Siete maravillas arqueológicas para explorar en Perú

En estos centros arqueológicos en Perú yacen antiguos asentamientos de civilizaciones andinas, desde la más antigua de América hasta el imperio más poderoso del sur del continente.

Coronado por  Machu Picchu, el espectacular centro arqueológico situado en las inmediaciones de Cuzco, el territorio peruano está repleto de antiguos asentamientos milenarios que guardan un rico patrimonio histórico y cultural. Aunque menos conocidos que la capital inca, Caral, Huacas del Sol y la Luna, El Brujo, Chan Chan, Pachacámac y Sipán proponen un viaje a antiguas civilizaciones donde hoy sus cimientos revelan algunos de los secretos de su existencia.

Fuente: National Geographic
Escribe: Laura Fernández

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CARAL

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Con más de 5.000 años de antigüedad, Caral- Supe está considerada por los arqueólogos como la civilización más antigua del continente americano. Fue contemporánea a otros pueblos de Egipto, India y Mesopotamia, y fue nombrada ciudad sagrada debido a los restos religiosos hallados en ella. Su asentamiento, localizado en el valle de Supe, al norte de Lima, se compone de seis pirámides, diferentes plazas circulares, los restos de un anfiteatro y varias viviendas que podrían ser utilizados también como talleres. Entre las ruinas también se han hallado varios instrumentos relacionados con la pesca y la agricultura, además del quipu más antiguo del mundo – un artilugio elaborado con cuerdas de lana y utilizado para la contabilidad del censo, cosechas, etc. – y 32 flautas realizadas con huesos de cóndores y pelícanos. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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HUACAS DEL SOL Y DE LA LUNA

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Localizado al sur de la ciudad de Trujillo, en la costa norte del país, el santuario de Huacas del Sol y de la Luna fue la antigua capital de la cultura mochica desde el siglo I a.C hasta el IX. En él se ubica la pirámide escalonada de 43 metros de altura que corresponde a Huacas del Sol y que se cree que contaba con fines administrativos; y Huaca de la Luna, que consta de varios templos superpuestos y que datan de diferentes épocas. Este último sirvió como importante centro religioso, pues en él se encontraron un altar ceremonial con varios cuerpos de guerreros sacrificados, patios y plazas ceremoniales y murales donde se representaron algunas divinidades como Aiapaec, el dios castigador de la cultura mochica. Entre ambos templos se localizaba el centro urbano con grandes avenidas, comercios y viviendas.

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PACHACÁMAC

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Consagrado a Pachacámac, el dios del fuego e hijo del sol, el lugar fue el oráculo más importante de la costa peruana durante la época preínca. El complejo estaba compuesto de majestuosas pirámides, palacios, templos y plazas dirigidas a la vida política, cultural y religiosa. Los primeros centros en construirse fueron el de Urpiwachak y Adobitos, caracterizados por su compleja arquitectura. Formaban parte de la cultura Ichma, quienes levantaron un gran centro ceremonial antes de la llegada de los incas. Con estos últimos, se construyó el templo del Sol, el Acllahuasi y algunos palacios. Actualmente, Pachacámac cuenta con un museo donde se puede conocer la historia del lugar y las épocas dominadas por las distintas culturas, así como contemplar las diferentes piezas y colecciones de cerámica, madera o textil.

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SIPÁN

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Conocido como Huaca Rajada, aquí es donde se encontró en 1987 la tumba del Señor de Sipán, uno de los gobernantes mochica más importantes del Antiguo Perú cuya civilización dominó la costa norte del país entre los años 100 y 800 d.C. Con él se hallaron piezas de oro y plata, así como restos de mujeres, niños y animales que fueron sacrificados para que viajasen con él a la otra dimensión. Actualmente, este importante descubrimiento se encuentra expuesto en el museo del Centro Arqueológico de Sipán, uno de los más importantes de su época por su valor a nivel mundial. En la ciudad de Lambayeque, además, se ubica el museo Tumbas Reales de Sipán, donde se encuentran algunas de las joyas localizadas en la zona.

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CHAN CHAN

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Esta zona arqueológica situada a 5 kilómetros de Trujillo está considerada como la construcción de adobe más grande de América. En total, Chan Chan consta de diez ciudadelas amuralladas donde se pueden contemplar algunos grabados con formas geométricas, figuras de animales como aves o peces, o algunos otros símbolos. El lugar, que está declarado Patrimonio de la Humanidad, fue la antigua capital del reino Chimor entre los siglos XII y XV y pertenecía a la antigua cultura Chimu.

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MACHU PICCHU

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Situado en un promontorio rocoso que une las montañas de Machu Picchu y Huayna Picchu, este antiguo santuario inca está declarado Patrimonio de la Humanidad y es una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo Moderno. Fue la capital del Imperio inca, quienes construyeron en este valle sagrado un conjunto de templos a mediados del siglo XV, durante el reinado de Pachacuti Yupanqui. Está dividida en dos sectores: el agrícola, conformado por andenes; y el urbano, con funciones administrativas. Machu Picchu estuvo conectado con el resto de asentamientos a través de Qhapaq Ñan, la ruta de los caminos incas.

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EL BRUJO

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Ubicado en el valle del río Chicama, El Brujo está considerado como uno de los complejos arqueológicos más importantes del norte de Perú. Compuesto por tres huacas: Prieta, Cao Viejo y Cortada, el lugar fue un importante centro religioso y político de la cultura moche. En él fue hallada la tumba y la momia de la Señora de Cao, una antigua gobernanta de la cultura mochica considerada casi divina y cuya historia se cuenta en el homónimo museo, en Cao Viejo. El complejo El Brujo se trata de un antiguo centro ceremonial cuyos restos datan de diferentes épocas y culturas como, además del moche, cupisnique, Lambayeque, chimú e inca, entre otras.

Sicán y Sipán : Cronología Peruana

Es necesario esclarecer un punto que es tema de confusión. A causa de la semejanza y eufonía de sus nombres, Sicán y Sipán son confudidos a menudo. Tenemos así que el término Sicán designa una cultura que existió durante lo que los arqueólogos llaman el Horizonte Medio y el Período Intermedio Tardío temprano (tabla 1) con su capital en Poma.

En lo que se refiere a Sipán, es el nombre de un pueblo ubicado en la margen sur del valle medio de Lambayeque, a unos 40 kms. al sur de Poma y sobre los 30 kms. al este de Chiclayo. Existen abundantes restos arqueológicos allí, incluyendo Huaca Rajada, y dos montículos monumentales contiguos situados en la esquina noroeste del pueblo. Fue el huaqueo y la subsecuente excavación arqueológica de tempranas tumbas de la élite Mochica, que fechan del siglo 11 al IV’ d. C. (Alva y Donnan 1993) y que se ubican en un pequeño montículo de adobe en la base este de Huaca Rajada, los que trajeron la fama a Sipán. Este montículo también contiene entierros Sicán Medio, Chimú y Chimú-Inca. La importancia arqueológica de Sipán ya era conocida (p.e., Kosok 1959, 1965; Nolan 1980; Schaedel 1951a, 1966a, 196613, 1972) y, probablemente, corresponde al asentamiento prehispánico de Cipán mencionado en varios registros coloniales (p.e., Netherly 1977, 1984). Pero, antes del reciente huaqueo, nadie sospechaba la presencia de las tempranas tumbas de élite Mochica.

A continuacion el cuadro cronológico y la ubicación de la  Cultura Sipán.

La Cultura Sicán en la Cronología Peruana
CRONOLOGÍA PERUANA
REGIÓN LAMBAYEQUE – BATAN GRANDE
VALLE DE MOCHE
HORIZONTE TARDIO SICAN – INCA

1470-1533 d.C.

CHIMU – INCA 1470-1533 d.C.
PERIODO

INTERMEDIO

TARDIO

SICAN – CHIMU 1375-1470 d.C.

SICAN TARDIO 1100-1375 d.C.

SICAN MEDIO 900-1100 d.C.

CHIMU

1200-1470 d.c.

INFLUENCIA SICAN

800-1200 d.C.

HORIZONTE MEDIO SICAN TEMPRANO 700-900 d.C.

MOCHE V

550-700 d.C.

INFLUENCIA WARI 700-800 d.C.

MOCHE V

550-700 d.C.

PERIODO

INTERMEDIO

TEMPRANO

MOCHE ıv

450-550 d.C.

MOCHE 1-111/

GALLINAZO 1-450 d.C.

GALLINAZO

200 a.C. – ı d.C.

SALINAR

300-200 a.C.

MOCHE ıv

450-550 d.C.

MOCHE 1-111 1-450 d.C.

GALLINAZO

200 a.C. – ı d.C.

SALINAR

300-200 a.C.

HORIZONTE TEMPRANO CUPISNIQUE

Tabla 1

 

Fuente: Libro «Cultura SICAN, Dios, Riqueza y Poder en la costa norte del Perú»

Sicán y Sipán : Cronología Peruana
Señor de Sipán, Arqueologia del Peru
Sicán y Sipán : Cronología Peruana
Cultura Sicán, Arqueologia del Peru
Un contexto del Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa de Pucalá

La Tumba 21: Un contexto funerario del Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa de Pucalá[1], Valle de Lambayeque

EDGAR BRACAMONTE[2]

RESUMEN

Las investigaciones arqueológicas en Huaca Santa Rosa, localizada en el extremo final del valle bajo de Lambayeque, Costa Norte del Perú, permitieron conocer la existencia de un asentamiento cuyo poder y prestigio perduró por más de 2500 años. Así mismo, se descubrió la presencia de una ocupación con materiales cerámicos de estilos asignados al Horizonte Medio, localizado cronológicamente entre los años 650 al 1050 d.C.

La Tumba 21 (HSR-T21) de Huaca Santa Rosa fue descubierta en la planicie 2, Sector I. Se trató del entierro de un adolescente en posición sentada con las extremidades inferiores flexionadas y recogidas hacia la caja torácica. Las extremidades superiores se hallan extendidas sobre las inferiores, el cuerpo estuvo orientado de este a oeste con la mirada al este. El personaje fue sepultado con siete vasijas de cerámica y una valva de Spondylus princeps depositada entre sus manos.

La presencia de objetos cerámicos del Horizonte Medio apertura investigaciones que permiten conocer el destino de las élites Mochicas de Sipán, su relación con el repentino crecimiento de la ciudad de Pampagrande y el surgimiento del estado Lambayeque entre Pátapo y Cerro Luya. Un rasgo importante del hallazgo fue su localización, en una capa donde la arquitectura estuvo cubierta por sedimentos de lluvia y se depositaron hasta 19 entierros de camélidos, nivel conocido como capa de las ofrendas.

INTRODUCCIÓN

La Arqueología en Lambayeque se viene desarrollando de manera intensiva, investigando yacimientos arqueológicos de diferentes períodos, permitiendo establecer un orden cronológico del desarrollo cultural de esta parte del Área Andina Central. Desde el año 2007, se ha podido conocer ocupaciones con rangos cronológicos que no se conocían hasta esa fecha, tal es caso de Ventarrón (Alva y Alva 2007, 2010, Alva en prensa) en la sección baja del valle de Lambayeque donde se identificó la ocupación con arquitectura monumental más antigua de la Región y el templo con arte mural de mayor antigüedad en los Andes Centrales, pertenecientes al Período Precerámico con 4,000 años a.C. Esta ocupación inicial abre nuevas vías para explicar el origen y desarrollo de las sociedades prehispánicas de los valles lambayecanos y, desde luego, de la costa norte peruana. Otro vacío que ha podido llenarse en los últimos tres años corresponde al final del Horizonte Temprano y el inicio de la sociedad Mochica, marcada en otros valles por la presencia de los estilos Virú, Salinar y Vicús. A tres kilómetros de Ventarrón y dos de Collud[3], localizamos el complejo arqueológico El Chorro donde se descubrió tumbas en fosa con ofrendas de cerámica de estilos correspondientes al Formativo Superior, según la cronología de Lumbreras, con marcados rasgos de estilo Vicús y Salinar (Alva y Bracamonte 2010).

En este afán de buscar evidencias de transformaciones socioculturales de un sociedad a otra, Huaca Santa Rosa aparece como un sitio clave para entender los mecanismos que rigieron el colapso Mochica y el surgimiento del Estado Lambayeque en el este valle norteño. Los estilos de cerámica local mezclada con tradiciones foráneas, tanto de la costa central como de la sierra norte y sur del Perú durante el Horizonte Medio son evidencias tangibles que estamos frente a un fenómeno de cambios en los patrones culturales que dieron origen a la Sociedad Lambayeque; entonces podremos intentar determinar relaciones entre la Leyenda de Naymlap como mito creador de los Lambayeque y los datos arqueológicos que explicarían como los Mochica bajo ciertas condiciones ambientales y culturales se transforman en una nueva entidad que adelante se denominará Lambayeque.

Con el presente artículo, pretendemos esbozar algunas características de la ocupación del Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa, basándonos en el hallazgo de la Tumba 21 cuyas ofrendas de cerámica indican que estamos ante un contexto con materiales de estilo foráneo (Wari) y local (PostMochica), y que además se asocia a fragmentos de cerámica de estilo Cajamarca serrano, Cajamarca costeño, Wari polícromo local y el estilo impreso.

HUACA SANTA ROSA, CONTEXTO GEOGRÁFICO Y CULTURAL

En el valle de Lambayeque, Huaca Santa Rosa de Pucalá se localiza en el extremo final de la parte baja, en eje norte – sur con los promontorios rocosos aislados y las pequeñas cadenas montañosas que marcan el inicio de las estribaciones norteñas de la cordillera de los Andes (Fig. 1A).

El monumento arqueológico se localiza a 3,45 km. al noroeste de Huaca Rajada – Sipán y a 4,08 km. al sureste de Cerro Pátapo. Políticamente, el yacimiento se ubica en el distrito de Pucalá, provincia de Chiclayo en la Región Lambayeque.

Las excavaciones arqueológicas que desarrollamos actualmente son parte de un programa de investigaciones en el Valle de Lambayeque, que busca contextualizar los materiales cerámicos de diferentes estilos del Horizonte Medio que fueron identificados entre los años 2006 y 2008 (Bracamonte et. al. 2006, Pasapera 2008), además de los procesos de interacción interregional (Lambayeque – Cajamarca – Jequetepeque) durante el Horizonte Medio y sus implicancias.

A la fecha, hemos caracterizado de forma preliminar la secuencia ocupacional de Huaca Santa Rosa, encontrando una ocupación continua iniciada en el Horizonte Temprano y que se prolongaría hasta el Horizonte Tardío (Bracamonte 2011). Las ocupaciones se distribuyen entre las tres pirámides, dos plataformas, planicies y montículos sin arquitectura que componen el complejo arqueológico, dividido en tres sectores en relación con el uso del espacio.

FIG. 1. A) Mapa de ubicación de Huaca Santa Rosa de Pucalá en el valle de Lambayeque. B) Foto satelital del Sector I (área monumental) donde se localiza la Planicie 2. C) Plano del Sector I, tomado de Tschauner 2001.

A
B
C

La importancia del monumento se determinó por el uso intensivo y extensivo del área, obteniendo una secuencia perfectamente estratificada, donde las ocupaciones tempranas sólo han podido registrarse en los pozos de huaquero con más de 8 m. de profundidad. El continuo uso del espacio a lo largo de la historia ocupacional del sitio es un indicador de la importancia y rol que debió cumplir en el desarrollo sociocultural del valle; así mismo, nuestras excavaciones han reportado elementos significativos en las ocupaciones Mochica, Lambayeque, Chimú e Inca, relacionados con temas rituales y la presencia de una clase gobernante ocupando Santa Rosa determinada por templos, altares, recintos decorados con pintura mural y tumbas con interesantes ajuares funerarios donde se halló textiles polícromos, ofrendas de camélidos y objetos de madera.

LA PLANICIE 2

Huaca Santa Rosa de Pucalá es un complejo arqueológico que se compone de tres sectores diferenciados por la concentración de pirámides, plataformas y montículos sin arquitectura. El sector I, denominado Área monumental, se localiza en el extremo este del complejo y está compuesta por tres pirámides, dos plataformas y tres planicies (Fig. 1B y C). El Sector II se ubica en el lado norte del complejo, comprende la concentración de tres montículos compuestos por pequeñas plataformas hechas de adobes y adosadas a elevaciones artificiales sin arquitectura. El Sector III, al sur oeste del complejo, está compuesto por cuatro montículos artificiales configurados del mismo modo que los registrados en el Sector II.

La Planicie 2 se encuentra en el Sector I, al este de la pirámide central y al norte de la Plataforma E1 (Fig. 2). Actualmente está ocupada por algunos corrales y viviendas abandonadas de los pobladores del C.P. Santa Rosa (Fig. 1B). Tiene una extensión de 70 ml. de eje este – oeste y 85 ml. norte – sur.

Fig. 2. Planicie 2 localizada en el área monumental de Huaca Santa Rosa de Pucalá , al este de la pirámide central y al norte de la Plataforma E1. Actualmente está ocupada por algunos corrales y viviendas abandonadas de los pobladores del C.P. Santa Rosa.

Las excavaciones arqueológicas en esta área se plantearon para identificar la naturaleza de su ocupación y la procedencia de algunos fragmentos de estilo Mochica Tardío de línea fina registrados en la superficie del área. Tanto en las unidades 11 y 12 (Fig. 2) las evidencias arqueológicas nos han permitido conocer parte de la secuencia ocupacional de la Planicie 2, identificando que las capas más profundas con ocupación humana se localizan a 4,90 m. desde la superficie (Unidad 12), en lo que parece ser una formación geológica donde el primer poblador de Santa Rosa habría realizado actividades que aún deben ser explicadas con más excavaciones. En la capa 19 de la unidad 12, la más profunda excavada en la Planicie 2, se halló arena eólica que sería parte de la formación geológica del sitio, mezclada con grumos de barro de coloración marrón, restos malacológicos y fragmentos de cerámica diagnóstica, especialmente de uso doméstico. Esta capa midió 120 cm. pero no se conoce la real dimensión, pues no se concluyó su excavación.

Sobre la capa 19 de la unidad se registró una fuerte ocupación Mochica de la fase media con materiales cerámicos estilísticamente similares a los reportados en Sipán para su etapa de apogeo (200 – 500 d.C). Al parecer esta área estuvo ocupada ininterrumpidamente hasta la ocupación Lambayeque Medio y una de sus ocupaciones más complejas ocurrió durante el período estilístico conocido como Horizonte Medio (650 – 1050 d.C.), época a la que correspondería la Tumba 21 (Fig.3).

 

A

B

C

D

E

F

Grupo Fig. 3. Estratigrafía de la Unidad 12. La ocupación Lambayeque se identificó cerca de la superficie (A), mientras que la ocupación Mochica Tardío y del Horizonte Medio se halló bajo la ocupación Lambayeque (B y C). Subyacente a esta ocupación se halló arquitectura y cerámica Mochica Medio (E y F).

LA TUMBA 21 (HSR – T21)

En la unidad 11, ubicada al norte de la Planicie 2, se descubrieron dos tumbas en la capa 3, correspondiente al Horizonte Medio (Capa de las ofrendas). La Tumba 21 es más completa y corresponde a un adolescente sepultado en una fosa cuadrangular, mientras que la Tumba 20 no presenta fosa, se trata de un infante y su osamenta está incompleta. Ambas tumbas han sido cuidadosamente colocadas al interior del recinto 3 y se hallan asociadas a los entierros de camélidos de la capa de la ofrendas.

La Tumba 21 fue hallada en el lado sur del recinto 3, su intrusión rompe el muro 10. La fosa desde su aparición en la capa 3 estuvo cubierta por arcilla grumosa de color amarillo y fue hallada a una profundidad de 0,20 ml. en relación a la superficie del perfil oeste de la unidad 11 (parte central de la fosa). El contexto funerario estuvo localizado al sureste del entierro del camélido 8 y del conjunto de ofrendas 1, y al norte del entierro del camélido 10 (Fig. 8).

Fig. 4. Tumba 21 (HSR-T21) descubierta en la Planicie 2 del Complejo Arqueológico Huaca Santa Rosa de Pucalá. Presentaba una fosa cuadrangular y una ofrenda de camélido asociada y colocada hacia el lado suroeste.

 

Fig. 5. Primer grupo de vasijas dispuestas como ofrendas en la Tumba 21, estuvieron dispuestas al sureste de la osamenta.

 

Fig. 6. Segundo grupo de vasijas de la Tumba 21. La HSR-T21-C3 fue colocada cuidadosamente en el contexto con el rostro de la representación zoomorfa y la mirada al este.

Este particular contexto funerario es una fosa de forma cuadrangular, mide 1 m. de largo, 0,81 m. de ancho y 0,60 m. de altura. Está orientada de este a oeste y ha sido elaborada excavando directamente en el relleno del recinto 3, rompiendo el muro 10 que lo delimita por el lado sur (Fig. 4). La fosa estuvo rellena con arcilla preparada expresamente para este evento funerario y una mínima cantidad de tierra suelta, el color varía de amarillo a beige claro. Presenta textura compacta y ligeramente grumosa.

En la Tumba 21 se halló los restos de la osamenta de un adolescente, dispuestos en la parte central de la fosa. Estuvo en posición sentada con las extremidades inferiores flexionadas y recogidas hacia la caja torácica. Las extremidades superiores se hallan extendidas sobre las inferiores, el cuerpo estuvo orientado de este a oeste, con la mirada al este (Fig. 4 y 13).

El personaje de la Tumba 21 fue sepultado con siete vasijas y una valva de “mullu” (Spondylus princeps). Se descubrieron cuatro cántaros, dos botellas y un vaso (Fig. 5, 6 y 7).

  1. El Cántaro lenticular cara-gollete (HSR-T21-C1) fue hallado en el lado sur de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete divergente y base plana. Fabricado en atmósfera oxidante, cocción irregular e incompleta y superficie color anaranjado. La vasija es moldeada y presenta bruñido como acabado superficial. Presenta decoración en alto relieve dispuesto en el gollete (cara – gollete), elaborado con el molde del mismo proceso de manufactura, se representa a una imagen zoomorfa de rasgos similares a las de un cánido con la boca entreabierta mostrando la dentadura. Los ojos se han representado por una ligera oquedad y una pequeña protuberancia. La parte lateral del gollete lleva dos protuberancias semilenticulares con perforación central que representarían las orejas de la imagen zoomorfa (Fig. 7). Un cántaro similar fue hallado en la Tumba M-U1242 de San José de Moro (Del Carpio y Delives 2004:131, 140; Castillo et al. 2008:60, fig.50).
  2. El Cántaro ovoide (HSR-T21-C2) se recuperó del lado sur de osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo ovoide, gollete corto y divergente, borde divergente y labio plano. Elaborada con la técnica del modelado, en horno de atmósfera oxidante, la cocción es irregular y completa; la superficie es de color roja y alisada. El cántaro está decorado con aplicaciones de forma cónica con perforación basal, colocados en la parte superior del cuerpo (hombros de la vasija), cerca de la inflexión con el gollete (Fig. 7). Un cántaro de rasgos similares de recuperó en la Tumba M – U1407 de filiación Mochica Tardío en San José de Moro (Rengifo 2006), así como en dos tumbas de El Chorro en el Valle de Lambayeque (Alva y Bracamonte 2010).
  3. Cántaro lenticular cara-gollete (HSR-T21-C3), hallado en el lado sureste de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete y borde recto, labio redondeado y base plana irregular. Elaborado con la técnica del moldeado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie es de color gris oscuro y se encuentra bruñida. Presenta decoración incisa postcocción (grabado) y en alto relieve dispuesto en el gollete (cara – gollete), elaborado con el molde del mismo proceso de manufactura, se representa a una imagen zoomorfa, donde la representación de la nariz es de forma plana frontal mostrando los orificios nasales, recordando a las viejas representaciones de “murciélagos” de la fase Mochica Temprano (ver Donnan 2003:59, Lám.2.3a). Los ojos se han representado por oquedades colocadas a la altura de las comisuras. La parte lateral del gollete lleva dos protuberancias de forma triangular con perforación central que representarían las orejas de la representación zoomorfa (Fig. 7). Esta vasija tiene paralelos en diferentes contextos funerarios de Horizonte Medio 2 de San José de Moro, como la Tumba M – U615 (Castillo et al 2008), M – U1221 (Rengifo 2004), M – U1307 (Castillo y Rengifo 2006 y Rengifo 2006) y la Tumba M – U1316 (Castillo y Rengifo 2009), todas correspondientes al Período Transicional.
  4. Botella globular (HSR-T21-C4) hallada en el lado este de la osamenta del personaje. Se trata de una botella pequeña de cuerpo globular, cuello alto y recto, labio redondeado y base plana. Elaborado con la técnica del moldeado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie es de color gris oscuro y se encuentra pulida. El cántaro está decorado con aplicaciones de forma circular con perforación central, colocados en la parte superior del cuerpo (hombros de la vasija), en el punto de inflexión con el gollete (Fig. 7). Piezas de este estilo fueron registradas en tumbas del Período Transicional en San José de Moro, como la M-U615 (Castillo et al. 2008), M-U409-C13 (Castillo 2003: 93 fig. 18.15) y MU1316 (Castillo y Rengifo 2006: 58, 61).
  5. Botella lenticular cara – gollete (HSR-T21-C5) localizada en el lado este de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete y borde recto, labio redondeado y base plana irregular. Elaborado con la técnica del moldeado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie es de color gris oscuro y se encuentra bruñida. Presenta decoración en alto relieve dispuesto en el gollete (cara – gollete), elaborado con el molde del mismo proceso de manufactura, se representa a una imagen antropomorfa, con las facciones definidas, simétricas y armónicamente estructuradas. Los ojos son círculos concéntricos en relieve, la boca una banda en bajo relieve, dando la apariencia de estar entreabierta. La parte lateral del gollete lleva dos protuberancias de forma semicircular con perforación central que representarían las orejas de la imagen antropomorfa (Fig. 7).
  6. Vaso (HSR-T21-C6) hallado en el lado este de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de paredes divergentes, labio redondeado y base plana irregular. Elaborado con la técnica del modelado, en atmósfera reductora de cocción irregular y completa; la superficie externa es de color gris oscuro y se encuentra bruñida, mientras que la superficie interna es de color gris claro y sólo presenta bruñido en el borde y la parte media de la vasija. Se identifica una gran cantidad de inclusiones de micas en la composición de la pasta. Presenta decoración en alto relieve consistente en una banda elevada en la parte superior del cuerpo (Fig. 7). Este tipo de vasijas es de estilo foráneo, tendría sus orígenes en la tradición Tiahuanaco (comparar con Millones – Fundación El Monte 2001: 359), apareciendo luego en el Horizonte Medio 1, especialmente en tumbas de gente que no pertenecería a la élite como la de Qori Huillca en Ayacucho (Ochatoma y Cabrera 2001:101). Las excavaciones en el sector ceremonial de Conchopata revelaron la presencia de vasijas rituales entre las que se encuentran vasos de diferentes estilos. “Su presencia no es frecuente en las unidades domésticas habiendo sido encontrados en contextos de tumbas y el área ceremonial en “D” (Ochatoma 2007:247). En esta zona de Conchopata se halló cuatro tipos de vasos, siendo el primer grupo el que presenta características similares a las descubiertas en el vaso HSR-T21-C6 de la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa. En San José de Moro, Valle del Jequetepeque, se registraron vasos similares en las tumbas MU626-C6, M-U729-C2 como materiales pertenecientes a la fase Mochica Tardío C (Castillo 2000), así como en la Tumba M-U615 del Período Transicional (Castillo et al. 2008)
  7. El cántaro lenticular (HSR-T21-C7), estuvo ubicado al lado norte de la osamenta del personaje. Se trata de una vasija de cuerpo lenticular, gollete recto, borde divergente, labio redondeado y base plana. Fabricado en atmósfera reductora, cocción irregular y completa; la superficie es de color gris. La vasija es moldeada y presenta pulido como acabado superficial. Presenta decoración en alto relieve dispuesto en el gollete, consistente en un desnivel que marcarían la inflexión cuello – borde, dando la impresión de tratarse de una banda. El cántaro está decorado con aplicaciones de forma semicircular con perforación central, colocados en la parte superior del cuerpo (hombros de la vasija), cerca de la inflexión con el gollete.
    (Fig. 7)
  8. Valva de Spondylus (HSR-T21-Ml1) ubicada al centro de las extremidades inferiores, a la altura de los huesos de las manos (Fig.7).
    Fig. 7. Tumba 21 (HSR-T21). Conjunto de ofrendas de cerámica y una valva de mullu (Spondylus princeps) colocada entre sus manos.

     

    LA TUMBA 21 Y LA SECUENCIA OCUPACIONAL DE LA PLANICIE 2 La excavación de las unidades 11 y 12 nos han permitido entender preliminarmente la secuencia ocupacional del área norte de la Planicie 2. Los contextos arquitectónicos y funerarios recuperados permitieron establecer las primeras características de la ocupación del Horizonte Medio como parte de la secuencia ocupacional de la Planicie 2, que se habría iniciado durante la fase Mochica Medio y habría finalizado con la ocupación Lambayeque.

    La Tumba 21 (HSR-T21), descubierta en la unidad 11, fue colocada en el interior del Recinto 3 pero de manera intrusiva, pues rompe el muro 10 (muro sur del recinto) y los pisos 2a y 2b correspondientes a un momento de ocupación previo al entierro de las tumbas 20 y 21 y los fenómenos de lluvia que sepultaron la capa 3 donde subyace la HSRT21 (Fig. 8)

    Fig. 8. Área norte de la Unidad 11. Se identificó unidades arquitectónicas y pisos deteriorados, así como una gran cantidad de entierros de camélidos, un conjunto de ofrendas de Spondylus trabajado y dos Tumbas (HSR-T20 y HSR-T21). A esta capa se le conoce como capa de las ofendas.

    TUMBA 21

    RECINTO 3

    Tomando como referencia la ubicación del contexto funerario, se puede entender los procesos de estratificación cultural de la Planicie 2, ubicando como primeras ocupaciones a la fase Mochica Medio, materializada por la presencia de arquitectura y objetos cerámicos, mientras que la ocupación Mochica Tardío estaría definiéndose por materiales cerámicos del particular estilo de Línea Fina. Entre esta ocupación y la capa 4 se halló un conjunto arquitectónico de singulares características constructivas para el valle de Lambayeque, se trata de arquitectura en tapial, que muestra marcadas diferencias a los tapiales Gallinazo e Inca. En este conjunto arquitectónico, al que venimos denominando el Templo del Tapial se identificaron recintos, corredores, escalinatas de acceso, hornacinas y un patio cuyas dimensiones y morfología aún falta determinar. La denominación de “templo” se debe a las escasas huellas de uso en los ambientes y el trabajo invertido en sepultar esta arquitectura con arcilla pura y bien elaborada (Fig. 9).

    Fig . 9. Área sur de la Unidad 11. Unidades arquitectónicas que componen el Templo del Tapial. Al norte se ubican las capas del Horizonte Medio donde fue hallada la Tumba 21. El edificio fue cubierto con arcilla fina y bien preparada, al parecer este evento tendría relación con el final del Intermedio Temprano y el Horizonte Medio.

    El Templo del Tapial fue cubierto al momento de la construcción de las unidades arquitectónicas ubicadas a la partir de la capa 4, lo que nos permite establecer un orden cronológico relativo de los acontecimientos de la Planicie 2. En esta secuencia tenemos a la Tumba 21 en la capa 3 cuyos materiales corresponden estilísticamente al Horizonte Medio 2, así tenemos que las vasijas más diagnósticas descubiertas (HSR-T21-C3, C4, C5 y C6) corresponden, según la cronología establecida para San José de Moro, al Período Transicional (800 – 950 d.C. aproximadamente) (Castillo et al. 2008), aunque algunas formas parecen tener paralelos durante el final de la Fase Mochica Tardío o lo que para San José de Moro se conoce como Mochica Tardío C o tercera fase (Castillo 2000, 2003; Gayoso 2004), este es el caso de la HSR-T21-C1, C2, C6 y C7 (Fig. 10, 11 y 12).

    A

    A

    B

    C

    D

    EFig. 10 . HSR-T21, ofrendas de cerámica recuperadas (A-D), nótese las similitudes con las vasijas halladas en la tumba de la textilera M-U1316 de San José de Moro (Castillo y Rengifo 2009), ubicadas en la imagen inferior (E).

    A

    A

    B

    C

    D

    D

    Fig. 11. HSR-T21, ofrendas de cerámica recuperadas (A y D), nótese las similitudes con las vasijas halladas en la tumba M-U615 de San José de Moro (Castillo et al. 2008) (C) y en Huaca Bandera en el valle de La Leche (B) (Curo et al. 2011).

    A

    B

    C

    D

    E

    F

    G

    H

    I

    Fig. 12. Diferentes muestras de keros con la clásica decoración de la banda en relieve en la parte superior del cuerpo. Esta tradición se habría iniciado en Tiahuanaco (A y B) y luego habría influenciado a los estilos Wari de inicios del Horizonte Medio (C) (Millon es –Fundación El Monte 2001). Este estilo se halló en la Tumba Wari del Horizonte Medio de Qori Huillca-Ayacucho (D) (Ochatoma y Cabrera 2001) y en los espacios ceremoniales de Conchopata (E) (Ochatoma 2007). En la Costa norte este estilo apareció en Huaca Bandera (F) (Curo et al. 2011) y San José de Moro (G) (Castillo et al. 2008), así como en la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa (H). Este estilo de keros perdurará hasta la fase Lambayeque Medio incluso en soportes como el metal (I).

    Los materiales registrados como ofrendas en la Tumba 21 corresponden a vasijas de calidad intermedia[4], y que han sido comúnmente utilizadas en actos rituales como el caso de la HSR-T21-C3 y C6. El patrón de enterramiento constituye una forma atípica para el Horizonte Medio 2 (Fig. 13), si tomamos como referencia los entierros de San José de

    Moro, “…la posición flexionada sentada, típica de la tradición serrana, tampoco fue asimilada en San José de Moro sino hasta el periodo Lambayeque. La posición extendida dorsal y la orientación en el eje noreste-suroeste siguió predominando en San José de Moro durante el periodo Transicional.” (Rucabado 2008:375-376). Los estudios de las tumbas Lambayeque de San José de Moro determinaron que “La posición flexionada, principal característica de las tumbas de los tipos B y C, se observa en San José de Moro por primera vez durante el periodo Lambayeque. Casi el total de los contextos funerarios que comparten esta característica pertenecen a la fase Lambayeque Medio.” (Bernuy 2008:61).

    La Tumba 21, entonces, muestra un patrón funerario que va a popularizarse durante el Intermedio Tardío, constituyéndose hasta el momento en el antecedente más próximo de este patrón que se habría iniciado, al menos en Huaca Santa Rosa, durante el Horizonte Medio 2. La cerámica hallada nos revela el estatus del individuo sepultado, colocándolo en un nivel intermedio, en relación a la calidad de objetos y principalmente por la presencia del vaso de estilo Wari monocromo, cuya presencia sólo se da en actividades rituales, y al parecer en este tipo de contextos reemplazaría a los keros polícromos tan cotizados en el área andina y cuyo acceso debió ser contralado por las élites gobernantes (Fig. 12). Quizá sea particular encontrar este contexto funerario asociado a eventos intensos de lluvia que habrían erosionado la arquitectura donde fue depositada y también la de cobertura, sugiriendo que el suceso funerario ocurrió durante tiempos de anomalías climáticas relacionadas con eventos pluviales intensos, quizá un fenómeno El Niño. Aún es necesario analizar los demás materiales asociados y las mismas osamentas para determinar las causas de la muerte y otros rasgos del individuo, teniendo en cuenta que se trata de un personaje adolescente no mayor de 15 años aproximadamente.

    Después de los eventos pluviales y el entierro de la Tumba 21, el área fue reacondicionada, construyendo nuevamente muros delimitatorios asociados a fragmentería de cerámica doméstica de estilo Lambayeque. Aún es necesario excavar otras áreas en la Planicie 2 para caracterizar la ocupación Lambayeque, pues esta ha sido severamente afectada por actividad antrópica.

    EL HORIZONTE MEDIO EN HUACA SANTA ROSA DE PUCALÁ

    Las investigaciones arqueológicas relacionadas con el Período estilístico conocido como Horizonte Medio en la Costa Norte del Perú han ido en aumento, esto se debe al interés generado por entender los procesos de colapso de la sociedad Mochica y el surgimiento de Lambayeque. Los trabajos de investigación en San José de Moro y Cerro Chepén (Valle del Jequetepeque) aperturaron nuevos horizontes para comprender los procesos socioculturales y políticos que se desarrollaron durante el colapso de la élite gobernante Mochica (Rucabado y Castillo 2003; Castillo 2003), además se ha recopilado valiosa información sobre la presencia de materiales cerámicos de otras latitudes como los estilos Nievería, Atarco, Viñaque, Pachacámac y Cajamarca (Castillo 2000, Rosas 2007).Estos materiales cerámicos, vinculados con las vasijas descubiertas en la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa corresponderían al Horizonte Medio 1 y 2, momento en que aparentemente decae el poder político Mochica.

    En el valle de Lambayeque, la presencia de materiales del Horizonte Medio 2 de rasgos similares a los documentados en el Valle de Jequetepeque, son escasos. En Pampa Grande solamente se identificó materiales de estilo Mochica Tardío (Shimada 1994; Castillo 2000; Rojas et al. 2006; Wester et al. 2006), mientras que en Sipán, recientemente se han descubierto elementos cerámicos de estilos Mochica Tardío (Chero 2007, 2008, 2010), con características semejantes a las que Castillo (2000) clasifica como el primer momento de la Fase Mochica Tardío A, etapa en la que se inician los cambios en la entidad gobernante e introducen nuevas tendencias morfológicas en la producción de bienes suntuarios, desde luego con el régimen y pervivencia de las tendencias precedentes. En Sipán aún es necesario determinar la naturaleza de la ocupación Mochica Tardío identificada en el sector II y IV del Complejo (Bracamonte 2008), donde se reconoció conjuntos residenciales similares a los investigados en Pampa Grande (Rojas et al. 2006; Wester et al. 2006) y cerámica doméstica de estilos Mochica Tardío y Cajamarca Costeño.

    Fig. 13. Reconstrucción hipotética (explosivo) de la forma de enterramiento de la Tumba 21 de Huaca Santa Rosa de Pucalá. (Dibujo Percy Fiestas)

     

    Fig. 14. Estilos de cerámica hallados en la Unidad 11, asociados a las capas donde se recuperó la Tumba 21. A) Cántaros Mochica Tardío, B) Botellas Mochica Tardío, C) Asa de botella Mochica V, D) fragmentos decorados de estilo impreso, E) Estilos Cajamarca cursivo y cursivo floral y F) fragmento de vaso Wari de manufactura local.

    Mientras las evidencias de Pampa Grande y Sipán reflejan los procesos de transformación estilística Mochica en Lambayeque, lo hallado en Santa Rosa de Pucalá nos muestra, además de este fenómeno, la aparición de materiales Lambayeque junto a vasijas de clara influencia Wari y reminiscencias Mochica en contextos como rellenos de unidades arquitectónicas, áreas de ocupación doméstica y un contexto funerario (Tumba 21).

    Aún es prematuro determinar el rol que jugó Santa Rosa en el proceso de transformación de las entidades gobernantes Mochicas hacia el Estado Lambayeque en este valle norteño, pero queda claro que los mecanismos de legitimación del poder por parte de las Élites Mochicas, así como las estrategias de integración entre la costa y la sierra vecina fueron productivos no sólo en el Valle del Jequetepeque, sino también en el Valle de Lambayeque. Es necesario ahora determinar rutas de interacción ideológica y económica, tanto al sur como al norte con el vecino valle de La Leche, donde se ha descubierto recientemente un Centro ceremonial del Horizonte Medio con presencia de materiales Mochica Tardío (polícromo) y del Período Transicional (Curo et al. 2011). La presencia de la Tumba 21 y de abundantes fragmentos de cerámica de estilo Mochica Tardío, Cajamarca serrano, Cajamarca costeño, Wari, Wari local, nievería, impreso y Lambayeque Temprano (Fig. 14), no sólo llena un vacío cronológico en el valle de Lambayeque, también deja muchas interrogantes sobre las relaciones intravalle e intervalle; ¿acaso Santa Rosa de Pucalá es sólo el punto de convergencia de grupos culturales dueños de diferentes estilos durante el Horizonte Medio?, de ser así, ¿qué factores determinaron el papel que desempeñaría Santa Rosa en los procesos de transformación de entidades políticas y religiosas Mochica a Lambayeque?. Quizá una de las mayores discusiones que debemos plantear con estos hallazgos es la relación Sipán – Pampa Grande – Santa Rosa, buscando aclarar si el poder y prestigio de Pampa grande y su monumental arquitectura Mochica Tardío se habrían trasladado a Santa Rosa al consumarse el colapso Mochica durante el Horizonte Medio 2 o quizá Santa Rosa, por su larga secuencia ocupacional de más de 2,500 años, compitió por el liderazgo en el valle y durante el Horizonte Medio se convirtió en el único centro de poder por encima de Pampa Grande y la otrora pujante urbe de Sipán. Estas respuestas se podrán encontrar a medida que las investigaciones en Santa Rosa logren determinar la naturaleza de la ocupación del Horizonte Medio, caracterizarla y desde luego entender si estamos ante un desarrollo con mucha fuerza local o sujeto a muchas y muy marcadas influencias foráneas.

     

    AGRADECIMIENTOS:

    Deseo expresar mi gratitud al Dr. Walter Alva por su constante asesoramiento, del mismo modo a Bruno Alva y Ceyra Pasapera por sus revisiones y sugerencias; a Julio Rucabado por los comentarios sobre algunas vasijas de la Tumba 21. También expreso mi agradecimiento a Mayra Medina quien estuvo a cargo de las excavaciones en la Tumba 21 y la Unidad 11, apoyada por Hoover Rojas y Doris Rodriguez, estudiantes de Arqueología de Universidad

    Nacional de Trujillo. También agradezco a Leslie Cochayalle, Percy Fiestas, Luis Saavedra y Rosendo Domínguez quienes colaboraron en la revisión del material, los gráficos y la búsqueda de bibliografía.

     

    UNIDAD EJECTURORA 005 NAYLAMP – LAMBAYEQUE
    MUSEO TUMBAS REALES DE SIPÁN
    PROGRAMA ARQUEOLÓGICO VALLE DE LAMBAYEQUE

    La Tumba 21: Un contexto funerario del
    Horizonte Medio en Huaca Santa Rosa de
    Pucalá, Valle de Lambayeque

    EDGAR BRACAMONTE LÉVANO

    Ponencia presentada al XVII Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina y
    Amazónica “Alfredo Torero Fernández de Córdova” realizado del 22 al 27 de agosto de
    2011.

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    1. Huaca Santa Rosa de Pucalá forma parte del Programa Arqueológico Valle de Lambayeque que también involucra a Cerro Pátapo y Cerro El Combo.
    2. Director del Programa Arqueológico Valle de Lambayeque. Arqueólogo del Museo Tumbas Reales de Sipán de Lambayeque
    3. Collud – Zarpán es un complejo arqueológico ubicado en la sección baja del valle de Lambayeque y está formado por una extensa plataforma de aproximadamente 500 ml por 300 ml, donde destacan tres grandes estructuras piramidales de filiación Lambayeque construídas sobre la ocupación del Período Formativo (1200-100 a.C.).
    4. La calidad intermedia se le denomina a las vasijas que no son finas ni de calidad burda (Castillo 2003:91)
Los señores de los templos

Durante las dos últimas décadas, la investigación científica de las suntuosas tumbas de Sipán, San José de Moro, Batán Grande y Pashash ha vuelto a concentrar la atención de los arqueólogos en los líderes de los antiguos Andes. Esto ha originado un renovado interés por los palacios del mundo prehispánico. Pese a que el interés por las actividades cotidianas se ha desplazado hacia la vida de las élites, se ha dado poca importancia a los líderes que ejercieron su dominio antes de 200 d. de C. Ello se debe en parte a la ausencia de tumbas equivalentes en tamaño y riqueza a las de tiempos posteriores. Esta situación también refleja el reto que supone identificar a los líderes de esas épocas más antiguas, así como el problema de comprender cuán distinto pudo haber sido el liderazgo antes de la aparición de un estado completamente desarrollado. En las páginas siguientes resumiremos las evidencias existentes sobre los líderes andinos de los tres primeros milenios antes de Cristo y examinaremos las implicancias de esos descubrimientos. A lo largo del periodo estudiado, aquellos individuos que poseían autoridad parecen haber estado íntimamente ligados a los templos y a las actividades religiosas asociadas a los mismos (Fig. 1). De ahí el título de este capítulo.

Autor: Richard Burger

La autoridad en el periodo Precerámico Tardío (2700-1800 a. de C.) y sus antecedentes

En el escenario actual es difícil imaginar una sociedad sin líderes. Pero los antropólogos socioculturales, al estudiar las culturas de pequeña escala en todo el mundo, han documentado muchas en las que el liderazgo se encuentra intencionalmente disperso y nunca compromete a un solo individuo o familia. El etnógrafo francés Pierre Clastres ha explorado la ausencia de poder político entre los grupos nativos de las tierras bajas de Sudamérica, y afirma:

Ellos tenían una muy temprana premonición sobre el riesgo mortal que entraña la trascendencia del poder para el grupo y el reto que signifi ca para la propia cultura el principio de una autoridad que es externa y creadora de su propia legalidad.

¿Existieron esas sociedades relativamente igualitarias en el pasado prehispánico o corresponden a un desarrollo reciente, quizá incluso a la fantasía de académicos románticos?

Fig. 2. Mapa de ubicación de los principales sitios arqueológicos de los periodos Precerámico Tardío e Inicial.

Aunque las evidencias respecto de los periodos más tempranos de la prehistoria andina siguen siendo limitadas, varios proyectos se dedican al estudio del periodo Precerámico Medio (4500-2700 a. de C.), la época en la que aparecieron los primeros poblados en los Andes Centrales. Un conjunto de datos particularmente rico proviene de Paloma, donde docenas de viviendas fueron analizadas y más de un centenar de tumbas fueron recuperadas. Es significativa la ausencia de evidencias de la casa de un jefe o de la tumba de algún líder. Los hallazgos de Paloma se reflejan en otros sitios del mismo periodo y, al ser tomados en conjunto, resultan coherentes con un modelo de sociedad sin líderes poderosos.

El Precerámico Tardío o periodo Arcaico (2700-1800 a. de C.) está marcado por la aparición de vastos centros públicos con arquitectura monumental a lo largo de la costa y de la sierra del Perú. Centros como Caral, El Paraíso, Kotosh y La Galgada tienen pirámides con terrazas y plazas abiertas que rivalizan en tamaño con muchos centros administrativos posteriores (Figs. 2, 3). No obstante, una cuidadosa excavación de un amplio conjunto de construcciones en Caral, así como en El Paraíso y otros centros del periodo, ha demostrado que estas enormes edifi caciones y grandes plazas abiertas fueron construidas no solo por razones administrativas sino también como ambientes para actividades religiosas.

Ciertamente, el diseño y la construcción de estos vastos complejos requería de líderes que planearan y coordinaran las obras públicas, y que organizaran las actividades ceremoniales para las que estas edificaciones fueron concebidas, pero los arqueólogos han excavado en vano en pos de la tumba de un «Señor de Caral» o de una «Señora de La Galgada». A pesar de las excavaciones a gran escala hechas en cementerios de sitios del Precerámico Tardío como Río Seco y Bandurria, no se ha hallado a ningún individuo cuyo tratamiento mortuorio sugiera que él o ella fuera un líder prominente con poder coercitivo sobre el trabajo o los excedentes generados por los demás. Tal vez esto no deba sorprendernos. Clastres y otros especialistas han observado que incluso entre las sociedades nativas de Sudamérica que cuentan con líderes institucionalizados, «los privilegios del cacicazgo por lo general no residían en el plano material». En efecto, entre muchos grupos nativos de las tierras bajas de Sudamérica la exigencia de que los caciques fueran generosos evitaba que acumularan cualquier riqueza significativa que pudiera diferenciarlos de los demás miembros de la sociedad; de esta manera se reforzaba el ethos igualitario que seguía prevaleciendo en esas sociedades. Era la legitimidad de esos líderes, expresada a través de la ausencia de beneficios materiales derivados de su autoridad, lo que les permitía organizar proyectos de trabajo corporativo sin tener que recurrir a medidas de coerción.

Fig. 3. Conjunto de estructuras en Kotosh, Huánuco, uno de los sitios más importantes del Precerámico Tardío.

El sitio de La Galgada ha proporcionado evidencias que pueden arrojar cierta luz sobre la naturaleza del liderazgo durante el último periodo del tercer milenio anterior a Cristo. Aunque está situado a solo 1100 metros sobre el nivel del mar en la árida cuenca del río Tablachaca, tributario del Santa, sus construcciones ceremoniales son muy similares a las de la tradición religiosa Kotosh de la sierra y se asemejan a las cámaras rituales que hay en ese sitio y a las de Kotosh, Huaricoto y Piruru. Sin embargo, a diferencia de otros centros de la misma época ubicados en la sierra o en la costa, las cámaras rituales de La Galgada fueron reutilizadas como cámaras mortuorias luego de haber sido cubiertas por un nuevo —aunque similar— conjunto de construcciones ceremoniales. La mayoría de individuos enterrados en este sitio tenían menos de 4 o más de 40 años, y una cuarta parte de los mismos superaba los 50 años de edad. Puesto que solo un pequeño número de los pobladores que construyeron y realizaron actividades de culto en el sitio fueron enterrados allí, es probable que el grupo representado en las sepulturas proviniera de las principales familias de esa sociedad.

Fig. 4. Detalle de figurina de barro sin cocer de Áspero, valle de Supe. La figurina tiene cabellera larga y un collar sencillo. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, Lima.

Aun cuando los hombres y mujeres adultos enterrados en las cámaras de La Galgada pueden haber sido los líderes de esa sociedad, los bienes que los acompañaban no son especialmente notables. Por ejemplo, en las tumbas más antiguas, dos mujeres adultas llevaban gorros de algodón y estaban cubiertas con tiras de corteza, y el individuo masculino que las acompañaba se hallaba envuelto en una manta doble de algodón amarillo y había sido colocado sobre una red de fibras vegetales. A otra mujer le faltaba el manto de algodón de uso común pero tenía cuatro alfileres de hueso para el pelo, pedazos de carbón de antracita y de cristal de roca. Entre las tumbas más antiguas, este último entierro era particularmente elaborado. En las tumbas algo posteriores las ofrendas eran más usuales y con frecuencia incluían alfileres de hueso para el pelo con incrustaciones, collares de piedras talladas y conchas marinas junto con artefactos de piedras verdes parecidas a las turquesas. Aunque con el tiempo los elementos exóticos parecen tornarse más comunes, aumentan en todas las tumbas del sitio en lugar de concentrarse en unos pocos individuos. Por tanto, su presencia parece reflejar la creciente importancia de los intercambios a larga distancia para el grupo principal que vivió en el sitio, antes que la aparición de gobernantes muy poderosos. Las tumbas de La Galgada sugieren que el liderazgo de las sociedades del periodo Precerámico Tardío debe ser considerado, más bien, en términos de familias con riqueza y poder limitados, y que estaban vinculadas a la arquitectura religiosa.

Fig. 5. Figurina de estilo Cupisnique. El personaje tiene marcas en el rostro y luce un collar. Esta figurina más tardía que las de Áspero muestra mayor cuidado en los rasgos y la manufactura. Colección particular.

En la costa se descubrió una línea paralela de evidencias en las viviendas desenterradas en Caral, en el valle medio de Supe. Cada una de las principales pirámides estudiadas cuenta con un área habitacional adyacente que consiste en pequeños cuartos rectangulares interconectados. Su tamaño, construcción y distribución indican que cada complejo de viviendas sería apropiado para las actividades domésticas de una familia grande. Los artefactos asociados corroborarían tal interpretación. Más aún porque en La Galgada los complejos habitacionales solo podrían haber albergado a una pequeña parte de la sociedad responsable de la construcción de las enormes pirámides y plazas. Este patrón sugeriría que a un conjunto menor de la población se le permitía establecer su residencia al pie de los recintos arquitectónicos sagrados, mientras que la mayoría vivía en pequeños poblados o en asentamientos cerca de sus campos. También parece razonable asumir que el grupo que residía en el centro justifi caba su ubicación privilegiada por su relación especial con las actividades que desarrollaban allí y, tal vez, por su relación con las propias deidades. Los desechos de estas viviendas no indican que sus residentes tuvieran un estilo de vida diferente del que llevaban los demás miembros de la misma sociedad. En apariencia, el rol que se les atribuía como líderes religiosos les permitía coordinar actividades para el bienestar público, tanto en este mundo como en el próximo, pero era imposible que acumularan riquezas o un poder coercitivo.

Otras evidencias sobre la naturaleza del liderazgo del periodo Precerámico Tardío se desprenden de las escasas representaciones de los propios líderes. En El Áspero, en el valle de Supe, se encontraron numerosas figurinas de arcilla sin cocer que representan a personajes adultos vestidos con indumentaria destacada (Figs. 4, 5). Estas figurinas solo aparecen ligadas a la arquitectura de los templos, por ejemplo, al menos trece de las figurillas de arcilla gris blancuzca sin cocer estaban enterradas entre dos pisos de un pequeño cuarto en la Huaca de los Ídolos. Más de un centenar de figurillas similares a aquellas de Áspero se han descubierto en Caral, también en contextos ceremoniales. Resulta tentador verlas como representaciones de los líderes de la sociedad, pero en ellas no se advierte ningún interés por hacer un retrato, aspecto que se mantiene a nivel rudimentario y genérico, aunque hay cuidado en representar los tocados característicos, los peinados, los collares de cuentas y las vestimentas. Estos elementos fácilmente identificables de los atuendos y estilos personales pueden ser considerados como emblemas de su estatus. El descubrimiento de raros collares de piedra rectangulares y biconcoidales, como los que lucen las figurinas de Áspero, sugiere que las imágenes de arcilla cruda representan los verdaderos elementos de la indumentaria que usaban selectos miembros de la sociedad. Asimismo, resulta significativo que las figurinas de arcilla sin cocer representen tanto a hombres como mujeres. Este patrón es coherente con las tumbas de La Galgada estudiadas, al igual que con los estrechos vínculos físicos entre las figurinas y la arquitectura ceremonial.

Otro raro ejemplo de iconografía figurativa relacionada con esta discusión son las litoesculturas que decoran la terraza inferior de Cerro Sechín, ubicado en la parte baja del valle de Casma. No existe consenso en torno a si datan del periodo Precerámico Tardío o del comienzo del periodo Inicial. Estas litoesculturas representan una escena histórica o mítica en la que varios guerreros victoriosos se dirigen hacia la entrada del templo, separados por los cadáveres mutilados o pedazos de los cuerpos del grupo derrotado. De los cientos de esculturas, solo una pequeña fracción representa a los guerreros triunfantes en lugar de los muertos o víctimas mutiladas. En el arte prehispánico del Perú, la jerarquía de la condición social se expresaba usualmente a través de la escala, indumentaria y/o colocación de las representaciones humanas, de modo que es significativo que todos los guerreros victoriosos tengan aproximadamente el mismo tamaño, lleven tocados similares de forma cónica y punta plana, usen taparrabos iguales, luzcan el mismo peinado y estén descalzos. La mayoría de ellos llevan mazas que parecen bastones o porras. Dada la semejanza entre los guerreros, no es fácil localizar al líder de esta partida de guerra triunfante. No obstante, las dos fi guras que aparecen guiando a la procesión podrían ser consideradas como de una condición especial debido a su ubicación. Ambas portan elaborados bastones y una de ellas resulta única por cuanto está adornada con cabezas decapitadas que cuelgan de su cintura (Fig. 6).

Fig. 6. Muro de la terraza interior de Cerro Sechín. Entre los litoesculturas destaca un guerrero que sostiene un mazo ceremonial en la mano y lleva como adorno dos bandas con cabezas trofeo.

Creemos que la forma en que estos guerreros victoriosos están representados en estas tallas alude a una sociedad en la que los principios de jerarquía política y social todavía no se han desarrollado. Los líderes apenas se destacan y, en el único caso notorio, la jerarquía está determinada por los símbolos de una hazaña personal, representada aquí por las cabezas trofeo colgantes, antes que por llamativos emblemas del atuendo u otros símbolos, muy comunes en épocas posteriores. Las litoesculturas de Cerro Sechín presentan un fascinante contraste con las escenas de guerreros victoriosos de una cultura ulterior como Moche. En esas imágenes se representan numerosas diferencias en la indumentaria de los distintos guerreros y las escenas a menudo terminan con la presentación de los individuos derrotados ante un ostentoso líder moche, cuya categoría está señalada por su notable vestimenta y porque se encuentra sentado por encima de los demás sobre una pirámide escalonada.

El periodo Inicial y sus líderes (1800-800 a. de C.)
Fig. 8. Collar del líder de Cardal, elaborado distancia o a los artesanos especializados, ni tampoco supone control sobre el trabajo con dientes de un mamífero marino. Museo de la Nación, Lima.

Durante el segundo milenio anterior a Cristo, la agricultura cobró mayor intensidad y la población aumentó con rapidez. Los valles costeños y serranos llegaron a poblarse más densamente, aun cuando la mayoría de los habitantes seguía residiendo en pequeños poblados y asentamientos. Los centros públicos fueron más comunes pero la escala de sus construcciones empequeñeció con respecto a los impresionantes monumentos del periodo Precerámico Tardío. Probablemente no existe ningún otro periodo en la prehistoria de los Andes Centrales que tenga tantos y tan grandes complejos piramidales como el periodo Inicial, y hacia el final del segundo milenio anterior a Cristo no era inusual que un mismo valle de la costa central contara con diez o más centros, cada uno con sus propias pirámides con terrazas y vastas plazas abiertas. No obstante, la suposición de que este florecimiento de la construcción fuera supervisado por líderes poderosos no ha sido confirmada.

No se han encontrado tumbas notables de líderes prominentes, como tampoco se han desenterrado palacios reales. Por el contrario, parece que el patrón del liderazgo se concentraba en familias selectas con poder limitado y un lazo estrecho con la arquitectura religiosa que predominaba en sus centros cívicoreligiosos. En muchos aspectos, el periodo Inicial se asemeja al patrón del Precerámico Tardío que hemos abordado previamente, a pesar de que en ciertas áreas hay indicios de brotes de divergencia en relación con ese patrón.

Los trabajos arqueológicos en los centros de la cultura Manchay en los valles de Chancay, Chillón, Rímac y Lurín, en la costa central, han encontrado evidencias que son particularmente relevantes para considerar un liderazgo que precedió a la aparición del estado. Al menos nueve centros en forma de «U» fueron construidos en las zonas bajas y medias del valle de Lurín durante el periodo Inicial, pero solo tres de estos —Mina Perdida, Cardal y Manchay Bajo— han sido investigados hasta ahora en profundidad. Aunque la construcción piramidal comenzó en los albores del periodo Inicial en Mina Perdida y a mediados del mismo en Manchay Bajo, no se han hallado mayores evidencias de ocupación en estos sitios que no fuesen las de una residencia estacional, en la época anterior al periodo Inicial Tardío. Sin embargo, hacia 1100 a. de C. sus residentes vivían en moradas compuestas por varios cuartos pequeños, con cimientos de piedra y construcciones superiores con materiales perecibles.

Fig. 7. Orejeras de hueso del líder de Cardal. de animales que fueron varados por la marea y no cazados, pero la ausencia de joyas

El número de habitantes nunca sobrepasó unos pocos centenares. Las viviendas de Mina Perdida y Cardal estaban localizadas detrás de la arquitectura ceremonial y unas escaleras traseras deben de haberles dado un fácil acceso a los ambientes de las terrazas y las cumbres de las pirámides. Como en La Galgada y Caral, estos ocupantes constituyeron probablemente un subgrupo de especial prestigio dentro de una sociedad más grande. Sin embargo, los desechos de sus viviendas sugieren que la dieta y las actividades diarias podrían haber sido similares a las de aquellos residentes en los pequeños asentamientos cerca de sus campos de cultivo. Las familias que habitaban los centros en forma de «U» pueden haber sido los líderes de sus comunidades, pero tallaban sus propias herramientas de hueso, separaban laboriosamente sus semillas de algodón y hacían sus amuletos con las piedras del lugar. Pocos de sus bienes provenían de fuera del valle y la mayoría se obtenían en el litoral y los hábitats de la parte baja del valle, a pocas horas de distancia de los sitios. En Cardal, donde varias viviendas han sido estudiadas, se han hallado pocas diferencias entre las edificaciones y los artefactos vinculados a las mismas. Las tumbas se encuentran dentro y alrededor de las viviendas, pero los muertos eran enterrados en fosas modestas sin arquitectura funeraria y casi ningún objeto funerario.

 

Fig. 9. Botellas asa estribo de estilo Cupisnique. Otras similares fueron encontradas en contextos ceremoniales y funerarios. Colección Enrico Poli, Lima.

Depender de evidencias negativas resulta frustrante y el fracaso en cuanto al descubrimiento de tumbas notables o residencias palaciegas puede ser poco convincente, aun cuando exista concordancia con otras fuentes de evidencias como la iconografía. Por esta razón, el hallazgo de un cementerio en la cumbre de la pirámide central de Cardal es de especial interés, ya que se esperaría que los individuos enterrados allí proporcionen una visión exenta de ambigüedades de los líderes de este centro del periodo Inicial. En la última fase de construcción del sitio, el atrio fue enterrado ritualmente bajo un nuevo relleno de piedras y se construyó encima otro casi idéntico; justo antes de que esto sucediera, un conjunto de fosas funerarias fue excavado en el suelo del atrio medio. En las tumbas yacían hombres y mujeres de varias edades, incluso adultos mayores de 50 años, y también niños.Varios de los dieciséis individuos enterrados en este emplazamiento ventajoso carecían de ofrendas, pero otros estaban acompañados por uno o dos objetos de uso diario como husos y ollas de cocina.

 

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Fig. 10. Botella asa estribo de estilo Cupisnique que presenta la transformación de un rostro humano en un rostro sobrenatural. Museo Larco, Lima.

Un hombre mayor enterrado en medio del grupo de tumbas se diferenciaba porque llevaba un collar con trece caninos de león marino perforados y adornos redondos para las orejas tallados en huesos de ballena (Fig. 7). Si juzgamos por los adornos personales, este individuo puede ser un raro ejemplo de un líder del periodo Inicial, quizá uno de los poquísimos sujetos de esa categoría jamás desenterrados por un arqueólogo. El emblema de autoridad que ostenta y el hecho de que sea llevado exclusivamente por él son datos ilustrativos. Tanto el collar como las orejeras pertenecen a mamíferos marinos conocidos por su gran tamaño y fuerza (Fig. 8). El collar nos recuerda a aquellos hechos de dientes de jaguar que usaban los líderes de los bosques tropicales de Sudamérica y a aquellos otros confeccionados con garras de oso que llevaban los líderes de los bosques templados de Norteamérica. En ambos casos, los materiales eran cuidadosamente escogidos para refl ejar las cualidades espirituales que el líder buscaba encarnar, al igual que para exhibir sus hazañas personales como cazador. En el caso de Cardal, los huesos de ballena empleados en las orejeras probablemente provenían de animales que fueron varados por la marea y no cazados, pero la ausencia de joyas o artefactos elaborados con huesos de ballenas en otras tumbas o entre los desechos indica que el uso de este material era una prerrogativa del líder.24 La posesión de los peculiares collares y orejeras no implica un acceso a las redes de comercio de larga distancia o a los artesanos especializados, ni tampoco supone control sobre el trabajo de otros. Por último, este aparente líder de Cardal se asemeja a los otros por haber sido enterrado junto con un instrumento de uso diario que fue empleado durante su vida, en este caso un punzón de hueso que era requerido para la confección de alfombras o textiles. Así, mientras que el líder de Cardal puede haber jugado un rol clave al coordinar la construcción de este complejo piramidal de 14 metros de altura, el contenido de su tumba también revela que estaba comprometido con las actividades habituales de subsistencia, junto con el resto de la comunidad.

Fig. 11. Botella asa estribo de estilo Cupisnique, con forma de fruto y cabezas de serpientes que caen sobre su cuerpo. Colección Enrico Poli, Lima.

A primera vista, las evidencias de Cardal coinciden con la imagen de un liderazgo temprano asociado a un subgrupo de familias y quizá vinculado por el parentesco a la organización y administración de los centros religiosos que eran el núcleo de la vida social y política de estas sociedades de pequeña escala. También encajan adecuadamente con la aparente incompatibilidad entre el liderazgo y las ventajas materiales y el rechazo societal al liderazgo coercitivo y a los símbolos ligados al mismo. La identificación del líder primario con un hombre de edad avanzada también es coherente con la mayoría de modelos antropológicos de liderazgo no coercitivo en las sociedades anteriores al estado. Asimismo, existen indicios de que en Cardal pueden haberse producido tensiones que socavaran el patrón de un liderazgo cuyo poder residía fundamentalmente en la ausencia de poder. El cementerio sobre la cumbre del sitio fue creado mediante el traslado de tumbas ya existentes desde el lugar de su entierro original hasta el atrio, una ubicación que poseía una carga simbólica. ¿Intentó así el grupo líder extender o reafi rmar su autoridad? ¿Fue esta reubicación de los muertos en

Fig. 13. Botella asa estribo de estilo Tembladera. El personaje principal es un individuo masculino, cuyo cuerpo yace sobre dos frutos. Colección Enrico Poli, Lima.

la cumbre de la pirámide un rechazo de los líderes a la costumbre habitual de la sociedad de sepultarlos en las viviendas? ¿Se buscaba formular una declaración simbólica al colocar a los ancestros de los nuevos líderes más cerca de los dioses que de los seres terrenales? ¿Se pretendía situar aparte al liderazgo, usurpando físicamente áreas que antes habían estado reservadas para los rituales religiosos? El registro arqueológico de Cardal aún está lejos de ser concluido, pero estas posibilidades son intrigantes, sobre todo por el abandono del sitio y de otros centros del valle de Lurín y sus adyacentes hacia fi nes del periodo Inicial. ¿El declive de los centros de Manchay estuvo relacionado con una crisis en el liderazgo tradicional de los complejos en forma de «U»?

Fig. 12. Botella de estilo Tembladera. Es un personaje femenino, con un cántaro sobre la cabeza y decoración incisa sobre la túnica. Colección Enrico Poli, Lima.

En otros lugares de la costa, las evidencias de líderes del periodo Inicial son difíciles de localizar. En el valle de Casma, donde se encuentra la mayor concentración de sitios con arquitectura pública del periodo, no se ha hallado tumbas notables o residencias pala ciegas, pese a los amplios estudios y excavaciones realizados desde la época de Tello.

Más al norte, en los valles de Moche y Chicama, en el corazón de la cultura Cupisnique, la excavación de numerosas tumbas del periodo Inicial que llevaron a cabo Rafael Larco y arqueólogos posteriores muestra un patrón ligeramente distinto al de la costa central.

Aunque la mayoría de individuos fueron enterrados en fosas sin alinear, estuvieron acompañados por un rango más amplio de bienes funerarios, entre los cuales los adornos personales y los objetos exóticos eran más comunes, así como cestos y estupendos ceramios (Fig.9). Algunos fueron enterrados con anillos de hueso tallado que lucían en tres, cuatro e incluso cinco dedos, aretes de hueso tallado con incrustaciones de conchas y turquesas, y faldas hechas con miles de cuentas (Fig. 15).

Estos artículos estaban relativamente difundidos y quienes los usaban fueron enterrados en fosas simples, con solo dos o tres vasijas de cerámica. En suma, estas tumbas parecen avalar la existencia de gente próspera con más acceso a redes de intercambio de larga distancia que los pobladores de la costa central, pero no corroboran la presencia de líderes poderosos (Fig. 11).

Algunas vasijas de cerámica de la cultura Cupisnique parecen mostrar líderes, o a sus míticos antepasados, y resulta interesante considerar estas representaciones. Por ejemplo, una clásica botella cupisnique con asa en forma de estribo presenta a un adulto con un peinado característico, orejeras y taparrabo; sus lazos con el mundo sobrenatural se hacen patentes por los elaborados símbolos religiosos tallados en su espalda. La iconografía de la pieza sugiere la habilidad del personaje para trascender la esfera de la experiencia y entrar en el mundo sobrenatural. Un tema similar se encuentra en una famosa botella cupisnique con asa en forma de estribo cuya imagen está dividida entre un rostro humano por un lado y un rostro con rasgos de jaguar por el otro (Fig. 10).

Fig. 15. Pectoral de hueso con incrustaciones de conchas de estilo Cupisnique. Museo Larco, Lima.

El característico estilo Tembladera del valle medio del Jequetepeque fue contemporáneo a la alfarería cupisnique clásica y se hallaba estrechamente relacionado con ésta; sus vasijas muestran a menudo hombres ricamente vestidos y mujeres que llevan unos impresionantes pectorales de cuentas de piedras semipreciosas y un complejo peinado. Pero, aun cuando estas representaciones parecen realistas, con frecuencia tienen fi guras sobrenaturales en la espalda o incluyen motivos religiosos en la indumentaria del personaje, lo que sugiere que las fi guras humanas desempeñaban el rol de líderes religiosos. Un rasgo distintivo de muchas de estas piezas de Tembladera es que la fi gura humana toca un instrumento musical semejante a una ocarina o una quena. La asociación de los líderes tempranos con los instrumentos musicales se vuelve aún más común en el Horizonte Temprano y se explica por la función especializada que cumplía la música como elemento central del ceremonial religioso y no de la vida profana.

Otro interesante aspecto de las representaciones de Tembladera es que reparte su énfasis entre hombres y mujeres adultos (Figs. 12, 13); en algunos casos esto se resalta al mostrarse a los dos juntos en la misma pieza. Unas cuantas vasijas de Tembladera presentan fi guras femeninas sosteniendo a bebés, lo que refuerza la idea de que debemos pensar sobre el liderazgo del periodo Inicial en términos de grupos familiares que incluyen hombres, mujeres y niños (Fig. 14). También vale la pena anotar que algunas de las tumbas del valle medio del Jequetepeque tuvieron forma de torres de mampostería con cámaras internas; aunque habían sido profanadas, al parecer por lo menos algunos entierros eran colectivos. Este es un dato significativo pues se trata de un patrón que se relaciona con el descrito para La Galgada, mientras que en otras tumbas había solo hombres o mujeres adultos enterrados individualmente. Basándose en la arquitectura funeraria y las ofrendas, Yuji Seki concluyó que en La Bomba y Montegrande «los individuos enterrados posiblemente pertenecieron al grupo sacerdotal de dicha sociedad». Puesto que en esas tumbas los restos corresponden tanto a hombres como mujeres, se podría implicar que el liderazgo religioso en esa área no estaba limitado a los varones.

Fig. 17. Trompeta de Strombus de Kuntur Wasi, Cajamarca. Tiene incisiones decorativas en estilo Chavín.

Una de las raras muestras del liderazgo en la sierra durante el periodo Inicial Tardío procede de La Capilla, un sector del gran centro público de Pacopampa, en el norte de Cajamarca. En este sitio los arqueólogos encontraron una amplia construcción oval excavada en la roca. Daniel Morales afirma que es una residencia que tal vez fue ocupada por los especialistas religiosos que se encargaban de las actividades del templo Entre los desechos asociados a la construcción, unos huesos humanos cortados y quemados seguían en abundancia a los huesos de venado, lo que sugiere que el canibalismo puede haber sido una de las prerrogativas del liderazgo en esa área. Entre los artefactos ligados a la vivienda se hallaban figurinas de cerámica hueca con pelo hasta los hombros y cerquillo corto, patillas, orejas alargadas en forma rectangular y largas túnicas parecidas a cushsmas. Dados su naturalismo y el cuidado puesto en el vestido y peinado, pueden haber sido representaciones de líderes religiosos o de sus ancestros semimíticos.

Varios casos de la sierra parecen demostrar que los líderes del periodo Inicial usaban su autoridad y prestigio para acumular mayor riqueza, en mayor grado que sus similares costeños, pero como en Pacopampa, estos líderes poderosos se mantuvieron estrechamente vinculados a la vida de los templos. En La Galgada, por ejemplo, los entierros del periodo Inicial aún eran múltiples. Incluían a hombres, mujeres y niños, pero entre las ofrendas había piezas importadas como un pendiente de ámbar perforado, una vasija de cerámica foránea decorada con serpientes bicéfalas y un fragmento de meteorito. La arquitectura de la tumba consistía en enormes muros de piedra techados con vigas horizontales de pared a pared y piedras cortadas que tenían hasta un metro de largo. En términos de la labor que demandó la construcción de esta galería de tumbas, aparte de los muros de contención, y considerando la calidad y rareza de los bienes funerarios, daría la impresión de que los líderes del sitio estuvieran comenzando a apropiarse del trabajo de sus seguidores con fi nes particulares, además del objetivo público de efectuar rituales y levantar una construcción ceremonial. Un patrón similar parece haber surgido en el valle del Huallaga, en el centro religioso de Shillacoto, donde fue construida una gran tumba sobre la superficie, con el interior pintado de rojo, en el periodo Inicial Temprano. Como en La Galgada, la tumba era para un grupo de por lo menos siete individuos. La construcción de grandes edificaciones de mampostería de carácter mortuorio en sitios del valle medio de Jequetepeque y del valle del Huallaga para honrar a prominentes grupos familiares nos remite a una de las modalidades de legitimación de los derechos políticos más comunes usadas por los líderes andinos en la prehistoria tardía de los Andes.

El Horizonte Temprano (800-200 a. de C.)
Fig. 16. Monolito que representa a un personaje sobrenatural. Kuntur Wasi, Cajamarca.

La aparición de líderes verdaderamente poderosos en los Andes Centrales debe de haber ocurrido durante el Horizonte Temprano, en conjunción con el desarrollo del culto chavín y su amplia esfera de interacción tanto en la sierra como en la costa del Perú. Es posible que estos líderes hayan sido sacerdotes especializados y capaces de transformar su autoridad en los asuntos sobrenaturales en un medio de control del trabajo de la comunidad y en una habilidad para acumular riqueza personal. La evidencia más importante de ese desarrollo es la proliferación de tumbas individuales llenas de ofrendas compuestas por elaboradas joyas de oro, alfarería importada, pigmento de cinabrio y otros artículos raros y valiosos. Por desgracia, las grandes tumbas del Horizonte Temprano en Zaña, Lambayeque, Huarmey, Ica y otros lugares de la esfera chavín o de su ámbito de influencia han sido saqueadas. Sus evidencias subsisten a través de las historias de los huaqueros y de las coronas de oro, telas pintadas y otros emblemas de riqueza y poder que albergan los museos y colecciones privadas en todo el mundo.

 

Afortunadamente, un grupo de tumbas del Horizonte Temprano pertenecientes a los primeros líderes del centro serrano de Kuntur Wasi no cayó en manos de los saqueadores. Ocho de estas tumbas fueron excavadas por un equipo de la Universidad de Tokio dirigido por Yoshio Onuki. En el sitio predominan las plataformas de mampostería, plazas abiertas y trazadas con piedras y grandes esculturas de piedra con representaciones de temas religiosos (Fig. 16). Pese a que el centro fue establecido en el periodo Inicial Tardío (conocido localmente como la fase Ídolo), todas las tumbas notables que se encontraron datan de las fases del Horizonte Temprano local que se denominan Kuntur Wasi (800-500 a. de C.) y Copa (500-250 a. de C.). Todas fueron halladas en la cumbre del complejo del templo, en hondos pozos excavados dentro de las plataformas con fachada de piedra. Luego de los entierros, las tumbas fueron selladas y cubiertas por construcciones posteriores. En un temprano proyecto dirigido por Julio C. Tello en los años 1946-1947 también se descubrió una tumba valiosa. En total, las nueve tumbas de Kuntur Wasi contenían preciosos objetos de metal y otros artículos de valor. Todas albergaban entierros individuales de hombres y mujeres adultos. El contenido de las mismas implicaba que los difuntos habían acumulado poder y riqueza considerable durante sus vidas, y Onuki interpretó que dichos sujetos fueron los líderes del centro.

Fig. 18. Vista del Templo Nuevo de Chavín de Huántar, Ancash.

Cuatro tumbas se encontraban dentro de la alta plataforma central, junto al eje central del sitio, mientras que otras cuatro estaban en una plataforma de la cumbre más pequeña, al sur. Las diferencias en ubicación y contenido sugirieron a Onuki que probablemente existió en el sitio una organización jerárquica de liderazgo sacerdotal. Por otro lado, estas tumbas muestran una inversión de trabajo mayor que en las fosas del periodo Inicial: los pozos tienen un promedio de 2,5 metros de profundidad, 1,5 metros de diámetro, y todos cuentan con una cámara lateral al fondo del hoyo. Ningún individuo tenía menos de 30 años y varios contaban con 60 o más años, una cifra muy superior a la edad promedio en el Horizonte Temprano o en cualquier otro periodo prehispánico. Entre los muertos de la fase Kuntur Wasi había cuatro hombres y una mujer; de la siguiente fase Copa, apenas se hallaron dos tumbas notables y estas pertenecían a un hombre y una mujer adultos. De ahí que si las tumbas encontradas en la cumbre del sitio pertenecieron a los líderes es posible concluir que la longevidad, antes que el género, fue un factor importante para determinar el liderazgo en el Horizonte Temprano.

 

Fig. 19. Detalle de la plaza circular del Templo Viejo de Chavín y sus fri

Las investigaciones recientes sobre sociedades complejas han puesto énfasis en la relación entre la acumulación de riqueza y la habilidad para ejercer el poder, aunque manteniendo la legitimidad. Por lo general, los objetos que encarnan el poder pueden ser reconocidos a pesar de las diferencias culturales porque reflejan altos niveles de control —directo o indirecto— de los recursos económicos, del trabajo o del conocimiento tecnológico. Jonathan Kenoyer ha resumido cuatro supuestos útiles para identificar los objetos de valor: 1) Los artículos raros o exóticos tienen mayor valor que las materias primas disponibles a nivel local. 2) El valor de un objeto se incrementa con la cantidad de trabajo requerida para su producción. 3) Los procesos tecnológicos que implican numerosas etapas, altos grados de destreza y/o conocimiento técnico especializado aumentan el valor de un objeto. 4) Una vez que un artículo ha sido aceptado como un símbolo de riqueza dentro de una sociedad, las élites intentarán restringir el acceso a las materias primas o al conocimiento con el fi n de limitar su producción y controlar su uso.

 

Los artículos desenterrados de los pozos de las tumbas de Kuntur Wasi encajan bien con la definición y principios articulados por Kenoyer. Como se adelantó, muchos de los objetos de estas tumbas eran artículos raros o exóticos. Por ejemplo, uno de los entierros contenía trompetas hechas de conchas de caracol Strombus, una materia prima cuya fuente más próxima es la cálida corriente marina que baña las costas de Ecuador (Fig. 17). Varias de las otras tumbas incluían cientos de cuentas de conchas Spondylus que también provenían de aguas profundas distantes del litoral ecuatoriano, a unos 300 kilómetros al noroeste. Igualmente, los difuntos fueron cubiertos con cinabrio, un pigmento que se obtiene a partir de raros depósitos de sulfato de mercurio, una sustancia poco común y cuya probable fuente es la mina Santa Bárbara próxima a la ciudad de Huancavelica, que está ubicada a unos 700 kilómetros al sur de Kuntur Wasi. Otros artículos como los pendientes de piedras y cuentas fueron elaborados con piedras semipreciosas y relativamente raras como calcedonia, jaspe, crisocola y esteatita, cuyas fuentes aún no han sido identificadas. También se hallaron miles de cuentas confeccionadas con conchas del Pacífico que eran traídas desde las playas ubicadas a 80 kilómetros al oeste.

Fig. 20. Laja tallada de Chavín de Huántar, en la que se representa uno de los personajes sobrenaturales con rasgos de felino, típicos de este estilo. Museo Nacional Chavín, Ancash.

Además, en estas tumbas de Kuntur Wasi abundaban los artefactos de oro y plata; su presencia implica el control de un gran volumen de trabajo al igual que de individuos con habilidades especializadas y un conocimiento tecnológico esotérico. Los preciados objetos de metal de las tumbas principales constituyen las joyas que usaban los líderes fallecidos. Eran comunes sobre todo las coronas, las orejeras, los collares y los pendientes de oro, y en algunos casos también las narigueras (véase p. 255, Fig 3). El oro es un mineral raro que solo puede obtenerse mediante un tedioso proceso minero o de recolección; luego debe ser laboriosamente transformado en adornos valiéndose de una tecnología especializada que supone martillar delgadas láminas, cortar, moldear y soldar. La cantidad de objetos y la variedad de técnicas utilizadas en los artefactos de oro de Kuntur Wasi y otros sitios afines implicaba controlar una labor considerable o los recursos para adquirir el oro nativo, así como las habilidades especializadas y el conocimiento necesario para producir estas joyas.

 

Por último, las tumbas de Kuntur Wasi contenían finas botellas de cerámica y otras vasijas, algunas de las cuales no eran de producción local. En suma, todas las tumbas, ya fueran de varones o mujeres, albergaban mucha más riqueza que la que ha sido encontrada en cualquier otro sitio del Precerámico Tardío o del periodo Inicial.

Dada la repentina aparición de desigualdades materiales, vale la pena considerar el contexto de la situación. Todas las tumbas eran parte física de la arquitectura ceremonial del templo de Kuntur Wasi. Además, muchos de los objetos preciados ostentaban imágenes del mundo mítico y sobrenatural que constituía el foco de las actividades religiosas del centro monumental. Aparentemente, los líderes de Kuntur Wasi tenían la prerrogativa de llevar objetos de oro, plata y piedra con las imágenes de los dioses y de los héroes míticos de su cultura. Si se toma en cuenta la presencia de las trompetas de Strombus, es probable que los artículos de las tumbas fueran realmente usados o portados durante las ceremonias de aquel centro serrano. Al ser enterrados con esos objetos, los líderes fallecidos llegaban a estar vinculados para siempre con las poderosas fuerzas sobrenaturales representadas en los elementos que componían su indumentaria.

Fig. 21. Una de las deidades principales de Chavín de Huántar. Nótese que porta una concha tropical en cada mano (Strombus sp. —pututu— y Spondylus sp.). Museo Nacional Chavín, Ancash.

Las tumbas de Kuntur Wasi y su ubicación son un testimonio del uso del conocimiento religioso y de la autoridad en el Horizonte Temprano que legitima un tipo de poder coercitivo ausente en épocas anteriores. Resulta significativo que en ninguna de ellas hubiera armas o herramientas de irrigación, piezas que se podría haber esperado hallar si las hazañas militares o el control del agua hubieran sido la base de su creciente autoridad. Asimismo, no había ofrendas humanas, un hecho que indica que el poder coercitivo de estos líderes tempranos se encontraba por debajo del que ejercieron los gobernantes de los posteriores estados andinos. También destacan por su ausencia las herramientas de uso cotidiano que prevalecían en las tumbas del periodo Inicial en Cardal. Si los líderes de esta época estuvieron alguna vez comprometidos con actividades mundanas de subsistencia como la agricultura, eso no es algo que se desprenda del examen de sus tumbas.

Existe la posibilidad de deducir datos adicionales sobre el carácter y las vidas de los líderes del Horizonte Temprano a partir del registro arqueológico de Chavín de Huántar, que está ubicado en el valle de Mosna, a 3150 metros sobre el nivel del mar (Fig. 18). Pese a que no se ha excavado ninguna tumba de élite en este famoso centro, hay evidencias de que valiosos objetos de metal, análogos a aquellos encontrados en Kuntur Wasi, fueron saqueados en algún momento antes de 1941. En 1975 se recobraron fragmentos de oro y de joyas hechas con conchas Spondylus en las supuestas residencias de la élite situadas al oeste del núcleo del templo. Uno de los rasgos únicos de Chavín de Huántar es la profusión de imaginería figurativa en cientos de tallas en piedra y otros materiales (Fig. 20). Es posible interpretar que algunas de estas esculturas representan a los líderes del centro o a sus míticos predecesores. Puesto que en muchas culturas tradicionales el sacerdote se convierte en el ancestro mítico durante las ceremonias, esta distinción resultaría insignificante. En cualquier caso, estas representaciones proporcionan una visión de las vestimentas, actividades y fuentes de autoridad de los líderes que no puede ser inferida a partir de contextos funerarios como los de Kuntur Wasi.

Fig. 22. Cuchara de oro y plata de estilo Chavín. Fue elaborada con las técnicas de martillado y soldado, y representaría a un sacerdote que toca un pututu (Strombus sp.). Colección Dumbarton Oaks, Washington, D.C. a) Vista anterior. b) Vista posterior.

Las esculturas que rodean el lado oeste de la Plaza Circular del Templo Viejo conforman un grupo particularmente sugerente (Fig. 19). Tomadas en conjunto, parecen mostrar una procesión de sacerdotes con sus atavíos o de sus míticos ancestros, los cuales convergen en pares repetidos sobre las escaleras que conducen a la fachada del Templo Viejo. Se puede conjeturar que este conjunto de litoesculturas proporciona el fuero mítico para los rituales que eran ofi ciados por los sacerdotes en la Plaza Circular. Las piedras mejor preservadas muestran fi guras antropomorfas con bocas con colmillos, manos como garras y patas de animales. Una de las parejas duplicadas lleva coronas y trompetas de concha de Strombus. Estos dos objetos vinculan a las fi guras con la parafernalia sacerdotal enterrada junto con los líderes de Kuntur Wasi y también con las trompetas de Strombus halladas al lado de la Plaza Circular de Chavín de Huántar, en la Galería de las Caracolas. También resultan interesantes las representaciones escultóricas de elementos perecibles del atuendo de los líderes, como un tocado que incluía una cola de jaguar colgante o una elaborada capa de plumas de aves, que sobresalía y estaba adosada a la espalda del sacerdote.

A través de la representación de los elementos exóticos de la vestimenta que llevaban los míticos antepasados de los dirigentes, las esculturas de piedra de la Plaza Circular legitimaban el control que ejercían los líderes tempranos de Chavín sobre los artículos raros y exóticos. Aparentemente, estas esculturas no solo muestran figuras antropomorfas que sostienen trompetas de Strombus, sino también conchas Spondylus enteras.51 Tal vez la expresión artística más poderosa y que justifica el vínculo cosmológico de los líderes de Chavín con los valiosos artículos exóticos sea una escultura que decora el Templo Nuevo y no la Plaza Circular. La famosa escultura denominada La Medusa representa a la principal deidad Chavín, según Rowe,52 con una concha Spondylus en una mano y una trompeta de Strombus en la otra; así, pues, se recurría a estas raras conchas para encarnar los principios del dualismo dinámico y de la armonía societal (Fig. 21). En una escultura ligeramente posterior, la célebre Estela de Raimondi, la deidad tiene báculos en ambas manos. No es descabellado sugerir que el par de conchas exóticas de aguas ecuatorianas, al igual que el par de elaborados báculos, eran los emblemas de la autoridad suprema de las deidades y, por extensión, de la potestad de sus representantes, los líderes sacerdotales.

Una de las esculturas mejor preservadas de la Plaza Circular muestra una figura antropomorfa con colmillos que sostiene un báculo que se parece a un tallo del cactus alucinógeno San Pedro (Fig. 19). La imagen es particularmente importante porque alude a otra fuente de autoridad de los líderes religiosos: el control de los alucinógenos y la habilidad inherente para transformarse en jaguares y águilas arpías con el fi n de ejercer su influencia en el orden sobrenatural en nombre de los integrantes de su comunidad.

Este poder de transformación de los sacerdotes bajo la influencia de alucinógenos parece haber sido el tema principal de las cabezas clavas que se proyectan en las cornisas exteriores del muro superior del templo (Fig. 23). Estas tallas líticas muestran las distintas etapas del proceso de transformación: 1) cabezas humanas alteradas por un reciente consumo de estas sustancias y con una ligera indicación de descarga mucosa debido a la irritación nasal causada por éstas; 2) rostros semihumanos con significativas transformaciones ocasionadas por la incorporación de elementos animales y con una fuerte descarga mucosa que indica el impacto del alucinógeno; 3) transformación total del rostro humano en la cabeza de un jaguar o de un águila.

Los líderes religiosos de los bosques tropicales de Sudamérica continúan consumiendo sustancias psicotrópicas para convertirse en felinos o grandes aves, al igual que los curanderos modernos de la costa y sierra del Perú.55

Fig. 23. Cabeza clava de Chavín de Huántar que representa a un personaje con rasgos antropomorfos. Museo Nacional Chavín, Ancash.

Otro detalle interesante de las cabezas clavas es su representación de un llamativo mechón, que al parecer constituía el peinado usual de los sacerdotes de Chavín. Este mismo peinado se observa en la efigie animal que adorna una cuchara de oro para inhalar perteneciente a la colección Dumbarton Oaks, lo que permitió que esta fi gura fuera identificada como la de un líder chavín (Fig. 22).56 Este objeto único, atribuido a Chavín de Huántar, constituye una soberbia muestra de artesanía y su uso probablemente estuvo reservado para las ceremonias más importantes, cuando se necesitaba aspirar alucinógenos. En el extremo de la cuchara se observa a un sacerdote soplando una trompeta de concha Spondylus de plata mientras se acuclilla sobre un taburete hecho con tejido de esterilla. Los taburetes bajos fueron importantes símbolos de autoridad prehispánicos, tanto en el imperio inca como en los antiguos Andes del norte. La cuchara, un objeto compuesto de oro y plata, suministra el primer indicio de que los taburetes bajos pueden haber estado vinculados al liderazgo en los Andes Centrales durante el Horizonte Temprano. Si los taburetes eran hechos con materiales perecibles como la fi bra de esterilla, tal como implica la pieza de la colección Dumbarton Oaks,entonces es imposible que subsistiera algún ejemplo de los mismos en un medio ambiente como el de la sierra. La fi gura sacerdotal del utensilio tiene una cabeza de águila de estilo Chavín grabada en la espalda, quizá para hacer referencia al proceso de transformación que facilitaba la inhalación de los alucinógenos colocados en la cuchara de oro.

Otras esculturas de Chavín de Huántar y sitios aledaños incluyen representaciones que pueden corresponder a los líderes del templo o a sus míticas contrapartes, sosteniendo armas como cuchillos, lanzas, garrotes, estólicas, dardos e incluso sangrantes cabezas trofeo.Algunas de estas mismas figuras llevan instrumentos musicales o bien otras piezas de la parafernalia ceremonial. Por ejemplo, una escultura de Pojoc tallada con un estilo que recuerda al de la Plaza Circular, muestra una fi gura que sopla una trompeta mientras porta una honda tejida. Dada la ubicación de los centros del Horizonte Temprano bajo la esfera de influencia de Chavín, resulta difícil sostener que la guerra fuera un factor significativo de la vida cotidiana o del surgimiento de un liderazgo poderoso. No obstante, las batallas rituales en los escenarios ceremoniales o las incursiones ocasionales en pos de víctimas para sacrificios pueden haber sido componentes del liderazgo temprano y es probable que la presencia de armas en las representaciones de Chavín tenga algún nexo con esa posibilidad. La presencia de huesos cortados y quemados en la Galería de las Ofrendas llevó a Luis Lumbreras a insinuar que se cometía canibalismo en un ambiente ceremonial de Chavín de Huántar y que, si ese era el caso, la procura de víctimas para el sacrificio y consumo podía haber estimulado el desarrollo de algunos de los más violentos temas del arte chavín.

La ubicación de las residencias de los líderes de Chavín aún no se ha determinado, pero los desechos encontrados en la zona residencial, en las laderas situadas al oeste del templo, aumentan las probabilidades de esta área. Una pequeña excavación desenterró allí parte de una vivienda con altos muros de piedra en lugar de los usuales cimientos bajos, un hecho coherente con los desperdicios de alto nivel asociados a la morada. Otra posible área de residencia son los oscuros cuartos del interior del templo. Los sacerdotes kogi de Colombia adiestraban a sus iniciados durante años en casas sin ventanas, así que la ausencia de luz en estos entornos podría haber sido intencional y no un obstáculo para su uso.

Buena parte de la arquitectura de Chavín de Huántar está consagrada a la creación de ambientes llenos de misterio, aunque su depurado estilo artístico parece haber puesto obstáculos a propósito, con el fi n de impedir una fácil interpretación de la imaginería (Fig. 24). Las edificaciones y esculturas del templo sugieren la existencia de una cosmología esotérica que solo podía ser totalmente comprendida por los especialistas religiosos. Esta conclusión concuerda con otras evidencias que indican que había una especialización en campos como la metalurgia y la hidráulica. Asimismo, tampoco hay indicios de una división entre un liderazgo religioso y otro profano. Por el contrario, todas las evidencias apuntan a que los líderes de Chavín de Huántar y centros afines como Kuntur Wasi fueron los sacerdotes especializados en el control de las actividades del templo. No es absurdo proponer la existencia de un grupo de líderes religiosos en el Horizonte Temprano, considerando que hubo especialistas religiosos de gran poder y prestigio en la etapa prehispánica tardía de los Andes, los cuales subsistieron durante las épocas colonial, republicana y moderna, tanto en los Andes como en los bosques tropicales de las tierras bajas del este.

Reflexiones finales
Fig. 25. Figurina antropomorfa proveniente de Puémape, costa norte. Nótese que está vestida con túnica y taparrabo, y tiene un collar. La indumentaria de la élite religiosa de los periodos tempranos se fue defi niendo con el paso del tiempo. Museo Nacional Chavín, Ancash.

A lo largo de estas líneas hemos mostrado que el carácter del liderazgo evolucionó lenta pero significativamente durante los tres milenios que configuran el Precerámico Tardío, el periodo Inicial y el Horizonte Temprano (Fig. 25). Antes de este último periodo, el liderazgo parece haberse concentrado en ciertos grupos de parentesco asociados con las actividades ceremoniales necesarias para asegurar la prosperidad y el bienestar de la unidad social más amplia. Aunque estos líderes tuvieron la capacidad de organizar proyectos sofisticados y de escala considerable, asumían las responsabilidades rituales además de sus actividades diarias de subsistencia y su estilo de vida difería poco del que llevaban los otros miembros de su comunidad. No hay indicios de que fueran capaces de emplear su prestigio como líderes para acumular riqueza o para apropiarse del trabajo de los demás en beneficio personal. Aunque existen ciertas señales de esfuerzos en pos de lograr una mayor concentración del poder durante el segundo milenio anterior a Cristo, estos no parecen haber alcanzado un éxito duradero. Solo con la aparición del culto chavín durante el primer milenio anterior a Cristo surgen sólidas evidencias de los líderes. Así, las pruebas de la existencia de dirigentes poderosos asoman mucho tiempo después de la construcción arquitectónica monumental de centros como Caral y Sechín Alto.

Como en épocas precedentes, los líderes del Horizonte Temprano se hallaban estrechamente vinculados a los templos que constituían el foco de la vida comunitaria.

Sin embargo, durante este periodo los líderes parecen ser sacerdotes especializados e iniciados en un mundo de conocimientos esotéricos que no era accesible al gran público. Su autoridad estaba basada en su relación especial con lo sobrenatural y fue apuntalada mediante el control de artículos exóticos, sustancias alucinógenas, y nuevas y sofisticadas tecnologías. Este nuevo poder les permitió acumular una considerable riqueza y apropiarse del trabajo de los demás para su beneficio personal. Es probable, aunque no una coincidencia, que estos cambios societales fundamentales ocurrieran en conjunción con la aparición y expansión de una nueva cosmología ligada al culto chavín. Se puede establecer la hipótesis de que un aspecto del nuevo sistema religioso era la justificación ideológica de las desigualdades materiales y el poder coercitivo. Aun cuando es posible que los líderes religiosos del Horizonte Temprano hayan cumplido también un rol en la organización de incursiones guerreras, probablemente fue secundario en relación con sus responsabilidades religiosas.

Al analizar las evidencias de las fases tempranas de los Andes Centrales resulta de interés que los roles en el liderazgo temprano puedan haber sido asumidos tanto por hombres como mujeres a lo largo de los tres milenios sometidos a consideración. La existencia de jerarquías religiosas paralelas para especialistas religiosos masculinos y femeninos en el periodo prehistórico tardío ha sido destacada por Irene Silverblatt, al igual que la presencia de deidades masculinas y femeninas en el Horizonte Temprano, de modo que esto quizá no deba sorprendernos.

Aunque los estudios tradicionales sobre la aparición de líderes religiosos en Sudamérica a menudo han puesto énfasis en la transición del chamanismo a los sacerdotes institucionalizados, nuestra interpretación del registro arqueológico sugiere que se produjo un cambio mucho más significativo: un grupo de dirigentes con poder limitado y cuya autoridad se apoyaba en el parentesco se convirtió en un grupo de líderes con un poder superior y cuya autoridad estaba basada en conocimientos religiosos esotéricos y en el control de las materias primas y nuevas tecnologías, emblemáticas de su elevada posición. Los sacerdotes tenían creencias y prácticas que en ciertos aspectos recuerdan a los chamanes históricos y modernos, pero la institucionalización de su rol societal guarda escasas similitudes con los chamanes descritos por la literatura etnográfica moderna. En efecto, individuos con roles semejantes a los de los chamanes pueden haber coexistido con los especialistas religiosos, pero tendrían que haber actuado en una esfera socioeconómica distinta y ejercido un poder mucho menor.

Fig. 24. Friso inferior de la plaza circular de Chavín que representa a un felino sobrenatural. Las manchas sobre su cuerpo lo relacionarían con el jaguar. Museo Nacional Chavín, Ancash.

Uno de los aportes de los tempranos líderes andinos fue el establecimiento de varias de las convenciones de riqueza y autoridad que se mantuvieron hasta la llegada de los españoles. Por ejemplo, la especial importancia del oro, la plata, las telas fi nas, el cinabrio y las piedras verdes fue determinada en el Horizonte Temprano y estos objetos perduraron durante los siguientes dos milenios como símbolos de riqueza, al igual que el uso de coronas, orejeras, narigueras, trompetas de concha Strombus y báculos, los cuales permanecieron como importantes símbolos de autoridad hasta bastante después de la desaparición de Chavín. De hecho, todos estuvieron presentes en el imperio Chimú. Aun cuando muchos de los símbolos y convenciones del liderazgo temprano subsistieron, la base religiosa y exclusiva de la autoridad que caracterizaba a los Andes en su fase temprana disminuyó con el tiempo, sin desaparecer nunca del todo.

 

 

Sipán

Conocido como Huaca Rajada, aquí es donde se encontró en 1987 la tumba del Señor de Sipán, uno de los gobernantes mochica más importantes del Antiguo Perú cuya civilización dominó la costa norte del país entre los años 100 y 800 d.C. Con él se hallaron piezas de oro y plata, así como restos de mujeres, niños y animales que fueron sacrificados para que viajasen con él a la otra dimensión.

Actualmente, este importante descubrimiento se encuentra expuesto en el museo del Centro Arqueológico de Sipán, uno de los más importantes de su época por su valor a nivel mundial. En la ciudad de Lambayeque, además, se ubica el museo Tumbas Reales de Sipán, donde se encuentran algunas de las joyas localizadas en la zona.

Fuente: National Geographic. Foto: Renzo Tasso

Chotuna-Chornancap: Escenarios Sagrados y Rituales Funerarios

La arqueología de la cultura Lambayeque está asociada a elementos que permiten entender y reconstruir su estructura sociopolítica, económica e ideológica, nos referimos a aspectos como: territorialidad, arquitectura monumental, relaciones comerciales, producción de bienes, jerarquía política y religiosa, rituales y consecuentemente la tradición oral (leyenda de Ñaymlap). A pesar de quienes discuten y cuestionan el valor de la tradición oral sobre Ñaymlap (Shimada 1995 y 2014a; Zuidema 1990), este relato se ha convertido en motivo de debate (Zevallos 1989), con pruebas arqueológicas cada vez más consistentes (Narváez 2011, 2014a y 2014b; Paredes 1987; Rucabado 2008, Fernández 2012, Wester 2013). No obstante, para reflexionar sobre la dinámica urbana regional y macroregional de esta sociedad y analizar los espacios arquitectónicos como escenarios sagrados, es indispensable examinar en la historia de la cultura Lambayeque y buscar argumentos en su pasado para entender a esta sociedad como el resultado y consecuencia de un proceso de continuidad y cambios.

En este contexto, el primer escenario que evaluamos está referido al territorio, un ámbito geográfico con superficie regular, de leves contrastes, con valles que discurren perpendicularmente en la región que garantizan la estabilidad del agua como el componente básico de la productividad agrícola y de la vida en general. Paralelamente, el litoral marítimo aseguró valiosos recursos no solo para la subsistencia sino para inspiración ideológica y mágico religiosa, como elemento de conexión con deidades ancestrales y finalmente el acceso al área andina y evidentemente al Marañón y Amazonia, que se convierten en los aspectos de mayor influencia que han generado la consolidación de la cultura Lambayeque.

En cuanto a la configuración del territorio y su entorno, este se convierte en un componente básico sobre el cual actúa el hombre para transformarlo y aprovecharlo; a pesar de ello existen condiciones climáticas o fenómenos que ejercen fuerte influencia en la distribución del territorio; en el caso singular de la costa norte del Perú (Figura 1), lo constituyen las corrientes marinas de Humboldt de aguas frías y la corriente marina El Niño de aguas cálidas. Hechas estas precisiones con respecto al territorio y a la geografía de la costa, es necesario examinar el panorama arquitectónico en el contexto de la historia regional, macro regional y la influencia que esta ha recibido a lo largo de los siglos. Las evidencias sobre el periodo Arcaico o Preceramico con agricultura (Lumbreras 1981), fueron inicialmente documentadas en el norte peruano en huaca Prieta en la parte baja del valle de Chicama y presentadas en 1948 por Junius Bird, los resultados que muestra su trabajo pionero, certifican la ausencia de cerámica y una evidente actividad extractiva en el océano Pacifico como consecuencia de la proximidad con el litoral, así como arquitectura de piedra construida por cantos rodados y domesticación de plantas y animales, asociados a nuevas formas de organización, proceso que ha venido en llamarse: Neolitizacion (Lumbreras op. cit).

Posteriormente, con las investigaciones de Tom Dillehay (1992), en el sitio de Nanchoc ubicado en la cabecera del valle de Zaña, donde registró montículos con estructuras simples de probable uso ritual, asociados a grupos de cazadores no especializados y horticultores incipientes de una antigüedad de 8000 a 5000 años antes del presente (Dillehay op. cit.), se convierten en valiosas evidencias para certificar la antigua data de la ocupación en la región Lambayeque, con un modelo de asentamientos dispersos en el Arcaico Tardío, hacia un modelo de organización más compleja que tiene su máxima expresión en el valle de Supe en el sitio Caral (Figura 2) perteneciente al Formativo Inicial, y que es considerado como el escenario físico social para el surgimiento y consolidación de la ciudad y estado más antiguo del nuevo mundo (Shady 2003).

La expresión física de los edificios en Caral revela de manera indiscutible que estamos ante uno de los paisajes culturales más antiguos de América precolombina, cuya configuración permite reconocer el desarrollo de actividades ceremoniales, comerciales, productivas, estructura política, desarrollo de arte (música), que expresan a una sociedad altamente organizada. Esta investigación abrió las puertas para el entendimiento sobre lo que sucedió al final del Arcaico e inicio del Formativo en los Andes centrales, sobre todo en un escenario poco explorado como es la arquitectura publica monumental y de función ceremonial. La concentración de importantes asentamientos entre la costa y el valle medio en lugares como Caral, Vichama, Bandurria, Végueta, Las Shicras, Áspero, etc., constituyen un claro indicador de como este territorio se convirtió en el escenario ideal para este desarrollo que encuentra en la arquitectura y en su entorno la expresión material del paisaje sagrado (Shady 2003).

Al abordar esta compleja combinación de elementos urbanos y ceremoniales, tiene sentido en varios aspectos reflexionar sobre la perspectiva de la arquitectura como escenario simbólico (Shimada 2014a:53-54), es decir cuando esta revela un mensaje como el caso de la forma del puma para el Cuzco (Shimada 2014a [Gasparini y Margolies 1980; Hyslop 1990; Rowe 1968 y Zuidema 1983]), o como el símbolo de la montaña y la ola, tan recurrentemente representado en el arte Mochica y Lambayeque que alude al tema del poder y el agua (Bock 2003 y 2012). Un aspecto que hay que destacar en la arquitectura temprana de Lambayeque, es que se ha documentado científicamente un templo perteneciente al Formativo Inicial, se trata de un singular centro ceremonial cuya construcción ubicada en la parte baja del cerro Ventarrón en la margen norte del rio Reque, el mismo que corresponde a un edificio pintado de varias fases, con típicos rasgos de arquitectura publica y convertido en el reflejo del discurso religioso de la época (Alva Meneses 2012). El funcionamiento de este extraordinario edificio, estuvo vinculado no solo a actividades rituales de elevado contenido ideológico, sino que la población desarrolló una agricultura con algodón, usó productos traídos de la zona amazónica y mantuvo una conexión con el litoral del Pacífico, que en suma revelan la existencia de un centro simbólico con culto al fuego, arquitectura con murales policromos con escenas de cacería de venado –llamado mural del venado cautivo- (Alva Meneses op. cit.), que lo convierten en un centro religioso de especial valor único en su género en la costa norte del Perú.

Este centro ceremonial del Formativo inicial, asociado al valle y a una elevada montaña como paisaje, constituye la más clara y remota evidencia del vigoroso surgimiento del urbanismo temprano en Lambayeque,y muestra como los grandes centros de culto están inspirados en armonía con el paisaje.

Centros ceremoniales de esta magnitud, que emergen en los años siguientes en esta región como: Purulén, Corbacho, Guayaquil, Huaca el Toro, El Búho, El Águila, Chumbenique, Poro Poro y Udima en el valle de Zaña, Morro Eten, Collud en el valle de Reque, Raca Rumi en Chongoyape, Huaca Lucia en el valle La Leche y Boliches en el valle de Olmos, todos ellos como parte del explosivo apogeo que toma la religiosidad y que se expresa en edificios y parajes que son centros del poder político y culto religioso, escenarios sagrados para los rituales durante los 1500 años a.C. Esta época asociada a una agricultura desarrollada, con técnicas alfareras y sofisticadas obras orfebres, así como jerarquías sociales y una estructura sociopolítica estrictamente religiosa y de fundamento teocrático, asociada tradicionalmente con una deidad ancestral que se configura como la divinidad felínica con atributos de serpiente, ave rapaz y ser humano, conocida como: Falcónida. Esta imagen aparece frecuente y recurrentemente representada en la arquitectura así como en la producción material.

En los Andes centrales existen extraordinarias evidencias que permiten demostrar que la arquitectura monumental se convierte en esta época en el escenario público principal para asegurar la presencia de la elite sacerdotal que transmite la liturgia y conduce los rituales. En la región norte de los Andes, existen casos concretos, como son los centros ceremoniales de: Montegrande, Kuntur Wasi excavados por la misión japonesa dirigida por Yoshio Onuki (Onuki 1997), Pacopampa investigado bajo la dirección de Yuji Seki (Seki et. al. 2010 y Seki 2014), Poro Poro y Udima excavado por Walter Alva y Susana Meneses (Alva 1985), posteriormente en una nueva temporada por Walter Alva y Emma Eyzaguirre (2012), Purulén (Alva 1985), Templo El Rollo en el rio Paltic (Wester et. al. 2000), La Congona excavado por Walter Alva y Emma Eyzaguirre (2013), Morro Eten y Poemape excavados por Carlos Elera (1993 y 1998). Todos estos centros ceremoniales concebidos en un espacio sagrado vinculados al agua, con un modelo arquitectónico que es el reflejo de la arquitectura con planta en “U”, plaza delantera cuadrangular, acceso mediante escalinata empotrada ubicada al centro del edificio principal (Figura 3).

Al analizar la configuración, emplazamiento y distribución de estos centros ceremoniales del Formativo en la costa y sierra norte del Perú, debemos reflexionar si cada uno de estos centros fue autónomo y sirvieron como centros sociopolíticos religiosos de un grupo social (Burger y Salazar 2014:308), o es que pueden ser interpretados como lugares sagrados o huacas conmemorativas de ancestros y fuerzas míticas y/o supernaturales responsables de la prosperidad de la comunidad (Burger y Salazar op. cit.). Otro elemento que es necesario destacar, especialmente en los edificios del periodo Formativo en la Sierra norte del Perú, es que la gran mayoría están asociados a una ubicación estratégica en una ladera plana de la montaña, mirando al escenario donde se ubica un rio o cauce de una quebrada, y estos a su vez tienen en el interior de la construcción monumental principal una trama de canales subterráneos (Onuki 1997, Seki et. al. 2010 y Seki 2014; Alva 1985, Wester et. al. 2000), que se articulan como un tejido que genera la circulación del agua, en una mágica escena de culto al agua y a su vez a la fertilidad agrícola. Esta trama de canales subterráneos da la idea que el edificio se constituye en un centro que genera el agua, la misma que se precipita hacia el exterior como parte del ritual simbólico al agua elemento sagrado. Casos que podemos citar son: Kuntur Wasi, Pacopampa (Figura 4), El Rollo y Udima por citar los más reconocidos. Este breve recuento de los grandes centros ceremoniales del periodo Formativo en el norte (costa y sierra), permiten demostrar que el rasgo de escenario sagrado no solo estaba marcado por la monumentalidad de la construcción, sino que estos se asocian a una geografía o paisaje sagrado. Las ceremonias religiosas más importantes se desarrollaban en estos lugares, donde la elite sacerdotal transmite su discurso con una liturgia que se mezcla con gestos, acciones y ornamentos que contribuyen a legitimar los rituales, el poder y la naturaleza sagrada de estos espacios arquitectónicos en el cual su entorno formo parte del ámbito ceremonial.

Dos elementos complementan esta reflexión, el primero es que en esta época surge un singular y peculiar estilo de cerámica fina (Chavín y Cupisnique), que se convierte en el espacio donde el discurso ritual es transmitido por la clase sacerdotal a la población; el segundo es el impresionante despliegue para lograr bienes confeccionados en oro, plata y platino que deslumbran por su calidad tecnológica pero que revelan en superficie un conjunto de imágenes religiosas de extraordinario impacto, prueba de ello son los materiales provenientes de Chongoyape, Corbacho, Kuntur Wasi, El Rollo (Figura5) y Pacopampa. Sin duda estos materiales certifican la especialización y elevada productividad, y se convierten en la señal del prestigio de la compleja estructura sociopolítica que emerge en esta época y que va a mantenerse con ciertos cambios en el siguiente milenio.

Hacia los primeros años de la era cristiana, durante el periodo conocido como Desarrollos Regionales Tempranos o Periodo Intermedio Temprano (Lumbreras 1981 y Rowe 1962), desarrollado entre los años 500 a.C. hacia 850 d.C., se producen profundos cambios en los Andes centrales, que son el resultado de un proceso de deterioro, extinción o declinación del sistema político y religioso instaurado en el Formativo, producto también del crecimiento poblacional, el insospechado aumento de la productividad agrícola, pero sobre todo el surgimiento de entidades políticas marcadamente regionales con legítimas aspiraciones de independencia e identidad propia (Canziani 2012: 179). Esta época, plenamente caracterizada por notables resultados artísticos, especialmente en cerámica, metales, textiles y arquitectura monumental, de carácter administrativo y residencial, constituye la verdadera época clásica o conocida como la época de los maestros artesanos (Lumbreras 1969). Un importante elemento para este proceso lo constituye sin duda el manejo profesional del agua, a través de sistemas de riego masivo que incorporó grandes extensiones de campos que elevaron la productividad y transformaron la base económica de las sociedades de dicha época (Canziani op. cit.), y que alteraron sensiblemente el paisaje del bosque costero.

Como consecuencia de este proceso, aparecen colosales construcciones de adobe y barro en forma de estructuras escalonadas, tronco piramidales, edificios elevados de lados inclinados, con rampas de acceso asociados a grandes plazas, algunos de ellos con fachadas decoradas con relieves policromos con escenas religiosas complejas donde deidades, líderes, ídolos y ancestros presiden estas fachadas como distintivo del carácter sagrado y venerable de estos monumentos, donde las elites ejercían el poder que se reafirmaba y legitimaba en los rituales presididos por sacerdotes y sacerdotisas (Castillo 2000 y 2003) y (Uceda 2000), que formaban parte de una clase distinguida que tiene el privilegio de usar todo un conjunto de bienes para sus ceremonias y que accede en forma exclusiva a la liturgia más selecta de la religiosidad de esta época. Otro aspecto fundamental es la aparición de pequeños ejércitos a manera de una elite militar, cuyos integrantes forman parte también de la nobleza gobernante. Existen evidencias que en el entorno de estos centros ceremoniales, residían los más expertos artesanos encargados de confeccionar los bienes más finos y valiosos que usaban las elites (Uceda 2000). Un elemento muy importante que debe remarcarse, es que los cambios drásticos que se operaron en esta época tienen visible repercusión en el escenario ideológico donde aparece un nuevo discurso o libreto cargado de imágenes y escenas, en las que deidades mayores y menores protagonizan e interactúan en solemnes actos que tienen singular impacto en la vida de la sociedad y que se convierten en el vehículo más dinámico para lograr el sometimiento y/o convencimiento de la población hacia la elite que se halla en la cúspide de la estructura jerárquica. Aparece una “nueva cosmovisión” (Canziani 2012), que marco con mayor énfasis las diferencias sociales entre aquellos que gozan del poder y controlan los recursos bajo un sistema institucionalizado calificado como Estado (Castillo 2000, Uceda 2000, Shimada 2014a, Canziani 2012 y Makowski 2008), frente a quienes se hallan al servicio de la clase gobernante.

Los grandes edificios que se construyeron, especialmente en la costa norte durante la época Mochica, fueron el reflejo del poder que habían logrado las elites, el control de la productividad, solvencia económica para el desarrollo de obras públicas, pero sobre todo el convencimiento que habían obtenido en las comunidades adyacentes. Estas construcciones fueron escenarios para grandes ceremonias instauradas en un calendario ceremonial, fueron también lugar para la concentración masiva de grupos que presencian y participan de ceremonias claves como sacrificios humanos (Bock 2012) y culto a los muertos. Las plataformas de adobe y barro fueron también espacios sagrados para el enterramiento de los señores y de su linaje más próximo, donde eran sepultados con sus bienes, patrimonio político y religioso con el que arriban al inframundo; casos conocidos son los documentados en las tumbas de: Sipán (Alva 1994 y 1999), San José de Moro (Castillo 1993, 1996 y 2000), Huaca Cao (Franco 2008), Ucupe Pueblo (Bourget 2008), Sacerdote Guerrero del valle de Virú (Strong y Evans 1952), La Mina (Narváez 1994), tan solo por citar los casos donde ha existido una excavación arqueológica científica.

La arquitectura monumental en la costa norte durante la época Mochica, estuvo expresada en reconocidos edificios como: Huacas El Sol y La Luna, Galindo, Huancaco, Pañamarca, Mocollope, Huaca Cao, Dos cabezas, Pacatnamu, San José de Moro, Ucupe Pueblo, Sipán , Pampa grande (Figura 6), Santa Rosa de Pucala, Huaca Bandera de Pacora, entre otras, que mantienen características comunes como edificios elevados mayormente de lados inclinados, con grandes rampas de acceso, plataformas superpuestas, fachadas decoradas, recintos techados, altares, tronos, escaleras que conectan recintos a desnivel; todos estos articulados bajo un claro y definido diseño y concepto simétrico y volumétrico. La idea generalizada de estos monumentales espacios arquitectónicos, es que fueron destinados principalmente para actividades rituales que transmiten el poder de los gobernantes, algunas de estas ceremonias eran públicas y otras privadas o restringidas. Así mismo, se estima que en algunos de estos lugares se emplazaban exclusivas residencias para la realeza, es decir, que podían tratarse de palacios o templo-residencia.

No obstante, es importante destacar que en varios casos se ha documentado arqueológicamente que estos escenarios fueron destinados también para el enterramiento de la elite sacerdotal, lo que significa la función de templo-mausoleo y espacio para que estos dignatarios vivan por siempre convertidos algunos de ellos en ancestros recordados y venerados. Un importante fundamento y complemento que justifica a este despliegue en la construcción de estos edificios, lo constituye en la época Mochica la difusión de conocidas escenas o temas, plasmados en el arte Mochica (Donnan 1975), en las que destacan impresionantes ceremonias como La Presentación, El Entierro (solo por citar los más emblemáticos), que debieron demandar de grandes escenarios y espacios arquitectónicos, que se convierten en lugares sagrados donde se reafirma la religiosidad y se consolida el poder de la clase gobernante. Hay que destacar que la arquitectura cumple un rol fundamental en esta composición iconográfica donde aparece representada como escenario sagrado.

En las proximidades a las grandes construcciones se ha documentado por ejemplo en Huaca de La Luna (Figura 7), residencias de elite en un área denominada núcleo urbano, estas corresponden a complejos asentamientos planificados con espacios diferenciados en cuyo interior reside un personaje de estatus privilegiado (Tello 1998), (Armas et. al. 2000),( Montoya et. al. 2000) y (Uceda 2008).

 

Autor: C Wester La Torre

Señor de Sipán: el Tutankamon americano

Walter Alva presentará en Rusia al ‘Tutankamón americano’

El arqueólogo peruano conversará en el ciclo «Los mejores museos del mundo» sobre el Señor de Sipán.

El arqueólogo peruano Walter Alva hablará hoy en Moscú (Rusia) sobre el Tutankamón americano, como es conocido popularmente el Señor de Sipán, cuya tumba fue descubierta por él mismo en 1987.

«La gente queda impactada cuando les hablo de las Tumbas Reales de Sipán. Lo comparan con las momias halladas en Egipto y lo llaman el Tutankamón de América», comentó Alva a la Agencia Efe.

Alva, que impartirá la conferencia en el Museo Pushkin de la capital rusa, hablará sobre el histórico hallazgo y sobre el museo que se fundó en torno al yacimiento.

«El museo se ha convertido en un icono cultural y turístico en el norte de Perú. Es uno de los más visitados de Perú y, probablemente, de toda América Latina», resaltó.

un imperio, como los incas, que se propagaron por toda Latinoamérica», señaló.

Alva considera que su esplendor fue posible gracias a la tecnología, en particular la irrigación de zonas tradicionalmente áridas.

«Fueron los vencedores del desierto. Crearon verdaderos oasis. En el siglo VI debió de haber cambios climáticos muy fuertes y al decaer el sistema productivo, el sistema social y político quebró. Los españoles solo encontraron ruinas», apuntó.

Elegido «hombre del año» por la revista National Geographic, Alva encontró intacta la tumba de un gobernante que murió hace unos 1.800 años.

«La tumba contenía los restos del jerarca en un ataúd de madera envuelto con sus atuendos y ornamentos que lo identificaban como el hombre que gobernaba la zona. Además, estaba acompañado de otras ocho personas», explica.

El siguiente paso fue crear un museo para conservar el hallazgo, difundir su importancia y reconstruir la historia de ese pueblo precolombino a través de su arte, su tecnología, estructura social o creencias.

Alva destaca que el museo ha organizado exposiciones y presentaciones en países como Estados Unidos, Alemania, España y Japón.

Museo Getty exhibe importante muestra de arte precolombino

Diez piezas pertenecientes al ajuar funerario del Señor de Sipán y nueve del museo Bruning, que representan al legado cultural de la región Lambayeque, se exponen junto a otras reliquias del Perú y de varios países de Latinoamérica en el museo Getty de la ciudad de Los Ángeles, en Estados Unidos.

La exposición, titulada “Reino de oro: lujo y legado en la antigua América”, presenta una muestra selecta del arte orfebre y suntuario de las principales culturas americanas, con más de 300 obras de 50 instituciones culturales internacionales.

El Perú presenta un total de 60 bienes culturales pertenecientes a diversos museos estatales y privados que fueron seleccionados para esta extraordinaria exposición que, por primera vez, reúne las obras maestras de las principales culturas de América antigua.

Las obras culturales del antiguo Perú que se exponen en el museo Getty, pertenecen a los museos nacionales de Arqueología e Historia del Perú, Tumbas Reales de Sipán, y Bruning de Lambayeque, así como el museo Larco Herrera, los museos de sitio de Chan Chan  y Cao de Trujillo, Kuntur Wasi de Cajamarca.

La exposición estará hasta mayo del 2018 y la salida del Perú de las piezas precolombinas está autorizada mediante la Resolución Ministerial N 228-2017-MC.

A la ceremonia de inauguración de esta muestra asistieron cercar de 1,000 selectos invitados de diversos países de Latinoamérica, donde participaron en representación del Perú el arqueólogo Walter Alva, director del museo Tumbas Reales de Sipán, y Natalia Majluf, directora del Museo de Arte de Lima (Mali).

Al respecto, Walter Alva consideró que la exposición “Reino de oro: lujo y legado en la antigua América” es una singular vitrina al mundo de nuestra herencia cultural y es la primera exposición que logra reunir las obras de arte suntuarias más importante de toda América, donde se puede apreciar las joyas y ornamentas que distinguen de los gobernantes y jefes religiosos de las diversas culturas americanas.

En esta importante exposición se puede apreciar bienes de carácter funerario como máscaras, tocados, entre otros, así como ofrendas dedicadas a las divinidades, como el caso de las joyas ofrendadas en el Cenote de Chichén Itzá (México).

En este arte fastuoso se incluye también los trabajos de plumería, jade y mosaico de turquesas que tuvieron tanto valor simbólico como el oro en las antiguas culturas mexicanas.

Finalmente, el descubridor del Señor de Sipán indicó que para el Perú resulta de gran importancia esta exposición, porque muestra el alto nivel de desarrollo tecnológico y artístico, así como la suntuosidad que se desarrolló en las culturas latinoamericanas, desde aproximadamente el año 1,000 antes de Cristo, hasta la llegada de los europeos a principios del siglo XVI.

El museo Getty de los Ángeles recibe más de un millón 300,000 visitantes cada año, siendo uno de los museos más visitados en los Estados Unidos y con esta exposición recientemente inaugurada se espera superar esta cifra, pues por primera vez se exponen el rico pasado y el vital presente del arte latinoamericano», dijo en un comunicado Jim Cuno, presidente del fideicomiso J. Paul Getty.

Por su parte, Michael Govan y Wallis Annenberg, del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, coincidieron en afirmar que se trata de una muestra incomparable por su magnitud, su alcance curatorial y su perspectiva.

Dentro de la Ruta Moche: la Riqueza de nuestros antepasados en Lambayeque

Han pasado 25 años desde que un grupo de arqueólogos, encabezado por Walter Alva, mostró al mundo uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de nuestra historia: la tumba del Señor de Sipán.

Un hecho que acaparó la atención internacional y ayudó a comprender la cosmovisión de los moche, y que a su vez logró concitar el interés en otras investigaciones que hoy han convertido a Lambayeque en punto importante de la llamada Ruta Moche, una de las más visitadas de nuestro país.

ENCUENTRO CON EL PASADO
A quince minutos de Chiclayo, el distrito de Lambayeque alberga dos importantes museos: Tumbas Reales de Sipán y Heinrich Brüning. En el primero podrá apreciar paso a paso, en tres niveles, todos los detalles del descubrimiento, así como los invalorables objetos de oro y plata con los que fue hallado el mayor soberano de la cultura Moche.

El Brüning, situado a tres cuadras de Tumbas Reales, cuenta con cuatro niveles en los que se exhiben importantes piezas de las culturas Moche, Chimú, Sicán, entre otras. Aquí destaca la sección de orfebrería, en la que se pueden apreciar máscaras funerarias, narigueras, vasos ceremoniales, pectorales, collares y otras importantes piezas. La gastronomía en esta zona es muy recomendable, por lo que le sugerimos hacer un alto (antes o después de su recorrido) para visitar restaurantes como El Rincón del Pato, El Pacífico o el célebre Fiesta.

Si desea conocer in situ el lugar en el que fueron hallados los restos del Señor de Sipán, puede visitar Huaca Rajada, a una hora de Chiclayo, en donde podrá ingresar a la misma huaca y también recorrer el Museo de Sitio, en el que se han dispuesto algunos objetos, así como la tumba del sacerdote guerrero encontrado junto al soberano.

HISTORIA VIVA
En su época de esplendor, la cultura Sicán llegó a abarcar gran parte de la costa peruana. Su epicentro fue lo que hoy se conoce como el Santuario Histórico de Pómac, en Ferreñafe. Muy cerca de ahí se ha construido el Museo Nacional Sicán (20 kilómetros al norte de Chiclayo), en el que se encuentran las piezas rescatadas de las huacas Loro y Las Ventanas.

El atractivo principal de dicha exposición se centra en la recreación de una tumba de élite encontrada en la base noreste de Huaca Loro, la cual está formada por dos mujeres adultas, dos jóvenes y 1,2 toneladas de diversas ofrendas situadas alrededor del cuerpo en posición de cabeza de un hombre adulto que llevaba una máscara de oro.

La escenificación haría referencia al alumbramiento de un niño, lo cual ha sido interpretado como un mensaje de que el soberano renacería en el futuro.

El recinto cuenta, además, con una sala en la que se exhiben vasijas y otra en la que se muestra una variedad de máscaras y cuchillos ceremoniales de oro.

Asimismo, el museo posee material multimedia en el que se recrea la manera en que fueron encontradas las tumbas, así como material que ayuda a entender la cosmovisión de esta cultura. Puede aprovechar la cercanía para visitar el Bosque de Pómac y apreciar de cerca las huacas Loro y Las Ventanas, así como el célebre árbol milenario, un algarrobo venerado desde hace muchos siglos.

LA CIUDAD DE ADOBE
Túcume, formado por 26 pirámides, es uno de los mayores complejos arquitectónicos de América. En su museo de sitio, se pueden apreciar ceramios y tejidos que lo ayudarán a comprender mejor la manera cómo se organizaron socialmente en este valle sus antiguos pobladores.

Los visitantes pueden recorrer las pirámides; pero también, si prefieren, pueden observarlas en el mirador, desde el cual se goza de una privilegiada vista del valle de La Leche. Entre las edificaciones destacan la Huaca Larga (de 760 metros), así como el Templo de la Piedra Sagrada, lugar donde se realizaron importantes ceremonias religiosas.

Si quiere apreciar cómo era la arquitectura al interior de ellas, tendrá oportunidad de visitar huaca Las Balsas (la única de acceso público). Se trata de un pequeño edificio de forma rectangular dividido en dos secciones: en una se han encontrado frisos con claras referencias marinas y en la otra fueron hallados entierros humanos y de animales.

Los relieves de la primera zona tienen como eje temático un ave marina de características míticas asociada a peces, s olas, embarcaciones y también a templos.

Si lo que busca es pasar la noche en la zona le recomendamos hacerlo en Los Horcones de Túcume, un hospedaje construido con materiales locales, en el que tendrá oportunidad de pasear a caballo, bañarse en la piscina o sencillamente descansar. Además, tendrá la oportunidad de gozar de buena cocina casera e, incluso, puede participar en la preparación de pan en su horno de barro. La proximidad al complejo de Túcume es tal que se puede llegar a pie.

 

“Sipán nos demostró que sabíamos poco de los Moche”

Jeffrey Quilter es profesor de la Universidad de Harvard. Allí, junto con Luis Jaime Castillo, arqueólogo de la PUCP, acaba de editar New Perspectives on Moche Political Organization, uno de los más avanzados estudios sobre la cultura Moche. Aquí nos habla de su ciencia y del Perú.

«Cuando era joven, mi papá me llevaba todas las semanas a los museos de Nueva York. Mi madre era inglesa y pasé muchos veranos en Inglaterra, admirando los castillos, las edificaciones romanas, etcétera. Esta combinación de experiencias hizo de mí un amante de la historia, de la ciencia, de la arqueología”. Jeffrey Quilter, arqueólogo de la Universidad de Harvard y experto en la cultura moche, nos habla del inicio de su vocación.

¿Por qué su interés en el Perú?
Cuando era joven me interesaba todo: los egipcios, los romanos, pero en 1965 tuve la oportunidad de ser asistente en un museo de Brooklyn. Allí gané una beca para venir al Perú como alumno de intercambio. Arribé el 21 de junio de 1966, el día que cumplí 17 años. Cuando llegué, me enamoré del Perú, de su comida, de sus habitantes, de su cultura, de todo. Al regresar a los Estados Unidos, ya sabía que me iba a dedicar a la arqueología peruana. Tuve otras ‘novias’, pero el Perú fue la primera, la más importante, y por eso volví 10 años después, en 1976, a trabajar en Chilca.

¿Cómo fue su encuentro con la cultura Moche?
Bueno, nació con mi visita a los museos de Arqueología y Larco, pero creció en los años ochenta con los libros sobre iconografía mochica que estudié. En 1999 visité la Huaca de la Luna, El Brujo y otras huacas de los moche. Allí afiancé mi interés en esta cultura.

En 1987 se descubrió al Señor de Sipán…
Es uno de los puntos de quiebre en la historia de la arqueología mundial, y no solo del Perú. La tumba es valiosa porque muestra a los hombres ricos y sus joyas; pero, además, por la cantidad de información que aporta a la ciencia. Por ello es que creo que su descubrimiento es comparable con el de Tutankamón.

Entonces, Sipán hizo atractiva –para los científicos del mundo– a la cultura Moche…
En cualquier ciencia hay ‘olas’: periodos de gran interés y periodos de desinterés. El descubrimiento de Sipán ha abierto una puerta para ‘reinvestigar’ a los mochica. Hasta los años setenta, muchos investigadores pensaban que ya se conocía todo de ellos, pero Sipán nos demostró que no era así. Ahora tenemos a Cao, a San José de Moro, a la misma Huaca de la Luna. Las posibilidades de investigación son inmensas. Los moche tienen aún demasiado que decirnos. Además, resultan atractivos para todos porque su arte es bastante figurativo, fácil de apreciar. La simbología sí corresponde a los expertos.

Sus estudios van más allá de observar los huacos y las joyas, porque usted trata de conocer, a partir de ellos, su organización política y social…
Hoy, como se dice en Estados Unidos, estamos estudiando a “los indios detrás de las flechas”. En el Perú podría decirse “a las personas detrás de los huacos”, a las personas que los usaban. Cómo era su vida, cuál fue su aporte a la civilización mundial, cómo era su organización política, cómo era su vida cotidiana…

¿Qué han descubierto?
Que sabemos muy poco, que necesitamos saber más (risas). Moche fue, sin duda, una de las más importantes civilizaciones del mundo antiguo. Pero hace 20 años pensábamos que era un Estado uniforme, con el mismo sistema de gobierno desde Nepeña hasta Piura. Ahora sabemos que, casi valle por valle, era un mundo más complicado, con procesos culturales y sociales diferentes. Su mismo desarrollo era distinto, al igual que sus señores. Hay tiempos de síntesis y tiempos de revelación: hoy son tiempos de revelación.

Usted hace ahora ‘arqueología colonial’. Ha encontrado valiosos documentos en Cao…
Hemos encontrado varios documentos antiguos, y en uno de ellos aparece una lista de números arábigos escritos en alfabeto romano –el que nosotros usamos–, pero en una lengua desconocida hasta ahora. La lengua no es muchik y no es quechua. Los cronistas escribieron que en el siglo XVI había una lengua llamada yunga: creemos que esta es la muchik. Pero también se habla de una lengua ‘pescadora’ y de otra, llamada ‘quingnam’, hablada por los mochicas del sur. Como no tenemos un diccionario quingnam ni un diccionario pescador –sí hay un diccionario muchik–, creemos que lo que hemos encontrado quizá pertenezca a cualquiera de estas lenguas. Quizá este sea el primer paso para hablar de una lengua desconocida, pero necesitamos más que este pequeño documento: me gustaría compartirlo con otros científicos.

Gonzalo Pajares Cruzado