Líneas y Geoglifos de Nasca

Al aproximarse a Palpa, viniendo de Ica, se puede notar un cambio en el colorido del paisaje. Los cerros se revisten de un color oscuro, casi negro, que contrastado con un cielo casi invariablemente azul, da a estos parajes un aspecto pintoresco y misterioso. La región, que es excepcionalmente rica en fierro, debe su color característico a la oxidación superficial. Debajo de la superficie el suelo es amarillo, casi blanco, como se ve en los sitios donde la carretera ha sido cortada en las laderas de las faldas. De este contraste entre el color de la superficie y el de la capa inferior blanca, resulta que las pampas de esta región son como pizarras inmensas, en las que se puede dibujar con blanco en fondo negro, con hacer trazos ligeramente hundidos.[…]Para apreciar los dibujos hay que verlos desde arriba, sobre todo las pistas grandes, que a los aviadores les parecen campos de aterrizaje antiguos, mientras desde el suelo todo lo que se ve de ellas es un trecho limitado de piedras acumuladas y alineadas. […]Mientras que el tamaño gigantesco de las pistas y caminos anchos revela los esfuerzos de los pueblos antiguos cuantitativamente, la ejecución de las figuras es el testimonio de la alta calidad de sus métodos técnicos con que han logrado la solución sumamente difícil del problema de la transferencia de las figuras desde un modelo, que de todos modos debe haber existido, hacia una escala por lo menos cien veces más grande.

LÍNEAS Y GEOGLIFOS DE NASCA

María Reiche, Los dibujos gigantescos en el suelo de las pampas de Nazca y Palpa: descripción y ensayo de interpretación.
Lima: Editorial Médica Peruana, 1949.

QUÉ ES?

Es un conjunto de líneas y geoglifos asociados cultu-ralmente a los Nasca, que tuvo su desarrollo entre el año 300 a. C. y el 800 d. C. Las Líneas y Geoglifos de Nasca se localizan en las pampas de Jumaná del valle de Nasca, provincia Nasca, región Ica.

Las líneas de Nasca son extensos trazos en forma de caminos de ancho variable, los que se dirigen en línea recta en diversas direcciones. Los Geoglifos, en cambio,son figuras de grandes dimensiones que van desde inmensos “campos barridos” en forma de triángulos, trapecios o rectángulos, hasta figuras en forma de espirales, zig zags, grecas, meandros y diseños biomorfos en forma de seres antropomorfos, mamíferos, aves, peces,reptiles y plantas, así como algunos diseños abstractos.

La superficie de las pampas se compone de una capa de piedras pequeñas de color rojizo oscuro, debajo de la cual hay una capa de tierra fina color claro. Solo basta remover la capa superficial de piedras rojizas de la superficie para lograr rápidamente el efecto del contraste claro/oscuro. La ausencia de lluvias y vegetación, así como la acción del viento, permiten su conservación.

Los investigadores tienen diferentes hipótesis sobre la función de las líneas y geoglifos: la astrónoma alemana María Reiche elaboró teorías que apoyaban la hipótesis de que era un gigantesco calendario astronómico. El investigador alemán Hans Horkheimer consideró que estaban dedicadas al culto funerario y cumplían la función de senderos sagrados que eran recorridos por los naturales durante la celebración de las ceremonias religiosas. La exploradora francesa Simone Waisbard expone que se trata de un calendario meteorológico para la determinación de las épocas e intensidad de las precipitaciones pluviales. El antropólogo estadounidense Johan Reinhard, sostiene que el agua debe haber sido el elemento más importante para sus habitantes, así que las líneas debían apuntar las montañas y fuentes de agua divinas. El equipo de M. Reindel y J. Isla, han conseguido trazar la historia y cronología de la cultura que generó estos dibujos, ellos han encontrado ofrendas religiosas de productos agrícolas y animales.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE?

Por el contexto en el que están realizadas, por la magnitud, cantidad y calidad artística del conjunto. Estas características fueron reconocidas por la UNESCO, inscribiendo al sitio arqueológico en la Lista del Patrimonio Mundial en 1994, como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

¿QUÉ RIESGOS CORRE?

Durante la aparición cíclica del fenómeno El Niño, se suelen presentar fuertes lluvias en la sierra adyacente, provocando el descenso de volúmenes de agua por los diferentes cauces secos que atraviesan las pampas de Nasca, desbordándolos y afectando su conservación. La insolación y los vientos provocan el recubrimiento de los geoglifos. Además están las afectaciones de origen antrópico relacionadas con la construcción de carreteras, trochas, caminos, tendidos eléctricos, redes de telefonía, crecimiento urbano, ampliación de fronteras agrícolas y la presencia de la actividad minera.

Tres mil años después de haber sido edificado, el laberinto que albergaba el espíritu de los dioses más temerarios del Perú antiguo, Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1985, sigue maravillando a quienes tienen el privilegio de recorrer sus milenarias galerías.

Cuando se ingresa al templo Chavin, se tiene la senación de entrar en un mausoleo lleno de fantasmas feroces.

El silencio es total, pues ni siquiera se escucha el ruido del viento exterior, del que uno está separado por gruesas murallas y un sólido techo de piedra.

Las galerías son angostas, altas, frías; es fácil perderse en ellas; forman un laberinto cruel para el neófito.

Al centro, en medio de una granizada de piedras, hay un cuchillo gigantesco, tallado en piedra, como caído del cielo y clavado en lo profundo de la tierra; le llaman «el Lanzón», tiene más de cuatro metros.

Pero no es simplemente la figura de un cuchillo, es más bien la terrible imagen de un dios humanizado, que ávido de sangre muestra las fauces con filudos colmillos curvos».

La descripción anterior, extraída de De los orígenes del Estado en el Perú de Luis Guillermo Lumbreras, difícilmente podrá ser puesta en entredicho por quienes en la actualidad visiten el interior de esta antigua edificación de 3,000 años de antigüedad emplazada en la entrada del Callejón de Conchucos, entre los ríos Pukcha o Mosna y Wacheqsa, Ancash, en el corazón mismo de los Andes.

Al caminar por sus apretados pasajes, desandar sus recodos y retomar caminos nuevos que de pronto parecen ya trasegados, el forastero puede caer presa del estupor.

Si el laberinto en sí se ha convertido en una fuente constante de fascinación, misterio y poesía para el hombre moderno, el dédalo prehispánico de Chavín de Huantar representará para él una experiencia conmovedora.

Después de confundirse en su interior cualquiera se puede sentir tentado a creer que sólo los dioses milenarios –y, claro, por suerte, los atentos guías del mundo actual– conocen todos sus caminos y entradas secretas.

EL REINO DEL ESPANTO.

¿Pero qué le otorga a este complejo el poder de sugestión que detenta? ¿Quiénes lo habitaron hace ya muchos años? ¿Qué poder anidó en este recinto? La respuesta es contundente y explica uno de los periodos más fascinantes de la historia de nuestro país.

En Chavín de Huantar moraban las divinidades más temidas, feroces y espeluznantes del mundo precolombino.

Talladas en las piedras del templo, en sus columnas, escalinatas y muros, las formas de dioses de distinto tamaño, nivel e importancia, todos relacionados con las fuerzas más sugerentes de la naturaleza, se erigían sobre los ojos atemorizados de sus visitantes para mantener sobre ellos un dominio aposentado sobre la base del pánico.

Las entidades divinas, los ojos desorbitados, los colmillos amenazantes, las garras de terror y un sinnúmero de sierpes sobre sus cabezas, sometieron bajo su poder a un sector vasto del área andina.

Desde lugares muy alejados, miles de hombres llegaron al centro religioso para entregar ofrendas y calmar el rigor de las iracundas criaturas sobrenaturales.

En la Sala de las Ofrendas de Chavín se encontraron evidencias de bienes que procedían de un ámbito que incluye Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Lima y Huánuco, con eventuales materiales que, al parecer, provenían de las costas del Guayas y de Ica, Huancavelica y Ayacucho.

¿Pero quién, en el mundo de los hombres, se beneficiaba de este sistema de dominación? Nada menos que una casta de gobernantes que, en supuesta «comunión» con los dioses, organizaron un régimen de obligaciones imprescriptibles de culto y ofrenda de bienes materiales.

El poder organizado de la sociedad de aquellos tiempos dio origen al primer gran Estado teocrático del continente.

CIUDAD DEL SOL.

Pero Chavín de Huantar también fue el primero de una serie de centros de peregrinaje que, a la llegada de los españoles, pervivían a través de Pachacamac.

Por su posición en el territorio del mundo entonces conocido, Chavín se constituyó en un centro de intercambio comercial importante.

Se hallaba ubicado en un punto crucial de conexión entre caminos de una región que cubre la costa y la sierra de Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Ancash, Huánuco y Lima Desde Chavín, además, se podía llegar a la floresta amazónica siguiendo el curso del Marañón.

Personas de la Costa y de la Sierra y de la Selva se acercaban a él para intercambiar bienes y comerciar.

«En muchos casos se trata de la circulación de bienes de prestigio para los ocupantes de los centros ceremoniales», ha escrito Lumbreras, «tales como manufacturas especializadas o materia prima selecta, pero en la mayor parte de los casos tenía que ver con la circulación de informaciones que afectaran las condiciones de existencia de la población.

Eso incluye desde eventuales peligros de guerra, derivados de desajustes en las relaciones entre vecinos o demandas propias de las comunidades en condiciones de conflicto o crecimiento, hasta informaciones sobre la producción de alimentos y su circulación, y la predicción del tiempo.

Todos esos eran asuntos manejados en los núcleos de poder formados en los centros ceremoniales que, sobre todo, eran lugares de una intensa capacitación técnica especializada en la elaboración de calendarios».

El auge de Chavín se extendió por centenares de años durante los cuales muchas generaciones de hombres fueron ampliando, edificando y acondicionando nuevas estructuras para las labores realizadas en el templo.

En lo que hoy parece un conjunto asimétrico de pirámides, plazas y plataformas, se descubre, en realidad, la superposición de construcciones de varias épocas que han sufrido la destrucción, remodelación y modificación espacial propias de un lugar con una historia milenaria.

Chavín, a pesar de los años, demanda respeto.

Y por qué no, provoca algo de temor.

Aun hoy la plaza cuadrangular, el Dintel de los Jaguares, el Pórtico de las Falcónidas, la plaza circular en que se ubicó posiblemente el obelisco Tello, el Templo Viejo, la Sala de las Ofrendas, las galerías y el poderoso Lanzón Monolítico, esa divinidad atemorizante que mora en el centro del laberinto como un minotauro griego, parecen cobrar inusitada vida.

Si no lo cree y visita Chavín observe con minuciosidad esa única cabeza clava que, desde su posición original en una de las paredes del templo, mira frontalmente el mundo contemporáneo.

Sin duda parece que aun hoy vigila, obstinadamente, el descanso de sus dioses.

Un Camino Ceremonial Chimú

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COSTA NORTE
CHIMU
Un Camino Ceremonial Chimú

Son numerosas las referencias sobre caminos que describen los cronistas, viajeros, etc.; quienes en su mayoría los asocian al período Inca. En la Costa Norte son muy pocos los trabajos realizados por medio de la investigación arqueológica, y los realizados se han basado principalmente de fuentes etnohistóricas, referencias de viajeros, personas del lugar y por medio de la prospección.
Kosok (1978: 617), afirma: «… en la costa peruana, la construcción de caminos y de sistemas de comunicación entre los valles tuvo un papel fundamental; porque fue solamente por medio de estos delgados hilos de adobe y piedra que los distintos valles, económica y físicamente separados, pudieron ser reunidos. Desde un punto de vista económico, los caminos fueron el medio para transportar los tributos hacia el centro político, reforzando así su poder e influencia. Pero, lo más importante fue que constituían los únicos medios físicos para mantener la administración política y militar de los valles conquistados (desde el centro mismo del poder)».

Rodríguez Suy Suy (1970), nos dice que el desarrollo agrícola, la formación de sectores agrícolas con sus centros de población compacta y el intercambio regional de productos alcanzado hasta el período Chimú, requirió de caminos debidamente estructurados que garantizaran el rápido desplazamiento del hombre y sus animales de carga. Además, le permitió el cuidado inmediato a sus cultivos y rápido acarreo de sus cosechas. Garantizó igualmente, su relación con los valles vecinos y zona andina; así como debió significar también el mejor instrumento político-administrativo para el gobierno central de la época correspondiente.

Muchos son los autores que hablan sobre una continuidad de los caminos desde las fases tempranas hasta las más tardías. Presentamos aquí planteamientos de algunos autores sobre la continuidad de caminos en la Costa Norte.
Rodríguez Suy Suy (1972: 10), menciona que la construcción de los caminos o comienzos de su construcción, debió ocurrir en las fases tempranas del Formativo temprano, alcanzando su estructuración más completa en el Horizonte Medio. Esto último, debido al mayor desarrollo político-administrativo, económico y social experimentados, luego se reutilizaron durante el Intermedio Tardío y Horizonte Tardío.

Para Ravines (1978: 68), el camino no es un fenómeno característico del Estado Inca, y su desarrollo es notable en la Costa Norte en la época Moche, y los Chimú trazaron importantes obras viales en el desierto, los caminos Inca han adquirido notoriedad no sólo por ser los mejores conservados, sino porque representan la síntesis de la tecnología vial andina.
En cambio Kosok (1978: 619), nos dice que es muy probable que los Chimú hayan construido sobre los caminos pre-Chimú existentes y que los Incas hayan mejorado los caminos Chimú.
En tanto, Beck (1979), encontró 150 trechos que son preincaicos, algunos de los cuales se remontan por lo menos hasta el período Chavín.
Por su parte Hyslop (1992: 130), dice que algunos caminos utilizados por el Tawantinsuyu son evidentemente más antiguos. La arteria principal de la Costa Norte del Perú es un claro ejemplo. Este camino parece haber tenido un uso ininterrumpido durante siglos antes de los Inkas, uso que se prolonga hasta bien entrada la época Colonial.

En esta gran gama vial, se puede apreciar los caminos ceremoniales que es materia del presente estudio. Beck (1979), al respecto dice que la interpretación de un camino como ceremonial reside en su localización o técnica de construcción, que sugieren que no fue usado para el comercio o para viajar entre centros poblados.

El camino Prehispánico en estudio pertenece al Período Chimú. Hasta donde ha sido posible documentar, su recorrido se extiende desde el mar, pasa por las ciudadelas Laberinto, Velarde por su lado Oeste; sigue en línea recta hasta la muralla Norte de Chan Chan donde voltea en ángulo recto al Este y luego de un corto recorrido de aproximadamente 300 m. dobla en ángulo recto hacia el Norte hasta alcanzar la prolongación del canal Vichansao que se forma de la unión del canal Intervalles La Cumbre y el Vichansao en las faldas del Cerro Cabras.

La dirección del camino hacia las fuentes de agua (mar y canal) y su asociación con la ciudad de Chan Chan sede política, administrativo, económica y religiosa ; nos indica que su construcción por su localización no fue ejecutado para cumplir actividades económicas o administrativas ; sino que estuvo dirigido a realizar actividades de carácter ceremonial.

Rodríguez Suy Suy (1971: 104), realizó un trabajo etnográfico sobre el camino en estudio, sobre el cual nos dice: «… sale casi paralelo al muro exterior de la ciudadela Laberinto llegando hasta muy cerca de la orilla del mar, los más ancianos de Moche y Huanchaco, lo reconocen hasta ahora como «Camino del Rey», los muros que lo limitan son de adobe (ahora destruidos por el salitre) sobre alto cimiento de piedra. El muro del lado Sur, muestra vestigios de haber sido mas alto que el del lado Norte, seguramente también para protección de los vientos».

Rodríguez Suy Suy nos sigue diciendo que los pescadores de Huanchaco lo llaman «Camino del Rey», agregando que: «… por ese camino salía el Rey a la orilla del mar». Averiguando entre los mismos pescadores la práctica de alguna costumbre relacionada con el mar, obtuvimos de los más ancianos la siguiente información: «Nuestros abuelos y nuestros padres, todavía han conservado la costumbre de echar brasas a las olas del mar al mismo tiempo que rezaban algunas oraciones (católicas), con el objeto de ahuyentar la espesa neblina y cualquier tempestad que pudiera poner en peligro la vida de sus parientes que se encontraban pescando o viajando en alta mar. Es una costumbre que hoy se está perdiendo».

Probablemente, esta versión representa una remota y débil supervivencia del gran ceremonial que al Rey Chimú le tocó cumplir en la orilla del mar para fines similares. Entonces, el Rey Chimú debió concurrir en procesional desfile conforme a su alta investidura, razón por la cual llega hasta nuestros días el recuerdo de que por ese camino iba el Rey al mar, los motivos marinos representados en la ciudadela Tschudi y otras como Rivero y Laberinto, bien podrían corresponder a ese ritual (1971: 104-105).

En tanto, para el período Formativo, Bischof (1988) documenta para las Haldas y Culebras, un sistema integral de instalaciones para actos rituales orientados hacia el mar.

También se observa en Morro de Eten, sitio Formativo estudiado por Walter Alva, Carlos Elera y José Carcelén, donde un camino conduce perpendicularmente al acantilado después de cruzar el único cerro de la región situado cerca del mar (citado por Bischof, 1988).

Rodríguez Suy Suy menciona varios caminos ceremoniales que llegan a las playas; el de Huaca La Cruz en Huanchaco que llega a la playa del actual caserío de Huanchaquito, rica -como hasta hoy- en abundante y variados peces de escama y mariscos, y los caminos de Alto de Moche, que unen a la planicie que hay entre las Huacas del Sol y de la Luna, con las playas de Salaverry y Uripe (1970: 22).

Asimismo, Rodríguez Suy Suy para el camino que se une al Vichansao, nos informa que está relacionado con la llegada de las aguas de avenida en verano y a los trabajos de cultivo intensivo que se practicaba en las hoy desérticas tierras de Pampa La Esperanza «Entonces el «Rey Chimú» debió concurrir también en procesional desfile por este camino hasta el punto en que se unen los canales para recibir las aguas». Una supervivencia de aquella ceremonia, podría estar representada por la procesión del «Señor de la Sangre» (San Isidro Labrador, Señor Crucificado y Virgen María) que ahora sólo en casos de sequía se celebra en Moche. En tales circunstancias los agricultores de Moche sacan esta procesión siguiendo el camino que va a los templos del Sol y de la Luna. Llegada la procesión a un punto predeterminado sobre la «acequia del pueblo» fuera de la zona urbana, el sacerdote, vestido con sus ornamentos sagrados, invoca a Dios por la venida del agua y luego tomando la pala de San Isidro, da unas lampadas en la acequia, después de la cual regresan a la Iglesia. Según la creencia de los agricultores, después de esta ceremonia el agua no se hace esperar más tiempo. La posible ceremonia de este segundo camino, pudo estar relacionada también con los trabajos de limpieza y conservación de los canales. Una supervivencia de estos trabajos puede ser la habida en Moche y Virú hasta 1920 más o menos, en un ambiente de gran colorido tradicional. En Virú por ejemplo, los trabajos de limpia constituían una verdadera fiesta: trabajaban, comían, bebían y bailaban. El «Jefe de limpia «ricamente ataviado (collares, pulseras y brazaletes de oro), seguido de su «corte» inspeccionaba los trabajos, después de concluidos, continuaban en gran fiesta comunal …» (1971: 105-106).

Otro ejemplo de estas ceremonias que podemos citar es el que se realiza en el valle de Ica, en donde desde tiempos ancestrales se realiza en el canal La Achirana para su mantenimiento y limpieza anual. Además de los trabajos permanentes de reparación y mantenimiento que se hacían durante todo el año en el mes de octubre, se realizaba anualmente la limpieza del cauce y estos trabajos eran previos a la llegada del «agua de avenida».
«… El agua venía los primeros días de noviembre y diciembre y allí comenzaban a repicar todas las campanas con gusto. Se hacía la fiesta el día que se terminaba la limpieza. Había muchos paisanitos que habían venido de Tate, tenían su guitarra, tocaban … era una alegría máxima, por cuanto habían terminado el cauce» (Mauricio Pacco, N. 1899, Parcona en María Teresa Ore, 1986: 81).

Teresa Valiente (1986: 89), nos informa que para la fiesta del agua que se realiza en Puquio (Ayacucho) diversos autores están de acuerdo en que se trata de un ritual de fertilidad en relación directa con el ciclo agrícola en Puquio, este vínculo se expresa en la limpieza comunal de los canales de irrigación y en el cultivo inmediato de la michka.

Ana M. Soldi (1980: 21), se refiere al agua diciendo: «No es de extrañar entonces que, además de las medidas de carácter técnico y administrativo tomadas para asegurar el abastecimiento de sus campos, los antiguos habitantes de la costa y de la sierra hayan acudido a expedientes mágicos religiosos para intentar de resolver sus problemas».

Rodríguez Suy Suy en relación al camino de estudio le atribuye una función ceremonial basado en la pesca y agricultura respectivamente, debido a la dirección que ambos siguen y al testimonio actual de los pobladores de Huanchaco y agricultores de Moche (1971: 104).

Los datos etnográficos referidos al culto del agua registrados en los valles de Moche, Ica y otros lugares antes mencionados nos proporcionan valiosa información, sobre las ceremonias que se realizan y que serían una continuidad de aquellas ejecutadas por sus antepasados.

Ahora haremos una comparación con la red vial que parte en Batán Grande (río La Leche), donde comenzó la expedición de Hyslop y Urrutia (1980) hasta la ciudad de Trujillo (Plano 4). En este caso sólo trataremos el tramo correspondiente al valle de Chicama y Moche.

Se siguió la ruta antigua entre Chicama y Moche, en donde se encuentra el camino que pasa por las huacas Chiquitoy Viejo y Colorado a 4 km. al Sur-Este de la Hacienda Cartavio en Chicama. El camino se pierde en el desierto entre Chicama y Moche, pero reaparece entrando en Moche unos 6 km. al Norte de Huanchaco. Su ancho es de aproximadamente 29 m. Tiene una orientación de 325º y se conecta en línea recta con el sector de camino observado cerca a las Huacas Chiquitoy Viejo y Colorado (orientación 325º).

En el trayecto del camino (Moche-Chicama), se pasa por varios centros poblados y puede ser transitado por el común de las personas, en comparación al camino en estudio que no pasa por centros poblados y está relacionado específicamente al mar y al canal; y no es transitado libremente por el común de las personas.

Otro punto es la técnica y materiales de construcción. Hyslop y Urrutia (1980) nos informan que en general el camino fue mejor construido cerca de las entradas de los valles. Las paredes que lo bordean son de barro o de piedra y a veces de los dos. Se diferencia del camino ceremonial de estudio por la técnica y materiales empleados en su construcción. La técnica de construcción del camino ceremonial, a partir de la mitad con dirección al canal consistió en grandes piedras en su base, rellenado de pequeñas piedras y adobes en su parte superior pero a partir de la mitad con dirección a la muralla de Chan Chan, los muros se elaboraron con cimientos de piedra y adobes dispuestos en hileras de soga y cabeza. Asimismo el piso se ha encontrado relativamente limpio y en la parte central del camino el piso no se encuentra, producto del post abandono de éste.

Otro punto sería la utilización de adobes en el camino. En Chan Chan se encuentran tres tipos principales de restos arquitectónicos: la arquitectura monumental, la arquitectura intermedia y los SIAR (cuartos pequeños irregulares y aglutinados). La arquitectura monumental y la intermedia presentan como material principal de construcción los adobes, en cambio los SIAR son cuartos de arquitectura rústica. En general, sus muros están hechos con cantos rodados, y rara vez pasan los 50 cm. de alto. Estos muros sirvieron como bases a estructuras de estera y palos. Ocasionalmente los pisos y paredes tuvieron un enlucido de barro, aunque lo característico es que fueran de tierra compactada, humedecida (Topic, 1977; en Topic, 1980).

Este es otro motivo para postular el carácter ceremonial del camino, ya que en los tres tipos de arquitectura de Chan Chan, los SIAR no presentan adobes a diferencia del camino que sí lo presenta. Esta característica nos estaría indicando el uso restringido para un grupo reducido conformado por la élite.

El único método que nos ha permitido fechar el camino fue por medio de los adobes; dando como resultado en la tipología de Kolata ser la mayoría del tipo plano, con algunas excepciones de extremos cuadrados. Kolata (1980: 132) nos dice: «son planos, cuando proporcionalmente son más anchos que altos».

Entonces postulamos que el camino fue construido en la primera fase constructiva de Chan Chan; y por la presencia de adobes de extremos cuadrados, nos estaría indicando que en la segunda fase de construcción de Chan Chan, el camino tuvo un permanente mantenimiento e importancia.

Beck (1979), explica que se han encontrado 150 adobes a lo largo del camino y recuperados en una excavación de T. Pozorski para el Programa Riego Antiguo y determinaron que casi todos los adobes medidos fueron planos con algunos pocos de extremos cuadrados; por lo tanto, los muros son tempranos en la secuencia de adobes de Kolata.

En la trinchera 6, en la parte exterior del Muro Oeste se encontró un entierro disturbado, en el cual se pudo recuperar algunos restos óseos los cuales fueron analizados dándonos como resultado la determinación del sexo el cual fue un individuo masculino, y la determinación de la edad que corresponde a un individuo juvenil con una edad probable de 16-17 años; estos restos se encuentran asociados con una ofrenda de cerámica que corresponde al Período Chimú Medio (Segundo Vásquez comunicación personal, 1998); ésto nos estaría indicando que el camino ceremonial tuvo vigencia en el período Chimú Medio, y posiblemente siguió siendo utilizado en el período Chimú Tardío hasta la llegada de las huestes Incaicas en el año de 1460-1470.

La información reciente del Proyecto Riego Antiguo, es que el canal La Cumbre y la extensión del sistema del canal a Pampa Huanchaco es anterior a la inundación y por lo tanto anterior al camino. El camino puede no haber sido construido para conmemorar la apertura del canal pero puede haber sido construido para conmemorar la reconstrucción del sistema hidráulico después de la inundación (Beck, 1979). Esto nos plantea que el canal es mucho más temprano que el camino; al respecto Deza et. al. (1997: 21) en su primera conclusión dice: «Pampa Esperanza parte alta y el canal Vichansao fueron utilizados para la producción agrícola desde la ocupación Moche, fase IV».

Este dato de que el canal Vichansao fue utilizado en la fase IV de Moche, nos daría la certeza para afirmar que el Canal que tenemos en la parte inferior debajo del piso de la trinchera 1, corresponde al período Moche, en sus últimas fases. Además se encontró sobre el nivel del Canal un fragmento de cocción oxidante, de pasta fina que posiblemente correspondería al período Moche. En esta trinchera se registró el mayor porcentaje los restos arqueozoológicos (invertebrado), los cuales están relacionados con la presencia del canal. El análisis de la totalidad de los restos arqueozoológicos son irrelevantes para el cumplimiento de nuestros objetivos

En síntesis, por la técnica constructiva (pisos relativamente limpios, adobe y enlucido) que se observa en el camino prehispánico, hacen notable la diferencia con otros caminos que presentan elementos de construcción formal sin enlucido, y otros que consisten de simples hileras de piedra y en algunos casos unidas con barro.
Por otra parte, la presencia de los pisos relativamente limpios nos induce a pensar que este camino tuvo un constante mantenimiento.
Así mismo, el hallazgo en la Trinchera 1 de coprolitos de camélido asociados al piso, nos permite deducir que estos transportaban algún tipo de ofrendas o posiblemente como parte de ellas en la realización de las ceremonias.

También es necesario mencionar que la mayor presencia de adobes desde la parte media del camino hasta la muralla Norte de Chan Chan esta relacionado con las construcciones arquitectónicas de la élite, lo que nos sugiere el uso especializado que tuvo el camino.
Otro punto sería la presencia del entierro con cerámica fina del estilo Chimú asociado al camino, lo que explicaría la importancia que cumplió.

Finalmente la unión del camino que conecta las dos fuentes de agua (mar y canal), que según los datos etnográficos estarían relacionados con ceremonias que todavía superviven. Estas ceremonias estuvieron relacionadas con el aspecto ideológico (ceremonia al mar y al canal) de la población que habitaban en la ciudad de Chan Chan.

Por todas las evidencias antes expuestas este camino cumplió una función ceremonial y por la presencia de adobes planos su construcción se remonta a la primera fase constructiva de Chan Chan; y la presencia de adobes de extremos cuadrados nos estaría indicando que el camino mantuvo su importancia durante la segunda fase constructiva de Chan Chan.


Por: Luis Valle Alvarez

Los daños ocasionados por el último terremoto no solamente afectaron el patrimonio arquitectónico monumental de las ciudades de la región Ica sino que también alcanzaron muros y rampas de sus principales asentamientos arqueológicos. Presentamos un informe sobre la situación de estas enormes ciudadelas prehispánicas de barro y piedra. Si bien no se ha registrado un colapso en ellas, urge la inmediata atención de todas aquellas instituciones interesadas en desarrollar un eje turístico en el sur del país.

Con la finalidad de evaluar, de manera preliminar, los efectos del reciente terremoto, la Dirección de Patrimonio Histórico del INC Ica llevó a cabo entre los días 21 al 26 de agosto pasado la inspección de un grupo de monumentos arqueológicos en las cinco provincias del departamento de Ica. Los sitios inspeccionados fueron las huacas la Centinela, la Cumbe, Tambo de Mora, Alvarado, la Centinela de San Pedro en Chincha, y el Complejo Soto. También los sitios de Tambo Colorado, Cerro Colorado y Cabezas Largas, en Pisco, así como Cerrillos, en Ica.

En la huaca la Centinela, un conjunto monumental de pirámides de barro, centro del poder político, militar y religioso del señorío de Chincha, además de sede administrativa del dominio inca en este valle, se observaron 21 puntos donde se ha producido caída parcial de los muros de adobones y de adobes que forman las estructuras. Las áreas más afectadas han sido la Pirámide Mayor o Templo de Chinchaycámac, donde hay colapso masivo de muros y fisuras en la plataforma superior, además de que los muros de contención han cedido. En el sector inca se observa también este último tipo de daño además de la caída de algunos adobes de los muros de los recintos.

En el centro administrativo incaico de Tambo Colorado, ubicado en el distrito de Humay, provincia de Pisco, se observan pequeños agrietamientos y colapsos parciales de paredes de recintos, particularmente en el denominado Palacio del Inca, o sector norte del complejo arqueológico. En el extremo sur, que colinda con la vía Los Libertadores-Wari, y que, varios años atrás, fuera destruido parcialmente por una avenida excepcional del río Pisco, se ha producido la caída parcial de muros de adobe, pero el daño mayor se percibe en las grandes fisuras aparecidas en la superficie de la plataforma sobre la cual se asienta todo el sector, con inminente peligro de colapso.

En los otros sitios los daños son similares, aunque en menor proporción, siendo la huaca Alvarado y Cabezas Largas los menos afectados. En Cerro Colorado, ubicado en la Península de Paracas, se han producido hundimientos circulares de 10 a 30 cm. de profundidad que creemos indican las aperturas de las conocidas tumbas “cavernas” excavadas por Julio C. Tello en los años veinte.

De otro lado, en la provincia de Palpa se han inspeccionado la extensa ciudadela de piedra de Huayurí, los geoglifos de la Cresta de Sacramento, los petroglifos de Chichitara y otros sitios arqueológicos, sin detectarse daño alguno. En la provincia de Nasca no se reportan afectaciones a ningún tipo de monumento arqueológico, incluyendo la Pampa de Nasca y los varios sistemas de acueductos prehispánicos.

Por lo observado en los monumentos evaluados, sobre todo en Chincha y Pisco, se puede afirmar que no ha habido, en siglos, un sismo de la magnitud de la del pasado 15 de agosto en la región de Ica, sólo comparable con el que en 1673 destruyó también, tal como ahora, la ciudad de Pisco.

El Caballito de Totora: Caballero de los mares

El caballito de totora, la milenaria embarcación que ha sido instrumento para la pesca y sobrevivencia del hombre costeño así como un gran aliado en su relación con el mar, es ahora Patrimonio Cultural de la Nación.

El Caballero la sabiduría con la que los antiguos pescadores peruanos dominaron el mar.

Con el paso del tiempo han presenciado también cómo estos mismos hombres transmitieron su sapiencia y técnica a generaciones que han mantenido las mismas costumbres hasta el presente.

En la antigüedad, de cara a la aridez del desierto, el mar desbordaba sus riquezas y planteaba una serie de retos a los pobladores, entre ellos la constitución de una ruta de navegación y otra de pesca.

El antiguo hombre costeño o yunga sorteó esos obstáculos y se volvió ducho en el arte de interactuar con el mar.

En esa empresa jugó un papel capital el caballito de totora.

Desde siempre la nave fue construida con la totora que los pescadores cultivaban en lagunillas costeñas o humedales cercanos al mar.

Se verifica, a la luz de las investigaciones arqueológicas, que dichas chalupas –compuestas por dos pares de envolturas de tallos de la planta que, amarradas con una fibra por ambos lados, forman una proa delgada y levantada en punta–, fueron representadas en objetos de barro y cerámica correspondientes a las culturas Mochica, Chimú y Chancay.

Así, se concluye que la navegación practicada sobre estas barcazas se desarrolló por toda la costa, desde el norte (Huanchaco, Trujillo) hasta el sur (Pisco, en Ica).

Según María Rostworowski, la difusión de este medio de transporte fue mayor, ya que «los pescadores y gente que vivían del mar tenían libertad de movimiento y el hábito de navegar con gran facilidad a lo largo de la costa».

Esto, sin duda, por la necesidad de intercambiar productos como el pescado seco y el mullu o spondylus.

Ya en la Colonia, sus funciones se fueron ampliando considerablemente.

Según Rostworowski, un dato registrado por la etnohistoria manifiesta que por la pericia de los navegantes y su facilidad sobre los caballitos de totora, éstos «recibieron la tarea de vigilar las costas de posibles ataques de corsarios y tenían un puesto de vigilancia en el islote frente al templo de Pachacámac y en caso de alerta navegaban hasta el Callao a dar aviso».

Actualmente la tradición perdura y los pescadores y usuarios de la embarcación surcan los mares con la destreza que otorga miles de años acumulados en el arte de cabalgar sobre las olas.

Conquistaron las corrientes y aún hoy, cuando son tumbados por la fiereza del mar, lo remontan «al galope» pues continúan siendo excelentes nadadores.

Igualmente, la pesca se realiza a través de dos técnicas ancestrales: el azuelo y la red.

Y aun cuando la tradición se mantiene intacta sólo en las playas del norte –en muchas de Lambayeque y en Huanchaco, La Libertad, donde todavía existen diferencias entre los estilos de construcción– un nuevo impulso le ha otorgado plena vigencia.

El 27 de agosto del 2003, mediante Resolución Directoral Nacional N° 648/INC del Instituto Nacional de Cultura fechada el 27 de agosto del 2003, se declaró al Caballito de Totora Patrimonio Cultural de la Nación y expresión de la Cultura Viva que identifica a la población del litoral norte del Perú.

Así pues, se ha reconocido con justicia una manifestación señera de aquella vasta sabiduría que refuerza el sentimiento de identidad regional y nacional.