El discurso arqueológico acerca del Tawantinsuyu es que este duró menos de cien años y que los logros alcanzados por los gobernantes cusqueños, incluido la incorporación de un extenso territorio ocupado por una diversidad de naciones, fue obtenido dentro de un espacio de tiempo relativamente corto. La fundación de este discurso es nada menos que un texto perteneciente al Fraile Miguel de Cabello Balboa, donde aparecen fechas que supuestamente tienen relación con el surgimiento del Estado Inka. En su interés por establecer la cronología Inka, John H. Rowe adoptó las fechas de Cabello Balboa, aun sabiendo que tenían un origen dudoso. Desde su adopción, las fechas se han mantenido hasta el presente, recibiendo apenas tímidas reacciones. Sin embargo, en los últimos tiempos un número cada vez creciente de investigadores ha empezado a mostrar su descontento con la cronología tradicional Inka, luego de constatar que fechados radiométricos propuestos para varios centros provinciales distribuidos a lo largo del Tawantinsuyu consistentemente son más antiguos que la cronología tradicional. Fechados absolutos obtenidos para Tambo Viejo, el centro provincial Inka del valle de Acarí, también sugieren la presencia Inka en la costa sur varias décadas antes de lo que sostiene la cronología tradicional.
Palabras clave: Cronología Inka, cronología tradicional, Tawantinsuyu, Tambo Viejo, Acarí.
Título original:
EL MITO DE LA CORTA DURACIÓN DEL TAWANTINSUYU
THE MYTH OF THE SHORT DURATION OF TAWANTINSUYU
Autores:
Lidio M. Valdez. University of Alberta, Canada ([email protected])
Katrina J. Bettcher. Investigadora independiente ([email protected])
Abstract
The archaeological discourse about Tawantinsuyu is that it lasted less than one hundred years and that the great achievements attained by the Cusco rulers, including the incorporation of a massive territory occupied by a diversity of nations, were obtained within a relatively short period of time. The foundation of this discourse is nothing less than a text belonging to Friar Miguel de Cabello Balboa that includes dates that are apparently related to the emergence of the Inka state. In his attempt in establishing Inka chronology, John H. Rowe adopted Cabello Balboa’s dates, even though he knew that the dates were of dubious origin. Since its adoption, the dates have been maintained to the present, receiving only timid reactions. However, in recent times an increasing number of researchers have begun to show their discontent with the traditional Inka chronology after verifying that radiometric dates secured for several Inka provincial centers distributed across Tawantinsuyu are consistently older than the traditional chronology. Absolute dates obtained for Tambo Viejo, the Inka provincial center of the Acari Valley, also suggest the Inka presence on the Peruvian south coast several decades earlier than the traditional chronology maintains.
Keywords: Inka chronology, Traditional chronology, Tawantinsuyu, Tambo Viejo, Acarí.
Dos de las principales interrogantes de toda investigación arqueológica son ¿Cuándo? y ¿Dónde? El primero, porque es indispensable ubicar los artefactos arqueológicos (y sus contextos) y eventos sucedidos en el pasado en una escala de tiempo; y el segundo, debido a que es necesario ubicar todo acontecimiento en un espacio geográfico. Solo una vez determinado estos aspectos, los investigadores podemos contextualizar el pasado tanto en el tiempo como en el espacio. Determinar el tiempo con precisión también permite documentar los cambios ocurridos a lo largo del tiempo (Price y Knudson 2018: 180), a la vez de comparar y contrastar los desarrollos sucedidos en más de una región. Puesto en esta perspectiva, la cronología constituye la columna vertebral de toda investigación arqueológica.
Determinar con precisión los sucesos de eventos importantes ocurridos en el pasado siempre fueron –y lo es— un reto para los investigadores. Para el caso específico de los Andes centrales, numerosos investigadores han invertido valiosos recursos en establecer una secuencia cronológica que sirva como escala para medir en el tiempo la sucesión de eventos. Esta importante tarea se dio inicio con Max Uhle, quien fue el primero en establecer una secuencia cronológica de cuatro períodos (Rowe 1954: 73; Willey y Sabloff 1980: 73). Este esfuerzo fue continuado por toda una generación de investigadores quienes establecieron secuencias cronológicas (Bennett 1948; Bennett y Bird 1949; Kroeber 1944; Lumbreras 1959; Menzel 1964; Menzel, Rowe y Dawson 1964; Rowe 1960, 1962; Strong 1948; Strong y Evans 1952; Willey 1948), las mismas que fueron corregidas y consolidadas en la medida del avance de los estudios. El esquema cronológico que actualmente sirve de guía en toda investigación arqueológica, la secuencia maestra del valle de Ica establecida por la escuela de Berkeley (Rowe 1960, 1962), es producto de este largo interés de contar con una escala de referencia con respecto al tiempo (Carmichael 2019).
La secuencia maestra fue establecida a partir del método de la seriación de la cerámica, donde un estilo de cerámica es asociado con un período de tiempo particular. La cerámica resulta ser de mucha utilidad para estos propósitos precisamente porque es un elemento innovador y que está en constante modificación. Por lo tanto, provee de una cronología relativa; es decir, un estilo determinado es definido como “anterior a” o “posterior a” a base de determinados atributos y/o rasgos. Al establecer la secuencia maestra, los especialistas no tuvieron el beneficio de los fechados de carbón (C14), aunque tal opción ya existía (Covey 2018: 261). Como resultado, la secuencia maestra no provee de una cronología absoluta. Sin embargo, en la medida del avance de la investigación arqueológica, los especialistas han tratado de consolidar la secuencia cronológica para regiones específicas con el eventual empleo, aunque esporádico, de mediciones radiométricas –fechados de carbón.
Durante los últimos tiempos, se ha hecho evidente que la investigación arqueológica exige, cada vez más, determinar con mayor precisión los eventos sucedidos en el pasado, pues ya no resulta suficiente saber, por ejemplo, que los inkas florecieron durante el período Horizonte Tardío. El interés radica en establecer el crecimiento del Estado Inka1 sobre evidencias tangibles y fechados precisos; es decir, la tarea de todo estudioso es conocer cuándo nació y comenzó a expandirse el Estado Inka desde su centro de origen, el valle de Cusco (Bauer 2001; Covey 2006). En consecuencia, proponer fechados absolutos ya no es simplemente una opción, sino una necesidad. Obviamente, establecer cronologías precisas no es una tarea fácil, pues en casos como el estado Inka se requiere evaluar su origen, tema que está inmerso, por un lado, en la poca importancia que los inkas dieron a la cronología histórica (Nowack 2013: 88); y, por otro lado, a las discrepancias e imprecisiones que existen en las fuentes escritas producidas en tiempos de la Colonia (Covey 2006). El estudio de los imperios, especialmente el rastrear sus orígenes, es complicado (Morrison 2001: 1). Sin embargo, coincidimos con Covey (2018: 254) cuando sostiene que el caso particular del Estado Inka provee una excelente oportunidad para demostrar que la arqueología, independientemente de las fuentes escritas, puede cumplir un rol central en reconstruir su origen.
Dicho esto, nuestro objetivo es precisamente discutir el caso Inka, especialmente su expansión. El foco central de este análisis es evaluar la idea que percibe a los inkas como una organización que duró menos de cien años. Para poner esta discusión en perspectiva, primero trazaremos el origen de la “cronología corta”, que atribuye una breve duración del Estado Inka, para luego discutir la ocupación Inka de la costa sur.
El Padre Miguel de Cabello Balboa y John H. Rowe
“Muchos de nosotros activos en los estudios Andinos nos preguntamos cómo fue que el estado Inka logró incorporar una diversidad de grupos étnicos, distribuidos a lo largo de 4,000 kilómetros, y amalgamarlos en menos de cien años” (Murra 1986: 49).
La lectura de la mayoría de la documentación escrita existente para el Estado Inka nos enseña que este fue un fenómeno de corta duración y que la conquista del extenso territorio del Tawantinsuyu fue lograda en menos de cien años (D’Altroy 2003: 45; Malpass 1993: 1). El hecho de que la distribución de los artefactos Inka en las provincias es mínima, mientras que las tradiciones locales se mantuvieron no obstante la conquista (Covey 2015: 92; Morris y Thompson 1985: 150; Rowe 1945: 279; Wernke 2006: 180) es a menudo visto como una prueba de la corta duración del Estado Inka. Sin embargo, desde hace buen tiempo los investigadores sospecharon que había errores en la cronología (Bauer 2001: 138; Covey 2006, 2018). Uno de los primeros en poner en duda la cronología corta de los inkas fue Murra (1986: 49). John Hyslop (1993: 351) también tomó similar posición al cuestionar “¿Cómo fue que el estado Inka hizo tanto en tan corto tiempo?”. Rowe (1945: 281) fue uno de los pocos convencidos que los noventa y tantos años que supuestamente duró el Tawantinsuyu fueron suficientes para lograr lo hecho por el Estado Inka, esto, en la opinión de Rowe, gracias al “número de trabajadores especializados disponibles para edificar las obras públicas.”
El origen de la cronología corta Inka está estrechamente asociada con los nombres del Padre Miguel de Cabello Balboa y John H. Rowe. En su Miscelánea Antártica: Una Historia del Perú Antiguo, Cabello Balboa introdujo varias fechas (Tabla 1), convirtiéndose así en una de las pocas fuentes de los tiempos de la conquista en proveer fechas calendáricas.
Tabla 1.
Cuadro cronológico elaborado por J. H. Rowe (1945, 1946: 205) a partir de la información obtenida del documento de Miguel de Cabello Balboa.
| Reinado de Waskar | 1525 – 1532 (7 años) | |
| Reinado de Huayna Capac | 1493 – 1525 (22 años) | |
| Reinado de Thupa Inca | 1471 – 1493 (22 años) | |
| Thupa Inca en comando | 1463 | |
| Reinado de Pachakuti | 1438 – 1471 (33 años) | |
| Viracocha desposeído | 1438 |
Cabello Balboa (1945: 323) estableció que Pachakuti llegó al poder aproximadamente en el año 1438. Esta también sería la fecha de la incursión Chanka a Cusco que habría resultado en la victoria de las fuerzas encabezadas por Pachakuti. Al mismo tiempo, 1438 vendría a ser la fecha de la desposesión de Viracocha, quien fuera sustituido por Pachakuti (Cabello Balboa 1945, Capítulo 15, 292). La misma fuente sostiene que durante los próximos 33 años Pachakuti se mantuvo en el poder, finalmente cediendo el comando militar a Thupa Inca, su hijo, en 1463. Por su parte, Sarmiento de Gamboa (2007: 107) indica que al tiempo del ataque Chanka, Pachakuti apenas tendría aproximadamente 20 años. Rowe (1946: 205) incluso llegó a elaborar un mapa de la expansión de los inkas (Figura 1), que hasta la actualidad constituye en un valioso instrumento que guía todo estudio Inka. De ser correctas todas estas observaciones, la consolidación del Estado Inka, y su posterior expansión, serían logros de un joven soberano, quien hábilmente transformó por completo a una pequeña entidad política que hasta entonces apenas se limitaba al valle del Cusco (Bauer 2001: 72). Covey (2006, 2018) discute las deficiencias y discrepancias de los documentos de tiempos de la Colonia, incluido el texto de Cabello Balboa, por lo que para una evaluación más exhaustiva sugerimos al lector consultar dicha fuente. Por su parte, Lane y Marsh (2024) exponen las deficiencias de la cronología corta.
Cabello Balboa (1945, Capítulo 18, 319-320) estimó que Pachakuti falleció alrededor de 1473, siendo sucedido por Thupa Inca. Una vez culminados los funerales de Pachakuti, Thupa Inca habría tomado la decisión de visitar Huamanga, Parcos y Jauja, desde donde continuó hacia Lima siguiendo la ruta hacia Huarochirí, para luego llegar a Pachakámac. Durante su estadía en este lugar, Thupa Inca habría tomado la importante decisión de conquistar los valles ubicados más al sur, como Mala, Lunahuaná y Chincha, que hasta entonces todavía mantenían sus autonomías.
Al discutir la cronología Inka, Rowe (1945: 276) admitió que “a lo mejor nunca podremos fechar exactamente a los incas, por lo que los indios de Cusco no se interesaban en el paso de los años”. Rowe justificó su observación con una cita del Padre Bernabé Cobo, quien en su Historia del Nuevo Mundo había anotado lo siguiente:
“Porque ni contaban por años sus edades ni la duración de sus hechos, ni tenían algún tiempo de punto señalado para medir por él los sucesos, como contamos nosotros desde el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, ni jamás hubo un indio, ni apenas se halla hoy, que sepa los años que tiene, ni menos los que han pasado desde algún memorable acaecimiento acá” (Cobo 1964, Libro 22, Capítulo XXXVII, p. 142).
Efectivamente, para las poblaciones indígenas del Tawantinsuyu fue más importante el tiempo cíclico que la secuencia temporal, y de ahí la diferencia entre los inkas y los españoles (Novwack 2013). Por lo tanto, la información que los cronistas españoles como Cabello Balboa o Sarmiento de Gamboa, por ejemplo, lograron recopilar de la población indígena no fue necesariamente acorde con la percepción de tiempo de los europeos, quienes sin embargo se dieron la libertad de acomodar las supuestas fechas de la manera que mejor les pareció. De este modo, las fechas proporcionadas por Cabello Balboa, no obstante que fueron aceptadas por Rowe, de ninguna manera son confiables (Covey 2006 Lane y Marsh 2024)2.

Figura 1. Mapa de la expansión del estado Inka originalmente preparado por Rowe (1946) y basado en las fechas encontradas en el documento perteneciente al Padre Miguel de Cabello Balboa.
Rowe (1945: 277) conocía que fuentes como Sarmiento de Gamboa (2007) y Vázquez de Espinosa (1948) también ofrecían fechas, pero que en su opinión estas eran “salvajes e imposibles” o simplemente “casi tan malas”. En contraste, las fechas encontradas en Cabello Balboa no sólo eran razonables, sino también “las más plausibles que tenemos o, de hecho, es probable que alguna vez tengamos”. Asimismo, Rowe admitió no tener la menor idea de dónde Cabello Balboa obtuvo las fechas que aparecen en su documento. Transcurrido cerca de ocho décadas desde que Rowe prestó interés a las fechas de Cabello Balboa, su origen continúa siendo una incógnita, mientras que las consecuencias de su adopción son cada vez más problemáticas. Es posible que Rowe nunca haya imaginado las consecuencias de dar credibilidad a una información de dudosa procedencia, y esto constituye un ejemplo de que toda discusión arqueológica, para ser duradera, tiene que estar basada en pruebas tangibles y no simplemente en meras especulaciones. La ciencia exige pruebas.
A partir de las fechas de Cabello Balboa, Rowe (1945: 279) concluyó que “la primera influencia Inca en la costa sur se sintió alrededor de 1440, al tiempo de la incursión de Qhapaq Yupanqui, llegando la conquista unos 35 años después, aproximadamente en 1476”. Si en efecto 1476 fue el año cuando los valles de la costa sur fueron anexados al control Inka, y considerando que en 1533 ya se habían establecido una serie de encomiendas españolas en la región (Menzel 1959: 126; Valdez, Bettcher y Ruales 2024), la presencia de los inkas en la costa sur habría durado apenas alrededor de 57 años. Por lo tanto, la duración del Tawantinsuyu sería todavía más breve de lo planteado originalmente.
Desde que Rowe (1945) aprobó las fechas de dudosa procedencia, estas se han convertido en un importante instrumento para discutir el Estado Inka, y en forma particular, su rápida expansión y supuesta corta duración. La idea general de que los inkas conquistaron y consolidaron sus dominios sobre un extenso territorio de variada geografía y ocupada por una multitud de naciones en menos de cien años (Morris y von Hagen 2011: 30), y que todos los logros se hicieron a una velocidad increíble, es en realidad producto de la prematura aceptación de fechas de dudoso origen, además de la influencia intelectual de la figura de John H. Rowe en los estudios Inka (Lane y Marsh 2024). Efectivamente, los investigadores del Estado Inka parecen haber estado convencidos con la justificación proporcionada por Rowe, y como consecuencia no prestaron interés alguno en asegurar fechados absolutos (Covey 2018: 254). Este es el caso, por ejemplo, de Huánuco Pampa, que sin duda alguna es uno de los establecimientos Inka mejor estudiados, pero sin fechados absolutos (Morris y Thompson 1985). Sucede lo mismo con otros asentamientos Inka de la costa sur, como Tambo Colorado (Protzen 2008) o el mismo La Centinela (Morris y Santillana 2007). Para muchos, brindar fechados absolutos para los inkas simplemente no pareció ser necesario, lo que contribuyó a la duración de la cronología corta.
Sin embargo, muchos investigadores sospecharon por mucho tiempo que, más allá de la imaginación de Cabello Balboa, las fechas encontradas en su documento eran cuestionables, precisamente por carecer de una fuente de información cronológica segura y confiable (Bauer 2001: 38; Marsh et al. 2017: 3). Además, durante las últimas décadas un creciente número de estudiosos han mostrado su descontento con la cronología Inka basada en las fechas de Cabello Balboa (1945). Ellos sostienen que el tiempo ha llegado para abandonar la cronología tradicional y sustituirla con una cronología más confiable, basada en la evidencia arqueológica y fechados radiométricos (Valdez y Bettcher 2023). En otras palabras, las fechas de dudosa procedencia encontradas en los documentos de tiempos de la conquista, de ninguna manera, deben tener prioridad y privilegio sobre la evidencia arqueológica (Covey 2006: 193). Esta nueva postura surge luego de la publicación de un número considerable de fechados de carbono 14 para varios centros importantes Inka distribuidos a lo largo del Tawantinsuyu (Burger et al. 2021; Bongers 2019: 99, 194-185, 341; Dalton 2020: 39, 321; Dalton et al. 2021; D’Altroy 2001: 204; D’Altroy et al. 2007: 90-91; Morris y von Hagen 2011: 31; Ogburn 2012: 219; Pärssinen 2015: 274-275; Marsh et al. 2017: 117); Tambo Viejo se suma a esta lista (Valdez y Bettcher 2023). Todos estos fechados arrojan consistentemente resultados más tempranos que la cronología tradicional. Por ejemplo, se ha sostenido que Machu Picchu fue establecido por Pachakuti, lo que supone que esta ciudadela fue edificada después de 1440. Sin embargo, los fechados absolutos propuestos recientemente demuestran que Machu Picchu ya venía siendo ocupado mucho antes de 1440 (Burger et al. 2021: 1276). Esto es una evidencia concreta que cuestiona la validez de la cronología basada en los fechados de Cabello Balboa.
Investigadores como Marsh y colegas (2017: 117) advierten que las medidas radiométricas calibradas no son perfectas, tienen un margen de error; no obstante, sostienen que estas deficiencias pueden ser superadas mediante el empleo del modelo Bayesiano, que trata los fechados provenientes de un sitio en forma agregada.
Si bien Rowe (1945) valoró bastante las fechas encontradas en la obra de Cabello Balboa por ser, a su juicio, razonables, es preciso anotar que un imperio como el Inka no puede continuar siendo discutido sobre la base de fechas de dudoso origen (Covey 2018; Marsh et al. 2017; Morris y von Hagen 2011: 31; Ogburn 2012: 222). Desde la aprobación de Rowe, han transcurrido cerca de ocho décadas durante las cuales los fechados absolutos se han convertido en parte importante de toda investigación arqueológica, incluido los estudios Inka. Por lo tanto, es tiempo de abandonar las fechas de Cabello Balboa y sustituirlas con fechados absolutos que a pesar de sus limitaciones son más confiables. Este es un importante proyecto obviamente difícil, pero en el que todos quienes confiamos del potencial de la arqueología debemos tomar parte para, de esa manera, establecer una base sólida que exige el estudio Inka –y por extensión las otras culturas preinkas de la región.
A diferencia de Rowe, Catherine Julien (2008: 169) ofreció un panorama diferente al sostener que “se puede leer otro escenario en las mismas fuentes que leyó Rowe”. Julien fue de la postura que la costa sur fue anexada por los inkas una generación antes del reinado de Thupa Inka. Julien (2008: 165) hizo referencia a la existencia de un importante documento llamado la Memoria, que al parecer incluye un listado de las conquistas de Thupa Inka, y donde curiosamente no aparecen las campañas en la costa sur; no obstante, que el documento menciona a Chinchaysuyo, la provincia Inka que lleva el nombre del reino de Chincha. Julien (2008) fue de la idea que la omisión fue probablemente porque la costa sur ya había sido anexada. Además, Julien (2008: 174) menciona un segundo documento de igual importancia llamado la Relación de Chincha que proporciona una medida del tiempo transcurrido desde la anexión Inka de Chincha, unos 150 años antes. Teniendo en cuenta que el documento de la Relación está fechado en el año 1558, la estimación proporciona una fecha para la anexión alrededor del año 1408. Esto no solo abre la posibilidad de que la expansión Inka se dio mucho antes, sino también sugiere que los inkas ya existían por lo menos algunas décadas antes de 1408. A través de la consideración de las nuevas fuentes y al darse cuenta de que la secuencia temporal de las narrativas históricas inkas estaban organizadas por “genealogía, y no cronología” (Julien 2000: 52, 2008: 171), Julien (2008: 174) concluyó que Ica y el resto de la costa sur fue anexada durante la vida de Pachakuti. Como se podrá observar más adelante, los fechados absolutos recientemente obtenidos para algunos sitios de la costa sur se alinean mejor con lo sostenido por la investigadora.

Figura 2. Ubicación de Tambo Viejo en relación con otros centros provinciales Inka de la costa sur del Perú.
La Ocupación Inka de la Costa Sur
La región comprendida entre los valles de Chincha por el norte y Acarí por el sur constituye la costa sur del Perú. Esta región formó parte de una de las provincias del Tawantinsuyu, el Chinchaysuyu, y donde el Estado Inka logró construir importantes centros provinciales (Menzel 1959) (Figura 2), que fueron articulados por el Camino Real Inka que cruzó la costa del Pacífico (von Hagen 1976; Hyslop 1984). Con la excepción de La Centinela, el centro más importante del Señorío Chincha y que fue reutilizado por la administración Inka (Morris y Santillana 2007; Morris y Von Hagen 2011: 144-147), en los otros valles de la región se establecieron importantes centros como Tambo Colorado en el valle de Pisco, Ica la Vieja en el valle de Ica, Tambo de Collao en el valle de Ingenio, Paredones en el valle de Nazca, y Tambo Viejo en el valle de Acarí (Menzel, Riddell y Valdez 2012; Valdez y Bettcher 2022, 2023). A menudo se sostiene que los centros provinciales cumplieron funciones administrativas (D’Altroy 2003: 239); sin embargo, esta es apenas una hipótesis, pues como resultado de la falta de investigaciones arqueológicas en la mayoría de estos centros imperiales, lo hecho por los inkas en estos establecimientos permanece desconocido.
Hace un poco más de seis décadas, Dorothy Menzel discutió la ocupación Inka de la costa sur. Aquí, Menzel (1959) tomó como punto de partida el trabajo de Rowe (1945), quien especuló que el contacto inicial entre los gobernantes cusqueños y las poblaciones de la costa sur se habría producido aproximadamente en 1440, cuando Pachakuti envió con destino a Chincha a su medio hermano Qhapaq Yupanqui al mando de un comando militar (Rowe 1945: 279, 1946: 206). Se anota, además, que este primer contacto se habría producido poco tiempo después de la victoria Inka sobre los chankas. Sin embargo, el contacto inicial con las poblaciones de la costa sur no habría resultado en la conquista Inka; la incorporación final de la región recién se habría producido aproximadamente en 1476 y durante el reinado de Thupa Inka, hijo de Pachakuti (Rowe 1945: 279, 1946: 207; Menzel y Rowe 1966: 67). De este modo, Menzel (1959: 126) concluyó que la ocupación Inka de la costa sur ocurrió relativamente tarde y duró un corto tiempo; en tanto que en 1534, varios valles de región ya estaban bajo control de los españoles (Menzel 1976: 16).
Son dos las principales fuentes históricas que dan referencia a la conquista Inka de la costa sur. El primero pertenece al cronista Pedro Cieza de León (1945: 208), quien asegura que “inga Yupangue” (Pachakuti) envió al capitán Inka “Capainga Yupangue” (Qhapaq Yupanqui) al valle de Chincha con el propósito de extender sus dominios a los valles costeños. Cieza de León (1967: 198) también anota que el envío hacia Chincha se organizó después de la victoria Inka sobre los soras (Rowe 1946: 206; Meddens y Schreiber 2010; Schreiber 1993: 84-85). Este habría sido el primer contacto entre los inkas y los habitantes del valle de Chincha, pero que no resultó en la conquista Inka (Rowe 1945: 270). En otro documento, Cieza de León anota que el Señorío de Chincha recién fue incorporado al control Inka en tiempos de “Topainga Yupangue” (Thupa Inka). Al respecto, Cieza de León (1967: 198) menciona que Thupa Inka organizó en Cusco un gran ejército y partió siguiendo la ruta por “Guaytara” (Huaytará) (Sarmiento de Gamboa 2007: 146). Sin embargo, el primer valle costeño mencionado por Cieza de León es Nazca, aunque Huaytará está en la parte alta del valle de Pisco. Por alguna razón, Cieza de León nunca menciona al valle de Pisco.
Siempre siguiendo la información proporcionada por Cieza de León, al enterarse de la proximidad del ejército Inka, los habitantes del valle de Nazca habrían tomado la decisión de prepararse y dar resistencia a los inkas. Sin embargo, la diplomacia habría prevalecido y de este modo los nasqueños habrían aceptado una incorporación pacífica. De Nazca, el ejército Inka avanzó hacia el valle de Ica, donde habría encontrado una mayor resistencia local. Una vez más, la diplomacia prevaleció y los iqueños también aceptaron una incorporación pacífica. Entre tanto, los habitantes de Chincha, informados de la presencia Inka en Ica, procedieron a prepararse para dar resistencia al ejército. Thupa Inka habría sido informado de lo que venía sucediendo en Chincha, sobre todo de las intenciones de los chinchanos de dar pelea a los cusqueños. La respuesta de Thupa Inka habría sido enviar hacia Chincha emisarios diplomáticos, llevando una variedad de obsequios para los líderes chinchanos e informar que sus intenciones eran pacíficas. Una vez enterados de las buenas noticias, los líderes Chincha habrían tomado la decisión de ir hasta Ica a encontrarse con Thupa Inka (Cieza de León 1967: 199). Una vez que ambas partes establecieron un acuerdo pacífico en Ica, Thupa Inka habría hecho su ingreso a Chincha (Rostworowski de Diez Canseco 1977: 102). Cieza de León no especifica cuándo se dieron estos acontecimientos.
La segunda fuente es Miguel de Cabello Balboa (1945: 319-320), quien sostiene que “Topa-Inga Yupangui” (Pachakuti) falleció alrededor del año 1473 y fue sucedido por su hijo, Thupa Inka. Una vez culminado los funerales de Pachakuti, Thupa Inka habría decidido hacer una visita a las provincias, y fue así como decidió partir hacia “Guamanga” (Huamanga), Parcos y “Xauxa” (Jauja), y desde donde continuó hacia “Pacha-Camac” (Pachakamac), siguiendo la ruta por “Guarochiri” (Huarochirí). Cabello Balboa anota que en Pachakamac, Thupa Inka tomó la decisión de conquistar a los habitantes de los valles ubicados al sur de Pachakamac, quienes hasta entonces venían dando resistencia a los cusqueños. Los valles mencionados por Cabello Balboa son “Maras” (Mala), “Runaguana” (Lunahuaná) y Chincha. Para tal efecto, Thupa Inka habría enviado un mensaje hacia Cusco pidiendo a sus capitanes descender hacia las yungas (valles costeños) con un ejército.
Las órdenes de Thupa Inka se habrían ejecutado y el primer valle costeño mencionado por Cabello Balboa es Ocoña, ubicado aproximadamente a 460 km en línea recta al sureste de Chincha. En Ocoña, el ejército Inka habría recibido una dura resistencia local, pero del que finalmente salieron victoriosos. Desde Ocoña el ejército Inka avanzó al encuentro con Thupa Inka. En este trayecto pasó por los valles ocupados por los “Hacaríes” (Acarí), “Nascas” (Nazca) e Icas (Ica), todos reconocidos como “amigos pacíficos”. Al igual que Cieza de León, Cabello Balboa menciona que los habitantes del valle de Chincha estaban preparados para hacer batalla al ejército Inka. Este también habría sido el caso de los runaguanas y maras. Desafortunadamente, Cabello Balboa no especifica lo que sucedió en Chincha.
Resumiendo, la primera incursión Inka a la costa sur parece haberse producido inmediatamente después de la victoria Inka sobre los chankas (Sarmiento de Gamboa 2007: 149) y los soras (Cieza de León 1967: 198), acontecimientos que en la cronología de Cabello Balboa habrían ocurrido alrededor del año 1438 (Morris y Von Hagen 2011: 30). Sin embargo, la incorporación final de la costa sur al control Inka recién se dio aproximadamente 35 años después del contacto inicial (Rowe 1945: 279). Todo esto, cuando la sierra adyacente a la costa sur ya había sido anexada durante el reinado de Pachakuti.
Esta supuesta ocupación tardía de la costa sur merece una nueva discusión a la luz de la información arqueológica más reciente. Además, consideramos que toda discusión de la expansión de un estado como el Inka debe estar fundada sobre una base tangible y empírica, y no sobre conjeturas imposibles de verificar. Las fechas encontradas en Miguel de Cabello Balboa no son confiables y la investigación arqueológica acerca los inkas no puede simplemente continuar basándose en supuestos, especialmente cuando la arqueología puede y tiene el potencial de establecer una referencia cronológica sólida, verificable y más confiable (Covey 2006).
Tambo Viejo
Siguiendo la expansión Inka, varios centros provinciales fueron establecidos en la costa sur del Perú. Tambo Viejo (Figura 3) fue el centro imperial Inka construido en Acarí (Menzel 1959; Menzel, Riddell y Valdez 2012; Valdez y Bettcher 2022), valle que marca la frontera sureña de la costa sur. Hasta hace recientemente, la discusión acerca de Tambo Viejo estaba basada en información proveniente de dos cateos efectuados por Dorothy Menzel y Francis A. Riddell en el curso del estudio que efectuaron en 1954 (Menzel 1959); además de información recuperada de la superficie del sitio. Durante los últimos años, y en gran parte gracias a la sugerencia de Dorothy Menzel (Valdez 2023), cuatro estructuras fueron parcialmente excavadas en Tambo Viejo y cuyo resultado demuestra que es un sitio excepcional (Valdez 2019, 2021, 2022a, 2022b; Valdez et al 2020). Esta investigación hace posible contar con mejor información acerca de lo hecho por el Estado Inka en Tambo Viejo (Figura 4) y del papel que este centro provincial cumplió dentro del Tawantinsuyu (Valdez y Bettcher 2020, 2021a, 2021b, 2022, 2023; Valdez, Bettcher y Huamaní 2020; Valdez, Bettcher y Rúales 2014).
La evidencia arqueológica demuestra que los inkas invirtieron un enorme esfuerzo y recursos en construir Tambo Viejo, tarea en la cual la población local parece haber cumplido papel determinante. Al igual que otros centros imperiales, Tambo Viejo fue construido con una amplia plaza, a cuyo lado este aparece una plataforma larga, posiblemente el ushnu Inka (Gasparini y Margolis 1980: 264). Para los líderes cusqueños, este habría sido el lugar apropiado para dar la bienvenida y dirigirse a la población local. En tanto que el ushnu aparece solo en las provincias, Hyslop (1990: 70-71) sostuvo que posiblemente fue un símbolo del estado. Inmediatamente al sur de la plaza principal aparecen amplias estructuras, además de una segunda plaza, más pequeña que la anterior (Valdez y Bettcher 2022). Todo esto implicó un enorme esfuerzo humano. En primer lugar, el terreno encontrado por los oficiales Inka fue modificado para construir las primeras instalaciones imperiales. Posteriormente, y por razones que aún son difíciles de determinar, las construcciones iniciales fueron derribadas, dejando apenas los cimientos de las primeras edificaciones o solamente las improntas de los cantos rodados (Figura 5). Sobre las construcciones derribadas se edificaron nuevas estructuras (Figura 6) que sellaron las anteriores. Esto hace difícil determinar el diseño original del sitio. Posteriormente, las nuevas construcciones también volvieron a ser modificadas.

Figura 3. Plano del centro provincial Inka de Tambo Viejo indicando la ubicación de las 3 estructuras parcialmente excavadas.

Figura 4. Vasija proveniente de la estructura 4 del centro provincial Inka de Tambo Viejo.

Figura 5. Improntas de cantos rodados de un muro que fue desmantelado. Posteriormente, fueron selladas por dos muros ubicados al lado este de la estructura 1 de Tambo Viejo.

Figura 6. Cimiento de muro de cantos rodados expuesto al lado oeste de la estructura 1 de Tambo Viejo. El cimiento representa una primera fase de construcción, mientras que la estructura 1 representa una segunda fase.
Por último, cuando los españoles tomaron posesión de Tambo Viejo, por lo menos en las inmediaciones de la plaza principal, las estructuras volvieron a ser modificadas (Valdez, Bettcher y Rúales 2024). Por lo tanto, el diseño con el que muchos somos familiares es resultado de muchas transformaciones y pone en duda que Tambo Viejo haya sido construido siguiendo un plano preconcebido. Si Tambo Viejo fue establecido siguiendo un plano, este habría sido modificado tal vez en respuesta a las nuevas necesidades Inka. En todo caso, resulta una tarea complicada determinar cuáles de las estructuras fueron construidas en tiempos de la Colonia y cuales en tiempo de los inkas. En este último caso, también es complicado determinar en qué momento de la ocupación Inka fue edificada una determinada estructura. Para esto es necesario una excavación arqueológica.
La evidencia arqueológica también permite sostener que, al parecer, con el objetivo de legitimar su presencia intrusiva, el Estado Inka ejecutó una serie de actividades rituales que resultaron en el sacrificio de animales (Valdez 2019; Valdez, Bettcher y Huamaní 2020) y el consumo de productos como el maíz (Valdez y Bettcher 2022). Todas estas actividades habrían sido acompañadas de grandes agasajos y durante la cual el estado proveyó, por ejemplo, de comida a los concurrentes (Valdez 2022a; Valdez y Bettcher 2012a, 2021b, 2022). Con todo esto, el imperio posiblemente buscó establecer obligaciones mutuas de reciprocidad con la población local. Finalmente, las excavaciones en Tambo Viejo permiten conocer acerca de otras actividades rara vez discutidas para los inkas, como es el caso de los juegos, que también tomaron lugar en este centro provincial (Valdez y Bettcher 2020).
Más allá de Tambo Viejo, el Estado Inka también realizó modificaciones en el valle mediante la reubicación de la población local. Hasta hace poco se especuló que el sitio de Sahuacarí, ubicado en las cercanías de Acarí Viejo, habría sido uno de los poblados encontrados por los oficiales Inka a su llegada al valle. Sin embargo, dos fechados absolutos recientemente recuperados para este sitio demuestran que Sahuacarí fue establecido ya en tiempos Inka. Esto indica que los inkas no solo reubicaron a la población local en las inmediaciones de Tambo Viejo, sino también que establecieron otro asentamiento mucho más extenso precisamente al lado opuesto de Tambo Viejo (Valdez 2024). Con todo esto se hace evidente que la presencia Inka produjo cambios profundos en un valle, cuya población parece haber aceptado una incorporación pacífica.
Mientras que la información hasta hoy acumulada permite conocer detalles importantes de lo que el Estado Inka hizo en Tambo Viejo, la excavación ejecutada en la estructura ubicada inmediatamente al sur de la plaza principal de este centro provincial amplía nuestro conocimiento acerca de la historia de la ocupación del sitio. En efecto, la nueva información muestra que con la llegada española Tambo Viejo fue convertido en un asentamiento colonial (Valdez, Bettcher y Rúales 2024). Aun cuando está por determinarse la fecha de la llegada de los españoles al valle de Acarí, es posible que esto se diera durante los primeros años de la conquista. Lo que sí se ha podido determinar es que la estructura en mención habría sido ocupada y posteriormente incluso modificada por los españoles. La construcción de un piso compacto permitió sellar la ocupación Inka, mientras que sobre el referido piso se establecieron nuevos ambientes, y cuyas paredes habrían sido construidas exclusivamente de adobes.
Entre los hallazgos más sobresalientes que denotan la presencia española están las espigas de trigo, un fragmento de herradura de caballo y un pedazo de papel que en su parte superior lleva el logo de la Orden Dominicana. Recordemos que el Padre Hernando de Luque, uno de los acompañantes de Francisco Pizarro en Cajamarca, fue miembro de la orden de los dominicos (Covey 2020: 367; Phillips y Phillips 1991: 19). Lo que indica que los integrantes de esta orden no solo fueron los primeros en llegar al antiguo territorio Inka, sino también los primeros en llegar a Tambo Viejo. El papel en mención contiene un texto desafortunadamente borroso y, por lo tanto, difícil de leer; sin embargo, en más de una ocasión aparece la palabra indulgencia, que tiene una estricta asociación con la Iglesia Católica y los rituales a la muerte. Además, indica que los integrantes de la iglesia emplearon la creencia de la indulgencia para recaudar beneficios económicos para la iglesia. Por su parte, la presencia del trigo en un contexto temprano deja a entender de la importancia del pan y sobre todo de la ostia durante las ceremonias litúrgicas.
La ocupación española de Tambo Viejo indica, finalmente, que este fue un importante centro Inka. Al tiempo de la llegada de los españoles existieron numerosos centros provinciales, además de la ciudad capital de Cusco. Varios de estos centros fueron abandonados poco tiempo después de la llegada de los españoles, mientras que otros fueron convertidos de inmediato en pueblos coloniales, caso Cajamarca y el mismo Cusco. La situación de Tambo Viejo fue algo distinta; si bien fue ocupado por los españoles, fue eventualmente abandonado cuando la población fue reubicada al actual poblado de Acarí Viejo, aproximadamente 3 kilómetros más al norte.
De este modo, Tambo Viejo es un sitio con una larga historia de ocupación humana del que apenas se ha empezado a conocer algunos aspectos y queda mucho por descubrir. Sin embargo, el sitio permanece en permanente peligro de ser destruido por su proximidad al poblado contemporáneo de Acarí (Valdez 2023). Estas son algunas razones por las que se viene haciendo el esfuerzo necesario para rescatar la mayor cantidad posible de información, para así tener una idea más completa de lo fueron los centros provinciales Inka, y de manera particular de lo que Tambo Viejo constituyó al interior del Tawantinsuyu.
Los Fechados Absolutos de Tambo Viejo
La parcial excavación de las cuatro estructuras hizo posible la recuperación de muestras (carbón, hueso quemado y semillas) para determinar la antigüedad de la ocupación Inka de Tambo Viejo. Todas las muestras provenientes de las Estructuras 1 y 2 fueron recuperadas de contextos asociados a ofrendas que habían sido depositadas al momento de la construcción de las primeras estructuras Inka y que todavía se mantenían en sus contextos originales. En general, las ofrendas fueron depositadas sobre suelo esteril, especialmente el caso de las ofrendas de cuy (Valdez 2019). Para el caso de la Estructura 3 con ocupación colonial (Valdez, Bettcher y Ruales 2024), las muestras provienen de contextos hallados debajo del piso asociado con la ocupación colonial y donde se encuentra restos materiales de tiempos Inka, como el caso de fragmentos de cerámica y ofrendas inkas. Las muestras provenientes de las Estructuras 1 y 2 son carbón.
Las muestras fueron analizadas en el Laboratoire de Radiochronologie de la Université Laval, de Canadá. Este esfuerzo se hizo en respuesta a la necesidad de establecer una cronología segura y confiable para los establecimientos Inka, y del Tawantinsuyu en general, pues es la única manera de visualizar la expansión de los inkas. Al mismo tiempo, este esfuerzo demuestra que si es posible discutir el crecimiento imperial desde una perspectiva puramente arqueológica e independiente de las fuentes documentales.
Estos fechados constituyen los primeros obtenidos para el centro provincial Inka de Tambo Viejo. Los fechados también hacen del sitio el primer centro provincial Inka de la costa sur que dispone de fechados absolutos. Como tal, dan por primera vez la posibilidad de iniciar a discutir desde una perspectiva arqueológica el tiempo de la llegada Inka a la costa sur. Esta también posibilita cotejar las fechas de Miguel de Cabello Balboa con las medidas radiométricas.
Los fechados obtenidos para las dos estructuras ubicadas inmediatas a la Plaza 2 fueron inicialmente publicados por Valdez y Bettcher (2023), para así empezar a discutir la cronología Inka desde una perspectiva arqueológica. Un total de 9 muestras de carbón provenientes de contextos no disturbados fueron analizados y, con la excepción de un resultado anómalo tal vez debido a una intrusión, el resto de los resultados indican la presencia Inka en Tambo Viejo alrededor de 1420, aproximadamente (Tablas 2 y 3). Toda la muestra analizada fue carbón, por lo que surgió la posibilidad que la muestra tal vez provenía de troncos de manera mucho más antiguas que el mismo sitio, especialmente considerando que la costa sur, incluido el valle de Acarí, es árida y donde los troncos de madera pueden conservarse por mucho tiempo.
Tabla 2.
Resultado de los fechados de 14C obtenidos para las muestras provenientes de las Estructuras 1 y 2 de Tambo Viejo.
| No. de muestra | Tipo | Tratamientos | F14C | ± | D14C ± | 14C edad | |
| ±
|
muestra | previos | (‰) | (BP) | |||
| UCIAMS-211254 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9499 | 0.0016 | -50.1 | 1.6 | 415 | 15 |
| UCIAMS-211255 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9354 | 0.0019 | -64.6 | 1.9 | 535 | 20 |
| UCIAMS-211256 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9500 | 0.0016 | -50.0 | 1.6 | 410 | 15 |
| UCIAMS-211257 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9415 | 0.0017 | -58.5 | 1.7 | 485 | 15 |
| UCIAMS-211258 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9235 | 0.0019 | -76.5 | 1.9 | 640 | 20 |
| UCIAMS-211259 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9501 | 0.0017 | -49.9 | 1.7 | 410 | 15 |
| UCIAMS-211260 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9376 | 0.0018 | -62.4 | 1.8 | 520 | 20 |
| UCIAMS-211264 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9451 | 0.0018 | -54.9 | 1.8 | 455 | 20 |
| UCIAMS-211267 | carbón | HCI-NaOH-HCI 0.9536 | 0.0018 | -46.4 | 1.8 | 380 | 15 |
Para despejar la posibilidad de la antigüedad de la madera, durante la excavación de la Estructura 3 se logró recuperar una muestra de hueso quemado, dos muestras de carbón y tres muestras de semillas (algodón y maíz). Como en el caso anterior, las muestras fueron analizadas en el Laboratoire de Radiochronologie de la Université Laval, de Canadá (Tabla 4). En seguida, y con la colaboración de Erik Marsh, los resultados fueron calibrados y posteriormente modelados como una fase única (Figura 7). Y, para verificar si el resultado obtenido para la estructura 3 modificaba en algo los resultados de las Estructuras 1 y 2, ambos fueron conjuntamente modelados (Figura 8). De este modo, se pudo descartar cualquier duda respecto al problema de la antigüedad de la madera. Lo más importante es que los fechados más recientes no alteran el resultado anterior. La media para los inicios de la ocupación Inka oscila entre 1430 y 1440 dC, redondeados por 10 años, respectivamente. La inmediata implicación de estos resultados, que no son necesariamente precisos, es que Tambo Viejo ya venía siendo ocupado por los inkas alrededor de esos años. Y, por extensión, se hace posible sostener que la costa sur fue ocupada por los inkas varias décadas antes de lo inicialmente propuesto. En efecto, es poco probable que Tambo Viejo, o cualquier otro centro provincial Inka, haya sido establecido inmediatamente después que el Estado Inka tomara control del valle de Acarí, por ejemplo. En su lugar, se puede anticipar que los centros provinciales empezaron a ser establecidos pasado algunos años. Como resultado, las suposiciones que nosotros los arqueólogos exponemos (Figura 9) y analizamos no necesariamente corresponden al tiempo preciso de la llegada Inka a una determinada región.

Tabla 4.
Resultado de los fechados de 14C obtenidos para las muestras provenientes de la Estructura 3 de Tambo Viejo.
No. la Tipo Tratamientos F14C ± D14C ± 14C edad
±
Muestra muestra previos (‰) (BP)
UCIAMS-271924 hueso HCI-NaOH-HCI 0.9440 0.0015 -56.0 1.5 465
15
UCIAMS-271877 semillas HCI-NaOH-HCI 0.9446 0.0015 -55.4 1.6 460
15
UCIAMS-271878 semillas HCI-NaOH-HCI 0.9474 0.0016 -52.6 1.7 435
15
UCIAMS-271879 semillas HCI-NaOH-HCI 0.9530 0.0017 -47.0 1.7 385
15
UCIAMS-271880 carbón HCI-NaOH-HCI 0.9335 0.0016 -66.5 1.6 550
15
UCIAMS-271881 carbón HCI-NaOH-HCI 0.9550 0.0017 -45.0 1.7 370
15
____________________________________________________________________________

Figura 7. Resultados modelados de las mediciones radiométricas obtenidas para las muestras provenientes de las Estructuras 1 y 2 de Tambo Viejo.

Figura 8. La imagen superior (2022 dates) representa el resultado modelado de las muestras provenientes de la estructura 3 excavada en la temporada 2022, y la imagen inferior (all dates), resultado combinado de todas las muestras obtenidas en 2018 y
2022 para Tambo Viejo. Por un lado, la curva verde representa el límite inicial (“go») del modelo bayesiano (starting boundary).
Este límite estima cuando empezó la secuencia de eventos fechados, pero no sabemos exactamente cuándo empezó: mientras más alta la curva verde, más probable que empezó en este momento. Es decir, el inicio es más probable cerca de 1420-1440 dC pero también podía haber empezado en 1380-1410 dC (menos probable). Con más datos se busca reducir estos límites (sobretodo, fechados poco antes de esta secuencia). Por otro lado, la curva roja es lo mismo, pero el límite final (“stop” para la ending boundary). La curva azul es un KDE (Kernel Density Estimate), una manera robusta de resumir un conjunto de fechados (Bronk Ramsey 2015, 2017). Mientras más alta esta curva, más densidad (temporal) de eventos.

Figura 9. Imágenes de ángulos diferentes de un mate decorado con diseño Inka proveniente de la Estructura 4 de Tambo Viejo.
En su momento, el mismo Rowe (1945: 281) sostenía que “las nuevas estimaciones cronológicas sólo se aceptan si, en realidad, están respaldadas por mejores pruebas que sus predecesoras.” Tal como ya se anotó, nadie conoce la fuente de las fechas encontradas en el documento de Cabello Balboa, lo que deja abierta la posibilidad que fueron simplemente una invención del cronista. Como tales, dichas fechas nunca tuvieron respaldo o prueba alguna verificable. En contraste a esto, las mediciones radiométricas obtenidas para Tambo Viejo provienen de contextos arqueológicos confiables, y ciertamente pueden tener errores, pero pueden ser verificadas, corregidas y mejoradas, situación que no podemos hacer con las fechas empleadas por Rowe.
También es importante enfatizar que las recientes mediciones radiométricas obtenidas para dos sitios de tiempos Inka del valle de Chincha indican consistentemente que el valle ya estaba bajo ocupación Inka alrededor del año 1400 (Bongers 2019: 99, 194-185, 341; Dalton 2020: 39, 321; Dalton et al. 2021). Las mediciones radiométricas obtenidas para Tambo Viejo están en línea con los resultados provenientes de Chincha, y sugieren una presencia Inka en la región anterior a las fechas proporcionadas por las fuentes escritas. En este contexto, lo sostenido por Julien (2008) respecto a que la misma fuente empleada por Rowe debía ser entendida de otra manera; es decir, que Ica y los otros valles de la costa sur fueron anexados al control Inka durante la vida de Pachakuti.
Discusión y Conclusión
“Tal vez el tiempo ha llegado para que la evidencia de radiocarbono asuma prioridad en las reconstrucciones de la cronología inca” (Burger et al. 2021: 1277).
La investigación arqueológica acerca del Estado Inka no debe y tampoco tiene que depender de las fuentes etnohistóricas. Además, el estudio sobre los inkas no tiene porque solo preocuparse y concentrarse en verificar los relatos etnohistóricos. Si bien utilizar dichas fuentes es una ventaja y muchos de nosotros las consideramos de mucho valor, la arqueología tiene la capacidad de proveer una fuente sólida y más confiable a partir de la evidencia material tangible. Efectivamente, para todas las civilizaciones que anteceden al Estado Inka, la reconstrucción está basada exclusivamente en información obtenida mediante investigación arqueológica, y este mismo procedimiento es aplicable al estudio del Imperio Inka. Al respecto, Menzel (1959: 141) ya había sostenido que en lugar de lamentar la falta de fuentes históricas, tenemos que estudiar la abundante información del pasado que logró mantenerse en los estratos y asociaciones arqueológicas. En regiones como la costa sur, donde la conservación es buena, es posible producir una etnografía Inka, independiente de las fuentes escritas. En lugar de invertir mayores esfuerzos en la investigación arqueológica y analizar a los inkas desde una perspectiva arqueológica, muchos estamos satisfechos con los breves y muchas veces contradictorios relatos de cronistas. Por alguna razón, los arqueólogos mantenemos esa tendencia de dar prioridad a los documentos escritos, aun sabiendo que contienen información contradictoria e imposible de comprobar. Una historia Inka basada exclusivamente en relatos de los cronistas es simplemente inaceptable. La arqueología Inka es ingente en información y tiene todo el potencial de ir más allá de las fuentes escritas.
Está reconocido que las medidas radiométricas no son necesariamente exactas (Marsh et al. 2017; Burger et al. 2021). Sin embargo, pocos podrán dudar que son más confiables que fechas de dudoso origen como son las que hasta la actualidad vienen guiando los estudios Inka. Así como Marsh y colegas (2017) sostienen, las limitaciones de las mediciones radiométricas pueden ser aliviadas mediante el empleo del modelo Bayesiano que considera los fechados provenientes de un sitio arqueológico como un bloque y donde los resultados anómalos fácilmente pueden ser detectados y, de ser necesario, descartados.
Aquí no pretendemos haber encontrado la solución al problema de la cronología Inka. Sin embargo, confiamos que esta es una alternativa viable y confiable, que a la larga permitirá establecer una cronología más segura. Para llegar a dicho objetivo es indispensable que todo investigador de los inkas invierta los esfuerzos necesarios para obtener fechados absolutos, para así poder comparar y contrastar con los fechados provenientes de otros establecimientos Inka de la misma región y otras partes del Tawantinsuyu. Solo así podremos llegar a percibir el crecimiento del estado Inka. Obviamente, por la extensión de su territorio, se convierte en un enorme proyecto a largo plazo, pero que en definitiva ofrecerá mejores resultados. Dicho esto, esperamos que otros investigadores hagan los mismos esfuerzos y proponer fechados absolutos, indispensables para conocer el crecimiento del más grande estado que surgió en Sudamérica.
De lo aquí discutido, se hace evidente que la duración del Tawantinsuyu no fue tan corta como pregona la narrativa historicista basada en el documento de Cabello Balboa. Obviamente, tampoco fue larga; sin embargo, las mediciones de carbono 14 obtenidos para centros provinciales Inka distribuidos a lo largo del imperio permiten sostener que el Estado Inka duró por lo menos algunas décadas más de lo supuesto originalmente. Es decir, la ocupación Inka de la costa sur, por ejemplo, no se dio inicio en el año 1476, sino alrededor del año 1420, aproximadamente. Si estas observaciones son válidas, los inkas ya habrían existido alrededor del año 1400 (Covey 2018).
En resumen, las mediciones radiométricas obtenidas para el centro provincial Inka de Tambo Viejo no respaldan las fechas encontradas en el documento de Cabello Balboa, como tampoco las conjeturas de Rowe. En su lugar, las fechas de Tambo Viejo apuntan hacia una ocupación Inka más temprana del valle de Acarí. Este también parece ser el caso para el resto de la costa sur, así como sugieren las fechas provenientes del valle de Chincha (Bongers 2019; Dalton 2020; Dalton et al. 2021). Por lo tanto, es posible concluir que la ocupación imperial de la costa sur no fue tan breve como sugiere el documento de Cabello Balboa. Para verificar si las observaciones vertidas aquí son válidas, es necesario obtener fechados absolutos para otros centros provinciales Inka de la costa sur. Asimismo, se hace indispensable efectuar esfuerzos similares para otros establecimientos Inka en la sierra inmediata a la costa sur, como es el caso de Huaytará, Vilkaswamán, y el antiguo territorio asociado con los chankas, para los cuales desafortunadamente no existen fechados absolutos (Covey 2018: 290). Solo con la suma de estos esfuerzos se podrá visualizar mejor la expansión de los inkas hacia el Chinchaysuyo.
Agradecimientos. La investigación arqueológica en Tambo Viejo se realizó mediante la autorización del Ministerio de Cultura y con financiamiento de la Social Sciences and Humanities Research Council de Canadá. Los trabajos de campo y gabinete fueron también posibles gracias al esfuerzo de Oscar Bendezú, Mario Rúales, Marcelino Huamaní, Cruver Jayo, Florentino Zárate, M. Soledad Gutiérrez, Miguel A. Liza, Rubén Quispe, Lismer Cáceres, Lourdes Curo, Benjamín Guerrero, Cintia Pillpe, Esthefani Pauca, Elena Rodríguez, José M. Acevedo, Víctor Quintanilla, Wilber Alarcón, Sophia King, Yanina Laura, Charmelí Manrique, Wilton Sedano, Katherinne Aylas, Abel Fernández, Lucie Dausse, Carla Guzmán, Bryan Guzmán, Nada Valdez, Valeri Valdez, Fernando Serván, Fabrizio Serván, Antonio Mota, Cirilo Pérez, Josiel Ayala, Gino Baez, Anthony del Villar, Luis Cahuana, Martín Roque, Percy Rojas, Eber Meléndez, Modesto Canales, Edwin Alderete, Rigoberto Silva, Ángel Iglesias, María Elena Mazuelos, Danny Pinto, Diana de Cárdenas y Rina Bernaola. Guillaume Labrecque del Laboratoire de Radiochronologie of Université Laval condujo el análisis de las muestras, mientras que David Beresford-Jones y Erik Marsh proporcionaron sus asistencias para calibrar los fechados y efectuar el modelo Bayesiano. Dos revisores de Arqueológicas se dieron el tiempo de leer el manuscrito original y gentilmente nos hicieron llegar sus comentarios y sugerencias. En lo posible se hizo el esfuerzo de incorporar la mayor cantidad posible de las sugerencias y del mismo estamos muy agradecidos. Cualquier error es de responsabilidad nuestra.
Notas:
- Escribimos Inka con K, pero cuando citamos mantenemos la nomenclatura original.
- Las fechas apenas son un caso entre muchos otros que los españoles se tomaron la libertad de modificar a su antojo. Por ejemplo, Itier (2013: 36) sostiene que la “inmensa mayoría de las raíces del quechua son bisilábicas,” como: ki-lla (luna), tu-ta (noche), war-mi (mujer), por citar algunos ejemplos, pero ellos, al parecer, incluso inventaron al “Dios Wiracocha,” tal vez en un esfuerzo de minimizar al Dios Sol.
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