T’aqrachullo: El Enigma de la Fortaleza entre Abismos y su Nexo con la Mítica Ancocagua

En la inmensidad sobrecogedora del altiplano cusqueño, donde el viento implacable de la puna moldea los relieves y los cursos fluviales esculpen cañones de vértigo absoluto, se levanta uno de los testimonios arquitectónicos más imponentes, masivos y, paradójicamente, menos comprendidos de la historia andina prehispánica. T’aqrachullo, una monumental ciudadela de piedra que parece desafiar las leyes de la gravedad desde las cumbres de la provincia de Espinar, ha comenzado finalmente a revelar sus secretos al mundo, sacudiendo los cimientos de la arqueología tradicional peruana.

Durante generaciones, los flujos del turismo masivo y los principales proyectos de inversión científica han concentrado históricamente su atención en los valles cercanos al Cusco, el Valle Sagrado de los Incas y el icónico santuario histórico de Machu Picchu. Sin embargo, las minuciosas investigaciones de campo recientes y la sorpresiva atención de cadenas de difusión científica global —particularmente los reportajes internacionales publicados por National Geographic— están provocando un giro radical de los reflectores hacia el sur de la región Cusco. Este es un territorio altoandino donde cada bloque de piedra laja cuenta una historia de resistencia militar, adaptación ecológica extrema y majestuosidad compartida entre civilizaciones preíncas e incas.

Conocida localmente por algunos pobladores, comuneros y arrieros bajo el apelativo popular de la «Fortaleza de María» —debido a su estricta proximidad geográfica con el imponente sector homónimo dentro del espectacular sistema de fallas geológicas y cañones de la zona—, T’aqrachullo no representa simplemente un mirador fortificado o una avanzada militar periférica. Los datos acumulados en las últimas campañas de excavación demuestran de forma irrefutable que nos encontramos ante un complejo urbano, religioso, logístico y militar de gran envergadura que reescribe por completo nuestra comprensión de las fronteras del Tawantinsuyu, así como de las dinámicas de asimilación de las naciones autónomas que habitaron el antiguo Perú antes de la consolidación final del imperio de los incas.

El Cambio de Paradigma: La Arqueología en Manos Peruanas

El verdadero valor del proceso de rescate arqueológico que está experimentando T’aqrachullo en el siglo XXI no radica únicamente en la espectacularidad de sus estructuras de piedra o en la riqueza material oculta en sus estratos arqueológicos. Lo que verdaderamente marca un hito y un cambio de paradigma en la disciplina del país es que las complejas excavaciones, prospecciones y análisis científicos que han retirado la densa maleza de la puna de sus muros están siendo ejecutadas y lideradas de forma directa por investigadores y científicos peruanos.

Históricamente, gran parte de la narrativa oficial sobre el Imperio Inca y las sociedades andinas ha sido construida y filtrada a través de las crónicas coloniales de los conquistadores españoles que los desplazaron y desestructuraron, o mediante expediciones arqueológicas extranjeras de los siglos XIX y XX que a menudo extraían las piezas fuera de sus contextos originarios. Los incas, al no poseer un sistema de escritura alfabético occidental, dejaron su historia grabada en la distribución de sus espacios sagrados, en la tecnología de sus muros y en el interior de sus contextos funerarios.

En T’aqrachullo, cada nuevo muro consolidado, cada fragmento de cerámica catalogado y cada resto óseo analizado representa un acto monumental de reclamación histórica y cultural. Profesionales de la arqueología nacional, profundamente conectados con la herencia de la región, están asumiendo el rol protagónico en la reconstrucción del pasado andino. Esta labor no se limita al aislamiento de los laboratorios o los gabinetes científicos; por el contrario, los equipos de investigación mantienen un diálogo constante y activo con las comunidades campesinas locales que habitan bajo la sombra de la mesa, como Chaupimayo y el distrito de Suykutambo. Al compartir los hallazgos y explicar la trascendencia de la ciudadela a los descendientes directos de sus constructores, la arqueología cumple su función social más noble: devolver a las poblaciones locales su memoria histórica, su orgullo identitario y el protagonismo en la gestión y protección de su propia herencia cultural.

T’aqrachullo Fuente: NatGeo
Geografía del Abismo: El Entorno Estratégico de Suykutambo y el Cañón de la Fortaleza

Para comprender la verdadera magnitud de T’aqrachullo, es imperativo analizar el escenario geográfico y geológico en el cual fue edificado. La ciudadela no fue construida sobre una montaña cualquiera; se asienta de manera imponente sobre una gigantesca mesa barrida por el viento, en las cumbres de la provincia de Espinar, en el distrito de Suykutambo, elevándose a una altitud que oscila entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 1, 2]. Esta ubicación sitúa al complejo en un ecosistema de puna seca, un territorio caracterizado por variaciones térmicas extremas, vientos constantes y una vegetación dominada por el ichu y arbustos rastreros, un paisaje que contrasta drásticamente con los valles fértiles y la ceja de selva donde se ubican centros ceremoniales más conocidos como Machu Picchu [cite: 2].

El emplazamiento de T’aqrachullo responde a una planificación militar y logística de orden superior. La meseta se eleva unos 300 pies de forma completamente vertical sobre el cauce del río Apurímac, justo en las inmediaciones donde convergen tres ríos importantes de la región, un nudo fluvial estratégico que actúa como un foso natural inexpugnable [cite: 1, 2]. Las paredes del cañón adyacente, conocidas localmente en el sector como el Cañón de los Tres Cañones, no solo ofrecían una barrera física insuperable contra cualquier intento de incursión enemiga, sino que además dotaban al asentamiento de un control visual absoluto sobre las rutas de tránsito que interconectaban el altiplano con los valles interandinos del sur del Cusco [cite: 2].

La Escala del Gigante Olvidado

Durante décadas, el manto del olvido y la vegetación silvestre ocultaron las verdaderas dimensiones de este baluarte de piedra. Las exploraciones y excavaciones sistemáticas lideradas por el Ministerio de Cultura han revelado que las ruinas de T’aqrachullo se extienden de manera orgánica a lo largo de un área que abarca aproximadamente 43 acres [cite: 1, 1]. Para poner esta escala en perspectiva científica, la extensión del complejo es aproximadamente cuatro veces más grande que la zona urbana y agrícola de la célebre ciudadela de Machu Picchu, ubicada a unas 140 millas al noroeste [cite: 1].

Esta enorme área arqueológica no se limita exclusivamente a la plataforma superior de la mesa. El planeamiento urbano prehispánico del sitio se distribuyó de forma vertical, abarcando una importante zona residencial y de servicios en la base misma de las formaciones rocosas colosales, así como el denso tejido arquitectónico de élite que corona la cima de la meseta [cite: 1, 2]. Esta dicotomía espacial demuestra que T’aqrachullo no fue un simple puesto de avanzada o un refugio temporal en tiempos de guerra, sino un centro de población masivo, un núcleo logístico permanente y un santuario de gran envergadura capaz de albergar y sustentar a una población numerosa bajo condiciones ambientales sumamente exigentes [cite: 2].

El Acceso Restringido: La Escalera tallada en la Roca

Uno de los elementos de ingeniería más fascinantes y que mejor ilustran el carácter exclusivo y defensivo de T’aqrachullo es su sistema de acceso. La meseta está resguardada por abismos colosales en casi la totalidad de su perímetro, lo que obligó a los antiguos constructores a depender de una única vía de entrada: una empinada, estrecha y escarpada escalera de piedra que rasga la cara misma del acantilado vertical desde el fondo del valle [cite: 1, 1].

Este sendero único funcionaba como un filtro de seguridad implacable. Cualquiera que intentara ascender a la cima quedaba completamente expuesto a las defensas de la ciudadela, haciendo que la entrada fuera fácilmente defendible por un puñado de guerreros situados en la parte superior. Las evidencias arqueológicas indican que este acceso no estaba destinado al uso de la población común de la región. Mientras que los comerciantes, pastores y transeúntes comunes de las redes viales andinas transitaban y se alojaban en el sector bajo, situado en la base de la formación, el acceso a la cima de la plataforma estaba estrictamente restringido a la nobleza inca, los administradores estatales y el cuerpo de sacerdotes dedicados al culto [cite: 1, 1].

El desgaste físico en los peldaños de esta imponente escalera cuenta una historia de siglos de actividad ininterrumpida. Debido a la ausencia total de fuentes de agua naturales y de tierras agrícolas fértiles en la superficie plana de la meseta, todos los recursos esenciales para la vida y el culto —desde el agua potable hasta los alimentos y los textiles sagrados— debían ser transportados de manera constante desde el fondo del valle. Este titánico esfuerzo logístico recayó sobre caravanas de llamas domesticadas, cuyos pesados e incesantes pasos a lo largo de las centurias dejaron huellas e indentaciones profundas y claramente visibles sobre los peldaños de piedra dura, un testimonio mudo de la intensa vida económica y religiosa que animó las alturas de T’aqrachullo [cite: 1].

La Línea del Tiempo de T’aqrachullo: Desde los Orígenes Wari y la Nación K’ana hasta la Hegemonía Inca

Para comprender cabalmente el entramado social, político y sagrado que define a T’aqrachullo, es indispensable realizar una inmersión profunda en su compleja estratigrafía cronológica. Las investigaciones científicas de las últimas décadas han desmantelado la idea de que este sitio fue una creación exclusivamente incaica. Por el contrario, los datos de campo acumulados estiman que la meseta y sus laderas registran una secuencia ininterrumpida de presencia y actividad humana que se extiende por aproximadamente 2,000 años, transformándolo en un fascinante palimpsesto de las civilizaciones más influyentes del sur andino [cite: 1, 1].

La Génesis del Sitio: El Horizonte Medio y la Presencia Wari

La historia arquitectónica y religiosa de T’aqrachullo hunde sus raíces en el Horizonte Medio (ca. 650–1000 d.C.) [cite: 1]. Durante gran parte del siglo XX, las teorías académicas convencionales afirmaban que el Imperio Wari —una poderosa civilización centralizada con base en Ayacucho— no había extendido su esfera de influencia directa de manera tan drástica hacia las provincias altas del sur de la región Cusco. Sin embargo, las exploraciones iniciales de superficie lideradas en la década de 1990 por las investigadoras peruanas Alicia Quirita y Maritza Candia comenzaron a resquebrajar este consenso al hallar tiestos y fragmentos cerámicos con una clara filiación estética y técnica wari [cite: 1].

Las excavaciones sistemáticas ejecutadas posteriormente por el Ministerio de Cultura del Perú bajo la dirección del arqueólogo Emerson Pereyra confirmaron estas sospechas de manera monumental. Al profundizar en los estratos inferiores, el equipo desenterró un imponente conjunto de ofrendas y entierros intactos pertenecientes a esta etapa formativa del santuario [cite: 1]. Entre los hallazgos más deslumbrantes destaca una tumba sellada que albergaba exquisitas estatuillas y figurinas aplanadas talladas en metal con la silueta de llamas, acompañadas de finas láminas de oro puro y piezas de crisocola —un mineral de tonalidades azul-verdosas sumamente codiciado en el mundo prehispánico— minuciosamente trabajadas para emular la sagrada e imponente figura del puma [cite: 1, 1]. Estos elementos demuestran que, ya bajo el dominio Wari, la mesa de T’aqrachullo no era un simple campamento de pastores, sino un espacio dotado de una profunda carga ritual, donde la élite regional depositaba manufacturas de alto valor simbólico.

T’aqrachullo. Fuente NatGeo
El Intermedio Tardío: El Pukara de la Nación K’ana

Con el colapso del sistema imperial Wari hacia el año 1000 d.C., los Andes centrales entraron en el periodo conocido como el Intermedio Tardío (ca. 1000–1450 d.C.) [cite: 1, 2]. Esta época estuvo profundamente marcada por una marcada fragmentación política, intensos conflictos interétnicos y una competencia feroz por el control de fuentes de agua estables y pastizales óptimos para la ganadería de camélidos en las zonas de altura. En este contexto de inestabilidad generalizada, la provincia alta de Espinar fue ocupada sólidamente por la nación K’ana [cite: 2].

Los K’anas eran un grupo étnico preínca caracterizado en las fuentes etnohistóricas por su temperamento marcial, su destreza en la economía ganadera de altura y su notable capacidad para adaptar soluciones arquitectónicas defensivas a los rigurosos ecosistemas de la puna seca [cite: 2]. Fue precisamente esta necesidad de supervivencia y soberanía territorial la que impulsó a los líderes K’anas a elegir la cumbre de los macizos rocosos de Suykutambo para fundar un imponente pukara o asentamiento fortificado [cite: 2]. Desde las alturas inexpugnables de la meseta, los vigías y guerreros K’anas poseían un dominio visual absoluto sobre todo el cañón y controlaban de manera estricta las vitales rutas comerciales que conectaban el altiplano de la cuenca del Titicaca con los valles interandinos septentrionales [cite: 2]. Durante esta fase, el urbanismo del sitio se expandió mediante la construcción masiva de recintos de planta circular y rectangular levantados con piedra laja local unida con argamasa de barro, diseñados para albergar a la población civil y a las guarniciones defensivas permanentes [cite: 2, 2].

T’aqrachullo. Fuente: NatGeo
El Horizonte Tardío: La Intervención e Integración Imperial Inca

Hacia mediados del siglo XV, el Horizonte Tardío irrumpió en la región con las campañas expansivas iniciadas desde el Cusco por el Estado Inca, bajo el liderazgo de soberanos como Pachacútec [cite: 1]. La historiografía y las detalladas evidencias materiales sugieren que la incorporación de la provincia de Espinar y de la nación K’ana al Tawantinsuyu no se produjo necesariamente a través de una cruenta guerra de exterminio, sino por medio de una serie de complejas y calculadas alianzas políticas, diplomáticas y matrimoniales [cite: 2]. Los gobernantes cuzqueños valoraban sobremanera la bravura y destreza militar de los guerreros K’anas, integrándolos rápidamente como un cuerpo de choque aliado en las sucesivas campañas de conquista del imperio hacia otras latitudes.

Una vez consolidada la anexión pacífica del territorio, los arquitectos e ingenieros del imperio intervinieron de forma monumental el tejido urbano preexistente de T’aqrachullo [cite: 2]. Respetando escrupulosamente el núcleo original de las construcciones K’anas, los incas superpusieron sus refinadas técnicas de aparejo de piedra, ampliaron masivamente los sistemas de andenería en las laderas para estabilizar los suelos frente a los deslizamientos y asegurar la agricultura de altura, y erigieron imponentes recintos administrativos y ceremoniales que asimilaron el sitio dentro del gran Qhapaq Ñan o sistema vial andino [cite: 2, 2]. Así, el complejo quedó integrado como un nudo logístico, espiritual y de control político absolutamente crucial dentro de la vasta región del Kuntisuyu, sirviendo como un nexo de comunicación directo con metrópolis tan distantes como Quito en la actual frontera norte o Santiago en el extremo sur [cite: 1, 2].

Arquitectura de Poder y Fe: Análisis Detallado de los Sectores Urbano, Militar y el Gran Templo Sagrado

La distribución espacial y la monumentalidad de las estructuras de T’aqrachullo constituyen un testimonio tangible de la sofisticada planificación urbana prehispánica, diseñada con el doble propósito de consolidar el control geopolítico de la región y albergar las más sagradas manifestaciones litúrgicas de las provincias altas [cite: 1, 2]. Las campañas de restauración del Ministerio de Cultura de las que formó parte el arqueólogo Emerson Pereyra han permitido catalogar cerca de 600 estructuras complejas distribuidas de manera orgánica a lo largo de crestas rocosas y abismos vertiginosos [cite: 1, 2]. Este extenso entramado constructivo se organiza a través de sectores claramente zonificados y especializados [cite: 2].

El Sector Residencial y Doméstico: La Base Social y Logística

La base demográfica y de servicios de la ciudadela se localiza estratégicamente tanto en las zonas bajas adyacentes a la mesa como en sectores intermedios de las laderas [cite: 1, 2]. Este sector doméstico destaca por una masiva concentración de recintos habitacionales de planta predominantemente circular y rectangular, una tipología que denota la herencia constructiva de la nación K’ana respetada y posteriormente refaccionada por la administración incaica [cite: 2]. Las paredes de estas viviendas están edificadas con piedra laja de origen local, unidas con una densa y resistente argamasa de barro y paja de la puna [cite: 2].

Intercaladas de forma regular entre los recintos residenciales, los arquitectos prehispánicos levantaron estructuras circulares de almacenamiento conocidas como qollqas [cite: 2]. Estos depósitos estatales eran indispensables para el acopio de productos nativos de altura, como tubérculos deshidratados (chuño) y granos andinos, destinados al sustento de las guarniciones militares y de los operarios dedicados al mantenimiento del complejo. En las laderas adyacentes, se despliega un intrincado sistema de terrazas y andenerías agrícolas que cumplían una doble función técnica de gran trascendencia: estabilizaban los suelos frente a los constantes deslizamientos del cañón y generaban microclimas aptos para la producción agrícola bajo condiciones climatológicas extremas [cite: 2].

Murallas y Sistemas Defensivos: El Pukara Inexpugnable

El carácter militar y de refugio fortificado de T’aqrachullo se hace evidente al analizar sus formidables perímetros de seguridad. Aunque la topografía natural de la mesa —con sus caídas de 300 pies verticales hacia el cauce del río Apurímac— proporcionaba una barrera física prácticamente insuperable, los flancos que presentaban mayor vulnerabilidad y suavidad en la pendiente fueron fuertemente protegidos por imponentes lienzos de murallas defensivas de mampostería [cite: 1, 2]. Estos gruesos muros de contención y murallas no solo impedían el ingreso de agentes externos en tiempos de guerra, sino que segregaban de forma estricta los flujos de tránsito cotidianos de la ciudadela [cite: 2].

El acceso hacia la zona noble y sagrada estaba fuertemente controlado a través de una angosta estructura de entrada al final de la empinada escalera tallada en el acantilado [cite: 1]. Las recientes investigaciones han sacado a la luz evidencias de que la guarnición defensiva de la fortaleza se encontraba permanentemente armada y abastecida para resistir asedios prolongados. En áreas estratégicas del perímetro defensivo se han desenterrado abundantes depósitos o caches con proyectiles esféricos de piedra seleccionada, puntas de lanza talladas en obsidiana negra y restos óseos de individuos masculinos que presentan fracturas y lesiones traumáticas ante-mortem, signos inequívocos de enfrentamientos bélicos violentos directos [cite: 1].

El Sector Ceremonial de Élite: El Corazón Sagrado de la Mesa

En la plataforma superior de la mesa, aislada del bullicio doméstico por la estricta restricción de tránsito, se alza el núcleo teocrático y administrativo de T’aqrachullo [cite: 1, 2]. En este espacio exclusivo, la calidad de la arquitectura sufre un salto técnico cualitativo asombroso: las rústicas construcciones de piedra laja dan paso a estructuras con un aparejo y un acabado notablemente superiores, caracterizadas por el empleo de nichos u hornacinas empotradas y vanos trapezoidales finamente labrados, elementos que representan la firma inconfundible de la arquitectura monumental de la élite incaica [cite: 2].

El descubrimiento más espectacular de este sector, consolidado en el año 2023, corresponde a las fundaciones de un Gran Templo de planta abierta orientado de forma precisa hacia las cumbres de los apus o montañas sagradas circundantes [cite: 1]. Los análisis arquitectónicos y estratigráficos demostraron que esta estructura principal fue edificada sobre las bases de plataformas rituales mucho más antiguas, confirmando la naturaleza ancestral del culto en la meseta mucho antes de la expansión cusqueña [cite: 1].

En el centro geométrico de esta gran plataforma ceremonial se localizan los restos de una icónica fuente o pileta sacramental vinculada al culto del agua y la fertilidad de la tierra [cite: 1]. La fuente cuenta con un elaborado canal labrado directamente sobre el suelo de piedra, diseñado para que las autoridades y sacerdotes vertieran libaciones rituales de chicha (bebida fermentada de maíz) de un vaso ceremonial a otro como ofrenda consagrada a los dioses y deidades de la naturaleza [cite: 1]. Durante estas solemnes ceremonias y observaciones astronómicas nocturnas bajo el firmamento de la puna, los sacerdotes de la alta nobleza incaica —ataviados con elaborados tocados, textiles polícromos y resplandecientes aplicaciones de metal— depositaban pepitas y fragmentos de oro puro en las junturas de los bloques de piedra de la fuente, mientras oraban y cantaban al compás de trompetas de caracola y tambores para asegurar la prosperidad del imperio [cite: 1].

Los Monumentos Funerarios: Las Chullpas Nobles

La sacralidad de T’aqrachullo se extendía de igual manera a su dimensión funeraria, configurándolo como un imponente centro de veneración de los ancestros. En los sectores periféricos y más elevados de la meseta se yerguen las chullpas, estructuras funerarias en forma de torres construidas con piedra laja destinadas exclusivamente a albergar las momias y los fardos funerarios de los miembros de la élite y la nobleza dominante [cite: 1].

La edificación de estos monumentos funerarios incaicos refleja un proceso de apropiación espiritual y reconfiguración del espacio sagrado de gran interés para los estudios arqueológicos. Los ingenieros incas levantaron estas complejas chullpas directamente sobre los cementerios y tumbas subterráneas de las civilizaciones precedentes, como los Wari. Los restos óseos de los antiguos habitantes enterrados allí siglos atrás fueron cuidadosamente exhumados de sus tumbas originales y trasladados de forma respetuosa hacia grandes fosas o tumbas comunales secundarias de carácter colectivo, permitiendo que la nueva clase gobernante imperial ocupara físicamente las posiciones espaciales de poder y culto a los muertos en la cima de la ciudadela [cite: 1].

El Tesoro Escondido: El Hallazgo de las Secuencias de Oro y la Conexión con la Mítica Ancocagua

A pesar de la imponente monumentalidad de sus estructuras de piedra laja, el verdadero punto de inflexión científica que obligó a la comunidad arqueológica internacional a reevaluar por completo la posición jerárquica de T’aqrachullo ocurrió una mañana de septiembre del año 2022 [cite: 1]. El arqueólogo peruano Dante Huallpayunca se encontraba realizando meticulosas labores de limpieza y raspado superficial de suelos en el interior de un recinto de piedra que, durante décadas, había sido empleado de manera rústica por los comuneros locales como un simple corral para alpacas [cite: 1]. De pronto, uno de sus asistentes de campo divisó un destello inusual entre la tierra compacta [cite: 1].

Lo que inicialmente comenzó como el hallazgo de una pequeña pieza aislada se transformó rápidamente en el desentierro de uno de los tesoros ceremoniales más masivos e importantes registrados en el sur andino en las últimas décadas: una impresionante colección oculta de casi 3,000 pequeñas lentejuelas o placas circulares perforadas (secuencias) manufacturadas en oro puro, plata y cobre [cite: 1]. Estos delicados discos metálicos, meticulosamente labrados a inicios del siglo XVI, no eran elementos utilitarios o de intercambio comercial; constituían adornos sagrados de alta costura diseñados exclusivamente para ser cosidos y fijados sobre los suntuosos textiles y vestimentas ceremoniales empleados por la suprema élite imperial y el cuerpo sacerdotal incaico durante las liturgias de Estado [cite: 1, 1]. El hallazgo demostró de forma irrefutable que T’aqrachullo no era una fortaleza periférica o un asentamiento rural aislado, sino un centro de inmenso poder político, económico y teocrático dentro del Tawantinsuyu [cite: 1].

La Hipótesis de Reinhard: La Búsqueda de Ancocagua

Este asombroso descubrimiento material dotó de un peso científico renovado a una audaz teoría que había permanecido archivada durante casi tres décadas. En el año 1994, el renombrado antropólogo, arqueólogo de alta montaña y Explorador de National Geographic, Johan Reinhard, visitó la meseta por primera vez acompañado por la entonces estudiante de arqueología Alicia Quirita [cite: 1]. Reinhard se encontraba enfrascado en una persistente investigación histórica: localizar el emplazamiento exacto de una de las ciudadelas y santuarios más sagrados, enigmáticos e inexplorados de la literatura colonial, conocida en los textos bajo el nombre de Ancocagua [cite: 1, 1].

Las referencias sobre este místico oráculo procedían inicialmente de la Crónica del Perú, un tratado fundamental publicado en 1553 por el cronista español Pedro Cieza de León [cite: 1]. En su manuscrito, Cieza de León afirma taxativamente que el templo de Ancocagua figuraba de forma oficial como uno de los cinco centros ceremoniales y santuarios más importantes, venerados y ricos de todo el Imperio Inca, albergando un célebre oráculo y acumulando inmensas cantidades de oro y plata procedentes de las ofrendas imperiales [cite: 1, 1]. Sin embargo, las descripciones geográficas proporcionadas por la Crónica eran sumamente vagas, lo que impidió que los historiadores de los siglos XIX y XX pudieran determinar su paradero exacto.

El panorama de la investigación cambió drásticamente en el año 1987 con el descubrimiento fortuito en España de la parte que se consideraba perdida del manuscrito del cronista Juan de Betanzos, redactado originalmente en el siglo XVI [cite: 1]. Betanzos, un colono español que dominaba el idioma quechua por estar casado con una noble incaica, no solo corroboró la inmensa jerarquía religiosa de Ancocagua, sino que legó un relato detallado y desgarrador sobre los eventos militares que acontecieron en dicha fortaleza durante los últimos días de existencia del imperio [cite: 1].

El Relato de Betanzos: Asedio, Resistencia y Muerte en el Abismo

De acuerdo con las crónicas recuperadas de Betanzos, tras la captura y ejecución del inca Atahualpa en Cajamarca por las huestes comandadas por Francisco Pizarro en 1532, el control español sobre los Andes no se consolidó de manera pacífica [cite: 1]. Casi de inmediato, cruentas rebeliones y focos de resistencia armada estallaron en diversas provincias del imperio. Uno de los bastiones de resistencia más feroces e inexpugnables se organizó precisamente en el santuario de Ancocagua, descrito como una monumental ciudadela fortificada situada sobre una meseta escarpada e inaccesible en una región localizada al sur de la capital imperial del Cusco [cite: 1].

Decididos a aplastar de forma definitiva este peligroso levantamiento nativo, un batallón de caballería e infantería española liderado por uno de los hermanos de Francisco Pizarro marchó hacia las provincias altas con el objetivo de asaltar la fortaleza [cite: 1]. Sin embargo, al llegar a la base de las formaciones rocosas, los conquistadores descubrieron que las huestes incas rebeldes habían bloqueado por completo el único y estrecho sendero de acceso que conducía a la cima de la meseta [cite: 1]. Ante la imposibilidad material de realizar un asalto frontal debido al abismo vertical, el ejército español se vio obligado a establecer un riguroso cerco o sitio militar alrededor de la montaña, cortando de manera absoluta todo ingreso de suministros esenciales, agua potable y alimentos hacia la plataforma superior [cite: 1].

El desenlace de este asedio prolongado fue trágico. Tras semanas de privaciones extremas y ante la inminencia de la caída de sus defensas por el hambre y la sed, los desesperados defensores de la ciudadela tomaron una determinación radical: antes que rendirse y someterse a la esclavitud o el suplicio a manos de los invasores europeos, cientos de hombres, mujeres y niños residentes del santuario prefirieron arrojarse en masa desde los imponentes acantilados verticales hacia los abismos del cañón, hallando la muerte sobre las rocas del río Apurímac [cite: 1, 1]. Una vez que las tropas españolas lograron finalmente vulnerar los accesos saboteados, saquearon los templos, confiscaron los tesoros del oráculo y abandonaron el sitio, dejándolo sepultado bajo el manto del olvido histórico [cite: 1].

Las Evidencias del Conflicto Militar

Al contrastar estas sobrecogedoras narraciones históricas con los hallazgos físicos recuperados en las campañas de excavación dirigidas por Emerson Pereyra, las coincidencias científicas resultan abrumadoras. Además de la correspondencia exacta de la geografía de T’aqrachullo con la mesa descrita en las fuentes coloniales, el equipo de arqueólogos peruanos descubrió que el sendero principal de la escalera de piedra se encontraba obstruido y sepultado de forma artificial por una densa capa de entre seis y diez pies de bloques de roca colapsada [cite: 1]. Si bien inicialmente los investigadores consideraron que se trataba de un derrumbe natural fortuito, los análisis estructurales posteriores demostraron de forma contundente que los peldaños fueron saboteados y dinamitados de forma deliberada por los propios operarios incas con el fin de inhabilitar la subida ante una inminente invasión militar [cite: 1].

Esta hipótesis se ve fuertemente respaldada por el desentierro en los sectores residenciales y de murallas de numerosos entierros secundarios e individuos cuyos esqueletos presentan marcas claras de traumatismos perimortem causados por armas contundentes, lesiones infligidas de forma violenta en combate y una total ausencia de elementos o artefactos de filiación europea [cite: 1]. Si bien las investigaciones arqueológicas aún no han detectado vestigios materiales directos que denoten una ocupación o presencia prolongada de los conquistadores españoles en la meseta, este hecho concuerda perfectamente con la naturaleza del relato de Betanzos: un asedio externo, un saqueo relámpago de las riquezas del oráculo y el abandono inmediato de una fortaleza destruida y maldita por el suicidio colectivo de sus habitantes [cite: 1].

Guía de Exploración Científica y el Futuro del Patrimonio en las Provincias Altas

Para el investigador, estudiante o viajero enfocado en la exploración científica, adentrarse en el complejo arqueológico de T’aqrachullo constituye una experiencia tan profundamente gratificante como rigurosa y exigente desde el punto de vista físico y logístico [cite: 2]. Al encontrarse geográficamente apartado de los circuitos turísticos comerciales tradicionales del departamento del Cusco, la planificación de una expedición hacia este baluarte prehispánico requiere un ordenamiento meticuloso de la ruta, el equipamiento y los tiempos de aclimatación [cite: 2].

Planificación Logística y Rutas de Acceso

El complejo se ubica formalmente en los terrenos de la comunidad campesina de Chaupimayo, dentro del distrito de Suykutambo, perteneciente a la provincia de Espinar, en el sector meridional de la región Cusco [cite: 2]. El viaje se desglosa a través de las siguientes pautas logísticas y operativas fundamentales para garantizar una exploración exitosa [cite: 2]:

Aspecto Clave Detalle Operativo e Indicaciones Científicas
Altitud Operativa El complejo se despliega verticalmente en un rango comprendido entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 2].
Ruta Terrestre Desde la ciudad de Cusco, se toma la vía terrestre hacia la ciudad de Yauri (capital de Espinar) en un viaje que toma entre 4 y 5 horas [cite: 2]. De Yauri, se continúa en vehículo hacia Suykutambo (1 hora aproximadamente) hasta el sector de Chaupimayo [cite: 2].
Tramo Peatonal En Chaupimayo se inicia la caminata de ascenso vertical a través de la icónica y empinada escalera de piedra laja tallada sobre el acantilado [cite: 1, 2].
Condiciones de Ingreso El acceso al sitio está gestionado de manera comunitaria directa por los comuneros locales, quienes aplican tarifas mínimas destinadas al mantenimiento básico [cite: 2].
Estacionalidad Óptima Se recomienda efectuar la exploración

estrictamente durante la temporada seca andina (de mayo a octubre), evitando las lluvias torrenciales de la puna [cite: 2].

Debido a la altitud extrema en la que se ejecutan los tramos de ascenso, es una pauta médica y de seguridad indispensable realizar un periodo previo de aclimatación física de al menos 48 horas en las ciudades de Cusco o Yauri para mitigar los efectos del mal de montaña o soroche [cite: 2]. El sendero peatonal exige una condición física moderada, calzado técnico de montaña con excelente agarre para roca laja suelta, vestimenta térmica por capas capaz de contener el intenso viento de la puna, protección contra la alta radiación solar y sistemas portátiles de hidratación [cite: 2]. Asimismo, se exhorta a los científicos y exploradores a realizar la prospección acompañados obligatoriamente por guías comunitarios locales para garantizar la seguridad y evitar cualquier daño accidental sobre los frágiles paramentos arqueológicos que aún no han sido plenamente consolidados por el Estado [cite: 2].

El Futuro del Patrimonio: Conservación, Museo de Sitio y Sostenibilidad

El incremento de la visibilidad científica internacional brindado a T’aqrachullo por plataformas de investigación global no representa un hecho aislado, sino el reflejo directo de un profundo cambio de paradigma en la geopolítica de la arqueología peruana [cite: 2]. Las provincias altas del Cusco, largamente postergadas en los manuales de historia oficial en favor de los monumentos del Valle Sagrado, están demostrando poseer una riqueza monumental que redefine por completo el equilibrio de poder y las fronteras de los estados prehispánicos [cite: 2].

Las excavaciones sistemáticas dirigidas por Emerson Pereyra concluyeron formalmente en el año 2024, dejando al descubierto que los arqueólogos apenas han retirado el velo científico sobre un poco más del 50% de la superficie total del complejo arqueológico [cite: 1]. El resto de la gigantesca meseta de 43 acres e intrincadas estructuras habitacionales ha sido dejado intacto de forma deliberada por el Ministerio de Cultura, reservando estos estratos y contextos arqueológicos sellados para que futuras generaciones de investigadores puedan abordarlos con tecnologías avanzadas y mejores métodos de análisis microestratigráfico [cite: 1, 1].

En el corto y mediano plazo, el verdadero desafío que afronta T’aqrachullo radica en articular un equilibrio armónico entre la investigación científica continua, la conservación física de los muros expuestos a la intemperie altoandina y el desarrollo de un modelo de turismo sostenible y de gestión comunitaria [cite: 2]. Uno de los anuncios más significativos y esperados por los investigadores es el proyecto estatal para impulsar la construcción de un moderno Museo de Sitio en la jurisdicción de Espinar [cite: 2]. Este espacio técnico tendrá como objetivo prioritario albergar, catalogar y exhibir bajo estrictas normas de conservación el inmenso universo de artefactos recuperados en el sitio: desde las miles de lentejuelas de oro, plata y cobre halladas por Dante Huallpayunca, hasta las finas vajillas ceremoniales K’ana e Inca, herramientas líticas y elementos funerarios [cite: 1, 2].

La implementación de este museo no solo garantizará la protección del patrimonio mueble contra el huaqueo y el tráfico ilícito de antigüedades, sino que se constituirá en el motor central para la educación patrimonial de las comunidades campesinas de Chaupimayo y Suykutambo, devolviéndoles el legítimo protagonismo en la gestión y usufructo de su herencia histórica [cite: 2]. Al restaurar y proteger estos muros sin alterar su esencia sagrada, T’aqrachullo se posiciona en el siglo XXI no como una ruina muerta del pasado, sino como un monumento vivo de identidad, ciencia y soberanía cultural andina [cite: 2].

Fuentes y Referencias Bibliográficas
  • Archivo Histórico de Arqueología del Perú. (2026). El despertar de Taqrachullo: La majestuosa ciudadela preínca e inca que desafía los límites del patrimonio andino en Espinar. Publicado originalmente en arqueologiadelperu.com.

  • National Geographic UK. (Edición de Junio, 2026). The Search for the Inca’s Lost Citadel (La búsqueda de la ciudadela perdida de los incas). Textos por Alejandro Muñoz; Fotografías por Arturo Rodríguez. Reportaje especial sobre las excavaciones del Ministerio de Cultura en T’aqrachullo y la hipótesis de la fortaleza de Ancocagua.

El despertar de Taqrachullo: La majestuosa ciudadela preínca e inca que desafía los límites del patrimonio andino en Espinar

Ubicado en los confines de la provincia de Espinar, Cusco, el complejo arqueológico de Taqrachullo ha emergido del olvido para posicionarse como uno de los hallazgos e hitos patrimoniales más fascinantes del sur andino, capturando incluso la atención de la comunidad científica internacional y de publicaciones globales como National Geographic. Esta imponente ciudadela de piedra, erigida originalmente por la nación K’ana y expandida posteriormente por los Incas, se asienta sobre formaciones rocosas colosales a más de 3,900 metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Suykutambo. Su diseño arquitectónico y su estratégica ubicación han llevado a investigadores y cronistas a compararla con Machu Picchu, ganándose el apelativo popular de la «Fortaleza de María» debido a su proximidad con el imponente cañón homónimo. El presente artículo ofrece un análisis profundo sobre la verdadera historia de este complejo, detallando su evolución cronológica desde el Intermedio Tardío, la complejidad de sus estructuras defensivas y residenciales, las recientes iniciativas estatales para la creación de un museo de sitio, y las pautas logísticas indispensables para adentrarse en uno de los secretos mejor guardados de la arqueología cusqueña.

Introducción: El enigma pétreo de los Andes altos

En la inmensidad del altiplano cusqueño, donde el viento de la puna moldea el paisaje y los ríos esculpen cañones de vértigo, se levanta uno de los testimonios arquitectónicos más imponentes y menos comprendidos de la historia andina. Taqrachullo, una monumental ciudadela de piedra que desafía la gravedad desde las cumbres de la provincia de Espinar, ha comenzado a revelar sus secretos al mundo. Aunque el turismo masivo ha concentrado históricamente su atención en el Valle Sagrado y el santuario de Machu Picchu, las investigaciones y la reciente atención de cadenas internacionales como National Geographic están girando los reflectores hacia el sur de la región Cusco, un territorio donde la piedra cuenta una historia de resistencia, adaptación y majestuosidad preínca e inca.

Conocida localmente por algunos pobladores y arrieros como la Fortaleza de María —debido a su cercanía al sector homónimo dentro del espectacular sistema de cañones de la zona—, Taqrachullo no es simplemente un mirador fortificado. Se trata de un complejo urbano, religioso y militar de gran envergadura que reescribe la comprensión de las fronteras del Tawantinsuyu y de las naciones que habitaron el antiguo Perú antes de la consolidación del imperio de los incas.

El origen K’ana y la asimilación Inca: Cronología de un baluarte

Para entender la verdadera dimensión de Taqrachullo, es necesario retroceder en el tiempo, específicamente al periodo del Intermedio Tardío (aproximadamente entre el 1000 y el 1450 d.C.). Antes de que los incas expandieran sus dominios fuera del valle del Cusco, la provincia alta de Espinar estaba habitada por la nación K’ana, un grupo étnico preínca caracterizado por su carácter guerrero, su destreza en la ganadería de altura y su arquitectura adaptada a los ecosistemas de puna seca.

Los K’anas eligieron la cima de estos macizos rocosos en el actual distrito de Suykutambo no por un capricho estético, sino por una estricta necesidad estratégica. En una época marcada por intensos conflictos interétnicos y la búsqueda del control de recursos hídricos y pastizales, Taqrachullo nació como un pukara o asentamiento fortificado. Desde sus alturas, los antiguos habitantes poseían un control visual absoluto de las rutas que conectaban el altiplano con los valles interandinos.

Hacia el siglo XV, durante el Horizonte Tardío, el incario inició su campaña de consolidación expansionista. La historiografía y las evidencias arqueológicas locales sugieren que la anexión de los K’anas al Tawantinsuyu no se dio necesariamente mediante una guerra de exterminio, sino a través de complejas alianzas políticas y matrimoniales, dada la valía de los guerreros K’anas como aliados militares de los soberanos cusqueños.

Una vez integrado el territorio, los arquitectos imperiales intervinieron Taqrachullo. Respetando el núcleo original preínca, los incas superpusieron sus técnicas de aparejo de piedra, ampliaron los sistemas de andenería para la agricultura de altura e incorporaron recintos administrativos y ceremoniales que consolidaron al sitio como un nudo logístico crucial en las redes de comunicación del Kuntisuyu.

Arquitectura entre abismos: La estructura del complejo

El complejo arqueológico de Taqrachullo se distribuye de manera orgánica a lo largo de crestas rocosas, adaptándose con precisión milimétrica a las irregularidades del terreno. La primera impresión que ofrece a los investigadores y visitantes es su sobrecogedora similitud visual con las ciudadelas construidas en la ceja de selva, lo que ha motivado comparaciones periodísticas con Machu Picchu, a pesar de pertenecer a un entorno geográfico y ecológico radicalmente distinto.

El asentamiento se compone de diversos sectores claramente diferenciados mediante un planeamiento urbano prehispánico:

  • Sector Residencial y Doméstico: Caracterizado por recintos de planta circular y rectangular que albergaban a la población local y a las guarniciones militares. Las paredes están edificadas con piedra laja de la zona, unidas con argamasa de barro.

  • Sector Ceremonial y de Élite: En las zonas más elevadas y de difícil acceso se aprecian estructuras con un acabado arquitectónico notablemente superior, donde destacan hornacinas y vanos trapezoidales típicamente incas, destinados probablemente al culto de las deidades tutelares (los apus) y a las autoridades administrativas.

  • Murallas y Sistemas Defensivos: El perímetro del sitio aprovecha los abismos naturales del cañón, pero en los flancos vulnerables se erigieron imponentes lienzos de murallas defensivas que restringían y controlaban rigurosamente el acceso.

  • Andenerías y Almacenamiento: En las laderas adyacentes se despliegan terrazas agrícolas que servían tanto para estabilizar los suelos frente a los deslizamientos como para el cultivo de productos nativos de altura, complementadas con estructuras destinadas a depósitos o qollqas.

Un museo de sitio para salvaguardar la historia de Espinar

A medida que el valor de Taqrachullo cobra relevancia en la agenda pública, las autoridades locales de la provincia de Espinar y el Ministerio de Cultura del Perú han comenzado a articular esfuerzos para su puesta en valor integral. Uno de los anuncios más significativos y esperados por la comunidad científica y los habitantes de la zona es el proyecto para impulsar la construcción de un museo de sitio en la jurisdicción.

El objetivo prioritario de este espacio museístico será albergar, conservar y exhibir de forma técnica los numerosos hallazgos recuperados durante las sucesivas campañas de excavación y prospección arqueológica en el área. Entre los objetos rescatados se encuentran piezas de cerámica de filiación K’ana e Inca, herramientas líticas, restos óseos que ilustran las prácticas funerarias de la época y artefactos de metal que evidencian el intercambio comercial y cultural que sostenía esta fortaleza con otras regiones del área centro-sur andina.

La implementación de este museo no solo garantizará la protección del patrimonio mueble contra el huaqueo y el tráfico ilícito, sino que se constituirá en el eje motriz para la educación patrimonial de las comunidades locales de Chaupimayo y Suykutambo, devolviéndoles el protagonismo en la gestión de su propia herencia histórica.

Guía del viajero científico: Cómo llegar y qué se necesita

Para el visitante interesado en la arqueología y la exploración, acceder a Taqrachullo constituye una experiencia tan gratificante como exigente. Al encontrarse alejado de los circuitos turísticos convencionales, el viaje demanda una planificación meticulosa.

Aspecto Detalle Logístico
Ubicación Comunidad de Chaupimayo, Distrito de Suykutambo, Provincia de Espinar, Región Cusco.
Altitud Aproximadamente entre 3,900 y 4,100 metros sobre el nivel del mar.
Ruta de Acceso Desde la ciudad del Cusco, se viaja por vía terrestre hacia la ciudad de Yauri (capital de Espinar), en un trayecto que toma entre 4 y 5 horas. Desde Yauri, se continúa en vehículo hacia el distrito de Suykutambo (1 hora aproximadamente) hasta el sector del Cañón de los Tres Cañones o la comunidad de Chaupimayo, desde donde se inicia la caminata de ascenso.
Costo de Ingreso Actualmente el acceso es libre o gestionado de manera comunitaria por tarifas mínimas de mantenimiento local, pero se recomienda verificar normativas vigentes con la DDC Cusco.
Mejor Época Durante la temporada seca en los Andes (de mayo a octubre), lo que evita las lluvias torrenciales que dificultan el ascenso por senderos empinados.
Recomendaciones fundamentales para la visita

Dada la altitud extrema, es indispensable un periodo previo de aclimatación en Cusco o Yauri para evitar el mal de montaña (soroche). Los senderos que conducen a la cima de la ciudadela exigen una condición física moderada, calzado de montaña con buen agarre, ropa técnica para mitigar el intenso viento de la puna, protección solar y suficiente hidratación. Asimismo, se exhorta a los viajeros a realizar la exploración acompañados por guías locales para garantizar la seguridad y evitar dañar las frágiles estructuras arqueológicas que aún no han sido consolidadas.

El futuro del patrimonio en las provincias altas del Cusco

La visibilidad internacional brindada por plataformas científicas globales a Taqrachullo no es un hecho aislado, sino el reflejo de un cambio de paradigma en la arqueología peruana. Las provincias altas de Cusco, largamente relegadas en los manuales de historia tradicional a favor de la arquitectura del centro del ombligo del mundo, demuestran poseer una riqueza monumental que redefine la geopolítica del periodo prehispánico.

El verdadero desafío que afronta Taqrachullo en los próximos años radica en equilibrar la investigación arqueológica continua, la conservación física de sus estructuras expuestas a la intemperie altoandina y el desarrollo de un turismo sostenible y comunitario. La comunidad de Chaupimayo y el distrito de Suykutambo ven en su ciudadela no solo un motivo de orgullo identitario, sino una oportunidad genuina de desarrollo económico. Proteger este legado, investigar sus muros sin destruirlos y narrar su historia con el rigor que merece es una tarea colectiva que apenas ha comenzado a dar sus frutos más prometedores.

Galeria Fotográfica

Dos templos de 4,500 años dedicados al culto al fuego descubiertos en el valle de Virú


El valle de Virú y su legado arqueológico

El valle de Virú se extiende aproximadamente 30 kilómetros desde las estribaciones andinas hasta el litoral del Pacífico, en la región La Libertad. Desde mediados del siglo XX, este territorio ha sido un laboratorio natural para la arqueología andina. Fue el arqueólogo Gordon R. Willey quien, en su inventario sistemático de 1953, registró por primera vez las huacas denominadas Cerrito 2 y Cerrito 3. Sin embargo, ninguno de estos sitios había sido objeto de excavaciones formales hasta el inicio del Proyecto Arqueológico Valle de Virú (PAVI) en 2023.
El PAVI se encuentra actualmente en su cuarta temporada de campo (2025–2026), desarrollando un plan quinquenal (2023–2028) cuyo objetivo central es estudiar el surgimiento de la complejidad social durante el Precerámico Tardío o Periodo Inicial en el valle de Virú. Con los recientes descubrimientos en Cerrito 2 y Cerrito 3, el equipo ha investigado ya cuatro de los siete sitios con arquitectura monumental conocidos para este periodo en el valle.


El descubrimiento: dos templos de culto al fuego

El hallazgo más reciente del PAVI consiste en la identificación de dos templos dedicados al culto al fuego, datados tentativamente en el periodo Arcaico Tardío, es decir, entre aproximadamente 2500 y 2000 años antes de Cristo. Estas estructuras corresponden a sitios arqueológicos denominados huacas Cerrito 2 y Cerrito 3, registrados previamente por Gordon Willey (1953) y por el proyecto CHAVIMOCHIC, pero en los cuales no se habían realizado excavaciones previamente. Andina
Las sociedades que los construyeron consideraban el fuego como un elemento sagrado, que permitía una conexión con el mundo real y el espiritual o divino, y por eso era necesario construir templos y altares para desarrollar ceremonias importantes de culto a este elemento. Andina

El investigador Feren Castillo Luján, director del PAVI, encabeza las excavaciones en el valle de Virú. Foto: Feren Castillo / Andina
El hallazgo fue realizado por un equipo multidisciplinario y plantea nuevas interrogantes sobre la función simbólica de ciertos espacios arquitectónicos construidos por sociedades tempranas. La disposición de estructuras, así como la presencia de fogones ceremoniales, apunta a una posible función ritual que formaba parte de dinámicas sociales complejas. Infobae


Huaca Cerrito 2: plataforma, altar y fogones ceremoniales

La huaca Cerrito 2 fue parcialmente estudiada por el equipo del PAVI en 2025. En aquella ocasión, la aparición de una esquina curva llamó la atención de los investigadores; ante ello, esta cuarta temporada decidieron hacer una unidad de excavación de 10 metros de largo por 10 de ancho como ampliación sobre el recinto principal del edificio, como parte del trabajo de tesis de David Ríos. Chimbotenlinea

Detalle de los fogones ceremoniales hallados en los templos del Arcaico Tardío. Foto: El Peruano
Los trabajos revelaron una plataforma con esquinas curvas cuyos muros presentan enlucidos pintados en color amarillo ocre. Sobre esta plataforma se localizó un altar central. El elemento más relevante es la presencia de dos fogones ceremoniales en el interior del altar, evidencia que refuerza la hipótesis de un espacio destinado a prácticas rituales vinculadas al fuego. El altar mide aproximadamente nueve metros por lado, lo que sugiere una construcción de dimensiones significativas dentro del conjunto arquitectónico. InfobaeInfobae

Plataforma con enlucido amarillo ocre hallada en la huaca Cerrito 2. Foto: Andina
Las excavaciones también confirmaron que la huaca Cerrito 2 tendría una antigüedad de 4,000 años, lo que la convierte en el segundo edificio de adobe más antiguo en esta región. El templo evidencia hasta cinco edificios superpuestos, lo que indica sucesivas renovaciones constructivas: en el edificio 5, el más temprano, se identificó un corredor con paramentos de dos recintos con esquinas curvas, particularidad muy interesante de los edificios construidos durante el Precerámico Tardío. Perú 21


Huaca Cerrito 3: recintos interconectados y evidencia de otro templo

En paralelo, el equipo desarrolló excavaciones en la huaca Cerrito 3, donde se habilitó una unidad de 15.5 metros de largo por 8 metros de ancho, como parte de las investigaciones dirigidas por Sonaly Chuyo, Eddie Carranza, Bruno Rojas y Fernanda Rodríguez, estudiantes de la Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional de Trujillo. Infobae

Estructuras arquitectónicas con esquinas curvas características del periodo Arcaico Tardío. Foto: El Peruano
Los trabajos permitieron identificar dos recintos principales: uno de planta cuadrangular con esquinas curvas y otro de forma circular. Ambos espacios presentan conexión mediante corredores, lo que evidencia una planificación arquitectónica orientada a la articulación interna del complejo. Infobae
Los muros están elaborados con adobes trapezoidales que tienen 40 centímetros de largo por 15 centímetros de alto y algunos están enlucidos; aunque no se ha registrado pintura mural, existen vestigios de haber estado pintados de color ocre. En un tercer recinto se ha encontrado evidencia de un gran fogón, lo que confirmaría que están ante otro templo de culto al fuego sagrado, aunque el equipo tendrá que confirmar dicha hipótesis. Chimbotenlinea


Próximos pasos: fechados radiocarbónicos y continuidad de las excavaciones

El equipo también indicó que se realizarán análisis de radiocarbono para precisar la antigüedad de las estructuras y determinar si ambos templos fueron contemporáneos. Esta información será determinante para comprender la secuencia de uso del espacio sagrado en el valle durante el Arcaico Tardío y establecer relaciones entre ambos sitios. La República
Las excavaciones cuentan con financiamiento del Centro Cultural Cine Chimú y del CReAAH de la Universidad de Rennes, Francia. Participan alrededor de 20 estudiantes de los ciclos VII y IX de la Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional de Trujillo. Infobae

El equipo del PAVI durante las excavaciones en las huacas Cerrito 2 y Cerrito 3. Foto: El Peruano


Contexto: el culto al fuego en los Andes prehispánicos tempranos

El culto al fuego no es un fenómeno aislado en los Andes del Arcaico Tardío. En la civilización de Caral-Supe (ca. 3000–1800 a.C.), los fogones ubicados en altares y plazas hundidas constituyeron el eje central de las ceremonias públicas. En el mismo valle de Virú, el PAVI ya había registrado evidencias similares en la huaca Tomabal, donde además se hallaron muros policromados y pinturas murales del Arcaico Tardío y Formativo Temprano, además de dos nichos en la parte interna de la estructura.
La presencia de esquinas curvas en las plataformas de Cerrito 2 y Cerrito 3 constituye un elemento arquitectónico de alta significación, también documentado en sitios de la tradición Kotosh-Mito en la sierra norcentral y en los recintos ceremoniales de Aspero en la costa de Supe. Esto permite establecer conexiones interregionales que sugieren la existencia de tradiciones rituales compartidas a lo largo del territorio andino durante el tercer y segundo milenio antes de Cristo.


Importancia del hallazgo para la arqueología andina

El director del PAVI señaló que son hallazgos muy interesantes que nos ayudarán a comprender cómo las primeras sociedades complejizaron estos espacios construidos para rituales al fuego, que poco a poco irán interpretando con otros hallazgos, como ya lo han hecho en la huaca Tomabal. Andina
La presencia de recintos específicamente diseñados para rituales de fuego indica que, hace 4,500 años, ya existía una clase sacerdotal o de especialistas rituales con suficiente autoridad para organizar la construcción de edificios complejos y coordinar ceremonias colectivas. Este hallazgo forma parte del plan quinquenal del PAVI (2023–2028), que tiene como objetivo estudiar el surgimiento de la complejidad social durante el Precerámico Tardío en el valle de Virú. Con este hallazgo se han investigado 4 de los 7 sitios con arquitectura monumental en el valle de este periodo. Perú 21


Galería de imágenes


Foto 1 – El Peruano: Vista general de los trabajos arqueológicos en el valle de Virú, La Libertad.

Foto 2 – El Peruano: Fogones ceremoniales documentados durante las excavaciones en las huacas Cerrito 2 y 3.

Foto 3 – El Peruano: Detalle de las estructuras arquitectónicas con esquinas curvas.

Foto 4 – El Peruano: El equipo del PAVI durante los trabajos de campo en el valle de Virú.

Foto 5 – Agencia Andina / Feren Castillo: El director del PAVI, Feren Castillo Luján, en el sitio arqueológico.

Foto 6 – Agencia Andina: Plataforma con enlucido amarillo ocre hallada en la huaca Cerrito 2.

Foto 7 – Infobae / Andina: Vista de los hallazgos en el valle de Virú.

Foto 8 – Infobae / Andina: Fogones ceremoniales en altares del Arcaico Tardío.

Foto 9 – Infobae / Andina: Recintos conectados y plataformas de esquinas curvas en el complejo arqueológico.


Patrimonio en riesgo: Estado actual y desafíos del sitio arqueológico de Muyu Orqo en Cusco

En el corazón del valle del Cusco, rodeado por el crecimiento incesante de la ciudad moderna, se alza el sitio arqueológico de Muyu Orqo. Este promontorio estratégico, visible desde puntos clave como Sacsayhuamán, no es solo un accidente geográfico, sino un testigo silencioso de milenios de historia, albergando ocupaciones que van desde el periodo Formativo hasta el apogeo del Imperio Inca. Sin embargo, hoy en día, Muyu Orqo enfrenta una batalla crítica por su supervivencia ante la presión urbana y el deterioro ambiental.

El sitio se divide en tres sectores claramente diferenciados por su ubicación y función histórica. El Sector Alto, en la cima del cerro, resguarda las evidencias más antiguas: una plaza hundida y contextos ceremoniales del periodo Formativo Medio, investigados en décadas pasadas. El Sector Medio, caracterizado por un sistema de terrazas agrícolas, corresponde mayormente al Periodo Intermedio Tardío. Finalmente, el Sector Bajo, el más monumental y visible actualmente, alberga un conjunto de kallankas (grandes recintos rectangulares) de factura Inca. Estas estructuras, alineadas en un eje norte-sur, funcionaron como espacios residenciales o administrativos de la élite cusqueña, demostrando la importancia del lugar en la planificación imperial.

A pesar de su relevancia histórica, el diagnóstico de conservación de Muyu Orqo es preocupante. La expansión urbana de la ciudad del Cusco ha cercado el sitio; las viviendas de las asociaciones vecinales colindantes, como Wimpillay Alto, han invadido zonas de amortiguamiento e incluso áreas arqueológicas. La construcción de trochas carrozables ilegales dentro del polígono intangible ha desestabilizado los taludes, provocando presión sobre los muros incas y acelerando su colapso. Además, el sitio se ha convertido en ocasiones en botadero de basura o lugar de tránsito peatonal descontrolado, lo que agrava el deterioro antrópico.

Las kallankas del Sector Bajo, aunque han sido objeto de intervenciones de restauración por parte del Ministerio de Cultura, presentan patologías estructurales serias. Se ha identificado el pandeo de muros debido al empuje de la tierra y la humedad filtrada desde las laderas superiores. Muchas secciones de la mampostería original han colapsado o presentan erosión basal severa, poniendo en riesgo la estabilidad de los paramentos que aún quedan en pie. La pérdida de mortero y la erosión de las cabeceras de los muros por la exposición a la lluvia y el viento completan un cuadro de deterioro que requiere atención técnica inmediata y constante.

Más allá de los problemas físicos, Muyu Orqo sufre de una desconexión con su entorno social. Aunque es un patrimonio monumental, la falta de una puesta en valor integral y de programas educativos efectivos ha hecho que muchos vecinos lo vean más como un terreno baldío que como un legado cultural. La vegetación descontrolada cubre gran parte de las terrazas y estructuras de los sectores medio y alto, invisibilizando la magnitud real del asentamiento y dificultando su protección.

Sin embargo, el potencial de Muyu Orqo es inmenso. Su ubicación dentro del casco urbano lo convierte en un candidato ideal para convertirse en un parque arqueológico integrado a la ciudad, un espacio donde la historia y la comunidad puedan convivir. Las investigaciones realizadas por arqueólogos como Julinho Zapata y la propia autora del diagnóstico confirman que el sitio fue un centro ceremonial y administrativo de primer orden, conectado visual y simbólicamente con el sistema de Ceques del Cusco.

La situación de Muyu Orqo es un llamado a la acción. Se requiere no solo intervenciones de conservación curativa en los muros, sino una gestión integral que involucre a las autoridades locales y a la población vecina. La defensa de este sitio no es solo la preservación de piedras antiguas, sino la protección de un capítulo fundamental de la historia cusqueña que corre el riesgo de ser borrado por la modernidad. Solo a través de la sensibilización y la gestión responsable se podrá asegurar que Muyu Orqo siga vigilando el valle del Cusco para las generaciones futuras.

Referencia: Gutiérrez Báez, R. L. (2025). Estado situacional del sitio arqueológico de Muyu Orqo en la ciudad de Cusco. Ñawpa Marca: Revista de investigaciones sociales andinas y amazónicas, 5(15), 141-151.

Descubrimientos Arqueológicos en la Amazonía: Pinturas Rupestres, Grabados y Conexiones Culturales

La Amazonía peruana sigue revelando secretos de su pasado a través de hallazgos arqueológicos que demuestran una rica presencia humana desde la época de los cazadores-recolectores hasta sociedades más complejas. Pinturas rupestres y grabados dan testimonio de una interacción cultural que se extendió más allá de la selva, conectando la costa, la sierra y la Amazonía en tiempos prehispánicos.

El Descubrimiento de las Pinturas Rupestres en Yamón

Uno de los primeros registros de pinturas rupestres en la Amazonía se dio casi por casualidad. En la década de 1970, César Olano, un joven de Yamón (provincia de Utcubamba, Amazonas), recordó haber visto estas manifestaciones artísticas en su infancia mientras buscaba una res perdida. Años después, tras estudiar en Lima y visitar una exposición sobre las cuevas de Altamira (España), regresó a su tierra natal y documentó las pinturas en un reportaje publicado en 1976.

Posteriormente, el arqueólogo Daniel Castillo Benítez, junto con la especialista argentina María Susana Barrau, realizó una prospección en la zona, registrando no solo las pinturas ya conocidas, sino también nuevos sitios. Uno de los hallazgos más llamativos ocurrió tras un movimiento telúrico que desplazó una roca, dejando al descubierto una escena en la que un grupo de personas realiza una reverencia hacia una figura parcialmente perdida.

Sitios Arqueológicos Clave en la Amazonía

Entre los lugares más destacados estudiados por Castillo Benítez se encuentran:

  • El Idulo (Amazonas): Un panel rupestre con una figura antropomorfa de manos con diez dedos cada una, ubicado en un espacio rocoso especialmente acondicionado, lo que sugiere una planificación ritual.

  • Zapatalgo y Carachupa (Lonya Grande, Amazonas): Grabados rupestres que muestran escenas de caza y rituales.
  • El Higuerón I (Valle de Chicama, La Libertad): Pinturas que evidencian técnicas de caza similares a las de la selva.
  • Las Guitarras y Monte Calvario (Poro Poro, Cajamarca): Grabados y pinturas con motivos geométricos y zoomorfos.Técnicas de Caza y Conflictos por Territorios

Las pinturas rupestres amazónicas revelan métodos de caza que coinciden con los registrados en otras zonas del Perú, como Toquepala (Tacna). Entre las escenas representadas destacan:

  • Uso de estacas y trampas para capturar venados, animales que, según testimonios locales, solían transitar por los mismos senderos.
  • Perros de caza ayudando a acorralar a las presas.
  • Representaciones de conflictos entre grupos humanos por el control de cotos de caza (llamados chacos).
 

Intercambio Cultural entre Costa, Sierra y Selva

Uno de los aspectos más fascinantes de estos hallazgos es la evidencia de intercambio comercial y cultural entre regiones. Castillo Benítez señala que se han encontrado cerámicos de influencia Chimú en la Amazonía, lo que respalda la hipótesis de Ruth Shady sobre la interconexión de las culturas prehispánicas.

Este comercio explicaría por qué en la costa peruana se representaban animales amazónicos, como monos y jaguares, en su arte y cerámica. Además, se cree que existieron rutas comerciales aún no exploradas que conectaban la Amazonía con la sierra y la costa, un campo prometedor para futuras investigaciones.

Conclusiones

Los descubrimientos arqueológicos en la Amazonía peruana no solo enriquecen nuestro conocimiento sobre las culturas antiguas, sino que también desafían la idea de que la selva estuvo aislada del desarrollo cultural andino y costeño. Las pinturas rupestres, cerámicos y grabados son ventanas a un pasado en el que la interconexión entre regiones fue clave para el desarrollo de las sociedades prehispánicas.

¿Qué otros secretos guarda la Amazonía? A medida que avanzan las investigaciones, es probable que sigamos encontrando respuestas —y nuevas preguntas— sobre este fascinante legado cultural.


Fuentes:

  • Entrevista a Daniel Castillo Benítez (El Peruano, 29/05/2025)
  • Investigaciones sobre arte rupestre en Utcubamba y Cajamarca
  • Hipótesis de Ruth Shady sobre intercambios interregionales.

 

Gran Pajatén al descubierto: Tecnología LiDAR revela una inmensa metrópoli oculta bajo la selva

Durante décadas, el Gran Pajatén ha sido el «Dorado» inaccesible de la arqueología peruana. Ubicado en el corazón del Parque Nacional del Río Abiseo, se pensaba que este sitio era un enclave ceremonial aislado y solitario entre la bruma. Sin embargo, una nueva investigación liderada por el World Monuments Fund (WMF) ha derrumbado esa hipótesis: el sitio es mucho más grande de lo que imaginábamos.

Gracias al uso de tecnología láser (LiDAR) y fotogrametría avanzada, se han identificado más de 100 nuevas estructuras arqueológicas que permanecían invisibles bajo la densa vegetación amazónica. Este hallazgo multiplica exponencialmente el tamaño conocido del sitio, pasando de las 26 estructuras registradas en la década de 1980 a un complejo urbano masivo que redefine nuestro entendimiento de la cultura Chachapoyas.

Por: Jaime Briceño

Durante bastante tiempo, el imaginario arqueológico peruano concibió al Gran Pajatén como un santuario solitario, una suerte de «isla de piedra» perdida en el mar verde del Parque Nacional del Río Abiseo, compuesta por apenas 26 estructuras circulares. Sin embargo, esta visión ha quedado obsoleta.

Una ambiciosa investigación multidisciplinaria liderada por el World Monuments Fund (WMF), ejecutada entre 2022 y 2024, ha confirmado mediante tecnología LiDAR que la selva ocultaba una compleja red urbana. Se han identificado más de 100 nuevas estructuras arqueológicas, un hallazgo que cuadruplica la extensión conocida del sitio y redefine nuestra comprensión sobre cómo la cultura Chachapoya dominó la Amazonía andina.

A continuación, desglosamos todos los detalles de esta expedición que combinó la ingeniería de punta con el respeto a los caminos ancestrales.

1. La Travesía: Cruzando la cordillera por el Qhapaq Ñan

Para entender la magnitud del hallazgo, primero hay que entender lo difícil que es llegar allí. Según detalla el informe de PuntoEdu (PUCP), el Gran Pajatén no es solo remoto geográficamente, es un desafío físico.

El equipo de investigadores no llegó en helicóptero directo a la zona. La logística implicó seguir las huellas de los propios Chachapoya e Incas:

El equipo tuvo que cruzar el abra que divide las cuencas hidrográficas del Pacífico y el Atlántico.

Caminaron por un antiguo ramal del Qhapaq Ñan, el sistema vial andino, que aún serpentea por estas montañas.

La etapa final requirió un ascenso extenuante de siete horas entre la densa vegetación del bosque de neblina hasta alcanzar los muros.

Esta dificultad de acceso ha sido, históricamente, el mejor guardián del sitio, protegiéndolo del saqueo masivo pero también manteniéndolo oculto a la ciencia integral… hasta ahora.

2. Antecedentes: Los pioneros peruanos (1960-1980)

Es vital reconocer que este descubrimiento se apoya en hombros de gigantes. La Agencia Andina ofrece una cronología precisa que reivindica el esfuerzo nacional:

El hallazgo civil (Años 60): El sitio no fue «descubierto» por académicos extranjeros, sino por pobladores de la provincia de Pataz (La Libertad). Fue el alcalde de dicha localidad, Carlos Torrealva, quien lideró una audaz expedición con machete en mano, enfrentando condiciones climáticas adversas para revelar las ruinas al Perú y al mundo.

La primera intervención oficial (1965): El arquitecto Víctor Pimentel dirigió la primera expedición científica del Estado, enfocándose en la limpieza y el desbroce de la vegetación que devoraba las piedras.

Las excavaciones de Bonavia: Poco después, el renombrado arqueólogo Duccio Bonavia realizó las primeras excavaciones sistemáticas, definiendo la cronología inicial.

El estancamiento (Años 80): Hacia la década de 1980, se había logrado documentar y consolidar las famosas 26 estructuras del sector principal (datadas en el siglo XIV). Paralelamente, el Dr. Federico Kauffmann Doig investigaba los mausoleos cercanos de Los Pinchudos, pero la densa selva impidió ver la conexión entre ambos sitios.

3. El Salto Tecnológico: «Sin LiDAR, hubiéramos visto solo diez más»

La selva alta es engañosa. Uno puede estar parado a dos metros de un muro monumental y no verlo por la espesura del follaje. Aquí es donde entra la tecnología de 2025.

El proyecto utilizó LiDAR (Light Detection and Ranging), un sistema que dispara pulsos láser desde el aire (drones) y escáneres terrestres. Estos pulsos penetran los huecos entre las hojas, rebotan en el suelo y regresan al sensor, permitiendo «borrar» digitalmente los árboles y revelar la topografía exacta del terreno.

Juan Pablo de la Puente Brunke, director ejecutivo de WMF Perú, explicó a la PUCP la importancia crítica de esta herramienta:

«Gracias a la exploración arqueológica tradicional más el registro LiDAR, se ha identificado que hay más de 100 estructuras. Sin la nueva tecnología, habríamos avanzado diez o veinte estructuras, nada más, pero el LiDAR te permite ver a través de la cobertura vegetal».

El resultado es un nuevo mapa donde aparecen terrazas, muros de contención y, lo más importante, caminos prehispánicos que conectan el Gran Pajatén con asentamientos vecinos como La Playa y Papayas. Esto confirma que no era un sitio aislado, sino el nodo central de una red sociopolítica articulada.

4. Una expedición sostenible: «Cirugía fina» en la selva

Un aspecto que destaca PuntoEdu y que diferencia a esta expedición de las del siglo XX es su enfoque ambiental. Trabajar en el Parque Nacional del Río Abiseo (Patrimonio Mundial Mixto de la UNESCO) exigía un impacto cero.

Energía Limpia: Todo el campamento y los equipos tecnológicos operaron exclusivamente con energía solar, evitando el ruido y la contaminación de generadores a combustible.

Corredores Biológicos: El equipo incluyó no solo arqueólogos e ingenieros, sino también botánicos y especialistas ambientales. Ellos diseñaron las rutas de tránsito del personal para asegurar que no se cortaran ni interfirieran los corredores naturales por donde transita la fauna local (como el oso de anteojos o el mono choro de cola amarilla).

Intervención mínima: Se trató de una operación de «cirugía fina», removiendo vegetación solo donde era estrictamente necesario para la conservación, manteniendo el equilibrio del ecosistema.

5. Arquitectura y Conservación: Salvando la Estructura 1

Más allá del escaneo digital, el equipo realizó intervenciones físicas urgentes, especialmente en la icónica Estructura 1, famosa por sus frisos de piedra pizarra y arenisca con motivos antropomorfos (los «Pinchudos») y geométricos.

Según detalla Andina, el desafío era estabilizar un edificio sometido a lluvia perpetua. El equipo de conservación, liderado por el Dr. Ricardo Morales Gamarra, realizó:

Limpieza controlada: Retiro manual de raíces leñosas que estaban desplazando las piedras.

Tecnología de materiales: Se desarrolló una mezcla de arcilla y aglomerantes compatible con la original. Aquí fue clave la participación de artesanos de las comunidades locales, cuyo conocimiento tradicional se fusionó con la ciencia para crear morteros que resistan la humedad sin dañar la autenticidad del monumento.

Reforzamiento estructural: Se aseguraron las escaleras de acceso y los muros perimetrales que estaban en peligro de colapso inminente.

Conclusión: Un nuevo capítulo

Este hallazgo de 2025 nos obliga a reescribir los libros de historia. El Gran Pajatén ya no es esa «ciudad perdida» solitaria. Es una metrópoli que demuestra la capacidad de los Chachapoya para urbanizar y administrar uno de los terrenos más agrestes del planeta.

Aunque el acceso turístico sigue siendo restringido para proteger este frágil patrimonio mixto, la documentación digital obtenida permitirá, muy pronto, que el mundo recorra virtualmente esta maravilla sin romper una sola rama.

¿Se puede visitar?

Aunque el hallazgo es monumental, el acceso turístico sigue siendo restringido. El Parque Nacional del Río Abiseo es un Patrimonio Mundial Mixto de la UNESCO (natural y cultural) extremadamente frágil. La buena noticia es que toda esta documentación digital servirá para crear experiencias inmersivas y visitas virtuales que pronto estarán disponibles, permitiéndonos caminar por esta metrópoli de la selva sin dañar ni un solo musgo.

El Gran Pajatén ha despertado de su sueño de siglos, y tal parece que tiene mucho más que contarnos.


Fuentes consultadas:

Fuentes Consultadas para este Informe:

World Monuments Fund (WMF): «Discovery of Over 100 Archaeological Structures At Gran Pajatén» (Press Release, Mayo 2025).

PuntoEdu PUCP: «Descubrimiento en el Gran Pajatén: 100 nuevas estructuras…» (Información logística, ambiental y declaraciones).

Agencia Andina: «El Gran Pajatén: ¿Cómo se dieron los nuevos hallazgos…?» (Contexto histórico detallado y expediciones previas).

National Geographic Historia: Contexto cultural de los Chachapoya.

Galeria fotográfica y video del Gran Pajatén

 

 

La profanación de un legado ancestral: Ibai Rider y la destrucción de un sitio arqueológico peruano

En una búsqueda desesperada por fama y seguidores, algunos influencers han cruzado todos los límites, poniendo en peligro tanto su propia vida como el patrimonio cultural de nuestros antepasados. Ibai Rider, un conocido youtuber español, se ha convertido en el último ejemplo de esta preocupante tendencia al profanar una antigua cueva en los Andes peruanos.

En un video que rápidamente se viralizó, Rider es captado manipulando sin el cuidado ni el respeto debidos restos óseos de miles de años de antigüedad en una cueva de Huancavelica, un lugar sagrado para las comunidades locales. Esta acción, además de ser un claro acto de vandalismo, representa una profunda falta de respeto hacia el legado histórico y cultural del Perú.

La cueva profanada, conocida como «La Tumba de los Gentiles», alberga restos de una civilización preincaica y es considerada un sitio de gran importancia arqueológica. Para las comunidades locales, este lugar tiene un significado espiritual profundo, ya que se cree que los restos allí encontrados pertenecen a seres dotados de poderes mágicos. Al perturbar este lugar sagrado, Rider no solo ha dañado el patrimonio arqueológico, sino que también ha ofendido profundamente a las comunidades locales.

Las consecuencias de este acto van más allá del daño material. La manipulación de restos óseos sin las medidas de protección adecuadas puede comprometer valiosa información científica y dificultar la comprensión de nuestro pasado. Además, la difusión de este tipo de contenidos en las redes sociales normaliza comportamientos irrespetuosos hacia el patrimonio cultural y fomenta la repetición de actos vandálicos similares.

Ante estos hechos, es urgente que se tomen medidas para proteger nuestro patrimonio cultural y sancionar a quienes lo dañan. Las autoridades peruanas deben investigar a fondo este caso y aplicar las sanciones legales correspondientes. Asimismo, las plataformas digitales deben tomar medidas para evitar la difusión de este tipo de contenidos y promover un uso responsable de sus plataformas.

La profanación de la tumba de los Gentiles es un llamado de atención sobre la necesidad de proteger nuestro patrimonio cultural. Es hora de que todos seamos conscientes del valor de nuestro pasado y de la importancia de transmitirlo a las futuras generaciones.

‘La Tumba de los Gentiles’: Un legado arqueológico del Perú
Este sitio, ubicado en la región andina de Huancavelica, es un espacio de relevancia histórica y cultural. ‘La Tumba de los Gentiles’, como la llaman los locales, alberga restos óseos, textiles y sogas que datan de épocas preincaicas. Según la tradición oral, estos restos pertenecen a los “gentiles”, una civilización anterior a los incas que, según las creencias, poseía poderes mágicos. Los lugareños consideran el lugar sagrado y evitan acercarse o profanarlo, pues creen que los huesos conservan energías que podrían causar enfermedades.

Complejo arqueológico Muyuqqhawa: Patrimonio Cultural de la Nación

El Ministerio de Cultura destacó la reciente declaratoria de Patrimonio Cultural de la Nación otorgada al Complejo Arqueológico Monumental Muyuqhawa, ubicado en el distrito de Alto Pichigua, provincia de Espinar, región Cusco, y afirmó que este sitio constituye un referente de la arqueología de esta jurisdicción.

Al ser un asentamiento Kana con ocupación Inca, Muyuqhawa ofrece un testimonio invaluable de la interacción entre estas dos culturas. Su arquitectura, caracterizada por muros ciclópeos, estructuras variadas y andenerías, refleja una avanzada ingeniería y un profundo conocimiento del entorno. Los contextos funerarios encontrados completan este panorama, revelando aspectos importantes de sus creencias y prácticas funerarias.

Además, por su magnitud y disposición arquitectónica se le otorga gran importancia y valor arqueológico prehispánico que justifica su preservación, conservación y salvaguarda.

Muyuqhawa fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación a través de la Resolución Viceministerial N.º 000264-2024-VMPCIC/MC. La norma aprobó, además, el expediente técnico de delimitación del Complejo Arqueológico Monumental Muyuqhawa.

El valor arqueológico, tal como señala la Ley 28296 – Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, del Complejo Arqueológico Monumental Muyuqhawa, evidencia en su arquitectura, que presenta diferentes espacios dedicados a cumplir funciones de habitación, culto, funerarias y defensa y que cronológicamente están asociadas al Intermedio Tardío y Horizonte Tardío.

El significado del Complejo Arqueológico Monumental Muyuqhawa, como un área arqueológica de gran importancia y valor en distrito de Alto Pichigua, radica en formar parte de la historia colectiva de la población tanto como espacio cultural y como hito histórico para la comunidad campesina de Molloccahua, valorado como patrimonio propio.

Cabe destacar que el expediente de declaratoria como Patrimonio Cultural de la Nación del Complejo Arqueológico de Muyuqhawa fue elaborado por profesionales de la Dirección Desconcentrada de Cultura Cusco.

Disposiciones

Esta resolución encarga a la Dirección de Catastro y Saneamiento Físico Legal, inscribir la condición cultural sobre la partida N° 11102177, ubicada dentro del polígono del expediente técnico aprobado.

También, se notifica a la comunidad campesina Molloccahua, a la Municipalidad Distrital Alto Pichigua, a la Municipalidad Provincial de Espinar, a la Dirección Regional de Turismo de Cusco, a la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco y a la Superintendencia Nacional de Bienes Estatales, para que se considere en los planes de ordenamiento territorial que se desarrollen.

Zaña revela templo ceremonial prehispánico de 5000 años: Un hallazgo que reescribe la historia

El Proyecto Arqueológico Paisajes Culturales de Úcupe-Valle de Zaña ha desenterrado un tesoro arqueológico en Zaña: un templo ceremonial de aproximadamente 5000 años de antigüedad, contemporáneo a la célebre Huaca Ventarrón. Este descubrimiento, que incluye parte de una huaca moche, reescribe nuestra comprensión de las antiguas civilizaciones peruanas y su desarrollo en la costa norte.

La arqueología peruana sigue sorprendiendo al mundo con nuevas revelaciones, y esta vez un equipo de investigadores desarrolla un trabajo pionero que acaba de descubrir en el distrito de Zaña, en la región Lambayeque, vestigios de dos estructuras monumentales, una de las cuales constituye un templo de hace 4,000 años, contemporáneo a la célebre huaca Ventarrón que tiene los murales más antiguos de América.

Los trabajos de excavación, que empezaron a inicios de junio de este año, están a cargo del Proyecto Arqueológico Paisajes Culturales de Úcupe – Valle de Zaña, cuyo director, el doctor en Arqueología, Luis Armando Muro Ynoñán, lidera un equipo conformado por colegas y estudiantes de dicha profesión nacionales y de otros países.

Tras referir que el proyecto arqueológico viene trabajando en el valle de Zaña desde el año 2022, Muro Ynoñán indicó, en entrevista con la Agencia de Noticias Andina, que esta es la segunda intervención y tiene como propósito investigar la historia precolonial de Zaña, en especial el surgimiento y desarrollo de la cultura y la religión moche en esa parte del norte peruano.

“Somos el primer proyecto arqueológico que realiza investigaciones en este sitio, el cual no tiene mayor referencia en ningún catastro arqueológico ni hay excavaciones científicas y sistemáticas que se hayan hecho antes”, enfatizó.

Templo, escalinatas, figuras divinas y muro decorado

Los trabajos de excavación de los integrantes del proyecto se centraron en el complejo arqueológico Los Paredones de la Otra Banda-Las ánimas, ubicado en el distrito de Zaña, a 48 kilómetros al sureste de la ciudad de Chiclayo, capital del departamento de Lambayeque.

“Nos hemos centrado en dos áreas que están cerca del cerro Las Ánimas y son dos frentes de trabajo que hemos abierto para explorar la historia cultural de esta gran área que se caracteriza por su naturaleza desértica, pero flanqueada por un extenso bosque de algarrobos o bosque seco contiguo a dicho cerro”, refirió.

Muro afirmó que, en una de esas unidades de excavación, cuyas dimensiones cuadrangulares son de 10 metros por lado, se encontró lo que parece ser la fechada de un templo del periodo Formativo que tendría una antigüedad estimada de 4,000 años, pendiente de precisión con el correspondiente análisis de radiocarbono, dado que presenta un tipo de arquitectura y de frisos que muestran una edad anterior a la cultura Chavín.

“Lo que hemos encontrado específicamente en ese templo, que se extiende a lo largo de toda la ladera o falda este del cerro Las Ánimas, es unos recintos delimitados por unas escalinatas que forman una especie de pequeños escenarios. Hay una escalinata central dentro de lo que pareciera ser un teatro muy antiguo que cuando uno desciende por esas escalinatas están flanqueadas por dos figuras de seres mitológicos que han sido tallados en dos lajas de adobe con diseño en alto relieve”, manifestó.

El investigador precisó que uno de los seres mitológicos es un individuo que pareciera que tiene características humanas, pero en realidad tiene cabeza de ave con unos apéndices que salen de la parte posterior de su cabeza. Además, tiene brazos y piernas de reptil con garras.

“Este ser mitológico parece ser parte de un repertorio de divinidades que eran una parte fundamental de la religión que se desarrolló entre hace 2,000 y 1,000 años antes de Cristo, lo que los arqueólogos llamamos el periodo Inicial y que sería anterior a Chavín en alrededor de 1,000 años. Pareciera que la religión Chavín  forja estos seres mitológicos en templos que se encuentran en la Costa y luego se consolidan como religión en el famoso templo de Chavín de Huántar ubicado en la sierra de Áncash”, explicó.

La otra laja de adobe, que parece imitar la figura del ser mitológico mencionado, fue encontrada fracturada e incompleta al otro lado de la escalinata que también está muy dañada por el huaqueo o extracción clandestina e ilegal del patrimonio arqueológico en la zona.

Además del templo y de las sorprendentes figuras de connotación religiosa, los arqueólogos encontraron al otro lado del recinto parte de un muro perimétrico que presenta un diseño decorativo de colores blanco, negro y azul.

Muro Ynoñán aclara que esta última tonalidad es bastante rara para esta arquitectura muy temprana y por ello existe expectativa por conocer el resultado del análisis al que será sometida la muestra extraída del muro para conocer que tipo de elementos minerales fueron utilizados por los antiguos peruanos que construyeron el muro perimétrico para obtener ese pigmento decorativo.

“El diseño es muy interesante también porque presenta una especie de círculo grande de color rojo que al centro tiene una voluta de color blanco. Es un diseño bastante grande y aún estamos en proceso de excavación de este muro decorado para ver que tipo de diseño presenta. Parece que este diseño circular encontrado forma parte de un diseño mayor que aún no podemos ver porque el muro está dentro de los perfiles de la excavación. Cuando avancemos con la excavación tendremos mayor certeza sobre el diseño pictórico mural en esta parte del templo”, aseveró.

Muro Ynoñán consideró que este templo sería una de las estructuras más antiguas que se han excavado hasta ahora, que pertenecen al periodo Formativo y que sería contemporáneo a la huaca Ventarrón, ubicada en el distrito de Pomalca, departamento de Chiclayo, donde se encontraron los murales prehispánicos más antiguos de América.

Además del hallazgo de esta notable estructura, los arqueólogos descubrieron los restos óseos de dos individuos adultos que fueron enterrados cerca del templo. “Falta determinar el perfil biológico de ambas personas que fueron enterrados siguiendo un patrón prehispánico andino clásico del periodo Formativo, de manera flexionada y reposando sobre uno de los lados del cuerpo, según el cual estar cerca de los espacios rituales era un privilegio particular que solo tenían los grupos de poder y las élites gobernantes”, explicó.

“Ambos individuos se encontraban cerca de los pisos de este templo, quienes habrían tenido algún vínculo con el espacio ritual, como sacerdotes asociados al culto o sus sirvientes más cercanos, o tuvieron el privilegio de ser enterrados cerca a los espacios más sagrados por pertenecer a la élite”, añadió.

Sin embargo, aclaró que ambos restos óseos fueron encontrados sin ninguna prenda de vestir, ajuar u ofrendas. “Esto no quiere decir que no tenían estos accesorios, sobre todo de carácter orgánico, porque debido al tiempo transcurrido es posible que estas se desintegren”, dijo.

Muro Ynoñán no descartó que cerca del templo exista algún cementerio o tumba de algún individuo importante en aquella época. “Cuando se amplíen las excavaciones en un futuro tal vez encontremos algún agrupamiento de tumbas en este sector”, comentó.

Aunque no se encontró materiales asociados a las osamentas, los arqueólogos encontraron ceniza de material carbonizado en fogones, los cuales serán analizados específicos para confirmar la antigüedad estimada del sitio arqueológico y de qué material proviene la ceniza.

Huaca moche intacta al interior de una duna

El director del Proyecto Arqueológico Paisajes Culturales de Úcupe – Valle de Zaña dio a conocer que, en la segunda unidad de excavación, ubicada al frente del cerro Las Ánimas, se descubrió una huaca completa perteneciente a la cultura moche.

“Estamos hablando de una estructura que, al parecer, fue construida en el año 600 después de Cristo. Lo que parecía inicialmente una duna es, en realidad, una huaca de gran tamaño de la cultura moche que estuvo cubierta totalmente por arena hasta el presente. Ha sido muy interesante el proceso de excavación porque prácticamente hemos removido estos estratos superficiales de arena para exponer la tremenda construcción que se encuentra debajo”, expresó.

La presunción de que esta estructura arquitectónica pertenece a la cultura moche se basa en el tipo de adobes utilizados en su construcción y por el tipo de una de las fachadas que se ha explorado, que se caracteriza por su diseño escalonado y que es típico de la cultura moche, cultura que se desarrolló en el Perú en el periodo Intermedio Temprano y el Horizonte Medio, argumentó.

“Entonces, tenemos dos construcciones que están muy cerca y que están dentro de esta gran reserva y que están separadas en el tiempo por aproximadamente 2,000 años”, puntualizó.

Relievó también que en la segunda unidad de excavación se identificó el entierro de un infante, de aproximadamente 7 u 8 años, perteneciente a un periodo posterior. “Este menor fue enterrado en un relleno constructivo ubicado en la parte baja de la huaca, al parecer como una ofrenda humana. No sabemos todavía si fue sacrificado o si fue colocado allí luego de su muerte, porque hay que esperar los estudios bioarqueológicos que determinen la causa de muerte del infante”, anotó.

También se encontró fragmentos de cerámica, huesos de animales, restos de moluscos como conchas marinas que fueron utilizadas al parecer como prácticas de consumo.

Asimismo, se descubrió en unos pisos de la huaca moche evidencias de huellas o pisadas humanas que pertenecerían a los constructores de la estructura monumental cuando los adobes estaban todavía frescos. “El análisis de esta evidencia nos permitirá estimar la altura de los individuos moche que dejaron su marca en la construcción de este templo”, sostuvo.

Trabajo pendiente

Muro Ynoñán adelantó que los trabajos de excavación arqueológica culminarán la próxima semana y luego se deberá cubrir todas las zonas excavadas, de acuerdo con la normativa del Ministerio de Cultura.

“Hay mucho trabajo por hacer en este sitio arqueológico, porque se trata de un territorio que todo indica que ha sido ocupado de forma intensiva a lo largo de miles de años en la prehistoria andina”, sostuvo.

Luego de la intervención en la zona del cerro Las Ánimas, el equipo de arqueólogos del proyecto de investigación se dirigirá a la zona de Úcupe, que es un sitio arqueológico de la etapa temprana de la cultura moche y que se ubica a pocos kilómetros de Zaña, para realizar excavaciones durante el mes de julio.

“Lo que nos interesa investigar en Úcupe es entender el proceso constructivo de las huacas moche construidas allí; es decir cuándo exactamente se construyeron, por qué se construyeron, cómo se constituye la religión moche en relación con el mensaje sagrado que representa Úcupe. No estamos interesados en la búsqueda de tumbas sino de poder explorar la mayor cantidad de arquitectura posible para poder entender cómo estos habitantes del valle construyeron un paisaje sagrado en relación con el bosque y el río que pasa cerca de allí. Queremos develar aspectos de la religiosidad y la política moche en época muy temprana”, sostuvo.

Posteriormente, a partir de agosto, empezará la etapa de análisis y catalogación de los materiales encontrados, así como del estudio en nuestro laboratorio ubicado en Zaña y elaboración de los informes para el Ministerio de Cultura en un plazo que se extenderá hasta diciembre de este año.

Amenaza del huaqueo

El arqueólogo Muro Ynoñán señaló que, a pesar de contar con protección provisional y una delimitación preliminar, el sitio arqueológico continúa amenazado por el huaqueo y la depredación.

“En el marco de nuestra investigación hemos estado conversando con las autoridades del distrito de Zaña y de la provincia de Chiclayo, quienes han acudido a la zona para ver nuestras excavaciones. Hemos tenido varias conservaciones para poder tender los puentes de colaboración con todas las entidades públicas, la sociedad civil y los frentes de defensa, porque hay que sumar esfuerzos para proteger este patrimonio. Existe interés en crear un circuito turístico que incluya la visita de este sitio arqueológico, pero no se podrá hacer si no se garantiza su protección efectiva dado que sigue siendo depredado sistemáticamente hasta la actualidad”, aseveró.

Agregó que se ha gestionado ante la Municipalidad Distrital de Zaña la posibilidad de contar con vigilancia en el sitio arqueológico, sobre todo en el horario nocturno que es cuando se producen los huaqueos.

Financiamiento del proyecto

Muro Ynoñán afirmó que la investigación que lleva a cabo el Proyecto Arqueológico Paisajes Culturales de Úcupe – Valle de Zaña es financiada con la Universidad Católica del Perú, la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), el Museo de Chicago, entre otras instituciones académicas privadas que respaldan con aporte económico o con acceso a laboratorios, expertos, material comparativo y equipos especializados.

El proyecto está autorizado por Resolución Directoral N.º 000240-2024-DCIA-DGPA-VMPCIC/MC, de la Dirección General de Patrimonio Arqueológico del Ministerio de Cultura.

Asimismo, el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Lambayeque, supervisa y verifica los avances de la primera etapa de los trabajos de investigación del proyecto que busca examinar la aparición, evolución y desarrollo del centro ceremonial y cementerio de élite de La Otra Banda y Úcupe, los cuales se construyen y consolidan regionalmente entre los periodos Formativo y Moche, en asociación a varios otros centros emergentes en el Valle de Jequetepeque y Lambayeque.

“Estamos en búsqueda de financiamiento para continuar las excavaciones el siguiente año, en un periodo más amplio de tres o cuatro meses para tratar de develar la mayor cantidad de evidencia arqueológica posible”, adelantó.

Equipo de investigación

El equipo de arqueólogos que lidera Luis Muro Ynoñán está conformado por colegas de varias nacionalidades y especialistas en diversos ámbitos de esa profesión.

Entre ellos destaca Renata Verdun da Silva, arqueóloga brasileña que estudia un doctorado en Arqueología; el jefe de campo Hoover Rojas, arqueólogo egresado de la Universidad Nacional de Trujillo. A ellos suman egresados y estudiantes de Arqueología de varias universidades peruanas y de otros países como Francia, Brasil, Chile, entre otros. “Nuestro proyecto de investigación está muy comprometido con crear espacios de formación de nuevos arqueólogos y hacer ciencia de alto nivel”, subrayó.

Realizan trabajos de preservación del sitio arqueológico Las Chullpas de Ayapata en Apurímac

El Gobierno peruano, a través del Ministerio de Cultura y del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, en coordinación con la Municipalidad Distrital de Huancaray, vienen realizando trabajos de limpieza, mantenimiento y acondicionamiento del Sitio Arqueológico Las Chullpas de Ayapata, en el distrito de Huancaray, provincia de Andahuaylas, Apurímac.

Esta labor conjunta se realiza a través de la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) Apurímac y la Municipalidad de Huancaray, en el marco del Programa Llamkasun Perú del Ministerio de Trabajo, con un presupuesto de S/152 802.00, generando 55 trabajos temporales a los pobladores de la zona, en un plazo de 32 días.

De esta manera, se pone en agenda pública, la suma de esfuerzos de los sectores para generar trabajo temporal, haciendo de los recursos culturales, instrumentos para fortalecer la identidad nacional, promover la preservación y reactivación económica, a través de mujeres y jóvenes trabajadores.

Además, en el lugar, se instalarán paneles informativos e hitos perimétricos, para mejorar la experiencia de los visitantes y preservar este importante patrimonio cultural.

Por su parte, la DDC Apurímac realiza el monitoreo e inspecciones para un trabajo adecuado, de conformidad a nuestras normas sobre la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación.

“Estas acciones refuerzan nuestro compromiso con la preservación del patrimonio cultural y arqueológico de Apurímac, asegurando que generaciones futuras puedan seguir disfrutando y aprendiendo de estos importantes vestigios históricos”, dijo la ministra de Cultura, Leslie Urteaga.

Cabe destacar que, mediante la Resolución Directoral N° 000035-2021-DGPA/MC, el 16 de febrero de 2021, se determinó la Protección Provisional del Sitio Arqueológico Las Chullpas de Ayapata. Esta protección garantiza la conservación de este patrimonio hasta que se complete su declaración y delimitación definitiva.

El Sitio Arqueológico Las Chullpas de Ayapata, se encuentra en los barrios de Pampamarca y Ñawinpuquio, en el centro poblado de Natividad.