Señor de Sipán: El rostro del jerarca

senor-de-sipan-rostroLa tumba del Señor de Sipán fue el más importante hallazgo de la arqueología americana. En los próximos días
conoceremos el verdadero rostro del monarca moche, gracias al trabajo de científicos brasileños.

Especialistas de Brasil presentarán, el miércoles 21 de setiembre en Lima, el rostro reconstruido del Señor de Sipán, utilizando la técnica de antropología forense en 3D, informó el director del Museo Tumbas Reales de Sipán y descubridor del sitio funerario del famoso jerarca moche, Walter Alva.

El Señor de Sipán fue descubierto en 1987 y su hallazgo marcó un importante hito en la arqueología del continente
americano porque, por primera vez, se halló intacto y sin huellas de saqueo un entierro real de una civilización peruana anterior a los incas.

Alva confirmó la presentación de la reconstrucción del rostro, a cargo de los investigadores que han tenido la responsabilidad de desarrollar un proceso metodológico muy exigente para aproximarnos a esta recreación.

Con Brasil

“Se ha trabajado por cerca de tres meses y esto es un proceso largo a cargo de especialistas, en cooperación entre expertos brasileños y la Universidad Garcilaso de la Vega”, explicó Alva. Informó que se trata de los mismos cientíicos que elaboraron los rostros de figuras católicas como Santa Rosa de Lima, San Juan Masías y San Martín de Porres.

Alva destacó que esto representa un valioso aporte, pues se contará con el ‘identikit’ de un personaje histórico.
“Esta es una nueva manera de acercarnos a una realidad histórica y contar con el rostro de uno de los primeros dignatarios del antiguo Perú”, manifestó el investigador.

La reconstrucción se realizó con un procedimiento escáner de todos los componentes óseos del personaje. Pero, además, los científicos brasileños trabajan la impresión 3D del busto del Señor de Sipán, que será donado a este museo. “Es la fisonomía completa, reconstruida para que podamos admirar el verdadero rostro de este importante personaje mochica”. Con la presentación del rostro del Señor de Sipán serían tres los rostros reconstruidos de gobernantes de culturas asentadas en Lambayeque, junto a la sacerdotisa de Chornancap y el Señor de Sicán. “Nos faltaba mejorar el rostro del Señor de Sipán, que fue una primera aproximación, para tener un trabajo más exhaustivo”, concluyó.

Museo Tumbas Reales

La presentación del rostro del Señor de Sipán se hará en alianza con la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, en el centro de convenciones de Telefónica, en Lima. En la actualidad, todos los ornamentos hallados en su tumba se exponen en el Museo Tumbas Museo Tumbas Reales Reales de Sipán. El museo está ubicado a diez minutos de Chiclayo. La atención al público es de martes a domingo de 9:00 a 17:00 horas. La entrada para adultos cuesta 10 soles; para cesantes y universitarios, 4.00 soles; y para escolares, 1.50 soles.

LA ICONOGRAFÍA MOCHICA, Los dioses y el cosmos

Iconografía. Los dibujos hallados en las vestimentas, cerámicas y murales simbolizan la cosmovisión de la cultura Mochica.

La cosmovisión de la cultura Mochica, sus creencias y su manera de interpretar el mundo podemos entenderla a través de su cerámica y sus murales. Estos vestigios encierran mensajes e ideas de su tiempo. Así fue como ocurrió para determinar la importancia del personaje hallado en Sipán hace 25 años.

La cultura Mochica, durante los primeros seis siglos de nuestra era, representa el apogeo y esplendor de los estados teocráticos de la Costa Norte del Perú. Los excedentes de agricultura y pesca permitieron un clima de bonanza, la exaltación religiosa impulsó la emulación competitiva entre colosales y suntuosos templos, y los vínculos de interacción a gran escala permitieron el desarrollo de soisticadas técnicas de orfebrería, alfarería y textilería; esas extraordinarias obras de arte describían la compleja ideología, eran códigos del mundo mítico y ceremonial.

Las imágenes de los dioses primigenios se difundieron a partir del último milenio antes de nuestra era, durante el periodo Formativo, en la costa norte los «Cupisnique», ancestros de la cultura Mochica, concibieron deidades con colmillos y garras como símbolos de poder absoluto; los cinturones y cabellos igurados como olas o serpientes expresaban la dicotomía marino-terrestre. Otra característica de la deidad era la decapitación, la cabeza cortada y el cuchillo en las manos indicaban la naturaleza sobrehumana del sacriicador, este aspecto mítico era una metáfora que vinculaba la siembra y cosecha con ciclos de renovación del tiempo y la vida. Por lo general, en la iconografía de los Andes, la cabeza y el cuchillo que sostiene la deidad son reemplazados alternativamente por herramientas de siembra o pesca, peces, plantas de algodón, maíz, yuca o psicoactivos.

Las tumbas de élite descubiertas en Sipán brindaron la posibilidad de conocer el elevado desarrollo de la cultura Mochica; los estudios de iconografía tienen una oportunidad extraordinaria, pues en cada tumba las imágenes, disposición y materiales son expresiones simbólicas perfectamente ordenadas. Cada contexto expresa un complejo discurso que varía de acuerdo con jerarquía y fases temporales. De manera general, se observa un ordenamiento en función a paridades, codiciadas a partir de los metales, tipos de objetos y su ubicación sobre el cuerpo;  la dualidad fue el concepto crucial a lo largo del tiempo y el espacio del Perú Antiguo.

Las tumbas de mayor rango: Viejo Señor, Señor, Sacerdote permitieron comparar a estos personajes con las imágenes de divinidades, reyes y sacerdotes protagonistas de mitos y rituales representados en el arte. En la tumba del Viejo Señor un esplendido collar de diez cuentas de oro, representa arañas posadas en el centro de sus redes; el abdomen igura un rostro humano ataviado, la imagen idealizada corresponde con la especie de araña Argiope argentata, la forma del abdomen lobulado y su cuerpo dividido en dos hemisferios de vistoso colorido, mitad amarillo y mitad plateado, se relacionaron con la dualidad. Las arañas que fabrican tela colgante reposan con la cabeza hacia abajo, así sugirieron mediación entre el cielo y la tierra; su eje es vertical respecto al de otros arácnidos e insectos, del mismo modo que los hombres frente a los animales. La iconografía entonces configuraba y sincronizaba mediante metáforas naturaleza y sociedad, a través de los distintos «planos» del cosmos; enlazando finalmente las imágenes de la memoria colectiva con el paisaje y la urdimbre del firmamento.

Los conjuntos de sonajeras y protectores coxales exclusivos de los Señores eran usados a la altura de la cintura, reiterando el significado de «centro», la forma de semicírculo con borde lobulado es alusiva al vientre de Argiope argentata, la imagen es la «Deidad araña» de cuerpo humano, rostro felínico, cuchillo y cabeza decapitada en las manos, desde sus flancos se proyectan cuatro pares de patas de araña; esta deidad central del panteón mochica, denominado Ai-Apaec en sus diversas versiones o transformaciones, no es otra que la antigua deidad del estilo Cupisnique restaurada.

La secuencia de tumbas en Sipán, que abarcaría tres generaciones, permite reconocer cambios en la estructura de la religión y poder, orientados a enfatizar el carácter militar de los gobernantes en las últimas fases, cuando la guerra ritual se volvió crucial; el discurso cosmocéntrico referido al origen y equilibrio del mar y la tierra de las fases tempranas, da paso otro dirigido por las hazañas de la guerra y el sacrificio humano. Probablemente, a medida que los recursos circunscritos en cada valle se hacen escasos y sucedió la crisis, se privilegiaron los aspectos militares; esa «guerra lorida» o «guerra fría» entre las ciudades-estado precipitó el colapso de la cultura; y fomentó en el siguiente periodo la hegemonía del poder absoluto y antropocéntrico orientado a la conquista bélica.y rituales representados en el arte. En la tumba del Viejo Señor un esplendido collar de diez cuentas de oro, representa arañas posadas en el centro de sus redes; el abdomen igura un rostro humano ataviado, la imagen idealizada corresponde con la especie de araña Argiope argentata, la forma del abdomen lobulado y su cuerpo dividido en dos hemisferios de vistoso colorido, mitad amarillo y mitad plateado, se relacionaron con la dualidad. Las arañas que fabrican tela colgante reposan con la cabeza

Escribe IGNACIO ALVA MENESES
Director del Proyecto Arqueológico Ventarrón-Collud.

 

Fuente: El Peruano

EL SEÑOR DE SIPÁN, El hallazgo que cambió la historia

sipan-representacion-museoWalter Alva encabezó el grupo de especialistas y trabajadores que trabajaron durante varios meses para rescatar la cámara funeraria.

Cinco lustros han pasado desde el descubrimiento de este personaje de la cultura Mochica y es un buen momento para hacer una relexión sobre la importancia que ha ejercido este acontecimiento en Perú, en su población, en su cultura.

VEINTICINCO años es una vida o apenas un recodo en la historia de un país, pero existen acontecimientos que marcan un antes y un después de una época, que dan inicio a un serie de sucesos que inluyen en los aspectos cultural, económico y social de una nación. Eso fue lo que ocurrió aquella mañana de julio de 1987 cuando un grupo de arqueólogos y trabajadores encabezados por Walter Alva hallaron la cámara funeraria intacta de un señor moche. Se encontraban ante uno de los descubrimientos más fascinantes e importantes de la arqueología mundial.

«Cumplir 25 años del descubrimiento del Señor de Sipán significa haber recorrido un largo camino que empezó en dramáticas circunstancias porque el monumento estaba siendo saqueado por los profanadores de tumbas y porque el hecho ocurrió en una época de crisis política, social y económica. De eso se aprovechaban los traficantes de piezas arqueológicas para promover el saqueo de nuestra riqueza cultural. Se profanaron tumbas y se desató una iebre en el pueblo de Sipán y nos vimos obligados a intervenir», recuerda Alva, actual director del Museo Tumbas Reales de Sipán.

Sostiene que su descubrimiento tuvo el mismo impacto que ocurrió cuando se halló la tumba de Tutankamón en Egipto, a comienzos del siglo XX. «Se generó una dinámica que se manifiesta en el mayor interés de estudiar la cultura mochica. Marca una mayor atención de parte de la clase política hacia esta tarea que apoyó más proyectos de investigación y también en la comunidad que se interesa por su patrimonio», apunta.

Luis Chero, director del Museo de Sitio Huaca Rajada-Sipán, fue otro de los protagonistas de aquella historia. Recuerda los momentos difíciles que vivieron cuando llegaron a la zona arqueológica. «La plataforma funeraria había sido tomada por los huaqueros y cuando ingresamos en el lugar recibimos muchas amenazas de muerte y se temía que el doctor Alva sufriera algún tipo de atentado. Contra todo eso se trabajó, y 25 años después el resultado es que ahora tenemos 16 contextos funerarios recuperados y restaurados».

Los huaqueros estaban en Sipán desde diciembre de 1986 y habían lotizado el lugar y excavaban todo el día. Incluso llegaron a profanar la tumba. A mediados de febrero la Policía intervino e hizo un operativo en las casas de los huaqueros e incautó una serie de piezas, entre ellas dos caras felínicas, caras antropomorfas y otros objetos de oro. En la madrugada llamaron a Walter Alva y le pidieron que vaya de inmediato; el arqueólogo jamás se imaginó lo que le esperaba. Fue grande su impresión al ver las piezas de oro. «Esa misma mañana fuimos a Huaca Rajada. Llegamos al sitio y vimos varias piezas fragmentadas que habían sacado los huaqueros. Estaba destruido. Comenzamos a ir interdiario y llegaron las amenazas; nadie quería trabajar con nosotros. Gracias al apoyo de la Policía pudimos trabajar permanentemente desde marzo y en julio se produjo el descubrimiento», precisa Chero.

El arqueólogo indica que existen dos etapas en el trabajo de investigación en la zona. La primera empezó en 1987 y concluyó en 2002 con la construcción del Museo Tumbas Reales de Sipán. En este período se descubrieron, además del Señor de Sipán, las tumbas del Viejo Señor, del Guerrero, del Sacerdote, del Jefe Guerrero y de nobles.

La segunda etapa empezó en 2007 y continúa hasta la fecha, con apoyo del Fondo Ítalo-Peruano y, luego, con la creación de la Unidad Ejecutora 111-Naylamp, entidades que financian los trabajos. En este

período se descubrieron los contextos funerarios del Sacerdote Guerrero, tumba 14; el Joven Guerrero, tumba 15, y Guerrero del Pututo, tumba 16.

INICIO DE UNA ETAPA

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El arqueólogo Walter Alva recuerda cómo catastróficas lluvias y sequías arrasaron con los moches y otras civilizaciones del norte peruano. Una reflexión para pensar la futura reconstrucción. (Foto: El Comercio/ Karen Zárate)

Walter Alva airma que se puede hablar de un antes y un después de Sipán, porque a partir de su descubrimiento cambió el concepto de arqueología en Perú, se le prestó más atención. «Antes solo se tenían estudios que realizaban investigadores extranjeros; eso ahora ha cambiado y se desarrollan proyectos que tengan un impacto social», reiere. Destaca también el surgimiento de una identidad, en especial en Lambayeque. «La población ha asumido con mucha fuerza que Sipán es un testimonio de la grandeza de su pasado. Ahora se siente orgullosa de saberse descendiente de una cultura que tuvo un alto nivel de desarrollo», agrega.

Chero resalta, por su parte, el creciente interés por estudiar la cultura Mochica y el desarrollo de proyectos de investigación en las huacas de La Luna, El Brujo, San José de Moro y otros. «Todos estos estudios en conjunto hacen que esta cultura sea mejor conocida».

Los trabajos en el área de Sipán y en Lambayeque han permitido demostrar una evolución en los enterramientos. Existe un mismo sistema, pero a medida que pasa el tiempo los personajes principales tienen más objetos de oro y de plata, se les da un rango de señores. Igual sucede con las tumbas de los sacerdotes, de los guerreros y de los personajes de la nobleza.

Alva rescata el aporte de los mochicas en el desarrollo de la ingeniería hidráulica. Precisa que fueron los que cambiaron el paisaje de la Costa peruana. «Fueron ellos los que desarrollaron la ingeniería hidráulica porque irrigaron el desierto e incorporaron extensos terrenos como áreas de cultivo. A partir de allí surgió la metalurgía».

IMPACTO
«Se ha generado un sentimiento de identidad. Para Lambayeque, es el ícono cultural, de su identidad y significa también la revaloración de la autoestima de nuestra población. Ahora ningún lambayecano deja de sentirse orgullo de ser descendiente de la raza de los señores de Sipan», recalca Alva.

Sostiene que el hallazgo del Señor de Sipán generó una diná-mica en la investigación arqueológica que impulsó y condujo a la construcción de un museo propio como es el Tumbas Reales, que recibe anualmente entre 140,000 y 160,000 visitantes. «Desde su inauguración hasta la fecha ha recibido cerca de un millón 700,000 turistas. En diez años es uno de los museos más visitados de Perú y creo que es una demostración de que ha sido un proyecto exitoso».

En el aspecto académico, destaca que la arqueología peruana ha entrado en una etapa de madurez y ahora tiene una presencia importante en el mundo académico cientíico; inluye el hecho de que esta ciencia pasó de ser teórica a una social, que trabaja en beneicio de la población y que el resultado de sus investigaciones impacta positivamente en la identidad de los peruanos.

En el aspecto económico, Alva airma que se ha generado una creciente actividad turística que no existió antes. Este movimiento implica, además, la construcción de nuevos hoteles, hostales y restaurantes, una mayor preocupación por mejorar la infraestructura y servicios. También ha inluido en la revaloración de la comida, de las costumbres.

Chero coincide con esto; sin embargo, sostiene que las comunidades adyacentes a Huaca Rajada Sipán necesitan de mayor inversión en infraestructura para rehabilitar sus pistas, veredas, construir un parque, mejorar el servicio de agua, la fachada de las viviendas, del colegio; ampliar la posta médica. «Podría dárseles el aspecto de un pueblo moche», sugiere.

Lo que se halló en Sipán

senor_sipan_ornamentosLos arqueólogos Walter Alva, Susana Meneses y Luis Chero integraron el equipo que descubrió la cámara funeraria de este importante personaje moche. Primero encontraron un cuarto sellado con objetos y ofrendas. En otro recinto de cinco metros por lado apareció el esqueleto de un hombre joven. Era un guardián al que le cortaron las extremidades inferiores para representar al guardián de una tumba. Medio metro más abajo aparecieron restos de vigas de algarrobo desintegradas. Más adelante descubrieron un ataúd intacto y sellado.

Cuando llegaron a este lugar hallaron un rostro de oro en miniatura. Era una orejera, luego encontraron una masa de objetos inidenti?cables de cobre oxidado. Todo el proceso de excavación demandó 8 meses. Finalmente, quedaron al descubierto estandartes, orejeras, ornamentos, emblemas, atuendos, tocados y otros objetos.

El Señor de Sipán, que era un esqueleto casi desintegrado, tenía el rostro protegido por un cubrementón o yelmo de oro, una simbólica nariz, una representación de la dentadura y una suerte de máscara funeraria en la que se simbolizaban los órganos de los sentidos; además, el cráneo reposaba en una patena de oro.

Se hallaron también fragmentos textiles que revelaron la existencia de una túnica decorada con placas metálicas, un cetro de oro y plata que terminaba en un ?lo ceremonial para sacrificios, un collar de frutos de maní, oro y plata, un collar de 10 cabezas humanas y collares de cuentas de turquesa y oro; una corona, sonajeros de oro y protectores coxales.

 

Fuente: El Peruano

Señor de Sipán, descubrimiento que marco un antes y un despues en Lambayeque, Perú

El descubrimiento del Señor de Sipán, acontecido el 21 de julio de 1987, marcó un antes y un después en la historia del departamento norteño de Lambayeque en Perú, sostuvo hoy Walter Alva, director el equipo de arqueólogos que dio cuenta de dicho hallazgo.

“Era un tarde entre fría y cálida; Luis Chero y los arqueólogos que estaban trabajando conmigo así como los obreros habíamos pasado varios sucesos difíciles y estábamos excavando lo que parecía una tumba importante de la cultura mochica”, explicó.

Señaló que, en esas circunstancias, fue informado de que había algo interesante y se acercó a la tumba y comenzó a levantar un grumo de tierra que cubría parte de lo que parecía ser una máscara.

“Siempre hago memoria de este instante (…) brotaba de esa tierra una mirada y era exactamente una premonición, era el rostro en miniatura de oro de la orejera que representaba al mismo Señor de Sipán”, refirió.

“Fue un momento eterno que jamás olvidaremos quiénes estuvimos allí. Este pequeño equipo de arqueólogos, tratando de rescatar del olvido a uno de los hallazgos más importantes de la arqueología”, subrayó.

Dijo que no solo ha sido una experiencia científica sino también humana “que ha dejado sus profundas huellas en quiénes hemos estado involucrados en esta investigación.

Mencionó que a la fecha se han realizado 22 exposiciones de la tumba del Señor de Sipán con piezas originales y 18 exposiciones con réplicas en 18 países del mundo.

Indicó que desde su inauguración, en 2002, el museo Tumbas Reales recibió un millón 574,221 personas, entre los que figuran personalidades del mundo científico, jefes de Estado, autoridades eclesiásticas y delegaciones culturales de diferentes países.

Alva expresó que la conmemoración de los 25 años del descubrimiento es importante porque permite mirar en la perspectiva del tiempo lo que ha significado este hecho: las gestiones para la construcción del museo y el impacto en la arqueología, la identidad y el desarrollo de Lambayeque.

“Yo creo que lo más importante es que Sipán ha pasado a convertirse en el gran ícono de nuestra región y el Perú”, declaró.

“Sipán generó un gran impacto académico, impulsó la investigación arqueológica en el norte y un impacto en la colectividad regional con el sustento de la identidad y por supuesto un impacto económico al convertir a Lambayeque en uno de los destinos turísticos más importantes del país”, enfatizó.

 

El Área de  Conservación y Restauración en el Museo Tumbas Reales De Sipán

El personal del Laboratorio de Conservación y Restauración del Museo Tumbas Reales de Sipán está dedicado a la preservación del patrimonio arqueológico mueble recuperado en el complejo arqueológico de Sipán y los demás proyectos arqueológico que desarrolla la institución. Igualmente brinda apoyo directo, oportunidad de prácticas y asesoramiento o otros proyectos de a región, el país y naciones vecinas, manteniendo también apertura a proyectos interdisciplinarios.

Su personal técnico está capacitado para intervenciones especializadas en conservación y restauración tanto en el campo (conservación preventiva) como en las instalaciones del museo, con la finalidad de estabilizar los procesos activos de deterioro que presentan los bienes culturales y revertir las alteraciones estético-formales que afectan su presentación.

Las intervenciones contemplan el registro gráfico y documental de los objetos en las diferentes etapas del proceso, el diagnóstico de los síntomas de alteración y la ejecución de análisis científicos. El estudio de esta información permite comprender los procesos de deterioro que los afectan y decidir los tratamientos adecuados para su futura preservación, investigación y exhibición.

Finalizadas las intervenciones, las piezas son acondicionadas para su almacenamiento o para su instalación en las exhibiciones, tomando en cuenta sus características y de las necesidades específicas del museo. A partir de este punto empieza el trabajo de conservación “pasiva”, mediante controles de humedad, temperatura o protección frente a los agentes contaminantes que podrían incidir en la reactivación de la corrosión metálica.

Un breve balance permite reconocer el progreso de un voluntarioso grupo de trabajadores que en los primeros años, enfrentando las limitaciones, con ingenio y destreza lograron recomponer mosaicos de turquesa totalmente desintegrados, desabollar objetos de oro con la maestría de los antiguos orfebres o limpiar igualmente algunos ornamentos de cobre dorado que hoy apreciamos en todo su esplendor.

La experiencia acumulada en 17 años de trabajo, permite hoy definir posiciones frente a los materiales excavados, sustentadas en la necesidad de salvar más allá de la pieza y del objeto artístico, el testimonio de la “huella histórica”. La preocupación fue plantear actitudes analíticas y reflexivas ante el estado y características de cada objeto arqueológico, tratando de consolidar una filosofía de restauración que establezca los límites de la intervención, recupere toda la información posible sobre la tecnología empleada para su confección, interprete el contexto de su función original y lo preserve para las futuras generaciones.

La mejor demostración de los resultados obtenidos son los maravillosos ornamentos, emblemas y atuendos expuestos en el Museo «Tumbas Reales de Sipán» que reflejan esplendor, conocimiento tecnológico y profunda simbología.

Fuente: Museo Tumbas Reales de Sipán

La Arquitectura de Sipán

La arquitectura constituye una de las manifestaciones culturales que, por involucrar participación colectiva en considerables espacios de tiempo, refleja sensiblemente el carácter y los sutiles cambios de  toda organización.

En Sipán, la excepcional circunstancia de los más importantes conjuntos funerarios de la élite Moche dispuestos en una estructura sacra, emplazada al lado  de las grandes construcciones piramidales, nos brinda por primera vez la oportunidad de usar su contextualización arqueológica para establecer la secuencia cronológica de todos los testimonios materiales incursos en estas gravitantes manifestaciones de la sociedad Moche cuya comprensión se venía basando fundamentalmente  en interpretaciones estilísticas, iconografías y observaciones arquitectónicas aisladas.

Como en ningún otro monumento, encontramos aquí una variada disposición de formatos funerarios contenidos también dentro de una compleja dinámica arquitectónica cuya interpretación está proporcionando la clave de su orden en el tiempo y espacio. Esto fue posible gracias a un exigente registro documental que demandó especial dedicación durante los primeros años de nuestra ininterrumpida campaña de campo, en la cual se fijaron las características formales y funcionales básicas de la edificación.

La recuperación de la tumba del Señor de Sipán nos puso ante la primera evidencia de una plataforma destinada a recepcionar tumbas de un rango nunca antes conocido. A diferencia de otros edificios funerarios del mundo antiguo, el bloque arquitectónico original había sido abierto, para habilitar una cámara funeraria, patrón que comparten también los demás entierros de diferente antigüedad y jerarquía. Evidencias de segundo orden indican otras funciones compatibles básicamente con el culto a los muertos.

Una cuidadosa evaluación de los componentes arquitectónicos alterados por el evento funerario y toda la información acopiada desde los levantamientos y prospecciones superficiales hasta la confrontación de planos de planta y perfiles de cada excavación y decapamiento arqueológico, así como del examen y perfiles de las grandes perforaciones clandestinas para restituir su efecto destructivo, permitió conocer que la plataforma había sido erigida íntegramente con el empleo de adobes dispuestos en «paños» o paneles modulares sucesivamente adicionados, técnica constructiva clásica de las edificaciones monumentales Mochicas. Sin embargo, en algunas secciones se habían empleado también rellenos arquitectónicos. De otro lado, la presencia de rasgos diagnósticos asociados como: pisos, posibles fachadas, sedimentos de origen pluvial y algunas capas de residuos orgánicos, planteaban la existencia de secuencias constructivas. Evidentemente el orden lógico de estos complejos elementos estaba  alterado por la apertura y subsecuente relleno de las cámaras funerarias, alteración arqueológica de por sí difícil de discernir de los componentes anteriores y que se complicaba mucho más por el disturbio de antiguos hoyos de “huaquería” y grandes perforaciones clandestinas recientes.

Para llegar a comprender esta variada e interactuante gama de eventos arquitectónicos y funerarios, se desarrolló una lógica interpretativa basada en un delicado proceso de identificación que alcanzó el nivel de las mínimas y elementales unidades: componentes específicos de rellenos, pisos, sedimentos, adobes, enlucidos y su posterior organización en contextos relacionados entre sí que permitieron establecer cuatro categorías genéricas:

Arquitectura original.- Integrada por los diferentes paneles modulares de adobe, celdas y capas de relleno arquitectónico, pisos, enlucidos y cimentaciones.

Arquitectura de habilitación funeraria.- Compuesta por los diferentes materiales adicionados al espacio funerario previamente abierto para  conformar paramentos, banquetas, hornacinas, enlucidos, soportes, techumbres y rellenos.

Arquitectura de restitución.- Implica las adiciones para recomponer las formas arquitectónicas modificadas tanto por los eventos funerarios como por agentes naturales.

Materiales de disgregación arquitectónica natural.- Comprenden sedimentos pluviales, eólicos y capas de percolación.

El manejo analítico de estas categorías facilitó reconocer inicialmente hasta seis fases arquitectónicas, ampliadas luego a ocho después de alcanzar los niveles más profundos. Cada una de las fases implica edificaciones concluidas y superpuestas en adiciones sucesivas con parecidas características.Hemos decidido llamar fase, y no etapa, a cada contexto terminado considerando que  no existió la concepción inicial de un gran proyecto de construcción llevado a cabo como un plan fijo a través de varias generaciones hasta su conclusión. Las variantes en el uso, estructuración de materiales y repetición de patrones en fases sucesivas,  afianza este razonamiento.  Estas progresiones formales se deberían tanto a motivaciones culturales como a afectaciones naturales.

Orientándonos según nuestro primer esquema la fase 1 corresponde a una plataforma rectangular simple, de 6 m. de altura desde el terreno natural, conteniendo dos terraplenes delanteros escalonados hacia el Norte. Su regular conformación final se reconoce por un grueso piso arcilloso amarillento con hasta dos capas de mantenimiento.

La altura total del núcleo principal contenía dos fases anteriores, recientemente identificadas en los niveles inferiores de la unidad ID, que hemos denominado –1 y –2. La forma y la dimensión de estas construcciones subyacentes son aún desconocidas. En este extremo Sur la más antigua habría alcanzado 2.50 m. de altura. Sus componentes arquitectónicos son íntegramente adobes plano rectangulares medianos, confeccionados con diferentes tipos de materiales unidos con mortero arcilloso y dispuestos en paños cuadrangulares de aproximadamente 1.50 por lado, armados sobre una capa arenosa de cimentación directamente acondicionada sobre el suelo geológico estéril.

La fase -1, que duplica casi exactamente en altura a la anterior, fue erigida con el empleo de adobes de diverso tamaño y material, denotando heterogénea manufactura. Estos, integran paños modulares ligeramente más angostos. Aquí se han encontrado los adobes de mayor tamaño y espesor del Monumento. Los pisos de color gris, presentaban notorio desgaste en ambas estructuras.En esta nueva fisonomía, el bloque adicionado de la fase 1 alcanzaría sólo 1 m. de altura, caracterizándose por adobes regulares en paneles de excelente y homogénea trama. A la vigencia de esta construcción se asocia la tumba del “Viejo Señor de Sipán”, cuyo recinto fue abierto desde una primera superficie original, sellada luego por el piso amarillento mencionado, mediando una fina capa de desechos orgánicos donde se encontraban algunos fragmentos de huesos humanos ajenos al evento funerario. El entierro de los tres personajes en la Unidad ID, asociado a la cámara extrañamente vacía, pertenece a un momento posterior a esta  fase.

La fase 2 corresponde a una edificación elevada aproximadamente 1 m. al Sur y 4 m. en el frente principal Norte donde existió una diagnóstica fachada escalonada, enlucida y pintada de amarillo, a un nivel más alto de la plataforma corrida -que a partir de aquí- antecede los frentes de las fases siguientes.

Contrastando con la arquitectura anterior su técnica constructiva resulta desorganizada, empleándose una combinación de escasos paños y pequeñas celdas de relleno donde se recurrió a la reutilización de adobes y escombros con inclusiones de basura acarreada. En el sector central se mantienen los paños por razones estructurales.  El piso correspondiente sufrió deformaciones debido a la prolongada humedad de fuertes lluvias soportadas en los rellenos de las dos fases posteriores y su obvia inconsistencia. Sólo un entierro menor sin excavar se asocia a esta fase. Cabe mencionar que los contenidos de carbón y ceniza en contextos arquitectónicos son a menudo erróneamente interpretados como fogones de uso doméstico en periodos de «abandono temporal».  Este hecho es poco probable en monumentos de tal magnitud arquitectónica y significado ritualista.

La fase 3 marca un nuevo crecimiento vertical, principalmente en la sección Sur y bloque central del edificio, quedando un bajo corredor con banquetas y un juego de postes para una larga techumbre. Probablemente, aquí comienza a desarrollarse un  nivel platafórmico intermedio de excelente acabado y una pequeña estructura culminante que ocupa la sección más alta. Estos y el frente Norte estaban también pintados de amarillo. Toda la edificación debió soportar un evento lluvioso de considerable intensidad que lesionó ligeramente las fachadas sin afectar la estructura. El testimonio de esta lluvia quedó registrado sensiblemente en los perfiles del Norte y Sur.Los elementos estructurales de esta fase son adobes medianos y homogéneos organizados en pañosregulares. En la sección Sur, se emplearon también grandes áreas de un relleno regular y consistente, probablemente originado en el desmontaje de alguna construcción cercana. A esta edificación se vincula el entierro menor de un guerrero en ataúd de caña  con ornamentos de cobre y una antara de cerámica  (Tumba 5).

En la fase 4 vuelve a sobre-elevarse considerablemente toda la estructura. La plataforma Sur mantiene y eleva ligeramente el corredor a desnivel cubriendo sus banquetas laterales.    El nivel platafórmico intermedio de este sector presenta dos escalones.

El frente Norte sufre también un importante cambio de fachada que corre aproximadamente 2.50 m. hacia adelante, elevándose considerablemente sobre una compacta cimentación arcillosa  y terminando en un fino enlucido decorado con policromías, reducidas hoy a escasas manchas de color rojo, blanco, negro y amarillo. Sobre el nivel central culminante debió encontrarse la compleja y simbólica estructura sacra decorada con cabezas de arcilla cuyos restos se encontraban entre los rellenos de la plataforma inferior y su representación en el bastón de cobre.

Esta edificación constituye la más significativa y planificada remodelación de la plataforma, tanto por el volumen y técnica de construcción como por la calidad de materiales y acabados.

Se emplearon adobes medianos y estandarizados con «marcas de fabricante» más o menos recurrentes en los paneles modulares, cuidadosamente adicionados siguiendo una planificada organización. Los morteros arcillosos produjeron bloques estables separados por juntas de unión. En algunas secciones expuestas en planta se encontraron excepcionales espacios de relleno donde debió cerrarse la disposición concéntrica de los paños cuadrangulares.

Al término de la fase se asocia la apertura de la tumba saqueada. Esta construcción sufre los más devastadores efectos de un excepcional evento pluvial costeño generado por la Corriente del Niño, que lesionó severamente fachadas, coberturas de muros, paramentos y pisos produciendo derrumbes y sedimentos conservados por la cobertura de las fase siguiente.  Las pinturas de paredes decoradas, arrastradas totalmente por la lluvia, se depositaron formando gruesas capas de sedimentos que alcanzan hasta 25 cm. de espesor con líneas pigmentadas de rojo, tonalidad que debió constituir el color básico de los murales, testimonio procedente de los frentes centrales Norte y Sur.

Señales de destrucción y derrumbe de banquetas son notorios en los perfiles de la unidad –IC, así como los claros indicios de un prolongado embalse en el corredor a desnivel que produjo la notoria deformación de la arquitectura subyacente (pisos y adobes).

La fase 5 correspondería a una obligada refacción general y ampliatoria del edificio deteriorado por el efecto de este catastrófico «Niño». La fachada Norte corre ligeramente adelante. Al Sur se superponen banquetas parecidas, antes de cuya confección se preparó un piso de nivelación con restos de una impresionante quema ofrendatoria asociada a típicas vasijas en miniatura. Los enlucidos vuelven a decorarse con nuevas policromías de colores semejantes.

En términos generales, las formas arquitectónicas del edificio se mantienen al igual que los materiales y técnicas de construcción. Sus acabados fueron también afectados por otro evento pluvial de cierta magnitud que origina otra diagnóstica secuencia de sedimentos y erosión de los muros decorados.   La última fase (6), constituye la finalización de todo el proceso arquitectónico y la función sacra de la plataforma. El nivel del Sur fue sobre-elevado cubriéndose el corredor con un plano homogeneizante y dos nuevos escalones superpuestos. Sobre el normal cambio del nivel central la pequeña estructura culminante sufre la más significativa ampliación en altura y dimensiones. Pese a su considerable deterioro, pueden reconocerse dos niveles y los indicios de una posible rampa dirigida al Este, así como restos de techumbres en los niveles superiores.

La fachada Norte vuelve a correr en dos momentos consecutivos hacia delante por efecto de otra refacción originada por las lluvias. La ausencia de pigmentos indica que estos enlucidos carecían de decoración.

En esta última remodelación los materiales y técnicas de construcción pierden cierta calidad respecto a las fases anteriores, empleándose adobes de menor tamaño organizados en paneles altos de trama irregular.

Los niveles Sur y Norte son elevados mediante largos paramentos transversales paralelos y rellenos de material grumoso.

En el núcleo de esta última forma arquitectónica fue abierto el recinto funerario de 5 x 5 metros para disponer la tumba del Señor de Sipán y al Este del nivel Sur la Tumba del Sacerdote, indicando su diferenciada jerarquía. A esta fase arquitectónica se asocia también la alterada “Cámara vacía” de la Unidad ID y muchas de las ofrendas y entierros superficiales de menor jerarquía.

No existen evidencias  que esta última forma arquitectónica se hubiera intentado cubrir o proteger. Tampoco tenemos indicios de las causas que motivaron su pérdida de vigencia funeraria y sacra, fenómeno que no parece haber sido esencialmente drástico considerando las ofrendas superficiales en varios sectores de la plataforma y alguna fragmentería Moche más tardía. Cabe la posibilidad de que por razones de orden dinástico la función funeraria de tan alto  “status” hubiera podido desplazarse a otro sector del mismo santuario o a otro monumento de mayor prestigio en el mismo valle.

Dado el extraordinario contenido y la parecida reformulación del  diseño arquitectónico estimamos que estas fases de construcción fueron impulsadas tanto por las necesidades de espacios funerarios altamente valorados, como por las funciones sacras correspondientes y, evidentemente, también por los deterioros de los excepcionales eventos del “Niño”.

Tratándose de progresiones formales en una edificación menor de especializada función y componente de un complejo de estructuras mayores convenimos que podría considerarse como una muestra propia y sesgada. Sin embargo, transformando el conjunto de características en indicadores, estos cambios se reducirían de ocho fases constructivas a tres grandes proyectos arquitectónicos, que reflejarían también similares momentos en la Sociedad Moche del Valle.  El primero involucraría las fases -2, -1 y 1, con la planificación y emplazamiento de los iniciales proyectos arquitectónicos del centro ceremonial que incluiría también una primera versión de la pirámide  adyacente.  La buena calidad de la construcción  en unidades  modulares sólidas refleja un grupo local emergente en posesión de óptimos recursos materiales y tecnológicamente experimentado en base a una organización jerárquica que marcó el inicio de la dinastía. Su exponente asociado es el contexto del “Viejo Señor”.

En un segundo momento (fases 2 y 3) la estructura crece escasamente y con pobre calidad arquitectónica, probable reflejo de cierta crisis material y momentáneo decaimiento de la capacidad organizativa causada quizás por un prolongado tiempo de sequía. Los entierros asociados reflejan también esta vicisitud.

El tercer momento de explosivo y culminante desarrollo arquitectónico se inicia con indicios de un mediano evento de la Corriente del Niño que debió reactivar la economía y fortalecer la estructura sociopolítica. Existe un esmero por las buenas edificaciones y acabados, iniciándose  la tradición de policromías diferente a la de los templos amarillos del momento anterior.

Los materiales de construcción son de buena calidad con adobes recurrentemente marcados y asociados a unidades modulares firmes, reflejo de una estable organización laboral. La peor catástrofe de esta época, ocasionada por la Corriente del Niño a lo largo  del siglo II, fue superada con una reestructuración y crecimiento inmediato (Fase 5).

Los complejos y elaborados patrones funerarios de la Tumba  Saqueada, Sacerdote y Señor de Sipán se asocian a este momento culminante.

Las grandes estructuras, componentes monumentales de Sipán presentan dos  modelos básicos que llamaremos  “piramidal trunca” y  “plataforma  masiva”, modelos representados también en otros monumentos contemporáneos. El primero de ellos, con sus frecuentes remodelaciones, es el más antiguo. Evidentemente, las edificaciones no se ajustan a proyectos concebidos para ejecutarse por varias generaciones. Las importantes remodelaciones obedecen a necesidades o cambios en el ceremonialismo que podrían representar grandes ciclos ceremoniales de la época. Tal sería el caso cercano del sitio Pampagrande, tomado como tardío por sus componentes superficiales.

Está breve exposición del tema es la versión preliminar del estudio en ejecución que compromete la arquitectura de Sipán, sus contextos locales y regionales. La amplia documentación será presentada en una específica monografía.

Autores:

Susana Meneses (†2002)
Investigadora adscrita al Proyecto Arqueológico Huaca Rajada-Sipán

Luis Chero
Director del Museo de Sitio Huaca Rajada-Sipán

Fuente: Proyecto Arqueológico Huaca Rajada-Sipán

Proyecto Arqueológico Sipán – Resultados

Walter AlvaDirector del Museo
Tumbas Reales de Sipán
Resumen de publicación, Octubre 1994

Los trabajos arqueológicos en Sipán proporcionan importante información sobre la sociedad Moche o Mochica, algunos replanteamientos y nuevas perspectivas para su interpretación.  El monumento y sus componentes pueden estimarse como uno de los más importantes centros ceremoniales y de poder de la época.

Pocos monumentos o yacimientos brindan la excepcional oportunidad de documentar un conjunto de contextos funerarios del más alto rango contenidos en una misma estructura sacra. Considerando que gran parte de estos testimonios de la prehistoria nacional están irremediablemente perdidos, Sipán constituye hoy en día la primera oportunidad  para conocer y reconstruir el mundo de los Mochicas.

La información plantea un primer ordenamiento horizontal concéntrico referido a la jerarquía de los personajes sepultados, que van desde el  “Señor” con una triple autoridad, hasta jefes guerreros y entierros ofrendatorios, pasando por la casta sacerdotal que habría ocupado una segunda posición. El ordenamiento vertical evidentemente se refiere a la sucesión temporal de los mismos con sus razonables variantes contextuales.Esta plataforma puede así estimarse como una especie de “mausoleo real” destinado por algunas generaciones a la realeza Mochica del valle y su entorno, Ningún entierro excavado arqueológicamente con anterioridad resultaba tan rico, complejo y revelador.  De otro lado, las diversas fases, fechan dichos eventos funerarios que culminan con la  “Tumba del Señor de Sipán”, emplazada al centro de la última disposición arquitectónica. Las características y contenido de este suntuoso entierro resumen el nivel de desarrollo regional.  El personaje en vida habría ocupado la cúspide de la sociedad Mochica local, probablemente organizada como un reino o “Señorío”.

La similitud de sus ornamentos, emblemas y atuendos de rango y mando, con las representaciones conocidas del arte Mochica, permitieron en primer término comprobar definitivamente la existencia de estos personajes, hasta entonces considerados mitológicos.  Se reconoció así su especial investidura semi-divina y autoridad político-religiosa, planteando asimismo una probable estructuración semejante para todo el ámbito territorial Mochica.

Los señoríos debieron basarse en unidades agrarias. La existencia de varios centros ceremoniales y/o de poder en cada uno de los valles puede indicar su propia dinámica local relacionada entre sí, pero no necesariamente sometida a una entidad estatal macro-regional o a fenómenos de expansión territorial como usualmente se ha teorizado.En este marco, es comprensible la existencia de jerarquías administrativas locales y grupos altamente especializados en actividades artesanales que impulsaron su sofisticación hasta el más alto nivel de desarrollo y una amplia red de relaciones de intercambio comercial y cultural. En el primer caso fueron inventadas casi todas las técnicas y procedimientos metalúrgicos y orfebres, potencializados por las culturas posteriores. En el segundo, quedaron definitivamente establecidas las fuentes y rutas a productos exóticos o de prestigio de cercano acceso: metales, plumas, oro, cinabrio, semillas; o distante alcance por medio de transacciones sucesivas, piedras semipreciosas y conchas, que llegaron probablemente hasta Chile, Bolivia y Ecuador.

En Sipán se encuentra por primera vez la sorprendente correlación entre el discurso iconográfico y los bienes de rango y mando usados en vida, para su reconocimiento como signos de autoridad, por los hombres que regían la sociedad Mochica. Dicha correlación brinda una clave definitiva para identificar el nivel jerárquico de cada uno de los personajes en su correspondiente contexto temporal y reconocer en los cambios formales las innovaciones en la organización, pensamiento religioso y estilo. La etapa culminante de esta sucesión dinástica y creciente jerarquización está representada en el probable orden siguiente:

– El Señor o “Siec” en la cúspide del poder local con una triple autoridad: militar, religiosa y civil,  representado por  los símbolos  «radiantes» o «solares», numéricamente asociados al factor decimal.- El Sacerdote con rango y funciones estrictamente religiosas vinculadas al culto lunar.

– Jefes militares y/o caballeros”, reconocibles por atuendos, armas y emblemática.

– Dignatarios civiles, asistentes religiosos y “soldados” o “Guardias” adscritos a las específicas funciones anteriores.

– Artesanos y especialistas, probablemente pertenecientes a grupos familiares o castas.

– El pueblo común ocupados en actividades productivas diversas.

– “Yanas” o servidumbre asignada a los anteriores estamentos.

Considerando poco probables grandes conquistas territoriales, estos grupos de guerreros o soldados temporales, debieron formar una fuerza coercitiva para mantener el orden local y equilibrio de poder entre los señoríos. La variedad y rica parafernalia ritual, ornamentos y emblemas de rango identificados en cada una de las tumbas de los Señores de Sipán, pese a su diferencia temporal y cambios descritos, mantiene una esencial continuidad simbólica.  Algunos icono-tipos de alta valoración podrían identificar la dinastía local.

Estamos frente al reflejo de la estructura del pensamiento Mochica y su concepción del universo basada en una sucesión de planos y, fundamentalmente, en el dualismo y complementariedad, un concepto de unidad en contraposiciones, inherente a la más antigua y persistente tradición andina, expuesta aquí en un claro lenguaje de símbolos y emblemas de rango y mando asociados a la función de los gobernantes, quienes, encarnando el poder sobrenatural en la tierra, estaban obligados a preservar este equilibrio e interacción cosmogónica. La cámara funeraria en su forma y orientación refleja el orden del universo, con sus cuatro secciones cuadrangulares y diversos niveles donde se disponen acompañantes, ofrendas, emblemas y el complejo ajuar, teniendo como eje central el cuerpo del Señor. Como ha sido descrito anteriormente, cada elemento obedece a esta armónica organización que incluye simbolismos vinculados al carácter divino y autoridad múltiple del personaje, como en el caso de insignias, armas reales o figuradas  y cántaros escultóricos que parecen aludir a la transferencia de súbditos o hazañas en un coherente guión funerario.

En una sociedad agrícola las imágenes, símbolos y metáforas transmiten su constante preocupación por la fertilidad y su relación a la vida.Una apreciación preliminar de las deidades representadas en los diversos ajuares funerarios sugiere jerarquías míticas y cambios progresivos que pueden implicar reveladores ciclos de vigencia, reflejados también en la arquitectura de Sipán y la mayor parte de los monumentos del ámbito Mochica.  Esta observación permite plantear la hipótesis de remodelaciones debidas no tanto a necesidades funcionales o cambios formales del ritual, sino probablemente a grandes ciclos míticos de renovación del tiempo, regidos  por dichas deidades que imponían cubrir y reestructurar la arquitectura sagrada. De los tres grandes momentos de la plataforma funeraria de Sipán, el primero se asociaría a las versiones tempranas del «Ai-Apaec» (con diadema de volutas), «Serpiente pez bicéfala», «helicoidales», «serpiente ave» y búhos, donde los templos estuvieron pintados de amarillo. Esto en el arte alfarero se relaciona parcialmente al Moche Temprano. El segundo momento de Sipán no refleja cambios significativos y el tercero se aplicaría a un segundo gran ciclo general donde las deidades resultan limitadas y adquieren una mayor figuración realista, con evidentes implicancias de mayor estructuración política. Se asocian a murales polícromos y fachadas de color rojo, estilísticamente relacionados a la fase Mochica Medio de Sipán. Un tercer ciclo estaría representado por el último edificio, cuyas características y probables entierros asociados, pertenecientes a otra sucesión dinástica, aún desconocemos (fases tardías).Todos los rasgos y características de los múltiples y complejos testimonios recuperados e identificados en Sipán y su correlación con el área lambayecana, plantean una unidad diferenciada de la tradición sureña y los valles cercanos, advertida para diversas épocas por otros investigadores desde Kroeber (1925), principalmente Kosok (1959,1965), Schaedel (1951), Shimada (1994). Esta diferenciación territorial, que puede tener razonable sustento en las características geomorfológicas de los valles y sus normales fronteras ecológicas, sería también el reflejo de grandes grupos étnicos con diversos dialectos yungas referidos por las crónicas (Calancha  1638): la lengua “Muchic” desde Motupe a Jequetepeque y la “Quingnam” al Sur.

Una evaluación  de  estas  evidencias  y opiniones con nuestra información de los últimos años sobre ambas áreas, permite formular cuatro regiones de desarrollo paralelo:

Central Norte.- Valles de Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y La Leche.

Central Sur.- Valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña.

Norte.- Valle Piura y adyacentes.

Sur.- Valle de Casma, Culebras y Huarmey.

El antecedente de estas diferenciaciones viene desde el Formativo, proyectándose después hacia las dos grandes unidades post Mochica: Lambayeque y Chimú.Sipán, con su valiosa información abre un mayor panorama para la reinterpretación de los Mochicas, mostrando nuevas facetas de su alto nivel de organización, desarrollo y arte. Renovados temas de discusión y reflexiones deberán abordarse cuando la investigación provea de concretos y variados datos de campo, corpus iconográficos integrales y otros indicadores complementarios.

Proyecto Arqueológico Sipán – Arquitectura

La arquitectura constituye una de las manifestaciones culturales que, por involucrar participación colectiva en considerables espacios de tiempo, refleja sensiblemente el carácter y los sutiles cambios de toda organización.

Como se ha descrito, el complejo arqueológico de Sipán está compuesto por una serie de edificaciones de adobe, donde destacan tres grandes componentes: dos estructuras monumentales y la plataforma funeraria. Estos representan dos modelos básicos denominados piramidal trunco y plataforma masiva.
El primer modelo sería el más antiguo y por lo tanto el ha sufrido la mayor cantidad de remodelaciones, el segundo y más amplio en su fase culminante y sería posterior. Se tienen evidencias que todos los templos o santuarios estuvieron cuidadosamente enlucidos, pintados de color rojo, amarillo y decorados con relieves o policromías representando dioses, escenas míticas o ceremonias

Las investigaciones recientes han aportado mayor información sobre estas construcciones que viene procesándose para una publicación específica sobre el tema.

La plataforma funeraria que antecede a estos dos edificios, es hasta hoy la más conocida e investigada, durante la primera temporada (1987-2000), se reconocieron 6 fases arquitectónicas, ampliadas recientemente a 8 después de alcanzar los niveles más profundos (temporada 2007-2009), estas dos nuevas fases se encuentran bajo estudio.

La excepcional circunstancia de los más importantes conjuntos funerarios de la élite Moche dispuestos en una estructura sacra, emplazada al lado  de las grandes construcciones piramidales, nos brinda por primera vez la oportunidad de usar su contextualización arqueológica para establecer la secuencia cronológica de todos los testimonios materiales incursos en esta secuencia arquitectónica.

Como en ningún otro monumento, encontramos aquí una variada disposición de formatos funerarios contenidos también dentro de una compleja dinámica arquitectónica cuya interpretación está proporcionando la clave de su orden en el tiempo y espacio. Esto fue posible gracias a un exigente registro documental que demandó especial dedicación durante los primeros años de nuestra campaña de campo, en la cual se fijaron las características formales y funcionales básicas de la edificación, tarea que estuvo bajo la responsabilidad de Susana Meneses (†2002), y Luis Chero Zurita.

LA ARQUITECTURA DE SIPÁN
Susana Meneses (†2002)Investigadora adscrita al Proyecto ArqueológicoHuaca Rajada-Sipán
Luis CheroDirector del Museo de Sitio Huaca Rajada-Sipán

La arquitectura constituye una de las manifestaciones culturales que, por involucrar participación colectiva en considerables espacios de tiempo, refleja sensiblemente el carácter y los sutiles cambios de  toda organización.

En Sipán, la excepcional circunstancia de los más importantes conjuntos funerarios de la élite Moche dispuestos en una estructura sacra, emplazada al lado  de las grandes construcciones piramidales, nos brinda por primera vez la oportunidad de usar su contextualización arqueológica para establecer la secuencia cronológica de todos los testimonios materiales incursos en estas gravitantes manifestaciones de la sociedad Moche cuya comprensión se venía basando fundamentalmente  en interpretaciones estilísticas, iconografías y observaciones arquitectónicas aisladas.

Como en ningún otro monumento, encontramos aquí una variada disposición de formatos funerarios contenidos también dentro de una compleja dinámica arquitectónica cuya interpretación está proporcionando la clave de su orden en el tiempo y espacio. Esto fue posible gracias a un exigente registro documental que demandó especial dedicación durante los primeros años de nuestra ininterrumpida campaña de campo, en la cual se fijaron las características formales y funcionales básicas de la edificación.La recuperación de la tumba del Señor de Sipán nos puso ante la primera evidencia de una plataforma destinada a recepcionar tumbas de un rango nunca antes conocido. A diferencia de otros edificios funerarios del mundo antiguo, el bloque arquitectónico original había sido abierto, para habilitar una cámara funeraria, patrón que comparten también los demás entierros de diferente antigüedad y jerarquía. Evidencias de segundo orden indican otras funciones compatibles básicamente con el culto a los muertos.Una cuidadosa evaluación de los componentes arquitectónicos alterados por el evento funerario y toda la información acopiada desde los levantamientos y prospecciones superficiales hasta la confrontación de planos de planta y perfiles de cada excavación y decapamiento arqueológico, así como del examen y perfiles de las grandes perforaciones clandestinas para restituir su efecto destructivo, permitió conocer que la plataforma había sido erigida íntegramente con el empleo de adobes dispuestos en «paños» o paneles modulares sucesivamente adicionados, técnica constructiva clásica de las edificaciones monumentales Mochicas. Sin embargo, en algunas secciones se habían empleado también rellenos arquitectónicos. De otro lado, la presencia de rasgos diagnósticos asociados como: pisos, posibles fachadas, sedimentos de origen pluvial y algunas capas de residuos orgánicos, planteaban la existencia de secuencias constructivas. Evidentemente el orden lógico de estos complejos elementos estaba  alterado por la apertura y subsecuente relleno de las cámaras funerarias, alteración arqueológica de por sí difícil de discernir de los componentes anteriores y que se complicaba mucho más por el disturbio de antiguos hoyos de “huaquería” y grandes perforaciones clandestinas recientes.

Para llegar a comprender esta variada e interactuante gama de eventos arquitectónicos y funerarios, se desarrolló una lógica interpretativa basada en un delicado proceso de identificación que alcanzó el nivel de las mínimas y elementales unidades: componentes específicos de rellenos, pisos, sedimentos, adobes, enlucidos y su posterior organización en contextos relacionados entre sí que permitieron establecer cuatro categorías genéricas:
Arquitectura original.- Integrada por los diferentes paneles modulares de adobe, celdas y capas de relleno arquitectónico, pisos, enlucidos y cimentaciones.
Arquitectura de habilitación funeraria.- Compuesta por los diferentes materiales adicionados al espacio funerario previamente abierto para  conformar paramentos, banquetas, hornacinas, enlucidos, soportes, techumbres y rellenos.
Arquitectura de restitución.- Implica las adiciones para recomponer las formas arquitectónicas modificadas tanto por los eventos funerarios como por agentes naturales.Materiales de disgregación arquitectónica natural.- Comprenden sedimentos pluviales, eólicos y capas de percolación.

El manejo analítico de estas categorías facilitó reconocer inicialmente hasta seis fases arquitectónicas, ampliadas luego a ocho después de alcanzar los niveles más profundos. Cada una de las fases implica edificaciones concluidas y superpuestas en adiciones sucesivas con parecidas características.Hemos decidido llamar fase, y no etapa, a cada contexto terminado considerando que  no existió la concepción inicial de un gran proyecto de construcción llevado a cabo como un plan fijo a través de varias generaciones hasta su conclusión. Las variantes en el uso, estructuración de materiales y repetición de patrones en fases sucesivas,  afianza este razonamiento.  Estas progresiones formales se deberían tanto a motivaciones culturales como a afectaciones naturales.Orientándonos según nuestro primer esquema la fase 1 corresponde a una plataforma rectangular simple, de 6 m. de altura desde el terreno natural, conteniendo dos terraplenes delanteros escalonados hacia el Norte. Su regular conformación final se reconoce por un grueso piso arcilloso amarillento con hasta dos capas de mantenimiento.

La altura total del núcleo principal contenía dos fases anteriores, recientemente identificadas en los niveles inferiores de la unidad ID, que hemos denominado –1 y –2. La forma y la dimensión de estas construcciones subyacentes son aún desconocidas. En este extremo Sur la más antigua habría alcanzado 2.50 m. de altura. Sus componentes arquitectónicos son íntegramente adobes plano rectangulares medianos, confeccionados con diferentes tipos de materiales unidos con mortero arcilloso y dispuestos en paños cuadrangulares de aproximadamente 1.50 por lado, armados sobre una capa arenosa de cimentación directamente acondicionada sobre el suelo geológico estéril.

La fase  -1, que duplica casi exactamente en altura a la anterior, fue erigida con el empleo de adobes de diverso tamaño y material, denotando heterogénea manufactura. Estos, integran paños modulares ligeramente más angostos. Aquí se han encontrado los adobes de mayor tamaño y espesor del Monumento. Los pisos de color gris, presentaban notorio desgaste en ambas estructuras.En esta nueva fisonomía, el bloque adicionado de la fase 1 alcanzaría sólo 1 m. de altura, caracterizándose por adobes regulares en paneles de excelente y homogénea trama. A la vigencia de esta construcción se asocia la tumba del “Viejo Señor de Sipán”, cuyo recinto fue abierto desde una primera superficie original, sellada luego por el piso amarillento mencionado, mediando una fina capa de desechos orgánicos donde se encontraban algunos fragmentos de huesos humanos ajenos al evento funerario. El entierro de los tres personajes en la Unidad ID, asociado a la cámara extrañamente vacía, pertenece a un momento posterior a esta  fase.

La fase 2 corresponde a una edificación elevada aproximadamente 1 m. al Sur y 4 m. en el frente principal Norte donde existió una diagnóstica fachada escalonada, enlucida y pintada de amarillo, a un nivel más alto de la plataforma corrida -que a partir de aquí- antecede los frentes de las fases siguientes.

Contrastando con la arquitectura anterior su técnica constructiva resulta desorganizada, empleándose una combinación de escasos paños y pequeñas celdas de relleno donde se recurrió a la reutilización de adobes y escombros con inclusiones de basura acarreada. En el sector central se mantienen los paños por razones estructurales.  El piso correspondiente sufrió deformaciones debido a la prolongada humedad de fuertes lluvias soportadas en los rellenos de las dos fases posteriores y su obvia inconsistencia. Sólo un entierro menor sin excavar se asocia a esta fase. Cabe mencionar que los contenidos de carbón y ceniza en contextos arquitectónicos son a menudo erróneamente interpretados como fogones de uso doméstico en periodos de «abandono temporal».  Este hecho es poco probable en monumentos de tal magnitud arquitectónica y significado ritualista.

La fase 3 marca un nuevo crecimiento vertical, principalmente en la sección Sur y bloque central del edificio, quedando un bajo corredor con banquetas y un juego de postes para una larga techumbre. Probablemente, aquí comienza a desarrollarse un  nivel platafórmico intermedio de excelente acabado y una pequeña estructura culminante que ocupa la sección más alta. Estos y el frente Norte estaban también pintados de amarillo. Toda la edificación debió soportar un evento lluvioso de considerable intensidad que lesionó ligeramente las fachadas sin afectar la estructura. El testimonio de esta lluvia quedó registrado sensiblemente en los perfiles del Norte y Sur.Los elementos estructurales de esta fase son adobes medianos y homogéneos organizados en pañosregulares. En la sección Sur, se emplearon también grandes áreas de un relleno regular y consistente, probablemente originado en el desmontaje de alguna construcción cercana. A esta edificación se vincula el entierro menor de un guerrero en ataúd de caña  con ornamentos de cobre y una antara de cerámica  (Tumba 5).

En la fase 4 vuelve a sobre-elevarse considerablemente toda la estructura. La plataforma Sur mantiene y eleva ligeramente el corredor a desnivel cubriendo sus banquetas laterales.    El nivel platafórmico intermedio de este sector presenta dos escalones.El frente Norte sufre también un importante cambio de fachada que corre aproximadamente 2.50 m. hacia adelante, elevándose considerablemente sobre una compacta cimentación arcillosa  y terminando en un fino enlucido decorado con policromías, reducidas hoy a escasas manchas de color rojo, blanco, negro y amarillo. Sobre el nivel central culminante debió encontrarse la compleja y simbólica estructura sacra decorada con cabezas de arcilla cuyos restos se encontraban entre los rellenos de la plataforma inferior y su representación en el bastón de cobre.Esta edificación constituye la más significativa y planificada remodelación de la plataforma, tanto por el volumen y técnica de construcción como por la calidad de materiales y acabados.

Se emplearon adobes medianos y estandarizados con «marcas de fabricante» más o menos recurrentes en los paneles modulares, cuidadosamente adicionados siguiendo una planificada organización. Los morteros arcillosos produjeron bloques estables separados por juntas de unión. En algunas secciones expuestas en planta se encontraron excepcionales espacios de relleno donde debió cerrarse la disposición concéntrica de los paños cuadrangulares.

Al término de la fase se asocia la apertura de la tumba saqueada. Esta construcción sufre los más devastadores efectos de un excepcional evento pluvial costeño generado por la Corriente del Niño, que lesionó severamente fachadas, coberturas de muros, paramentos y pisos produciendo derrumbes y sedimentos conservados por la cobertura de las fase siguiente.  Las pinturas de paredes decoradas, arrastradas totalmente por la lluvia, se depositaron formando gruesas capas de sedimentos que alcanzan hasta 25 cm. de espesor con líneas pigmentadas de rojo, tonalidad que debió constituir el color básico de los murales, testimonio procedente de los frentes centrales Norte y Sur.Señales de destrucción y derrumbe de banquetas son notorios en los perfiles de la unidad –IC, así como los claros indicios de un prolongado embalse en el corredor a desnivel que produjo la notoria deformación de la arquitectura subyacente (pisos y adobes).

La fase 5 correspondería a una obligada refacción general y ampliatoria del edificio deteriorado por el efecto de este catastrófico «Niño». La fachada Norte corre ligeramente adelante. Al Sur se superponen banquetas parecidas, antes de cuya confección se preparó un piso de nivelación con restos de una impresionante quema ofrendatoria asociada a típicas vasijas en miniatura. Los enlucidos vuelven a decorarse con nuevas policromías de colores semejantes.

En términos generales, las formas arquitectónicas del edificio se mantienen al igual que los materiales y técnicas de construcción. Sus acabados fueron también afectados por otro evento pluvial de cierta magnitud que origina otra diagnóstica secuencia de sedimentos y erosión de los muros decorados.   La última fase (6), constituye la finalización de todo el proceso arquitectónico y la función sacra de la plataforma. El nivel del Sur fue sobre-elevado cubriéndose el corredor con un plano homogeneizante y dos nuevos escalones superpuestos. Sobre el normal cambio del nivel central la pequeña estructura culminante sufre la más significativa ampliación en altura y dimensiones. Pese a su considerable deterioro, pueden reconocerse dos niveles y los indicios de una posible rampa dirigida al Este, así como restos de techumbres en los niveles superiores.La fachada Norte vuelve a correr en dos momentos consecutivos hacia delante por efecto de otra refacción originada por las lluvias. La ausencia de pigmentos indica que estos enlucidos carecían de decoración.En esta última remodelación los materiales y técnicas de construcción pierden cierta calidad respecto a las fases anteriores, empleándose adobes de menor tamaño organizados en paneles altos de trama irregular.

Los niveles Sur y Norte son elevados mediante largos paramentos transversales paralelos y rellenos de material grumoso.

En el núcleo de esta última forma arquitectónica fue abierto el recinto funerario de 5 x 5 metros para disponer la tumba del Señor de Sipán y al Este del nivel Sur la Tumba del Sacerdote, indicando su diferenciada jerarquía. A esta fase arquitectónica se asocia también la alterada “Cámara vacía” de la Unidad ID y muchas de las ofrendas y entierros superficiales de menor jerarquía.

No existen evidencias  que esta última forma arquitectónica se hubiera intentado cubrir o proteger. Tampoco tenemos indicios de las causas que motivaron su pérdida de vigencia funeraria y sacra, fenómeno que no parece haber sido esencialmente drástico considerando las ofrendas superficiales en varios sectores de la plataforma y alguna fragmentería Moche más tardía. Cabe la posibilidad de que por razones de orden dinástico la función funeraria de tan alto  “status” hubiera podido desplazarse a otro sector del mismo santuario o a otro monumento de mayor prestigio en el mismo valle.

Dado el extraordinario contenido y la parecida reformulación del  diseño arquitectónico estimamos que estas fases de construcción fueron impulsadas tanto por las necesidades de espacios funerarios altamente valorados, como por las funciones sacras correspondientes y, evidentemente, también por los deterioros de los excepcionales eventos del “Niño”.

Tratándose de progresiones formales en una edificación menor de especializada función y componente de un complejo de estructuras mayores convenimos que podría considerarse como una muestra propia y sesgada. Sin embargo, transformando el conjunto de características en indicadores, estos cambios se reducirían de ocho fases constructivas a tres grandes proyectos arquitectónicos, que reflejarían también similares momentos en la Sociedad Moche del Valle.  El primero involucraría las fases  -2,  -1 y 1, con la planificación y emplazamiento de los iniciales proyectos arquitectónicos del centro ceremonial que incluiría también una primera versión de la pirámide  adyacente.  La buena calidad de la construcción  en unidades  modulares sólidas refleja un grupo local emergente en posesión de óptimos recursos materiales y tecnológicamente experimentado en base a una organización jerárquica que marcó el inicio de la dinastía. Su exponente asociado es el contexto del “Viejo Señor”.En un segundo momento (fases 2 y 3) la estructura crece escasamente y con pobre calidad arquitectónica, probable reflejo de cierta crisis material y momentáneo decaimiento de la capacidad organizativa causada quizás por un prolongado tiempo de sequía. Los entierros asociados reflejan también esta vicisitud.

El tercer momento de explosivo y culminante desarrollo arquitectónico se inicia con indicios de un mediano evento de la Corriente del Niño que debió reactivar la economía y fortalecer la estructura sociopolítica. Existe un esmero por las buenas edificaciones y acabados, iniciándose  la tradición de policromías diferente a la de los templos amarillos del momento anterior.Los materiales de construcción son de buena calidad con adobes recurrentemente marcados y asociados a unidades modulares firmes, reflejo de una estable organización laboral. La peor catástrofe de esta época, ocasionada por la Corriente del Niño a lo largo  del siglo II, fue superada con una reestructuración y crecimiento inmediato (Fase 5).Los complejos y elaborados patrones funerarios de la Tumba  Saqueada, Sacerdote y Señor de Sipán se asocian a este momento culminante.Las grandes estructuras, componentes monumentales de Sipán presentan dos  modelos básicos que llamaremos  “piramidal trunca” y  “plataforma  masiva”, modelos representados también en otros monumentos contemporáneos. El primero de ellos, con sus frecuentes remodelaciones, es el más antiguo. Evidentemente, las edificaciones no se ajustan a proyectos concebidos para ejecutarse por varias generaciones. Las importantes remodelaciones obedecen a necesidades o cambios en el ceremonialismo que podrían representar grandes ciclos ceremoniales de la época. Tal sería el caso cercano del sitio Pampagrande, tomado como tardío por sus componentes superficiales.

Está breve exposición del tema es la versión preliminar del estudio en ejecución que compromete la arquitectura de Sipán, sus contextos locales y regionales. La amplia documentación será presentada en una específica monografía.