La Coca en el Antiguo Perú

INTRODUCCIÓN.
La coca fue conocida y descrita por los primeros cronistas españoles, viajeros y botánicos por mas de trescientos años. Ellos han dado muchas referencias sobre usos, propiedades y efectos de la coca entre los pobladores del antiguo Perú.

La coca es un arbusto de la familia de las Eritroxiláceas que crece tanto en la vertiente occidental como en la oriental de los Andes, desarrollándose en las zonas de valle medio y selva alta. Son dos especies las que eran consumidas desde la época prehispánica, la Erythroxylum novogranatense o coca costeña de hoja menuda, dulce y aromática, a la que actualmente se le denomina misgui coca. Y la otra selvática Erythroxylum coca, de hoja grande y de alto poder narcótico, que crece en las montañas de Vilcabamba, Huanuco y las Yungas de Bolivia. Su cultivo se extiende desde los 300 msnm hasta los 1200 msnm.

Estos dos tipos de coca son mencionados por Murúa aunque con diferentes nombres, como se deja ver siguiente cita:

» … la hoja de coca menuda que llamaban Tupu Coca que se da en los llanos; esta era tenida y estimada de todos y del Inga aceptada; de la cual usaba en su comer y la tenía en mucho, y la otra de hoja grande se cría en los andes que llamaban mumus coca desta comían los indios al cual repartía el inga entre otras mercedes».

La coca fué un cultígeno de enorme significado cultural para los pueblos andinos, pues su uso masticatorio ha persistido hasta nuestros días. El dato etnográfico nos ha permitido reconocer los accesorios que acompañan su consumo, como son la chuspa una bolsa pequeña en la que se llevaban las hojas de coca, el ishcupuru o «calero» que es el matecito en la que llevaban la calo llipta. El alfiler que humedecido con saliva sirve para introducir cal o ceniza a la boca. El chacchar consiste en colocar algunas hojas en la boca, masticándolas, agregándole luego algunas mas, hasta formar un bolo y añadiendo con un palillo o alfiler calo ceniza. El bolo dura en la boca aproximadamente una hora. Los efectos que produce en el consumidor es la resistencia ante el frío, cansancio y hambre.

Debemos decir que los datos arqueológicos son esporádicos y en su mayoría no se ha identificado que especie de coca es, pues a principios de este siglo solo se conocía del consumo de coca por la representación en la cerámica. Con respecto a los datos etnohistóricos son contradictorios, si bien nos da una visión acerca de como era la producción de coca, la mayoría de los cronistas recogieron la historia oficial Inca, mientras que en los documentos judiciales en los que intervienen las etnías sometidas al Estado Inca nos muestran un panorama distinto.

 

LA COCA EN EL ANTIGUO PERÚ – Revisión bibliográfica

Autor: Juan Castañeda Burga
Universidad Nacional de Trujillo
Facultad de Ciencias Sociales
Trujillo, abril 1992

 

» … tratar de quitar la coca, es querer que no haya Perú, .. «
Licenciado Juan de Matienzo, 1567 Gobierno del Peru.

 

EL DATO ARQUEOLÓGICO, REGISTRO A TRAVÉS DE LA SECUENCIA CULTURAL
Los hallazgos de coca son aún muy escasos si comparamos con la ocurrencia de otros cultígenos en el registro arqueológico. en muchos casos se ha inferido su consumo por los accesorios que acompañan dicha actividad, y por las representaciones en la cerámica.

Hasta el momento, la evidencia mas temprana de coca, en el área andina ha sido reportado por Mc Neish (1981:10), para el área de Ayacucho, en donde la ubica en la fase Chiwa (5000- 4000 a.C.), aclarando que no se trata de una agricultura intensiva, sino de pequeños horticultores de valle. En la vertiente occidental Dillehay et. al. (1989) han inferido de la existencia de coca, por la producción de cal en el sitio precerámico de Nanchoc (ca. 6000-4200 a.C), y por la ubicación de este sitio en la zona de valle medio de Zaña.

PERIODO INICIAL
Es a partir de este período donde aparecen hallazgos en el registro arqueológico de la costa, Cohen (1978;1981), informa de Erythroxylum.§.Q., en forma de bolos masticados, en el sitio El Tanque (Ancón) con fechado de 1750 a.C.; siendo un nuevo cultígeno que se agrega a la dieta del poblador de la costa central. El hallazgo de este cultígeno ha sido reportado por Patterson (1971) para esta misma zona.

Otro Dato para esta época es el que señala Lanning (1967;77), para Asia con un fechado de 1314± 100 a.c. en donde halló hojas de coca, calabazas con cal. Engel (1963:77), también afirma haber ubicado en Asia hojas parecidas a la coca en grandes depósitos de cal quemada.

HORIZONTE TEMPRANO
Hojas de ~ coca han sido reportadas en una tumba de la fase Paracas Cavernas (Bennett y Bird 1949:142) y también en un fardo de la fase Paracas Necrópolis (Towle 1961). Para el sitio de Puemape (Victor Vásquez como pero Febrero 1992), se ha reportado el hallazgo de hojas de coca en un entierro cupisnique, que corresponde a Erythroxylum sp.

INTERMEDIO TEMPRANO
En las representaciones escultóricas de la cerámica Moche es frecuente que aparezcan individuos masticando coca, llevando en sus manos una lagenaria, en la que se depositan la cal y en la otra la aguja , también una peque ña bolsa en la que colocaban las hojas de coca (Donnan 1978). Así mismo existe cerámica Moche con pictografías en donde podemos notar personajes ricamente ataviados, en actitud de estar chacchando (Donnan , ibid.). Igualmente en las representaciones de la cerámica Nazca muestran individuos en actitud de masticar coca (Yacovleff y Herrera : 1934). En el Museo Regional de lea, existe una colección de chuspas de manufactura Nazca de variada hechura, unas de plumas, otras de lana o algodón conteniendo en su mayoría hojas de coca (Rostoworowski 1977:172). Conocemos por el biólogo Victor Vásquez (com. pero Febrero 1992) de hallazgos de hojas de ~. novogranatense de un contexto funerario en el nivel Recuay del sitio V.S. 103-6 (valle de Santa).

HORIZONTE MEDIO
No existen mayores datos para este período, sólo una chuspa llena de ~ coca proveniente de una tumba de filiación Huari en Vista Alegre, valle de Ica (Towle : 1961).

PERIODO INTERMEDIO TARDIO
Para este período se conoce de la existencia de chuspas correspondientes a la cultura lea, que se encuentran depositadas en el Museo Regional de Ica. Se ha recuperado hojas de coca del componente mortuorio del sitio de Estuquiña, valle de Moquegua Clark y Williams 1990), que están distribuidas en todo el sitio; lo mismo en una chuspa de un fardo Chiribaya del sitio el Algarrobal, valle de Moquegua (Mujica 1990).

PERIODO HORIZONTE TARDIO
Es en este período donde tenemos mayores datos, pues se ha recuperado ~ novogranatense, de contextos funerarios (Castro y Ravines 1981:172), en Ancón. Cortes realizados por Uhle (1903) en el Templo del Sol permitieron recuperar momias Inca y el ajuar funerario presentaba chuspas de coca y llipta. De otro lado, en excavaciones hechas por el centro administrativo Inca de Huancayo alto, al oeste de Quivi, Dillehay (1979), ha recuperado hojas de ~ novogranatense junto a frutas secas y pájaros secos, típicos de la ecozona Chaupiyunga. La coca es frecuentemente representado en el arte incaico; la forma de sus hojas fueron incorporadas a la iconografía que decora su cerámica. Existen idolillos de metal que presenta la protuberancia en la cara en actitud de chacchar (fig.). Reconocimientos arqueológicos hechos por Dillehay en el valle de Chillón y Hyslop en el sur del Perú ha mostrado habilitación de grandes terrazas agrícolas en la zona chupiyunga que al parecer estuvieron destinados al cultivo de coca y otros productos típicos de esta zona. Yacovleff también menciona de la existencia de cuentas de collar hechas de piedra que imitan a la semilla de la coca.

A partir de los datos que tenemos se puede suponer que hubo al parecer dos centros tempranos de domesticación de coca que fueron las zonas de valle medio costeño y selva alta. Se hace indispensable, el análisis microhistológico de las evidencias de coca arqueo lógica, ya que es la forma mas segura de identificar con precisión a la especie e incluso la variedad, lo que proporciona un dato importante para discernir la «coca costeña» (~ novogranatense) de la » coca selvática» fi. coca), y permitiría poner en evidencia los probables contactos culturales entre las dos zonas.

EL DATO HISTORICO
El cultivo de la coca era un proceso complicado pues primero la preparaban en almácigo y después era transportada al campo destinado que eran llamados cachas de malque (Matienzo 1967;167), para luego aproximadamente de año, a año y medio trasponerla a manera de viñas; en un año podían haber tres cosechas. Después de cada cosecha se labraba el terreno a fin de mantenerlo limpio.

El personal que laboraba en los campos no era mas de 40, controlados por un oficial del inca denominado cocacamayocy se encargaban de 1 labrado, que era real izado en 24 dí as, también trabajaban en hacer los cestos que eran «largos y angostos» (Acosta:1940), en los que se depositaban la coca.

En algunos documentos estos cestos aparecen con el nombre de «Petacas». La coca cosechada era puesta a secar, de modo que cuando era recogida debía de estar verde y seca. Desde las yungas caravanas de «carneros de la tierra» llevaban mi les de cestos de coca hacia los andes (ibid), y eran almacenadas en collcas (Guaman Poma :1936). Por el clima frío podía conservarse hasta por 2 años (Matienzo: 1967).

LOS COCALES DE LA VERTIENTE OCCIDENTAL
La chaupiyunga es una zona propicia para el cultivo de la coca, a través de testimonios, documentos judiciales y administrativos conocemos de la existencia de cocales, en esta franja ecológica longitudinal de la costa. La especie (.E. novogranatense), que cultivaba en esta área fue preferida de la variedad que crecia en la vertiente oriental de los Andes. Un mito del origen de la coca recogido en la sierra de Lima (Duviols 1973:34), refiere que la coca apareció en la vertiente occidental del Pacífico, en este relato la coca es descrita como alimento exclusivo del sol, lo cual nos indica la importancia religiosa de este cultígeno.

Un documento importante es el pleito entre las etnías del valle alto Chillón, a través de esta fuente conocemos que la coca era cultivada en Quive desde antes de la invasión Inca, además era un producto de trueque entre costeños y serranos.

El curaca de Quive estaba sujeto al señor de Collique, en la costa del valle de Chillón, posteriormente por presión mi 1 i tar de los canteños una parte de los cocales fue concedida a estos grupos serranos. Esto debido a que los campos de cultivo de esta ecozona eran regados por el río Quive (Arahuay) el cual tenía su nacimiento en territorio canteño, mas tarde otra etnía los Chacalla, sujetos a los Yauyos de Huarochirí, tuvieron acceso a los cocales por lo menos dos generaciones antes de los incas (Rostwowski 1967-8:14,21). De tal manera que al momento de la conquista Inca, los collique ya no tenían el monopolio de los cocales.

La zona de Quivi fue conquistada por Topa Inca Yupanqui , quien confiscó coya, debemos notar aquí que muchas emperatrices o coyas, llevaron al honorífico nombre de Coca, Mama Coca fue la compañera de May t a Capac (Espinoza 1987: 118), estos cocales confiscados fueron trabajados por mitmaq de Chacal la; entre 150 y 200 familias fueron distribuidas en la zona, ellos fueron considerados súbditos fieles (Netherly:1988) y aseguraron 1 a produce ión de coca a 1 Es t ado Inca, si rvi eron también como una guarnición mi 1 i t a r , teniendo bajo su vigilancia a los costeños de Quivi, Collique y a los serranos canteños. Durante el reinado de Huayna Capac fue expropiada en Qu i v i una nueva parcela de coca que pertenecía a los canteños.

La cosecha era de algunos 150-60 costales, de los cuales 4 ó 5 fueron otorgados a los señores Chacal la, junto a la coca se cultivó frutas como guayaba (Psidium guayava) y pacae (Inga feullei) y ají (Capsicum ~.).

Tenemos conocimiento de cocales en Collambay, en el valle de Sinsicap (Netherlyibid) , los datos se hallan en los títulos para la formación de la Hacienda Collambay, fechado en 1562, estas tierras fueron concedidas al Encomendero de Huamachuco, Don Juan de Sandoval, trata de 3 campos amurallados con tapia, denominados Yapón, Arensa y Guancha, ubicados en los 800 msnm. Según Netherly (ibid), los pequeños grupos étnicos en el valle Sinsicap parecen haber estado sujetos al curaca de Mochal en el valle de Moche y este a su vez al curaca de Huamachuco. El Estado Inca confiscó los 3 campos: Yapón y Guancha fueron asignadas al Inca y Arensa a la madre del Inca. Estas tierras producían coca y ají. Es interesante notar el amurallamiento de los cocales y que no es típico en los campos de cultivo alrededor de Chan Chan. Un testigo dijo que los muros de Yapón fueron edificados por hombres traídos de Túcume, quienes retornaron a su lugar de origen cuando finalizaron su labor. La justifición de amurallamiento de los cocales fue el prevenir que los zorros penetren y orinen los sembríos. Netherly (ibid) considera que el amurallamiento de los cocales realizado por trabajadores desde tan lejos como Túcume, fue una exhibición de poder del Inca en una zona hostil.

Este hecho al parecer fue un acto punitivo por la lealtad de los tucumanos al estado Chimor.
Aquí se repite el modelo de asignar los cocales costeños como tierras personales del Inca y sus familiares cercanos. En Quive hubo tierras asignadas a la Coya esposa del Inca, mientras en collambay estuvieron asignadas a la madre del Inca. Por otro lado los cocales ya no eran administrados desde la costa sino por provincias serranas adyacentes, por ejemplo en Quivi, por los Yauyos y en Collambay desde Huamachuco.

Existe un documento de causa criminal seguido por Don Francisco Tomavilca, principal del repartimiento de Piscas (sierra de Lima) contra don Alfonso Pariasca cacique principal, por matar a su hermano menor de 12 años y haberle tomado tres chacras de coca. También existen referencias de cocales en las alturas de Ica en las cuales (según la fuente documental citado por Rostworowski: 1977), existían 8 fanegadas de coca que habían sido del Inca.

Son reportados cocales Inca en la chaupiyunga sur entre 110 y Ar i ca, 1 a prov i si ó n de 1 marqués Pi zarro, conced i endo a Lu c a s Martínez la encomienda de Tarapacá (1541), menciona «destos dichos valles que tienen estancias de coca, ají, grama i otras cosas» (Barriga: 1940).

LOS COCALES DE LA VERTIENTE ORIENTAL
Asimismo en la vertiente oriental de los Andes denominada Pallayunga (Matienzo 1967:171), hubo plantaciones de coca. La visita de Chucuito (Diez de San Miguel :1967), registra que los Lupaqas, poseían tierras en las Yungas de Larecaja (actual Bolivia), distante a 60 leguas, antes de la conquista Inca. Según la fuente los productores de coca podían coger para sí la mitad de la cosecha para su uso individual. Después de la ocupac i ó n inca los Lupaqa no perd i eron e 1 acceso a dichas tierras. El mismo caso sucede en Huanuco (Iñigo Ortiz de Zuñiga:1972), donde los chupaichos tenían cocales en la selva alta y eran compartidos con los yacha.
Evaluando estas fuentes podemos decir, que la coca en su totalidad no estuvo bajo el estanco del estado Inca, como lo afirman algunos cronistas, sino que las etnias conquistadas continuaron usufructuando dichas tierras en esa franja ecológica. Según Espinoza (1988), los incas acostumbraban a conceder parcelas de coca a los curacas que ellos consideraban fieles.

Pero el estado imperial no consintió que su uso fuera indiscriminado, el Padre Acosta dice» … en tiempo de los reyes ingas, no era lícito a los plebeyos usar la coca sin licencia del inga y su gobernador» (Libro IV, cap. XXII). Esto se deja percibir cuando el Oidor Hernando de Santillan (1968) se lamenta al escribir » … después que los españoles entraron en la tierra, todos tomaron granjería de tratar en ella … y tomaron chacaras en los Andes, unos de las del inga, y después que se acabaron todos, pedían a los cabildos … y han desmontado grande tierra y puesto la coca, … «. El licenciado Matienzo (1967) dice que la coca era destinada solamente a los principales, mas no a la gleba «sino cuando los querían hacer algdn regalo». Aunque en la guerra era destinado al ejército para darles mayor resistencia en las grandes caminatas, al frío y hambre.

LA COCA Y EL CULTO RELIGIOSO
La coca siempre estuvo presente en el culto religioso de la vida cotidiana, inclusive llegó a ser venerada como divinidad por los indios en la región Antisuyo: «acimismo adoran los arboles de la coca que comen ellos y aci les llaman cocamama y lo bezan luego 10 mete en la boca … » (Guaman Poma 1936). La coca era usada en ritos con motivo de la limpieza de las acequias, de la siembra, de las primeras chacras y de la cosecha «juntaban ofrenda dichos ministros de llamas, cuyes y coca … » (Idolatrias 6, en Marzal 1988:243). Así mismo al empezar a construir una casa y también al techarla quemaban sebo de llama, coca y cuyes, esto lo hacían «para que no se pierda y acabe la dicha casa» (Duviols: 1986). También los ritos curativo eran importantes, ya que la enfermedad podía ser atribuida al enojo de sus dioses (Marzal 1988:260); o a los enemigos de la persona que enfermaba, recurrían a curanderos que utilizaban la coca como parte del proceso de tratamiento » … y así mismo les hacían soplar un poco de coca al sol, ofreciéndosela y pidiéndole salud y los mismo a otros dioses» (Cobo 1964 11:229).

Por esta razón los extirpadores de idolatrías a fines del siglo XVI veían en ella un elemento de retroceso en la evangelización, los padres agustinos dicen que » … con estas yerbas hacen grandes maldades y sacrificios, y se hallan gran cantidad de e 11 a en 1 as huacas … save e 1 señor cuantas idolatrías y hechicerías se quitaría si no las habiese … la más delicada y encubierta manera de idolatrar es con ella, pues quemándola pues dicen que aquel humo sube hasta el cielo de Ataguju y le da olor … » (Relación de Idolatrías en Huamachuco, el subrayado es nuestro).

La coca también acompañaba en la inhumación de los cadáveres y esto es corroborado por el dato arqueológico. Guaman Poma es el único cronista que describe el uso de hojas de coca en los entierros introduciéndola en la boca de los cadáveres, también indica que los criados que acompañaban al Inca en su muerte era sacrificados por ahogamiento al soplarles coca molida hecha polvo por la boca.

Como existían tierras dedicadas al culto es obvio que muchas de ellas eran destinadas al cultivo de la coca, Villagómez (1919) dice que » … y las mas cogidas de las c h á c r a s , que llaman de las huacas que para este efecto cultivan … y tienen indios que la guardan, y cogen la coca y lo llevan a los ministros de la huacas a sus tiempos, porque es universal ofrenda a todas las huacas, y en todas las ocasiones … «.

RESUMEN
Esta revisión bibliográfica es un intento de sintetizar la información disponible acerca del cultivo y producción de coca en el antiguo Perú. En la parte arqueológica será necesario mayores investigaciones para una mejor precisión de fechados cronológicos absolutos, así como de estudios histológicos para clasificación toxonómica.
Las propiedades alcaloides de la coca se conocen desde épocas muy tempranas (4000 a. C.), existiendo al parecer dos centros de domesticación de este cultígeno el valle medio costeño (chaupiyunga) y la selva alta (pallayunga).

El carácter sacro de las hojas de coca esta demostrado arqueo lógicamente por 1 a ocurrencia de 1 as mismas en los contextos funerarios y religiosos (Huacas). Existe además numerosa información histórica de como era utilizada en el culto. Al producirse la conquista la mayoría de los cocales pasaron a ser propiedad personal del Inca, los campos ubicados en la Chaupiyunga fueron administrados desde las provincias serranas hasta el momento de la invasión española.

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En Perú, no solo hubo Incas

Doctor Santiago Uceda Castillo, Coordinador de la exposición «Perú antes de los incas» en Paris, Francia.

El Musée du Quai-Branly-Jacques-Chirac de Francia dedica una exposición a las culturas altamente estructuradas que precedieron a los Incas en este país de los Andes y del que nuestro hoy extinto y admirado Santiago Uceda Castillo fuera el coordinador, siendo ésta su ultima actividad cultural. La muestra estará hasta el 1ro de abril del 2018 y el objetivo es mostrar a la comunidad europea la importancia de las culturas pre-incas.

Perú antes de los incas

Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac

En el imaginario colectivo, Perú se resume con demasiada frecuencia en Machu-Pichu. Porque esta antigua ciudad encaramada, desde el siglo XV, en un promontorio rocoso en la vertiente oriental de los Andes centrales simboliza la civilización inca (contemporánea del Renacimiento en Francia) que los codiciosos conquistadores españoles encontraron -y destruyeron- después de su llegada Cusco. En realidad, desde el siglo octavo antes de Cristo hasta la llegada de los incas en la costa norte del país, en 1470 DC, Perú ha albergado otras culturas, muy estructuradas.

Al exponerlos, a través de casi 300 objetos de una gran calidad estética, provenientes de 6 museos peruanos, la exposición «Perú antes de los incas» del Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac, en París, Francia tiene la ambición de » cambiar nuestra visión del Perú, insiste su comisionado, el profesor Santiago Uceda Castillo.

El más antiguo es la sociedad cupisnique. El de los Mochicas (aún llamados Moches) siguió, luego, la sociedad Lambayeque; finalmente, justo antes de los Incas, la sociedad Chimú se vio particularmente ilustrada por las mejoras genéticas en las plantas para aumentar la producción agrícola.

Bella pieza moche encontrada en Huaca de la Luna, Trujillo, Perú

Exhumando cerámicas, esculturas, joyas, en oro, plata y cobre, emblemas, muebles funerarios, adornos personales encontrados en palacios, residencias de la clase dominante, tumbas reales, excavaciones arqueológicas a gran escala llevadas a cabo durante treinta años, especialmente en los sitios de Las Huacas, cerca de Trujillo y Lambayeque, hizo posible comprender mejor cómo operaban estas culturas. Gracias a una red de canales de riego, pudieron regar los valles bastante secos y desérticos donde vivían.

A veces decorados con bajorrelieves y frescos de impresionantes dimensiones, los templos, especialmente el de Huaca de la Luna, también revelaron las ceremonias y rituales que se practicaban allí, incluidos los sacrificios humanos relacionados con el culto de la fertilidad agrícola y social. En ese momento se honraba a todo tipo de deidades, representadas como felinos, ciervos, arañas, búhos, etc., en botellas de barro con agarradera para el cuello. Más tarde, las deidades marinas, la luna, las estrellas, los pájaros predominarán, incluso con un dios mitad hombre, mitad pájaro: Naylamp. Por otro lado, los huacos retratos, en cerámica, son los de grandes dignatarios mochicas.

«En el Perú antiguo, los grandes señores tenían poder político y social» , insiste el profesor Uceda. Los jefes, pero también los guerreros y los sacerdotes tenían la capacidad de gobernar, dictar normas, llevar a cabo un trabajo importante, organizar y controlar la «fuerza de trabajo» de las grandes comunidades. Las mujeres disfrutaron de un gran poder, tanto religioso como político, como lo demuestran los hallazgos encontrados recientemente en San José de Moro o en la tumba de Huaca Cao Viejo. A pesar de la falta de escritura, todos estos rastros de estas culturas, muestran un retrato mucho más sofisticado de lo que se pensaba hasta hace poco.

Gracias a los logros de las culturas preincas es que los Incas pudieron lograr la magnitud del imperio que fueron, asevera el prominente investigador, quien informa que poner esta exposición llevo desde su concepción, cuatro años.

A continuación las entrevistas brindadas en Paris, Francia, del renombrado, hoy extinto, arqueólogo Santiago Uceda Castillo:

 

 

Descubren en Huaca Garagay frisos de 3,500 años de antigüedad similares a Chavín de Huántar

Unos frisos polícromos en alto relieve de más de 3,500 años de antigüedad, muy parecidos a los de Chavín de Huántar, fueron hallados por un equipo de arqueólogos de la Municipalidad de Lima en la huaca Garagay, ubicada en el distrito de San Martín de Porres.

Héctor Walde, encargado del grupo de arqueólogos que hicieron este hallazgo, explicó que los frisos forman parte de una pilastra (columna de una estructura) ubicada en el patio ceremonial de esta huaca.

“Esto frisos tienen rasgos felínicos muy parecidos y con influencia de Chavín de Huántar. Pero se trata de un desarrollo local e, inclusive, más antiguo que Chavín de Huántar”, anotó.

Informó igualmente que se han identificado las escalinatas de acceso desde la gran plaza hasta el gran atrio de este complejo arqueológico.

Luego de estar abandonada por más de 30 años, la huaca Garagay viene siendo recuperada por un equipo de especialistas de la Municipalidad de Lima, en un trabajo de alto nivel técnico con el fin de recuperar un nuevo punto emblemático para acercar a los vecinos a la historia de la ciudad.

Garagay es el mejor ejemplo de arquitectura y arte del período formativo de la gran Lima, con una similitud a las culturas Cupisnique y Chavín.

Tiene fechados radio carbónicos entre 1800 y 800 A.C. (3,500 años de antigüedad en promedio), ocupando 22 hectáreas y constituyéndose en el único templo en forma de «U» que se preserva íntegramente en Lima Metropolitana.

El sitio está formado por una pirámide principal de 30 metros de altura y con un frontis de 400 metros, con dos brazos perpendiculares que rodean una gran plaza rectangular con una dimensión del doble de la Plaza de Armas de Lima.

En la parte central de la pirámide, se encuentra un recinto sagrado de 25 por 25 metros decorado con magníficos frisos de barro, que se conoce como atrio.

A este recinto se accede desde la plaza central a través de una imponente escalinata, constantemente remodelada, y que también ha sido descubierta durante estos trabajos.

Durante su vista a esta huaca, el alcalde de Lima, aseguró que su administración seguirá trabajando en apoyar la recuperación de este centro arqueológico.

Exhiben piezas inéditas en museo Chan Chan

museo-chan-chan-piezas-ineditasCinco impresionantes esculturas de madera, halladas en Huaca Arco Iris y Huaca Taycanamo, cuyas dimensiones oscilan entre los 50 y 60 centímetros de largo, son el principal atractivo de los vestigios arqueológicos que se exhiben en el museo de sitio de Chan Chan.

Estas piezas se exhiben por primera vez en el museo de sitio y representan a personajes humanos decorados con conchas marinas como nacar y spondylus.

“La exhibición de los ídolos –esculturas de madera- es un aporte nuevo que permite reforzar las publicaciones de los hallazgos en el Conjunto Amurallado Velarde. Los ídolos ubicados a la entrada del museo son unas de las piezas más atractivas para los turistas”, resaltó Liz Vega, guía oficial de Turismo del museo.

Se suman a estos atractivos los dioramas en escala real de una deidad Cupisnique de Huaca de los Reyes ubicada en el distrito de Laredo que motiva el constante registro del selfies de niños, jóvenes y adultos.

Asimismo, destaca la exposición de una vitrina con cerámica con rostros Moche, que representan el estado emocional de los personajes, incluso se observan algunas imágenes de los rostros en trance producto de actividades de curanderismo.

La remozada Sala de Arquitectura y Urbanismo expone la gran maqueta de Chan Chan que tiene una dimensión de 8 metros de ancho por 12 de largo. Los efectos de luces y video resumen las etapas constructivas de esta ciudad que Unesco inscribió como herencia de todos los habitantes del planeta en la Lista de Patrimonio Mundial en 1986.

El museo exhibe en sus salas temáticas piezas y elementos de la época comprendida entre los siglos XV a.C. y XV d.C. y el proceso constructivo de la ciudad capital del Reino del Chimor.

Historia

El museo de sitio de Chan Chan, ubicado en el distrito de Huanchaco, provincia de Trujillo, región La Libertad, tiene una antigüedad que supera las dos décadas y media, está edificado sobre un área superior a las 2 hectáreas que incluyen un bosque con árboles nativos denominados espinos.

De esta área, 2,500 metros cuadrados corresponden a la actual infraestructura del museo que incluye, además de las salas de exposiciones, boletería, almacenes, laboratorios, salas de trabajo, biblioteca, patios, servicios higiénicos.

Durante los últimos dos meses se ha registrado un incremento significativo de 1,009 personas en comparación con el año pasado, lo que equivale a un 18.30 por ciento.

Según las autoridades de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad, el incremento de turistas nacionales e internacionales se debe al mejoramiento de las salas de exposición previo a los trabajos de ampliación que se tiene previsto ejecutar en el Museo de Chan Chan con el significativo apoyo financiero de Plan Copesco Nacional.

“Después de 26 años de funcionamiento, se han hecho trabajos de mejoramiento al Museo de Sitio Chan Chan. Se estima que los estudios y trabajos continúen durante los próximos 2 años. Se invertirán más de 30 millones en su ampliación”, manifestó María Elena Córdova Burga, directora de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad.

En este espacio que representa parte de nuestra memoria, recientemente se actualizó el guion museográfico que ha permitido habilitar 6 salas de exposiciones, las mismas que exhiben piezas inéditas que convocan la atención de los visitantes.

Sobre el museo

museo-chan-chan-salaEn la primera sala se muestra los antecedentes históricos del Reino del Chimor correspondiente a las culturas Cupisnique, Salinar, Gallinazo y Moche; el diorama de una deidad con rasgos felinos de la Huaca de Los Reyes (cultura Cupisnique) y datos relativos al valle de Moche y los sitios de interés comprendidos en la Ruta Moche en el ámbito del departamento de La Libertad.

La sala 2 o introductoria comprende esculturas de madera (ídolos); réplicas de copas y láminas de metal repujadas procedentes del recinto funerario del conjunto Chol An, y cerámica de uso ritual.

En el tercer ambiente, el contexto histórico del reino es mostrado mediante dioramas del Señor Chimo en andas y del arribo de Taycanamo – fundador mítico del reino del Chimor; bienes culturales relacionados a la tecnología agrícola y frutos de la tierra, la conquista del mar, la orfebrería y la textilería; así como de imágenes de una deidad marina y de una vistosa wara (“taparrabo”) polícroma.

La estructura urbana de Chan Chan se expone en las salas 4 y 5 a través de escenas de la vida cotidiana, una fotografía aérea del núcleo urbano de la ciudad y una maqueta del conjunto Nik An. Unas réplicas de los ídolos de madera hallados en el vano de ingreso al conjunto Ñing An y dos balsillas o caballitos de totora apoyados en su parador, complementan la presentación.

Además, en la Sala de Arquitectura y Urbanismo destaca una maqueta de Chan Chan de grandes dimensiones, apoyada por efectos de imagen, audio y luces; información indispensable para una provechosa visita al Complejo Arqueológico Chan Chan.

Por último, un patio decorado con réplicas de relieves de Chan Chan ofrece un espacio de reposo al final del recorrido.

Teorías Autoctonistas: Aloctonista

Orígenes de la Civilización Peruana
Teorías Autoctonistas
Aloctonista

Sustentado por el arqueólogo peruano Federico Kauffmann Doig (1928).
Proponía la existencia de un centro originario común para todas las culturas tanto mesoamericanas como andinas, ese centro era Valdivia ubicada en las costas del Ecuador.
Esta teoría fue abandonada por su autor por carecer de razones sólidas en la actualidad.

Federico Kauffmann Doig

Federico Kauffmann Doig (Chiclayo, Perú, 20 de septiembre de 1928) es un antropólogo, arqueólogo e historiador peruano. Ejerció los cargos de Director del Museo de Arte de Lima, Director General del Patrimonio Monumental y Cultural de la Nación y Director del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú. Actualmente, es catedrático en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

En 1962 Kauffmann formuló una hipótesis de trabajo sobre el origen de la cultura andina o peruana, conocida como la teoría aloctonista (aloctonismo significa lo que no es originario de su territorio). Cuestionando la teoría autoctonista de Julio César Tello (entonces la teoría oficial), Kauffmann propuso la existencia de un centro originario común para las altas culturas deMesoamérica (México y Centroamérica) y del área andina (Sudamérica). Ese centro estaría en la misma Mesoamérica, de donde se habría irradiado al territorio actual del Perú, en una época temprana (precerámico).

La posición de Kauffmann se basaba en varias premisas, como las siguientes:

  • Las culturas Chavín y Cupisnique, consideradas entonces las más antiguas del Perú (1.500 a 1.000 a.C.), no contaban con antecedentes en suelo peruano que explicaran su formidable florecimiento. Éste surgía de improviso, sin vislumbrarse arqueológicamente las fases de transición necesarias. Las evidencias del precerámico peruano parecían muy burdas y elementales como para considerarlas como antecedentes de una cerámica tan elaborada como la de Chavín y Cupisnique.
  • La teoría del origen selvático de la cultura Chavín sostenida por Tello era muy frágil. No parecía ser una evidencia consistente la representación de monos y felinos en el arte chavín.
  • De acuerdo al panorama cronológico de entonces, las primeras fases de la cerámica Olmeca (formativo mesoamericano) eran más antiguas que las de Chavín y Cupisnique (formativo andino). Es decir, la alta cultura mexicana era más antigua que la peruana.
  • El maíz es el alimento nuclear en toda América, pero la evidencia más antigua de su domesticación se halla en México.
  • Algunos elementos culturales presentes en el precerámico peruano, como la cerámica inicial o rudimentaria, los centros cultistas tempranos, el maíz primitivo, el tejido a telar, la iconografía en los mates decorados de Huaca Prieta, etc., podrían muy bien ser considerados como elementos “intrusivos” en el Perú de hace 3.000 a 4.000 años, es decir foráneos o venidos de afuera.

Esta teoría fue cuestionada por otros especialistas; algunos lo consideraron como un retorno a la antigua teoría de Max Uhle sobre el origen maya de la cultura peruana, ya refutada por Tello, aunque los argumentos de Kauffmann reposaban sobre consideraciones distintas. Lo que Kauffmann sostenía era que los elementos culturales que llegaron al área andina procedentes de Mesoamérica se hallaban todavía en una fase inicial de desarrollo (preludio del formativo), es decir todavía alejada del nivel de las posteriores culturas maya y azteca.

De todos modos, el mismo autor se encargó de señalar las limitaciones de su tesis, abandonándola definitivamente en 1976.

Otros estudiosos han planteado que el centro originario de las altas culturas americanas pudo haber estado en el Ecuador, donde se hallaron los vestigios de una antigua cultura con cerámica muy elaborada, la cultura Valdivia, con una antigüedad de 3.000 a.C., es decir más antigua que sus equivalentes del Perú y Mesomérica. Esta cultura se habría irradiado tanto hacia el Perú como a México, y ello debió originar en ambas áreas las bases de su respectiva civilización. Ello explicaría los elementos comunes de ambas culturas señalados por Kauffman y otros autores, replanteándose así, en lo esencial, la teoría aloctonista.

 

Teorías Autoctonistas: de Origen Costeño

Orígenes de la Civilización Peruana
Teorías Autoctonistas
De Origen Costeño
Sustentado por Rafael Larco Hoyle (1901 – 1966). Sustenta que el origen de la civilización peruana está en la costa, en Cupisnique (La Libertad), desde allí se habría difundido a la región andina. Se apoyó en la mayor antigüedad de Cupisnique sobre Chavín, contradiciendo las tesis de Julio C. Tello.

Rafael Larco Hoyle
Rafael Carlos Víctor Constante Larco Hoyle (Hacienda Chiclín, Trujillo, 18 de mayo de 1901 – Lima, 23 de octubre de 1966) fue un arqueólogo,investigador, escritor, ingeniero agrícola e historiador peruano. Hizo contribuciones fundamentales para el conocimiento de diversas culturas preincaicas del norte del Perú. Fundó el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera en 1926.

Larco Hoyle se dedicó a explorar los diversos parajes del Valle de Virú y Quebrada de Cupisnique, labor en la que sería acompañado por sus hermanos Constante y Javier Larco Hoyle, por su esposa, su hija y por su amigo Enrique Jacobs. De esas investigaciones se registró información sobre la asociación de áreas de sepulcros. Fue en el Valle de Virú donde en1933 descubrió la primera tumba conteniendo vasos cuya característica principal era la pintura negativa, identificándola como la Cultura Virú. En el mismo valle de Virú descubrió la Cultura Cupisnique en 1940.

Asimismo, estudió la Cultura Mochica localizada en el Valle Moche, que había sido descubierta por Max Uhle en 1909 (bajo la denominación de pre-Chimú), convirtiéndose entonces en uno de sus principales intereses. Para 1948, ya había estudiado a profundidad la cerámica de Mochica clasificándola en cinco fases, tomando como base ciertos criterios de forma y dimensiones de los picos, asas estribo y cuerpo, así como las decoraciones.

En 1941, en Pampas Jaguey identificó la Cultura Salinar, en la parte alta del valle de Chicama. A partir del estudio de los conjuntos funerarios postuló que Salinar marcaba la transición entre Cupisnique y el advenimiento de la Cultura Moche.

En 1953, debido a las exigencias del negocio azucarero, tuvo que instalarse en Lima, donde se asoció a otras especulaciones (Banco Comercial, Rayón Peruana S. A., Filamentos Sintéticos S. A., etc.). Trasladó entonces, con mucho cuidado, el museo Larco Herrera a dicha ciudad, para lo cual acondicionó una casona en el distrito de Pueblo Libre. Este Museo constituye una de las más valiosas riquezas culturales del Perú.

En el campo de la investigación arqueológica, la obra de Rafael Larco Hoyle ha sido de fundamental importancia, equiparable a la de otro gran arqueólogo peruano, Julio César Tello. De hecho, ambos deberían compartir el título de fundadores de la arqueología peruana.

  • Descubrió y estudió varios yacimientos arqueológicos, como Cupisnique, Queneto, Salinar, Virú, Pacopampa y Barbacoa, estudios que fueron de fundamental importancia para fijar la secuencia cronológica de las culturas peruanas
  • Demostró que la construcción del santuario de Chavín de Huántar, considerado como la cuna de la civilización andina por Tello, fue posterior a otros restos arquitectónicos de la costa, como el de Punkurí, y a la cultura Cupisnique. Llegó incluso a sostener que la alta cultura peruana se había originado en la costa norte y que de allí se había irradiado a la sierra, lo que contrariaba los postulados de Tello, considerado entonces la autoridad máxima en la materia.
  • Ahondó la investigación hacia períodos anteriores a la utilización de la cerámica (precerámico), hurgando las huellas de los recolectores y cazadores paleolíticos. Fue el primero en estudiar las puntas líticas de Paiján, encontradas profusamente en los alrededores de la localidad de dicho nombre.
  • Prestó preferente atención a la evolución de las culturas del norte peruano, especialmente la Mochica, identificando sus diversos períodos de manera científica, a base de los estilos y la técnica estudiados en la cerámica. Su estudio abarca desde el Precerámico hasta la irrupción incaica, pasando por las culturas Cupisnique, Salinar, Mochica y Chimú, entre otras.
  • Expuso la posibilidad de que existiera entre los mochicas un sistema primitivo de escritura sobre pallares.
El templo de Pucalá y los grafitis de los antiguos lambayecanos

Está demostrado que el territorio de la actual región Lambayeque tiene un sinnúmero de lugares que están a la espera de que se realicen labores de excavaciones arqueológicas para dejar ver los tesoros que albergan.

En el sector Huaca Santa Rosa, en el distrito chiclayano de Pucalá, los arqueólogos desenterraron en el 2011, un total de 23 tumbas que son parte de un centro ceremonial de más de 3,500 años de antigüedad. Se sospecha que el monumento cumplió una importante función en el valle, pues se observa secuencia cultural de pueblos que datan desde los Mochica, Lambayeque, Chimú hasta el periodo Inca.

Entre los rellenos arquitectónicos de los años 200 al 500 d.C., se identificó fragmentería de cerámica Cupisnique y Salinar, así como restos de antiguas construcciones del Período Formativo, cuyos adobes cilíndricos son característicos.

Este año, los arqueólogos del Museo Tumbas Reales de Sipán dirigidos por Edgar Bracamonte Lévano y asesorados por el doctor Walter Alva, culminaron los trabajos de análisis en gabinete de una construcción de adobe decorada con pintura de diferentes colores y enigmáticos grafitis.

Los restos de esta construcción de abobe fueron descubiertos en el 2011, año en que se selló para su posterior investigación.

Con paciente labor, los trabajo de análisis y develación de los componentes iconográficos revelan el alto grado artístico de quienes lo construyeron, pues usaron el dibujo, el grafitis y la pintura para expresar sus ideas mágico religiosas en las paredes del templo Mochica.

El templo tiene forma de una C y mide 20 metros de largo por cuatro de ancho. Además, está sobre una plataforma con rampa para acceder al área donde estaba una hornacina que usaban para colorar a sus ídolos u ofrendas. Todas sus paredes estuvieron pintadas de colores amarillo, rojo, negro y blanco alternadas en los diferentes paramentos.

Raíces Wari

Los arqueólogos han identificado unos 30 dibujos grabados directamente en las paredes y restos de pintura mural. Los grafitis representan sacerdotes portando copas, jefes militares, prisioneros atados con sogas, diseños de felinos, personajes parados sobre muros con almenas, rostros humanos y algunos diseños abstractos.

Walter Alva indica que los grafitis, si bien tienen elementos culturales de los Mochicas, la arquitectura corresponde a un patrón de la época de expansión Wari (Horizonte Medio), lo que permitiría reiniciar el debate de las relaciones Mochica, Wari y Cajamarca, pues en Santa Rosa de han descubierto muchos objetos y contextos de estas culturas, en especial Wari.

 

(RPP)

Hallan tres tumbas del 2.500 a.C. con cerámica Chavín en complejo arqueológico Ventarrón-Collud-Zarpán, Lambayeque

Complejo registra vestigios que van desde el 2.500 a.C. hasta el incanato. Cuerpos fueron enterrados junto a cerámica chavín muy valiosa.

En un pequeño montículo rodeado de rocas enormes y decenas de pozos que dejó el intenso huaqueo hace treinta años, los arqueólogos del complejo arqueológico Ventarrón-Collud-Zarpán descubrieron tres contextos funerarios que guardaban excepcionales piezas de cerámica que darán nuevas luces sobre el desarrollo de las culturas Cupisnique y Chavín, ocurrido hace más de 2.500 años.

Los cuarenta auxiliares dirigidos por Francisco Valle Riestra Martin –el arqueólogo residente del sitio Zarpán, ubicado en el distrito de Pomalca– no se imaginaron encontrar verdaderas joyas de cerámica en un cementerio donde los saqueadores, en los ochenta y noventa, extrajeron hermosas obras de arte que hoy forman parte de colecciones privadas.

Luego de varios meses de ardua labor, a una profundidad de aproximadamente 2 metros, se desenterraron tres tumbas del período formativo que, pese a no corresponder a personas de alto estatus, contienen bellos ejemplares de cerámica con un altísimo nivel estilístico, excelente acabado y pulido excepcional.

Así, se encontraron, por ejemplo, una botella con típicos rasgos de Chavín o la representación de un mono en plena actividad, platos, vasos, además de otras valiosas piezas que lamentablemente fueron rotas por los huaqueros.

El estado de conservación de los esqueletos es realmente muy malo, debido a la humedad y a que todo el montículo había sido invadido por plantas silvestres.

Para el equipo de investigadores también ha sido un logro haber encontrado un gran muro de piedra, que circunda un gran templo asociado a un canal ritual que aún falta excavar, además de una superposición de manifestaciones culturales posteriores, como entierros simples pertenecientes a las culturas Lambayeque y Mochica. Valle Riestra está seguro de que en el lugar se develará un monumento muy complejo, luego de culminadas las excavaciones.

CUPISNIQUE Y CHAVÍN
El hallazgo de los objetos de cerámica y de las tres tumbas motivó la visita del director del museo Tumbas Reales de Sipán, Walter Alva, quien opinó que el descubrimiento dará nuevas luces sobre el origen y la forma como fue consolidándose la civilización en el norte del país.

El complejo arqueológico Ventarrón-Collud-Zarpán se ha convertido en los últimos años en una investigación singular porque en los tres vestigios se ha encontrado una estratigrafía horizontal que comienza con los orígenes de la civilización (en la época del arcaico y precerámico) con una antigüedad de 4.500 años y se prolonga hasta el período incaico.

Ignacio Alva Meneses, arqueólogo residente del sitio Ventarrón, hijo del doctor Walter Alva, refirió que se puede concluir que hace 4.500 años, en Lambayeque, se constituyó el origen de la civilización y de la arquitectura, mientras que en Collud y Zarpán se introdujo la cerámica acompañada de construcciones más grandes, teniendo como patrón lo que ya se había definido en la arquitectura ceremonial del complejo Ventarrón.

“Lo que se ha encontrado refleja el encuentro estilístico de lo que se llama Cupisnique y Chavín. En Zarpán se ha encontrado la superposición de ambos estilos. También se registra la imposición de un patrón arquitectónico de otro lugar”, dijo Walter Alva.

El Comercio

NUEVAS INVESTIGACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN ESTUDIOS DE ARTE RUPESTRE PERUANO
Estudios de Arte Rupestre
Noticias del mundo 2
Editado por
Paul G. Bahn y Angelo Fossati
2003
Dr.Jean Guffroy

Investigaciones en el pasado Diseños Geometricos
Con la excepción de algunos sitios famosos (Toquepala, Toro Muerto…), los cuáles son frecuentemente mencionados en libros sobre arqueología Sudamericana, el arte rupestre que existe en el Perú permanece pobremente conocido para los poco especialistas. Y todavía ambos: el número de sitios ya descubiertos (varios centenares), y su distribución en las tres grandes zonas ecológicas (La costa, Andes, bosque tropical) y sobre una línea de tiempo (probablemente más de 6000 años) indica su importancia en el contexto cultural andino.

La tradición más temprana conocida al presente, donde el estilo es figurativo, solo han sido identificados en los departamentos del sur del país (Moquegua, Tacna, Puno y Arequipa). En el sitio de Toquepala (Muelle 1969, Ravines 1986), el mejor estudiado hasta ahora, estas imágenes en la roca parecen estar asociadas con ocupaciones que datan entre 4500 a.C. y 3500 A.C. Las pinturas, generalmente hechas con pigmentos de rojo oscuro, representan escenas de cacería con camélidos en movimiento, los animales están reclinados o heridos por proyectiles, y diseños antropomorfos cogiendo armas en sus manos. El estilo de estas pinturas y el tema descrito los asocia claramente a una tradición andina cuya distribución cubre los territorios actuales de Bolivia y Argentina tan lejos como La Patagonia. Una de las principales peculiaridades de las tradiciones y manifestaciones norteñas es la ausencia de manos pintadas en negativo que son muy abundantes en el sur.

El vínculo que existe entre las pinturas de Perú sureño y los de Patagonia, apartados por centenares de kilómetros, es confirmado por la similitud de las evoluciones que tuvieron lugar en las dos regiones, posiblemente durante el 4º milenio A.C. La mayoría de las escenas pintadas representan animales estáticos, a menudo preñados, algunas veces acompañado por seres antropomorfos pequeños. Los sitios contienen figuras de este estilo extendido en el centro del Perú. Donde uno encuentra los sitios más representativos conocidos al presente (Cuchimachay, Chuquichaca…). La naturaleza exacta de las relaciones mencionadas, sobre un período de varios milenios, por los grupos de cazadores recolectores que se establecieron en diferentes partes de los Andes sureños, permanece en una de las fundamentales preguntas por resolverse.

En el mismo Período, en una región vecina de los Andes centrales (departamentos de Huanuco, Pasco y Junín), desarrollo una tradición algo diferente, con más descripciones esquemáticas (estilo semi naturalista). El tema de cacería permanece predominante (con la apariencia de diseños de cérvidos), pero la frecuencia de signos y figuras geométricas es claramente superior en las tradiciones precedentes. Las figuras continuaron pintándose, dentro de refugios o en paredes, durante los siguientes períodos prehispánicos y hasta la conquista española. Las pinturas ahora representan seres sobrenaturales; diseños antropomorfos llevando a cabo diversas actividades, así como también una gran variedad de animales y signos geométricos. Estos temas están próximos a esos dibujados en el período de las piedras grabadas, pero también algunas veces sobre otras superficies (pinturas al fresco, cerámica, textiles.), La distribución de las dos formas de representación en el arte rupestre parece corresponder a tradiciones culturales específicas que se expresó en un predominio de grabados en la zona costera y una presencia más notable de pinturas en los altos Andinos y en el lado amazónico.

Ciertas figuras grabadas, como los petroglifos en el sitio de Jaqui Withy en el valle de Salcedo (Puno), estudiado por Bustinza Chipana (ninguna fecha) pudieron haber sido hechas durante el pre ceramico (¿alrededor de 5000 A.C.?). Sin embargo, estas figuras, las cuáles son comparables en algunos aspectos a las pinturas de los Andes sureños. Permanecen aislados, en nuestro estado presente de conocimiento. La tradición más antigua identificada claramente, la cual esta presenta en varias docenas de sitios, aparece algunos milenios más tarde, en otra región: Los valles de costa de norte de Perú. Estos petroglifos están actualmente atribuidos para el período Formativo (2 º milenio A.C.), Las figuras de este grupo A, frecuentemente de gran tamaño, son encontradas en un sector relativamente restringido de la costa norte que es propia del área cultural Cupisnique. Una primera difusión de las tradiciones hacia el norte (al menos hasta la provincia Ecuatoriana de Loja) y hacia el sur (Costa central peruana), posiblemente ocurrió al final del período Formativo (Siglo 3 y 2 A.C.). Esta difusión debió de ser acompañada por un cambio en el estatus, expresado, entre otras formas, por la aparición de algunos grandes sitios conteniendo varios centenares de piedras grabadas. Las figuras de este período (grupo B) (siglo 2 a.C.). En particular, uno ve una mayor diversidad de animales representados (insectos, peces, aves, serpientes, arañas, mamíferos, pequeños…) así como también símbolos y motivos geométricos. Las figuras, frecuentemente de tamaño pequeño, son a menudo asociadas cada uno con otro por medio de líneas grabadas con motivos complejos que son difíciles de descifrar. En los sitios más grandes, que están constituidos por templos al aire libre (Gruffoy 1980-1981), las piedras grabadas parecen ser distribuidas por el tema y son a menudo asociadas con rocas presentando grandes superficies planas cubiertas con cúpulas y surcos pulidos, los cuales pudieron haber sido usados en prácticas de sacrificio y adivinamiento. La distribución de los sitios más grandes, en su mayoría localizados en la zona ecológica de Chaupi Yunga (4000 – 1500 m.s.n.m.), sugiere una asociación cercana con rutas de comunicaciones, corrientes de agua y zonas de cultivos de coca (Gruffroy 1999). Estos sitios de arte rupestre están presentes en casi todos los valles costeros del norte y el centro del país, algunas veces en forma de algunas aisladas rocas grabadas, pero más a menudo acompañadas por un sitio predominante por sitios más pequeños en relativa proximidad.

La última fase de desarrollo de arte grabado pre colombino concierne a las regiones del sur del Perú, indudablemente después del 7º siglo D.C. Los sitios ahora comprenden generalmente un número relativamente grande de rocas grabadas, y pueden ser realmente gigantescos, como en Toro Muerto con sus más de 5000 bloques grabados y hasta 150 dibujos en la misma superficie. Las figuras de este estilo en su mayor parte representando animales (camélidos, serpientes de felinos, aves), signos y humanos en diversas posturas. El esquema, en la yuxtaposición y las superimposiciones, les da un aspecto pictográfico peculiar. Sin embargo los temas bosquejados todavía exhiben algunas similitudes principales con el de los estilos anteriores. Los sitios de este período son a menudo utilizados – al menos parcialmente – como cementerios. Aunque la conquista fue la responsable de la virtual desaparición de tradiciones culturales locales, ambos la frecuentación conocida de ciertos sitios y la presencia de glifos en fachadas de las iglesias presencian una supervivencia de estas prácticas – quizá con objetivos particulares – durante el Período colonial.

Estas imágenes en la roca han sido el tema, desde el siglo 16, de referencias y númerosas menciones , entre los cuales las más notables de estas hechas por viajeros y científicos del último siglo como P. Desjardins, T. Huchinnson, E. Middenforff, A. Raimondi, G. Squier o C. Wiener. En el siglo 20, más de cincuenta artículos fueron asignados al tema. Entre el más reciente y el más notable, se puede mencionar el trabajo de Bonavia en Cuchimachay (1968,1972 en cooperación con Ravines); De Bueno en las pinturas y tallas del río Chinchipe (1982, en colaboraciones con Lozano); De Cardich (1962, 1964) en la zona de Lauricocha; De Linares Malaga (1960, 1973, 1978) en Toro Muerto; De Pimentel (1986) en los petroglifos del río Jequetepeque; Ravines en Las Pinturas de Toquepala, Caru y Diablomachay (1986 en cooperación con Muelle) (1967) (1969);Así como también mi trabajo de los petroglifos del sitio de Checta (Gruffoy 1979, 1987).

Sin embargo, la mayor parte de esta investigación ha sido limitada más o menos por las descripciones detalladas de un sitio o la colección de sitios, sin consideración de más preguntas generales que el del significado y función de estas descripciones. Las contribuciones más interesantes, de este punto de vista, son los de Cardich (1964), Muelle (1969) y Ravines (1967,1969) de lo que concierne a pinturas. Y los de Krickeberg (1949), Linares Malaga (1966) y yo (1980-81, 1987) en sitios de petroglifos. Una mención muy especial debe estar hecha del considerable trabajo ejecutado por Núñez Jiménez (1986) que hizo una visita detallada de más de setenta sitios de petroglifos distribuidos sobre todo el territorio entero, y registrado miles de petroglifos a través del esbozo y la fotografía. A través de la abundancia y la calidad de sus ilustraciones, este estudio es una fuente indispensable para cualquier investigador interesado en el tema. Recientemente (1999), y con base en una recopilación de anteriores trabajos, he publicado el primer libro que trata de establecer una síntesis de todo el arte rupestre presente en el actual territorio Peruano.

Nuevas investigaciones y descubrimientos
La información presentada aquí compromete a algunos de los recientes descubrimientos casuales, y algunos programas de investigación de temas y sitios específicos, o algunos ejemplos de valorizaciones y publicación. Estos datos tienen una distribución muy irregular, en términos de geografía (el predominio de investigación en la costa del norte), y cronología (ningún nuevo dato concerniente al arte primario de pintura del sur del país). Sin embargo, porque actualmente no vivo en Perú, es posible que algunos descubrimientos recientes, los cuáles no están a menudo ampliamente difundidos, no sean conocidos por mí, las disculpas pertinentes anticipadas para los lectores y los investigadores.

La Costa Norte
Es en esta región, y mejor dicho en los valles de los ríos Chicama y Moche, ya rico arte rupestre, que han sido anunciados el máximo número de recientes descubrimientos (Fig. 1).

La Quebrada «El Higueron» Diseños Geometricos
Uno de los conjuntos de grabados y pintura rupestre más importantes registrado en los últimos cinco años, fueron descubiertas por un grupo de cazadores en un lugar llamado la Quebrada «El Higuerón», ubicado en el valle del río Chicama, a 15 Km. del pueblo de Pampas de Mocan (provincia de Ascope). Este sitio es actualmente estudiado por Daniel Castillo Benites (Universidad Nacional de Trujillo) quien ha publicado una breve descripción del sitio (2000). Mientras la presencia de petroglifos no es sorprendente en esta región, donde ya varios sitios se han registrado (La Laguna, San Bartolo, Chuquillanqui, Pampas de Jaguay), la existencia de pinturas rupestres, con una iconografía muy peculiar, constituye algunos nuevos datos de gran interés.

De acuerdo con la descripción dada por Castillo Benites (Ibíd.), las pinturas están distribuidas en áreas rocosas que están relativamente distantes una de cada otra. La densa vegetación es de tipo estepario espinoso. En un promontorio hay dibujos de dos seres antropomorfos con atributos sobrenaturales, de diferentes tamaños, con un contorno muy peculiar: La cabeza cuadrangular con rasgos aparentemente felinicos coronado por una cresta, brazos levantados, abdomen distendido, pene y testículos colgando, rodilla abultadas en las articulaciones, pies dibujados de perfil (Fig.2) Sus contornos son muy similares, pero no obstante los dos personajes son realmente diferentes en el tratamiento del dibujo. En uno de los personajes antropomorfos, aquel de 75 cm. de altura, los contornos así como también algunos elementos de la cara están pintados en negro mientras que el cuerpo esta cubierto en rojo oscuro. Su torso está cubierto en círculos punteados que parecen bosquejar un felino. Estos mismos motivos, pero más pequeños, acentuado sus hombros y el contorno de su extremidad superior asimétrica, que parece el tentáculo de un pulpo. El contorno y las características de la cara del segundo personaje, mas pequeño están pintados en rojo claro, mientras que el interior del cuerpo no parece haber sido pintado. Diversos signos, los cuáles son indescifrables en la foto publicada (Ibíd.), fueron pintados en rojo sobre el torso.

El segundo sitio es un gran abrigo rocoso en el cual los motivos geométrico estan pintados en negro y rojo, arriba en el cielo raso. De acuerdo con la descripción de Castillo Benites (Ibíd.). El panel principal esta hecho por cuatro círculos concéntricos enlazados por una doble línea tangencial. Hay también otros motivos como líneas en zig zag pintadas en negro y rojo. Así como también algunos rastros de ocupación cercana que datan de varias fases del Período Formativo (primer milenio A.C.) Han sido también descubiertos. Según Castillo Benites, algunos de estos vestigios proporcionan evidencia de la llegada de tradiciones culturales de los alto Andinas.

En mi opinión, ambos la iconografía y el contexto de estas pinturas los vincula muy claramente al arte rupestre del sitio de Monte Calvario, localizados en el valle alto del río Zaña, uno de los sitios que hasta ahora había constituido el único ejemplo claramente identificado de arte rupestre del Período Formativo (Gruffroy 199:55-58). En las paredes de este sitio esta bosquejado un conjunto de personajes con estilo del Chavin Clásico, asociado con personajes zoomorfos (Felinos y probables batracios) en un estilo cercano al tardío de la Cultura Recuay (Mejia Xesspe 1972). Algunos petroglifos de estilo Chavín, así como también un importante centro ceremonial ocupado para una larga parte del período Formativo, han sido también descubiertos cercanamente. Aunque los personajes bosquejados en los dos sitios son algo diferentes, en ambos casos nos encontramos con bosquejos policromados de personajes sobrenaturales con características felinicas. Las figuras de la quebrada El Higuerón que, de acuerdo con la cronología relativa, podría ser más reciente, se muestra muy lejano respecto a los cánones clásicos del estilo Chavin, especialmente en el tratamiento del contorno, pero los rasgos faciales y el dibujo de los pies permanecen comparables. También pienso que es significante los motivos de ocelotes que aparecen sobre el torso del personaje principal, en el valle de Chicama son similares a aquellos dibujados sobre los pequeños felinos del Valle de Zaña. Estos dos sitios están localizados en sectores que, durante parte del Período Formativo, pertenecieron a la misma zona de influencia cultural Cupisnique, y experimentaron una similar historia de desarrollo. Sin embargo, sus peculiares características iconográficas parecen dar soporte a la atribución que estas pinturas para la fase final de este Período fue marcado por la transición de la cultura del Horizonte Temprano (Siglo 5-3 a.C.). Este comienzo, del Intermedio Temprano (Siglo 3 – 1 a.C.). Esta atribución, que nos sugiere Monte Calvario por la yuxtaposición de pinturas de los dos estilos (Cupisnique/Chavín y Recuay), parece justificada, en el valle de Chicama, por la naturaleza compuesta en las figuras antropomorfas. Este período (Siglo 3- 2 A.C.) corresponde a todo lo largo del territorio para el momento de rompimiento y evolución, asociado con principales movimientos de personas. Fue en este mismo contexto cultural que el arte grabado en las rocas -el cual se levanta el área cultural Cupisnique-experimento su principal difusión, fuera de la Costa Norte. Teniendo en consideración la cronología de las ocupaciones humanas en el valle Chicama, estas pinturas podrían ser conectadas específicamente con la llegada de los portadores de la tradición cerámica Salinar, la cual reemplaza la tradición tardía Cupisnique, al conservar algunos temas iconográficos. Las relaciones de esta región con los Andes en el departamento vecino de Cajamarca (Tradición Layson) son importantes en este Período.

Quebrada de Cupisnique
Un descubrimiento ligeramente anterior (Chauchat et.al 1998), hecho en la parte baja del valle de Chicama, podría posiblemente formar parte de la misma tradición. Es un refugio rocoso considerablemente grande (10 m x 6m x 3.5 m), localizado en la parte alta de la quebrada de Cupisnique, cerca del lugar llamado Quebrada Honda (PV22 – 164). Las pinturas en rojo y gris/negro representan motivos geométricos, y especialmente paralelos, líneas en zig zag y ondulantes. La presencia de algunas piezas líticas sobre el piso del refugio y pequeñas muescas de molino, así como también la ausencia de material cerámico, permitió a los autores (Ibíd.:159) asociar- hipotéticamente- estas pinturas a la cultura del Paijanense Pre ceramico. Este conjunto, sobre un estudio inicial, me parece (Guffroy 1999:64) muy cerca a los estilos de pinturas y grabados tardíos, los cuales son particulares en los de Andes de Cajamarca (Algodonal, Callapuma, Cumbemayo). El parecido de estas figuras con el motivo geométrico de La Quebrada de El Higueron, así como también su relativa proximidad geográfica, sugiere aún más algunas filiaciones culturales precisas, y parecen posiblemente de origen andino, datando para el primer comienzo del Intermedio Temprano.

Quebrada de Alto de las Guitarras Kaulique, Fernández-Davila Lopez, McKay Fulle y Santa Cruz Gamarra (2000) recientemente han anunciado el comienzo de algunas investigaciones muy interesante en el sitio de petroglifos de Alto de las Guitarras, ubicado en la misma región como los sitios precedentes, entre el valle de los ríos Moche y Virú. La metodología de trabajo que ellos propone para aplicar, basado en los conceptos de «arqueología del paisaje», parece suficientemente exhaustiva y rigurosa para proveer provechosa información acerca de este sitio, el cual es uno de los sitios mas importantes de petroglifos en el Perú. En particular, uno podría esperanzarse en tener un mejor entendimiento de la utilización del sitio, y el destacamento del agrupamiento temático. Este acercamiento, comparable para el que utilizamos en el sitio de Checta, debería poder especificar las características de los «templos al aire libre».

Uno de los puntos centrales de interés en el sitio de «Alto de Las Guitarras» consistió en la aparente longevidad de su utilización, el único ejemplo correctamente documentado de este tipo. Además que estas figuras que representan el Período Formativo, ejecutadas durante el primer milenio AC, uno puede reconocer petrología de un posterior Período: Moche, Chimú y aún quizás Inca – Chimú. Este es también el más antiguo de los grandes sitios de petroglifos (más de 100 piedras grabadas) registrados en Perú, y su estudio adecuado puede traer nueva información acerca de los usos y funciones de tales sitios. Otro punto interesante es su ubicación geográfica y ecológica, la proximidad de algunas antiguas rutas de comunicación, y la existencia de otros sitios de petroglifos en relativa proximidad.

El Norte – La Región Amazónica
La región de Jaén
Los sitios de Arte Rupestre existentes en las cuestas orientales de los Andes permanecen generalmente muy pobremente conocidos. Posturas y problemas específicos de interpretación. La existencia de conjuntos principales de arte rupestre en la provincia de San Ignacio (Dep. de Cajamarca), y particularmente más en la cuenca del río Chinchipe, ya han sido señalados por numerosos autores. Un nuevo descubrimiento parece haber sido hecho por Wilmer Mondragon (Universidad Nacional de Trujillo), cerca del pueblo de Jaén, en la rivera del río Marañon. A pesar de la ubicación imprecisa que se me ha sido reportada, las fotos que he visto muestran la existencia de varios paneles de pinturas hasta ahora desconocidas. Las figuras, pintadas en varias sombras de rojo, representan contornos humanos que generalmente tienen sus piernas y brazos extendidos; seres antropomorfos con características sobrenaturales; algunos animales, así como también signos geométricos. Este conjunto parece estilísticamente ser copiado en la región (Quebrada Gramalote, El Faical, Shipal) pero con algunas notables peculiaridades iconográficas (Bueno Mendoza y Lozano 1982), particularmente en el diseño de seres sobrenaturales (Fig.3)

La Región Central
El valle del río Lurín
En el transcurso de su investigación en el valle del río Lurín, Eeckhout (1997) reportó la presencia en dos sitios de piedras grabadas cubiertas con marcas de tacitas, ya conocido por el nombre de Antapucro (Núñez Jimenez 1986:2, 17-22), las piedras con cúpulas ocupan una posición ligeramente fuera del centro en relación a los petroglifos y son asociadas con algunas plataformas pequeñas. Algunos restos de cerámica, fechados para el Período Intermedio Temprano, están presentes sobre las piedras grabadas. Algunas rocas inscritas con tacitas han sido encontradas en la morada del sitio de Chaymayaca, ubicada en la margen opuesta. Este extenso asentamiento parece haber sido ocupado desde el Horizonte Medio hasta el Período Inca.

Estos petroglifos recuerdan aquellos grabados en el valle del río Chillón, en el sitio de Checta (Guffroy 1999:126-128), y probablemente perteneciendo al mismo conjunto estilístico (Grupo B).Uno de los elementos importantes reportados por Feckhout (Ibíd.:549) es la presencia, en el sitio de Chaymayaca, de plataformas que parecen haber estado dedicadas para la quema de hojas de coca, utilizadas como ofrendas para el dios Pariacaca. El también nos recuerda la existencia de un camino conectando los valles de los ríos Lurín y Rimac pasando por el sitio de Cocacharca (literalmente: campo de coca). En lo referente al texto de Francisco de Avila, el supone que la ofrenda de hojas de coca recientemente maduras proveídas en algunas ocasiones por personas de diferentes valles para encontrarse en Chaymarca, donde ceremonias importantes tomaban lugar. Aquí encontramos tres de los factores que son frecuentemente más asociados con los petroglifos de la región de la costa peruana: La proximidad (a) a un rio, (b) de una ruta de comunicacion, y (c) zonas de cultivo de coca. Estos datos también confirman la importancia de rocas con marcas de tacitas en prácticas rituales asociadas con el uso de estos sitios. También debemos mencionar la reciente publicación de un artículo por Rick (2000) acerca del arte rupestre de los Andes Peruanos, en el cual, entre otras cosas, él nos recuerda acerca de dos proposiciones concernientes a la ubicación de pinturas que parecen ser significantes en relación a su uso; la ubicación de una gran cantidad de sitios a una altitud cerca a los 4000 m. así como también su asidua asociación con refugios pocos profundos; la presencia de pinturas en cuevas profundas permanece muy raras.

La región sureña
La región de Arequipa

CIARQ (El Centro de Investigaciones Arqueológicas de Arequipa) ha anunciado el lanzamiento de un programa de investigación en la relación entre petroglifos y los antiguos caminos pre hispánicos. Esta asociación parece significante en ciertos sitios de la región, como Cullebrillas, La Caldera y Mollebaya. Este programa de investigación puede ser consultado en la Internet (http://angelfire.com/peCIARQ).

Para concluir este rápido panorama, nos gustaría expresar la esperanza que estos recientes descubrimientos y estos programas de investigación dirigidos a un tema o sitios específicos, anuncien un desarrollo absolutamente necesario y un renacimiento del campo de estudios concernientes al Arte Rupestre Peruano.

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Traducción : Víctor Corcuera C.

Sitios Sacros
CERRO ORIFICO – UN SITIO CEREMONIAL EN LAS ALTURAS

Vista desde lado Sur

Uno de los antiguos centros ceremoniales cuya antigüedad data del Formativo Inicial, se encuentra ubicado en la cima del cerro Orifíco; localizado en la Hoja «16 F» de la Carta Geográfica Nacional, teniendo una Longitud Oeste 78º 58´45» y Latitud Sur 7º 39´ 30», alcanza una altura de 1,000 metros sobre el nivel del mar. Su localización obedecio a que es apreciable en las fotos aéreas, despertando interés a que ocupación pertenecía.

Sobre las cimas de los cerros perduran diversas evidencias de lo que fuera una de las primeras civilizaciones (Formativo Inicial), que se desarrollo en la cuenca Media del río Chicama ; actualmente el lugar espera futuras investigaciones para poder entender que sucedía con las sociedades en estos periodos tempranos y sus diversas reocupaciones temporarles en el lugar.

Preliminarmente se conoce que esta parte del valle fue ocupada desde el Paijanense (10,000 a.C.), así lo manifiestan las evidencias Líticas para la zona de Chala, adyacente al río Quirripano (Briceño 1994). También tenemos; que en los alrededores y en ambas márgenes en las cercanías del mencionado cerro, existen amplios cementerios, los mismos que han sido brutalmente saqueados; la fragmentaría en superficie permite identificar a filiaciones culturales como: Cupisnique, Salinar, Virú, Moche y Chimú.

Vista tomada desde el lado Nor este

Los Cupisnique se desarrollaron dentro del área comprendida entre los valles de Santa y Lambayeque y sus antecedentes se encontrarían en la parte baja así como en las cabeceras de los valles costeños. Esta denominación se le debe a Larco, quien excavó en los cementerios prehispánicos de Palenque, Barbacoa y Sausal, elaborando la primera secuencia de cronológica de esta cultura. Las características de la cerámica son las botellas globulares con cuellos alargados, ollas y jarras. También describe las peculiares de las botellas escultóricas de asa estribo, que se caracterizan por ser de color negro, marrón oscuro o rojo y por tener la superficie alisada o finamente pulida, existiendo también vasijas con decoración policroma, y representaciones escultóricas, incisas.

El origen de los Cupisnique, todavía sigue en proceso de investigación, lo cierto es que aparece mucho antes que Chavín de Huántar y, por lo tanto, tiene elementos singulares que los caracteriza, los mismos que debieron formarse a través de intercambios que posteriormente les permitió desarrollarse con su propio estilo y luego extenderse a los demás valles y partes bajas de la costa.

El autor

Por la arquitectura de plataformas abiertas en Cerro Orifíco, deducimos que está cumplió funciones públicas, testimoniando que las sociedades andinas alcanzaron un alto grado de desarrollo local para el Formativo Inicial resultado de una economía agrícola, basada en sistemas de irrigación presentes en ellugar, sistema que les permitió un adelanto tecnológico; un rápido aumento en la producción de alimentos y el crecimiento de la población asentadas en aldeas alrededor de un centro de importancia ceremonial.

En cuanto a construcciones pertenecientes a este periodo; solo se describían unas pircas en la zona de los cementerios, los cuales Larco, reporta para Barbacoa y Sausal. Cerro Orifíco es importante dentro de la arqueología regional porque presenta toda una secuencia cronológica que aún se espera develar con futuros estudios. La arquitectura pública existente en la cima del cerro son: plataformas abiertas de forma cuadrada, tal como lo describiera Rogger Ravines para lo que es la tradición derivadas del Formativo en el ámbito geográfico de Jequetepeque.

Esta tiene una orientación 40 grados al Oeste del Norte magnético, edificada sobre la base de piedras las mismas que sirvieron como soporte ganando espacio espacio a la declinación rocosa de origen natural. Una de las plataformas tiene 30 mts. de ancho por 23 mts. de largo, también es apreciable una delimitación de piedras colocadas formando un cuadrado perfecto de 15 mts. en cuya simetría se unen a una banqueta del frontis que asciende al segundo nivel, contandose con la presencia de una escalera empotrada que une ambos niveles.

Arquitectura circular al costado de la plataforma

Indudablemente que este tipo de arquitectura abierta tiene relación con algunas manifestaciones agrícolas en esta parte en donde existen varias tomas de aguas y el aprovechamiento conducida a través de canales abiertos.

La Cuenca Media del río Chicama, alberga numerosos vestigios arqueológicos; gran parte de ellos aún desconocidos y no registrados, muchos de estos lugares aún guardan información de nuestro legado prehispanico; en su mayoría se encuentran en abandono y en algunos casos a punto de desaparecer .

La conservación del patrimonio Cultural en nuestro medio requiere de mayor cuidado y la urgente creación de una conciencia de identidad con nuestro pasado. Muchos sitios arqueológicos diariamente vienen siendo saqueados; los esfuerzos de investigadores y arqueólogos son minúsculos ante el galopante saqueo de nuestras riquezas.

Daniel Castillo B.
Oct. 1994