Con el lanzamiento de la convocatoria para una asociación público-privada, la ciudadela inca Choquequirao, hermana de Machu Picchu, se abrirá al mundo, invitando a los aventureros a descubrir su impresionante arquitectura y paisajes andinos.
Choquequirao, la joya guardada de Perú
Choquequirao, la joya olvidada, ha sido aclamada como el ‘otro Machu Picchu’. Escondida en las profundidades de la cordillera de los Andes, esta ciudadela inca, envuelta en un halo de misterio, desafía a los viajeros más intrépidos. Rodeada de exuberante vegetación, en el límite entre los Andes y la Amazonía, Choquequirao se presenta como un último refugio inca, donde la historia se funde con la naturaleza.
Para alcanzar esta maravilla arqueológica, se requiere una caminata de varios días que pone a prueba la resistencia física. La altitud, superior a los 3000 metros sobre el nivel del mar, exige aclimatación y preparación. Sin embargo, la recompensa es inigualable: descubrir una ciudad inca casi intacta, cuya función aún desconcierta a los expertos. Se especula que pudo haber sido un bastión de resistencia ante la invasión española, un lugar donde la cultura inca se aferró a la vida.
Choquequirao es más que un sitio arqueológico; es una aventura que invita a explorar los límites de uno mismo y a conectar con la historia de un imperio que supo construir ciudades en armonía con la naturaleza.
Lo que dicen de Choquequirao medios especializados:
La sección Viajes de la publicación española 20minutos.es afirma que Choquequirao es una impresionante ciudadela de piedra que estuvo oculta del hombre durante casi cuatro siglos.
«La encontramos en lo más alto de una cumbre de las ramificaciones de Salcantay, una montaña cubierta perpetuamente de nieve. La construcción de esta ciudadela data aproximadamente del año 1536, bajo el dominio del Imperio Inca. Tras su abandono, estuvo oculta del hombre durante casi cuatro siglos, lo que la convierte en todo un misterio para arqueólogos e investigadores», asevera.
La publicación destaca que solamente se ha restaurado el 30 % de los que fue Choquequirao, de modo que aún queda mucho espacio por investigar y muchas dudas por resolver. El sitio arqueológico está dividido en nueve sectores y en ellos encontramos un centro político-religioso, una plaza principal, edificios, fuentes, almacenes, escaleras gigantes, corrales, casas de gobernantes, templos.
Las prestigiosas publicaciones estadounidenses National Geographic y The New York Times también dedicaron este año sendos artículos donde destacan a Choquequirao como importante atractivo turístico:
En un artículo titulado “Choquequirao, la ciudad inca escondida cerca de Machu Picchu”, National Geographic destaca cinco aspectos clave que revelan el avanzado dominio de la ingeniería y arquitectura incas.
Afirma que una de las mayores incógnitas que rodea Choquequirao es el hecho de que consiguiera permanecer oculta durante la época de la conquista española del Imperio Inca.
“Sea como fuere, los incas de la dinastía Manco consiguieron que los españoles nunca tuvieran constancia de la ubicación de la gran obra de los sucesores de los incas Pachacútec, Túpac Inca Yupanqui y Huayna Cápac, cuando estos tomaron control de Cusco”, manifiesta.
En tanto, el prestigioso diario estadounidense The New York Times incluyó a Choquequirao en su lista de los 52 mejores destinos para visitar en 2024. Este impresionante sitio arqueológico, considerado el segundo más importante de Perú después de Machu Picchu, atrae a viajeros aventureros de todo el mundo que buscan una experiencia única. Ubicado en una remota región de los Andes, Choquequirao desafía a quienes se atreven a explorarlo, ofreciendo una recompensa incomparable para aquellos que completan la exigente caminata.
“La única manera de llegar es caminando en zigzag por un terreno empinado, a lo largo de 28 kilómetros y hasta los 3,048 metros de altura, suspendidos entre los Andes y las junglas que se extienden bajo los pies”, afirma la distinguida publicación.
Teleférico a Choquequirao: Impulsando el turismo en el Perú
El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) y ProInversión han unido fuerzas para llevar a cabo el proyecto «Mejoramiento de los Servicios Turísticos Públicos del Parque Arqueológico Choquequirao», la inversión en turismo más ambiciosa de la historia del Perú. Esta iniciativa, que supera los 772 millones de soles, no solo contempla la construcción de un moderno sistema de teleféricos, sino también la mejora integral de los accesos, la construcción de infraestructura turística y la conservación del sitio arqueológico.
Conectando las regiones de Cusco y Apurímac, el teleférico permitirá a un mayor número de visitantes acceder a Choquequirao, la «hermana» de Machu Picchu. Esta megaobra generará miles de empleos, dinamizará la economía local y posicionará al Perú como un destino turístico de clase mundial.
En los Andes peruanos, solo se puede llegar a las ruinas del antiguo asentamiento inca de Choquequirao a pie o en mula, aunque un teleférico propuesto podría hacer que el sitio sea más accesible. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
La prestigiosa National Geographic publica un artículo en español donde menciona, ya evidente por algún tiempo, el gran valor que tiene el sitio arqueológico peruano de Choquequirao, lugar que comparten los departamentos peruanos de Cusco y Apurimac. Desde hace algunos años viene siendo visitado por exploradores expertos extranjeros y locales que no quieren esperar mas a poder experimentar, no solo las espectaculares edificaciones inca, sino tener el privilegio de ser de los cientos de primeros visitantes exclusivos antes que este tesoro arqueológico termine de ser puesta en valor y que el turismo comercial abra sus puertas al común de los visitantes y que incluso luego se vea limitada la experiencia por las necesarias medidas de conservación. Los que vivimos en Cusco sabemos que visitar Choquequirao es algo que hay que hacer antes de morir, y que de otro lado significa la inversión de por lo menos 4 días y a un promedio de 500 dolares de inversión. Es una larga caminata que tiene que ser realizada con un guía turístico autorizado. Si alguien hizo el tour de camino inca en Cusco, bueno esto es algo parecido en esfuerzo físico, sino que por obvias razones la extensión de cuatro dias significa un esfuerzo adicional.
Saludamos el artículo, pero una observación para nuestros amigos de National Geographic, los que valoramos nuestros sitios arqueológicos, hace años hemos dejado de llamarlos «ruinas» por obvias razones del significado de la palabra. Es mas la palabra «ruinas» hasta nos resulta ofensiva.
Reproducimos el valioso artículo de NATGEO para vuestro deleite, no sin antes invitarlos a nuestro bello y cariñoso pais: Perú. Son bienvenidos.
Titulo original: Estas remotas ruinas incas rivalizan con Machu Picchu
Una caminata en lo alto de los Andes peruanos revela deslumbrantes edificios antiguos, vistas estelares y misterioso arte de llamas.
Autor: LUCIEN CHAUVIN
Las llamas parecen pastar por todas partes en Perú, pero ninguna de ellas es tan memorable como la manada en Choquequirao, un extenso complejo arqueológico precolombino en el sur de los Andes. Aquí, rocas blancas incrustadas en las paredes de terrazas de piedra de esquisto gris representan dos docenas de llamas, impresionando a turistas y arqueólogos por igual.
“No hay nada como esto en los Andes”: arte rupestre único incrustado en terrazas de piedra en Choquequirao representa un desfile de llamas. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
“No hay nada como esto en los Andes. Fue una innovación artística que ocurrió antes del siglo XVI y nunca se repitió”, dice Gori-Tumi Echevarría, quien se especializa en arte rupestre prehistórico y ha trabajado en el sitio desde que se desenterraron las llamas en 2005.
Choquequirao, o Choque para los lugareños, es un primo del más visitado Machu Picchu. Construido por los incas, incluye salones ceremoniales, cámaras que alguna vez albergaron momias, intrincadas terrazas agrícolas y cientos de edificios donde los pueblos antiguos trabajaron y vivieron. Las llamas, en una procesión perpetua hacia la plaza central de las ruinas donde sus parientes de la vida real habrían sido sacrificados, son la atracción principal.
La ruta al Choquequirao de 3000 metros de altura no es para los pusilánimes. A la mayoría de los excursionistas les toma dos o tres días caminar de ida y vuelta, a lo largo de un sendero de 62 kilómetros que a menudo bordea el acantilado mientras el río Apurímac ruge debajo. El camino está sembrado de rocas y bordeado de ramas espinosas.
Izquierda:
Un par de caminantes regresan al campamento de Capuilyoc, una de las primeras estaciones de paso en la ruta a Choquequirao. Derecha:
Un arriero y sus caballos se muestran en el camino a Choquequirao. Mientras que muchos viajeros recorren la ruta de 62 kilómetros a gran altitud hacia y desde las ruinas, otros montan animales de carga durante parte o la totalidad del viaje.
FOTOGRAFÍAS DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Gruesos muros de piedra y construcciones en terrazas caracterizan el asentamiento de Choquequirao, que los eruditos creen que los incas construyeron en los siglos XV y XVI. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Pero cada dedo del pie golpeado y cada brazo arañado valen la pena por las vistas de los Andes nevados, las pasturas impresionantes y las estructuras enigmáticas a lo largo del camino.
Choquequirao es accesible solo a pie (humano o mulo). Eso podría cambiar si las autoridades peruanas aceptan una propuesta de 2011 para crear un teleférico para transportar a los visitantes a la base de las ruinas. Los defensores afirman que el teleférico aumentaría el turismo y generaría ingresos sin detener a los excursionistas en el proceso. Los opositores argumentan que el teleférico no solo estropearía Choquequirao, sino que también podría hacer que todo el complejo se derrumbara.
Por ahora, la lejanía del sitio y la dificultad para llegar a sus ruinas lo ayudan a conservar una cualidad mágica y mítica. ¿Pero el progreso cambiará todo eso?
Una mítica ‘cuna de oro’
Choquequirao, traducida como «cuna de oro» en el idioma indígena quechua de Perú, se encuentra a lo largo de una ruta utilizada por los pueblos precolombinos para moverse entre los picos andinos y las tierras bajas de la selva. Tanto él como Machu Picchu (43 kilómetros al noreste) fueron mapeados en la década de 1910 por el explorador estadounidense Hiram Bingham, quien dirigió cuatro expediciones al área patrocinadas por la Universidad de Yale y la National Geographic Society.
FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC , NATIONAL GEOGRAPHIC
Los dos sitios han evolucionado de manera bastante diferente desde los esfuerzos de mapeo de Bingham. En la década de 1920, Machu Picchu fue anunciada (incorrectamente) como una «ciudad perdida», lo que provocó un aumento en el turismo. El complejo de terrazas se convirtió en la postal del Perú para el mundo, una ciudadela en la cima de una montaña a la que se puede acceder por senderos o mediante una combinación de tren y autobús. En 1983, se inscribió en la lista del Patrimonio Mundial y el número de viajeros aumentó aún más. En los primeros seis meses de 2022, el sitio atrajo a casi 413 000 visitantes, según el Ministerio de Comercio y Turismo de Perú.
Choquequirao, en cambio, solo recibió 2353 excursionistas en la primera mitad de este año. Esa no es la única diferencia. Mientras que la mayoría de los visitantes de Machu Picchu transitan por el pequeño pueblo de Aguas Calientes, con su abundante comida y alojamiento, la ruta a Choquequirao carece de muchas comodidades. Llegar es, como muchos prefieren, una aventura.
Tesoros aún por descubrir
Al igual que Machu Picchu, Choquequirao muestra la progresión de las técnicas de construcción inca, comenzando con estructuras de piedra simples y evolucionando hacia bloques macizos finamente tallados que se entrelazan como piezas de un rompecabezas. El corazón de Choquequirao, con sus nichos de momias y su plataforma de sacrificio ceremonial, es más pequeño que lo que los turistas ven en Machu Picchu, pero el complejo en sí es mucho más grande.
Los turistas y su guía exploran la parte superior del sitio arqueológico de Choquequirao. El complejo es más grande que Machu Picchu, aunque se ha excavado menos. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Pablo Guevara, un turista de Cusco, visitó Choquequirao en mayo de 2022. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
El tamaño y la lejanía de Choquequirao significan que gran parte del sitio nunca ha sido excavado. Nelson Sierra, que opera una empresa de trekking de alta montaña, Ritisuyo, señala elevaciones cubiertas de enredaderas que se levantan más allá del claro central. No son pequeños cerros, sino estructuras derrumbadas reclamadas por una densa vegetación. “Todavía se necesita mucho trabajo aquí, pero restaurarlo todo sería un trabajo enorme”, dice.
A medida que los excursionistas se acercan a las ruinas, lo primero que ven son terrazas, plataformas escalonadas que convierten las laderas en tierra cultivable, que todavía utilizan los agricultores de las tierras altas de Perú. Choquequirao tiene kilómetros y kilómetros de ellas, la mayoría aún enterradas. Las terrazas se extienden desde la parte superior de las ruinas casi un kilómetro y medio hacia el río Apurímac.
Mabel Covarrubias, cuya familia ha vivido en la comunidad cercana de Marampata durante más de un siglo, dice que sus antepasados utilizaron las terrazas para sembrar y pastorear ganado hasta la década de 1980.
El trabajo en las terrazas llevó a los arqueólogos a las llamas de piedra. Sus cuerpos de piedra blanca contrastan con las paredes grises, lo que sugiere profundidad y dimensión. Reflejan la luz del sol cuando los rayos inciden por primera vez cada mañana. Echevarría dice que las terrazas de llamas pueden haber sido construidas como una ofrenda simbólica al dios sol, incluso cuando no había animales vivos disponibles para el sacrificio.
Izquierda: Adhesivos cubren un letrero de las ruinas de Choquequirao.
Derecha: Como muchas personas que viven en la ruta a Choquequirao, Samuel Quispe trabaja en turismo, atendiendo a los senderistas con un campamento nocturno y transporte a caballo y en mula. FOTOGRAFÍAS DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Yain Tapia mira hacia su pueblo natal, Marampata. Es uno de los pocos lugares con servicios para senderistas en el camino a Choquequirao. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Esa conjetura es una de una larga lista de suposiciones sobre el sitio. “Existen muchos mitos alrededor de Choquequirao”, dice Echevarría. Bingham y varios exploradores e investigadores han planteado teorías sobre los orígenes de Choquequirao, su relación con otras ruinas y el papel que desempeñó durante el Imperio inca.
Primero, hay un mito fundacional que sostiene que Manco Inca, el líder de la resistencia inca del siglo XV, se refugió aquí en la ciudadela durante parte de los 40 años que libró una guerra de guerrillas contra los españoles.
“Es una bonita historia, pero no tiene nada que ver con la realidad”, dice Echevarría. “No tengo ninguna duda de que Manco Inca estuvo en Choquequirao, como estuvo en Machu Picchu, pero la ciudadela no fue construida para la resistencia”.
Samuel Quispe, quien ha trabajado como guardia, guía y restaurador en Choquequirao desde la década de 1990, postula que el complejo fue construido por los chancas, rivales de los incas en la vecina región de Apurímac, en los siglos XIV y XV. Echevarría cuestiona esa teoría, creyendo que la mayoría de las estructuras se levantaron durante la expansión del Imperio inca en el siglo XV.
El dilema del teleférico
El descubrimiento de las llamas centró una nueva atención en las ruinas y creó el mito más reciente, uno que continúa ganando terreno debido a la política desordenada de Perú.
La exprimera dama de Perú Eliane Karp jugó un papel decisivo en la obtención de asistencia financiera para acelerar la restauración de Choquequirao, en 2002. Ahora, ella y su esposo, el expresidente Alejandro Toledo, están bajo sospecha de presunta corrupción. Si bien ninguna de las acusaciones se relaciona con Choquequirao, la controversia ha puesto en duda todo lo que la pareja hizo mientras estuvo en el poder. Abundan los rumores de que Karp viajó en helicóptero a Choquequirao para sacar baúles de artefactos dorados.
Los turistas disfrutan de una vista de Choquequirao desde una de sus muchas terrazas. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Karp no se llevó el oro, pero presionó para que un teleférico accediera a Choquequirao. En teoría, el tranvía podría ser bueno para el turismo peruano y las economías locales. Pero continúa dividiendo a las comunidades, arqueólogos y políticos que deben aprobar su financiación.
Un argumento potente, y que se ha desatado en torno a Machu Picchu, es el impacto de los turistas en las ruinas. En 2016, la UNESCO amenazó con poner a Machu Picchu en una lista de “peligro” debido a la cantidad de visitantes. Un sistema de teleférico no solo traería más visitantes a Choquequirao, sino también el tipo de infraestructura que podría dañar el frágil sitio.
Algunos se quejan de que el acceso masivo al sitio sagrado podría estropear su atractivo remoto y desconocido, y los grupos de turismo de base que ahora atraen a la gente aquí. Melchora Puga, que ofrece alojamiento y un restaurante en Chiquisca en el lado Apurímac del sendero, teme que el teleférico la obligue a ella y a otros a abandonar su forma de vida.
“Dependemos del turismo. El teleférico sería como matar las raíces de un árbol y pensar que el árbol podría vivir. No sobreviviríamos”, dice Puga.
Trabajadores de la construcción levantan un nuevo edificio en Marampata, un pueblo cercano a Choquequirao con alojamiento turístico y restaurantes. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Los viajeros Etienne Casas y Lea Luong cenan con el guía local Jorge Luis Roldan en un campamento en Marampata, a menos de 3 kilómetros de Choquequirao. FOTOGRAFÍA DE VICTOR ZEA DIAZ NATIONAL GEOGRAPHIC
Quispe, ahora un arriero semi-retirado, dice que el teleférico eliminaría el sustento de una variedad de proveedores de servicios cuyos negocios serían pasados por alto por un rápido viaje en teleférico. Uno de sus siete hijos, José Luis, es arriero, mientras que otro trabaja para el proyecto del gobierno que restaura más terrazas de Choquequirao. La familia tiene una pequeña tienda y un campamento en Cocamasana a lo largo del sendero.
El teleférico permanece en el limbo. Pero esto no molesta a la mayoría de los senderistas incondicionales.
“Lo atractivo de Choquequirao es que lleva tiempo, por lo que hay un compromiso de hacerlo”, dice Madison McDonald, de 26 años, de Houston, Texas (EEUU), quien visitó Choquequirao en mayo.
Sierra, de Ritisuyo Travel, dice que el gobierno debería centrarse en mejorar la infraestructura existente en lugar de discutir sobre un teleférico. “El mantenimiento del sendero y mejores servicios permitirían un mayor flujo de turistas y asegurarían los medios de vida locales. No sería como Machu Picchu, pero a las personas que visitan Choquequirao no les interesa otro Machu Picchu. Choquequirao es el sitio acompañante perfecto.”
SI VAS
Cómo llegar: Cusco, Perú, es la puerta de entrada a Choquequirao. Desde la ciudad colonial, es un viaje de cuatro horas en autobús o coche por una carretera pavimentada hasta Cachora (3000 metros sobre el nivel del mar), donde se encuentra el comienzo del sendero. Varias empresas, como Ritisuyo, Salkantaytrekking e Intenseperu ofrecen caminatas guiadas.
Qué esperar: la caminata a Choquequirao es rigurosa y, si bien se puede hacer en dos días, se recomienda un mínimo de tres para pasar tiempo de calidad en las ruinas. La altitud comienza a 3000 metros en el comienzo del sendero y sube y baja (hasta 914 metros).
Esto puede ser una dificultad para muchos excursionistas, particularmente para aquellos que aún no se han adaptado. El primer día caminará desde Cachora hasta Chiquisca (1834 metros), cerca del río Apurímac. Hay alojamiento, comida y bebida disponibles. Puede pasar la noche en Chiquisca o continuar hasta el campamento de Santa Rosa (1889 metros) o Marampata (2865 metros), que también ofrece alojamiento y comida. Choquequirao está a unas dos horas de caminata desde Marampata.
Después de visitar las ruinas, quédese en Marampata o regrese a Chiquisca. Tenga en cuenta el tiempo y sepa que el sol se pone alrededor de las 18h30 la mayor parte del año, ya que el sitio se encuentra a unos 13 grados al sur del ecuador. (Subir rocas en la oscuridad es arriesgado). Las botas y los bastones de senderismo son imprescindibles, al igual que una linterna, bloqueador solar y repelente de insectos.
Tours: Los tours, incluidos los porteadores y los equipos de mulas, están ampliamente disponibles para acompañarlo desde Cusco a Choquequirao y viceversa. Los excursionistas experimentados utilizan los cuatro sitios a lo largo del sendero que ofrecen comida, bebida, baños y alojamiento.
Un recorrido de tres días con un portero cuesta alrededor de 700 dólares por persona. Si vas solo, hay una tarifa de entrada de 15 dólares.
Lucien Chauvin es escritor y colaborador frecuente de National Geographic, con sede en América del Sur
Cusco, la cuna del Imperio Incaico, tiene una vasta historia difícil de resumir en pocas palabras. Esta reseña no pretende ser exhaustiva ni completa, solo una pincelada de todo un mundo fascinante, que ha sido reconocido internacionalmente en diversas ocasiones.
En 1933 la ciudad del Cusco fue declarada Capital Arqueológica de América del Sur, en 1978 Herencia Cultural del Mundo, y en 1993 Patrimonio Común de la Humanidad. Del mismo modo, el Santuario Histórico de Machu Picchu fue declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 1983 y últimamente, en el año 2007 como una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo, habiendo recibido cien millones de votos de participantes de todo el mundo.
Los primeros asentamientos humanos en el territorio del Cusco datan de los años 12000 a 5 000 antes de Cristo. Esta etapa pre cerámica dejó para la historia, a través de la pintura rupestre, el testimonio de grupos humanos dedicados al pastoreo y aprovechamiento de auquénidos.
Los grupos étnicos pre inca que se asentaron en Cusco prosperaron gracias a una agricultura más consolidada, así como a valores culturales que posteriormente influirían en el grupo quechua que migró al Cusco. La etnia más estudiada, gracias a los restos arqueológicos y a la tradición oral recogida por los cronistas, es la de los Ayarmaca.
El origen del Imperio Incaico, preservado gracias a las leyendas sobre Manco Capac, el primer Inca y los Hermanos Ayar, se ubica en el siglo XIII d.C. Luego de dos siglos de luchar por su consolidación en el Cusco, se inicia la gran expansión del Imperio, con el Inca Pachacutec (noveno Inca). Se conformó un ejército conquistador poderoso que amplió los límites geográficos hasta lo que hoyes parte del territorio de Colombia, Chile, Bolivia, Argentina, imponiendo una organización y valores sociales que enfatizaban el trabajo obligatorio y la convivencia basada en la solidaridad y la reciprocidad, un solo idioma y una sola religión.
Fue Pachacutec quien diseñó el perímetro de la ciudad sagrada de Cusco en forma de Puma sentado en cuclillas, en donde Sacsayhuaman era la cabeza, denotando liderazgo y gobierno. El corazón era el centro ceremonial donde se celebraba la Fiesta del Sol y hoy en día es la Plaza de Armas; la actual calle Pumakurku era la columna vertebral del felino, por donde transitaban los pobladores de la ciudad y la cola del puma terminaba en el cruce de dos ríos en donde actualmente se erige la estatua de Pachacutec.
Casi cien años después, Francisco Pizarro funda la ciudad del Cusco el 23 de marzo de 1534 a la usanza española. Según los cronistas se encontró una ciudad con unas 100 mil viviendas, por lo cual los historiadores calculan entre 125 mil y 300 mil habitantes incluyendo el ámbito rural de la ciudad.
Como región, el Cusco sustentaba su economía en el aprovechamiento de los auquénidos, así como en la agricultura que los Incas perfeccionaron con grandes obras de irrigación y la construcción de andenes.
Arte Mendivil
La nomenclatura quechua de los oficios indica la variedad de ocupaciones, como por ejemplo, Ckori-Camayoc, minero; Coca-Camayoc, sembrador de coca; Uchu-Camayoc, sembrador de ají; Quero-Camayoc, carpintero; Awa Compic-Camayoc, fabricante de ropa; Somac-Camayoc, ollero; entre muchas otras denominaciones.
Durante la colonia, la región se caracterizó por la producción y comercialización de textiles. Era el paso obligado de la comercialización entre Lima y Buenos Aires, desde donde se importaban bienes de Europa; de la plata proveniente de la Mina de Potosí, descubierta por un cusqueño de apellido Hualca; y del mercurio de las minas de Huancavelica que iban hacia Potosí para el tratamiento de los minerales.
La región era la principal productora de alimentos que sostenía ese auge económico, así como proveedora de infraestructura de hospedaje y arrieraje para el intenso comercio. Proveían, entre muchos otros productos, cacao, carne salada, pinturas religiosas, coca, maíz y tejidos, requeridos por los pueblos en la ruta hacia Buenos Aires y las minas del Alto Perú. También brindaban seguridad para el traslado de valores, alimentación para los viajeros en las llamadas fondas además de administrar el transporte.
Con la creación del Virreynato de Río de la Plata en 1776, todo este auge productivo y de comercio decae significativamente, a lo que se agrega excesos en los tributos exigidos por los españoles.
La primera etapa de la vida republicana en el Cusco empieza sobre una base económica ya debilitada, que se agudiza con la creación de la República de Bolivia y el auge de Arequipa como centro comercial del sur que importaba textiles ingleses a menor precio lo cual hace quebrar la producción textil del Cusco. Influyen también en la crisis económica, una menor producción de coca en Kosñipata y la carga tributaria por la deuda de la guerra de independencia, entre otros factores.
A partir de 1830, Cusco empieza un auge económico con la exportación de lana de ovino y fibra de alpaca a Europa, a través de Arequipa. La modernización productiva ingresa al Cusco, y al país, con la primera planta textil instalada en Lucre’ en 1861, siendo la primera del país y en 1872 se instala la primera cervecería, revolucionando la siembra de la cebada. En total fueron seis cerveceras que conformaron posteriormente la Cervecera del Sur.
Inti Raymi
La construcción de líneas ferroviarias favorece el auge económico, aunque, debido a la Guerra del Pacífico se atrasa su llegada al Cusco hasta 1908, en el tramo desde Puno. Nótese que Arequipa contaba ya con ferrocarril desde 1873. En 1880, la exportación de bienes se empieza a realizar a través de casas comerciales. También es la época en que se inicia el boom del caucho que duraría hasta 1912, participando Cusco por el paso obligado de este producto desde Madre de Dios.
En 1920 el Gobierno expide una Ley que obliga a los varones de 18 a 20 y de 50 a 60 años de edad, a trabajar en la construcción y reparación de caminos, originándose así una significativa apertura para el incremento de la producción y comercialización de productos de la selva y ceja de selva del Cusco y de Madre de Dios como té, café, cacao, madera, coca y castañas, lo que da lugar a su vez a la industrialización de algunos de ellos como es el caso del chocolate.
Hacia 1925, la ciudad del Cusco era la más moderna del sur del Perú, cosmopolita por su ambiente cultural y relaciones con los mercados extranjeros, manteniéndose al tanto de las noticias culturales del mundo, a través de Buenos Aires y Europa.
Entre los muchos personajes del Cusco destacan Clorinda MaUo de Turner, escritora cusqueña que iniciara el género de la novela indigenista hacia fines del siglo XIX, contemporánea de Luis E. Valcárcel, connotado historiador y antropólogo.
Las expresiones artísticas tan arraigadas desde tiempos inmemoriales se encuentran actualmente en la imaginería cusqueña, con la Escuela Mendívil liderando un estilo único, las pinturas de la Escuela Cusqueña que aún representan la fusión de dos mundos, la confección de textiles artísticos, entre muchas otras manifestaciones del arte en la región. Como Capital Histórica del Perú (Constitución Peruana, 1993), el Cusco concentra los más renombrados atractivos turísticos del país. Machu Picchu fue descubierto en 1911 y desde entonces no ha dejado de ser visitada por miles de turistas.
Sin embargo, la región del Cusco atesora otras ciudadelas inca, referidas por los cronistas, aun por desarrollarse como es el caso de Choquequirao, conocida como la ‘hermana sagrada de Machu Picchu’ y cuya puesta en valor está calculada a finalizarse en el año 2011. Con 1810 hectáreas de extensión, esta ciudad inca fue el último bastión de la resistencia de Manco Inca contra los españoles.
Cusco se caracteriza por la riqueza y diversidad de sus tradiciones. Destacan el baile de los Chunchos, los QoIlas, el Carnaval Cusqueño, la Danza de los Doctorcitos, la Danza de los Negritos, la Contradanza, la Saqra K’achampa y el Panadero, entre otras.
Desde 1944 se lleva a cabo la Fiesta del Sol o Inti Raymi en la Fortaleza de Sacsayhuamán. Es una representación de la ceremonia religiosa inca que se realizaba cada solsticio de invierno en honor al dios Sol. Basada en las crónicas de Garcilazo de la Vega, su fastuosidad hace honor a la capital
del Imperio, puesto que no era el único lugar en el que se realizaba sino también en todos los pueblos andinos con sus respectivas autoridades locales. Actualmente la fecha de esta Fiesta es el 24 de junio de cada año.
Festividad Virgen del Carmen, Paucartambo
La Fiesta de la Virgen del Carmen o Mamacha Carmen se celebra cada 16 de julio en Paucartambo. Las comparsas de diablos, los huaca huaca que parodian las corridas de toros, los sicllas, entre otros numerosos grupos, danzan durante tres días seguidos, hasta que finaliza la fiesta con la bendición de la Virgen. La Fiesta de Corpus Christi adquiere también características peculiares en Cusco por el sincretismo de las dos culturas. Consiste en la procesión de quince santos y vírgenes de los distintos distritos que van a «saludar» al cuerpo de Cristo en La Catedral, representado por la hostia consagrada que se guarda en la fabulosa custodia de oro macizo de 26 kilos y 1,20 metros de alto.
También es imponente la procesión del Señor de los Temblores, Patrón del Cusco que, según la tradición oral, detuvo el terremoto del año 1650. El Cristo está ricamente adornado, los clavos de sus manos y pies son de oro puro, con incrustaciones de piedras preciosas. Tenía una corona de oro con piedras que pesaba 1,3 kilos, robada en la década de los ochenta.
El Cusco de hoyes un mundo diverso y de contrastes entre lo moderno y tradicional, entre lo urbano y rural. Existe una oferta hotelera y de restaurantes para cada presupuesto y por ello Cusco atrae a grandes, jóvenes y niños. Asimismo, ofrece al mundo no sólo la actual maravilla el Santuario Histórico de Machu Picchu, sino también Choquequirao, Ollantaytambo, Pisa e, Sacsayhuamán; el valle del Urubamba y los volcanes Salkantay y Ausangate; iglesias, casonas y museos; paisajes hermosos, diversidad biológica, deportes de aventura, artesanía, además de su rico chocolate y exquisitos potajes como el puchero, el pepián de cuy, el queso kapiche, chicharrón con mote, humitas, tamales y el adobo, entre otros.
More than S/9 million (about US$2.67 million) will be invested in research projects at the Choquequirao Archaeological Park this year, Cusco’s Decentralized Culture Directorate head Vidal Pino announced.
The money will be spent on identification, registration, conservation and maintenance of various areas as well.
Projects include restoration works and enhancement of the Paqchayoc zone, where some S/5.5 million (US$1.63 million) will be committed to.
Likewise, archaeological research will be conducted through excavations in the Laccococha-Chaquiorqo-Lucmabamba stretch, worth S/485,000 (about US$144,000).
In addition, declaration and delimitation records will be prepared in Kutacoca-Choquequirao and Vitkus-Mojon-Lucmabamba sectors.
“As for maintenance, conservation and updating of the Choquequirao Archaeological Park Master Plan, some S/3 million (around US$891,000) is being invested over the 2015-2017 period,” he explained.
According to Vidal, projects are scheduled to be held between 2018 and 2021 to restore various stretches along the Inca road system, or Qhapaq Ñan.
“They involve the refurbishment of pre-Hispanic paths Vitkus-Mojon-Lucma and Choquequirao-Kutacoca, which link Choquequirao with the Vilcabamba Arqueological Park,» he pointed out.
“The cable-car system and other access points to Choquequirao encourage us to redouble efforts. We are going to do our best to materialize these projects,” Vidal assured.
He went on to add the Inca site receives an average of 50 visitors a day.
La Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, anunció que este año dicha entidad invertirá más de 9 millones de soles en labores de investigación arqueológica en el Parque Arqueológico Choquequirao.
El monto se destinará también a la identificación y registro, y conservación y mantenimiento de diversos sectores de Choquequirao.
El funcionario Vidal Pino Zambrano, precisó que se ejecutarán trabajos de restauración y puesta en valor del sector de Paqchayoc, ubicado en la zona monumental de Choquequirao, donde se invertirá 5 millones 500,000 soles.
Asimismo, se realizará investigación arqueológica con excavaciones en el tramo Laccococha-Chaquiorqo-Lucmabamba con 485,000 soles y se elaborarán expedientes de declaratoria y delimitación en los sectores Kutacoca-Choquequirao y Vitkus-Mojón-Lucmabamba.
«En cuanto a labores de mantenimiento, conservación y actualización del Plan Maestro del Parque Arqueológico de Choquequirao, en los años 2015 al 2017 se invierten 3 millones de soles aproximadamente», explicó.
Vidal Pino refirió que la entidad cultural ha programado la formulación de proyectos para la recuperación de diversos tramos del Qhapaq Ñan que se ejecutarán entre el 2018 y el 2021, por un monto de 14 millones de soles.
«Se trata de la recuperación del camino prehispánico Vitkus-Mojón-Lucma y Choquequirao-Kutacoca, los mismos que articulan Choquequirao con el Parque Arqueológico de Vilcabamba», puntualizó.
El titular de la entidad cultural también informó que en los próximos años se dará mayor impulso a los trabajos de investigación, restauración y puesta en valor de diversos sectores de Choquequirao, a fin de ofrecer a los visitantes una alternativa turística más integral.
«El proyecto del teleférico y de otros accesos a Choquequirao nos anima a redoblar esfuerzos. Vamos a brindar todo nuestro apoyo para que se hagan realidad estos proyectos», aseguró Vidal Pino quien indicó que actualmente se registra un promedio de 50 visitantes por día al Parque Arqueológico de Choquequirao.
Crónica de una caminata que une a las dos ciudadelas más fastuosas de los incas: Choquequirao y Machu Picchu. Un gran esfuerzo que es recompensado con creces no solo por los monumentos históricos, sino por los paisajes de sobrecogedora belleza a la vera del camino.
Texto: Anthony Velarde Fotos: Walter Hupiú Fuente: Revista Rumbos de Sol y Piedra (www.rumbosdelperu.com)
Era mediodía de sol intenso en Cachora, pueblito apurimeño a 2900 metros sobre el nivel del mar, cuando de pronto el arriero que contratamos detuvo las mulas a un lado del camino para pedirnos una cerveza. Creímos que era una especie de ‘peaje’ a pagar por sus servicios o algo por el estilo, pero no. Contrariados pero pensando al fin en que todos teníamos derecho a una ‘chelita’ para refrescarnos accedimos al pedido… Y de repente zas y otra vez zas, vimos caer toda la cerveza sobre la tierra con una profunda pena, mientras nuestro arriero profería algunas palabras en quechua.
“Es el pago a la Pachamama, amigos. Si no es imposible seguir, hay que pedir permiso a la madre tierra”, nos decía Saturnino con voz de padre que intenta en vano consolar a sus vástagos.
Entre árboles y cóndores
La travesía se inició rumbo al norte en la parte baja Cachora, tierra de hermosos pisonay, esos árboles apurimeños descritos alguna vez por Arguedas en Los ríos profundos. Bordeamos un cerro que ascendía sin mostrar su pesadez. Todo es silencio, solo se escuchan nuestros pasos y apenas en la lejanía el discurrir del río Apurímac.
Nadie puede con el paso de los arrieros, ellos avanzan sin detenerse, están entrenados para estos caminos donde es necesario un corazón andino. Un corazón grande y resistente a la altura. No pasaba lo mismo con mi compañero, el fotógrafo, ni mucho menos conmigo. Cada paso nos recordaba nuestra condición de forasteros, nuestros reflejos urbanos se empecinaban en jugarnos una mala pasada, pero debíamos seguir.
El camino está rodeado por vegetación típica de sierra y sigue así hasta llegar al abra de Kapuliyoq, a 2955 metros de altura. Es un excelente mirador, incluso afinando la vista ya se aprecian las líneas de Choquequirao.
Es entonces que el camino desciende casi en espiral entre árboles cuajados de musgo y líquenes, bellas bromelias, y un cóndor cortando el aire cada vez más tibio. La fuerza se nos fue a borbotones en esa bajada que parecía no tener fin hasta que vimos los girasoles y los cultivos de pan llevar de Chiquisqa. Lugar donde pasamos la primera noche al igual que los otros viajeros, y las dos lindas francesas que acabamos de conocer. Con ese dejo tan romántico una de ellas nos dice que han preferido esta ruta alternativa para Machu Picchu antes que tomar el tren de Cusco.
Río hablador
Al día siguiente, nos levantamos muy temprano para seguir andando. Estábamos motivados y más felices que nunca, sentíamos dentro de nosotros esa fuerza inacabable de los chasquis andariegos para correr velozmente por cualquier lugar. Al parecer ese pago inicial a la Pachamama estaba dando sus resultados. Pero de pronto volvimos a perder el aliento: las francesas ya no estaban. “Seguro se fueron con el grupo que salió hace unas horas”, nos dijo un lugareño. “Así se van de madrugada, pues”. Ese breve silencio nos decía todo: nos ‘madrugaron’. Solo nos quedaba de consuelo el canto de las aves. El tucán, el tiqsi y la tulla. Pero las ansias y las ganas seguían intactas pues era el día en que conoceríamos Choquequirao.
Continuamos descendiendo hacia Playa Rosalina, a 1600 metros de altura, con dirección al río Apurímac, el “Río Hablador”, el río de Arguedas. Sabíamos que teníamos una larga jornada puesto que Choquequirao está sobre los 3050 metros. En Rosalina cruzamos por un puente colgante, donde empezaría esa subida interminable. Nos esperaba un camino en zigzag como si hubiese sido trazado por una inmensa culebra.
Pasamos por Santa Rosa, otro caserío apto para acampar, donde se puede saborear un poco de aguardiente en una destilería artesanal. Las piernas nos temblaban pero ya estábamos cerca en esa zona boscosa a punto de llegar al campamento de Marampata, donde yacían cuerpos regados en busca de tregua con la naturaleza. Luego de cuatro horas de subida, nos merecíamos un largo descanso antes de desplegar nuestros pies rumbo a Choquequirao.
Al fin, Choquequirao
Cuando por fin pisamos Choquequirao tuvimos la certeza de que era mucho más que un complejo arqueológico enclavado en la abrupta ceja de montaña. Estábamos en un sitio realmente mágico. Tal vez más asombrados que Hiram Bingham, en 1909, al divisar esos magníficos andenes que bajan en cascada y se pierden en el bosque (más del 60% por ciento de Choquequirao está cubierto por la vegetación).
Más que buscar una respuesta empezamos a experimentar esa sensación que motivó a los incas a construir ciudadelas tan perfectas en rincones insospechados. Subimos a la plaza principal y recorrimos cada espacio permitido como el Ushnu o templo ceremonial, desde donde se tiene un mejor panorama y se alcanza la certidumbre de la magia que recorre estas montañas, resguardadas por los nevados Ampay y Pumasillo.
A la mañana siguiente nos enrumbamos al famoso sector VIII, denominado “Las llamas de Choquequirao”, donde se aprecian auquénidos grabados sobre la piedra de los andenes. Son 138 terrazas donde se han encontrado 28 figuras que corresponden a diseños antropormorfos, zoomorfos y geométricos.
Por siglos Choquequirao permaneció oculta en la región de Vilcabamba. Este asentamiento fue construido en los últimos años del Tahuantinsuyo y durante la Colonia fue ocupado por los rebeldes liderados por Túpac Amaru I.
Dejamos Choquequirao, pero no pudimos dejar de voltear innumerables veces, porque es un lugar infinitamente hermoso. El viaje continuó con el eterno “sube y baja”. A diferencia de los bosques que rodean Choquequirao, el paisaje se tornó árido, quieto y apenas poblado del tarwi andino, la chillka y la paja brava. Al fondo de la quebrada, puede verse el Yuraqmayu (Río Blanco).
Al llegar, nos dimos un baño mientras el sol ardía sin piedad. Al otro lado del río trepamos a un cerro con todas las características de un bosque de nubes con coloridos gallitos de las rocas y curiosos tucanes volando de un lado a otro. Descansamos en Maizal, donde la luna regaló unos efectos adormecedores. Una espesa y húmeda neblina nos obligó a cerrar la carpa y esperar al día siguiente sumidos en un profundo sueño.
Maravilla mundial
De Maizal partimos temprano y cruzamos el abra de San Juan sobre los 4100 metros de altura. Aquí no hay mosquitos que molesten, pero sí muchas minas abandonadas; algunas las exploramos ingresando hasta cierta parte. Según algunos pobladores, estas minas fueron propiedad de la familia Romainville, quienes las explotaron hasta la década del ochenta.
A las cinco de la tarde llegamos al poblado de Yanama, que lucía varias casas de piedra, una escuela pública, un kiosco, una cancha de fútbol y un milagroso teléfono. Acampamos, cenamos, y conversamos. Nuestra tertulia se extendió hasta la media noche bajo la luz incandescente del lamparín a gas.
Por la mañana nos alejamos del pueblo por una explanada de suave pendiente, envueltos por campos de cultivo y bosques de eucaliptos y, horas más tarde, estábamos rodeados de matorrales de ichu, thola y champas de yareta (vegetación característica de la puna). A nuestra izquierda, se perfilaba la cadena del “Pumasillo”, una hilera de nevados que se levantan sobre los 5 mil metros de altura. Almorzamos al pie del último paso, el abra de Yanama, a 4690 metros sobre el nivel del mar, el más alto del recorrido: otro paradero para observar el plácido vuelo de los cóndores.
Nada es suficiente, este es un camino de extraordinaria belleza. El Salkantay, el segundo nevado más alto del departamento del Cusco (6271 m.), está frente a nosotros y nos saluda mostrándonos el camino. A estas alturas, ya nos habíamos olvidado del cansancio y el dolor en nuestros pies: bajamos corriendo para sumergirnos nuevamente en la lujuriosa vegetación. Aparece el caserío de Totora, pero no nos detenemos y seguimos nuestros poseídos pasos durante tres horas más.
Por partes desfilábamos sobre un sendero muy estrecho que discurría entre profundos abismos. Luego de muchos vericuetos llegamos a Collpapampa, un pequeño paraje de mucha belleza. Este es, sin duda, el preludio de los grandes bosques amazónicos. Aquí los mosquitos volvieron al ataque.
Nos detuvimos en un inesperado kiosco para aplacar nuestra sed con una cerveza. Muchos niños acuden a nuestro paso para regalarnos frutas a cambio de nada. Sin apenas sentirlo entramos a Playa Sahuayaco, la tierra del café, donde la mayoría de grupos termina su recorrido subiendo a un vehículo que los lleva en 40 minutos hasta Santa Teresa, a un paso de Machu Picchu. Pero nosotros queríamos llegar a esta emblemática ciudadela como antes lo hicieran los incas: por pequeños senderos que van adelgazando entre las montañas.
Es cierto, en arquitectura el viejo y querido Machu Picchu tiene mayor prestancia que Choquequirao, pero en lo que respecta a la magnificencia del paisaje, esta última ciudadela gana por algunos puntos. Pero nada de esto nos importaba mientras, paso a paso, cruzábamos un puente inca. Las nubes parecían hervir bajo nuestros pies. El río Urubamba era una vaga serpiente marrón rodeando al esqueleto de esta gran urbe.
Guía del viajero
¿Cómo llegar?
De Cusco a Cachora son 3 horas en promedio de viaje, en el terminal terrestre el costo hacia Abancay es de 20 soles en empresas como Tepsa o Wari . El bus lo dejará en el desvío hacia Cachora donde deberá abordar un taxi. Puede alquilar una movilidad particular un día antes si quiere llegar más rápido.
¿Qué llevar?
Se recomienda llevar zapatillas de trekking, bolsa de dormir, casaca para lluvia, ropa para noches heladas, medias gruesas, linterna con baterías extra, harta agua y sencillo en soles. Así como bloqueador, repelente, cámara digital, lentes y sombrero de sol, ropa de baño y bastón de caminar.
Tips
*El recorrido de Choquequirao a Machu Picchu es exigente por lo que hay que estar bien de salud y en buenas condiciones físicas.
*Al llegar a la ciudad de Cusco (3,400 msnm) basta dormir un par de horas, caminar despacio, comer ligero y beber mucho líquido.
*En el pueblo de Cachora se contrata arrieros que cobran 60 soles por día (30 por su servicio y 30 por mula).
*No hay señal para celulares desde Kapuliyoc por lo que sería recomendable avisar a sus familiares y apagar su equipo para no gastar batería, ya que varios lugares no cuentan con fluido eléctrico.
Debes saber que…
Fue Juan Arias Díaz, quien en 1710 dio las primeras luces sobre Choquequirao, luego vendrían Eugene De Sartiges, Charles Wiener y el mismo Bingham, entre otros. Casi todos hicieron lo mismo: cavar pisos y romper paredes en busca de oro. Después de todo, Choquequirao significa ‘cuna de oro’.
Algo más…
La ubicación estratégica de Choquequirao le permite contar con ecosistemas tan dispares como las nieves eternas, a 6000 metros de altitud, y los tórridos valles tropicales a poco más de 1800, en medio de pajonales altoandinos, bosques enanos de altura y la selva alta.
124 kilómetros separan el valle de Apurímac y Choquequirao con el valle Urubamba y Machu Picchu.
En coordinación con el Gobierno Regional de Cusco, un grupo de operadores turísticos evalúa la posibilidad de constituir una reserva de biosfera que tenga como núcleo el santuario histórico de Machu Picchu y el área de conservación regional de Choquequirao.
Pedro Gamboa, jefe del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), explicó que son los propios cusqueños quienes se están dando cuenta de que la única manera de ordenar la actividad turística en esa región es que se constituya una reserva de biósfera.
“Ya hay interés por parte de ellos de que eso se pueda conseguir. Muy atraídos estaban los empresarios cusqueños en que se pudiera realizar la conferencia mundial de biósfera en Cusco en marzo del 2016”, refirió.
En declaraciones a la Agencia Andina, Gamboa precisó que la propuesta contempla bautizar a esta reserva de biosfera en Cusco como Reserva de Biosfera Inca.
En esa línea, Gamboa informó que el Sernanp acaba de suscribir con el Ministerio de Cultura el Plan Maestro del Santuario Histórico de Machu Picchu, que lo va a regir del 2016 al 2020.
“Justamente una de las políticas que se ha planteado es la diversificación del tema turístico a través no solamente de rutas culturales, sino también de rutas naturales. Ya no solo Camino Inca, sino otras rutas que pensamos abrir”, anotó.
En tal sentido, indicó que se efectúan las coordinaciones con el Ministerio de Cultura y con la municipalidad distrital de Machu Picchu.
En esa misma línea, Gamboa explicó que trabaja con el Ministerio de Cultura la implementación de una ruta más corta, como alternativa al actual Camino Inca, que representa cuatro días de caminata hasta la ciudadela de Machu Picchu.
“Hay gente que no haría esa recorrido en cuatro días ni soñando, pero sí en un día en rutas más pequeñas. Eso es lo que queremos diversificar. No tener solo un público objetivo joven y de gente que esté en condiciones físicas para llevar a cabo ese trayecto”, argumentó.
Sobre el particular, manifestó que este proyecto busca que Machu Picchu no centralice toda su actividad turística en la ciudadela incaica, para despejar un poco la gran cantidad de personas que se concentra en dicho monumento arqueológico.
Más de 15,000 puestos de trabajo directos e indirectos se van a generar a partir de la construcción y puesta en operación del teleférico de Choquequirao, lo que contribuirá a impulsar el turismo en la región Apurímac, se destacó hoy.
El presidente del Gobierno Regional de Apurímac (GRA), Elías Segovia, informó que en el mes de octubre próximo se estará otorgando la buena pro a la empresa que se encargará de construir y administrar dicho teleférico.
«Esto está trabajado con el Gobierno central, con Proinversión. Estamos en la etapa final y esto va a generar un auge económico. Junto a la minería y la agricultura, el turismo permitirá a Apurímac ser una de las regiones con mayor desarrollo económico y calidad de vida», subrayó.
De acuerdo a los datos de Proinversión, el teleférico de Choquequirao será una concesión cofinanciada por un plazo de 22 años (dos de construcción y 20 de explotación) y una inversión estimada de 152 millones de nuevos soles (54.3 millones de dólares) sin incluir Impuesto General a las Ventas (IGV).
El teleférico tendrá una longitud total aproximada de 5.4 kilómetros, en dos tramos: el tramo 1 de 3,452 metros y el tramo 2 de 1,991 metros. El desnivel del tramo 1 es de –498.7 metros y del tramo 2 de 795.2 metros.
El tiempo de viaje, desde la estación de salida a la estación de llegada, se estima en 15 minutos, con una capacidad de 400 personas por hora.
En otro momento, Segovia dijo que su administración está trabajando para que en el 2017 esta región pueda contar con un canon minero anual de alrededor de 400 millones de soles.
Indicó que este ingreso, sumado a los más de 800 millones de nuevos soles que recibe Apurímac de parte del Gobierno central, permitirá superar los 1,000 millones de nuevos soles anuales para diversas obras de infraestructura en esa región.
Mencionó por ejemplo la necesidad de asfaltar unos 1,400 kilómetros de carreteras en Apurímac, para lo cual se requiere más de 300 millones de soles de inversión.
Finalmente, dijo que el trabajo coordinado con los alcaldes y el Gobierno Central con el accionar de los programas sociales, permitió reducir la pobreza en Apurímac en un 12.7 por ciento, lo que se traduce en más de 30,000 familias en mejores condiciones.
Las visitas a Choquequirao y diversos atractivos turísticos de Apurímac recibirían cerca de 3 millones de visitantes al año, gracias a las mejoras de las carreteras, el funcionamiento del aeropuerto de Abancay y la puesta en marcha del teleférico.
Así lo estimó el presidente regional de Apurímac, Elías Segovia, quien sostuvo que se viene mejorando la infraestructura vial y de servicios para recibir a una mayor cantidad de visitantes.
«Con la cercanía al aeropuerto internacional del Cusco, sumado a las obras del aeropuerto de Abancay y la ampliación del aeropuerto de Andahuaylas tendremos al año de 2 a 3 millones de turistas en la región que estarán visitando Choquequirao y el Cañón de Apurímac», afirmó.
El titular de la región indicó que también se viene emprendiendo el mantenimiento de vías por 840 kilómetros.
Agregó además que ya están en los trámites finales para iniciar el asfaltado de 1,300 kilómetros de carretera, que permitirá mejorar el acceso, la integración y el desarrollo para más pueblos de la región.
Segovia manifestó que la llegada de los visitantes se incrementará sustancialmente, por lo que es necesario capacitar a los operarios de turismo y de las personas dedicadas a la hotelería y la artesanía en la región.
Sostuvo que en breve el sector turismo se convertirá «en el verdadero motor del desarrollo regional», por lo que esta región ya se está preparando para recibir a una gran afluencia de visitantes.
«Tenemos diversos compromisos como región, debemos mejorar los accesos de saneamiento básico en zonas de influencia turística como por ejemplo Abancay, Chalhuanca, Andahuaylas y Chincheros», dijo.
Informó también que el aeropuerto de Abancay «Luz de los Andes» está en plena ejecución y se espera que el próximo año ya esté operando.