La vestimenta Inca

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Vestimenta del inca dibujo de Guaman Poma

Hacia el siglo XII, expandidos y asentados en el valle del Cuzco, los incas constituyeron un imperio que dominó gran parte del territorio de la América del Sud pre-hispánica, subordinando a las poblaciones precolombinas de los alrededores.

A partir de la conquista incaica, entonces, la vestimenta sirvió para diferenciar las distintas etnias y territorios, como así también la clase social.

De la misma manera, así como el tipo de ropa utilizada determinaba el origen del inca, también existían un conjunto de elementos que los unificaba: el derecho a llevar uncu , chullu (túnica masculina) y demás adornos que lo identificaban como grupo. Esta metodología se conservó hasta la llegada de los españoles, quienes intentaron unificar, aún más, la vestimenta local, entendiendo que ésta era una sola a lo largo y ancho de todo el imperio.

Los materiales básicos eran el algodón y la lana, en sus diferentes variantes, alpaca y vicuña. La primera de mayor simpleza y la segunda, destinada a las clases más altas. Famosos por sus tejidos que pueden conocerse hoy en día gracias a la conservación que mantuvieron en virtud al clima desértico y pese a las tumbas en donde se hallaron, las mujeres incas eran las encargadas de hilar y tejer, tanto para el seno de la familia como para los gobernantes, magníficas telas tejidas, en pago del tributo. Los tejidos eran decorados por bordadores especializados; los motivos consistían en formas geométricas e imágenes de animales y seres humanos. A menudo, con este tipo de telas de tapicería se confeccionaban vestidos.

Básicamente los materiales usados para elaborar la vestimenta Inca fueron el algodón para las zonas costeras y la lana de alpaca o vicuña para la región andina. En cuanto a su elaboración, las mujeres se encargaban de hilar y tejer, tanto para sus familiares como para los gobernantes; adicionalmente, los textiles eran ornamentados con motivos de formas geométricas e imágenes de seres humanos o animales, y posteriormente usados para confeccionar vestidos.

El gobierno inca controlaba la vestimenta que era provista a la sociedad, la cual no podía ser cambiada sin autorización oficial, por esta razón, la usaban hasta que prácticamente se deshacía

Asimismo, el vestuario inca se caracterizaba por especial cuidado en el tocado, las clases más altas llevaban la insignia real que consistía en flecos agarrados con un cordón multicolor, adornado en la parte superior con plumas de aves.

La vestimenta se destacó por tener algunos estilos, que en ciertos casos, marcaban una diferencia social o étnica:

Awaska, siendo elaborada en lana de llama, era un tejido burdo y utilizado en los oficios del hogar de la cultura Inca.

Qunpi, estaba caracterizado por dos estilos, uno tejido por hombres en lana de alpaca y empleado para el trueque, adornar a los gobernantes o como obsequio a los aliados políticos; el otro, era hilado por mujeres en lana de vicuña y usado solamente por la realeza o para cuestiones religiosas.

Llawt’u, era un tocado que llevaban los gobernantes, el cual consistía en una serie de cordones atados alrededor de la cabeza, a veces, adornado con una gran variedad de plumas, así, cada líder de un ayllu, tenía su propio llawt’u.

Las mujeres vestían de manera sencilla. Lo que las diferenciaba a una de otras según su clase, no era la complejidad en la confección sino la calidad de los géneros con que estaban fabricados los vestidos. La ropa típica era una túnica rectangular que se colocaba por la cabeza, ancha, que se ceñía a la cintura con un lazo y cuya extensión llegaba hasta los tobillos. Sobre el vestido, llevaban una capa tejida de alpaca. Las damas de la nobleza tenían el privilegio de llevar telas más sofisticadas y coloridas, como así también capas de vicuña.

En cuanto al peinado, las mujeres lo usaban con una ralla al medio y muy largo. Al igual que la ropa, que no solo tenía carácter funcional, el cabello también connotaba estados particulares de la persona: durante el duelo se llevaba más corto, como signo de belleza representaba un especial cuidado, etc. Los peinados iban cubiertos con un pequeño manto llamado ñañaca o pancpacuna.

En relación con la vestimenta masculina, los hombres comunes usaban un especie de poncho llamado onka que, normalmente, era tejido en alpaca. Encima de esta prenda, y en los días de frío, usaban una capa, también tejida, que se llamaba yacolla.

A ésta indumentaria se sumaba un taparrabo, el wara cicoy, entre las piernas. Para las clases altas cobraba especial significación, la virilidad del portador.

Los hombres también llevaban accesorios, que variaban según el rango y la ocasión en que eran usados: peines elaborados con espinas, madera, orejeras y alfileres de cobre, plata y oro.

El vestuario inca se caracterizaba por especial cuidado en el tocado, las clases más altas llevaban la insignia real que consistía en flecos agarrados con un cordón multicolor, adornado en la parte superior con plumas de aves.

Los textiles tuvieron un importante rol dentro de la sociedad inca: fueron bienes de prestigio que estaban involucrados en las esferas política, económica, social y religiosa. Los españoles relatan que había colcas o depósitos en todo el Tahuantinsuyu que estaban colmados de textiles, entre otras cosas. Fueron el principal regalo de carácter diplomático de parte del Inca hacia los curacas y personas importantes que buscaba retribuir por los favores concedidos o para formar alianzas. Fueron una de las ofrendas que más apreciaban las deidades, en cuyo honor los quemaban. Pero, sea como regalos, sea como ofrendas, sea como vestimenta de la élite y del Inca, estos textiles fueron portadores de mensajes. Por medio de sus iconos, sirvieron como medio de comunicación tanto entre los hombres como entre éstos y las divinidades.

La vestimenta Inca de acuerdo al sexo

Habitualmente, la vestimenta Inca femenina era muy sencilla, sin embargo, la calidad de la misma era un diferenciador social, de esta manera, la ropa típica consistía en una túnica que se colocaba sobre la cabeza y se ajustaba a la cintura con un lazo, encima llevaban una capa de lana de alpaca, en cambio, las damas de la nobleza tenían el privilegio de usar coloridas telas sofisticadas y capas de vicuña.
En cuanto a la indumentaria masculina, usaban un poncho tejido en alpaca llamado onka y túnicas o capas elaboradas con una colorida ornamentación, a ello, se sumaba el wara cocoy o taparrabo, así como algunos accesorios que variaban de acuerdo al estatus, como orejeras o alfileres de cobre, plata u oro. Cabe concluir, que la vestimenta Inca también formo parte de su estructura organizativa.

Las variantes principales del tejido inca son: el telar horizontal, el vertical y el de faja o cintura.

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Telar horizontal

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Telar vertical
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Telar de faja o cintura

El telar horizontal presenta cuatro patas hincadas en la tierra, las cuales sostienen las dos barras paralelas en cada uno de sus extremos. Mediante el empleo de este tipo de telar es posible lograr textiles compactos de gran delicadeza en razón de la alta densidad de los hilos que admite alcanzar su estructura en el sistema de la urdimbre. (Brugnoli Bailoni et al., 2006).

El telar vertical consta de dos palos perpendiculares que sostienen las dos varas del telar en cada uno de sus extremos

  • Los incas emplearon este tipo de telar para la confección de ciertas tipologías vestimentarias realizadas con la técnica del tapiz

El telar de faja o cintura una de las barras es inmovilizada a un sitio que frecuentemente solía ser el tronco de un árbol, mientras que la otra vara era atada a la cintura del artífice del tejido a través de una faja.

  • Empleado para el tejido de mantas, fajas, como así también para la confección de prendas.

 

Para el uso de la fibra esta se obtenía de los camelidos sudamericanos

  • Todo este material se trabajó en tres niveles de calidad, desde una basta y gruesa tela llamada cosi, utilizada frecuentemente como frazada, pasando por otra intermedia llamada ahuasca, destinado al uso cotidiano, producto de los telares familiares, hasta la tela de mayor calidad y más preciada, llamada cumbi, resultado de una gran tradición textil que tuvo en la técnica del tapiz su mejor expresión. (Corcuera, 2010, p. 92).

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Tejedores Cumbicamayoc

 

  •  Se dedicaban al tejido de cumbis – textiles finos, exclusivamente para la élite incaica y para ofrendas a las divinidades y rituales
  •  La ahuasca – tejido común de uso cotidiano usados por los runas o gente del pueblo

Las Acllacunas

  • Entre los principales deberes de las «accllas» estaba el tejido de ropa fina para ritos religiosos y al tejido de la ropa del inca.

El huso o puchca – tiene como función la de transformar la fibra, tanto de origen animal como vegetal, en un hilo Fibra de origen vegetal

  • La fibra vegetal usada, aunque en la mayoría de los casos no para confeccionar telas, fue el maguey, cabuya o pita – fabricación de sogas, suelas de usutas o sandalia, bolsas de carga

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Resumiendo, podemos decir que la tela de ahuasca era confeccionada para el uso de la gente común y era hecha en un telar de cintura y horizontal por esta misma y el material empleado era la lana de llama. La tela de cumbi, con los diferentes materiales empleados en su confección, era de uso exclusivo del Inca y de la nobleza.

Composición de la vestimenta del Inca y la Coya

 

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El Inca

1)Plumas de ave Ccorekenke
2)Borla (puyllu)
3)Casco (huma chucu) lámina metálica,
4)Cetro (sunturpauccar)
5)Cordón (llauta)
6) Arillo (tulumpi)
7)Rapacejo (mascaipacha)
8)Capelina (phullu)
9)Pequeño centro (macana)
10)Escudo con su banderín (pullcancca con su huifala)
11)Pulsera (chchipana)
12)Franja (tocapo)
13)Copa (llaccolla) manto
14)Flecadura (saccsa)flecos realeza
15)Sandalia (usuta)
16)Placa metálica (accorasi)
17)Túnica (uncu). camiseta andina

La Coya

1) prendedor (tupayari)
2) cubre cabeza (sukkupa o ñañaca)
3) mantilla (lliclla)
4) alfiler (tupu)
5)franja (tocapo)
6) flores (ttica)
7) bolsa ( chchuspa)
8) tunica ( acsu)
9) sandalia ( usuta)

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La indumentaria del Inca y la Coya

INCA Los elementos dorados, la mayoría de oro, sobresalen en la vestimenta del inca para que, gracias a los rayos del sol que lo iluminan, luzca brillante. Lo trasladaban en un anda que era cargada por los súbditos de mayor jerarquía.
COYA La vestimenta de la coya se caracterizó por el predominio de las joyas de plata, metal que simboliza a la Luna.

 

Lea sobre vestimenta inca, el detalle de los tejidos y la diferencia de uso en el siguiente enlace:

La vestimenta Inca

Fuente: David Ancca / Leonardo Arana. Andina
Las mujeres de la élite WARI y su atuendo

En las últimas décadas, los estudios de arqueología andina han mostrado un creciente interés por explorar el tema de las mujeres y el papel que desempeñaron en la sociedad antigua. Esta situación se debe, sin duda, tanto a los descubrimientos de nuevos contextos funerarios de mujeres de alto rango en los Andes, como al surgimiento de los estudios de género en la arqueología en general. Estos últimos, fundamentados en las teorías feministas, contribuyeron de modo decisivo a enriquecer el conocimiento del tema del género en la prehistoria andina y, lo que es importante, permitieron presentar una visión menos distorsionada de los roles e identidades sociales del pasado. En este caso es de particular importancia el examen del concepto de la dualidad de género (masculino/ femenino) y su correlación con el sexo biológico, lo que en los Andes se presenta de modo mucho más complejo al basarse en la relación binaria y complementaria1.

Fig. 56 Anónimo cuzqueño. Manuela Túpac Amaru. ca. 1777. Óleo sobre tela. 167 x 106 cm. Museo de Arte de Lima. Donación Colección Petrus y Verónica Fernandini. 2013. 12. 1

Tanto las evidencias funerarias como las representaciones iconográficas muestran que a lo largo del tiempo, las mujeres andinas de élite ocuparon diferentes posiciones sociales, culturales, políticas y económicas. Por lo tanto, se puede observar claramente que su éxito y prestigio social dependía, al igual que en otras partes del mundo, del acceso a bienes materiales y simbólicos. Por ello, en el caso del mundo prehispánico caracterizado por la presencia de culturas ágrafas, los contextos arqueológicos son lo más importante para el estudio de los roles de género, así como para explicar los estereotipos de las mujeres de la antigüedad. El rango de las personas se refleja tanto en la cantidad y la calidad de los objetos y ofrendas que formaban sus ajuares funerarios, como en las características propias de sus tumbas y en su ubicación en los espacios arquitectónicos.

Desafortunadamente, la mayoría de los entierros ricos corresponden a las culturas del periodo Intermedio Temprano (200-800 d.C.), donde se observa una notable diversificación social de la nobleza femenina. Una de las tumbas más notables es la de la “Señora de Cao”, que fue hallada en el complejo monumental de la huaca de Cao Viejo junto con su ajuar, compuesto por objetos de prestigio de metal y otros materiales valiosos2. Lo que llama la atención es que entre sus bienes figuraban los atributos usualmente relacionados con el poder y el prestigio masculinos, como armas. Otros contextos arqueológicos, como las tumbas de San José de Moro, en el valle de Jequetepeque3, o de Illimo y Chornancap, en el valle de Lambayeque4, proporcionan valiosa información acerca de las mujeres de la élite norteña en la fase tardía de la cultura Moche y tradición Lambayeque. El ajuar y la pompa fúnebre sugieren que estas señoras de la costa septentrional del antiguo Perú animaban la vida espiritual de la época, desempeñando el posible papel de funcionarios del culto religioso.

El alto estatus de la mujer de la época no quedaba limitado únicamente a las llanuras costeñas. Los contextos funerarios con mujeres de alto rango hallados en Queyash Alto5, Pashash6 o Pacopampa7, revelan que en la sierra las mujeres también gozaban de una posición elevada vinculada al poder económico, político y religioso. Ellas tenían acceso a los bienes de lujo (objetos de metal) y desempeñaban un papel central en la preparación de alimentos y bebidas –como la chicha– para los banquetes rituales u otros eventos sociales en los cuales participaban activamente.

Fig. 57 Dibujo de la crónica de Felipe Guamán Poma de Ayala de mujer curaca inca

Lo relevante es que estas evidencias arqueológicas reflejan una amplia estratificación de la nobleza femenina y sugieren además, según la interpretación prevaleciente, que el estatus de la mujer en la sociedad no fue necesariamente inferior al del varón. Desafortunadamente no disponemos de registros arqueológicos y datos notables para todos los periodos de la cronología andina. El tema se complica aún más para el caso de las culturas relacionadas con la difusión de las tradiciones sureñas por todo el ámbito andino, es decir, a las culturas Tiwanaku, Wari e Inca. Esto se debe a que son pocos los contextos funerarios relativamente modestos de la nobleza, que escaparon intactos a la destrucción de los saqueadores y sobrevivieron hasta nuestros días, así como a la rarísima presencia de la mujer en la iconografía de la época. Entre los escasos entierros de élite investigados en los centros de Huari y Conchopata8, las únicas afirmaciones referidas a los contextos funerarios femeninos se limitan a represen-tantes de supuestas élites de clase media alta, como por ejemplo la mujer adulta sepultada en una tumba de cista, con la cabeza cubierta con una olla utilitaria del estilo huamanga (EA-105, Conchopata)9. A partir de estos hallazgos, algunos investigadores sugieren que este último constituye un patrón representativo de todos los entierros de mujeres y jóvenes del lugar, el que está relacionado con los conceptos e ideas de género10. Aunque son escasas las evidencias arqueológicas que se han conservado debido a las desfavorables condiciones climáticas de la región, puede suponerse que durante este periodo las mujeres gozaban de un elevado estatus tanto social como económico, lo que se desprende de su ajuar funerario, que incluía distintos bienes suntuarios tales como cerámica de diversos estilos, objetos de metal, turquesa y Spondylus sp.

Otros datos relevantes, que abren una ventana al ajuar funerario de las mujeres de élite, provienen de la periferia del imperio Wari. Las evidencias arqueológicas recuperadas en la sierra así como en la costa sur y central11, demostraron la existencia de contextos funerarios de mayor riqueza, pero debido a la gran destrucción causada por los saqueadores, los trabajos arqueológicos se limitaron a reconstruir solo una parte de los ajuares. Sin embargo, los hallazgos recuperados dejan en claro que durante esta época, tanto los hombres como las mujeres estuvieron rodeados de bienes de la mejor calidad producidos con materiales provenientes de lugares fuera del ámbito local, lo que legitimaba su estatus y prestigio social. Se supone que el ajuar de los miembros de la elevada élite, como en el caso de las tumbas de La Real, estuvo caracterizada por su gran variedad, no sólo en lo que se refiere a objetos considerados como bienes de lujo y que eran visualmente atractivos, sino también por los instrumentos de carácter utilitario relacionados con la producción artesanal12.

Conjunto de orejeras de forma tubular con motivos geométricos y zoomorfos. Hueso tallado e inciso. Dimensiones variadas. PIA Castillo de Huarmey. Ministerio de Cultura del Perú.

Dadas las limitaciones de los contextos funerarios y de los registros iconográficos documentados y analizados por los arqueólogos, los investigadores suelen apoyarse más bien en datos históricos y etnográficos (Fig. 56).

La mayoría de estos fueron examinados por María Rostworowski13, quien no sólo señaló el papel de las coyas o reinas incaicas, poseedoras de tierras propias y numerosos yana o servidores, sino que además resaltó que en el mundo andino el poder no era un privilegio del varón, ya que hubo señoríos gobernados por mujeres curacas (Fig. 57). La dualidad, tan distintiva en el mundo andino, se reflejó también en dos formas opuestas de concebir el ideal de una mujer de alta alcurnia; basta recordar en este sentido a las mujeres míticas del incario:

Mama Ocllo, la mujer noble subordinada, y Mama Huaco, la valiente mujer guerrera libre e independiente. Por supuesto que el estudio de las fuentes etnohistóricas brinda muchos otros testimonios de la presencia femenina en distintos ámbitos de la sociedad prehispánica, que contribuyen de manera significativa al conocimiento del mundo antiguo. Sin embargo, para poder cruzar información distinta con el fin de explorar a profundidad los aspectos del pasado, como en este caso la naturaleza del ajuar personal de las mujeres de élite, tenemos que disponer de contextos mortuorios completos.

Conjunto de orejeras de forma tubular. Plata y oro laminado y enrollado. Dimensiones variadas. PIA Castillo de Huarmey. Ministerio de Cultura del Perú.

El descubrimiento de la tumba del mausoleo imperial Castillo de Huarmey constituye el primer contexto funerario hallado intacto, que aporta datos relevantes sobre las mujeres de la alta nobleza wari. Se trata de un descubrimiento en donde tanto el rango como el número de sus ofrendas funerarias, supera de lejos todo lo que antes se conocía para las Culturas Wari y Tiwanaku. Entre los artefactos descubiertos figuran piezas únicas, sin paralelos en el arte prehispánico en general. La cantidad y la riqueza del ajuar funerario, que comprende más de mil trescientos objetos de la más variada índole, no sólo impactan y estimulan la imaginación, sino que además ofrecen datos importantes sobre la identidad de las mujeres de alto estatus de la época. La importancia de la singularidad de las mujeres sepultadas quedó reflejada también en la planificación y delimitación del espacio de la tumba, que formaba parte –junto con una serie de recintos menores repletos de ofrendas– del mausoleo principal de la élite wari que dominaba el paisaje del valle bajo, que incluía el litoral marino. En los cimientos del mausoleo se encontró la cámara principal, que ocultaba a sesenta y cuatro individuos, cincuenta y ocho de los cuales pertenecían a la nobleza femenina más encumbrada, que fueron enterradas con sus objetos personales más íntimos y valiosos.

Notas:
( 1) Entre otros: Moore, Henrietta.
A Passion for Difference. Essays in Anthropology and Gender. Bloomington: Indiana University Press, 1995; Ebert, Virginia, y Thomas C. Patterson. “Gender in South American Archeology”, en Nelson, Sarah Milledge (Ed.), Worlds of Gender: The Archaeology of Women’s Lives Around the Globe. Lanham: Altamira Press 2007, pp. 259-280; Vogel, Melissa A., y Robyn E. Cutright. “Gender in South American Prehistory”, en Bolger, Diane (Ed.), A companion to Gender Prehistory. Chichester: John Wiley & Sons 2013, pp. 585-607; Lyon, Patricia.“Female Supernaturals in Ancient Peru”, Ñawpa Pacha, 16: 95-140, 1978; Hocquenghem, Anne Marie, y Patricia J. Lyon.
“A Class of Anthropomorphic Supernatural Female in Moche Iconography”, Ñawpa Pacha 18: 27-50, 1980; Ulla Holmquist. El personaje mítico femenino en la iconografía moche. Memoria de bachillerato. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1992; Gero, Joan M. “Genderlithics: Women’s Roles in Stone Tool Production”, en Gero, Joan M., y Margaret W. Conkey (Eds.), Engendering Archeology: Women and Prehistory. Oxford: Blackwell Publishing, 1991, pp. 163-193; Rostworowski de Diez Canseco, María. La mujer
en la época prehispánica. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1986.
(2) Mujica Barreda, Elías, et al. El Brujo: Huaca Cao, centro ceremonial moche en el valle de Chicama. Lima: Fundación Augusto N. Wiese, 2007.
(3) Castillo, Luis Jaime, y Ulla Holmquist. “Mujeres y poder en la sociedad mochica tardía”, en Henríquez, Narda (Ed.), El hechizo de las imágenes: estatus social, género y etnicidad en la historia peruana. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2000, pp. 13-34; Donnan, Christopher, y Luis Jaime Castillo. “Excavaciones de tumbas de sacerdotisas moche en San José de Moro, Jequetepeque”,
en Uceda, Santiago, y Elías Mujica (Eds.). Moche propuestas y perspectivas. Actas del Primer Coloquio sobre la Cultura Moche, Trujillo, 12 a 16
de abril de 1993. Trujillo-Lima: Universidad Nacional de La Libertad-Institut Français d’Études Andines, 1994, pp. 415-424.
(4) Cordy-Collins, Alana. “Labretted Ladies: Foreign Women in Northern Moche and Lambayeque Art”, en Pillsbury, Joanne (Ed.), Moche Art and Archaeology in Ancient Peru. Washington, D.C: National Gallery of Art, 2001, pp. 246-257; http://festivalcortometrajesperu.files.wordpress.com/2012/08/sec3b1ora-de-chornancap.pdf.
(5) Gero, Joan M. “Field Knots and Ceramic Beaus: Interpreting Gender in the Peruvian Early Intermediate Period”, en Klein, Cecelia F. (Ed.), Gender in Pre-Hispanic America. Washington, D.C.: Dumbarton Oaks 2001, pp. 15-55.
(6) Grieder, Terence. The Art and Archaeology of Pashash. Austin: University of Texas Press, 1978.
(7) Seki, Yuji, Juan Pablo Villanueva et al. “Nuevas evidencias del sitio arqueológico de Pacopampa, en la sierra norte del Perú”, Boletín de Arqueología PUCP 12: 69-96, 2008.
(8) Entre otros: Cook, Anita G., y Tiffiny A. Tung.“Expressing life through death: mortuary rituals in Huari society”. Ponencia presentada en la 71ª reunión anual de la Society for American Archeology, San Juan, 2006; Isbell, William H., y Anita G. Cook. “A New Perspective on Conchopata and the Andean Middle Horizon”, en Silverman, Helaine, y William H. Isbell (Eds.), Andean Archaeology, Vol. II: Art, Landscape and Society. Nueva York: Kluwer Academic/Plenum Publishers, 2002 pp. 249-305; Isbell, William H., y Antti Korpisaari. “Burial in the Wari and the Tiwanaku heartlands: Similarities, differences, and meanings”. Diálogo Andino: Revista de Historia, Geografía y Cultura Andina 39: 91-122, 2012; Tung, Tiffiny A. Violence, Ritual and the Wari Empire.
A Social Bioarcheology of Imperialism in the Ancient Andes. Gainesville: University Press of Florida, 2012.
(9) Isbell, William H., y Antti Korpisaari.“Burial in the Wari and the Tiwanaku heartlands”.
(10) Isbell, William H., y Antti Korpisaari. Op. cit., pp. 103-105.
(11) Entre otros: Yépez Álvarez,
Willy J., y Justin Jennings (Eds.), ¿Wari en Arequipa? Análisis de los contextos funerarios de La Real. Arequipa: Museo Arqueológico José María Morante, Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, 2012; Schreiber, Katharina J. Wari
Imperialism in Middle Horizon Peru. Ann Arbor: University of Michigan, 1992; Billman, Brian R. “Regional Approaches to the Study of Prehistoric Empires: Examples from Ayacucho and Nasca, Peru”, en Billman, Brian R., y Gary M. Feinman (Eds.), Settlement Patterns Studies in the Americas: Fifty Years Since Viru. Washington, D.C: Smithsonian Institution, 1999; Pozzi-Escot, Denise, y Rommel Ángeles. Entrelazando el pasado, textiles de Huaca Malena. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2011.
(12) Yépez Álvarez, Willy J., y Justin Jennings (Eds.), ¿Wari en Arequipa?
(13) Rostworowski de Diez Canseco, María, La mujer en la época prehispánica.

 

Autora: Patrycja Przadka Giersz
Universidad de Varsovia

Extracto del artículo:
«Ajuar personal: las mujeres de la élite wari y su atuendo»
Contenido en el libro:
«Castillo de Huarmey, El Mausoleo Imperial Wari»