Uno de los detalles curiosos que la matemática pudo constatar en sus investigaciones es que había líneas pertenecientes a épocas muy posteriores a otras; son líneas más toscamente trazadas y no tan precisamente orientadas respecto a tal o cual solsticio o equinoccio; son dibujos más irregularmente diseñados, que no se corresponden con la perfección de otros, verdaderas obras de arte del diseño a gran escala. Tal ambigüedad, sin embargo, no la desconcertó… todo aquí parecía responder, entonces, a una lógica, a un plan predeterminado; en Nasca todo parece tener una razón de ser “inteligente”, no obra de “indios ignorantes” o chamanes supersticiosos… aún se trate de líneas más “jóvenes” que las otras, pues, cada una de ellas, de alguna forma, tiene una historia “cósmica” que contar. La humilde piedra y el guijarro fueron las herramientas utilizadas por los antiguos peruanos para trazar esas líneas y figuras.
Los arqueólogos sitúan el desarrollo de la cultura Nasca, la presunta autora de las líneas de la pampa, entre los años 200 y 600 de nuestra Era, presunción basada, por cierto, en el hallazgo de restos humanos y materiales en tumbas preincaicas de la zona, y en el “irrefutable” dictado del Carbono 14. Sin embargo, tal ubicación en el espacio-tiempo del legado de nuestros antepasados contradice las conclusiones asumidas por María Reiche. Las largas jornadas de observaciones y cálculos llevados a cabo por la estudiosa alemana nos remiten, por cierto, a periodos históricos muy anteriores a los calculados por los expertos del pasado peruano. Es más, no hay definición sobre de la antigüedad de tales trazos, aunque exista la sospecha de que algunas de estas sean más recientes que otras. No hay forma de saberlo pues las piedras de la pampa no pueden ser sometidas al C-14. “En Nasca —nos dice Ana María Cogorno— hay líneas que pasan por encima de otras líneas… hay figuras que están dibujadas sobre otras figuras o líneas, y hay líneas que han sido trazadas sobre otras figuras, y para colmo, hay figuras que parecen estar encima de otras figuras…, de modo que, no se puede afirmar cuál es la más antigua, o cual es la más reciente; sólo se puede asegurar que algunas de estas figuras y trazos son, de hecho, muy antiguos…” (Nota 3)
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María quiso “reconciliar” los postulados arqueológicos académicos con la realidad del desarrollo cultural y mental de las antiguas civilizaciones andinas… “Los resultados y conclusiones a los que he llegado se han basado siempre en la observación, en la medición y en el registro minucioso de todas las líneas y figuras. Descubro de todas las líneas completadas con mi hipótesis de trabajo que racionalmente no escapan al rigor científico pero que, en todo caso, contienen una dosis de intuición como resultado de la larga y continuada convivencia con los habitantes de Nasca. Y creo que no podría ser de otra manera, como alguna vez he mencionado, aunque se pueda tener diferentes opiniones sobre los dibujos y su significado, una cosa es cierta sin embargo, y es que la existencia de las figuras demuestra que los habitantes de la costa peruana habían una vez alcanzado un nivel cultural insospechado. El proceso de planear y convertir una escala a otra necesita de una mente capaz de formar conceptos abstractos y de una facultad de razonar que debe haberse encontrado en, por lo meno,s una parte de la población y que no podría esperarse de un pueblo primitivo. Tenemos que dejar a un lado, por el momento, el estudio de aquellos elementos que constituyen la esencia del arte primitivo, es decir, totemismo, religión y magia, ritos y ceremonias. Debemos tratar de penetrar en sus mentes y seguir su lucha por la perfección y los caminos emprendidos para lograrlo.”
(Fragmento extraído del archivo personal de María Reiche).
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Científica, pero sin renegar de sus propias convicciones profundas acerca del pasado peruano y el saber que quisieron transmitir los “diseñadores gráficos” de la pampa, la científica alemana señala que: “De la observación de estos dibujos se puede llegar a las más variadas especulaciones. De hecho ha sido así. Creo también que limitar su estudio al aspecto arqueológico sería establecer parámetros innecesarios a un documento del pasado que podría darnos una visión más amplia y distinta del desarrollo de una cultura importante como Nasca y de un Pueblo de una inteligencia superior en mi concepto. Desconocer su aptitud especial para dominar el espacio y el tiempo nos ubicaría en el campo del prejuicio. Los nasca podían insertarse en el curso de la astronomía, podían ver los movimientos de los cuerpos celestes y saber exactamente cuándo comenzar con los sembríos y cuando cosechar. (…) Debo decir que esa gente con gran inteligencia y visión estudió su ambiente y encontró un sitio que la naturaleza parece haber preparado para servir como un inmenso tablero en el cual pudieron trazar enormes dibujos que hasta ahora no se han borrado. Las actuales variaciones climáticas en la zona y el turismo descontrolado han dado como resultado que muchas marcas hayan sido destruidas. Aún falta mucho por hacer antes que el significado de cada marca sea explicado y esto será imposible si el desierto es dañado o destruido.”
(Fragmento extraído del archivo personal de María Reiche).
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La sencillez de la perfección. Los elementos más comunes y corrientes, los que más abundan en la naturaleza, sirvieron para diseñar el calendario astronómico más grande del mundo. Ver la pampa desde un avión, con su superficie “garabateada” hasta donde alcanza la vista, es como ver esa enorme pizarra de solsticios y equinoccios… las líneas van de un lugar a otro, o bien parten de uno de los llamados “centros de irradiación”, puntos desde donde parten líneas en todas direcciones; María Reiche descubriría, entonces, que cada línea se corresponde con algún pretérito paso del Sol por el horizonte, o el “raíd” de alguna estrella, o la aparición de alguna constelación, o el “paseo” de la Luna sobre la pampa… y, por que no, las evoluciones de algún planeta o la cercanía de un cometa; he incluso hay quienes han visto aquí un gigantesco registro de eclipses solares y lunares.
3. Desierto de maravillas
“…hay un ave tan grande, que uno se coloca en la punta de un ala y no ve ni la cabeza ni la otra ala. Tan sólo ve unas pocas líneas sobre el suelo, empero no puede percibir lo que es en su conjunto, pues no se identifica nada, ni la cabeza, ni el pico.”
María Reiche (9)
3.1. De la yerma perennidad…
No han faltado quienes comparan la pampa de Nasca con otro planeta, debido a la sequedad extrema del clima y del suelo. Ésta es en realidad un desierto que no se diferencia en nada de cualquier otro del mundo, salvo por las peculiaridades que han permitido la perdurabilidad de las misteriosas líneas y figuras que cobija. Geográficamente se encuentra al nordeste de la ciudad de Nasca y se extiende entre los ríos Nasca e Ingenio. Como explica María Reiche, el suelo de esta región es de color marrón, pero debajo de la primera capa de tierra, aparece otra de color amarillo. Y la capa marrón es tan delgada que “una pisada basta para producir una mancha blanca que quedará fijada para siempre” –señala la doctora Reiche— (9). Una huella que puede durar como las que dejaron los astronautas en la Luna. La delgadez de las capas de tierra en la pampa es, pues, otra característica: así como pueden durar siglos y siglos sin sufrir por la erosión o por las esporádicas lloviznas, bastaría un instante para destruirlas; sería suficiente, por ejemplo, una leve pisada para removerlo todo –esta es precisamente la razón de la preocupación, nada ociosa, por la conservación de las líneas de Nasca, a causa de la gran delgadez del suelo—, ya que incluso el paso de neumáticos las puede arruinar, como ya se ha podido comprobar (en la segunda del trabajo, hablaremos más extensamente de este problema). Los dibujos son sumamente superficiales; los más angostos no tienen casi profundidad y otros alcanzan apenas los 30 cm. Y si ocurre alguna contingencia natural, pueden ser borradas literalmente, como sucedió con una figura que había debajo del llamado “astronauta” u “hombre lechuza”: hace unos años un huayco acabó con ésta.
La materia prima de las figuras de Nasca son, valga decirlo otra vez, los guijarros y cantos rodados que abundan a mares por toda la región. Durante millones de años, la fragmentación constante de las rocas, provocada por las bruscas diferencias de las temperaturas diurnas y nocturnas, dio lugar a la formación de estos guijarros que tienen pocas pulgadas de diámetro, los mismos que cubren el desierto con su característico color marrón.
Sin embargo, a pesar de lo endeble del suelo, asombra –y no es ocioso reiterarlo— la inmutabilidad de las figuras y líneas trazadas en el desierto. ¿Cómo es que lograron los antiguos peruanos tal resistencia al tiempo y al clima? Y es que en verdad parece milagroso, como acota María Reiche –y quien mejor que ella—, que “siendo nada más que ligeras hendiduras en el suelo, no hayan sido borradas por la influencia del agua y del viento. Empero, la explicación a este peculiar fenómeno –cuán sabios debieron ser los diseñadores gráficos de la pampa, que escogieron justamente este lugar para llevar a cabo sus creaciones— que también debe haber causado el asombro, e interpretación mágico-religiosa del milenario hombre nasquense, mantiene una relación intrínseca con el caluroso clima iqueño, que es uno de los más secos del planeta. Se podría decir, que por cada dos años, llueve media hora.” (9)
A este respecto, se puede agregar otras peculiaridades del suelo nasquense, tal como puntualiza la doctora Reiche: “…a pocos centímetros del suelo, el movimiento del aire es disminuido, debiéndose esto, al color oscuro de las piedras de la superficie, que absorben mucho calor, formándose un cojín de aire caliente, que protege la superficie (y los geóglifos) de los vientos fuertes. Otro factor que se opone a cambios en la superficie, es que el suelo contiene yeso, que al contacto con el rocío, produce que las piedras queden ligeramente adheridas al suelo.” (9)
3.2. Los “inquilinos” de la pampa
3.2.1. Líneas, triángulos, trapecios… y espirales
Al realizar sus investigaciones, la doctora Reiche dividió a los “habitantes de la pampa” en tres clases de geóglifos: líneas, dibujos terrestres geométricos y representaciones de personas, animales y plantas. Para comenzar a describirlas empezaremos por aquellas que son las que le han dado justo renombre a los diseños gráficos del desierto, “las líneas de Nasca”. Geóglifos del desconcierto, estos trazos -si así se les puede llamar- semejan arañazos con regla en la vastedad del desierto; “senderos” de lo ignoto que aparentemente van de ninguna parte a ninguna parte. En su totalidad, no se ha podido contabilizarlas con exactitud. Hay miles. Vistas desde el aire, son los trazos que mejor se aprecian y se pierden hasta donde llega la mirada. Tampoco se sabe cuál era su función, aunque se presume que algunas de éstas eran utilizadas por los nasca para la escenificación ritual de sus cultos, cuales caminos sagrados que habrían seguido en fechas determinadas durante sus ceremonias religiosas. Y no faltan quienes señalan que los habitantes de los valles vecinos, hace dos mil años, acompañaban en solemnes ceremonias mágico-religiosas a sus jefes-chamanes, ricamente ataviados, en ocasiones tales como el año nuevo o la escenificación ritual de las constelaciones sagradas, la adoración de la Luna llena, la temporada de las cosechas o el de la siembra.
Para María Reiche, las líneas eran una suerte de nexo, de comunión, entre el cielo y la Tierra, pues en esa Tierra las líneas medían el tiempo, reflejaban los astros, “hablaban” por los hombres acerca del paso de las estaciones y de los periodos de sequía y abundancia, pudiéndose también “seguir” en ellas el derrotero astronómico de eras pasadas, cada una diferente a la otra; cada línea “dibuja”, entonces, sobre la pedregosa superficie, un solsticio perdido en el tiempo; y configura el recuerdo de eventos o contingencias naturales -como por ejemplo una terrible sequía- que vivieron los habitantes de esta región.
Sorprende asimismo la gran nitidez que tienen estas líneas vistas desde gran altura, aún desde el espacio exterior. En 1974, María Reiche logró que la NASA tomara una foto satelital del lugar donde se encuentran las pampas, desde Palpa hasta Nasca. En el año 2000, otro satélite de la NASA logró tomar una impresionante vista de la misma meseta, donde incluso se puede apreciar como estas “rayas” la atraviesan de lado a lado, notándose además que algunas de ellas parecen querer “huir” hacia el este, el norte, el sur… Esto lo comprobó y registró Erich von Däniken, en su película “Regreso a las Estrellas”, cuyo argumento también sirvió de material para un libro suyo del mismo nombre (10), que reseña los misterios “divinos” de civilizaciones perdidas que, según este autor suizo, habrían recibido, en la más remota antigüedad, la visita de seres procedentes del espacio. En un capítulo de este libro, Däniken cuenta sus peripecias en el Perú en sus visitas desde 1965, y manifiesta su asombro por las líneas de Nasca, en especial de ciertas rectas que no parecen responder a coordenada astronómica alguna. Este investigador no pudo encontrar respuesta a esta incógnita –una más— del desierto peruano.
Junto a las misteriosas líneas, no menos extraños son los inmensos rectángulos, triángulos y trapecios, de la pampa. Estas maravillosas figuras geométricas no sólo son los dibujos más numerosos trazados sobre la llanura, sino que por su forma y por su diseño han sido objeto de la polémica y la discusión. Prácticamente no hay visitante a Nasca que en su fascinación compare estas formas geométricas con “pistas de aterrizaje para aviones” –lo que ha hecho las delicias, por cierto, de autores como Juan José Benítez, quien las menciona en su libro “Existió otra humanidad” (11)—. Verdad o no, esta colosal geometría representa uno de los misterios más insondables de la arqueología peruana. Estas son precisamente las figuras que más han contribuido a la fama de esta región, pues muchos visitantes extranjeros que han llegado al Perú, después de verlas, han terminado hablando de las “pistas de Nasca”.
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En uno de sus primeros folletos sobre las líneas de Nasca, María Reiche comenta sobre las dimensiones del trazado de algunas figuras geométricas cuando escribe… “El tamaño de las figuras varía con el ancho del sendero que las forma y las distancias que deja entre sus trechos. Las más pequeñas de pocos metros de diámetro están formadas por senderos angostos de 40 centímetros de ancho, mientras que en algunas de las más grandes de 100 metros, los trazos curvos que las forman son casi del ancho de una carretera (…). Entre estos dos tamaños hay una gran variedad. También en las figuras encontramos la repetición frecuente de ciertas medidas. El ejemplo más destacado lo encontramos en cuatro figuras con 17 kilómetros de distancia entre ellas, que todas tiene un diámetro más largo de 38 metros…” (12)
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Mientras la ciencia sigue sin entender la multiplicidad de los infinitos trazos rectos, las formas geométricas de la pampa parecen haber corrido “mejor suerte”, pues han podido ser contadas una por una. De no mediar error, son 227 descomunales dibujos terrestres que parecen enmarcar la enorme “decoración” de Nasca. Es una geometría de lo insólito cuya utilidad no ha sido del todo aclarada. Lo más sorprendente es caer en la cuenta del arduo trabajo que debió representar su construcción en medio del desierto. Para fabricar una de ellas, por ejemplo, se tuvieron que quitar unos 10 millones de metros cúbicos de rocalla, lo que representa una cuarta parte de toda la llanura.
Y como no podía ser de otra manera, ya que a los visitantes les venden esas cosas, el misterio es también una cuestión de adrenalina: parte del “espectáculo” que los operadores turísticos ofrecen a los visitantes que llegan a Nasca es el simulacro de “aterrizaje” sobre estas supuestas “pistas”. Emocionante debe resultar la aproximación de una avioneta y su paso rasante sobre la superficie amarillenta de estas figuras, que se extienden por cientos y cientos de metros en medio de una escenografía fantástica.
Las espirales son otro de los retos que afronta la ciencia ante la vastedad curvilínea de su acertijo. Son enormes líneas continuas que se envuelven armónicamente sobre un centro, como si se tratara de caminos circulares, de la misma forma que las espirales que tanto abundan en otras latitudes. María Reiche dice sobre ellas, en su obra “Contribuciones a la Geometría y Astronomía en el Antiguo Perú” (13): “algunos son circulares o elípticos, otros tienen cuatro esquinas y son rectangulares. Hay algunos pequeños de sólo 10 pies (3,05 m.) de diámetro, mientras que los más grandes miden 260 pies (79,25 m.) de diámetro…”
3.2.2. Plantas, animales, personas
Gigantescas. Este es el único adjetivo calificativo que se puede aplicar a los dibujos que representan flora y fauna, sin olvidar los antropomorfos. Se habla de unas 32 figuras de estas características. Asombra la estilizada figura del “Ave Fragata”, es tan grande que, al decir de María Reiche, cuando uno se para en el extremo de una ala, no se puede ver el otro lado. Dicho pájaro está dibujado en perfil y su pecho es del tamaño de seis campos de fútbol. Otro pajarraco es un cóndor, hermoso dibujo de una envergadura de más de 160 metros. En el famoso colibrí -el más grande de los dos pájaros del mismo tipo de la pampa— sólo el pico mide unos 80 metros de longitud. Pero ninguna figura zoomorfa es tan sensacional como la del “Ave Fénix”, también conocida como el “Gran Pájaro”, cuyo largo y zigzagueante cuello termina en un enorme pico que señala al Sol Naciente. Emblemática entre la “avifauna” de Nasca, esta ave se encuentra emplazada dentro de un no menos impresionante trapezoide. 305 m. de largo por 54 m. de ancho dicen a las claras lo importante que debió haber sido este geóglifo en sus buenos tiempos. Para los científicos estudiosos, este pájaro es “el Anunciador del Inti Raymi”, la fiesta solar de los incas, pues en las mañanas del 20 al 23 de junio, al situarse un observador en la cabeza del pájaro y seguir con la mirada la dirección de su pico, podríamos observar la salida del Sol, exactamente al final del mismo. Una obra maestra de la precisión matemática y astronómica para el cálculo de los solsticios.
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