Sitios Sacros
SECHIN

En la margen izquierda del río Sechín, a la altura del puente que cruza el río Casma (mucho antes de la confluencia de los mencionados) desviandose de la panamericana con dirección Este a unos 2 Kms. se encuentran los restos del Templo de Sechín; ubicado a un costado de la afloración rocosa del cerro Laguna de cuya cima se puede divisar el verdor del valle bajo.

Frontis Principal

Los antiguos constructores eligieron en el lado norte, al pie de la aislada elevación en cuyas faldas construyeron una recia arquitectura de piedra y barro. La peculiaridad del lugar es que presenta revestimientos líticos grabados, los cuales decoran el contorno del edificio.

El lugar también era conocido como «Huaca del Indio Bravo» el espiritu inquieto de Julio C. Tello le llevo a realizar estudios en el lugar descubriendo unos 98 monolitos grabados, el primero hallado por su inseparable colaborador Toribio Mejia Xesspe; guiado por el lugareño Victor Dueñas, esto acontecía por la década de los 30, posteriormente multiples visitantes, estudiosos, curiosos, fotógrafos, llegaron por el lugar admirando los vestigios del ayer; huella de los antiguos pobladores y sus obras quedaron como muestras del pasado.

Las muestras de su labor quedan presentes en los grabados líticos manifestaciones hechas con realismos y sencillez de lineas bien trazadas en forma de surcos anchos, procedimiento que les permitió plasmar inequivocamente personajes con indumentaria otros sin ello, así como cuerpos y partes de los mismos y otros detalles. Guerrero con su porra

El edificio presenta las esquinas redondeadas caracteristica muy difundida en esta época actualmente hay mas de 300 losas de piedra esculpida que revisten las estructuras, rodeando en un establecido orden de personajes que llevan mazos, otros ataviados, la observancia de cuerpos seccionados, tales como cabezas, brazos, piernas, ojos, son parte de la cantidad de materiales iconográficos asociado a la fase constructiva en adobe como en piedra y que informarian de un acontecimiento epico que le permitio continuar señoreando en el valle.

Las opiniones de su fechado presenta discrepancias; antes de Chavín o posteriores a Chavín. Los trabajos realizados en 1981 por Henning Bischof, Enrique Vergara y Lorenzo Samaniego permitieron conocer más detalladamente el aspecto constructivo del edificio.

Personaje

Las investigaciones realizadas por Samaniego y el Proyecto Sechín 1980-85 han logrado encontrar más restos líticos de esta manera permitiendo entender el desarrollado arte grabado y su iconografía así mismo su asociación a lo que se conoce como período Casma, quedando comprobado por el hallasgo de sectores intactos encontrandose la relaciones con la construcción que pueden correlacionarse con la tradición lítico escultórica del lugar conocido como «Moxeque» el cual tiene un fechado aproximado de 1400 a.C.

Personaje

Todas estas evidencias se encuentran en el frontis principal y laterales, representan: cabezas, personajes ataviados con porras o mazo ceremonial, personaje con casco y taparrabos guerreros pertenecientes a la «Huaca indio Bravo» o llamado tambien Templo Sechín.

En las cercanias del templo de Sechín hay un Museo de sitio llamado «Max Uhle» construido con financiamiento de un adonación efectuada por la Fundación Volkswagenmerk de la República Federal de Alemanía; donde la información es más detallada sobre la cerámica, datos, mapas y replicas líticas de los grabados y los demás motivos pintados sobre las paredes de barro y todo aquello que está relacionado al lugar mismo.
Texto: Daniel Castillo B. 1997

Principales Culturas
Sierra Central
CULTURA WARI

Deidad Huari

La primera noticia que versa sobre Wari la encontramos en la «Crónica del Perú» del cronista español Pedro Cieza de León, escrita en 1550. Este cronista consigna un conjunto de comentarios acerca de unos grandes edificios derruidos que tuvo la oportunidad de observar y precisar la diferencia que pudo notar entre la arquitectura inca y la observada en las construcciones que ve en territorio ayacuchano, las cuales ubica en las inmediaciones del río Viñaca. Las comprobaciones hechas permiten afirmar que fueron los muros de las edificaciones de la ciudad de Wari, en la que el cronista español, es el primero en señalar la diferencia arquitectonica entre lo Wari y lo Inca.

Los estudios arqueológicos sistemáticos en Ayacucho y especificamente en Wari, se inician en 1931 con el viaje de exploración que realizó el arqueólogo peruano Julio C. Tello, quien visita la región y exploró el yacimiento de Wari; publicando un articulo donde informa de la monumentalidad e importancia del lugar
Sin embargo es el arqueólogo norteamericano Alfred C.Kroeber que en 1942 dió a conocer el material cerámico de Wari que le proporcionara la arqueóloga Lila O´Neale, quien anteriormente acompañara a Julio C. Tello durante sus exploraciones a Ayacucho.

De las publicaciones de Jhon Rowe, Donald Collier y Gordon Willey por 1950, se conoce una clasificación del material cerámico estableciéndose importantes sugerencias acerca de la posibilidad de establecer una filiación de los elementos ceramográficos de Wari con Tiahuanaco.
Las publicaciones del arqueólogo Luis G. Lumbreras son las que posibilitaron la comprensión del proceso histórico; además sumándose a ello el enfasis en la gran importancia que este desarrollo evolutivo a tuvo y tiene para el estudio y análisis de estudiosos del Horizonte Medio en Ayacucho.

Cerámica ceremonial

Dorothy Menzel a través de sus investigaciones propuso una tipología de las diferentes modalidades de la cerámica a base de un análisis estílistico de la misma manera su ordenamiento por épocas, siendo importantes en el establecimiento de comparaciones en cuanto a las relaciones interregionales; cuyos motivos, caracteristicas son evidentes actualmente.
De los escritos publicados por Enrique Gonzales Carré se conoce que la cultura Huarpa fue la expresión del florecimiento regional en Ayacucho, aunque lograron un significativo avance en la tecnología para el aprovechamiento del agua y la producción agropecuaria, su establecimiento en lo que respecta a lo urbano denota mas bien un poblamiento claramente rural .

Los resumenes de las diversas investigaciones sobre los origenes de Wari nos conducen a que fueron los Huarpa la razón social de la cual, en sus primeros momentos habían mantenido relaciones con la región vecina de Ica en la parte Sur de Perú intercambiando productos con Los Nasca asimilando los patrones de conducta social y la cosmovisión de la superestructura, en la cual se mantenía el equilibrio de este pueblo guerrero son los restos de piedras, cerámica los cuales se conocen de esa perdurabilidad(Gonzales Carre 1982: 12) .

El arqueólogo Luis G. Lumbreras sostiene que: «Wari es una formación social que se caracteriza por un alto nivel de desarrollo tecnologico, con base tanto en una elevada producción agropecuaria como en una producción urbana de gran aliento. Se trata pues, de una sociedad urbana que en consecuencia canaliza su economía partir de una planificación y operación urbana como consecuencia de esto, la ciudad se convierte en el eje motor de la producción y la distribucion de la riqueza agropecuaria y manufacturera y desarrolla diversos mecanismos de acumulación de recursos generadores de la misma.»(1980:20) .
En realidad Larco Hoyle quien a fines de la decáda de los 40, indicó que la cultura que se difundió a nivel Pan-Andino no era Tiahuanaco sino el Wari Ayacuchano. Cuando Bennett realiza estudios en 1953, las primeras excavaciones cientificas en Huari, acepta finalmente las ideas de Larco Hoyle( Bonavia 1991: pag. 330).

Tiahuanaco y Wari son culturas contemporáneas por lo menos en alguna de las etapas de su desarrollo, se influencian de alguna manera entre ellas, pero en el fondo representan fenómenos culturales diferentes. Esto cubre un lapso que va aproximadamente del año 500 – 550 de nuestra Era hasta el año 900 de la misma y corresponde a lo que algunos arqueólogos llaman el Horizonte Medio ( Bonavia 1991: pag 329 ).
Dorothy Menzel sugiere que la representación ocasional de cabezas de animales míticos derivados de la tradicion Nasca con dientes caninos cruzados derivarían de las asociaciones que sería el estilo Conchopata su sincretismo de ideas y prácticas religiosas se ven plasmadas en este nuevo desarrollo.

Cántaro Huari

Huari como lo manifiesta Lumbreras se inicia a partir de poblados como el de Qonchopata reflejando una gran densidad habitacional, constituidos en edificios de barro y piedra.
Los cambios estructurales en su sentido histórico social de Wari fue que este fue incorporando progresivamente cambios hacia la formación urbana propiamente dicha.

Lumbreras ha distinguido tres etapas en este proceso . Una inicial en la que la influencia Nasca llega a la sierra Central y establece las relaciones Costa sierra. Luego una segunda de grandes cambios debido a estímulos muy fuertes de Nasca y, finalmente, una última en que comienzan a llegar influencias de Tiahuanaco. La mezcla de todos estos elementos foráneos con las culturas Ayacuchanas, dará finalmente origen a una nueva y poderosa cultura conocida como Wari. (1991:308)

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Julio C. Tello (1880 – 1947)

Julio César Tello Rojas (n. Huarochirí, Perú, 11 de abril de 1880 – m. Lima, 3 de junio de 1947), fue un destacado médico y arqueólogo peruano. Es considerado el padre de la arqueología peruana. Descubrió las culturas Chavín y Paracas e impulsó y creó el Museo de Arqueología Peruana.

Biografia

Hijo de una modesta familia agricultora, Julio Cesar Tello Rojas nació en la provincia limeña de Huarochirí. Fueron sus padres Julián Tello García y María Asunción Rojas Erques. Desde pequeño destacó por ser inteligente, por ello le auguraron éxito en la vida; le apodaron Sharuko. Sus estudios primarios los hizo en Huarochirí y en 1893 se trasladó a Lima para cursar la educación secundaria en el colegio dirigido por Pedro A. Labarthe, concluyéndola en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.

En 1900 ingresó a la facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde fue condiscípulo de un hijo del ilustre tradicionista don Ricardo Palma, por lo que frecuentó su casa, ganándose el afecto del anciano escritor, quien, en su condición de director de la Biblioteca Nacional del Perú, le consiguió un puesto como conservador. Fue allí donde le nació a Tello la inquietud por la ciencia y la investigación, especialmente la arqueología y la antropología. Su acercamiento al mundo prehispánico se produjo a partir de la lectura de un estudio de las lenguas indígenas de Sebastián Barranca. En 1906 ofreció su primera conferencia en torno a unos cráneos prehistóricos desenterrados en tumbas prehispánicas de Yauyos. Pero antes que nada decidió culminar su carrera y se graduó de bachiller en Medicina el 16 de noviembre de 1908, con su tesis «La antigüedad de la sífilis en el Perú»,1 un original estudio sobre dicha enfermedad. Finalmente se recibió como Médico Cirujano en 1909.

Gracias a una beca concedida por el primer gobierno de Augusto B. Leguía viajó a los Estados Unidos para realizar estudios de postgrado en la Universidad de Harvard, permaneciendo allí por tres años. Tuvo por maestros a celebridades del mundo científico, como Alex Hrdlicka y Franz Boas. Obtuvo su maestría en Artes (1909) y en Antropología (1911), siendo el primer peruano en alcanzar tal grado académico en dicha universidad. A mérito de sus estudios, obtuvo una nueva beca, que le permitió concurrir, en Londres, al XVIII Congreso Internacional de Americanistas (1911) y seguir estudios de especialización en el Seminario de Antropología de la Universidad de Berlín (1912) Conoció por entonces a la dama inglesa Olive Chessman, con quien después se casaría.

A su retorno al Perú en 1913 comenzó su labor arqueológica acompañando a su maestro Alex Hrdlicka en sus investigaciones por los valles de la costa central. Fue nombrado director de la sección arqueológica del Museo de Historia Nacional, cuya organización inicial orientó hasta verse obligado a renunciar en 1915.

Militó en el Partido Nacional Democrático y fue elegido diputado por la provincia de Huarochirí, cargo que ejerció entre los años 1917 y 1929, período en el cual luchó indesmayablemente por la defensa del patrimonio histórico y arqueológico nacional. Presentó proyectos de ley en favor de la Protección y Conservación de Monumentos Históricos; y de la Reforma Universitaria, donde se enfatiza la investigación, la formación de docentes y la capacitación de profesionales a través de becas.

En la Facultad de Ciencias Naturales de San Marcos se graduó de bachiller el 6 de mayo de 1918 con la tesis «El uso de las cabezas humanas artificialmente momificadas y su representación en el antiguo arte peruano».2 Luego optó el grado de Doctor, el 6 de agosto de ese año.

Empezó a recorrer todo el país con el fin de realizar trabajos de campo, haciendo valiosas investigaciones en torno a las culturas precolombinas. A él debemos la identificación de la antigüedad y difusión de la Cultura Chavín (1919) y el descubrimiento de la necrópolis de Paracas (1925); asimismo, las excavaciones en el extenso valle del Santa (1926 y 1934) y en el alto valle del Marañón (1934 y 1937); en Huánuco Viejo y Kotosh (1935); en el valle del Urubamba (1942) y en sitios diversos de los departamentos de Lima, Arequipa, Cuzco y Puno, que le permitieron formular su propia apreciación sobre el proceso civilizatorio del Perú antiguo.

Fundó el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de San Marcos, el 21 de octubre de 1919, cuya dirección ejerció hasta su muerte. Al mismo tiempo y teniendo como base la colección Larco Herrera adquirida por el Estado, en 1924 formó el Museo de Arqueología Peruana, que dirigió hasta 1930, cuando debido a la caída del presidente Leguía fue reemplazado intempestivamente por Luis E. Valcárcel. Entre 1931 y 1938 dirigió el Instituto de Investigaciones Antropológicas dependiente de dicho museo, instituto que por iniciativa suya se convirtió en el Museo Nacional de Antropología, con sede en la Magdalena Vieja (1938). Luego, por decreto supremo del 30 de enero de 1945, dicho museo se transformó en el Museo Nacional de Arqueología y Antropología, concentrando todas las colecciones arqueológicas que el Estado tenía en Lima. Tello fue su primer director y reunió allí todo el material acumulado a lo largo de tres décadas de exploraciones con la colaboración de sus discípulos Rebeca Carrión Cachot y Toribio Mejía Xesspe.

Su gran vocación humanística lo llevó también a dictar cátedras de Arqueología en la Universidad San Marcos; cuando esta fue clausurada en 1931, pasó a la Pontificia Universidad Católica del Perú donde fue catedrático de Antropología de 1931 a 1933. Enseñó también Historia del Perú Antiguo en el Colegio Antonio Raimondi, de 1934 a 1935. Como docente universitario renovó la cátedra con nuevos cursos como Antropología General, Antropología Física, Arqueología de América y del Perú. Sus clases eran prácticas y acostumbraba llevar a sus alumnos a los museos y sitios arqueológicos. Para ayudar a sus estudiantes escribió obras generales de visión sintética y panorámica de las culturas prehispánicas.

A los 67 años de edad, se le detectó cáncer a los ganglios, falleciendo en el hospital Arzobispo Loayza, dejando un valioso legado cultural. Fue sepultado —según su propia voluntad— en los jardines del Museo Nacional de Arqueología y Antropología en la Magdalena Vieja, que desde 1992 adoptó el nombre de Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Pueblo Libre.

La teoría sobre el origen de la cultura peruana

Tello hizo su aparición en el panorama científico del Perú defendiendo la tesis del autoctonismo de la cultura peruana precolombina y refutando la teoría de la procedencia centroamericana sostenida por el arqueólogo alemán Max Uhle. Tello también sostuvo la precedencia andina y no costeña de la cultura indígena señalando la sierra oriental como punto de origen de la misma.

Según la teoría de Tello, la cultura peruana habría seguido más o menos el siguiente proceso:

a) En épocas prehistóricas, grupos de hombres primitivos procedentes del norte llegaron a la selva amazónica. Esta gente vivía de la caza, pesca y recolección.

b) En busca de un medio más acogedor, estos grupos fueron ascendiendo por el flanco oriental de los Andes y se establecieron en la ceja de selva o selva alta, zona que es muy favorable para la vida. Allí descubrieron la agricultura y aprendieron a cultivar maíz, yuca, camote, frijoles, maní y árboles frutales (papaya, chirimoya, palta, piña, guanábana, lúcuma, pacae, granadilla). Con la agricultura surgió la vida sedentaria, la construcción de viviendas, la fabricación de utensilios, tejidos, cestos, etc. nació propiamente la cultura.

c) Prosiguiendo su ascensión llegaron dichos hombres a la sierra interandina, donde perfeccionaron la agricultura. Domesticaron la papa, la cañigua, la quinua, la oca, el olluco y animales como la llama y la alpaca. Desarrollaron enormemente la textilería, la cerámica, la arquitectura de piedra, etc.

d) Posteriormente los hombres de las altas culturas serranas bajaron a la costa y formaron las culturas costeñas.

Por cerca de 30 años Tello recorrió en todas direcciones el territorio peruano, haciendo notables excavaciones y estudios, siendo los principales los realizados en la cuenca de los ríos Huallaga y Marañón, en Chavín de Huantar, en el río Grande de Nazca, en la Península de Paracas, en Pachacámac, Casma y Nepeña, en Moche, Puno, Cuzco y otros lugares.

Como resultado de sus investigaciones, Tello señaló a la cultura Chavín (cuyo centro es el santuario del mismo nombre, situado en la ceja de selva) como la cultura madre o matriz de la civilización peruana, es decir de la que se originaron el resto de las culturas. Tello calculó su antigüedad en 1000 a 1500 años antes de Cristo.

Las teorías de Tello dominaron la arqueología peruana durante décadas, pero investigaciones posteriores han demostrado una evolución cultural en territorio peruano muy anterior a Chavín. Lo que si ha prevalecido es la tesis del carácter autóctono de las culturas prehispánicas.

Importancia

Tello es considerado el «padre de la arqueología peruana», porque fue el primero que se propuso estudiar, con rigurosidad y métodos adecuados, la formación y la naturaleza de las culturas antiguas del Perú, convenciendo de que era la única manera de comprender al Perú actual.

Tuvo el mérito encomiable de ser uno de los primeros científicos sociales en «romper la idea dominante» de la inferioridad de los antiguos pueblos del Perú. En este sentido, acumuló ingentes testimonios de la grandeza del pueblo peruano, en contra de los que se avergonzaban de lo genuinamente indígena. Hizo brotar literalmente de las llanuras costeñas, innumerables tumbas, templos y ciudades deslumbradoras, imágenes de dioses en oro, piedra y barro, e infinidad de evidencias de la realidad sociocultural y económica del antiguo poblador andino.

También interpretó la relación entre el desarrollo étnico-cultural y el medio ambiente, mostrando la heterogeneidad del peruano pre y post-hispánico.

El archivo Tello

Antes de morir, el doctor Tello legó su inmenso archivo personal a la Universidad de San Marcos, mencionando en su testamento a dos de sus discípulos, Rebeca Carrión Cachot y Toribio Mejía Xesspe, a quienes consideraba los más idóneos para continuar su trabajo. Había además una cláusula, según la cual, ningún documento podía ser abierto sin presencia de la familia. Los documentos se hallaban repartidos entre el Museo de la Magdalena, la Universidad de San Marcos e Incawasi (la casa familiar del arqueólogo en el distrito de Miraflores).

Así pues, Carrión y Mejía fueron designados por la Universidad para compilar, ordenar y en algunos casos complementar las anotaciones y libretas de campo hasta concluir algunas de las obras que Tello dejó en proceso de preparación. Fue gracias a la labor de Mejía Xesspe que se dio a luz dos obras fundamentales: Chavín, cultura matriz de la civilización andina (1960) y Paracas (2 vols. 1959 y 1979). Además: Arqueología del Valle de Casma. Culturas Chavín, Santa o Huaylas Yunga y Sub Chimú (1956) e Historia de los museos nacionales del Perú. 1822-1946 (1967).

Pese a esta gran labor de recopilación, mucha de la documentación inmensa permanece aún archivada en el Museo de Pueblo Libre y en San Marcos. En esta última existen 130.213 documentos, entre folios, dibujos, calcos, ilustraciones (divididos por temas: Paracas, Nasca, Chimú) así como correspondencia epistolar, además de apuntes de sus trabajos de campo, sus resúmenes e interpretaciones.

Libros

921.- Introducción a la historia antigua del Perú. Lima.

1929.- Antiguo Perú. Primera época. Editado por la Comisión Organizadora del Segundo Congreso Sudamericano de Turismo. Lima. 183 pp.

1956.- Arqueología del valle de Casma. Culturas: Chavín, Santa o Huaylas Yunga y Sub-Chimú. Informe de los trabajos de la Expedición Arqueológica al Marañón de 1937. Lima, Editorial San Marcos, 344 pp.

1959.- Paracas, primera parte. Vol. 1. Publicación antropológica del Archivo «Julio C. Tello» de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima. 129 pp.

1960.- Chavín. Cultura matriz de la civilización andina. Primera parte. Publicación antropológica del Archivo «Julio C. Tello» de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vol. II. Lima. 364 pp.

1967.- Páginas escogidas. Selección y prólogo de Toribio Mejía Xesspe. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima. 241 pp.

Artículos en revistas especializadas

1908 «La antigüedad de la sífilis en el Perú». Revista Universitaria. Órgano de la Universidad Mayor de San Marcos. Año IV, Vol. IV, pp. 180-212. Lima.

1912 «Prehistoric trephining among tire Yauyos of Peru». XVIII International Congress of Americanists. Actas y trabajos, pp. 75-83. Londres.

1917 «Los antiguos cementerios del valle de Nasca». Proceedings of the Second Pan American Scientific Congress, Washington 1915-1916. Section I: Anthropology. Vol. I, pp. 283-291. Washington.

1918 «El uso de las cabezas humanas artificialmente momificadas y su representación en el antiguo arte peruano». Revista Universitaria. Órgano de la Universidad Mayor de San Marcos. Año XIII, Vol. II, pp. 477-533. Lima.

1923 «Wira Kocha». Inca. Revista trimestral de estudios antropológicos. Órgano del Museo de Arqueología de la Universidad Mayor de San Marcos. Vol. I, No. 1, pp. 93-320; Vol. I, No. 3, pp. 583-606. Lima.

1924 «Observaciones del Editor al discurso del profesor Seler». Inca. Vol. I, No. 2, pp. 375-382. Lima.

1924 «Arte Antiguo Peruano: Álbum fotográfico de las principales especies arqueológicas existentes en los Museos de Lima. Primera Parte. Tecnología y Morfología». Inca. Vol. II. Lima.

1926 «Los descubrimientos del Museo de Arqueología Peruana en la península de Paracas». XXII Congreso Internacional de Americanistas, Roma. Actas y memorias. Vol. I, pp. 679-690. Roma.

1927 «Bibliografía antropológica del Perú». Boletín Bibliográfico. Biblioteca de la Universidad Mayor de San Marcos. Vol. III, No. 3, pp. 31-36. Lima.

1928 «Andean Civilization: some problems of Peruvian Archaeology». XXIII Congress Intemational of Americanist, New York. Actas y trabajos. Vol. I, pp. 259.290. Nueva York.

1928 «Los descubrimientos del Museo de Arqueología Peruana en la Península de Paracas». Actas del XXII Congresso Intemazionali degli Americanisti, Roma, settembre 1926. Vol. I, pp. 679-690. Roma.

1931 «Un modelo de escenografía plástica en el arte antiguo peruano». Wira Kocha. Revista peruana de estudios antropológicos. Vol. l, No. l, pp. 89-l12. Lima.

1934 «Perú prehistórico: origen, desarrollo y correlación de las antiguas culturas peruanas». Revista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Tomo II, No. 10, pp. 151-168. Lima.

1936 «Indumentaria de los incas». Letras. Órgano de la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos. No. 2, pp. 413-419. Lima.

1937 «La civilización de los inkas». Letras. Órgano de la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos. Tomo III, No. 6, pp. 5-37. Lima.

1938 «Objeto y propósito de la Expedición arqueológica al Marañón». Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima. Tomo LV, Trim. 2-3, pp. 123-131. Lima.

1940 «Pachacamac». Chaski. Organo de la Asociación Peruana de Arqueología. Vol. I, No. 2, pp. 1-4. Lima.

1940 «Un vaso de piedra de Nasca. Primeros indicios de una Cultura Megalítica semejante a la de Chavín en la región central del Perú». Chaski. Organo de la Asociación Peruana de Arqueología. Vol. I, No. 1, pp. 27-48. Lima.

1940 «Un ejemplar de cerámica de Cajabamba». Chaski. Vol. I, No. 2, pp. 77. Lima.

1941 «La ciudad Inkaica de Cajamarca». Chaski. Órgano de la Asociación Peruana de Arqueología. Vol. I, No. 3, pp. 3-7. Lima.

1942 «Origen y desarrollo de las civilizaciones prehistóricas andinas». Actas y trabajos científicos del XXVII Congreso Internacional de Americanistas, Lima 1939. Tomo I, pp. 589-720. Lima.

1942 «Sobre el descubrimiento de la Cultura Chavín del Perú». XXVII Congreso Internacional de Americanistas, Actas de la Primera Sesión, celebrada en la ciudad de México en 1939. Tomo I, pp. 231-252. México.

1943 «Memoria suscita sobre los trabajos arqueológicos realizados en las ruinas de Pachacamac durante los años 1940 y 1941». Memoria de la Junta Departamental Pro-Desocupados de Lima, 1939, 1940 y 1941. Lima.

1943 «Discovery of the Chavin culture in Peru». American Antiquity. Vol. IX, No. 1, pp. 135-160. Menasha.

1943 «Sobre el descubrimiento de la cultura Chavín en el Perú». Letras. Órgano de la Facultad de Letras y Pedagogía, Universidad Mayor de San Marcos. No. 26, pp. 226-373. Lima.

1945 «El país de los inkas». Peí en entras 1944-45. pp. 592-613. Lima, Empresa Gráfica Scheuch S.A.

1955 «El país de los inkas». Revista del Museo Nacional de Antropología y Arqueología. Año II, No. 2, pp. 24-45. Lima.

Artículos en la prensa

1906 «Craneoctomía prehistórica entre los Yauyos». El Comercio. Diario Independiente. Lima, 5 de mayo. p.3.

1914 «Las antiguas riquezas del valle de Lima (para el doctor Urteaga)». La Crónica. Diario de la mañana. Lima, 30 de diciembre. p. 5.

1915 «El uso de las cabezas humanas artificialmente momificadas». El Comercio. Lima, 29 de agosto.

1915 «El diagnóstico diferencial entre las aberturas craneales por trepanación y las practicadas en las cabezas trofeos». La Prensa. Lima, 7 de octubre.

1918 «Arqueología y primitiva religión del Perú». La Prensa. Diario de la mañana. Lima, 11 de julio.

1926 «Interesantes descubrimientos arqueológicos en Cerro Colorado (Paracas)». El Comercio. Lima, 6 de febrero.

1928 «Los restos arqueológicos recientemente descubiertos en la península de Paracas». La Prensa. Diario de la mañana. Lima, 7 y 8 de junio.

1931 «Las ruinas de Wari son, por su extensión, el enorme material arquitectónico, la piedra tallada, los edificios subterráneos, estatuas, etc. superiores, en ciertos aspectos, a las de Tiawanaku y semejantes a las de Chavín…». El Perú. Diario de la mañana. Año I. Lima, jueves 27 de agosto. p. 1.

1933 «Importante descubrimiento arqueológico en el valle de Nepeña. El señor Julio C. Tel1o anuncia el hallazgo de un notable monumento antiguo». El Comercio. Lima, l de septiembre. p. 20.

1933 «Las ruinas del valle de Nepeña». El Comercio. Lima, 5, 6, 9 y 14 de octubre.

1934 «Las excavaciones arqueológicas en el departamento del Cusco». El Comercio. Diario de la mañana. Lima, 12 y 13 de marzo.

1934 «El oro en el antiguo Perú». El Comercio. Lima, 1 de enero.

1935 «Las civilizaciones pre-incaicas, su antigüedad y sucesión cronológica». La Crónica. Lima, 30 de mayo.

1935 «Culturas arcaicas del Horizonte inferior». El Universal. Lima, 13 de junio.

1936 «Los monumentos arqueológicos de Magdalena Vieja y la necesidad de conservarlos». Gaceta Municipal. No. l, pp. 5-6. Magdalena Vieja, Lima.

1937 «Los trabajos arqueológicos en el departamento de Lambayeque». El Comercio. Lima, 29, 30 y 31 de enero.

1937 «La búsqueda de tesoros ocultos en las huacas de Lambayeque». El Comercio. Lima, 11 de marzo.

1937 «El oro de Batán Grande (algunos apuntes de la reciente conferencia del doctor Julio Tello)». El Comercio. Lima, domingo 18 de abril. pp. 3, 6.

1937 «Importante hallazgo arqueológico en la huaca Cerro Sechín de Casma». El Comercio. Lima, 28 de septiembre.

1937 «Objeto y propósito de la expedición arqueológica al Marañón». El Comercio. Diario de la mañana. Lima, 31 de octubre.

1938 «Los resultados de la expedición arqueológica al Marañón de 1937». El Comercio. Diario de la mañana. Lima, 9 de enero.

1938 «La gran muralla del norte del Perú es un camino de penetración de la costa a la sierra de carácter comercial y principalmente religioso». El Comercio. Diario de la mañana. Lima, 11 de octubre.

1938 «El strombus en el arte Chavín». El Comercio. Lima, 18 de abril.

1938 «Las excavaciones que se efectúan en Pachacamac». El Comercio. Lima, 13 de septiembre.

1938 «Los resultados de la Expedición Arqueológica al Marañón de 1937». El Comercio. Lima, 9 de enero.

1938 «La gran muralla del norte del Perú es un camino de penetración de la Costa a la Sierra de carácter comercial y principalmente religioso». El Comercio. Lima, 11 de octubre.

1938 «Una notable insignia de oro del Antiguo Perú». Turismo, No. 133. Lima (Noviembre) s.p.

1939 «El cóndor en el arte antiguo peruano». Turismo. No. 136. Lima (Mayo) s.p.

1939 «Algunos monumentos arqueológicos existentes entre Lima y Paramonga». El Comercio. Edición de la mañana. Lima, 26 de septiembre.

1940 «Los recientes descubrimientos arqueológicos en las ruinas de Pachacamac». Turismo. Órgano del Touring Club del Perú. No. 153. Lima.

1940 «El descubrimiento de esculturas monolíticas en la Waka Cerro Sechin, valle de Casma». La Prensa. Diario independiente. Lima, domingo 7 de enero, p. 3.

1940 «Descubrimientos realizados arqueológicos en las ruinas de Pachacamac». El Comercio. Lima, 18 de julio.

1940 «Los recientes descubrimientos arqueológicos en las ruinas de Pachacamac». Turismo. No. 140. Lima (julio).

1946 «Los tesoros arqueológicos de Ancón». El Comercio. Lima, 17 de marzo.

Fuente: Wikipedia

El segundo centro arqueológico más reconocido de la capital peruana se enfrenta al crecimiento desmesurado de una ciudad que ha cercado sus estructuras y lo ha llevado a insertarse en la dinámica vertiginosa del desarrollo urbano Corrían los años cincuenta y una corriente fresca iluminó las artes y las letras locales, expandiendo la visión de los sectores enterados de la capital.

Si bien ya habían surgido influyentes corrientes intelectuales que se detenían en la condición del hombre del ande, fue a partir de esos años que intelectuales limeños con aspiraciones a construir una obra moderna entendieron que ésta se tenía que apoyar en el conocimiento del legado andino.

Jorge Eduardo Eielson, Fernando de Szyszlo o José Casals fueron algunos de los puntales de esta transformación estética en la que un centro arqueológico ubicado a pocos kilómetros de la ciudad jugó un papel dorsal: Puruchuco.

«Su importancia», señala Luis Guillermo Lumbreras, arqueólogo y director del Instituto Nacional de Cultura, «radica en haberle descubierto a los ojos no especializados que un sitio arqueológico podía estar entero, atraer visitas y ser susceptible de ser recorrido».

Fue gracias al esfuerzo tenaz de Arturo Jiménez Borja, quien emprendió la reconstrucción y posterior posicionamiento de este lugar, que la población de Lima dejó de percibir lo prehispánico como algo del «interior» del país.

¿Pero qué eran en realidad estos vestigios arqueológicos? ¿Cuál fue su importancia histórica? Sabemos que Puruchuco fue uno de varios palacios que existieron en el valle de Lima entre los siglos XIV y XV –por eso el visitante encuentra en él una serie de salas, recibos y otros espacios en los que se presume las personas cumplían una vida cortesana–, la casa de una persona importante, un «curaca» relacionado al cacicazgo de Lati y subordinado al señorío Ischma, que administraba la zona desde Pachacamac y Cusco.

La mansión de Puruchuco, que data de finales de la época preinca y del periodo de esplendor incaico, resultó el emplazamiento desde el cual este señor dominó el valle inmediato, buena parte de lo que actualmente es Vitarte, la vasta zona que el día de hoy se encuentra detrás del Estadio Monumental y que se conoce como Puruchuca y la parte alta del actual cerro Mayorazgo, sitio denominado Paredones y en el cual se aposentaba un grupo de pobladores más antiguo, el mismo que salió a la luz en el año 2002, cuando el arqueólogo Guillermo Cock descubrió en ese lugar cerca de 2,000 momias.

UN ESCENARIO INEVITABLE

Durante años la ciudad de Lima ha venido desarrollándose en progresión geométrica.

La actual megápolis terminó abrazando hasta la asfixia a Puruchuco, hoy presa de una situación álgida e inevitable: uno de los brazos del cerro que acoge el complejo arqueológico impide el paso de la avenida Javier Prado Oeste, una de las arterias viales más grandes de la capital y que de estar operativa uniría 14 distritos, beneficiando a más de cuatro millones de habitantes.

El Instituto Nacional de Cultura entiende que es necesario sintonizar las condiciones del crecimiento moderno de la ciudad con su misión principal: proteger el patrimonio cultural de la nación.

Por ello ha establecido un conjunto de condiciones para la continuación de las obras de habilitación de la avenida, exigiendo que se implementen una serie de trabajos de protección y estudio de los restos arqueológicos.

«Lo que hacemos es salvar la memoria histórica», señala Lumbreras, «la carretera ya está hecha y ello no es algo en lo que hayamos tenido ingerencia; la población ya ha avanzado hasta cincuenta metros de distancia del sitio arqueológico; entonces se trata de impedir que éste continúe siendo destruido.

Frente a la presencia inevitable de la ocupación urbana, lo que debemos hacer es salvaguardar los testimonios que se pueden perder y que ahora peligran debido a la presencia de una pista de alta velocidad, del tránsito, de una sede de gran concentración como es el Estadio Monumental».

Así pues, según resolución del INC, el paso vial procederá sólo si el equipo de arqueólogos contratados por la Municipalidad de Ate, entidad responsable de la obra, redelimita, señaliza y pone hitos en la zona de Puruchuco y Huaquerones, realiza un trabajo de rescate arqueológico en el espolón –por donde pasará la pista– y de evaluación de las zonas de influencia al paso de la avenida, consolida las estructuras arquitectónicas que se encuentran en las inmediaciones, habilita un camino asfaltado hacia el museo de sitio y construye almacenes adecuados para poner a buen recaudo los bienes recuperados en los procesos de rescate y evaluación arqueológicos.

Así las cosas, el primero de marzo un equipo comandado por el arqueólogo Guillermo Cock dio inició a su labor científica bajo la atenta supervisión de los organismos técnicos del INC.

En ese marco, el 5 de marzo, mientras se realizaba labor de cateo en el sector de influencia 57A, Cock y su equipo encontraron 26 fardos funerarios pertenecientes a un cementerio prehispánico.

LOS MUERTOS ENSEÑAN

El hallazgo es de una importancia similar a los descubrimientos de tumbas hechos por Max Uhle y Julio C.

Tello –que sentaron las bases de la historia antigua del Perú– pero esta vez los restos, que pertenecen básicamente a las épocas Ishma e Inca, permitirán extraer conocimientos que resultaban impensables hace algunos años.

«Ahora, gracias a la tecnología, a través del estudio de restos humanos podemos extraer información sobre los índices de nutrición de los antiguos peruanos», señala Lumbreras, «saber qué comían, por qué desarrollaron ese tipo específico de musculatura o de tamaño, qué cadenas de consanguinidad guardaban entre ellos, con qué medicinas se curaban, a qué niveles de mortalidad se sometían».

Si se toma en cuenta que los trabajos previos en Puruchuco, realizados entre los años 1953 y 1964, no registraron ni documentaron los hallazgos arqueológicos, generando una carencia muy grave de la memoria histósarica, lo que se acaba de rescatar es casi como la primera piedra de un real esfuerzo científico.

«Comenzamos a saber recién quiénes realmente vivían en ese lugar y cuanto más información tengamos reconstruiremos mejor cómo era esa zona de la Lima antigua», acota Lumbreras.

Un nuevo horizonte, entonces, se abre para el estudio de aquella porción de nuestra historia.

Los bienes culturales que se extraigan de estas labores arqueológicas previas a las obras civiles servirán para potenciar el valor de Puruchuco, que podrá pasar de un eficiente museo de sitio a un completo centro de investigación con amplia presencia en la vida académica y científica del país.

Los primeros pasos están dados.

Los trabajos que se hacen por estos días siguen su marcha y desde luego no sólo no pondrán en riesgo nuestro patrimonio sino que asegurarán su más sólido resguardo, dado que esta vez se registran todos los eventos arqueológicos y se cuida cada uno de los eslabones del proceso de ampliación de la Javier Prado.

«Nos falta ver el proyecto final de ingeniería que tienen y el trazo exacto de la avenida de modo que podamos medir su influencia sobre el cementerio encontrado», señala Ana María Hoyle, arqueóloga del INC encargada de supervisar los trabajos de Guillermo Cock.

«Hasta que no terminen esta etapa de rescate del espolón y de evaluación de las zonas de influencias, emprendan y concluyan con la reestructuración y estabilización de la arquitectura asociada al complejo y cumplan a cabalidad con todos los requerimientos que hemos impuesto no se va a empezar ninguna obra».

Puruchuco, pues, se encuentra en buenas manos.