La fruta peruana con más de 11.000 años, que el inca Atahualpa regaló a Francisco Pizarro

En Perú existe una fruta dulce que ha sido testigo de momentos históricos, como el recibimiento que Atahualpa ofreció a Francisco Pizarro. Se trata del pacay, un alimento que no solo formó parte de la dieta de los incas, sino también de culturas preincaicas. En la actualidad, se le atribuyen propiedades que ayudan a mantener una dieta orientada a la pérdida de peso.

El Pacay: Joya Ancestral del Perú que Conquistó Paladares y la Historia

En el corazón de los valles peruanos, donde la historia se entrelaza con la exuberante naturaleza, florece una fruta singular: el pacay (Inga feuillei). Con una historia que se remonta a más de 11,000 años, este fruto dulce y de vaina alargada no solo alimentó a las civilizaciones preincaicas y al poderoso Imperio Inca, sino que también fue testigo de momentos cumbre como el encuentro entre el Inca Atahualpa y el conquistador español Francisco Pizarro. Hoy, el pacay emerge no solo como un delicioso manjar, sino también como un valioso aliado para la salud, despertando el interés de científicos y nutricionistas.

Un Legado Grabado en la Historia y el Arte

Conocido con nombres tan evocadores como pacae o guaba a lo largo y ancho de Latinoamérica, el pacay es mucho más que un simple alimento. Su presencia en cerámicas prehispánicas, meticulosamente elaboradas por culturas como la Moche y la Chimú, revela la profunda reverencia que estas sociedades sentían por este fruto. Estas representaciones artísticas sugieren que el pacay no solo era parte de su dieta cotidiana, sino que también poseía un significado cultural y posiblemente ritual.

El Dr. Elmo León, con la autoridad que le confiere su labor en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, ilumina esta conexión ancestral: «El pacay era un componente vital de la alimentación prehispánica. Su valor trascendía lo nutricional; era un elemento presente en sus ceremonias, su arte y su comprensión del mundo natural. Culturas como los Moche y Chimú conocían sus propiedades y lo integraban de manera integral en su vida.»

El Pacay en el Cruce de Dos Mundos: Un Obsequio con Implicaciones

La anécdota del Inca Atahualpa ofreciendo una canasta de pacay a Francisco Pizarro, relatada por el propio hermano del conquistador, Pedro Pizarro, pinta una imagen fascinante del contexto histórico. En aquel momento de incertidumbre y negociación, un obsequio como el pacay no era trivial. Representaba la riqueza de la tierra, la generosidad del gobernante y quizás un intento de establecer lazos. Esta escena subraya el estatus del pacay como un bien preciado y un símbolo de cortesía en la corte inca.

Desvelando los Secretos de su Poder Nutritivo y Medicinal

Más allá de su rica historia, el pacay se revela como una fuente de beneficios para la salud que la ciencia moderna está comenzando a explorar en profundidad:

Un aliado natural para el control de peso: Con un bajo aporte calórico, el pacay se convierte en un snack ideal para quienes buscan mantener una figura saludable sin renunciar a un toque dulce. Su pulpa, suave y ligeramente fibrosa, proporciona una sensación de saciedad que puede ayudar a controlar el apetito entre comidas.
Fibra, la clave para una digestión saludable: El pacay es una fuente significativa de fibra, tanto soluble como insoluble. La fibra insoluble facilita el tránsito intestinal, previniendo el estreñimiento y promoviendo la regularidad. La fibra soluble, por su parte, contribuye a la sensación de plenitud y puede tener efectos beneficiosos en los niveles de colesterol y azúcar en sangre.
El poder curativo en sus hojas y corteza: La sabiduría ancestral peruana ha transmitido el uso medicinal de otras partes del pacay:

Infusión de hojas: Tradicionalmente utilizada para aliviar dolores de cabeza y reducir el estrés y la ansiedad. Investigaciones preliminares sugieren la presencia de compuestos con propiedades relajantes en sus hojas.
Decocción de la corteza: Apreciada por sus propiedades antiinflamatorias, utilizándose como un remedio natural para aliviar dolores articulares y reumáticos. Estudios fitoquímicos podrían revelar los compuestos responsables de esta acción.

El Pacay Hoy: Un Tesoro por Descubrir

Hoy en día, el pacay sigue siendo apreciado en los mercados locales peruanos por su sabor único y su versatilidad en la gastronomía. Se consume fresco, directamente de la vaina, revelando su dulzura característica. Sin embargo, su potencial va mucho más allá del consumo directo. Chefs innovadores están explorando su uso en postres, jugos e incluso platos salados, buscando resaltar su sabor distintivo.

El pacay representa un puente entre el pasado y el presente, una joya natural que encierra siglos de historia y un potencial prometedor para la salud y la gastronomía. A medida que la ciencia continúa desvelando sus secretos, esta fruta ancestral peruana está lista para conquistar nuevos paladares y reafirmar su lugar como un tesoro invaluable de la biodiversidad andina. Su historia es un recordatorio de la profunda conexión entre las culturas ancestrales y la naturaleza, y un llamado a valorar y preservar estos regalos de la tierra.

«Más golosina que sustento»: El Pacae, un Dulce Legado Milenario del Perú

«Es fruta más de golosina que de sustento; porque aunque se coma un hombre una canasta de pacaes, no se satisface ni le causa hastío». Con estas palabras, el cronista Bernabé Cobo describía a mediados del siglo XVI el peculiar encanto del pacae (Inga feuillei), una leguminosa cuyo dulce fruto ha acompañado la historia del Perú durante miles de años.

Esta vaina prodigiosa, que en el siglo XVII evocaba comparaciones con la suave blancura del algodón por su pulpa, ha sido mucho más que un simple capricho para el paladar. El Dr. Elmo León, del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, destaca su rol crucial tanto en la época prehispánica como durante los turbulentos años de la Conquista.

La presencia ancestral del pacae en tierras peruanas se revela en hallazgos arqueológicos sorprendentes. En el valle de Zaña, Lambayeque, se descubrieron restos del fruto adheridos a molares humanos, datando de un periodo asombroso: entre 7,142 a.C. y 5,802 a.C. Este descubrimiento subraya la larga y profunda relación entre las antiguas civilizaciones peruanas y esta dulce legumbre.

Como una ventana a sus costumbres y su entorno, las culturas prehispánicas plasmaron su mundo en la alfarería. Los Mochica y Chimú no fueron la excepción, inmortalizando la distintiva forma del pacae en vasijas y botellas, testimonio de su importancia cultural y quizás también ritual.

El encuentro de los conquistadores españoles con el pacae también dejó huella en las crónicas. Francisco Pizarro se topó con estos frutos en la bahía de San Mateo (actual Trujillo) durante su expedición de 1531. Años después, el cronista Pedro Pizarro narró cómo el inca Atahualpa, en un gesto de bienvenida y quizás de diplomacia, envió una canasta repleta de pacaes como obsequio al fundador de Lima. Incluso se ha documentado su cultivo en la capital, aunque con un propósito diferente: aprovechar su madera como leña.

El pacae, conocido también con los nombres de pacay, guabo, guamo o inga, ha tejido una rica historia en el tapiz del Perú. Desde ser considerado un regalo regio y un manjar para incas y conquistadores, hasta convertirse en un fruto que hoy disfrutamos en nuestras mesas, su legado perdura.

DATOS CLAVE DEL PACAE:

Presencia Ancestral: Evidencias arqueológicas confirman su consumo en diversas culturas prehispánicas como Caral, Chimú, Moche, Lima, Wari e Inca.
Nombres Variados: Se le conoce por múltiples denominaciones a lo largo del territorio peruano y latinoamericano.
Características Físicas: Su vaina dura puede medir entre 3 y 5 centímetros de largo y presenta tonalidades que van del amarillo oscuro al verde. Su pulpa blanca, de textura suave y sabor dulce, destaca por su alto contenido de agua. La semilla es lisa, dura y de color negro.
El pacae, con su sabor delicado y su historia fascinante, continúa siendo un testimonio vivo del rico patrimonio natural y cultural del Perú.

El proyecto Qhapaq Ñan camina.

A la fecha, alrededor de diez mil kilómetros del sistema vial inca han sido recorridos.
Se han registrado 65 cuencas y 735 sitios arqueológicos asociados al camino.
Más de 16 mil comunidades han sido identificadas.
Aproximadamente 17 mil fotografías y unos 120 mapas técnicos grafican los tramos ya reconocidos.
La matemática resulta alentadora.
La historia ha puesto los pies sobre 50 mil kilómetros cuadrados de tierra.

VIAJE A LOS INICIOS

Hace 500 años la sociedad inca utilizó un gran sistema vial que permitió la integración de pueblos distintos y lejanos.

A lo largo de 23 mil kilómetros, extendidos sobre uno de los terrenos más accidentados del planeta, esta importante red, que surcó tierras argentinas, bolivianas, chilenas, ecuatorianas y peruanas, representó algo más que un conjunto de caminos por el que transitaron apurados pobladores.

El Qhapaq Ñan fue la expresión del poder inca y un constante recordatorio de su dominio.

Pero no sólo eso.

Vestigio de la más impresionante obra de ingeniería precapitalista, el gran camino es sólo comparable con la calzada romana y la muralla china.

Sorteando todo tipo de terrenos, climas, gentes y lenguas, esta enorme red logró integrar los centros administrativos y religiosos del mundo andino y permitió así el manejo efectivo del Estado más importante de la América precolombina.

Este régimen caminero, de trazos claramente delimitados y efectiva señalización, implicó una generosa política de abastecimiento: descanso, vestido y comida esperaban en los «tambos» al exhausto caminante.

Así, chasquis y peregrinos atravesaron longitudinalmente la cordillera, salvaron las pendientes con el uso de escalinatas, burlaron quebradas a través de puentes e hicieron posible el paso donde los macizos exigían túneles o tramos extensos de camino.

Pero no sólo los antiguos peruanos lo recorrieron.

En 1532, durante las campañas de conquista, Francisco Pizarro y sus huestes cabalgaron por el Qhapaq Ñan y destruyeron muchos de sus tramos.

Ignoraban que el gran camino inca había sido creado sólo para caminantes.

Transitándolo a pie, los gobernantes podían contemplar sus dominios y conocerlos de cerca.

A pesar de ello, durante la segunda mitad del siglo XVI los caminos fueron olvidados y su destrucción se hizo inevitable.

Todos miraron a la costa y un nuevo sistema vial fue impuesto en el país.

PROYECTO EN MARCHA En el 2001, el Proyecto Integral Qhapaq Ñan planteó la realización de una intensiva investigación multidisciplinaria que definió las posibilidades de este valioso recurso cultural, olvidado durante largos siglos.

El objetivo principal ha sido desde entonces la revalorización y adecuada conservación del gran sistema vial inca, de sus paisajes y sus gentes.

Para ello el proyecto comprometió a las regiones y países a emprender procesos de desarrollo a través del uso racional del patrimonio cultural.

En junio del 2002, mediante el convenio FONCODES-INC, se delimitaron 42 sitios arqueológicos distribuidos en 11 regiones del país y se ejecutaron siete Proyectos de Puesta en Valor en cinco regiones del país –Vilcashuamán y Vischongo en Ayacucho, Armatambo y Huaycán en Cieneguilla y Quebrada de la Vaca en Arequipa– mediante labores de investigación arqueológica que permitieron obtener un primer diagnóstico del estado de conservación de los diversos sitios.

Las acciones apuntaron a la revalorización del patrimonio cultural y sobre todo a iniciar algunas tareas que a la postre permitieron el desarrollo de las comunidades colindantes.

En el 2003 se efectuó el proyecto de Levantamiento de Información del Sistema Vial Inca, para lo cual se dividió el territorio nacional en cuatro macro regiones.

Se recorrieron seis mil kilómetros de caminos, registrándose evidencias arqueológicas, antropológicas y medioambientales.

Mil sitios asociados al Qhapaq Ñan, tales como apachetas, tambos y centros administrativos, fueron identificados.

Así, se reconoció la variabilidad del camino, se estudiaron las particularidades de las comunidades aledañas a la red y se culminó la delimitación de 34 sitios del convenio FONCODES-INC.

LAS HUELLAS DEL 2004

Para el 2004 el equipo de Qhapaq Ñan, dividido en siete áreas de trabajo (arqueología, etnografía, geografía, museos, promoción y difusión, defensa del patrimonio y relaciones regionales), tiene planeado identificar y recorrer otros 7.

200 kilómetros de camino y continuar con las tareas arqueológicas, etnográficas y geográficas realizadas hasta la fecha.

También se ha propuesto el desarrollo de algunos proyectos especiales –como el que se ha iniciado en Vilcashuamán, Ayacucho– que permitirán conocer los problemas, necesidades, sentido de pertenencia, valores culturales y naturales de la comunidad en relación con su patrimonio.

Finalmente, además de promover el desarrollo descentralizado de las poblaciones, el INC se encarga de coordinar y encabezar, a través de la Cancillería, la propuesta para la declaratoria del Qhapaq Ñan como Patrimonio Cultural de la Humanidad, lo cual incentivará el peregrinaje de caminantes de otras partes del mundo.

Así pues, en términos de patrimonio arqueológico estamos frente al mayor monumento del continente americano.

El camino es largo, pero se avanza.

Los Caminantes

– En 1550 Pedro Cieza de León destaca los tres principales tramos del Camino Inca que recorrió desde Colombia hasta el Cusco: la cordillera del Pariacaca (Sierra de Lima), la Sierra de Piura y Apurímac.

(La crónica del Perú).

– En 1802 Alexander Von Humboldt no sólo describió los asentamientos incas dispuestos a los largo del Qhapaq Ñan entre Pasto y Cajamarca y estableció relaciones entre ellos sino que propuso también una secuencia expansiva del Estado Inca en el norte del Perú a partir de la ubicación altitudinal del Qhapaq Ñan y sus asentamientos.

(Sitios de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América).

– En la década del 50, Víctor W.

Von Hagen documentó de manera novelesca varios tramos del Camino Inca.

(Los caminos del sol) – En 1984, John Hyslop exploró seis tramos del Camino Inca a lo largo de los cinco países que antaño conformaron el Tawantinsuyu.

(The Inca Road System) – Entre 1997 y 1999, Ricardo Espinoza y Joe Castro exploraron el Camino Inca entre Quito y La Paz.

Además recorrieron siete de los caminos transversales que unen la costa y la sierra.

(La gran ruta inca)