En Perú, no solo hubo Incas

Doctor Santiago Uceda Castillo, Coordinador de la exposición “Perú antes de los incas” en Paris, Francia.

El Musée du Quai-Branly-Jacques-Chirac de Francia dedica una exposición a las culturas altamente estructuradas que precedieron a los Incas en este país de los Andes y del que nuestro hoy extinto y admirado Santiago Uceda Castillo fuera el coordinador, siendo ésta su ultima actividad cultural. La muestra estará hasta el 1ro de abril del 2018 y el objetivo es mostrar a la comunidad europea la importancia de las culturas pre-incas.

Perú antes de los incas

Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac

En el imaginario colectivo, Perú se resume con demasiada frecuencia en Machu-Pichu. Porque esta antigua ciudad encaramada, desde el siglo XV, en un promontorio rocoso en la vertiente oriental de los Andes centrales simboliza la civilización inca (contemporánea del Renacimiento en Francia) que los codiciosos conquistadores españoles encontraron -y destruyeron- después de su llegada Cusco. En realidad, desde el siglo octavo antes de Cristo hasta la llegada de los incas en la costa norte del país, en 1470 DC, Perú ha albergado otras culturas, muy estructuradas.

Al exponerlos, a través de casi 300 objetos de una gran calidad estética, provenientes de 6 museos peruanos, la exposición “Perú antes de los incas” del Museo Quai-Branly-Jacques-Chirac, en París, Francia tiene la ambición de ” cambiar nuestra visión del Perú, insiste su comisionado, el profesor Santiago Uceda Castillo.

El más antiguo es la sociedad cupisnique. El de los Mochicas (aún llamados Moches) siguió, luego, la sociedad Lambayeque; finalmente, justo antes de los Incas, la sociedad Chimú se vio particularmente ilustrada por las mejoras genéticas en las plantas para aumentar la producción agrícola.

Bella pieza moche encontrada en Huaca de la Luna, Trujillo, Perú

Exhumando cerámicas, esculturas, joyas, en oro, plata y cobre, emblemas, muebles funerarios, adornos personales encontrados en palacios, residencias de la clase dominante, tumbas reales, excavaciones arqueológicas a gran escala llevadas a cabo durante treinta años, especialmente en los sitios de Las Huacas, cerca de Trujillo y Lambayeque, hizo posible comprender mejor cómo operaban estas culturas. Gracias a una red de canales de riego, pudieron regar los valles bastante secos y desérticos donde vivían.

A veces decorados con bajorrelieves y frescos de impresionantes dimensiones, los templos, especialmente el de Huaca de la Luna, también revelaron las ceremonias y rituales que se practicaban allí, incluidos los sacrificios humanos relacionados con el culto de la fertilidad agrícola y social. En ese momento se honraba a todo tipo de deidades, representadas como felinos, ciervos, arañas, búhos, etc., en botellas de barro con agarradera para el cuello. Más tarde, las deidades marinas, la luna, las estrellas, los pájaros predominarán, incluso con un dios mitad hombre, mitad pájaro: Naylamp. Por otro lado, los huacos retratos, en cerámica, son los de grandes dignatarios mochicas.

“En el Perú antiguo, los grandes señores tenían poder político y social” , insiste el profesor Uceda. Los jefes, pero también los guerreros y los sacerdotes tenían la capacidad de gobernar, dictar normas, llevar a cabo un trabajo importante, organizar y controlar la “fuerza de trabajo” de las grandes comunidades. Las mujeres disfrutaron de un gran poder, tanto religioso como político, como lo demuestran los hallazgos encontrados recientemente en San José de Moro o en la tumba de Huaca Cao Viejo. A pesar de la falta de escritura, todos estos rastros de estas culturas, muestran un retrato mucho más sofisticado de lo que se pensaba hasta hace poco.

Gracias a los logros de las culturas preincas es que los Incas pudieron lograr la magnitud del imperio que fueron, asevera el prominente investigador, quien informa que poner esta exposición llevo desde su concepción, cuatro años.

A continuación las entrevistas brindadas en Paris, Francia, del renombrado, hoy extinto, arqueólogo Santiago Uceda Castillo:

 

 

Álbum: Huacos Eróticos de la cultura Moche

En el arte de la cerámica Mochica, el sexo se relacionaba con la fecundidad de la tierra. Quizá por ello, a pesar del detalle con el que los artesanos moche modelaron los genitales de sus esculturas, no pusieron mucho empeño en reflejar gestos de placer.  En cambio, abundan las escenas sexuales que nada tienen que ver con la fertilidad, como el sexo oral, la masturbación e incluso el coito con los muertos. He aquí una pequeña muestra de la extraordinaria expresión artística de los moche.

El fin de los mochicas: ¿fue culpa del fenómeno El Niño o la política del Estado Mochica?

Los mochicas de la costa norte del Perú parecen haber colapsado no una, sino dos veces. La primera vez, de la que parecen haberse recuperado con cambios significativos en sus formas de organización, ocurrió hacia el 600 d. C., y la segunda, y definitiva, hacia el 850 d. C. Ambas fechas podrían coincidir con eventos climáticos, como fenómenos de El Niño, aunque es difícil establecer una correlación directa por la frecuencia de estos fenómenos. Sin embargo, una de las hipótesis más difundidas, de moda entre los científicos desde la devastación causada por las lluvias de 1983 y 1998, es que las lluvias y los desbordes de los ríos habían sido la causa del colapso mochica. ¿Es esto cierto?

El primer colapso mochica coincidió con el abandono de la Huaca de la Luna, un cambio drástico en los patrones de ocupación del complejo de las huacas de Moche y el inicio de la construcción de la Huaca del Sol. Las excavaciones de Santiago Uceda y Ricardo Morales indican que no solo se trató de una mudanza de la Huaca de la Luna a la Huaca del Sol (y los nombres no son mochicas ni tienen nada que ver con los astros), sino de un debilitamiento de los sistemas políticos y sociales, es decir del Estado Mochica. Los mochicas parecen haberse recuperado de este desastre haciendo cambios drásticos en sus formas de organización y gestión económica, una suerte de modernización administrativa, que implicó formas más seculares de liderazgo.

Doscientos cincuenta años después, en el 850 d. C., se produjo el segundo y definitivo colapso de las sociedades mochicas. Para ese entonces coexistían en la costa norte una docena de diferentes entidades políticas mochicas, pequeños estados y reinos, cada uno con su propia organización, pero compartiendo un sistema cultural y religioso. Prueba de su existencia son las tumbas reales que se han encontrado en Sipán, Úcupe, San José de Moro, El Brujo, Huaca de la Luna, etc. Algunos de estos incluso parecen haber sido gobernados por sacerdotisas. Cada estado Mochica experimentó entre el 750 y 850 d. C. un proceso de colapso del que no se pudo recuperar. Si bien los fenómenos de El Niño, u otras calamidades como terremotos o sequías prolongadas, pudieron ser los catalizadores de estos colapsos, en realidad fue la incapacidad de sus sistemas administrativos, de los gestores del Estado, de reaccionar ante estos eventos, lo que los hizo desaparecer.

El colapso mochica no implicó la muerte de las poblaciones, o el abandono de los campos de cultivo. Los esqueletos de las personas que vivieron en estos tiempos no revelan más estrés alimentario que en períodos anteriores o posteriores, y en cualquier caso los efectos de las lluvias son menores en el campo que en la ciudad, así como la recuperación es más rápida. Tampoco desaparecieron sus idiomas ni mucho de sus rasgos culturales. Lo que colapsó fue su sistema de gobierno y las tradiciones que estaban relacionadas con esta clase gobernante, como la religión mochica y muchos de los espacios, templos, centros ceremoniales, cementerios que se habían desarrollado alrededor de estas prácticas.

El colapso mochica, entonces, más que un efecto de desastres naturales, parece haber sido un rechazo de las formas de organización por parte de un pueblo que se sintió defraudado por sus líderes. Los rituales que estos habían creado para legitimar su poder, los artefactos y estilos artísticos asociados a ellos desaparecieron y dieron paso a sociedades diferentes, Lambayeque y Chimú, pero que continuaron con la tradición de las sociedades mochicas.

El colapso de los mochicas, hace 1.200 años, nos debe dejar una serie de moralejas. En primer lugar, hay que aprender de los errores, y no repetirlos, puesto que tenemos solo una oportunidad de equivocarnos y a la segunda va la vencida. En segundo lugar, la naturaleza no es la culpable de que las cosas vayan mal. La naturaleza es lo que es, el problema somos nosotros que no aprendemos a hacerle frente, aunque creemos que la tenemos bajo control. Y, en tercer lugar, las sociedades que colapsan son generalmente las que se acostumbran a hacer una cosa, sin tener capacidad de adaptarse a los cambios.

Creer que la naturaleza va a ser siempre igual, que si no ha llovido en años nunca más lloverá, que las quebradas están dormidas para siempre, que los volcanes nunca despertarán, es posiblemente lo que llevó al final de los mochicas. No culpemos al Niño, sino a nosotros mismos. Los Niños seguirán ocurriendo, pero los mochicas ya no están aquí hace 1.200 años.

Escribe: Luis Jaime Castillo B.
Fuente: El Comercio

Pectoral, corona y orejeras y vasija con decoración del sacrificio ritual mochica.

Cuando Pizarro desembarcó en 1532 con 180 soldados cerca de Tumbes, en lo que hoy es Perú, se encontró de bruces con la civilización Inca, una de las más desarrolladas y ricas de todo el continente americano. Los incas, tras percatarse de las verdaderas intenciones de los recién llegados: conquistar el territorio y, sobre todo, hacerse con todo el oro que pudieran, cuidaron, y mucho, de hablarles de sus antepasados los mochicas, que habían vivido 500 años antes en esos mismos valles de la costa norte del Perú. Sobre todo de su costumbre de enterrarse con grandes cantidades de oro, además de otros objetos que, creían les acompañaban después de muertos.

Máscara del héroe de la cultura Mochica Ai Apaec

Olvidados durante siglos, el arte de esta sociedad que alcanzó amplios conocimientos de ingeniería hidráulica con los que conquistaron los desiertos y transformaron en fértiles valles que les dieron prosperidad, pueden verse en El arte mochica del antiguo Perú. Oro, mitos y rituales (Caixaforum Barcelona, hasta el 7 de junio). Y lo hace con 200 piezas procedentes del Museo Larco de Lima, impulsado por el ingeniero Rafael Larco, uno de los padres de la arqueología peruana.

Los mochicas, entre los años 200 y el 850, fueron la primera sociedad estatal del hemisferio sur. Construyeron canales de riego (que se conservan en la actualidad como en el valle de Chicama) con los que transformaciones los desiertos en prósperos y fértiles valles; ciudades de adobe con enormes edificios en forma de pirámides truncadas, las huacas, que el tiempo ha transformado en montañas de barro y dominaron la metalurgia del cobre que les permitió fabricar armas, herramientas y objetos ornamentales. Pero sobre todo, fueron unos excepcionales ceramistas. Tanto que Ulla Holmquist, comisaria de la exposición y conservadora del Museo Larco, asegura que más que simples recipientes son “contenedores de mensajes que pueden leerse como un libro en 3D”.

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Muchos de los canales que construyeron siguen activos

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Las excepcionales piezas son auténticos diccionarios ilustrados que reproducen de forma realista tanto rostros de personas como de héroes, escenas de la vida cotidiana e íntima, sin ningún tipo de rubor ya que en muchos de los huacos se pueden ver coitos anales y vaginales, felaciones y masturbaciones. “Representan la sexualidad como fertilidad para los hombres, pero también para la Tierra”, explica Holmquist. También es exquisita la representación de animales de compañía o los que cazaban como guacamayos, cóndor, pumas, zorros y perros, cuyos atributos se asimilaban con el poder de los líderes sociales y religiosos.

Las piezas fueron creadas, por ceramistas especializados, para los rituales vinculados con la muerte y provienen de las tumbas de personajes mochicas importantes; “los líderes que controlaban el agua”, que durante siglos y hasta el comienzo de los trabajos arqueológicos de comienzos del siglo XX fueron sistemáticamente expoliadas por huaqueros de tumbas que acabaron con cualquier registro arqueológico. “Por suerte, las excavaciones aportan datos de la disposición de los objetos y de los rituales que se realizaban al enterrar a los muertos y permiten saber que las cerámicas representan una iconografía que transforma al difunto en dios”, destaca Holmquist.

Huaco mochica con escena sexual de coito entre un hombre y una mujer.

La tumba más famosa de esta cultura fue localizada en 1987: la del Señor de Sipán, considerado el Tutankamón del continente americano y se exhibe en su propio museo, el de las Tumbas Reales de Sipán inaugurado en 2002.

Pero esta sociedad próspera y refinada también tenía un lado oscuro y macrabo. Los sacrificios humanos que se producían después del combate cuerpo a cuerpo entre dos hombres. El que perdía era degollado, se les arrancaba el corazón y su sangre ofrecida a los dioses, tal y como se ve en la escena de una de las piezas expuesta. “Estas ceremonias están relacionadas con los cambios de estación, como el equinocio de septiembre, y, sobre todo, con el periodo final de los mochicas, vinculados con cambios climatológicos como los de El Niño que acabó con la estabilidad y ayudó a colapsar esta sociedad”, resalta la comisaria y arqueóloga.

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Al perdedor del combate ritual se le degollaba, arrancaba el corazón y se ofrecía su sangre

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La exposición, en la que están presentes algunos de los tocados de oro más sorprendentes recuperados de los mochicas, concluye con una sala dedicada al héroe de esta sociedad, bautizado por Larco como Ai Apaec que podía viajar por los tres mundos: el cielo, la tierra y el mundo subterráneo. “Representa el héroe arquetipo de otras culturas. Es como Hércules o Gilgamesh que murió después de luchar y derrotar a criaturas monstruosas”. Siendo una sociedad fundamentalmente agrícola, el héroe de los mochicas, resucita en forma de fruto.

Tras cerrar en Barcelona, la exposición viajará a los centros de Caixaforum de Madrid (a partir del 11 de julio), Palma de Mallorca, Zaragoza, Tarragona y Girona.

 

(Escribe: JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS, El País)

La cultura Moche habría mantenido contactos y relaciones con otras culturas de la sierra norte, en especial con la cultura Cajamarca, de acuerdo a nuevos hallazgos en la Huaca del Sol, ubicado en la provincia de Trujillo, en la región La Libertad, y que fueron presentados hoy.
De acuerdo al codirector del Proyecto Huacas del Sol y la Luna, Ricardo Morales, en las recientes excavaciones del arqueólogo Moises Tufinio, lograron recuperar de un entierro cerámicas y vestigios con estilo Cajamarca.
“De hecho que había una relación en el valle de Moche con la cultura Cajamarca, son los típicos platos con trípode, son vasijas que terminan con tres patas y tienen una iconografía de diseño geométrico”, dijo.Manifestó que estos objetos demostrarían que ambas sociedades guardaban algún tipo de relación; hecho que ahora plantea diversas hipótesis históricas.

Agregó que los estudios están demostrando que existía un proceso cultural macroregional andino, por lo que continuarán con los estudios arqueológicos en la zonas de la Huaca del Sol y de La Luna en Trujillo, para encontrar nuevas evidencias.

Dicho hallazgo es el primero en su género en la costa norte del Perú y los próximos análisis y estudios permitirán conocer si la población estaba copiando estilos foráneos o si se trataba de piezas importadas.

Estas investigaciones se vienen dando son gracias al apoyo interinstitucional de la Universidad Nacional de Trujillo, el Ministerio de Cultura y el sector privado, afirmó Morales.

Fuente: Andina
Buscan reconstruir rasgos faciales de moches a través de huacos retratos

 A fin de desvelar más misterios de los moches se intenta reconstruir los rasgos faciales de los antiguos mochicas a partir del análisis de huacos retratos hallados en templos y centros urbanos en los que vivió esta sociedad hace más de 1,500 años en la costa norte del país, informó hoy el antropólogo físico Mario Millones.
De esta manera, el especialista busca que los descendientes mochicas se identifiquen con los patrones encontrados en las piezas cerámicas antropomorfas y los asuman como parte del legado de sus antepasados.

En una primera etapa, Millones ha clasificado a los huacos retratos que no registran gestos, con el fin de conocer las dimensiones exactas entre cada parte del rostro.

Posteriormente, a través de un método especializado, comparará rostros humanos con los huacos retratos y los incluirá en una misma base de datos.

“En sociedades de la costa norte se han perdido elementos de identidad como el idioma y la vestimenta, en contraposición de lo que sucede en poblaciones de la Sierra. Por eso, el rostro tal vez sea para estas comunidades el único rasgo de identidad que vislumbre su relación con el pasado”, explicó.

“Buscamos, entonces, que las personas reflejadas en esos contextos se sientan empoderadas a partir del valor de su forma física”, acotó.

Millones comentó que la hipótesis planteada por el estudio es que, efectivamente, existe “una realidad morfológica distintiva” en los descendientes moches.

La segunda etapa de la investigación contempla estudiar huacos retratos que registran emociones, a través de una metodología que permite relacionar estas características con elementos esenciales de la arqueología.

Así, la investigación busca determinar si los gestos permiten marcar diferencias entre los estratos sociales moches o de otra índole.

“Quizá encontremos algún patrón. Tal vez la sonrisa de poder de algún importante personaje moche. La expresión, finalmente, es el rasgo más claro de identidad”, dijo.

Millones no descartó que en la investigación se incluya el estudio de cráneos de cuerpos desenterrados en templos, palacios y cementerios antiguos, para una mejor reconstrucción de los rostros de esta cultura.

Ricardo Morales Gamarra, director del Museo de Arqueología, Antropología e Historia de la Universidad Nacional de Trujillo, dijo que este trabajo contribuirá a desvelar más misterios de la sociedad moche, que tiene como ícono a las huacas del Sol y la Luna.

Los detalles de la investigación fueron expuestos en una conferencia magistral organizada como parte de la inauguración de la exposición temporal “Rostro moche: ayer y hoy”. La muestra permanecerá abierta hasta el 30 de noviembre.

 

Fuente: Andina