1 Las fases anteriores, denominadas Mochica clásico (un término que aún ahora los huaqueros siguen usando para referirse a cerámica Mochica de las fases I y II) habrían sido reportadas por huaqueros proviniendo de Purpur, pero ninguna evidencia de estos estilos aparece en las excavaciones. La fase final, o Mochica V, tampoco aparece en sus colecciones, por lo que la conquista y control Mochica del valle de Virú parecería circunscribirse a las fases III y IV de la cronología de Larco.
2 Para determinar a que cultura o período correspon-de un sitio arqueológico, lo que los arqueólogos llamamos ‘fechar un sitio’, usamos básicamente los fragmentos de cerámica que encontramos en su superficie. En sitios arqueológicos encontramos frecuentemente fragmentos de ollas, cántaros y otros artefactos domésticos y ocasionalmente fragmentos de cerámica fina. Lamentablemente la cerámica fina refleja mejor los cambios en el tiempo, de ahí que la importancia de establecer que formas domésticas son contemporáneas con las formas finas. 3 La muestra de botellas provenientes del valle de Piura es mucho más extensa que la muestra de botellas e ataviados con grandes tocados (ver, por ejemplo, Lapiner 1976: Figuras 256-258; Lumbreras 1987). 4 Entre éstos, y claramente reflejando la casi totalidad del fenómeno cerámico Mochica Medio, destaca la tumba E-I (Ubbelohde-Doering 1983:52-92).
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Figurina de oro e incrustaciones de turquesa o malaquita o crisocola representando felino.
Mochica, Época Auge (1 d.C. – 800 d.C.) Los adornos y colgajos de las vestimentas de personajes de alto rango representan personajes, animales y frutos con connotaciones simbólicas importantes. -Ulluchu, fruto asociado a los sacrificios y la fertilidad. -Maní, uno de los cultivos más antiguos del área andina, asociado desde épocas muy tempranas a la fertilidad. -Cangrejo, crustáceo que aparece en la mitología mochica como un ser que permite el contacto entre el mar y los litorales rocosos, y que interactúa con las divinidades que atraviesan mundos. -Sapo, batracio relacionado a la humedad presente en lagunas y a la vida de las lomas. Las lomas son cerros bajos de la costa peruana que reverdecen por la neblina, precisamente en la época seca de los valles. Personaje mutilado, sin pies, que aparece en escenas funerarias de la iconografía mochica resguardando la tumba de los ancestros. -Aves guerreras cargando porras, personajes que en la mitología Mochica acompañan a las divinidades mayores en ceremonias y sacrificios. -Cuenta de collar con representación de zorro, animal que por su cola de dos colores es un animal intermediario, que representa en la cosmovisión andina el contacto entre el mundo húmedo y el mundo seco. -Escultura de oro de jaguar, animal sagrado del antiguo Perú. -Hombre al interior de un cuerpo de felino, clara expresión de una transformación en hombre-jaguar. -Hombre-tambor con orejeras colgantes y símbolos de cruz andina o “chacana”.
“Huacos” es el nombre que reciben las cerámicas precolombinas en Perú. Museo LARCO, Lima – Perú.
Sonrojada, una turista señala un enorme pene de cerámica y murmura algo a su esposo. Los dos ríen, aunque parecen más nerviosos que divertidos. La pareja ingresó a un ambiente del Museo Larco de Lima y, sin esperarlo, se vio rodeada de una apasionada orgía de arcilla que lleva celebrándose más de 1.300 años.
Cientos de vasijas de la civilización moche muestran sin pudor cuerpos entrelazados, aferrándose el uno al otro, exponiendo su intimidad y entregándose bajo la media luz de las vitrinas. Frente a todo este despliegue de sexualidad lo primero que uno supondría es que los antiguos habitantes de la región querían exhibir su envidiable intensidad amatoria. Sin embargo, estos “huacos”, como se les llama a las cerámicas precolombinas en Perú, poco tendrían que ver con el amor ni con el placer.
Sexo en el desierto
Las referencias sexuales de las vasijas eran simbólicas. Museo LARCO, Lima – Perú.
Las escenas que inquietan a los visitantes pertenecen a la cultura moche, una civilización que floreció en lo que hoy es la costa norte peruana entre los siglos II y VIII después de Cristo. Aunque eso de florecer, es un decir. La tierra era avara y ruda. “Los moche se desarrollan en uno de los climas más secos del planeta”, explica el arqueólogo Walter Alva a BBC Mundo. Alva lideró en 1987 el hallazgo de la tumba del señor de Sipán, un gobernante moche cuyo entierro es considerado uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del continente. “No es que en las vasijas ellos hayan representado su vida diaria. Lo que hicieron fue plasmar escenas rituales y lo erótico está enmarcado en el principio de la vida”, apunta.
Las cerámicas muestran un frenesí de poses sexuales y, para esta antigua sociedad agrícola, el sexo se relacionaba con la fecundidad de la tierra. Quizá por ello, a pesar del detalle con el que los alfareros moche modelaron los genitales de sus esculturas, no pusieron mucho empeño en reflejar gestos de placer. En cambio, abundan las escenas sexuales que nada tienen que ver con la fertilidad, como el sexo oral, la masturbación e incluso el coito con los muertos. Y como veremos, son justamente estas últimas vasijas las que dan algunas pistas sobre la desaparición de esta cultura.
Ofrendas
En la década de 1960, los menores de edad tenían prohibida la entrada a la sala de los huacos eróticos. Museo LARCO, Lima – Perú.
Cuando el museo Larco trasladó los vestigios moche a Lima en la década de 1960, los menores de edad tenían prohibido ingresar a la sala de los huacos eróticos. Hoy, los colegios organizan excursiones. Sin embargo, la gran mayoría de los casi 120.000 visitantes que recibe al año son turistas extranjeros. Según la web de viajes Tripadvisor, recorrer este museo es la segunda actividad más popular en Perú, sólo después de la visita a Machu Picchu. “Tenemos unas 45 000 piezas y todas ellas, incluidas las vasijas con motivos sexuales, fueron encontradas en tumbas”, indica Andrés Álvarez Calderón, director del museo.
El arqueólogo Walter Alva lideró el hallazgo de la tumba del señor de Sipán en 1987. Las figuras eróticas apenas representan el uno por ciento de la totalidad de los vestigios, pero su estudio revela un universo que va mucho más allá del sexo. “Estos huacos son ofrendas que reflejan el círculo de la vida. Los moche no utilizaban las cerámicas eróticas para el uso diario”, aclara a BBC Mundo. Pese a lo que imaginan algunos turistas, los antiguos habitantes del continente no se servían el desayuno en recipientes fálicos. El sexo en las vasijas era una manera de atraer la lluvia sobre sus campos desérticos y colocarlas en los entierros quería propiciar la fecundidad del campo. Pero, ¿podían reflejar también su vida sexual?
Dominio del cuerpo
Los moches representaban la eyaculación como una alegoría de las semillas fértiles. Museo LARCO, Lima – Perú.
Mil años antes de la conquista y la llegada del catolicismo, la relación entre los primeros habitantes del continente y sus cuerpos era muy distinta. “Creo que los moche eran mucho más abiertos a la sexualidad que nosotros”, apunta Isabel Collazos, museóloga de la Universidad de Nueva York. “Estas piezas obviamente reflejan también su erotismo. Nos muestran no una sino muchas posiciones, un dominio del cuerpo y del acto de amar”, detalla a BBC Mundo. Sin embargo, Collazos insiste en que las referencias sexuales de las vasijas eran simbólicas y no una foto de la vida cotidiana.
¿Cuál es el simbolismo entonces del sexo oral o el coito con los muertos?
La arqueología moderna aventura algunas explicaciones a las escenas eróticas no reproductivas. En algunos casos, los moches representaban la eyaculación como una alegoría de las semillas fértiles. En ese sentido, la masturbación de un esqueleto de arcilla, por ejemplo, podía ser una súplica para que éste, bajo tierra, propiciase el éxito de los cultivos. Sin embargo, hay otra teoría que resulta aún más dramática.
El fin de una era
Cientos de vasijas muestran sin pudor cuerpos entrelazados.Museo LARCO, Lima – Perú.
Si las escenas de sexo reproductivo invocan la lluvia sobre el desierto, las no reproductivas podrían haber rogado para que llegue la sequía. “Es muy probable que un fenómeno de El Niño devastador arrasase todo su sistema de riego y terminara con la cultura moche”, señala Walter Alva. Así como sucedió en marzo de 2017 con El Niño Costero, el noroeste peruano resulta el área más vulnerable a las lluvias.
“Hay registro de varios fenómenos así en la zona y esto pudo destruir su agricultura y colapsar su estructura social”, agrega el arqueólogo. El pueblo moche habría perdido la confianza en sus autoridades políticas y religiosas y, poco a poco, habría abrazado culturas más exitosas que se expandían desde el sur. Con el paso de los siglos, estos primeros hombres que poblaron el continente dejaron de ver en el sexo una forma de hablar con sus dioses.
Escribe: Martin Riepl Especial para BBC Mundo, Lima Fuente: BBC
¿Qué intentaban decir los antiguos peruanos, especialmente los moches, a través de esa rica gama de huacos eróticos que fabricaron con celo descriptivo y que hoy, muchos siglos después, asombran por su variedad y desenfado? Se ha dicho que reflejan la intensa, casi envidiable sexualidad de los pretéritos pobladores de estos pagos. Se ha dicho, también, que su arte buscaba fines pedagógicos e incluso que sus desproporcionados órganos, así modelados en tiesa arcilla, indicaban el abuso de sustancias tóxicas derivadas de la hoja de coca.
Federico Kauffman Doig se burla de esas creencias y asegura que dichas vasijas e incluso algunos monumentos arquitectónicos de perfil fálico contienen un mensaje mágico y religioso, y evidencian un arraigado culto a la fertilidad que surgió en una tierra avara y ruda, a la que sus habitantes primigenios lograron arrancar frutos solo luego de muchos esfuerzos.
El doctor Kauffman Doig, uno de los arqueólogos más inquietos de la actualidad, empezó a familiarizarse con los testimonios del erotismo en el antiguo Perú hace 40 años, cuando –recién graduado- fue tomado como secretario en el Museo Nacional de Arqueología y Antropología del Perú. En esa época los huacos eróticos eran escondidos en cuartos bajo llave, ocultándolos de la mirada del público. Sólo tenían acceso a ellos los investigadores extranjeros recomendados por el ministro de Educación. Por lo común sus escenas nada veladas abochornaban o eran objetos de suspicacias y risitas mal reprimidas.
Invitado por Mircea Eliade, Kauffman Doig participó en 1987 en su Encyclopedia of Religion con un capítulo sobre el Perú antiguo, una oportunidad valiosa que le permitió profundizar en la religión andina, la cual encontró estrechamente ligada a la magia sexual. De hecho, Kauffman Doig ya había sido autor de una pequeña obra acerca de la sexualidad moche.
Según señala con efusivos ademanes, la religiosidad andina ha sido totalmente distorsionada, inventada en buena cuenta en base a algunas leyendas tejidas por los misioneros para dirigir los pensamientos religiosos de acuerdo al cristianismo. De esta manera nació un dios postizo, Wiracocha, especie de Jehová peruano todopoderoso. “Encontré que en el fondo era uno de los tantos nombres que recibía el dios del agua. Era muy importante porque el hombre de la antigüedad estaba sometido a tiempos de sequía o de lluvias torrenciales relacionadas a El Niño. Luego de una investigación en Apurimac pude concluir que los dioses del pasado no eran nada asexuados”, narra.
Un dios que da el agua necesita de una contraparte, la Pachamama. Según las creencias prehispánicas el agua fecundaba a la Tierra, una mujer que procreaba y surtía de alimentos. La vida espiritual del antiguo Perú estaba impregnada del tema sexual. Los recipientes eróticos no tenían una función pornográfica sino mágica. En algunos casos contenían esencias litúrgicas. Los grandes falos de sus vasijas no habrían tenido otro propósito que facilitar la bebida de dichos mejunjes. Sorbete o cañita, como le dicen. En todo caso, la feliz puesta en práctica de las artes amatorias podía considerarse, por mecanismo mágico, como un llamado a la abundancia de la Tierra y el exorcismo de la miseria.
Sin embargo, alejándonos de estas interpretaciones, hay detalles en la cerámica moche que muestran algunos usos particulares. La casi ausencia de besos durante la escena coital contrasta con el reiterativo manoseo mutuo, la mujer casi siempre estimula el miembro viril del varón mientras él roza el mentón de ella. El tema de la homosexualidad, masculina y femenina, también está presente en algunas vasijas.
“Es frecuente ver representaciones de coito per anum en el lecho mientras la mujer abraza un bebé. Esto refuerza la idea de que las madres de esa época no querían tener hijos mientras daban de lactar. He visto en las mujeres del campo, hoy, que evitan concebir luego del parto, por el hecho de que ven suspendida su producción de leche. En la época antigua no había manera de conseguirla de otra fuente. Curiosamente la leche de llama no era usada”. La alta proporción de escenas de este tipo sugiere control de la natalidad.
Esto no quiere decir que los moches sólo recurrieran a esa práctica erótica con propósitos anticonceptivos. “Probablemente era realizada sin otro fin que el goce”, agrega Kauffman Doig. “Después de todo, los moches eran personas como cualquier otra”.
Sus representaciones sexuales significan sólo el dos por ciento de su obra cerámica, lo cual echa por tierra aquella supuesta fijación por el sexo. Esto era apenas una parte de todas las actividades que pudieron plasmar con su inconfundible estilo. Las abundantes representaciones de mujeres manteniendo relaciones con esqueletos sugiere la concepción de alianzas amorosas que iban más allá de la muerte, en algún Cielo o Purgatorio de cuyos patéticos detalles ya nos es imposible tener testimonio.
Fuente: Revista Rumbos de Sol y Piedra Cultura Mochica: Magia sexual en el Perú antiguo
Un total de 14 tumbas pertenecientes a las culturas Mochica, Chimú y Lambayeque fueron descubiertas hasta el momento en el complejo arqueológico El Triunfo, ubicado en el distrito chiclayano de Pomalca, en la región Lambayeque, informó el arqueólogo residente de este sitio monumental, Edgar Bracamonte.
Precisó que tras cuatro semanas de investigación se descubrió un templo Mochica en todas su fases, así como un cementerio de la época Lambayeque, además de capas de ocupación aparentemente domésticas en periodo formativo.
Resaltó que se ha encontrado toda la historia cultural del valle Lambayeque que se resume en los hallazgos citados.
Añadió que se encontraron diferentes ocupaciones que explican todo el proceso del desarrollo cultural de este valle lambayecano. “Hasta el momento tenemos 14 tumbas descubiertas, de ellas una pertenece a la cultura Chimú, otra a la Mochica y las restantes pertenecerían a la cultura Lambayeque”, aseguró.
Bracamonte refirió que, además, se han hallado 8 vasijas de las tres culturas citadas. “Se trata de vasijas completas, a parte de una gran e importante colección de fragmentería en cerámica de todos los periodos culturales, especialmente de la época formativa”, anotó.
Destacó que han descubierto en todas las tumbas Lambayeque objetos de metal, especialmente cobre y cobre-dorado. “Nos llamó mucho la atención el caso de dos tumbas que tenían un ornamento de oro y otro de plata. Se trata de un individuo que tenía un objeto de oro y la persona de sexo femenino con un elemento de plata, unos colgantes que aparentemente tienen formas de pinzas”, señaló.
Lo más antiguo que se ha encontrado -dijo el arqueólogo-estaría fechado para el periodo formativo entre 1000 a 1,200 años antes de cristo, probablemente seguimos excavando y podemos descubrir otras evidencias, pero eso es lo más profundo que hemos hallado hasta ahora.
“Tenemos la evidencia de todas las fases Mochica y podemos entender cómo va el proceso de desarrollo cultural Mochica, sumando las evidencias halladas en otros asentamientos como el caso de Sipán, Pampagrande, Santa Rosa de Pucalá, Ventarrón y Collud, donde se tiene algunos datos; lo que nos va a permitir tener un mejor panorama de la arqueología Mochica en el valle”, puntualizó.
Mencionó que se tiene programado continuar con la excavación un par de semanas más. “Se espera conseguir un mayor fondo económico para proseguir las excavaciones y seguir desentrañando el misterio de la ocupación Mochica en este valle”, acotó, agregando que próximamente se procederá a cubrir este sitio, tras la finalización de las excavaciones hasta la espera de una nueva investigación.
Orígenes de cultura Mochica
Por su parte, el director del Museo Tumbas Reales de Sipán, Walter Alva, resaltó que a través de esta iniciativa continúan con el proyecto de encontrar los orígenes de la cultura Mochica y su evolución en el valle de Lambayeque. Advirtió que se está investigando el complejo arqueológico El triunfo, dado los antecedentes de que allí se encontró mucha cerámica de las diversas épocas de la cultura Mochica.
“Después de 4 semanas de investigación hemos podido encontrar que aquí en este conjunto de estructuras de adobe y montículos se encuentra escrita la historia de todo el valle, es decir 3,800 años de historia en un solo espacio. Lo que se ve es una arquitectura de adobe que es la parte principal, pertenece a la cultura Mochica y dentro de esta se ha podido determinar las tres fases de este pueblo: tardía, media e inicial”, detalló.
Agregó que después de los Mochicas llegaron los Lambayeque, colocaron sus tumbas, hicieron unas remodelaciones arquitectónicas y finalmente los Chimú también enterraron a sus muertos y se tiene incluso la presencia Chimú-Inca.
Alva destacó que la sorpresa que se llevaron es que debajo de lo Mochica hay una capa de arena, donde se encuentra la ocupación de las culturas formativas conocidas como la época de influencia Chavín, Cupisnique y también se está encontrando una secuencia de ocupaciones.
“Lo más importante para los arqueólogos es conocer las estratificación de la ocupación sucesiva que nos permita reconstruir los cambios dentro de esa cultura. En el caso de la época Mochica se encontró también hornos de fundición en las tres épocas, estos serían los hornos de fundición de cobre más antiguo que se conocen hasta hoy, y corresponderían a la época temprana del siglo III o II de nuestra era, diferentes a los que se conocían hasta ahora en la cultura Lambayeque”, subrayó.
Asimismo, dio a conocer que igualmente se han encontrado algunos entierros: uno con una pinza y colgajo de oro y otro con una pinza semejante de plata.
“Estamos frente a un monumento que va a permitir como las páginas de un libro, encontrar el orden y la secuencia de las culturas del valle de Lambayeque”, insistió.
Mencionó que este proyecto está rescatando, de igual modo, la parte académica, pues se está incorporando estudiantes para que realicen prácticas desde los primeros años y organizando a la población para la protección de su monumento.
“Se ha presentado una respuesta inmediata y ya tenemos un comité de los pobladores, para que no se repita la nefasta época del huaqueo, donde se profanaban estos sitios para destruir nuestra historia”, enfatizó.
Finalmente, recordó que este monumento fue saqueado hace 10 años, donde probablemente ocurrió lo mismo con las tumbas más ricas, “pero lo más valioso de lo que estamos encontrando es la historia del valle en este pequeño monumento”, concluyó.