Tatuajes prehispánicos de Huacho, valle de Huaura, Lima

Figura 8: Pierna de una figura antropomorfa o “cuchimilco” de cerámica Chancay, cuyo diseño tiene similitud con la práctica del tatuaje realizado en la sociedad Chancay de Huacho (ver figura 7). El diseño es un cartucho que tuvo significado legible en tiempos antiguos.

Si los símbolos tatuados relataban la pertenencia a un grupo social, a un ayllu o a un curacazgo, o si registraban los eventos durante la vida de cada poblador o la posición social o quizá la especialidad laboral, son asuntos que requieren estudios minuciosos. Así como es necesario aclarar la técnica empleada y establecer las comparaciones con otras comunidades prehispánicas que tuvieron la costumbre de usar su propia piel para graficar temas que sólo ellos sabían interpretar. En efecto, aparte de los huachanos prehistóricos, existieron en el mundo andino, otros grupos sociales, a lo largo de la costa peruana, que emplearon la técnica del tatuaje. Pero no hay duda que, además de la excelente producción textil, alfarera, arquitectónica o metalúrgica, los huachanos de la cultura Chancay estuvieron también fascinados en perennizar sus ideas en la piel de sus propios cuerpos y que hoy se convierten en un mensaje milenario a la espera de su estudio e interpretación.

Tales estudios deberían realizarse en el plazo más corto posible, por cuanto la mayoría de los cementerios arqueológicos de Huacho, pero también de otros lugares del país, vienen siendo destruidos en forma acelerada por la actividad de los coleccionistas que alientan las acciones de saqueo. La ley sobre la defensa del patrimonio cultural en el Perú, prácticamente, no cautela su protección, dado el sistema que impera en el país en el cual vivimos. Nuestro país, podría tener excelentes exhibiciones de momias tatuadas completas, como muestras únicas de esa costumbre ancestral. Sería un atractivo mundial inigualable, tanto por el estilo, como por la técnica empleada en el tatuaje. Además, su recuperación metódica, con los procedimientos exigidos por la arqueología, permitiría aproximarnos a la lectura de la iconografía tatuada, de modo que podría encontrarse las regularidades, las diferencias y los niveles de distribución en las diversas partes del cuerpo humano. De esa forma, se podría obtener explicaciones coherentes sobre el significado cultural del tatuaje en las sociedades prehispánicas de Huacho y el Valle de Huaura.

Discusiones

La práctica cultural del tatuaje no fue única para la zona de Huacho y la sociedad Chancay, pues de igual modo se ha informado de su existencia para otras áreas del territorio andino. Los iniciales hallazgos de enterramientos humanos en la zona de Ancón revelaron la presencia de dicha costumbre que originó algunos debates al respecto, pero dichas muestras sirvieron para que otros autores consideraran su vigencia en tiempos antiguos (Reiss y Stubel 1880).

Gosta Montell, a base de los tatuajes encontrados en Ancón, discutió las opiniones en debate durante las primeras décadas del siglo XX y refiere que unas afirmaban que se trataban de tatuajes en oposición a otras que los negaban. También muestra algunos motivos tatuados en restos humanos como prueba de la existencia del tatuaje en el Perú antiguo (Montell 1929).

De otro lado, tenemos lo resultados ofrecidos por Marvin Allison y otros, quienes examinaron momias de la costa peruana y el Norte de Chile, encontrando que dos culturas, la Ica y Chimú-Casma, habían usado la técnica del tatuaje pero que no las aplicaron en todo el cuerpo sino sólo en algunas partes de éste (Allison et al. 1981). Esta opinión contrasta con los hallazgos de Huacho, lugar donde sí aparecen restos humanos con tatuajes en todo el cuerpo, además de existir en varios casos la aplicación de los diseños sólo en algunas partes. De otro lado, los dibujos presentados por Allison guardan bastante similitud con los del presente estudio.

El arqueólogo Holaf Holm, ha informado también sobre la existencia de la práctica del tatuaje en grupos humanos de la costa ecuatoriana en tiempos prehispánicos (Holm 1953), los cuales habrían utilizado posiblemente técnicas similares a los usados por los antiguos huachanos. Este caso del Ecuador, constituye un ejemplo sobre la extensión de esta práctica cultural en otras áreas fuera del Perú.

Por nuestra parte, publicamos unas breves notas sobre los hallazgos de tatuajes en Huacho, como una primera información de su existencia en dicha localidad. Dimos en ellas algunas ideas que hoy las ampliamos con la intención de ir aproximándonos a su mejor conocimiento (Ruiz 1990 y 1998).

Figura 9: Objeto escultórico antropomorfo de un personaje cuya piel muestra tatuajes muy similares a los que aparecen en algunas las momias. Procede de la zona de Luriama, campiña de Huacho.

La antropóloga Judith Vivar Anaya, del Instituto Riva Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha dado a conocer recientemente sobre los tatuajes de una momia procedente del valle de Huaura, en el sitio de Centinela, una zona al Norte del distrito de Huacho, según el mapa que ella publica, próxima a los lugares de donde se recuperaron los restos del presente estudio. Se trata de un individuo de sexo masculino que exhibe tatuajes de color negro azulado en la cara, el antebrazo y la mano. Los diseños son esencialmente geométricos pues una línea enmarca la boca, otros diseños bordean la cara, el dorso presenta una franja con volutas toda enmarcada por dos líneas, así como tiene el dedo cordial y el anular también con diseños de pequeños rombos. La cara anterior del antebrazo tiene un cartucho que incluye igualmente pequeños rombos. Ella atribuye dichos restos al Horizonte Medio (Vivar 2008), asunto que es de interés por cuanto ello nos ilustra que la práctica de alterarse la piel tuvo antecedentes para el caso del valle de Huaura, en tiempos previos al periodo Intermedio Tardío. De otro lado, los tatuajes de La Centinela tienen parecido con los de Huacho y se hallan en la misma línea estilística tradicional de la zona. Además, los tatuajes se han realizado en los mismos sectores del cuerpo humano en ambos casos.

La práctica del tatuaje es una costumbre que se dio a nivel mundial y diversas comunidades prehistóricas la utilizaron como parte de su tradición cultural, pero cada una de ellas debió darle su propio significado. En tiempos modernos dicha practica se mantiene, siguiendo incluso las mismas técnicas, esto es la incisión con agujas finas para señalar la piel humana, utilizando tintes diferentes a los que fueron usados antiguamente. Las personas tatuadas de la cultura Chancay a nivel de las sociedades prehispánicas mantuvieron similares técnicas y colores, pero diferían, obviamente, en los motivos, pues cada sociedad imprimió los signos de su propia cultura.

Para el caso de Huacho y el valle de Huaura la costumbre del tatuaje persistió hasta tiempos coloniales y sólo se extinguió cuando el clero y el gobierno hispano impidieron su práctica por considerarlos atentatorios a la religión cristiana. Algunos datos de esos tiempos ayudan a comprender las prohibiciones a los que estuvo sometida la masa nativa en este aspecto. Por eso citamos una ordenanza del Dr. Cuenca que nos trae la historiadora María Rotworowski, quien transcribió: “Yten si algun yndio o yndia christiana o infiel entendiese en ydolatrias y en hechizerias y pusiere a sus hijos o hijas deuisas y señales por donde representen las tales idolatrias pasadas, y ritos antiguos del tiempo de su infidelidad contra la n(uest)ra religión christiana avisen dello al padre de la doctrina o al corregidor del repartimiento si lo (h)oviere o los alcaldes de la Villa de Santiago de Miraflores para que se remedie y castigue con apercibimiento que ellos seran castigados por las penas de las tales ydolatrias y ritos…” (Rostworowski 2006: 163). Como se puede comprender entre aquellas divisas y señales debió estar la práctica del tatuaje, la cual tenía que prohibirse debido a que las señales en el cuerpo de los indígenas representaban símbolos de su ideología. Otra cita tomada de las ordenanzas del mismo Dr Cuenca, que consignamos en esta parte resulta elocuente por mostrar la forma como se reprimía la decoración corporal de la población nativa: “Yten si algun indio o yndia se pintare o enbarre el rostro con alguna color o se pintare el cuerpo o los brazos por la primera vez le den cincuenta azotes por el tianguis por la segunda la pena doblada” (En Rostworowski de Diez Canseco 2006: 164). Este dato, pese a que no precisa tratarse del tatuaje tiene relación con esta práctica y si no menciona la palabra tatuaje, es porque en esos tiempos dicho término no estaba aún en uso. Por lo general, la palabra que empleaban era señalarse, herrarse o por extensión embijarse, o embarrarse.

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