Los Mochicas de la Costa Norte del Perú

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INTRODUCCIÓN

Figura 1: Las regiones Mochicas en la Costa Norte del Perú.

Los Mochicas (también llamados los Moche) desarrollaron organizaciones políticas independientes e interactivas en los valles de la costa norte del Perú entre los años 200 y 850 DC. Como la mayoría de sociedades costeras, los Mochicas pueden ser entendidos como un modelo de adaptación verdaderamente exitoso al ambiente costero, donde los recursos marítimos estaban combinados con una agricultura avanzada, basada en técnicas de irrigación. Los grandes valles del extremo norte con sus múltiples ríos, de Piura, Lambayeque y Jequetepeque, contrastan con los valles más pequeños del sur, Chicama, Moche, Virú y Santa (Figura 1). Esto determinó procesos históricos bastante distintos, que recientemente están siendo descubiertos mediante una investigación arqueológica de largo plazo.

Los Mochicas heredaron una larga tradición cultural, bastante distinta de otras tradiciones en los Andes centrales. Desde las primeras sociedades costeras del Precerámico Tardío al Cupisnique (derivado costero del Chavin), a través de una serie de sociedades pequeñas y localmente circunscritas como Salinar y Virú, los Mochicas siguieron una historia de éxitos y fracasos, adaptación y catástrofe ambiental, dominio tecnológico en metalurgia e irrigación y un gran avance en el arte y la arquitectura religiosa.

Pero como no eran una sino varias organizaciones políticas independientesno todos sus logros, rasgos o características, artísticos o atribuidos a la totalidad de los Mochicas, pero a una o algunas de sus expresiones regionales.

Por otro lado, es obvio que los Mochicas no estuvieron solos en la costa norte, sino que interactuaron a lo largo de su historia con poblaciones de tradiciones locales y populares, comúnmente denominadas Virú o incluso Salinar. Los Mochicas mismos aparentemente surgieron de este estrato antiguo y popular, cuando la irrigación a gran escala creó una nueva fuente de riquezas. En una menor escala, pero igualmente importante para su configuración e identidad cultural, los Mochicas interactuaron con sociedades que surgieron al mismo tiempo, como Recuay en las alturas vecinas del Callejón de Huaylas, Cajamarca y Chachapoyas en la sierra norte y Vicús en la lejana costa norte.

Todo el conocimiento sobre los Mochicas está basado en investigaciones arqueológicas y aún cuando hay una gran continuidad con sus sucesores, los Lambayeque y Chimú, e incluso con las sociedades costeras modernas, se evidencian agudas diferencias y discontinuidades culturales. La historia de los Mochicas, entonces, es la historia creada por la arqueología realizada en sitios Mochica, las ideas de los investigadores que han trabajado en la región durante los últimos cien años y los materiales que se han hecho disponibles mediante la investigación de campo y las colecciones de museos. La historia intelectual de la arqueología en la costa norte ha moldeado nuestra comprensión de la antigua sociedad Mochica y las futuras investigaciones seguirán moldeándola una y otra vez.

En los últimos veinte años, la investigación Mochica ha sido uno de los campos más populares de investigación en los Andes Centrales, con muchas excavaciones de largo plazo en lugares como Sipán (Valle de Lambayeque), Huaca de Luna (Valle Moche), San José de Moro (Valle de Jequetepeque), Dos Cabezas, (Valle de Jequetepeque) y El Brujo (Valle de Chicama), realizadas por equipos de investigación peruanos e internacionales. La asombrosa cantidad de información producida y que está siendo generada por la actual investigación hace que sea casi imposible relatar en forma exacta y actualizada lo que está pasando, o mejor dicho, qué sucedió con los Mochicas. Incluso cuando este volumen sea publicado y seguramente dentro de algunos años, estamos seguros de que la comprensión arqueológica de los Mochicas habrá cambiado.

Autor: Luis Jaime Castillo Butters
Articulo publicado por el PROGRAMA ARQUEOLÓGICO SAN JOSÉ DE MORO, en el Informe de Excavaciones Temporada 2010

MÚLTIPLES VÍAS EN LOS ORÍGENES Y DESARROLLO DE LOS ESTADOS MOCHICA

A pesar de lo que se dice comúnmente, la arqueología andina aún concibe el desarrollo de los sistemas políticos como procesos lineales y unidireccionales. La complejidad y últimamente, la evolución política que conduce a la formación de estados es vista simplemente como un proceso acumulativo y por momentos inevitable. Las sociedades acumulaban instituciones y funciones, sistemas legales y divisiones sociales que los transformaban de organizaciones políticas fragmentadas y regionales (dominios de un jefe) a estados centralizados y jerárquicos. El aumento y complejidad es únicamente la suma de más componentes institucionales, donde los impuestos reemplazan al tributo, los burócratas asumen funciones que antes estaban en manos de autoridades basadas en el parentesco y la producción controlada por el Estado reemplaza a la manufactura local. El cambio se presume, proviene de fuentes internas y externas. Internamente, el cambio se originaría por la acumulación de pequeñas adaptaciones y mutaciones dentro del sistema y estaría motivado históricamente por las circunstancias de una sociedad que trató de mantener un status quo en un ambiente social y natural cambiante y por cambios aparentemente inocuos y acumulativos, como aquellos que afectan la evolución de los estilos artísticos. El cambio externo es percibido como más abrupto, como desórdenes ambientales o amenazas externas; de modo que es un rompimiento de las tendencias de desarrollo de la sociedad. Pero, como hemos aprendido, el cambio exógeno, aún cuando sea catastrófico, como aquél causado por el Fenómeno de El Niño o las invasiones externas, rara vez puede ser la única explicación de un cambio cultural y social. Casi siempre, las influencias externas adoptan la forma de interacciones comerciales o influencias ideológicas.

La continua investigación arqueológica ha demostrado que la realidad de las sociedades en el pasado es mucho más compleja de lo que cualquier modelo o teoría puede predecir, especialmente porque es muy difícil reducir un proceso histórico que duró más de medio milenio a una simple descripción.

El pasado claramente no es un simple reflejo del presente, o de las condiciones que describen un estado de las cosas más primitivo. La flexibilidad – en el sentido de imágenes que pueden ajustar más variabilidad que regularidad, donde las personas no necesariamente siguen o dirigen, donde la negociación es más probable que la dominación o la resistencia – parece ser la vía para comprender la evolución de las sociedades. El enfoque que proponemos para estudiar a los Mochicas toma en cuenta la singularidad o el desarrollo específico y la diferencia de las expresiones regionales y los múltiples caminos que conducen al mismo resultado.

Rafael Larco Hoyle, el fundador de la arqueología en la costa norte, concibió a los Mochicas como una sociedad única, unificada y centralizada que se originó en los valles de Moche y Chicama (Larco 1945). Los Mochicas tenían una sola capital, las Huacas del Sol y La Luna y el centro urbano que se encuentra entre ellas, desde el cual una élite omnipotente dominaba toda la costa norte, combinando la coerción y la convicción, el poder militar y una ideología poderosa basada en una liturgia religiosa elaborada, templos y artefactos ceremoniales que legitimaban el régimen dominante. Una sociedad Mochica unificada sólo pudo haber tenido una única secuencia de desarrollo, en la cual la extensión del Estado creció al principio en forma continua para controlar los valles al norte y sur y luego disminuyó, perdiendo su control sobre estos territorios hasta que finalmente fue absorbida por una potencia extranjera. La secuencia de desarrollo unificada también se tradujo en una complejidad creciente de sus instituciones y en el alcance y uso de tecnologías. La irrigación y la metalurgia, dos de las técnicas más avanzadas, crecieron en impacto y alcance.

Para resumir todas estas tendencias, Larco propuso la evolución de la cerámica fina en cinco fases consecutivas (Larco 1948). La cerámica Mochica es increíblemente realista y rica en imágenes de deidades que interactúan en mitos y rituales, así como seres humanos que desarrollan toda clase de actividades, religiosas y mundanas. Esta iconografía fue la más sobresaliente fuente de información de esta sociedad, pero también fue una fuente precisa para calcular en el tiempo los sucesos que marcaron la historia Mochica (Larco 2001). Ha tomado aproximadamente setenta años comprender que Larco estaba parcialmente equivocado y que todos los fenómenos, el origen, desarrollo y caída, el uso de tecnologías, los cánones artísticos y materiales, e incluso las prácticas rituales, fueron menos homogéneas de lo que él pensaba y que esta heterogeneidad es la clave para desentrañar los misterios de las sociedades en el antiguo Perú.

Una sociedad unificada debió haber sido el resultado de un solo proceso de desarrollo, de modo que, para Larco, los Mochicas fueron los herederos de la vieja y prestigiosa tradición Cupisnique, la civilización formativa de todas las culturas de la costa norte. Cupisnique, también conocida como Chavín costera, ha evolucionado hacia la cultura Mochica en los primeros siglos de la Era Común, por intermedio de culturas como Salinar y Virú (Larco 1944, 1945). Larco nunca estuvo interesado específicamente en los mecanismos que originaron a los Mochicas, sino que más bien los estudió desde el punto de vista de la evolución de su cultura material, particularmente las secuencias cerámicas (Larco 1948). La cerámica Mochica muestra en formas y motivos decorativos, la evidencia de que muchos rasgos Cupisnique han pasado directamente y así han unido a ambas sociedades en una continuidad cultural.

El hecho de que esta transición sucediera una sola vez y en un solo lugar, o en múltiples ocasiones y lugares, generando múltiples derivaciones, no fue tratado por Larco. Para él, una vez originados, los Mochicas siguieron una sola línea de desarrollo, creciendo en temaño y volviéndose más complejos y refinados en todas sus formas de vida, particularmente en el arte. Pero los Mochicas no estaban solos. A medida que se desarrollaban en el valle de Moche, otra sociedad compleja, la Virú o Gallinazo, se estaba desarrollando en el Valle Virú, tan sólo a 40 kms al sur de la Huaca del Sol-Huaca de la Luna. El fenónemo Virú, según la interpretación de Larco, fue ligeramente anterior al Mochica, incluso más cerca no al origen del Cupisnique, pero circunscrito a los valles del sur que fueron incorporados eventualmente en el dominio Mochica, a través de conquistas militares (Larco 1945).

Figura 2: Fases Cerámicas de Mochica Norte y Sur

Poco antes de la muerte de Larco en 1966, la cerámica Moche Temprana empezó a aparecer en grandes cantidades en el valle norteño de Piura, paralelamente con el «menos sofisticado» estilo Vicús (Larco 1965, 1967). La interpretación de Larco no predijo esta co – ocurrencia y en consecuencia contradijo sus ideas. Los contextos funerarios Vicús, dentro de los cuales se encontró evidencia Mochica, contenían una extraña mezcla de estilos cerámicos, incluyendo Virú y Salinar. Es posible que la lejana región norteña de Piura haya sido un área de interacción de todas las tradiciones culturales de la costa norte (Makowski 1994). Pero el fenómeno Mochica-Vicús era mucho más complejo de lo que se pensaba. Por ejemplo, su metalurgia era impresionante en comparación con la que entonces era conocida para los Mochica (Jones 1992, 2001). Además, la secuencia de la cerámica Moche-Vicús era muy diferente que la que Larco postuló para el sur (Figure 2). Makowski (1994) ha dividido de manera convincente esta tradición cerámica en tres fases, Temprana, Media y Tardía (Figura 2). La cerámica Moche-Vicús Temprana es de gran calidad, muy parecida a la cerámica Moche Temprana más fina del valle de Jequetepeque en cuanto al moldeado y la decoración de las piezas, los colores y el tratamiento de las superficies (Donnan 2002) (nótese que al referirse a las fases cerámicas y los periodos temporales el término Moche es mayormente utilizado en las publicaciones en inglés, a pesar de que Larco llamó a estas fases Mochica). Siguiendo la hermosa cerámica Moche-Vicús Temprana, en la fase Media se desarrolló una cerámica más simple y gruesa, Makowski (1994) la denomina Vicús-Tamarindo A & B. En la cerámica decorada Moche-Vicús Medio destacó una forma dominante, botellas de cuello largo, con pequeñas asas a los lados, decoradas con líneas gruesas, destacando la pintura morada. Los motivos iconográficos recuerdan a los diseños de Moche temprano, a pesar de que fueron creados con mucho menos calidad y cuidado. Esta cerámica bastante rara no fue seguida por una cerámica Mochica-Vicús tardía, como si el estilo derivara en algo muy distinto del Moche.

En comparación con la región Mochica sur, y contradiciendo la secuencia de Larco, no se pudieron encontrar signos de cerámica Moche III y IV en Piura, siguiendo a la elaborada cerámica Moche temprana. Mientras que Larco vio en este estilo cerámico un posible origen de los Mochica, Lumbreras (1979) explicó esta anomalía como un desarrollo colonial. Los Mochica de los valles centrales de Moche y Chicama establecieron un asentamiento en el lejano norte, ciertamente para fines comerciales. La «anomalía Vicús» no pudo ser explicada bajo el paradigma centralizado y políticamente unificado de Larco.

Para complicar el asunto, una cantidad indeterminada de entierros de gran riqueza fueron encontrados  en Loma Negra, un cementerio de la elite en el corazón de la región Vicús. Aún si aceptamos que los Mochicas pueden haber tenido una colonia en el norte, no tendría mucho sentido haber enterrado a la realeza o a las personas más acaudaladas tan lejos. ¿Por qué no haberlos traído de regreso a su tierra natal para enterrarlos? Junto con estos peculiares entierros –  lamentablemente no excavados arqueológicamente – la cerámica Moche Media dio un giro inexplicable hacia una baja calidad y una pobre decoración. Estas interrogantes no pudieron ser resueltas con la información disponible a mediados de 1960 y se tuvo que esperar casi treinta años para ser tratadas.

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