¿Quiénes son las mujeres en nuestras sociedades? Cuando uno extiende la pregunta, la principal vinculación que surge es la maternidad o el desarrollo de actividades de cuidado, es decir, roles y funciones impuestas por una sociedad patriarcal, no obstante, ¿es ello, lo único que hacemos y somos las mujeres?
Desde mediados del siglo XVIII el feminismo, de nacimiento occidental, viene luchando por la creación de una sociedad donde ejercer todos nuestros derechos y cubrir nuestras necesidades como ciudadanas e individuos que exceden la mera reproducción biológica y cultural. Las editoras consideramos que si este libro puede ser definido en dos palabras son: osadía y memoria.
Este libro está empapado de osadía, debido a que la propuesta teórica que moldeó el simposio que dio paso a esta publicación, desborda los limites clásicos de la arqueología peruana, y hace un llamado para atender las problemáticas expuestas por la epistemología feminista de los 1970’s, e incorpora las reinvindicaciones de la última ola del feminismo multivocal. Pero, sobre todo, osadía por parte de las autoras y autores de los artículos, quienes en muchos casos han pasado por procesos de introspección de su práctica académica, profesional o personal en arqueología, y exponen situaciones o puntos de vista poco o nada mencionados en la literatura local de nuestra ciencia.
Deconstruyendo a la Arqueología Peruana:
Una Introducción al Estudio de las Mujeres del Presente y del Pasado
Lady Santana Quispe
Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Email: [email protected]
Carito Tavera Medina
Universidad Nacional Mayor de San Marcos / Instituto Peruano de Estudios.
Email: [email protected]
Las editoras iniciamos este proyecto con una idea inicial: (1) exponer y problematizar el papel y las historias de las mujeres que son parte de la arqueología peruana, objetivo inicial que evidentemente fue excedido, como se pudo apreciar en el programa del evento.
Así mismo, el propio proceso de organización del simposio nos autocuestionó, generando la necesidad de (2) visibilizar la pluralidad de experiencias y espacios donde las arqueólogas participan a lo largo de su formación y desarrollo profesional, así como, problematizar sobre las características y dinámicas que se establecen en los mismos. Finalmente, el último aporte fue (3) la introducción de estudios que abordaban problemáticas del espectro de la arqueología de género o de la arqueología feminista.
El desarrollo del simposio tenía un fin último, el mismo que las organizadoras entendimos desde el primer momento, la producción de un libro. Este proyecto editorial permitiría poner en la agenda de la arqueología peruana la necesidad de (re)construir las historias de las mujeres que forman parte de ella. Esto atiende a que la historia de nuestra arqueología aún carece de los relatos, vivencias y aportes del otro 50% de sus participantes: las arqueólogas1.
Cabe señalar que esta no fue una elección al azar, sino que respondió a una reflexión ya antes expuesta por Margarita Díaz-Andreu hace 8 años en el epílogo del libro “Historia de la Arqueología en el Perú del Siglo XX”, pero que no había encontrado una verdadera respuesta académica y práctica hasta ahora. Debido a la suma de nuevos objetivos en la constitución del simposio, pudimos evidenciar que este libro se convertiría en un testimonio y agenda para las futuras generaciones que decidieron abordar la arqueología desde el enfoque de los estudios de género.
Así, este es el primer proyecto editorial publicado en el Perú y desde la arqueología peruana que busca integrar en el más amplio espectro, los estudios de género en nuestra disciplina. Sin embargo, nos preguntamos si ya entrado el siglo XXI, en el caso de la arqueología peruana, ¿es válido el enunciado de Perrot (2009)? Nos cuestionamos, si aún es posible señalar, que escribir sobre las historias de las mujeres de la arqueología peruana y del mundo prehispánico ¿es sacarlas del silencio? Al encontrarnos en plena segunda década del tercer milenio, ¿es posible que las mujeres aún nos encontremos silenciadas desde la perspectiva arqueológica e histórica de esta ciencia? Y como en un juego de palitroques ¿cómo ello afecta en la construcción de las identidades de las niñas y mujeres del presente?
Nosotras consideramos que aún existen muchas historias que aguardan ser recuperadas, oídas e integradas en nuestra memoria social. Es cierto que en los últimos 30 años la arqueología peruana ha brindado luces del papel de las mujeres del mundo prehispánico (Pradka, 2019; Wester, 2018; Franco 2017, Shady, 2017; Sandoval, 2009; Donnan y Castillo, 1994; entre otras). Dichas construcciones han permitido cuestionar la visión totalitaria de un poder masculino en las sociedades de los Andes precoloniales. Los hallazgos de estas mujeres acompañadas por elementos históricamente reconocidos por la arqueología andina como elementos de poder y riqueza han dado luces de otros roles no contemplados previamente. De esta forma, Las Sacerdotisas y Damas se han convertido en personajes excepcionales de las élites indígenas locales de cada sociedad. No obstante, estos estudios no han sido enunciados desde la propuesta de la arqueología femenista, la misma que hace una crítica estructural a la reconstrucción e interpretación del papel de las mujeres.
La problemática que subyace en el excepcionalísimos de estas mujeres “poderosas” se contradice con la poca o inexistente literatura arqueológica que aborde las condiciones históricas de las otras mujeres del mundo andino. Cabe mencionar que a lo largo de más de 100 años de arqueología peruana no existe un solo proyecto arqueológico que posea un eje teórico-metodológica con enfoque de género2 o como principal objetivo la reconstrucción de las dinámicas de género de una sociedad en particular (Conkey, 2003; Conkey y Spector, 1984; Gero, 1991). Entiéndase que cuando hablamos de dinámicas o relaciones de género, estas trascienden al conjunto de las mujeres, e incluye temas como las masculinidades, enfoque que no posee ningún tipo de abordaje en la actualidad.
En lo que respecta a la historia de las mujeres de la arqueología peruana, se suele decir que no se ha escrito sobre ellas. Sin embargo, al revisar de forma minuciosa la bibliografía preexistente es posible hallar un número interesante de aportes (Tavera y Santana, 2021, pp. 146-147). Tales aportes poseen una característica particular: la concentración en “las figuras icónicas femeninas” de nuestra disciplina. La construcción de referentes femeninos basados en el sacrificio, rectitud, extremo grado de minuciosidad y el ser las únicas destacadas de su generación, ocultan en sí los impactos de vivir en una sociedad patriarcal. De esta forma, resaltar a las sobrevivientes de esos tiempos, sin realizar una lectura crítica, es romantizar el machismo, clasismo, racismo y dinámicas de abuso de poder, al que muchas mujeres de nuestra arqueología se han visto expuestas en su vida cotidiana.
La arqueología es una de esas ciencias que ha caracterizado su objeto de estudio bajo la lupa de estereotipos definidos por una sociedad patriarcal. Es en este camino que se generó una tradicional distinción biológica entre hombres y mujeres que básicamente está, y continúa, basada, en características de superioridad, fuerza, agresividad en contraposición a pasividad, subordinación y dependencia (Ferro, 2017). Así mismo, se basa en el binomio cultura versus naturaleza, la primera, “desarrollada” por los hombres, mientras que la segunda, encarnada en las figuras femeninas. Todo lo anterior lo podemos apreciar en la gran diversidad de mitologías, incluida las sociedades andinas. Esta situación permitió que se construyan discursos androcéntricos que tienen efectos no solo sobre el objeto de estudio, sino dentro del marco metodológico de las investigaciones y sobre las personas que las llevan a cabo. Se trata de una forma de producir conocimiento que ha erigido y marcado la construcción de una identidad
masculina y femenina (Alarcón, 2010).
Es en este escenario, e influenciada por el feminismo que se abría paso a nivel mundial, que la arqueología feminista llega para quedarse. Se abre entonces un camino de reflexión y crítica en torno a la epistemología y ontología desarrollada y practicada por una arqueología tradicional (Engelstad, 2007; Conkey, 1993; Conkey y Gero, 1997; Conkey y Gero, 1991). Esta arqueología feminista, generó una ruptura “en el orden hegemónico impuesto históricamente, ocasionando malestar entre las personas e instituciones conservadoras y proclives hacia el mantenimiento del orden patriarcal”
(Alarcón, 2012, p. 35).
La reconfiguración de la forma de hacer arqueología es una de las banderas de la arqueología feminista y pretende obtener una visión histórica y objetiva de lo que fue el pasado y de las dinámicas del presente (Cintas, 2012). La arqueología feminista reveló y revela, aquella distorsión androcéntrica de la realidad arqueológica, detecta la invisibilidad de la mujer ocasionada por estas prácticas y aquellos prejuicios sexistas que engloban los discursos y explicaciones de las sociedades del pasado. Finalmente, la arqueología feminista analiza incisivamente el origen y los efectos “epistemológicos, políticos y culturales de esta desigualdad de la mujer en el pasado y el presente de la arqueología” (Navarrete, 2010, p. 76).
Pero existe también, una arqueología de género, la misma que ha cobrado relevancia y es considerada una visión derivada de la arqueología feminista (Cruz Berrocal, 2009, p. 26). La arqueología de género ha desarrollado cuestionamiento en torno a ofrecer información sobre las mujeres y los diversos géneros que coexistieron en las sociedades que nos precedieron. Sin embargo, el planteamiento inicial, es decir, el epistemológico y ontológico, no cambia. Y es que esto estaría relacionado a la concepción de que todo lo que no se dice ni se presenta, está siendo invisibilizado, por lo que es necesario trazar investigaciones que rescaten información sobre las mujeres a lo largo de la historia (Masdival Fernández, 2007). No obstante, se trata de una arqueología fundamentalmente empirista, que acumula información de las mujeres y sus actividades. De tal manera se crea, entonces, una “ilusión” de poseer una documentación total (Cruz Berrocal, 2009), la misma que le ha generado una gran popularidad. Sin embargo, esta forma de asumir la investigación, le ha valido para ser criticada y cuestionada, en la medida que no se discute los parámetros establecidos por la arqueología tradicional y sus construcciones teóricas (Conkey y Gero, 1997; Bender, 2000; Conkey, 2003; Engelstad, 2007).
Y es que si algo caracteriza al feminismo, y en este caso a la arqueología feminista, es su compromiso teórico, epistemológico y, en especial, político. El camino está trazado, no solamente para hacer visible a las mujeres en la historia, sino, también, para reconfigurar nuestra manera de hacer arqueología, de pensarla y presentarla. Sus implicancias, como lo hemos expresado, ponen en relieve la marginalidad con la que han sido tratadas las mujeres, pero también es una herramienta de pensamiento crítica a la ciencia en general (Cruz Berrocal, 2009; Conkey y Gero, 1991; Gero y Conkey, 1991). Así mismo, las nuevas corrientes feministas nos hacen un llamado a cuestionar el cómo se han reconstruido las identidades de género desde la arqueología, entiéndase ello como una crítica directa al binarismo imperante, así como el ímpetu de dar paso al estudio de las masculinidades desde nuestra ciencia.
Sea la arqueología feminista o de género, el contexto nos muestra que la realidad sigue siendo compleja y nos depara un largo andar. Aquel que, como menciona Margarita Sánchez (2014), encuentra a quienes le niegan a nuestra disciplina la pertenencia de una arqueología feminista. Tal vez porque se cuestiona la forma de cómo se practicó y presentó la arqueología, o porque esta, al igual que el feminismo de otras ciencias, pretende y se encuentra en el trabajo de romper el orden hegemónico y dominante que instaura una sociedad patriarcal y androcentrista.
En ese sentido, consideramos importante la incorporación transversal de la teoría feminista a la arqueología peruana ya que permite llevar adelante reinvindicaciones polìticas y cientìficas. Por tanto, y debido a que dicho tema no está agotado, y, evaluando que su expansión y discusión ha sido de poco impacto en la arqueología peruana (Tavera y Santana, 2021; Santana, 2019; Tavera, 2019; Pacheco, 2019; Arroyo, 2019; Cabrera, 2019; Artzi, 2016), es significativo iniciar este largo camino, y así lo empezamos a través de un simposio, ahora materializado en este libro.
Este simposio, no fue el primer espacio creado para hablar de problemáticas semejantes al interior de nuestra disciplina. Si hacemos el ejercicio de retroceder en el tiempo, podremos ver que, en 2012 se realizó la mesa redonda “Mujeres y Poder en los Andes Prehispánicos” organizado por la arqueóloga Sofía Chacaltana y el arqueólogo Luis Jaime Castillo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Asimismo, el Ministerio de Cultura en la semana del Qhapaq Ñan realizó en junio de 2018 el simposio y conversatorio “Arqueólogas; Investigaciones y experiencias”. A este le siguió el evento “Mujeres en la Arqueología: Pasado, Presente y Futuro Contribuciones a la Praxis Arqueológica en el Perú” llevado a cabo en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú en agosto de 2018.
A diferencia de las anteriores reuniones, “Mujeres del Pasado y del Presente: Una Visión desde la arqueología peruana” fue el resultado de un espacio que comenzó a gestarse a mediados de 2017 a raíz de vivencias personales de las editoras y de la búsqueda de respuestas a las distintas realidades históricas que las mujeres de nuestro campo han afrontado. El nombre del simposio evocaba la creación de una narrativa que conecte las historias de las diversas mujeres, entendiéndolas como actrices activas y también importantes de los procesos históricos de las sociedades prehispánicas. Estas “mujeres del pasado” pasan a ser visibilizadas por los aportes de aquellas mujeres del presente, arqueólogas que las estudian desde los objetos.
De esta forma, el título del evento tuvo como finalidad generar un continuum histórico con los aportes e historias de las arqueólogas, haciendo expresa la existencia de dos niveles: el individual y el colectivo. Se hizo explícita la necesidad de emplear la pluralidad, de tal manera que converjan las diversidades identitarias individuales y grupales.
En ese camino, vimos por conveniente generar un espacio de diálogo que permitiese, por primera vez, construir y, en algunos casos, reconstruir las historias y aportes de las mujeres en nuestra disciplina para con la sociedad peruana, desde nuestras propias voces. En esta línea, cabe resaltar que la construcción de la historia de la disciplina, y como lo menciona Margarita Díaz-Andreu (2013), es una historia androcéntrica que requiere nuevas versiones y enfoques no excluyentes.
Por tanto, el simposio que se realizó en 2019, del cual se desprenden los aportes de este libro, buscó visibilizar e incorporar en la narrativa histórica los procesos por los que han pasado las mujeres en su incorporación en el campo de la arqueología peruana desde su nacimiento como ciencia. De esta manera, se relataron las oportunidades que han tenido y tienen las mujeres en espacios académicos y profesionales como las aulas, centros de investigación, museos, etc. Asimismo, presenta las dificultades que han afrontado y cómo han logrado superarlas para seguir adelante con sus carreras. Este ejercicio nos permitió presentar parte de las voluntades epistemológicas y metodológicas que subyacen al trabajo y esfuerzo realizado por cada una de las mujeres que fueron y son parte del campo de la arqueología peruana.
Nuestro proyecto editorial se une a otros proyectos relacionados a los estudios de género y lucha feminista que han sueurgido en los últimos 5 años desde la arqueología latinoamericana. Ejemplo de ello es el libro “De Arqueología Hablamos las Mujeres” (Cordero, 2018) gestado desde la realidad arqueológica ecuatoriana. De esta forma, se hace evidente un proceso de generación de ideas y movimientos contemporáneos a nuestra realidad nacional, donde las mujeres buscan visibilizar de forma cada vez más constante sus problemáticas como agentes sociales, reclamando su espacio en la sociedad.
Sin embargo, debemos manifestar y considerar que no todas las participantes que formaron parte de este evento poseen esta misma postura polìtica y científica, debido a las vivencias personales, así como a los contextos de origen y formación profesional. Cada una de nosotras pertenecemos a contextos históricos sociales diferentes en los cuales se desarrolló y desarrolla la arqueología peruana.
Bajo este mismo lineamiento, la decisión de incorporar a pares varones en este proyecto, responde a una clara convicción, y es que más allá del tema puntual de las relaciones de género en arqueología, se busca abordar un problema social latente desde hace décadas, y que debe buscar respuestas y soluciones a través de la participación conjunta. De lo contrario caeríamos en la misma percepción unilateral y sesgada que tanto criticamos.
“Mujeres del Pasado y del Presente: Una visión desde la Arqueología Peruana”, simposio de carácter internacional, estuvo conformado por 10 mesas temáticas. Dos de las mesas fueron los resultados de convocatorias abiertas; (1) “Concurso de Ensayos” (6 de febrero 2019) que tuvo dos preguntas a modo de ejes reflexivos: ¿Cómo la arqueología feminista o de género puede enriquecer la ciencia arqueológica? y ¿cómo percibes o percibiste las relaciones de género durante tu formación en la carrera? Así mismo, se realizó la convocatoria de ponencias (2) “Estudio de las Mujeres en el Pasado” (17 de febrero 2019) donde se solicitó la presentación de investigaciones relacionadas a las problemáticas abordadas por las arqueologías de género y feminista.
Es así que, el evento contó con 39 ponencias de colegas nacionales e internacionales y se realizó los días 26, 27 y 28 de junio de 2019 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) gracias al apoyo incondicional de la entonces Vicedecana de Investigación y Posgrado, la Dra. Ruth Shady Solis.
Durante los días que se realizó el simposio fue posible contar con la exposición temporal “Mujeres detrás del badilejo”, que fue producto de la creación colectiva del equipo de voluntarios y voluntarias del simposio. Dicha exposición cobró vida gracias al compromiso y desprendimiento de Zenaida Portalino y Patricia Calvay, ambas egresadas de la escuela de Historia del Arte de la UNMSM. Fueron ellas quienes planificaron y dirigieron el montaje de la exposición, eligiendo materiales, adaptándolos al limitado presupuesto y espacio que se poseían, pero sin que eso limitara el objetivo de la exposición.
Tal como fue pensada, “Mujeres detrás del badilejo” buscó exponer la diversidad de mujeres que son parte de la arqueología peruana. El proceso de creación previa al montaje de la exposición permitió comprender que la arqueología peruana no responde a la práctica científica efectuada sólo por personas de nacionalidad peruana. Por el contrario, la arqueología peruana se ha construido gracias a los aportes de científicas de diversas partes del mundo, implicando el intercambio cultural y científico para ambas partes, claro está, no siempre en las mismas condiciones materiales ni sociales. Sin embargo, este proceso de creación intergeneracional permitió analizar desde distintos ángulos e intereses los aportes de las arqueólogas. Ello dio paso al reconocimiento de nichos académicos y profesionales que las arqueólogas han ido creando y consolidando.
Así mismo, nos permitió analizar el impacto social e histórico que han tenido los aportes teóricos-metodológicos de arqueólogas como Dorothy Menzel en relación a la concepción cronológica del mundo andino, por solo dar un ejemplo. O de forma más contemporánea como la figura de Ruth Shady ha acercado el interés y entendimiento de la arqueología a las esferas del público no especializado, llegando incluso a consolidarse como un referente de científica nacional para niñas, adolescentes y mujeres peruanas. Asimismo, en esta exposición se incorporaron fotografías que retrataban a colegas de distintas generaciones y espacio de formación en sus distintas facetas de su vida profesional. Adicionalmente, sumamos las fotos de las panelistas de este evento, con el fin de evidenciar los diferentes campos de la arqueología en los que las mujeres se desarrollan en la actualidad .
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