No, ni García Márquez ha podido describir este mundo insólito, indescriptible, que conocemos gracias a María Reiche. ¿Cuántos años de soledad? No, esto no es Macondo. Esto es Nasca. Un lugar que, como el mítico pueblo de “Cien años de soledad”, tiene sus propios brujos y su propia magia pintada en la pampa. Otro mundo.
1.2. Ceremonia del adiós
San Isidro, viernes 15 de mayo de 1998, capilla del hospital de la FAP. Son las diez de la mañana. No pudieron conseguir que la misa por el onomástico de María Reiche sea en la iglesia de María Reina. Tuvieron que improvisarla en el hospital donde María está pasando sus últimos días. Ver las bancas vacías deprime. Solo algunas personas, la familia de María, algunas autoridades y periodistas están allí. No, María no se merece esto, no. Pero la realidad de la ingratitud humana duele.
Volvemos al hospital de la FAP, esta vez a la habitación 610. A María la mudaron de cuarto por razones de privacidad. Su hija adoptiva, Ana María, le acaricia sus blancos cabellos, le acomoda los audífonos; ella escucha música andina, sus temas favoritos. Silencio, la dama de Nasca está descansando.
De pronto, pasan por allí los recuerdos de toda una vida, sus largos e infatigables paseos por el desierto de los misterios, sus pies, cansados de tanto polvo, ahora reciben el aroma del cariño enorme de su gente que, de lejos y de cerca, la ama.
Los días y las horas han pasado para mayor gloria de la dama de Nasca. Sin embargo, ella es más grande que la miseria humana, que la ingratitud, que el olvido, que la indiferencia imperdonable. Dicen que se irá, pero no, no lo creemos: tú no, María, tu no te irás; todavía falta escuchar la canción del huerequeque, inmensa jugarreta de guijarros.
(Adaptación realizada sobre la base de una crónica-reportaje publicada por el autor en el desaparecido Suplemento Dominical del diario OJO, en Lima, el 24/05/1998, pp. 16-17)
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Algunos Guijarros de vida… (según dos periodistas peruanos)
“Y así se inició la leyenda de la mujer de gafas de carey, blusas a rayas y zapatos de precio ruin. Sólo con la protección de un sombrero de paja y pañoletas incoloras, María Reiche pasaba el día entero escarbando el pasado, midiendo los senderos de arena, tratando de establecer pactos, vínculos intangibles entre las hilachas y las estrellas, constelaciones y satélites…”
Fragmento del artículo “La señora de Nasca” (Sin crédito) Diario “El Peruano”, Lima, viernes 16 de mayo de 2003.
“La oscuridad que se anuncia es una vieja conocida, ya que ella ha pasado incontables noches entre las líneas, con una libreta y un lápiz como exclusivos instrumentos de trabajo. Apoyando su espalda sobre la dura superficie, ha escudriñado a lo largo de muchas vigilias, el movimiento de las estrellas. Alguien que gesticula en la base de la colina pronuncia su nombre. Experimenta una sensación inefable, porque la voz pertenece a su hermana. Sin embargo, es imposible que ella reclame su presencia con semejante obstinación, porque Renata ha muerto…”
Fragmento del artículo “Vida de Arena”, de José Güich Rodríguez. Revista Caretas. Edición 1520. 11 de junio de 1998.
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2. Un viaje a otro mundo
2.1. Líneas tras las estrellas…
Escritura sobre el suelo, el “Calendario Astronómico más grande del mundo” aparece con sus mensajes crípticos como un colosal templo al aire libre -al decir de ciertos autores— lleno de figuras a manera de ofrendas para los dioses, mensajes ¿de alguien de abajo para alguien de arriba o viceversa?… pájaros y monos y ballenas y hombres-animales; y “pistas”, supuestos aeródromos extraterrestres de mentes alucinadas; rayas y más rayas que se pierden en lo ignoto. Un avión –o un trasbordador espacial o un satélite artificial- es la única forma de apreciarlas en su real magnitud.
Dentro del contexto arqueológico y astronómico –con un poco de antropología, geografía e historia—, las líneas de Nasca se hicieron conocidas gracias al trabajo tesonero de María Reiche. Una de las conclusiones más interesantes que se desprende de los estudios de la dama de Nasca, corroborada después por otros investigadores, es el impacto que estas figuras y líneas tuvieron en la cosmovisión andina y en la interpretación de los fenómenos celestes, las mismas que incluso se reflejan en la cerámica y en los textiles de Nasca y de otras culturas regionales del sur peruano.
El gigantismo de las líneas, y el hecho de que sólo pudieran ser apreciadas en su real magnitud desde el aire, ha dado pié a toda clase de teorías y especulaciones –algunas ciertamente alucinantes—, sobre el “cómo”, el “porqué”, el “para qué”, el “cuándo”, y el “de donde” de esta monumental vitrina de solsticios y equinoccios. Quienes han hurgado entre los guijarros infinitos del desierto, en busca de respuestas, se han tropezado irremediablemente con el mutismo de las figuras –las “pistas”, la araña, el mono, el lagarto, la ballena, el colibrí, las espirales, el perro, están allí, pero no hablan… o lo hacen, pero en un lenguaje oculto al vulgo, incluso al vulgo científico— y, también los huerequeques, esas avecillas a las que María un día les dedicara una canción, callan. De hecho, es indudable que Nasca tiene una respuesta, pero María entendió que había que buscarla por un lugar inaccesible para la mayoría… la respuesta de los antiguos diseñadores gráficos de Nasca parece perderse en las estrellas… o es de allá, como dicen algunos investigadores, el mismo que fue grabado precisamente en aquel lugar, donde la naturaleza permite su conservación para ser decodificado por los humanos. (Nota 2)
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“La gente que vivió hace mucho tiempo dejó un documento único que considero constituye un capítulo esencial en el desarrollo de la mente humana. No hay nada igual en ninguna parte del mundo, como el “Calendario astronómico más grande del mundo”. Quisiera por eso, que esto contenga un mensaje a los peruanos, de cuyo pasado debemos hacer justicia porque también pertenece al futuro (…). Todo el mundo debe tener iguales derechos…”
Del archivo personal de María Reiche.
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Quién sabe pues, si adrede o no, los dioses de Nasca, o simples seres humanos, trazaron estas líneas debajo de ese cielo eternamente estrellado, casi sin nubes, apenas lluvia, en una de las regiones más secas del planeta, para que sean vistas por no sabemos quién o quienes de arriba –suposiciones que no podemos rechazar—, o acaso realizaron tan ingente trabajo empujados por necesidades elementales –como argumentan los autores que apoyan la teoría del culto al agua, vital en la región—, o tal vez por algún temor atávico. Cierto o no, es evidente que en el remoto pasado “algo sucedió”. Aquí todo da a entender que en Nasca “alguien” o unos “alguien” estuvieron persiguiendo los horizontes del Sol o la Luna o las constelaciones durante siglos. Al seguir estas líneas, María Reiche llegó a la conclusión de que los nasca o quienes fueran trazaron en el suelo el resultado de sus observaciones celestiales, las mismas que con el paso del tiempo fueron extendiéndose hasta cerros y valles vecinos alrededor de la pampa de Nasca.
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