Llegó a Perú como profesora de matemática y acabó como guardiana de unos misteriosos geoglifos preincaicos en medio de un desierto. Nacida en 1903 en Dresde, Alemania, María Reiche se mudó al país sudamericano en 1933.
Durante años ejerció como profesora y traductora, hasta que en 1941 conoció a Paul Kosok, un profesor estadounidense que se dedicaba a sobrevolar y estudiar las enigmáticas líneas de Nasca, relata la crónica de la cadena BBC Mundo.
Se trata de más de 800 líneas de decenas de metros de largo, unas 300 figuras geométricas y otras 70 con formas de animales, plantas y seres antropomorfos, las más famosas.
Estos diseños trazados en el desierto a unos 400 kilómetros al sur de Lima fueron delineados como canales o zanjas en la arena, es decir, como grabados de bajo relieve.
Se cree que los dibujos fueron hechos entre los años 200 a.C. y el 500 d.C., en un área de unos 450 kilómetros cuadrados, y solo pueden apreciarse desde el aire.
Con estas figuras, la antigua sociedad Nasca, desarrollada hace unos 2.300 años, «transformó un extenso territorio yermo en un paisaje cultural con alta connotación simbólica, ritual y social», dice el Ministerio de Cultura de Perú.
Las líneas fueron descubiertas en 1927 y Kosok creía que eran «el libro astronómico más grande del mundo», que marcaba los solsticios de invierno y verano.
Pero hasta ahora no se conoce a ciencia cierta su finalidad.
Kosok le mostró a María Reiche fotos que él había tomado a las líneas desde un avión y Reiche se apasionó por ellas.
Tal es así que en 1948, Kosok se fue de Perú y la alemana asumió su trabajo, según la revista Smithsonian.
Poco después tomaría una decisión radical que cambiaría su vida y, posiblemente, la del patrimonio peruano.
Retiro en el desierto
Reiche se dio cuenta de que las líneas no estaban protegidas y decidió «salvarlas». Se mudó cerca del desierto para dedicar día y noche a protegerlas y estudiarlas.
«Inicialmente construyó una pequeña cabaña cerca de las figuras, donde vivía sola y vistiendo ropa muy sencilla», le dice a BBC Mundo el arqueólogo peruano Federico Kauffmann Doig, que conoció a Reiche a inicios de los 60.
«Era una mujer muy austera en su vestir y en su comportamiento en general», agrega.
Probablemente vivía sin electricidad ni agua, cuenta el investigador del patrimonio cultural peruano César Coloma Porcari.
«Cualquier persona podía pasar por encima de las líneas porque no se ven desde el suelo», explica Coloma. «Pero ella se dedicó a tratar de evitar eso y lo logró».
«Tuvo la gran valentía de defender el lugar», dice y agrega: «Era una mujer muy tenaz, muy fuerte».
Sola y a pie, Reiche restauró varias de las figuras, «como ella misma decía: ‘barriendo las líneas'», recuerda el arqueólogo Kauffmann.
Además, se dedicó a difundir la teoría de que funcionaban como un calendario astronómico y, de acuerdo a Kauffmann, propuso que algunos de los geoglifos representaban «formaciones celestiales».
Pero estas hipótesis nunca han sido comprobadas.
«Lo más importante que hizo Reiche fue dar a conocer las líneas, las puso en los ojos de todo el mundo», opina Coloma. «Al estar ahí, una mujer sola de un país lejano, provocó la curiosidad de muchos. Ahora (las líneas) son famosas gracias a ella».
Por este motivo, Perú le debe mucho a la alemana, indica Kauffman: «Sobre todo por su empeño en que los trazos fueran conservados. En eso era muy estricta».
Luego de unos años, Reiche se mudó a la ciudad de Nasca y en 1974 recibió una subvención de la revista National Geographic por su labor.
Importante patrimonio
En 1993 los geoglifos se convirtieron en reserva arqueológica y parte del Patrimonio Cultural de la Nación de Perú.
Un año después fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
En la declaración se afirma que estas líneas «son el grupo de geoglifos más destacado del mundo y son incomparables en extensión, magnitud, cantidad, tamaño y diversidad con cualquier otro trabajo similar en el mundo», agregando: «Forman un singular y magnífico logro artístico de la cultura andina».
Además, según la Unesco, «se encuentran entre los mayores enigmas de la arqueología».
El aura de misterio que rodea a esta obra preincaica se debe a tres características, dice Krzysztof Makowski, profesor de Arqueología de la Pontificia Universidad Católica de Perú.
Según el experto, se debe a «su monumentalidad, el hecho de que los diseños pueden apreciarse a plenitud sólo desde arriba y su ubicación en medio de uno de los desiertos más áridos del mundo».
Coloma cree que si no hubiera sido por María Reiche, los misteriosos dibujos «tal vez ya no existirían».
La matemática pasó sus últimos años viviendo en una habitación de hotel cercano a las líneas. Murió hace 19 años, en Lima, pero hasta la actualidad es querida y conocida en Perú como la «Dama de Nasca».
En reciente sesión de concejo realizada en el salón consistorial de Palpa el pleno de Regidores aprobó que a partir de la fecha se otorgue la condecoración María Reiche, máxima distinción que entregará el Municipio Provincial Palpeño a los personajes que sobresalgan en la localidad y cuyas acciones contribuyan al desarrollo de la provincia, la región y el paía.
De esa manera, los integrantes del Consejo Municipal manifestaron su total apoyo a la cultura y política de incentivo a los personajes que destaquen contribuyendo en el desarrollo de la provincia de Palpa, los cuales recibirán la condecoración María Reiche en honor a la ilustre y recordada historiadora quien pasó gran parte de su vida en la cálida ciudad Palpeña.
Doctora en Matemáticas, María Reiche ha sido la mejor estudiosa del legado que los antiguos pobladores de Nasca han dejado a la posteridad. Su figura, su entusiasmo y su abnegada dedicación al estudio del misterio de Nasca se plasma en el artículo que les ofrecemos. El trabajo ha sido dividido en dos partes, la primera comienza con un preámbulo de la hija adoptiva y representante legal de la Dra. Reiche, Ana María Cogorno, introducción obligada al extenso trabajo de Carlos Gamero, colaborador habitual de VA que, con su personal estilo de prosa poética, nos describe tanto el trabajo de María como las diferentes vicisitudes e interpretaciones que han sufrido, desde su descubrimiento para la ciencia oficial, las «líneas de la llanura de Nasca».
Al OESTE DEL GRAN PÁJARO. Primera parte
Autor: Carlos Gamero Esparza
Artículo publicado en Revista Vivat Academia, numero 51, Diciembre 2003 – Enero 2004
Preámbulo de Ana María Cogorno, hija adoptiva y representante del legado de la Dra. María Reiche
Mas allá de todas las celebraciones por el Centenario de su Nacimiento, está presente su vida y obra en lo que fuera la única razón de su existencia: las líneas y figuras de Palpa y Nasca. A lo largo de muchos años, María sufrió toda clase de adversidades, producto de la ignorancia. Pero a pesar de todo ello, al contrario, ella nunca miró para atrás. Su entereza moral y espiritual fue y es un ejemplo a seguir, y su filosofía de vida nos recuerda aquellos valores que la humanidad no puede perder. Por su dedicación y entrega desinteresada a una noble causa, sólo a ella le debemos todo lo que significan ahora las líneas de Nasca; sólo a ella le debemos que este invalorable tesoro arqueológico haya podido ser preservado de la mejor manera posible. Y sólo a ella le corresponde el mérito de haber sido la primera persona que comenzó a revelar al mundo los misterios más profundos de este recinto sagrado, obra maestra de nuestros antepasados. María supo «leer» en las líneas y figuras de Nasca el pensamiento profundo de los antiguos peruanos.
La obra de María Reiche también nos señala el camino para una adecuada política educativa que asimile el patrimonio cultural de nuestra historia, el respeto por los legados que recibimos del pasado, conservarlos, y nos insta a superar las dificultades, creer y querer en lo que uno hace y no renunciar nunca a nuestros sueños. Nasca es indudablemente una herencia y un reto que todos los peruanos debemos continuar.
No ha sido tarea fácil. Por el contrario, estudiar las líneas de Nasca requirió de todo su esfuerzo y los escasos recursos económicos que tenía. Por tal motivo, fue providencial la ayuda de la Doctora Renate Reiche, su hermana solidaria. Durante más de una década, Renate brindó a María su apoyo moral incondicional y su contribución económica, con la cual le fue posible sufragar los gastos de su investigación, así como también pagar a los guardianes motorizados que patrullaban la conservación de las pampa; además, pudo financiar las ediciones de sus libros desde 1949. Uno de sus anhelos más preciados fue lograr la declaratoria, por la UNESCO, de las líneas y figuras, desde Palpa hasta Nasca, como Patrimonio Cultural de la Humanidad, sueño que se logró en 1994.
Nunca imaginé que acompañar a Maria al centro de Lima en 1985, para iniciar los tramites de su tan deseada nacionalidad peruana, iba a darle un vuelco a mi vida; y luego yo seguiría apoyándola en los papeleos, ya que ella tenía que regresar a Nasca. El privilegio para con mi persona fue el haber podido compartir con el más alto honor y orgullo las vivencias y preocupaciones de una estudiosa insigne, con la cual viví muchas penas y alegrías, y pude disfrutar por sus sueños logrados.
Esta tarea encomendada por María en seguir apoyando su obra, es muchas veces difícil e incomprendida, pero su enseñanza y filosofía de vida me prepara para tan valiosa responsabilidad: seguir apoyando su obra.
En nombre de María, quisiera dar las gracias a la Redacción de Vivat Academia por permitirme acercarme a sus distinguidos lectores. Espero que pronto, tanto ellos como ustedes, tengan la oportunidad de venir a visitarnos al Perú y apreciar la riqueza de nuestra historia.
Introducción
María Reiche llegó al Perú un buen día de 1932, atraída por el magnetismo del viejo país de los incas. Por uno de esos designios que pone el destino a los predestinados, María se topó con ese gigantesco desafío que son las líneas de Nasca y decidió quedarse para siempre. Las aportaciones de esta gran estudiosa a la resolución de todos los enigmas de la llanura que se extiende unos 520 km2 entre los valles de Palpa y Nasca, en la región Ica, uno de los desiertos más resecos del Perú y tal vez del mundo, son quizá las más completas realizadas hasta la fecha. Y abren un apasionante camino a seguir para los futuros investigadores.
La sabiduría y el conocimiento aplicado en los cálculos matemáticos y trazos geométricos sobre el «papel» de la pampa es también un replanteo del conocimiento de nuestro pasado. Es como si ese lejano pasado nos solicitara conceder a nuestros ancestros el derecho de saber tanto o más que nosotros… y permitir a las mentes abiertas recurrir al beneficio de la duda sobre el «humanismo» del racionalismo científico. Ellos, los hombres «de abajo», fueron capaces de diseñar las figuras inescrutables de la vasta llanura de Nasca; ellos lo hicieron para que fueran contempladas por «algo» o «alguien» de «allá arriba» y nos dejaron su mensaje, no sin antes advertir las consecuencias que podrían derivar del desconocimiento de las leyes del universo: ignorancia y destrucción.
Las miles y miles de horas de Sol y Luna invertidas en la observación e interpretación arqueológica, astronómica, geográfica y matemática de los fenómenos del cielo y de la tierra, plasmados en otro espacio-tiempo por anónimos ancestros, abrieron para su tenaz investigadora una dimensión desconocida para la humanidad; fue como tener acceso a la profunda ciencia y filosofía de un mundo olvidado, reflejada en los diseños gráficos trazados en el desierto. Para María Reiche, las pampas gritan, entonces, un saber –que los nasca habrían heredado parcialmente—, el mismo que no podemos ignorar ni minimizar los «sabios» hombres y mujeres del tercer milenio. No en vano, María Reiche escribió alguna vez: «Sería tener una opinión muy baja de los antepasados, de suponer que todo este trabajo inmenso y minuciosamente exacto y detallado, hecho con concienzuda perfección, tenía como única finalidad el servicio de una superstición primitiva o un culto estéril de los antepasados…» (3)
Por algo se dice, entonces… «nunca pierdas tu capacidad de asombro…»
Y quien esto escribe, no la perdió.
Gracias a Dios…
1. El «aquicito» de María…
1.1. Un paseo por la memoria
San Isidro, jueves 7 de mayo de 1998. 5 de la tarde. Imaginamos un vuelo sobre la ciudad que duerme su siesta en la tarde de domingo. Imaginamos a ese pájaro de mil leyendas que se acerca a ese frío edificio amarillo y azul que es el Hospital de la Fuerza Aérea del Perú, en la cuadra dos de la avenida Aramburu. Imaginamos que entramos por una ventana del sexto piso, la habitación es la 606-A.
Adentro, las horas se consumen como el ocaso que se va. Se va yendo el día suavemente, como el otoño que pasa y no quiere pasar. Los días y las horas han pasado para mayor gloria de una mujer extraordinaria. Por más que la indiferencia y la ingratitud se hayan cebado sobre esa existencia frágil pero fuerte como el roble, el mundo se inclina ante ella. Los días y las horas de andar y desandar la soledad, han pasado, pero María, la dama de la pampa, no.
Ella no se va, no se irá, por eso este reportaje-crónica, por eso estas palabras escritas sobre el papel de la memoria.
Allí está María Reiche, la noble dama a la que un día cantaron los traviesos huerequeques (Nota 1). Quieta sobre su lecho, es el descanso del guerrero silencioso. Allí está, a sus 94 años, y no para de pelear por la vida. María, la del desierto, la del mono y el ave fragata con alas de solsticio.
A María no le falta nada, cariño le sobra.
Ana María Cogorno, su hija adoptiva y representante legal, me había pedido que fuera al hospital aquella tarde. «No, no se te ocurra decir que eres periodista cuando entres» –me dice-. La risotada de Ana María cuando le cuento mi peripecia en la puerta del nosocomio…, estos señores, los militares, que me miraron de arriba abajo, no se hace esperar. A pesar de sentirse responsable por todo lo que pasa, ella no pierde el buen humor. Mientras tanto, la luz del atardecer se convierte en noche. Los sodios amarillos de la avenida silenciosa inundan la habitación. Desde aquí, arriba, San Isidro es un aquelarre de neones.
María está tranquila. Los chicos que la cuidan, a su lado como siempre. Sobre su lecho, una tenue lámpara alumbra la penumbra. Afuera no hay nadie. Las enfermeras de blanco hacen guardia al final del pasillo. Ana María se me acerca a la ventana, calladita, inquieta, pero sin perder el aplomo. «Tenemos que hacer algo por la medalla de María… no es justo que no le quieran dar el reconocimiento que se merece…» Eso le preocupa a la hija adoptiva de la dama de Nasca. Y me muestra los papeles. «Esta es la copia del acta de la sesión cuando fui al Congreso el año pasado…» –dice mostrándome un documento-. Pero ahora, en el umbral de la vida, no le han querido dar a María la Medalla del Congreso Peruano en su más alto rango porque, según aducen ellos, en 1984 ya le habían otorgado una condecoración… de cuarta categoría. Increíble.
Figura 1. Las pequeñas Renate y María con su madre. Foto cortesía Ana María Cogorno.
He aquí el colofón de la historia. La historia viva que sigue transcurriendo sin cesar.
La historia que se va, para quedarse aquí.
La historia que comenzó hace cuarenta y nueve años…
Ana María no puede ocultar cierta desazón ante la indiferencia y la ignorancia de lo que representa la figura de María; y me habla de Renate, su hermana solidaria, que lo dejó todo para ayudar a la dama de Nasca, alguien de quien muy pocos hablan… «desde entonces -me dice Ana María-, Renate, estuvo pagando la conservación de las líneas de Nasca con su peculio con el ingreso de la pensión de su jubilación como doctora en medicina.» La recordada Renate Reiche fue, sin duda, su ángel guardián durante años, hasta que el cáncer se la llevó en 1997.
Ahora, mientras contemplo a María en su lecho, me asalta una bruma de pensamientos… ¿quién más apoyaba a María en esta labor desinteresada? ¿quiénes de los que alguna vez dijeron ser sus amigos, están con ella ahora, en el momento del dolor, salvo sus más allegados? me pregunto en silencio. No hay respuesta.
Renate, María y Ana María... y una figura de Nasca. Hermosa foto tomada poco antes del fallecimiento de la primera de las hermanas Reiche. Foto cortesía Ana María Cogorno.
La dama de Nasca con el autor de este reportaje, en una inolvidable foto tomada por Ana María Cogorno en su casa de Miraflores (1995).
Después, Ana María me pidió la acompañase a la calle Roma de Miraflores, a su casa. Entramos por una sombreada puerta flanqueada por paredes de ladrillo rojo. La hermosa sala principal está llena de ayer… las fotos en blanco y negro parecen hacernos sentir la brisa cálida del valle de Nasca. Y es como si nos arrebatara un ensueño en un átomo de irrealidad. Es como si una película pasara sus imágenes en blanco y negro, mostrándonos la vida en el desierto… María, trepada sobre una escalera, otea el horizonte. María, de cuclillas, observa la cola del mono. María, desde la lejanía, deambula por el laberinto de los enigmas. María, con su mano, señala una gran línea recta que se pierde no sé dónde. María se para junto a su viejo Volkswagen en algún lugar de la pampa. María, escoba en mano, barre las líneas. María se sube al mirador de la carretera Panamericana. María observa el cielo como lo debieron hacer nuestros antepasados. María sentada en un descanso de la faena, María junto a sus colaboradores observa las líneas con sus binoculares. María sale de su humilde vivienda, un día cualquiera de todos los días. El sortilegio de esos 520 Km2 de inmensidad es lo único que se percibe en estas paredes: la inmensidad de aquel paisaje, como el cielo, como el desierto, como la vida.
Al aproximarse a Palpa, viniendo de Ica, se puede notar un cambio en el colorido del paisaje. Los cerros se revisten de un color oscuro, casi negro, que contrastado con un cielo casi invariablemente azul, da a estos parajes un aspecto pintoresco y misterioso. La región, que es excepcionalmente rica en fierro, debe su color característico a la oxidación superficial. Debajo de la superficie el suelo es amarillo, casi blanco, como se ve en los sitios donde la carretera ha sido cortada en las laderas de las faldas. De este contraste entre el color de la superficie y el de la capa inferior blanca, resulta que las pampas de esta región son como pizarras inmensas, en las que se puede dibujar con blanco en fondo negro, con hacer trazos ligeramente hundidos.[…]Para apreciar los dibujos hay que verlos desde arriba, sobre todo las pistas grandes, que a los aviadores les parecen campos de aterrizaje antiguos, mientras desde el suelo todo lo que se ve de ellas es un trecho limitado de piedras acumuladas y alineadas. […]Mientras que el tamaño gigantesco de las pistas y caminos anchos revela los esfuerzos de los pueblos antiguos cuantitativamente, la ejecución de las figuras es el testimonio de la alta calidad de sus métodos técnicos con que han logrado la solución sumamente difícil del problema de la transferencia de las figuras desde un modelo, que de todos modos debe haber existido, hacia una escala por lo menos cien veces más grande.
LÍNEAS Y GEOGLIFOS DE NASCA
María Reiche, Los dibujos gigantescos en el suelo de las pampas de Nazca y Palpa: descripción y ensayo de interpretación.
Lima: Editorial Médica Peruana, 1949.
QUÉ ES?
Es un conjunto de líneas y geoglifos asociados cultu-ralmente a los Nasca, que tuvo su desarrollo entre el año 300 a. C. y el 800 d. C. Las Líneas y Geoglifos de Nasca se localizan en las pampas de Jumaná del valle de Nasca, provincia Nasca, región Ica.
Las líneas de Nasca son extensos trazos en forma de caminos de ancho variable, los que se dirigen en línea recta en diversas direcciones. Los Geoglifos, en cambio,son figuras de grandes dimensiones que van desde inmensos “campos barridos” en forma de triángulos, trapecios o rectángulos, hasta figuras en forma de espirales, zig zags, grecas, meandros y diseños biomorfos en forma de seres antropomorfos, mamíferos, aves, peces,reptiles y plantas, así como algunos diseños abstractos.
La superficie de las pampas se compone de una capa de piedras pequeñas de color rojizo oscuro, debajo de la cual hay una capa de tierra fina color claro. Solo basta remover la capa superficial de piedras rojizas de la superficie para lograr rápidamente el efecto del contraste claro/oscuro. La ausencia de lluvias y vegetación, así como la acción del viento, permiten su conservación.
Los investigadores tienen diferentes hipótesis sobre la función de las líneas y geoglifos: la astrónoma alemana María Reiche elaboró teorías que apoyaban la hipótesis de que era un gigantesco calendario astronómico. El investigador alemán Hans Horkheimer consideró que estaban dedicadas al culto funerario y cumplían la función de senderos sagrados que eran recorridos por los naturales durante la celebración de las ceremonias religiosas. La exploradora francesa Simone Waisbard expone que se trata de un calendario meteorológico para la determinación de las épocas e intensidad de las precipitaciones pluviales. El antropólogo estadounidense Johan Reinhard, sostiene que el agua debe haber sido el elemento más importante para sus habitantes, así que las líneas debían apuntar las montañas y fuentes de agua divinas. El equipo de M. Reindel y J. Isla, han conseguido trazar la historia y cronología de la cultura que generó estos dibujos, ellos han encontrado ofrendas religiosas de productos agrícolas y animales.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE?
Por el contexto en el que están realizadas, por la magnitud, cantidad y calidad artística del conjunto. Estas características fueron reconocidas por la UNESCO, inscribiendo al sitio arqueológico en la Lista del Patrimonio Mundial en 1994, como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
¿QUÉ RIESGOS CORRE?
Durante la aparición cíclica del fenómeno El Niño, se suelen presentar fuertes lluvias en la sierra adyacente, provocando el descenso de volúmenes de agua por los diferentes cauces secos que atraviesan las pampas de Nasca, desbordándolos y afectando su conservación. La insolación y los vientos provocan el recubrimiento de los geoglifos. Además están las afectaciones de origen antrópico relacionadas con la construcción de carreteras, trochas, caminos, tendidos eléctricos, redes de telefonía, crecimiento urbano, ampliación de fronteras agrícolas y la presencia de la actividad minera.
A más de 400 kilómetros al sur de Lima, en el desierto de Nasca, sobre la pampa de Ingenio, un espejo de arena refleja el cielo desde hace miles de años.
Pero no con la misma claridad de antes.
Lo que para muchos estudiosos ha sido probablemente un conjunto de gigantescas constelaciones dibujadas en la arena, altares para dioses alados y sacros senderos en los que los hombres, armados de antorchas, desfilaban como estrellas que se convertían en imponentes figuras de fuego, para otros, los más, ha sido durante los últimos años el terreno propicio para evitar peajes y pesajes y agredir, con absoluta falta de conciencia, una excepcional expresión de la capacidad artística y científica de nuestros antepasados.
Los resultados de estos atentados continuos al patrimonio cultural pudieron ser apreciados en su real dimensión hace muy poco.
A finales del mes de julio, 180 fotografías tomadas desde aviones de la Fuerza Aérea Peruana con el objeto de hacer un levantamiento topográfico de las pampas de Nasca, mostraron a la opinión pública el daño causado en los trazos y figuras que, desde 1994, son Patrimonio Mundial de la Humanidad según declaración de la UNESCO.
Cada una de las imágenes, contrastadas con aquellas registradas en el año 1973 en las que también se advertían ciertas lesiones como el corte de la cola del Lagarto producto de la construcción de la carretera Panamericana, significaron un claro llamado de atención que nos impele a tomar conciencia de la importancia de una de las culturas cardinales de nuestra historia.
La manera más efectiva de cuidar nuestro patrimonio es respetándolo. Y no se puede respetar aquello que no se conoce.
EL DESIERTO Y LAS ESTRELLAS
Fue recién en los primeros años del siglo pasado que Nasca, por su cerámica, suscitó el interés de coleccionistas de todo el mundo. Sus formidables piezas policromas fueron acogidas en museos de todas latitudes y se ganaron un lugar destacado tras ser objetos de un rabioso saqueo. Éste dejó como saldo muchas tumbas profanadas y hermosísimos tejidos al descubierto.
Sin embargo nada de ello parecía justificar un viaje que se detuviera a investigar de modo científico el terreno mismo de Ingenio.
Es así que sólo en 1926, en el marco de un proyecto de excavación de tumbas dirigido por el Dr.Julio C.Tello, el arqueólogo Toribio Mejía Xesspe se interesó por las «marcas» del desierto de Nasca y las dio a conocer en el Congreso Internacional de Americanistas llevado a cabo en Lima en 1939.
Ese mismo año el Dr. Paul Kosoc, impulsado por antiguos proyectos de riego en zonas parecidas a estas áridas pampas de Ica, decidió estudiarlas científicamente.
Tras dos años de trabajo, el arqueólogo estadounidense postuló que las «marcas» podían ser un inmenso calendario y observatorio astronómico de la antigüedad peruana.
Ya para entonces María Reiche, una astrónoma y matemática alemana que acompañó a Kosok durante su aventura, había iniciado sus estudios en esa región.
Con el tiempo se entregaría por completo al cuidado y difusión de las líneas y figuras que identificó junto a Kosok y que ambos coincidieron en llamar «geoglifos».
Todos sabemos que la pasión de Reiche por Nasca no tuvo límites. Para poder estudiar las líneas con mayor detenimiento, la matemática se mudó a una pequeña casa en el desierto y desde allí caminó el terreno palmo a palmo durante todos los años de su vida.
Reiche hizo muchos dibujos e incluso se animó a barrer las figuras con una escoba para que puedan ser vistas con más nitidez por acuciosos investigadores y arqueólogos, así como por los turistas que ya acudían a la zona, admirados algunos por la obra del hombre, y otros, más cándidos, por una serie de delirantes cuentos de ciencia ficción.
Reiche murió a los 95 años.
Desde 1994 un museo cerca de la humilde casa en la que vivió mantiene viva su memoria.
MISTERIOS SIN RESOLVER
Las Líneas de Nasca, desde hace ya muchos años, han estado asociadas a una interminable polémica; su misterio, aún hoy, no está íntegramente resuelto.
Los estudios más serios, sin embargo, no aíslan los geoglifos de los demás aspectos de la conducta social Nasca.
La tesis astronómica propuesta por Kosok y Reiche se basa en la posibilidad de registrar desde la tierra los puntos en los que en el horizonte «nacen» o se «ponen» los astros, de manera recurrente, año tras año.
Siendo Nasca una cultura del desierto es evidente entender la enorme importancia que debió tener para esos antiguos peruanos el agua y los eventos climáticos que la propician.
En un desierto donde, según la misma Reiche, llueve media hora cada dos años, tal hipótesis resulta bastante lógica y respetable.
Otras teorías, que se sustentan sobre todo en los dibujos de los ceramios, intentan explicar los motivos que llevaron a los antiguos Nasca a crear figuras y líneas que se aprecian mejor desde el aire: muchas de las divinidades de esa cultura tenían la facultad de convertirse en aves y volar.
A esto cabría agregar que el motivo del «ave» es el más repetido en las figuras. 18 veces. Toda una bandada de dioses.
Johan Reinhard, otro estudioso de las Líneas de Nasca, sostuvo que éstas se hicieron en honor a los dioses del agua. Él explicó que los Nasca creían que los cerros eran responsables de la aparición de las lluvias y, por lo tanto, las líneas no aluden únicamente a puntos en el cosmos, si no que se dirigen también hacia cerros tutelares generadores de lluvia, almateria capital para el desarrollo agrícola.
Otro argumento que refuerza la asociación entre los cerros y el culto al agua es la existencia de acueductos subterráneos construidos para la provisión de agua durante los meses del año en que los ríos de esa región se encuentran totalmente secos, que son la mayoría. Esa prodigiosa red de canales subterráneos –muchos de los cuales tienen su origen en el interior de los propios cerros– funciona aún en la actualidad e irriga gran cantidad de campos de cultivo.
EL LIBRO DE LAS SEÑALES
Han sido muchos los arqueólogos y estudiosos que han escrito sobre Nasca y sus líneas.
La propia Reiche, desde su disciplina, abordó las manifestaciones de esa cultura, en las que encontró una historia documental de la ciencia y de los hombres de ciencia del Perú prehispánico. «En ella –escribió en alguna oportunidad– se encuentra registrada una tradición científica en donde los antiguos peruanos desarrollaron un abecedario para anotar los más importantes acontecimientos astronómicos de aquellos días.
Las Pampas de Nasca son las páginas de un libro escrito con este extraño alfabeto». Luis Guillermo Lumbreras, por su parte, vio las «pistas» y «figuras» como elementos útiles para registrar el movimiento de los astros y conjurar así un signo para el vaticinio. En uno de sus textos ha señalado la importancia de este ancestral oráculo: «Los sacerdotes tuvieron gran predicamento; al gunos de ellos eran notables astrólogos y hasta encontraron en el cielo un «Zodiaco» que les ayudó, seguramente, en sus tareas de adivinación y magia.
Los signos de su zodiaco los dibujaron muchas veces en sus ceramios y en sus telas; pero más bien los copiaron en la gran pampa de Ingenio, al norte de Nasca, con precisión matemática, tomándolos directamente de las estrellas».
Este enigmático legado de la cultura Nasca, que según los estudios data del 300 a. C. al 900 d. C.
y que gracias a las especiales condiciones meteorológicas y geológicas que lo rodean ha logrado sobrevivir al paso del tiempo, genera hasta hoy el asombro nacional y mundial.
Las líneas atraen cada vez a mayor número de personas, son abordadas por innumerables páginas de publicaciones especializadas en el arte y la ciencia de nuestros antepasados y, sobre todo, obligan a los peruanos de hoy a honrarlas y protegerlas para la posteridad.
El Instituto Nacional de Cultura, alertado por los daños revelados en las recientes fotografías tomadas por el Servicio Aerofotográfico Nacional, ha decidido reforzar el cuidado de este patrimonio arqueológico mediante la adquisición de un vehículo ultraligero y la disposición de seis puestos de vigilancia estratégicamente ubicados que permitirán tener un mejor control de los más de 500 kilómetros cuadrados del área intangible.
Este programa, que implica la inversión de 600 mil nuevos soles –dinero que será asignado en parte por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo–, es sólo uno de los innumerables esfuerzos que debemos respaldar para que «el libro de astronomía más grande del mundo», como bautizó Kosok el conjunto de geoglifos, pueda también ser leído por las futuras generaciones.