In Memoriam: Rodolfo Manga Alosilla, el maestro del puntillismo y la caricatura cusqueña

Rodolfo Manga Alosilla

El pasado 13 de marzo de 2025, el arte cusqueño despidió a uno de sus exponentes más entrañables: Don Rodolfo Manga Alosilla. Con una trayectoria que abarcó más de medio siglo, Manga no solo dejó una huella indeleble a través de su técnica depurada, sino también mediante su compromiso social y su invaluable aporte a la academia cusqueña.

Orígenes y Formación

Nacido en Huayopata en la provincia de La Convención el 27 de junio de 1933, Rodolfo fue el tercero de los cuatro hijos de Fernando Manga y Laura Alosilla. Su vocación artística se manifestó precozmente; a los siete años, su «lápiz travieso» ya esbozaba sus primeras caricaturas. Realizó sus estudios primarios en la ciudad del Cusco, en el Colegio Humberto Luna —conocido popularmente como Kuychipunku o «Puerta del Arco Iris»— y cursó la secundaria en el emblemático Colegio Nacional de Ciencias.

Su formación artística formal transcurrió en la Escuela Superior Autónoma de Bellas Artes «Diego Quispe Tito». Allí recibió lecciones de grandes maestros como Mariano Fuentes Lira y Ángel Rozas, pionero del impresionismo en la región y apasionado retratista de la arquitectura colonial. Manga egresó en 1949 y, gracias a sus méritos plásticos, obtuvo una beca para el Instituto Tecnológico de Bellas Artes de Cerro de Pasco en 1950. Se le considera un «alumno fundador» de la primera etapa de la Escuela de Artes y Oficios (1945), compartiendo generación con artistas de la talla de Quintanilla, Torres y Béjar.

El Artista y la Academia: Su Legado en la UNSAAC

La carrera de Rodolfo Manga estuvo intrínsecamente ligada a la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC). Asimilado al Departamento de Extensión Cultural, colaboró estrechamente con destacados científicos e intelectuales como César Vargas, Sergio Quevedo, Luis Olazo y Enrique González.

Su aporte fue vital para la documentación científica: ilustró innumerables libros, revistas y boletines, dejando en la Biblioteca Central de la universidad álbumes completos con estudios de botánica y especímenes variados. Asimismo, fue el creador de los logotipos de las facultades de Medicina Humana y Enfermería.

Su liderazgo cultural se consolidó con la fundación de importantes colectivos, como la Asociación ILLARI en la década de 1960 y, fundamentalmente, la Asociación de Artistas Plásticos «Taller 82» de la UNSAAC, institución que fundó junto a Raúl Brozovich y de la cual fue Presidente Vitalicio.

Estilo y Obra: Entre el Realismo y la Sátira

La obra de Manga se sitúa en un realismo estricto y regionalista, caracterizado por una identidad visual monocroma y una meticulosidad fastuosa. Destacó magistralmente en dos vertientes:

  1. El Puntillismo: Su manejo de la pluma para crear texturas y volúmenes en paisajes y figuras es testimonio de una paciencia y técnica excepcionales.

  2. La Caricatura: Con una excelente capacidad de síntesis lineal y acierto fisonómico, Manga capturó la esencia de personajes cusqueños históricos y contemporáneos. Sus retratos de figuras como Raúl Brozovich, Gustavo Pérez Ocampo y Luis Velasco Aragón son ya parte de la historia gráfica del Cusco.

En 2010, el entonces Instituto Nacional de Cultura (INC) publicó su libro “El artista hace lo que le dá la gana”, una obra que compila su talento para el humor y la sátira, entendiendo la caricatura no como una distorsión, sino como una creación risueña del espíritu de la época.

Proyección y Compromiso Social

Su arte trascendió fronteras, participando en numerosas exposiciones locales e internacionales. Destacan su muestra colectiva en Estados Unidos (1998), en la Escuela de Bellas Artes del Condado de Pasco (Florida) y el Pinellas Park Art Center, así como su aclamada exposición individual «Trazos del Alma» (2015) en la Alianza Francesa del Cusco.

Más allá del lienzo, Rodolfo Manga fue un hombre de profunda sensibilidad social. Junto a su familia, fue un impulsor clave en Cusco de la conmemoración del 17 de Octubre, «Día Mundial del Rechazo a la Miseria». En 1993, colaboró con el Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo para inaugurar la muestra de arte “Familias en Lucha contra la Extrema Pobreza”, reafirmando su disposición a apoyar siempre a los excluidos.

Rodolfo Manga Alosilla parte a la eternidad dejando un legado de disciplina, agudeza visual y humanidad. Su obra permanece como testimonio vital de la cultura cusqueña del siglo XX y XXI.

Presentación: El legado gráfico de un maestro cusqueño

En Arqueología del Perú, tenemos la firme convicción de que la historia de nuestros pueblos no solo se escribe en piedra o en antiguos manuscritos, sino también en el trazo vivo de sus artistas. Es por ello que constituye un verdadero honor presentar a nuestros lectores la obra «Rodolfo Manga: El artista hace lo que se le dá la gana».

Este libro es mucho más que una compilación de caricaturas y dibujos; es un testimonio agudo, humorístico y profundamente humano de la sociedad cusqueña, capturado por la pluma magistral de Don Rodolfo Manga Alosilla. A través de sus páginas, el maestro no solo retrató rostros, sino que inmortalizó el espíritu de una época con esa libertad creativa que el título de la obra proclama con orgullo.

Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento a la familia Manga por la confianza depositada en nuestro portal. Su generosidad al permitirnos difundir este legado hace posible que la obra de Don Rodolfo siga dialogando con nuevas generaciones, manteniendo viva su memoria y su inigualable talento.

Invitamos a todos a recorrer estas páginas y la galeria de su arte  y descubrir, entre trazos y sonrisas, la mirada eterna de uno de los hijos predilectos del Cusco.

DEDICATORIA

a la memoria
de mis padres y
mi esposa,
un legado para
mis hijos y nietos.


AGRADECIMIENTO

Han transcurrido muchos años desde que ingresé a trabajar a la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco y también muchos, desde que llegué a engrosar la Asociación de Trabajadores Cesantes y Jubilados de la UNSAAC. Soy viejo en años, pero no en espíritu. El tener los cabellos canos, después de todo es una virtud, hace que uno sea especial y diferente a los demás, porque viene desde más atrás y cuenta historias a sus nietos colocándonos como verdadero héroe de la jornada y, ese no es mi caso, porque yo Rodolfo Manga Alosilla, dejo el testimonio gráfico de nuestro Qosqo convirtiendo mis apuntes en caricaturas, puntillismos y pinturas en este libro que se publica gracias a la generosidad del Instituto Nacional de Cultura y de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, por ello agradezco al Arquitecto Jorge Zegarra Balcázar, Director del INC; al Dr. Víctor Raúl Aguilar Callo, Rector de la UNSAAC y al Lic. Eleazar Crucinta Ugarte, Director del Consejo de Proyección Social.

Gratitud especial por su invalorable apoyo y colaboración a mis ex-compañeros de Proyección Social, Lic. Guadalupe Angulo Saldivar y al Prof. Hugo Bonet Rodríguez.

RODOLFO MANGA ALOSILLA


UNA OBRA NECESARIA

Instituto Nacional de Cultura – Cusco

Con gran satisfacción el INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA, presenta el libro de Rodolfo Manga, el mismo que bajo el sugestivo título de “El artista hace lo que le dá la gana”, ve la luz con los mejores auspicios.

La caricatura, es sin duda una de las mejores expresiones del arte, porque requiere del ojo certero del artista para captar las expresiones corporales de la persona, a las cuales se le añade el matiz de sus rasgos más distintivos. El maestro de la caricatura en el Perú, Vinatea Reynoso, sembró una escuela que durante el siglo pasado, alcanzó notoriedad en diarios y revistas de la más diversa tendencia. Hoy, sin duda que la figura más descollante es “CARLÍN”, a quien la crítica conceptúa como el más logrado de sus exponentes.

En el Cusco, debemos mencionar a Hugo Vela y al “Chillico” (César Aguilar), que han cubierto muchas páginas del acontecer local y nacional, poniendo en relieve a los personajes más notorios de la política y del discurrir cotidiano.

La obra de Rodolfo Manga, es oportuna, pues llena un vacío en la difusión que deben alcanzar los artistas que cultivan el arte de la caricatura, que como en su caso requiere de una fuerte dosis de talento y de imaginación, para plasmar la figura del personaje escogido. Pero no sólo debe resaltar el talento del artista, como ocurre con la obra de Manga, sino que debe mediar el sentido del humor, del chascarro y del rasgo travieso que es propio del lápiz y del pincel del autor.

El Instituto Nacional de Cultura (INC), al presentar la obra de Rodolfo Manga, lo hace con la convicción de que en esta forma contribuye a que la obra de un artista cusqueño de primer nivel, no se pierda, sino que quede como testimonio de una época y de los personajes que lograron figuración, desde la óptica de la caricatura, que nunca debe ser entendida como la imagen distorsionadora de la persona, sino como una creación risueña del espíritu de nuestros tiempos.

Cusco, diciembre de 2009.

Jorge Zegarra Balcázar


EL MAESTRO RODOLFO MANGA ALOSILLA

Hugo Bonet Rodríguez

Anatole France dijo: “El artista debe mostrar todos los días lo bello de la vida, de lo contrario dudaríamos de él” y Rodolfo Manga Alosilla, en su trajín siempre nos muestra lo bello de la vida, tanto en sus obras de arte, como en sus ocurrencias a flor de labio con el respaldo de su innata autoridad de amigo que gusta de lo correcto, ajeno a la mentira y al engaño.

¿Quién no conoce a Rodolfo Manga y le dicen maestro por su gran sensibilidad y calidad humana? ¿Quién no ha recurrido a él para pedirle “gauchadita” relacionada con su oficio? ¿Qué poeta, qué narrador joven o viejo no ha llegado a él para que ilustre su publicación? ¿Cuántas carátulas de revistas no se deben a su pluma? ¿Y cuánto ha cobrado por sus servicios? Nada, absolutamente nada.

Rodolfo Manga en la época que laboró y aún antes en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, ha ilustrado casi todas las revistas científicas publicadas en el claustro. Gracias a él tenemos en la Biblioteca Central de la UNSAAC álbumes completos con variedades de plantas y otros especímenes estudiados por los docentes universitarios.

Junto con Raúl Brozovich el maestro Manga fundó el Taller 82 de Artes Plásticas de la UNSAAC, taller que organizó múltiples exposiciones colectivas e individuales, en las que Manga mostró sus caricaturas, sus pinturas y sus trabajos en puntillismo. Algunos de ellos se publican en esta edición, gracias a una paciente búsqueda en colecciones particulares y algunas del archivo del autor.

El Maestro Rodolfo Manga Alosilla, ama la libertad y él siempre dice: “el artista hace lo que le dá la gana para ratificar la libertad del hombre en sus expresiones artísticas”; por eso sus trabajos viajan con personalidad propia, sin detenerse en tendencias de moda, porque él, plasma el mundo que lo rodea con la sangre del arte que circula en sus venas.


EL QOSQO EN LAS TINTAS DE RODOLFO MANGA

Ángel Avendaño Farfán

Siempre he creído que Rodolfo Manga pudo haber sido el ilustrador insuperable de los libros de José Uriel García, en especial: “La Ciudad de los Incas”, ese volumen fundador de la arqueología descriptiva del Cusco. Libro pionero, donde el estilo literario, a la par de la descripción cronográfica del yacimiento arqueológico, es un racconto multicromático de una ciudad de leyenda, encallada entre el mito y la incredulidad; una ciudad que no empieza en las manos de quienes la construyeron ni en los pasos de quienes la habitan, sino en las églogas y los rumbos de quienes la describen. Ciudad enigma que se convierte en la ternura de quienes la evocan.

Así como Honoré Daumier fue el gran ilustrador de “Les Fleurs du mal” de Charles Baudelaire, o Constantin Guys de los cuentos de Edgar Allan Poe, Manga pudo haber revivido ese sol de cinabrio que se refracta sobre los chapiteles de la única torre de la Recoleta. O, acaso, el escorzador de los rutilantes artesonados de las casonas coloniales cusqueñas. El lápiz de Manga estaba dotado —aún lo está— de una punta sutil para restituir todas las incertidumbres de las formas, todos los elementos sustantivos y accesorios de las cosas. Nadie tan minucioso ni veraz en los difuminos y naufragios de los ajimeces coloniales. Nadie con las manos de Rodolfo Manga Alosilla para medir los contornos de los olvidos y los recuerdos hace tiempo maduros.

Manga tiene el don del apunte a primera vista, esa cualidad eficaz de resumir una forma en un rasgo. La suya no es solo ejercicio de la representación de las cosas a través de las líneas; es, sobre todo, curiosidad espontánea para capturar una forma en un momento de intensa emoción. Es una suerte de explosión interna que pretende resumir la eternidad en un segundo. La necesidad compulsiva de perennizar algo que, siendo pasado, debe empezar a ser futuro en el papel.

El apunte no es sino el instante congelado en la ansiedad del artista: una suerte de clic a mano alzada. Obsesión lúcida y compulsiva de un miniaturista que no puede descuadrarse de lo que enfocan sus pupilas, so pena de caer en la nada del informalismo devorador.

El basamento del arte de Manga es el dibujo. Sin él, no se explicaría la verosimilitud de sus tintas, puntasecas y monocromías. Sus reproducciones de paisajes, casi fotográficas, evocan arquitecturas de ensueño encalladas en el tiempo imaginario de una remota arcadia. Las tintas de Manga convocan al pasado: son algo de nosotros que ya no es nada; sin embargo, nos descubrimos dentro de él. Tintas que giran en sus sombras hasta sedimentar las nociones de lo remoto en un tiempo desierto.

Acaso, esa capacidad de evocar una cierta lindura antañona y bucólica sea una de las características del arte de Rodolfo Manga. Artista que conserva, en lo más profundo de su ser, transparentes las cualidades del agua, que se prodiga a todos sin esperar nada de nadie. (Como evoca Jony González, compañera de Rodolfo Manga: su crítica de primera mano, su admiradora y confidente, perpetuada en la vastedad de su amor y en la verdad de sus juicios críticos. A la hora en que escribo este suelto, cinco y veinte del nuevo día, tal vez Jony González, desde un pisonay de tinta china, contempla llena de angustia el difícil atardecer de su artista. Porque siempre es difícil atravesar el último tramo de la vida totalmente solo, devorado sin pausa por los recuerdos).

ANDARES Y AVATARES

Rodolfo Manga Alosilla nació en Huayopata – La Convención, el 27 de junio de 1933. Sus padres fueron Fernando Manga y Laura Alosilla. Es el tercero de una familia de cuatro hermanos. Estudió primaria en la Escuela Humberto Luna del Cusco, al que el pueblo nombra simplemente como “Kuychipunku” (Puerta del arco iris). Todo secundaria los cursó en el Colegio Nacional de Ciencias. Sus primeras lecciones de arte los recibió del maestro Ángel Rozas, el primer y único pintor impresionistas de aquellos años, trabajador incansable y asombrado descubridor de los balcones del Cusco. Un enamorado de los peristilos y brocales de las casonas coloniales cusqueñas.

Manga llevó algunos cursos de arte en la Escuela Regional Diego Quispe Tito del Cusco, dirigida por Mariano Fuentes Lira. Fuentes Lira dirigió la ERBA durante treinta y cuatro años. Lapso en que inmoló su arte a sus afanes pedagógicos. Valió la pena el sacrificio. ¿Quién sabe? Los Apus lo dirán. Lo cierto es que Manga egresó de la ERBA, casi con los mismos caudales de oficio e entusiasmo con los que había ingresado.

Después de algunas ocupaciones ocasionales fue asimilado por el Departamento de Extensión Cultural de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, cuando dicha dependencia era encabezada por el poeta Luis Nieto Miranda. Desde ese puesto ilustró absolutamente todas las ediciones que llevan el sello de la San Antonio Abad. En paralelo, se dedicó a perfeccionar su talento como caricaturista: empeñado en expresar con el mínimo de línea el máximo de carga sicológica del caricaturizado. Porque de eso se trata, no de ridiculizar al personaje que se caricaturiza, sino de mostrarlo tal cual es en los entresijos más profundos de su psiquis. No se trata de dibujar figuras ridículas sino de retratar psicologías monstruosas. Manga exhibe en ese aspecto algunos de cal y otras de arena, pero tiene indudables aciertos que pasarán a la historia de la caricatura cusqueña, con muchísima suficiencia. Entre ellas las caricaturas del poeta Raúl Brozovich y Gustavo Pérez Ocampo y de los docentes universitarios: Luis Velazco Aragón, Enrique González Willis.

EN LA BALANZA DEL TIEMPO

“Primero es la forma después el volumen” decía Leonardo da Vinci. En efecto, a lo largo de la historia de la pintura, la forma es aquello que garantiza la identidad y permanencia de las cosas, tanto en la realidad real como en el elemento material de la pintura (tela, bastidor, pigmentos, aglutinantes y disolventes, etc. etc.). También se dice que es la manera en que está distribuida la materia en un cuerpo, el aspecto o apariencia de las cosas. Toda forma entraña la ocupación de un espacio. En filosofía “forma” es lo opuesto a materia: entrambos constituyen el ser.

A nosotros nos interesa la forma, desde el punto de vista pictórico: es decir, las formas de las cosas y el lugar que ocupan en un determinado espacio. Precisamente, el hallazgo y utilización de ese espacio en la tela, los conceptos de simetría, asimetría, perspectiva, equilibrio, ritmo, color, precisión, es lo que hace la obra de arte dentro del formalismo. El informalismo entraña los conceptos de color-color dentro de la valoración del cuadro, y demanda otro enfoque.

La obra de Rodolfo Manga, está situada dentro del más estricto realismo. Es un realismo monocromo regionalista. Su referente definidor está en el reconocimiento de la realidad, de la que toma su identidad y con la que se identifica plenamente. Sus propósitos son perpetuar determinadas expresiones arquitectónicas o bucólicas —inmediatas— que no solo entrañan un cierto grado de artesanía, sino un conocimiento previo o una evocación que terminan unismándolo con la obra de arte. Metiéndolo en la realidad cruda y escueta, cuya lectura no demanda ningún esfuerzo, porque esa realidad es la de todos los días. Un carpe diem cotidiano. Es un trasvase desnudo de convencionalismos y categorías. Un regodearse con lo más sólido y voluntarioso de lo ya conocido. Su encanto es su técnica acabada y el primor del dibujo.

Tampoco es puntillismo lo que se le atribuye a los dibujos de Manga. Toda vez que la técnica de Georges Seurat era un método de trabajo que utilizaba los contrastes de color entre lo que él denominaba zonas de sombra, colores adyacentes, color de luz, reflejos y color local; equilibrios entre verticales y horizontales basados en las definiciones de la línea áurea. Con todo, la obra de Rodolfo Manga es lo más cusqueño y sustantivo del dibujo artístico. Sus trabajos respiran serenidad, entre perspectivas donde la dicha iza sus banderas; donde no abdica la esperanza y donde el silencio es por sí el lenguaje de todos los recuerdos.

En la caricatura es otra cosa. Toda caricatura tiene intención satírica: esto es, burlarse de una persona, divertirse a su costa, mostrarlo estrafalario, estrambótico, advertir en las singularidades que lo hacen risible, a partir de los cuales se esboza la caricatura. Deviene así en hazmerreír y figurón, definido en esa línea sutil entre la broma, el insulto o la agresión. Manga, en sus caricaturas, derrocha ironías de consumado Voltaire, esbozando apenas un rictus sardónico y acerado. Ah, la caricatura, ese arte de alegorías satírico‑morales que derrocharon El Bosco y Pieter Bruegel, el Viejo; o los de Grosz y Toulouse‑Lautrec; las de Juan Bravo Vizcarra y Hernán Velarde en nuestro medio. Con el agregado de que Rodolfo Manga ha simplificado la caricatura para hacerla más densa y profunda en su expresión. Caricaturas que parecen inocentes, pero que dan en el blanco y matan. Chayllan chay. Sayk’urapuni.

Limapi, chunka hoqniyuq p’unchawpi, hatun poqoy killapi. Iskay waranqa qanchisniyuq watapi.

 


DATOS EDITORIALES

RODOLFO MANGA
El artista hace lo que le dá la gana

© Rodolfo Manga Alosilla
C.H. Ingeniería I, C-202 – Teléfono 242166 – Móvil 984 756363 – Ciudad del Cusco

Ilustración de carátula: Alberto Andía
Maquetado: Fernando Oviedo Hinojosa
Editor: JL Editores, Av. Huayruropata 1223 – Teléf. 984 207291 – Cusco

Todos los derechos reservados

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Principales Culturas
COSTA NORTE
CHIMU
Complejos de Ofrendas Florales Chimú

En las últimas décadas diferentes investigaciones arqueológicas, particularmente las desarrolladas en la costa norte, han reportado una serie de contextos, entre los que destacan entierros Chimú pertenecientes mayormente a niños-adolescentes. Estos se encuentran por lo general, asociados a determinado ajuar funerario, entre los cuales destacan siempre los siguientes materiales: valvas de Spondylus y caracoles Conus (a veces enteros, otros trabajados), sartas de semillas denominados comúnmente como «ishpingo» (Nectandra sp.), «huayruro» entre las mas conocidas, ídolos de madera en diferentes actitudes (algunos con incrustaciones de nácar, o pintados), textiles decorados, plumas de colores, implementos de cobre, etc., es a éste conjunto de elementos asociados específicos que estamos denominando Complejo de Ofrendas Rituales.

Recientemente, con los trabajos de investigación arqueológica que viene ejecutando la Universidad Nacional de Trujillo en el centro ceremonial Huaca de la Luna, se ha recuperado también material asociado a entierros de la época Chimú (intrusivo al sitio, dado a que la construcción originalmente es Moche). La correlación de estos contextos con hallazgos similares para otros sitios arqueológicos, nos permitirá comprender algunas prácticas rituales llevadas a cabo durante dicha época.

Por las características evidenciadas en estas tumbas, planteamos la posibilidad de que durante esta época se llevaran a cabo complejos rituales, en los que el sacrificio humano formaría parte importante como ofrenda, conjuntamente con los otros elementos anteriormente mencionados del ajuar funerario, es decir el personaje enterrado no sería necesariamente un personaje de élite o alta jerarquía al que se ofrendan dichos elementos simbólicos, idea que generalmente ha sido aceptada para los entierros asociados a elementos suntuosos, sin considerar otras posibilidades de interpretación.

El presente estudio está aún en su fase inicial, si bien nos arriesgamos aquí a plantear algunas propuestas, solo podrán ser mejor definidas mediante la ejecución de un estudio de carácter interdisciplinario (Montoya, 1996a), debido a la naturaleza del mismo.

Antecedentes

La procedencia de este complejo específico de ofrendas, que han sido recurrentemente evidenciados para ocupaciones del Periodo Intermedio Tardío según valles y sitios arqueológicos son:

Valle de Moche:

Chanchan:

  • Tschudi (Sector Wachaque-Plataforma):
    Fue reportado en contextos Chimú el entierro secundario de un personaje (al parecer adolescente, por la no fusión de la cabeza de húmero y la epifisis de la tibia, características observadas a nivel fotográfico), asociado a una máscara de oro, textiles (cuyas decoraciones son similares a los que hemos reportado en similares contextos Chimú en Huaca de la Luna), Spondylus, etc., y semillas perforadas (evidentemente de Nectandra sp.) amontonadas a un costado del entierro, la fibra que traspasaba las semillas no se conservaba por la descomposición orgánica que había sufrido (excavaciones realizadas en 1987 por el IRC/LL, I. Pérez C., 1993, com. pers.).
  • Calvario de los Incas:
    Hrdlicka (1911, cit. por Pozorski, 1979: 133) reportó entierros al parecer exclusivamente de niños. Una observación de este mismo sitio (1993) nos reportó en su superficie, y áreas huaqueadas, semillas de Nectandra sp., conjuntamente con valvas de Spondylus, Conus, huesos humanos y de camélidos. Bourget, también en 1995, reportó este mismo material para este sitio, observando incluso restos de pigmento rojizo en cráneos humanos, etc. (Bourget, 1997: 113).

Huaca de la Luna:

  • En las temporadas de campo 1991-94 realizadas en este sitio por el Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, hemos reportado, si bien inicialmente en contextos de escombros, evidencias de abundantes restos óseos, textiles decorados (foto 5 y 6) asociados al estilo Chimú, además de cerámica Chimú, y especímenes arqueobotánicos (Nectandra sp., Ormosia coccinea y cálices de flores de Nectandra sp). Estos fueron reportados abundantemente hacia el Corredor Sur del sector Plataforma I (fig. 3 a-c) (Montoya, 1993, 1998).
  • Similares contextos, fueron reportados (en menor cantidad) para el sector de la Plataforma Superior, durante la primera temporada de campo 1991, área donde un grupo de estudiantes de la UNT realizaban sus Prácticas Pre-profesionales, descombrando grandes perfiles arquitectónicos en uno de los forados Coloniales que más afectó al sitio, es aquí donde conjuntamente con los estudiantes reportamos la presencia de semillas perforadas, fragmentos óseos, plumas de colores, implementos de cobre, etc.
    Sin embargo, la identificación realizada a los especímenes botánicos, publicada posteriormente por las entonces estudiantes Castillo y Chilca (1992) no sería correcta, ya que ellas reportan la identificación de estas semillas como Phaseolus lunatus, citando: «pallares perforados ensartados con hilos de junco» (ídem: 66). Al contrario, hemos identificado (Montoya, 1998) estos especímenes como pertenecientes a Nectandra sp. (con diferentes especies), además citan el hallazgo de otro tipo de «semillas» pequeñas y también ensartadas identificándolas como «chofe» (Melilotus indicus), sin embargo dicha identificación también es errada porque no son semillas, estos mismos especímenes los hemos reportado en las tumbas Chimú 6 y 7, y los hemos identificado arqueobotánicamente como cálices de flores pertenecientes a la familia Lauraceas, del género Nectandra, probablemente pertenecientes a la especie puchury-minor (Montoya, 1998).
  • Durante la temporada 95 del Proyecto Huaca de la Luna, se reportó en la Unidad 12 (Tello, 1997) del Sector Plataforma I, un contexto mejor conservado, en relación a los anteriormente descritos.
    Estos estaban asociados evidentemente a dos entierros Chimú, los análisis de antropología física efectuados por Laurel Anderson (Programa de Doctorado, Universidad de Tulane) definieron que pertenecían a niños casi adolescentes (13-14 años), no encontrándose evidencias físicas de las causas de muerte de los mismos (com. pers., 1995), con abundantes ofrendas, entre los que se encontraba una maqueta e idolillos de madera en miniatura, representado un ritual de entierro en una plaza ceremonial similar a la existente en las ciudadelas de Chan Chan, además de otras escenas (Uceda, 1997), entre éstas ofrendas se reportaron abundantes semillas perforadas sueltas y ensartadas en hilos o en soguillas, también fueron reportadas decenas de piezas textiles, algunas decoradas en sus esquinas con el símbolo escalonado (elemento decorativo típico del estilo Chimú) o decoradas con cálices de Nectandra sp., varias de estas piezas envolvían a diferentes tipos de semillas, a manera de paquetes anudados (Montoya, 1995, 1998).En este mismo contexto han sido reportados fragmentos de cerámica pertenecientes a tinajas grandes, de paredes delgadas, algunos presentaban también una decoración aplicada de la representación de semillas de Nectandra sp., también fueron reportados restos óseos animales y malacológicos (Montoya, 1996b).
  • En la temporada 96 fueron reportadas otras dos maquetas en la proximidad de la Unidad 12 (Plataforma I), en contextos también parcialmente disturbados. El contexto de la maqueta Nº 3 se asociaba, entre otros elementos, también a semillas de Nectandra sp. sueltas pero perforadas, algunos de los cuales conservaban aun las sartas hechas de soguillas.
    El contexto de la maqueta Nº 4, estuvo parcialmente disturbado, las excavaciones realizadas por una estudiante de la PUCP pudieron definir también la existencia de un entierro Chimú intrusivo, quien consideró que por el ajuar funerario reportado en esta tumba entonces debía pertenecer a un personaje de alta jerarquía (Habletter, 1997: 22), se encontraba asociado a grandes tinajas y el esqueleto pertenecía a un niño, entre los especímenes reportados habían además algunos idolillos de madera, caracoles Conus, y valvas enteras de Spondylus, así como también fragmentos trabajados de estas mismas especies, fragmentos textiles y algunas semillas de Nectandra sp. perforadas, etc. Los materiales estaban muy deteriorados por descomposición orgánica, también se reportó que las tinajas tenían decoración en relieve con diseños de semillas de Nectandra y serpientes (ídem: 21).

Cerro Blanco

  • Este sitio fue inicialmente excavado en 1899 por Uhle, él reporta la existencia de una ocupación Chimú, entre los materiales describe figurinas de madera, Conus, Spondylus, plumas de colores, textiles, conjuntamente con sepulturas (cit. Bourget, 1997: 110).
  • En 1994, Bourget realizó excavaciones en este mismo sitio, el cual sin embargo ya estaba muy destruido por las actividades de huaquería que la afectaron, luego de las excavaciones de Uhle.
    Fueron reportados en contextos de escombros, entierros de niños, adolescentes y mujeres, asociados a piezas textiles, plumas de colores, granos de nectandra (sic), Conus y Spondylus (naturales y piezas trabajadas), así también fue reportada una enorme cantidad de huesos de camélidos jóvenes (Bourget, 1997: 112, 113).

Huaca El Dragón

  • En 1966, Schaedel publica los hallazgos realizados en este sitio, consistentes en una serie de objetos, asociados a entierros, y en áreas de depósitos, entre sus hallazgos reporta: ídolos de madera, valvas de Spondylus, semillas perforadas identificadas como Nectandra, etc. Para el caso de estas últimas él menciona: «.. cuentas de un collar de nectandra (sic), que aparentemente estuvo alrededor del cuello de un niño al momento del entierro» (Schaedel, 1966: 424).
    Considera que la Nectandra conforma una cuarta clase principal de artefactos ceremoniales en este sitio, a saber:
    – Idolos de madera,
    – Spondylus,
    – Strombus (Bourget, 1994, revisó estos últimos especímenes, determinando que se trata del género Conus), y
    – Semillas de Nectandra,
    No hemos podido determinar si en Huaca Arco Iris existieron paquetes de tela envolviendo las semillas, tal y como hemos reportado para Huaca de la Luna. Al respecto, el material arqueobotánico que hemos analizado de Huaca Arco Iris las hemos encontrado ya separadas de las piezas textiles, en donde era probable que hayan sido originalmente encontradas, al respecto Schaedel ya mencionaba el pobre estado de conservación de los textiles, pero menciona también el hallazgo de un paquete de tela con varios pequeños collares de semillas de Nectandra (ídem: 424), que bien podría haber sido similar a los reportados en Huaca de la Luna.

Huanchaco:

  • Fue reportado el entierro de niños y camélidos jóvenes, así como ceramios pertenecientes a grandes jarras, asociadas al Periodo Intermedio Tardío (Donnan y Foote, 1978, cit. Bourget, 1997: 115).

Valle Jequetepeque:

  • Pacatnamú:
  • Huaca 16: Fueron reportadas semillas de Nectandra en contexto funerario, dentro de un fardo, conjuntamente con dos collares de chaquiras (Hecker, 1991: 399), además de un collar de semillas cerca a la cabeza de un niño (ídem: 489), para ocupaciones tardías del sitio, probablemente Lambayeque.
  • El Proyecto Pacatnamú, reportó en Huaca 1 el hallazgo de entierros humanos de adolescentes y jóvenes, asociados a textiles, cobre, semillas de Nectandra, caracoles Conus, valvas de Spondylus (Donnan, 1986; cit. por Bourget, 1997: 115).
  • Huaca Dos Cabezas :
    1. En los trabajos de investigación que viene realizando el Dr. Donnan, se ha reportado (temporada de campo 1997) algunas semillas en áreas próximas a tumbas saqueadas, pero pertenecientes a la cultura Lambayeque, una sarta conteniendo 5 semillas nos fue proporcionada, las que hemos identificado como Nectandra sp..

Valle La Leche:

  • Túcume:
    Las investigaciones arqueobotánicas del material orgánico de Túcume, reportaron también el hallazgo de semillas del género Nectandra, para contextos asociados a cerámica Lambayeque (León del Val, F., 1991).
    El contexto más relevante está referido a un fardo de la época Inca, hallado en Huaca Larga (Plataforma II) en 1991, en este fardo las semillas de «Amala» estaban ensartadas, y colocadas a ambos lados del fardo, éste al ser desenfardelado (en 1993) tenía un olor muy penetrante al parecer provocado por estas semillas (com. pers. Narváez, 1994). Algunas semillas nos fue proporcionada, las que identificamos como pertenecientes al género Nectandra sp..

Valle de Lurín:

  • Pachacamac:
    Baessler (1902-1903) reporta el hallazgo en Pachacamac, de un fardo funerario Inca, pero conteniendo el cuerpo de un puma, éste se asocia a implementos de plumas de aves selváticas, objetos de metal (oro, plata), tejidos, valvas de Spondylus, y collares de semillas que dicho autor identifica como perteneciente a la familia Sapotaceae. Sin embargo en la foto de este fardo publicado por Longhena (1990: fig. 265) podemos apreciar que estas semillas pertenecerían mas bien a Nectandra sp.(foto 9).

Islas Guaneras:

  • Guañape y Macabí :
    G. Kubler (1948) reporta en las islas guaneras de Guañape y Macabí, sartas de semillas, conjuntamente con otros artefactos como: ídolos de madera, textiles, representaciones de peces en plata laminada, conchas Spondylus. Las semillas las reportó con el nombre de «cacao seeds» y «oval brown berries», no mencionando la identificación taxonómica de las mismas. Sin embargo, por las características morfológicas que el autor menciona, además de los dibujos que él publica, consideramos que podrían pertenecer a semillas de Nectandra sp.
    No se define bien el contexto de los hallazgos ni el período cultural al que estarían asociados ya que el material al parecer estaría disturbado. Sin embargo, en estos sitios se ha reportado una secuencia ocupacional amplia, que va desde el período Moche a Inca, e incluso colonial.
    Por las características reportadas estos sitios tuvieron una connotación ritual en la que básicamente se depositaban ofrendas, al parecer relacionadas también a actividades de sacrificios humanos, tal es el hallazgo en estas islas de ídolos de madera representando a prisioneros desnudos (Kubler, 1948).

Los Restos Arqueobotánicos en los Complejos de Ofrendas Rituales: La Nectandra sp.

Los análisis que hemos realizado del material botánico (específicamente semillas y cálices de flores,asociados a determinados complejos de ofrendas procedentes del valle de Moche (Huaca de la Luna, Cerro Blanco y Huaca El Dragón) nos ha permitido definir que el uso de diferentes especies del género Nectandra sp. (Montoya, 1998), fue común para estos tres sitios.

Por las características de disposición y ordenamiento de los cotiledones de Nectandra sp. en las sartas (soguillas), la gente que las elaboraba debió tener determinados parámetros de elaboración, dado a que los tres sitios reportan características comunes, como: el tipo de semillas usadas en las sartas, la disposición de las diferentes especies al momento de ser ensartadas, el uso predominante de la cabuya (con respecto al algodón e inea), así como el tipo de torsión final en Z, que es predominante en los tres sitios.

El único contexto donde se han podido observar sartas completas (y no fragmentos, como hasta ahora habían sido reportadas en los diferentes sitios) son las que han estado contenidas dentro de paquetes de tela anudados, reportados en la Tumba 7 – Chimú de Huaca de la Luna, es posible que los reportados en otros sitios hallan sido depositadas originalmente de esa misma forma, o asimiladas a otros tipos de contextos con características ofrendatorias, ya que sabemos de otros contextos arqueológicos asociados también a semillas de Nectandra sp., tales como: semillas ensartadas encontradas tanto dentro de bivalvas de Spondylus, como rodeándolas, o también dispersas y sueltas, no sabiéndose generalmente la forma original cómo fueron ensartadas y depositadas.

Los Textiles del Complejo de Ofrendas Rituales en Huaca de La Luna

El material textil recuperado de los contextos disturbados en el Corredor Sur de Huaca de la Luna, fue asumido como perteneciente a la época Chimú, por sus características de diseño y elaboración, así como por su aproximación a fragmentos de cerámica del estilo Chimú. Entre los fragmentos mas diagnósticos, pertenecientes a textiles decorados, se han registrado: bandas con diseños policromos ictiomorfos en tapiz ranurado, paños con decoración escalonada y diseños geométricos policromos en brocado, además de piezas consistentes en borlas y medallones bordados con diseños policromos de volutas, etc. (Montoya, 1993: 22-23).
Entre las características peculiares que reportó este material era que en los fragmentos pertenecientes a bandas, no observábamos evidencias de haber estado cosidas a otro textil, por lo que no pudimos determinar en ese entonces a qué tipo de pieza pertenecían. Sin embargo, por la calidad de los tejidos, policromía y diseños ya habíamos considerado que estos textiles, antes que parte de la vestimenta, conformarían parte de las ofrendas de los personajes depositados en Huaca de la Luna.

Algunas interrogantes surgieron de las características de estos materiales textiles, ya que como mencionamos, éstas no tenían evidencias de haber estado cosidas, a manera de decoración a una pieza determinada, lo cual nos planteó la posibilidad de que dichas piezas no fueron terminadas en su elaboración, pero que sin embargo fueron incluidas como parte de las ofrendas en el ritual de entierro, pudiendo ser que ¿fueran elaboradas especialmente para el entierro de determinados personajes Chimú?, ¿formarían parte de la vestimenta de los personajes enterrados?, o ¿cumplierían una función de ofrendas a los mismos?.
Es recién en 1995, que tuvimos la oportunidad de evidenciar material textil en contextos relativamente mas seguros y asociados a tumbas Chimú (Tello, 1997), las piezas textiles eran evidentemente del mismo tipo que los fragmentos que habíamos reportado en 1991 en escombros de la época colonial en Huaca de la Luna. Este hallazgo nos ayudó a definir que las bandas fueron depositadas de dos maneras diferentes en estas tumbas, algunas estaban cosidas a los bordes de paños cuadrangulares (fotos 11, 12, 13), y otras eran bandas completas solas, es decir que aún no estaban cosidas alrededor del manto.

Así también, se reportaron mantos elaborados con fibra de algodón, conformados por dos paños cosidos en sus orillos de urdimbre, estos tenían hacia sus esquinas una decoración en base a tramas suplementarias de fibras de camélido teñidas, formando un diseño escalonado en colores amarillo, rojo, verde o azul (foto 14). Se observó sin embargo que las decoraciones de cada paño en un mismo manto no coincidían ni en diseño ni en dimensiones, esto también nos hace suponer que los paños fueron cosidos indistintamente, sin tomar en consideración la similitud ni simetría de los diseños, en un mismo manto (Montoya, 1995). Al parecer, se debería a una manera particular de elaboración, debido posiblemente a diferentes factores, entre los cuales podríamos suponer que ¿no contaban con las piezas completas ni terminadas?, o que ¿fueron elaboradas apresuradamente?.
Esto respaldaba en parte el planteamiento inicial de que las piezas fueron especialmente hechas para cumplir un rol de ofrendas en un ritual específico, más que como parte de la vestimenta del personaje enterrado.
Las características de elaboración, forma y diseño de los textiles Chimú recuperados en Huaca de la Luna son similares a los reportados en el entierro de un niño en Tschudi (1987), en Huaca Arco Iris (material depositado en el Museo de Arqueología de la UNT), ésto estaría respaldando nuestra hipótesis de la existencia de patrones de elaboración para piezas textiles destinadas especialmente para determinados eventos rituales.

Estos contextos recurrentes, donde estos elementos (Nectandra sp., textiles, etc.) forman parte de todo un corpus de ofrendas específicas, nos estaría indicando un determinado tipo de ritual en sitios ceremoniales durante la época Chimú.
Al respecto un dato interesante, que respalda en cierto modo que estos materiales conforman parte de ofrendas especialmente elaboradas para estos rituales y no son elementos aislados, nos la da Anne P. Rowe, quien analizó el material textil registrado por Pozorski para el sitio de Las Avispas, quien menciona: «…Muchos de los textiles fueron hallados doblados o envueltos, como si ellos hubieran servido como ofrendas independientes mas bien que como prendas de vestir o envolturas de fardos» (1984: 23). Traducción libre.
Al respecto, es necesario realizar una revisión de los contextos arqueológicos reportados para dilucidar la ocurrencia de este tipo de elaboración en las piezas textiles.

Entierros Chimú: ¿Ofrendas Humanas?

Los análisis de antropología física de las tumbas 6 y 7 (Chimú) de Huaca de la Luna, evidenciaron que pertenecían a niños-adolescentes de 13-14 años (dato no publicado), no observándose en los mismos las causas específicas de muerte, así también la tumba 9 (Chimú) reportó ser de un niño.
Hallazgos similares han sido reportados en Huaca Arco Iris, Chan Chan, Cerro Blanco, etc., asociados a objetos ofrendados también similares. Estos rasgos nos ha permitido plantear a manera de hipótesis que estos entierros no pertenecen a dignatarios o personajes de estatus en la jerarquía gubernamental Chimú, o de élite, como se ha planteado generalmente. La recurrencia de características en cuanto a edad y material de ofrendas depositadas, harían pensar mas bien en una selección específica de personas para formar parte de estos rituales conjuntamente con un rico ajuar, posiblemente solo en determinados sitios, y para servir como ofrendas especialmente preparadas para determinados eventos.
Esto nos planteó que debíamos indagar en las causas de muerte, de allí surgió la interrogante: ¿cabría la posibilidad de sacrificios humanos, quizás por envenenamiento?.

La muerte por envenenamiento -por lo rápido de la reacción en el cuerpo humano- no deja huellas en el sistema óseo. Sin embargo, cabe la posibilidad de indagar sobre el consumo de alucinógenos en base al análisis de metabolitos del cabello humano, que aún conservan estos personajes. Así también, un estudio de los componentes fitoquímicos de las semillas reportadas en asociación a este tipo de tumbas Chimú, planteó aspectos interesantes sobre su función en estos contextos (Montoya, 1998).

Algunas referencias etnohistóricas también nos dieron pautas para la realización de estos análisis. Es así que hemos iniciado el estudio fitoquímico de las semillas de Nectandra sp. reportadas en las tumbas 6 y 7 de Huaca de la Luna, así como también una serie de bioensayos. Los resultados obtenidos en la fase inicial, si bien son solo indicativos de las propiedades que estas semillas tienen, han reflejado que entre sus componentes existen determinados tipos de alcaloides, que bien pueden provocar las alteraciones reportadas por los cronistas y según las dosis podrían haber actuado como causantes de muerte. Como mencionamos, nuestro objetivo principal era contrastar la diferente información obtenida de diferentes disciplinas para tener una idea mas clara sobre las posibilidad de uso de estos especímenes botánicos dentro del complejo de ofrendas asociados a entierros de niños, ésto en la medida de que no había una causa específica de muerte, por lo que la posibilidad de que hubieran sido sacrificados, debía ser dilucidado en el estudio fitoquímico mediante análisis específicos.
Los bioensayos realizados (con Rattus rattus var. albinus) nos dieron indicios de que el extracto de las semillas de Nectandra sp. puede llegar a producir un efecto neuroestimulante corto, seguido por un efecto depresivo, pero si la dosis es alta, bien podría llegar a producirse la muerte.
Este bioensayo brindó la posibilidad de realizar un experimento comparativo entre el cabello humano de la tumba 7 de Huaca de la Luna y el pelo de la rata, el cual debía responder positivamente a la reacción de alcaloides, en la medida que los metabolitos se quedan impregnados en el pelo.
Los resultados dieron positivo (reacción de Mayer, y Mandelin) y por las características de la reacción el tipo de alcaloide podría ser del tipo Estricnina o Solanina, pero que no pertenecían al tipo Aminos.
Estos resultados son aún indicativos, nos falta realizar más bioensayos con grupos de ratas para poder ofrecer un dato de mayor confiabilidad.

Si los resultados llegan a ser positivos podemos considerar que la actividad analgésica se estaría relacionando a lo reportado por Cobo (cit. Rostworowski, 1989: 249), que mencionaba en relación al espinco o espingo (ishpingo):
«Los polvos desta yerba con polvos de incienso y dados en vino, hacen no sentir los tormentos, por rigurosos que sean».
El cronista Arriaga menciona en relación a la bebida de chicha mezclada con polvo de Espingo
«… beven la demas los Hechiceros, y les buelve como locos» (cit. Wassén, 1973: 44), lo cual estaría relacionado a la actividad de los alcaloides en el sistema nervioso.
El consumo de bebidas conteniendo porcentajes de alcohol, de por sí produce un efecto neuroestimulante, si consideramos el agregado a la chicha de especímenes que contienen alcaloides, como es el caso de la Nectandra sp. o «polvos de Espingo» citado por los cronistas, el efecto es mucho mayor, por lo que proponemos el uso de este espécimen como un aditivo que pudo haber provocado una muerte sin dolor, es decir la víctima pudo haber sido narcotizada, en ceremonias donde la ofrenda humana formaba parte del ritual a ejecutarse, ésta propuesta no debe descartarse de plano y mas bien valdría incidir sobre este aspecto en futuras investigaciones interdisciplinarias.

Según los contextos de aparición, al parecer la Nectandra era un elemento aprovechable por la élite para determinados fines socio-políticos, enmarcados sutilmente en contextos ceremoniales.
Planteamos, como una tentativa para comprender los rituales Chimú, una clasificación inicial de los contextos arqueológicos reportados recurrentemente, tomando en cuenta principalmente la particularidad de los mismos, y las recurrencias constantes de ofrendas similares.
La particularidad de algunos de estos tipos de ofrendas como parte de complejas actividades rituales, ha llevado a plantearnos que éstos podrían estar correlacionándose con eventos específicos en las sociedades prehispánicas, un estudio etnohistórico queda pendiente para realizar, lo cual deberá ayudar en el estudio arqueológico para aclarar o descartar este planteamiento.
Bourget plantea: «… estos rituales prescritos formaron una parte importante del aparato religioso del inicio de la cultura Chimú y que ellos se realizaron a lo largo de la costa peruana durante un período de tiempo largo» (1997: 115).
Estamos de acuerdo con lo planteado por dicho investigador, en el sentido de que los niños y jóvenes evidenciados en estos sitios se constituyen como parte de la ofrenda misma en estos rituales (ídem: 115), y no que constituyen entierros de personajes de alta jerarquía a quienes se les ofrenda. Consideramos que no es casual la presencia de una determinada edad en estos entierros humanos, y que bien podría deberse a causas específicas de muerte exprofesa (Montoya, 1998).

En el estudio que planteamos realizar debemos necesariamente indagar en las causas de muerte de los adolescentes, reportados en contextos similares en diferentes sitios Chimú. T. Pozorski menciona, para el caso de los entierros reportados en Las Avispas (excavada en 1970): «Las muertes naturales y aún por epidemias o catástrofes, ocurren en variedad predecible de individuos de diferentes edades y sexos, salvo que el patrón de la muerte fuera altamente selectivo» (Traducción Libre) (1979: 133). Uceda (1997) considera para la tumba 7 de Huaca de la Luna la posibilidad de que el esqueleto pertenezca al personaje principal o a algún acompañante (ídem: 152), además, según el fechado radiocarbónico (obtenido a partir del cabello del personaje) que data entre 1440 a 1665 d.C. esta tumba pertenecería a la fase Chimú Tardío, según ésto él propone:

«Es conocido que desde la ocupación Inca, Chan Chan empezó a ser saqueado, lo que llevaría a algunos dignatarios o descendientes de ellos a buscar lugares seguros para enterrar a sus difuntos» (ídem: 152-153).
Dicha propuesta es lógica considerando los hechos históricos sucedidos en la costa norte, sin embargo, consideramos que faltan realizar estudios puntuales al respecto, ya que como hemos propuesto es sintomática la presencia recurrente de entierros Chimú de personajes adolescentes asociados al parecer a contextos rituales específicos y no necesariamente que pertenezcan a contextos de tumbas de personajes de jerarquía con un rico ajuar como ofrendas.
Si bien no existen reportes etnohistóricos con respecto a los casos de sacrificios de niños para la época Chimú, existe información de los cronistas Martín de Murúa (1964) y Calancha (1976) sobre sacrificios específicos de niños para la época Inca, por lo que valdría considerar la existencia de estos sacrificios específicos para épocas anteriores.

Es posible que nos encontremos ante cementerios especializados, es decir si tomamos como ejemplo el caso recurrente de los entierros de adolescentes en Huaca de la Luna, éstos tendrían un lugar especifico donde debían ser enterrados, y depositada la gran cantidad de ofrendas, tal es el caso de la tumba 7 en que se encontraron 45 valvas de Spondylus, 287 caracoles Conus, además de 700 fragmentos de Conus y Spondylus trabajados, e idolillos de madera (Tello, 1997; Uceda, 1997) que representaban una serie de escenas ceremoniales tales como el entierro de un personaje en una litera, un personaje desnudo al parecer destinado a ser sacrificado, además de personajes que portaban en las manos cabezas trofeo, etc. el ajuar de esta tumba nos da nuevos indicios de los rituales que se llevaban a cabo en la época Chimú.
Queda también, aclarar la implicancia de estas características rituales en diferentes momentos del desarrollo de la sociedad Chimú, por lo que la correlación de fechados seguros para los diferentes sitios con estos contextos será importante.
Revista Sian Nº 4
Por: María del R. Montoya Vera, Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna
En: Revista Sian Nº 5 pp. 9 – 1998