Hallan momias de 2.600 años de antigüedad en Casual, Bagua, Amazonas. Sorprenden a arqueólogos

Ocho recipientes se encontraron en la zona arqueológica de Casual(Amazonas). Entierros de este tipo se siguen realizando en áreas alejadas de la selva.

Ocho vasijas funerarias con restos de personas en posición fetal y ofrendas, de una antigüedad estimada de 2.600 años fueron descubiertas en la zona arqueológica de Casual, ubicada a escasos kilómetros de Bagua Chica, en Amazonas.

Trabajadores dirigidos por el arqueólogo Quirino Olivera Núñez hicieron el hallazgo cuando desenterraban parte de la estructura arquitectónica de lo que sería un templo.

Cada una de las urnas funerarias mide cerca de 1,20 m y tiene un diámetro de 0,80 cm. Fueron elaboradas con arcilla cocida y tienen tapas. Uno de los recipientes –aún en proceso de excavación– ha llamado la atención porque está pintado de colores, lo cual podría indicar que contiene los restos de un personaje de élite.

Olivera destacó que es la primera vez que se registra científicamente este tipo de contextos funerarios en la selva de Amazonas. En otras oportunidades han sido encontrados aisladamente por campesinos de la zona.

Añadió que se trata de un patrón funerario utilizado por los integrantes de una antigua cultura que moró en la zona. “Es una costumbre que aún se utiliza en comunidades muy alejadas de la selva. Se entierra a los muertos en una vasija, que se considera una suerte de vientre materno. Se piensa que de esta forma la persona vuelve a la vida en el más allá”, explicó.

IMPORTANCIA CIENTÍFICA
El director del Museo Tumbas Reales de Sipán, Walter Alva, explicó que con estos hallazgos se da inicio a la identificación de los patrones de enterramientos de las culturas de la selva.

“La zona tiene gran importancia porque las culturas que se asentaron en la Amazonía comparten tradiciones culturales con otras regiones del país. Este tipo de entierros también se ha dado en Ecuador y Colombia”, indicó.

Las autoridades del Gobierno Regional de Amazonas destinarán recursos para instalar un techo que permita cubrir la zona donde se hallaron las ocho vasijas.

Cada día de trabajo, los restauradores del Museo Tumbas Reales de Sipán hallan sorprendente información sobre la cultura Mochica. Esto sucede especialmente cuando tienen entre sus manos joyas de incalculable valor histórico como las del Señor de Ucupe un importante personaje que gobernó tierras lambayecanas antes que el Señor de Sipán, hace más de 1.700 años.

En julio del 2008, cuando los directores del proyecto, Steve Burget y Bruno Alva Meneses, desenterraron la tumba, pensaron que los ornamentos se parecían a otros extraídos de los numerosos contextos funerarios excavados científicamente en la región. Sin embargo, luego de año y medio de someterlos objetos a procesos de restauración y conservación, se dieron cuenta de que la mayoría de joyas eran de plata pura y de cobre plateado.

En sus casi treinta años de labor, el jefe del laboratorio de conservacióny restauración del Museo Tumbas Reales de Sipán, Fidel Gutiérrez, no había visto algo parecido. Este hallazgo revela detalles de la majestuosidad que tuvo este personaje que gobernó el valle de Zaña, en la época de los señores Sipán.

El director del Museo Tumbas Reales de Sipán, WalterAlva, indicó que el Señor de Úcupe es contemporáneo-o habría gobemado en la épocas al Viejo Señorde Sipán y al Sacerdote Guerrero.

«De acuerdo con los ornamentas y armas que se le encontró, este habría sido una persona que tuvo funciones de guerrero sacerdote. Sería un siglo más antiguo que el Señorde Sipán», sostuvo mientras, con su equipo de trabajo, mostraba los resultados de la labor científ ica que consiste en la restauración y conservacion de 38 joyas que no fueron dañadas por la corrosión.

Según Alva, el color plateado hace referencia a la Luna, al mundo dual y mágico-religioso de los mochicas. Este cobre plateado marca diferencia con el uso del oro y cobre dorado de otros personajes de esta cultura.

Sin embargo, este era un gobernante. El codirector del Proyecto Úcupe, Bruno Alva Meneses, recordó que estilisticamente existe una fuerte relación de los objetos del Señor de Ucupe con los ornamentos de las Tumbas Reales del Señor de Sipán, tal como las máscaras, nariguera objetos de cerámica de fina calidad en los que se representa a los mismos dignatarios.

El Comercio 13.08.2010

Un Camino Ceremonial Chimú

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COSTA NORTE
CHIMU
Un Camino Ceremonial Chimú

Son numerosas las referencias sobre caminos que describen los cronistas, viajeros, etc.; quienes en su mayoría los asocian al período Inca. En la Costa Norte son muy pocos los trabajos realizados por medio de la investigación arqueológica, y los realizados se han basado principalmente de fuentes etnohistóricas, referencias de viajeros, personas del lugar y por medio de la prospección.
Kosok (1978: 617), afirma: «… en la costa peruana, la construcción de caminos y de sistemas de comunicación entre los valles tuvo un papel fundamental; porque fue solamente por medio de estos delgados hilos de adobe y piedra que los distintos valles, económica y físicamente separados, pudieron ser reunidos. Desde un punto de vista económico, los caminos fueron el medio para transportar los tributos hacia el centro político, reforzando así su poder e influencia. Pero, lo más importante fue que constituían los únicos medios físicos para mantener la administración política y militar de los valles conquistados (desde el centro mismo del poder)».

Rodríguez Suy Suy (1970), nos dice que el desarrollo agrícola, la formación de sectores agrícolas con sus centros de población compacta y el intercambio regional de productos alcanzado hasta el período Chimú, requirió de caminos debidamente estructurados que garantizaran el rápido desplazamiento del hombre y sus animales de carga. Además, le permitió el cuidado inmediato a sus cultivos y rápido acarreo de sus cosechas. Garantizó igualmente, su relación con los valles vecinos y zona andina; así como debió significar también el mejor instrumento político-administrativo para el gobierno central de la época correspondiente.

Muchos son los autores que hablan sobre una continuidad de los caminos desde las fases tempranas hasta las más tardías. Presentamos aquí planteamientos de algunos autores sobre la continuidad de caminos en la Costa Norte.
Rodríguez Suy Suy (1972: 10), menciona que la construcción de los caminos o comienzos de su construcción, debió ocurrir en las fases tempranas del Formativo temprano, alcanzando su estructuración más completa en el Horizonte Medio. Esto último, debido al mayor desarrollo político-administrativo, económico y social experimentados, luego se reutilizaron durante el Intermedio Tardío y Horizonte Tardío.

Para Ravines (1978: 68), el camino no es un fenómeno característico del Estado Inca, y su desarrollo es notable en la Costa Norte en la época Moche, y los Chimú trazaron importantes obras viales en el desierto, los caminos Inca han adquirido notoriedad no sólo por ser los mejores conservados, sino porque representan la síntesis de la tecnología vial andina.
En cambio Kosok (1978: 619), nos dice que es muy probable que los Chimú hayan construido sobre los caminos pre-Chimú existentes y que los Incas hayan mejorado los caminos Chimú.
En tanto, Beck (1979), encontró 150 trechos que son preincaicos, algunos de los cuales se remontan por lo menos hasta el período Chavín.
Por su parte Hyslop (1992: 130), dice que algunos caminos utilizados por el Tawantinsuyu son evidentemente más antiguos. La arteria principal de la Costa Norte del Perú es un claro ejemplo. Este camino parece haber tenido un uso ininterrumpido durante siglos antes de los Inkas, uso que se prolonga hasta bien entrada la época Colonial.

En esta gran gama vial, se puede apreciar los caminos ceremoniales que es materia del presente estudio. Beck (1979), al respecto dice que la interpretación de un camino como ceremonial reside en su localización o técnica de construcción, que sugieren que no fue usado para el comercio o para viajar entre centros poblados.

El camino Prehispánico en estudio pertenece al Período Chimú. Hasta donde ha sido posible documentar, su recorrido se extiende desde el mar, pasa por las ciudadelas Laberinto, Velarde por su lado Oeste; sigue en línea recta hasta la muralla Norte de Chan Chan donde voltea en ángulo recto al Este y luego de un corto recorrido de aproximadamente 300 m. dobla en ángulo recto hacia el Norte hasta alcanzar la prolongación del canal Vichansao que se forma de la unión del canal Intervalles La Cumbre y el Vichansao en las faldas del Cerro Cabras.

La dirección del camino hacia las fuentes de agua (mar y canal) y su asociación con la ciudad de Chan Chan sede política, administrativo, económica y religiosa ; nos indica que su construcción por su localización no fue ejecutado para cumplir actividades económicas o administrativas ; sino que estuvo dirigido a realizar actividades de carácter ceremonial.

Rodríguez Suy Suy (1971: 104), realizó un trabajo etnográfico sobre el camino en estudio, sobre el cual nos dice: «… sale casi paralelo al muro exterior de la ciudadela Laberinto llegando hasta muy cerca de la orilla del mar, los más ancianos de Moche y Huanchaco, lo reconocen hasta ahora como «Camino del Rey», los muros que lo limitan son de adobe (ahora destruidos por el salitre) sobre alto cimiento de piedra. El muro del lado Sur, muestra vestigios de haber sido mas alto que el del lado Norte, seguramente también para protección de los vientos».

Rodríguez Suy Suy nos sigue diciendo que los pescadores de Huanchaco lo llaman «Camino del Rey», agregando que: «… por ese camino salía el Rey a la orilla del mar». Averiguando entre los mismos pescadores la práctica de alguna costumbre relacionada con el mar, obtuvimos de los más ancianos la siguiente información: «Nuestros abuelos y nuestros padres, todavía han conservado la costumbre de echar brasas a las olas del mar al mismo tiempo que rezaban algunas oraciones (católicas), con el objeto de ahuyentar la espesa neblina y cualquier tempestad que pudiera poner en peligro la vida de sus parientes que se encontraban pescando o viajando en alta mar. Es una costumbre que hoy se está perdiendo».

Probablemente, esta versión representa una remota y débil supervivencia del gran ceremonial que al Rey Chimú le tocó cumplir en la orilla del mar para fines similares. Entonces, el Rey Chimú debió concurrir en procesional desfile conforme a su alta investidura, razón por la cual llega hasta nuestros días el recuerdo de que por ese camino iba el Rey al mar, los motivos marinos representados en la ciudadela Tschudi y otras como Rivero y Laberinto, bien podrían corresponder a ese ritual (1971: 104-105).

En tanto, para el período Formativo, Bischof (1988) documenta para las Haldas y Culebras, un sistema integral de instalaciones para actos rituales orientados hacia el mar.

También se observa en Morro de Eten, sitio Formativo estudiado por Walter Alva, Carlos Elera y José Carcelén, donde un camino conduce perpendicularmente al acantilado después de cruzar el único cerro de la región situado cerca del mar (citado por Bischof, 1988).

Rodríguez Suy Suy menciona varios caminos ceremoniales que llegan a las playas; el de Huaca La Cruz en Huanchaco que llega a la playa del actual caserío de Huanchaquito, rica -como hasta hoy- en abundante y variados peces de escama y mariscos, y los caminos de Alto de Moche, que unen a la planicie que hay entre las Huacas del Sol y de la Luna, con las playas de Salaverry y Uripe (1970: 22).

Asimismo, Rodríguez Suy Suy para el camino que se une al Vichansao, nos informa que está relacionado con la llegada de las aguas de avenida en verano y a los trabajos de cultivo intensivo que se practicaba en las hoy desérticas tierras de Pampa La Esperanza «Entonces el «Rey Chimú» debió concurrir también en procesional desfile por este camino hasta el punto en que se unen los canales para recibir las aguas». Una supervivencia de aquella ceremonia, podría estar representada por la procesión del «Señor de la Sangre» (San Isidro Labrador, Señor Crucificado y Virgen María) que ahora sólo en casos de sequía se celebra en Moche. En tales circunstancias los agricultores de Moche sacan esta procesión siguiendo el camino que va a los templos del Sol y de la Luna. Llegada la procesión a un punto predeterminado sobre la «acequia del pueblo» fuera de la zona urbana, el sacerdote, vestido con sus ornamentos sagrados, invoca a Dios por la venida del agua y luego tomando la pala de San Isidro, da unas lampadas en la acequia, después de la cual regresan a la Iglesia. Según la creencia de los agricultores, después de esta ceremonia el agua no se hace esperar más tiempo. La posible ceremonia de este segundo camino, pudo estar relacionada también con los trabajos de limpieza y conservación de los canales. Una supervivencia de estos trabajos puede ser la habida en Moche y Virú hasta 1920 más o menos, en un ambiente de gran colorido tradicional. En Virú por ejemplo, los trabajos de limpia constituían una verdadera fiesta: trabajaban, comían, bebían y bailaban. El «Jefe de limpia «ricamente ataviado (collares, pulseras y brazaletes de oro), seguido de su «corte» inspeccionaba los trabajos, después de concluidos, continuaban en gran fiesta comunal …» (1971: 105-106).

Otro ejemplo de estas ceremonias que podemos citar es el que se realiza en el valle de Ica, en donde desde tiempos ancestrales se realiza en el canal La Achirana para su mantenimiento y limpieza anual. Además de los trabajos permanentes de reparación y mantenimiento que se hacían durante todo el año en el mes de octubre, se realizaba anualmente la limpieza del cauce y estos trabajos eran previos a la llegada del «agua de avenida».
«… El agua venía los primeros días de noviembre y diciembre y allí comenzaban a repicar todas las campanas con gusto. Se hacía la fiesta el día que se terminaba la limpieza. Había muchos paisanitos que habían venido de Tate, tenían su guitarra, tocaban … era una alegría máxima, por cuanto habían terminado el cauce» (Mauricio Pacco, N. 1899, Parcona en María Teresa Ore, 1986: 81).

Teresa Valiente (1986: 89), nos informa que para la fiesta del agua que se realiza en Puquio (Ayacucho) diversos autores están de acuerdo en que se trata de un ritual de fertilidad en relación directa con el ciclo agrícola en Puquio, este vínculo se expresa en la limpieza comunal de los canales de irrigación y en el cultivo inmediato de la michka.

Ana M. Soldi (1980: 21), se refiere al agua diciendo: «No es de extrañar entonces que, además de las medidas de carácter técnico y administrativo tomadas para asegurar el abastecimiento de sus campos, los antiguos habitantes de la costa y de la sierra hayan acudido a expedientes mágicos religiosos para intentar de resolver sus problemas».

Rodríguez Suy Suy en relación al camino de estudio le atribuye una función ceremonial basado en la pesca y agricultura respectivamente, debido a la dirección que ambos siguen y al testimonio actual de los pobladores de Huanchaco y agricultores de Moche (1971: 104).

Los datos etnográficos referidos al culto del agua registrados en los valles de Moche, Ica y otros lugares antes mencionados nos proporcionan valiosa información, sobre las ceremonias que se realizan y que serían una continuidad de aquellas ejecutadas por sus antepasados.

Ahora haremos una comparación con la red vial que parte en Batán Grande (río La Leche), donde comenzó la expedición de Hyslop y Urrutia (1980) hasta la ciudad de Trujillo (Plano 4). En este caso sólo trataremos el tramo correspondiente al valle de Chicama y Moche.

Se siguió la ruta antigua entre Chicama y Moche, en donde se encuentra el camino que pasa por las huacas Chiquitoy Viejo y Colorado a 4 km. al Sur-Este de la Hacienda Cartavio en Chicama. El camino se pierde en el desierto entre Chicama y Moche, pero reaparece entrando en Moche unos 6 km. al Norte de Huanchaco. Su ancho es de aproximadamente 29 m. Tiene una orientación de 325º y se conecta en línea recta con el sector de camino observado cerca a las Huacas Chiquitoy Viejo y Colorado (orientación 325º).

En el trayecto del camino (Moche-Chicama), se pasa por varios centros poblados y puede ser transitado por el común de las personas, en comparación al camino en estudio que no pasa por centros poblados y está relacionado específicamente al mar y al canal; y no es transitado libremente por el común de las personas.

Otro punto es la técnica y materiales de construcción. Hyslop y Urrutia (1980) nos informan que en general el camino fue mejor construido cerca de las entradas de los valles. Las paredes que lo bordean son de barro o de piedra y a veces de los dos. Se diferencia del camino ceremonial de estudio por la técnica y materiales empleados en su construcción. La técnica de construcción del camino ceremonial, a partir de la mitad con dirección al canal consistió en grandes piedras en su base, rellenado de pequeñas piedras y adobes en su parte superior pero a partir de la mitad con dirección a la muralla de Chan Chan, los muros se elaboraron con cimientos de piedra y adobes dispuestos en hileras de soga y cabeza. Asimismo el piso se ha encontrado relativamente limpio y en la parte central del camino el piso no se encuentra, producto del post abandono de éste.

Otro punto sería la utilización de adobes en el camino. En Chan Chan se encuentran tres tipos principales de restos arquitectónicos: la arquitectura monumental, la arquitectura intermedia y los SIAR (cuartos pequeños irregulares y aglutinados). La arquitectura monumental y la intermedia presentan como material principal de construcción los adobes, en cambio los SIAR son cuartos de arquitectura rústica. En general, sus muros están hechos con cantos rodados, y rara vez pasan los 50 cm. de alto. Estos muros sirvieron como bases a estructuras de estera y palos. Ocasionalmente los pisos y paredes tuvieron un enlucido de barro, aunque lo característico es que fueran de tierra compactada, humedecida (Topic, 1977; en Topic, 1980).

Este es otro motivo para postular el carácter ceremonial del camino, ya que en los tres tipos de arquitectura de Chan Chan, los SIAR no presentan adobes a diferencia del camino que sí lo presenta. Esta característica nos estaría indicando el uso restringido para un grupo reducido conformado por la élite.

El único método que nos ha permitido fechar el camino fue por medio de los adobes; dando como resultado en la tipología de Kolata ser la mayoría del tipo plano, con algunas excepciones de extremos cuadrados. Kolata (1980: 132) nos dice: «son planos, cuando proporcionalmente son más anchos que altos».

Entonces postulamos que el camino fue construido en la primera fase constructiva de Chan Chan; y por la presencia de adobes de extremos cuadrados, nos estaría indicando que en la segunda fase de construcción de Chan Chan, el camino tuvo un permanente mantenimiento e importancia.

Beck (1979), explica que se han encontrado 150 adobes a lo largo del camino y recuperados en una excavación de T. Pozorski para el Programa Riego Antiguo y determinaron que casi todos los adobes medidos fueron planos con algunos pocos de extremos cuadrados; por lo tanto, los muros son tempranos en la secuencia de adobes de Kolata.

En la trinchera 6, en la parte exterior del Muro Oeste se encontró un entierro disturbado, en el cual se pudo recuperar algunos restos óseos los cuales fueron analizados dándonos como resultado la determinación del sexo el cual fue un individuo masculino, y la determinación de la edad que corresponde a un individuo juvenil con una edad probable de 16-17 años; estos restos se encuentran asociados con una ofrenda de cerámica que corresponde al Período Chimú Medio (Segundo Vásquez comunicación personal, 1998); ésto nos estaría indicando que el camino ceremonial tuvo vigencia en el período Chimú Medio, y posiblemente siguió siendo utilizado en el período Chimú Tardío hasta la llegada de las huestes Incaicas en el año de 1460-1470.

La información reciente del Proyecto Riego Antiguo, es que el canal La Cumbre y la extensión del sistema del canal a Pampa Huanchaco es anterior a la inundación y por lo tanto anterior al camino. El camino puede no haber sido construido para conmemorar la apertura del canal pero puede haber sido construido para conmemorar la reconstrucción del sistema hidráulico después de la inundación (Beck, 1979). Esto nos plantea que el canal es mucho más temprano que el camino; al respecto Deza et. al. (1997: 21) en su primera conclusión dice: «Pampa Esperanza parte alta y el canal Vichansao fueron utilizados para la producción agrícola desde la ocupación Moche, fase IV».

Este dato de que el canal Vichansao fue utilizado en la fase IV de Moche, nos daría la certeza para afirmar que el Canal que tenemos en la parte inferior debajo del piso de la trinchera 1, corresponde al período Moche, en sus últimas fases. Además se encontró sobre el nivel del Canal un fragmento de cocción oxidante, de pasta fina que posiblemente correspondería al período Moche. En esta trinchera se registró el mayor porcentaje los restos arqueozoológicos (invertebrado), los cuales están relacionados con la presencia del canal. El análisis de la totalidad de los restos arqueozoológicos son irrelevantes para el cumplimiento de nuestros objetivos

En síntesis, por la técnica constructiva (pisos relativamente limpios, adobe y enlucido) que se observa en el camino prehispánico, hacen notable la diferencia con otros caminos que presentan elementos de construcción formal sin enlucido, y otros que consisten de simples hileras de piedra y en algunos casos unidas con barro.
Por otra parte, la presencia de los pisos relativamente limpios nos induce a pensar que este camino tuvo un constante mantenimiento.
Así mismo, el hallazgo en la Trinchera 1 de coprolitos de camélido asociados al piso, nos permite deducir que estos transportaban algún tipo de ofrendas o posiblemente como parte de ellas en la realización de las ceremonias.

También es necesario mencionar que la mayor presencia de adobes desde la parte media del camino hasta la muralla Norte de Chan Chan esta relacionado con las construcciones arquitectónicas de la élite, lo que nos sugiere el uso especializado que tuvo el camino.
Otro punto sería la presencia del entierro con cerámica fina del estilo Chimú asociado al camino, lo que explicaría la importancia que cumplió.

Finalmente la unión del camino que conecta las dos fuentes de agua (mar y canal), que según los datos etnográficos estarían relacionados con ceremonias que todavía superviven. Estas ceremonias estuvieron relacionadas con el aspecto ideológico (ceremonia al mar y al canal) de la población que habitaban en la ciudad de Chan Chan.

Por todas las evidencias antes expuestas este camino cumplió una función ceremonial y por la presencia de adobes planos su construcción se remonta a la primera fase constructiva de Chan Chan; y la presencia de adobes de extremos cuadrados nos estaría indicando que el camino mantuvo su importancia durante la segunda fase constructiva de Chan Chan.


Por: Luis Valle Alvarez

Historia de una recuperación

La recuperación de piezas arqueológicas devuelven a un país parte de su identidad cultural. El análisis, identificación y rescate del patrimonio cultural saqueado es un proceso trascendental que la Dra. Paz Cabello Carro, perito que participó en la recuperación de la denominada “colección Patterson”, nos cuenta a continuación.

En mayo de 1988 llevé unas piezas del Museo de América de Madrid a una exposición en el Grand Palais de París, L’Or et son mythe, donde tuve ocasión de ver unas piezas que acababan de descubrirse y pertenecían a una colección privada peruana.

Aunque entonces desconocía los hechos, tuve la ocasión de contemplar las piezas de Sipán, cuyo impacto todavía perdura en mí a pesar de la ausencia de datos del catálogo y lo reducido de las imágenes. El año anterior unos huaqueros habían abierto una tumba cuyo ajuar de oro y demás piezas metálicas habían sido vendidas a coleccionistas; una parte quedó en manos de particulares y otra salió enseguida fuera del país y fue reclamada, publicando en 1997 la UNESCO en un libro sobre el saqueo en Latinoamérica, una muestra de los objetos robados.

El arqueólogo Walter Alva se hizo cargo del yacimiento y empezaron las excavaciones científicas de Sipán, ampliamente difundidas en todos los medios nacionales y extranjeros, destacando los reportajes de National Geographic. Esta difusión de los materiales de Sipán ha hecho que su estilo sea reconocible y que se puedan identificar objetos que pertenecen a un mismo conjunto. En 1992 se publicó en Lima un volumen sobre el oro del antiguo Perú, donde aparecían numerosas piezas de colecciones particulares peruanas, entre ellas algunas iguales a las expuestas en París, claramente de Sipán y del yacimiento de La Mina, ubicado en el valle de Jequetepeque, y expoliado pocos años antes.

A comienzos de 1997 pude ver en Santiago de Compostela, España, la exposición El espíritu de América prehispánica. 3000 años de historia, una muy amplia muestra que ocupó tres sedes con objetos procedentes de diversos países, cuyo catálogo, precedido por numerosos artículos académicos, solo reseñaba una pequeña parte de lo realmente mostrado. El o los propietarios, entre los que figuraba Leornado Patterson, ofertaron la colección al gobierno de la Comunidad Autónoma de Galicia, cuya sede está en Santiago, que tras diversas consultas no aceptaron la oferta. La colección quedó en un almacén de la ciudad hasta que, en un seminario sobre tráfico ilícito celebrado en Madrid un funcionario gallego y un antiguo policía peruano comentaron la situación.

Con el catálogo en mano, que también había sido publicado en versión estadounidense, el gobierno peruano reclamó al juzgado de instrucción de la ciudad de Santiago de Compostela las 31 piezas peruanas cuyas imágenes aparecían en el mencionado volumen. Por orden del juez, la policía entró en el almacén, abrió todas las cajas, fotografió sus contenidos y remitió todas las imágenes para que le confirmase las piezas reclamadas.

El doctor Alva emitió informe indicando todos los numerosos objetos peruanos que advirtió en la colección; lo que había de ser ratificado por otro perito, diferente al que hubiese redactado el primer informe que dio origen a la reclamación. El gobierno peruano me designó como perito, ya que entonces hacía años que dirigía el Museo de América y había colaborado con el Consejo Internacional de Museos (ICOM) y Perú en la elaboración de «listas rojas» contra el tráfico ilícito. Como las fotos tomadas por la Brigada de Patrimonio Histórico de la policía española en el almacén de Santiago mostraban más de 200 piezas peruanas prehispánicas, el gobierno de Perú hizo una segunda reclamación por el resto de los objetos, nombrándome también perito suyo. Mientras tanto, continuaba el proceso de reclamación y peritaje de las 31 piezas.

El enfoque de la reclamación peruana era que, ateniéndose a la propia normativa, al ser objetos originarios de este país debían regresar. El enfoque de la justicia española era que había que demostrar el expolio, ya que existe un tráfico lícito y regulado de obras de arte. En términos jurídicos, la carga de la prueba recae siempre en el demandante que, en este caso, debe demostrar que los objetos que reclama le han sido ilegítimamente sustraídos. Por otra parte, hasta 1985 la legislación española permitía la entrada no documentada de bienes culturales y establece que, tras diez años de estancia en el país, los objetos pasan a formar parte del patrimonio histórico español, y esos diez años ya habían transcurrido en 2007. No se le escapaba a la justicia española la dificultad de la situación, ya que las piezas no habían sido robadas de un museo o colección legalmente constituida en la que existen datos objetivos como imágenes o medidas, sino que parecían proceder de un saqueo que, por su clandestinidad, es difícil de demostrar. Era, por tanto necesario demostrar el expolio: el saqueo del yacimiento y la exportación ilícita del Perú.

El juez ordenó que las 31 piezas objeto de la primera reclamación fuesen depositadas para su estudio en el Museo de América.

Era evidente que si se demostraba la existencia de expolio en este primer lote, sería más fácil abordar el segundo lote de la misma colección; de manera que era necesario centrarse en este primer lote, explicar claramente la situación y probar que al menos una parte de las piezas había sido expoliada y sacada ilícitamente del país.

Un primer examen de estos 31 objetos y un estudio de las restantes piezas depositadas todavía en el almacén de Santiago, evidenció que no era difícil sino imposible demostrar el saqueo de muchas de ellas, sobre todo las cerámicas, ya que objetos similares están en el mercado. Me centré en los metales que suelen presentar características estilísticas y técnicas particulares que permiten asignarlos a un taller que proveyó el ajuar de un enterramiento.

El yacimiento de Sipán es bien conocido a través de la bibliografía, que detalla su expolio, las primeras excavaciones con las escasas piezas halladas en la tumba saqueada y las posteriores en los enterramientos siguientes. No era difícil reconocer las piezas procedentes de la tumba del Señor de Sipán; ya había contemplado en París una parte y conocía la bibliografía, e hice consultas a especialistas. Era evidente y pude demostrar de manera objetiva que la mayor parte de las piezas que tenía en mis manos procedían de la tumba saqueada de Sipán; otras presentaban un estilo y una manufactura algo diferente, que las relacionaban con dos tumbas moches huaqueadas algo antes, fundamentalmente con el yacimiento de La Mina. Algunas de estas piezas habían sido publicadas en Lima en 1992, presentando en ciertos casos pequeños desperfectos que las individualizaban. Finalmente, había un conjunto formado por una máscara Sicán, un cetro y unas láminas de oro presentadas sobre un fieltro como si fuesen placas ornamentales de un vestido; las perforaciones en los bordes señalaban que probablemente eran las hojas doradas que recubrían unas andas de ceremoniales de madera hoy desaparecidas y similares a otras de la misma cultura que ha llegado a nosotros. Máscara, cetro y láminas asociadas a unas andas ceremoniales debían relacionarse con unos remates de madera que todavía estaban en el almacén de Santiago; lo que señalaba la existencia de un conjunto Sicán saqueado en fechas relativamente recientes, según indicaba la conservación de los pigmentos y al hecho de comercializar unas láminas abolladas, perforadas y lisas no como oro a fundir sino como parte de un vestido.

El hecho de que el fiscal Roma, que llevaba el caso, fuese uno de los escasos especialistas en derecho de patrimonio histórico debió también pesar en la decisión del juez de devolver a Perú la colección que continuó en el Museo de América. Al mismo tiempo, el juez se ocupó de atender a la segunda reclamación y ordenó el depósito del resto de la colección en el mencionado museo. Cuando la policía entró en los almacenes para cumplir la orden judicial se encontró con que solo quedaban unas cajas con las piezas reclamadas por el gobierno de Perú; el resto había sido embarcado por su propietario y sacado por carretera con destino a Munich sin haber solicitado previamente el preceptivo permiso de exportación, temporal o definitiva. Como esta petición es obligada y, según la normativa española, su incumplimiento hace perder la propiedad que pasa automáticamente al Estado, España reclamó a Alemania y se puso en contacto con los otros países latinoamericanos de donde procedían otras piezas de la gran colección con el objeto de proceder a las repatriaciones que hubiera lugar. Actualmente las piezas de la colección Patterson procedentes de varios países americanos continúan detenidas y reclamadas en la mencionada capital de Baviera; las piezas peruanas han sido devueltas: una parte de ellas ya ha sido repatriada y está en Perú, mientras otras están en proceso de traslado. Paz Cabello Carro