Principales Culturas
SELVA AMAZONICA

CUADRO CRONOLOGICO SEGUN EL ARQUEOLOGO DANIEL MORALES CHOCANO

CULTURAS ESTILOS ALFAREROS PERIODOS ARQUEOLOGICOS ORGANIZACION SOCIAL Y POLITICA Años A.P
1.-De Sábana Arida
2.- Bosque tropical
3.-Amazonía Andina
Precerámicos
(?)
Michinal
Paleolítico
Paleolítico
Paleolítico
Bandas
Bandas
Bandas
21,000
(?)
10,000
1.-De Sábana Arida
2.- Bosque Tropical
3.-Amazonía Andina
Chambira
(?)
Pandanche y Wairajirca
Alfareros Tempranos
FASE I
Alfareros Tempranos
Tribus
(?)
Tribus
5,000
(?)
3,500
1.-De Sábana Arida
2.- Bosque Tropical
3.-Amazonía Andina
Tigre y Shakimu
Bagua-Pacopampa
Cerezal
Alfareros Tempranos
FASE II
Alfareros Tempranos
Tribus
Tribus
Tribus
2,500
1.-De Sábana Arida
2.- Bosque Tropical
3.-Amazonía Andina
Cumancaya
Cuelap-Chancharin
El Salado
Agroalfareros
FASE I
Agroalfareros
Jefaturas
Jefaturas
Jefaturas
2,000
1.-De Sábana Arida
2.- Bosque Tropical
3.-Amazonía Andina
Omaguas
Cumancaya
Cuelap
Agroalfareros
FASE II
Agroalfareros
Curacazgos
Confederado Estado
1,300d.C

1,500 d.C

Principales Culturas
COSTA SUR

Etapas o períodos:

  • Imperio Tahuantinsuyo.
  • Estados Regionales
  • Imperio Wari
  • Culturas Regionales
  • Formativo
  • Arcaico
  • Período Lítico

Filiación Cultural:

  • Inka
  • Ica
  • Wari Atarco
  • Nasca I II III IV
  • Ocucaje o Paracas
  • Hachas,  Otuma, Cabeza larga
  • Santo Domingo

Indice Tematico
Principales Culturas
Costa Norte
Moche
COMPLEJO ARQUEOLOGICO EL BRUJO

El yacimiento arqueológico se ubica en la margen derecha del valle Chicama, junto al litoral, distrito de Magdalena de Cao, en la provincia liberteña de Ascope. A unos 60 minutos de la ciudad de Trujillo, se encuentran las pirámides de adobe conocidas como El Brujo, que encierra en su interior más de 4,500 años.

El complejo arqueológico está constituido por la Huaca Prieta en el extremo sur, la huaca Cao Viejo y la huaca El Brujo son las estructuras más prominentes del sitio, donde también existe un importante número de montículos menores, cementerios y áreas domésticas de diversos períodos, distribuídos sobre una plataforma geológica de forma triangular, la cual tiene una extensión aproximada de 1.2 km2, rodeada por el Norte, Sur y Este con pequeñas albuferas y tierras de cultivo, y por el Oeste con el balneario de punta Prieta y la playa El Brujo

Desde Agosto de 1990 se viene ejecutando uno de los proyectos de investigación arqueológica mas trascendentales del norte peruano de los últimos 20 años, dentro de un programa de mediano y largo plazo en el cual intervienen la Universidad Nacional de Trujillo el Instituto Nacional de Cultura La Libertad y la Fundación Augusto N. Wiese como entidad financiera.

Este lugar ha sido ocupado desde el Arcaico con huaca Prieta (2,500 a.C) con una ocupación contínua hasta la llegada de los españoles donde se erigió una iglesia fundada por los padres Dominicos junto a una importante población de la época conocida como Cao. Durante la ocupación Moche (0 – 650 d.C.) el complejo había cumplido la función más importante como eje progresista consagrada a actividades urbano ceremoniales para las élites y deidades más importantes en este valle.

En la actualidad, a la luz de los recientes estudios se viene reafirmando la trascendencia de la sociedad Moche que se desarrolló en esta parte norteña del Perú. En el mismo yacimiento donde se realizan las investigaciones se ha instalado un moderno campamento con oficina, laboratorio y sala de cómputo que facilitan la labor de los arqueólogos y especialistas.
Los trabajos de excavación y conservación están centrados en conocer el modelo arquitectónico del edificio a través de toda secuencia y la función que cumplió cuando estuvo en vigencia.

El flanco norte corresponde al frontis principal, el cual presentaba un gran número de pozos de huaqueo para el saqueo de un importante cementerio de la ocupación Lambayeque, en donde se dejo disperso gran cantidad de restos culturales como textiles, vegetales, restos óseos humanos y de camélidos junto a cerámica de estilo Lambayeque. Estas evidencias estuvieron dentro de las capas de escombros y rellenos que cubrían la arquitectura Moche. Para el valle de Chicama es la primera vez que se investigan contextos asociados de entierros humanos para la cultura Lambayeque o Sicán habiéndose registrado más de 300 hasta la actualidad.

Lo más saltante de la arquitectura en la huaca Cao Viejo son los impresionantes relieves policromos, en las cuales se ha representado o escenificado en paneles con personajes desnudos atados por el cuello con una soga, conocidos como «prisioneros» los que avanzan de oeste a este; detrás de ellos siguen varios guerreros portando sus armas.

En este mismo nivel, en la esquina nor-este del edificio hay un relicto completamente decorado, en dos de sus fachadas, con relieves polícromos representando cuatro paneles con seis parejas de guerreros en pequeñas escala; en su fachada principal el panel conocido como el «Tema complejo» 1 y 2 muestran la cosmovisión del mundo Moche, desconocido hasta el momento en otros grandes centros ceremoniales de esta época.

Otros de los temas representados corresponden a una serie de personajes tomados de las manos en posición de frente y rígidos los que decoran el segundo nivel, se ha representado con la misma técnica de bajo relieve a el degollador o también «Ai Apaec» dios Mochica mitad superior humano y la parte inferior con cuerpo y patas de araña. Todo esto corresponde a la última fase de ocupación del edificio, cuando sucedió el abandono intempestivo seguido por lluvias torrenciales que destruyeron parcialmente sus paramentos decorados.

Todo el edificio tiene la forma de una pirámide escalonada trunca cuadrangular con 100 m. de base y aproximadamente 30 m. altura. El edificio está orientado hacia el Norte.

Recientemente se hizo el hallazgo espectacular de un monumental ídolo de madera, tallado en un viejo tronco de Lúcumo de aproximadamente 2.50 m. de alto por 90 cm. de diámetro. Probablemente corresponda a una deidad Moche de las fases tempranas que fue desechado o cambiado por haberse infestado con termitas y escarbajos que lo deterioraron fuertemente.

Todo el complejo arqueológico guarda mucha información para los diferentes períodos culturales de la costa norte peruana, además de su potencial turístico que servirá para el desarrollo económico y social de esta región y sus pueblos cercanos.

Principales Culturas
COSTA NORTE
CHIMU
Complejos de Ofrendas Florales Chimú

En las últimas décadas diferentes investigaciones arqueológicas, particularmente las desarrolladas en la costa norte, han reportado una serie de contextos, entre los que destacan entierros Chimú pertenecientes mayormente a niños-adolescentes. Estos se encuentran por lo general, asociados a determinado ajuar funerario, entre los cuales destacan siempre los siguientes materiales: valvas de Spondylus y caracoles Conus (a veces enteros, otros trabajados), sartas de semillas denominados comúnmente como «ishpingo» (Nectandra sp.), «huayruro» entre las mas conocidas, ídolos de madera en diferentes actitudes (algunos con incrustaciones de nácar, o pintados), textiles decorados, plumas de colores, implementos de cobre, etc., es a éste conjunto de elementos asociados específicos que estamos denominando Complejo de Ofrendas Rituales.

Recientemente, con los trabajos de investigación arqueológica que viene ejecutando la Universidad Nacional de Trujillo en el centro ceremonial Huaca de la Luna, se ha recuperado también material asociado a entierros de la época Chimú (intrusivo al sitio, dado a que la construcción originalmente es Moche). La correlación de estos contextos con hallazgos similares para otros sitios arqueológicos, nos permitirá comprender algunas prácticas rituales llevadas a cabo durante dicha época.

Por las características evidenciadas en estas tumbas, planteamos la posibilidad de que durante esta época se llevaran a cabo complejos rituales, en los que el sacrificio humano formaría parte importante como ofrenda, conjuntamente con los otros elementos anteriormente mencionados del ajuar funerario, es decir el personaje enterrado no sería necesariamente un personaje de élite o alta jerarquía al que se ofrendan dichos elementos simbólicos, idea que generalmente ha sido aceptada para los entierros asociados a elementos suntuosos, sin considerar otras posibilidades de interpretación.

El presente estudio está aún en su fase inicial, si bien nos arriesgamos aquí a plantear algunas propuestas, solo podrán ser mejor definidas mediante la ejecución de un estudio de carácter interdisciplinario (Montoya, 1996a), debido a la naturaleza del mismo.

Antecedentes

La procedencia de este complejo específico de ofrendas, que han sido recurrentemente evidenciados para ocupaciones del Periodo Intermedio Tardío según valles y sitios arqueológicos son:

Valle de Moche:

Chanchan:

  • Tschudi (Sector Wachaque-Plataforma):
    Fue reportado en contextos Chimú el entierro secundario de un personaje (al parecer adolescente, por la no fusión de la cabeza de húmero y la epifisis de la tibia, características observadas a nivel fotográfico), asociado a una máscara de oro, textiles (cuyas decoraciones son similares a los que hemos reportado en similares contextos Chimú en Huaca de la Luna), Spondylus, etc., y semillas perforadas (evidentemente de Nectandra sp.) amontonadas a un costado del entierro, la fibra que traspasaba las semillas no se conservaba por la descomposición orgánica que había sufrido (excavaciones realizadas en 1987 por el IRC/LL, I. Pérez C., 1993, com. pers.).
  • Calvario de los Incas:
    Hrdlicka (1911, cit. por Pozorski, 1979: 133) reportó entierros al parecer exclusivamente de niños. Una observación de este mismo sitio (1993) nos reportó en su superficie, y áreas huaqueadas, semillas de Nectandra sp., conjuntamente con valvas de Spondylus, Conus, huesos humanos y de camélidos. Bourget, también en 1995, reportó este mismo material para este sitio, observando incluso restos de pigmento rojizo en cráneos humanos, etc. (Bourget, 1997: 113).

Huaca de la Luna:

  • En las temporadas de campo 1991-94 realizadas en este sitio por el Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, hemos reportado, si bien inicialmente en contextos de escombros, evidencias de abundantes restos óseos, textiles decorados (foto 5 y 6) asociados al estilo Chimú, además de cerámica Chimú, y especímenes arqueobotánicos (Nectandra sp., Ormosia coccinea y cálices de flores de Nectandra sp). Estos fueron reportados abundantemente hacia el Corredor Sur del sector Plataforma I (fig. 3 a-c) (Montoya, 1993, 1998).
  • Similares contextos, fueron reportados (en menor cantidad) para el sector de la Plataforma Superior, durante la primera temporada de campo 1991, área donde un grupo de estudiantes de la UNT realizaban sus Prácticas Pre-profesionales, descombrando grandes perfiles arquitectónicos en uno de los forados Coloniales que más afectó al sitio, es aquí donde conjuntamente con los estudiantes reportamos la presencia de semillas perforadas, fragmentos óseos, plumas de colores, implementos de cobre, etc.
    Sin embargo, la identificación realizada a los especímenes botánicos, publicada posteriormente por las entonces estudiantes Castillo y Chilca (1992) no sería correcta, ya que ellas reportan la identificación de estas semillas como Phaseolus lunatus, citando: «pallares perforados ensartados con hilos de junco» (ídem: 66). Al contrario, hemos identificado (Montoya, 1998) estos especímenes como pertenecientes a Nectandra sp. (con diferentes especies), además citan el hallazgo de otro tipo de «semillas» pequeñas y también ensartadas identificándolas como «chofe» (Melilotus indicus), sin embargo dicha identificación también es errada porque no son semillas, estos mismos especímenes los hemos reportado en las tumbas Chimú 6 y 7, y los hemos identificado arqueobotánicamente como cálices de flores pertenecientes a la familia Lauraceas, del género Nectandra, probablemente pertenecientes a la especie puchury-minor (Montoya, 1998).
  • Durante la temporada 95 del Proyecto Huaca de la Luna, se reportó en la Unidad 12 (Tello, 1997) del Sector Plataforma I, un contexto mejor conservado, en relación a los anteriormente descritos.
    Estos estaban asociados evidentemente a dos entierros Chimú, los análisis de antropología física efectuados por Laurel Anderson (Programa de Doctorado, Universidad de Tulane) definieron que pertenecían a niños casi adolescentes (13-14 años), no encontrándose evidencias físicas de las causas de muerte de los mismos (com. pers., 1995), con abundantes ofrendas, entre los que se encontraba una maqueta e idolillos de madera en miniatura, representado un ritual de entierro en una plaza ceremonial similar a la existente en las ciudadelas de Chan Chan, además de otras escenas (Uceda, 1997), entre éstas ofrendas se reportaron abundantes semillas perforadas sueltas y ensartadas en hilos o en soguillas, también fueron reportadas decenas de piezas textiles, algunas decoradas en sus esquinas con el símbolo escalonado (elemento decorativo típico del estilo Chimú) o decoradas con cálices de Nectandra sp., varias de estas piezas envolvían a diferentes tipos de semillas, a manera de paquetes anudados (Montoya, 1995, 1998).En este mismo contexto han sido reportados fragmentos de cerámica pertenecientes a tinajas grandes, de paredes delgadas, algunos presentaban también una decoración aplicada de la representación de semillas de Nectandra sp., también fueron reportados restos óseos animales y malacológicos (Montoya, 1996b).
  • En la temporada 96 fueron reportadas otras dos maquetas en la proximidad de la Unidad 12 (Plataforma I), en contextos también parcialmente disturbados. El contexto de la maqueta Nº 3 se asociaba, entre otros elementos, también a semillas de Nectandra sp. sueltas pero perforadas, algunos de los cuales conservaban aun las sartas hechas de soguillas.
    El contexto de la maqueta Nº 4, estuvo parcialmente disturbado, las excavaciones realizadas por una estudiante de la PUCP pudieron definir también la existencia de un entierro Chimú intrusivo, quien consideró que por el ajuar funerario reportado en esta tumba entonces debía pertenecer a un personaje de alta jerarquía (Habletter, 1997: 22), se encontraba asociado a grandes tinajas y el esqueleto pertenecía a un niño, entre los especímenes reportados habían además algunos idolillos de madera, caracoles Conus, y valvas enteras de Spondylus, así como también fragmentos trabajados de estas mismas especies, fragmentos textiles y algunas semillas de Nectandra sp. perforadas, etc. Los materiales estaban muy deteriorados por descomposición orgánica, también se reportó que las tinajas tenían decoración en relieve con diseños de semillas de Nectandra y serpientes (ídem: 21).

Cerro Blanco

  • Este sitio fue inicialmente excavado en 1899 por Uhle, él reporta la existencia de una ocupación Chimú, entre los materiales describe figurinas de madera, Conus, Spondylus, plumas de colores, textiles, conjuntamente con sepulturas (cit. Bourget, 1997: 110).
  • En 1994, Bourget realizó excavaciones en este mismo sitio, el cual sin embargo ya estaba muy destruido por las actividades de huaquería que la afectaron, luego de las excavaciones de Uhle.
    Fueron reportados en contextos de escombros, entierros de niños, adolescentes y mujeres, asociados a piezas textiles, plumas de colores, granos de nectandra (sic), Conus y Spondylus (naturales y piezas trabajadas), así también fue reportada una enorme cantidad de huesos de camélidos jóvenes (Bourget, 1997: 112, 113).

Huaca El Dragón

  • En 1966, Schaedel publica los hallazgos realizados en este sitio, consistentes en una serie de objetos, asociados a entierros, y en áreas de depósitos, entre sus hallazgos reporta: ídolos de madera, valvas de Spondylus, semillas perforadas identificadas como Nectandra, etc. Para el caso de estas últimas él menciona: «.. cuentas de un collar de nectandra (sic), que aparentemente estuvo alrededor del cuello de un niño al momento del entierro» (Schaedel, 1966: 424).
    Considera que la Nectandra conforma una cuarta clase principal de artefactos ceremoniales en este sitio, a saber:
    – Idolos de madera,
    – Spondylus,
    – Strombus (Bourget, 1994, revisó estos últimos especímenes, determinando que se trata del género Conus), y
    – Semillas de Nectandra,
    No hemos podido determinar si en Huaca Arco Iris existieron paquetes de tela envolviendo las semillas, tal y como hemos reportado para Huaca de la Luna. Al respecto, el material arqueobotánico que hemos analizado de Huaca Arco Iris las hemos encontrado ya separadas de las piezas textiles, en donde era probable que hayan sido originalmente encontradas, al respecto Schaedel ya mencionaba el pobre estado de conservación de los textiles, pero menciona también el hallazgo de un paquete de tela con varios pequeños collares de semillas de Nectandra (ídem: 424), que bien podría haber sido similar a los reportados en Huaca de la Luna.

Huanchaco:

  • Fue reportado el entierro de niños y camélidos jóvenes, así como ceramios pertenecientes a grandes jarras, asociadas al Periodo Intermedio Tardío (Donnan y Foote, 1978, cit. Bourget, 1997: 115).

Valle Jequetepeque:

  • Pacatnamú:
  • Huaca 16: Fueron reportadas semillas de Nectandra en contexto funerario, dentro de un fardo, conjuntamente con dos collares de chaquiras (Hecker, 1991: 399), además de un collar de semillas cerca a la cabeza de un niño (ídem: 489), para ocupaciones tardías del sitio, probablemente Lambayeque.
  • El Proyecto Pacatnamú, reportó en Huaca 1 el hallazgo de entierros humanos de adolescentes y jóvenes, asociados a textiles, cobre, semillas de Nectandra, caracoles Conus, valvas de Spondylus (Donnan, 1986; cit. por Bourget, 1997: 115).
  • Huaca Dos Cabezas :
    1. En los trabajos de investigación que viene realizando el Dr. Donnan, se ha reportado (temporada de campo 1997) algunas semillas en áreas próximas a tumbas saqueadas, pero pertenecientes a la cultura Lambayeque, una sarta conteniendo 5 semillas nos fue proporcionada, las que hemos identificado como Nectandra sp..

Valle La Leche:

  • Túcume:
    Las investigaciones arqueobotánicas del material orgánico de Túcume, reportaron también el hallazgo de semillas del género Nectandra, para contextos asociados a cerámica Lambayeque (León del Val, F., 1991).
    El contexto más relevante está referido a un fardo de la época Inca, hallado en Huaca Larga (Plataforma II) en 1991, en este fardo las semillas de «Amala» estaban ensartadas, y colocadas a ambos lados del fardo, éste al ser desenfardelado (en 1993) tenía un olor muy penetrante al parecer provocado por estas semillas (com. pers. Narváez, 1994). Algunas semillas nos fue proporcionada, las que identificamos como pertenecientes al género Nectandra sp..

Valle de Lurín:

  • Pachacamac:
    Baessler (1902-1903) reporta el hallazgo en Pachacamac, de un fardo funerario Inca, pero conteniendo el cuerpo de un puma, éste se asocia a implementos de plumas de aves selváticas, objetos de metal (oro, plata), tejidos, valvas de Spondylus, y collares de semillas que dicho autor identifica como perteneciente a la familia Sapotaceae. Sin embargo en la foto de este fardo publicado por Longhena (1990: fig. 265) podemos apreciar que estas semillas pertenecerían mas bien a Nectandra sp.(foto 9).

Islas Guaneras:

  • Guañape y Macabí :
    G. Kubler (1948) reporta en las islas guaneras de Guañape y Macabí, sartas de semillas, conjuntamente con otros artefactos como: ídolos de madera, textiles, representaciones de peces en plata laminada, conchas Spondylus. Las semillas las reportó con el nombre de «cacao seeds» y «oval brown berries», no mencionando la identificación taxonómica de las mismas. Sin embargo, por las características morfológicas que el autor menciona, además de los dibujos que él publica, consideramos que podrían pertenecer a semillas de Nectandra sp.
    No se define bien el contexto de los hallazgos ni el período cultural al que estarían asociados ya que el material al parecer estaría disturbado. Sin embargo, en estos sitios se ha reportado una secuencia ocupacional amplia, que va desde el período Moche a Inca, e incluso colonial.
    Por las características reportadas estos sitios tuvieron una connotación ritual en la que básicamente se depositaban ofrendas, al parecer relacionadas también a actividades de sacrificios humanos, tal es el hallazgo en estas islas de ídolos de madera representando a prisioneros desnudos (Kubler, 1948).

Los Restos Arqueobotánicos en los Complejos de Ofrendas Rituales: La Nectandra sp.

Los análisis que hemos realizado del material botánico (específicamente semillas y cálices de flores,asociados a determinados complejos de ofrendas procedentes del valle de Moche (Huaca de la Luna, Cerro Blanco y Huaca El Dragón) nos ha permitido definir que el uso de diferentes especies del género Nectandra sp. (Montoya, 1998), fue común para estos tres sitios.

Por las características de disposición y ordenamiento de los cotiledones de Nectandra sp. en las sartas (soguillas), la gente que las elaboraba debió tener determinados parámetros de elaboración, dado a que los tres sitios reportan características comunes, como: el tipo de semillas usadas en las sartas, la disposición de las diferentes especies al momento de ser ensartadas, el uso predominante de la cabuya (con respecto al algodón e inea), así como el tipo de torsión final en Z, que es predominante en los tres sitios.

El único contexto donde se han podido observar sartas completas (y no fragmentos, como hasta ahora habían sido reportadas en los diferentes sitios) son las que han estado contenidas dentro de paquetes de tela anudados, reportados en la Tumba 7 – Chimú de Huaca de la Luna, es posible que los reportados en otros sitios hallan sido depositadas originalmente de esa misma forma, o asimiladas a otros tipos de contextos con características ofrendatorias, ya que sabemos de otros contextos arqueológicos asociados también a semillas de Nectandra sp., tales como: semillas ensartadas encontradas tanto dentro de bivalvas de Spondylus, como rodeándolas, o también dispersas y sueltas, no sabiéndose generalmente la forma original cómo fueron ensartadas y depositadas.

Los Textiles del Complejo de Ofrendas Rituales en Huaca de La Luna

El material textil recuperado de los contextos disturbados en el Corredor Sur de Huaca de la Luna, fue asumido como perteneciente a la época Chimú, por sus características de diseño y elaboración, así como por su aproximación a fragmentos de cerámica del estilo Chimú. Entre los fragmentos mas diagnósticos, pertenecientes a textiles decorados, se han registrado: bandas con diseños policromos ictiomorfos en tapiz ranurado, paños con decoración escalonada y diseños geométricos policromos en brocado, además de piezas consistentes en borlas y medallones bordados con diseños policromos de volutas, etc. (Montoya, 1993: 22-23).
Entre las características peculiares que reportó este material era que en los fragmentos pertenecientes a bandas, no observábamos evidencias de haber estado cosidas a otro textil, por lo que no pudimos determinar en ese entonces a qué tipo de pieza pertenecían. Sin embargo, por la calidad de los tejidos, policromía y diseños ya habíamos considerado que estos textiles, antes que parte de la vestimenta, conformarían parte de las ofrendas de los personajes depositados en Huaca de la Luna.

Algunas interrogantes surgieron de las características de estos materiales textiles, ya que como mencionamos, éstas no tenían evidencias de haber estado cosidas, a manera de decoración a una pieza determinada, lo cual nos planteó la posibilidad de que dichas piezas no fueron terminadas en su elaboración, pero que sin embargo fueron incluidas como parte de las ofrendas en el ritual de entierro, pudiendo ser que ¿fueran elaboradas especialmente para el entierro de determinados personajes Chimú?, ¿formarían parte de la vestimenta de los personajes enterrados?, o ¿cumplierían una función de ofrendas a los mismos?.
Es recién en 1995, que tuvimos la oportunidad de evidenciar material textil en contextos relativamente mas seguros y asociados a tumbas Chimú (Tello, 1997), las piezas textiles eran evidentemente del mismo tipo que los fragmentos que habíamos reportado en 1991 en escombros de la época colonial en Huaca de la Luna. Este hallazgo nos ayudó a definir que las bandas fueron depositadas de dos maneras diferentes en estas tumbas, algunas estaban cosidas a los bordes de paños cuadrangulares (fotos 11, 12, 13), y otras eran bandas completas solas, es decir que aún no estaban cosidas alrededor del manto.

Así también, se reportaron mantos elaborados con fibra de algodón, conformados por dos paños cosidos en sus orillos de urdimbre, estos tenían hacia sus esquinas una decoración en base a tramas suplementarias de fibras de camélido teñidas, formando un diseño escalonado en colores amarillo, rojo, verde o azul (foto 14). Se observó sin embargo que las decoraciones de cada paño en un mismo manto no coincidían ni en diseño ni en dimensiones, esto también nos hace suponer que los paños fueron cosidos indistintamente, sin tomar en consideración la similitud ni simetría de los diseños, en un mismo manto (Montoya, 1995). Al parecer, se debería a una manera particular de elaboración, debido posiblemente a diferentes factores, entre los cuales podríamos suponer que ¿no contaban con las piezas completas ni terminadas?, o que ¿fueron elaboradas apresuradamente?.
Esto respaldaba en parte el planteamiento inicial de que las piezas fueron especialmente hechas para cumplir un rol de ofrendas en un ritual específico, más que como parte de la vestimenta del personaje enterrado.
Las características de elaboración, forma y diseño de los textiles Chimú recuperados en Huaca de la Luna son similares a los reportados en el entierro de un niño en Tschudi (1987), en Huaca Arco Iris (material depositado en el Museo de Arqueología de la UNT), ésto estaría respaldando nuestra hipótesis de la existencia de patrones de elaboración para piezas textiles destinadas especialmente para determinados eventos rituales.

Estos contextos recurrentes, donde estos elementos (Nectandra sp., textiles, etc.) forman parte de todo un corpus de ofrendas específicas, nos estaría indicando un determinado tipo de ritual en sitios ceremoniales durante la época Chimú.
Al respecto un dato interesante, que respalda en cierto modo que estos materiales conforman parte de ofrendas especialmente elaboradas para estos rituales y no son elementos aislados, nos la da Anne P. Rowe, quien analizó el material textil registrado por Pozorski para el sitio de Las Avispas, quien menciona: «…Muchos de los textiles fueron hallados doblados o envueltos, como si ellos hubieran servido como ofrendas independientes mas bien que como prendas de vestir o envolturas de fardos» (1984: 23). Traducción libre.
Al respecto, es necesario realizar una revisión de los contextos arqueológicos reportados para dilucidar la ocurrencia de este tipo de elaboración en las piezas textiles.

Entierros Chimú: ¿Ofrendas Humanas?

Los análisis de antropología física de las tumbas 6 y 7 (Chimú) de Huaca de la Luna, evidenciaron que pertenecían a niños-adolescentes de 13-14 años (dato no publicado), no observándose en los mismos las causas específicas de muerte, así también la tumba 9 (Chimú) reportó ser de un niño.
Hallazgos similares han sido reportados en Huaca Arco Iris, Chan Chan, Cerro Blanco, etc., asociados a objetos ofrendados también similares. Estos rasgos nos ha permitido plantear a manera de hipótesis que estos entierros no pertenecen a dignatarios o personajes de estatus en la jerarquía gubernamental Chimú, o de élite, como se ha planteado generalmente. La recurrencia de características en cuanto a edad y material de ofrendas depositadas, harían pensar mas bien en una selección específica de personas para formar parte de estos rituales conjuntamente con un rico ajuar, posiblemente solo en determinados sitios, y para servir como ofrendas especialmente preparadas para determinados eventos.
Esto nos planteó que debíamos indagar en las causas de muerte, de allí surgió la interrogante: ¿cabría la posibilidad de sacrificios humanos, quizás por envenenamiento?.

La muerte por envenenamiento -por lo rápido de la reacción en el cuerpo humano- no deja huellas en el sistema óseo. Sin embargo, cabe la posibilidad de indagar sobre el consumo de alucinógenos en base al análisis de metabolitos del cabello humano, que aún conservan estos personajes. Así también, un estudio de los componentes fitoquímicos de las semillas reportadas en asociación a este tipo de tumbas Chimú, planteó aspectos interesantes sobre su función en estos contextos (Montoya, 1998).

Algunas referencias etnohistóricas también nos dieron pautas para la realización de estos análisis. Es así que hemos iniciado el estudio fitoquímico de las semillas de Nectandra sp. reportadas en las tumbas 6 y 7 de Huaca de la Luna, así como también una serie de bioensayos. Los resultados obtenidos en la fase inicial, si bien son solo indicativos de las propiedades que estas semillas tienen, han reflejado que entre sus componentes existen determinados tipos de alcaloides, que bien pueden provocar las alteraciones reportadas por los cronistas y según las dosis podrían haber actuado como causantes de muerte. Como mencionamos, nuestro objetivo principal era contrastar la diferente información obtenida de diferentes disciplinas para tener una idea mas clara sobre las posibilidad de uso de estos especímenes botánicos dentro del complejo de ofrendas asociados a entierros de niños, ésto en la medida de que no había una causa específica de muerte, por lo que la posibilidad de que hubieran sido sacrificados, debía ser dilucidado en el estudio fitoquímico mediante análisis específicos.
Los bioensayos realizados (con Rattus rattus var. albinus) nos dieron indicios de que el extracto de las semillas de Nectandra sp. puede llegar a producir un efecto neuroestimulante corto, seguido por un efecto depresivo, pero si la dosis es alta, bien podría llegar a producirse la muerte.
Este bioensayo brindó la posibilidad de realizar un experimento comparativo entre el cabello humano de la tumba 7 de Huaca de la Luna y el pelo de la rata, el cual debía responder positivamente a la reacción de alcaloides, en la medida que los metabolitos se quedan impregnados en el pelo.
Los resultados dieron positivo (reacción de Mayer, y Mandelin) y por las características de la reacción el tipo de alcaloide podría ser del tipo Estricnina o Solanina, pero que no pertenecían al tipo Aminos.
Estos resultados son aún indicativos, nos falta realizar más bioensayos con grupos de ratas para poder ofrecer un dato de mayor confiabilidad.

Si los resultados llegan a ser positivos podemos considerar que la actividad analgésica se estaría relacionando a lo reportado por Cobo (cit. Rostworowski, 1989: 249), que mencionaba en relación al espinco o espingo (ishpingo):
«Los polvos desta yerba con polvos de incienso y dados en vino, hacen no sentir los tormentos, por rigurosos que sean».
El cronista Arriaga menciona en relación a la bebida de chicha mezclada con polvo de Espingo
«… beven la demas los Hechiceros, y les buelve como locos» (cit. Wassén, 1973: 44), lo cual estaría relacionado a la actividad de los alcaloides en el sistema nervioso.
El consumo de bebidas conteniendo porcentajes de alcohol, de por sí produce un efecto neuroestimulante, si consideramos el agregado a la chicha de especímenes que contienen alcaloides, como es el caso de la Nectandra sp. o «polvos de Espingo» citado por los cronistas, el efecto es mucho mayor, por lo que proponemos el uso de este espécimen como un aditivo que pudo haber provocado una muerte sin dolor, es decir la víctima pudo haber sido narcotizada, en ceremonias donde la ofrenda humana formaba parte del ritual a ejecutarse, ésta propuesta no debe descartarse de plano y mas bien valdría incidir sobre este aspecto en futuras investigaciones interdisciplinarias.

Según los contextos de aparición, al parecer la Nectandra era un elemento aprovechable por la élite para determinados fines socio-políticos, enmarcados sutilmente en contextos ceremoniales.
Planteamos, como una tentativa para comprender los rituales Chimú, una clasificación inicial de los contextos arqueológicos reportados recurrentemente, tomando en cuenta principalmente la particularidad de los mismos, y las recurrencias constantes de ofrendas similares.
La particularidad de algunos de estos tipos de ofrendas como parte de complejas actividades rituales, ha llevado a plantearnos que éstos podrían estar correlacionándose con eventos específicos en las sociedades prehispánicas, un estudio etnohistórico queda pendiente para realizar, lo cual deberá ayudar en el estudio arqueológico para aclarar o descartar este planteamiento.
Bourget plantea: «… estos rituales prescritos formaron una parte importante del aparato religioso del inicio de la cultura Chimú y que ellos se realizaron a lo largo de la costa peruana durante un período de tiempo largo» (1997: 115).
Estamos de acuerdo con lo planteado por dicho investigador, en el sentido de que los niños y jóvenes evidenciados en estos sitios se constituyen como parte de la ofrenda misma en estos rituales (ídem: 115), y no que constituyen entierros de personajes de alta jerarquía a quienes se les ofrenda. Consideramos que no es casual la presencia de una determinada edad en estos entierros humanos, y que bien podría deberse a causas específicas de muerte exprofesa (Montoya, 1998).

En el estudio que planteamos realizar debemos necesariamente indagar en las causas de muerte de los adolescentes, reportados en contextos similares en diferentes sitios Chimú. T. Pozorski menciona, para el caso de los entierros reportados en Las Avispas (excavada en 1970): «Las muertes naturales y aún por epidemias o catástrofes, ocurren en variedad predecible de individuos de diferentes edades y sexos, salvo que el patrón de la muerte fuera altamente selectivo» (Traducción Libre) (1979: 133). Uceda (1997) considera para la tumba 7 de Huaca de la Luna la posibilidad de que el esqueleto pertenezca al personaje principal o a algún acompañante (ídem: 152), además, según el fechado radiocarbónico (obtenido a partir del cabello del personaje) que data entre 1440 a 1665 d.C. esta tumba pertenecería a la fase Chimú Tardío, según ésto él propone:

«Es conocido que desde la ocupación Inca, Chan Chan empezó a ser saqueado, lo que llevaría a algunos dignatarios o descendientes de ellos a buscar lugares seguros para enterrar a sus difuntos» (ídem: 152-153).
Dicha propuesta es lógica considerando los hechos históricos sucedidos en la costa norte, sin embargo, consideramos que faltan realizar estudios puntuales al respecto, ya que como hemos propuesto es sintomática la presencia recurrente de entierros Chimú de personajes adolescentes asociados al parecer a contextos rituales específicos y no necesariamente que pertenezcan a contextos de tumbas de personajes de jerarquía con un rico ajuar como ofrendas.
Si bien no existen reportes etnohistóricos con respecto a los casos de sacrificios de niños para la época Chimú, existe información de los cronistas Martín de Murúa (1964) y Calancha (1976) sobre sacrificios específicos de niños para la época Inca, por lo que valdría considerar la existencia de estos sacrificios específicos para épocas anteriores.

Es posible que nos encontremos ante cementerios especializados, es decir si tomamos como ejemplo el caso recurrente de los entierros de adolescentes en Huaca de la Luna, éstos tendrían un lugar especifico donde debían ser enterrados, y depositada la gran cantidad de ofrendas, tal es el caso de la tumba 7 en que se encontraron 45 valvas de Spondylus, 287 caracoles Conus, además de 700 fragmentos de Conus y Spondylus trabajados, e idolillos de madera (Tello, 1997; Uceda, 1997) que representaban una serie de escenas ceremoniales tales como el entierro de un personaje en una litera, un personaje desnudo al parecer destinado a ser sacrificado, además de personajes que portaban en las manos cabezas trofeo, etc. el ajuar de esta tumba nos da nuevos indicios de los rituales que se llevaban a cabo en la época Chimú.
Queda también, aclarar la implicancia de estas características rituales en diferentes momentos del desarrollo de la sociedad Chimú, por lo que la correlación de fechados seguros para los diferentes sitios con estos contextos será importante.
Revista Sian Nº 4
Por: María del R. Montoya Vera, Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna
En: Revista Sian Nº 5 pp. 9 – 1998

Un Camino Ceremonial Chimú

camino-inca-cachicadanPrincipales Culturas
COSTA NORTE
CHIMU
Un Camino Ceremonial Chimú

Son numerosas las referencias sobre caminos que describen los cronistas, viajeros, etc.; quienes en su mayoría los asocian al período Inca. En la Costa Norte son muy pocos los trabajos realizados por medio de la investigación arqueológica, y los realizados se han basado principalmente de fuentes etnohistóricas, referencias de viajeros, personas del lugar y por medio de la prospección.
Kosok (1978: 617), afirma: «… en la costa peruana, la construcción de caminos y de sistemas de comunicación entre los valles tuvo un papel fundamental; porque fue solamente por medio de estos delgados hilos de adobe y piedra que los distintos valles, económica y físicamente separados, pudieron ser reunidos. Desde un punto de vista económico, los caminos fueron el medio para transportar los tributos hacia el centro político, reforzando así su poder e influencia. Pero, lo más importante fue que constituían los únicos medios físicos para mantener la administración política y militar de los valles conquistados (desde el centro mismo del poder)».

Rodríguez Suy Suy (1970), nos dice que el desarrollo agrícola, la formación de sectores agrícolas con sus centros de población compacta y el intercambio regional de productos alcanzado hasta el período Chimú, requirió de caminos debidamente estructurados que garantizaran el rápido desplazamiento del hombre y sus animales de carga. Además, le permitió el cuidado inmediato a sus cultivos y rápido acarreo de sus cosechas. Garantizó igualmente, su relación con los valles vecinos y zona andina; así como debió significar también el mejor instrumento político-administrativo para el gobierno central de la época correspondiente.

Muchos son los autores que hablan sobre una continuidad de los caminos desde las fases tempranas hasta las más tardías. Presentamos aquí planteamientos de algunos autores sobre la continuidad de caminos en la Costa Norte.
Rodríguez Suy Suy (1972: 10), menciona que la construcción de los caminos o comienzos de su construcción, debió ocurrir en las fases tempranas del Formativo temprano, alcanzando su estructuración más completa en el Horizonte Medio. Esto último, debido al mayor desarrollo político-administrativo, económico y social experimentados, luego se reutilizaron durante el Intermedio Tardío y Horizonte Tardío.

Para Ravines (1978: 68), el camino no es un fenómeno característico del Estado Inca, y su desarrollo es notable en la Costa Norte en la época Moche, y los Chimú trazaron importantes obras viales en el desierto, los caminos Inca han adquirido notoriedad no sólo por ser los mejores conservados, sino porque representan la síntesis de la tecnología vial andina.
En cambio Kosok (1978: 619), nos dice que es muy probable que los Chimú hayan construido sobre los caminos pre-Chimú existentes y que los Incas hayan mejorado los caminos Chimú.
En tanto, Beck (1979), encontró 150 trechos que son preincaicos, algunos de los cuales se remontan por lo menos hasta el período Chavín.
Por su parte Hyslop (1992: 130), dice que algunos caminos utilizados por el Tawantinsuyu son evidentemente más antiguos. La arteria principal de la Costa Norte del Perú es un claro ejemplo. Este camino parece haber tenido un uso ininterrumpido durante siglos antes de los Inkas, uso que se prolonga hasta bien entrada la época Colonial.

En esta gran gama vial, se puede apreciar los caminos ceremoniales que es materia del presente estudio. Beck (1979), al respecto dice que la interpretación de un camino como ceremonial reside en su localización o técnica de construcción, que sugieren que no fue usado para el comercio o para viajar entre centros poblados.

El camino Prehispánico en estudio pertenece al Período Chimú. Hasta donde ha sido posible documentar, su recorrido se extiende desde el mar, pasa por las ciudadelas Laberinto, Velarde por su lado Oeste; sigue en línea recta hasta la muralla Norte de Chan Chan donde voltea en ángulo recto al Este y luego de un corto recorrido de aproximadamente 300 m. dobla en ángulo recto hacia el Norte hasta alcanzar la prolongación del canal Vichansao que se forma de la unión del canal Intervalles La Cumbre y el Vichansao en las faldas del Cerro Cabras.

La dirección del camino hacia las fuentes de agua (mar y canal) y su asociación con la ciudad de Chan Chan sede política, administrativo, económica y religiosa ; nos indica que su construcción por su localización no fue ejecutado para cumplir actividades económicas o administrativas ; sino que estuvo dirigido a realizar actividades de carácter ceremonial.

Rodríguez Suy Suy (1971: 104), realizó un trabajo etnográfico sobre el camino en estudio, sobre el cual nos dice: «… sale casi paralelo al muro exterior de la ciudadela Laberinto llegando hasta muy cerca de la orilla del mar, los más ancianos de Moche y Huanchaco, lo reconocen hasta ahora como «Camino del Rey», los muros que lo limitan son de adobe (ahora destruidos por el salitre) sobre alto cimiento de piedra. El muro del lado Sur, muestra vestigios de haber sido mas alto que el del lado Norte, seguramente también para protección de los vientos».

Rodríguez Suy Suy nos sigue diciendo que los pescadores de Huanchaco lo llaman «Camino del Rey», agregando que: «… por ese camino salía el Rey a la orilla del mar». Averiguando entre los mismos pescadores la práctica de alguna costumbre relacionada con el mar, obtuvimos de los más ancianos la siguiente información: «Nuestros abuelos y nuestros padres, todavía han conservado la costumbre de echar brasas a las olas del mar al mismo tiempo que rezaban algunas oraciones (católicas), con el objeto de ahuyentar la espesa neblina y cualquier tempestad que pudiera poner en peligro la vida de sus parientes que se encontraban pescando o viajando en alta mar. Es una costumbre que hoy se está perdiendo».

Probablemente, esta versión representa una remota y débil supervivencia del gran ceremonial que al Rey Chimú le tocó cumplir en la orilla del mar para fines similares. Entonces, el Rey Chimú debió concurrir en procesional desfile conforme a su alta investidura, razón por la cual llega hasta nuestros días el recuerdo de que por ese camino iba el Rey al mar, los motivos marinos representados en la ciudadela Tschudi y otras como Rivero y Laberinto, bien podrían corresponder a ese ritual (1971: 104-105).

En tanto, para el período Formativo, Bischof (1988) documenta para las Haldas y Culebras, un sistema integral de instalaciones para actos rituales orientados hacia el mar.

También se observa en Morro de Eten, sitio Formativo estudiado por Walter Alva, Carlos Elera y José Carcelén, donde un camino conduce perpendicularmente al acantilado después de cruzar el único cerro de la región situado cerca del mar (citado por Bischof, 1988).

Rodríguez Suy Suy menciona varios caminos ceremoniales que llegan a las playas; el de Huaca La Cruz en Huanchaco que llega a la playa del actual caserío de Huanchaquito, rica -como hasta hoy- en abundante y variados peces de escama y mariscos, y los caminos de Alto de Moche, que unen a la planicie que hay entre las Huacas del Sol y de la Luna, con las playas de Salaverry y Uripe (1970: 22).

Asimismo, Rodríguez Suy Suy para el camino que se une al Vichansao, nos informa que está relacionado con la llegada de las aguas de avenida en verano y a los trabajos de cultivo intensivo que se practicaba en las hoy desérticas tierras de Pampa La Esperanza «Entonces el «Rey Chimú» debió concurrir también en procesional desfile por este camino hasta el punto en que se unen los canales para recibir las aguas». Una supervivencia de aquella ceremonia, podría estar representada por la procesión del «Señor de la Sangre» (San Isidro Labrador, Señor Crucificado y Virgen María) que ahora sólo en casos de sequía se celebra en Moche. En tales circunstancias los agricultores de Moche sacan esta procesión siguiendo el camino que va a los templos del Sol y de la Luna. Llegada la procesión a un punto predeterminado sobre la «acequia del pueblo» fuera de la zona urbana, el sacerdote, vestido con sus ornamentos sagrados, invoca a Dios por la venida del agua y luego tomando la pala de San Isidro, da unas lampadas en la acequia, después de la cual regresan a la Iglesia. Según la creencia de los agricultores, después de esta ceremonia el agua no se hace esperar más tiempo. La posible ceremonia de este segundo camino, pudo estar relacionada también con los trabajos de limpieza y conservación de los canales. Una supervivencia de estos trabajos puede ser la habida en Moche y Virú hasta 1920 más o menos, en un ambiente de gran colorido tradicional. En Virú por ejemplo, los trabajos de limpia constituían una verdadera fiesta: trabajaban, comían, bebían y bailaban. El «Jefe de limpia «ricamente ataviado (collares, pulseras y brazaletes de oro), seguido de su «corte» inspeccionaba los trabajos, después de concluidos, continuaban en gran fiesta comunal …» (1971: 105-106).

Otro ejemplo de estas ceremonias que podemos citar es el que se realiza en el valle de Ica, en donde desde tiempos ancestrales se realiza en el canal La Achirana para su mantenimiento y limpieza anual. Además de los trabajos permanentes de reparación y mantenimiento que se hacían durante todo el año en el mes de octubre, se realizaba anualmente la limpieza del cauce y estos trabajos eran previos a la llegada del «agua de avenida».
«… El agua venía los primeros días de noviembre y diciembre y allí comenzaban a repicar todas las campanas con gusto. Se hacía la fiesta el día que se terminaba la limpieza. Había muchos paisanitos que habían venido de Tate, tenían su guitarra, tocaban … era una alegría máxima, por cuanto habían terminado el cauce» (Mauricio Pacco, N. 1899, Parcona en María Teresa Ore, 1986: 81).

Teresa Valiente (1986: 89), nos informa que para la fiesta del agua que se realiza en Puquio (Ayacucho) diversos autores están de acuerdo en que se trata de un ritual de fertilidad en relación directa con el ciclo agrícola en Puquio, este vínculo se expresa en la limpieza comunal de los canales de irrigación y en el cultivo inmediato de la michka.

Ana M. Soldi (1980: 21), se refiere al agua diciendo: «No es de extrañar entonces que, además de las medidas de carácter técnico y administrativo tomadas para asegurar el abastecimiento de sus campos, los antiguos habitantes de la costa y de la sierra hayan acudido a expedientes mágicos religiosos para intentar de resolver sus problemas».

Rodríguez Suy Suy en relación al camino de estudio le atribuye una función ceremonial basado en la pesca y agricultura respectivamente, debido a la dirección que ambos siguen y al testimonio actual de los pobladores de Huanchaco y agricultores de Moche (1971: 104).

Los datos etnográficos referidos al culto del agua registrados en los valles de Moche, Ica y otros lugares antes mencionados nos proporcionan valiosa información, sobre las ceremonias que se realizan y que serían una continuidad de aquellas ejecutadas por sus antepasados.

Ahora haremos una comparación con la red vial que parte en Batán Grande (río La Leche), donde comenzó la expedición de Hyslop y Urrutia (1980) hasta la ciudad de Trujillo (Plano 4). En este caso sólo trataremos el tramo correspondiente al valle de Chicama y Moche.

Se siguió la ruta antigua entre Chicama y Moche, en donde se encuentra el camino que pasa por las huacas Chiquitoy Viejo y Colorado a 4 km. al Sur-Este de la Hacienda Cartavio en Chicama. El camino se pierde en el desierto entre Chicama y Moche, pero reaparece entrando en Moche unos 6 km. al Norte de Huanchaco. Su ancho es de aproximadamente 29 m. Tiene una orientación de 325º y se conecta en línea recta con el sector de camino observado cerca a las Huacas Chiquitoy Viejo y Colorado (orientación 325º).

En el trayecto del camino (Moche-Chicama), se pasa por varios centros poblados y puede ser transitado por el común de las personas, en comparación al camino en estudio que no pasa por centros poblados y está relacionado específicamente al mar y al canal; y no es transitado libremente por el común de las personas.

Otro punto es la técnica y materiales de construcción. Hyslop y Urrutia (1980) nos informan que en general el camino fue mejor construido cerca de las entradas de los valles. Las paredes que lo bordean son de barro o de piedra y a veces de los dos. Se diferencia del camino ceremonial de estudio por la técnica y materiales empleados en su construcción. La técnica de construcción del camino ceremonial, a partir de la mitad con dirección al canal consistió en grandes piedras en su base, rellenado de pequeñas piedras y adobes en su parte superior pero a partir de la mitad con dirección a la muralla de Chan Chan, los muros se elaboraron con cimientos de piedra y adobes dispuestos en hileras de soga y cabeza. Asimismo el piso se ha encontrado relativamente limpio y en la parte central del camino el piso no se encuentra, producto del post abandono de éste.

Otro punto sería la utilización de adobes en el camino. En Chan Chan se encuentran tres tipos principales de restos arquitectónicos: la arquitectura monumental, la arquitectura intermedia y los SIAR (cuartos pequeños irregulares y aglutinados). La arquitectura monumental y la intermedia presentan como material principal de construcción los adobes, en cambio los SIAR son cuartos de arquitectura rústica. En general, sus muros están hechos con cantos rodados, y rara vez pasan los 50 cm. de alto. Estos muros sirvieron como bases a estructuras de estera y palos. Ocasionalmente los pisos y paredes tuvieron un enlucido de barro, aunque lo característico es que fueran de tierra compactada, humedecida (Topic, 1977; en Topic, 1980).

Este es otro motivo para postular el carácter ceremonial del camino, ya que en los tres tipos de arquitectura de Chan Chan, los SIAR no presentan adobes a diferencia del camino que sí lo presenta. Esta característica nos estaría indicando el uso restringido para un grupo reducido conformado por la élite.

El único método que nos ha permitido fechar el camino fue por medio de los adobes; dando como resultado en la tipología de Kolata ser la mayoría del tipo plano, con algunas excepciones de extremos cuadrados. Kolata (1980: 132) nos dice: «son planos, cuando proporcionalmente son más anchos que altos».

Entonces postulamos que el camino fue construido en la primera fase constructiva de Chan Chan; y por la presencia de adobes de extremos cuadrados, nos estaría indicando que en la segunda fase de construcción de Chan Chan, el camino tuvo un permanente mantenimiento e importancia.

Beck (1979), explica que se han encontrado 150 adobes a lo largo del camino y recuperados en una excavación de T. Pozorski para el Programa Riego Antiguo y determinaron que casi todos los adobes medidos fueron planos con algunos pocos de extremos cuadrados; por lo tanto, los muros son tempranos en la secuencia de adobes de Kolata.

En la trinchera 6, en la parte exterior del Muro Oeste se encontró un entierro disturbado, en el cual se pudo recuperar algunos restos óseos los cuales fueron analizados dándonos como resultado la determinación del sexo el cual fue un individuo masculino, y la determinación de la edad que corresponde a un individuo juvenil con una edad probable de 16-17 años; estos restos se encuentran asociados con una ofrenda de cerámica que corresponde al Período Chimú Medio (Segundo Vásquez comunicación personal, 1998); ésto nos estaría indicando que el camino ceremonial tuvo vigencia en el período Chimú Medio, y posiblemente siguió siendo utilizado en el período Chimú Tardío hasta la llegada de las huestes Incaicas en el año de 1460-1470.

La información reciente del Proyecto Riego Antiguo, es que el canal La Cumbre y la extensión del sistema del canal a Pampa Huanchaco es anterior a la inundación y por lo tanto anterior al camino. El camino puede no haber sido construido para conmemorar la apertura del canal pero puede haber sido construido para conmemorar la reconstrucción del sistema hidráulico después de la inundación (Beck, 1979). Esto nos plantea que el canal es mucho más temprano que el camino; al respecto Deza et. al. (1997: 21) en su primera conclusión dice: «Pampa Esperanza parte alta y el canal Vichansao fueron utilizados para la producción agrícola desde la ocupación Moche, fase IV».

Este dato de que el canal Vichansao fue utilizado en la fase IV de Moche, nos daría la certeza para afirmar que el Canal que tenemos en la parte inferior debajo del piso de la trinchera 1, corresponde al período Moche, en sus últimas fases. Además se encontró sobre el nivel del Canal un fragmento de cocción oxidante, de pasta fina que posiblemente correspondería al período Moche. En esta trinchera se registró el mayor porcentaje los restos arqueozoológicos (invertebrado), los cuales están relacionados con la presencia del canal. El análisis de la totalidad de los restos arqueozoológicos son irrelevantes para el cumplimiento de nuestros objetivos

En síntesis, por la técnica constructiva (pisos relativamente limpios, adobe y enlucido) que se observa en el camino prehispánico, hacen notable la diferencia con otros caminos que presentan elementos de construcción formal sin enlucido, y otros que consisten de simples hileras de piedra y en algunos casos unidas con barro.
Por otra parte, la presencia de los pisos relativamente limpios nos induce a pensar que este camino tuvo un constante mantenimiento.
Así mismo, el hallazgo en la Trinchera 1 de coprolitos de camélido asociados al piso, nos permite deducir que estos transportaban algún tipo de ofrendas o posiblemente como parte de ellas en la realización de las ceremonias.

También es necesario mencionar que la mayor presencia de adobes desde la parte media del camino hasta la muralla Norte de Chan Chan esta relacionado con las construcciones arquitectónicas de la élite, lo que nos sugiere el uso especializado que tuvo el camino.
Otro punto sería la presencia del entierro con cerámica fina del estilo Chimú asociado al camino, lo que explicaría la importancia que cumplió.

Finalmente la unión del camino que conecta las dos fuentes de agua (mar y canal), que según los datos etnográficos estarían relacionados con ceremonias que todavía superviven. Estas ceremonias estuvieron relacionadas con el aspecto ideológico (ceremonia al mar y al canal) de la población que habitaban en la ciudad de Chan Chan.

Por todas las evidencias antes expuestas este camino cumplió una función ceremonial y por la presencia de adobes planos su construcción se remonta a la primera fase constructiva de Chan Chan; y la presencia de adobes de extremos cuadrados nos estaría indicando que el camino mantuvo su importancia durante la segunda fase constructiva de Chan Chan.


Por: Luis Valle Alvarez

Principales Culturas
Costa Norte
LAMBAYEQUE

Los trabajos arqueológicos realizados en la costa norte, principalmente en el área de Lambayeque, son muy escasos, razón por la cual solo se conocía las referencias que dieron los Cronistas; Francisco de Jerez (1537), Cieza de León (1547), Miguel Cabello de Balboa (1586) en su obra «Miscelánea Antártica», el Cura de Morrope y Pacora, Modesto Ruviñoz y Andrade. La tradición contenida en estos documentos constituye el objeto principal de la tradición Lambayecana. Posteriormente estos aportes dieron lugar a que los investigadores tomen interés sobre el desarrollo cultural de Lambayeque. Los primeros en tratar el tema fueron: Tello (1937) quien realizó una somera visita para inspeccionar e inventariar las huacas y artefactos funerarios de oro saqueados en Pampa Grande, anteriormente Brunning (1917-1922), el primer erudito que hizo un estudio conciente y sistemático de la historia cultural de está región, registrando en su monografía las impresiones de los sitios más importantes que él visitara y fotografiara, en su breve estancia. Kroeber (1930) su labor fue limitada, visitó únicamente el Purgatorio, Chotuna y Etén.

Los primeros estudios de campo propiamente hechos se deben a Wendell C. Bennett, quien por los meses de Abril y Mayo de 1939 estuvo en la zona Lambayecana e hizo algunas excavaciones en 81 tumbas y visitó otros 15 lugares sin excavar, llegó a la conclusión de que aquella parafernalia funeraria pertenecía a una época transicional, más tardía. Richard Shaedel (1951-1966), es uno de los primeros en realizar un estudio en gran escala con bosquejos de mapas, para dicha disponiendo de fotografías áreas, actualizaron y recopilaron las principales categorías de restos arqueológicos tales como canales, campos de cultivo, pirámides y lugares habitacionales. Kosok (1965) reportó y trazó mapas de 250 sitios en los valles de Motupe, La Leche y Lambayeque, su investigación se basó en la interpretación del desarrollo socio-económico, político y la irrigación a gran escala de los Lambayeque.

Su base económica estuvo ligada a la construcción de grandes complejos hidráulicos, obras que en su mayoría requirió de un gran despliegue de fuerza de trabajo. Construídas con la finalidad de llevar agua hacia los campos de cultivo ubicados en las laderas del río como el de La Leche y otros.

En la década de los 70, Lambayeque empieza a recibir la debida atención y se desarrolla el Programa de excavación a gran escala (1971-1976) en Pampa Grande, que ofreció un amplio entendimiento de la vida urbana prehistórica del lugar. Ya en 1978 se desarrolla el Proyecto Arqueológico «Batán Grande-La Leche», que al presente es conocido como Proyecto Arqueológico «Sicán,» que fue dirigido por Izumi Shimada, proporcionando nuevos datos para un mejor entendimiento sobre la cultura en estudio.

Las antiguas culturas pre-hispánicas del área andina, mantienen un sin número de relatos y leyendas que muestran los posibles orígenes de estos pueblos, la leyenda de Naylamp, descrita por Cabello de Balboa, narra la llegada mítica de un gran personaje acompañado de un gran séquito, que se asentó cerca al río Iaquisllampa donde construyó el templo Chot. Naylamp tuvo un hijo del cual tuvo 12 descendientes que luego le sucedieron 8 gobernantes más hasta que fueron conquistados por los Incas.

En los últimos trabajos científicos desarrollados en la zona, se estima que los orígenes de la cultura Lambayeque se encuentra a finales del Horizonte Medio o etapa en la cual colapsa la cultura Moche y las tradiciones sincréticas y fusión estilística del dominio de Cajamarca Medio en la Costa Norte, debido a la intrusión de un nuevo concepto social, ideológico y estilístico denominado Wari.

Con el decaimiento de la influencia Wari en el norte se produce el surgimiento de pequeños reinos y culturas regionales que se refleja en una nueva concepción ideológica social y económica como se refleja en la cultura Lambayeque o Sicán. Los diferentes restos materiales encontrados han sido atribuidos por muchos años, a la Cultura Chimú. De tal modo que esta región fue «Chimuizado» por Tello en 1929, Kroeber en 1939; denomina a la cerámica clásica como «North Chimú» y «Chimú Cursivo.

Fue Rafael Larco Hoyle el primero en usar clara y categóricamente la frase «Cultura Lambayeque» (1948), en su «Cronología Arqueológica del Norte del Perú», puntualizando a la vez los elementos diagnósticos que en su criterio distinguían y aislaban con nombre propio la cerámica clásica de la región aludida. Basado en los motivos escultóricos y asas puentes, la divinidad antropomorfa de ojos alados, y la atribuye cierta anexión al estilo Cajamarca, posteriormente lo ubica dentro y como consecuencia del Tiahuanaco expansivo en la Costa.

Para Izumi Shimada el nombre que debe llevar este conjunto de elementos culturales, es la de Sicán, debido a un antiguo documento (Archivo general de los Indios, Sevilla/Justicia 418); menciona que en el año 1536 ésta área fué denominada como «Sicani o Cani».
En la encomienda confiada a F. Pizarro que este entregó a Lobo en 1536, menciona que el área principal fué denominado como «Sicán».

Shimada (1985) caracteriza cronológicamente a esta cerámica en 3 períodos:

  • El Sicán Antiguo (750 -900) caracterizado por la fuerte influencia de estilos foráneos como Cajamarca Medio y Wari/Pachacamac. Constituye una fase de transición entre el fin del Moche o el surgimiento de Sicán.
  • El Sicán Medio (900 – 1,100) época que decae Wari, la cerámica de este período con el símbolo del señor Sicán, se ha encontrado desde Ancón y Pachacamac hasta la Isla de la Plata cerca a Guayaquil.
  • El Sicán Tardío (1,100 – 1,375) la cerámica presenta un bruñido perfecto, negro oscuro y negro manchado. En 1963; sostenía Lothrop es una publicación en 1964 y Engel en 1965, expresiones de ambos estilos se debía a que en la mayoría de la cerámica de Lambayeque es negra como la Chimú y a falta de estudios importantes sobre el valle de Lambayeque. (La zona fue conquistada y anexada a la cultura Chimú).

Los rasgos más saltantes es la producción metalúrgica a gran escala de todo tipo de objetos de metal, su empleo fue masivo incluso llegándose a cubrir completamente la cerámica y cámaras funerarias con laminas de tumbaga (aleación de cobre, plata y oro), entre ellos destaca elementos elaborados en base a cobre arsenical (bronce).

Respecto al poder económico estuvo basado en una alta productividad agrícola y aún amplio control del sistema de irrigación artificial, A la vez tenían control en una amplia red de intercambio de objetos provenientes de diversas partes de América del sur.

Su organización ideológica estaba bien definida y tenían como deidad principal presente en sus representaciones materiales así como los rasgos de aves que mantienen estos.

Shimada menciona de acuerdo a sus investigadores principalmente los referidos a la arquitectura monumental son:

Construcciones de grandes pirámides truncas, combinadas con plataformas generalmente en forma de «T», un modelo en es el caso de Huaca del Loro. La construcción en esta arquitectura monumental usando cámaras de adobe relleno con residuos sueltos, troncos de algarrobo y grandes losetas cocidas, en donde estas últimas deben haberse empleado como refuerzo estructural de las cámaras.

El uso de grandes pilares distribuidos en cuadradas cajas de adobe para el subsuelo, como ejemplo tenemos a Huaca El Corte en donde halló 48 columnas cuadradas pintadas y alineadas en 12 filas de 4 columnas cada una, las bases de estas columnas estaban dispuestas en forma cuadrada, y colocadas en cajas de adobe con piedras y/o ripio rellenos de arena, posiblemente esta área no pudo cumplir funciones de vivienda; pero si empleada como escenarios de exposición de sus ritos públicos.

Una importante tradición en la arquitectura monumental del Sicán- Medio, fue el uso de adobes intencionalmente marcados, estas marcas geométricas que fueron hechos con los dedos antes de que el adobe tomara consistencia. El 90% del total de adobes del mismo tamaño, color, textura y forma con diferentes marcas se repetían en adobes de diferentes tamaños, formas color y textura. Se admite que los adobes marcados eran fabricados por diversas adoberas, (bajo contrato) y para diferentes patrocinadores, y los adobes sin marcas fabricados para cumplir una labor de impuesto para el estado. Los adobes marcados fueron colocados en las construcciones por diferentes grupos de obreros (no pertenecientes a los productores de adobes) quienes usaron diversos adobes marcados que en un principio apilaron en forma desordenada.

Los recintos de las élites mostraban detalles de varios cuartos interconectados, se supone que incluía residencias de las élites y algunos talleres artesanales.

Un ejemplo de la decoración mural que presenta un diseño de 6.70 m. de largo por 1.02 m. de alto, donde 6 personajes llevan un alto y suntuoso tocador sobre una corona de contornos escalonados, resaltando en las mascaras el ojo alado. Los colores utilizados correspondían al rojo oscuro, blanco, anaranjado ocre, rosado, marrón de decoración mural, pero con relieves policromos, son los recientemente hallados en Túcume.

Los estudios sobre cerámica no han podido hasta la fecha aún establecer una secuencia aceptable, sólo se limitaba especialmente a su fase media. Las características más resaltantes que destacan a esta cerámica es el color negro; de cuerpo esférico que descansa sobre una base de pedestal; de pico cónico, en el se desplaza la cabeza de un personaje con ojos alados (Naylamp), estilizada; en el sector occidental de la cabeza de Naylamp nace un asa conectada al cuerpo del recipiente. Frecuentemente este personaje es acompañado por dos sujetos secundarios, estirados y recostados boca abajo como adorándole, esta forma de cerámica es conocida.

Zevallos (1971) propone a la cerámica como una creación de patrones propios del poblador de este valle, diferenciándolo de otras cultural regionales, y que deriva de la cultura mochica por el realismo. Para la cerámica utilitaria Walter Alva los distingue por su singular técnica del paleteado con variados motivos impresos en especifica distribución territorial.

Principales Culturas
COSTA NORTE
CHIMU
Los Chimú Visión Panorámica

Surge al decaer el Imperio Wari, abarcó desde Tumbes hasta Carabayllo. Los Chimú fueron un estado expansionista centralizado con claras divisiones de clases, herencia de cargos y una burocracia muy compleja; el poder lo tenía el gran señor llamado Cie Quic y los Alaec, continuaba un grupo con cierto prestigio y poder económico llamado Fixlla y al final se encontraban los campesinos, los artesanos y los sirvientes. El sistema económico y social funcionaba por medio de una red de centros urbanos rurales que se encargaban de recepcionar y enviar a la capital los tributos obtenidos. El estado se administró en la ciudad capital Chan-Chan, desde allí se manejo, organizó y monopolizó la producción, el almacenamiento, la redistribución y el consumo de bienes y productos. El culto principal estuvo dedicado a la luna debido a su influencia sobre el crecimiento de las plantas, las mareas y a su utilización como marcador del tiempo; sin embargo, cada pueblo debió poseer sus deidades y santuarios locales. La arquitectura ha permitido definir que los gobernantes vivieron en los palacios y recintos monumentales, mientras el pueblo residió en viviendas de quincha con habitaciones pequeñas y fuera de la arquitectura monumental.

LA ECONOMIA CHIMU

La economía Chimú se caracterizó por la explotación de los lugares conquistados que tributaban con alimentos, artesanías, trabajo, etc. La especialización laboral obligó el funcionamiento de un sistema de intercambio o trueque que permitió obtener los productos y objetos que cada cual no producía. El culto principal debió estar dedicado a la Luna debido a su influencia sobre el crecimiento de las plantas, las mareas y a su utilización como marcador del tiempo; sin embargo cada pueblo debió poseer sus deidades y santuarios locales. Los gobernantes vivían en palacios y recintos monumentales mientras el pueblo residió en viviendas de quincha con habitaciones pequeñas y fuera de la arquitectura monumental.

LA CERAMICA CHIMU
Los ceramios Chimú cumplieron dos funciones, como recipientes para uso diario o doméstico y los ceramios de uso ceremonial o para ofrendas de los entierros; los primeros fueron elaborados sin mayor acabado mientras los funerarios muestran bastante dedicación. Las principales características de las vasijas Chimú son una pequeña escultura en la unión del gollete con el arco, su fabricación moldeada para la cerámica ceremonial y modelada para uso diario, su coloración generalmente negro metálico con algunas variantes, su brillo característico se obtenía humeando la vasija que previamente había sido pulida. En pequeñas cantidades también se elaboraron ceramios de colores claros. En la cerámica se han plasmado muchas representaciones realistas como animales, frutos y personajes, así como, escenas míticas.

LA METALURGIA CHIMU
Los artesanos Chimú trabajaron los metales en talleres divididos en secciones para cada caso del tratamiento especializado de los metales; trabajaron el enchapado, el dorado, el estampado, el vaciado a la cera perdida, el perlado, la filigrana , el repujado sobre moldes de madera, etc. Con todas estas técnicas elaboraron gran cantidad de objetos como vasos, cuchillos, recipientes, figuras de animales sólidas o vacías, brazaletes, alfileres, coronas, etc. Para realizar las aleaciones recurrieron a combinaciones de ácidos que se encontraban naturalmente. Los minerales debieron ser obtenidos de minas atajo abierto, de los ríos y de socavones. los metales mas usados fueron el cobre, la plata, el oro y el estaño.

COMO SE FUNDIAN LOS METALES
El mineral extraído se molía en batanes para poder separarlos de otros minerales o impurezas en seguida se fundían en un horno que tenía como combustible carbón vegetal y mineral; constantemente debieron avivar las brasas soplándolas con tubos largos para así elevar la temperatura.

TEXTILERIA CHIMU
El hilado consiste en la practica manual y elemental de unir un conjunto de hilos pequeños para poder lograr un hilo largo y continuo, en esta labor inicial de la textilería se utilizaron diversos instrumentos como el huso. El huso, es un instrumento manual confeccionado de una varita pequeña y delgada que generalmente se va adelgazando a ambos extremos; se lo emplea junto a un tortero o piruro que se inserta en la parte inferior para que haga contrapeso. Se empieza a hilar tomando de la rueca (donde se ha fijado la fibra que se va a hilar) algunas fibras que son fijadas en el huso que se lo hará girar rápidamente entre el pulgar, el cordial y el índice para lograr enrollar y torcer las fibras ininterrumpidas.

Cuando ya se había obtenido los hilos necesarios se empezaba el tejido osea el entrecruzamiento o combinación de los hilos para hacer las telas.

Los Chimú confeccionaron telas, gasas, brocados, bordados, telas dobles, telas pintadas, etc. Algunas veces los textiles fueron adornados con plumas y placas de oro y plata, los colorantes se obtuvieron de ciertas plantas que contenían tanino, del molle y del nogal; de minerales como la arcilla ferruginosa y el mordiente de aluminio y de animales como la cochinilla. Las prendas se confeccionaron de la lana de cuatro animales; el guanaco, la llama, la alpaca, y la vicuña y de la planta de algodón nativo que crece en forma natural en siete colores diferentes. La vestimenta de los Chimú consistió en taparrabos, camisas sin mangas con o sin flecos, pequeños ponchos, túnicas, etc.

Principales Culturas
COSTA NORTE
INKA
Los Incas Conquistan a los Chimu

En el año 1470 Pachacutec ordenó se preparasen treinta mil guerreros para conquistar los valles de la costa al mando de Túpac Yupanqui; todo el ejército se encontró cerca a Lima luego avanzaron hacia Rimac, continuando hacia Barranca; desde allí enviaron los recaudos acostumbrados de paz o guerra al gran Chimú quien al recibirlos respondió que estaba aprestado, con las armas en las manos, para morir en defensa de su patria, leyes y costumbres y que no quería nuevos dioses. El Inca se enteró de esta respuesta y también que no volvería a dar otra.

En Paramonga pelearon muchos días siendo derrotados los Chimú, al ver la fuerte resistencia el príncipe Inca solicitó a su padre veinte mil guerreros para ser mas rápida la conquista, mientras tanto los enfrentamientos continuaron; el ejército Inca era apoyado por los Curacas de Pachacamac y Runahuanac, antiguos enemigos de los Chimú.

Al llegar al valle del Santa las luchas se volvieron aún más crueles, resistiendo muchos días los Chimú; la llegada de los soldados solicitados por Tupac Yupanqui desalentó al pueblo Chimú quienes pidieron a su Rey acepte los ofrecimientos de paz y amistad que proponia el Inca, por que tarde o temprano no podrían resistir. Túpac Yupanqui perdonó la altivez del Rey Chimú manifestandole que no le quitaría sus bienes sino mejoraría su idolatría, leyes y costumbres.

En memoria de esta gran guerra se construyó la Fortaleza de Paramonga como trofeo de la conquista Inca; Minchancaman, el gran Señor Chimú, fue llevado al Cuzco y junto con el numerosos artesanos que trabajarían para el Inca.