La riqueza animal en el Santuario Histórico de Machu Picchu

Tesoros naturales. Los osos de anteojos, una especie en extinción, llegan a la ciudadela de Machu Picchu muy temprano, entre las 5 a.m. y 6 a.m. Los biólogos del santuario estiman que habrían alrededor de 40 osos en la zona.

La perfección de la piedra labrada en Machu Picchu y su construcción, desafiante a la geografía, no son lo único que asombra al mundo. La ciudad levantada por el inca Pachacútec se encuentra en el corazón de una zona rica en flora y fauna.

Inquilinos. De las más de 528 especies de animales que se han identificado en el área, 423 corresponden a aves.

En las 32.592 hectáreas que ocupa el Santuario Histórico de Machu Picchu, en el Cusco, habitan, según el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp), un total de 528 especies de animales, entre mamíferos, aves, roedores y reptiles. De este total, 42 especies serían únicas en su género en el mundo.

En este grupo destacan el ave cucarachero real, roedores como ‘Lestoros inca’ y, en el grupo de reptiles, una especie de víbora venenosa llamada ‘Botros andianus’, que la población de la zona conoce como marianito.

Su hábitat. Con frecuencia los turistas logran ver a las vizcachas del complejo.

Otras de las especies que sobresalen son el inconfundible gallito de la rocas (‘Rupicola peruviana’), la pava del monte (‘Penélope montagnii’), el pato de los torrentes (‘Merganetta armata’) y el cóndor (‘Vultur gryphus’). Suman 423 las especies de aves.

De todos los mamíferos que el santuario cobija, probablemente el oso de anteojos, una especie en extinción, sea el engreído. Junto con él, aunque a mayor distancia y altura de la ciudad inca, convive el puma (‘Puma concolor’) y el venado enano (‘Mazama chunnyi’). La presencia de los reptiles y batracios es mucho más frecuente.

Refugio. Algunos especialistas sostienen que Machu Picchu alberga el 10% de la diversidad de todo el país.
Para el turista. Los auquénidos constituyen una atracción para los miles de visitantes de la ciudadela

Además de las variadas especies de animales, el Sernanp ha identificado 2.354 tipos de flora. Muchas de ellas orquídeas y plantas nativas como el intimpa, la llama llama y el aliso, que han comenzado a cultivarse en los alrededores del complejo arqueológico con fines de reforestación y para recuperar las zonas afectadas por los incendios forestales.

 

 

Fuente: El Comercio

San Blas, el otrora antiguo barrio inca llamado T’oqokachi (ventana de sal), no solamente es una ventana abierta de la ciudad al pasado sino también al futuro, pues es uno de los espacios más emblemáticos para el visitante nacional y extranjero con los que interactúa intensamente brindando su rico patrimonio cultural, histórico y artístico.

Ahí, en una callecita empinada, llamada Suyt’uqhatu (mercado alargado), a poca distancia de la plazuela, radica la familia de imagineros La Torre, una de las más tradicionales y prestigiosas del Cusco, conformada por los esposos Jesús Alejandrino La Torre Ibarra (1933-2008) y Rosa Béjar Navarro (1935), quienes se casaron muy jóvenes y dieron vida a ocho hijos: César, David, José, Rafael, Marco Antonio, Edgar, Rosa y Ana María.
Doña Rosa Béjar Navarro desciende de uno de los más connotados imagineros cusqueños, cuya genealogía artística se pierde en los tiempos virreinales. Ella aprendió el arte familiar desde los siete años.

En efecto, su padre don Raymundo Béjar Escobar fue muy famoso gracias a sus impecables Niños Manuelitos rozagantes de impresionante tersura y conmovedora expresión facial.

A lo largo de su vida, doña Rosa ha recibido diplomas de reconocimiento del Santuranticuy y ocasionalmente se dedica a las pequeñas efigies de angelitos desnudos o vestidos.

Don Jesús La Torre, también fue heredero de una familia de escultores; su padre Arístides La Torre Góngora fue estucador de decoraciones arquitectónicas. Desde los once años, Jesús La Torre era ya reconocido por sus acuarelas de aspectos pintorescos de la ciudad.
Poco después, realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes del Cusco y también en la Escuela de Restauración de Lima, sin duda, motivado por la secuela del terremoto de 1950, que propició en el Cusco la necesidad de restaurar y de crear obras artísticas, entre ellas las escultóricas.

Sin embargo, su verdadero maestro en la imaginería fue su suegro don Raymundo Béjar y también su propia esposa.

Pasados los años ya era un artista consagrado en lo académico y en lo popular, además de su labor profesional en el campo de la restauración, que perfeccionó con sus estudios en el Centro Interamericano de Arte Peruano de la UNESCO, Organización de Estados Americanos y el INC, bajo la dirección de distinguidos profesores europeos, así como su participación en el Proyecto PER-39.

Además, fue docente y, en ocasiones, escritor sobre asuntos de su profesión. Gracias a sus cualidades profe

sionales y mo-rales, Jesús La Torre fue elegido para ser el restaurador exclusivo de la efigie del Señor de los Temblores, con cuya labor demostró que dicha efigie fue hecha en el Cusco con técnicas y materiales locales y no en España como se sostenía.

Elaboró esculturas de cedro y balsa para diversas parroquias de los alrededores del Cusco. En ellas respeta la tradición virreinal de la talla, el modelado y el estilo producto de la mixtura manierista del cuño de Bernardo Bitti con el renacimiento y el barroco sevillano de influencia de Juan Martínez Montañés.

Asimismo, se inspiró en la tradición de la pintura, la historia y las costumbres del Cusco, de las que trata de aquilatar lo más resaltante como expresión de identidad cusqueña.

Por ello su temática está caracterizada por arcángeles, más frecuentemente San Rafael y San Miguel, algunos de ellos portando el tupacyauri o sunturpaucar de los incas, la Virgen de Belén portando al Niño fajado a la manera nativa, la coronación de la Virgen por Cristo y Dios Padre, entre otros.

Asimismo, su recurrencia al empleo de la pasta, la tela modelada, los rellenos de maguey y la aplicación del pan de oro con esgrafiados o estofados responden a la tradición local que viene desde Bitti y de toda la denominada escuela virreinal cusqueña.

Aún en sus obras de la imaginería popular tradicional, Jesús La Torre mantiene en cierta manera el estilo equilibrado de la fusión manierista y barroca, aunque le añade síntesis y mayor expresión de gracia y simpatía, y recurre también a la metamorfosis de las divinidades cristianas luciendo vestuarios del campesino indígena.

Para sus representaciones costumbristas crea efectos escenográficos y dispone una variedad de posiciones según las circunstancias de la vida cotidiana y las costumbres.

Todo ello responde a su permanente compromiso con las costumbres, ritos y tradiciones de su ciudad, lo que permitió la coherencia de su obra en su expresión de vida y verdad.

En ocasiones, al captar el sabor festivo popular apela al humor como se evidencia en la creación de músicos vernaculares con cuellos de resorte, o en sus escenas cargadas de incidencias anecdóticas propias de la idiosincrasia popular como en sus escenas de picantería, panadería, la procesión del Corpus Christi, entre otras.

Sin embargo, también respeta y enaltece al hombre campesino tal como lo revelan sus tipos humanos y sus oficios como La lechonera, La frutera, o en sus obras ganadoras del Santiranticuy tales como Matrimonio indígena (1961) y Pareja de Pisac (1992).

Las obras de Jesús La Torre son expresiones de la profunda fe y devoción de la religiosidad popular y del costumbrismo en la ciudad del Cusco.

Por eso se le reconoció, en el año 2002, como Gran Maestro de la Artesanía Regional; al año siguiente fue declarado Gran Maestro de la Artesanía Peruana y también se le otorgó la Medalla de Oro de la ciudad de Cusco. Lamentablemente, falleció el 07 de abril de 2008, pero con la satisfacción de haber llevado una vida ejemplar, colmada de plena realización personal y profesional, en la que fueron pilares fundamentales el apoyo constante de su esposa Rosa, sus hijos y nietos.

Como es natural en una familia de artistas, los esposos La Torre y Béjar han legado a sus hijos los secretos del oficio, el amor y la voluntad por la imaginería y el Cusco. Algunos de ellos como César y Rafael confeccionan máscaras festivas.

David que dominaba la escultura, lamentablemente falleció en 2003. Rosa Angélica, Hugo, Marco Antonio y Ana María realizan pequeñas efigies que se caracterizan por su sintetismo, refinamiento y expresión candorosa y encantadora.

Algunos de los nietos, como Andy Olarte La Torre y Luis Enrique La Torre han comenzado a hacer sus primeras obras.

La mayor parte de ellos trata de alcanzar su propio estilo y de estar a la altura de los méritos de sus ilustres ancestros; por un lado persisten en la preservación de la imaginería y de sus valores familiares; por otro, se empeñan en lograr los laureles consagratorios del arte, los cuales son inherentes al santuranticuy navideño.

Esta vasta descendencia de la familia La Torre tiene la ardua tarea de renovar constantemente la inmensa fe del pueblo cusqueño.

Un invalorable aporte del gran investigador de la cultura peruana y descubridor de las líneas de Nasca.

Publicado originalmente en 1931.

El estudio del material relativo a la alimentación tiene importancia especial en el Perú,porque mediante el se puede conocer la condición física y biológica del indio actual, e inferir las condiciones físicas y biológicas de sus antecesores.

Las fuentes más importantes de este estudio se hallan en las lenguas y en las tradiciones indígenas.

La documentación en lo que respecta a la alimentación es relativamente pobre.

No existe ningún trabajo concreto sobre esta materia.

Los más autorizados escritores españoles, como Cieza de León, Betanzos, Morúa, Acosta, Zárate, Polo de Ondegardo y otros, no consignan noticias sobre las comidas de los aborígenes.

Tampoco los cronistas peruanos, como Garcilaso de la Vega y Santa Cruz Pachacútec, dejaron constancia del régimen alimenticio de sus antecesores.

Unos y otros se limitaron, únicamente, a consignar algunos nombres de animales y plantas comestibles, pero sin hacer referencia a las comidas.

De ahí la importancia actual de estudiar al indio dentro de su régimen alimenticio, antes de que sufra adulteración y olvido.

ALIMENTOS Y VIANDAS DE ORIGEN VEGETAL.

Las viandas y guisos que se preparan de los productos vegetales son variados.

A continuación se consignan por orden de tipos, comenzando por las plantas más comunes.

MAÍZ.

Se distinguen dos clases principales: a) sara propiamente dicha, que se cultiva en la región templada y frígida (sierra); b) yunka sara, que se cultiva en la región cálida (litoral, valles y florestas).

La primera es de choclos pequeños y medianos, granos algo aplanados y redondos, y colores diversos: blanco, amarillo, morado o negro, plomo, rosado, pintado, rojo y café.

La segunda clase es de choclos grandes, granos aplanados y largos, y color homogéneo: blanco o crema.

Las viandas y guisos que se preparan del maíz, son: Cho’qllo waiko, Kello manka, Q’ashka o Cho’qllio.

Choclo tierno sancochado.

Se usa en la cosecha o antes de ella.

Mut’e o Mot’i.

Maíz duro y seco sancochado.

Es la comida más común a la hora del almuerzo, la cena y en los banquetes.

Se dice wani mut’i cuando se prepara de maíz añejo.

Kancha, Ank’a, Hampi, T’on’ko.

Maíz seco tostado.

Se usa para ‘qo’qau, ‘qo’qo, que es fiambre para los trabajos y viajes, aun para los banquetes.

De la variedad Pisankalla se preparan tostados llamados “confites”.

Chocho’qa, Chuchu’qa.

Ts’ikara.

Maíz verde sancochado y seco.

Es una especie de conserva de choclo.

Molido a medias, se usa en chupes y picantes.

Sara Chik’chi Cho’qllo purka.

Choclos verdes asados al rescoldo o en hornos y piedra o arena calientes.

Se usa generalmente en la wat’ia y pacha manka.

Lawa, Acu o Ak’u.

Harina de maíz crudo.

Sirve para preparar la gacha o especie de sémola.

Es lo más común en la región de la puna.

Allpa, Pichu’qa, Hak’u, Achkata.

Harina de maíz tostado.

Mezclada con ají molido y verduras secas pulverizadas sirve para preparar lo que se llama allpa, muy usada en los viajes y trabajos de campo.

Se come con papa, yuca, rakacha sancochadas, y a veces con camarones, conchas y pescados crudos, o bien, con verduras frescas.

Umint’a, Parpa.

Especie de tamal.

Se prepara con harina de maíz tierno mezclada con sal, ají o sin él.

Se envuelve en la p’an’qa, soq’oro o perfolla.

Se usa generalmente en la época de los choclos, o sea antes de la cosecha de maíz.

Sat’anka, Hak’utaa, Arepita.

Especie de tortilla o panecillo.

Se prepara en kallana o tostadera, o en piedras calientes.

Se usa en los potajes principales y extraordinarios.

Las bebidas que se preparan del maíz son de tres clases: el wiñapu, yura’q a’qa y upi po’qo.

Las bebidas más generalizadas son la ch’uya o claro del norte (Trujillo) y la jora del sur (Arequipa).

Las comidas indígenas que se han generalizado en la cocina “criolla” son: choclo sancochado, chochoka molida, umita o tamal y pepián.

Además el mote pelado o pataska se usa en champús.

QUINUA

Esta planta es propia de la sierra, donde se cultivan tres variedades: a) yara’q kinua; b) puka kinua; c) q’ello kinua.

Son de colores blanco, colorado y amarillo, respectivamente.

Las comidas que se preparan son: Kinua m’ote.

Quinua lavada y cocinada.

Sirve para preparar chupe y picantes.

Se come también como el mote de maíz, mezclado con sal y ají.

Kinua chupe.

Sopa de quinua preparada con carne, papas, ají y verduras.

Es la comida más común.

Kispiña, Mutu.

Especie de torrija preparada de harina tostada.

Después de cocinarla se hacen pedacitos a manera de bonetes diminutos muy usados en los viajes.

La kispiña contiene ají, sal y verduras.

Kinua api, Chankerwa.

Dulce o mazamorra de quinua preparada en dos formas: de quinua lavada y cocinada y de quinua tostada y pulverizada.

También se prepara chicha de quinua en forma de wiñapu o jora, pero no es muy generalizada.

PALLARES

Se cultivan algunas variedades del pallar antiguo.

Entre ellas, la variedad llamada “de antibal” (antigua), que es de semilla grande como el haba, cuya vaina es muy semejante a la del pacae.

Se cultiva hasta hoy en el valle de Nasca.

Los pallares sirven para preparar los potajes siguientes:.

Pallar ‘pus’pu.

Sancochado como el mote de maíz.

Se prepara cuando la semilla no está muy dura ni seca.

Pallar uchu.

Picante o guisado de pallares con papas, yuca, yuyo y ají.

FRIJOLES

El poroto o frijol antiguo se cultiva como el pallar.

Hay tres variedades: frijol negro, blanco y bayo.

Las comidas que se preparan son: Purutu ‘pus’pu.

Frijoles verdes, sancochados con sal.

Purutu uchu.

Waspi nuxru.

Picante con papas, yuca, chuño, rakacha, ají, sal y carne.

Purutu chupe.

Sopa de frijoles sancochados.

YUCA, RUMU

Esta planta se cultiva en el litoral y en los valles.

Se utiliza en dos formas: fresca y seca.

Cuando fresca, sirve para sancochados, chupe y picantes; cuando seca, sirve como el chuño para lawa y picantes.

Las comidas que se preparan son: Rumu waik’o.

Yuca sancochada.

Rumu q’acha.

Yuca pelada y seca.

Rumu uchu.

Picante de yuca.

Rumu k’usa.

Yuca asada.

Chapana.

Especie de uminta o tamal de yuca.

Es posible que los antiguos peruanos hayan usado la chicha de yuca tal como la preparan en la actualidad los indios de las florestas amazónicas con el nombre de masato.

CAMOTE, APICHU

El nombre indígena de este tubérculo va desapareciendo como el de la yuca, pero se puede restaurar con los datos históricos.

Hay tres clases de camote: a) Yura’q apichu; b) Q’ello apichu; c) Kulli apichu.

Se diferencian por sus colores blanco, amarillo y morado, respectivamente.

Se utiliza generalmente en waik’o o sancochado, k’usa y wa’tya o asado al horno y en arena caliente.

El camote blanco sirve a veces para chupe.

PAPA

La papa es la planta más cultivada en la sierra y puna, donde hay de muchas variedades cuyos nombres indican el lugar de su procedencia y posiblemente el origen de su cultivo.

Así, se dice Salamanca papa, Maran’qani papa, Qos’qo papa, etcétera, a ciertas variedades comunes en distintos sitios.

Las comidas que se preparan de la papa son: Papa waik’o, ‘Qali.

Papas sancochadas.

Es la preparación más común.

Se come siempre con ají molido.

Papa K’usa, Papa huatia, Sirke, Purka’ta.

Papas preparadas en horno, fogón, piedras y arena calientes.

Se conservan por varios días.

Generalmente se usa durante la cosecha.

Papa ch’a’qe.

Chupe de papas maceradas.

Se prepara de papas tiernas con abundante queso, huevos y verduras.

Uchu, Lo’kro, Nuxru, Ruxru.

Guiso de papas con carne o queso y ají.

Esta comida es semejante al puré.

Se prepara de las papas menudas llamadas muñi.

Chairu.

Sopa de harina de papas secas, o sea del ‘tamus, con huevos y verduras.

Se usa en las mañanas a manera de un ligero almuerzo.

Chuño.

Papa helada y seca.

Se prepara inmediatamente después de la cosecha, para lo cual se remite del mismo terreno al sitio denominado ch’uño-china o chuñuchana, que es generalmente un arroyo a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar.

Se preparan varias clases, siendo las más conocidas: moraya, ‘tunta, mos’qo.

El chuño se conserva mucho tiempo.

Se utiliza en chupe, picantes y lawa o gacha.

UCHU, AJÍ

Es una de las substancias principales para la condimentación de las comidas indígenas.

Se distinguen dos clases: uchu, ají propiamente dicho; y ro’qote, rokoto, pimiento americano.

Según el color de los frutos, se distingue dos variedades y se dice puka uchu, q’ello uchu, puka ro’qote, q’ello ro’qote, rojo y amarillo, respectivamente.

Además, existe una variedad llamada chinchi uchu, cuyo fruto es pequeño aunque más picante que los otros.

El ají se conserva en estado seco y se llama ch’aki uchu.

El rokoto también se conserva mediante la preservación llamada ‘qacha, que consiste en secarlo al sol después de dividirlo en dos o más partes.

Del ají y del rokoto se hacen las siguientes preparaciones:.

Uchu kuta.

Ají o rokoto molido con verduras, sal y un poco de agua.

Sirve para condimentar los picantes y para comer los tubérculos sancochados y demás substancias alimenticias.

Llatan.

Ají molido con kancha de maíz, maní, camarón seco y queso.

Sirve para comer con papas, yuca, rakacha y camarones frescos.

Allpa.

Ají pulverizado.

Se emplea mezclado con harina de maíz, trigo, habas, alverjas, en la preparación de la comida del mismo nombre.

Ñawi a’qa.

Es una substancia preparada con ají amarillo o rojo y semillas tostadas de calabaza.

Sirve para adornar la chicha blanca de maíz.

ZAPALLO

Se cultiva en regiones cálidas y templadas.

Existen algunas variedades.

Las más conocidas son: loche, ma’qra, awinka, suytu, la’kre, pumpu, entre otras.

Sirve para lo siguiente: Zapallo chupe.

Sopa de zapallo con verduras, carne o queso y papas o chuño.

Zapallo nuxro, lo’kro.

Picante de zapallo batido con papas, queso y verduras.

ALIMENTOS Y VIANDAS DE ORIGEN ANIMAL

Los alimentos que se preparan de la carne de los animales indígenas son diversos.

He aquí los que se preparan de cada uno de ellos.

LLAMA

La carne de este animal es muy agradable hasta los tres primeros años, después adquiere el sabor de la clase de yerbas con que se alimenta.

Cuando se cría en pastos selectos, la carne resulta más agradable.

Se utiliza fresca y seca en las comidas siguientes: Aicha waik’o, Pullanka, Anche waik’o.

Carne fresca sancochada con sal.

Se dice pullanka cuando se cocinan trozos grandes de animales tiernos y sullu waik’o cuando se cocinan los fetos íntegros.

Estos potajes se comen con ají molido, mote o kancha, papas y chuño.

Wa’qtan kanka, Pauki.

Costillas asadas.

El pauki se prepara en brasas con sal y ají.

Se dice kala purka cuando se prepara en piedras calientes.

Sirve para fiambre de los viajes y trabajos de campo.

Ch’unchul waik’o, Hipilla mank’a, Qorawa o kankall oxakita.

Estómago e intestinos sancochados con sal.

Las vísceras se conservan saladas y secas.

Se utilizan en chupes y picantes.

Ch’arki, Tasasa.

Carne salada, helada y seca.

El charki es la carne conservada por excelencia y su duración alcanza varios años.

Se utiliza en la preparación de varias comidas.

Se dice mat’a cuando el charki es menudo.

Ch’arki kanka, Sa’qta kanka.

Charki asado y macerado.

Se utiliza con ají molido para fiambre de viajes largos y trabajos de campo.

Ch’arki chupe.

Sopa de charki con papas, chuño, rakacha, quinua, frijoles, etc.

Es la comida más común.

‘QUWE, KUY

La carne del kuy es la más generalizada, porque el animal se cría con facilidad y se multiplica con rapidez.

Sirve para preparar los picantes que se emplean en los banquetes familiares y públicos.

Las comidas que se preparan son: ‘Quwe kanka, Wan’ko waka o purka’ta.

Kuy pelado, destripado y asado en brasas o piedras calientes.

Su preparación es semejante a la del antikucho.

Se come con picante de papas, chuño, olluko, rakacha, etc.

Se sirve íntegramente a cada persona cuando se trata de banquetes familiares o públicos.

Chilla’ke.

Trozos asados de kuy.

Se usa después de la faena en épocas de barbecho y sembrado de maíz, papas, etc.

‘Quwe chupe.

Sopa de kuy.

Se prepara después de doce horas de muerto el animal, porque de lo contrario el sabor de la carne es desagradable.

Esta comida se emplea en el techado de casas y reparación de acequias.

También se prepara de los kuyes asados.

PASHE, YU’KRA, CAMARÓN

Es común de los ríos permanentes de los valles.

En lugares como Majes, Río Grande y Ocoña el camarón constituye la base principal de la alimentación de los naturales.

La época de abundancia es la primavera y desaparece con las primeras avenidas de los ríos, o sea en los meses de enero y febrero.

La pesca se realiza de cuatro maneras: primera, mediante el uso de redes llamadas isiwa, chiwa, chikerillo y atarraya; segunda, por medio de un aparato de madera construido en la corriente de un brazo del río, llamado wina; tercera, mediante el desvío de la corriente, o sea la «seca» de un brazo del río; y cuarta, mediante el uso de aparatos cónicos de caña llamados isan’qa, nasa.

Cuando la pesca es abundante, se prepara el amunka.

Se trata del “camarón seco” mediante el empleo de fuego y de piedras o arena calientes.

Después se embalan en cestos de totora llamados ch’ipa y se exporta a los pueblos vecinos.

Con los camarones se prepara: Yu’kra chupe, Pashe nuxro.

Sopa de camarones.

Se prepara con papas, rakacha, verduras y ají.

Okopa.

Guiso de camarones.

Se prepara con harina de maíz, maní, verduras y ají molido.

Todas estas substancias se muelen bien hasta que se transforman en una masa espesa, inclusive el camarón.

Se come con papas, yuca y rakacha sancochadas.

En los valles este guiso reemplaza al denominado allpa de la sierra.

GENERALIZACIÓN DE COMIDAS INDÍGENAS

Algunas substancias alimenticias descritas han sido generalizadas en la preparación de otras comidas, especialmente en la cocina “criolla”, tales como: choclo sancochado, chochoka molida, uminta o umita, pataska, pepián de choclo, picante de frijoles, frijoles batidos, frijoles colados, yuca sancochada, yuca asada, yuca frita, torrija de yucas, chapana, camote asado, camote frito, camotillo, papas sancochadas, papas fritas, karapulka, lokro de zapallo, chupe a la pastora, costillar asado, fritanguita, mondonguito, kau-kau, anticucho, chunchulí, patitas, charkikán, pepián de kuy, okopa de camarones, causa de camarones, chilkano, pachamanka y otras.

Por: Toribio Mejía Xesspe
(1896- 1983)
Fuente: Gaceta INC

Director de Huaca de la Luna: Queremos se un proyecto autosostenible

Director del Proyecto de Huaca de la Luna, Santiago Uceda, explica el modelo de gestión y los hallazgos de la investigación en el centro de la urbe mochica.

Cómo fueron los inicios del Proyecto que usted dirige?.

Todo se inició con un proyecto de investigación frente al hallazgo casual que hizo Ricardo Morales de unos relieves.

Los resultados de ese informe motivaron al organismo que nos daba los fondos iniciales, la Fundación Ford, a plantearnos una pregunta clave: «qué van a hacer con este monumento a futuro».

Elaboramos, entonces, un plan de manejo a diez años, plan que aún sigue sirviendo como instrumento de nuestras actividades.

¿Cuál fue el enfoque de ese plan? Antes que nada queríamos saber qué había pasado, por un lado, con los monumentos nacionales que habían sido investigados y luego cubiertos tal cual establece que habían sido abiertos al turismo.

Descubrimos que los primeros habían sido casi totalmente destruidos por la sociedad en su conjunto, incluido el Estado: la gente los abría, los profanaba de modo tal que ahora un 90% de ellos ya no existe.

Asimismo, en los que forman parte del segundo grupo había una degradación producto no tanto de la apertura misma al público como de la mala implementación y manejo.

Frente a esto nosotros decidimos abrir la Huaca de la Luna al turismo bajo nuevas condiciones.

Nuestro proyecto se sustentaba, pues, en tres elementos bases: investigación –que nos daría historia y conocimiento transmitible–, conservación –que permitiría consolidar los hallazgos y preservarlos adecuadamente– y puesta en valor, es decir, la adecuación del monumento ma tal que ésta no sea un elemento nocivo.

En el año 98 y 99 el turismo al complejo creció tanto que nos forzó a crear un cuarto pilar: la promoción turística.

Hemos creado un producto y tenemos que venderlo adecuadamente.

Varias de esas funciones son competencia de otras instituciones De alguna manera uno de los problemas que atraviesan los monumentos administrados por el Instituto Nacional de Cultura es que son promocionados por Mincetur y PromPerú; hay un divorcio allí, dos criterios distintos: uno de conservar y otro de vender.

En nuestro caso nosotros tenemos control sobre los cuatro elementos a través de coordinaciones con el INC, Mincetur, PromPerú y las agencias turísticas bajo una visión unitaria que intenta cuidar el monumento, siempre bajo la autoridad de instituciones como el INC o Mincetur.

Creo que esa es la base de nuestro éxito.

¿Cómo se ha financiado esta experiencia a lo largo de los años? Al inicio del proyecto la Fundación Ford nos entregó una beca de 120,000 dólares para tres años de trabajo, bajo el compromiso de que íbamos a buscar nuevos contribuyentes.

Efectivamente al segundo año, 1992, conseguimos que la Sociedad Cervecera de Trujillo nos asignara 2,000 soles mensuales y que al año siguiente la Municipalidad nos diera 30,000 soles anuales.

Desde entonces tenemos contribuyentes institucionalizados y otros que nos dan recursos de manera puntual.

Creo que la presencia de Backus fue importante porque con ella pasamos de ser un proyecto estrictamente académico a uno con visión gerencial, lo que nos llevó a realizar obras como el centro de visitantes, excavaciones de mayor magnitud y una presentación del monumento más espectacular.

Ahora contamos con el apoyo de la World Monument Fund.

Sin embargo siempre hemos apuntado a que este monumento, una vez abierto al turismo, pudiera autosostenerse; desde el 94 hasta la fecha estos ingresos han ido representando anualmente un porcentaje cada vez más considerable del monto total de nuestro presupuesto: el año pasado fue el 33% del total y este año quizás lleguemos al 37% o 40%.

Esperamos lograr ser un Proyecto autosostenible.

¿Desde el momento en que se iniciaron los trabajos hasta la actualidad, en qué términos ha cambiado lo que sabíamos sobre la civilización moche? En muchos.

Lo que conocíamos de las huacas era hasta ridículo: se sabía que era la capital del reino mochica, se pensaba que eran grandes monumentos de peregrinaje alrededor de los cuales había poca vida económica.

Se pensaba, además, que estaban tan deteriorados que realmente poco se podía recuperar de ellos.

Todas esas suposiciones han sido desmentidas.

Por eso es que los resultados de nuestro proyecto han sido tan impresionantes: encontramos relieves inimaginables y descubrimos que el monumento solamente se había deteriorado en un 25%.

Desde el año 95 sabemos que la fachada del centro ceremonial se encontraba más intacta que cualquier otro monumento de la costa norte del Perú.

Descubrirla ha sido el impacto visual más grande del mundo antiguo.

Se ha descubierto además toda una ciudad.

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Y en este sentido nuestros conocimientos sobre la vida urbana mochica son inmensamente superiores a los que teníamos antes.

Primero hemos encontrado un centro urbano que probablemente sea uno de los más complejos en todo el mundo andino, tanto que casi se rige por las reglas de la planificación actual, con pequeñas callejuelas y plazas delimitadas por una planificación ortogonal, aspectos que no existen en ningún otro sitio arqueológico del Perú.

(Jeremías Gamboa) para la visita turística de una for- la ley y, por otro, con aquellos

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MITOS Y LEYENDAS

La tradición, la arqueología y los primeros documentos escritos del siglo XVI, y el propio testimonios etnográfico actual, revelan que el antiguo hombre andino, tanto de la costa como de la sierra, y, particularmente, el súbdito de los Incas, tuvo como caracteristica esencial, un tradicional instinto, un sentimiento de adhesión a las formas adquiridas, un horror a la mutación y al cambio, un afán de perennidad y de perpetuación del pasado, que se manifiesta en todos sus actos y costumbres, y que encarnó en instituciones y prácticas de carácter recordatorio, que remplazaron, muchas veces, en la fundación histórica, a los usos gráficos y fonéticos occidentales.

Namoyoc / Chota

Este sentimiento se demuestra particularmente en el culto sagrado o lugar de la pacarina o el lugar de aparición ya sea cerro, peña, lago o manantial, del que supone habia surgido el antecesor familiar, o el culto de los muertos o malqui de la momia tratada como ser viviente y de la huaca o adoratorio familiar.

Ningún pueblo sintió más hondamente la seducción del pasado y el anhelo de retener el tiempo fugaz. Todos sus ritos y costumbres familiares y estatales están llenos de este sentido recordatorio y propiciador del pasado.

Cada señor o gran personaje que murió fue rodeado de todos los objetos que le pertenecieron en vida; de sus armas y de su cerámica, servido en la muerte por mujeres e hijos, indudablemente tuvo que realizarse grandes ceremonias y tradicionalmente recordar hechos recitados que se transmitian verbalmente a sus descendientes.

El indio de las serranías, según los extirpadores de idolatrías, se resistía a abandonar los lugares abruptos en que vivía, porque ahí estaba su lugar sagrado, su huaca o pacarina y guardaban reverencialmente en su hogar las figurillas de piedra y cerámica y otros materiales que representaban a sus lares.

En la costa, nos refiere el Padre de las Casas, se realizaban los funerales de los jefes en las plazas públicas, los cuales eran rodeados por coros de mujeres que lloraban y cantaban relatando las hazañas y virtudes del muerto. En todos estos actos el instinto o apetencia de historia, se cristalizaría también en el amor por los mitos, cuentos y leyendas y más tarde en las formas oficiales de la historia.

Hay que reconocer el valor de los mitos que sirven para reconstruir el espiritu de un pueblo, estos relatos coinciden con otras manifestaciones anímicas desaparecidas del mismo pueblo y son muchas veces confirmados por la arqueologia. Entre ellos tenemos el origen del mundo, la guerra entre los dioses Con y Pachacamac, la creación del hombre por Viracocha, que modeló en el Collao la figura de los trajes de los pobladores de cada una de las tribus primitivas, o la aparición de personajes legendarios que siguen el camino de las montañas al mar, como Naymlap, Tacaynamo, Tonapa, Manco Cápac, que tienen un fresco sentido juvenil.

Media luna gemelos y seres mitologicos en lucha

En la ingenua e infantil alegoría del alma primitiva, los cerros o los islotes marinos son dioses petrificados, o seres legendarios castigados por su soberbia o pasión amorosa. El trueno es el golpe de un dios irritado sobre el cántaro de agua de una doncella astral que produce la lluvia: los eclipses son luchas de gigantes, leones y serpientes. Las estrellas se imaginaban como animales totémicos. La luna cuyas manchas son la figura de un zorro enamorado de la luna, que trepó por dos sogas que le tienden desde arriba y llegó hasta ella para raptarla, quedando adherido al disco luminoso los hombres que nacen de tres huevos, de oro, de plata, representan creaciones que son la expresión de un alma joven.