Rutas Ancestrales del QHAPAQ ÑAN

El antiguo Sistema Vial Andino o Qhapaq Ñan, notable obra de ingeniería prehispánica, atravesó enormes arenales, accidentadas cordilleras y tupidas florestas para integrar cientos de pueblos esparcidos por la actual América Andina. No resulta exagerado afirmar que, gracias a esta vía, las actuales naciones andinas comparten muchos rasgos culturales esenciales que hacen patente nuestra hermandad.

Si bien algunos de los tramos integrados al Qhapaq Ñan constituían en realidad antiguas rutas de tránsito, implementadas por sociedades precedentes como los moche y los wari, fue con el Estado Inca que el sistema adquirió un carácter orgánico, permitiendo gobernar todo el Tawantinsuyu. Por ello, el cronista Pedro Cieza de León señaló a mediados del siglo XVI que, así como España fue dividida desde la antigüedad en provincias, “estos indios para contar las [provincias] que avía en tierra tan grande lo entendían por sus caminos”. En otras palabras, conocer el Qhapaq Ñan era conocer propiamente todo el Imperio.

En la actualidad, no hay mejor forma de familiarizarse con los pueblos conectados alguna vez por esta vía, con los escenarios naturales que atraviesa y con los monumentales conjuntos arquitectónicos levantados a su vera, que visitándolos en aquellos segmentos aún preservados.

Este libro resultará de gran utilidad en esta tarea, ya que no solo despliega ante el lector un impresionante repertorio fotográfico, producto de una selectiva sensibilidad estética, y actualizada información histórica y arqueológica de cada uno de los tramos tratados, sino que también incluye valiosos datos sobre las rutas de acceso y distancias de los sitios, sus mejores temporadas de visita, los servicios disponibles y los bienes personales que se recomienda portar para hacer de su viaje una grata experiencia.

Con esta publicación, el Ministerio de Cultura pone a disposición del público general una síntesis de los estudios que el Proyecto Qhapaq Ñan viene realizando desde hace casi veinte años, reafirmando su compromiso de fomentar el conocimiento del Sistema Vial Andino, en esta ocasión, entre todos aquellos que se vean animados a recorrerlo, disfrutarlo, y reencontrarse con nuestra naturaleza diversa, así como con la pluriculturalidad que caracteriza a nuestro país. Sonia Guillén Oneeglio Ministra de Cultura del Perú.

INTRODUCCION

El Qhapaq Ñan estuvo constituido por un complejo sistema de caminos preincaicos e incaicos que se extendía por más de 30 000 kilómetros, comunicando todo el Tawantinsuyu. Considerado Patrimonio Mundial por la Unesco, esta red vial integró los actuales países de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú, siendo estructurado sobre la base de caminos dispuestos estratégicamente teniendo como eje a la cordillera de los Andes, desde donde se vinculaban los diversos pisos ecológicos característicos de esta amplísima región. Más de 20 000 kilómetros de este sistema de caminos se encuentran en el Perú, donde el Qhapaq Ñan sigue funcionando como una gran red de comunicación entre los pueblos andinos.

A partir de la creación del Proyecto Qhapaq Ñan, en el año 2001, el Ministerio de Cultura tiene a su cargo la identificación, registro, investigación, conservación, puesta en uso social y puesta en valor de las manifestaciones culturales vinculadas al Camino Inca a lo largo del territorio nacional. Para llevar a cabo estas labores, el Proyecto Qhapaq Ñan está organizado en proyectos integrales y proyectos de tramo. Los primeros se encuentran en sitios arqueológicos de gran envergadura asociados al camino, donde se realizan labores arqueológicas, de investigación y de conservación; por su parte, los proyectos de tramo se ejecutan en segmentos de la antigua Red Vial Inca e incluyen caminos y sitios que van desde pequeños tambos hasta grandes sitios administrativos y ceremoniales.

Hoy, el Camino Inca mantiene una notable vigencia y genera un estrecho vínculo con las poblaciones; es un camino vivo, un lugar de encuentro, de intercambio y de comunicación entre los pueblos andinos. Con esta publicación, el Ministerio de Cultura busca difundir el Qhapaq Ñan como un importante esfuerzo unificador de carácter nacional, y mostrar la relevancia de las investigaciones y de los trabajos de puesta en valor que se llevan a cabo en el mayor monumento prehispánico de Sudamérica.

Este libro es una invitación a seguir el Camino Inca a través de imágenes que presentan esta gran obra de la ingeniería desde sus monumentos, sus paisajes y desde las comunidades ancestrales que aún lo cuidan, lo transitan y forman parte de su paisaje cultural. Esta publicación es un viaje por el Qhapaq Ñan, un recorrido que va desde el norte hasta el sur del Perú y registra para el viajero los principales sitios arqueológicos monumentales y los mejores tramos para caminar, seleccionados según un criterio de valor patrimonial, de paisaje, de cultura viva, así como de accesibilidad.

Las rutas presentadas en estas páginas constituyen una selección que incluye, no solo los tramos longitudinales del camino, sino también las vías transversales que tienen gran valor, ya que éstas conectan variados pisos ecológicos generando una gran diversidad cultural y paisajística.

Cada ruta seleccionada representa una oportunidad de encuentro para el viajero, para recorrer hoy el Qhapaq Ñan, apreciar la cultura viva, sus manifestaciones y expresiones diversas, y acercarse a las comunidades que lo habitan. María Elena Córdova Burga Viceministra de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales Ministerio de Cultura del Perú.

CABEZA DE VACA

La Zona Arqueológica Monumental de Cabeza de Vaca se emplaza en el valle bajo y en la margen izquierda del río Tumbes, en un punto de confluencia de las colinas y la planicie litoral. Tras ser incorporado al Imperio por el Inca Tupac Yupanqui, este sitio pasó a convertirse en la sede central de la costa norte del Tawantinsuyu y en uno de los asentamientos más importantes conectado al Qhapaq Ñan en esta región. Era, además, el destino final del Camino Inca de la Costa y el principal puerto de ingreso del spondylus proveniente del golfo de Guayaquil. La vía marítima se extendía hasta este golfo ecuatoriano (e incluso más al norte), siendo Tumbes el punto de partida y de llegada de las embarcaciones que transportaban preciadas valvas de spondylus.

En la región de Tumbes, la vía terrestre se desplaza desde la quebrada Cusco, en la montaña de los Amotapes, hasta Playa Hermosa en el litoral. Políticamente, el camino se localiza en los actuales distritos tumbesinos de San Jacinto y Corrales. Este tramo del Camino Inca alcanza casi 100 kilómetros de longitud siguiendo una dirección de sur a norte, con altitudes que oscilan desde los 1538 metros hasta el nivel del mar; a lo largo de la vía se han identificado sitios arqueológicos que tuvieron distintas funciones y jerarquías, siendo Cabeza de Vaca el más importante.

Como capital provincial o cabeza de provincia inca, el centro administrativo y ceremonial de Cabeza de Vaca concentró el poder estatal. Por ello, ahí se construyeron las mayores edificaciones estatales de poder distribuidas en un amplio núcleo urbano. El asentamiento estuvo conformado por grandes construcciones de barro y piedra, como el sitio de Soledad de Tambo, conocido también como Tambo Real de Pincos, es el asentamiento más extenso de la quebrada de Tambillos, y que funcionó como centro administrativo y ceremonial durante la época Inca. En el complejo se conserva el ushnu y numerosas estructuras anteriores a la ocupación inca, así como kallankas y kanchas que podrían corresponder al sector residencial. El asentamiento se ubica en una zona bastante favorable a la producción agrícola, asociado a un amplio sistema de terrazas que abarca el 32 % del área total de la quebrada.

El Camino Inca atraviesa el sitio de Soledad de Tambo y pasa al lado del ushnu, una gran plataforma escalonada que conserva en la parte superior un pozo de ofrendas de planta rectangular, elaborado con piedras finamente labradas al estilo Inca Imperial. Las investigaciones realizadas por el Proyecto Qhapaq Ñan han permitido determinar que el ushnu estuvo vinculado a lugares importantes de carácter ancestral, algunos alineamientos coinciden con los elementos geográficos sagrados, como los cerros tutelares Wiñaq, Anqo Raqu, Llalliraq y Pan de Azúcar, poniendo de manifiesto el paisaje ritual en la quebrada de Tambillos.

El sector denominado Colcas de Huaganco se encuentra integrado por trece depósitos de almacenamiento alineados en la parte alta de un promontorio rocoso; el lugar manifiesta una importancia simbólica, dado que, antes de la llegada de los incas habría funcionado como un sector funerario y de reverencias.

Siguiendo la ruta del Qhapaq Ñan se llega al sitio arqueológico de Huaritambo, conocido en crónicas antiguas como la “casa de Huayna Capac”, se trata de uno de los diez tambos reales ubicados entre Huánuco Pampa y Huamachuco. En el complejo destaca un conjunto de colcas o depósitos de almacenamiento asociados a un camino secundario. En los alrededores del complejo es posible observar diversas estructuras y distinguir una plaza, las kallankas y diversos edificios rodeados de campos de cultivo. Hacia el lado sureste se observa el sector mejor conservado, conformado por calles, recintos, patios y kanchas de la época Inca.

HUÁNUCO PAMPA

Huánuco Pampa fue uno de los más importantes centros administrativos del Tawantinsuyu. Se trata de un complejo urbano que abarca 800 hectáreas en las que se distribuyen más de 4000 edificaciones de piedra. El sitio destaca por el carácter excepcional de su planeamiento espacial, constituido por una enorme plaza que mide 350 metros por 550 metros y un edificio central desde el cual irradian una serie de calles y caminos que delimitan los barrios o sectores del asentamiento. De acuerdo a recientes estudios, Huánuco Pampa fue diseñado en base a alineamientos astronómicos.

El complejo inca destaca por la monumentalidad de sus construcciones y por su fina arquitectura de estilo cusqueño. Las enormes salas techadas conocidas como cada una de más de 75 metros de largo con una altura estimable de 12 metros, resultan particularmente notables. Asimismo, el o plataforma ceremonial en la que se realizaban sacrificios y ofrendas de libación. Este complejo cuenta con seis portadas perfectamente alineadas, flanqueadas por felinos duales. A esta zona se accede de manera gradual, ingresando a espacios cada vez más restringidos, hasta llegar a la Casa del Inca o y al Baño del Inca, ambos de uso exclusivo del soberano.

Se podía llegar a Huánuco Pampa a través del Camino Longitudinal de la Sierra, que unía Cusco con Quito y articulaba diversos asentamientos de similar nivel en su recorrido; Huánuco Pampa, sin embargo, fue el punto neurálgico entre ambos lugares.

El Camino Inca o Qhapaq Ñan parte desde el centro del asentamiento, específicamente del , y en su recorrido (casi siempre recto) atraviesa una extensa altiplanicie, ríos, quebradas y lagunas rodeadas de enormes cerros. La geografía del entorno está sorteada por una importante infraestructura de caminos empedrados, escaleras de piedra, cortes en los cerros y muros de contención en zonas de precipicios, así como diversos puentes para atravesar cursos de agua, un complejo sistema de drenaje para evitar la inundación de los caminos y una serie de marcadores en las zonas llanas donde el camino estaba despejado.

Las investigaciones arqueológicas realizadas por el Proyecto Qhapaq Ñan han evidenciado características que denotan un alto nivel de ingeniería y planificación, además de notables conocimientos tecnológicos empleados para la construcción de este asentamiento. Tal es el caso del hallazgo de una serie de muros de contención que soportaban el relleno constructivo del y de más de treinta capas estratigráficas que permitían la filtración del agua producida por las lluvias, evitando así empozamientos en la plataforma.

ZONA CENTRO
Los caminos del peregrinaje

HUARAUTAMBO
PUMPU
CHACAMARCA

Este es uno de los caminos más destacados y mejor conservados de la vía longitudinal del Qhapaq Ñan que recorre la sierra, ya que vinculaba importantes centros administrativos y ceremoniales de los Andes. El camino prehispánico comienza en el poblado de Chacamarca, ubicado al suroeste del lago Chinchaycocha o Junín, en las faldas del cerro Chacamarca, y prosigue por la margen izquierda del lago rumbo al gran centro administrativo inca de Pumpu, para luego continuar al tambo de Huarautambo. Este tramo del Qhapaq Ñan tiene una longitud de 115 kilómetros desde el poblado de Chacamarca, donde se libró la batalla de Junín el 6 de agosto de 1824. El camino continúa por la orilla del lago Chinchaycocha, el segundo más grande del Perú, localizado en un área natural protegida.

Este particular ecosistema es, además, un referente paisajístico para las culturas de la sierra central. En esta parte del territorio, el Qhapaq Ñan transita por encima de los 4000 metros de altitud y llega hasta el Complejo Arqueológico de Pumpu, que tiene como escenario el imponente paisaje del bosque de piedras del Huayllay, ubicado a 4 kilómetros de distancia. El camino se inicia en una extensa pampa hasta llegar a la altura de Awilanragra, en Pasco, donde el relieve se torna cada vez más accidentado. Este tramo del camino presenta diferentes infraestructuras como calzadas empedradas que conservan canales laterales, drenajes y otras soluciones al escarpado terreno de la zona tales como: escaleras, puentes y en algunas secciones, plataformas de tipo corte talud, las cuales han sido construidas con piedras locales, que contrastan con el paisaje circundante y la vegetación gramínea de la zona.

Este camino recorre un paisaje diverso que articula los cálidos valles orientales, la puna y la yunga. En las proximidades aún se aprecian evidencias de la actividad ganadera prehispánica y algunos asentamientos tempranos en las alturas. Los monumentos directamente relacionados al camino son pocos, pero definen bien su uso como un sistema organizado y bien planificado.

El primer monumento de la ruta es Chacamarca, que funcionó como un centro administrativo de unas 80 hectáreas. Está conformado por más de veinticinco conjuntos o kanchas incas con edificios de planta rectangular y una plaza. En la ladera baja de los cerros aledaños hay ciento treinta colcas de planta circular dispuestas en dos hileras y una serie de plataformas asociadas al camino.

Siguiendo la ruta del Qhapaq Ñan, unos 11,2 kilómetros al norte de Ondores, frente el desvío de Ucchupampa, se divisa el sitio de Ingapirca. Ubicado a la orilla del lago, el complejo conserva una gran estructura de planta cuadrangular de unos 32 metros de lado, formada por diez recintos dispuestos a modo de una típica kancha inca.

Pumpu es el principal sitio en esta región y está emplazado al noroeste del lago, en una ubicación estratégica entre la costa y la selva. Todavía se puede distinguir su extensión original y sus más de sesenta conjuntos, además de una plaza de más de 25 hectáreas con una plataforma ceremonial tipo ushnu en su interior. El monumento presenta, asimismo, cerca de trescientos recintos de almacenamiento en las laderas de las montañas asociadas al centro administrativo.

En Huarautambo, el camino se aprecia desde el sur del poblado entre terrenos de cultivo, donde es cortado por segmentos de la actual carretera. En el mismo poblado hay un puente de origen inca que conserva su forma prehispánica original. Saliendo del pueblo hacia el norte está el sitio de Huarautambo que se presenta como uno de los monumentos más importantes, ya que cuenta con una refinada arquitectura construida con piedra tallada y labrada de estilo Inca Imperial, con vanos trapezoidales de doble jamba y finos acabados, que evidencia la gran relevancia ceremonial que debió de tener.

COCHAS
HUARICOLCA
TARMATAMBO

La sección del Qhapaq Ñan que va de Huaricolca a Tarmatambo se ubica en la provincia de Tarma (Junín), en los distritos epónimos, y forman parte de la vía longitudinal de la sierra, ruta principal que unía Cusco con Quito, en Ecuador. Específicamente, se localiza en el tramo que va del asentamiento Hatun Xauxa (Jauja) hasta el centro administrativo ceremonial de Pumpu, en la frontera entre Junín y Pasco.

El recorrido comienza en Lomolargo, a 4200 metros de altitud. En esta zona de la puna, el Camino Inca presenta una calzada delimitada con piedras en ambos lados y escalinatas empedradas. Un punto importante de este trayecto del Qhapaq Ñan es Ingapatacunan, localidad donde aún existe un tramo de escalinatas de piedra que atraviesa la parte alta de la puna de Tarma. Desde este punto, hacia el lado este, se divisa el nevado Huayhuay, compuesto por tres cumbres: el apu Huayhuay, Chonta Huayhuay y Sulca Huayhuay. Este último nevado constituía la huaca o deidad principal de las poblaciones prehispánicas de la actual región de Tarma. Al pie de este se encuentra un adoratorio inca conocido como Otorongo, que consiste en dos recintos con el eje mayor orientado hacia la cima del nevado y un espacio cercado asociado a afloramientos rocosos, desde donde posiblemente se hacían sacrificios.

Desde la llanura de Ingapatacunan, el camino comienza a descender por una quebrada en dirección norte hacia Huaricolca, ubicado a una altitud de 3860 metros.

Hacia el lado este de este sector de la vía se observan dos conjuntos de almacenes incas o colcas, un grupo de cinco en hilera y otro de cincuenta y cuatro dispuestas en doble fila, ambos grupos encerrados por un cerco de piedra. Es muy probable que el nombre del sitio arqueológico Huaricolca esté asociado al manantial cercano o puquio que se conoce como Mamahuari, alrededor del cual se encuentran varios abrigos rocosos con pinturas rupestres.

Desde Huaricolca el camino sigue en descenso hacia el sitio arqueológico de Tarmatambo, localizado en el poblado del mismo nombre. Este asentamiento se encuentra conformado por varios conjuntos arquitectónicos, entre los que destacan las kanchas, las estructuras alargadas denominadas kallankas, el awanawasi, una plaza y, hacia el sur, en el cerro contiguo conocido como Pirwa Pirwa, dos grupos de almacenes incas. Las construcciones, en su mayoría, fueron construidas con piedra y barro y casi todas se ubican sobre terrazas. El sitio inca rodea una pequeña colina en la que se observa una caverna denominada Ushcu, que fue probablemente el adoratorio local. Mención especial merece el conjunto arquitectónico identificado como el awanawasi o taller de tejido; se trata de una construcción alargada, originalmente techada, que da a un gran patio.

Al interior del recinto se hallaron los restos de una decena de anillos de piedra tallados que servían para colgar las kallwa o telares de cintura con los que elaboraban los tejidos. Si bien Tarmatambo se localiza en una zona ecológica propicia para la agricultura, sobre todo para la siembra de maíz, también llegó a convertirse en un importante sitio para la manufactura textil, empleándose materia prima proveniente de Pumpu y Chacamarca.

Las terrazas del sitio son utilizadas actualmente por la comunidad campesina de Tarmatambo. Todas las andenerías existentes funcionan con el mismo sistema de canales usados desde la época prehispánica. El agua proviene de dos manantiales: Quinualpuquio y Huachac, ubicados en las partes altas. A partir de Tarmatambo, el camino comienza a ascender en dirección norte. La calzada inca en esta parte es de tipo plataforma (corte talud) y rodea el cerro Sarahuisa hasta la quebrada de Auquibamba; tras cruzarla, la vía asciende hacia el cerro Incatacunan. En la parte más alta del camino, a una altura altitud de 3859 metros, se cruza por una plataforma aterrazada desde donde la vía toma rumbo oeste y comienza el descenso.

Desde Incatacunan se pueden divisar las andenerías de Carhuacatac y Tarmatambo por el sur, y Sacsamarca por el lado norte. En este punto el camino desciende en dirección oeste al cerro Jarama, hasta llegar al poblado de Huasqui (a 3411 metros de altitud). Esta zona tiene un extenso valle en el que se cultivan flores en gran escala como alhelíes, claveles, gladiolos y lirios, que cubren de colores las terrazas prehispánicas. De Huasqui, el camino vuelve a ascender por las andenerías incas en dirección oeste rumbo a Queropuquio, localidad que toma su nombre de un manantial que, durante todo el año, provee de agua de riego a la zona de Cochas. En épocas prehispánicas, esta zona agrícola fue utilizada para producir tubérculos y maíz.

HATUN XAUXA
HATUN CHACA

Esta importante sección del antiguo camino transversal unía el centro administrativo – ceremonial inca de Hatun Xauxa con la cordillera de Pariacaca y el Santuario Arqueológico de Pachacamac. Tiene una longitud de 5 kilómetros y se extiende desde el actual pueblo de Sausa hasta la localidad de Hatun Chaka, a orillas del río Mantaro.

Esta vía prehispánica atraviesa escenarios naturales y culturales de distinta índole, desde laderas y cumbres hasta poblados rurales y llanuras agrícolas, donde se aprecian hermosos paisajes que muestran la magnificencia del otrora valle de Jauja.

En el trayecto se encuentran también importantes sitios arqueológicos del Tawantinsuyu. Uno de especial trascendencia es Hatun Xauxa, establecimiento inca de primer orden en el Chinchaysuyu desde el cual se administró una parte importante de la sierra central peruana. En el lugar, ubicado en el actual distrito de Sausa, aún se pueden observar los vestigios de los edificios prehispánicos como el ushnu o plataforma ceremonial, ubicado pocos metros de la plaza Huáscar. Destacan también restos de otros conjuntos arquitectónicos como Cancha Cancha y Pillcopampa, además de la iglesia colonial de San Francisco, una de las más antiguas en la región.

Otro punto importante es el complejo almacenero inca de Shushunya, conformado por casi quinientas colcas o depósitos levantados con muros de piedra, en su mayoría de planta circular, dispuestos en hileras en la parte alta de la ladera al suroeste de Hatun Xauxa. Allí se puede visitar un conjunto de edificios prehispánicos que han sido conservados recientemente por el Proyecto Qhapaq Ñan, siguiendo un circuito de visita acondicionado especialmente para tal fin.

Estudios realizados por investigadores norteamericanos y por el Proyecto Qhapaq Ñan han permitido la identificación de restos de maíz, papa, tarwi, quinua, frejol y ají. Ello pone en evidencia la diversidad de productos que eran acopiados en el lugar, procedentes de la misma zona y de regiones distantes, para luego ser redistribuidos por la administración estatal inca.

El camino también articula los sitios arqueológicos de Chucchu y Puywan. El primero de ellos corresponde a los restos de un pueblo formado durante los años del dominio inca en la región, cuyos habitantes habrían procedido originalmente de algunos de los antiguos centros shawshas del valle de Yanamarca. En cuanto a Puywan, el sitio es un pequeño asentamiento de la primera parte del período Intermedio Tardío, que se habría constituido en un punto de relevancia ceremonial.

Finalmente, otro sitio importante en la ruta es Hatun Chaka, a orillas del río Mantaro y próximo a la localidad de Miraflores, en Paccha. Allí se aprecian los restos de dos puentes de piedra, uno al lado del otro. Los vestigios ubicados al lado este pertenecen al estribo de un puente de factura inca. Los restos del lado oeste corresponden a una estructura en forma de arco de medio punto que fue parte de un puente colonial, construido en 1552.

En la sección de Hatun Xauxa – Hatun Chaka el camino presenta características variables según las condiciones específicas del terreno que atraviesa. En algunos segmentos se encuentra encerrado por muros de piedra, particularmente cuando atraviesa zonas de cultivo cercanas a poblaciones modernas, mientras que en sectores de laderas exhibe muros de contención de piedra unida con mortero de barro.

En otras partes se aprecian restos de escalinatas de piedra como en Chakawajta, por donde se desciende hacia Hatun Chaka. En la actualidad no se aprecian los restos de las calzadas empedradas.

ABRA
PORTACHUELO
PITICOCHA

El camino Portachuelo – Piticocha es una de las secciones mejor conservadas del Qhapaq Ñan y forma parte de la ruta que unía el centro administrativo inca de Hatun Xauxa (Junín) con el Santuario Arqueológico de Pachacamac (Lima). El camino se ve rodeado por un imponente paisaje de montañas y lagunas coronadas por el Pariacaca, el apu tutelar de la región.

Durante el trayecto se alcanza una altitud de hasta 4800 metros y es posible observar diversos componentes de la red vial, como caminos empedrados y canales. Además, pueden apreciarse distintas técnicas constructivas empleadas para sortear accidentes geográficos, como caminos en plataforma y escaleras, todos ellos construidos utilizando piedra canteada de la zona.

El inicio de esta sección se encuentra en Shacsha, localidad ubicada a 1 hora (en vehículo motorizado) del pueblo de Tanta, en dirección noreste. Desde Shacsha, la caminata comienza ascendiendo por la ladera media de las formaciones rocosas de la zona. Luego de caminar aproximadamente 45 minutos, se llega al abra Portachuelo; a partir de este punto se puede apreciar por primera vez el camino al apu Pariacaca, nevado que domina el paisaje. Desde el área del abra Portachuelo se realizan ofrendas a los ancestros y a los seres de la cosmovisión andina.

Siguiendo el Qhapaq Ñan, en dirección suroeste, se atraviesan varios segmentos de la vía que presentan caminos con plataforma construidos sobre laderas, así como segmentos empedrados que superan los 4 metros de ancho; estos últimos fueron construidos sobre las cabeceras de montañas menores. Uno de los principales puntos es Escalerayoc, una zona de descenso conformada por más de dos mil peldaños hechos con piedra canteada.

Luego del descenso por Escalerayoc se alcanza una planicie donde se encuentra el abrigo rocoso de Cuchimachay, uno de los sitios de arte rupestre más importantes del país, el cual contiene varios paneles de pinturas con representaciones de camélidos y formas antropomorfas del período Arcaico, con más de 3000 años de antigüedad.

Una vez pasado Cuchimachay, comienza un ascenso por la cadena montañosa a través de caminos empedrados hasta la laguna Mullucocha. Siguiendo el recorrido, y antes de llegar a la laguna de Piticocha, el camino atraviesa dos sitios arqueológicos muy importantes que habrían sido ocupados durante la presencia inca en la zona: Pirca Pirca y Tambo Real, a 4400 metros de altitud.

ANTIOQUÍA
NIEVE NIEVE
CHONTAY
HUAYCÁN
MOLLE

Este tramo del Qhapaq Ñan es un camino prehispánico que unía el centro administrativo de Hatun Xauxa, en la sierra de Junín, con el Santuario Arqueológico de Pachacamac, en el litoral limeño. El Camino Inca atraviesa el valle casi de modo paralelo al río Lurín, aprovechando la solidez de las laderas rocosas, lo que ha favorecido a su conservación por más 600 años.

Esta ruta recorre el valle medio de Lurín, un valle angosto con imponentes formaciones rocosas en ambas márgenes. En el primer tramo del camino que va de Chontay a Antioquía se aprecian importantes sitios arqueológicos, entre ellos Nieve Nieve, ubicado a pocos metros del centro poblado de San José de Nieve Nieve. Este complejo habría sido uno de los primeros asentamientos construidos durante la Colonia para albergar a la población cercana.

Siguiendo la ruta del Qhapaq Ñan se llega a la Zona Arqueológica de Huaycán de Cieneguilla, un centro administrativo – ceremonial construido por las poblaciones comarcanas que fue capital del curacazgo de Huaycán, y que, posteriormente, pasó a formar parte del señorío Ychsma (1000 – 1470 d. C). A fines del siglo xv, Huaycán fue integrado al Tawantinsuyu a través del Qhapaq Ñan, quedando adscrito a la provincia inca de Pachacamac. De este modo, el sitio se mantuvo vigente entre los años 900 y 1532 d. C.

La Zona Arqueológica de Huaycán de Cieneguilla conserva 16 hectáreas construidas y destaca por su monumentalidad frente a otros asentamientos contemporáneos del valle de Cieneguilla. Su ocupación tardía concentra varios sectores: el área nuclear alcanza las 4 hectáreas y alberga 12 conjuntos arquitectónicos articulados por 6 calles. En el caso de los conjuntos arquitectónicos, cada uno se organiza en torno a espacios principales de carácter ceremonial sobre los que giran el resto de estructuras; destacan cuatro, dos de ellos con una arquitectura de estilo local y los otros dos con una arquitectura vinculada a los incas.

Hoy los visitantes pueden recorrer sus conjuntos arquitectónicos, transitar por sus pasadizos, plazas ceremoniales y recintos sagrados, como el Conjunto Ornamentado con su representativo Patio del Animal Lunar, edificio que fuera el núcleo de desarrollo del grupo local; el Conjunto de Las Ventanas, con su imponente arquitectura imperial que alberga un gran patio asociado a una plataforma con rampa frontal; y el Conjunto de Las Hornacinas, un palacio inca del cual sobresale el Patio de Las Doce Lunas, flanqueado por dos plataformas. Mención especial merece un mausoleo con frisos escalonados, en donde se halló la tumba de un posible quipucamayoc acompañado de un conjunto de quipus y un par de diminutos queros.

Al igual que Huaycán de Cieneguilla, la Zona Arqueológica de Molle forma parte de una serie de asentamientos vinculados al señorío Ychsma que continuó siendo utilizado por los incas. Tiene una ubicación estratégica justo en el cruce de dos caminos: el tramo de camino que unía Hatun Xauxa con Pachacamac, y un camino secundario que conectaba los valles del Rímac y Lurín, entre los sitios de Huaycán de Pariachi y Molle.

De acuerdo con las investigaciones realizadas por el Proyecto Qhapaq Ñan, se ha propuesto a Molle como un asentamiento doméstico que incluye áreas de uso administrativo, el cual pudo depender posiblemente de Huaycán de Cieneguilla.

Tiene una extensión de aproximadamente 40 hectáreas y se encuentra conformado por cuatro sectores, los dos primeros divididos por una franja sin construcciones, hoy utilizado como trocha carrozable, que pudo corresponder al Camino Inca que atravesaba el asentamiento.

Molle está conformado por una serie de conjuntos arquitectónicos, que incluyen recintos rectangulares, patios y estructuras menores de planta rectangular y circular, con muros elaborados de piedras canteadas unidas con barro y enlucidos con barro batido, y en algunos casos pintados de color amarillo y rojo. Aquí también destacan los patios con frisos que corren a lo largo de la parte superior de los muros, con diseños en plano relieve.

Además existe una serie de estructuras subterráneas que habrían servido como depósitos, siendo posteriormente reutilizados como tumbas.

PACHACAMAC

El Santuario Arqueológico de Pachacamac fue el principal centro de peregrinaje de la costa peruana durante la época prehispánica. Ubicado estratégicamente frente al mar y próximo a la desembocadura del río Lurín, este lugar sagrado acogía a los peregrinos que llegaban por los caminos de la costa y de la sierra, para rendir culto a la imagen del dios principal. Los incas, conocedores del poder de esa deidad, decidieron incorporar el santuario al culto solar a través del Qhapaq Ñan.

El Camino Inca permitió vincular a Pariacaca, apu tutelar de la sierra de Huarochirí, con Pachacamac, principal oráculo de la costa. Por esta gran red vial andina se trasladaban los peregrinos que llegaban a Pachacamac desde lejanos lugares del Tawantinsuyu, convirtiéndose así en una de las principales rutas de peregrinaje durante la época Inca.

En antiguos mitos recogidos en el siglo xvi y en descripciones de cronistas españoles se resalta la sacralidad del sitio y se afirma la fama de Pachacamac como un prestigioso oráculo a donde llegaban peregrinos desde lejanas tierras como la Amazonía boliviana, el Cusco imperial y la costa norte.

Pachacamac tiene un área de 465 hectáreas y se asienta a pocos metros del mar, en el cruce de caminos (tinkuy) de la ruta de la costa con la de la sierra. Al santuario se ingresaba por una vía flanqueada por amplias murallas. De esta manera, Pachacamac estaba conectada a través de dos caminos principales: uno que baja de la sierra hacia el lado noreste del santuario y bordea el valle por la margen derecha del río, y otro que llegaba a través del Camino de los Llanos, desde la tercera muralla.

Aunque sus primeras construcciones se remontan al siglo iii d. C., Pachacamac fue ocupado continuamente hasta el siglo xvi. Actualmente se conservan tres grandes murallas que delimitaban sus áreas pública y administrativa, así como la zona sagrada. La grandeza del lugar se evidencia en la existencia de más de quince pirámides con rampa, templos, canales, cementerios y calles con altos muros que conducían a la zona ceremonial. Bajo la administración inca se levantaron el Templo del Sol y el Acllawasi, las edificaciones incas más importantes de ese género en toda la costa.

Una de las estructuras más destacadas es el Acllawasi, edificio construido con fina cantería de piedra. Está formado por seis plataformas escalonadas y una serie de patios con hornacinas orientadas al mar. Otro monumento notable de la misma época es el Templo del Sol, situado en la cima del santuario. Este edificio cuenta con un área aproximada de 40 000 metros cuadrados y se llega hasta él a través de tres accesos por el lado este. Se trata probablemente del templo dedicado al Sol más grande de toda la costa.

Las principales vías internas de circulación del santuario, así como la calle Norte – Sur han sido investigadas por el Proyecto Qhapaq Ñan, gracias a lo cual ha sido posible determinar que, si bien parte de la calle fue construida durante la ocupación ychsma, fue usada por los peregrinos recién desde la ocupación inca fue usada para acceder a las partes sagradas del santuario, donde se ubicaban los templos y plazas principales.

Las excavaciones han revelado también que a partir del cruce de las calles Norte – Sur y Este – Oeste, los muros llegaron a los 6 metros de altura. La ruta central, siguiendo la orientación de la calle misma, introducía al peregrino a un ambiente cerrado de muros altos, enlucidos con pintura de color rojo y amarillo y decorados con figuras de peces, similares a las halladas en el Templo Pintado. En este ambiente se ha descubierto una serie de objetos dejados como ofrendas durante su construcción y funcionamiento.

A través del Proyecto Qhapaq Ñan, el Museo de Sitio de Pachacamac ejecuta labores de investigación y conservación desde el año 2009 y ha abierto al público espacios como la calle principal de ingreso al santuario que conduce a la zona de los templos.

El moderno museo de sitio alberga, como pieza principal, a la deidad de Pachacamac, tallada en un tronco durante la época Wari, y que luce una compleja iconografía. Además, en las excavaciones se han recuperado ofrendas de cerámica y finos textiles dejados por los peregrinos en el santuario y que hoy se lucen en el museo.

 

 

 

El Qhapaq Ñan  y Waru Waru seleccionados para la Watch de la World Monuments Fund

La convocatoria para esta edición atrajo más de 200 nominaciones de todo el mundo.

El Qhapaq Ñan, Sistema Vial Andino declarado Patrimonio Mundial, que tiene su origen en el Perú y se extiende a Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador, ha sido incluido entre los 25 sitios culturales seleccionados para el Watch 2025.

La candidatura de la gran Red Vial Inca fue presentada en un trabajo conjunto de los seis países que integran el Qhapaq Ñan, destacando este camino como una red integradora que conecta comunidades en América del Sur, facilitando su comunicación, comercio e intercambio cultural.

Este sistema único atraviesa diversos ecosistemas, con altitudes que alcanzan los 6700 metros sobre el nivel del mar, consolidándose como una de las obras de infraestructura más extensas y diversas del mundo.

Asimismo, los campos agrícolas Waru Waru de Puno, también han sido seleccionados para el programa 2025 de la World Monuments Fund (WMF). Los Waru Waru de Puno es un sistema agrícola ancestral que combina ingeniería tradicional y adaptación humana a las llanuras aluviales del lago Titicaca.

Este sistema no solo representa una impresionante proeza de innovación, sino que también ofrece soluciones hacia la resiliencia y la seguridad alimentaria en el contexto del cambio climático.

Esta postulación fue presentada por la Asociación Aymara Suma Yapu, liderada por mujeres indígenas y la Dirección Desconcentrada de Cultura de Puno, con el objetivo de buscar estrategias proactivas y cooperativas para proteger el patrimonio cultural preservando nuestra historia y narrativa colectiva

En esta ocasión, por primera vez, se incluyó en el Watch 2025, al satélite natural de la tierra (Luna), destacando su importancia de reconocer y preservar los artefactos que testimonian los primeros pasos de la humanidad más allá de la Tierra.

“La inclusión de la Luna refleja la necesidad urgente de estrategias proactivas y cooperativas para proteger el patrimonio cultural, tanto en nuestro planeta como más allá, preservando nuestra narrativa colectiva”, señaló Bénédicte de Montlaur, presidenta y directora ejecutiva de WMF.

El Watch de la World Monuments Fund (WMF) es un programa de defensa basado en nominaciones, que destaca a 25 sitios culturales de todo el mundo –entre ellos dos del Perú en esta nueva nominación- que enfrentan desafíos críticos como el cambio climático, el turismo descontrolado, los conflictos armados y los fenómenos naturales.

La convocatoria para esta edición atrajo más de 200 nominaciones de todo el mundo, las cuales fueron sometidas a una rigurosa revisión por un panel independiente de expertos internacionales en patrimonio cultural.

El Dato

  • Hasta la fecha, el WMF ha contribuido con más de 120 millones de dólares a proyectos en casi 350 sitios del Watch, y la visibilidad proporcionada por el programa ha ayudado a comunidades locales a recaudar 300 millones de dólares adicionales de otras fuentes.
Hallan canteras incaicas de sillería en la costa peruana

El Ministerio de Cultura del Perú anunció un importante descubrimiento arqueológico realizado por el equipo de investigadores del Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional. Se trata de dos canteras incaicas ubicadas en los cerros de Quilmaná y Quinta Freno en la provincia de Cañete, región de Lima.

Las canteras, que son las primeras y únicas de sillería inca descubiertas en la costa peruana, fueron utilizadas para la extracción y talla de grandes bloques de piedra que luego eran transportados a otros asentamientos incaicos de la región para ser utilizados en la construcción de imponentes edificaciones.

De acuerdo a las evidencias encontradas, los bloques de estas canteras abastecieron de material a sitios como El Huarco en Cerro Azul y Vilcahuasi en San Luis de Cañete, donde se construyeron muros del estilo arquitectónico inca imperial.

Las investigaciones realizadas por el equipo de especialistas han descubierto no solo las canteras sino también una extensa red de caminos y senderos que las conectaban. Por los rastros de cerámica inca hallados, queda claro que este centro tuvo una gran importancia productiva para el estado del Tahuantinsuyo durante el siglo XVI.

Hasta el momento, son las únicas canteras de este tipo identificadas en la costa peruana que abastecieron a otros sitios como el complejo arqueológico de Pachacamac al norte y la Fortaleza Inca de Chincha al sur.

El hallazgo arroja nueva luz sobre la tecnología de cantería empleada por los maestros canteros del Imperio Inca. Gracias a investigaciones futuras podremos comprender a profundidad todo el proceso de extracción, talla y transporte de los bloques de piedra.

También permitirá reconocer el papel fundamental que cumplió la red vial incaica para el traslado de materiales a lo largo de la costa.

Se cree que es posible que los bloques de estas canteras hayan sido transportados incluso hasta Paredones de Nasca, a más de 300 kilómetros de distancia a través de uno de los tramos del legendario Camino del Inca.

Una vez terminados los estudios y puesta en valor, se podrá implementar una ruta turística que visite al menos una de las canteras, agregando un nuevo atractivo cultural y arqueológico a la zona.

Los trabajos forman parte del Proyecto de Investigación Arqueológica de las Canteras y Caminos Incas de Cerro Quilmaná, liderado por el Proyecto Qhapaq Ñan.

Para el 2024 se tiene previsto ampliar los estudios e iniciar la protección formal de estos importantes vestigios del pasado inca. Sin duda, este hallazgo arrojará nueva luz sobre la cultura del Tahuantinsuyo y su asombrosa capacidad constructiva.

Inscripción

El Qhapaq Ñan-Sistema Vial Andino (Perú) (C 2014) fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Convención de la UNESCO de 1972 como bien cultural bajo los criterios (ii) (iii) (iv) (vi), en la 38ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en Doha, Qatar, el 25 de junio de 2014.

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Significado Cultural

El Qhapaq Ñan-Sistema Vial Andino es una extensa red de caminos que abarca uno de los ámbitos geográficos más extremos del mundo: la Cordillera de los Andes y la costa occidental de Sudamérica. Construido a lo largo de varios siglos por las sociedades prehispánicas andinas y los incas, la red alcanzó su máxima expansión en el siglo XV, cuando se extendió por más de 30000 kilómetros, abarcando un territorio que hoy pertenece a seis naciones sudamericanas (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú). Además de las vías de tránsito, el Qhapaq Ñan comprende una serie de sitios con funciones especializadas que complementan el sistema de comunicación, intercambio, defensa e inclusive culto concebido por el Imperio inca. Todo el conjunto constituye un testimonio excepcional de las estrategias de dominación territorial e integración poblacional ideadas por uno de los órdenes políticos más complejos que alguna vez surgieron en América.

El Qhapaq Ñan fue el soporte dador de vida del Imperio inca y un eje articulador en el paisaje andino, considerado sagrado en muchas partes. La red estuvo basada en cuatro rutas principales, que se originaban en la plaza inca Hanan Hauk’aypata, actual Plaza de Armas de la ciudad del Cusco, la capital del Tawantinsuyu. Estas rutas estaban conectadas a otras redes de caminos de menor jerarquía, formando un complejo entramado que llegó a cubrir varios miles de kilómetros. Gracias a este sistema vial, fue posible unir la capital imperial con centros de población ubicados a grandes distancias, además de importantes centros de producción agrícola, fuentes de recursos naturales, minas, fortalezas de frontera, en inclusive santuarios reverenciados. Por el camino discurrieron mensajeros y viajeros en solitaria travesía, pero también cortejos reales y vastas aglomeraciones de personas persiguiendo fines militares, peregrinaciones, programas de colonización o para pagar tributo al Estado en forma de prestaciones laborales.

Además de su gran magnitud, el Qhapaq Ñan destaca por las ingeniosas soluciones de ingeniería vial aplicadas para hacer frente a los climas y terrenos más adversos. El camino tuvo que sortear empinadas montañas de laderas pedregosas, gélidos páramos altoandinos, ríos, lagunas, pantanos, desiertos absolutos, la densa selva tropical y valles fértiles. Se consiguió mantener una superficie llana y firme de tránsito haciendo recurso de distintas soluciones técnicas expresadas en distintos tipos de puentes (fijos, colgantes, flotantes), extensas escalinatas, muros de contención, ductos de drenaje, calzadas y pavimentos de distintos tipos. Conscientes de que todo buen sistema de comunicación y transporte debe ir acompañado de una adecuada logística, se dotó al camino de diferentes establecimientos que brindaron distintos tipos de servicios a los viandantes, tales como estaciones de descanso con corrales para llamas (tambos), conjuntos de depósitos, puestos de control e incluso altares para sus adoraciones. Un registro de los 137 segmentos mejor conservados del Qhapaq Ñan, que en total suman 697 kilómetros de largo, arrojó 273 sitios especializados de tales tipos asociados al camino.

El Qhapaq Ñan, por su gran escala y calidad es un logro único de habilidades de ingeniería, que une las cordilleras nevadas de los Andes, a una altura de más de 6600 metros, hasta la costa, corriendo a través de selvas cálidas, valles fértiles y desiertos absolutos. Es una arteria vital que permitió la existencia del Imperio inca, continúa constituyendo la principal vía de comunicación entre muchas comunidades asentadas en las partes más agrestes y remotas de los Andes. Es altamente valorado entre estas poblaciones por seguir desempeñando la función de gran articulador social. Más que un resto arqueológico, es visto por estas como un patrimonio cultural, mantenido y reparado regularmente aplicando técnicas y procedimientos que poco o nada han cambiado desde el tiempo de los incas; asimismo, se continúan salvaguardando las tradiciones culturales inmateriales asociadas, incluyendo los idiomas.

Criterio (ii): El Qhapaq Ñan exhibe importantes procesos de intercambio de bienes, comunicaciones y tradiciones culturales dentro de un área cultural del mundo que creó un vasto imperio de hasta 4200 km de extensión en su apogeo en el siglo XV. Se basa en la integración del conocimiento ancestral andino anterior y los aspectos específicos de las comunidades y culturas andinas que forman un sistema organizativo estatal que permitió el intercambio de valores sociales, políticos y económicos para la política imperial. Varias estructuras en el camino proporcionan evidencia duradera de recursos valiosos y bienes comercializados a lo largo de la red, tales como metales preciosos, mullu (Spondylus sp), alimentos, suministros militares, plumas, madera, coca y textiles transportados desde las áreas donde fueron recolectados, producidos o fabricados, para los centros incas de varios tipos y para la propia capital.

Varias comunidades, que siguen siendo custodios de los componentes de esta vasta red de comunicación inca, son recordatorios vivos del intercambio de valores culturales incluyendo el idioma.

Criterio (iii): El Qhapaq Ñan es un testimonio excepcional y único de la civilización inca basado en los valores y principios de reciprocidad, redistribución y dualidad construidos en un sistema singular de organización llamado Tawantinsuyu. La red vial fue el apoyo vital al Imperio inca integrado en el paisaje andino. Como testimonio del Imperio inca, ilustra miles de años de evolución cultural y fue un símbolo omnipresente de la fortaleza y extensión del Imperio en los Andes. Este testimonio influye en las comunidades a lo largo del Qhapaq Ñan hasta hoy, en particular en relación con el tejido social de las comunidades locales y las filosofías culturales que dan sentido a las relaciones entre las personas y entre las personas y la tierra.

Lo más importante es que la vida todavía está definida por vínculos entre parientes cercanos y una ética de apoyo mutuo.

Criterio (iv): El Qhapaq Ñan-Sistema Vial Andino, es un ejemplo sobresaliente de un tipo de conjunto tecnológico que, a pesar de las condiciones geográficas más difíciles, creó un sistema de comunicación y comercio continuo y en funcionamiento con habilidades tecnológicas y de ingeniería excepcionales en entornos rurales y remotos. Varios elementos ilustran tipologías características en términos de muros, caminos, escalones, zanjas, tuberías de alcantarillado, desagües, etc., con métodos de construcción exclusivos del Qhapaq Ñan, aunque varían según la ubicación y el contexto regional. Muchos de estos elementos fueron estandarizados por el Estado inca, lo que permitió el control de la igualdad de condiciones a lo largo de la red vial.

Criterio (vi): El Qhapaq Ñan desempeñó un papel esencial en la organización del espacio y la sociedad en una amplia área geográfica a lo largo de los Andes, donde las carreteras se utilizaron como un medio para compartir valores culturales con una importancia intangible destacada. El Qhapaq Ñan continúa brindando a las comunidades un sentido de identidad y permite que sus prácticas y expresiones culturales y habilidades tradicionales sigan transmitiéndose de generación en generación. Los miembros de estas comunidades basan su propia existencia en una cosmovisión andina, que es única en el mundo. Esta cosmovisión se aplica a todos los aspectos de la vida cotidiana. Hoy en día, Qhapaq Ñan está directamente asociado con los valores intangibles compartidos por las comunidades en el mundo andino, como el comercio tradicional, las prácticas rituales y el uso de tecnología antigua, entre otros, que son tradiciones y creencias vivas esenciales para la identidad cultural de las comunidades interesadas. El Sistema Vial Andino continúa cumpliendo sus funciones originales de integración, comunicación, intercambio y flujo de bienes y conocimientos, y, a pesar de los cambios comerciales y sociales actuales, mantiene su pertinencia e importancia a lo largo de los siglos y su papel como referencia cultural que contribuye a reforzar la identidad dentro del mundo andino.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

El bien nominado comprende una serie de segmentos del Qhapaq Ñan y sitios asociados, repartidos en seis países distintos.

La serie seleccionada es lo suficientemente exhaustiva para ilustrar la variedad de elementos tipológicos, tecnológicos y funcionales que caracterizaron al camino, permitiendo una comprensión total de su rol histórico y contemporáneo.

El número de segmentos seleccionados es adecuado para comunicar los atributos clave del itinerario cultural, a pesar del hecho que están fragmentados en componentes individuales, que son los mejor conservados de una red vial previamente continua.

La condición de integridad sigue siendo vulnerable para una serie de componentes del sitio, por lo que se recomienda que los Estados parte desarrollen criterios para definir la integridad mínima en relación con las diferentes categorías tecnológicas y arquitectónicas identificadas y las distintas regiones geográficas y niveles de lejanía. De acuerdo con estos criterios, esta condición debe ser monitoreada en el futuro para que se garantice a largo plazo que los componentes del sitio permanezcan libres de amenazas que puedan reducir la condición de integridad.

Para garantizar que los visitantes futuros puedan entender bien las distintas relaciones entre los diferentes sitios en términos de continuidad a pesar de su fragmentación, se recomienda que se desarrollen mapas apropiados o un sistema SIG que ilustre las relaciones sociales y funcionales entre los diferentes componentes del sitio y su rol destacado en toda la red Qhapaq Ñan.

La autenticidad de los componentes del Qhapaq Ñan es muy alta, pues los rasgos característicos conservan su forma y diseño y la variedad de logros específicos de arquitectura e ingeniería bien preservados facilitan la comunicación de forma general y el diseño de la red. Los materiales utilizados son principalmente de piedra y tierra, con tipos de piedra que varían de una región a otra; y las medidas de reparación y mantenimiento, cuando son necesarias, se llevan a cabo con técnicas y materiales tradicionales. Estos son llevados a cabo principalmente por las poblaciones locales, que mantienen el conocimiento de las técnicas tradicionales de manejo de caminos y que son los socios clave para mantener la superficie de la calzada y sus características asociadas.

En los sitios que son de interés arqueológico o cultural específico, se han aplicado técnicas profesionales de estabilización y restauración con gran respeto a los materiales y la sustancia originales. En las secciones de caminos, los sistemas de gestión local conducen los procesos de toma de decisiones, a menudo con un alto grado de participación de la comunidad, por lo que estos han conservado los más altos grados de autenticidad, ya que la reutilización de los materiales históricos sigue siendo más eficiente que la introducción de nuevos materiales.

La configuración y el entorno visual de la mayoría de los componentes de Qhapaq Ñan es muy bueno y en muchos casos prístino. Para muchos sitios ceremoniales de altura, las visuales incluyen rangos de horizonte de 360 grados que se mantienen a muchos kilómetros a la redonda. El Qhapaq Ñan también atraviesa paisajes muy hermosos, cuya belleza depende de la fragilidad de las visuales asociadas, por lo que es necesario que sean monitoreados para garantizar que cualquier desarrollo moderno en el paisaje tenga el mínimo impacto visual posible.

Varios sitios son de difícil acceso y su lejanía los ha preservado en muy buenas condiciones durante siglos. La mayoría de los componentes de Qhapaq Ñan están ubicados en entornos rurales que, afortunadamente, los dejaron libres de intrusiones modernas. Los valores intangibles asociados y las prácticas de gestión siguen siendo muy sólidos, especialmente en las secciones más remotas de la red vial, lo que contribuye a la protección de los auténticos mecanismos de gestión. Las fuentes de información de espíritu y sentimiento, así como el espacio, son muy relevantes, ya que muchas de las comunidades tienen fuertes asociaciones con el Qhapaq Ñan y continúan siendo guardianes de algunas de las estructuras ceremoniales.

Gestión El Qhapaq Ñan está protegido por la Constitución Política del Perú (artículo 21°) y por la Ley N° 28296, Ley General del Patrimonio Cultural, de julio de 2004. En el año 2001, el Gobierno Peruano creó el Proyecto Integral Qhapaq Ñan mediante Decreto Supremo N° 031-2001-ED que declara de interés nacional la investigación, registro, protección, conservación y puesta en valor del Camino Inca y le asigna un fondo de financiamiento permanente para el desarrollo de programas y actividades de registro, documentación, investigación, conservación, promoción y uso social. Mediante la Ley N° 28260, de junio de 2004, se otorga fuerza de ley al anterior Decreto Supremo, siendo el primer proyecto peruano de esta magnitud que cuenta con una aprobación por ley del Congreso Nacional.

En su condición de bien seriado trasnacional, el Qhapaq Ñan se extiende sobre la jurisdicción de seis países y, dentro de estos, sobre distintas jurisdicciones locales. Entre el 2010 y 2012, los países involucrados firmaron una serie de declaraciones de compromiso que resaltan su interés de proteger los segmentos del Qhapaq Ñan que aún se conservan al más alto nivel. La protección se establece respetando lo determinado en las respectivas legislaciones nacionales que versan sobre el patrimonio cultural y provee resguardo al más alto nivel legal para todos los componentes del bien. Por su parte el Perú se comprometió a apoyar el establecimiento de una secretaría de coordinación técnica donde se recopilará información y se comunicará a los expertos de todos los Estados miembros del Qhapaq Ñan y desde donde se organizarán reuniones técnicas frecuentes.

Dentro de los contextos nacionales se han desarrollado sistemas de gestión en cooperación con las comunidades locales que incluyen una preocupación por perpetuar las tradiciones vivas asociadas al Qhapaq Ñan. La mayoría de estos son sistemas de manejo tradicional que han existido durante siglos y que se han desarrollado desde el nivel de la comunidad local hasta acuerdos más formales establecidos con las autoridades gubernamentales pertinentes. La importancia de preservar la traza actual del camino en áreas que están siendo promovidas por las comunidades, debe ser resaltada como parte de los acuerdos de gestión. Es necesario desarrollar protocolos adecuados de gestión de riesgos para garantizar la seguridad de las poblaciones y los bienes culturales en caso de desastres naturales.

El 29 de noviembre de 2012, se creó un marco de políticas generales para el Qhapaq Ñan, que resultó en la suscripción del documento Estrategia de Gestión por parte de los seis Estados implicados. En adición a este acuerdo internacional, se están desarrollando planes de gestión a nivel regional para cada segmento individual del sistema de caminos. Estos planes tienen un fuerte enfoque participativo, buscando empoderar a las comunidades locales con funciones relativas a la tutela del patrimonio y procurando preservar las tradiciones vivas asociadas al Qhapaq Ñan. Muchas de estas poblaciones han manifestado un interés por emprender actividades turísticas promovidas y administradas desde la comunidad. En la actualidad, hay pocas instalaciones para visitantes y centros de turistas relacionados con el Qhapaq Ñan y se considera de suma importancia que las comunidades aprovechen las que se implementarán en el futuro para compartir sus experiencias e historias.

Galería fotográfica de QHAPAQ ÑAN : Sistema Vial Andino – Patrimonio de la Humanidad

Tramo Lares – Valle Lacco

 

Tramos Choquequirao – Vitkus

Tramo Huánuco Pampa – Huamachuco

Tramo

Tramo Xauxa – Pachacamac

El ‘Qhapaq Ñan’ o Camino Inca fue nombrado patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco

La ruta que los Incas hicieron para unir el Tahantinsuyo es hoy un patrimonio cultural.

El ‘Qhapaq Ñan’ es una extensa red de caminos que fue elaborada por nuestros antepasados. Ahora, jóvenes estudiantes del Perú recorren esta ruta con el fin de intercambiar culturas y conocer un poco más sobre las riquezas del país.

Con más de 60,000 kilómetros de camino, el Qhapaq Ñan o Camino Inca se abre paso en los países de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú. En el 2014, fue nombrado por la Unesco como patrimonio mundial. Además, recibió el “Premio a las Buenas Prácticas en Gestión Pública”, organizado por Ciudadanos al día.

En nuestro país, fueron incorporados un total de 250 kilómetros de ruta, 82 sitios arqueológicos y 156 comunidades asociadas a su viabilidad. “Qhapaq Ñan tiene como fin poner en valorización el Camino Inca. Este nos da la opción de intercambiar nuestras diversidades y de ser una fuente de turismo”, explica Giancarlo Marcone, coordinador general del Qhapaq Ñan.

Sin embargo, no se le presta la atención debida y lo ideal es generar conciencia a la ciudadanía sobre ello. “Es importante generar participación a los pobladores. Tenemos que tener en cuenta que este patrimonio es de todos y que todos somos responsables ya que este nos permite entrar a un nivel de exploración”, indicó Marcone.

Acercar a la naturaleza. Qhapaq Ñan permite reconocer la diversidad y las riquezas del país. “El Camino Inca, como une varios poblados, ayuda a generar turismo. Pero los mismos ciudadanos tienen que darse cuenta que tienen que generar un turismo responsable porque muchas veces el Estado nos da la espalda”.

De esta manera, los pobladores de las comunidades locales cumplen un rol fundamental en la limpieza y conservación de los caminos prehispánicos. “Necesitamos, primero, hacerles llegar la información sobre los cuidados que se necesitan tener, estos se presentan ante las comunidades y luego este es validado por ellos mismos que tienen más contacto con la naturaleza”.

El Camino Inca se ha convertido en el eje de una integración sudamericana.
El Camino Inca se ha convertido en el eje de una integración sudamericana. | Fuente: Ministerio de Cultura
Escolares atraviesan esta ruta con el fin de conocer otras culturas.
Escolares atraviesan esta ruta con el fin de conocer otras culturas. | Fuente: Ministerio de Cultura.

Seis países protegerán el Qhapaq Ñan tras designación como Patrimonio Mundial

Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú crearán una secretaría técnica para proteger el camino inca Qhapaq Ñan.

Fuente: Andina

El tramo del Qhapaq Ñan o Gran Camino Inca que conecta con el Chinchaysuyo), el cual viene siendo rehabilitado, sería el más importante del extenso y complejo sistema vial incaico, según los estudios realizados por el Ministerio de Cultura.

“Este camino fue transitado en las épocas preinca, inca y colonial, por lo que sería el más importante en esos períodos históricos”, sostuvo el arqueólogo Rómulo Hinojosa, residente del proyecto “Recuperación del camino Qhapaq Ñan-Chinchaysuyo”, que recorre desde el Hawkaypata (Plaza de Armas) hasta Izcuchaca.

Luego de realiza una visita guiada a la zona, acompañado por trabajadores de Poroy, el especialista explicó que los trabajos de recuperación incluyen la captación de aguas y restauración de muros incas.

Por su parte, el alcalde de Poroy, Edwin Sucno Dávalos, invitó a la población para que conozcan el Qhapaq Ñan y valoren su riqueza cultural.

Muestran recuperación del Qhapaq Ñan como atracción turística en Cusco

Cusqueños y turistas ya pueden recorrer el Qhapaq Ñan, la red de caminos Inca del Tahuantinsuyo, por la puesta en valor que se ejecuta de un fino empedrado de 5 a 6 metros de ancho que está a muy cerca de la ciudad del Cusco, a unos kilómetros en el distrito de Ccorca.

Este tramo de inicio de travesía al Kuntisuyu, conocida como la Ruta del Pescado o recursos marinos que desemboca al puerto Inca de Chala, en Arequipa, lleva por nombre Escalerayoq que, además del camino, aguarda una pequeña laguna y de día se disfruta de un sol radiante, propio de la época.

Arminda Gibaja Oviedo, coordinadora del Qhapaq Ñan, de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco (DDCC), declaró a la Agencia Andina, sobre las proezas que se están logrando para el rescate de nuestra cultura y afluencia de interesados visitantes, que será a futuro.

Sin embargo, en una visita guiada, mostró que el proyecto de identificación de este camino, el registro, la investigación arqueológica, la puesta en valor y el uso social, tiene avances considerables, ello con el aporte del municipio de Ccorcca. Instó a sumarse a este esfuerzo a distritos por las que atraviesa esta red.

Al momento se cuenta con dos kilómetros del fino empedrado que son parte de unos 320 kilómetros históricamente recorridos por los chaskis o mensajeros inca, que en dos a tres días lograban traer los recursos marinos a la nobleza inca. Para la conservación de los productos marinos se utilizaban algas.

El gobierno asignó un presupuesto de 8 millones y medio de nuevos soles, pero en Cusco, no solo para este tramo si no otros que conectan a los cuatro suyos, se cuenta con un millón 600,000 nuevos soles.

Con ella se continúa la labor en zonas como Qoya Warcuna, a donde se adecuó una casa similar a un tambo, y P’aqa Kasa, donde se realizan labores de inspección arqueológica.

Riqueza Turística

El Camino Inca de por sí ya es un atractivo turístico. Solo en Ccorca, que está entre unos 20 a 30 minutos de la ciudad del Cusco, se cuenta con centros arqueológicos incas y preincas, como Machu Qorimarca, Teqsecocha, en esta última se hallan pinturas del Hombre de Ccorca que datan de hace 5,000 años antes de Cristo.

Asimismo está la iglesia colonial Santiago Apóstol del siglo XVII con impresionante retablo y pinturas de la Escuela Cusqueña, el gran Apu Mama Simona y según el alcalde David Quispe se impulsará el turismo vivencial, quiere decir que los visitantes compartirán tradiciones y costumbres de los oriundos, además de turismo de aventura que también está en proyecto.

Qhapaq Ñan Project transfers maintenance works to Cusco DDCC Sites Administration

The Qhapaq Ñan project has transferred the maintenance and restoration works, to be conducted on seven stretches of the Andean roads system, to the Archaeological Monuments and Sites Management Section attached to Cusco’s Decentralized Directorate of Culture (DDCC).

The tasks to be developed are: Restoring the pre-Hispanic Paqlachapata-Lacco-Abra de Ccorao path and the Paqlachapata-Vía Circunvalación sub-stretch.
According to the DDCC, restoration works on the Totora Paqcha archaeological site, the Chinchero-Urquillos Pre-Hispanic trail and Qespiwanka and Ninamarka archaeological sites will also be executed.
The Qhapaq Ñan project, attached to the DDCC, has invested in the development of projects, which comprise restoration, conservation and valuing of the areas.
It also seeks for raising people’s awareness by promoting and spreading information regarding these sites.
Hallazgo singular de un grupo de quipus Inca en Huaycán de Cieneguilla, Costa Central de Perú

La presente es el documento de una charla que tuvo como objetivo informar los avances de investigación acerca del hallazgo de un grupo de quipus inca en la Zona Arqueológica Huaycán de Cieneguilla, recuperados mediante excavación en un contexto de tumba parcialmente saqueada, la cual fue intervenida como parte del PIA-2011 por el Proyecto Integral Huaycán de Cieneguilla, en el marco del Proyecto Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura.

Autor: Lic. Mario A. Ramos Vargas
Responsable del Componente de Investigación Proyecto Integral Huaycán de Cieneguilla
Proyecto Qhapaq Ñan
Sede Nacional Ministerio de Cultura

Huaycán de Cieneguilla como zona arqueológica es muy bien conocida en la literatura por ser un asentamiento de ocupación tardía, correspondiendo sus dos grandes ocupaciones a dos períodos distintos, primero al Intermedio Tardío (1000-1470 d.C.) como uno de principales centros urbanos establecidos por el Señorío Ychsma en el valle de Lurín, que además fue sede del curacazgo de Huaycán, uno de los cuatro existentes en el valle medio de este río (Cornejo 2000: 162) y luego al Horizonte Tardío (1470-1533 d.C.) durante la arremetida Inca en la Costa Central, siendo incorporado al Tawantinsuyo como parte de la Provincia Inca de Pachacamac, adquiriendo la categoría de centro administrativo local,integrado claro está al Qhapaq Ñan por medio de un camino transversal hacia la costa,que hoy se conoce como Tramo Xauxa-Pachacamac, que en buena parte de su recorrido ocupa la cuenca del río Lurín.

Así Huaycán de Cieneguilla como Zona Arqueológica, se ubica en la parte superior del vallebajo del río Lurín, a una altitud de 449 msnm, punto que vendría a ser el inicio de la chaupiyunga, una zona ecológica de transición entre la costa y la sierra que se encuentra entre los 500 y 2000 msnm (Feltham 2009), un espacio geográfico codiciado en tiempos prehispánicos por ser zona apta para el cultivo de la coca (Rostworowski 1973; Marcus ySilva 1988). El asentamiento se encuentra emplazado al pie de la quebrada Huaycán,ocupando ambas márgenes de la terraza aluvial, lo mismo que vino a suceder con el establecimiento moderno de dos poblaciones: Huaycán de Cieneguilla en su margenderecha y Las Terrazas en su margen izquierda, pertenecientes políticamente al distrito de Cieneguilla, en la provincia y departamento de Lima.

La Zona Arqueológica Huaycán de Cieneguilla presenta seis sectores diferenciados, cinco de los cuales (sectores I, II, III, IV y V) corresponden a su parte tardía, inicialmente identificada como PV48-57 (Patterson 1966; Feltham 1983; Guerrero 2001) y la otra sexta(Sector VI) definida originalmente como un sitio distinto (PV48-56) por ser de ocupación temprana (Patterson 1966; Feltham 1983 y Guerrero 2001).

El dominio inca en Huaycán de Cieneguilla se materializa claramente en la traza de dos delos doce conjuntos arquitectónicos identificados en el Sector II de su Área Nuclear:Conjunto G (Ventanas) y Conjunto H (Hornacinas)1, donde el primero de ellos contiene claros indicios del sello imperial en su arquitectura (vanos de forma trapezoidal), a diferencia del otro que no los presenta. Sin embargo, ambos parecen incluir el patrón dediseño urbano inca, caracterizándoseles como residencias de élite o palacios (Negro 1977; Eeckhout 1999), además de que su diseño y ejecución para cada uno se habría realizado como un solo proyecto constructivo (Negro 1977; Ruales y Las Casas 2008), levantados sobre arquitectura previa (Negro 1977; Ruales 2004; Ruales et al. 2014) y ubicados de manera prominente, sobre una zona elevada con una vista privilegiada. En ellos además,se hace distinguible un cambio en el sistema constructivo de los muros, reflejado en su aspecto ciclópeo, además de la introducción de nuevos elementos y materiales constructivos como por ejemplo el poyo escalonado y el adobe rectangular, respectivamente. Sin embargo, sólo el Conjunto G presenta la forma trapezoidal en algunas puertas y ventanas, aunque es del Conjunto H de donde procede el grupo de quipus.
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1 Los conjuntos mencionados consideran un espacio público-ceremonial principal de distinta tipología sobre el cual gira el resto de estructuras del edificio. Se tratan de recintos sobre elevados que configuran plataformas asociadas a un patio, donde un elemento característico define su tipo, la rampa acceso para el Conjunto G y el friso mural para el Conjunto H.

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Enfocándonos en el Conjunto H, la composición de este edificio muestra una delimitación clara, con un acceso único desde el exterior, cuyo desarrollo posterior nos conduce casi inmediatamente (indirecto) a un patio central con banquetas, flanqueado por dos plataformas elevadas (Este y Sur) y un muro con el friso de los “doce círculos lunares” (Negro 1977; Bueno 1993). Este patio es el espacio público por excelencia del conjunto y viene a articular a los demás recintos del conjunto.

Aquí el patio es el último espacio público, en ese sentido las plataformas que comparten una misma escalera, dan paso a recintos restringidos, controlándose el ingreso y la circulación. De estas dos, la plataforma Sur es la más significativa, ya que nos conduce a espacios habitacionales caracterizados así por el equipamiento que presentan (banquetas y poyos), que finalmente luego de atravesarlas llega al ‘recinto necrológico’, mientras que la plataforma Este nos comunica al ‘gran patio’ (Ruales y Las Casas 2008), el mayor del conjunto.

El ‘recinto necrológico’ (Negro 1977) se trata de un recinto amplio de forma trapezoidalque contiene tres cámaras funerarias contiguas -lamentablemente todas saqueadas-(tumbas H1-23A, H1-23B y H1-23C) y un pequeño espacio cercado con muros bajos y vano orientado a las tumbas, el cual se considera como una remodelación posterior al espacio original que fue un patio. El techo de las tumbas configura un segundo nivel asociado a dos frisos escalonados y serie de tres nichos, igual número de nichos también presente en el primer nivel del muro frontal de las tumbas.

Se intervino una de las tumbas, la H1-23A, por ser la que evidenciaba superficialmente la mayor cantidad de material cultural recuperable, a pesar de haber sido su arquitectura funeraria la más afectada por el vandalismo, presentando un forado hacia el frontis queda al patio.

La excavación de esta tumba implicó todo su interior hasta dar con el piso de la cámara funeraria. Se logró definir tres niveles de deposición de donde se recuperó los restos de un diverso contenido cultural que correspondería al fardo y parte del ajuar funerario.

El material óseo humano recuperado correspondería al parecer a tres individuos: dos adultos y un niño, cuyos sexos todavía no se han determinado al encontrase en estos momentos en pleno proceso de análisis. Asimismo, también fueron hallados ciertos materiales enteros a pesar del atentado que sufriera esta tumba, resaltando entre ellos los siguientes objetos: un pequeño quero inca hecho de madera y decorado con diseños geométricos incisos, un ejemplar completo de spondylus, tres mates con su interior rellenos de algodón, un conjunto de husos de madera, una diminuta espada de tejedor enmadera, y una pequeña olla de cerámica con diseños de serpiente en alto relieve conteniendo semillas en su interior.

Finalmente, por debajo de todos los materiales y en contacto con el piso se ubicó lo que parecía era la base del fardo (Bardales 2014: 47) y que luego durante su intervención fue definido como un fragmento o resto de fardo (Landa2013).

Durante el inventario de los materiales recuperados en las excavaciones de la temporada 2011, nos percatamos que la envoltura textil del fragmento de fardo al encontrarse roto exponía parte de su contenido, un conjunto de cuerdas con nudos de un probable ejemplar de quipu.

El trabajo posterior de desenfardelamiento a cargo de la conservadora de textiles Patricia Landa (2013), dejaría en evidencia que el contenido de este paquete funerario se encontraba aun intacto.

Todo el paquete consideró el registro de 24 elementos, entre ellos elementos de cobertura (amarre y envoltura) y relleno, además del propio contenido, que por su disposición parecen haber sido colocados siguiendo un orden. Dentro de la serie de objetos destacan un costurero con todos sus implementos, una valva de spondylus, bolsitas con contenido vegetal, restos de honda en fibra vegetal, y lo más sorprendente, un conjunto de quipus, donde cada uno se encontraba enrollado o envuelto, manera que era como se los guardaba (Arellano 1999: 230). El conjunto de estos últimos fueron encontrados en el fondo del paquete, habiendo sido colocados primeros, mientras que, a diferencia del cesto de costurero y el spondylus al ubicarse encima, son los que se colocaron al final.

Como ‘grupo o conjunto de quipus’ recuperados a partir del desenfardelamiento, se identificó de manera inicial nueve elementos de quipus (Landa 2013). Sin embargo, un registro preliminar especializado de estos quipus que se manejó de manera paralela al desenfardelamiento, determinó un total de 22 cordones principales, identificando siete piezas asociadas y/o articuladas a las nueve contabilizadas en principio, además de que uno de los especímenes se compone de siete piezas articuladas (Rojas et al. 2013).

El análisis preliminar de la colección de quipus de Huaycán de Cieneguilla contenida en el ‘fragmento de fardo’, permitió señalar que estos presentan atributos propios de la manufactura inca y el contenido son convenciones canónicas propias de esta época y sociedad (Rojas et al. 2013). Sin embargo, este se muestra singular al haber estado contenido en un paquete textil junto a otros materiales que podrían considerarse como ofrendas 2.

Esto mismo habría sucedido con dos de los tres individuos (dos adultos y un niño) depositados en esta tumba, que no necesariamente debieron ser colocados en un solo momento, sino que pudo ser progresivo en el tiempo (Bardales 2014: 48), y que de poder determinarse el personaje principal, que en este caso se trataría de un funcionario de élite, esto por el tipo de objetos asociados y por haber estado albergado en aquel lugar, en una zona de carácter privilegiado al interior del palacio.

Siendo así, el personaje principal que albergara esta tumba se habría desempeñado como un funcionario estatal o curaca al servicio del Tawantinsuyo, inclinándonos por la segunda opción, pese a que no hayamos encontrado los restos de ciertos artículos (orejeras,ornamentos de oro y el banquillo de madera llamado tiyana)3 que puedan indicar su relación directa con la nobleza hereditaria provincial (Frame 2004) pero sí por la presencia de una pieza diplomática de prestigio, lo cual constituye el kero , que lo habría recibido en vida y que en otros casos en contextos funerarios, al acompañar a los muertos indica el rango y la posición que había tenido en vida (Ziółkowski 1979), porque como es sabido, al igual que muchos señores nativos de la era toledana, en la revisita de 1588 practicada en Sisicaya, en el valle de Lurín, el curaca del lugar, don Diego Chauca Guamán aparece también interpretando los datos contenidos en los quipus para que sean vertidos en el registro alfabético de los escribanos españoles (Salomon y Grosboll 2009), por tanto es muy posible que el personaje principal aludido se haya tratado más bien de un curaca que habría usado quipus, esto según conforme con la lista de otras personas (astrólogos, curacas 4, enviados del Inca, gobernadores, jueces, administradores de tambos y otra serie de contadores locales que tenían que ver con la economía y producción del lugar(ganadería y agricultura) que las habrían usado (Arellano 1999).

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2 Algo similar sucedía con el contexto de quipu de Pachacamac, donde a manera de ofrenda (Ministerio de Cultura 2012: 21), se encontró durante la apertura y extracción de los quipus, en el fondo del paquete, un fragmento de liso (palito) y muestras de dos tipos de molusco: spondylus y caracol marino (Bueno 1990:100).
3 Cabe mencionar, aunque no se haya recuperado algún ejemplar de orejera, el fragmento de vasija escultórica con el personaje antropomorfo que lleva una honda sobre la cabeza a manera de tocado, el cual aparece asociado al contexto funerario, también porta orejeras. Como es bien sabido la clase alta del estado cusqueño era llamada incas u “orejones del Cusco” (Pärssinen 2003: 157), esto último por las llamativas orejeras portantes
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Pero esta última apreciación no niega del todo la inexistencia de un quipucamayoc en el asentamiento de Huaycán de cieneguilla, como veremos a continuación. Como es sabido el quipu era el principal y eficaz instrumento utilizado en el mantenimiento de registros en el Tawantinsuyo, y los quipucamayos los especialistas en su manejo para la fijación de la información. Como funcionarios estaban organizados en varios niveles, por lo tanto había una jerarquía entre ellos (Guaman Poma 1980 [1615]; Urton 2011b), de acuerdo posiblemente a la jerarquía administrativa inca (Arellano 1999: 255). Como lo sugirió Gary Urton (2011b: 132-133), los funcionarios eran enviados desde los centros administrativos estatales con la misión de recolectar información sobre la población de cada comunidad.

Esta información era tomada de los quipus de los registradores locales, la que a su vez era ingresada en la contabilidad oficial de los quipus de funcionarios administrativos de rango superior en centros administrativos estatales. La totalidad de esta información finalmente llegaba a la capital inca en Cusco. En ese sentido los quipus encontrados en Huaycán de Cieneguilla representarían documentos de recolecta local, al contener posiblemente sólo información en torno a su área de influencia. En ese sentido, Huaycán de Cieneguilla debió contar con sus propios quipucamayocs dentro de la estructura social bipartita en la organización espacial inca del núcleo del asentamiento, un alto (Hanan) Huaycán representado por el Conjunto G y un bajo (Hurin) Huaycán representado por el Conjunto H.Lo singular de este contexto funerario lo representa el costurero con todos sus implementos, evidencia que podría dar respuesta a preguntas anteriormente planteadas,de si el mismo quipucamayoc (especialista en quipu) se fabricaba su propio instrumento que le serviría para el registro (Arellano 1999: 257).

Si bien el contexto funerario de Huaycán de Cieneguilla, corresponde a tres individuos (dos adultos y un niño) -esperando poder determinar el sexo de estos a partir del análisis bioarqueológico que en estos momentos se realiza- sin haber podido determinar el personaje principal, a pesar que lo estamos interpretando como un curaca, la existencia del otro individuo adulto podría corresponder al supuesto quipucamayoc o tratarse de un asistente en la confección de los cordones para los quipus. De ser el primer caso, el curaca habría sido enterrado con propio quipucamayoc.

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4 Se sabe que existían depósitos de quipus en las casas de los curacas o nobles indígenas a partir de la Visita hecha a la provincia de Chucuito (Arellano 1999: 230).
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Finalmente quedan muchas preguntas por responder, las que serán aclaradas de algún modo a partir de los resultados de los análisis bioarqueológicos y textiles (costurero) que se vienen realizando en estos momentos. Sin embargo, el sólo hecho del descubrimiento de este conjunto de quipus en Huaycán de Cieneguilla confirma el rol privilegiado que los incas le dieron a este asentamiento preexistente. La marcada extensión y complejidad interna frente a otros asentamientos del valle de Lurín resaltan a primera vista. La importancia de este asentamiento en la región parece haber estado presente en las dos épocas en que fue ocupada, así lo parece evidenciar su Área Nuclear, con la presencia de conjuntos arquitectónicos que incluyen espacios públicos-ceremoniales de variada tipología jerarquizados espacialmente. Sin embargo, la ubicación estratégica de su emplazamiento sería advertido por los incas, al controlar posibles rutas de comunicación (Ruales et al. 2013), cualidad que primaría en su elección como centro administrativo local, el cual debió ejercer hegemonía sobre asentamientos próximos de menor jerarquía como Molle, Panquilma y Rio Seco, pero a su vez supeditado supeditado a Pachacamac, capital provincial Inca.

* Paper presented at the 55 th Annual Meeting of the Institute of Andean Studies, Berkeley.
10 de enero del 2015