Sitio Arqueológico de Chavín – Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

El Sitio Arqueológico de Chavín (Perú) (C 330) fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Convención de la UNESCO de 1972, como bien cultural bajo el criterio (iii), en la 9ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en París, Francia, el 6 de diciembre de 1985.

Significado Cultural

El Sitio Arqueológico de Chavín se ubica a 3180 metros sobre el nivel del mar en los Andes del norte del Perú, dentro de un estrecho valle rodeado por altas montañas, en la provincia de Huari, Región Ancash. Chavín fue un sitio ceremonial y de peregrinaje que, entre los años 1200 y 550 a.C., se convirtió en un gran centro de convergencia y diseminación ideológica, cultural y religiosa organizada alrededor de un culto animista que alcanzó gran difusión dentro de un territorio que hoy día comprende una extensa parte de la sierra, la selva alta y la costa norte y sur del Perú. Su antigua prestancia religiosa se expresa en el refinado estilo arquitectónico de sus templos y en el desarrollo local de un arte monumental de talla lítica y estelas que no tienen parangón entre ninguna de las manifestaciones culturales sudamericanas de su época.

Chavín es uno de los sitios prehispánicos tempranos más representativos del Perú y constituye la más importante expresión de las artes y técnicas decorativas y de construcción de su tiempo. Su configuración fue lograda por sucesivas construcciones a lo largo de mil años, alcanzando hacia los 900 a.C. su fisonomía monumental. Se conforma de un conjunto de edificios megalíticos, terrazas y plazas, destacando la plaza cuadrada y la plaza circular que precede a la notable Galería del Lanzón.

La arquitectura exterior de estos edificios denota una esmerada construcción. El cuerpo central del edificio más prominente, por ejemplo, estuvo revestido por grandes bloques rectangulares de granito blanco, dispuestos en hiladas superpuestas que alternan grosores distintos. El núcleo central de los edificios que conforman Chavín, estuvo dotado de un complejo sistema interno de galerías – aparentemente usadas en ceremonias de iniciación – complementados con una red de ductos de ventilación y canales de drenajes sin precedentes en América del Sur, siendo el Canal Rocas el de mayor envergadura, y el que en su largo recorrido cruza la plaza circular y la plaza cuadrada.

Para servir a los intereses del culto y ensalzar, al mismo tiempo, la magnificencia y belleza de los templos que le dieron acogida, se dispusieron numerosas tallas líticas que, invariablemente, representan a los seres sobrenaturales del culto Chavín. Se reconocen tres tipos básicos de tallas: esculturas en bulto, estelas y obeliscos. Las primeras están representadas, sobre todo, por efigies tridimensionales de cabezas humanas que alguna vez se exhibieron en los muros exteriores de los templos (cabezas clavas). Las estelas son losas tabulares esmeradamente cortadas y pulidas, con imágenes talladas en relieve hundido en una de sus superficies mayores. Su mejor exponente es la Estela Raimondi, de 1.98 metros de altura, que representa a un dios con báculos que antecede a la famosa imagen de la cultura Tiahuanaco. Finalmente, los obeliscos son monolitos grabados en derredor con la imagen de una antigua divinidad.

Su máximo representante, El Lanzón, todavía ocupa su posición original, en el centro de la galería cruciforme del Templo del Lanzón.

Los distintos atributos que distinguen al Sitio Arqueológico de Chavín – que incluyen el complejo diseño de sus templos, su prestancia arquitectónica y ornamental, belleza y prolijidad de su arte lítico y la amplia difusión que alcanzó el culto que auspiciaba – son testimonio del sorprendente desarrollo alcanzado por esta civilización prehispánica. Estos atributos demuestran, igualmente, lo elaboradas que llegaron a ser las estrategias de dominación ideológica esbozadas por líderes religiosos de sociedades andinas en épocas tan remotas como el primer milenio antes de Cristo. Chavín es, en consecuencia, un monumento único de significado universal.

Criterio (iii): El Sitio Arqueológico de Chavín, epónimo de una de las civilizaciones más antiguas de América del Sur, es un ejemplo excepcional de las creaciones arquitectónicas, tecnológicas y simbólicas de las sociedades precolombinas tempranas de los Andes peruanos. Su aspecto es imponente, con un conjunto de terrazas y plazas, sistemas complejos de galerías internas y decorados con diseños iconográficos antropomorfos y zoomorfos de extraordinaria belleza. Fue un importante centro de convergencia y diseminación ideológica, cultural y religiosa en torno a un culto extendido en un amplio territorio de los Andes.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

Los límites del área protegida del Sitio Arqueológico de Chavín abarcan 14.79 hectáreas y engloban todos los elementos, características y valores simbólicos clave originales del complejo arquitectónico y de su evolución histórica, que transmiten su Valor Universal Excepcional. A pesar de que el sitio ha sido históricamente afectado por fenómenos naturales y alteraciones inducidas por la mano del hombre, la integridad del complejo formado por los edificios, plataformas y plazas, la planimetría, su diseño arquitectónico, las formas y materiales originales empleados en distintas etapas de su construcción, todavía se mantiene y es fácilmente distinguible. Las estructuras, galerías y otros espacios arquitectónicos preservan sus elementos y características primigenias incluyendo, en muchos casos, la iconografía y su arte lítico decorativo, revelando su uso y función original.

A pesar de que han transcurrido más de 2000 años desde su abandono, el Sitio Arqueológico de Chavín y su paisaje circundante no han padecido cambios substanciales. Las áreas vecinas, por ejemplo, evidencian la continuidad de prácticas agrícolas tradicionales. El factor más relevante que afecta la preservación e integridad del sitio es el medio ambiente, que ha deteriorado sus estructuras más representativas. Los daños más significativos han sido causados por terremotos (como el de 1970, que afectó toda la región circundante), y por grandes deslizamientos de tierras propiciados por el rebalse de lagunas glaciares (como el de 1945 que sepultó varias estructuras y barrió con muchas tallas líticas que las decoraban).

Las condiciones de autenticidad del Sitio Arqueológico de Chavín, expresada en su planificación territorial y su concepción arquitectónica, las formas y materiales constructivos y el diseño iconográfico, se han mantenido. Los elementos existentes en el sitio son testigos del excepcional diseño, desarrollo y síntesis estética del arte lítico de las lápidas, vigas, columnas, esculturas y otros que permanecen in situ, y muestran sus connotaciones ideológicas religiosas, el simbolismo y el significado ritual del complejo, así como el uso ceremonial y función de espacios y áreas arquitectónicas en particular. También representan la sociedad de Chavín y el proceso de evolución histórica que revela diferentes etapas de construcción y contextos culturales, debido a las funciones sociales continuas del sitio que finalmente dieron forma a sus edificios. Los hallazgos materiales producidos por excavaciones arqueológicas revelan la función del centro ceremonial como lugar de peregrinación frecuentado por antiguas poblaciones del norte y centro del Perú, en relación con el culto claramente visible en su iconografía arquitectónica y en la parafernalia religiosa que se encuentra en el sitio. Las investigaciones arqueológicas y las intervenciones de conservación desarrolladas en Chavín han sido ejecutadas por profesionales, manteniendo igualmente inalterados los espacios, estructuras y componentes del conjunto ceremonial.

Gestión

El marco legal de protección del Sitio Arqueológico de Chavín se remonta mucho tiempo atrás. La Ley N° 6634 de junio de 1929, que proclama inalienable e imprescriptible el derecho de la Nación sobre todos los monumentos históricos que preceden al tiempo del virreinato en el país, declaró a Chavín como Monumento Nacional; y la Ley N° 13457 de enero de 1941, como Parque Arqueológico Nacional y Centro de la Zona Arqueológica y Turística de la Provincia de Huari, departamento de Ancash. El 10 de noviembre de 1960, la Ley N° 13457 estableció claramente los linderos del área arqueológica, calculada entonces en 13.41 hectáreas; también decretó la creación de la Junta Provincial de Conservación y Supervigilancia de la Zona Arqueológica Chavín, encargada de cercar el sitio, promover el turismo y supervisar las investigaciones que se den en su interior. En agosto de 2007, la Resolución Directoral Nacional N° 1056/INC, declaró Patrimonio Cultural de la Nación al sitio y estableció una nueva área de protección de 14.79 hectáreas.

Actualmente, el bien se encuentra protegido por diversas normas, siendo las más importantes, la Constitución Política del Perú (artículo 21°) y la Ley N° 28296, Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, de julio de 2004.

Después de la inundación que enterró parcialmente a Chavín en 1945, se llevaron a cabo trabajos de protección, limpieza, preservación preventiva, investigación y preparación con la participación de varias instituciones y del Ministerio de Cultura.

Desde 1919 en adelante, muchos proyectos de investigación, principalmente patrocinados por universidades locales o extranjeras, han excavado las estructuras de Chavín y las han registrado de manera intensiva. Estos proyectos han proporcionado mucha información sobre el sitio arqueológico, por lo que es uno de los mejor documentados y comprendidos en el Perú. La terrible inundación de 1945 detuvo temporalmente el trabajo de investigación, obligando a las actividades posteriores a centrarse en la exhumación, la limpieza, la conservación preventiva y la estabilización de estructuras. Sin embargo, los trabajos de conservación continúan y el sitio no ha vuelto a enfrentar un percance mínimamente similar al de 1945.

De acuerdo a la normativa nacional, la protección y la gestión del Sitio Arqueológico de Chavín son responsabilidad del Ministerio de Cultura en nombre del Gobierno peruano. El Ministerio de Cultura ha desarrollado un plan de gestión donde se han programado los elementos necesarios para satisfacer las necesidades básicas y desarrollar los proyectos permanentes necesarios para proteger, preservar y restaurar el sitio en el marco de los esquemas de operación institucional. Además, las actividades de investigación y conservación son apoyadas por instituciones privadas.

Chavín continúa atrayendo muchos turistas hoy en día y últimamente su estrategia de exposición ha mejorado notablemente con la construcción del Museo Nacional de Chavín en el vecino pueblo de Chavín de Huántar. Este museo, construido con un importante aporte de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa (JICA) e inaugurado en el 2008, exhibe las piezas más representativas del arte lítico, finos objetos de cerámica y artefactos de otros materiales recuperados en el sitio. Resguarda otros bienes muebles de gran valor y belleza y asimismo, provee amplios espacios de almacenamiento para los objetos que serán recuperados y analizados en futuras investigaciones.

 

Ubicación en el Mapa

 

Huascaran Park marks 40 years promoting conservation, sustainable development

In a festive atmosphere along with Ancash region communities, the Huascaran National Park will celebrate tomorrow, July 1, its 40th anniversary preserving one of the areas with greatest biological and cultural diversity in Peru.

The state-run National Service of Natural Protected Areas (Sernanp) described Huascaran as a Central Andean Wet Puna (eco-region) including beautiful gorges, lagoons and snow-capped mountains that provide local populations with a valuable ecosystemic service.
On the occasion of this celebration, Sernanp has been carrying out various activities in Huaraz city, which started with a workshop aimed at environmental education teachers on the GLOBE project, an initiative that addresses topics related to the environment and atmospheric phenomena in this protected area since 1999.
The activities kicked off with an anniversary-themed parade on Sunday, June 28 at the city’s main square.
In addition, children will have the chance to get to know, play and take a picture with “taruca” and “spectacled bear” representations, Huascaran Park pets.
On July 2, the Professional Association of Engineers of Huaraz will hold the second environmental interpretation contest, which this time will be focused on the Pastoruri glacier and the climate change route.
A photographic exhibition called “Huascaran Biosphere Reserve, Living and Development Space” will take place on July 6 at the Huaraz Cultural Center.
A meeting with conservation leaders will be held on the 7th at the Huascaran National Park auditorium.
Anniversary-related activities will run through July 10, when a book on the 40th anniversary of the Huascaran National Park will be launched at the aforementioned Cultural Center.
Cambio climático: Los glaciares fatales del Perú

Callejón de Huaylas, en Perú, donde existen cerca de 400 lagunas de origen glaciar. / ERNESTO BENAVIDES

No fueron uno ni dos aluviones los que asolaron el departamento de Ancash, en el norte de Perú, en el siglo XX. Fueron por lo menos cinco, importantes, que provocaron cientos de muertos. En algún caso fueron miles, como ocurrió en la ciudad de Yungay la tarde del 31 de mayo de 1970, hace 45 años, cuando millones de metros cúbicos de hielo provenientes del Huascarán, el monte más alto del Perú (6.768 metros) se desprendieron a raíz de un terremoto de 7,7 grados de magnitud.

El saldo fatal fue de cerca de 15.000 víctimas mortales que se sumaron a otras 50.000 más causadas por el mismo sismo, que devastó numerosos pueblos, ciudades y carreteras. Mark Carey, profesor de Historia de la Universidad de Oregón, norteamericano de origen, se ha internado por esta tormentosa ruta glaciar para, además de hacer su tesis doctoral, producir el libroGlaciares, cambio climático y desastres naturales, una obra que deshiela el pasado y el futuro.

Un aluvión de aluviones

También el presente, por supuesto, porque persiste la amenaza de una avalancha de origen glaciar en este país, que ha sufrido la mayoría de desastres de este tipo en todo el planeta. La saga que explora Carey comienza con el aluvión de Huaraz (capital del departamento) en 1941, que produce más de 4.000 muertos; sigue con el de Chavín, que acaba con la vida de unas 500 personas, y continúa con el de Los Cedros, que mata a por lo menos 200.

Las mayores tragedias, sin embargo, ocurren en la década de los sesenta. En 1962, Ranrahirca, una ciudad ubicada al pie del Huascarán, como Yungay, es arrasada por un aluvión causado por un inmenso bloque de hielo desprendido del nevado, que baja devorando campos, pueblos y vidas. Sólo ocho años después llega la hecatombe de 1970, que en su momento remeció a Ancash, al Perú, a todo Sudamérica. Al mundo entero porque fue una de las fatalidades sísmicas más grandes.

Nevado Pirámide de Garcilaso (5.885 metros). Su belleza es arrobadora, pero, como otras montañas, abriga un riesgo para las poblaciones vecinas. / ERNESTO BENAVIDES

¿Qué ocasiona esto, qué mantiene la amenaza latente y qué descubre Carey? En este territorio, hermoso como pocos, denominado por algunos como «la Suiza peruana» por su parecido con el país alpino, existen una cadena nevada denominada, por visibles y hermosas razones paisajísticas, Cordillera Blanca. Podría decirse que, incluso, tiene un parecido con Nepal, esa nación hoy agobiada por dos sismos y que también ha sufrido avalanchas en el Himalaya.

Son cerca de 600 glaciares distribuidos a lo largo de unos 200 kilómetros, varios de ellos de más 6.000 metros de altura, y que hacen vecindad con el Callejón de Huaylas, un valle verde y deslumbrante que yace a los pies de este conjunto de montañas, que Carey en una parte llama «el hielo asesino de los Andes». No es para menos, por lo ya descrito y por registros históricos a los cuales el autor se asoma, que hablan de tragedias similares ocurridas en los siglos anteriores.

La glaciología pionera

Como en otras zonas del mundo, el retroceso glaciar avanza en la Cordillera Blanca. El cambio climático lo agudiza y puede aumentar el riesgo de desastres. / ERNESTO BENAVIDES

Esa combinación de presencia sobrecogedora y poblaciones vulnerables —debido a que, tras la Conquista, se asentaron en lugares donde el hombre prehispánico no lo hizo— ha resultado literalmente mortal desde el siglo XX, antes y hasta la actualidad. En los últimos años, como bien se desprende de las rigurosas líneas de Carey, un germinal pero incipiente cambio climático fue, lenta pero terriblemente, estimulando las tragedias de origen glaciar.

A pesar de de establecer con precisión las coordenadas científicas de estos fenómenos, el autor va más allá porque justamente busca otra cosa: establecer cómo cambió la sociedad ancashina por estos dramáticos hechos, cómo se relacionó con el Estado y cómo se generó, por las desoladoras consecuencias de los aluviones, una generación de científicos peruanos, de glaciólogos, que fue realmente pionera en el estudio de los hielos a nivel mundial.

Lo que hace Carey es Historia Ambiental con mayúsculas, una disciplina que recién crece al ritmo del cambio climático y otras señales del ambiente que invitan a revisar nuestro devenir en la Tierra con ojos más inclusivos. En el caso de las tragedias ancashinas, percibe el surgimiento de ese núcleo profesional, que se especializa en el tema a causa de las desgracias y que terminan “actuando como intermediario entre el gobierno nacional y el Callejón de Huaylas”.

Laguna Parón, la más grande de la Cordillera Blanca. Varias veces ha estado a punto de desbordarse y provocar un desatre de enormes proporciones. / ERNESTO BENAVIDES

En ese viaje siguieron ocurriendo los aluviones de origen glaciar, pero la glaciología peruana hizo un aporte desde la periferia al centro, como bien apuntó en la presentación del libro el historiador Jorge Lossio. A la vez, también ocurrieron hechos penosos, como la resistencia de algunos estratos sociales a la reconfiguración de la ciudad de Huaraz, tras el aluvión de 1941, una pequeña y penosa historia que el autor del libro relata con cierto minucioso detalle.

“El aluvión erosionó los indicadores de esta distinción social”, sostiene Carey al describir esas resistencias, que incluso hicieron que muchas personas insistieron en ponerse en el mismo cono aluviónico, con lo que aumentaban su propia vulnerabilidad. Simultáneamente, aparecerían en el escenario los turistas, las empresas que edifican hidroeléctricas y otros actores que van configurando lo que en el mundo académico contemporáneo se llama economía del desastre.

La privatización de los glaciares

Se produjo una trágica falta de visión de parte de algunas autoridades y pobladores, que trataba de ser contenida por los glaciólogos, que hasta proponían traslados. No siempre fueron escuchados y tuvieron que convenir en hacer drenaje de lagunas, algo que sirvió para evitar algunas desgracias pero no pudo evitar otras. Ya en los noventa, Carey registra la impronta de la nueva economía, de la globalización y la apertura de mercados aterrizando sobre los hielos tropicales.

El hielo de estas montañas inmensas suele agrietarse por las lluvias, por los sismos o por el cambio climático. Entonces crece el peligro de las avalanchas. / ERNESTO BENAVIDES

Lo llama «la neoliberalización de los glaciares» y es un tiempo en el cual las grandes empresas pisan fuerte en los glaciares ancashinos, sobre todo la norteamericana Duke Energy, que insiste en represar algunas de las cerca de 400 lagunas de origen glaciar que, como consecuencia de los deshielos, existen en la zona. El súmmum de esta deriva es el cierre de la Unidad de Glaciología y Recursos Hidrológicos en tiempos del presidente Alberto Fujimori (1990-2000) que, al son de la privatización, llegó al extremo de desproteger a la población cerrando esa entidad.

Dicha instancia era heredera de otras anteriores (Comisión de Lagunas, Corporación del Santa, por el río que recorre el Callejón y otras), y ya había incurrido en la tentación de pensar más en la generación de energía que en el riesgo potencial de desastres para los pobladores de Ancash. Pero los tiempos fujimoristas, tan llenos de corrupción y desatado ultraliberalismo, parecen haber sido los peores, pues “significaron mayor vulnerabilidad ante las amenazas glaciares”.

En su navegación por esta cordillera nevada, Carey se encuentra además con una falsa alarma emitida por la NASA en el 2003, en torno a una laguna denominada Palcacocha, ubicada al pie del nevado Cupi. Revuelo, desesperación, a partir de una «grieta ominosa en el hielo», que no fue tal, como luego demostraron los glaciólogos peruanos. En los hechos, la ciencia «de la periferia» le enmendaba la plana a un organismo de ese nivel, que no supo diferenciar el hielo de la roca.

La amenaza latente

Las lagunas glaciares han sido drenadas por años, para evitar desastres. Pero en los últimos años se ha puesto en valor su potencial hidroeléctrico. / ERNESTO BENAVIDES

Al momento de escribir estas líneas, la Unidad de Glaciología en Ancash vive otra vez, ya que fue restablecida en el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006). Duke Energy sigue allí, como propietaria de la Hidroeléctrica del Cañón del Pato, y las inmensas montañas aún muestran su manto blanco. No obstante, en los últimos años el cambio climático ha ido derritiendo parte del paisaje y las esperanzas de este lugar, uno de los más hermosos y espectaculares de la Tierra.

Se estima que, desde 1970, los glaciares de la Cordillera Blanca han retrocedido al menos en un 30%. Uno se para en la ciudad de Huaraz y ya no se ve tanta nieve en las montañas circundantes, como cuando ocurrió el destructor aluvión en 1941. Aún así, o precisamente por eso, por el derretimiento de los hielos supuestamente eternos de los Andes, la peligrosa amenaza persiste y esta historia de Carey lo cuenta, lo advierte. Lo registra con rigor y emoción.

 

Fuente: El Pais

Hallazgo Paleontológico: Dinosaurios y tiburones habitaron en el Parque Nacional Huascarán, Huaraz, Perú

Hace 125 millones de años, una escena depredadora ocurría en el Gondwana, esa tierra que unía varios pedazos de continentes actuales, entre ellos, Sudamérica. La persecución de un terópodo, carnívoro de gran tamaño, a un herbívoro, no era inusual para ese entonces. En un mundo habitado por dinosaurios, digamos, era parte de la cotidianidad.

Sin embargo, esta escena en particular quedó grabada para que, 125 millones de años más tarde, un grupo de trabajadores que construían una carretera en Áncash la encontrara impregnada en una ladera de la trocha, a más de 4.800 metros de altura.

Las pisadas, al inicio inidentificables, fueron detectadas en el 2005. Seis años después, los hallazgos de fósiles siguen apareciendo y han convertido esta zona de la provincia de Huari en el yacimiento más alto de fósiles en el mundo, ya que los descubrimientos llegan hasta los 5.180 metros de altura.

APORTE MUNDIAL
Carlos Vildoso, paleontólogo encargado del estudio de estos fósiles, señala que no solo se han encontrado restos de dinosaurios, sino de seres acuáticos, de flora y sedimento que servirán para entender algunos vacíos en la era Mesozoica.

“Lo importante no son los huesos en sí, sino la historia que encierra lo hallado. Todos hablan de la extinción de los dinosaurios, pero también hubo sucesos a lo largo de la era Mesozoica que fueron determinando la vida en el planeta. Aquí hemos encontrado muestras de que hay un período en el Cretácico en el que desaparece el oxígeno”, dice.

Vildoso agrega que lo encontrado en Huari es importante para la paleontología en general, ya que hay al menos vestigios para estudiar por 200 años. “El estudio se ha centrado en 40 kilómetros de la carretera Conococha-Yanacancha y solo en esa zona ya se han encontrado restos valiosos”, añade.

Según Vildoso, los restos podrían estar en el mismo Pastoruri. “Ahora que la nieve está retrocediendo, se observan con mayor claridad, aunque aún es temprano para afirmarlo”, dice.

VESTIGIO TURÍSTICO
Sin embargo, los descubrimientos más resaltantes en tamaño son en el área de los reptiles. En Huari se ha podido encontrar al menos 12 formas distintas de huellas, entre las que hay dinosaurios carnívoros (terópodos, carnosaurios y celuro-saurios), además de herbívoros con cuello largo y los que fueron dotados de pico.

El proyecto, liderado por la Asociación Áncash, de Antamina, replicó en gran escala estos seres y desde abril de este año empezó una muestra itinerante con los avances en el estudio de la zona. “Queremos que en el Perú no se piense en los dinosaurios como lejanos, sino que se sepa que existieron en nuestro territorio. Eso debería empezar a enseñarse desde la escuela”, dice Mirko Chang, director de la Asociación Áncash.

Según Chang, en la muestra que llegará este lunes a Miraflores, se podrán ver, además de las réplicas, imágenes de las huellas encontradas y la sucesión de la escena de caza mencionada al inicio. “También explicaremos el trabajo que se hace en la zona. Lo importante de este estudio es que las más de mil piezas halladas se quedan en el área para estudiarse ahí”, indica.

En esta exhibición se contará cómo era el terreno hace 125 millones de años, necesaria información para entender cómo quedaron impregnadas las huellas de los dinosaurios. “El ambiente era una selva, era tropical. Al recorrer este terreno de barro, las pisadas quedaron grabadas y se fosilizaron. Luego el movimiento de la tierra produjo los cambios de altura y clima”, explica el paleontólogo Vildoso.

VACÍOS DE PROTECCIÓN
De acuerdo con Vildoso, el trabajo de campo es aún superficial, ya que esperan la autorización del Ministerio de Cultura para excavar. “Esta es una cuestión de ética, ya que todo lo que es paleontología en el Perú no cuenta con marco legal”, señala.

“Estos permisos deberían ser asumidos por el Ministerio del Ambiente. Nosotros queremos que este estudio también sirva como una experiencia modelo y que aporte a una normativa en paleontología”, dice Vildoso.

Chang señala que uno de los planes de este proyecto es crear una especialidad de Paleontología en la Universidad Santiago Antúnez de Mayolo, en Áncash. “Los dinosaurios ya empezaron a convertir esta zona en un gran potencial académico y turístico”, afirma.

Fuente: El Comercio

Yayno: Cima del Mundo

Ciudadela Fortificada de la Tradicion  Recuay.

Si bien Raimondi la avizora y Tello la estudia parcialmente, la ciudadela de Yayno, ubicada en las recónditas alturas conchucanas, es uno de los asentamientos prehispánicos de menor visita científi ca. Una expedición financiada por National Geographic y la Academia Británica llegó recientemente a la cima donde reposa.

Desde las primeras décadas del siglo XX, las ruinas de Yayno (Pomabamba) han sido reconocidas en la arqueología andina. Su ubicación, al pie de la Cordillera Blanca, y el enorme esfuerzo que supuso su construcción, causó la admiración de Tello (1929: 29), quien visitó el sitio en 1919 y lo utilizó como base de su teoría sobre la distinta trayectoria de la civili- zación autóctona en el Perú. Sin embargo, el sitio no ha tenido las investigaciones sistemáticas que merece para aclarar su rol en la prehistoria andina. Presentamos los resultados preliminares del Proyecto Arqueológico Yayno-2006, que busca reestablecer la secuencia de ocupación, la organi- zación del espacio y las obras arquitectónicas del sitio. Se inician, de esta forma, las investigacio- nes para reconstruir el carácter y el surgimiento de la complejidad sociopolítica Recuay durante el primer milenio d.C.

Los antecedentes y las labores de 2006 Ubicado en la margen sur del valle de Pomabamba, Yayno reposa sobre un promontorio alto, a 4.170 msnm, en una zona formada por tributarios del Yanamayo originados en las vertien- tes orientales de la Cordillera Blanca, en la cuenca superior del Marañón. Su área de infl uencia contiene terrenos apropiados para una economía mixta: agrícola y ganadera. Terrazas agrícolas contiguas permitieron una densa población en zonas tan altas, ‘agrestes e inhospitalarias’ (Tello 1929: 29-30).

Califi cado como asentamiento tipo fortaleza o ciudadela (Tello 1929: 31), con funciones administrativas y ceremoniales (Kauffmann 2002: 487-488), Yayno tiene una extensión mayor a las 100 Has. Es evidente que el sitio tuvo carácter monumental, no sólo por su ubicación estratégica, sino por sus construcciones imponentes (Apolín G. 2004; Bartle 1981; Kinzl 1935; Ravines 2005; Soriano 1947), con testigos arqueológicos monumentales cada 30 hectáreas.

El montículo del sector monumental, ‘gigantesca pirámide’ (Tello 1929: 30), está formado por altas terrazas escalonadas y platafor- mas sobre las cuales erigieron un complejo de plazas, construc- ciones defensivas y otros conjuntos arquitectónicos, hasta la cima. La mayoría de edifi cios tiene acceso restringido, con pocas entradas, ventanas y rutas de ambulación. Más de 30 construcciones circu- lares cilíndricas fueron establecidas con muros concéntricos, formando ambientes periféricos en el interior. Tienen, cada una, diámetros que oscilan entre 15 y 25 m, con paredes altas que dan la impresión de ser torreones. Se puede identifi car, asimismo, más de una docena de recintos cuadrangulares, cada uno con plazuelas en el interior y habitaciones a los lados. El edifi cio más grande mide 30 m de ancho y 10 m de altura. Cabe destacar (Quebrada Los Cedros).

La cerámica es fina: más del 30% de la muestra es de pasta kaolinita fi na, con engobe rojo y pintura polícroma y/o negativa, en típicos diseños recuay (Grieder 1978).

Se encuentra en formas tipo cuencos (con bases anulares) y kancheros.

Recuperamos la cerámica fina en asociación con cerámica utilitaria (cántaros, ollas), sugiriendo que fueron usadas y depositadas coetáneamente. La cerámica se encuentra en los pisos de construcciones y en capas de relleno y caída. Si bien los análisis siguen en proceso, ya hay dos fechados en niveles de su ocupación tardía (asociados con Recuay Tardío): 670±40 d.C. y 690±50 d.C. (calibrados). Cabe notar que, hasta el presente, no tenemos evidencia de estilos tempranos como Chavín y Huarás Blanco sobre Rojo. Tampoco hay evidencia inca.

Las investigaciones confi rman que el sitio era un centro protour- bano recuay de alta importancia. Excavaciones en ambientes interiores de los conjuntos circulares y cuadrangulares descu- brieron morteros/chancadores, objetos cotidianos, basurales y fogones de función doméstica intensiva. Estos elementos indican que los edifi cios eran residenciales, aunque respondían a una orientación monumental por estar destinados a grupos de extensión considerable, organizados por parentesco, ocupación o estatus, quizás como linajes o ayllus. Indican la coexistencia de grupos segmentarios de varios tamaños que, juntos, consti- tuyeron la comunidad yayno. Aún no es claro si los conjuntos funcionaron como castillos (Tello 1929), para funciones rituales (Kauffmann 2002) o astronómicas (Apolín 2004). Protegidos por muros altos sin ventanas ni entradas, la vida social se centró en sus recintos.

Varios elementos arquitectónicos tenían un carácter defensivo: ubicación estratégica, muros monumentales y periféricos, otros con parapetos, fosos y trincheras, acceso restringido, agrupación de cuartos y conjuntos, recintos cerrados y murallas largas y paralelas. La evidencia enfatiza que el tipo de asentamiento más signifi cativo en el mundo recuay era la marca o aldea fortifi cada.

Estos patrones indican una forma de socialización que valori- zaba la guerra y la defensa. Las prácticas ceremoniales incluyeron fi gurines de animales (ofrendas), objetos de prestigio (hachas, metales, cuentas de piedras, conchas) y piruros de cerámica y de piedra que indican la importancia de la textilería. También se encontraron restos óseos animales, mayormente camélidos. Hasta el presente no se encuentra en el complejo mucha evidencia de interacción foránea ni de prácticas funerarias, que sí se ve en otros asentamientos recuay (Lau 2000; 2005).

Varios pozos produjeron restos de arquitectura más temprana, de diversas fases de construcción (muros, cimientos, pisos). Indican que la historia de construcción y uso del sitio es complejo, consistente en varios episodios de construcción, renovación y destrucción. Por la cerámica se puede notar que Yayno podría haber tenido varias fases de ocupación, quedando aún muchos de sus elementos en proceso de análisis. Podemos concluir que era una ciudadela muy grande y de función diversa, que no sólo cuenta con evidencia arquitectónica sino con una distribu- ción de artefactos que sugiere poder político y económico.

Es seguro señalar que surgieron facciones poderosas recuay en la zona de infl uencia yayno, probablemente organizada en forma de curacazgo o reino pequeño. Los más conocidos se desarrollaron en los alrededores de Cabana y de Huaraz. Pero otro foco fl oreció en las alturas de Pomabamba, con su centro en Yayno.