Historia de una recuperación

La recuperación de piezas arqueológicas devuelven a un país parte de su identidad cultural. El análisis, identificación y rescate del patrimonio cultural saqueado es un proceso trascendental que la Dra. Paz Cabello Carro, perito que participó en la recuperación de la denominada “colección Patterson”, nos cuenta a continuación.

En mayo de 1988 llevé unas piezas del Museo de América de Madrid a una exposición en el Grand Palais de París, L’Or et son mythe, donde tuve ocasión de ver unas piezas que acababan de descubrirse y pertenecían a una colección privada peruana.

Aunque entonces desconocía los hechos, tuve la ocasión de contemplar las piezas de Sipán, cuyo impacto todavía perdura en mí a pesar de la ausencia de datos del catálogo y lo reducido de las imágenes. El año anterior unos huaqueros habían abierto una tumba cuyo ajuar de oro y demás piezas metálicas habían sido vendidas a coleccionistas; una parte quedó en manos de particulares y otra salió enseguida fuera del país y fue reclamada, publicando en 1997 la UNESCO en un libro sobre el saqueo en Latinoamérica, una muestra de los objetos robados.

El arqueólogo Walter Alva se hizo cargo del yacimiento y empezaron las excavaciones científicas de Sipán, ampliamente difundidas en todos los medios nacionales y extranjeros, destacando los reportajes de National Geographic. Esta difusión de los materiales de Sipán ha hecho que su estilo sea reconocible y que se puedan identificar objetos que pertenecen a un mismo conjunto. En 1992 se publicó en Lima un volumen sobre el oro del antiguo Perú, donde aparecían numerosas piezas de colecciones particulares peruanas, entre ellas algunas iguales a las expuestas en París, claramente de Sipán y del yacimiento de La Mina, ubicado en el valle de Jequetepeque, y expoliado pocos años antes.

A comienzos de 1997 pude ver en Santiago de Compostela, España, la exposición El espíritu de América prehispánica. 3000 años de historia, una muy amplia muestra que ocupó tres sedes con objetos procedentes de diversos países, cuyo catálogo, precedido por numerosos artículos académicos, solo reseñaba una pequeña parte de lo realmente mostrado. El o los propietarios, entre los que figuraba Leornado Patterson, ofertaron la colección al gobierno de la Comunidad Autónoma de Galicia, cuya sede está en Santiago, que tras diversas consultas no aceptaron la oferta. La colección quedó en un almacén de la ciudad hasta que, en un seminario sobre tráfico ilícito celebrado en Madrid un funcionario gallego y un antiguo policía peruano comentaron la situación.

Con el catálogo en mano, que también había sido publicado en versión estadounidense, el gobierno peruano reclamó al juzgado de instrucción de la ciudad de Santiago de Compostela las 31 piezas peruanas cuyas imágenes aparecían en el mencionado volumen. Por orden del juez, la policía entró en el almacén, abrió todas las cajas, fotografió sus contenidos y remitió todas las imágenes para que le confirmase las piezas reclamadas.

El doctor Alva emitió informe indicando todos los numerosos objetos peruanos que advirtió en la colección; lo que había de ser ratificado por otro perito, diferente al que hubiese redactado el primer informe que dio origen a la reclamación. El gobierno peruano me designó como perito, ya que entonces hacía años que dirigía el Museo de América y había colaborado con el Consejo Internacional de Museos (ICOM) y Perú en la elaboración de «listas rojas» contra el tráfico ilícito. Como las fotos tomadas por la Brigada de Patrimonio Histórico de la policía española en el almacén de Santiago mostraban más de 200 piezas peruanas prehispánicas, el gobierno de Perú hizo una segunda reclamación por el resto de los objetos, nombrándome también perito suyo. Mientras tanto, continuaba el proceso de reclamación y peritaje de las 31 piezas.

El enfoque de la reclamación peruana era que, ateniéndose a la propia normativa, al ser objetos originarios de este país debían regresar. El enfoque de la justicia española era que había que demostrar el expolio, ya que existe un tráfico lícito y regulado de obras de arte. En términos jurídicos, la carga de la prueba recae siempre en el demandante que, en este caso, debe demostrar que los objetos que reclama le han sido ilegítimamente sustraídos. Por otra parte, hasta 1985 la legislación española permitía la entrada no documentada de bienes culturales y establece que, tras diez años de estancia en el país, los objetos pasan a formar parte del patrimonio histórico español, y esos diez años ya habían transcurrido en 2007. No se le escapaba a la justicia española la dificultad de la situación, ya que las piezas no habían sido robadas de un museo o colección legalmente constituida en la que existen datos objetivos como imágenes o medidas, sino que parecían proceder de un saqueo que, por su clandestinidad, es difícil de demostrar. Era, por tanto necesario demostrar el expolio: el saqueo del yacimiento y la exportación ilícita del Perú.

El juez ordenó que las 31 piezas objeto de la primera reclamación fuesen depositadas para su estudio en el Museo de América.

Era evidente que si se demostraba la existencia de expolio en este primer lote, sería más fácil abordar el segundo lote de la misma colección; de manera que era necesario centrarse en este primer lote, explicar claramente la situación y probar que al menos una parte de las piezas había sido expoliada y sacada ilícitamente del país.

Un primer examen de estos 31 objetos y un estudio de las restantes piezas depositadas todavía en el almacén de Santiago, evidenció que no era difícil sino imposible demostrar el saqueo de muchas de ellas, sobre todo las cerámicas, ya que objetos similares están en el mercado. Me centré en los metales que suelen presentar características estilísticas y técnicas particulares que permiten asignarlos a un taller que proveyó el ajuar de un enterramiento.

El yacimiento de Sipán es bien conocido a través de la bibliografía, que detalla su expolio, las primeras excavaciones con las escasas piezas halladas en la tumba saqueada y las posteriores en los enterramientos siguientes. No era difícil reconocer las piezas procedentes de la tumba del Señor de Sipán; ya había contemplado en París una parte y conocía la bibliografía, e hice consultas a especialistas. Era evidente y pude demostrar de manera objetiva que la mayor parte de las piezas que tenía en mis manos procedían de la tumba saqueada de Sipán; otras presentaban un estilo y una manufactura algo diferente, que las relacionaban con dos tumbas moches huaqueadas algo antes, fundamentalmente con el yacimiento de La Mina. Algunas de estas piezas habían sido publicadas en Lima en 1992, presentando en ciertos casos pequeños desperfectos que las individualizaban. Finalmente, había un conjunto formado por una máscara Sicán, un cetro y unas láminas de oro presentadas sobre un fieltro como si fuesen placas ornamentales de un vestido; las perforaciones en los bordes señalaban que probablemente eran las hojas doradas que recubrían unas andas de ceremoniales de madera hoy desaparecidas y similares a otras de la misma cultura que ha llegado a nosotros. Máscara, cetro y láminas asociadas a unas andas ceremoniales debían relacionarse con unos remates de madera que todavía estaban en el almacén de Santiago; lo que señalaba la existencia de un conjunto Sicán saqueado en fechas relativamente recientes, según indicaba la conservación de los pigmentos y al hecho de comercializar unas láminas abolladas, perforadas y lisas no como oro a fundir sino como parte de un vestido.

El hecho de que el fiscal Roma, que llevaba el caso, fuese uno de los escasos especialistas en derecho de patrimonio histórico debió también pesar en la decisión del juez de devolver a Perú la colección que continuó en el Museo de América. Al mismo tiempo, el juez se ocupó de atender a la segunda reclamación y ordenó el depósito del resto de la colección en el mencionado museo. Cuando la policía entró en los almacenes para cumplir la orden judicial se encontró con que solo quedaban unas cajas con las piezas reclamadas por el gobierno de Perú; el resto había sido embarcado por su propietario y sacado por carretera con destino a Munich sin haber solicitado previamente el preceptivo permiso de exportación, temporal o definitiva. Como esta petición es obligada y, según la normativa española, su incumplimiento hace perder la propiedad que pasa automáticamente al Estado, España reclamó a Alemania y se puso en contacto con los otros países latinoamericanos de donde procedían otras piezas de la gran colección con el objeto de proceder a las repatriaciones que hubiera lugar. Actualmente las piezas de la colección Patterson procedentes de varios países americanos continúan detenidas y reclamadas en la mencionada capital de Baviera; las piezas peruanas han sido devueltas: una parte de ellas ya ha sido repatriada y está en Perú, mientras otras están en proceso de traslado. Paz Cabello Carro

De un sótano con deshumidificador a tesoro del Estado

Dormitó durante una década al abrigo de un deshumidificador en los bajos de un chalé a las afueras de Santiago, sin más atención que la que le procuró por su propia cuenta el dueño de una empresa de mudanzas. Ningún otro cuidado para una colección precolombina de más de 1.000 piezas, única en el mundo, tasada en más de 72 millones de euros. Hasta allí la habían trasladado en 2007 los camiones de transporte encargados de retirar el tesoro amerindio expuesto durante meses en dos museos de la ciudad entre abundante aparato mediático.

Hasta que en 2007 un juzgado peruano envió una comisión rogatoria a Santiago para solicitar la devolución de parte de ese patrimonio que consideraba fruto del expolio del Cerro de La Mina, una pirámide mochica del siglo I.

Entonces trascendió la otra cara de Leonard Patterson: de mecenas desinteresado para la Xunta de Fraga que patrocinó su exposición e incluso intentó hacerse con la muestra, a presunto traficante de arte perseguido por la policía de medio mundo y desde ese mismo momento también por la fiscalía especializada en patrimonio del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Intervino la Brigada de Patrimonio del Cuerpo Nacional de Policía, que a petición del fiscal Antonio Roma, inventarió la colección. Al entrar en los sótanos de Mudanzas Boquete, los agentes no tardaron en distinguir vasos mayas, máscaras olmecas, y distintas piezas de oro moche junto a atavíos funerarios de valor incalculable e incensarios aztecas. Las mismas que diez años antes habían lucido lustrosas para componer la exposición El espíritu de la América Prehispánica: 3.000 años de cultura, prolijo repaso de las distintas etapas del imperio precolombino.

Una treintena de objetos fueron devueltos a Lima en septiembre de 2007, después de que el propio Patterson, que se presentó en Santiago como propietario de la muestra, accediese a la petición del juzgado peruano. A cambio, el Gobierno de aquel país se comprometió a pagar la custodia de esa parte de la colección, más de 250.000 euros, según fuentes cercanas al caso.

Países como Panamá, México, Guatemala, Argentina, Costa Rica o El Salvador siguieron el mismo camino y las comisiones rogatorias cayeron en cascada sobre la mesa del juez decano de Santiago, Javier Míguez, encargado de instruir este caso. Tanta parafernalia procesal no evitó en abril de 2008 que un operario con acento extranjero apilase todo el flamante legado arqueológico y pusiera rumbo con su camión hacia tierras alemanas tras abonar la correspondiente factura al almacén.

La colaboración de las polícías española y germana logró inmovilizar la colección semanas después en Múnich. El fiscal comprobó entonces que ni Patterson, ni ninguna otra persona, había obtenido permiso del Ministerio de Cultura español para exportar la colección y tiró del hilo: según la ley española de Patrimonio Histórico, tras diez años de permanencia en el país, las piezas pasan a ser propiedad del Estado.

El pasado 18 de junio, tres años después de comenzar la investigación, el ministerio público pidió la apertura de juicio oral contra Leonard Patterson y elevó sus conclusiones. El fiscal le acusa de un delito de contratabando, «por haber dado órdenes» para sacar la colección del país, y pide para el acusado una pena de dos años de prisión, inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena y multa de 60 millones de euros, con una responsabilidad subsidiaria de seis meses para el caso de impago.

En su escrito, el ministerio público solicita además el comiso de las piezas «que habrán de adjudicarse al Estado español de acuerdo con los artículos 5 y de la Ley Orgánica reguladora del delito de contrabando y 26 de la Ley del Patrimonio Histórico español». También se dirige a la Brigada de Patrimonio Histórico del Cuerpo Nacional de Policía para que, a través de la Interpol, identifique a los agentes de la policía germana que propone como testigos para la vista. Además propone escuchar el testimonio del propietario de Mudanzas Boquete para que refrende ante el juez si el transportista que se llevó la colección lo hizo para cumplir el encargo del propio Patterson.

Un nuncio, dos Nobel y una perito

Más que un sumario, el caso que instruye el juzgado de Santiago es propio de una novela de John Le Carré. El principal protagonista, Leonard Patterson, único acusado en esta trama, ex diplomático de carrera, que se casó con ocho mujeres distintas a lo largo de su vida ha sido investigado por la policía de medio mundo. En México por tráfico arqueológico y en Suiza por importar animales protegidos.La Unidad de Arte y Antigüedades de Scotland Yard lo relaciona con una de las joyas de la cultura precolombina: el tocado moche que fue hallado en casa de uno de sus abogados. La pieza, de oro laminado y lapislázuli, desapareció de la vivienda del coleccionista peruano Raúl Apesteguía el día en que fue brutalmente asesinado en enero de 1996. Por qué apareció en la residencia londinense del letrado de Patterson es algo que no ha sido aclarado. La primera denuncia contra él partió de un agente doble, Van Rijn, traficante arrepentido que llegó a colaborar con la policía.

Para que la colección de Patterson aterrizase en Santiago tuvo que mediar ante la Xunta y el Ayuntamiento de Santiago el entonces nuncio del Papa en España, Mario Tagliaferri. Cuando por fin se exhibió, el propio Patterson teatralizó su discurso a y confesó que fueron «los muros de Santiago» los que le llevaron a exhibirla «por primera y única vez». Entre el público aplaudían dos premios Nobel, Oscar Arias y la líder indigenista Rigoberta Menchú.

El diario El Comercio de Perú revelaría años más tarde que no era el altruismo lo que lo movía. Según este periódico, Patterson intentó vender la muestra a la Xunta por 18 millones de euros. La operación la frustró una perito en arqueología cuando advirtió sobre el origen ilícito de las piezas.

La repatriación de bienes culturales que salieron del país por tráfico ilícito o desconocimento demanda una paciente y tenaz labor. El trabajo entre INC, Cancillería e INTERPOL viene dando importantes resultados.

A inicios de 2008, el gesto del ciudadano suizo Guido Andrighetto llamó la atención de los medios. Treinta años atrás, él había adquirido una colección de fragmentos textiles en Austria, asombrado por su hechura y decidido a garantizar su conservación. La mayor parte era de origen Chancay. Residente luego en Berlín, invitó en una ocasión al embajador peruano en Alemania –el arqueólogo Federico Kauffman Doig– para apreciar la colección que lo enorgullecía. No fue poca la sorpresa del diplomático, al constatar que se trataban de piezas originales, por lo que se encargó de convencer al coleccionista de que fuesen devueltas a su país de origen. Andrighetto, con ejemplar desprendimiento, aceptó.

Para los que trabajan por la repatriación de nuestros bienes culturales, nada sería más idóneo que hallar la misma colaboración en todos los casos. En cambio, se requiere de un esfuerzo paciente y perseverante para alcanzar un éxito que –por cierto– no termina con la repatriación, sino que significa muchas veces el inicio de procesos penales contra los involucrados en la cadena del tráfico.

En la base de datos del Instituto Nacional de Cultura figuran unos 80 casos que involucran 15 países y más de 20 mil piezas culturales por identificar y recuperar. Ya sea a través de devoluciones voluntarias, decomisos e incautaciones hechas por entidades en el exterior (Aduanas, policía) o reconocimientos de piezas robadas en museos y casas de subasta, todos requieren de una gestión particular y personalizada.

A la cabeza de estas ‘cruzadas’ está la Dirección de Defensa del Patrimonio Histórico del INC que junto a la Subsecretaría de Política Cultural Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores, asume la tarea de seguimiento y ejecución de estos casos. En su calidad de ente especializado, el INC emite opinión, recomienda, solicita información y ejerce de intermediario y facilitador en las diversas instancias.

Otra colaboración vital es la que viene por parte de INTERPOL. La gran organización policial tiene un tratamiento especial para los casos de robo del patrimonio cultural. Estos pueden ser reportados en segundos a las otras filiales –187 a nivel mundial– a través de un sistema al que llaman I-24/7 (Información las 24 horas del día, 7 días a la semana). Para la institución es importante el registro gráfico de las piezas plagiadas, a fin que se le puedan identificar con mayor facilidad.

“Nuestra tarea no es solo difundir, sino también investigar y hacer un análisis de inteligencia criminal, averiguar cuáles son las tendencias de este tipo de robo”, explica Fernando Samamé, jefe de la División Internacional contra los Delitos Aduaneros, Intelectuales, Económicos y Patrimonio Cultural de la Oficina Central Nacional de INTERPOL. “Para ello, evaluamos las estadísticas de los últimos años y observamos cuáles son las rutas del tráfico”, refiere.

La forma en que Cancillería o el INC toma conocimiento de que un bien cultural nuestro está siendo comercializado en el exterior puede ser de diversas maneras: desde ventas por Internet a cargo de galerías o la noticia sobre las nuevas adquisiciones de algún museo de prestigio, hasta reportajes periodísticos.

Una vez ubicados, y si no es posible viajar para realizar el examen in situ, los peritos reconocen a través de fotografías, las características morfológicas de las piezas y su filiación cultural. Es entonces que se recurre a la base de datos de bienes robados para corroborar la sustracción de la obra. Nos damos cuenta aquí de una realidad preocupante: muchos robos al interior del país no son reportados a la policía ni a las Direcciones Regionales de Cultura, lo que hace complicado el sustentar la propiedad de esos bienes.

Bajo el amparo de los acuerdos que el Perú ha suscrito con diversos países es que se procede a la recuperación de los bienes, una vez identificados como pertenecientes a nuestro patrimonio. Por la vía diplomática se presenta el informe pericial de las piezas, así como su ficha de registro o la copia de la denuncia policial.

Esta parte concluye con la firma de un acta de entrega entre el representante diplomático y la persona que realiza la devolución.

La repatriación en sí implica la gestión del embalaje y transporte de los bienes culturales a nuestro país. La Cancillería recibe las piezas como valija diplomática y coordina con el INC para su entrega oficial. Tras realizarse los trabajos necesarios a las piezas, el INC asume su custodia permanente o gestiona la devolución al museo y/o Iglesia del cual fue sustraída.

Casos Emblematicos

Altar de Challapampa


Retablo que data del siglo XVI, el Altar de Challapampa fue robado en 2002 del templo de San Pedro de la comunidad de Challapampa en Juli, Puno. Tiempo después, se ubicó el altar en la galería Ron Messick Fine Arts, de Santa Fe,
Nuevo Mexico (EE UU).
Un equipo de agentes del Servicio de Aduanas estadounidenses incautó el tesoro. En el año 2005 regresó al Perú.

Lienzos del S. XVIII


En 2005, el Ministerio de Cultura de Colombia solicitó conocer el origen de dos pinturas (Cristo y Santísima Trinidad) que eran parte de un permiso de exportación en Colombia. Se encontró que una de ellas había sido robada en 1997 a una colección privada. Ambas fueron repatriadas en 2008.

Caso Ugo Bagnato
En 2005, autoridades de Miami decomisaron 603 piezas prehispánicas al italiano
Ugo Bagnato. De ellas, 270 eran piezas de cerámica y otros, mientras que 333
eran piezas textiles. Todas retornaron en 2007.
Pinturas decomisadas en Bélgica
Tres pinturas: Virgen con el Niño Jesús (óleo del S. XVII), Virgen del Espíritu Santo y Bodegón, además de un retablo de madera tallada, fueron decomisados en el aeropuerto de Liege,
Bélgica,
en 2006. Los bienes fueron repatriados al año siguiente.

Obras de arte en Uruguay
En 2005, apenas llegadas al aeropuerto de Montevideo (Uruguay), 35 piezas histórico-artísticas fueron decomisadas por no poseer la documentación correspondiente. Algunas poseían certificados falsificados. Volvieron al Perú en 2008.

Caso Patterson
El coleccionista Leonardo Patterson realizó en 1997 una exposición de sus piezas en España e imprimió el catálogo Prehispanic American – Time and Culture (2000 D.C -1550 A.C). El año 2007 se intervino un almacén en Galicia, con la cooperación de la Brigada del Patrimonio Histórico de la Guardia Civil Española, donde se identificaron 223 piezas prehispánicas, de las cuales 48 ya han sido repatriadas en 2008.
Unku Recuay en Denver
Un unku completo original del estilo Recuay fue recuperado en 2007 por las autoridades estadounidenses en la ciudad de Denver, Colorado. Fue repatriado en 2008.
Máscara de Sicán
Una pieza de oro y plata estilo Sicán, que habría sido extraída en 1997, fue incautada en 1999 al ciudadano turco Ayden Dikmen en Munich (Alemania).
Actualmente se encuentra en proceso de repatriación.
Bolsa de tela en Miami


Una bolsa chuspa en torsión en ‘Z’ de la Costa Sur (Intermedio Tardío) fue incautada en 2007 por las autoridades aduaneras de Miami. El mismo año se realizó su repatriación

Piezas cerámicas y textiles en Hamburgo

En 2007, una ciudadana alemana devolvió en Hamburgo 45 piezas peruanas (23 piezas cerámicos, 47 fragmentos, 2 líticos, 2 metales, 6 orgánicos, 4 textiles) adquiridas en la década del 60 en Arequipa, mientras residía en nuestro país. Las mismas fueron repatriadas en 2008.

Pieza Chancay en Berna
La Oficina Federal de Aduanas en Suiza incautó en 2005 una pieza de cerámica de origen  Chancay en el aeropuerto de Berna, que contaba con certificado falso. Se repatrió en 2008.
Tráfico Ilícito Internacional De Bienes Culturales. El papel de la INTERPOL

Es la segunda organización mundial después de la ONU, teniendo en cuenta el número de países adheridos. En este artículo tenemos un acercamiento al trabajo de la INTERPOL, que desde 1947 se dedica también a la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales.

En cada país miembro, generalmente en su capital, se encuentra una Oficina Central Nacional (OCN) de INTERPOL, que es un organismo nacional. Estas oficinas aseguran el enlace entre los Estados Miembros y nuestra organización cuando se hace una investigación a escala internacional.

La Secretaría General de la OIPC-INTERPOL que se encuentra en Lyon, Francia, cuenta con aproximadamente 150 oficiales de policía de unas 70 nacionalidades diferentes, representantes de todos los continentes.

INTERPOL, contrariamente a lo que piensan muchas personas, no dispone de brigadas internacionales de búsqueda. Los oficiales de policía de la Secretaría General no son competentes para efectuar investigaciones en un país miembro.

Aunque los delitos contra los bienes culturales tienen una importancia considerable por los daños que causan al patrimonio, estos, para muchos servicios de policía, no tienen más que una importancia secundaria.

La lucha contra el terrorismo, el tráfico ilícito de drogas, los delitos contra las personas y especialmente contra los menores, son sus prioridades.

Desde 1947, INTERPOL se ha dedicado particularmente a la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales.

Resulta muy difícil tener una idea precisa sobre la magnitud de los robos de obras de arte en el mundo y hay poca probabilidad que algún día se cuente con estadísticas precisas.

Las estadísticas nacionales se basan a menudo en las circunstancias del robo más que en el tipo de objetos robados.

El saqueo de los sitios arqueológicos es un fenómeno que afecta particularmente a esta región del mundo, aunque la carencia de información no permite un estudio de este tipo de criminalidad.

Se tiene conocimiento que tales objetos fueron saqueados cuando aparecen en el mercado del arte.

INTERPOL no es un fichero centralizado de los delitos cometidos en el mundo. Solo se registran los delitos que tienen una incidencia internacional y únicamente se abren expedientes para los delincuentes internacionales.

Una amplia y rápida circulación de la información entre los países miembros es uno de los medios de los que se dispone para luchar de manera eficaz contra este tipo de delincuencia.

Se posee además una red de telecomunicaciones muy eficaz denominada I-24/7 (INTERPOL, 24 horas al día, siete días por semana), y bastan solamente algunos segundos para transferir las informaciones.

Para dar una idea, más de diez millones 800 mil mensajes habrían circulado a través del sistema en 2007, es decir cerca de 30 mil mensajes cada día.

También se publica dos veces al año un afiche incluyendo las obras de arte más buscadas. Es la única publicación en papel que se ha conservado hasta ahora para las obras robadas.

Base de datos En 1995 la Secretaría General de INTERPOL creó una nueva base de datos sobre obras de arte que muestra datos escritos e imágenes.

La descripción del objeto es sencilla, visual, al alcance de todos los policías. Se trata de una base de datos hecha por policías para policías. Esta base que consta ahora de más de 33 mil datos, no fue concebida para registrar todos los objetos robados en el mundo, sino solamente aquellos que son perfectamente identificables y que pueden ser de interés para el mercado internacional.

Con el fin de difundir informaciones sobre obras de arte robadas a organismos privados (museos, anticuarios, coleccionistas, etc.), la Secretaría General elaboró un CD-ROM.

En el mes de agosto de 2006, se adoptó la tecnología del DVD para aumentar la capacidad de registro y también mejorar la calidad de las fotografías. Se puede consultar en inglés, francés, y español. Se actualiza cada dos meses y se puede acceder al mismo mediante una suscripción.

El DVD INTERPOL Obras de arte robadas incluye la información enviada a la Secretaría General por los países miembros de INTERPOL que acepten comunicar al público dicha información a efectos preventivos.

Sin embargo, no constituye en modo alguno una base de datos completa sobre todas las obras de arte robadas en el mundo.

Su consulta solo es una de las diligencias que hay que llevar a cabo y el hecho de que una obra de arte no figure en el DVD no significa que no haya sido robada.

Este DVD es la repuesta a la necesidad de los negociantes de obras de arte que precisan saber si un objeto que quieren comprar es o no robado.

Internet El 5 de julio del año 2000, la Secretaría General creó una página en Internet accesible al público. Esta incluye listas de objetos recién robados (con sus fotografías), objetos culturales robados en Irak y Afganistán, así como de objetos descubiertos durante allanamientos efectuados por la policía que busca a los propietarios legítimos.

También se incluyen listas de objetos que habían sido robados y que fueron recuperados, así como las preguntas más frecuentes y sus respuestas, así como otras informaciones que se encuentran también en el DVD.

Para permitir la actualización diaria, todas las informaciones registradas en la base de datos, están disponibles en la página: www.interpol.int Para informar y sensibilizar a los policías, aduaneros y actores del mercado del arte sobre la protección del patrimonio cultural de Irak, también se puede encontrar la tipología de los bienes culturales, las descripciones y las fotografías de los objetos robados en ese país.

Otros medios para esta lucha son las conferencias internacionales (cada tres años la Secretaría General organiza una conferencia internacional en Lyon), los cursillos de capacitación y la cooperación con otras organizaciones internacionales.

Desde 1995, se organizan conferencias en las regiones que sufren más este tipo de criminalidad.

Desde 2002 se organizan cursos de capacitación para los policías, aduaneros, magistrados y personal de las instituciones culturales en los países de América Latina.

El próximo curso se desarrollará en Lima en mayo de 2009 con la cooperación del Instituto Nacional de Cultura del Perú y de la OCN de Lima.

En cuanto a la cooperación con otras organizaciones internacionales, la Secretaría General firmó acuerdos con la UNESCO, la Organización Mundial de Aduanas y el Consejo Internacional de Museos.

Los delitos cometidos contra los bienes culturales tienen sus propios especialistas. Si estos son identificados por el servicio investigador, INTERPOL tiene la posibilidad de difundir sus descripciones por medio de una difusión internacional.

Para luchar con eficacia contra este tipo de delincuencia se debe difundir de la manera más amplia y rápida, por el conducto de INTERPOL, la información relativa a los objetos robados perfectamente identificables.

Asimismo, se deben adoptar leyes para proteger el patrimonio cultural y regular las actividades de los anticuarios, ser parte de los convenios internacionales, crear en cada país unidades de policía especializada en la lucha contra el tráfico de bienes culturales (indicado en el convenio de la UNESCO de 1970), adoptar y utilizar una base de datos informatizada para registrar la información sobre obras de arte robadas.

También se recomienda sensibilizar a los poseedores de obras de arte para que establezcan inventarios de sus colecciones (descripciones precisas y fotografías preferentemente en colores) y concienciar al público sobre la protección de su patrimonio cultural (puede empezar en las escuelas).

Se sugiere además establecer una cooperación con los vendedores de obras de arte, compañías de seguros y otras empresas privadas.

A los anticuarios y los coleccionistas se les puede únicamente aconsejar estar atentos cuando compran los bienes culturales, utilizando todos los medios puestos a su disposición por los servicios públicos.

El último consejo, pero no el menor, es organizar talleres nacionales o regionales y cursos de formación para policías y oficiales de aduanas, con el apoyo, del personal de museos y ministerios de la cultura.

Jean-Pierre Jouanny
Oficial especializado
INTERPOL – Francia