El misterio de las Líneas de Nazca

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Existe en el sur del Perú, un pequeño pueblo llamado Nazca, o Nasca, localizado aproximadamente a unos 450 Kilómetros al sur de la ciudad de Lima, en medio de uno de los paisajes más áridos de la tierra, no muy lejos del océano Pacifico, rodeado por interminables extensionesde arena, arcilla, calcita y soledad, camino hacia la frontera con Chile, este pueblo, alberga uno de los mayores misterios arqueológicos de todos los tiempos. Hasta aquí llegan diariamente visitantes de todo el mundo –turistas, científicos, escritores y místicos, entre otros ávidos por admirar, o intentar desentrañar este, hasta ahora, insondable misterio del pasado que apasiona a todos, y más aún luego de que su inclusión dentro de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, en el año 1994, le proporcionara definitivamente fama universal.

Escribe: Roque Daniel Favale

Muy cerca del pintoresco poblado, en una superficie que abarca cerca de 50 kilómetros de longitud y unos 15 de ancho, se encuentra un terreno conocido como “la pampa”, que es el escenario propiamente dicho de este misterio. Se trata de un complejo sistema de geoglifos de enormes dimensiones, grabados sobre la superficie de la tierra, comúnmente conocido con el
nombre genérico de “Líneas de Nazca”, que comprende una enorme cantidad de líneas y dibujos de figuras geométricas perfectas, espirales, laberintos, impresionantes diseños de animales marinos y terrestres de diversos orígenes, y vegetales, muchos de los cuales sorprendentemente sólo pueden ser apreciados desde el cielo.

Primeras referencias y estudios científicos

A pesar de lo impresionante que resulta la presencia de estas líneas y dibujos colosales y el misterio que representan, tanto por su propósito, como por su origen y la forma en que fueron realizadas, la humanidad, -o al menos la de nuestros días- recién tomó conocimiento de ellas hace relativamente poco tiempo.

La primera referencia a dichas figuras de que se tiene conocimiento, pertenece a una relación escrita por el español Cieza de León en 1547, en la época colonial, aunque en ese momento no se había llegado a identificar los dibujos, debido a que, por su tamaño excepcional, que en algunos casos llega a cientos de metros de diámetro, sólo pueden ser apreciados desde el cielo. Así, el español se refiere a la existencia de ciertas líneas sobre la pampa desértica al citar: “señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca… para que las comunidades puedan encontrar el camino que deben seguir” Sobre ellas, algunos años más tarde, en 1568, el corregidor de su majestad, de las provincias de Rucanas y Soras, Luis de Monzón, en un intento por explicar su existencia las definió como carreteras trazadas por los indígenas del pasado. Por tal motivo, sólo a finales de la década de 1930, las líneas de Nazca fueron formalmente redescubiertas y presentadas al mundo
moderno.

En efecto, recién fue en el año 1926, que el arqueólogo Toribio Mejía Xesspe, (1896-1983) quien fuera discípulo de Julio César Tello (1880-1947), considerado el padre de la arqueología peruana, tuvo conocimiento de la presencia de líneas o trazos grabados prolijamente sobre la superficie del desierto de la pampa de Nazca, pero luego de realizar algunos estudios y
haber formulado una hipótesis, sobre las líneas, a las que identificó como antiguos caminos por los cuales los naturales se desplazaban durante la celebración de ritos religiosos a manera de procesión, honrando a sus dioses, y que fuera presentado en el XXVII Congreso Internacional de Americanistas reunido en Lima en la década del ’30, aparentemente no se les habría asignado mayor trascendencia ya que en la época se estaba trabajando sobre otros yacimientos arqueológicos a los que se les estaba dedicando todos los esfuerzos disponibles, por tratarse de restos de importantes ciudades que deslumbraban a los científicos de la época -también a los de la actualidad- como Chavín, Chan-Chan y, especialmente, Machu Picchu.

Tiempo más tarde, en 1939, la zona salió del olvido en que había caído, cuando arribó a Nazca el investigador e historiador estadounidense Paul Kosok, (1896 -1959), de la Universidad de Long Island, quien llegó al Perú junto a su esposa, con la misión de realizar estudios sobre los antiguos sistemas de regadío de las culturas precolombinas locales. El investigador se habría sentido atraído en un principio por este misterioso legado, cuando al detenerse al borde de una colina para hacer una observación, detectó la presencia de múltiples líneas de diversas formas, tamaños y orientaciones, esparcidas a ambos lados de la carretera, hoy en día la panamericana. Así, comenzó pacientemente a estudiar estas líneas que, al igual que
como le sucediera siglos atrás a Cieza de León, no les encontraba mayor sentido.

Cierto día, durante el desempeño de sus tareas de investigación, en una tarde en que sobrevolaba la zona, descubrió los primeros indicios de que las líneas, no eran sólo eso, sino que también existían descomunales dibujos grabados sobre la superficie de la pampa. Seducido por esas misteriosas figuras, tomó la decisión de dedicarse tiempo completo a investigar las líneas, y todo lo que pudiera saber sobre las antiguas culturas que las hubieran realizado. Como resultado de sus estudios, fue descubriendo uno a uno las líneas y dibujos, y llegó a la conclusión de que las Líneas de Nazca constituían el “mapa astronómico más grande del mundo”, cuya función era registrar los movimientos de los astros y constelaciones, como un calendario, con un sentido místico-religioso, así como también para conocer las diferentes épocas del año con el objeto de
facilitar sus tareas de cosecha y siembra, y agradecer por ellas a los dioses.

Esta teoría, expuesta por Paul Kosok a comienzos de la década del ’40, sería la primera teoría científica propuesta específicamente sobre los dibujos y, aunque adolecía de algunas carencias para explicar cada una de las incógnitas que proponía la existencia de estas líneas sobre la pampa de Nazca, tuvo el enorme valor de presentar al mundo por primera vez esta auténtica maravilla de la arqueología universal, y el comienzo de lo que sería la labor de protección y conservación de las mismas. Por otra parte, esta teoría sería la iniciadora de una corriente que jamás abandonaría esta línea de investigación hasta nuestros días.

Tiempo después, Kosok debió continuar con sus tareas en su país y partió de la zona, pero a pedido suyo, en 1949, lo sucedió una astrónoma y matemática alemana que se encontraba residiendo en el Perú, María Reiche (1903-1988), que sostuvo las teorías de Paul Kosok, y se dedicó durante más de 50 años a apoyarlas y desarrollarlas, así como también a proteger las
líneas y a crear conciencia de la importancia de este legado ancestral y de su conservación.

María Reiche, “La dama del desierto”

Durante el lapso de 50 años que duró su labor, María Reiche identificó nuevas líneas y diseños que no habían sido descubiertos, tomó medidas, trazó mapas, y elaboró nuevas teorías que apoyaban y enriquecían la de su mentor, en el sentido de profundizar el razonamiento de que lo que yacía sobre la árida superficie de la pampa de Nazca era un gigantesco calendario astronómico desarrollado en sucesivas épocas por las civilizaciones Paracas y Nazca, a lo largo de un período de unos mil años, aproximadamente entre el año 500 a.C. y el 500 de nuestra era.. Además concluyó que los trabajos realizados por los antiguos naturales en la pampa, eran algo así como un gigantesco templo al aire libre donde se realizaban determinadas ceremonias relacionadas con los acontecimientos astronómicos, y el tamaño de los geoglifos se debían a la
esperanza de que fueran vistos por los dioses desde su morada en el cielo.

María Reiche se propuso librar una batalla personal y quijotesca contra la ignorancia y la desaprensión que se traducía en el deterioro permanente del legado arqueológico. Desde el momento mismo de su llegada a la zona, se enamoró del lugar y del profundo misterio de las líneas de Nazca, y luchó con ahínco por su estudio y preservación dejando su vida en ello. A
mediados de la década del ’80, siendo una anciana inválida, no podía con su genio, y en su pobre condición física, -prominente ceguera y mal de Parkinson- se hacía llevar cargada por algún colaborador para seguir visitando la zona de la pampa, y así mantenerse en contacto con “sus” líneas.

En el año 1985, cuando ya se sentía cerca de encarar su último viaje, decidió buscar una sucesora, y pasar, de alguna manera, la posta que décadas atrás le había pasado el estadounidense Paul Kosok. Así, ofreció la responsabilidad a la astrónoma e investigadora Phyllis Pitluga, del Planetario y Museo Astronómico Adler, de la ciudad de Chicago, Estados Unidos, quien se
comprometió a continuar su labor y se manifestó orgullosa de haber sido depositaria de la fe de María Reiche..

Falleció en el año 1988, y en la actualidad, el moderno pueblo de Nazca, le rinde tributo como a la mujer que dedicó su vida entera a ellos y a su patrimonio, sin moverse por un interés económico, ni político, ni de ninguna otra naturaleza, a no ser por su interés en la labor científica y por su encomiable amor por la gente del pueblo donde decidió permanecer hasta el fin de sus días. Durante sus conversaciones con su biógrafa, Clorinda Caller llegó a manifestar: “¡Todo era por Nazca!. Si cien vidas tuviera, las daría por Nazca. Y si mil sacrificios tuviera que hacer, los haría, si por Nazca fuera”.

Las Líneas de Nazca son hoy en día lo que son gracias a su invalorable labor, sin la cual este inestimable patrimonio de la humanidad se encontraría en la actualidad seguramente en un estado de total deterioro irrecuperable.

Otras teorías (algunas muy disparatadas)

Muchos investigadores, algunos muy importantes, y algunos otros quizá no demasiado serios, discreparon con la teoría del “Libro astronómico más grande del mundo”, entre los que se destacó el astrónomo americano Gerald Hawkins (1928-2003), mundialmente célebre por sus estudios sobre la alineación astronómica de las ruinas de Stonehenge, en Gran Bretaña. Este
destacado científico se trasladó en 1968 al Perú con el propósito de comprobar las teorías de Kosok y Reiche, y luego de hacer estudios para la National Geographic Society de los Estados Unidos, opinó que no existían las necesarias coincidencias para relacionar de alguna forma a las líneas de Nazca con los astros. Más tarde, en el año 1973, realizó un trabajo con una sofisticada computadora y un programa de cálculo, con el cual estudió una selección de 186 líneas. Su estudio le permitió descubrir que tan sólo en un 20 % alguna línea de Nazca coincidía con un acontecimiento astronómico importante, y determinó que un promedio tan bajo se debía sólo al azar, lo que tornaba inadmisible la teoría del mapa astronómico.

Existen otras innumerables teorías, muchas de las cuales tienen que ver con lo religioso para explicar el propósito de su construcción, como la del investigador alemán Hans Horkheimer (1901-1965), apasionado estudioso del pasado peruano. Él consideró que las líneas y figuras geométricas estaban dedicadas al culto funerario, y cumplían la función de senderos sagrados que eran recorridos por los naturales durante la celebración de las ceremonias religiosas en honor a los dioses, mientras se llevaban a cabo los ritos. Al realizar todos los actos rituales, los naturales creían, de acuerdo a esta teoría, que las ánimas de los difuntos los visitaban durante las celebraciones y desplazamientos en las líneas o dibujos, por lo que
Horkheimer llegó a catalogar a las líneas como “caminos de ánimas”.

En sintonía con la teoría del investigador alemán, el explorador y cineasta británico Tony Morrison, defiende una teoría muy similar, con diferencia sólo en algunos aspectos. De acuerdo a sus estudios él cree que cada línea debe haber pertenecido a una diferente familia o clan quienes debían cuidarlas y mantenerlas en perfecto estado, para que siempre estuvieran en condiciones de cumplir con su función: albergar multitudinarias reuniones durante ciertas festividades religiosas, en las cuales se debían cumplir ritos de adoración a los dioses locales. De esta forma, habría sido una especie de proyecto comunitario. Las figuras de animales debían estar relacionados con el culto a los muertos.

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