Investigarán posible templo perdido de la cultura Chavín en alturas de Lambayeque, Perú

 El sitio arqueológico de Congona, que albergaría un templo con rasgos de la cultura Chavín en las alturas de la región Lambayeque, será sometido a una investigación, a fin de definir sus características y el papel que cumplió en la historia.
Para ello, se contará con un presupuesto inicial de 60,000 dólares otorgados por una empresa privada, dijo el arqueólogo Walter Alva, descubridor del Señor de Sipán y director del museo Tumbas Reales.

Explicó que se llevarán a cabo los estudios primarios y trabajos preliminares en Congona, donde se cree se albergó a los emisarios o descendientes de la cultura Chavín 1,000 años antes de Cristo.

Mencionó que las columnas líticas halladas en la zona serían parte de un gran templo que estaría por descubrirse con similitudes Chavín en el diseño de los relieves y las imágenes.

“Se aprecia en las piedras la misma divinidad de los Chavín, un hombre, un felino y un ave que son la tríada mítica”, indicó el especialista.

“Las piedras existen por algo; según los estudios, sería un templo que revelaría una gran cultura en la cordillera lambayecana con viviendas, obras, santuarios. Sería un hecho trascendental que cambiaría nuestra visión en la región”, añadió.

Tras ejecutarse los estudios de origen, naturaleza e importancia de los hallazgos, el complejo monumental sería conservado y puesto en valor para el conocimiento de peruanos y extranjeros.

El sitio arqueológico Congona se encuentra ubicado en el caserío del mismo nombre en el distrito altoandino de Cañaris, a 2,800 metros de altura sobre el nivel del mar.

Hallan tres tumbas del 2.500 a.C. con cerámica Chavín en complejo arqueológico Ventarrón-Collud-Zarpán, Lambayeque

Complejo registra vestigios que van desde el 2.500 a.C. hasta el incanato. Cuerpos fueron enterrados junto a cerámica chavín muy valiosa.

En un pequeño montículo rodeado de rocas enormes y decenas de pozos que dejó el intenso huaqueo hace treinta años, los arqueólogos del complejo arqueológico Ventarrón-Collud-Zarpán descubrieron tres contextos funerarios que guardaban excepcionales piezas de cerámica que darán nuevas luces sobre el desarrollo de las culturas Cupisnique y Chavín, ocurrido hace más de 2.500 años.

Los cuarenta auxiliares dirigidos por Francisco Valle Riestra Martin –el arqueólogo residente del sitio Zarpán, ubicado en el distrito de Pomalca– no se imaginaron encontrar verdaderas joyas de cerámica en un cementerio donde los saqueadores, en los ochenta y noventa, extrajeron hermosas obras de arte que hoy forman parte de colecciones privadas.

Luego de varios meses de ardua labor, a una profundidad de aproximadamente 2 metros, se desenterraron tres tumbas del período formativo que, pese a no corresponder a personas de alto estatus, contienen bellos ejemplares de cerámica con un altísimo nivel estilístico, excelente acabado y pulido excepcional.

Así, se encontraron, por ejemplo, una botella con típicos rasgos de Chavín o la representación de un mono en plena actividad, platos, vasos, además de otras valiosas piezas que lamentablemente fueron rotas por los huaqueros.

El estado de conservación de los esqueletos es realmente muy malo, debido a la humedad y a que todo el montículo había sido invadido por plantas silvestres.

Para el equipo de investigadores también ha sido un logro haber encontrado un gran muro de piedra, que circunda un gran templo asociado a un canal ritual que aún falta excavar, además de una superposición de manifestaciones culturales posteriores, como entierros simples pertenecientes a las culturas Lambayeque y Mochica. Valle Riestra está seguro de que en el lugar se develará un monumento muy complejo, luego de culminadas las excavaciones.

CUPISNIQUE Y CHAVÍN
El hallazgo de los objetos de cerámica y de las tres tumbas motivó la visita del director del museo Tumbas Reales de Sipán, Walter Alva, quien opinó que el descubrimiento dará nuevas luces sobre el origen y la forma como fue consolidándose la civilización en el norte del país.

El complejo arqueológico Ventarrón-Collud-Zarpán se ha convertido en los últimos años en una investigación singular porque en los tres vestigios se ha encontrado una estratigrafía horizontal que comienza con los orígenes de la civilización (en la época del arcaico y precerámico) con una antigüedad de 4.500 años y se prolonga hasta el período incaico.

Ignacio Alva Meneses, arqueólogo residente del sitio Ventarrón, hijo del doctor Walter Alva, refirió que se puede concluir que hace 4.500 años, en Lambayeque, se constituyó el origen de la civilización y de la arquitectura, mientras que en Collud y Zarpán se introdujo la cerámica acompañada de construcciones más grandes, teniendo como patrón lo que ya se había definido en la arquitectura ceremonial del complejo Ventarrón.

“Lo que se ha encontrado refleja el encuentro estilístico de lo que se llama Cupisnique y Chavín. En Zarpán se ha encontrado la superposición de ambos estilos. También se registra la imposición de un patrón arquitectónico de otro lugar”, dijo Walter Alva.

El Comercio

Los Moche

Personaje con semillas
Botella de asa estribo de estilo mochica (200-850 d.C.) con representación de personaje que sostiene un grupo de semillas de nectandra.
MALI

De las culturas peruanas prehispánicas, la Moche es una de las más sobresalientes por la magnitud de sus construcciones, los avances tecnológicos y la calidad de sus obras artísticas. La cultura Moche se desarrolló entre los años 100 y 800 D.C., cuando en la costa sur vivían los Nasca y en el altiplano del Titicaca los Tiwanaku. Fue, sin duda, un período de gran desarrollo en el Perú antiguo, ubicado entre las culturas pan andinas de Chavín y el Imperio Wari.


Territorio Moche

En su periodo de mayor apogeo, la cultura Moche abarco una gran extension de la costa peruana, desde Piura por el norte hasta  el rio Huarmey por el sur.

Entre sus principales centros urbanos se eucuentran: Loma Negra, Sipán, Pampa Grande, San José de Moro, Pacatnamú, Dos Cabezas, La Mina, El Brujo, Mocollope,  Galindo, Huacas de Moche, Huacas de la Cruz,  Huancaco, Guadalupito, Pampa de los Incas y Pañamarca.

La capital de esta civilizacion estaba ubicada en las Huacas de Moche, este complejo se situa sobre la margen izquierda del rio Moche en el distrito del mismo nombre, provincia de Trujillo, departamento de La Libertad.


Principales Caracteristicas

Los Moche fueron eximios agricultores y grandes constructores de obras de irrigación. La riqueza de nuestros valles norteños se la debemos a ellos, ya que expandieron considerablemente las tierras agrícolas. Asimismo, alcanzaron un alto grado de perfección en todas sus manifesta-ciones, sin embargo destacan nítidamente como ceramistas, orfebres y constructores de ciudades. Su cerámica es bícroma, predominando los colores rojo sobre crema. Las formas más usuales son vasijas cerradas de cuerpo globular, asa estribo y gollete. Los famosos “huaco retratos” son las vasijas emblemáticas de los Moche. En orfebrería trabajaron el oro, la plata, el cobre y el bronce. Los objetos elaborados no fueron sólo de uso ritual, sino que además los emplearon en armas y herramientas para la agricultura.

En su arquitectura destacan dos tipos de construcciones: la monumental, en la que predomina el uso del adobe con recintos decorados con murales polícromos y la urbana, en la cual predomina el uso de la piedra con barro, así como la quincha, barro mezclado con caña brava.

Tres mil años después de haber sido edificado, el laberinto que albergaba el espíritu de los dioses más temerarios del Perú antiguo, Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1985, sigue maravillando a quienes tienen el privilegio de recorrer sus milenarias galerías.

Cuando se ingresa al templo Chavin, se tiene la senación de entrar en un mausoleo lleno de fantasmas feroces.

El silencio es total, pues ni siquiera se escucha el ruido del viento exterior, del que uno está separado por gruesas murallas y un sólido techo de piedra.

Las galerías son angostas, altas, frías; es fácil perderse en ellas; forman un laberinto cruel para el neófito.

Al centro, en medio de una granizada de piedras, hay un cuchillo gigantesco, tallado en piedra, como caído del cielo y clavado en lo profundo de la tierra; le llaman «el Lanzón», tiene más de cuatro metros.

Pero no es simplemente la figura de un cuchillo, es más bien la terrible imagen de un dios humanizado, que ávido de sangre muestra las fauces con filudos colmillos curvos».

La descripción anterior, extraída de De los orígenes del Estado en el Perú de Luis Guillermo Lumbreras, difícilmente podrá ser puesta en entredicho por quienes en la actualidad visiten el interior de esta antigua edificación de 3,000 años de antigüedad emplazada en la entrada del Callejón de Conchucos, entre los ríos Pukcha o Mosna y Wacheqsa, Ancash, en el corazón mismo de los Andes.

Al caminar por sus apretados pasajes, desandar sus recodos y retomar caminos nuevos que de pronto parecen ya trasegados, el forastero puede caer presa del estupor.

Si el laberinto en sí se ha convertido en una fuente constante de fascinación, misterio y poesía para el hombre moderno, el dédalo prehispánico de Chavín de Huantar representará para él una experiencia conmovedora.

Después de confundirse en su interior cualquiera se puede sentir tentado a creer que sólo los dioses milenarios –y, claro, por suerte, los atentos guías del mundo actual– conocen todos sus caminos y entradas secretas.

EL REINO DEL ESPANTO.

¿Pero qué le otorga a este complejo el poder de sugestión que detenta? ¿Quiénes lo habitaron hace ya muchos años? ¿Qué poder anidó en este recinto? La respuesta es contundente y explica uno de los periodos más fascinantes de la historia de nuestro país.

En Chavín de Huantar moraban las divinidades más temidas, feroces y espeluznantes del mundo precolombino.

Talladas en las piedras del templo, en sus columnas, escalinatas y muros, las formas de dioses de distinto tamaño, nivel e importancia, todos relacionados con las fuerzas más sugerentes de la naturaleza, se erigían sobre los ojos atemorizados de sus visitantes para mantener sobre ellos un dominio aposentado sobre la base del pánico.

Las entidades divinas, los ojos desorbitados, los colmillos amenazantes, las garras de terror y un sinnúmero de sierpes sobre sus cabezas, sometieron bajo su poder a un sector vasto del área andina.

Desde lugares muy alejados, miles de hombres llegaron al centro religioso para entregar ofrendas y calmar el rigor de las iracundas criaturas sobrenaturales.

En la Sala de las Ofrendas de Chavín se encontraron evidencias de bienes que procedían de un ámbito que incluye Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Lima y Huánuco, con eventuales materiales que, al parecer, provenían de las costas del Guayas y de Ica, Huancavelica y Ayacucho.

¿Pero quién, en el mundo de los hombres, se beneficiaba de este sistema de dominación? Nada menos que una casta de gobernantes que, en supuesta «comunión» con los dioses, organizaron un régimen de obligaciones imprescriptibles de culto y ofrenda de bienes materiales.

El poder organizado de la sociedad de aquellos tiempos dio origen al primer gran Estado teocrático del continente.

CIUDAD DEL SOL.

Pero Chavín de Huantar también fue el primero de una serie de centros de peregrinaje que, a la llegada de los españoles, pervivían a través de Pachacamac.

Por su posición en el territorio del mundo entonces conocido, Chavín se constituyó en un centro de intercambio comercial importante.

Se hallaba ubicado en un punto crucial de conexión entre caminos de una región que cubre la costa y la sierra de Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Huánuco y Lima Desde Chavín, además, se podía llegar a la floresta amazónica siguiendo el curso del Marañón.

Personas de la Costa y de la Sierra y de la Selva se acercaban a él para intercambiar bienes y comerciar.

«En muchos casos se trata de la circulación de bienes de prestigio para los ocupantes de los centros ceremoniales», ha escrito Lumbreras, «tales como manufacturas especializadas o materia prima selecta, pero en la mayor parte de los casos tenía que ver con la circulación de informaciones que afectaran las condiciones de existencia de la población.

Eso incluye desde eventuales peligros de guerra, derivados de desajustes en las relaciones entre vecinos o demandas propias de las comunidades en condiciones de conflicto o crecimiento, hasta informaciones sobre la producción de alimentos y su circulación, y la predicción del tiempo.

Todos esos eran asuntos manejados en los núcleos de poder formados en los centros ceremoniales que, sobre todo, eran lugares de una intensa capacitación técnica especializada en la elaboración de calendarios».

El auge de Chavín se extendió por centenares de años durante los cuales muchas generaciones de hombres fueron ampliando, edificando y acondicionando nuevas estructuras para las labores realizadas en el templo.

En lo que hoy parece un conjunto asimétrico de pirámides, plazas y plataformas, se descubre, en realidad, la superposición de construcciones de varias épocas que han sufrido la destrucción, remodelación y modificación espacial propias de un lugar con una historia milenaria.

Chavín, a pesar de los años, demanda respeto.

Y por qué no, provoca algo de temor.

Aun hoy la plaza cuadrangular, el Dintel de los Jaguares, el Pórtico de las Falcónidas, la plaza circular en que se ubicó posiblemente el obelisco Tello, el Templo Viejo, la Sala de las Ofrendas, las galerías y el poderoso Lanzón Monolítico, esa divinidad atemorizante que mora en el centro del laberinto como un minotauro griego, parecen cobrar inusitada vida.

Si no lo cree y visita Chavín observe con minuciosidad esa única cabeza clava que, desde su posición original en una de las paredes del templo, mira frontalmente el mundo contemporáneo.

Sin duda parece que aun hoy vigila, obstinadamente, el descanso de sus dioses.

Sitios Sacros
COMPLEJO HIDRAULICO CEREMONIAL DE CUMBEMAYO

Ubicado al sudoeste, en las faldas del cerro Cumbe, a cinco horas aproximadamente de la ciudad de Cajamarca, se encuentra el denominado complejo hidráulico ceremonial de Cumbemayo, teniendo una altura de 3510 metros sobre nivel de mar.

Esta admirable obra de ingeniería hidráulica es un loable testimonio de destreza singular que desplegó el antiguo hombre Cajamarquino; este canal abierto fue labrado sobre la roca viva y finamente decorado con enigmáticos petroglifos. Este complejo hidráulico tiene una secuencia cultural que abarca períodos que anteceden a la difusión Chavín y llegan hasta la conquista Inka.

En 1937 cuando el Dr. Julio C. Tello limpió y estudió dichas evidencias; le invadió la emoción e importancia de aquel momento, a medida que iba despejando las malezas que cubrían dichos restos arqueológicos, fue captando con mucha atención los esquemas gráficos que por primera vez iban ha ser conocidos al mundo científico; indudablemente, ante sus ojos tenía los testimonios de una de las múltiples obras perennizadas del antiguo culto a dicha naturaleza. En esta parte, el canal cuya longitud tiene unos 850 metros aproximadamente, fue diseñado un acueducto con una profundidad que llega hasta a los 50 cm y un ancho de 30 cm en la que actualmente discurre el agua.

petroglifos Cumbemayo

El elemento integrador sería el mismo canal, teniendo en cuenta que éste, no sólo es una excelente obra de ingeniería, sino también un bello ejemplo de cantería, de tallado sobre la roca viva, de iconografías cinceladas en piedra y, en realidad, de fino manejo ritual del agua. Las obras de toma, la ruta del canal y sus características, han sido descritas posteriormente por Peterson (1969).

Las excavaciones realizadas por Terada y su grupo en el sitio de Layzón han encontrado litografías de estilo similar a las de Cumbe.

Textos : DCB 1978

Sitios Sacros
SECHIN

En la margen izquierda del río Sechín, a la altura del puente que cruza el río Casma (mucho antes de la confluencia de los mencionados) desviandose de la panamericana con dirección Este a unos 2 Kms. se encuentran los restos del Templo de Sechín; ubicado a un costado de la afloración rocosa del cerro Laguna de cuya cima se puede divisar el verdor del valle bajo.

Frontis Principal

Los antiguos constructores eligieron en el lado norte, al pie de la aislada elevación en cuyas faldas construyeron una recia arquitectura de piedra y barro. La peculiaridad del lugar es que presenta revestimientos líticos grabados, los cuales decoran el contorno del edificio.

El lugar también era conocido como «Huaca del Indio Bravo» el espiritu inquieto de Julio C. Tello le llevo a realizar estudios en el lugar descubriendo unos 98 monolitos grabados, el primero hallado por su inseparable colaborador Toribio Mejia Xesspe; guiado por el lugareño Victor Dueñas, esto acontecía por la década de los 30, posteriormente multiples visitantes, estudiosos, curiosos, fotógrafos, llegaron por el lugar admirando los vestigios del ayer; huella de los antiguos pobladores y sus obras quedaron como muestras del pasado.

Las muestras de su labor quedan presentes en los grabados líticos manifestaciones hechas con realismos y sencillez de lineas bien trazadas en forma de surcos anchos, procedimiento que les permitió plasmar inequivocamente personajes con indumentaria otros sin ello, así como cuerpos y partes de los mismos y otros detalles. Guerrero con su porra

El edificio presenta las esquinas redondeadas caracteristica muy difundida en esta época actualmente hay mas de 300 losas de piedra esculpida que revisten las estructuras, rodeando en un establecido orden de personajes que llevan mazos, otros ataviados, la observancia de cuerpos seccionados, tales como cabezas, brazos, piernas, ojos, son parte de la cantidad de materiales iconográficos asociado a la fase constructiva en adobe como en piedra y que informarian de un acontecimiento epico que le permitio continuar señoreando en el valle.

Las opiniones de su fechado presenta discrepancias; antes de Chavín o posteriores a Chavín. Los trabajos realizados en 1981 por Henning Bischof, Enrique Vergara y Lorenzo Samaniego permitieron conocer más detalladamente el aspecto constructivo del edificio.

Personaje

Las investigaciones realizadas por Samaniego y el Proyecto Sechín 1980-85 han logrado encontrar más restos líticos de esta manera permitiendo entender el desarrollado arte grabado y su iconografía así mismo su asociación a lo que se conoce como período Casma, quedando comprobado por el hallasgo de sectores intactos encontrandose la relaciones con la construcción que pueden correlacionarse con la tradición lítico escultórica del lugar conocido como «Moxeque» el cual tiene un fechado aproximado de 1400 a.C.

Personaje

Todas estas evidencias se encuentran en el frontis principal y laterales, representan: cabezas, personajes ataviados con porras o mazo ceremonial, personaje con casco y taparrabos guerreros pertenecientes a la «Huaca indio Bravo» o llamado tambien Templo Sechín.

En las cercanias del templo de Sechín hay un Museo de sitio llamado «Max Uhle» construido con financiamiento de un adonación efectuada por la Fundación Volkswagenmerk de la República Federal de Alemanía; donde la información es más detallada sobre la cerámica, datos, mapas y replicas líticas de los grabados y los demás motivos pintados sobre las paredes de barro y todo aquello que está relacionado al lugar mismo.
Texto: Daniel Castillo B. 1997

Arte Rupestre
ALTO DE LA GUITARRA
CUENCA DEL RIO MOCHE

El «Alto de la Guitarra» se encuentra ubicado en la margen izquierda de la cuenca del río Moche, al fondo de una amplia y árida quebrada fósil del mismo nombre, dista unas 4 horas de camino desde Cerro Blanco, comprensión de Quirihuac (aproximadamente a 30 km de la ciudad de Trujillo, Región La Libertad, Perú, Sudamérica).

En la conjunción de las faldas de dos cerros, a manera de una explanada, distribuidas al azar, se encuentran numerosas piedras de gran tamaño, de superficie más o menos lisa, en las cuales se encuentran esculpidas o grabadas diversas figuras como: reptiles, aves, mamíferos, antropomorfos, figuras geometricas. Se encuentran agrupadas por grupos de representación esquematica, naturales y complejas, huellas que perennizaron la actividad humana de la cultura Cuspisnique (fecha antes de Cristo 1800 a.C.), tambien los hay culturas posteriores que florecieron en esta parte de la costa norperuana y ocuparon los valle Moche y Virú, ambas cuencas unidas por gran camino que aùn existe en la actualidad.

Representacion aves

Existen representaciones antropomorfas, personajes de perfil, así como guerreros ataviados sosteniendo cabezas trofeos, el reconocido ojo Chavín también esta presente; la asociación de estructuras arquitectónicas las cuales condujeron a varios autores sostener que estas tenían la función ceremonial y que probablemente se realizaban allí ritos; de ser así las futuras investigaciones permitirán reconstruir la relación contemporaneidad y presencia de grupos del Formativo asentados en el valle Moche, así como las constantes representaciones que estos dejaron teniéndose en cuenta los motivos; hombre, felino y ave representaciones de estructura simbólica en la base religiosa.

Rocas de Gran tamaño

Las enigmáticas representaciones de huellas de pies grabados como quien asciende una enorme roca, nos versan de una vieja tradición representada con algunas variantes en diversos lugares del Perú; una de ellas es la piedra de San Bartolo de Ascope en el Valle de Chicama. Probablemente hubo narraciones, leyendas de héroes, deidades que reforzaron la superestructura social, permitiendo modelar la conducta de un pueblo hacia el dominio de la agreste naturaleza.

Representación antropomorfa

Otro petroglifo que llama la atención al visitante es la representación de un personaje con cabeza felinica y cola de pez el cual tiene en la mano derecha sujeta un pez, a sido relacionado a la filiación chavín, la peculiaridad de estos grabados ha permitido que varios autores lo traten en sus comparaciones, así mismo los guerreros y/o danzantes de estas manera el sitio es importante en la arqueología peruana ya que existen fecundos e innovadores diseños que dejara el antiguo indígena también existen gran variedad de círculos concéntricos, círculos radiados a manera de rueda, diversas figuras geométricas, así como la cadena trófica; nos revela la presencia de pequeños roedores especies hoy desaparecidas, comparable con otros lugares de nuestra región, la confección de un registro de los diversos sitios permitirá conocer las formas coincidentes e imitativas de yacimientos importantes así como aquellos lugares con escasas evidencias pero con similitud de diseños.

Los restos arqueológicos de esta cultura se encuentran esparcidos en una superficie considerable del camino de la parte alta, expuestos a las inclemencias meteorológicas, especialmente del sol, viento y lluvias; poniendo en peligro los grabados por la constantes erosiones naturales y humanas. El medio ambiente reinante es sumamente árido durante el año; las quebradas, laderas y terrenos ondulantes, están cubiertas de herbazales y flora xerofítica, secuencia de las tórridas lluvias del reciente fenómeno de El Niño.

Representación personaje

Estos testimonios, grabados en piedras visuales se constituyen un genero especifico dentro de la arqueología; un verdadero registro histórico, sus posibilidades de información van mas allá de los restos materiales.

Indicamos algunos antecedentes del lugar: don Manuel Acosta Gutierres, extinto campesino de origen huamachuquino que vivió en el lugar de cerro Blanco, fue guía para muchos visitantes, proporcionó las primeras informaciones verbales, las cuales fueron expuestas al mundo científico destacando entre ellos Hans Horkheimer, Luis Torres Alva, entonces Inspector del Instituto Nacional de Cultura de La Libertad, quien expuso en el «II Congreso del Hombre y la Cultura Andina» (1974). En 1985, el Sr. Torres condujo al Alto de La Guitarra al Embajador Cubano Antonio Nuñez Jiménez, quien incluye calcos de los grabados pétreos en su libro «Petroglifos del Perú».

Según versiones del trujillano Alvaro Trelles (comunicación verbal de mayo de 1997), el renombrado periodista y fotógrafo Gustavo Álvarez Sánchez, en la década del 70, entre otros aspectos de interés arqueológico, publicó en el diario La Industria de Trujillo varios artículos relacionados con el arte rupestre del departamento de La Libertad, incluyendo los grabados del Alto de la Guitarra.

Representación antropomorfa

Para entender las culturas que ocuparon el Alto de la Guitarra es necesario comprenderlas dentro de un desarrollo propio y autogenerado de lo que fue la matriz para alcanzar la alta cultura; indudablemente, esto va mas allá de ser simples representaciones simbólicas, decorativas o artísticas; los aspectos temáticos nos conducen a penetrar en la nebulosa que cubrió el pensamiento social de aquel entonces, lo cual es muy difícil de descifrar.

La variedad de seres representados en las piedras y los misterios que los grabados encierran, constituyen un «lugar sagrado» de petroglifos con testimonios de los seres a quienes rendian culto o adoraban. Las representaciones lineales de diversos figuras zoomorfas y antropomorfas supera los restos materiales, puesto que tras ella está el pensamiento del hombre, su vida espiritual, su visión general del entorno, la relación con la vida, la muerte, sus deidades, y otros grados de simbolización ideológica.

Representación antropomorfa

Las evidencias en el Alto de la Guitarra se hallan asociados a caminos, estructuras arquitectónicas acentuando su procedimiento y elaboración: en su mayoría estos petrograbados están tallados con la técnica superficial, otros están realizados con la técnica del raspado superficial, hay un mínimo que presenta otra modalidad de elaboración. Actualmente las rocas tienen una pátina de color rojo intenso que de alguna forma está deteriorando las lineas talladas.

El acceso al lugar es difícil, tanto por la topografía accidentada del terreno como por lo lejos del centro poblado «Cerro Blanco»; sin embargo, por la plástica de sus diseños consideramos que constituye un poderoso atractivo turístico de carácter especializado y una fuente de investigación arqueológica que ayude a desentrañar los mensajes y misterios Cupisniques, así como para aumentar el bagaje de conocimientos de la culturas de la costa norte del Perú.
Textos: Daniel Castillo Benitez

Yayno: Cima del Mundo

Ciudadela Fortificada de la Tradicion  Recuay.

Si bien Raimondi la avizora y Tello la estudia parcialmente, la ciudadela de Yayno, ubicada en las recónditas alturas conchucanas, es uno de los asentamientos prehispánicos de menor visita científi ca. Una expedición financiada por National Geographic y la Academia Británica llegó recientemente a la cima donde reposa.

Desde las primeras décadas del siglo XX, las ruinas de Yayno (Pomabamba) han sido reconocidas en la arqueología andina. Su ubicación, al pie de la Cordillera Blanca, y el enorme esfuerzo que supuso su construcción, causó la admiración de Tello (1929: 29), quien visitó el sitio en 1919 y lo utilizó como base de su teoría sobre la distinta trayectoria de la civili- zación autóctona en el Perú. Sin embargo, el sitio no ha tenido las investigaciones sistemáticas que merece para aclarar su rol en la prehistoria andina. Presentamos los resultados preliminares del Proyecto Arqueológico Yayno-2006, que busca reestablecer la secuencia de ocupación, la organi- zación del espacio y las obras arquitectónicas del sitio. Se inician, de esta forma, las investigacio- nes para reconstruir el carácter y el surgimiento de la complejidad sociopolítica Recuay durante el primer milenio d.C.

Los antecedentes y las labores de 2006 Ubicado en la margen sur del valle de Pomabamba, Yayno reposa sobre un promontorio alto, a 4.170 msnm, en una zona formada por tributarios del Yanamayo originados en las vertien- tes orientales de la Cordillera Blanca, en la cuenca superior del Marañón. Su área de infl uencia contiene terrenos apropiados para una economía mixta: agrícola y ganadera. Terrazas agrícolas contiguas permitieron una densa población en zonas tan altas, ‘agrestes e inhospitalarias’ (Tello 1929: 29-30).

Califi cado como asentamiento tipo fortaleza o ciudadela (Tello 1929: 31), con funciones administrativas y ceremoniales (Kauffmann 2002: 487-488), Yayno tiene una extensión mayor a las 100 Has. Es evidente que el sitio tuvo carácter monumental, no sólo por su ubicación estratégica, sino por sus construcciones imponentes (Apolín G. 2004; Bartle 1981; Kinzl 1935; Ravines 2005; Soriano 1947), con testigos arqueológicos monumentales cada 30 hectáreas.

El montículo del sector monumental, ‘gigantesca pirámide’ (Tello 1929: 30), está formado por altas terrazas escalonadas y platafor- mas sobre las cuales erigieron un complejo de plazas, construc- ciones defensivas y otros conjuntos arquitectónicos, hasta la cima. La mayoría de edifi cios tiene acceso restringido, con pocas entradas, ventanas y rutas de ambulación. Más de 30 construcciones circu- lares cilíndricas fueron establecidas con muros concéntricos, formando ambientes periféricos en el interior. Tienen, cada una, diámetros que oscilan entre 15 y 25 m, con paredes altas que dan la impresión de ser torreones. Se puede identifi car, asimismo, más de una docena de recintos cuadrangulares, cada uno con plazuelas en el interior y habitaciones a los lados. El edifi cio más grande mide 30 m de ancho y 10 m de altura. Cabe destacar (Quebrada Los Cedros).

La cerámica es fina: más del 30% de la muestra es de pasta kaolinita fi na, con engobe rojo y pintura polícroma y/o negativa, en típicos diseños recuay (Grieder 1978).

Se encuentra en formas tipo cuencos (con bases anulares) y kancheros.

Recuperamos la cerámica fina en asociación con cerámica utilitaria (cántaros, ollas), sugiriendo que fueron usadas y depositadas coetáneamente. La cerámica se encuentra en los pisos de construcciones y en capas de relleno y caída. Si bien los análisis siguen en proceso, ya hay dos fechados en niveles de su ocupación tardía (asociados con Recuay Tardío): 670±40 d.C. y 690±50 d.C. (calibrados). Cabe notar que, hasta el presente, no tenemos evidencia de estilos tempranos como Chavín y Huarás Blanco sobre Rojo. Tampoco hay evidencia inca.

Las investigaciones confi rman que el sitio era un centro protour- bano recuay de alta importancia. Excavaciones en ambientes interiores de los conjuntos circulares y cuadrangulares descu- brieron morteros/chancadores, objetos cotidianos, basurales y fogones de función doméstica intensiva. Estos elementos indican que los edifi cios eran residenciales, aunque respondían a una orientación monumental por estar destinados a grupos de extensión considerable, organizados por parentesco, ocupación o estatus, quizás como linajes o ayllus. Indican la coexistencia de grupos segmentarios de varios tamaños que, juntos, consti- tuyeron la comunidad yayno. Aún no es claro si los conjuntos funcionaron como castillos (Tello 1929), para funciones rituales (Kauffmann 2002) o astronómicas (Apolín 2004). Protegidos por muros altos sin ventanas ni entradas, la vida social se centró en sus recintos.

Varios elementos arquitectónicos tenían un carácter defensivo: ubicación estratégica, muros monumentales y periféricos, otros con parapetos, fosos y trincheras, acceso restringido, agrupación de cuartos y conjuntos, recintos cerrados y murallas largas y paralelas. La evidencia enfatiza que el tipo de asentamiento más signifi cativo en el mundo recuay era la marca o aldea fortifi cada.

Estos patrones indican una forma de socialización que valori- zaba la guerra y la defensa. Las prácticas ceremoniales incluyeron fi gurines de animales (ofrendas), objetos de prestigio (hachas, metales, cuentas de piedras, conchas) y piruros de cerámica y de piedra que indican la importancia de la textilería. También se encontraron restos óseos animales, mayormente camélidos. Hasta el presente no se encuentra en el complejo mucha evidencia de interacción foránea ni de prácticas funerarias, que sí se ve en otros asentamientos recuay (Lau 2000; 2005).

Varios pozos produjeron restos de arquitectura más temprana, de diversas fases de construcción (muros, cimientos, pisos). Indican que la historia de construcción y uso del sitio es complejo, consistente en varios episodios de construcción, renovación y destrucción. Por la cerámica se puede notar que Yayno podría haber tenido varias fases de ocupación, quedando aún muchos de sus elementos en proceso de análisis. Podemos concluir que era una ciudadela muy grande y de función diversa, que no sólo cuenta con evidencia arquitectónica sino con una distribu- ción de artefactos que sugiere poder político y económico.

Es seguro señalar que surgieron facciones poderosas recuay en la zona de infl uencia yayno, probablemente organizada en forma de curacazgo o reino pequeño. Los más conocidos se desarrollaron en los alrededores de Cabana y de Huaraz. Pero otro foco fl oreció en las alturas de Pomabamba, con su centro en Yayno.