El componente de agua en el aire que circuló hoy en el complejo arqueológico de Chan Chan, ubicado en la provincia de Trujillo, en La Libertad, alcanzó el 97 por ciento, según las cifras obtenidas por la estación meteorológica instalada para monitorear la humedad en el lugar.

Cristóbal Campana, director de la Unidad Ejecutora Nº 110, institución encargada de la restauración y conservación de Chan Chan, explicó que esta cifra es la más alta que se ha registrado en lo que va del año, considerando que el promedio entre enero y julio fue de 80 puntos porcentuales.

El especialista sostuvo que la humedad activa de las sales adheridas a los históricos adobes puede generar su posterior deterioro y caída.

Precisó uno de los conjuntos amurallados más afectados con la humedad por su cercanía al mar es el Chol–An, en donde se observa el deterioro de los pisos y la base de las murallas.

Dijo que con la información obtenida en forma periódica, los técnicos de su institución dirigen los trabajos de conservación y protección previniendo que la humedad genere mayores daños.

Campana aclaró que existe otro tipo de humedad proveniente de la napa freática, es decir, el nivel del agua del subsuelo y que también genera daños al monumento arqueológico.

Indicó que la estación meteorológica tiene un radio de evaluación de cinco kilómetros y permite obtener información exacta sobre evapotranspiración, presión barométrica, temperatura externa e interna, humedad relativa externa y relativa interna.

Además, índice de calor, sensación térmica, lluvia acumulada mensual, ritmo de lluvia, lluvia del día, lluvia acumulada anual, lluvia de tormenta y dirección del viento.

“Antes se medía el clima de manera cualitativa y ahora hablamos de manera cuantitativa. Las acciones de conservación se optimizan de forma sustancial dada la alta precisión del equipo meteorológico”, puntualizó. Trujillo, ago. 05 (ANDINA).

Tres mil años después de haber sido edificado, el laberinto que albergaba el espíritu de los dioses más temerarios del Perú antiguo, Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1985, sigue maravillando a quienes tienen el privilegio de recorrer sus milenarias galerías.

Cuando se ingresa al templo Chavin, se tiene la senación de entrar en un mausoleo lleno de fantasmas feroces.

El silencio es total, pues ni siquiera se escucha el ruido del viento exterior, del que uno está separado por gruesas murallas y un sólido techo de piedra.

Las galerías son angostas, altas, frías; es fácil perderse en ellas; forman un laberinto cruel para el neófito.

Al centro, en medio de una granizada de piedras, hay un cuchillo gigantesco, tallado en piedra, como caído del cielo y clavado en lo profundo de la tierra; le llaman «el Lanzón», tiene más de cuatro metros.

Pero no es simplemente la figura de un cuchillo, es más bien la terrible imagen de un dios humanizado, que ávido de sangre muestra las fauces con filudos colmillos curvos».

La descripción anterior, extraída de De los orígenes del Estado en el Perú de Luis Guillermo Lumbreras, difícilmente podrá ser puesta en entredicho por quienes en la actualidad visiten el interior de esta antigua edificación de 3,000 años de antigüedad emplazada en la entrada del Callejón de Conchucos, entre los ríos Pukcha o Mosna y Wacheqsa, Ancash, en el corazón mismo de los Andes.

Al caminar por sus apretados pasajes, desandar sus recodos y retomar caminos nuevos que de pronto parecen ya trasegados, el forastero puede caer presa del estupor.

Si el laberinto en sí se ha convertido en una fuente constante de fascinación, misterio y poesía para el hombre moderno, el dédalo prehispánico de Chavín de Huantar representará para él una experiencia conmovedora.

Después de confundirse en su interior cualquiera se puede sentir tentado a creer que sólo los dioses milenarios –y, claro, por suerte, los atentos guías del mundo actual– conocen todos sus caminos y entradas secretas.

EL REINO DEL ESPANTO.

¿Pero qué le otorga a este complejo el poder de sugestión que detenta? ¿Quiénes lo habitaron hace ya muchos años? ¿Qué poder anidó en este recinto? La respuesta es contundente y explica uno de los periodos más fascinantes de la historia de nuestro país.

En Chavín de Huantar moraban las divinidades más temidas, feroces y espeluznantes del mundo precolombino.

Talladas en las piedras del templo, en sus columnas, escalinatas y muros, las formas de dioses de distinto tamaño, nivel e importancia, todos relacionados con las fuerzas más sugerentes de la naturaleza, se erigían sobre los ojos atemorizados de sus visitantes para mantener sobre ellos un dominio aposentado sobre la base del pánico.

Las entidades divinas, los ojos desorbitados, los colmillos amenazantes, las garras de terror y un sinnúmero de sierpes sobre sus cabezas, sometieron bajo su poder a un sector vasto del área andina.

Desde lugares muy alejados, miles de hombres llegaron al centro religioso para entregar ofrendas y calmar el rigor de las iracundas criaturas sobrenaturales.

En la Sala de las Ofrendas de Chavín se encontraron evidencias de bienes que procedían de un ámbito que incluye Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Lima y Huánuco, con eventuales materiales que, al parecer, provenían de las costas del Guayas y de Ica, Huancavelica y Ayacucho.

¿Pero quién, en el mundo de los hombres, se beneficiaba de este sistema de dominación? Nada menos que una casta de gobernantes que, en supuesta «comunión» con los dioses, organizaron un régimen de obligaciones imprescriptibles de culto y ofrenda de bienes materiales.

El poder organizado de la sociedad de aquellos tiempos dio origen al primer gran Estado teocrático del continente.

CIUDAD DEL SOL.

Pero Chavín de Huantar también fue el primero de una serie de centros de peregrinaje que, a la llegada de los españoles, pervivían a través de Pachacamac.

Por su posición en el territorio del mundo entonces conocido, Chavín se constituyó en un centro de intercambio comercial importante.

Se hallaba ubicado en un punto crucial de conexión entre caminos de una región que cubre la costa y la sierra de Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Huánuco y Lima Desde Chavín, además, se podía llegar a la floresta amazónica siguiendo el curso del Marañón.

Personas de la Costa y de la Sierra y de la Selva se acercaban a él para intercambiar bienes y comerciar.

«En muchos casos se trata de la circulación de bienes de prestigio para los ocupantes de los centros ceremoniales», ha escrito Lumbreras, «tales como manufacturas especializadas o materia prima selecta, pero en la mayor parte de los casos tenía que ver con la circulación de informaciones que afectaran las condiciones de existencia de la población.

Eso incluye desde eventuales peligros de guerra, derivados de desajustes en las relaciones entre vecinos o demandas propias de las comunidades en condiciones de conflicto o crecimiento, hasta informaciones sobre la producción de alimentos y su circulación, y la predicción del tiempo.

Todos esos eran asuntos manejados en los núcleos de poder formados en los centros ceremoniales que, sobre todo, eran lugares de una intensa capacitación técnica especializada en la elaboración de calendarios».

El auge de Chavín se extendió por centenares de años durante los cuales muchas generaciones de hombres fueron ampliando, edificando y acondicionando nuevas estructuras para las labores realizadas en el templo.

En lo que hoy parece un conjunto asimétrico de pirámides, plazas y plataformas, se descubre, en realidad, la superposición de construcciones de varias épocas que han sufrido la destrucción, remodelación y modificación espacial propias de un lugar con una historia milenaria.

Chavín, a pesar de los años, demanda respeto.

Y por qué no, provoca algo de temor.

Aun hoy la plaza cuadrangular, el Dintel de los Jaguares, el Pórtico de las Falcónidas, la plaza circular en que se ubicó posiblemente el obelisco Tello, el Templo Viejo, la Sala de las Ofrendas, las galerías y el poderoso Lanzón Monolítico, esa divinidad atemorizante que mora en el centro del laberinto como un minotauro griego, parecen cobrar inusitada vida.

Si no lo cree y visita Chavín observe con minuciosidad esa única cabeza clava que, desde su posición original en una de las paredes del templo, mira frontalmente el mundo contemporáneo.

Sin duda parece que aun hoy vigila, obstinadamente, el descanso de sus dioses.

Sitios Sacros
QUENETO

En la costa Norte de Perú entre los valles costeños de la región La Libertad, se encuentra el productivo valle de Virú. (Ubicado a 50 minutos de Trujillo en movilidad).

Entrada Fotos: Luis SánchezEl valle toma la denominación del nombre del río, el cual tiene aproximadamente 22,5 km. de longitud desde su formación el cual desemboca en el océano Pacífico. Las huellas de ese transitar versan también de una fecunda existencia y la influencia de sus aguas en el rol social desde las épocas prehispánicas.

En 1932, Larco dio cuenta del hallazgo del templo de Queneto, detallando tambien la existencia de tres grandes y largas rocas de mayor proporción tiradas en la entrada de dicha quebrada.

Postuló que estos restos estuvieron verticalmente colocados; se basó que en una de ellas aún mantenía su base fragmentada de su forma originalmente y que habría caído producto del acarreo aluvial.

Monolito Fotos: Luis SánchezAvanzando al interior de la quebrada se distinguen restos de caminos, viviendas, petroglifos, cementerios, que nos testifican que estos lares hoy desolados, tubieron una actividad constante.

En la margen derecha del Río Virú al borde de la quebrada pedregosa (Queneto) se reafirma con sus plazoletas ceremoniales ubicandose en la parte estrecha de la misma quebrada.

Rafael Larco la descubre en 1932, manifestaba: «aunque se hallaron fragmentos de cerámica Tardía se supone que estas plazoleta fueron construidas en tiempos remotos.

Los Reportes para este lugar son: Bennett, 1939, Larco Hoyle1938, Disselhoff 1955, Horkeirmer 1944, Ishida 1960, Kroeber, 1944, Muelle 1956, Willey,1953.

Monolito Fotos: Luis   SánchezDe la relación que hicieran los Agustinos cuando pasaron a catequizar a los naturales de Huamachuco (1560) manifestaron: «encontramos en esta región una especie de menhires y betilos cuya relación de que en cada pueblo había una huaca o idolo la cual adoraban y tenían por ojo del pueblo y a la cual rendían culto para que los cuide sus (chacaras) con son su estancia y le dan chicha, sanco y cuyes para ser fiesta».

Cristóbal de Albornos aseguraba que 300 (adoratorios) fueron quitados por dichos padres entre ellas algunas conocidas como :»Yanac guanca, Quispiguanca, esta última manifestaban que andaba vestida y era guaca principal de los indios Caxamalcas del Ayllu Cuyosmango».

templo Foto D.C.B.Entre otros nombres, se suman los existentes en los documentos de compra de terrenos (archivo Regional de la Libertad) ubicada en 1590, folio 124 a favor de doña Florencia de Mora; en el documento se detalla sobre la existencia de una piedra hincada a manera de «moxon» de dos estados de alto la cual los naturales de aquella época llamaban «Uncuycapac», otros la conocían como «Noncopoc».

Aún faltan profundizar mayores estudios al respecto siendo un desafío a los futuros investigadores de la actual generación y aquellos que se están formando.
D.C.B.

Indice Tematico
Sitios Sacros
Santiago de Chuco Arqueológico
LA PROVINCIA

La provincia de Santiago de Chuco se encuentra situada en la actual Región de La Libertad, en la sierra Norte del Perú. Sus limites geopolíticos son: por el Sur con Ancash, por el Este con la provincia de Sánchez Carrión, al Norte con la provincia de Otuzco y en su extremo Oeste con la provincia de Virú.

Su extensión cubre actualmente 2658.96 Km², teniendo como capital a la ciudad de Santiago de Chuco, la cual se ubica entre las coordenas, 08° 08′ 45» de Latitud Sur, y los 78° 15′ 08» de Longitud Oeste, sobre los 3115 m.s.n.m. y dista de Trujillo unos 162 Km.

Políticamente se divide en distritos, como son: Santiago de Chuco (Distrito capital), Quiruvilca, Cachicadán, Sta. Cruz de Chuca, Angasmarca, Mollebamba, Mollepata y Citabamba.

Tiene un clima variado, con lluvias en los meses de enero a marzo, su temperatura oscila entre los 15 a 22°C. La ciudad de Santiago de Chuco, está situada en la margen izquierda del río Patarata, en las faldas de la montaña de La Luna (Cerro Quillajirca). Se encuentra rodeada por extensas áreas de cultivo y bosques de eucaliptos.

Arte Rupestre
ANTECEDENTES

En lo que respecta a estas evidencias dentro de la región la Libertad, se tiene conocimiento que por los años de 1974, el periodista Gustavo Álvarez Sánchez, pregonaba la necesidad de tomar conciencia y la importancia de inventariar o tener un mapa de Arte Rupestre para La Libertad, entendiendo que el de cristalizarse constituiría un importante aporte para ubicar con exactitud la existencia de pictografías, petroglifos y geoglifos, los que ubicarían a La Libertad en el primer lugar en el norte del país (Álvarez 1974: 64).

El Dr. Jorge Zevallos (1990), teniendo en cuenta esta situación hace una deferencia en lo significativo de esta formidable documentación prehistórica que alberga nuestra región; reconocía que era sumamente desconocida y apenas estaba iniciada. Sin embargo como investigador de trayectoria, preveía, que esta representaba por sí ya una necesidad imperante de estudio, básico en extremo para la problemática de la arqueología Nor Peruana (Zevallos 1990: 7).

Dentro de los reportes que se cuentan para la región, globalmente se conocían evidencias de petroglifos de algunos lugares en la cuenca del Jequetepeque, el Alto de la Guitarra (cuenca del Moche), y uno que otro lugar de la cuenca del Chicama. Actualmente es la provincia de Ascope, la que presenta un inventario casi completo de sus restos arqueológicos. Destacan investigadores como: Disselhoff (1955), Núñez (1986), Ravines (1986,1991), Gálvez (1989-1992), Rodríguez (1991), Castillo (1994).

Pictografías del Higuerón Hasta hace algunos años no sé tenia conocimiento sobre la existencia de abrigos u promontorios rocosos conteniendo evidencias pictográficas; estas referencias significativas fueron recogidas de las versiones y comentarios verbales de pastores, campesinos, cazadores; existiendo contados lugares con muestras de pinturas dentro de la cuenca del río Chicama, la misma que se fue verificando su existencia de cada lugar.

En lo que respecta a geoglifos, la presencia los hay a modalidad lineal, círculos concéntricos y otras formas las cuales todavía constituyen parte de las evidencias arqueológicas aún desconocidas en nuestro medio y mayormente se encuentra en la franja costera y fronteriza con las primeras estribaciones, muchas veces adyacentes a lugares que tienen presencia con petroglifos.

Textos: Daniel Castillo Benitez

Encuentran geoglifo en forma de candelabro en cerro Campana de Trujillo, LaLibertad, Perú

Un geoglifo en forma de candelabro, posiblemente elaborado en la época preincaica, fue encontrado por el investigador Carlos Quiroz Moreno en el cerro Campana, localizado en la provincia de Trujillo, departamento de La Libertad.
Imagen satelital de geoglifo en forma de candelabro en el cerro Campana, en la provincia de Trujillo (La Libertad). Foto: Carlos Quiroz Moreno.
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Explicó que pudo divisar el hallazgo a través de imágenes satelitales, mientras realizaba un estudio sobre la biodiversidad en la zona. Luego de ello hizo un recorrido por el lugar, donde corroboró la existencia del geoglifo.

Precisó que mide 175 metros de alto y 130 metros de ancho, se encuentra en una colina de aproximadamente 345 metros en la parte norte del cerro, ubicado a 15 kilómetros de la zona urbana de Trujillo y en el límite con la provincia de Ascope.

“Muchos han mostrado su escepticismo, sin embargo, existen indicios que nos llevan a pensar que el geoglifo tuvo un importante significado para la cultura ancestral y no es una simple formación de la naturaleza”, declaró a la agencia Andina.

Refirió que en la parte baja de la colina, donde está el geoglifo, hay restos arqueológicos de un centro ceremonial. Allí se pueden apreciar algunos muros, piezas de cerámica y restos óseos, lo que sugiere la tesis de que en el lugar se hacían sacrificios humanos.

“Esto coincide con algunas ilustraciones de la cultura Moche denominadas ‘El sacrificio de la montaña´, en donde la escena graficada es similar a la encontrada. Además, este hecho se repite en la Huaca de la Luna”, comentó.

También señaló que en otras zonas del cerro han sido encontradas varias figuras de hombres tomados de la mano y con indumentaria preincaica, elaborados en base al adobe y que permanecen enterrados sobre las pampas.

Asimismo, dijo, alrededor del cerro han sido localizados caminos incas en donde aún se puede apreciar los muros de piedra que protegían posiblemente del viento a los caminantes.

Por parte, el director del Instituto Nacional de Cultura (INC) en La Libertad, Enrique Sánchez Maura, opinó que es necesario realizar trabajos de investigación en la zona y protegerla de personas dedicadas al saqueo de sitios arqueológicos.

“Conocíamos que en la zona hay muchos restos arqueológicos por estudiar, sin embargo, no contamos con el presupuesto necesario para hacerlo. No obstante, iniciaremos las gestiones para conseguirlo”, puntualizó.

El cerro Campana se encuentra a una altura de 996 metros sobre el nivel del mar, y algunos especialistas señalan que para las culturas prehispánicas era considerado importante dentro de sus creencias religiosas.

Chan Chan: A toda costa

Los resultados que arrojó el monitoreo practicado por los trabajadores del Instituto Nacional de Cultura La Libertad y el proyecto de irrigación Chavimochic no dejaban lugar a dudas: la napa freática del complejo arqueológico de Chan Chan –ese remanente acuífero depositado en el subsuelo y que había aflorado al suelo de la ciudad Chimú– estaba creciendo en razón de cinco centímetros al mes.

«Llegaron los patos silvestres y creció la vegetación acuática», dice Ana María Hoyle, directora de la Dirección de Arqueología del INC y ex directora del INC La Libertad, «se volvió un espectáculo paisajístico maravilloso, formidable para el ecoturismo, pero trajo un severísimo problema para Chan Chan».

Y no era para menos: una de las riquezas más representativas del país y Patrimonio Mundial por la UNESCO corría peligro.

Alertada por el fenómeno, Hoyle inició una serie de acciones encaminadas a alertar a la sociedad civil sobre el peliagudo problema y a extraer la napa del lugar.

El panorama, sin embargo, no era sencillo.

«No hay logística adecuada en Trujillo.

Abrir una zanja de drenaje cuesta por encima de los 100,000 dólares –algo impensable para nosotros– y además había que destruir arquitectura monumental; la otra opción era bombear el agua, pero SEDALIB no tenía el motor necesario y la Compañía de Bomberos de La Libertad no tenían mangueras suficientemente largas para lograr el cometido».

Así, pues, El INC coordinó con las autoridades competentes de la UNESCO.

Éstas propusieron realizar una Campaña a nivel mundial que se iniciaría con un Seminario internacional destinado a reunir el aporte técnico suficiente para la propuesta de un plan de Mitigación que solucione el problema puntual de la napa freática.

Sin ese aporte delineado técnicamente será muy difícil que el organismo internacional obtenga los fondos necesarios para rescatar Chan Chan.

EL PLAN DE TODOS LOS DÍAS.

Pero, ¿es imprescindible realizar este tipo de acciones? ¿Las armas metodológicas y técnicas no se pueden generar dentro de nuestro país? Lamentablemente la respuesta tiene varios sesgos.

Y ello se debe a la situación absolutamente sui generis que detenta, histórica, arquitectónica, ambiental y geográficamente, la ciudad de Chan Chan, el monumento de mayor envergadura construido en adobe de América continental y acosado por fuerzas naturales tan complejas como las que se ciernen sobre la costa nor peruana.

Desde que en los años sesenta empezaran las labores de investigación a través del Patronato de Arqueología y durante las labores interdisciplinarias posteriores de profesionales del Instituto Nacional de Cultura La Libertad –investigación científica, conservación y presentación para uso turístico de distintas áreas del complejo según los criterios de intervención de los organismos competentes internacionales, e incluso acciones judiciales e intersectoriales para retirar del monumento a las 220 familias que habían dispuesto casas, fábricas, tierras de cultivo y ganadería en la zona del complejo– se tuvo presente la vulnerabilidad del material con que fue construido Chan Chan y su resistencia frente a la acción de diversos factores entre los que destaca el intemperismo, es decir la acción conjunta del los vientos, la humedad nocturna y las esporádicas y devastadoras lluvias que destruyen lentamente las estructuras de tierra y carcomen los cimientos de Chan Chan.

Hay armas para enfrentar estos problemas, por supuesto, y éstas han sido desarrolladas paulatinamente por los técnicos del INC La Libertad, pero aun sin solución definitiva, debido a la complejidad de la problemática.

Así, pues, la creación de un conjunto de criterios específicos para encarar las condiciones absolutamente particulares de Chan Chan era imperiosa y se materializaron a través de un Plan de Manejo –esa herramienta de gestión tan necesaria para la conservación seria de los valores de un complejo arqueológico de tal magnitud– que fue producto de un evento internacional.

En efecto, en el año 1996 Ana María Hoyle emprendió la misma estrategia que ahora se piensa emplear para encontrar la solución técnica al problema de la napa freática: «Organizamos con el ICCROM, CRATerre y el Instituto de Conservación Getty (GCI)- proyecto TERRA, y con la contribución del WHC de UNESCO, un curso internacional para la conservación y el manejo de los sitios del patrimonio cultural, tanto históricos y arqueológicos, construidos en tierra.

Allí se impartió la metodología para la elaboración para planes de manejo para sitios del patrimonio cultural inmueble que reunían estas características.

Chan Chan fue el objeto de estudio del cónclave, tanto por su significación mundial y su condición de Patrimonio Mundial en Peligro como porque ahí se iniciaron y desarrollaron los trabajos de conservación en adobe más avanzados de la región».

Luego de realizado el evento, llamado «Curso Panamericano sobre la Conservación y el Manejo del Patrimonio Arquitectónico Histórico Arqueológico de Tierra, PAT 98», y con la metodología en la mano, se inició la elaboración del Plan Maestro de Conservación y Manejo del Complejo Arqueológico Chan Chan, también con el apoyo financiero de la UNESCO, del grupo TERRA y el trabajo humano y profesional de expertos locales y del Instituto Nacional de Cultura La Libertad y la consultora internacional Carolina Castellanos.

El equipo interdisciplinario, más de cuarenta personas, se puso manos a la obra.

El Plan reunió el análisis de la problemática del sitio; la definición de los valores del monumento que debían ser conservados para las siguientes generaciones y que se inspira en la carta de Burra (carta de recomendación de la UNESCO); los principios y criterios de intervención –hasta dónde, cuándo y cómo intervenir sobre las estructuras del complejo–; los objetivos y finalmente el plan de acción final para solucionar o atender o neutralizar los problemas analizados e identificados.

El Plan de Manejo, que salió a la luz en enero del 2000 y fue aprobado por Decreto Supremo N° 003-2000 ED, tiene una vigencia de diez años y es la herramienta principal para el actual manejo de Chan Chan.

Comprende siete programas con 134 proyectos de investigación arqueológica, arquitectónica, química, de conservación y puesta en valor, y ha sido el marco dentro del cual se han realizado una serie de proyectos de investigación, conservación, de emergencia y de mitigación por el fenómeno del Niño en los últimos cuatro años.

Ha permitido a los responsables del Instituto Nacional de Cultura La Libertad entender la compleja red que rodea a este Patrimonio Cultural de la Humanidad.

ENEMIGOS AL ACECHO.

Chan Chan está desplegado en una terraza aluvial de suave pendiente y a una distancia del mar de sólo 1,000 metros: el palacio más cercano al litoral se encuentra a 14 metros de altura mientras que el extremo opuesto del complejo se erige a 44 metros sobre el nivel del mar.

Esto facilita la acción permanente y erosiva de los vientos alisios, más aun cuando escasea vegetación alta que modere su velocidad.

Por ello los paramentos del sector sur del complejo se encuentran muy deteriorados.

Existe además una pérdida de estabilidad vertical en los muros y plataformas de Chan Chan debido a la superposición de construcciones arquitectónicas realizadas por los hombres Chimú; hay estructuras superiores que poseen mayor peso que las inferiores y en ciertas zonas, incluso, hay defectuosos rellenos en el subsuelo, lo cual pone en entredicho la estabilidad de las estructuras.

«La calidad de la albañilería es importante», agrega Hoyle.

«Las construcciones de Chan Chan no tienen la misma calidad de trabajo.

Si bien éstas fueron supervisadas por arquitectos e ingenieros Chimú, el trabajo dependía de campesinos que tributaban con mano de obra y que no dominaban de igual manera el oficio; por ello hay fragmentos mejor edificados que otros, lo cual se manifiesta cuando sobrevienen los sismos y algunos colapsan».

Pero no sólo los movimientos terráqueos; las lluvias cíclicas que trae consigo el Fenómeno El Niño son dos factores determinantes en la conservación de la arquitectura de tierra nor costeña.

La erosión pluvial y su intensidad se puede observar en las superficies rugosas de los muros y en las profundas huellas que corren de las partes altas de los muros hasta los suelos.

Por último tenemos la acción del gran enemigo, el hombre, quien ha realizado una condenable actividad de maltrato a las estructuras desde tiempos de la Colonia -mediante cédulas reales que permitían el saqueo a «compañías de explotación de huacas»- hasta bien entrada la República, a través de concesiones oficiales a principios del siglo pasado para la realización de faenas agrícolas.

Existen dos carreteras, un camino colonial y una autopista que horadan el territorio del complejo y además, en la actualidad, la expansión urbana de la ciudad de Trujillo ha terminado por cercar la ciudad prehispánica.

Además, el sitio fue paulatinamente invadido con granjas agropecuarias, campos agrícolas, establecimientos nocturnos, talleres de mecánica, viviendas, entre otros, que ocupaban cerca de 600 hectáreas de la zona intangible de Chan Chan.

La acción del Instituto Nacional de Cultura no se dejó esperar.

Ejecutó diversas acciones de defensa y, en acción conjunta con la Procuraduría de Educación, realizó diversos procesos judiciales coactivos para la demolición de instalaciones indebidas en la zona intangible de Chan Chan pertenecientes a 220 ocupantes ilegales, no sin antes convocar a la Municipalidad Provincial de Trujillo para que dispusiera lotes de viviendas que alentaran la reubicación pacífica y voluntaria de los ocupantes indicados, medida a la que muchos de éstos se acogieron.

Con estas acciones el Instituto Nacional de Cultura recuperó cerca de 400 hectáreas de la zona intangible de Chan Chan.

El problema de la napa freática, sin embargo, se mantiene sin solución.

La Dirección Regional de Cultura de La Libertad está trabajando con organismos locales a través de un comité multisectorial que por estos días realiza el análisis de campo y prepara la documentación técnica sobre la problemática así como las alternativas de solución para ser discutidas en el Seminario Internacional que se desarrollará con el Comité del Patrimonio Mundial de UNESCO.

«Hay posibilidades de que hayan fuentes subterráneas desconocidas debajo de la ciudad; quizás un río seco que está empezando a tener actividad por debajo de Chan Chan.

Es más, hay posibilidades de la existencia bolsones de agua», acota Ana María Hoyle.

Su preocupación es compartida.

El llamado de alerta de la Procuraduría, que ha convocado la atención a los titulares de los ministerios de Agricultura y de Comercio Exterior y Turismo, así como al presidente del Gobierno Regional de La Libertad sobre los problemas que aquejan a Chan Chan, debería contribuir a llamar la atención de la sociedad en su conjunto para coordinar esfuerzos a fin de rescatar esta riqueza de nuestro país a toda costa.