La Cestería en el antiguo Perú

Unas de las actividades productivas más antiguas de la humanidad, incluso antes de la domesticación de las plantas, es nada menos que la práctica de organizar fibras vegetales en bellos tejidos; nos referimos a las actividades de cestería. Aunque en la actualidad representa una actividad económica relegada a las artesanías, en tiempos muy remotos de la humanidad fue crucial para la subsistencia y desarrollo cultural. Los registros arqueológicos más antiguos que se tienen provienen de los asentamientos paleolíticos de Moravia, República Checa, con una antigüedad que va de los 27000 a 29000 cal. AP. (Adovasio, 2010). Se trataba de impresiones en barro, donde se pudo identificar variedades de la técnica entrelazada; evidenciando un alto grado de desarrollo tecnológico alcanzado por la humanidad en sus inicios.

Autor:
Rubén H. Buitron Picharde
Jefe del laboratorio del Complejo Arqueológico El Brujo
Fuente: Complejo Arqueológico El Brujo
Título original: Actividades económicas del antiguo Perú: La Cestería

En el caso de los Andes sudamericanos, a la fecha, los reportes más tempranos de cestería y cordelería se encuentran en la cueva de Guitarrero (Fig.1), ubicado en el Callejón de Huaylas. Los fragmentos de cestería entrelazada y cordelería fueron datados entre los 12800 y 10600 cal. AP. (Jolie et al., 2011). Según sus investigadores, los artefactos en fibra vegetal fueron parte del equipamiento esencial para el internamiento y dominio de las zonas altoandinas, por parte de los primeros grupos que poblaron esta parte del continente.

cestería con técnica entrelazada descubierta en la Cueva de GuitarreroFig.1. Fragmentos de cestería con técnica entrelazada descubierta en la Cueva de Guitarrero (Jolie et al., 2011)

En relación a la franja costera andina, los reportes de cestería más antiguos se encuentran en los sectores pre monticulares de la Huaca Prieta, Valle de Chicama. Las últimas investigaciones (Dillehay et al., 2017) han reportado fragmentos de cestería en junco, elaborados mediante dos variantes de la técnica del entrelazado, fechados para los 10.600 y 11.159 años cal. AP. Debido a lo tupido y rígido de los fragmentos se plantea hipotéticamente que hayan servido como trampas, parte de cestos para pescar o a modo de petate para el piso. Lo cierto es que su importancia reside en su vínculo con las actividades económicas de subsistencia a inicios del desarrollo humano.

Para los 3 000 a.C. la cestería y cordelería ya contaban con un desarrollo importante y distribución en gran parte del territorio Andino, prueba de ello es el cementerio arcaico de Chilca, pueblo 1, ubicado al sur de la ciudad Lima. En este sitio se descubrió una aldea y un cementerio, donde los petates y bolsos eran los artefactos más usados en sus fardos funerarios (Fig.2). De igual forma que en épocas posteriores, la técnica del entrelazado, en sus variantes abierta y espiral son las que más predominan (Engel, 1988). Acá podemos evidenciar que estos artefactos ya cubrían otras necesidades de la vida social como elaboración de casas, almacenaje, prácticas funerarias e incluso se pudo identificar artefactos en fibra vegetal con forma de animales a modo de juguetes.

Patrón funerario en ChilcaFig.2. Patrón funerario en Chilca, Pueblo1. Nótese el uso normalizado de petates en sus fardos funerarios (Engel, 1988).

El progresivo desarrollo de las sociedades prehispánicas elevó la demanda de artefactos de cestería, otorgándole un gran valor a las áreas naturales donde se extraían las materias primas. Nos referimos principalmente a las lagunas y humedales, lugares donde se recolectaba y cultivaba el junco (Juncus), la totora (Schoenoplectus californicus) y diversas especias de eneas. Según María Rostworowski (2016), la demanda de estas plantas para la elaboración de petates y cestas fue tan intensiva que, en 1654, el cacique de Huamán (Trujillo) solicitaban, al gobierno español, derechos sobre varias lagunas pantanosas para el cultivo de juncos.

Como hemos podido ver, la cestería cumplió un rol muy importante en la vida de las sociedades prehispánicas; pero además representa el antecedente directo de los textiles tal como los conocemos, una vez que el algodón es domesticado allá por los7800 cal AP  (Rossen, 2011). Un ejemplo de lo que decimos son los textiles de algodón descubiertos en la Huaca Prieta. Fueron elaborados mediante las mismas técnicas entrelazadas de la cestería y datan de los 6200 cal AP (Splitstoser et al., 2016).

En relación a los procesos productivos implicados en la cestería, se tuvo cuatro pasos principalmente:

– Recolección: Nos referimos a la extracción de la materia prima, ya sea cultivada o no. Según estudios sobre el manejo de estas plantas en poblaciones modernas de la costa peruana (Aponte, 2009), indican que las fibras pueden ser recolectadas en humedales casi todo el año, aunque los pobladores modernos evitan los meses de verano para evitar plagas. Su recolección puede ser manual mediante la extracción directa, pero suele dejarse los rizomas en el sustrato para que puedan volver a crecer.

– Secado: Una vez cortada la materia prima, eran transportados a puntos de secado. Las fibras deben perder toda humedad para que sean más ligeras y moldeables. Por ello, se expone al sol por algunos días. En este proceso pierden su color verde y obtienen ese color amarillo característico.

– Seleccionado: Antes de ser transportados para su posterior tejido, son seleccionados según tamaño, calidad de fibras y el tipo de uso que tendrá. Como señalamos líneas arriba, la cestería posee una variada gama de productos destinados a la construcción, practicas mortuorias, objetos de prestigio o simplemente como petates para el suelo. Una vez seleccionados son empaquetados y llevados para que el artesano pueda tejerlos.

– Tejido: Hace referencia al conjunto de conocimientos y trabajo manual invertido por el artesano. Las técnicas dependen mucho del tipo de artefacto que se desea elaborar, así como la variedad de técnicas que el grupo social dominaba.

Pero ¿Cuáles fueron las técnicas de manufactura más utilizadas? Según James Adovasio (2010), famoso especialista en el estudio de cestería, las técnicas se agruparon principalmente en 3:

  • Técnica en espiral. Consiste en colocación un elemento, la cual es enrollado sobre sí mismo y sujetado por una serie de puntadas que otorga consistencia al tejido (Fig.3). Este elemento puede estar compuesto por un grupo de fibras, torcidas e incluso trenzadas. Se suele utilizar para la elaboración de canastas, recipientes y envoltorios. Por ejemplo, esta técnica ha sido reportada, haciendo uso de sogas trenzadas de totora como elemento principal y cuerdas de cabuya para las costuras, a modo de envoltorio de los fardos de época Wari en la Costa Central (Cornejo, 2021; Flores, 2013)

Técnica en espiralFig.3.  Técnica en espiral (Modificado de Calo, 2008).

 

  • Técnica entrelazada: Ocurre cuando dos elementos horizontales móviles sujetan elementos verticales para conformar una estructura (Brugnoli & Hoces de la Guardia, 1998) (Fig.4). Esta técnica posee una cantidad importante de subvariantes que permiten elaborar diversos artefactos como petates, cestas, costureros y etc. Tanto en Guitarrero como en Huaca Prieta se descubrió una cantidad importantes de artefactos que presentan esta técnica, siendo una de las técnicas de cestería más usada en los Andes en épocas tempranas.

Técnica del entrelazadoFig.4. Técnica del entrelazado (Adovasio, 2010)

 

  • Técnica tejida: Se obtiene cuando se entrecruza elementos verticales y horizontales para conformar una estructura tupida y consistente (Fig.5). Al ser una técnica más versátil sirve para la elaboración de esteras, petates, tocados, coronas, recipientes, etc. De igual forma que en el entrelazado, esta técnica cuenta muchas varias entre los que destacan llanos y sargas.

Técnica tejida del tipo sargaFig.5.  Técnica tejida del tipo sarga (Adovasio, 2010)

Gran parte de los artefactos de cestería solían elaborarse con varias de estas técnicas (Fig.6); asimismo se tiene reportes de otras técnicas como el calado, trenzado, etc., pero que fueron trabajados en menor cantidad.

Fragmento de cesto descubierto en Huaca PrietaFig.6. Fragmento de cesto descubierto en Huaca Prieta. Nótese el uso de las técnicas entrelazado y tejida (Bird et al 1985)

La cestería en el Complejo Arqueológico El Brujo

El Complejo Arqueológico El Brujo, se encuentra próximo a la desembocadura del rio Chicama, área geográfica favorecida por humedales. Incluso en la actualidad, en temporadas de lluvias, es común la aparición de pequeños humedales donde crecen totorales y juncos (Fig.7). Esto da a pensar que, en época prehispánica, las áreas de extracción de la materia prima para la cestería fueron mucho más extensas y probablemente ampliadas artificialmente con inundaciones controladas mediante canales.

canales adyacentes a Huaca PrietaFig.7. Presencia de junco en la desembocadura de dos canales adyacentes a Huaca Prieta.

Al contar con áreas importantes de extracción y una ocupación humana de larga data, se entiende mejor el hallazgo de especímenes que superan los 10 000 de antigüedad para las fases pre monticulares de Huaca Prieta. Posteriormente, las investigaciones realizadas sobre el mismo montículo (Bird et al., 1985) concluyen que la cestería tejida y entrelazada tuvieron un grado de hegemonía hasta poco después del ingreso de los textiles de algodón. Las nuevas tecnologías entrantes como la cerámica, materiales de construcción más estables y principalmente los textiles de algodón restringieron su producción a petates, cestas y algunos artefactos de especiales.

En Huaca Cao, durante la época Mochica (200-700 d.C.), se ha reportado extensos petates rectangulares de junco, de más de 3 metros de largo, elaborados en técnica tejida del tipo sarga (2/1), que cubrían los fardos funerarios de la élite; tal como ocurrió en los fardos de la señora de Cao (Fig. 8) y dos de sus acompañantes (Mujica, 2007). Estas piezas se encuentran en los almacenes del CAEB y poseen atributos y acabados bastantes elaborados, lo cual estaría indicando que la cestería habría logrado un importante desarrollo tecnológico desde las épocas de Huaca Prieta.

Detalle del petate de junco que cubría el fardo de la Señora de CaoFig.8. Detalle del petate de junco que cubría el fardo de la Señora de Cao.

Para la época transicional (800-900 d.C.), se tiene un petate hallado en la base de la tumba 1-1995 (Franco et al., 2007). Lamentablemente no se tienen más evidencias de cestería en esta época, debido principalmente al huaqueo intensivo que han sufrido estas tumbas.

Afortunadamente, para época Lambayeque (900-1200 d.C.), se tiene reportado un cementerio. Se ubicó sobre los escombros del frontis norte de la Huaca Cao Viejo. Los entierros excavados han develado una gran variedad de artefactos en cestería como petates, costureros, bolsas y artefactos poco comunes como tocados. Esta variedad se debe, en buena medida, a que en el cementerio se enterró indistintamente a la población llana y la elite local. El manejo de técnicas es muy variado, destacando principalmente las sargas, los entrelazados y el calado, para los tocados.

Para épocas posteriores, se tiene pocas evidencias documentadas. Esto, debido que los asentamientos principales se encontraban fuera de El Brujo.

Como hemos podido ver, la cestería fue una actividad económica muy importante para la humanidad, representando uno de los pocos trabajos que se relaciona directamente con la extracción sostenible y preservación de los humedales. Este vínculo, incluso en la actualidad, hace que las poblaciones que resguardan aún estos conocimientos establezcan una relación de empatía con su medio, además de ser receptarías de conocimiento milenarios que lamentablemente se han ido perdiendo progresivamente. En ese panorama, la cestería representa una oportunidad y un legado que debemos fortalecer y resguardar para lograr un desarrollo integral y coherente de nuestra sociedad.

Bibliografía
  1. Adovasio, J. M. (2010). Basketry Technology: A Guide to Identification and Analysis. Routledge.
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  6. Cornejo, M. (2021). Complejo Arqueológico Catalina Huanca. Montículo 6: Continuidad y ruptura del Horizonte Medio en la costa central (Cornejo M.). Arenera San Martin de Porres S.A.
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  8. Engel, F. (1988). Ecologia Prehistórica Andina. El Hombre, su estabvlecimiento y el ambiente de los Andes. La vida en tierras árida y semiaridas. (Universidad Nacional Agraria La Molina). Centro de Investigaciones de zonas áridas.
  9. Flores, I. (Compiladora). (2013). Los Wari en Pucllana. La Tumba de un sacerdote. Ministerio de Cultura.
  10. Franco, R., Gálvez, C., & Vásquez, S. (2007). El Brujo: Practicas Funerarias Post Mochicas [Inédito].
  11. Jolie, E. A., Lynch, T. F., Geib, P. R., & Adovasio, J. M. (2011). Cordage, Textiles, and the Late Pleistocene Peopling of the Andes. Current Anthropology, 52(2), 285-296. https://doi.org/10.1086/659336
  12. Mujica, E. (2007). El Brujo. Huaca Cao, Centro Ceremonial Moche en el Valle de Chicama (Elías Mujica). Fundación Augusto N. Wiese.
  13. Rossen, J. (2011). Preceramic Plant Gathering, Gardening, and Farming. En T. D. Dillehay (Ed.), From Foraging to Farming in the Andes: New Perspectives on Food Production and Social Organization (pp. 177-192). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511793790.010
  14. Rostworowski, M. (2016). Recursos naturales renovables y pesca, siglo XVI-XVII; Curacas y sucesiones, costa norte. Instituto de Estudios Peruanos.
  15. Splitstoser, J. C., Dillehay, T. D., Wouters, J., & Claro, A. (2016). Early pre-Hispanic use of indigo blue in Peru. Science Advances, 2(9). https://doi.org/10.1126/sciadv.1501623

proyecto castillo huarmey
El Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey (PIACH) es el primer programa de investigaciones multidisciplinarias con excavaciones arqueológicas en área en el sitio (fotografía Miłosz Giersz).

El complejo arqueológico Castillo de Huarmey se encuentra ubicado a 1 km al este de la ciudad de Huarmey, en el distrito y provincia de Huarmey, región Ancash. El monumento está situado en el extremo norte del valle ribereño, en la entrada de un pequeño barranco seco adyacente, a unos 4 km en dirección este desde el océano Pacífico. Castillo de Huarmey resulta ser el sitio más grande del Horizonte Medio en el sur de la costa norte del Perú. Su parte marcadamente monumental se localiza en la cima de un largo promontorio rocoso que se proyecta hacia el valle. Este promontorio rocoso está formado por sedimentos piroclásticos con rocas afanas en las que aparecen, entre otros tipos, pórfido con plagioclasas y cristales de olivina, y está rodeado por suelos antropogénicos y capas eólicas del desierto costero.

El sitio abarca cerca de 45 ha, mientras que su zona intangible está conformada por 17 ha de restos de arquitectura monumental rodeados por zonas funerarias y posibles sectores residenciales dispersos. Los complejos arquitectónicos son claramente multifuncionales e incorporan espacios para posibles actividades públicas, domésticas y rituales. La mayor parte de las construcciones son visibles en la superficie. Según el catastro publicado por Bonavia (1982: 439), la parte monumental del complejo, la que abarca el llamado «El Castillo» ha sido catalogada bajo el código PV35-79, mientras que los cementerios ubicados en las partes bajas del promontorio, que rodean al núcleo monumental, han sido agrupados por el autor citado (Bonavia 1982: 438-439) en diferentes sectores de sus cementerios PV35-77 y PV35-78. Con Resolución Directoral de la Nación No 854 del día 20 de diciembre del año 1999 se declaró Patrimonio Cultural de la Nación al Complejo Arqueológico Castillo de Huarmey, que comprende tanto el monumento «El Castillo», como la mayoría de cementerios prehispánicos adyacentes.

Las primeras referencias

La historia de las exploraciones del complejo Castillo de Huarmey va ligada a los relatos sobre trabajos pioneros del padre de la arqueología peruana, Julio C. Tello y sus primeras expediciones arqueológicas (Tello 1919). Según los relatos más conocidos, en junio de 1918, Julio C. Tello descubrió una serie de objetos finamente tallados de madera que estaban a la venta en Lima, objetos de una belleza y preservación fascinante y de clara procedencia prehispánica y que, según el vendedor, habían sido encontrados en el valle de Huarmey. Obsesionado con la peculiaridad de estos artefactos, Tello soñaba con organizar una expedición arqueológica con el fin de fundar un museo. El 8 de enero de 1919, el sueño del pionero de la arqueología peruana se hizo realidad (Dagget 2009). Su primera expedición partió de la capital hacia los valles de Huarmey y Culebras, donde hizo varios descubrimientos interesantes (Tello 1919), pero no logró encontrar el lugar de origen de los artefactos de madera que motivaron su excursión científica. Desafortunadamente su equipo tuvo que cambiar de planes y escapar a la sierra vecina debido a un virulento brote de peste bubónica (Dagget 2009: 20-21).

Tello, sin embargo, no olvidó el destino original de su primera expedición a pesar del refinamiento de su interés arqueológico por la cultura Chavín. Once años más tarde le encargó a Eugenio Yacovleff, su asistente, que continuara con la prospección inconclusa en el valle de Huarmey, recorriendo la zona en marzo de 1930, según los cuadernos inéditos depositados en el Archivo Tello (Yacovleff 1930). El mismo Tello visitaba este valle cuando viajaba entre Lima y Nepeña, mientras conducía sus investigaciones en Punkurí y Cerro Blanco. En uno de estos viajes –probablemente el viernes 27 de julio de 1934– el célebre arqueólogo peruano compró otro artefacto de gran rareza al administrador del Hotel Royal de Huarmey, en este caso un tambor de cuero curtido y pintado, procedente de uno de los cementerios prehispánicos del valle (Falcón Huayta y Martínez Navarro 2009). Este instrumento membranófono, decorado con la representación pintada de un personaje frontal que lleva dos varas o cetros en las manos y al que rodea un nimbo radiante, derivado del arte tiwanaku y wari, daba fe de la importancia que esta zona costera de Ancash tuvo durante el Horizonte Medio. Aunque en Huarmey durante las siguientes décadas no se ha efectuado trabajos arqueológicos concernientes al Horizonte Medio, su fama –impulsada por la aparición de vez en cuando de nuevos ejemplos de objetos de exquisito arte wari, provenientes del saqueo de sitios arqueológicos del valle– despertaba la imaginación de los estudiosos.

tambor de huarmey
Famoso tambor de Huarmey adquirido por Julio
C. Tello en 1934, proveniente probablemente de una de las tumbas saqueadas en Castillo de Huarmey. Constituye un raro ejemplo de instrumento membranófono del Horizonte
Medio (cortesía Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú; fotografía Miłosz Giersz).

Casi 50 años más tarde de la primera visita de Julio C. Tello al valle de Huarmey, Dorothy Menzel (1968: 196) propuso la hipótesis que sostenía que en la Época 3 del Horizonte Medio (775 a 850 d.C. según los estimados iniciales de la autora citada) en esta parte de la costa ancashina surgió un nuevo centro de poder y prestigio, donde se producía una alfarería impresa de molde con diseños derivados del repertorio wari. Lastimosamente, por ausencia de investigaciones sistemáticas, la hipótesis de Menzel quedó sin respaldo por otras décadas más. Todo parecería indicar que en los tiempos de las antes mencionadas prospecciones arqueológicas pioneras de Julio C. Tello, Castillo de Huarmey yacía olvidado bajo el polvo desértico y fue un monumento intocado debido a que los campos adyacentes eran manejados directamente por sus propietarios, quienes no permitían ninguna depredación ni que se levantara una vivienda cerca que pudiera hacerle daño (Bueno Mendoza 1979).

Esta situación cambió drásticamente en la década de 1970. El terremoto del 31 de mayo de 1970 dañó la estructura del edificio monumental y probablemente –según sostienen los habitantes del lugar– expuso algunas tumbas intactas y su rico ajuar funerario, escondidas en el corazón de la plataforma de adobe y piedra. A partir de esta fecha el sitio fue saqueado por gavillas de buscadores de tesoros precolombinos a los que se conoce como huaqueros, e incluso por los pobladores del lugar, los cuales no solo depredaban las antiguas sepulturas sino que además extraían el material como si fuera una cantera, aprovechando los adobes, la tierra y las mismas vigas de madera. Las fotografías del complejo tomadas en 1979 por Frédéric André Engel (Prümers 1990, 2001) y Alberto Bueno Mendoza (1979) –cuyos originales deberían formar parte de la actual colección del Museo de Antropología y Agricultura Precolombina de la Universidad Nacional Agraria La Molina (antes llamado Centro de Investigación de Zonas Áridas, CIZA)– demuestran claramente que Castillo de Huarmey ya había sido dañado fuertemente por los excavadores clandestinos. Numerosos fragmentos de periódicos encontrados durante mis propias excavaciones sistemáticas realizadas en los escombros, confirman estas fechas tempranas de la depredación del sitio a gran escala.

Ernesto Tabío (1977) y Duccio Bonavia (1982) iniciaron sus investigaciones en la cuenca del valle de Huarmey y las zonas desérticas vecinas entre 1958 y 1960, casi tres décadas después de las prospecciones realizadas por Eugenio Yacovleff. Ambos visitaron el sitio. Parece que Bonavia lo hizo en diferentes ocasiones, siendo incluso testigo –en febrero de 1977– de la fuerte destrucción realizada por excavadores clandestinos (Bonavia 1982: 439). Las posteriores investigaciones llevadas a cabo por Donald Thompson (1966) y Hans Horkheimer (1965) en dicho valle no se centraron en los vestigios del Horizonte Medio y en «El Castillo» en particular. El sitio fue visitado y brevemente estudiado recién en 1979 por los ya mencionados Frédéric André Engel –quien preparó el primer croquis del sitio y lo documentó con fotografías (Prümers 2001: 291)– y Alberto Bueno Mendoza, quien publicó un artículo dedicado al problema de la «huaquería» ilícita (Bueno Mendoza 1979).

textil wari
Los textiles wari recogidos por Yoshitaro Amano, el famoso anticuario limeño y fundador del museo homónimo, son hasta la fecha los ejemplos más complejos y más finos provenientes de Castillo de Huarmey (cortesía Museo Amano; fotografía Miłosz Giersz).

Las primeras investigaciones en este lugar se limitaron a efectuar un reconocimiento de la superficie y a estudiar determinados artefactos arqueológicos conservados en colecciones de museos, cuya procedencia de Castillo de Huarmey había quedado comprobada. En 1963, el arqueólogo alemán Heinrich Ubbelohde- Doering realizó dos cortas visitas a este lugar animado por Yoshitaro Amano, fundador del museo limeño que lleva su nombre. Allí Ubbelohde-Doering logró reunir una amplia colección de tejidos, fragmentos de cerámica y artefactos de madera, depositados hoy en día en el Museum für Völkerkunde de Múnich. Estos materiales jamás fueron publicados ni tampoco existe un registro escrito o fotográfico en el mismo museo, excepción hecha por un catálogo de textiles recolectados en el valle de Huarmey y redactado por su esposa, Elsa Ubbelohde-Doering (Prümers 2001: 291).

William Conklin llevó a cabo un trabajo muy importante (Conklin 1979) cuando analizó la colección de textiles recogidos por Yoshitaro Amano, los cuales fueron depositados en el museo homónimo y que se asume provienen del Campanario y Castillo. A partir de la observación de las técnicas y de las representaciones iconográficas de los textiles, Conklin sostuvo que Castillo de Huarmey podría haber sido un importante centro sureño influido por los moche durante el Horizonte Medio, atribuyendo estos textiles –que indudablemente databan de la época wari– al estilo nativo mochica.

No obstante algunos fabulosos hallazgos fortuitos, Castillo de Huarmey jamás fue sometido a un estudio basado en la excavación sistemática de contextos arqueológicos primarios antes de que se organizara el Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey, una iniciativa llevada a cabo por especialistas polacos y peruanos de la Universidad de Varsovia y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en el marco de un acuerdo bilateral entre ambas instituciones y dirigida por mi persona a partir de su primera temporada iniciada a comienzos del año 2010. Se sabe, sin embargo, de algunos intentos previos, aunque infructuosos, de iniciar este tipo de estudios. Los aportes más importantes fueron efectuados por Heiko Prümers (Prümers 1990, 2001), quien entre 1985 y 1986 llevó a cabo una prospección intensiva del valle bajo de Huarmey y preparó un estudio monográfico de Castillo de Huarmey. El arqueólogo alemán lastimosamente no consiguió el respaldo institucional necesario para un convenio, lo que se requería para poder trabajar en un sitio con arquitectura monumental. Tuvo así que limitarse a analizar la colección de textiles que él mismo y Heinrich Ubbelohde-Doering recuperaran en las tumbas saqueadas alrededor de «El Castillo». Prümers (1990: 259-758) recolectó también materiales de superficie saqueados del sitio y limpió cinco pozos de huaqueros, recuperando restos interesantes de supuestos ajuares funerarios y reunió una nueva colección consistente, entre otros especímenes, de unos 1600 fragmentos de cerámica, 366 textiles y aproximadamente 1300 fragmentos de madera y mates pirograbados (entre ellos también varios utensilios de tejer como husos, piruros, ovillos, peines y espadas).

El Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey (2010-2016)

Desde el año 2010, el complejo arqueológico Castillo de Huarmey se encuentra en un constante proceso de investigación llevado a cabo por los especialistas de la Universidad de Varsovia y la Pontificia Universidad Católica del Perú, en virtud de un compromiso institucional entre ambas instituciones y con participación de diversos expertos y diferentes instituciones peruanas y extranjeras. El Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey (PIACH) consiste en la ejecución de un complejo programa de investigaciones multidisciplinarias, incluyendo la aplicación de modernas técnicas no destructivas y la realización de las primeras excavaciones arqueológicas en área del sitio, complementadas por estudios de artefactos y restos óseos con la aplicación de diversas técnicas arqueométricas y biogeoquímicas. Estos trabajos de investigación han brindado aportes cruciales al conocimiento del carácter de la presencia Wari en la costa norte del Perú, dando las primeras pruebas empíricas que respaldan antiguas hipótesis de Julio C. Tello y Dorothy Menzel sobre la importancia de la zona costera de Ancash en el imperio Wari.

En enero de 2010 especialistas polacos de la Universidad de Varsovia llevaron a cabo una prospección arqueológica integral del sitio, dando así inicio al primer proyecto de largo plazo con excavaciones arqueológicas en Castillo de Huarmey. La prospección comparó distintos métodos no destructivos: mapeo con GPS Cinemático en Tiempo Real (RTK) y Estación Total Robotizada, fotogrametría aérea de alta resolución con cometa, gradiometría de saturación y magnetometría de cesio y análisis espacial de la distribución de artefactos en superficie. Los datos que ésta arrojó se combinaron usando una base de datos de sistemas de información geográfica para registrar la arquitectura monumental de adobe, piedra y madera, y la vasta necrópolis colindante, para reflejar así la superficie subyacente del sitio y preparar un plan de manejo para siguientes etapas de la investigación de este complejo arqueológico tan importante (Bogacki et al. 2010, 2012).

Entre Julio y Septiembre de 2010 se emprendieron las primeras excavaciones arqueológicas en áreas delimitadas en base a los resultados de la prospección geofísica, con el fin de tener un conocimiento de la estratigrafía, fases constructivas, y principales componentes culturales del sitio (Giersz y Pimentel Nita 2011). Se efectuaron siete unidades de excavación, ubicadas en diferentes partes del conjunto arqueológico y se intervino la fachada sur del conjunto «El Castillo» (sector C2) y la fachada norte del conjunto arquitectónico, de menor altura y con patio cuadrangular, reconocido tentativamente como la «Plataforma Sur» (sector D2), fijándose en la documentación de vestigios arquitectónicos, técnicas de construcción aplicadas y relaciones estratigráficas entre ambos conjuntos mencionados (Unidad 1; Giersz y Pimentel Nita 2011: 23-26).

textil hallazgo castillo huarmey
Los afamados textiles hallados en los escombros de Castillo de Huarmey por Yoshitaro Amano, demuestran que las tejedoras de las antiguas costas ancashinas dominaban un amplio repertorio de técnicas y motivos iconográficos (cortesía Museo Amano; fotografía Miłosz Giersz).

La continuación de las excavaciones en el conjunto arquitectónico de la «Plataforma Sur» expuso parte de una amplia galería –con vestigios de bases de columnas– y la envergadura de todo el conjunto erigido en diferentes fases constructivas, con presencia de ofrendas dedicatorias de camélidos y humanos (Unidad 5; Giersz y Pimentel Nita 2011: 30-33), comprobando la complejidad de este conjunto, cortado en su parte sur por el camino local y las nuevas casas de los vecinos del sitio que invaden la zona intangible. En la misma temporada se intervino también los primeros vestigios de arquitectura funeraria ubicados en la parte norte de la cima del complejo monumental «El Castillo» (sector C2), tanto en forma de mausoleos, con múltiples recintos y cámara funeraria subterránea (Unidad 2), como en la ladera oriental, dentro del área de la última ampliación del conjunto «El Castillo» (Unidad 6), registrando –en ambas unidades– los primeros contextos funerarios intactos con rico ajuar funerario, pertenecientes a élites del Horizonte Medio (Giersz y Pimentel Nita 2011: 26-28, 34-34). Otra meta importante para la primera temporada de campo del PIACH fue también determinar la naturaleza de las anomalías geofísicas en el subsuelo, reportadas por gradiometría de saturación y magnetometría de cesio en las partes del sitio ubicadas directamente al norte de «El Castillo» y actualmente cubiertas por completo por tierra eólica relacionada con el movimiento de las dunas de arena del desierto (sector B2).

Estas excavaciones revelaron la presencia de ocupaciones posteriores al Horizonte Medio dentro del complejo arqueológico Castillo de Huarmey. Se expusieron restos de un recinto habitacional con paredes de quincha, zonas de producción de alimentos y fogones, así como una gran cantidad de materia orgánica (residuos orgánicos de basura) pertenecientes a los Períodos Intermedio Tardío y Horizonte Tardío (Unidad 3; Giersz y Pimentel Nita 2011: 28-29). Se pudo preparar también la tipología de las anomalías, características en la lectura del magnetómetro, comprobando el tipo de anomalías que corresponden a las zonas estériles, sin huellas de capas culturales (Unidad 4; Giersz y Pimentel Nita 2011: 29-30).

La última intervención arqueológica en la temporada 2010 se fijó en la parte noreste del montículo rodeado por tierras agrícolas modernas (sector B1), donde en la superficie se observaban algunos adobes pequeños y piedras grandes, y donde la prospección geofísica llevada a cabo con la ayuda de gradiómetros de saturación y magnetómetros de cesio reveló la presencia de arquitectura de adobe de trazo ortogonal, con varios recintos rectangulares encerrados por muros perimétricos y dispuestos alrededor de un supuesto patio central. Las excavaciones arqueológicas efectuadas comprobaron la existencia de arquitectura del Horizonte Medio de probable función de zona de producción y residencial, que cubría totalmente estratos de periodos mucho más tempranos, en los cuales se registró parte de un importante cementerio del Horizonte Temprano, con cinco de los primeros contextos funerarios excavados, dándonos nueva información sobre la cronología y complejidad del sitio arqueológico Castillo de Huarmey (Unidad 7; Giersz y Pimentel Nita 2011: 34-36).

Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la segunda temporada de trabajos de campo del PIACH, realizada entre agosto de 2012 y septiembre de 2013 bajo mi dirección, culminó con el gran hallazgo de la cámara funeraria intacta más grande entre todas las que se registraron hasta la fecha en Castillo de Huarmey, y perteneciente a las altas élites del Horizonte Medio. Se trata de una cámara subterránea que formaba la primera etapa de una construcción de un gran mausoleo y lugar de culto a los ancestros Wari en la costa norte peruana, a la cual dedicaré un capítulo especial del presente libro.

Además del sorprendente hallazgo de este fabuloso contexto funerario, compuesto por una cámara principal subterránea, una antecámara, relicarios y un complejo edificio dedicado al culto póstumo, en la misma unidad de excavación se hallaron otros restos de arquitectura funeraria como mausoleos en forma de torres-chullpas (Isbell 1997), de trazo regular y varios pisos, así como pasadizos que facilitaban el acceso a diferentes partes de este conjunto ceremonial (Unidad 8; Giersz y Pimentel Nita 2014: 53- 82). Durante la temporada 2012-2013, la intervención arqueológica permitió también esclarecer la envergadura del conjunto de la «Plataforma Sur» (sector D2), definiendo su límite sur (Unidad 9; Giersz y Pimentel Nita 2014: 83-90) y delimitando su esquina noreste, la que originalmente ha sido cerrada por un conjunto de inmensos muros de piedras con sistema de pasadizos y entradas restringidas (Unidad 11; Giersz y Pimentel Nita 2014: 114-122). En la misma temporada se continuó también con las excavaciones en el montículo rodeado por tierras agrícolas (sector B1), donde en la temporada anterior se hallaron contextos funerarios pertenecientes al Horizonte Temprano. Trece nuevos contextos funerarios registrados brindaron información valiosa sobre atípicos patrones funerarios relacionados a una variante local de la tradición Cupisnique (Unidad 10; Giersz y Pimentel Nita 2014: 91-113).

La temporada 2014-2015 se centró únicamente en la continuación de las excavaciones arqueológicas en las inmediaciones del gran mausoleo hallado en la temporada anterior en la parte monumental del conjunto «El Castillo» (sector C2). En 2014 el programa pionero de investigaciones no destructivas ejecutado en el marco del PIACH, ha sido complementado por un complejo registro de la arquitectura prehispánica, aplicando un equipo escáner 3D y la tecnología HDS, en virtud de un acuerdo institucional entre el Laboratorio de Escaneo y Modelado 3D de la Universidad Tecnológica de Breslavia, la empresa privada Leica Geosystems Poland y el PIACH. Gracias a la implementación de tecnología de punta se pudo exponer la presencia de las diferentes fases cronológicas de la arquitectura allí presente, también se logró entender el sistema de comunicación entre los diferentes conjuntos, registrar el sistema de acceso a la cima del espolón rocoso mediante las escalinatas monumentales, así como reconocer la presencia de sofisticados rituales de clausura de los espacios sagrados mediante el cierre ritual que incluía clausuras de escalinatas y pasillos, depósito y quema de ofrendas y el tapado de la arquitectura con gruesas capas de relleno y barro (Giersz 2016; Giersz y Pimentel Nita 2016).

Una parte importante de los estudios del PIACH son también los estudios bioarqueológicos y zooarqueológicos, que incluyen tanto los estudios convencionales de restos óseos (Więckowski 2014) como diferentes análisis especializados, entre ellos análisis de diferentes isótopos estables (δ13C, δ15N, δ18O, 87Sr/86Sr y 20nPb/ 204Pb) –tanto de los restos humanos (Knudson et al. 2017) como de camélidos (Tomczyk 2016; Tomczyk y Giersz 2016)–, análisis de micro-desgaste dental (Juszczyk 2017) y estudios paleogenéticos (Więckowski et al. 2016).

Sectorización del complejo arqueológico Castillo de Huarmey

Unos de los primeros retos para el Proyecto de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey en la primera temporada de trabajos de campo en el año 2010 fue la delimitación del área del complejo arqueológico Castillo de Huarmey, con la finalidad de elaborar el primer plano integrado por diferentes sectores bien definidos. La prospección de locación y altitud de elementos en la superficie fue llevada a cabo por Wiesław Małkowski, un experto de la Universidad de Varsovia en la prospección geodésica con la ayuda de dos receptores GPS Topcon HiPer PRO integrados de doble frecuencia (L1, L2). Localmente, la conexión de los sensores fue lograda mediante la banda de radio UHF. Las posiciones fueron registradas en el sistema de coordenadas Universal Transverse Mercator (UTM), zona 17L, de acuerdo al elipsoide referencial World Geodetic System 1984.

Chan Chan: nuevos importantes hallazgos

Hallan turbante y 37 contextos funerarios en complejo arqueológico Chan Chan; conjunto amurallado Chayhuac An

Autoridades de Cultura de La Libertad presentaron ayer una serie de piezas de metal, madera, textil, cerámica, entre otros, descubiertas durante los cinco años de investigación y excavación en el conjunto amurallado Chayhuac An, ubicado en el complejo arqueológico Chan Chan, en Trujillo.

Una de las piezas que más impresiona por su delicada elaboración, y que recientemente fue hallada por los investigadores, es una tela blanca de cuatro metros de largo, usada como turbante por algún personaje importante en el Chimú Medio (1200-1250 d. C.).
La directora del Programa de Investigación, Conservación y Puesta en Valor del Complejo Arqueológico Chan Chan, Nadia Gamarra Carranza, informó que este turbante fue encontrado entre los escombros de la plataforma funeraria principal de Chayhuac An, lo cual califica como «milagro», pues las actividades de los huaqueros han impedido registrar piezas parecidas.
“Este turbante está elaborado de algodón y tiene una parte delantera similar a un cobertor que está hecha de gaza de algodón; la parte que cae registra un tejido más tupido. La verdad es que estamos ante una pieza única y poder recuperarla en ese estado de integridad -nunca me voy a cansar de decirlo- es un milagro. Algo parecido solo podemos ver en colecciones privadas”, indicó.

Contextos funerarios
Gamarra Carranza afirmó que entre el 2017 y 2019 se han excavado 37 contextos funerarios en el complejo funerario de Chayhuac An, ubicado en el lado norte del recinto, y que en su mayoría se tratan de entierros en fosa, es decir, de hoyos cavados en el piso donde se han depositado los individuos en posición sentada, patrón típico de los entierros Chimú y posiblemente estuvieron envueltos con tejidos.
Muchos de estos entierros registran ajuares funerarios acompañados por cerámica, cuentas, metal, valvas de Spondylus.
Entre los contextos funerarios excavado, se encuentra los fardos intactos de niños.
“Aunque los fardos de los niños son bastantes simples porque solo se han encontrados mates y cuentas (chaquiras), sí es importante como registro arqueológico porque nos permitirá identificar el patrón funerario”, indicó.
Asimismo, estas excavaciones han permitido recuperar 300 vasijas de cerámica Chimú y Chimú–Inca pintadas de negro. Entre las más llamativas resalta aquella donde se ven a dos personajes cargando un fardo funerario, al igual que la de otra donde se aprecia dos figuras felinas.
El complejo funerario del conjunto amurallado Chayhuac An se ubica en el sector norte y está cercado por muros de adobe, contando con un solo ingreso en el mismo hemisferio. Al interior, se distribuye una plataforma funeraria principal y cuatro secundarias, entre mezcladas con cámaras y fosas de entierro.
Logros
El director del Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan (Pecach), Jhon Juárez Urbina, anotó que todo lo presentado representa el esfuerzo de cinco años de investigación, excavación y conservación, hallazgos que van a ser en expuestos más adelante en el Museo de Sitio Chan Chan.
Juárez Urbina anunció que se vienen más proyectos en el Museo de Sitio Chan Chan, en coordinación con el Plan Copesco, en la huaca Arco Iris, donde en coordinación con la Municipalidad Distrital de La Esperanza se está evaluando mejorar la infraestructura turística.
Asimismo, anotó que pronto se conocerá un nuevo proyecto de investigación en Gran Chimú, recinto que alcanzó gran notoriedad por el hallazgo de 20 estatuillas de madera.
El funcionario de Cultura afirmó que el Estado peruano ha invertido en Chayhuac An en total 11 millones 357,078.72 soles, los cuales han servido para intervenir 1,500 metros de muros perimetrales del conjunto, excavaciones y conservación de toda la sección norte y sur, es decir 16,000 metros cuadrados.
De la exhibición del hallazgo

El Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan (Pecach), exhibió valiosos objetos hallados durante los trabajos de investigación y conservación del conjunto amurallado Chayhuac An del Complejo Arqueológico Chan Chan. Se trata de finos textiles, piezas de metal y madera que formaban parte de las ofrendas funerarias de las personas enterradas en Chayhuac An.

También se ha logrado recuperar más de 300 vasijas de cerámicas chimú de fina elaboración. En total son más de 400 piezas de bienes muebles recuperadas durante la investigación del complejo funerario del conjunto amurallado Chayhuac An, destacó Arturo Paredes, Jefe de la Unidad de Investigación, Conservación y Puesta en Valor del Pecach.

De todo el material recuperado, el 30% está en condiciones museables, vale decir, se pueden exponer a la visita turística en el Museo de Chan Chan.

Jhon Juárez Urbina, informó que los hallazgos forman parte de los cinco años de trabajo sostenido y sistemático focalizado en este recinto de Chan Chan, el primero en haber sido edificado por los Chimú. Su antigüedad corresponde a los 1000 años d.C.

Valiosa información sobre contextos funerarios

El complejo funerario del Conjunto Amurallado Chayhuac An, se ubica en el sector norte, y está cercado en todo el perímetro por muros de adobe, contando con un solo ingreso en la parte norte. Al interior, se distribuye una plataforma funeraria principal y cuatro secundarias, entre mezcladas con cámaras y fosas de entierro.

“El área ha sido severamente afectada por la acción del huaqueo, pero ha sido posible recuperar más de 37 contextos funerarios intactos, cuya investigación nos permite acercarnos a las prácticas mortuorias en época Chimú”, enfatizó Nadia Gamarra Carranza, directora del Programa de Investigación, Conservación y Puesta en Valor del Complejo Arqueológico Chan Chan.

En su mayoría se tratan de entierros en fosa, es decir, de hoyos cavados en el piso en donde se han depositados los individuos en posición sentada, patrón típico de los entierros Chimú, posiblemente envueltos con tejidos. Muchos de estos entierros presentan ricos ajuares funerarios, que acompañaban a los cuerpos, en donde destaca la presencia de vasijas de cerámica fina (estilo Chimú Tardío y Chimú-Inca), objetos de metal, cuentas, valvas de Spondylus, entre otros.

Entre las ofrendas registradas junto con los individuos destacan entierros de camélidos y perros.

Singulares textiles

Sin duda, los tejidos recuperados entre los escombros y que provienen probablemente de la tumba principal, totalmente destruida y saqueada, llaman la atención por su fineza y delicada elaboración. Entre esta colección se ha recuperado un tocado-turbante monocromo completo, una de las piezas más impresionantes de la colección, que es la única de su estilo que no provenga de colecciones particulares.

Todas estas tumbas están relacionadas con el complejo funerario ubicado en el sector norte, alrededor de la plataforma principal, la cual fue registrada en la temporada 2017. El Complejo se asienta sobre arquitectura previa (más temprana), la cual ha sido desmontada para poder luego construir en el mismo espacio todo este sector funerario.

Logros

La información obtenida en las diferentes temporadas ha permitido repensar todo lo que creíamos saber del Conjunto Amurallado Chayhuac An, sostuvo la arqueóloga Nadia Gamarra.

En el sector sur se logró establecer que la plataforma escalonada que había sido considerada como la plataforma funeraria del conjunto, no presenta ningún rasgo o indicador para relacionarla con actividades funerarias. Dicha plataforma, se construye sobre arquitectura temprana, la cual es cubierta por este nuevo volumen arquitectónico.

Adicional a las 5 plataformas funerarias encontradas durante los primeros años de investigación, en la presente temporada (2019) se ha registrado dos plataformas funerarias más, pero ubicadas en la parte externa del complejo funerario ubicado en el sector norte, que nos habla del uso continuo de este espacio como lugar de entierro.

Aunque todo el sector ha sido severamente destruido, probablemente desde época colonial, se ha podido recuperar 37 contextos funerarios intactos.

Datos:

En total, en ambos proyectos que se ejecutan en Chayhuac An, el Estado ha invertido S/. 11,358,078.72 realizando trabajos como intervención de más de 1500 mt de los muros perimetrales del Conjunto, excavaciones y conservación de toda la sección sur y norte, es decir más de 16,000 m2. Además, se intervino a gran escala, lo que ha permitido excavar arqueológicamente por primera vez todo un complejo funerario.

La investigación arqueológica está ligada a las acciones de conservación en pos de la salvaguarda de toda la evidencia arqueológica expuesta en las excavaciones.

El proyecto Chayhuac Norte estuvo a cargo de la arqueóloga Sinthya Cueva García y el de Chayhuac Sur a c argo de la arqueóloga Nadia Gamarra Carranza.

Un nuevo descubrimiento de carácter religioso sorprende en el complejo arqueológico Huaca Bandera, ubicado a nueve kilómetros del poblado de Pácora, en la región Lambayeque. Se trata del último centro ceremonial Moche, que tiene una extensión de 186 hectáreas y una antigüedad de entre 600 y 700 años d.C.

En las rampas de acceso a dicho lugar, los arqueólogos hallaron grabados de representantes de la más alta jerarquía política y religiosa de la sociedad Mochica, como el Señor, el Sacerdote y la Sacerdotisa.

El director del Museo Brüning y encargado del proyecto arqueológico Huaca Bandera, Carlos Wester La Torre, indicó que dichos personajes estuvieron vinculados a la actividad ceremonial moche conocida como ‘La Ceremonia de sacrifico’ o ‘La Presentación’, que incluyó sacrificios humanos.

“Es la primera vez que, a través de una intervención arqueológica, se documenta un sistema de acceso completo asociado directamente a un Centro Ceremonial Moche Tardío. A partir de la presencia de dichas imágenes se confirma la estructura política de los mochicas”, sostuvo el arqueólogo.

En tanto, el director de la Unidad Ejecutora N.º 111 Naylamp, Celso Sialer, indicó que dicho centro religioso está integrado por tres sectores, presididos por una pirámide mayor de 60 metros de largo por 50 metros de ancho y unos 15 metros de alto.

La estructura posee dos plataformas a las cuales se accede por rampas centrales adosadas al frente principal de las murallas. “Dos de las pirámides mayores se conocen como Huaca Bandera (al norte) y Huaca Blanca (al extremo sur)”, manifestó.

Sialer agregó que los trabajos de investigación en la zona, que se iniciaron en octubre de 2009 y culminarán en setiembre de 2010, cuentan con un financiamiento de más de 600 mil soles. Sin embargo, hacen faltan más recursos para continuar con los trabajos. “Esperamos que el Ministerio de Educación pueda ampliar el marco presupuestal”, anotó.

Fabiola Valle (Peru21)

Complejo Arqueológico de Kanamarca

El Complejo arqueológico de Kanamarca, también llamado K´anamarca, se encuentra localizado en el distrito de Alto Pichigua, en la provincia de Espinar, dentro del departamento y región de Cusco; a una altura de 3 950 metros sobre el nivel del mar. A nivel geográfico se podría añadir que está asentada en una meseta donde la vegetación se presenta escasa.

Se trata de un complejo arquitectónico legado por la cultura pre-incaica de los k´anas y la incaica, durante su expansión. Se dice que el pueblo k´ana, cuyo nombre significa “trenzado” o “escogido” tuvo su estadía en el lugar desde el 5,000 a.C. y que, durante la época de apogeo Inca, fueron uno de los pueblos que se sometieron al mandato del hijo del sol, siendo estos una excelente arma de ataque contra el pueblo guerrero de los chancas que se negaba a someterse.

A nivel arquitectónico, el complejo arqueológico de K´anamarca ocupa aproximadamente 1 hectárea, y alberga en él diferentes construcciones en las que podemos observar que no se trata de un complejo totalmente incaico, ya que si bien se utiliza mampostería de piedra, esta no es fina, sino simple y además se ve necesitada de la ayuda del mortero barro y se encuentra enlucida de barro cocido.

Respecto al diseño estructural podemos observar que se utilizan las bases rectangulares en gran parte de los diseños, y cuya medida es de 3 m. por 8m., y cuya altura promedio es de 7 metros. También se presentan diferentes recintos –un total de 76 – de base circular, que presentan diámetros de 4m. a 5 m. y que habrían tenido la finalidad de guarecer en ellos distintos alimentos, a modo de colcas.

Es importante de este recinto un descubrimiento realizado en 2006 por el arqueólogo Bernardo Aparicio, quien hallara una cámara funeraria en uno de los recintos del complejo, lo que demostraría el uso de las viviendas como enterramientos, rasgo que pertenecería a los K´anas. Entre las características de esta cámara se observa que se encuentra hecha de piedra sillar labrada finamente, en la que se alberga una chullpa de una pieza de material lítico.

Para que el visitante pueda llegar a este legado de la cultura incaica, deberá viajar 16 kilómetros desde Yauri (que es la capital de Espinar) hasta el recinto, o por otro lado ir desde Pichigua en una ruta de 14 kilómetros. El Ingreso es durante el día y está abierto todo el año, aunque se recomienda en especial al turista interesado de conocer las festividades de la zona, que lo visite el 16 de agosto en el que se realizan eventos folklóricos: danzas sobre temas pastoriles, cuyo escenario es el complejo

El sitio Arqueológico de Kanamarca se encuentra a 236km. de la ciudad del Cusco y a 3.942 metros de altitud. Conjunto arqueológico pre -inca e inca conformado por recintos, plazas, pasajes, canchas, caminos, reservorios y canales, edificaciones construidas con mampostería simple de piedra caliza y mortero de barro. Presenta recintos rectangulares cuyas dimensiones varían entre 3 a 8 mts de ancho y 5 a 18 mts de longitud, con alturas que van entre 5 y 7 mts, recintos de planta circular con diámetros de 4 a 5 mts, la mayoría de estos últimos destinados al depósito de alimentos. En las jambas de los vanos y los paramentos internos de algunos de los recintos, se conserva el enlucido de barro cocido original. Todo esto demuestra la conformación de un poblado planificado urbanísticamente con rasgos de influencia altiplánica, todo el conjunto ocupa aproximadamente dos hectáreas.

ESTADO ACTUAL
Se encuentra en buen estado de conservación, debido a que la Dirección Desconcentrada de Cultura del C usco se encargó de ponerlo en valor.

Complejo Arqueológico El Brujo

Ubicación:  A 60 km aprox. de la ciudad de Trujillo, en el valle de Chicama (1 hora 25 minutos en auto aprox.).

Este complejo consta de tres grandes edificaciones; la antiquísima Huaca Prieta, la Huaca El Brujo, perteneciente a la cultura Moche y la Huaca de Cao Viejo, que nos ofrece figuras en relieve y murales. Los investigadores han hallado indicios de ocupación desde el período precerámico (5 000 años de antigüedad). Destaca una gran pirámide (muro de sacrificio) de adobe de 30 metros de altura en cuyas paredes los mochicas plasmaron una riquísima iconografía. La imagen más conocida es el «Degollador de Cabezas», uno de los frisos policromados más importantes.

La figura del degollador se repite en las escenas rituales representadas en la cerámica.
Precisamente la Huaca de Cao Viejo ha trascendido por el reciente hallazgo de un fardo funerario de poco más de 100 kg, enterrado hace cerca de 1700 años y en cuyo interior se mantenía oculto el cuerpo casi perfecto de una soberana que ha sido bautizada «la Señora de Cao». Este descubrimiento arqueológico es importante no solo por el estado de momificación del cuerpo, sino también por la belleza de su ajuar que incluye collares, narigueras y pendientes, así como enormes báculos que representaban su calidad de gobernante.

Indice Tematico
Principales Culturas
Costa Norte
Moche
COMPLEJO ARQUEOLOGICO EL BRUJO

El yacimiento arqueológico se ubica en la margen derecha del valle Chicama, junto al litoral, distrito de Magdalena de Cao, en la provincia liberteña de Ascope. A unos 60 minutos de la ciudad de Trujillo, se encuentran las pirámides de adobe conocidas como El Brujo, que encierra en su interior más de 4,500 años.

El complejo arqueológico está constituido por la Huaca Prieta en el extremo sur, la huaca Cao Viejo y la huaca El Brujo son las estructuras más prominentes del sitio, donde también existe un importante número de montículos menores, cementerios y áreas domésticas de diversos períodos, distribuídos sobre una plataforma geológica de forma triangular, la cual tiene una extensión aproximada de 1.2 km2, rodeada por el Norte, Sur y Este con pequeñas albuferas y tierras de cultivo, y por el Oeste con el balneario de punta Prieta y la playa El Brujo

Desde Agosto de 1990 se viene ejecutando uno de los proyectos de investigación arqueológica mas trascendentales del norte peruano de los últimos 20 años, dentro de un programa de mediano y largo plazo en el cual intervienen la Universidad Nacional de Trujillo el Instituto Nacional de Cultura La Libertad y la Fundación Augusto N. Wiese como entidad financiera.

Este lugar ha sido ocupado desde el Arcaico con huaca Prieta (2,500 a.C) con una ocupación contínua hasta la llegada de los españoles donde se erigió una iglesia fundada por los padres Dominicos junto a una importante población de la época conocida como Cao. Durante la ocupación Moche (0 – 650 d.C.) el complejo había cumplido la función más importante como eje progresista consagrada a actividades urbano ceremoniales para las élites y deidades más importantes en este valle.

En la actualidad, a la luz de los recientes estudios se viene reafirmando la trascendencia de la sociedad Moche que se desarrolló en esta parte norteña del Perú. En el mismo yacimiento donde se realizan las investigaciones se ha instalado un moderno campamento con oficina, laboratorio y sala de cómputo que facilitan la labor de los arqueólogos y especialistas.
Los trabajos de excavación y conservación están centrados en conocer el modelo arquitectónico del edificio a través de toda secuencia y la función que cumplió cuando estuvo en vigencia.

El flanco norte corresponde al frontis principal, el cual presentaba un gran número de pozos de huaqueo para el saqueo de un importante cementerio de la ocupación Lambayeque, en donde se dejo disperso gran cantidad de restos culturales como textiles, vegetales, restos óseos humanos y de camélidos junto a cerámica de estilo Lambayeque. Estas evidencias estuvieron dentro de las capas de escombros y rellenos que cubrían la arquitectura Moche. Para el valle de Chicama es la primera vez que se investigan contextos asociados de entierros humanos para la cultura Lambayeque o Sicán habiéndose registrado más de 300 hasta la actualidad.

Lo más saltante de la arquitectura en la huaca Cao Viejo son los impresionantes relieves policromos, en las cuales se ha representado o escenificado en paneles con personajes desnudos atados por el cuello con una soga, conocidos como «prisioneros» los que avanzan de oeste a este; detrás de ellos siguen varios guerreros portando sus armas.

En este mismo nivel, en la esquina nor-este del edificio hay un relicto completamente decorado, en dos de sus fachadas, con relieves polícromos representando cuatro paneles con seis parejas de guerreros en pequeñas escala; en su fachada principal el panel conocido como el «Tema complejo» 1 y 2 muestran la cosmovisión del mundo Moche, desconocido hasta el momento en otros grandes centros ceremoniales de esta época.

Otros de los temas representados corresponden a una serie de personajes tomados de las manos en posición de frente y rígidos los que decoran el segundo nivel, se ha representado con la misma técnica de bajo relieve a el degollador o también «Ai Apaec» dios Mochica mitad superior humano y la parte inferior con cuerpo y patas de araña. Todo esto corresponde a la última fase de ocupación del edificio, cuando sucedió el abandono intempestivo seguido por lluvias torrenciales que destruyeron parcialmente sus paramentos decorados.

Todo el edificio tiene la forma de una pirámide escalonada trunca cuadrangular con 100 m. de base y aproximadamente 30 m. altura. El edificio está orientado hacia el Norte.

Recientemente se hizo el hallazgo espectacular de un monumental ídolo de madera, tallado en un viejo tronco de Lúcumo de aproximadamente 2.50 m. de alto por 90 cm. de diámetro. Probablemente corresponda a una deidad Moche de las fases tempranas que fue desechado o cambiado por haberse infestado con termitas y escarbajos que lo deterioraron fuertemente.

Todo el complejo arqueológico guarda mucha información para los diferentes períodos culturales de la costa norte peruana, además de su potencial turístico que servirá para el desarrollo económico y social de esta región y sus pueblos cercanos.