Las dudas y preguntas que aún rondan respecto al papel que habría cumplido y/o representado la Señora de Cao en la sociedad Moche, podrán resueltas con la publicación de una monografía Multidisciplinaria que está preparando la Fundación Wiese.
Así lo informó el arqueólogo Régulo Franco Jordán, descubridor de laSeñora de Cao y director del Complejo Arqueológico El Brujo, ubicado en el distrito de Magdalena de Cao, provincia de Ascope, en La Libertad. Este sitio es administrado y sostenido por la Fundación Wiese, mediante una alianza con el Estado peruano.
El destacado investigador peruano indicó que una de las preguntas que serán resueltas con este documento científico es si fue una sacerdotisa y una poderosa gobernante.
“Este documento tendrá el aporte e muchos investigadores. Por ejemplo, John Verano de la Universidad de Tulane ha realizado un estudio de la antropología física de la Señora de Cao; asimismo, se cuenta con el aporte de Jordi Esteban de la Universidad de Barcelona, quien ha investigado sobre las causas de su muerte, la edad en la que pereció, su estatura, su ADN, entre otros datos”, indicó.
Poderosa gobernante
Señora de Cao
Afirmó, asimismo, que el documento también tendrá las conclusiones de los estudios realizados a los objetos de metal que fueron encontrados en el fardo funerario de la Señora de Cao; además de un análisis profundo de los tatuajes en su piel y el simbolismo complejo que registra en brazos y antebrazos.
“Tras todo lo analizado nos ha llevado a determinar que la Señora de Caofue una poderosa gobernante y no una sacerdotisa, lo que compone hasta el momento en el hallazgo científico contextual en todo américa andina, comparado con la Reina de Rojo de Palenque, en México, quien no necesariamente fue la reina de ese lugar; pero en el caso de la Señora de Cao estamos frente a una gobernante, que es eslabón que estábamos buscando sobre el papel de rol y papel de la mujer en el antiguo Perú”, agregó.
Los restos de la Señora de Cao fueron halladas con una corona y rodeada de objetos de oro y cobre en la pirámide de Huaca Cao Viejo. La tumba también contenía algunas armas, incluyendo dos enormes garrotes de guerra.
Hasta su descubrimiento, los expertos creían que solo los hombres habían disfrutado de posiciones de poder en la precolombina cultura Moche, a la que perteneció.
El director del Complejo Arqueológico El Brujo informó que los nuevos descubrimientos nos llevarán a fortalecer la idea de que hubo un matriarcado en el antiguo Perú.
El investigador aseguró que el documento está en revisión por un destacado académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y espera que en el primer trimestre del 2019 sea publicado.
Coloquio de Arqueología
Franco brindó estos detalles durante la conferencia de prensa para anunciar el IV Coloquio de Arqueología El desarrollo de los Sitios Arqueológicos: Tensiones, Desafíos y Oportunidades, el cual se realizó el viernes 24 y sábado 25 de agosto.
Señora de Cao
Las actividades académicas programadas para el viernes 24 de agosto tuvieron lugar en el Hotel Casa Andina de Trujillo, que contaó con la participación de la viceministra de Turismo, Liz Chirinos Cuadros; el director general de Museos del Ministerio de Cultura, Giancarlo Marcone Flores; la exministra de Cultura, Diana Álvarez.
Asimismo, se contaó con la participación de los directores de museos importantes como Pachacamac, Túcume, Huacas del Sol y la Luna, entre otros destacados profesionales ligados a los arqueológicos y sitios arqueológicos.
El segundo, el certamen se trasladará al Complejo Arqueológico El Brujo y al distrito de Magdalena de Cao, donde se hará una visita a este sitio, pero además habrá un pasacalle, feria gastronómica y de artesanía con apoyo de los mismos vecinos, y el II Festival Internacional de Muralismo Ancestral Mochica.
Adriana Doig, directora de Proyectos Culturales de la Fundación Wisie, anunció que durante el Festival de Muralismo participarán 40 artistas de 13 países, incluido el Perú, quienes pintarán iconografía Moche en 40 fachadas de las viviendas de Magdalena de Cao.
Para esta importante actividad iconográfica se contará con la participación de Roberto López, fundador de Pacha Muralista, quien afirmó que el objetivo de este festival nace a partir de una alternativa de las bienales de arte, y que no busca competencia, sino cooperación.
De los 24 entierros humanos hallados en Huaca Las Abejas del complejo arqueológico Túcume, en el distrito del mismo nombre,región Lambayeque, cuatro pertenecerían a la nobleza de la cultura Inca y su corte, es decir 1,400 años para adelante.
Bernarda Delgado Elías, directora del Museo de Sitio Túcume, destacó que una tumba hallada en Huaca Las Abejas tiene las mismas características del gobernante Inca que fue descubierto hace algunos años en Huaca Larga, sector que comprende también el complejo arqueológico de Túcume.
“Eso es lo que hace tan importante el hallazgo, porque si tenemos que comparar las características de las telas de este fardo veremos que son muy similares al último gobernador Inca, por lo tanto, estamos hablando de los mismos niveles, de la misma jerarquía de gente de la nobleza”, sostuvo en diálogo con la Agencia Andina.
“Es una tumba que tiene un orificio casi rectangular y luego se amplía hacia el sur en forma de un óvalo, por eso le llamamos tumba en forma de bota. Es la primera vez que registramos este tipo de tumba acá en el complejo arqueológico de Túcume”, remarcó.
También refirió que han hallado más de 30 ceramios entre los que destacan la técnica piel de ganso que es de la época Chimú; al igual que de la época Lambayeque, entre otras culturas.
Casi todas las tumbas, dijo Delgado Elías, están relacionadas con ceramios muy finos, instrumentos de tejer, objetos de metal asociados, mates, conchas spondylus “y esos materiales siempre están asociados a gente de la nobleza, de la élite Inca”, recalcó.
Mencionó que es la primera vez que se descubre esta cantidad de entierros humanos en este sector del complejo arqueológico de Túcume. “En esta huaca tan pequeña la idea era poder comparar lo que se tiene en Huaca Las Balsas y conocer qué había en los monumentos de alrededor, ese era nuestro objetivo principal, ver la conexión existente entre las huacas de este sector tan importante”.
La investigadora lambayecana manifestó, asimismo, que si los incas eligieron este espacio para enterrarse, quiere decir que tenían ya una importancia desde la época Lambayeque.
Delgado recordó que Los Lambayeque, que es la cultura primigenia en esta zona, fueron conquistados por los Chimú que se quedaron poco menos de 100 años y luego por los incas “pero los incas siempre utilizaban espacios de mayor importancia para las culturas locales, es decir si aquí habitaban unos Señores, los incas relevaban la importancia de que esta persona estuviera allí y se enterraban en la misma zona. Elegían los lugares más importantes de las culturas que ellos habían conquistado”, explicó.
Delgado Elías sostuvo que los entierros humanos que han sido encontrados con instrumentos de tejer son de sexo femenino, porque en la costa solo tejen mujeres y están asociados con conchas de spondylus en las manos.
“Hay alguno (de los entierros) que tienen dos conchas de spondylus y el personaje luce anillos en sus manos. Evidentemente no es gente del pueblo, pues no usaba ese tipo de objetos. Los entierros de la gente del pueblo eran muy sencillos y con telas muy simples, pero acá podemos hablar de un grupo humano de élite Inca”, anotó.}
Se desconoce- agregó- el material de los anillos, pero podrían ser de cobre plateado. “La mayor cantidad de objetos de metal encontrados en diferentes sectores del complejo de Túcume son de plata”, advirtió.
Mencionó que este hallazgo les brinda una amplia información sobre el momento Inca. “Este es uno de los pocos sitios en la región que tiene un contexto Inca tan importante. Primero en Huaca Larga al noreste, con un contexto funerario también del último gobernador Inca más dos acompañantes de sexo masculino y 19 mujeres tejedoras; y ahora al suroeste, este contexto funerario frente a Huaca Las Balsas, que es un espacio ceremonial tan importante. Esto nos dará mucha información de lo que pensaban los Incas, de cómo utilizaban los espacios y la importancia de Túcume para ellos”, argumentó.
La investigadora recordó que en Túcume han sido encontradas cinco estatuillas incas, las que fueron colocadas sólo en sitios de mayor jerarquía e importancia del Tahuantinsuyo. “Túcume fue una provincia muy importante de los Incas”, afirmó.
Por su parte, José Escudero Villalta, director del proyecto de Inversión Conservación y Puesta en Valor y Desarrollo Comunitario del sector suroeste del complejo arqueológico de Túcume, precisó que el patrón de enterramiento en forma de bota hallado en Huaca Las Abejas es nuevo en este sitio arqueológico.
“Otro patrón que nos llama mucho la atención es el tapiado o sellado de las tumbas que normalmente se esperaba que estén cubiertas de tierra como solían estar todos los entierros, pero estas han estado selladas al vacío y se ha registrado toda una preparación del sello”, expresó.
Incluso- añadió- hay una característica del mismo patrón de los enlucidos de Huaca Las Balsas. El color verdoso de los relieves está apareciendo en los revoques de las tumbas. “Es responsabilidad de nosotros poder saber cuál es la función de Huaca Las Abejas para que estas personas que son importantes hayan querido o tenido el honor de enterrarse en esta zona”, acotó.
Hasta la fecha- continuó- -se han descubierto 24 entierros y se cuenta con marcadores de 10 entierros más, algunos como los hallados o simples.
“Tenemos cuatro entierros en fardos de los cuales dos están en pésimo estado de conservación e incluso el entierro 14 que es el mejor conservado, después lo extraeremos porque debajo de este entierro, atípicamente se encuentra una cama donde hasta la fecha se han registrado más de cinco ceramios. Es atípico porque un entierro normalmente tiene las ofrendas a un costado, pero este las tiene abajo y al interior del fardo”, detalló.
En Huaca Larga cuando se encontró al gobernante Inca al interior del fardo también estaba su ropa. “El personaje hallado no sabemos que tenga, por eso su importancia”, acotó.
Adelantó que tendrán que realizarse estudios de ADN para poder definir si todos los entierros corresponden a la misma época. “Se hará un fechado de radiocarbono en el extranjero para determinar si pertenecen a la misma época. Venimos recogiendo muestras y esperamos que al cierre del proyecto, cuya duración es de dos años, podamos enviar esos análisis y seis meses después tener los resultados.
Destinan S/ 8 millones para investigación
Por su parte, el viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales del Ministerio de Cultura, Luis Villacorta, resaltó que este descubrimiento evidencia la importancia que tuvo Túcume para el imperio del Tahuantinsuyo.
“Se han programado ocho millones de soles para proyectos de investigación, conservación y restauración en este complejo arqueológico, de los cuales desde el 2017 a la fecha se han invertido dos millones de soles. Estos recursos, sumados a la calidad de los especialistas que laboran en el sitio, han permitido estos descubrimientos”, destacó.
“Posteriormente al hallazgo, la labor de investigación continuará en los laboratorios, donde los conservadores textiles y los científicos especialistas iniciarán el trabajo de interpretación de datos”, refirió el viceministro, quien llegó a Lambayeque para hacer el anuncio.
Villacorta precisó que la inversión total que el Ministerio de Cultura destina al Complejo Arqueológico Túcume, la cual se terminará de ejecutar en el año 2022, aportará no solo nuevos conocimientos para el fortalecimiento de la identidad cultural de la población en la región, sino que, además, contribuye al proceso de reconstrucción tras el Fenómeno de El Niño. Por el momento, el proyecto ha permitido dar empleo temporal a 166 familias de la zona.
La arqueología de la cultura Lambayeque está asociada a elementos que permiten entender y reconstruir su estructura sociopolítica, económica e ideológica, nos referimos a aspectos como: territorialidad, arquitectura monumental, relaciones comerciales, producción de bienes, jerarquía política y religiosa, rituales y consecuentemente la tradición oral (leyenda de Ñaymlap). A pesar de quienes discuten y cuestionan el valor de la tradición oral sobre Ñaymlap (Shimada 1995 y 2014a; Zuidema 1990), este relato se ha convertido en motivo de debate (Zevallos 1989), con pruebas arqueológicas cada vez más consistentes (Narváez 2011, 2014a y 2014b; Paredes 1987; Rucabado 2008, Fernández 2012, Wester 2013). No obstante, para reflexionar sobre la dinámica urbana regional y macroregional de esta sociedad y analizar los espacios arquitectónicos como escenarios sagrados, es indispensable examinar en la historia de la cultura Lambayeque y buscar argumentos en su pasado para entender a esta sociedad como el resultado y consecuencia de un proceso de continuidad y cambios.
Fig. 1. Paisaje de la Costa en Lambayeque.
En este contexto, el primer escenario que evaluamos está referido al territorio, un ámbito geográfico con superficie regular, de leves contrastes, con valles que discurren perpendicularmente en la región que garantizan la estabilidad del agua como el componente básico de la productividad agrícola y de la vida en general. Paralelamente, el litoral marítimo aseguró valiosos recursos no solo para la subsistencia sino para inspiración ideológica y mágico religiosa, como elemento de conexión con deidades ancestrales y finalmente el acceso al área andina y evidentemente al Marañón y Amazonia, que se convierten en los aspectos de mayor influencia que han generado la consolidación de la cultura Lambayeque.
En cuanto a la configuración del territorio y su entorno, este se convierte en un componente básico sobre el cual actúa el hombre para transformarlo y aprovecharlo; a pesar de ello existen condiciones climáticas o fenómenos que ejercen fuerte influencia en la distribución del territorio; en el caso singular de la costa norte del Perú (Figura 1), lo constituyen las corrientes marinas de Humboldt de aguas frías y la corriente marina El Niño de aguas cálidas. Hechas estas precisiones con respecto al territorio y a la geografía de la costa, es necesario examinar el panorama arquitectónico en el contexto de la historia regional, macro regional y la influencia que esta ha recibido a lo largo de los siglos. Las evidencias sobre el periodo Arcaico o Preceramico con agricultura (Lumbreras 1981), fueron inicialmente documentadas en el norte peruano en huaca Prieta en la parte baja del valle de Chicama y presentadas en 1948 por Junius Bird, los resultados que muestra su trabajo pionero, certifican la ausencia de cerámica y una evidente actividad extractiva en el océano Pacifico como consecuencia de la proximidad con el litoral, así como arquitectura de piedra construida por cantos rodados y domesticación de plantas y animales, asociados a nuevas formas de organización, proceso que ha venido en llamarse: Neolitizacion (Lumbreras op. cit).
Fig. 2. Edificio Principal Mayor de la Ciudad Sagrada de Caral.
Posteriormente, con las investigaciones de Tom Dillehay (1992), en el sitio de Nanchoc ubicado en la cabecera del valle de Zaña, donde registró montículos con estructuras simples de probable uso ritual, asociados a grupos de cazadores no especializados y horticultores incipientes de una antigüedad de 8000 a 5000 años antes del presente (Dillehay op. cit.), se convierten en valiosas evidencias para certificar la antigua data de la ocupación en la región Lambayeque, con un modelo de asentamientos dispersos en el Arcaico Tardío, hacia un modelo de organización más compleja que tiene su máxima expresión en el valle de Supe en el sitio Caral (Figura 2) perteneciente al Formativo Inicial, y que es considerado como el escenario físico social para el surgimiento y consolidación de la ciudad y estado más antiguo del nuevo mundo (Shady 2003).
La expresión física de los edificios en Caral revela de manera indiscutible que estamos ante uno de los paisajes culturales más antiguos de América precolombina, cuya configuración permite reconocer el desarrollo de actividades ceremoniales, comerciales, productivas, estructura política, desarrollo de arte (música), que expresan a una sociedad altamente organizada. Esta investigación abrió las puertas para el entendimiento sobre lo que sucedió al final del Arcaico e inicio del Formativo en los Andes centrales, sobre todo en un escenario poco explorado como es la arquitectura publica monumental y de función ceremonial. La concentración de importantes asentamientos entre la costa y el valle medio en lugares como Caral, Vichama, Bandurria, Végueta, Las Shicras, Áspero, etc., constituyen un claro indicador de como este territorio se convirtió en el escenario ideal para este desarrollo que encuentra en la arquitectura y en su entorno la expresión material del paisaje sagrado (Shady 2003).
Al abordar esta compleja combinación de elementos urbanos y ceremoniales, tiene sentido en varios aspectos reflexionar sobre la perspectiva de la arquitectura como escenario simbólico (Shimada 2014a:53-54), es decir cuando esta revela un mensaje como el caso de la forma del puma para el Cuzco (Shimada 2014a [Gasparini y Margolies 1980; Hyslop 1990; Rowe 1968 y Zuidema 1983]), o como el símbolo de la montaña y la ola, tan recurrentemente representado en el arte Mochica y Lambayeque que alude al tema del poder y el agua (Bock 2003 y 2012). Un aspecto que hay que destacar en la arquitectura temprana de Lambayeque, es que se ha documentado científicamente un templo perteneciente al Formativo Inicial, se trata de un singular centro ceremonial cuya construcción ubicada en la parte baja del cerro Ventarrón en la margen norte del rio Reque, el mismo que corresponde a un edificio pintado de varias fases, con típicos rasgos de arquitectura publica y convertido en el reflejo del discurso religioso de la época (Alva Meneses 2012). El funcionamiento de este extraordinario edificio, estuvo vinculado no solo a actividades rituales de elevado contenido ideológico, sino que la población desarrolló una agricultura con algodón, usó productos traídos de la zona amazónica y mantuvo una conexión con el litoral del Pacífico, que en suma revelan la existencia de un centro simbólico con culto al fuego, arquitectura con murales policromos con escenas de cacería de venado –llamado mural del venado cautivo- (Alva Meneses op. cit.), que lo convierten en un centro religioso de especial valor único en su género en la costa norte del Perú. Este centro ceremonial del Formativo inicial, asociado al valle y a una elevada montaña como paisaje, constituye la más clara y remota evidencia del vigoroso surgimiento del urbanismo temprano en Lambayeque,y muestra como los grandes centros de culto están inspirados en armonía con el paisaje.
Centros ceremoniales de esta magnitud, que emergen en los años siguientes en esta región como: Purulén, Corbacho, Guayaquil, Huaca el Toro, El Búho, El Águila, Chumbenique, Poro Poro y Udima en el valle de Zaña, Morro Eten, Collud en el valle de Reque, Raca Rumi en Chongoyape, Huaca Lucia en el valle La Leche y Boliches en el valle de Olmos, todos ellos como parte del explosivo apogeo que toma la religiosidad y que se expresa en edificios y parajes que son centros del poder político y culto religioso, escenarios sagrados para los rituales durante los 1500 años a.C. Esta época asociada a una agricultura desarrollada, con técnicas alfareras y sofisticadas obras orfebres, así como jerarquías sociales y una estructura sociopolítica estrictamente religiosa y de fundamento teocrático, asociada tradicionalmente con una deidad ancestral que se configura como la divinidad felínica con atributos de serpiente, ave rapaz y ser humano, conocida como: Falcónida. Esta imagen aparece frecuente y recurrentemente representada en la arquitectura así como en la producción material.
Fig. 3. Chavín de Huántar, escenario sagrado.
En los Andes centrales existen extraordinarias evidencias que permiten demostrar que la arquitectura monumental se convierte en esta época en el escenario público principal para asegurar la presencia de la elite sacerdotal que transmite la liturgia y conduce los rituales. En la región norte de los Andes, existen casos concretos, como son los centros ceremoniales de: Montegrande, Kuntur Wasi excavados por la misión japonesa dirigida por Yoshio Onuki (Onuki 1997), Pacopampa investigado bajo la dirección de Yuji Seki (Seki et. al. 2010 y Seki 2014), Poro Poro y Udima excavado por Walter Alva y Susana Meneses (Alva 1985), posteriormente en una nueva temporada por Walter Alva y Emma Eyzaguirre (2012), Purulén (Alva 1985), Templo El Rollo en el rio Paltic (Wester et. al. 2000), La Congona excavado por Walter Alva y Emma Eyzaguirre (2013), Morro Eten y Poemape excavados por Carlos Elera (1993 y 1998). Todos estos centros ceremoniales concebidos en un espacio sagrado vinculados al agua, con un modelo arquitectónico que es el reflejo de la arquitectura con planta en “U”, plaza delantera cuadrangular, acceso mediante escalinata empotrada ubicada al centro del edificio principal (Figura 3).
Fig. 4. Templo de Pacopampa, escenario del Formativo medio.
Al analizar la configuración, emplazamiento y distribución de estos centros ceremoniales del Formativo en la costa y sierra norte del Perú, debemos reflexionar si cada uno de estos centros fue autónomo y sirvieron como centros sociopolíticos religiosos de un grupo social (Burger y Salazar 2014:308), o es que pueden ser interpretados como lugares sagrados o huacas conmemorativas de ancestros y fuerzas míticas y/o supernaturales responsables de la prosperidad de la comunidad (Burger y Salazar op. cit.). Otro elemento que es necesario destacar, especialmente en los edificios del periodo Formativo en la Sierra norte del Perú, es que la gran mayoría están asociados a una ubicación estratégica en una ladera plana de la montaña, mirando al escenario donde se ubica un rio o cauce de una quebrada, y estos a su vez tienen en el interior de la construcción monumental principal una trama de canales subterráneos (Onuki 1997, Seki et. al. 2010 y Seki 2014; Alva 1985, Wester et. al. 2000), que se articulan como un tejido que genera la circulación del agua, en una mágica escena de culto al agua y a su vez a la fertilidad agrícola. Esta trama de canales subterráneos da la idea que el edificio se constituye en un centro que genera el agua, la misma que se precipita hacia el exterior como parte del ritual simbólico al agua elemento sagrado. Casos que podemos citar son: Kuntur Wasi, Pacopampa (Figura 4), El Rollo y Udima por citar los más reconocidos. Este breve recuento de los grandes centros ceremoniales del periodo Formativo en el norte (costa y sierra), permiten demostrar que el rasgo de escenario sagrado no solo estaba marcado por la monumentalidad de la construcción, sino que estos se asocian a una geografía o paisaje sagrado. Las ceremonias religiosas más importantes se desarrollaban en estos lugares, donde la elite sacerdotal transmite su discurso con una liturgia que se mezcla con gestos, acciones y ornamentos que contribuyen a legitimar los rituales, el poder y la naturaleza sagrada de estos espacios arquitectónicos en el cual su entorno formo parte del ámbito ceremonial.
Fig. 5. Templo El Rollo, escenario sagrado del Formativo medio.
Dos elementos complementan esta reflexión, el primero es que en esta época surge un singular y peculiar estilo de cerámica fina (Chavín y Cupisnique), que se convierte en el espacio donde el discurso ritual es transmitido por la clase sacerdotal a la población; el segundo es el impresionante despliegue para lograr bienes confeccionados en oro, plata y platino que deslumbran por su calidad tecnológica pero que revelan en superficie un conjunto de imágenes religiosas de extraordinario impacto, prueba de ello son los materiales provenientes de Chongoyape, Corbacho, Kuntur Wasi, El Rollo (Figura5) y Pacopampa. Sin duda estos materiales certifican la especialización y elevada productividad, y se convierten en la señal del prestigio de la compleja estructura sociopolítica que emerge en esta época y que va a mantenerse con ciertos cambios en el siguiente milenio.
Hacia los primeros años de la era cristiana, durante el periodo conocido como Desarrollos Regionales Tempranos o Periodo Intermedio Temprano (Lumbreras 1981 y Rowe 1962), desarrollado entre los años 500 a.C. hacia 850 d.C., se producen profundos cambios en los Andes centrales, que son el resultado de un proceso de deterioro, extinción o declinación del sistema político y religioso instaurado en el Formativo, producto también del crecimiento poblacional, el insospechado aumento de la productividad agrícola, pero sobre todo el surgimiento de entidades políticas marcadamente regionales con legítimas aspiraciones de independencia e identidad propia (Canziani 2012: 179). Esta época, plenamente caracterizada por notables resultados artísticos, especialmente en cerámica, metales, textiles y arquitectura monumental, de carácter administrativo y residencial, constituye la verdadera época clásica o conocida como la época de los maestros artesanos (Lumbreras 1969). Un importante elemento para este proceso lo constituye sin duda el manejo profesional del agua, a través de sistemas de riego masivo que incorporó grandes extensiones de campos que elevaron la productividad y transformaron la base económica de las sociedades de dicha época (Canziani op. cit.), y que alteraron sensiblemente el paisaje del bosque costero.
Como consecuencia de este proceso, aparecen colosales construcciones de adobe y barro en forma de estructuras escalonadas, tronco piramidales, edificios elevados de lados inclinados, con rampas de acceso asociados a grandes plazas, algunos de ellos con fachadas decoradas con relieves policromos con escenas religiosas complejas donde deidades, líderes, ídolos y ancestros presiden estas fachadas como distintivo del carácter sagrado y venerable de estos monumentos, donde las elites ejercían el poder que se reafirmaba y legitimaba en los rituales presididos por sacerdotes y sacerdotisas (Castillo 2000 y 2003) y (Uceda 2000), que formaban parte de una clase distinguida que tiene el privilegio de usar todo un conjunto de bienes para sus ceremonias y que accede en forma exclusiva a la liturgia más selecta de la religiosidad de esta época. Otro aspecto fundamental es la aparición de pequeños ejércitos a manera de una elite militar, cuyos integrantes forman parte también de la nobleza gobernante. Existen evidencias que en el entorno de estos centros ceremoniales, residían los más expertos artesanos encargados de confeccionar los bienes más finos y valiosos que usaban las elites (Uceda 2000). Un elemento muy importante que debe remarcarse, es que los cambios drásticos que se operaron en esta época tienen visible repercusión en el escenario ideológico donde aparece un nuevo discurso o libreto cargado de imágenes y escenas, en las que deidades mayores y menores protagonizan e interactúan en solemnes actos que tienen singular impacto en la vida de la sociedad y que se convierten en el vehículo más dinámico para lograr el sometimiento y/o convencimiento de la población hacia la elite que se halla en la cúspide de la estructura jerárquica. Aparece una “nueva cosmovisión” (Canziani 2012), que marco con mayor énfasis las diferencias sociales entre aquellos que gozan del poder y controlan los recursos bajo un sistema institucionalizado calificado como Estado (Castillo 2000, Uceda 2000, Shimada 2014a, Canziani 2012 y Makowski 2008), frente a quienes se hallan al servicio de la clase gobernante.
Los grandes edificios que se construyeron, especialmente en la costa norte durante la época Mochica, fueron el reflejo del poder que habían logrado las elites, el control de la productividad, solvencia económica para el desarrollo de obras públicas, pero sobre todo el convencimiento que habían obtenido en las comunidades adyacentes. Estas construcciones fueron escenarios para grandes ceremonias instauradas en un calendario ceremonial, fueron también lugar para la concentración masiva de grupos que presencian y participan de ceremonias claves como sacrificios humanos (Bock 2012) y culto a los muertos. Las plataformas de adobe y barro fueron también espacios sagrados para el enterramiento de los señores y de su linaje más próximo, donde eran sepultados con sus bienes, patrimonio político y religioso con el que arriban al inframundo; casos conocidos son los documentados en las tumbas de: Sipán (Alva 1994 y 1999), San José de Moro (Castillo 1993, 1996 y 2000), Huaca Cao (Franco 2008), Ucupe Pueblo (Bourget 2008), Sacerdote Guerrero del valle de Virú (Strong y Evans 1952), La Mina (Narváez 1994), tan solo por citar los casos donde ha existido una excavación arqueológica científica.
Fig. 6. Pampa grande centro urbano del periodo Mochica Tardío en Lambayeque.
La arquitectura monumental en la costa norte durante la época Mochica, estuvo expresada en reconocidos edificios como: Huacas El Sol y La Luna, Galindo, Huancaco, Pañamarca, Mocollope, Huaca Cao, Dos cabezas, Pacatnamu, San José de Moro, Ucupe Pueblo, Sipán , Pampa grande (Figura 6), Santa Rosa de Pucala, Huaca Bandera de Pacora, entre otras, que mantienen características comunes como edificios elevados mayormente de lados inclinados, con grandes rampas de acceso, plataformas superpuestas, fachadas decoradas, recintos techados, altares, tronos, escaleras que conectan recintos a desnivel; todos estos articulados bajo un claro y definido diseño y concepto simétrico y volumétrico. La idea generalizada de estos monumentales espacios arquitectónicos, es que fueron destinados principalmente para actividades rituales que transmiten el poder de los gobernantes, algunas de estas ceremonias eran públicas y otras privadas o restringidas. Así mismo, se estima que en algunos de estos lugares se emplazaban exclusivas residencias para la realeza, es decir, que podían tratarse de palacios o templo-residencia. No obstante, es importante destacar que en varios casos se ha documentado arqueológicamente que estos escenarios fueron destinados también para el enterramiento de la elite sacerdotal, lo que significa la función de templo-mausoleo y espacio para que estos dignatarios vivan por siempre convertidos algunos de ellos en ancestros recordados y venerados. Un importante fundamento y complemento que justifica a este despliegue en la construcción de estos edificios, lo constituye en la época Mochica la difusión de conocidas escenas o temas, plasmados en el arte Mochica (Donnan 1975), en las que destacan impresionantes ceremonias como La Presentación, El Entierro (solo por citar los más emblemáticos), que debieron demandar de grandes escenarios y espacios arquitectónicos, que se convierten en lugares sagrados donde se reafirma la religiosidad y se consolida el poder de la clase gobernante. Hay que destacar que la arquitectura cumple un rol fundamental en esta composición iconográfica donde aparece representada como escenario sagrado.
Fig. 7. Relieve policromo en Huaca de la Luna, centro principal de la cultura Mochica en La Libertad.
En las proximidades a las grandes construcciones se ha documentado por ejemplo en Huaca de La Luna (Figura 7), residencias de elite en un área denominada núcleo urbano, estas corresponden a complejos asentamientos planificados con espacios diferenciados en cuyo interior reside un personaje de estatus privilegiado (Tello 1998), (Armas et. al. 2000),( Montoya et. al. 2000) y (Uceda 2008).
En el territorio Mochica, hacia la época llamada Moche Tardío (Castillo y Donnan 1994), se empiezan a producir algunos cambios, que fueron consecuencia del debilitamiento estructural interno (Rucabado y Castillo 2003), que habría coincidido con los efectos de un gran meganiño (Shimada 2014a) y que estos se producen con la presencia de estilos importados, venidos del sur y de la sierra norte (Wari y Cajamarca), a esta etapa se ha calificado como el colapso de la sociedad Mochica (Proulx 1973, Wilson 1988, Castillo y Donnan 1994, Uceda y Mujica 1994, Shimada 1994,Bawden 1996, Castillo 2001 y Castillo 2003). Esta etapa, está caracterizada por el paulatino descenso de las formaciones regionales, y una serie de cambios que afectan la esfera material que se traduce en el surgimiento de nuevos patrones. Este es un proceso gradual definido a partir de estudios estratigráficos y funerarios y ha sido bautizado como periodo Transicional, comprendido aproximadamente entre los años 750 y 900 d.C. (Rucabado y Castillo 2003). Las evidencias de materiales Wari en la costa norte han sido claramente definidas en el sitio arqueológico de San José de Moro (Castillo 2003, 2008, 2011) y recientemente en el sitio Castillo de Huarmey (Giersz 2014 y Makowski 2014); en ambos casos corresponden a bienes de indiscutible factura Wari que han profundizado el debate sobre la naturaleza y carácter de la presencia Wari en el territorio Mochica norte y Mochica sur. Naturalmente, este proceso ha originado cambios que han sido definidos para el caso de San José de Moro como la aparición de un periodo Transicional (Castillo op. cit), luego del cual se formalizan los Chimú al sur (territorio Mochica sur) y Lambayeque al norte (territorio Mochica norte).
De acuerdo a las evidencias con las que se cuentan, todo hace indicar que el periodo Transicional trajo como consecuencia el surgimiento de lo Chimú y Lambayeque que se produjo entre los años 950 hacia 1400 d.C. en una época conocida como Estados Regionales Tardíos (Lumbreras 1981) o Periodo Intermedio Tardío (Rowe 1962), que corresponde a un periodo de resurgimiento de las formaciones regionales que aspiran nuevamente a su identidad propia y la recuperación de su autonomía política de naturaleza territorial, acompañadas de los efectos que ocasionó el llamado colapso en el área Mochica, con presencia de material importado (Cajamarca y Wari). En el caso de la cultura Chimú, se conocen los cambios que se expresan en un nuevo modelo y diseño arquitectónico que tiene a Chan-Chan como la capital y principal metrópoli de esta sociedad y máxima expresión del urbanismo tardío en los Andes centrales (Canziani 2012), que se asocia a un peculiar estilo alfarero de vasijas asa estribo generalmente de cocción reductora, con imágenes relacionadas al mar la luna y una deidad ancestral llamada Taycanamo, el héroe fundador descrito en la tradición oral de esta época.
Fig. 8. Vista parcial del Santuario Histórico de Pomac.
Con respecto a la cultura Lambayeque, emplazada en el territorio del mismo nombre y comprendida por los valles de Olmos, Motupe, La Leche, Lambayeque y Zaña, la misma que ha sido estimada su cronología entre los años 850 al 1350 d.C. muestra un inconfundible estilo bajo la forma clásica del conocido huaco rey, que se difundió rápidamente por los valles mencionados. Sin embargo, se conoce hoy que su influencia cultural se extendió hasta Piura por el norte, y en los valles de Jequetepeque y Chicama por el sur (Mackey 2009); (Franco y Gálvez 2014); (Narváez 2014a) y (Prieto 2014), y hacia el este en la región Cajamarca (Wester, Martínez y Tandaypan 2000). La tradición oral definida por la Leyenda de Ñaymlap, generó interés en conocer el valor de este relato y su relación con las evidencias arqueológicas, el debate sobre la validez sigue vigente y cada vez existen mayores argumentos con sustento que prueban consistentemente la estrecha relación entre el relato y las evidencias arqueológicas recuperadas. Es importante señalar aquí lo que sobre este tema afirma Julio Rucabado (2008:185), en el sentido de que antes que un recuento histórico de datos fidedignos guardados en la memoria, la tradición oral sobre Ñaimlap, habría tenido un rol político para legitimar el poder de las estructuras sociales existentes.
Fig. 9. Complejo Monumental de Túcume.
Esta propuesta resulta interesante, hasta el punto en que el discurso del relato se transforma en un argumento para dar legitimidad a una elite o a un grupo de familias que detentan el poder en este territorio. Sin embargo, hay que hacer notar que en esta narración es donde precisamente se citan nombres de lugares, personas y escenarios en los cuales suceden hechos y acontecimientos que al constatar su valor hallamos que algunos de ellos corresponderían a la realidad. Pero además, no deja de inquietarnos el hecho que en este relato se habla de un templo que se construye (Chot), donde se produce un hecho fundacional que a su vez se puede interpretar como un hecho de naturaleza política pero también religiosa; o el caso de la muerte de Ñaymlap que se encierra en un recinto donde se deja morir y le salen alas y vuela, o el de Ceterni para quien Ñaymlap mando a construir su palacio-templo en un lugar que hasta la fecha sigue siendo materia de debate y que bien podría tratarse de Chornancap, como lo sostiene Zevallos (1993). Es importante el hecho de que Tempellec o llamado Fempellec traslada el ídolo de su lugar original por lo que recibe un castigo y termina “sepultado” en el mar. Estos episodios nos interesan en la medida en que los templos en el relato tienen una condición sagrada y se convierten en escenarios donde suceden los principales acontecimientos vinculados a la élite política y sacerdotal.
Fig. 10. Huaca Chotuna.
Las evidencias arqueológicas en el territorio de la cultura Lambayeque en el aspecto urbano arquitectónico, dan cuenta de un proceso de continuidad de las antiguas formas de sus antecesores: los Mochicas; es decir, se mantiene la construcción de grandes edificios a manera de plataformas superpuestas, con rampas de acceso directas e indirectas, lados inclinados, formas escalonadas, asociadas a plazas delimitadas con muros perimetrales, con altares en la parte superior, muchos de ellos con postes que soportaban techos a una y dos aguas, fachadas con elementos decorativos en la forma de relieves, pinturas polícromas con escenas simbólicas que aluden frecuentemente al tema marítimo y lunar, pero sobre todo constituyen reflejo y consecuencia de que los viejos modelos mochicas tienen vigencia aún a pesar de los profundos cambios producidos, sobre todo en asentamientos a manera de grandes centros urbanos como: Pomac, Túcume, Apurlec, Pátapo, Luya, Collique, Úcupe, Chotuna – Chornancap, La Pava, Los Perros, Solecape, Mirador, Mocce entre otros que forman una configuración urbana íntimamente ligada a la estructura ideológica y de producción agrícola, es decir los emplazamientos constituyen los principales valles de la región Lambayeque (Figura 8, 9 y 10).
Lo que reafirma la propuesta de que los escenarios principales en el ámbito nuclear y territorial de la cultura Lambayeque estuvieron articulados a los valles y al mar como condición fundamental y que la configuración monumental y urbana obedeció a una estructura socio política estatal descentralizada, pero articulada por un discurso o liturgia que unifica los conceptos políticos y religiosos que se expresan en modelos, formas, patrones y estructuras arquitectónicas que mantiene relación durante un periodo importante de esta sociedad. Shimada (2014a), sostiene que el centro político o centro cívico (Sicán) personificaría y/o materializaría un símbolo sagrado que se constituye en un rasgo difundido en los centros ceremoniales andinos. Se refiere a que el complejo arqueológico del Bosque de Pomac estaría configurado tomando la forma de la silueta del “tumi” que simboliza el control sobre la vida. Esta propuesta radicaría en el hecho de que el tumi como un bien material usado en rituales de sacrificios no solamente es un elemento representativo, sino que está asociado a los rituales de sacrificios humanos que precipitan el corte en el cuello para la emanación de la sangre que se convierta en agua que fertiliza la tierra. A pesar de nuestra evidente discrepancia con esta propuesta, coincidimos en el hecho de que estos escenarios son espacios arquitectónicos sagrados, porque constituyen un territorio donde las élites desarrollan sus actividades rituales y cotidianas, pero cuando mueren son sepultados junto a las plataformas principales que se convierten en templo mausoleo y morada de los ancestros (Shimada op. cit.). Otra razón y argumento para que estos escenarios tengan la condición sagrada, lo constituyen los elementos decorativos que se colocan en las fachadas principales, en los accesos a las plazas ceremoniales en los altares, entre otros y que concurren en un discurso que recuerda el contenido de la tradición oral de la historia de Ñaymlap y su descendencia.
El caso del Complejo Úcupe resulta excepcional, porque se trata de una plataforma con fachada mirando al este, en cuya superficie frontal principal fueron excavados los murales polícromos que constituyen uno de los hallazgos más importantes del arte mural que sobre la cultura Lambayeque se conoce (Alva 1984). El investigador ha postulado la idea de que este templo o centro de culto y/o peregrinaje, pudo haberse constituido en un escenario sagrado centro de actividades rituales trascendentales presididas precisamente por quienes aparecen en las fachadas como personajes del más alto estatus y que estos forman parte de una sucesión dinástica de señores que encarnan a la descendencia del mítico Ñaymlap (Alva 1984). Recientes excavaciones en el mismo lugar (Alva y Alva Meneses 2011) han ratificado el concepto sagrado de este sitio arqueológico y la estrecha relación que tiene con algunos elementos que se formulan en la tradición oral sobre Ñaymlap. Este escenario es uno de los pocos edificios que en el territorio de la región Lambayeque se encuentran próximos al litoral del pacífico y precisamente emplazados en la cercanía de la desembocadura de un río en el mar, en este caso en la desembocadura del río Saña; semejante a lo que sucede con Huaca El Taco que se hallaba emplazada en la margen sur del río Reque próximo a su desembocadura en el litoral y el caso de Chornancap emplazado cerca al litoral y próximo a la desembocadura del río Lambayeque (anteriormente llamado Faquisllanga). Esta condición de ubicación de un templo importante entre la desembocadura de un río en el mar, no obedece a un hecho fortuito sino a un requisito de naturaleza probablemente religiosa y a una condición territorial, y nos permite sostener que la ubicación de los lugares sagrados obedecen a un modelo preestablecido, que se repite en otros lugares, y que asocia edificios importantes con un espacio o contexto paisajístico que está determinado por el cauce del río y su desembocadura en el litoral, casos como Úcupe, El Taco y Chornancap, constituyen un claro ejemplo de como la élite gobernante Lambayeque establece que los templos cercanos al mar con acceso al este, deban tener cercanía al punto de la desembocadura de un río como si este emplazamiento hiciese recordar a la tradición oral cuando se habla del arribo de Ñaymlap y la construcción del templo de Chot, junto a la desembocadura del río Faquisllanga (Cabello de Balboa 1951:928 [1586]).
El Complejo Túcume, resulta ser uno de los más emblemáticos que se conoce para la cultura Lambayeque, porque en este escenario próximo a un valle como el río La Leche, aparece un componente importante como parte del paisaje arquitectónico: el Cerro La Raya, llamado también Cerro Purgatorio, que se constituye en el centro del espacio urbano arquitectónico en el núcleo de esta configuración monumental o en el “axis mundi” (Narváez 2011). Algunas de las plataformas de este complejo monumental como por ejemplo Huaca 1, Huaca Larga, Huaca Las Balsas, muestran elementos decorativos de extraordinaria calidad artística y cromática que exhiben un repertorio donde el universo marítimo, el espacio celeste y el escenario terrestre convergen y revelan incuestionablemente que estos lugares fueron espacios sagrados que transmiten en las fachadas escenas del mundo religioso y la mítica lambayecana. Las cuatro fases identificadas en huaca Las Balsas, asociadas a superficie de relieves (Narváez 2011) reafirman la relación de los elementos de aves, el mar y seres sobrenaturales que interactúan en estos escenarios sagrados.
Especial énfasis debemos poner en el caso de Chotuna y Chornancap, cuyo paisaje está dominado por el entorno agrícola pero sobre todo por la proximidad al mar. Los volúmenes arquitectónicos de Huaca Chotuna, Huaca Susy, Huaca de los Sacrificios, Huaca de la Ola Antropomorfa y Chornancap forman parte también de los conceptos arquitectónicos y formales del esplendor del urbanismo de la época Lambayeque, pero son el claro reflejo del afianzamiento del poder y capacidad administrativa, productiva y las relaciones que habrían logrado desarrollar las élites emplazadas en este territorio. No se trata de un conjunto de familias que dependen de una capital central, estamos ante varios centros emplazados estratégicamente en los valles de esta región que comparten una tradición religiosa, así como fundamentos de carácter político y modelos arquitectónicos.
Huaca Chotuna que es un volumen constructivo masivo con rampa circunferencial orientada al oeste con un apéndice alargado al norte, con una cima para actividades rituales, se constituye como fiel reflejo semejante a Huaca El Loro en Batán Grande que resulta ser un modelo similar con la única variante de que la rampa en Chotuna se desplaza con trayectoria oeste, norte, este y accede a la cima y en el caso de Huaca Loro inicia en el oeste, accede al sur asciende por el este hasta llegar a la cima; esta semejanza del emplazamiento, orientación y modelo constructivo obedece a un principio religioso donde el eje lunar y solar convergen (este y oeste), donde el eje norte y sur se mantiene opuesto y el acceso proviene del oeste es decir desde la dirección del mar que es de donde arriban estos hombres. Además cerca a ambos edificios en el lado nor-este se emplaza una plataforma rectangular con planta en “T” cuya rampa se orienta hacia el lado este; para el caso de Huaca Chotuna tenemos a la Huaca Susy y para Huaca El Loro tenemos la Huaca El Ingeniero, ésta configuración espacial es semejante para Chotuna y Huaca Loro, y revela la existencia de modelos que obedecen a patrones religiosos y que los convierte en espacios concebidos como: escenarios sagrados, que tienen también connotación dual.
Chornancap ubicada en la proximidad del litoral, presenta no solo en su concepción arquitectónica el modelo de edificio de planta en “T” con rampa al este, sino que muestra en su arquitectura asociada al edificio, el concepto dual, donde el escenario político determinado por el trono y el patio de las pinturas polícromas se ubica al norte y el área de la residencia de élite y mausoleo de la Sacerdotisa se ubica al sur; espacio opuesto pero complementario a la vez que revelan el profundo significado religioso que adquieren los escenarios de condición sagrada, que desde el inicio de la arquitectura temprana en los andes muestra un binomio entre religiosidad y paisaje.
Autor: Carlos Wester La Torre Fuente: Extracto del Libro CHORNANCAP ” PALACIO DE UNA GOBERNANTE Y SACERDOTISA DE LA CULTURA LAMBAYEQUE”
Después de seis años, se retomó las investigaciones en el sector suroeste del complejo arqueológico Túcume, ubicado en el distrito del mismo nombre, región Lambayeque. Los trabajos empezaron en el cementerio Los Gavilanes, ubicado dentro de este importante centro monumental.
Bernarda Delgado, directora del Museo de Sitio de Túcume, informó que recientemente se inició la intervención en el cementerio Los Gavilanes, sector que fue anteriormente huaqueado.
Se iniciaron los trabajos en huaca Los Gavilanes, dentro del complejo arqueológico Túcume
“Nosotros necesitamos recuperar la información que está allí, respecto a los patrones de enterramiento que están asociados generalmente a vasijas o a otros materiales que nos hará entender qué pasó en ese espacio de la zona monumental de Túcume”, afirmó en diálogo con la Agencia Andina.
Bernarda Delgado agregó, que se necesita, además, relacionar todas las áreas conexas con la huaca Las Balsas. “Para qué sirvieron todos esos espacios, para qué fueron usados y quiénes fueron enterrados allí, entre otra información”, apuntó.
Financiamiento estatal
La directora del Museo de Sitio de Túcume destacó, que esto ayudará para que la comunidad sepa qué pasa en ese sector; “a fin de que la arqueología no sólo sirva para nosotros los investigadores sino para que la comunidad sepa la importancia de sus pirámides”.
Precisó que este proyecto del sector suroeste es financiado por el Estado a través de la Unidad Ejecutora N005 Naylamp-Lambayeque, la que sobrepasa los 8 millones de soles en todas las etapas que va hasta el 2019.
“En esta etapa inicial se destinará un millón 300,000 soles porque se trabajará durante cuatro meses y luego se retomará en el 2018. Es una gran inversión del Estado peruano para recuperar la información”, subrayó.
Trabajos se concentran en la huaca Los Gavilanes de Túcume.
La funcionaria sostuvo que las intervenciones en el sector suroeste del complejo arqueológico Túcume implica también excavaciones en Huaca Facho, Las Abejas y Los Gavilanes.
Remarcó que la idea es conocer lo que pasa alrededor de la huaca Las Balsas porque no hemos excavado en ese lugar, excepto en Huaca Facho, que fue intervenido con el proyecto arqueológico Túcume en 1989.
“Necesitamos hacer comparaciones para saber qué pasó en todo ese sector (…). Es un trabajo de excavación arqueológica pero también de conservación porque nuestros proyectos le dan tanta importancia a la arqueología como a la conservación de nuestra arquitectura”, afirmó.
Desarrollo comunitario
La investigadora manifestó que se cuenta con un componente de desarrollo comunitario y de puesta en valor porque se harán algunas coberturas para que la gente pueda apreciar lo que se ejecutará. “En el sector suroeste trabajan 85 personas de la comunidad, entre arqueólogos, conservadores, técnicos y obreros de Túcume”, comentó.
Existe una gran cantidad de pirámides dentro del complejo arqueológico.
Al mismo tiempo, Bernarda Delgado refirió que se realiza la intervención en el sector La Sala de los Depósitos en Huaca I que se ubica en el sector Norte de las pirámides.
“Esto se realiza gracias al financiamiento de World Monument Fund, que está representado por la señora Martha Zegarra, que ha sido la principal impulsora para que este proyecto de conservación este en marcha, lo que va a permitir más adelante mostrar al público este espacio, que es un área de depósitos de bienes suntuarios para la élite lambayecana y que más adelante con la cobertura que el Plan Copesco Nacional del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) está construyendo, podamos abrirla al público para ser visitada”, subrayó.
Recuperación de la afluencia turística
Por otro lado, Delgado mencionó que actualmente se viene recuperando la afluencia de turistas hacia el Museo de Sitio y complejo arqueológico de Túcume, luego que a consecuencia de las lluvias por el Fenómeno El Niño costero, descendiera estrepitosamente.
Museo de sitio de Túcume recupera su afluencia turística.
“Estamos recuperando los visitantes. El año pasado llegamos a casi 55,000 turistas y al cierre de este 2017 se espera que por lo menos se equipare esta cantidad y en el 2018 se mejore”, refirió.
El complejo arqueológico Túcume o Valle de las Pirámides se caracteriza por sus 26 pirámides; entre las que se destacan: La Huaca del Pueblo, La Raya, El Sol y Las Estacas. Está ubicado a solo un kilómetro del pueblo de Túcume, comunidad que está muy involucrada con la conservación de su patrimonio natural y cultural.
Este complejo se remonta a 700 años d.C. y constituyó en el segundo centro político de los Sicán después del Bosque de Pómac. “Túcume es la última gran capital del reino Lambayeque”.
El Ministerio de Cultura del Perú declaró y aprobó acciones de emergencia para proteger los monumentos arqueológicos prehispánicos en tres departamentos del norte peruano y mitigar los daños ante las intensas lluvias que soportan, informó hoy el sector.
La Resolución 015-2012 del Viceministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales comprende al complejo arqueológico Chan Chan y los sitios arqueológicos de Wiracochapampa y Marcahuamachuco, en La Libertad; y Chavín de Huántar, en Áncash.
De Lambayeque están incluidos en la medida el santuario histórico Bosque de Pómac y los sitos arqueológicos asociados de la cuenca de La Leche, Huaca Las Ventanas y Lercaniech, el complejo arqueológico Ventarrón.Collud-Zarpán y la huaca Santa Rosa-Pucalá.
Asimismo, los complejos arqueológicos Chotuna-Chornancap, Túcume, La Pava, Huaca Bandera, Jotoro, Huaca Rajada-Sipán y Murales de ücupe.
La norma argumenta que es una política gubernamental prever que los fenómenos climáticos no causen daños al patrimonio cultural, evitando mayores gastos financieros y presupuestarios futuros para su restauración”.
Guillermo Rebaza, director de la la Unidad Ejecutora Nº 007: Marcahuamachuco, señaló que tras la declaratoria de emergencia se espera recibir el presupuesto necesario para intervenir de inmediato en los sitios arqueológicos.
La Agencia Andina informó en febrero que unos diez muros del complejo arqueológico Wiracochapampa, ubicado en la provincia de Sánchez Carrión, estaban en peligro de colapsar a consecuencia de las precipitaciones pluviales y, por ello, la Unidad Ejecutara Nº 007 envió un proyecto de emergencia al Ministerio de Cultura.
Rebaza dijo que esta intervención, junto a los trabajos en la fortaleza Marcahuamachuco, demandan un presupuesto aproximado de 850 mil nuevos soles, que contemplan la construcción de un sistema de drenaje, estabilización de muros y tratamiento de cabeceras, y la limpieza de vegetación.
La resolución precisa que las acciones de emergencia, que como medida de protección y mtigación se ejecuten, deberán observar los procedimientos legales que la normatividad legal establezcan.
Se iniciarán trabajos de protección de los principales monumentos arqueológicos de Lambayeque
Ocho millones de nuevos soles invertirá en 2012 la Unidad Ejecutora N° 005: Naylamp-Lambayeque en trabajos de investigación arqueológica y puesta en valor de la infraestructura turística de dicha región.
Carlos Wester La Torre, director ejecutivo de la unidad, precisó que continuarán con las investigaciones en los frentes huaca Chotuna, huaca Las Ventanas, Túcume, Ventarrón, Collud y huaca Rajada.
También se evaluará Pátapo y Úcupe, frentes importantes que, según remarcó, ayudarán a tener una mejor visión del patrimonio de los valles de Lambayeque.
Balance satisfactorio
Manifestó que este año la investigación arqueológica concluirá de manera satisfactoria, tras el hallazgo de la tumba del sacerdote en la huaca Chornancap. Sostuvo que este descubrimiento fue el epílogo de un proceso de investigación de cinco años. A dicho personaje de la élite norteña se le halló pectorales, vasos de oro y plata, orejeras de oro y otros ornamente rituales, que actualmente son sometidos a un proceso de restauración para su próxima exposición. En otro momento, afirmó que no hay impedimento presupuestal para que sean los museos los que destinen fondos económicos para la información y difusión de sus hallazgos. Comentó también que en los próximos días iniciarán los trabajos para la protección de los principales monumentos arqueológicos de Lambayeque ante las lluvias, con una partida económica de 200 mil nuevos soles.
Dos nuevas rutas turísticas
Dos nuevas rutas turísticas serán abiertas para los visitantes nacionales y extranjeros a mediados de 2012 en el santuario histórico Bosque de Pómac, en el departamento de Lambayeque. Una de estas rutas estará vinculada a la biodiversidad y la segunda recorrerá los templos y tumbas encontradas en el lugar.
El director del Museo Nacional Sicán, Carlos Elera Arévalo, afirmó que estas nuevas opciones abarcan una extensión de 1,500 hectáreas y se contempla la posibilidad de que las visitas sean por intermedios de caminatas o cabalgatas debidamente orientadas.
Elera destacó que paralelamente se capacitan a los pobladores de las comunidades de la zona, aspecto que es apoyado por la organización Cáritas y el Fondo Ítalo Peruano (FIP), a través de un programa de desarrollo del turismo rural comunitario.
La “Ruta Moche” tiene como objetivo promover la investigación, conservación y uso público del patrimonio cultural arqueológico en la costa norte del Perú, para generar un polo de desarrollo de la actividad turística, complementario al del sur, que está cada vez más saturado.
La Ruta Moche muestra los principales legados de una de las culturas prehispánicas más influyentes, que se desarrolló entre los siglos I a.C. y VII d.C.
Huaca del Sol y de la Luna
Se ubica a 15 minutos de Trujillo. La información encontrada en estos templos permitió reconstruir la cosmovisión Moche. Destacan los coloridos murales y frisos, los cuales muestran a personas, animales y objetos celestes. El complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna incluye dos grandes pirámides truncas, la Huaca Las Estrellas, Huaca del Cerro Blanco, geoglifo de la Araña y otras construcciones ubicadas en la costa norte del Perú, en un paisaje caracterizado por la imponencia del Cerro Blanco, la vegetación que crece gracias a las aguas del río Moche y la cercanía al mar.
Ambas huacas constituyeron el centro del poder del milenario pueblo mochica, que se desarrolló entre los año 100 y 900 después de Cristo. Actualmente el complejo arqueológico, también conocido como Huacas de Moche, abarca unas 60 hectáreas de extensión.
El Brujo
A 60 kilómetros al norte de Trujillo. Está compuesto por tres zonas: Huaca Prieta, Huaca Cortada y Huaca Cao. En esta última se halló a la Señora de Cao, mujer gobernante del siglo IV que fue momificada y enterrada con piezas de oro, piedras preciosas y otros objetos. El Brujo es uno de los complejos arqueológicos más importantes y antiguos de la costa norte del Perú. Esta ubicado en el valle del rio Chicama, en el distrito de Magdalena de Cao, provincia de Ascope, departamento de la Libertad.
Huaca Rajada
A 30 kilómetros de Chiclayo. Es una zona en la que se enterró a los principales personajes moche. Aquí se halló, en 1987, al Señor de Sipán. Sipán es un término Muchick que significa Casa o Templo de la Luna o Casa de los Señores, destinado a la realeza de la sociedad Mochica
El monumento Arqueológico de Sipán, conocido como Huaca Rajada , consiste en dos grandes y erosionadas estructuras piramidales de adobe que hoy parecen montañas de barro emergiendo entre los cultivos agrícolas de la zona.
En 1987, se descubrió la tumba del más famoso de todos ellos. Se trata del Señor de Sipán, una de las principales atracciones del lugar. Y esto se debe a que la importancia y el excelente estado de conservación en que fue hallado permitieron conocer grandes detalles acerca de la cultura mochica.
Con él, se encontraron muestras de orfebrería (en especial, máscaras funerarias), y numerosas piezas que recubrían su esqueleto: el pectoral, los brazaletes, el cetro de mando, además de la vestimenta y la joyería de oro. Todos estos artefactos pueden ser admiradas en el museo existente en el sitio.
Chan Chan
A 10 minutos de Trujillo. Conocida por ser la ciudadela de barro más extensa del continente y la segunda a nivel mundial. Destaca por sus murales, así como sus calles, casas y palacios. Unesco lo declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1986. Chan Chan se ubica en el valle de Moche, frente al mar, a mitad de camino entre el balneario de Huanchaco y la ciudad de Trujillo, capital del departamento de La Libertad en la costa norte del Perú El sitio arqueológico cubre un área aproximada de 20 kilómetros cuadrados. La zona central esta formada por un conjunto de 10 recintos amurallados (llamados “ciudadelas”) y otras pirámides solitarias. Este conjunto central, cubre un área de 6 kilómetros cuadrados, aproximadamente. El resto, está formado por una multitud de pequeñas estructuras mal conservadas, veredas, canales, murallas y cementerios.
Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán
Destacado atractivo turístico y cultural de la ruta. En este museo se conservan más de dos mil piezas de oro, las cuales se obtuvieron de la tumba del famoso gobernante moche del siglo III. que vivió en la época de mayor esplendor de esa civilización en el siglo III. En 1987 los arqueólogos Walter Alva Alva y Luis Chero Zurita hallaron la tumba de el Señor de Sipán, que contaba distintas piezas funerarias marcando así un hito en los descubrimientos ya que fue el primer gobernante en ser encontrado hasta el momento revelando toda la majestuosidad de su rango en el lecho funerario.
El Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán fue inaugurado en 2002 en el departamento de Lambayeque al norte del Perú con el propósito de rescatar el patrimonio cultural de esa nación y presentarlo al mundo. Fue diseñado en forma de pirámides truncas semejantes a las construidas por la cultura Mochica y alberga alrededor de 2000 piezas de oro, además de joyas, cerámicas y ajuares funerarios.
Túcume
A media hora de Chiclayo. Es un complejo arquitectónico conformado por 26 pirámides. Fue usado por los moche, luego por los sicán, después por los chimú y, finalmente, por los incas. Sobre las plataformas superiores de las pirámides se realizaban diversos rituales religiosos.
DATOS
La cultura Moche se desarrolló entre los siglos I a.C. y VII d.C. Dio origen a la cultura Sicán y, luego, a la Chimú.
La Organización Mundial de Turismo (OMT) otorgó el Premio Ulises 2011 a la Ruta Moche, que suele otorgarse a los destinos más innovadores.
Los principales atractivos turísticos de la Ruta Moche, ubicados en los departamentos norteños de La Libertad y Lambayeque, cuentan con una mejor señalización para que los turistas puedan acceder con mayor facilidad, informaron hoy las autoridades.
La directora regional de Turismo de La Libertad, Elina Barturén, dijo que se ha instalado 109 letreros, de ellos 37 corresponden a los atractivos arqueológicos y naturales liberteños y 72 a los de Lambayeque.
Señaló que los sitios liberteños incluidos son el bosque de Cañoncillo, huacas del Sol y la Luna, y los complejos arqueológicos El Brujo y Chan Chan.
En Lambayeque, en tanto, fueron considerados los museos Sicán, Túcume, Tumbas Reales de Sipán, el santuario histórico Bosque de Pómac, el área de conservación privada Chaparrí, los puertos Eten y Santa Rosa, el balneario de Pimentel, la zona monumental de Monsefú y el complejo arqueológico Huaca Rajada.
Barturén explicó que los nuevos letreros complementan a los colocados en una primera fase en las principales vías de acceso a los atractivos como la carretera Panamericana Norte.
La obra contó con un presupuesto de 546,818 nuevos soles, destinado por el Fondo para la Promoción y Desarrollo Turístico Nacional, Plan Copesco Nacional del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).
De esta manera, los visitantes nacionales y extranjeros que arriben a estos lugares estarán mejor orientados dentro del circuito, que busca convertirse en el segundo destino turístico del país, sostuvo.
Explicó que se busca aprovechar mejor los recursos turísticos de la Ruta Moche y dar mayores oportunidades para el incremento de visitas y empleos para la población, además de garantizar la seguridad y satisfacción de los turistas.
El gobierno del presidente Ollanta Humala Tasso impulsará los destinos Kuélap (Amazonas), Ruta Moche y selva central, además de consolidar el circuito del sur, con miras a recibir más de 3.5 millones de turistas extranjeros en 2016.
Sitios Sacros EL COMPLEJO ARQUELOGICO DE TUCUME Arql. Pedro Iberico Portocarrero
El valle La Leche se extiende sobre los 550 Km2, sus altos cursos costeños están limitados, aguas arriba, por gargantas estrechas y desérticas que une las cuencas de recepción andina, situadas a más de 2,500 mts. de altura; el curso andino solo avanza unos 24 kms, una vasta terraza está formando el cono aluvial de este valle.(Collin 1984:256)
Es característico en este valle la presencia de llanuras y cerros de altura moderada ya como salientes del sistema andino o algunos aislados del mismo, como es el caso del cerro denominado “El Purgatorio”, en cuyos flancos se ubican a manera de núcleo arquitectónico principal, el área arqueológica de Túcume.
El Complejo Arqueológico de Túcume, constituye uno de los monumentos prehispánicos más importantes de la costa Norte de Perú, dada su magnitud y extensión de aproximadamente 220 Has. de espacio arquitecturado, albergando 26 edificios de carácter monumental asociados a estructuras de rango menor (plazas, montículos, patios, sistemas de canales, murallas, etc.) que son el reflejo de un sistema de crecimiento planificado y de una compleja estructura social.
El sitio está registrado con el código 12 del Inventario Nacional de Monumentos Arqueológicos del I.N.C, y en la Carta Geográfica Nacional: Chiclayo, hoja, 14d. Se ubica al margen izquierdo del río La Leche, perteneciendo al Distrito de Túcume, Provincia de Lambayeque, Departamento de Lambayeque.
Con respecto a Túcume, recogiendo la tradición oral se conoce que Cium fue el segundo jerarca del antiguo Lambayeque y sucesor de Naylamp, este a su vez tuvo una numerosa descendencia, los cuales se establecieron en Cinto, Colluz, Jayanca y Túcume.
El renombrado cronista Pedro de Cieza de León (1985:205) también se refiere a Túcume sosteniendo: ” De este valle se va al de Tuqueme, tambien es grande y vistoso y lleno de florestas y arboledas y asi mismo dan muestras los edificios que tiene, aunque ruynados y derribados de lo mucho que fue”
Con relación, a las intervenciones posteriores en el monumento, debemos resaltar que uno de los pocos estudiosos que le dio un sentido más profundo a sus trabajos de campo fue Bennet (1936), quien realiza excavaciones sistemáticas en el sector Este del complejo Túcume, reportando la presencia de algunas tumbas con prendas de algodón, artefactos de cobre, cerámica que a partir de sus características lo relaciona con la ocupación Chimú-Inca. Una descripción muy breve del sitio es el que realiza A. Kroeber (1926), elaborando un plano esquemático con medidas aproximadas de todo el conjunto arquitectónico de Túcume.
Algunos autores, como es el caso de Richard Shaedel (1851:236) se aventuraron a caracterizar a Túcume como “un centro de élite urbana”; Trimborn (1978:52), señala que se trata de un centro de poder regional, además sede de una dinastía. Este autor se interesó en obtener fechados radiocarbónicos del lugar; para intentar establecer una cronología que permita orientar el proceso de crecimiento del complejo arquitectónico, obteniendo los siguientes resultados: Huaca El Mirador (Huaca 1) 1290 d.C, Huaca de las estacas 1010 d.C, Huaca Larga 1260 d.C, datos que el autor autorrelaciona con los tiempos de la primera dinastía de Naylamp.
Sin lugar a dudas las grandes construcciones de adobe que integran el complejo de Túcume, constituyen uno de los conjuntos monumentales más extensos e importantes del antiguo Perú. Investigaciones arqueológicas:
A finales del año 1988 se inician los primeros trabajos de investigación científica en el complejo arqueológico de Túcume, a través de un Convenio entre el Museo Arqueológico Brüning de Lambayeque y el Museo Kon-Tiki de Oslo (Noruega), los estudios se rigieron bajo los objetivos específicos que permitieran establecer la ubicación cronológica del sitio, determinar los patrones arquitectónicos, tecnologías constructivas y aspectos funcionales de las grandes edificaciones piramidales y estructuras accesorias a partir de excavaciones sistemáticas aplicados en los sectores denominados y Viviendas y Monumental.
El primero ubicado al lado Sur Oeste del cerro El Purgatorio, fuera del área monumental, las excavaciones reportan un recinto (I), con seis cuartos; los cuales están delimitados por muros de adobe y piedra con mortero de barro. Parte de este sector lo conforma un montículo ubicado al Oeste del recinto I, el cual esta sellando una estructura con enlucidos bien elaborados y rampas en zig-zag; y delante del montículo una plataforma alterada por los huaqueros, probablemente de carácter funerario por la presencia de osamentas humanas.
El Sector Monumental, está ubicado al Norte y al Oeste del cerro, denominado así por que es donde se concentran las estructuras mayores. Una de estas estructuras denominada “El Mirador” (Huaca I), fue el núcleo de intensas investigaciones, las primeras excavaciones se ubican en la plaza, junto a la pirámide, con la finalidad de definir la forma y las fases constructivas, definiéndose hasta tres fases constructivas.
La presencia de un complejo sistema de estructuras o recintos aglutinados en la parte inferior de la Huaca, con evidentes huellas de actividad doméstica, en razón que se registran fogones con restos de alimentos, piedras para moler, asociados a fragmenteria de cerámica domestica; asociado a otras estructuras menores como el Montículo I, de función administrativa, y las audiencias del Apéndice, y los reportados en la sección Este de la Huaca 1; evidencian el carácter multifuncional de este sector del complejo arqueológico, y si a ello agregamos los hallazgos en la parte superior de la pirámide muros decorados con frisos y estructuras anichadas de fino acabado, resulta obvio indicar que el sitio presenta toda una secuencia constructiva sujeta a permanente ocupación y una compleja secuencia de remodelaciones, sin embargo; es imperativo señalar que todas estos eventos están inmersos en un mismo periodo que corresponden al Chimú tardío.
Los trabajos desarrollados en Huaca Larga reportan un conjunto de evidencias que reafirman la ocupación tardía del sitio, el material cerámico, material ofrendatario (conopas, spondylus con miniaturas en metal, etc.), fardos funerarios, tallas en madera, y las estructuras de piedra denominados acllahuasis, de clara filiación Inca.
A partir de la evidencia arquitectónica en el complejo Túcume, se puede distinguir una evidente continuidad en el tipo de construcción piramidal trunca para esta región de Lambayeque, no así en los valles de Jequetepeque (Pacatnamú-Farfan), Trujillo (Chan-Chan), Casma (Manchan) donde para el periodo Chimú, la arquitectura se basa en espacios delimitados por muros perimétricos a manera de recintos amurallados. Es posible que los lambayeque fueron más conservadores, más no así los Chimú que variaron a otras formas de clara planificación ortogonal de probable influencia del Sur (Cultura Wari), quizás estos fueron más susceptibles a influencias foráneas que produjeron estos cambios arquitectónicos, o estas influencias fueron de diferente intensidad y expresión en las diferentes regiones.
Si bien es cierto, en la región de Trujillo para el periodo Chimú (Chan-Chan), existen algunas plataformas piramidales, estas no son de la magnitud ni la importancia que las del periodo Moche, ni de las que se encuentran en Lambayeque para el periodo del mismo nombre. Está por demás reconocer el carácter monumental del sitio, y por ende es lógico atribuirle un rango de alta jerarquía, llegando a concluir que esta singular concentración de grandes edificaciones públicas, estrategicamente ubicadas al centro del área más fértil de la región: hacen suponer que este extenso complejo arquitectónico se constituyó en la capital política o centro de poder regional Chimú para esta sección de la Costa Norte del Perú.