El complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna incluye dos grandes pirámides truncas, la Huaca Las Estrellas, Huaca del Cerro Blanco, geoglifo de la Araña y otras construcciones ubicadas en la costa norte del Perú, en un paisaje caracterizado por la imponencia del Cerro Blanco, la vegetación que crece gracias a las aguas del río Moche y la cercanía al mar.
Ambas huacas constituyeron el centro del poder del milenario pueblo mochica, que se desarrolló entre los año 100 y 900 después de Cristo. Actualmente el complejo arqueológico, también conocido como Huacas de Moche, abarca unas 60 hectáreas de extensión.
Ambas huacas están separadas por una explanada de unos 500 metros, donde aún se conserva bajo tierra el centro urbano que albergó a la élite moche.
Algunos investigadores sostienen que el reino mochica cayó por el impacto generado por el fenómeno de El Niño, que periódicamente causa lluvias torrenciales e inundaciones en la costa norte del Perú.
Al caer el reino Moche, sus territorios fueron ocupados sucesivamente por los pobladores de las culturas Lambayeque y Chimú, descendientes de los Moche. Alrededor de 1470 los Chimú fueron vencidos por los incas, poco antes de que los españoles desarticularan al imperio inca, el Tahuantinsuyo.
El Proyecto ejecutado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo y el Patronato Huacas del Valle de Moche, cuenta con el apoyo incondicional de la Fundación Backus, Robert Wilson Challenge, a través de la World Monument Found, la Municipalidad Provincial de Trujillo, y otras empresas e instituciones.
El Proyecto Arqueologico Huacas del Sol y de La Luna
Inicios
El descubrimiento de relieves polícromos realizado en 1990 por el restaurador Ricardo Morales Gamarra motivó a que en mayo de 1991, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo (Perú), con apoyo de la Fundación Ford y de la Sociedad Cervecera de Trujillo inicie la ejecución del Proyecto Huaca de la Luna.
Los objetivos del Proyecto son la Investigación, conservación y puesta en valor del monumento arqueológico, ubicado en el complejo Huacas de Moche, uno de los sitios prehispánicos más importantes del norte del Perú.
Aunque el estudio de la arquitectura monumental de la Huaca de la Luna resulta muy importante para el proyecto, no es el único objetivo, pues también se están realizando estudios multidisciplinarios para ampliar nuestros conocimientos respecto al origen del estado y del desarrollo urbano andinos, con el objeto de comprender mejor a la sociedad Mochica, que en su época fue una de las más exitosas de la región, que actualmente pertenece a la costa del norte peruano.
Desde sus inicios, el Proyecto Huaca de la Luna (Trujillo-Perú) está a cargo de dos directores: el arqueólogo Santiago Uceda Castillo y el restaurador Ricardo Morales Gamarra. Ambos expertos han programado el trabajo a largo plazo, con un enfoque multidisciplinario, que involucra a arqueólogos, antropólogos, historiadores, conservadores, arquitectos, ingenieros y otros especialistas para garantizar el rigor de las investigaciones científicas y el éxito de los trabajos de conservación y puesta en valor del monumento arqueológico.
Tras 14 años de paciente labor, los principales logros del Proyecto Huaca de la Luna radican en haber resuelto muchos enigmas respecto a la cosmovisión de los mochicas y en haber realizado trabajos de conservación de óptima calidad, que se ajustan cuidadosamente a la teoría y filosofía de restauración.
Los objetivos alcanzados permiten ofrecer al Perú y al mundo la posibilidad de conocer un gran templo antiguo, donde los visitantes encuentran un ambiente cómodo y seguro, para gozar de la belleza y autenticidad de los valores culturales que allí se conservan, y viajar imaginariamente hacia al grandioso pasado del milenario pueblo Mochica.
Este complejo arquitectónico compuesto por pirámides se encuentra a 8 kilómetros al oeste de esta ciudad.
En este viaje a Lambayeque, usted puede estar en contacto con la naturaleza y con la historia visitando el complejo arqueológico Chotuna-Chornancap, ubicado apenas a 8 kilómetros al oeste de la ciudad de Lambayeque.
En esta zona, los laboriosos arqueólogos del Museo Nacional de Arqueología y Antropología “Enrique Bruning”, bajo la batuta del experimentado arqueólogo Carlos Wester La Torre, realizan excavaciones logrando importantes descubrimientos que han estremecido a la arqueología peruana, como el posible hallazgo del templo del mítico Naylamp.
El origen de la huaca
La construcción de estas pirámides esparcidas en un área de más de 95 hectáreas es narrada en la famosa y conocida leyenda de Naylmap.
El arqueólogo Carlos Wester La Torre señala que en 1586 el cronista español Miguel Cabello de Balboa, y en 1782, el cura de Pacora y Mórrope, Justo Modesto Rubiños y Andrade registraron algunos relatos de los pobladores, quienes cuentan que Naylamp, fundador simbólico de la dinastía del antiguo reino de los Llampayec, arribó a las playas de lo que ahora es el distrito San José (Lambayeque).
Wester remarca que fue tanto el prestigio que alcanzó Naymlap que su pueblo lo representó en una serie de materiales y escenarios.
Ese grupo humano encabezado por Naylamp construyó con el paso del tiempo un complejo arquitectónico que hoy conocemos como complejo Chotuna – Chornancap, en donde los últimos meses, los arqueólogos bajo el liderazgo de Carlos Wester La Torre han realizado trabajos de investigación arqueológica, con resultados más que sorprendentes.
Cultura
El investigador enfatiza que el complejo Chotuna-Chornancap expresa parte del gran desarrollo de la cultura Lambayeque allá entre los 900 a 1470 de nuestra época, lo que ahora se puede admirar en parte en el Museo de Sitio construido en la zona, donde se exhiben los descubrimientos realizado en las excavaciones financiadas por la Unidad Ejecutora Naylamp 111 y la Municipalidad Provincial de Lambayeque.
Wester comenta que la pirámide principal es la llamada Chotuna, ubicada a 4 kilómetros de la playa y a ella están asociados edificios troncos piramidales donde se pueden identificar zonas urbanas y domésticas, muchas de ellas sepultadas por las grandes dunas de arena.
Cerca a Chotuna se excavó una pirámide que ahora es conocida como Huaca de la Ola Antropomorfa, donde se han encontrado pinturas murales polícromas y hermosos frisos.
Más al norte está la Huaca de los Sacrificios, donde se han encontrado 33 entierros, en su mayoría de sexo femenino entre niñas, adolecentes y algunos adultos, todos correspondientes a sacrificios humanos vinculados al periodo Chimú-Inca.
Durante un reconocimiento a toda el área, donde están los monumentos del complejo Chotuna, permitió a los arqueólogos identificar más de 100 sitios que muestran cerámica del estilo Gallinazo o Virú, Moche (Temprano, Medio y Tardío ), Lambayeque, Chimú-Inca, por lo que se estima que en los días en que llegaría Naylamp a la zona, ya habían edificaciones anteriores.
Flora y fauna
En la zona donde se ubican las pirámides hay poblaciones esparcidas de bichayos, algarrobos, chopes, faiques, entre otras plantas, por donde conviven aves como gallinazo cabeza negra, gallinazo cabeza roja, lechuzas, tórtola, picaflor, putilla, chisco cola blanca, garza blanca, tordo, guardacaballo, pato arrocero, saltojos, iguanas, ratas y zorro costeño.
Walter AlvaDirector del Museo
Tumbas Reales de Sipán
Resumen de publicación, Octubre 1994
Los trabajos arqueológicos en Sipán proporcionan importante información sobre la sociedad Moche o Mochica, algunos replanteamientos y nuevas perspectivas para su interpretación. El monumento y sus componentes pueden estimarse como uno de los más importantes centros ceremoniales y de poder de la época.
Pocos monumentos o yacimientos brindan la excepcional oportunidad de documentar un conjunto de contextos funerarios del más alto rango contenidos en una misma estructura sacra. Considerando que gran parte de estos testimonios de la prehistoria nacional están irremediablemente perdidos, Sipán constituye hoy en día la primera oportunidad para conocer y reconstruir el mundo de los Mochicas.
La información plantea un primer ordenamiento horizontal concéntrico referido a la jerarquía de los personajes sepultados, que van desde el “Señor” con una triple autoridad, hasta jefes guerreros y entierros ofrendatorios, pasando por la casta sacerdotal que habría ocupado una segunda posición. El ordenamiento vertical evidentemente se refiere a la sucesión temporal de los mismos con sus razonables variantes contextuales.Esta plataforma puede así estimarse como una especie de “mausoleo real” destinado por algunas generaciones a la realeza Mochica del valle y su entorno, Ningún entierro excavado arqueológicamente con anterioridad resultaba tan rico, complejo y revelador. De otro lado, las diversas fases, fechan dichos eventos funerarios que culminan con la “Tumba del Señor de Sipán”, emplazada al centro de la última disposición arquitectónica. Las características y contenido de este suntuoso entierro resumen el nivel de desarrollo regional. El personaje en vida habría ocupado la cúspide de la sociedad Mochica local, probablemente organizada como un reino o “Señorío”.
La similitud de sus ornamentos, emblemas y atuendos de rango y mando, con las representaciones conocidas del arte Mochica, permitieron en primer término comprobar definitivamente la existencia de estos personajes, hasta entonces considerados mitológicos. Se reconoció así su especial investidura semi-divina y autoridad político-religiosa, planteando asimismo una probable estructuración semejante para todo el ámbito territorial Mochica.
Los señoríos debieron basarse en unidades agrarias. La existencia de varios centros ceremoniales y/o de poder en cada uno de los valles puede indicar su propia dinámica local relacionada entre sí, pero no necesariamente sometida a una entidad estatal macro-regional o a fenómenos de expansión territorial como usualmente se ha teorizado.En este marco, es comprensible la existencia de jerarquías administrativas locales y grupos altamente especializados en actividades artesanales que impulsaron su sofisticación hasta el más alto nivel de desarrollo y una amplia red de relaciones de intercambio comercial y cultural. En el primer caso fueron inventadas casi todas las técnicas y procedimientos metalúrgicos y orfebres, potencializados por las culturas posteriores. En el segundo, quedaron definitivamente establecidas las fuentes y rutas a productos exóticos o de prestigio de cercano acceso: metales, plumas, oro, cinabrio, semillas; o distante alcance por medio de transacciones sucesivas, piedras semipreciosas y conchas, que llegaron probablemente hasta Chile, Bolivia y Ecuador.
En Sipán se encuentra por primera vez la sorprendente correlación entre el discurso iconográfico y los bienes de rango y mando usados en vida, para su reconocimiento como signos de autoridad, por los hombres que regían la sociedad Mochica. Dicha correlación brinda una clave definitiva para identificar el nivel jerárquico de cada uno de los personajes en su correspondiente contexto temporal y reconocer en los cambios formales las innovaciones en la organización, pensamiento religioso y estilo. La etapa culminante de esta sucesión dinástica y creciente jerarquización está representada en el probable orden siguiente:
– El Señor o “Siec” en la cúspide del poder local con una triple autoridad: militar, religiosa y civil, representado por los símbolos «radiantes» o «solares», numéricamente asociados al factor decimal.- El Sacerdote con rango y funciones estrictamente religiosas vinculadas al culto lunar.
– Jefes militares y/o caballeros”, reconocibles por atuendos, armas y emblemática.
– Dignatarios civiles, asistentes religiosos y “soldados” o “Guardias” adscritos a las específicas funciones anteriores.
– Artesanos y especialistas, probablemente pertenecientes a grupos familiares o castas.
– El pueblo común ocupados en actividades productivas diversas.
– “Yanas” o servidumbre asignada a los anteriores estamentos.
Considerando poco probables grandes conquistas territoriales, estos grupos de guerreros o soldados temporales, debieron formar una fuerza coercitiva para mantener el orden local y equilibrio de poder entre los señoríos. La variedad y rica parafernalia ritual, ornamentos y emblemas de rango identificados en cada una de las tumbas de los Señores de Sipán, pese a su diferencia temporal y cambios descritos, mantiene una esencial continuidad simbólica. Algunos icono-tipos de alta valoración podrían identificar la dinastía local.
Estamos frente al reflejo de la estructura del pensamiento Mochica y su concepción del universo basada en una sucesión de planos y, fundamentalmente, en el dualismo y complementariedad, un concepto de unidad en contraposiciones, inherente a la más antigua y persistente tradición andina, expuesta aquí en un claro lenguaje de símbolos y emblemas de rango y mando asociados a la función de los gobernantes, quienes, encarnando el poder sobrenatural en la tierra, estaban obligados a preservar este equilibrio e interacción cosmogónica. La cámara funeraria en su forma y orientación refleja el orden del universo, con sus cuatro secciones cuadrangulares y diversos niveles donde se disponen acompañantes, ofrendas, emblemas y el complejo ajuar, teniendo como eje central el cuerpo del Señor. Como ha sido descrito anteriormente, cada elemento obedece a esta armónica organización que incluye simbolismos vinculados al carácter divino y autoridad múltiple del personaje, como en el caso de insignias, armas reales o figuradas y cántaros escultóricos que parecen aludir a la transferencia de súbditos o hazañas en un coherente guión funerario.
En una sociedad agrícola las imágenes, símbolos y metáforas transmiten su constante preocupación por la fertilidad y su relación a la vida.Una apreciación preliminar de las deidades representadas en los diversos ajuares funerarios sugiere jerarquías míticas y cambios progresivos que pueden implicar reveladores ciclos de vigencia, reflejados también en la arquitectura de Sipán y la mayor parte de los monumentos del ámbito Mochica. Esta observación permite plantear la hipótesis de remodelaciones debidas no tanto a necesidades funcionales o cambios formales del ritual, sino probablemente a grandes ciclos míticos de renovación del tiempo, regidos por dichas deidades que imponían cubrir y reestructurar la arquitectura sagrada. De los tres grandes momentos de la plataforma funeraria de Sipán, el primero se asociaría a las versiones tempranas del «Ai-Apaec» (con diadema de volutas), «Serpiente pez bicéfala», «helicoidales», «serpiente ave» y búhos, donde los templos estuvieron pintados de amarillo. Esto en el arte alfarero se relaciona parcialmente al Moche Temprano. El segundo momento de Sipán no refleja cambios significativos y el tercero se aplicaría a un segundo gran ciclo general donde las deidades resultan limitadas y adquieren una mayor figuración realista, con evidentes implicancias de mayor estructuración política. Se asocian a murales polícromos y fachadas de color rojo, estilísticamente relacionados a la fase Mochica Medio de Sipán. Un tercer ciclo estaría representado por el último edificio, cuyas características y probables entierros asociados, pertenecientes a otra sucesión dinástica, aún desconocemos (fases tardías).Todos los rasgos y características de los múltiples y complejos testimonios recuperados e identificados en Sipán y su correlación con el área lambayecana, plantean una unidad diferenciada de la tradición sureña y los valles cercanos, advertida para diversas épocas por otros investigadores desde Kroeber (1925), principalmente Kosok (1959,1965), Schaedel (1951), Shimada (1994). Esta diferenciación territorial, que puede tener razonable sustento en las características geomorfológicas de los valles y sus normales fronteras ecológicas, sería también el reflejo de grandes grupos étnicos con diversos dialectos yungas referidos por las crónicas (Calancha 1638): la lengua “Muchic” desde Motupe a Jequetepeque y la “Quingnam” al Sur.
Una evaluación de estas evidencias y opiniones con nuestra información de los últimos años sobre ambas áreas, permite formular cuatro regiones de desarrollo paralelo:
Central Norte.- Valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y La Leche.
Central Sur.- Valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña.
Norte.- Valle Piura y adyacentes.
Sur.- Valle de Casma, Culebras y Huarmey.
El antecedente de estas diferenciaciones viene desde el Formativo, proyectándose después hacia las dos grandes unidades post Mochica: Lambayeque y Chimú.Sipán, con su valiosa información abre un mayor panorama para la reinterpretación de los Mochicas, mostrando nuevas facetas de su alto nivel de organización, desarrollo y arte. Renovados temas de discusión y reflexiones deberán abordarse cuando la investigación provea de concretos y variados datos de campo, corpus iconográficos integrales y otros indicadores complementarios.
La arquitectura constituye una de las manifestaciones culturales que, por involucrar participación colectiva en considerables espacios de tiempo, refleja sensiblemente el carácter y los sutiles cambios de toda organización.
Como se ha descrito, el complejo arqueológico de Sipán está compuesto por una serie de edificaciones de adobe, donde destacan tres grandes componentes: dos estructuras monumentales y la plataforma funeraria. Estos representan dos modelos básicos denominados piramidal trunco y plataforma masiva. El primer modelo sería el más antiguo y por lo tanto el ha sufrido la mayor cantidad de remodelaciones, el segundo y más amplio en su fase culminante y sería posterior. Se tienen evidencias que todos los templos o santuarios estuvieron cuidadosamente enlucidos, pintados de color rojo, amarillo y decorados con relieves o policromías representando dioses, escenas míticas o ceremonias
Las investigaciones recientes han aportado mayor información sobre estas construcciones que viene procesándose para una publicación específica sobre el tema.
La plataforma funeraria que antecede a estos dos edificios, es hasta hoy la más conocida e investigada, durante la primera temporada (1987-2000), se reconocieron 6 fases arquitectónicas, ampliadas recientemente a 8 después de alcanzar los niveles más profundos (temporada 2007-2009), estas dos nuevas fases se encuentran bajo estudio.
La excepcional circunstancia de los más importantes conjuntos funerarios de la élite Moche dispuestos en una estructura sacra, emplazada al lado de las grandes construcciones piramidales, nos brinda por primera vez la oportunidad de usar su contextualización arqueológica para establecer la secuencia cronológica de todos los testimonios materiales incursos en esta secuencia arquitectónica.
Como en ningún otro monumento, encontramos aquí una variada disposición de formatos funerarios contenidos también dentro de una compleja dinámica arquitectónica cuya interpretación está proporcionando la clave de su orden en el tiempo y espacio. Esto fue posible gracias a un exigente registro documental que demandó especial dedicación durante los primeros años de nuestra campaña de campo, en la cual se fijaron las características formales y funcionales básicas de la edificación, tarea que estuvo bajo la responsabilidad de Susana Meneses (†2002), y Luis Chero Zurita.
LA ARQUITECTURA DE SIPÁN
Susana Meneses (†2002)Investigadora adscrita al Proyecto ArqueológicoHuaca Rajada-Sipán
Luis CheroDirector del Museo de Sitio Huaca Rajada-Sipán
La arquitectura constituye una de las manifestaciones culturales que, por involucrar participación colectiva en considerables espacios de tiempo, refleja sensiblemente el carácter y los sutiles cambios de toda organización.
En Sipán, la excepcional circunstancia de los más importantes conjuntos funerarios de la élite Moche dispuestos en una estructura sacra, emplazada al lado de las grandes construcciones piramidales, nos brinda por primera vez la oportunidad de usar su contextualización arqueológica para establecer la secuencia cronológica de todos los testimonios materiales incursos en estas gravitantes manifestaciones de la sociedad Moche cuya comprensión se venía basando fundamentalmente en interpretaciones estilísticas, iconografías y observaciones arquitectónicas aisladas.
Como en ningún otro monumento, encontramos aquí una variada disposición de formatos funerarios contenidos también dentro de una compleja dinámica arquitectónica cuya interpretación está proporcionando la clave de su orden en el tiempo y espacio. Esto fue posible gracias a un exigente registro documental que demandó especial dedicación durante los primeros años de nuestra ininterrumpida campaña de campo, en la cual se fijaron las características formales y funcionales básicas de la edificación.La recuperación de la tumba del Señor de Sipán nos puso ante la primera evidencia de una plataforma destinada a recepcionar tumbas de un rango nunca antes conocido. A diferencia de otros edificios funerarios del mundo antiguo, el bloque arquitectónico original había sido abierto, para habilitar una cámara funeraria, patrón que comparten también los demás entierros de diferente antigüedad y jerarquía. Evidencias de segundo orden indican otras funciones compatibles básicamente con el culto a los muertos.Una cuidadosa evaluación de los componentes arquitectónicos alterados por el evento funerario y toda la información acopiada desde los levantamientos y prospecciones superficiales hasta la confrontación de planos de planta y perfiles de cada excavación y decapamiento arqueológico, así como del examen y perfiles de las grandes perforaciones clandestinas para restituir su efecto destructivo, permitió conocer que la plataforma había sido erigida íntegramente con el empleo de adobes dispuestos en «paños» o paneles modulares sucesivamente adicionados, técnica constructiva clásica de las edificaciones monumentales Mochicas. Sin embargo, en algunas secciones se habían empleado también rellenos arquitectónicos. De otro lado, la presencia de rasgos diagnósticos asociados como: pisos, posibles fachadas, sedimentos de origen pluvial y algunas capas de residuos orgánicos, planteaban la existencia de secuencias constructivas. Evidentemente el orden lógico de estos complejos elementos estaba alterado por la apertura y subsecuente relleno de las cámaras funerarias, alteración arqueológica de por sí difícil de discernir de los componentes anteriores y que se complicaba mucho más por el disturbio de antiguos hoyos de “huaquería” y grandes perforaciones clandestinas recientes.
Para llegar a comprender esta variada e interactuante gama de eventos arquitectónicos y funerarios, se desarrolló una lógica interpretativa basada en un delicado proceso de identificación que alcanzó el nivel de las mínimas y elementales unidades: componentes específicos de rellenos, pisos, sedimentos, adobes, enlucidos y su posterior organización en contextos relacionados entre sí que permitieron establecer cuatro categorías genéricas: Arquitectura original.- Integrada por los diferentes paneles modulares de adobe, celdas y capas de relleno arquitectónico, pisos, enlucidos y cimentaciones. Arquitectura de habilitación funeraria.- Compuesta por los diferentes materiales adicionados al espacio funerario previamente abierto para conformar paramentos, banquetas, hornacinas, enlucidos, soportes, techumbres y rellenos. Arquitectura de restitución.- Implica las adiciones para recomponer las formas arquitectónicas modificadas tanto por los eventos funerarios como por agentes naturales.Materiales de disgregación arquitectónica natural.- Comprenden sedimentos pluviales, eólicos y capas de percolación.
El manejo analítico de estas categorías facilitó reconocer inicialmente hasta seis fases arquitectónicas, ampliadas luego a ocho después de alcanzar los niveles más profundos. Cada una de las fases implica edificaciones concluidas y superpuestas en adiciones sucesivas con parecidas características.Hemos decidido llamar fase, y no etapa, a cada contexto terminado considerando que no existió la concepción inicial de un gran proyecto de construcción llevado a cabo como un plan fijo a través de varias generaciones hasta su conclusión. Las variantes en el uso, estructuración de materiales y repetición de patrones en fases sucesivas, afianza este razonamiento. Estas progresiones formales se deberían tanto a motivaciones culturales como a afectaciones naturales.Orientándonos según nuestro primer esquema la fase 1 corresponde a una plataforma rectangular simple, de 6 m. de altura desde el terreno natural, conteniendo dos terraplenes delanteros escalonados hacia el Norte. Su regular conformación final se reconoce por un grueso piso arcilloso amarillento con hasta dos capas de mantenimiento.
La altura total del núcleo principal contenía dos fases anteriores, recientemente identificadas en los niveles inferiores de la unidad ID, que hemos denominado –1 y –2. La forma y la dimensión de estas construcciones subyacentes son aún desconocidas. En este extremo Sur la más antigua habría alcanzado 2.50 m. de altura. Sus componentes arquitectónicos son íntegramente adobes plano rectangulares medianos, confeccionados con diferentes tipos de materiales unidos con mortero arcilloso y dispuestos en paños cuadrangulares de aproximadamente 1.50 por lado, armados sobre una capa arenosa de cimentación directamente acondicionada sobre el suelo geológico estéril.
La fase -1, que duplica casi exactamente en altura a la anterior, fue erigida con el empleo de adobes de diverso tamaño y material, denotando heterogénea manufactura. Estos, integran paños modulares ligeramente más angostos. Aquí se han encontrado los adobes de mayor tamaño y espesor del Monumento. Los pisos de color gris, presentaban notorio desgaste en ambas estructuras.En esta nueva fisonomía, el bloque adicionado de la fase 1 alcanzaría sólo 1 m. de altura, caracterizándose por adobes regulares en paneles de excelente y homogénea trama. A la vigencia de esta construcción se asocia la tumba del “Viejo Señor de Sipán”, cuyo recinto fue abierto desde una primera superficie original, sellada luego por el piso amarillento mencionado, mediando una fina capa de desechos orgánicos donde se encontraban algunos fragmentos de huesos humanos ajenos al evento funerario. El entierro de los tres personajes en la Unidad ID, asociado a la cámara extrañamente vacía, pertenece a un momento posterior a esta fase.
La fase 2 corresponde a una edificación elevada aproximadamente 1 m. al Sur y 4 m. en el frente principal Norte donde existió una diagnóstica fachada escalonada, enlucida y pintada de amarillo, a un nivel más alto de la plataforma corrida -que a partir de aquí- antecede los frentes de las fases siguientes.
Contrastando con la arquitectura anterior su técnica constructiva resulta desorganizada, empleándose una combinación de escasos paños y pequeñas celdas de relleno donde se recurrió a la reutilización de adobes y escombros con inclusiones de basura acarreada. En el sector central se mantienen los paños por razones estructurales. El piso correspondiente sufrió deformaciones debido a la prolongada humedad de fuertes lluvias soportadas en los rellenos de las dos fases posteriores y su obvia inconsistencia. Sólo un entierro menor sin excavar se asocia a esta fase. Cabe mencionar que los contenidos de carbón y ceniza en contextos arquitectónicos son a menudo erróneamente interpretados como fogones de uso doméstico en periodos de «abandono temporal». Este hecho es poco probable en monumentos de tal magnitud arquitectónica y significado ritualista.
La fase 3 marca un nuevo crecimiento vertical, principalmente en la sección Sur y bloque central del edificio, quedando un bajo corredor con banquetas y un juego de postes para una larga techumbre. Probablemente, aquí comienza a desarrollarse un nivel platafórmico intermedio de excelente acabado y una pequeña estructura culminante que ocupa la sección más alta. Estos y el frente Norte estaban también pintados de amarillo. Toda la edificación debió soportar un evento lluvioso de considerable intensidad que lesionó ligeramente las fachadas sin afectar la estructura. El testimonio de esta lluvia quedó registrado sensiblemente en los perfiles del Norte y Sur.Los elementos estructurales de esta fase son adobes medianos y homogéneos organizados en pañosregulares. En la sección Sur, se emplearon también grandes áreas de un relleno regular y consistente, probablemente originado en el desmontaje de alguna construcción cercana. A esta edificación se vincula el entierro menor de un guerrero en ataúd de caña con ornamentos de cobre y una antara de cerámica (Tumba 5).
En la fase 4 vuelve a sobre-elevarse considerablemente toda la estructura. La plataforma Sur mantiene y eleva ligeramente el corredor a desnivel cubriendo sus banquetas laterales. El nivel platafórmico intermedio de este sector presenta dos escalones.El frente Norte sufre también un importante cambio de fachada que corre aproximadamente 2.50 m. hacia adelante, elevándose considerablemente sobre una compacta cimentación arcillosa y terminando en un fino enlucido decorado con policromías, reducidas hoy a escasas manchas de color rojo, blanco, negro y amarillo. Sobre el nivel central culminante debió encontrarse la compleja y simbólica estructura sacra decorada con cabezas de arcilla cuyos restos se encontraban entre los rellenos de la plataforma inferior y su representación en el bastón de cobre.Esta edificación constituye la más significativa y planificada remodelación de la plataforma, tanto por el volumen y técnica de construcción como por la calidad de materiales y acabados.
Se emplearon adobes medianos y estandarizados con «marcas de fabricante» más o menos recurrentes en los paneles modulares, cuidadosamente adicionados siguiendo una planificada organización. Los morteros arcillosos produjeron bloques estables separados por juntas de unión. En algunas secciones expuestas en planta se encontraron excepcionales espacios de relleno donde debió cerrarse la disposición concéntrica de los paños cuadrangulares.
Al término de la fase se asocia la apertura de la tumba saqueada. Esta construcción sufre los más devastadores efectos de un excepcional evento pluvial costeño generado por la Corriente del Niño, que lesionó severamente fachadas, coberturas de muros, paramentos y pisos produciendo derrumbes y sedimentos conservados por la cobertura de las fase siguiente. Las pinturas de paredes decoradas, arrastradas totalmente por la lluvia, se depositaron formando gruesas capas de sedimentos que alcanzan hasta 25 cm. de espesor con líneas pigmentadas de rojo, tonalidad que debió constituir el color básico de los murales, testimonio procedente de los frentes centrales Norte y Sur.Señales de destrucción y derrumbe de banquetas son notorios en los perfiles de la unidad –IC, así como los claros indicios de un prolongado embalse en el corredor a desnivel que produjo la notoria deformación de la arquitectura subyacente (pisos y adobes).
La fase 5 correspondería a una obligada refacción general y ampliatoria del edificio deteriorado por el efecto de este catastrófico «Niño». La fachada Norte corre ligeramente adelante. Al Sur se superponen banquetas parecidas, antes de cuya confección se preparó un piso de nivelación con restos de una impresionante quema ofrendatoria asociada a típicas vasijas en miniatura. Los enlucidos vuelven a decorarse con nuevas policromías de colores semejantes.
En términos generales, las formas arquitectónicas del edificio se mantienen al igual que los materiales y técnicas de construcción. Sus acabados fueron también afectados por otro evento pluvial de cierta magnitud que origina otra diagnóstica secuencia de sedimentos y erosión de los muros decorados. La última fase (6), constituye la finalización de todo el proceso arquitectónico y la función sacra de la plataforma. El nivel del Sur fue sobre-elevado cubriéndose el corredor con un plano homogeneizante y dos nuevos escalones superpuestos. Sobre el normal cambio del nivel central la pequeña estructura culminante sufre la más significativa ampliación en altura y dimensiones. Pese a su considerable deterioro, pueden reconocerse dos niveles y los indicios de una posible rampa dirigida al Este, así como restos de techumbres en los niveles superiores.La fachada Norte vuelve a correr en dos momentos consecutivos hacia delante por efecto de otra refacción originada por las lluvias. La ausencia de pigmentos indica que estos enlucidos carecían de decoración.En esta última remodelación los materiales y técnicas de construcción pierden cierta calidad respecto a las fases anteriores, empleándose adobes de menor tamaño organizados en paneles altos de trama irregular.
Los niveles Sur y Norte son elevados mediante largos paramentos transversales paralelos y rellenos de material grumoso.
En el núcleo de esta última forma arquitectónica fue abierto el recinto funerario de 5 x 5 metros para disponer la tumba del Señor de Sipán y al Este del nivel Sur la Tumba del Sacerdote, indicando su diferenciada jerarquía. A esta fase arquitectónica se asocia también la alterada “Cámara vacía” de la Unidad ID y muchas de las ofrendas y entierros superficiales de menor jerarquía.
No existen evidencias que esta última forma arquitectónica se hubiera intentado cubrir o proteger. Tampoco tenemos indicios de las causas que motivaron su pérdida de vigencia funeraria y sacra, fenómeno que no parece haber sido esencialmente drástico considerando las ofrendas superficiales en varios sectores de la plataforma y alguna fragmentería Moche más tardía. Cabe la posibilidad de que por razones de orden dinástico la función funeraria de tan alto “status” hubiera podido desplazarse a otro sector del mismo santuario o a otro monumento de mayor prestigio en el mismo valle.
Dado el extraordinario contenido y la parecida reformulación del diseño arquitectónico estimamos que estas fases de construcción fueron impulsadas tanto por las necesidades de espacios funerarios altamente valorados, como por las funciones sacras correspondientes y, evidentemente, también por los deterioros de los excepcionales eventos del “Niño”.
Tratándose de progresiones formales en una edificación menor de especializada función y componente de un complejo de estructuras mayores convenimos que podría considerarse como una muestra propia y sesgada. Sin embargo, transformando el conjunto de características en indicadores, estos cambios se reducirían de ocho fases constructivas a tres grandes proyectos arquitectónicos, que reflejarían también similares momentos en la Sociedad Moche del Valle. El primero involucraría las fases -2, -1 y 1, con la planificación y emplazamiento de los iniciales proyectos arquitectónicos del centro ceremonial que incluiría también una primera versión de la pirámide adyacente. La buena calidad de la construcción en unidades modulares sólidas refleja un grupo local emergente en posesión de óptimos recursos materiales y tecnológicamente experimentado en base a una organización jerárquica que marcó el inicio de la dinastía. Su exponente asociado es el contexto del “Viejo Señor”.En un segundo momento (fases 2 y 3) la estructura crece escasamente y con pobre calidad arquitectónica, probable reflejo de cierta crisis material y momentáneo decaimiento de la capacidad organizativa causada quizás por un prolongado tiempo de sequía. Los entierros asociados reflejan también esta vicisitud.
El tercer momento de explosivo y culminante desarrollo arquitectónico se inicia con indicios de un mediano evento de la Corriente del Niño que debió reactivar la economía y fortalecer la estructura sociopolítica. Existe un esmero por las buenas edificaciones y acabados, iniciándose la tradición de policromías diferente a la de los templos amarillos del momento anterior.Los materiales de construcción son de buena calidad con adobes recurrentemente marcados y asociados a unidades modulares firmes, reflejo de una estable organización laboral. La peor catástrofe de esta época, ocasionada por la Corriente del Niño a lo largo del siglo II, fue superada con una reestructuración y crecimiento inmediato (Fase 5).Los complejos y elaborados patrones funerarios de la Tumba Saqueada, Sacerdote y Señor de Sipán se asocian a este momento culminante.Las grandes estructuras, componentes monumentales de Sipán presentan dos modelos básicos que llamaremos “piramidal trunca” y “plataforma masiva”, modelos representados también en otros monumentos contemporáneos. El primero de ellos, con sus frecuentes remodelaciones, es el más antiguo. Evidentemente, las edificaciones no se ajustan a proyectos concebidos para ejecutarse por varias generaciones. Las importantes remodelaciones obedecen a necesidades o cambios en el ceremonialismo que podrían representar grandes ciclos ceremoniales de la época. Tal sería el caso cercano del sitio Pampagrande, tomado como tardío por sus componentes superficiales.
Está breve exposición del tema es la versión preliminar del estudio en ejecución que compromete la arquitectura de Sipán, sus contextos locales y regionales. La amplia documentación será presentada en una específica monografía.
Los trabajos de campo se iniciaron con procedimientos simultáneos de prospección y excavación. Las labores estuvieron centralizadas en la plataforma menor, donde habíamos detenido el saqueo. Un indispensable levantamiento topográfico graficó la conformación del terreno mediante curvas de nivel cada 50 cm, detallándose también la ubicación, dimensiones y profundidad de las perforaciones clandestinas. Este plano constituye el fiel registro del estado en que encontramos el monumento.
Los tres niveles principales de la estructura se encontraban severamente afectados por cerca de una centena de hoyos irregulares excavados en toda su extensión. El más impresionante de los hoyos correspondía a la tumba recientemente saqueada. Toneladas de escombros y adobes extraídos del interior cubrían la superficie y los perfiles expuestos demostraban que la plataforma fue íntegramente construida con adobe plano-rectangular.
El descombramiento de toda la superficie afectada por el saqueo y la limpieza del interior de los hoyos permitió evaluar el grado de su destrucción. Desarrollando una excavación cuidadosa y exigente en sus aspectos metodológicos, mantuvimos especial cuidado en la ubicación contextual de cualquier rasgo arquitectónico y sus materiales culturales asociados.
Para efectos del registro arqueológico el monumento fue cuadriculado en unidades de 10 x 10 m., partiendo de un punto ubicado al centro de la plataforma alta desde donde se proyectaron los ejes perpendiculares que rigen, hasta hoy, nuestras excavaciones. Dentro de esta red de cuadros, se localizó con exactitud todo hallazgo o elemento arquitectónico, incluyendo su posición vertical en alturas absolutas.
El terreno fue removido lentamente mediante el levantamiento progresivo de capas horizontales completas con ayuda de palas cortas, rasquetas de mano y brochas. A partir de la primera superficie diagnóstica se inició una sucesión de planos dibujados a color que grafican objetivamente el avance de la excavación.
La documentación fotográfica fue tratada también como unidades completas, detalles y etapas del proceso. Obviamente, éste fue sólo el procedimiento metodológico general de la excavación. Los contextos funerarios específicos requirieron un minucioso registro que muchas veces correspondía capas de milímetros o escasos centímetros. De otro lado, cada uno de ellos planteó el desarrollo de procedimientos y alternativas técnicas de recuperación específicos, en muchos casos, sin precedentes en la arqueología peruana, que debimos resolver de manera inmediata.
El Complejo Arqueológico Huaca Rajada – Sipán se ubica en la sección media sobre la margen meridional del Valle de Lambayeque o Chancay, zona que hoy corresponde al caserío Huaca Rajada y centro poblado de Sipán, colindante con las Pampas de Cayaltí por el sur, el río Reque por el norte, Cerro Saltur por el oeste y Pampas de Collique al este.
Políticamente pertenece al distrito de Zaña, provincia de Chiclayo, departamento de Lambayeque, en la costa norte del Perú. La distancia de la ciudad de Chiclayo a Huaca Rajada – Sipán es de 28 km. (45 minutos en automóvil) y la distancia de la ciudad de Lambayeque a Huaca Rajada – Sipán es de 40 km. (60 minutos).
El Monumento Arqueológico de Sipán, conocido también como Huaca Rajada, consiste principalmente en grandes y erosionadas estructuras piramidales de adobe que hoy parecen montañas de barro emergiendo entre los cultivos agrícolas de la zona. Las construcciones principales dominan el paisaje y se alinean de oeste a este, donde son antecedidas por una plataforma baja de tres niveles. Fue declarado Reserva Arqueológica Intangible por el estado peruano, en un área de 29.5 hectáreas. Sin embargo todo el complejo abarca aproximadamente 15 km2, divididos para fines de estudio en cuatros sectores diferenciados por su naturaleza y componentes arqueológicos:
El Sector I: o área monumental comprende las estructuras de mayor volumen: dos pirámides mayores, dos plataformas de acceso y comunicación, el mausoleo o plataforma funeraria y los patios que delimitarían el espacio sagrado en tiempo Mochica.
El Sector II: corresponde a una segunda jerarquía de estructuras erosionadas y dispersas con menores dimensiones distribuidas hacia el sur-este y este del Sector principal, que corresponderían a las diferentes ocupaciones de esta parte del valle.
El Sector III: tiene comocaracterística la ausencia de estructuras volumétricas, correspondiendo a extensos yacimientos funerarios y de ocupación localizadas al sur-este del sector II, que se encuentran severamente afectados por el saqueo y destrucción causada por los “huaqueros”.
El Sector IV: abarca las faldas y colinas de los cerros circundantes y estructuras periféricas hacia el noreste del Sector II, pertenecientes a las ocupaciones posteriores a los Mochicas.
La cultura Mochica, surge y se desarrolla entre los siglos I y VII d.C., teniendo como escenario la larga y angosta franja desértica de la costa norte del Perú, extendiéndose desde Piura por el Norte hasta Huarmey por el Sur, en unos 600 km. donde numerosos pueblos compartieron una cultura basada en una organización de pequeños reinos o señoríos locales.
Este pueblo de agricultores, artistas, pescadores y guerreros, alcanzaron un alto desarrollo y compleja organización, siendo el más conocido y singular legado, su artística cerámica, mayoritariamente depositada como preciada ofrenda a los muertos, divinidades, hombres, animales, plantas y complejas escenas fueron representadas por sus artistas bajo la forma de imágenes escultóricas o vasijas decoradas a pincel.
Los Mochicas desarrollaron la metalurgia del cobre, plata y aleaciones para producir a gran escala hermosos ornamentos, herramientas para la agricultura y armas. Dominaron las técnicas de fundición, laminado, forjado, repujado, soldadura. Su más importante proeza fue dorara el cobre con una sofisticada técnica que consiguió recubrir este metal con una finísima capa de oro.
La Agricultura fue el sustento de la economía Mochica. Lograron vencer al desierto mediante la irrigación artificial desviando el cauce de los ríos que bajan de los andes. Ubicando cada cultivo en su ambiente, respetaron los bosques y sembraron plantas alimenticias como maíz, papa, yuca, pallares, zapallo, camote, maní y variedad de frutales. Para uso industrial cultivaban el algodón y la totora y para sus construcciones la caña brava. Complementaron esta actividad productiva con la pesca en el rico litoral y crianza de camélidos. Desarrollaron la textilería, produciendo complejas ropas y ornamentos.
La importancia concedida a la actividad militar es notoria en las representaciones de guerreros y escenas de combate.
Construyeron colosales y masivas edificaciones de adobe en forma de pirámides truncas, accesibles por largas rampas. Plataformas amplios recintos o plazas conformaron sus importantes santuarios religiosos.
Para los Mochicas amantes de la vida, la muerte no fue el final, los hombres seguían viviendo en otra esfera del mundo con sus mismas obligaciones o privilegios, razón para sepultarlos con todos sus bienes y provisiones, así cada tumba y su contenido es el reflejo de la función en vida la persona sepultada.
En el año 1987, el sorprendente descubrimiento de las “Tumbas Reales de Sipán», cambió fundamentalmente nuestro entendimiento sobre los Mochicas. Por primera vez el entierro de uno de sus gobernantes, mostraba toda su magnificencia, brindándonos una incalculable información para reconstruir la historia de esta extraordinaria cultura.
El Proyecto se inició en abril del año 1987 cuando el reducido equipo de arqueólogos del Museo Brüning de Lambayeque, bajo la dirección de Walter Alva y la participación de Luis Chero Zurita, Susana Meneses y Juan Martínez, asumieron la responsabilidad de salvar del saqueo y destrucción la plataforma funeraria del Santuario Mochica de Sipán, destino trágico que amenaza y afecta permanentemente la extraordinaria y cuantiosa herencia cultural del Perú. En aquel entonces el tranquilo pueblo de Sipán había sido alterado por una verdadera “fiebre del oro”, decenas de campesinos hurgaban la tierra en busca de fragmentos metálicos sobre la antigua plataforma de adobe, donde días antes los saqueadores habían robado una rica tumba, la policía intervino y requisó algunas piezas que dieron la alerta a los arqueólogos acerca del riesgo que corría el monumento de ser totalmente destruido, decidiéndose por una intervención de emergencia, iniciada en difíciles circunstancias y con limitados recursos brindados por empresas e instituciones comprometidas con la cultura regional, permitió después de un exhaustivo trabajo arqueológico lograr la recuperación científica de la llamada “Tumba del Señor de Sipán”. El primer contexto funerario intacto de un gobernante del antiguo Perú que mostraba al mundo de hoy toda su magnificencia y una invalorable información para conocer y reconstruir el nivel de desarrollo tecnológico, organización socio-política y pensamiento religioso de los Moche o Mochicas, una de las más importantes culturas pre-incas.
La investigación, propuesta originalmente como un rescate arqueológico, debió asumir también las responsabilidades en la conservación, restauración y difusión de los materiales arqueológicos e información recuperada, así como la necesidad de obtener recursos para mantener la investigación de campo, obligaciones que devinieron progresivamente en un proyecto continuado de largo alcance, apoyado por otras instituciones peruanas e internacionales. Lograda la recuperación de la Tumba del Señor de Sipán estimada inmediatamente como uno de los grandes hallazgos arqueológicos de América.
En más de una década las investigaciones arqueológicas (temporada 1987-2000) permitieron registrar y recuperar importantes datos sobre la arquitectura del Santuario y hasta trece contextos funerarios de la diferentes épocas y jerarquías que muestran los cambios culturales y la compleja organización de la élite mochica. Igualmente se registraron numerosos entierros de culturas posteriores que usaron este santuario como cementerio popular.
Durante la nueva temporada (2007-2009), se registraron dos nuevas tumbas de la nobleza mochica y cerca de 50 entierros pertenecientes a las culturas Lambayeque, Chimú y Chimú-inca, identificándose también datos sobre las fases constructivas del santuario y sus cambios funcionales.
Sipán es un término Mochica que significaría Casa o Templo de la Luna o Casa de los Señores.