T’aqrachullo: El Enigma de la Fortaleza entre Abismos y su Nexo con la Mítica Ancocagua

En la inmensidad sobrecogedora del altiplano cusqueño, donde el viento implacable de la puna moldea los relieves y los cursos fluviales esculpen cañones de vértigo absoluto, se levanta uno de los testimonios arquitectónicos más imponentes, masivos y, paradójicamente, menos comprendidos de la historia andina prehispánica. T’aqrachullo, una monumental ciudadela de piedra que parece desafiar las leyes de la gravedad desde las cumbres de la provincia de Espinar, ha comenzado finalmente a revelar sus secretos al mundo, sacudiendo los cimientos de la arqueología tradicional peruana.

Durante generaciones, los flujos del turismo masivo y los principales proyectos de inversión científica han concentrado históricamente su atención en los valles cercanos al Cusco, el Valle Sagrado de los Incas y el icónico santuario histórico de Machu Picchu. Sin embargo, las minuciosas investigaciones de campo recientes y la sorpresiva atención de cadenas de difusión científica global —particularmente los reportajes internacionales publicados por National Geographic— están provocando un giro radical de los reflectores hacia el sur de la región Cusco. Este es un territorio altoandino donde cada bloque de piedra laja cuenta una historia de resistencia militar, adaptación ecológica extrema y majestuosidad compartida entre civilizaciones preíncas e incas.

Conocida localmente por algunos pobladores, comuneros y arrieros bajo el apelativo popular de la «Fortaleza de María» —debido a su estricta proximidad geográfica con el imponente sector homónimo dentro del espectacular sistema de fallas geológicas y cañones de la zona—, T’aqrachullo no representa simplemente un mirador fortificado o una avanzada militar periférica. Los datos acumulados en las últimas campañas de excavación demuestran de forma irrefutable que nos encontramos ante un complejo urbano, religioso, logístico y militar de gran envergadura que reescribe por completo nuestra comprensión de las fronteras del Tawantinsuyu, así como de las dinámicas de asimilación de las naciones autónomas que habitaron el antiguo Perú antes de la consolidación final del imperio de los incas.

El Cambio de Paradigma: La Arqueología en Manos Peruanas

El verdadero valor del proceso de rescate arqueológico que está experimentando T’aqrachullo en el siglo XXI no radica únicamente en la espectacularidad de sus estructuras de piedra o en la riqueza material oculta en sus estratos arqueológicos. Lo que verdaderamente marca un hito y un cambio de paradigma en la disciplina del país es que las complejas excavaciones, prospecciones y análisis científicos que han retirado la densa maleza de la puna de sus muros están siendo ejecutadas y lideradas de forma directa por investigadores y científicos peruanos.

Históricamente, gran parte de la narrativa oficial sobre el Imperio Inca y las sociedades andinas ha sido construida y filtrada a través de las crónicas coloniales de los conquistadores españoles que los desplazaron y desestructuraron, o mediante expediciones arqueológicas extranjeras de los siglos XIX y XX que a menudo extraían las piezas fuera de sus contextos originarios. Los incas, al no poseer un sistema de escritura alfabético occidental, dejaron su historia grabada en la distribución de sus espacios sagrados, en la tecnología de sus muros y en el interior de sus contextos funerarios.

En T’aqrachullo, cada nuevo muro consolidado, cada fragmento de cerámica catalogado y cada resto óseo analizado representa un acto monumental de reclamación histórica y cultural. Profesionales de la arqueología nacional, profundamente conectados con la herencia de la región, están asumiendo el rol protagónico en la reconstrucción del pasado andino. Esta labor no se limita al aislamiento de los laboratorios o los gabinetes científicos; por el contrario, los equipos de investigación mantienen un diálogo constante y activo con las comunidades campesinas locales que habitan bajo la sombra de la mesa, como Chaupimayo y el distrito de Suykutambo. Al compartir los hallazgos y explicar la trascendencia de la ciudadela a los descendientes directos de sus constructores, la arqueología cumple su función social más noble: devolver a las poblaciones locales su memoria histórica, su orgullo identitario y el protagonismo en la gestión y protección de su propia herencia cultural.

T’aqrachullo Fuente: NatGeo
Geografía del Abismo: El Entorno Estratégico de Suykutambo y el Cañón de la Fortaleza

Para comprender la verdadera magnitud de T’aqrachullo, es imperativo analizar el escenario geográfico y geológico en el cual fue edificado. La ciudadela no fue construida sobre una montaña cualquiera; se asienta de manera imponente sobre una gigantesca mesa barrida por el viento, en las cumbres de la provincia de Espinar, en el distrito de Suykutambo, elevándose a una altitud que oscila entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 1, 2]. Esta ubicación sitúa al complejo en un ecosistema de puna seca, un territorio caracterizado por variaciones térmicas extremas, vientos constantes y una vegetación dominada por el ichu y arbustos rastreros, un paisaje que contrasta drásticamente con los valles fértiles y la ceja de selva donde se ubican centros ceremoniales más conocidos como Machu Picchu [cite: 2].

El emplazamiento de T’aqrachullo responde a una planificación militar y logística de orden superior. La meseta se eleva unos 300 pies de forma completamente vertical sobre el cauce del río Apurímac, justo en las inmediaciones donde convergen tres ríos importantes de la región, un nudo fluvial estratégico que actúa como un foso natural inexpugnable [cite: 1, 2]. Las paredes del cañón adyacente, conocidas localmente en el sector como el Cañón de los Tres Cañones, no solo ofrecían una barrera física insuperable contra cualquier intento de incursión enemiga, sino que además dotaban al asentamiento de un control visual absoluto sobre las rutas de tránsito que interconectaban el altiplano con los valles interandinos del sur del Cusco [cite: 2].

La Escala del Gigante Olvidado

Durante décadas, el manto del olvido y la vegetación silvestre ocultaron las verdaderas dimensiones de este baluarte de piedra. Las exploraciones y excavaciones sistemáticas lideradas por el Ministerio de Cultura han revelado que las ruinas de T’aqrachullo se extienden de manera orgánica a lo largo de un área que abarca aproximadamente 43 acres [cite: 1, 1]. Para poner esta escala en perspectiva científica, la extensión del complejo es aproximadamente cuatro veces más grande que la zona urbana y agrícola de la célebre ciudadela de Machu Picchu, ubicada a unas 140 millas al noroeste [cite: 1].

Esta enorme área arqueológica no se limita exclusivamente a la plataforma superior de la mesa. El planeamiento urbano prehispánico del sitio se distribuyó de forma vertical, abarcando una importante zona residencial y de servicios en la base misma de las formaciones rocosas colosales, así como el denso tejido arquitectónico de élite que corona la cima de la meseta [cite: 1, 2]. Esta dicotomía espacial demuestra que T’aqrachullo no fue un simple puesto de avanzada o un refugio temporal en tiempos de guerra, sino un centro de población masivo, un núcleo logístico permanente y un santuario de gran envergadura capaz de albergar y sustentar a una población numerosa bajo condiciones ambientales sumamente exigentes [cite: 2].

El Acceso Restringido: La Escalera tallada en la Roca

Uno de los elementos de ingeniería más fascinantes y que mejor ilustran el carácter exclusivo y defensivo de T’aqrachullo es su sistema de acceso. La meseta está resguardada por abismos colosales en casi la totalidad de su perímetro, lo que obligó a los antiguos constructores a depender de una única vía de entrada: una empinada, estrecha y escarpada escalera de piedra que rasga la cara misma del acantilado vertical desde el fondo del valle [cite: 1, 1].

Este sendero único funcionaba como un filtro de seguridad implacable. Cualquiera que intentara ascender a la cima quedaba completamente expuesto a las defensas de la ciudadela, haciendo que la entrada fuera fácilmente defendible por un puñado de guerreros situados en la parte superior. Las evidencias arqueológicas indican que este acceso no estaba destinado al uso de la población común de la región. Mientras que los comerciantes, pastores y transeúntes comunes de las redes viales andinas transitaban y se alojaban en el sector bajo, situado en la base de la formación, el acceso a la cima de la plataforma estaba estrictamente restringido a la nobleza inca, los administradores estatales y el cuerpo de sacerdotes dedicados al culto [cite: 1, 1].

El desgaste físico en los peldaños de esta imponente escalera cuenta una historia de siglos de actividad ininterrumpida. Debido a la ausencia total de fuentes de agua naturales y de tierras agrícolas fértiles en la superficie plana de la meseta, todos los recursos esenciales para la vida y el culto —desde el agua potable hasta los alimentos y los textiles sagrados— debían ser transportados de manera constante desde el fondo del valle. Este titánico esfuerzo logístico recayó sobre caravanas de llamas domesticadas, cuyos pesados e incesantes pasos a lo largo de las centurias dejaron huellas e indentaciones profundas y claramente visibles sobre los peldaños de piedra dura, un testimonio mudo de la intensa vida económica y religiosa que animó las alturas de T’aqrachullo [cite: 1].

La Línea del Tiempo de T’aqrachullo: Desde los Orígenes Wari y la Nación K’ana hasta la Hegemonía Inca

Para comprender cabalmente el entramado social, político y sagrado que define a T’aqrachullo, es indispensable realizar una inmersión profunda en su compleja estratigrafía cronológica. Las investigaciones científicas de las últimas décadas han desmantelado la idea de que este sitio fue una creación exclusivamente incaica. Por el contrario, los datos de campo acumulados estiman que la meseta y sus laderas registran una secuencia ininterrumpida de presencia y actividad humana que se extiende por aproximadamente 2,000 años, transformándolo en un fascinante palimpsesto de las civilizaciones más influyentes del sur andino [cite: 1, 1].

La Génesis del Sitio: El Horizonte Medio y la Presencia Wari

La historia arquitectónica y religiosa de T’aqrachullo hunde sus raíces en el Horizonte Medio (ca. 650–1000 d.C.) [cite: 1]. Durante gran parte del siglo XX, las teorías académicas convencionales afirmaban que el Imperio Wari —una poderosa civilización centralizada con base en Ayacucho— no había extendido su esfera de influencia directa de manera tan drástica hacia las provincias altas del sur de la región Cusco. Sin embargo, las exploraciones iniciales de superficie lideradas en la década de 1990 por las investigadoras peruanas Alicia Quirita y Maritza Candia comenzaron a resquebrajar este consenso al hallar tiestos y fragmentos cerámicos con una clara filiación estética y técnica wari [cite: 1].

Las excavaciones sistemáticas ejecutadas posteriormente por el Ministerio de Cultura del Perú bajo la dirección del arqueólogo Emerson Pereyra confirmaron estas sospechas de manera monumental. Al profundizar en los estratos inferiores, el equipo desenterró un imponente conjunto de ofrendas y entierros intactos pertenecientes a esta etapa formativa del santuario [cite: 1]. Entre los hallazgos más deslumbrantes destaca una tumba sellada que albergaba exquisitas estatuillas y figurinas aplanadas talladas en metal con la silueta de llamas, acompañadas de finas láminas de oro puro y piezas de crisocola —un mineral de tonalidades azul-verdosas sumamente codiciado en el mundo prehispánico— minuciosamente trabajadas para emular la sagrada e imponente figura del puma [cite: 1, 1]. Estos elementos demuestran que, ya bajo el dominio Wari, la mesa de T’aqrachullo no era un simple campamento de pastores, sino un espacio dotado de una profunda carga ritual, donde la élite regional depositaba manufacturas de alto valor simbólico.

T’aqrachullo. Fuente NatGeo
El Intermedio Tardío: El Pukara de la Nación K’ana

Con el colapso del sistema imperial Wari hacia el año 1000 d.C., los Andes centrales entraron en el periodo conocido como el Intermedio Tardío (ca. 1000–1450 d.C.) [cite: 1, 2]. Esta época estuvo profundamente marcada por una marcada fragmentación política, intensos conflictos interétnicos y una competencia feroz por el control de fuentes de agua estables y pastizales óptimos para la ganadería de camélidos en las zonas de altura. En este contexto de inestabilidad generalizada, la provincia alta de Espinar fue ocupada sólidamente por la nación K’ana [cite: 2].

Los K’anas eran un grupo étnico preínca caracterizado en las fuentes etnohistóricas por su temperamento marcial, su destreza en la economía ganadera de altura y su notable capacidad para adaptar soluciones arquitectónicas defensivas a los rigurosos ecosistemas de la puna seca [cite: 2]. Fue precisamente esta necesidad de supervivencia y soberanía territorial la que impulsó a los líderes K’anas a elegir la cumbre de los macizos rocosos de Suykutambo para fundar un imponente pukara o asentamiento fortificado [cite: 2]. Desde las alturas inexpugnables de la meseta, los vigías y guerreros K’anas poseían un dominio visual absoluto sobre todo el cañón y controlaban de manera estricta las vitales rutas comerciales que conectaban el altiplano de la cuenca del Titicaca con los valles interandinos septentrionales [cite: 2]. Durante esta fase, el urbanismo del sitio se expandió mediante la construcción masiva de recintos de planta circular y rectangular levantados con piedra laja local unida con argamasa de barro, diseñados para albergar a la población civil y a las guarniciones defensivas permanentes [cite: 2, 2].

T’aqrachullo. Fuente: NatGeo
El Horizonte Tardío: La Intervención e Integración Imperial Inca

Hacia mediados del siglo XV, el Horizonte Tardío irrumpió en la región con las campañas expansivas iniciadas desde el Cusco por el Estado Inca, bajo el liderazgo de soberanos como Pachacútec [cite: 1]. La historiografía y las detalladas evidencias materiales sugieren que la incorporación de la provincia de Espinar y de la nación K’ana al Tawantinsuyu no se produjo necesariamente a través de una cruenta guerra de exterminio, sino por medio de una serie de complejas y calculadas alianzas políticas, diplomáticas y matrimoniales [cite: 2]. Los gobernantes cuzqueños valoraban sobremanera la bravura y destreza militar de los guerreros K’anas, integrándolos rápidamente como un cuerpo de choque aliado en las sucesivas campañas de conquista del imperio hacia otras latitudes.

Una vez consolidada la anexión pacífica del territorio, los arquitectos e ingenieros del imperio intervinieron de forma monumental el tejido urbano preexistente de T’aqrachullo [cite: 2]. Respetando escrupulosamente el núcleo original de las construcciones K’anas, los incas superpusieron sus refinadas técnicas de aparejo de piedra, ampliaron masivamente los sistemas de andenería en las laderas para estabilizar los suelos frente a los deslizamientos y asegurar la agricultura de altura, y erigieron imponentes recintos administrativos y ceremoniales que asimilaron el sitio dentro del gran Qhapaq Ñan o sistema vial andino [cite: 2, 2]. Así, el complejo quedó integrado como un nudo logístico, espiritual y de control político absolutamente crucial dentro de la vasta región del Kuntisuyu, sirviendo como un nexo de comunicación directo con metrópolis tan distantes como Quito en la actual frontera norte o Santiago en el extremo sur [cite: 1, 2].

Arquitectura de Poder y Fe: Análisis Detallado de los Sectores Urbano, Militar y el Gran Templo Sagrado

La distribución espacial y la monumentalidad de las estructuras de T’aqrachullo constituyen un testimonio tangible de la sofisticada planificación urbana prehispánica, diseñada con el doble propósito de consolidar el control geopolítico de la región y albergar las más sagradas manifestaciones litúrgicas de las provincias altas [cite: 1, 2]. Las campañas de restauración del Ministerio de Cultura de las que formó parte el arqueólogo Emerson Pereyra han permitido catalogar cerca de 600 estructuras complejas distribuidas de manera orgánica a lo largo de crestas rocosas y abismos vertiginosos [cite: 1, 2]. Este extenso entramado constructivo se organiza a través de sectores claramente zonificados y especializados [cite: 2].

El Sector Residencial y Doméstico: La Base Social y Logística

La base demográfica y de servicios de la ciudadela se localiza estratégicamente tanto en las zonas bajas adyacentes a la mesa como en sectores intermedios de las laderas [cite: 1, 2]. Este sector doméstico destaca por una masiva concentración de recintos habitacionales de planta predominantemente circular y rectangular, una tipología que denota la herencia constructiva de la nación K’ana respetada y posteriormente refaccionada por la administración incaica [cite: 2]. Las paredes de estas viviendas están edificadas con piedra laja de origen local, unidas con una densa y resistente argamasa de barro y paja de la puna [cite: 2].

Intercaladas de forma regular entre los recintos residenciales, los arquitectos prehispánicos levantaron estructuras circulares de almacenamiento conocidas como qollqas [cite: 2]. Estos depósitos estatales eran indispensables para el acopio de productos nativos de altura, como tubérculos deshidratados (chuño) y granos andinos, destinados al sustento de las guarniciones militares y de los operarios dedicados al mantenimiento del complejo. En las laderas adyacentes, se despliega un intrincado sistema de terrazas y andenerías agrícolas que cumplían una doble función técnica de gran trascendencia: estabilizaban los suelos frente a los constantes deslizamientos del cañón y generaban microclimas aptos para la producción agrícola bajo condiciones climatológicas extremas [cite: 2].

Murallas y Sistemas Defensivos: El Pukara Inexpugnable

El carácter militar y de refugio fortificado de T’aqrachullo se hace evidente al analizar sus formidables perímetros de seguridad. Aunque la topografía natural de la mesa —con sus caídas de 300 pies verticales hacia el cauce del río Apurímac— proporcionaba una barrera física prácticamente insuperable, los flancos que presentaban mayor vulnerabilidad y suavidad en la pendiente fueron fuertemente protegidos por imponentes lienzos de murallas defensivas de mampostería [cite: 1, 2]. Estos gruesos muros de contención y murallas no solo impedían el ingreso de agentes externos en tiempos de guerra, sino que segregaban de forma estricta los flujos de tránsito cotidianos de la ciudadela [cite: 2].

El acceso hacia la zona noble y sagrada estaba fuertemente controlado a través de una angosta estructura de entrada al final de la empinada escalera tallada en el acantilado [cite: 1]. Las recientes investigaciones han sacado a la luz evidencias de que la guarnición defensiva de la fortaleza se encontraba permanentemente armada y abastecida para resistir asedios prolongados. En áreas estratégicas del perímetro defensivo se han desenterrado abundantes depósitos o caches con proyectiles esféricos de piedra seleccionada, puntas de lanza talladas en obsidiana negra y restos óseos de individuos masculinos que presentan fracturas y lesiones traumáticas ante-mortem, signos inequívocos de enfrentamientos bélicos violentos directos [cite: 1].

El Sector Ceremonial de Élite: El Corazón Sagrado de la Mesa

En la plataforma superior de la mesa, aislada del bullicio doméstico por la estricta restricción de tránsito, se alza el núcleo teocrático y administrativo de T’aqrachullo [cite: 1, 2]. En este espacio exclusivo, la calidad de la arquitectura sufre un salto técnico cualitativo asombroso: las rústicas construcciones de piedra laja dan paso a estructuras con un aparejo y un acabado notablemente superiores, caracterizadas por el empleo de nichos u hornacinas empotradas y vanos trapezoidales finamente labrados, elementos que representan la firma inconfundible de la arquitectura monumental de la élite incaica [cite: 2].

El descubrimiento más espectacular de este sector, consolidado en el año 2023, corresponde a las fundaciones de un Gran Templo de planta abierta orientado de forma precisa hacia las cumbres de los apus o montañas sagradas circundantes [cite: 1]. Los análisis arquitectónicos y estratigráficos demostraron que esta estructura principal fue edificada sobre las bases de plataformas rituales mucho más antiguas, confirmando la naturaleza ancestral del culto en la meseta mucho antes de la expansión cusqueña [cite: 1].

En el centro geométrico de esta gran plataforma ceremonial se localizan los restos de una icónica fuente o pileta sacramental vinculada al culto del agua y la fertilidad de la tierra [cite: 1]. La fuente cuenta con un elaborado canal labrado directamente sobre el suelo de piedra, diseñado para que las autoridades y sacerdotes vertieran libaciones rituales de chicha (bebida fermentada de maíz) de un vaso ceremonial a otro como ofrenda consagrada a los dioses y deidades de la naturaleza [cite: 1]. Durante estas solemnes ceremonias y observaciones astronómicas nocturnas bajo el firmamento de la puna, los sacerdotes de la alta nobleza incaica —ataviados con elaborados tocados, textiles polícromos y resplandecientes aplicaciones de metal— depositaban pepitas y fragmentos de oro puro en las junturas de los bloques de piedra de la fuente, mientras oraban y cantaban al compás de trompetas de caracola y tambores para asegurar la prosperidad del imperio [cite: 1].

Los Monumentos Funerarios: Las Chullpas Nobles

La sacralidad de T’aqrachullo se extendía de igual manera a su dimensión funeraria, configurándolo como un imponente centro de veneración de los ancestros. En los sectores periféricos y más elevados de la meseta se yerguen las chullpas, estructuras funerarias en forma de torres construidas con piedra laja destinadas exclusivamente a albergar las momias y los fardos funerarios de los miembros de la élite y la nobleza dominante [cite: 1].

La edificación de estos monumentos funerarios incaicos refleja un proceso de apropiación espiritual y reconfiguración del espacio sagrado de gran interés para los estudios arqueológicos. Los ingenieros incas levantaron estas complejas chullpas directamente sobre los cementerios y tumbas subterráneas de las civilizaciones precedentes, como los Wari. Los restos óseos de los antiguos habitantes enterrados allí siglos atrás fueron cuidadosamente exhumados de sus tumbas originales y trasladados de forma respetuosa hacia grandes fosas o tumbas comunales secundarias de carácter colectivo, permitiendo que la nueva clase gobernante imperial ocupara físicamente las posiciones espaciales de poder y culto a los muertos en la cima de la ciudadela [cite: 1].

El Tesoro Escondido: El Hallazgo de las Secuencias de Oro y la Conexión con la Mítica Ancocagua

A pesar de la imponente monumentalidad de sus estructuras de piedra laja, el verdadero punto de inflexión científica que obligó a la comunidad arqueológica internacional a reevaluar por completo la posición jerárquica de T’aqrachullo ocurrió una mañana de septiembre del año 2022 [cite: 1]. El arqueólogo peruano Dante Huallpayunca se encontraba realizando meticulosas labores de limpieza y raspado superficial de suelos en el interior de un recinto de piedra que, durante décadas, había sido empleado de manera rústica por los comuneros locales como un simple corral para alpacas [cite: 1]. De pronto, uno de sus asistentes de campo divisó un destello inusual entre la tierra compacta [cite: 1].

Lo que inicialmente comenzó como el hallazgo de una pequeña pieza aislada se transformó rápidamente en el desentierro de uno de los tesoros ceremoniales más masivos e importantes registrados en el sur andino en las últimas décadas: una impresionante colección oculta de casi 3,000 pequeñas lentejuelas o placas circulares perforadas (secuencias) manufacturadas en oro puro, plata y cobre [cite: 1]. Estos delicados discos metálicos, meticulosamente labrados a inicios del siglo XVI, no eran elementos utilitarios o de intercambio comercial; constituían adornos sagrados de alta costura diseñados exclusivamente para ser cosidos y fijados sobre los suntuosos textiles y vestimentas ceremoniales empleados por la suprema élite imperial y el cuerpo sacerdotal incaico durante las liturgias de Estado [cite: 1, 1]. El hallazgo demostró de forma irrefutable que T’aqrachullo no era una fortaleza periférica o un asentamiento rural aislado, sino un centro de inmenso poder político, económico y teocrático dentro del Tawantinsuyu [cite: 1].

La Hipótesis de Reinhard: La Búsqueda de Ancocagua

Este asombroso descubrimiento material dotó de un peso científico renovado a una audaz teoría que había permanecido archivada durante casi tres décadas. En el año 1994, el renombrado antropólogo, arqueólogo de alta montaña y Explorador de National Geographic, Johan Reinhard, visitó la meseta por primera vez acompañado por la entonces estudiante de arqueología Alicia Quirita [cite: 1]. Reinhard se encontraba enfrascado en una persistente investigación histórica: localizar el emplazamiento exacto de una de las ciudadelas y santuarios más sagrados, enigmáticos e inexplorados de la literatura colonial, conocida en los textos bajo el nombre de Ancocagua [cite: 1, 1].

Las referencias sobre este místico oráculo procedían inicialmente de la Crónica del Perú, un tratado fundamental publicado en 1553 por el cronista español Pedro Cieza de León [cite: 1]. En su manuscrito, Cieza de León afirma taxativamente que el templo de Ancocagua figuraba de forma oficial como uno de los cinco centros ceremoniales y santuarios más importantes, venerados y ricos de todo el Imperio Inca, albergando un célebre oráculo y acumulando inmensas cantidades de oro y plata procedentes de las ofrendas imperiales [cite: 1, 1]. Sin embargo, las descripciones geográficas proporcionadas por la Crónica eran sumamente vagas, lo que impidió que los historiadores de los siglos XIX y XX pudieran determinar su paradero exacto.

El panorama de la investigación cambió drásticamente en el año 1987 con el descubrimiento fortuito en España de la parte que se consideraba perdida del manuscrito del cronista Juan de Betanzos, redactado originalmente en el siglo XVI [cite: 1]. Betanzos, un colono español que dominaba el idioma quechua por estar casado con una noble incaica, no solo corroboró la inmensa jerarquía religiosa de Ancocagua, sino que legó un relato detallado y desgarrador sobre los eventos militares que acontecieron en dicha fortaleza durante los últimos días de existencia del imperio [cite: 1].

El Relato de Betanzos: Asedio, Resistencia y Muerte en el Abismo

De acuerdo con las crónicas recuperadas de Betanzos, tras la captura y ejecución del inca Atahualpa en Cajamarca por las huestes comandadas por Francisco Pizarro en 1532, el control español sobre los Andes no se consolidó de manera pacífica [cite: 1]. Casi de inmediato, cruentas rebeliones y focos de resistencia armada estallaron en diversas provincias del imperio. Uno de los bastiones de resistencia más feroces e inexpugnables se organizó precisamente en el santuario de Ancocagua, descrito como una monumental ciudadela fortificada situada sobre una meseta escarpada e inaccesible en una región localizada al sur de la capital imperial del Cusco [cite: 1].

Decididos a aplastar de forma definitiva este peligroso levantamiento nativo, un batallón de caballería e infantería española liderado por uno de los hermanos de Francisco Pizarro marchó hacia las provincias altas con el objetivo de asaltar la fortaleza [cite: 1]. Sin embargo, al llegar a la base de las formaciones rocosas, los conquistadores descubrieron que las huestes incas rebeldes habían bloqueado por completo el único y estrecho sendero de acceso que conducía a la cima de la meseta [cite: 1]. Ante la imposibilidad material de realizar un asalto frontal debido al abismo vertical, el ejército español se vio obligado a establecer un riguroso cerco o sitio militar alrededor de la montaña, cortando de manera absoluta todo ingreso de suministros esenciales, agua potable y alimentos hacia la plataforma superior [cite: 1].

El desenlace de este asedio prolongado fue trágico. Tras semanas de privaciones extremas y ante la inminencia de la caída de sus defensas por el hambre y la sed, los desesperados defensores de la ciudadela tomaron una determinación radical: antes que rendirse y someterse a la esclavitud o el suplicio a manos de los invasores europeos, cientos de hombres, mujeres y niños residentes del santuario prefirieron arrojarse en masa desde los imponentes acantilados verticales hacia los abismos del cañón, hallando la muerte sobre las rocas del río Apurímac [cite: 1, 1]. Una vez que las tropas españolas lograron finalmente vulnerar los accesos saboteados, saquearon los templos, confiscaron los tesoros del oráculo y abandonaron el sitio, dejándolo sepultado bajo el manto del olvido histórico [cite: 1].

Las Evidencias del Conflicto Militar

Al contrastar estas sobrecogedoras narraciones históricas con los hallazgos físicos recuperados en las campañas de excavación dirigidas por Emerson Pereyra, las coincidencias científicas resultan abrumadoras. Además de la correspondencia exacta de la geografía de T’aqrachullo con la mesa descrita en las fuentes coloniales, el equipo de arqueólogos peruanos descubrió que el sendero principal de la escalera de piedra se encontraba obstruido y sepultado de forma artificial por una densa capa de entre seis y diez pies de bloques de roca colapsada [cite: 1]. Si bien inicialmente los investigadores consideraron que se trataba de un derrumbe natural fortuito, los análisis estructurales posteriores demostraron de forma contundente que los peldaños fueron saboteados y dinamitados de forma deliberada por los propios operarios incas con el fin de inhabilitar la subida ante una inminente invasión militar [cite: 1].

Esta hipótesis se ve fuertemente respaldada por el desentierro en los sectores residenciales y de murallas de numerosos entierros secundarios e individuos cuyos esqueletos presentan marcas claras de traumatismos perimortem causados por armas contundentes, lesiones infligidas de forma violenta en combate y una total ausencia de elementos o artefactos de filiación europea [cite: 1]. Si bien las investigaciones arqueológicas aún no han detectado vestigios materiales directos que denoten una ocupación o presencia prolongada de los conquistadores españoles en la meseta, este hecho concuerda perfectamente con la naturaleza del relato de Betanzos: un asedio externo, un saqueo relámpago de las riquezas del oráculo y el abandono inmediato de una fortaleza destruida y maldita por el suicidio colectivo de sus habitantes [cite: 1].

Guía de Exploración Científica y el Futuro del Patrimonio en las Provincias Altas

Para el investigador, estudiante o viajero enfocado en la exploración científica, adentrarse en el complejo arqueológico de T’aqrachullo constituye una experiencia tan profundamente gratificante como rigurosa y exigente desde el punto de vista físico y logístico [cite: 2]. Al encontrarse geográficamente apartado de los circuitos turísticos comerciales tradicionales del departamento del Cusco, la planificación de una expedición hacia este baluarte prehispánico requiere un ordenamiento meticuloso de la ruta, el equipamiento y los tiempos de aclimatación [cite: 2].

Planificación Logística y Rutas de Acceso

El complejo se ubica formalmente en los terrenos de la comunidad campesina de Chaupimayo, dentro del distrito de Suykutambo, perteneciente a la provincia de Espinar, en el sector meridional de la región Cusco [cite: 2]. El viaje se desglosa a través de las siguientes pautas logísticas y operativas fundamentales para garantizar una exploración exitosa [cite: 2]:

Aspecto Clave Detalle Operativo e Indicaciones Científicas
Altitud Operativa El complejo se despliega verticalmente en un rango comprendido entre los 3,900 y los 4,100 metros sobre el nivel del mar [cite: 2].
Ruta Terrestre Desde la ciudad de Cusco, se toma la vía terrestre hacia la ciudad de Yauri (capital de Espinar) en un viaje que toma entre 4 y 5 horas [cite: 2]. De Yauri, se continúa en vehículo hacia Suykutambo (1 hora aproximadamente) hasta el sector de Chaupimayo [cite: 2].
Tramo Peatonal En Chaupimayo se inicia la caminata de ascenso vertical a través de la icónica y empinada escalera de piedra laja tallada sobre el acantilado [cite: 1, 2].
Condiciones de Ingreso El acceso al sitio está gestionado de manera comunitaria directa por los comuneros locales, quienes aplican tarifas mínimas destinadas al mantenimiento básico [cite: 2].
Estacionalidad Óptima Se recomienda efectuar la exploración

estrictamente durante la temporada seca andina (de mayo a octubre), evitando las lluvias torrenciales de la puna [cite: 2].

Debido a la altitud extrema en la que se ejecutan los tramos de ascenso, es una pauta médica y de seguridad indispensable realizar un periodo previo de aclimatación física de al menos 48 horas en las ciudades de Cusco o Yauri para mitigar los efectos del mal de montaña o soroche [cite: 2]. El sendero peatonal exige una condición física moderada, calzado técnico de montaña con excelente agarre para roca laja suelta, vestimenta térmica por capas capaz de contener el intenso viento de la puna, protección contra la alta radiación solar y sistemas portátiles de hidratación [cite: 2]. Asimismo, se exhorta a los científicos y exploradores a realizar la prospección acompañados obligatoriamente por guías comunitarios locales para garantizar la seguridad y evitar cualquier daño accidental sobre los frágiles paramentos arqueológicos que aún no han sido plenamente consolidados por el Estado [cite: 2].

El Futuro del Patrimonio: Conservación, Museo de Sitio y Sostenibilidad

El incremento de la visibilidad científica internacional brindado a T’aqrachullo por plataformas de investigación global no representa un hecho aislado, sino el reflejo directo de un profundo cambio de paradigma en la geopolítica de la arqueología peruana [cite: 2]. Las provincias altas del Cusco, largamente postergadas en los manuales de historia oficial en favor de los monumentos del Valle Sagrado, están demostrando poseer una riqueza monumental que redefine por completo el equilibrio de poder y las fronteras de los estados prehispánicos [cite: 2].

Las excavaciones sistemáticas dirigidas por Emerson Pereyra concluyeron formalmente en el año 2024, dejando al descubierto que los arqueólogos apenas han retirado el velo científico sobre un poco más del 50% de la superficie total del complejo arqueológico [cite: 1]. El resto de la gigantesca meseta de 43 acres e intrincadas estructuras habitacionales ha sido dejado intacto de forma deliberada por el Ministerio de Cultura, reservando estos estratos y contextos arqueológicos sellados para que futuras generaciones de investigadores puedan abordarlos con tecnologías avanzadas y mejores métodos de análisis microestratigráfico [cite: 1, 1].

En el corto y mediano plazo, el verdadero desafío que afronta T’aqrachullo radica en articular un equilibrio armónico entre la investigación científica continua, la conservación física de los muros expuestos a la intemperie altoandina y el desarrollo de un modelo de turismo sostenible y de gestión comunitaria [cite: 2]. Uno de los anuncios más significativos y esperados por los investigadores es el proyecto estatal para impulsar la construcción de un moderno Museo de Sitio en la jurisdicción de Espinar [cite: 2]. Este espacio técnico tendrá como objetivo prioritario albergar, catalogar y exhibir bajo estrictas normas de conservación el inmenso universo de artefactos recuperados en el sitio: desde las miles de lentejuelas de oro, plata y cobre halladas por Dante Huallpayunca, hasta las finas vajillas ceremoniales K’ana e Inca, herramientas líticas y elementos funerarios [cite: 1, 2].

La implementación de este museo no solo garantizará la protección del patrimonio mueble contra el huaqueo y el tráfico ilícito de antigüedades, sino que se constituirá en el motor central para la educación patrimonial de las comunidades campesinas de Chaupimayo y Suykutambo, devolviéndoles el legítimo protagonismo en la gestión y usufructo de su herencia histórica [cite: 2]. Al restaurar y proteger estos muros sin alterar su esencia sagrada, T’aqrachullo se posiciona en el siglo XXI no como una ruina muerta del pasado, sino como un monumento vivo de identidad, ciencia y soberanía cultural andina [cite: 2].

Fuentes y Referencias Bibliográficas
  • Archivo Histórico de Arqueología del Perú. (2026). El despertar de Taqrachullo: La majestuosa ciudadela preínca e inca que desafía los límites del patrimonio andino en Espinar. Publicado originalmente en arqueologiadelperu.com.

  • National Geographic UK. (Edición de Junio, 2026). The Search for the Inca’s Lost Citadel (La búsqueda de la ciudadela perdida de los incas). Textos por Alejandro Muñoz; Fotografías por Arturo Rodríguez. Reportaje especial sobre las excavaciones del Ministerio de Cultura en T’aqrachullo y la hipótesis de la fortaleza de Ancocagua.

El despertar de Taqrachullo: La majestuosa ciudadela preínca e inca que desafía los límites del patrimonio andino en Espinar

Ubicado en los confines de la provincia de Espinar, Cusco, el complejo arqueológico de Taqrachullo ha emergido del olvido para posicionarse como uno de los hallazgos e hitos patrimoniales más fascinantes del sur andino, capturando incluso la atención de la comunidad científica internacional y de publicaciones globales como National Geographic. Esta imponente ciudadela de piedra, erigida originalmente por la nación K’ana y expandida posteriormente por los Incas, se asienta sobre formaciones rocosas colosales a más de 3,900 metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Suykutambo. Su diseño arquitectónico y su estratégica ubicación han llevado a investigadores y cronistas a compararla con Machu Picchu, ganándose el apelativo popular de la «Fortaleza de María» debido a su proximidad con el imponente cañón homónimo. El presente artículo ofrece un análisis profundo sobre la verdadera historia de este complejo, detallando su evolución cronológica desde el Intermedio Tardío, la complejidad de sus estructuras defensivas y residenciales, las recientes iniciativas estatales para la creación de un museo de sitio, y las pautas logísticas indispensables para adentrarse en uno de los secretos mejor guardados de la arqueología cusqueña.

Introducción: El enigma pétreo de los Andes altos

En la inmensidad del altiplano cusqueño, donde el viento de la puna moldea el paisaje y los ríos esculpen cañones de vértigo, se levanta uno de los testimonios arquitectónicos más imponentes y menos comprendidos de la historia andina. Taqrachullo, una monumental ciudadela de piedra que desafía la gravedad desde las cumbres de la provincia de Espinar, ha comenzado a revelar sus secretos al mundo. Aunque el turismo masivo ha concentrado históricamente su atención en el Valle Sagrado y el santuario de Machu Picchu, las investigaciones y la reciente atención de cadenas internacionales como National Geographic están girando los reflectores hacia el sur de la región Cusco, un territorio donde la piedra cuenta una historia de resistencia, adaptación y majestuosidad preínca e inca.

Conocida localmente por algunos pobladores y arrieros como la Fortaleza de María —debido a su cercanía al sector homónimo dentro del espectacular sistema de cañones de la zona—, Taqrachullo no es simplemente un mirador fortificado. Se trata de un complejo urbano, religioso y militar de gran envergadura que reescribe la comprensión de las fronteras del Tawantinsuyu y de las naciones que habitaron el antiguo Perú antes de la consolidación del imperio de los incas.

El origen K’ana y la asimilación Inca: Cronología de un baluarte

Para entender la verdadera dimensión de Taqrachullo, es necesario retroceder en el tiempo, específicamente al periodo del Intermedio Tardío (aproximadamente entre el 1000 y el 1450 d.C.). Antes de que los incas expandieran sus dominios fuera del valle del Cusco, la provincia alta de Espinar estaba habitada por la nación K’ana, un grupo étnico preínca caracterizado por su carácter guerrero, su destreza en la ganadería de altura y su arquitectura adaptada a los ecosistemas de puna seca.

Los K’anas eligieron la cima de estos macizos rocosos en el actual distrito de Suykutambo no por un capricho estético, sino por una estricta necesidad estratégica. En una época marcada por intensos conflictos interétnicos y la búsqueda del control de recursos hídricos y pastizales, Taqrachullo nació como un pukara o asentamiento fortificado. Desde sus alturas, los antiguos habitantes poseían un control visual absoluto de las rutas que conectaban el altiplano con los valles interandinos.

Hacia el siglo XV, durante el Horizonte Tardío, el incario inició su campaña de consolidación expansionista. La historiografía y las evidencias arqueológicas locales sugieren que la anexión de los K’anas al Tawantinsuyu no se dio necesariamente mediante una guerra de exterminio, sino a través de complejas alianzas políticas y matrimoniales, dada la valía de los guerreros K’anas como aliados militares de los soberanos cusqueños.

Una vez integrado el territorio, los arquitectos imperiales intervinieron Taqrachullo. Respetando el núcleo original preínca, los incas superpusieron sus técnicas de aparejo de piedra, ampliaron los sistemas de andenería para la agricultura de altura e incorporaron recintos administrativos y ceremoniales que consolidaron al sitio como un nudo logístico crucial en las redes de comunicación del Kuntisuyu.

Arquitectura entre abismos: La estructura del complejo

El complejo arqueológico de Taqrachullo se distribuye de manera orgánica a lo largo de crestas rocosas, adaptándose con precisión milimétrica a las irregularidades del terreno. La primera impresión que ofrece a los investigadores y visitantes es su sobrecogedora similitud visual con las ciudadelas construidas en la ceja de selva, lo que ha motivado comparaciones periodísticas con Machu Picchu, a pesar de pertenecer a un entorno geográfico y ecológico radicalmente distinto.

El asentamiento se compone de diversos sectores claramente diferenciados mediante un planeamiento urbano prehispánico:

  • Sector Residencial y Doméstico: Caracterizado por recintos de planta circular y rectangular que albergaban a la población local y a las guarniciones militares. Las paredes están edificadas con piedra laja de la zona, unidas con argamasa de barro.

  • Sector Ceremonial y de Élite: En las zonas más elevadas y de difícil acceso se aprecian estructuras con un acabado arquitectónico notablemente superior, donde destacan hornacinas y vanos trapezoidales típicamente incas, destinados probablemente al culto de las deidades tutelares (los apus) y a las autoridades administrativas.

  • Murallas y Sistemas Defensivos: El perímetro del sitio aprovecha los abismos naturales del cañón, pero en los flancos vulnerables se erigieron imponentes lienzos de murallas defensivas que restringían y controlaban rigurosamente el acceso.

  • Andenerías y Almacenamiento: En las laderas adyacentes se despliegan terrazas agrícolas que servían tanto para estabilizar los suelos frente a los deslizamientos como para el cultivo de productos nativos de altura, complementadas con estructuras destinadas a depósitos o qollqas.

Un museo de sitio para salvaguardar la historia de Espinar

A medida que el valor de Taqrachullo cobra relevancia en la agenda pública, las autoridades locales de la provincia de Espinar y el Ministerio de Cultura del Perú han comenzado a articular esfuerzos para su puesta en valor integral. Uno de los anuncios más significativos y esperados por la comunidad científica y los habitantes de la zona es el proyecto para impulsar la construcción de un museo de sitio en la jurisdicción.

El objetivo prioritario de este espacio museístico será albergar, conservar y exhibir de forma técnica los numerosos hallazgos recuperados durante las sucesivas campañas de excavación y prospección arqueológica en el área. Entre los objetos rescatados se encuentran piezas de cerámica de filiación K’ana e Inca, herramientas líticas, restos óseos que ilustran las prácticas funerarias de la época y artefactos de metal que evidencian el intercambio comercial y cultural que sostenía esta fortaleza con otras regiones del área centro-sur andina.

La implementación de este museo no solo garantizará la protección del patrimonio mueble contra el huaqueo y el tráfico ilícito, sino que se constituirá en el eje motriz para la educación patrimonial de las comunidades locales de Chaupimayo y Suykutambo, devolviéndoles el protagonismo en la gestión de su propia herencia histórica.

Guía del viajero científico: Cómo llegar y qué se necesita

Para el visitante interesado en la arqueología y la exploración, acceder a Taqrachullo constituye una experiencia tan gratificante como exigente. Al encontrarse alejado de los circuitos turísticos convencionales, el viaje demanda una planificación meticulosa.

Aspecto Detalle Logístico
Ubicación Comunidad de Chaupimayo, Distrito de Suykutambo, Provincia de Espinar, Región Cusco.
Altitud Aproximadamente entre 3,900 y 4,100 metros sobre el nivel del mar.
Ruta de Acceso Desde la ciudad del Cusco, se viaja por vía terrestre hacia la ciudad de Yauri (capital de Espinar), en un trayecto que toma entre 4 y 5 horas. Desde Yauri, se continúa en vehículo hacia el distrito de Suykutambo (1 hora aproximadamente) hasta el sector del Cañón de los Tres Cañones o la comunidad de Chaupimayo, desde donde se inicia la caminata de ascenso.
Costo de Ingreso Actualmente el acceso es libre o gestionado de manera comunitaria por tarifas mínimas de mantenimiento local, pero se recomienda verificar normativas vigentes con la DDC Cusco.
Mejor Época Durante la temporada seca en los Andes (de mayo a octubre), lo que evita las lluvias torrenciales que dificultan el ascenso por senderos empinados.
Recomendaciones fundamentales para la visita

Dada la altitud extrema, es indispensable un periodo previo de aclimatación en Cusco o Yauri para evitar el mal de montaña (soroche). Los senderos que conducen a la cima de la ciudadela exigen una condición física moderada, calzado de montaña con buen agarre, ropa técnica para mitigar el intenso viento de la puna, protección solar y suficiente hidratación. Asimismo, se exhorta a los viajeros a realizar la exploración acompañados por guías locales para garantizar la seguridad y evitar dañar las frágiles estructuras arqueológicas que aún no han sido consolidadas.

El futuro del patrimonio en las provincias altas del Cusco

La visibilidad internacional brindada por plataformas científicas globales a Taqrachullo no es un hecho aislado, sino el reflejo de un cambio de paradigma en la arqueología peruana. Las provincias altas de Cusco, largamente relegadas en los manuales de historia tradicional a favor de la arquitectura del centro del ombligo del mundo, demuestran poseer una riqueza monumental que redefine la geopolítica del periodo prehispánico.

El verdadero desafío que afronta Taqrachullo en los próximos años radica en equilibrar la investigación arqueológica continua, la conservación física de sus estructuras expuestas a la intemperie altoandina y el desarrollo de un turismo sostenible y comunitario. La comunidad de Chaupimayo y el distrito de Suykutambo ven en su ciudadela no solo un motivo de orgullo identitario, sino una oportunidad genuina de desarrollo económico. Proteger este legado, investigar sus muros sin destruirlos y narrar su historia con el rigor que merece es una tarea colectiva que apenas ha comenzado a dar sus frutos más prometedores.

Galeria Fotográfica

Líneas de Nasca habrían servido para localizar agua subterránea

El historiador estadounidense David Johnson afirma que las enigmáticas líneas fueron un mapa del sistema hídrico indispensable para la supervivencia de los Nasca. Desde el colibrí hasta los trapecios sirvieron para ubicar las fuentes de agua.

Por : Iván Reyna

Que los puquios tengan relación con las líneas de Nazca no sería nada raro, tal como lo sostiene David Johnson, investigador norteamericano de la National Geographic y la Universidad de Massachusetts. Él ha explorado los recursos hídricos subterráneos utilizando una varilla metálica, cuyo método se llama radiestesia. Y tras estudiar los 29 acueductos del valle de Cantalloc en Nazca (de 2,000 años de antigüedad), reveló una interesante relación entre la hidrología, la geología, la antropología y los geoglifos.

Como se sabe, Nazca es una de las placas continentales más activas de la región, de manera que los frecuentes sismos hacen que el desierto y los Andes se eleven un poquito más, produciendo una ligera separación entre las rocas (fallas geológicas) que permite que el agua drene.

Juan Valdivia, guía de turismo y uno de los estudiosos de Nazca, dice que ese fenómeno fue conocido por la cultura Nazca, y por eso construyeron una red de canales totalmente empedrados, con la finalidad de recoger las aguas que discurren por el subsuelo, en el que se incluyen las filtraciones de los ríos Aja, Tierra Blancas y Nazca. Estima que la obra demandó 20 años y unos 1,500 hombres.

Pero Johnson quería ir más allá de lo que se sabía. Empezó a realizar estudios con tomas satelitales y a señalizar los cursos de aguas subterráneas. Se tomó el tiempo de analizar unas 800 figuras y alrededor de 13 mil líneas. Con mapa en mano se trepó a una colina y divisó los trazos en el desierto, descubrió que dos fallas subterráneas desembocaban en uno de los puquios. Entonces, el investigador se planteaba una nueva hipótesis: Las Líneas de Nazca serían un plano de los acueductos.

Su anuncio causó asombro en una concurrida presentación en la Universidad Nacional de Ingeniería. Hizo un recuento de los trabajos de María Reiche que hablaban del “calendario astronómico más grande del mundo”, de Markus Reindel y los “caminos ceremoniales”, y de Erich von Däniken que alucinaba con “una pista de aterrizaje para naves extraterrestres”. Para el tema de los acueductos, se apoyó en los estudios de Katharina Schreiber y Josué Lancho quienes concluían que fueron construidos en épocas en que el valle soportaba inclementes sequías, aumento de temperaturas y escasez de agua dulce.

Al final pudo -según David Johnson- comprobar que los geoglifos servirían para indicar las épocas de sequía, las bolsas de agua subterráneas, y el lugar donde las corrientes cambiaban de dirección. El asunto era armonizar las evidencias con la cartografía del lugar. Dice el investigador que “desde lo alto es como leer un libro página por página, es ver al colibrí apuntando a un pozo grande como bebiendo agua, la ballena nadando sobre un surco, un árbol brotando de un acuífero, el trapezoide identifica a los pozos de agua y los círculos indicaban la existencia de manantiales”.

lineas-de-nasca-colibriConvincente o no, nadie duda que los antiguos nazcas dominaron la ingeniería hidráulica a la perfección. O como dice Johnson “elaboraron toda una cartografía usando los geoglifos, en la que mapearon las fuentes de agua, ubicaron su lugar de residencia y hasta el sitio para enterrar a sus muertos”.

Sobre las interpretaciones que señalan un propósito ritual, el estadounidense comenta “¿para que reza la gente en el desierto? Para pedir agua. ¿Y si te das cuenta que el agua está en los cerros?, ¿a quién le vas a rezar?

Si bien el estudioso advierte de que su teoría no puede aplicarse a todas las Líneas de Nazca, sí corresponde a muchas de ellas. Incluso, plantea, que esta cultura no colapsó por los cambios climáticos, como sostiene la historia oficial, sino por los conflictos en la distribución y administración del agua. De ahí que el agua se reduce en tres palabras -en su opinión- claves para la supervivencia de la población: preservar, conservar, administrar.

Actualmente, los acueductos siguen irrigando varios campos de cultivo. Un sistema que funciona desde hace 2 mil años. Los nazcas creyeron en los astros, en el culto al agua y a la tierra, pero esencialmente, fueron respetuosos de la madre naturaleza. Algo que deberíamos tomar en cuenta antes de que sea demasiado tarde.

Datos:
• En todo el valle de Nazca hay 35 acueductos. Su profundidad máxima alcanza los 12 metros. Su construcción se basa en interceptar la napa freática mediante zanjas y socavones (lo suficiente para permitir su ventilación y mantenimiento).

• En Irán existen acueductos conocidos como ganats. Se tratan de túneles de 2,700 años de antigüedad, de 30 kilómetros de largo y hasta 100 metros de profundidad. Se calcula que por lo menos existen 22 mil ganats, es decir, más de 160 mil kilómetros de canales subterráneos para abastecer a 40 mil habitantes.

 

Fuente:  RumbosDelPeru.com

Señora de Cao, Face to Life

In 2005 archaeologists working at the site of El Brujo on the north coast of Peru uncovered an intriguing bundle of cloth. It had been buried in an ornately painted funerary complex of adobe in about A.D. 400. Inside lay the naturally mummified body of a young female aristocrat from the Moche culture, which flourished in that region a thousand years before the Inca. Experts have now recreated the woman’s features using techniques normally employed to solve crimes.

The noblewoman lived and died 1,600 years ago among the Moche of ancient Peru. Her grave included four tall V-shaped crowns and other riches. Scientists used the latest 3D technology to produce an amazingly lifelike reconstruction. LEFT: PHOTOGRAPH BY IRA BLOCK, NATIONAL GEOGRAPHIC CREATIVE; RIGHT: PHOTOGRAPH BY FUNDACIÓN AUGUSTO N. WIESE

The mummy is known locally as the Señora of Cao, named after a nearby town, Magdalena de Cao. She’s currently on display in a museum at El Brujo, but she’s hard to see. To help preserve her, she’s kept in a climate-controlled chamber. Visitors can look in through a window, but they don’t view the mummy directly—they only get a glimpse in a deftly angled mirror.

The museum’s curators wanted to give visitors a better look at this remarkable woman. They also needed to make a permanent record of her remains, which will inevitably break down with the passage of time. The solution was to create as faithful a reproduction of her face as technology would allow, as well as an exact replica of the body in its current state. “That kind of record could keep this extraordinary discovery alive for many generations to come,” says archaeologist Arabel Fernández López, who oversaw these efforts.

Assembling an international team of archaeologists, physical anthropologists, forensic scientists and artists, and engineers specializing in 3D technology, the Augusto N. Wiese Foundation launched the project last November. The foundation has supported research at El Brujo since excavations began there in 1990 under the direction of Régulo Franco Jordán.

The Moche flourished for more than seven centuries in Andean river valleys in present-day northern Peru. Almost a thousand years before the Inca, El Brujo was one of many seats of power in the region.

Research has included unwrapping the 20 layers of fabric that wound around the Señora’s body and enveloped a wealth of artifacts, many of gold, silver, and gilded copper. (Read “Mystery of the Tattooed Mummy.”)

The Señora was only in her mid to late 20s when she died. Why she was buried with all the finery, and precisely what role she played in her community are still mysteries. “Without written records, we don’t know who she was,” says John Verano, an anthropologist from Tulane University who assisted in both her unwrapping and her facial reconstruction.

Clearly she was an important person. At just under five feet tall and slightly built, she was no battle-ready warrior. But perhaps she was the wife of a ruler—or even a ruler in her own right.

To solve the mystery of what she looked like, investigators first had to produce digital images of her mummy. In similar cases, such as King Tut and Ötzi the Iceman, bodies have been scanned with a stationary medical CT machine. But the Señora had her pictures taken with state-of-the-art, hand-held laser scanners designed by FARO, a 3D technology company. The devices were originally created for industrial applications, but they’re now proving useful in forensic investigations and in cultural heritage projects like this one.

The dry climate of the Moche’s desert realm desiccated the woman’s body. Specialists who created the 3D model of her remains exercised extreme care throughout the painstaking process. PHOTOGRAPH BY FUNDACIÓN AUGUSTO N. WIESE

After the scanned data were entered into a computer, forensic experts began to rebuild the Señora’s face. Using specialized software, they first stripped off the facial skin to expose the bones of the skull.

The mummy’s skull displays the high cheekbones and facial proportions that are typical of the Moche. But a living person also has soft features that usually don’t survive after death, so the rest of the reconstruction work involved interpretations based on educated guesses.

The Señora, in fact, is not in the best of shape. Her lips have retracted, her nose is gone, and her eyes and eyelids are dry and sunken. That meant the experts had to rely on other sources for clues about what she may have looked like: the people portrayed on Moche pottery, studies of excavated Moche skeletons, photographs of northern Peruvians taken a century ago, and the faces of Moche descendants who live in the area around El Brujo today.

Once the face had been fleshed out on the computer, the entire head was printed in 3D. A model for a museum display was then created in fiberglass. But that model was as blank as a mannequin, bringing up another set of questions. What color were the Señora’s eyes? What did her eyebrows and eyelashes look like? What was the shade of her skin? And to make her come to life fully, she also needed clothing and jewelry that were appropriate to her elevated status.

Fernández López worked out those details with a sculptor who specializes in recreating historical figures for museums. “It was very emotional to see that final stage of the reconstruction,” she says. “It’s as if this woman had been resurrected. I said to myself, ‘OK, Señora, you’re with us once again.’”

The elite woman’s mummy was wrapped in 20 layers of fabric that enveloped a wealth of artifacts, including this necklace of gold heads.
PHOTOGRAPH BY IRA BLOCK, NATIONAL GEOGRAPHIC CREATIVE

The museum at El Brujo is now creating a special gallery to showcase the reconstructed face. Set to open at the end of August, it will also include displays on the technology that the project used, the visual resources that were consulted, and various interactive presentations. “We want people of all ages to have a unique, memorable experience that connects them with the Señora of Cao,” says Fernández López.

The locals have already embraced the Señora as one of their own, often representing her in civic events and school activities. “People are very proud of her,” says Fernández López. “She turns up in discussions about the indigenous community’s cultural identity and has become an icon of Peruvian womanhood.”

Now the people of northern Peru have undeniable proof that this distinguished, powerful woman from long ago looked just like them. “I think it’s going to be particularly important for children,” says Verano. “Looking into her eyes, they’ll be able to see their own relatives from town, and their own ancestry. It’s something that a mummified face just can’t give you.”

By A. R. Williams
Original Title: CSI Tools Bring a Mummy’s Face to Life
PUBLISHED JULY 4, 2017
Source: National Geographic
http://news.nationalgeographic.com/2017/06/csi-tools-mummy-moche-peru-cao-brujo/

El rostro de la Señora de Cao

Se reveló el rostro de la Señora de Cao, poderosa lideresa del Perú Prehispánico, tras 10 meses de trabajo intenso realizado por los arqueólogos del Complejo Arqueológico El Brujo, la Fundación Wiese y FARO Technologies.

En una ceremonia encabezada por los ministros de Cultura, Salvador del Solar, y del Mincetur, Eduardo Ferreyros, esta mañana se presentó el verdadero rostro y réplica de la momia de la Señora de Cao, quien gobernó el valle de Chicama hace 1,700 años y considerada una de las mujeres más poderosas del Perú prehispánico.

Asimismo, se ha logrado reproducir una réplica exacta del cuerpo de la momia y documentar con tecnología 3D Laser de alta precisión la Huaca Cao Viejo, monumento del Complejo Arqueológico El Brujo, que albergó los restos de esta excepcional mujer hasta el 2005, año en que fue descubierta en la provincia de Ascope, La Libertad.

Este proyecto de investigación es un nuevo esfuerzo por preservar, documentar, investigar y difundir a nivel mundial el legado cultural de estas invalorables evidencias arqueológicas. Al hacerlo, la Fundación Wiese espera además promover las visitas al Complejo Arqueológico El Brujo y contribuir así al desarrollo y bienestar de las comunidades que habitan en su zona de influencia.

Gracias a los medios digitales de National Geographic, a partir de hoy la Fundación Wiese difundirá al mundo el rostro de la Señora de Cao, resultado del trabajo de investigación realizado en conjunto con sus aliados estratégicos: FARO Technologies, 3D Systems, Grupo Abstract y ARQ 3D.

Importante

Además de la morfología del rostro de la Señora de Cao realizada en función a la proyección de su cráneo, en su caracterización final también se utilizó como referencia un banco fotográfico de mujeres que habitan hoy en Magdalena de Cao, zona de influencia de El Brujo, complementado con documentos de investigación etnográfica, entre ellos los realizados por Enrique Brüning y Rafael Larco Hoyle.

Exhibición

La exposición del rostro y la réplica de la momia de la dama de Cao estará disponible hasta el 16 de julio de manera gratuita en el hall del Ministerio de Cultura

El dato

La Señora de Cao perteneció a la cultura Moche, fue descubierta en el año 2005. Actualmente, se exhibe en el Museo Cao del Complejo Arqueológico El Brujo, ubicado en el distrito de Magdalena de Cao en la región de La Libertad.

El procurador Ad Hoc del Perú en el juicio contra la universidad de Yale, Eduardo Ferrero, señaló que la prestigiosa National Geographic Society, da la razón al Perú en su reclamo ante la referida institución educativa para la devolución de las piezas de Machu Picchu.

“La National Geographic Society sostiene en declaraciones públicas, y esto consta en el juicio que seguimos contra Yale, que todas las piezas son peruanas y que deben ser devueltas al Perú y que Yale tiene el compromiso de devolverlas”, declaró Ferrero.

Refirió que la expedición del estadounidense Hiram Bingham, que descubrió Machu Picchu el 24 de julio de 1911, fue realizada con el auspicio de la Universidad de Yale, y la National Geographic Society.

“Es decir, uno de los dos socios que auspiciaron la expedición de Bingham, expresamente reconoce que deben ser devueltas al Perú todas las piezas, y eso es importante destacarlo, por la seriedad de la National Geographic Society”, indicó.

Refirió que Hiram Bingham se llevó del Perú las piezas arqueológicas de Machu Picchu entre los años 1912 y 1916, a pedido de la universidad de Yale como préstamo, bajo la condición que las piezas fueran devueltas, conforme a dos resoluciones supremas que autorizan a Yale llevarse las piezas por 18 meses y que debería ser devuelto bajo el requerimiento peruano.

“Por lo tanto la acción judicial que el Perú sigue contra la universidad de Yale es totalmente legítima conforme a la ley peruana y la estadounidense”, subrayó Ferrero, quien señaló además, que lo único que ha devuelto la universidad de Yale son restos humanos encontrados en los alrededores de Machu Picchu.

“Lo que tiene que hacer es simplemente cumplir con su palabra empeñada desde hace casi 100 años, entregar todas las piezas de Machu Picchu que fueron dadas en condición de préstamo, con fines de investigación”, dijo.

Respecto al argumento de la universidad de Yale, ante el juzgado federal de Connecticut, el cual sostiene que el derecho del Perú ha prescrito, “Eso no es cierto, el Perú no ha perdido ningún derecho por prescripción, tal como equivocadamente sostiene la universidad de Yale”, subrayó.

Algunos sucesos respecto al tema
La Universidad de Yale pidió un tribunal del estado de Connecticut queno dé lugar a una demanda peruana que exige la devolución de piezastraídas hace casi un siglo del sitio arqueológico de Machu Picchu.

El gobierno inició las acciones legales correspondientes, que incluyeuna eventual denuncia penal, contra la Universidad de Yale, ubicada en los Estados Unidos, por no devolver las piezas de Machu Picchu que tiene en su poder.

El presidente de la República, Alan García, convocó para el viernes 5 de noviembre, a una primera jornada nacional, para la cual pido apoyo a las instituciones y a toda la ciudadanía.

La universidad de Yale, manifestó a través de una declaración que está dispuesta a buscar una solución que no incluya juicios para la devolución de las piezas arqueológicas de Macchu Picchu al Perú, que refleje “los intereses de ambas partes”.

LaRepublica

Historia de una recuperación

La recuperación de piezas arqueológicas devuelven a un país parte de su identidad cultural. El análisis, identificación y rescate del patrimonio cultural saqueado es un proceso trascendental que la Dra. Paz Cabello Carro, perito que participó en la recuperación de la denominada “colección Patterson”, nos cuenta a continuación.

En mayo de 1988 llevé unas piezas del Museo de América de Madrid a una exposición en el Grand Palais de París, L’Or et son mythe, donde tuve ocasión de ver unas piezas que acababan de descubrirse y pertenecían a una colección privada peruana.

Aunque entonces desconocía los hechos, tuve la ocasión de contemplar las piezas de Sipán, cuyo impacto todavía perdura en mí a pesar de la ausencia de datos del catálogo y lo reducido de las imágenes. El año anterior unos huaqueros habían abierto una tumba cuyo ajuar de oro y demás piezas metálicas habían sido vendidas a coleccionistas; una parte quedó en manos de particulares y otra salió enseguida fuera del país y fue reclamada, publicando en 1997 la UNESCO en un libro sobre el saqueo en Latinoamérica, una muestra de los objetos robados.

El arqueólogo Walter Alva se hizo cargo del yacimiento y empezaron las excavaciones científicas de Sipán, ampliamente difundidas en todos los medios nacionales y extranjeros, destacando los reportajes de National Geographic. Esta difusión de los materiales de Sipán ha hecho que su estilo sea reconocible y que se puedan identificar objetos que pertenecen a un mismo conjunto. En 1992 se publicó en Lima un volumen sobre el oro del antiguo Perú, donde aparecían numerosas piezas de colecciones particulares peruanas, entre ellas algunas iguales a las expuestas en París, claramente de Sipán y del yacimiento de La Mina, ubicado en el valle de Jequetepeque, y expoliado pocos años antes.

A comienzos de 1997 pude ver en Santiago de Compostela, España, la exposición El espíritu de América prehispánica. 3000 años de historia, una muy amplia muestra que ocupó tres sedes con objetos procedentes de diversos países, cuyo catálogo, precedido por numerosos artículos académicos, solo reseñaba una pequeña parte de lo realmente mostrado. El o los propietarios, entre los que figuraba Leornado Patterson, ofertaron la colección al gobierno de la Comunidad Autónoma de Galicia, cuya sede está en Santiago, que tras diversas consultas no aceptaron la oferta. La colección quedó en un almacén de la ciudad hasta que, en un seminario sobre tráfico ilícito celebrado en Madrid un funcionario gallego y un antiguo policía peruano comentaron la situación.

Con el catálogo en mano, que también había sido publicado en versión estadounidense, el gobierno peruano reclamó al juzgado de instrucción de la ciudad de Santiago de Compostela las 31 piezas peruanas cuyas imágenes aparecían en el mencionado volumen. Por orden del juez, la policía entró en el almacén, abrió todas las cajas, fotografió sus contenidos y remitió todas las imágenes para que le confirmase las piezas reclamadas.

El doctor Alva emitió informe indicando todos los numerosos objetos peruanos que advirtió en la colección; lo que había de ser ratificado por otro perito, diferente al que hubiese redactado el primer informe que dio origen a la reclamación. El gobierno peruano me designó como perito, ya que entonces hacía años que dirigía el Museo de América y había colaborado con el Consejo Internacional de Museos (ICOM) y Perú en la elaboración de «listas rojas» contra el tráfico ilícito. Como las fotos tomadas por la Brigada de Patrimonio Histórico de la policía española en el almacén de Santiago mostraban más de 200 piezas peruanas prehispánicas, el gobierno de Perú hizo una segunda reclamación por el resto de los objetos, nombrándome también perito suyo. Mientras tanto, continuaba el proceso de reclamación y peritaje de las 31 piezas.

El enfoque de la reclamación peruana era que, ateniéndose a la propia normativa, al ser objetos originarios de este país debían regresar. El enfoque de la justicia española era que había que demostrar el expolio, ya que existe un tráfico lícito y regulado de obras de arte. En términos jurídicos, la carga de la prueba recae siempre en el demandante que, en este caso, debe demostrar que los objetos que reclama le han sido ilegítimamente sustraídos. Por otra parte, hasta 1985 la legislación española permitía la entrada no documentada de bienes culturales y establece que, tras diez años de estancia en el país, los objetos pasan a formar parte del patrimonio histórico español, y esos diez años ya habían transcurrido en 2007. No se le escapaba a la justicia española la dificultad de la situación, ya que las piezas no habían sido robadas de un museo o colección legalmente constituida en la que existen datos objetivos como imágenes o medidas, sino que parecían proceder de un saqueo que, por su clandestinidad, es difícil de demostrar. Era, por tanto necesario demostrar el expolio: el saqueo del yacimiento y la exportación ilícita del Perú.

El juez ordenó que las 31 piezas objeto de la primera reclamación fuesen depositadas para su estudio en el Museo de América.

Era evidente que si se demostraba la existencia de expolio en este primer lote, sería más fácil abordar el segundo lote de la misma colección; de manera que era necesario centrarse en este primer lote, explicar claramente la situación y probar que al menos una parte de las piezas había sido expoliada y sacada ilícitamente del país.

Un primer examen de estos 31 objetos y un estudio de las restantes piezas depositadas todavía en el almacén de Santiago, evidenció que no era difícil sino imposible demostrar el saqueo de muchas de ellas, sobre todo las cerámicas, ya que objetos similares están en el mercado. Me centré en los metales que suelen presentar características estilísticas y técnicas particulares que permiten asignarlos a un taller que proveyó el ajuar de un enterramiento.

El yacimiento de Sipán es bien conocido a través de la bibliografía, que detalla su expolio, las primeras excavaciones con las escasas piezas halladas en la tumba saqueada y las posteriores en los enterramientos siguientes. No era difícil reconocer las piezas procedentes de la tumba del Señor de Sipán; ya había contemplado en París una parte y conocía la bibliografía, e hice consultas a especialistas. Era evidente y pude demostrar de manera objetiva que la mayor parte de las piezas que tenía en mis manos procedían de la tumba saqueada de Sipán; otras presentaban un estilo y una manufactura algo diferente, que las relacionaban con dos tumbas moches huaqueadas algo antes, fundamentalmente con el yacimiento de La Mina. Algunas de estas piezas habían sido publicadas en Lima en 1992, presentando en ciertos casos pequeños desperfectos que las individualizaban. Finalmente, había un conjunto formado por una máscara Sicán, un cetro y unas láminas de oro presentadas sobre un fieltro como si fuesen placas ornamentales de un vestido; las perforaciones en los bordes señalaban que probablemente eran las hojas doradas que recubrían unas andas de ceremoniales de madera hoy desaparecidas y similares a otras de la misma cultura que ha llegado a nosotros. Máscara, cetro y láminas asociadas a unas andas ceremoniales debían relacionarse con unos remates de madera que todavía estaban en el almacén de Santiago; lo que señalaba la existencia de un conjunto Sicán saqueado en fechas relativamente recientes, según indicaba la conservación de los pigmentos y al hecho de comercializar unas láminas abolladas, perforadas y lisas no como oro a fundir sino como parte de un vestido.

El hecho de que el fiscal Roma, que llevaba el caso, fuese uno de los escasos especialistas en derecho de patrimonio histórico debió también pesar en la decisión del juez de devolver a Perú la colección que continuó en el Museo de América. Al mismo tiempo, el juez se ocupó de atender a la segunda reclamación y ordenó el depósito del resto de la colección en el mencionado museo. Cuando la policía entró en los almacenes para cumplir la orden judicial se encontró con que solo quedaban unas cajas con las piezas reclamadas por el gobierno de Perú; el resto había sido embarcado por su propietario y sacado por carretera con destino a Munich sin haber solicitado previamente el preceptivo permiso de exportación, temporal o definitiva. Como esta petición es obligada y, según la normativa española, su incumplimiento hace perder la propiedad que pasa automáticamente al Estado, España reclamó a Alemania y se puso en contacto con los otros países latinoamericanos de donde procedían otras piezas de la gran colección con el objeto de proceder a las repatriaciones que hubiera lugar. Actualmente las piezas de la colección Patterson procedentes de varios países americanos continúan detenidas y reclamadas en la mencionada capital de Baviera; las piezas peruanas han sido devueltas: una parte de ellas ya ha sido repatriada y está en Perú, mientras otras están en proceso de traslado. Paz Cabello Carro

Yayno: Cima del Mundo

Ciudadela Fortificada de la Tradicion  Recuay.

Si bien Raimondi la avizora y Tello la estudia parcialmente, la ciudadela de Yayno, ubicada en las recónditas alturas conchucanas, es uno de los asentamientos prehispánicos de menor visita científi ca. Una expedición financiada por National Geographic y la Academia Británica llegó recientemente a la cima donde reposa.

Desde las primeras décadas del siglo XX, las ruinas de Yayno (Pomabamba) han sido reconocidas en la arqueología andina. Su ubicación, al pie de la Cordillera Blanca, y el enorme esfuerzo que supuso su construcción, causó la admiración de Tello (1929: 29), quien visitó el sitio en 1919 y lo utilizó como base de su teoría sobre la distinta trayectoria de la civili- zación autóctona en el Perú. Sin embargo, el sitio no ha tenido las investigaciones sistemáticas que merece para aclarar su rol en la prehistoria andina. Presentamos los resultados preliminares del Proyecto Arqueológico Yayno-2006, que busca reestablecer la secuencia de ocupación, la organi- zación del espacio y las obras arquitectónicas del sitio. Se inician, de esta forma, las investigacio- nes para reconstruir el carácter y el surgimiento de la complejidad sociopolítica Recuay durante el primer milenio d.C.

Los antecedentes y las labores de 2006 Ubicado en la margen sur del valle de Pomabamba, Yayno reposa sobre un promontorio alto, a 4.170 msnm, en una zona formada por tributarios del Yanamayo originados en las vertien- tes orientales de la Cordillera Blanca, en la cuenca superior del Marañón. Su área de infl uencia contiene terrenos apropiados para una economía mixta: agrícola y ganadera. Terrazas agrícolas contiguas permitieron una densa población en zonas tan altas, ‘agrestes e inhospitalarias’ (Tello 1929: 29-30).

Califi cado como asentamiento tipo fortaleza o ciudadela (Tello 1929: 31), con funciones administrativas y ceremoniales (Kauffmann 2002: 487-488), Yayno tiene una extensión mayor a las 100 Has. Es evidente que el sitio tuvo carácter monumental, no sólo por su ubicación estratégica, sino por sus construcciones imponentes (Apolín G. 2004; Bartle 1981; Kinzl 1935; Ravines 2005; Soriano 1947), con testigos arqueológicos monumentales cada 30 hectáreas.

El montículo del sector monumental, ‘gigantesca pirámide’ (Tello 1929: 30), está formado por altas terrazas escalonadas y platafor- mas sobre las cuales erigieron un complejo de plazas, construc- ciones defensivas y otros conjuntos arquitectónicos, hasta la cima. La mayoría de edifi cios tiene acceso restringido, con pocas entradas, ventanas y rutas de ambulación. Más de 30 construcciones circu- lares cilíndricas fueron establecidas con muros concéntricos, formando ambientes periféricos en el interior. Tienen, cada una, diámetros que oscilan entre 15 y 25 m, con paredes altas que dan la impresión de ser torreones. Se puede identifi car, asimismo, más de una docena de recintos cuadrangulares, cada uno con plazuelas en el interior y habitaciones a los lados. El edifi cio más grande mide 30 m de ancho y 10 m de altura. Cabe destacar (Quebrada Los Cedros).

La cerámica es fina: más del 30% de la muestra es de pasta kaolinita fi na, con engobe rojo y pintura polícroma y/o negativa, en típicos diseños recuay (Grieder 1978).

Se encuentra en formas tipo cuencos (con bases anulares) y kancheros.

Recuperamos la cerámica fina en asociación con cerámica utilitaria (cántaros, ollas), sugiriendo que fueron usadas y depositadas coetáneamente. La cerámica se encuentra en los pisos de construcciones y en capas de relleno y caída. Si bien los análisis siguen en proceso, ya hay dos fechados en niveles de su ocupación tardía (asociados con Recuay Tardío): 670±40 d.C. y 690±50 d.C. (calibrados). Cabe notar que, hasta el presente, no tenemos evidencia de estilos tempranos como Chavín y Huarás Blanco sobre Rojo. Tampoco hay evidencia inca.

Las investigaciones confi rman que el sitio era un centro protour- bano recuay de alta importancia. Excavaciones en ambientes interiores de los conjuntos circulares y cuadrangulares descu- brieron morteros/chancadores, objetos cotidianos, basurales y fogones de función doméstica intensiva. Estos elementos indican que los edifi cios eran residenciales, aunque respondían a una orientación monumental por estar destinados a grupos de extensión considerable, organizados por parentesco, ocupación o estatus, quizás como linajes o ayllus. Indican la coexistencia de grupos segmentarios de varios tamaños que, juntos, consti- tuyeron la comunidad yayno. Aún no es claro si los conjuntos funcionaron como castillos (Tello 1929), para funciones rituales (Kauffmann 2002) o astronómicas (Apolín 2004). Protegidos por muros altos sin ventanas ni entradas, la vida social se centró en sus recintos.

Varios elementos arquitectónicos tenían un carácter defensivo: ubicación estratégica, muros monumentales y periféricos, otros con parapetos, fosos y trincheras, acceso restringido, agrupación de cuartos y conjuntos, recintos cerrados y murallas largas y paralelas. La evidencia enfatiza que el tipo de asentamiento más signifi cativo en el mundo recuay era la marca o aldea fortifi cada.

Estos patrones indican una forma de socialización que valori- zaba la guerra y la defensa. Las prácticas ceremoniales incluyeron fi gurines de animales (ofrendas), objetos de prestigio (hachas, metales, cuentas de piedras, conchas) y piruros de cerámica y de piedra que indican la importancia de la textilería. También se encontraron restos óseos animales, mayormente camélidos. Hasta el presente no se encuentra en el complejo mucha evidencia de interacción foránea ni de prácticas funerarias, que sí se ve en otros asentamientos recuay (Lau 2000; 2005).

Varios pozos produjeron restos de arquitectura más temprana, de diversas fases de construcción (muros, cimientos, pisos). Indican que la historia de construcción y uso del sitio es complejo, consistente en varios episodios de construcción, renovación y destrucción. Por la cerámica se puede notar que Yayno podría haber tenido varias fases de ocupación, quedando aún muchos de sus elementos en proceso de análisis. Podemos concluir que era una ciudadela muy grande y de función diversa, que no sólo cuenta con evidencia arquitectónica sino con una distribu- ción de artefactos que sugiere poder político y económico.

Es seguro señalar que surgieron facciones poderosas recuay en la zona de infl uencia yayno, probablemente organizada en forma de curacazgo o reino pequeño. Los más conocidos se desarrollaron en los alrededores de Cabana y de Huaraz. Pero otro foco fl oreció en las alturas de Pomabamba, con su centro en Yayno.