Armas de metal en el Perú prehispánico

RESUMEN.
A través del análisis del significado de la guerra en los Andes, de la tecnología con que las armas de metal fueron fabricadas, así como de la evolución de las mismas a través de los diferentes fiorizontes culturales, hemos tratado de recuperar todos aquellos ejemplos de objetos de metal, hayan cumplido una función utilitaria o ritual, para llegar a tener así una amplia visión de la significación de las armas de metal en el Perú Prehispánico.

PALABRAS CLAVE
Arqueología, etnohistoria, iconografía,culturas prehispánicas, guerra ritual,guerra secular, tecnología, simbolismo, armas ofensivas y defensivas.

ABSTRACT.
In this article, we describe all known examples of Andean metal weapons, regardless of their functionality, in order to gain a wide view of their meaning in Prehispanic Perú. For this purpose, we analyze the meaning of war in Andean Área, the technology of elaboration of the weapons and their evolution throught different cultural periods.

KEY WORDS
Archaeology, etnohistory, iconography, prehispanic cultures, ritual war, secular war, technology, simbolism, offensive and defensive weapons.

INTRODUCCIÓN
A pesar de la temprana aparición de la actividad metalúrgica en el área Central Andina (±800 a.C), el metal no fue elegido como materia prima principal para la elaboración de armas. Quizás su avanzada tecnología lítica les permitió la utilización de la piedra para la fabricación de cualquier tipo de instrumentos, incluyendo las armas, hasta la llegada de los españoles.

Una concepción de los conflictos intergrupales diferente a la europea, nos les obligó a revolucionar con el uso del metal, la tecnología de la guerra. Si sumamos esto a que la mayoría de las armas de metal proceden de contextos funerarios, que han sido masivamente saqueados en Perú, la muestra se reduce a unos pocos objetos. Sea por una u otra causa, las sociedades andinas nos dejaron muy pocos ejemplos de armas de metal en los contextos arqueológicos que hoy analizamos.

Autora: CARMEN PÉREZ MAESTRO
Alumna de doctorado del Departamento de Prehistoria (UNED). Valle Inclán 1, 2.° B. 28044 Madrid. E-mail jlperez@recol.es
Publicación: Espacio, Tiempo y Forma, Señe I, Prehistoria y Arqueología, t. 12, 1999, págs. 319

LAS FUENTES DE ESTUDIO

Los objetos de metal enseguida llamaron la atención de los conquistadores y, aunque como ya veremos más adelante «no era oro todo lo que relucía», éstos fueron sistemáticamente recogidos para ser fundidos y enviados a España en barras de plata y tejos de oro. La extirpación de idolatrías supuso también la destrucción masiva de muchas construcciones y objetos prehispánicos considerados paganos por la nueva religión llegada al Perú.

Las piezas de textil, cerámica, y sobre todo metal, son muy apreciadas por los coleccionistas de todo el mundo. La venta o tenencia del objeto más bello ha llevado a vendedores y coleccionistas privados a arreglar y componer las piezas metálicas a su gusto. «De esta manera encontramos en colecciones privadas importantes piezas de metal arregladas según el gusto del conservador, con láminas o piedras de colores que no les corresponde, lo que varía totalmente el significado real de la pieza y dificulta más un verdadero estudio interpretativo. Unas veces se añaden elementos decorativos a las piezas, otras se quitan y al final la pieza está tan mutilada que resulta prácticamente una caricatura de su estado original » (Carcedo, en prensa). Tenemos la suerte, sin embargo, de que en los últimos años se han desarrollado serios proyectos de investigación arqueológica, gracias a los cuales se ha podido recuperar una valiosa información respecto a las manifestaciones culturales relacionadas con la guerra o con la metalurgia en el mundo Andino. Por esto la fuente arqueológica se torna fundamental para el estudio contextual de dichos objetos.

Las diversas manifestaciones culturales de las sociedades andinas fueron representadas en textiles, cerámica o metal por ellos mismos. La fuente iconográfica nos permite en muchas ocasiones confrontar las hipótesis que formulamos a través de los datos arqueológicos y etnohistóricos. Son datos etnohistóricos aquellas descripciones iniciales de las sociedades andinas procedente de los soldados, los funcionarios o los historiadores españoles que llegaron a estas tierras. Las primeras fuentes que se ocupan del Perú Antiguo son los documentos españoles del siglo XVI, referidos algunos de ellos a describir el Imperio de los Incas aún cuando la mayoría estaban destinados a contar y registrar la vida y conflictos de los conquistadores.

Después del siglo XVI se escribieron una serie de documentos que si bien ya estaban alejados del imperio Inca, contienen testimonios de su cultura. Destacan así los que se hicieron a raíz de la extirpación de idolatrías, que describen sistemas de cultos y creencias que de otro modo se hubieran perdido. Hemos de tener en cuenta sin embargo que la mentalidad de los cronistas no estaba preparada para entender etnografías tan lejanas a la suya, lo que provocó en muchas ocasiones el mal entendimiento de aquello que estaban observando. Esto nos obliga a tratar con mucho cuidado estos datos, que necesariamente han de ser complementados con los arqueológicos.

Tecnologías en la fabricación y tratamiento de los objetos de metal, se han conservado desde épocas prehispánicas en muchas comunidades andinas.

Existen además actividades rituales relacionadas con la guerra, que se continúan realizando en áreas restringidas del Perú y Bolivia. Los datos etnográficos por tanto nos van a ayudar también a una mejor comprensión de las sociedades pasadas.

LA GUERRA EN LOS ANDES

Cualquier rápida interpretación que se dé a un instrumento o una construcción arquitectónica puede resultar equivocada si no se cuenta con informaciones complementarias que la corroboren. La abundancia de representaciones de armas y guerreros en los restos culturales preincaicos e incaicos parecería indicar que estos pueblos fueron bélicos, sin embargo, la dependencia de éstas al arte militar es hasta ahora bastante dudosa.

El concepto de «guerra» en el mundo Andino ha sido analizado mayormente desde el punto de vista occidental, por esto tenemos una visión equivocada de lo que significó en las culturas prehispánicas andinas. La conceptualización de la guerra en Los Andes ha sido nnuchas veces obstaculizada por la confusión entre la «guerra ritual» y «guerra secular».

Los testimonios de la presencia de supuestas actividades guerreras se prestan a dudas. «En ciertos lugares las poblaciones eran rodeadas de empalizadas y también con murallas, no con el fin de defenderse del ataque armado de otros hombres, sino de las fieras que pudieran penetrar en ellas para causar destrozos y muerte, o para impedir la intrusión de huéspedes no deseados. Algo de esto parece, por ejemplo, vislumbrarse en la ciudadela de Piquillacta, cerca del Cuzco, con un trazo expresamente laberíntico de sus calles, o en la ciudad de Chan Chan, donde en varios de sus recintos sólo podía penetrarse por unas rampas desde el tope de sus anchos muros que eran de gran altura, para que tuviera el visitante que exponerse a la vista de todos» (Cisneros 1980:19).

Los recintos defensivos que encontramos, sobre todo en la Costa Norte, como por ejemplo la fortaleza de Paramonga, parecen haber servido de escenarios a combates rituales destinados a obtener futuras víctimas para sacrificios. En estas fortalezas no se encuentran ni puntas de lanzas ni proyectiles de hondas, sólo están presentes cuchillos de pizarra pulida.

Estos recintos no parecen proteger territorios, sino solamente construcciones de carácter ceremonial en cuyo interior aparecen antaras (flautas de pan) y restos de vasijas recipientes de chicha (bebida de maíz).

«Todo ello hace pensar que las supuestas fortalezas de la Costa Norte fueron construidas en las fronteras entre las comunidades para servir de escenario a los combates rituales» (Makowski 1999:70).

Los sistemas ecológicos de la desértica vertiente occidental de los Andes Centrales, frágiles pero altamente productivos, crearon condiciones para la temprana aparición de conflictos por el acceso al agua y los recursos alimenticios. Durante el tercer y el segundo milenio a. C, la densidad de población aumentó considerablemente, lo que provocó la presión demográfica en las cuencas fértiles. Esta situación provocaría conflictos entre las comunidades que cohabitaban en un mismo valle. La existencia de «ataques organizados por parte de un grupo social contra otro en el intento de fomentar los intereses de un grupo a expensas del otro, mediante la destrucción premeditada de vidas y bienes» (Hoebel 1961:553), serían por lo tanto lógicos en estas áreas de recursos tan limitados.

Algunos autores como Topic (1997), niegan la existencia de una guerra territorial basándose en la pervivencia actual del llamado Tinku o batalla ritual en comunidades serranas de Perú y Bolivia, pero la oposición entre combate ritual y guerra profana no es compatible con la cosmovisión andina.

La ritualización de los comportamientos bélicos es común en todas las sociedades complejas preindustriales, lo que no excluye por tanto ninguna de las dos.

Tanto las armas ofensivas como las defensivas que conforman el bagaje cultural andino, demuestran que si sirvieron para ser utilizadas en combates, al menos del tipo cuerpo a cuerpo. El metal no supuso una revolución en la guerra como sucedió en el Viejo Mundo, pero no podemos olvidar las pesadas porras con cabeza de cobre o bronce vaciadas o las puntas con mango largo recubiertas de metal que fueron generalizadas por las culturas Moche o Recuay, las cuales «tuvieron que ser muy respetadas por su mortífera eficiencia» (Makowski 1999:66).

Por otro lado, muchos de los objetos que consideramos como armas, por su tamaño o por la fuerte inversión de trabajo que supuso su elaboración, no parecen haber resultado operativos para un combate. La colocación de dichos objetos en contextos funerarios nos estaría indicando que fueron fabricadas no con un fin utilitario, sino como meros indicativos de estatus.

TECNOLOGÍA Y SIMBOLISMO DEL METAL

Todos los artículos de una cultura material y más aun cuando se trata de los metales, son el resultado de la explotación de recursos materiales presentes en el medio ambiente y de una conversión de dichos materiales en objetos. Lo que constituye un «sistema tecnológico» (Letchman 1997:154) es la selección de las materias primas, su procesamiento y, a través de la manipulación de sus propiedades, plasticidad, dureza o resistencia, su transformación en objetos culturales.

El Área Central Andina es considerada actualmente como la cuna del desarrollo de la metalurgia extractiva y de la orfebrería americana. En un lugar llamado Cerro Barranco Colorado en la costa norte de Perú se encontró una mina prehispánica que nos da idea de cómo pudo ser el proceso extractivo de los minerales. Así es descrita por su descubridor»: los antiguos mineros comenzando por la cima descendieron gradualmente hasta el centro de la montaña. Así aunque la abertura de la cima tenía una trinchera de menos de 1.5 m de ancho, se extendía casi 100 mts. hacia abajo de la ladera. La mina tenía por lo menos 40 mts. de profundidad y se ensanchaba por dentro hasta 8 o 9 mts., a tan sólo 3 o 4 mts. de la entrada, a partir de esta especie de cámara subterránea se descendía a un pozo vertical con estacas de madera y escalones excavados en la pared de mismo» (Careado 1999:52). Los instrumentos utilizados para la extracción del mineral serían fundamentalmente martillos y picos de piedra.

En el desierto de Atacama al norte de Chile se descubrió de manera fortuita la momia del «hombre de cobre» (Bennet y Bird 1960) perteneciente a un minero prehistórico que portaba su instrumental de trabajo, consistente en cuatro martillos, azadón con hoja de piedra, azadón de madera, dos palitos de madera, una bolsa de cuero de llama, cuatro cestos y
correa de cuero.

Los metales utilizados en los Andes Centrales fueron el oro, la plata, el cobre, el estaño y el plomo, tanto en estado nativo como obtenidos metalúrgicamente, y aleaciones intencionales comunes fueron cobre-plata, cobre-oro (tumbaga), cobre-arsénico (bronce arsenical), cobre-estaño (bronce estañífero) y cobre-oro-plata.

El cobre se fundía en hornos excavados en la arena, revestidos de gruesas capas de arcilla. El resultado era una cámara más o menos circular. En la parte superior de la bóveda era modelado un canal tubular lateral y otro central de forma cuadrangular a modo de chimenea (Makowski 1996).

Junto a los hornos aparecen toberas de cerámica o caña para soplar o inyectar aire en el horno. El metal que se obtenía de la fundición no corre a la parte inferior del horno formando un lingote, sino «prills o perlas, gotas de metal atrapadas en la escoria» (Carcedo 1999:16).

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