La Sociedad Sicán: Organización Social

EI interés por entender la organización social y la naturaleza de la élite que gobernó la sociedad Sicán Medio, es la verdadera preocupación que subyace en la excavación tanto de la tumba de Huaca Loro como de otras halladas en la capital Sicán; y, ya individualmente o como conjunto, todas ellas han arrojado nuevas luces sobre estos temas.

La descripción hecha en la publicacion sobre el enterramiento de la Huaca Loro, no debe ser visto simplemente como un evento que duró sólo unos pocos días. La costumbre actual, y no sólo costumbre sino obligación por ley, de sepultar a las personas inmediatamente después de su muerte, no es un modelo que corresponda al caso de esta tumba. Por el contrario, este entierro fue el resultado de un largo proceso que requirió un minucioso planeamiento e inversión de muchos recursos materiales y humanos. También, es un reflejo de la naturaleza y el poder de la élite Sicán Medio.

La Sociedad Sicán: Reflexiones desde la Tumba de Huaca Loro
Organización Social
CULTURA SICAN DIOS, RIQUEZA Y PODER EN LA COSTA NORTE DEL PERU
Autor: IZUMI SHIMADA

Esta concepción del ritual necrolátrico es especialmente necesaria, dada la presencia de otros enterramientos alrededor de la base del montículo de la Huaca Loro. Debido a las actividades depredadoras de los buscadores de tumbas —huaqueros—, no podemos estar seguros de que la terraza base del montículo haya sellado a todas al mismo tiempo. Por ejemplo, es posible que estas tumbas representen varias generaciones de jefes Sicán. Sin embargo, nuestra investigación previa ha mostrado que el apogeo de Sicán Medio duró poco, llegando a un máximo de 100 años (950—1050 d.C.). Además, los fechados radiocarbónicos que tenemos para la tumba, y los dos fechados para el montículo coinciden bien, suoiriendo que su construcción tuvo lugar, más o menos, al mismo tiempo hacia los años 1000 a 1050 d.C. (tabla 3). Pero, más importante aún, es el hecho de qu la cuidadosa coreografía montada con el cuerpo del personaje principal y su parafernalia «mirando» hacia el oeste, sugieren que la tumba excavada es sólo una de un par de tumbas de élite, las cuales habrían sido cuidadosamente planeadas para formar una simetría alrededor del eje Norte—Sur de la plataforma norte. La prospección superficial realizada en 1994 y las excavaciones de prueba alrededor del montículo apoyan esta inferencia. Parece ser que existen hileras de tumbas ubicadas paralelamente al eje central (Norte-Sur) de la plataforma Norte y el montículo de la Huaca Loro. La colocación de éstas habría estado basada en un plan maestro hecho a gran escala, que incluyó el entierro de una serie de miembros de la élite Sicán Medio previamente momificados. Los ejes Norte-Sur y Este-Oeste podrían representar los conceptos de parentesco y la dinastía social de los líderes fallecidos. Yo sugiero que la construcción del templo fue una empresa colectiva de proporciones históricas, realizada teniendo en mente la conciencia histórica para las generaciones posteriores Sicán.

La simetría creada por el eje Norte-Sur, y lo que además se insinúa por los elementos únicos de la tumba que excavamos, pueden estar reflejando la existencia de una organización social dual conocida como las mitades de arriba y de abajo. Este tipo de organización ha sido claramente documentada en la sociedad inca, como Hanan y Urin (p.e., Duviols 1979; Zuidema 1964, 1986, 1990). También ha sido inferida para varias sociedades preincas, incluyendo la chimú y mochica de la costa norte (p.e., Cavallaro 1988; Hocquenghem 1987; Netherly 1977, 1990). En este sentido, la construcción del montículo de la Huaca Loro podría simbolizar el «gran altar» del culto a los ancestros fundadores y a la unidad de las mitades. Si acaso existiera un enterramiento por debajo del centro del montículo (es decir, en la intersección de los ejes Norte-Sur y Este-Oeste), éste podría simbolizar lo mismo.

Resumiendo, pues, y teniendo en cuenta estas evidencias, la tumba de la Huaca Loro parece reflejar varias facetas símbolicas y sociales de la nobleza Sicán, incluyendo el deseo de renacer, y con ello sus múltiples roles: como maestro orfebre, miembro de su mitad y miembro de la clase dirigente.

Una posible explicación de la posición invertida del cuerpo del personaje principal encontrado en la Huaca Loro, sería que está reflejando su filiación con la mitad de abajo. El corolario que se desprendería de esto último es que el personaje enterrado en la tumba aún no excavada, al oeste de la plataforma norte, estaría afiliado con la mitad de arriba. Por lo tanto, su cuerpo estaría colocado en posición correcta, mirando hacia el este, y acompañado por bienes funerarios similares con aquellos del personaje que excavamos, pero producidos en diferentes talleres.

La etnografía andina nos ofrece otra posible explicación para esta posición invertida. Actualmente, entre los danzantes folklóricos de Ayacucho existe la creencia de que algunas veces el wamani —la deidad terrena—, entra al cuerpo del danzante a través de un acto mágico, dándole así poderes sobrenaturales (Barrionuevo 1988). Mientras el danzante vive, la gente le ofrece su admiración y respeto. Cuando muere, el cuerpo es enterrado en posición invertida de tal manera que el wamani pueda abandonarlo y regresar a su hogar terrenal. De manera similar, ¿es posible que el personaje principal encontrado haya sido tenido como la personificación del Dios Sicán y enterrado en forma invertida para permitir que la deidad regrese a la tierra? Si esta creencia existió en el mundo Sicán, deberíamos esperar que otros miembros de la élite hayan sido igualmente sacralizados y enterrados de manera similar. En otras palabras, el entierro de la tun-lba de élite en el lado oeste de la plataforma norte de la Huaca Loro también debería estar colocado en posición invertida. Al mismo tiempo, esta hipótesis no explica adecuadamente la orientación hacia el oeste del personaje principal o la ausencia notable de las imágenes del Dios Sicán en la misma tumba.

Otra explicación de la posición invertida del personaje principal aparece cuando consideramos que los varios aspectos del enterramiento están interrelacionados. Ya hemos enfatizado sobre la cuidadosa coreografía de su contenido y de las particulares posiciones de las dos mujeres sacrificadas. Pienso que el personaje principal y las mujeres son una representación simbólica de la reencarnación del personaje principal; que la posición invertida simboliza al feto en el útero antes del nacimiento y que la mujer con las piernas abiertas representa el momento de dar a luz. La otra mujer podría ser una partera que la asiste. La pintura de cinabrio en el cuerpo del personaje principal simboliza la sangre que da vida y que, necesariamente, acompaña al parto. Y, la cuidadosa ubicación del cuerpo del personaje principal así como la máscara y el par de guantes que miran al oeste deberían ser vistos, igualmente, como símbolos de la dualidad social, conno ya se sugirió anteriormente.

Por otro lado, cualquiera que sea la explicación para la posición invertida del enterramiento, el evidente grado y la escala de planeamiento en la tumba de la Huaca Loro —y sus implicancias sociales y económicas— no han sido considerados previamente en la arqueología peruana con la excepción de las «plataformas funerarias reales» de Chimú y los gigantescos recintos llamados Ciudadelas en su capital Chan Chan (ver Conrad 1974, 1982). La posible existencia de un plan maestro que guiara la construcción del montículo y los entierros asociados a éste, supondría, por otro lado, una cohesión social, un poder político y económico considerables, y el permanente status de la élite.

De hecho, cuando consideramos los hallazgos de la tumba de la Huaca Loro en relación a otras tumbas Sicán Medio excavadas hasta ahora, podemos considerar otras líneas de evidencia que indican la existencia de una organización social rígida y estratificada.

Quizá una de aquellas líneas —la más clara de esta organización— es el acceso restringido a diferentes categorías de objetos de metal. Como hemos visto ya en párrafos anteriores, la profunda preocupación por su producción y uso fue un rasgo que definió a la cultura de Sicán Medio. No sólo encontramos una amplia variedad de objetos de metal en sus tumbas, sino también los restos de su producción a lo largo de toda la región de Batán Grande, el núcleo geográfico del territorio Sicán. Los orfebres Sicán produjeron objetos utilitarios y rituales, grandes y pequeños, usando de manera variada oro de alta ley, tumbaga, plata y cobre arsenical. Estos incluyen millares de adornos personales de oro, así como láminas doradas de tumbaga para forrar los interiores de las tumbas, agujas y cuchillos en forma de tumi de cobre arsenical. Sin embargo, su distribución en las tumbas estaba altamente reglamentada. Así, hemos podido distinguir cuatro grupos sociales sobre la base del acceso diferenciado a los objetos hechos de diferentes metales.

(1)En un extremo del espectro está el grupo que puede ser descrito como la «nobleza Sicán de nivel alto», caracterizada por el personaje principal hallado en la tumba de la Huaca Loro. Dicho personaje tuvo acceso a toda la variedad de objetos de metal trabajados dentro de la sociedad Sicán Medio —desde los más comunes hasta los más exclusivos—. Esto incluía desde los trabajados en oro —de 18 hasta 10 quilates— y plata aparentemente hechos a pedido, en talleres estrictamente supervisados en la capital, hasta implementos de cobre arsenical producidos en masa en los centros metalúrgicos de lá periferia. Para el caso de los talleres, nuestras excavaciones de 1986 y 1990 aportaron cierta evidencia sobre el trabajo en metal en el sector oeste de la Huaca La Botija y en la cima de la plataforma norte de la Huaca Loro, respectivamente. Para el caso de los centros periféricos hay evidencia pertinente que viene de los sitios de la Huaca del Pueblo de Batán Grande, y los cerros Sajino y Huaringa, entre los 12 y 14 kms. al este de la capital. La impresión que se tiene sobre la exclusividad se refuerza, aún más, por el entierro de los desechos de la producción de los objetos de metal precioso. Antiguos huaqueros de la época de la hacienda nos informaron que, además de extraer los objetos de oro de las tumbas que saquearon alrededor de la base de la Huaca Loro, también sacaron grandes cantidades de clesechos de metal precioso.

(2)El segundo grupo puede ser llamado «nobleza Sicán de nivel bajo». Se piensa que a este grupo pertenecen las mujeres jóvenes —restos de 12 de ellas y 3 no removidas— encontradas en la tumba parcialmente saqueada que excavamos en la Huaca Las Ventanas. Los bienes de metal asociados con éstas incluyen objetos de cobre arsenical como los tumis no decorados, numerosos atados de naipes, y una variedad de «puntas de lanza» hechas en moldes vaciados, así como «campanitas» de tumbaga (con alta concentración de plata y cobre) y láminas de metal cubiertas con telas de algodón pintado, que forraban el interior de la tumba. Claramente, en esta lista de bienes funerarios faltan los objetos de oro de alta ley. Teniendo en cuenta que el fondo de la tumba estaba mayormente intacto, es poco probable que ésta alguna vez haya contenido objetos de oro. En otras palabras, los miembros de este grupo tuvieron acceso a todas las otras categorías de objetos de metal, a excepción de los objetos de oro de alta ley, que fueron prerrogativa de las clases más altas.

(3)El tercer grupo podría ser el de los «comuneros» o «plebeyos» de la sociedad Sicán. Ellos, claramente, están representados por la mayoría de los enterramientos Sicán Medio que hemos excavado hasta ahora, tanto dentro como fuera del perímetro urbano de la ciudad ceremonial. Fueron encontrados en fosos poco profundos —menos de dos metros de profundidad y alrededor un metro de diámetro— y el único metal asociado es el cobre arsenical (fig. 122; ver Alva 1986).

Fig. 122. Entierro extendido de un ‘tcomunero», excavado en 1990 en la base oriental de la rampa central del templo de Huaca Las Ventanas. La parte inferior de las Piernas se perdió debido a la remoción causada por el enterramiento de otro individuo un tiempo clespués. Foto, L Shimada.

(4)El último grupo está representado por sólo dos entierros sin ningún objeto de metal asociado —incluso sin ningún bien funerario o acompañado por una o dos vasijas de cerámica utilitaria—. Sospechamos que fueron los miembros de la clase social más baja de la sociedad Sicán.

Todo lo anterior sugiere, pues, la existencia de una rígida jerarquía social consistente en, al menos, cuatro clases. Igualmente, también hay otros elementos de las tumbas que ofrecen una aarupación de clases similar a la descrita líneas arriba. Consideremos, por ejemplo, el caso de los diferentes tipos de cuentas. El último grupo no tiene ninguna, el tercer grupo tiene cuentas de concha, y el segundo grupo lleva cuentas de concha y de ámbar. El primer grupo tiene acceso no sólo a una amplia variedad de cuentas que no se encuentran en los otros grupos —p.e., esmeraldas, turquesas, sodalita, cristal de cuarzo transparente, y amatista—, sino, también, a grandes cantidades de ellas.

El uso de pigmentos también ofrece una separación similar. Los pigmentos hechos de hematita y de otros componentes de hierro fueron encontrados en las tumbas de los tres primeros grupos; mientras que el cinabrio se res- tringe sólo para los dos primeros. Sin embargo, mientras que el segundo grupo —Huaca de Las Ventanas— muestra sólo una pizca de cinabrio sobre los cuerpos y agrupaciones de cuentas de concha, la tumba de la Huaca Loro presenta más de 3 kgs.

La distribución y naturaleza de la producción de los diferentes ceramios apoya, aún más, esta estratificación social de cuatro niveles (Cleland y Shimada 1994). El grupo más bajo sólo tuvo vasijas llanas, utilitarias y paleteadas, mientras que del primero hasta el tercer grupo llevaban además las botellas de un solo gollete hechas en molde. Sólo los dos grupos de élite tenían las botellas de doble pico cubiertas con láminas de tumbaga.

Este estudio comparativo de las tumbas revela otros patrones que merecen una investigación futura. Por ejemPIO, la posición del cuerpo varía entre estos cuatro grupos. Los adultos, tanto hombres como mujeres, de las primeras dos clases son enterrados en posición sentada, con las piernas cruzadas, o bien flexionadas —probablemente envueltos en tela hasta conformar fardos funerarios—, mientras que aquellos de la clase más baja están en posición extendida.

En cuanto al enterramiento de los plebeyos, sus cuerpos son encontrados totalmente extendidos —sobre sus espaldas— o sentados con las piernas cruzadas. La yuxtaposición de dos posiciones básicas de enterramiento dentro de una sola clase social, sin ninguna correlación aparente de edad, sexo, obviamente llama nuestra atención.

Dos de los entierros sentados afiliados a éste último grupo tuvieron mayor número de vasijas que los encontrados en posición extendida. Además, las vasijas fueron mayormente botellas finas y no presentaban desgaste o daños de uso. Por otro lado, la cerámica asociada a los entierros extendidos mostraba desgaste y daño de uso; así mismo llevaban una menor cantidad de vasijas finas.

Si la posición del entierro refleja una ideología ampliamente compartida o una larga tradición, la yuxtaposición puede indicar, también, la coexistencia de dos poblaciones étnicas integradas dentro de la sociedad Sicán Medio. Si esto es así, la posición sentada o flexionada puede ser indicativa de la pertenencia al grupo étnico socialmente dominante. Es posible que, en el futuro, encontremos más evidencias materiales sobre estas dos hipotéticas poblaciones. Al mismo tiempo, algunos antiguos huaqueros refieren sobre las distintas posiciones en que hallaron los cuerpos en las tumbas de pozo que saquearon. Claramente, necesitamos una mejor documentación de las diferentes posiciones de los cuerpos en los enterramientos y su consiguiente significado social.

En general, las líneas de evidencia presentadas dan como resultado un sólido cuadro del acceso altamente restringido a ciertos tipos de bienes materiales en la sociedad Sicán Medio. El acceso y, por ende, la posesión de los metales en sus diferentes formas, despues de haber sido trabajados, parecen haber servido como el árbitro del status social. En este sentido la tumbaga, dorada por eliminación de cobre, que tiene la apariencia de oro de alta ley fue, para la élite Sicán de nivel más bajo, una manera eficiente de imitar los verdaderos objetos de oro accesibles sólo para la élite principal (Shimada en prensa; Shimada y Griffin 1994; compárese Lechtman 1984a, b). La relación entre la hematita y el cinabrio puede ser enfocada de manera similar.

Algo que se hizo manifiesto con la excavación de las tumbas Sicán entre 1990-1992 fue que nuestra hipótesis, sobre la relación inversa existente entre la distancia de la tumba al templo y la posición social, requería ser modificada. Mientras la tumba de la Huaca Loro y los resultados del trabajo de campo de 1994 apoyaban con fuerza esta hipótesis, la excavación de 1990 en la base Este de la rampa central del templo de la Huaca Las Ventanas, reveló una agrupación de seis entierros de «plebeyos» de varias edades: hombres y mujeres, que habían sido colocados prácticamente uno encima del otro (fig. 122), así como un entierro extendido sin ningún bien funerario. En otras palabras, la distancia entre la tumba y el templo no se relaciona de una manera simple y predecible a la posición social del muerto. Debemos considerar la posible ubicación de pequeños entierros de criados sacrificados para acompañar a su noble y sacralizado señor. O, en su defecto, estar cerca de la boca de la tumba como hieráticos y solitarios guardianes. Además, la posición social puede relacionarse más estrechamente a ciertos elementos específicos del templo, tales como el eje longitudinal, el frente, los costados o la parte posterior. Los enterramientos colocados en la cima del templo o bajo sus rampas parecen tener naturaleza de ofrendas. De hecho, sospechamos que la agrupación de enterramientos de Las Ventanas ya antes mencionados, fueron realizados como ofrendas al momento de la construcción de la rampa central del templo.

De manera similar pues, no se puede confiar en las dimensiones de las tumbas como buenos indicadores de la posición social, ya que la naturaleza del terreno influenció claramente la manera como se cavó el foso. La abertura gigantesca y la forma de pirámide invertida de la tumba de Las Ventanas, fueron necesarias para trabajar una tumba profunda dentro de una matriz de arena pura. De manera general, la profundidad parece ser un mejor indicador de la posición social, particularmente aquellas tumbas con fosos profundos. Sin embargo, es probable que aún la profundidad misma fuera influenciada por la cambiante presencia del agua del subsuelo.

Mucho de lo que hemos planteado como reconstrucción social debe verse como algo tentativo, simplemente porque la cantidad de tumbas que forman la base de nuestro análisis es pequeña aún. Además, es también probable que nuestra reconstrucción sea una simplificación extrema de la realidad social Sicán. No obstante que se puso énfasis en el acceso controlado a los bienes materiales de acuerdo al tipo, las diferencias cuantitativas jugaron probablemente cierto rol en subdividir aún más la jerarquía social de cuatro niveles que hemos postulado.

NATURALEZA DE LA ÉLITE SICAN MEDIO

¿Fueron los líderes de Sicán Medio una élite religiosa o seglar —militar y/o política? ¿Qué rol tuvieron? Esta son preguntas difíciles de contestar para nosotros debido, en gran parte, a la naturaleza ambigua y limitada de la evidencia que tenemos hasta ahora. Aunque es de desear que el arqueólogo aclare meridianamente estas interrogantes, no es un asunto fácil de resolver. Por ejemplo, los únicos artefactos encontrados en la tumba de la Huaca Loro que pueden ser descritos como «armas» son cuatro «dagas» de aleación de plata, dos lanzadores de dardos forrados con láminas de oro y sus respectivos «dardos». En términos de su ubicación, estos artefactos estuvieron más estrechamente relacionados con las dos mujeres que con el personaje principal. ¿Esto significa que fueron usados por las mujeres? ¿Fueron puramente ceremoniales? Si tuvieron una función, ¿habrían sido usados para la caza o el combate? Un examen minucioso no reveló ningún desgaste o daño relacionado con el uso. De igual manera, la mayoría de los objetos de cobre arsenical en los atados no había sido acabada. Estos podrían haber sido forjados para hacer puntas para cavar. Los personajes representados en el vaso de oro y en otros objetos de oro de la tumba, sostienen en ambas manos cetros decorados o llanos que terminan en una punta en forma de diamante (fig. 123). El cetro encontrado en la tumba estuvo envuelto en láminas de tumbaga y decorado con discos de tumbaga y de oro—tumbaga. Parece haber sido un símbolo de poder y no un arma funcional. Además, la vasija de cerámica modelada con la representación de un individuo que sostiene una «porra de guerra» y un «escudo», es el restablecimiento de una representación Mochica más antigua (fig. 76), y no debería ser considerada como un reflejo de la realidad cultural Sicán. Así, la composición general de los objetos personales en esta tumba es ornamental y ritual. En otras palabras, los bienes funerarios asociados por sí solos no nos permiten especificar la naturaleza del personaje principal de la tumba de la Huaca Loro.

Fig. 123. Dibujo desarrollado de la representación repujada del Señor Sicán en la copa de oro excavada en la tumba de Huaca Loro. Dibujo, C. Samillán.

 

Esta imagen no se aclara, inclusive si ampliamos nuestro examen para incluir la evidencia de otras tumbas que excavamos. Los implementos de cobre arsenical descritos como «puntas de lanza», hallados en la enorme tumba-de la Huaca Las Ventanas, estaban asociados con las mujeres y algunos habían sido intencionalmente doblados. Otras tumbas no ofrecieron evidencias de armas o armaduras.

Las excavaciones en otros sitios de Sicán Medio, fuera de la región de Batán Grande, muestran el destacado rol que jugó la religión. El importante sitio de Chotuna —en la parte baja del valle de Lambayeque estuvo compuesto por una serie de montículos con plataformas similares a aquellas encontradas en Sicán, y asociadas con un recinto rectangular grande que albergaba los talleres del trabajo en metal (Donnan 1990a). En Ucupe, en el valle bajo de Zaña, un montículo bajo estaba flanqueado por un patio con muros que cerraban el recinto, decorados con murales polícromos donde se representa una serie de personajes con atavío ceremonial (Alva y Alva 1984). En general los principales asentamientos Sicán Medio, dentro de la amplia reoión de Lambayeque, se caracterizaron por una o más estructuras ceremoniales. Cerro Luya, en el curso del Canal Taymi, tiene una serie de montículos que rodean una plaza como en el sitio de Sicán, sólo que a una escala mucho menor.

La iconografía ofrece pistas de gran ayuda. En conjunto, el arte del Sicán Medio tiene un carácter fuertemente religioso que se centra alrededor de un ser humano mítico que yo llamo el «Dios Sicán». Aparece siempre de pie y tiene un rostro invariable en forma de máscara con ojos rasgados. En raras, explícitas y detalladas representaciones encontradas en murales (p.e., Huaca Loro; Florián 1951; Huaca Pintada; Carrión 1940; Schaedel 1978), aparece con un par de aditamentos que configuran alas en vez de brazos, y con unos apéndices en forma de garras en sus pies. Los personajes auxiliares que lo flanquean tienen pico. De hecho, el prototipo Sicán Temprano de la deidad tiene una cara que es una «mezcla peculiar de rasgos humanos y de ave rapaz» (Shimada 1990a: 315, ver sus figuras 9 y 10). Incluso en la versión Sicán Medio temprano, encontrada cerca a la base del gollete de las botellas de pico único, la deidad mantiene rasgos ornitomorfos. No tiene boca, y su nariz que es casi de forma piramidal, aparentemente, representa el «pico». Visto desde arriba, el gollete está ubicado en una zona aplanada del cuerpo de la botella, que se asemeja al cuerpo de un ave. La importancia simbólica de los pájaros —principalmente rapaces— y de las plumas, ya ha sido apropiadamente señalada por R. Carrión (1940) y F. Kauffmann Doig (p.e., 1964, 1986, 1993).

Sin embargo, la iconografía Sicán asociada a la cosmología no son estáticas ni dominadas unidimensionalmente por el simbolismo ornitomorfo, como lo revelan nuestras excavaciones en el Loro y Las Ventanas. La tela pintada que forraba el interior de la enorme tumba de Las Ventanas mostraba el dios en otros ambientes sobrenaturales (figs. 120-121). En una pintura, sostiene con una mano un cuchillo en forma de tumi, y con la otra una cabeza trofeo, y ocupa el centro del «universo». Parece estar flotando en el aire sobre un océano verde donde hay peces y olas en forma de criaturas míticas emplumadas. En otra pintura el dios sostiene los mismos objetos, pero ahora está ubicado bajo el cuerpo arqueado de una serpiente mítica con cabezas en ambos extremos, y flanqueado por un par de felinos míticos que se encuentran sentados uno frente al otro. La serpiente es, probablemente, una continuación de la similar Mochica, la cual se cree que representa al cielo (Menzel 1977). En otras palabras, se concibe al Dios Sicán como el centro del universo y se le reconoce por sus rasgos y/o ambientes sobrenaturales.

Este dios tiene una contraparte terrestre, la cual es el «Señor Sicán» —término genérico que usamos para llamar a los líderes de la sociedad del Sicán Medio—. Este personaje tiene forma humana y lleva puesta una máscara con los mismos rasgos faciales del Dios Sicán. Cada una de las figurinas de madera, sobre la ya mencionada litera del Museo de Oro del Peal, lleva una pequeña máscara áurea que se puede desprender mostrando detrás el rostro humano del Señor Sicán (Carcedo 1989). También debe entenderse que los característicos ojos rasgados, que son indicativos del carácter mítico, no se restringen al Dios Sicán; también se les encuentra en los individuos auxiliares que acompañan a la deidad. Todos los objetos de oro de la tumba de la Huaca Loro representan al mismo hombre que lleva puesta la máscara del Dios Sicán.

Tomando conjuntamente a las tumbas del Loro y Las Ventanas, ambas parecen mostrar dos facetas diferentes de la ideología Sicán. La tumba del Loro puede ser vista como la glorificación post-mortem de un hombre de la nobleza, quien tuvo el privilegio de llevar puesta la máscara del Dios Sicán. Así mismo, quizá fue tenido como su representante en la tierra o como la personificación de la deidad. La de la Huaca Las Ventanas fue decorada con pinturas que glorificaban y celebraban al Dios Sicán. En este sentido, no es de sorprender la ausencia de un personaje central en esta tumba, ya que puede haber sido el entierro de varias mujeres al servicio del templo de Huaca Las Ventanas y del Dios Sicán, análogo al de las «mujeres escogidas» o «acllas» del Imperio Incaico. Durante el período Sicán Medio, con una clara centralización de poder y riqueza en manos de la élite, parece que esa «glorificación del Señor Sicán» llegó a ser el motivo principal de su iconografía.

La máscara con ojos rasgados y orejas puntiagudas es casi invariable y se encuentra en todas las formas de expresión artística, desde los murales hasta la cerámica y los textiles. La consistencia iconográfica y estilística de esta imagen denota una fuerte unidad y control ideológico. Este ícono también aparece en la cerámica paleteada, pero su distribución está esencialmente restringida a la capital de Sicán (Cleland y Shimada 1994, Shimada 1990a). No obstante, no es fácil definir si verdaderamente el rostro representó al Dios o al Señor Sicán, ya que la enorme cantidad de representaciones relevantes sólo nos muestran el rostro. Sin embargo, el hecho de que frecuentemente estén flanqueados por un par de felinos míticos o de cabezas de serpientes, sugiere que esta imagen distintiva es el rostro del Dios Sicán. Sin embargo, la distribución de los íconos religiosos secundarios en la cerámica paleteada —p.e., los felinos míticos sentados— es mucho más amplia y ha sido encontrada tanto en el valle de La Leche como en el de Lambayeque.

EL PODER Y LA BASE DEL PODER DE LA ÉLITE SICÁN MEDIO

En base a estas líneas de evidencia, planteamos como hipótesis que la sociedad Sicán Medio estuvo regida por una bien organizada forma de gobierno religioso con una pequeña y reducida clase de señores-sacerdotes. La iconografía asociada sugiere que su prestigio descansaba en la eficiente integración de las antiguas creencias religiosas de la costa norte, y su rico panteón de seres míticos conocidos por todas las poblaciones locales, con una ideología construida alrededor de una deidad masculina dominante introducida desde el sur (Wari y/o Tiwanaku; ver tabla 1). Este sincretismo proveyó de un sentido de continuidad y familiaridad a las poblaciones locales mientras les confería una nueva identidad e interés para reunirlos en torno suyo. Se cree que el Estado Sicán forjó rápidamente una eficiente integración, tanto ideológica como social y económica, a través de la captación de la gran cantidad de peregrinos que convergían hacia la emergente capital de Sicán, y a través del envío de misioneros fuera de ella (Shimada 1981a: 442). Otros factores que facilitaron este proceso fueron el colapso del Imperio Wari y el decaimiento del centro religioso de Pachacamc que habría mantenido su dominio o influencia sobre gran parte del Perú, quizá hasta inicios del siglo X (Shimada 1991: LI-LII).

Fig. 124. Ajuar completo de la tumba de Huaca Las Ventanas excepto los oejetos de oro de alta ley. Los sacos blancos alfonclo contienen los clesechos de tumbaga. Al centro, sentado, Jorge Montenegro, un miembro del Proyecto. Foto, I. Shimada.

Creemos que el Estado religioso de Sicán promovió la producción agrícola y metalúrgica local —esta última en base al cobre arsenical— , como también dirigió la distribución de los productos a través de los contactos establecidos por los peregrinos y misioneros. La riqueza acumulada por la élite probablemente fue resultado del intercambio comercial de estos productos utilitarios locales por objetos de prestigio y lujo, traídos de lugares ya cercanos o lejanos al centro de poder. De hecho, la ubicación septentrional del Estado Sicán, proximidad a las conchas tropicales Spondylus y Conus del Ecuador, le permitieron tener el monopolio de su distribución hacia los lejanos sitios del sur, donde eran buscadas y muy valoradas.

El Spondylusprinceps ha tenido siempre una gran importancia ceremonial en el mundo andino prehispánico, tanto en la costa como en la sierra. Llamada mullu en lengua quechua, esta concha fue usada frecuentemente como ofrenda para los dioses andinos en tiempos prehistóricos tardíos. El folklore quechua de Huarochirí —en la sierra al este de Lima—, relata cómo Maca Uisa, hijo de Paria Caca, rechazó los alimentos ofrecidos por el Inca diciendo: «No tengo costumbre de comer cosas como ésta. Tráiganme algo de mullu» (Salomon y Urioste 1991: 116). Otro documento relata cómo era ofrecido el mullu al inicio de la temporada de siembra para asegurar que no se agotase el agua (Zuidema 1973). Su importancia en los rituales agrícolas continúa hasta el día de hoy en la sierra. Se usó como concha entera, rota, en polvo o como cuentas, evidenciando que su valor es inherente al material mismo. Tiene un gran significado simbólico en el sur, es decir, fuera de su habitat natural: las costas ecuatorianas, a profundidades entre los 15 y los 50 ms. Es significativo que Marcos y Norton (1981) encontraran que sitios en el Continente, cerca a la mayor estación de cosecha de la isla de La Plata, estuvieran involucrados en el procesamiento de la concha Spondylus para su exportación; pero aparentemente sin valorar la concha por sí misma. En 1526, en su primer intento por llegar al Imperio Incaico, los españoles encontraron unas balsas en aguas ecuatorianas, las mismas que llevaban estas conchas como parte de su carga (Marcos 1980; Murra 1975).

Fig. 125. Reproducción de las técnicas Sicán de trabajo en oro porJo Ann Griffin. En primer plano, tenemos la pepita de oro y el_juego de martillo y yunque de magnetita. Foto cortesía, Jo Ann Griffin.

La concha, con sus espinas características, ya figuraba prominentemente en el arte Chavín, alrededor del primer milenio antes de Cristo, y se piensa que jugó un papel —masculino— importante en el ciclo reproductivo del universo (p.e., Kaulicke 1991; Paulsen 1974). Procedente del Océano Pacífico, la concha puede haber sido vista y aceptada como una fuente de vida, llevando y dando líquidos —incluyendo agua, semen y sangre. (ver Shimada 1994: 238—239). Su importancia puede derivarse también de la similitud con la carne y la vagina femenina.

El mullu puede haber adquirido una mayor importancia entre las culturas más tardías de la costa peruana como un símbolo de poder religioso y político y, quizás, como medio de cambio (cuentas de Spondylus como una suerte de moneda primitiva; p.e., Salomon 1977/78, 1987), ya que se encuentra en cantidades variables en las tumbas de élite. La cantidad de conchas enteras y cuentas de Spondylus en la tumba de la Huaca Loro es hasta la fecha la más grande encontrada en el Perú. El inusual gran tamaño de las conchas enteras sugiere que éstas fueron cuidadosamente seleccionadas para esta tumba. La concha también fue usada en una escala sin precedentes, como ofrenda dentro de cajas cuadrangulares que sostenían la base de las columnas ubicadas en la cima de los templos Sicán Medio. Las explícitas representaciones de «buzos» recolectando mullu en el arte Sicán (Cordy—Collins 1990; Shimada 1990a, 1992), así como la presencia de cerámica Sicán en el principal centro de recolección en la isla de La Plata en las costas ecuatorianas, sugiere que el Estado Sicán Medio bien pudo haber controlado su obtención y posterior distribución hacia el sur. Se cree que el intento hecho por los incas en el siglo XV por controlar a los «mercaderes» marítimos de Chincha a larga distancia, así como la expansión territorial del imperio hacia el norte, fueron motivados por su deseo de usufructuar y manejar el abastecimiento y distribución del mullu (Rostworowski 1970, 1989; Shimada 1991; LIV, 1992: 106-108). De esta manera, en su condición de recurso exótico, el mullu habría sido un símbolo ideal para el acceso privilegiado hacia los bienes de prestigio y hacia el conocimiento religioso.

Fig. 126. La pepita siendo martillada para hacer una lámina. Foto cortesía, Jo Ann Griffin.

Hasta la fecha, todos los naipes científicamente recuperados han provenido de tumbas Sicán Medio del área de Lambayeque y zonas adyacentes al norte —hasta Sullana— en la costa peruana. Los naipes fueron muy valorados como exponentes de la riqueza en la sociedad Sicán Medio. Usualmente se les encuentra en atados —de 5 a 13 naipes, dependiendo de su tamaño— amarrados con cuerdas de fibra vegetal. La cantidad de naipes encontrados en los enterramientos se correlaciona con la posible posición social del muerto. La sugerencia de Hosler y otros (1990) de que los naipes fueron usados en la vestimenta es cuestionable dado que su base de datos es un único espécimen huaqueado.

Los naipes también han sido encontrados, en paquetes, en tumbas excavadas en sitios contemporáneos (pertenecientes a la Cultura Manteño-Huancavilca), en las costas sureñas y centro-sureñas de Ecuador (p.e., Estrada 1961; Holms 1966/67). Su presencia en la costa del Ecuador no es de sorprender dadas las otras varias indicaciones de un intenso intercambio económico con Sicán. Sospechamos que el Estado Sicán Medio negoció con la gente manteña para obtener conchas a cambio de naipes y otros productos de cobre arsenical (p.e., Shimada 1985b, 1987b, en prensa; compárese Hosler et al. 1990). En esta perspectiva, los naipes sirvieron como un medio conveniente de intercambio teniendo en cuenta su tamaño, forma y material uniforme. Eran, pues, objetos portables, durables y consistentes en su calidad al igual que las monedas modernas. Es así que los naipes podían ser fundidos rápidamente para fabricar objetos deseados por la gente manteña que no tuvo un abastecimiento local de metales utilitarios. Los manteños también pueden haber servido como los intermediarios que proveían a la élite Sicán de pepitas de oro, de esmeraldas y de ámbar procedentes de la costa entre Ecuador y Costa Rica.

Fig. 127. Cincel de aleación de oro para coñar la forma deseada (las partes desechadas son vueltas a fundir). Foto cortesía, Jo Ann Griffin.

La capacidad de cumplir con las demandas tanto endógenas como exóoenas, vale decir locales como de sitios apartados, debe haber elevado el prestigio de la élite y la religión Sicán. Así, podemos ver la religión por un lado y la producción artesanal y el intercambio por el otro, reforzándose mutuamente.

El poder de la élite Sicán debe ser medido tanto por el control que ejerció sobre los recursos materiales como sobre la mano de obra. Tomemos en consideración al hombre de la nobleza de la Huaca Loro. La cantidad y diversidad de bienes funerarios encontrados con él es realmente impresionante. Sin embargo, esto es aún más impactante cuando uno se da cuenta que la mayo- ría de los bienes fueron producidos con materias primas importadas y usando tecnologías primitivas que demandan un intenso trabajo. Por ejemplo, los más de 60 kgs. de cuentas probablemente representan literalmente miles de horas hombre limando, taladrando y puliendo. Particularmente, la dureza del cuarzo y de la amatista han debido demandar mano de obra intensa e ininterrumpida.

Fig. 128. Repujado (desde atrás) de los detallesfaciales de la pequeña máscara; nótese el tamaño minúsculo del repujadory de la bolsa de cuero rellenada de arena que sirve como base para el repujado. Foto cortesía Jo Ann Griffin.

¿Qué es lo que significan los cerca de 200 kgs. de implementos de cobre arsenical encontrados en la tumba, en términos de mano de obra y recursos materiales empleados? (fig. 124). Incluso si asumimos que los metalurgistas Sicán fueron mucho más aptos para la tarea de soplar aire dentro de los hornos, nuestros experimentos demuestran que cada fundición pudo haber requerido de 4 a 5 personas trabajando al menos de dos a tres horas (Shimada 1987a; Shimada y Merkel 1991). Para obtener de 300 a 600 grs. de cobre metálico se habría necesitado al menos 2 kgs. de mineral de cobre de alta ley —con cerca de 30% de Cu—, 4 a 6 kgs. de fundente hematita— y carbón de madera dura. Dado el espaciamiento y la presencia de cuatro hornos en la mayoría de los talleres, bien podría haberse usado dos hornos simultáneamente para lograr hasta cuatro fundiciones por taller por día, asumiendo un conservador día de trabajo de 8 horas. Aunque estos cálculos son simples estimaciones, ahora podemos apreciar mejor el poder de mando del personaje de la élite Sicán Medio enterrado con cientos de kilogramos de objetos de cobre arsenical.

Fig. 129. Cincelado (desde elfrente) de los mismos detalles. Foto cortesía Jo Ann Griffin.

Probablemente, la mayor utilización de mano de obra empleada está representada por los casi 500 kgs. de desechos de metal, como resultado de la producción de objetos de metal precioso (fig. 124). Como se describió en el párrafo anterior, la gran cantidad de desechos son fragmentos de láminas tan delgadas como papel hechas de tumbaga —de aproximadamente 0.1 mm. de espesor—. La magnitud del trabajo invertido puede ser apreciada y valorada a partir de un experimento hecho recientemente por Jo Ann Griffin, una experta orfebre (Shimada y Griffin 1994). Trabajando con antiguos martillos de magnetita —piedra pesada de origen férrico— ella demostró que se necesita un día y medio para proclucir una lámina de oro de 10 x 15 cms., uniformemente delgada -cerca de 0.1 mm.- a partir de una pepita de 30 grs.; y, a través de una constante repetición del forjado y recalentado (figs. 125-129). Los orfebres Sicán pueden haber dado un paso más adelante, con el tratamiento cle las superficies de las láminas de tumbaga con ácido(s) (p.e., Lechtman 1973, 1984a). Sin embargo, existe una posibilidad distinta, y es que el limitado grado del dorado encontrado en varios de los objetos de oro y tumbaga Sicán puede ser un resultado no intencional del repetido ciclo de martillado y calentado (oxidación y lixiviación del cobre por calentarlo y sumergirlo en un baño ácido; Gordus y Shimada en prensa). Sea que el dorado fuera intencional o no, la cantidad documentada de desechos de metal precioso se traduciría, literalmente, en decenas de miles de horas h01T1bre de trabajo. Aunque no podemos especificar exactamente cuánto tiempo demoraron en acumular tal cantidad de desechos, sospecho que tomó algunos años. En la tumba, los fragmentos de objetos descartados en la pila de desechos son estilísticamente idénticos a los objetos que tuvieron un buen acabado final, lo que sugiere que todos fueron hechos casi en el mismo tiempo. Es muy poco probable que los orfebres o los talleres hayan dejado que se acumule gran cantidad de desechos a la intemperie bajo la amenaza de corrosión. Por el contrario, es más factible que hayan sido vueltos a utilizar mediante el refundido a intervalos regulares. Nosotros creemos que el entierro de los desechos en la tumba indica que todas las etapas de la producción de metal precioso estuvieron controladas por la nobleza Sicán de alto nivel; y que, el que hayan sido acabados o no, o destinados para un uso personal, todos los productos y sus derivados fueron usufructados como propiedad de ellos.

Fig. 130. Dibujo mostrando la variación de las técnicas de manufactura de las tres sonajas recuperadas de la tumba de Huaca Loro. La variación parece deberse al estilo personal del orfebre, más que a diferencias funcionales. Dibujo, L Shbimada.

La cantidad de láminas doradas de tumbaga documentada aquí no es una sorpresa. El estimado total del área cubierta dentro de la tumba de la Huaca Loro excede los 100 m2 . Además, como ya hemos mencionado, los antiguos huaqueros de la época de la hacienda entrevistados afirmaron haber encontrado cantidades similares de desechos de metal precioso en las tumbas ubicadas alrededor de la base este del montículo de la misma huaca.

En síntesis, creo que hemos subestimado por largo tiempo la escala de producción de metales preciosos de Sicán. Aquí, no estamos tratando con sólo un puñado de orfebres. La cantidad y calidad de los objetos de oro y tumbaga —incluyendo láminas tan delgadas como el papel—, nos permite deducir, con firmeza, la existencia de un número apreciable de especialistas sumamente hábiles, trabajando a tiempo completo. Probablemente, ellos fueron ayudados por un número aún mayor de aprendices —quizá docenas— quienes habrían llevado a cabo muchas de las largas y repetitivas tareas de refundido de los desechos, martillado, recalentado y pulido. Esta relación establecida maestro-aprendiz se puede apreciar claramente en las etapas de manufactura de algunos de los objetos excavados. El hecho de que el personaje enterrado en la tumba de la Huaca Loro tuviera acceso a los servicios de varios orfebres —o talleres— de diferentes niveles de habilida’d, se observa en la variación estilística y técnica de objetos de oro tales como las orejeras, sonajas, coronas y otros adornos para la cabeza (fig. 130). En resumen, vemos que la producción se organizó a través de talleres con tareas específicas, los cuales, a su vez, se basaban en una jerarquía establecida de maestros, aprendices, y quizá personal de apoyo de un nivel inferior.

EL ESTADO TEOCRÁTICO SICÁN MEDIO

La estratificación social y el monopolio de la producción económica descritos anteriormente suoieren que la cultura Sicán Medio fue dominada por un Estado teocrático, activo económica y políticamente, que se asemeja al Vaticano de la Edad Media (p.e., Shimada 1981a, 1981b, 1987b, 1991, 1992). Como se ha explicado ya, este Estado promovió su religión a través de una iconografía cargada ideológicamente, del peregrinaje y el control en la adquisición, producción y distribución de los artículos rituales y de status, tales como el Spondylus princeps y los ornamentos de oro y tumbaga. Los efectos de este proceso son bastante evidentes en la cerámica encontrada en la periferia del territorio Sicán Medio (p.e., en el Alto Piura, Guffroy et al. 1989; en Virú, Elera 1987), donde la cerámica local es opacada por la cerámica Sicán Medio importada que presenta las características iconográficas del «Señor Sicán», junto con las imitaciones hechas con material y técnicas locales. Además, es muy probable que el Estado teocrático recurriera a las «amenazas» de su deidad para obtener regalos, servicios y tributos (Shimada 1991: LIV). Así, vemos la raíz del poder que este Estado ostenta en su integración y el control de las economías regionales e interregionales, con lo cual los productos locales utilitarios y de lujo fueron, por ende, intercambiados por bienes exóticos, de status y de rituales. En esta perspectiva, la economía política y la religión se reforzaron mutuamente. La membresía en la religión Sicán Medio aseguró el acceso al status y a los bienes funerarios, mientras que el Estado controló su producción, obtención y/o distribución. Finalmente, el Estado y la religión de Sicán Medio movilizó y manejó exitosamente las diversas y amplias fuerzas de trabajo así como las materias primas para la construcción de los templos monumentales en toda al región de Lambayeque.

EL TERRITORIO SICÁN Y LA ESFERA ECONÓMICA

La dominación política, económica y religiosa del Estado —territorio— teocrático Sicán Medio incluyó gran parte de la costa norte. Desde Sullana en el valle del Chira por el norte hasta Trujillo en el valle de Moche por el sur. Kosok (1965: 178) creyó que la extensa región de Lambayeque, por su tamaño y la concomitante dificultad en la unificación hidrológica, nunca estuvo realmente unificada antes de la conquista Chimú hacia los años 1375-1400 d.C. La evidencia actual ya no apoya más esta opinión.

Fig. 131. Mapa del territorio Sicán, red de comercio y esfera de influencia. Dibujo, L shbimada

Fig. 131. Mapa del territorio Sicán. red de cr»nercio esfera de iu/7uencia. Dibujo, I. shinl’lda

La influencia ideológica y económica de Sicán Medio se dejó sentir en un área mucho mayor. Esto si tenemos en cuenta la distribución de su cerámica y el origen de los bienes exóticos que adquirió. Quizá, en el lapso de una generación -alrededor de los 950-1000 d.C.-, el culto al Dios Sicán se expandió sobre gran parte de la costa peruana abarcando una franja de más de 1000 kms. Aproximadamente, desde los 50 hasta los 130 de latitud sur —cerca de la frontera entre Perú y Ecuador hasta el sur de la ciudad de Lima—, y cruzando los Andes hacia la vertiente amazónica (fig. 131). Por ejemplo, las esmeraldas que forman parte de los ojos de la máscara de oro, dándole su cualidad de translúcida, habrían sido traídas posiblemente desde la región de Esmeraldas en la costa norte de Ecuador o desde Muzo en Colombia al norte de Bogotá. El ámbar, identificado por microespectroscopía infraroja de las cuentas (Eugene Farrell del Foog Museum, Harvard University), puede provenir de la República Dominicana o Costa Rica, ya que son las dos únicas fuentes conocidas de ámbar en el Nuevo Mundo hasta la actualidad. La turquesa, identificada por difracción de rayos-X (Laurence Pitman y William Metropolis del Harvard Mineralogical Museum), es sin embargo otro bien exótico. La «turquesa peruana» de la costa sur es en realidad crisocola. El análisis de activación de neutrones de las cuentas de turquesa (Adon Gordus de la University of Michigan) está en proceso para determinar sus características de elementos traza, con lo cual podrán ser comparadas las turquesas conocidas del suroeste estadounidense (Arizona y los estados vecinos) y del norte de México. Para estos minerales, en la medida que aún no han sido documentadas, no podemos desconocer las posibles fuentes de explotación en el Perú. En este sentido, no es de sorprender que se encontraran botellas Sicán en la Isla de La Plata en la costa sur-central de Ecuador, dadas las grandes cantidades de Spondylus usadas por la élite Sicán, así como las representaciones de su recolección en cerámica y metal Sicán.

Hacia el este, la esfera económica Sicán se extendió hacia el río Marañón, tributario del Amazonas. Se nos ha informado de una apreciable cantidad de fragmentos de cerámica negra muy bien cocida —aparentemente del estilo Sicán Medio—, encontrada en la región de Jaén-San Ignacio (Ruth Shady, comunicación personal 1990). De igual manera, las botellas negras apedesteladas de gollete único, características de Sicán Medio, están presentes en colecciones locales de la zona de Bagua. Además, una reciente prospección regional incluyendo la confluencia de los ríos Marañón y Chinchipe —conocidos desde la época colonial por contener oro— proveyó de fragmentos, de imitaciones locales, de las botellas Sicán (Quirino Olivera, comunicación personal 1992). Es importante recordar el hecho que el Marañón y sus tributarios contienen pepitas de oro y, que igualmente, se ha encontrado cerámica diagnóstica Sicán en otros sitios, como en las cercanías de la actual mina de oro El Poderoso, a orillas del río Marañón. Estos hallazgos plantean la posibilidad de que al menos algunas de las pepitas usadas en la deslumbrante orfebrería Sicán hayan sido obtenidas de esta región. Inferencia sustentada en los resultados de un reciente análisis de activación de neutrones, en muestras de ese mágico universo aúreo encontrado en el Loro, realizado por Adon Gordus (Gordus y Shimada en prensa). Dicho estudio muestra que no contienen el platino o el iridio que podría esperarse del oro de Ecuador y Colombia.

La extensión meridional de la esfera económica Sicán es menos clara. El cinabrio, frecuentemente hallado en áreas con aguas termales o donde hubo actividad volcánica, puede haber sido obtenido dentro del área principal de extracción del mercurio en Huancavelica — a unos 900 kms. al sur de Batán Grande. El mercurio fue clave en el procesamiento de los minerales de plata durante la época colonial.

De otro lado, varias líneas de evidencia sugieren que la élite religiosa Sicán Medio mantuvo una íntima relación religiosa y económica con todos los principales centros ceremoniales contemporáneos situados más al sur, en los Andes. Centros que incluyen a Pacatnamú en la costa norte, Pachacamac en la costa central y Tiwanaku en la región del altiplano.

Un tema de investigación que requiere de una futura exploración, es la posible interacción religiosa y económica entre Sicán y Tiwanaku —situado a una altitud de 3,850 ms. en la orilla sur del Lago Titicaca entre la frontera de Perú y Bolivia. El núcleo urbano de Tiwanaku cubre al menos 4 Km2 y ostenta varias construcciones monumentales, incluyendo montículos aterrazados con patios rectangulares hundidos y delineados con piedra (Kolata 1993).

Los elementos del trabajo de investigación que apuntan a una interacción Sicán-Tiwanaku incluyen: (1) la importancia central del dios de los dos báculos, cuyo rostro es plano, enmascarado o en forma de máscara y con bandas verticales bajo sus ojos; a veces la deidad está sujetando un vaso y un cetro o una estólica; (2) producción y/o uso de cobre arsenical; (3) importancia de los vasos rituales de oro (keros) con el borde inclinado hacia afuera y bandas horizontales en relieve; (4) representaciones explícitas en cerámica Sicán de un hombre que lleva puesto un gorro de cuatro puntas, el cual aparece mayormente en el territorio Tiwanaku, en la región de la frontera entre Perú, Chile y Bolivia; (5) enterramiento de los miembros de la élite social en tumbas de tipo pozo con cámaras laterales; y (6) la coincidencia temporal —aproximadamente entre los 900 y los 1000 d.C.— de la fase expansiva de ambos estados: Sicán —fase media— y Tiwanaku —fase 5.

Los seis puntos que hemos descrito líneas arriba no son el resultado de una mera comparación de varios elementos materiales o estilísticos. Por el contrario, estamos frente a un conjunto de elementos culturales coexistentes que abarcan desde la metalurgia a la ideología. En este sentido, es curioso observar la existencia de cobre arsenical eh una zona —el altiplano— conocida por la abundancia de estaño y de cobre estañífero. Asimismo, es notable la presencia de enterramientos de élite colocados en tumbas tipo pozo y con cámaras. Estas fueron encontradas en el Palacio de los Cuartos Multicolores, dentro del complejo ceremonial-residencial de Putuni, en el sitio de Tiawanaku (Kolata 1993: 149-164). Estas tumbas contenían fardos funerarios asociados con bienes suntuarios y exóticos, como cuentas de sodalita y turquesa, así como ornamentos de oro.

Cualquiera que haya sido la o las formas para obtener los bienes exóticos, es claro que la red económica de Sicán Medio abarcó una gran área de los Andes Centrales y Septentrionales -Ecuador y Colombia-, que antes no había sido integrada como un todo por cualquier otra forma de gobierno pre-Sicán. La red es impresionante no sólo por su extensión física —cerca de 200 y 1500 kms. a lo largo de los ejes Este-Oeste y Norte -Sur, respectivamente—, sino también por la variedad de zonas ecológicas que atravesó, la complejidad de recursos que explotó —sin mencionar las cantidades— y la velocidad con la que se implantó —quizás en 50 años. El establecimiento de su esfera económica y la concomitante difusión de la ideología Sicán —como está sintetizada en sus textiles y la cerámica hecha en moldes— constituye, en el verdadero sentido del término, un «horizonte» arqueológico.

De acuerdo a G. R. Willey (1948, 1991), un horizonte estilístico se define por su homogeneidad, su amplia distribución espacial, su rápida dispersión, y su aparición en la misma posición relativa en las secuencias cronológicas regionales. El estilo Sicán Medio satisface claramente estos criterios. Una iconografía propia y una cronología bien establecida del estilo Sicán Medio nos permiten una fácil identificación y un fechado cruzado. La importancia de Sicán Medio como horizonte no radica en el hecho de esta nueva definición como tal. Hasta el momento, este ha sido el único horizonte estilístico originado en la costa y fechado entre los Horizontes Medio (Wari) y Tardío (Inca). El Horizonte Sicán Medio llama a una reconceptualización de la prehistoria de los Andes Centrales. Desde la época de Max Uhle, hace casi un siglo, la prehistoria andina ha sido presentada como una alternancia cíclica de períodos de «unificación» (como los horizontes Chavín, Wari, e Inca) y «regionalismo» (como los períodos tempranos y tardíos de las culturas regionales). Los horizontes Wari e Inca han recibido mayor atención por parte de los arqueólogos. Los investigadores, consciente o inconscientemente, han puesto al margen y prestado menos importancia a los desarrollos culturales ubicados entre estos dos horizontes, debido en parte a su supuesto carácter regional. La visión convencional de una alternancia cíclica entre «unificación» y cregionalismo» separados por un período de 800 a 900 años entre los horizontes, es un patrón muy regular y aparentemente lógico. Sin embargo, a la luz de la evidencia que hemos presentado aquí, esta visión tradicional de la prehistoria andina difícilmente se puede continuar manteniendo.

LA CAIDA DEL ESTADO SICÁN MEDIO Y EL INICIO DEL GOBIERNO SICAN TARDÍO

El crecimiento del gobierno Sicán Medio desde su conformación como un poder local hasta su expansión y domiriio de la costa norte del Perú fue relativamente rápido, totalizando menos de 100 años. Sin embargo, su caida fue más rápida aún y estuvo acompañada por los correspondientes y drásticos cambios en el arte, el patrón de asentamiento y el poder político.

Fig. 132. Tres ejenzplos de botellas Sictin Tardío provenientes del entierro XII. trinchera 4. de la Huaca del Pueblo Balán Grande. Dibujo. I. Sbñnada.

 

Aquí también, tenemos diversas y muy claras evidencias que indican un fin•al abrupto y violento de la capital y del Estado teocrático del Sicán Medio. Nuestras excavaciones, en las cimas de las pirámides truncas de los templos monumentales y en las estructuras asociadas alrededor de sus bases, demuestran su destrucción por un violentísimo incendio (Shimada 1990a: 362). Que éste fue intencional y simultáneo no sólo está sugerido por el daño anormalmente producido sino también por la discontinua y clara selección de los puntos donde se inició. Sólo fueron quemadas las construcciones principales de adobe —así como las áreas inmediatas— que representaban al Estado teocrático y a sus líderes Sicán Medio. La extensión y la intensidad del incendio pueden ser medidos, por ejemplo, por el hecho de que una área de, al menos, 80 por 100 ms. en el sector sur de la Huaca Las Ventanas muestra una gruesa capa —entre 50 y 80 cms.— de techos y otros restos arquitectónicos totalmente quemados. Y, los muros de adobe y mortero fueron convertidos por el fuego en material desmenuzable y escamoso. Quizás la ilustración más dramática de la intensidad y de la naturaleza intencional del incendio viene de la Huaca El Moscón. El fuego y, por ende, el calor fueron tan intensos en el lado occidental, que lo calcinó completamente, dejando los adobes y el mortero enrojecidos por 5 ms. de ancho aproximadamente a todo lo largo y llegando hasta los 2 ms. por debajo de la superficie. Sospechamos que una considerable cantidad de combustible fue acumulacla contra sus muros basales. De otro lado, la zona residencial de los comuneros en la Huaca Arena y la Huaca del Pueblo de Batán Grande, contemporáneas con las pirámides, no muestran tales construcciones formales de adobe, ni tampoco presentan evidencias del incendio.

Así pues, el incendio, supuestamente premeditado, parece que tuvo lugar en algún momento entre los años 1050 y 1100 d.C. Los fechados radiocarbónicos de las estructuras quemadas en Sicán se agrupan entre los años 1000 y 1050 d.C. (tabla 3). Las muestras fueron tomadas de la parte más externa de los postes de madera y deberían aproximarse a la fecha en que fueron talados para ser usados en la construcción del monumento.

La fecha exacta del gran incendio no ha sido aún establecida. Sin embargo, preservó muchos detalles arquitectónicos que nos muestran que, el fuego, tuvo lugar mientras las estructuras estaban todavía en buen estado de conservación. En los templos de Huaca El Corte y Las Ventanas, por ejemplo, todavía podemos ver los murales polícromos sobre los muros de yeso y las cuerdas que ataron las cañas del techo. Además, en 1986, la excavación del sector sur de Las Ventanas reveló que el fuego tuvo lugar antes de una gran inundación, la que ha sido fechada independientemente hacia el año 1100 d.C. en varios puntos de la costa norte (en el valle de Moche, Moseley 1987; Nial et al. 1979a, b; en Pacatnamú, Donnan 1986; en Chotuna, Donnan 1990a; en Batán Grande, Craig y Shimada 1986; Shimada 1990a).

Fig. 133. Dos botellas Sicán Tardío del entierro XIII, Cerro Huaringa. Dibujo, I. Shimada.

En resumen, la destrucción intencional de los templos, que no nos muestran evidencias posteriores de su reconstrucción, apuntan hacia un esfuerzo concertado y muy violento para eliminar el liderazgo político y religioso existente en Sicán. Es así que Poma nunca pudo volver a tener la preeminencia que disfrutó durante el período Sicán Medio.

Aún no estamos seguros de cómo los procesos y factores de largo y corto plazo contribuyeron a esta situación. Las condiciones naturales adversas pueden haber contribuido a su caida. Una severa sequía de 30 años de duración, luego de condiciones pluviales estables, recientemente documentada, comenzando hacia el año 1020 d.C. (ver Shimada et al. 1991; Thompson et al. 1985, 1988; también Ortloff y Kolata 1993), habría reducido significativamente la cantidad de agua que llegaba a la costa desde la sierra adyacente. Esta fue la segunda sequía más severa y más larga de los Andes, que se haya documentado para los últimos 1500 años, en los registros de hielo del Quelccaya. Además, los agricultores la habrían soportado cultivando plantas resistentes a la falta de agua y/o abandonando los campos periféricos e intensificando el cultivo de la tierra cercana a los reservorios y canales. Sin embargo, contra una sequía que duró por toda una generación, estos ajustes podrían no haber sido efectivos. Imaginándonos, por lo tanto, cómo la población habría perdido la confianza en la omnipotente deidad Sicán y en el liderazgo teocrático asociado.

La destrucción y el abandono de Sicán, como centro político y religioso fue, al mismo tiempo, acompañada de un abrupto y arrollador cambio en el arte. Los íconos, tanto de la deidad como del Señor Sicán, que estaban presentes y difundidos en áquel, desaparecieron (p.e., Shimada 1985a, 1990a). No obstante, en la iconografía Sicán Tardío continuó la popularidad de los felinos míticos y de otras criaturas que eran personajes secundarios que, con anterioridad al colapso, eran tan sólo meros acompañantes de las deidades principales (figs. 132-133). Estas criaturas, que sobrevivieron a la transición Sicán Medio-Sicán Tardío, son aquellas que eran propias a esta reoión con anterioridad al suroimiento de Sicán Medio —rastreables al menos hasta épocas Mochica—. Es importante destacar en las formas de la cerámica, tanto de la doméstica como la de fines suntuarios, el uso de las decoraciones pintadas con el negro desvaido, y lo uniforme de los acabados negro y marrón que mantienen una clara continuidad (Higueras 1987). La cerámica paleteada que fuera producida y usada por la población durante Sicán Medio, siguió siendo producida con motivos abstractos y altamente convencionales (Cleland y Shimada 1994).

Por otro lado, se aprecia notables constantes en las formas arquitectónicas y en las técnicas constructivas —p.e., el uso de la técnica de la cámara de relleno y los adobes marcados—. En el Cerro Huaringa, sitio temprano en el período Sicán Tardío, se construye un conjunto de nuevos talleres. Pero, su organización interna y la tecnología de la fundición del cobre arsenical constituyen, definitivamente, una continuidad del precedente período Sicán Medio.

Es importante destacar que el contemporáneo sitio de Chotuna —en el valle bajo del Lambayeque— no presenta evidencias de un fin abrupto ni violento, como se ha visto en Sicán. Sólo existen evidencias de una oran inundación alrededor de 1100 d.C., seguido por un período de nueva construcción con frisos que tienen una fuerte afinidad con aquellos de la Huaca El Dragón en el valle de Moche (Donnan 1990b; Schaedel 1966c). Al mismo tiempo, vennos idénticos cambios y constantes en la cerámica y las construcciones asociadas (Donnan 1990a).

En resumen, la transición Sicán Medio-Sicán Tardío hacia el año 1100 d.C. fue esencialmente un cambio en el liderazgo político y religioso; incluyendo, obviamente, el dogma asociado, diseminado ampliamente a través de un amplio rango de medios artísticos. Varias de las instituciones sociales y económicas así como la mayoría de aspectos de la vida material no cambiaron.

El nuevo liderazgo político y religioso estableció su capital en El Purgatorio alrededor de la base del Cerro La Raya (fig. 134; p.e., Shimada 1985a, 1990a, 1992; Trimborn 1979; compárese Schaedel 1972, 1985). El Purgatorio está situado en la estratégica unión de los valles La Leche y Lambayeque. Aunque gran parte de las estructuras Sicán Tardío fueron cubiertas por construcciones posteriores, pertenecientes a la dominación Chimú e Inca (aproximadamente en 1375-1470 d.C. y 1470-1533 d.C., respectivamente), el surgimiento del sitio parece haber comenzado alrededor de 1100-1150 d.C. —quizás en época un tanto temprana, como el 1050 d.C., Shimada y Cavallaro 1986, en prensa; Trimborn 1979-. Conjuntamente, vemos una serie de grandes asentamientos urbanos —p.e., Saltur y Cinto— emergiendo a lo largo de las faldas de los cerros, en gran parte de la región de Lambayeque (Schaedel 1951 b, 1966a, b).

El gobierno Sicán Tardío fue conquistado por el Reino Chimú hacia los años 1375-1400 d.C.; y, hacia el 1470, este último fue devorado por el expansionismo del Tawantinsuyu (Shimada 1990a: 350-354). Lo que vino después, es ‘la continuidad, de una u otra manera de esta fabulosa historia. Los protagonistas serán otros. Y, el afán de trasçendecia, la violencia, el apetito de poder, y los dioses oscuros y terribles, en su mágico cortejo áureo, conformarán otro espacio a develar, siempre con amor al Perú, con respeto y admiración.

La Tumba de la Huaca Las Ventanas – Cultura Sicán

Fig. 115. Entierros de dos mujeres sentadas con laspiernas cruzadas cerca la base de Huaca Las Ventanas. Una de ellasfue disturbada bace algún tiempo por los hbuaqueros. Foto, 1. Shimada

Los seis meses de excavación —julio a diciembre de 1991— de una tumba parcialmente saqueada, ubicada en el sector sur de la Huaca Las Ventanas, nos brindó valiosa información sobre las prácticas mortuorias, la organización social, las creencias religiosas y el uso del metal durante Sicán Medio (fig. 28). No obstante que la gran parte del lado este de la tumba había sido hollada anteriormente —probablemente a finales de los sesentas—, la zona oeste permaneció intacta.

Este enterramiento reveló una cantidad de rasgos únicos que lo diferencian de otros del período Sicán Medio, excavados previamente. Su tamaño y forma son impresionantes. Tiene forma de pirámide escalonada, invertida, con la base cuadrada —p.e., la «boca» alrededor de 1 m. por debajo de la superficie actual—. Mide aproximadamente 15 ms. por lado y tiene una profundidad que alcanza los 12 ms. Esta es, quizá, la tumba más grande que se haya excavado científicamente en Sudamérica. Para depositar las ofrendas a diferentes profundidades se dio forma a escalones o «anaqueles» hechos en la arena compacta —y, por partes, cubierta ligeramente con un tipo de «enlucido» rico en arcilla—. Sospechamos que los anaqueles igualmente sirvieron para reducir el riesgo de los derrumbes. Sin lugar a dudas, los trabajadores Sicán del pasado también afrontaron el mismo reto que tuvimos nosotros al cavar el gran foso en esta antigua duna de arena no muy bien consolidada. A medida que la arena natural se va exponiendo al medio ambiente, empieza a secarse gradualmente perdiendo cohesión. Así, mientras más tiempo dure la excavación, mayor es el riesgo de un derrumbe. Además, las posibilidades de deslizamientos son mayores a medida que los ángulos de la excavación se van haciendo cada vez más verticales. A pesar de la constante vigilancia y de las precauciones que tomamos, sufrimos una serie de desmoronamientos, afortunadamente sin ningún daño para nuestro equipo de trabajadores. En otras palabras, el tamaño y forma de esta tumba estuvieron claramente condicionados por la matriz de arena pura del terreno.

El gran tamaño del foso también estaba en función del número de cuerpos enterrados. Entre los 10.5 y 11.5 ms. de profundidad recuperamos tres cuerpos completos y seis parcialmente dañados por los saqueadores, todos en posición sentada. Es probable que otros cuerpos hayan sido removidos, en el lado este. Los excavados por nosotros estaban ubicados a los lados, en el fondo de la tumba de forma cuadrangular y de casi 3 ms. cuadrados. Todos los cuerpos, a los que se les determinó el sexo y la edad, fueron de mujeres adultas. A parte de algunos restos de telas rojizas que originalmente envolvían los cuerpos, había poco o nada de ofrendas asociadas directamente con ellos —algunas cuentas de concha y tiza de huaca o terrones esféricos de una sustancia blanca como tiza [carbonato de calcio]( fig. 115). Fue muy evidente la ausencia de objetos de oro. No encontramos un personaje central como en el caso de la tumba de la Huaca Loro. En su lugar, en la parte central del fondo de la tumba, encontramos ofrendas de platos trípodes—pintados de estilo «Cajamarca costeño» (ver Montenegro 1993; Shimada y Elera 1984), botellas negras de doble gollete, cuentas de ámbar, numerosos atados de naipes y otros objetos de cobre arsenical —posiblemente puntas de palos para cavar (fig. 116).

En el lado oeste de la tumba, que se hallaba intacto, se recuperó otras ofrendas ubicadas en un anaquel a aproximadamente 8 ms. de profundidad. Las ofrendas continuaron hacia el centro y fondo de la tumba, a casi 12 ms. por debajo de la boca del pozo e incluían, al menos, cinco botellas de cerámica negra de doble gollete —tres de ellas enterradas invertidas—; una agrupación grande de cuentas de concha, «puntas de lanza» de cobre arsenical que fueron colocadas en la matriz casi en posición vertical, numerosos paquetes de naipes, los cráneos y miembros inferiores articulados de llamas y campanitas corroidas de tumbaga. Todas las botellas dobles presentan trazas de haber sido recubiertas, alguna vez, con láminas de cobre (figs. 117-118). Al centro del asa—puente se encuentra una cabeza humana modelada, que lleva un gran tocado o gorro de cuatro puntas Estilísticamente, todas estas vasijas datan del período Sicán Medio temprano (aproximadamente del 1000 d.C. ver Cleland y Shimada 1992), contemporáneas con la tumba de la Huaca Loro.

Probablemente, el rasgo más impresionante de la tumba es la manera cómo, la mayor parte de su interior, estuvo forrada con capas diferentes (hasta 20 0 más en algunas partes) de telas de algodón, pintadas y pegadas cuidadosamente sobre láminas de tumbaga. Láminas que son similares en composición y manufactura a la gran cantidad de los pequeños desechos de tumbaga encontrados en la tumba de la Huaca Loro. Cada lámina forja da a mano, muy delgada —0.1 mm. de espesor en promedio— y hecha principalmente, en cobre y plata, con menos de 10% en oro. Gracias a una capa dorada de sólo 10 micrones de grosor en promedio (Merkel et al. en prensa), la técnica del dorado crea la apariencia de que es rica en oro; sin embargo, estuvo completamente recubierta con tela.

La pintura mejor conservada fue encontrada en medio de un «anaquel» reforzado con un muro de adobes, en la esquina suroeste de la tumba a unos 4 ms. debajo de la abertura (fig. 119), junto a una botella de doble gollete recubierta con una lámina de metal y a un cántaro roto intencionalmente. La pintura —de aproximadamente 1.40 ms. de largo por 20 cms. de ancho- fue colocada al centro de una área de unos 2.50 por 1.50 ms., formada por láminas de metal de tamaño uniforme cada una de 25 por 12.5 cms. colocadas lado a lado. Una pintura del Dios Sicán, sosteniendo un cuchillo en forma de tumiy una cabeza trofeo, colocado al centro y flanqueado por un sol rojo y redondo por la derecha este— y la luna pálida y creciente por la izquierda —oeste—, representación que podría llamarse de la «cosmovisión» Sicán, fue hecha sobre una delgada capa de yeso aplicada sobre una tela de algodón, pegada a su vez a la lámina de metal (fig. 120). Una pintura idéntica fue encontrada a una profundidad aproximada de 8 ms. junto con otra pintura grande del Dios Sicán —de unos 2.30 ms. x 90 cms.— la cual estaba ubicada bajo el cuerpo arqueado de la Serpiente del Cielo (fig. 121). Estas y otras pinturas conservadas muestran escenas religiosas de Sicán.

En los reconocimientos iniciales que hicimos en los pozos dejados por los saqueadores de tumbas, encontramos fragmentos de láminas de tumbaga en el desmonte; y, los huaqueros viejos que fueron entrevistados hablaron de revestimientos «brillantes» de láminas de metal. Sin embargo, esta es la primera vez que tales revestimientos han sido documentados científicamente. En esencia, las láminas doradas de tumbaga cubiertas con las telas de algodón pintadas, no fueron usadas sólo para revestir y decorar interiores, sino también para separar grupos de ofrendas y entierros. La ubicación y disposición de algunas de estas pinturas sugiere que, quizá, fueron concebidas como una forma de respeto hacia el Dios Sicán.

Sospechamos que esta tumba contenía los cuerpos de las mujeres de servicio de la corte de un hombre de la nobleza Sicán•, enterrado, probablemente, en una de las tumbas cercanas y saqueadas en la década de los treinta (ver Tello 1937a, b, c). En una de estas tumbas depredadas fue donde, precisamente, se encontró el famoso cuchillo de oro en forma de tumi que se convirtió, luego, en uno de los símbolos del Perú.

Proyecto SICÁN: La Selección de Tumbas Excavadas

Generalmente, las cuestiones de dónde, qué y cómo excavar se determinan por las interrogantes y objetivos de la investigación. Pero, las decisiones se ven limitadas por el grado de experiencia de los arqueólogos y de los trabajadores involucrados. Y, finalmente, por una serie de consideraciones logísticas, tales como el financiamiento y el tiempo disponibles.

Proyecto SICÁN: La Selección de Tumbas Excavadas
Fig. 23. Partefrontal del panel de una orejera de oro Sicán Medio, portando a un Señor Sicán parado sobre una litera. Foto cortesía del Museo de Arte de Dallas (1975.20). Cortesía de Eugene MacDermotty Sra. Foto, BillJ. Strehorn.

Examinemos, pues, algunas de las consideraciones que nos llevaron a excavar una serie de tumbas Sicán durante las campañas de 1990 y 1991-92. El objetivo principal de la investigación fue dilucidar la naturaleza de la élite y la organización social Sicán Medio. ¿La sociedad Sicán Medio se caracterizó por una estructura social rígida o fue lo suficientemente flexible como para que sus miembros lograsen status más altos? ¿En qué se basó el poder y la riqueza de la élite? ¿Cómo pueden ser categorizados estos líderes —sacerdotes, jefes militares, comerciantes—, o desempeñaron varios de estos roles de mando a un mismo tiempo? Estas fueron las preguntas que orientaron nuestro trabajo de campo.

Proyecto SICÁN: La Selección de Tumbas Excavadas

CULTURA SICÁN : DIOS, RIQUEZA Y PODER EN LA COSTA NORTE DEL PERU
Autor: IZUMI SHIMADA
1995

Dichas interrogantes se basan en las investigaciones previas, que incluyen un cuidadoso escrutinio del corpus de objetos Sicán conocidos, tanto en colecciones públicas como privadas. Por ejemplo, las representaciones en el arte Sicán de un personaje elaboradamente ataviado y cargado sobre una litera (fig. 23), sugerían una marcada diferenciación de status en esa sociedad. Además, tanto los bienes funerarios extraidos como los testimonios de los antiguos huaqueros de la época de la hacienda señalaban, también, una diferenciación en los tratamientos funerarios. Algunos personajes fueron enterrados con impresionante pompa y una sorprendente cantidad de artículos de lujo; incluyendo una importante acumulación de objetos de metal precioso y de metal común. Claramente, varias de estas posesiones parecían tener un origen exótico —p.e., oro, esmeraldas y Spondylus, una concha bivalva color rosado rojizo con largas espinas proveniente de las aguas tropicales del Pacífico.

La capacidad para acumular tal variedad y cantidad de bienes materiales, varios de los cuales reflejan habilidad artística y alta tecnología, sugiere la presencia de una élite poderosa capaz de movilizar considerables recursos, tanto materiales como humanos. La construcción de más de una docena de templos monumentales de adobe, en un lapso de tiempo que va del 950 al 1050 d.C., también confirma este poder. En otras palabras, la sociedad Sicán parece haber tenido una organización social compleja y jerárquica y una economía productiva, incluyendo una extensa red de comercio. De hecho, nuestras excavaciones y prospecciones más tempranas, en la capital de Sicán y asentamientos distantes en la amplia región Lambayeque, indicaban la importancia de la religión organizada y la productividad de su economía —basada en la agricultura de irrigación a gran escala y la producción metalúrgica. Probablemente, la pesca complementó estos dos pilares económicos.

El tamaño monumental y los inumerables templos, tanto dentro como fuera de la capital, nos hablan claramente de la importancia de la religión. Los asentamientos principales Sicán a lo largo de los canales intervalles de Taymi (p.e., Pátapo, Cerro Luya), de Racarumi (p.e., Cerro Arena) y de Collique (p.e., Pampa Grande, SipánCollique) también dan fe de la integración ideológica y política de gran parte de la productiva región de Lambayeque. La extensión total estimada de los campos cultivados en esta región, durante el período Sicán Medio, es 30% mayor que la actual.

Sicán
Fig. 24. Entierro flexionado Sicán Medio tardío con botellas de cerámica y bolas de tiza de huaca, excavado en la Huaca del Pueblo Batán Grande, en 1982. Foto, I. Shimada.

Un modo de comprobar estas hipótesis, sobre la organización social y la élite de Sicán Medio, era excavando tumbas no holladas de los miembros de esa sociedad. Esperábamos que las diferencias de status social se manifestaran en la ubicación, construcción y contenido de ellas. Por ejemplo, una rígida estructura de clases se asocia por lo general a un acceso claramente diferenciado a bienes materiales —incluso a los tipos de íconos religiosos presentes en ellas—, como a servicios. Así, esa estructura de la sociedad Sicán, se reflejaría en la clara presencia o ausencia de cierta clase de bienes funerarios en las tumbas —es decir exclusividad, y no diferencias en la cantidad—. Además, dada la importancia de los templos, esperábamos que la privilegiada élite Sicán fuera enterrada cerca a ellos: por ejemplo, el personaje que hubiera contribuido en trabajo y materiales para su construcción o, igualmente, estado asociado a élla, en vida. En términos generales, podría predecirse una relación entre la distancia del enterramiento al lugar sagrado —es decir, los templos— y la importancia social. Así, cuanto más alto es el status, más cerca estará la tumba al templo. Una expectativa final sería el que las tumbas de status más elevado contuviesen una cantidad mayor de bienes funerarios exclusivos que aquellas de individuos de status más bajo.

En este proceso de excavación en lugares varios, dentro y fuera de la capital de Sicán —previo a la campaña de 1990—, ubicamos varias tumbas. Desde modestos entierros encontrados bajo los pisos de las residencias en la Huaca del Pueblo de Batán Grande (fig. 24), en un cementerio al este del templo de El Corte, y en talleres de metal en Cerro Huaringa, hasta sacrificios de jóvenes mujeres dentro de cajas, y bajo columnas y pisos, en las cimas de las huacas Rodillona, Loro y Las Ventanas (fig. 25).

Aún con la excavación de más de 20 enterramientos no pudimos evaluar, como hubiesemos deseado, nuestra hipótesis acerca de la organización social y la élite Sicán. Muestra que, si bien reflejaba una variedad de contextos, no incluyó ninguno que pudiésemos considerar representativo de la hipótesis que postulábamos. Para probar nuestro punto de vista, sobre la organización social de Sicán Medio, necesitábamos excavar tumbas de élite, intactas, en la capital de Sicán.

Sicán
Fig. 25. Entierro ubicado cerca al centro de la rampa central del templo de Huaca Las Ventanas. Nótese los adobes marcados que se encuentran debajo del individuo, cuyas manos fueron atadas y los ojos cubiertos. Foto, I. Shimada.

Sin embargo, esa búsqueda no podía iniciarse sin una adecuada preparación. Debido a que en la región de Batán Grande existía ya una larga y consentida tradi- ción de huaqueo, inicialmente nuestra llegada levantó sospechas acerca de que estábamos allí también para lo mismo; es decir, para huaquear. Sentí que era crucial hacerle comprender a la población del lugar la naturaleza de nuestra presencia; y, por ende, los objetivos del Proyecto. Con este fin, cada campaña incluyó conferencias públicas en los pueblos aledaños para explicar nuestro trabajo de campo y señalar claramente sus alcances científicos. La campaña didáctica también consideró el invitar a los lugareños —incluyendo a profesores y estudiantes— a nuestro campamento base y a los lugares de excavación. Por otro lado, la presencia de arqueólogos peruanos, tanto profesionales (tabla 2) como entusiastas estudiantes, y el laborar año tras año con los mismos trabajadores locales también fomentó la comprensión de las excavaciones que se venían realizando, creándose de esta manera una empatía y confianza mutuas. Gracias a un convenio de larga duración, suscrito entre el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard —representando al Proyecto Arqueológico de Sicán— y la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Pontificia Universidad Católica del Perú en Lima —representando a la Especialidad de Arqueología—, se aseguró la participación continua de los estudiantes más avanzados de la especialidad, en el Proyecto.

Otra consideración importante, a tomarse en cuenta, fue la inequívoca presencia y, sobre todo, la profundidad del agua subterránea. Quedó muy claro, desde los primeros exámenes practicados en los hoyos dejados por los contumaces buscadores locales y las entrevistas realizadas a huaqueros viejos de la época de la hacienda, que las tumbas de élite podían ser muy profundas y altamente complejas, ya en estructura ya en su contenido. Algunos hoyos tenían más de 15 ms. de profundidad y de 10 a 15 ms. de diámetro en la boca. Así las cosas, tuvimos que esperar a que la napa freática descendiera bajo el nivel ya anotado.

La presencia de varios objetos de metal, madera, textilería, cerámica y otros tipos de artefactos enterrados a esa profundidad, nos exigía la presencia de especialistas para su conservación y su documentación, tanto en el sitio mismo como posteriormente en el laboratorio (Le Ber 1994; Shimada y Merkel 1993). En otras palabras, que debiamos conformar un equipo interdisciplinario. Afortunadamente, los especialistas que investigaban con nosotros el proceso de la producción de cobre arsenical formaron el núcleo de ese equipo.

Asi, pues, el plan de excavar las tumbas de la élite Sicán Medio — que comenzó hace más de IO años — fue factible en 1991. Ello, gracias a la convergencia de condiciones físicas favorables y al generoso apoyo económico de la Tokyo Broadcasting System. La demora también aportó sus propios beneficios. En ese momento, teníamos ya un conocimiento más cabal de la Cultura Sicán, incluyendo su detallada cronología. Además, contábamos con el especial interés y apoyo de la población local.

Por otro lado, el inquietante nivel del agua subterránea descendió hasta, aproximadamente, 16 ms. Por algún tiempo, ese nivel estuvo significativamente elevado por la inundación causada por las lluvias torrenciales, que acompañaron al extremadamente severo fenómeno de El Niño, en 1983. También queremos y debemos mencionar aquí algo sumamente importante para nosotros: el establecimiento de una relación de colaboración a largo plazo entre el Proyecto Arqueológico de Sicán y el Museo de la Nación, para redondear el equipo interdisciplinario y para acceder a sus amplias y seguras instalaciones de almacenamiento, y, a su laboratorio para el trabajo post-excavación. A todo esto, los trabajadores devinieron en excavadores altamente competentes al haber laborado con nosotros, en más de 10 campañas.

Las tumbas excavadas en 1991-92 fueron seleccionadas en base a los datos recogidos durante las tres primeras campañas del proyecto 1978-1980. Teniamos, pues, a nuestro alcance una serie de exámenes previos y documentación muy completa de las actividades efectuadas por los antiguos huaqueros. Y, estábamos interesados, además, en salvar la mayor cantidad de información posible, proveniente de esta destructiva actividad.

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Fig. 26. El templo de La Huaca Loro (en 1981), antes de la severa erosión que sufriera por las lluvias de El Niño de 1983. Vista desde la Huaca Las Ventanas. Foto, I. Shimada.

Por diversas razones, varias tumbas que los huaqueros ubicaron sólo habían sido parcialmente depredadas. Los minadores, habían definido las siluetas de los entierros en función a las diferencias en el color, en la textura e inclusiones entre el material de relleno de la tumba y el suelo natural que la rodeaba. Además, a menudo las paredes de las cámaras funerarias conservaban las marcas de los instrumentos de excavación primigenios. Esas huellas eran claramente distinguibles de las dejadas por las modernas palas y los picos de acero. Por lo general, los saqueadores desechaban lo que consideraban de «poco valor monetario», como la cerámica, los objetos de cobre arsenical, la pintura de cinabrio —un polvo de sulfuro de mercurio [Hgs] de color rojo intenso, mezclado con un consolidante orgánico— y las conchas tropicales tales como el Spondylus princeps. Pensábamos que junto a los pequeños fragmentos de láminas doradas de tumbaga —aleación de Cu y Au o Cu, Ag y Au, en la cual el Cu constituye más del 5()% del total de la composición en peso—, el cinabrio y las conchas eran exponentes del alto status de las tumbas a causa de su rareza, su lejana procedencia y por el trabajo que demandaba el adquirirlas. Reconociendo, pues, estos indicios como también el material cultural desechado, a partir de nuestra prospección en la capital de Sicán pudimos identificar, al menos, seis tumbas de élite que habían sido tan sólo parcialmente saquedas.

 

Sicán
Fig. 27. (A) Reconstrucción en planta, y (B) vista isométrica, clel templo de Huaca Loro _y la PlataJbrma Norte. Nótese la ubicación de la tumba de pozo excavada en 1991-92. Dibujo, C. Samillán e I. Shimada.

Los trabajos de campo asi como las conversaciones con viejos huaqueros supérstítes del tiempo en que la hacienda era ama y señora de la zona, realizados desde 1978, nos sugirieron que existían, al menos, dos tipos de grandes tumbas Sicán. Un primer tipo es el de pozo recto —de aproximadamente 2 a 5 ms. por lado y de 8 a 15 ms. de profundidad— para un entierro ubicado ya sea directamente sobre el fondo de aquel; o, en su defecto, en una cámara cavada en una de las paredes del pozo. De hecho, se dice que un pozo recto tiene un número variable de nichos parabólicos abiertos en las paredes del fondo. Los huaqueros aseguran que, cuando el entierro principal es encontrado en el fondo del pozo, entonces gran parte de las ofrendas asociadas se hallan o alrededor del cuerpo o en el nicho grande. De otro lado, si el cuerpo principal no está ubicado en el fondo, el entierro y las ofrendas asociadas pueden encontrarse en el nicho más grande, el cual puede ser un tunel horizontal o inclinado de varios metros de largo. Este primer tipo es semejante a las tumbas en forma de L, o en forma de bota —también llamadas «tumbas con cámara—, descubiertas tanto en la región de Vicús en el Alto Piura (p.e., Disselhoff 1971), como en la sierra ecuatoriana y la colombiana (p.e., Long 1967; Chávez y Puerta 1980; Meyers et al. 1975; Uhle 1922), y en el occidente de México (estados de Colima, Jalisco y Nayarit; p.e., Long 1966; Meighan 1969; Meighan y Nicholson 1989).

El segundo tipo de tumba es, esencialmente, una pirámide escalonada invertida. Es decir, tiene una boca grande y cuadrada —de 7 a 15 ms. por lado— que va disminuyendo proporcionalmente con el incremento de la profundidad —hasta alcanzar de 2 a 3 ms. por lado en el fondo, y de unos 7 a 15 ms. de profundidad—. A pesar de su impresionante tamaño, este tipo de tumbas parece estar asociado con pocos objetos de oro y sí con muchos de cobre arsenical.

En 1991, realizamos tres excavaciones en lo que consideramos tumbas de élite:

Sicán
Fig. 27. (A) Reconstrucción en planta, y (B) vista isométrica, clel templo de Huaca Loro _y la PlataJbrma Norte. Nótese la ubicación de la tumba de pozo excavada en 1991-92. Dibujo, C. Samillán e I. Shimada.

(1) La primera, profunda y de pozo recto, estaba situada a lo largo de la base norte del impactante montículo de la Huaca Loro el cual mide cerca de 80 ms. por lado en la base y tiene más de 35 ms. de altura (figs. 26, 27). La Huaca Loro es uno de los cinco templos monumentales que definen el amplio espacio rectangular designado como la Gran Plaza. Hipotéticamente, pensamos que la tumba tenía una importancia simbólica particular, basados en su proximidad al templo de la Huaca Loro y por su ubicación en la esquina de la Gran Plaza, formada por la intersección de la base norte del templo y la Plataforma Norte que se prolonga cerca de 150 ms. a lo largo de un eje norte-Sur perfecto. La Plataforma Norte define el margen oeste de la Gran Plaza.

La tumba parece ser, pues, una de la serie de pozos rectos que los huaqueros descubrieron —hacia el final de los sesentas— a lo largo de la bases este y norte del templo de la Huaca Loro. Los depredadores quitaron, con una pala mecánica, las terrazas basales del templo —las cuales se cree tenían de 2.5 a 3 ms. de profundidad, aproximadamente— hallando inmediatamente así las siluetas de las tumbas. Esto sugiere que pueden muy bien haber sido cavadas antes de terminar de construir el templo. Aparentemente, los huaqueros registraron a fondo 3 ó 4 de ellas, de diferentes tamaños, a lo largo de la base este.

Alrededor de 1975, los huaqueros intentaron abrir dos tumbas, que están simétricamente ubicadas en los lados este y oeste del extremo sur de la Plataforma Norte. A una profundidad de 10 ms. se inundaron por el agua subterránea que afloró, la cual trataron de retirar con bombas, sin mayor éxito. Además, la amenazadora acción policial los forzó a abandonar su ilícita incursión.

Fue en 1978 que vi por primera vez estos dos pozos, y me percaté de las bien preservadas marcas de antiguas herramientas de excavación en sus paredes de barro y arcilla compactados. El pozo de la tumba este tenía forma cuadrada, la boca medía cerca de 3 ms. por lado. La tumba oeste tenía medidas de aproximadamente 5 ms. por lado. Al parecer, los huaqueros no habían logrado llegar a las cámaras funerarias. La inundación Proyecto SICÁN: La Selección de Tumbas Excavadas

 

Fig. 28. Excavación en proceso en la tumba de Huaca Las Ventanas en 1991. Los troncos de algamobo que se aprecian alfondo del pozo, fueron colocadbspor los huaqueros (probablemente hacia finales de los sesentas) para prevenir el derrumbe de la arena dentro del mismo. Foto, I. Shimada.

 

(2)La segunda tumba se ubica en un área arenosa, a unos 120 ms. al sur del templo de la Huaca Las Ventanas; en el lado este de la Gran Plaza. No está directamente asociada a ninguna construcción principal pero está rodeada de grandes pozos trabajados por los huaqueros. En 1978, cuando la vi por primera vez, encontré pintura de cinabrio desperdigada, Spondylus y pequeños fragmentos de láminas de tumbaga en los montículos de relleno. En este caso, el examen del pozo reveló que no trazaron cuidadosamente el hoyo de la tumba —estimada en 7 a 8 ms. por lado, en la boca, aproximadamente—, quizás por el relleno y la matriz, arenosos e inestables. Presentí que esta tumba sólo estaba parcialmente depredada (fig. 28).
(3)La última seleccionada fue una de las tumbas expuestas por la avenida del río La Leche en 1983. El agua removió la superficie del suelo a lo largo del extremo norte de la Huaca La Merced y descubrió las siluetas de los pozos rectos; la humedad compactó el relleno desprendido de la tumba haciendo fácil su reconocimiento. Los huaqueros locales observaron este hecho y, poco tiempo después, incursionaron en algunas de ellas. La que seleccionamos parecía haber sido sólo parcialmente huaqueada y era pequeña (cerca de 1.80 ms. por lado).
El Proyecto Arqueologico SICÁN: Una caracterización

I huaqueo a gran escala de las tumbas en Poma y de su entorno ya estaba muy difundido cuando llegué al Perú por primera vez en 1973. Vine a trabajar en un proyecto arqueológico canadiense ubicado en Pampa Grande, la última capital de la entidad política Mochica —aproximadamente entre 600 y 700 d.C.—, en el valle de Lambayeque. El trabajo de campo en 1973 y 1975 dio lugar a un conocimiento más exacto de la organización socioeconómica de esta antigua urbe. También a una más cabal apreciación de su sofisticada organización y de los logros materiales de la cultura Mochica, incluyendo su avanzada metalurgia del cobre (p.e., Shimada 1978, 1982, 1994). Así como Kosok y Schaedel, quienes me habían precedido, quedé realmente muy impresionado por el extraordinario potencial económico y demográfico de la extensa y productiva región de Lambayeque. Una concentración sin igual de más de 30 montículos monumentales de plataformas de adobe, asi como la presencia de espléndidos canales intervalles en esta área, más que apoyar, simplemente, confirman este potencial. Algunos de estos montículos son los de mayor tamaño en lo que se refiera a construcciones prehispánicas de este tipo en Sudamérica. Y, como ya lo hemos manifestado, es un enigma el que la región de Lambayeque no haya sido investigada arqueológicamente a mayor profundidad ni por un largo tiempo. Estos veintiun años de trabajos en la zona, reforzaron mi convicción de que esta región fue el marco de muy importantes desarrollos culturales y que merece una especial atención arqueológica.

El Proyecto Arqueologico SICÁN: Una caracterización

CULTURA SICÁN : DIOS, RIQUEZA Y PODER EN LA COSTA NORTE DEL PERU
Autor: IZUMI SHIMADA
1995

Nuestro trabajo de investigación en Pampa Grande se basó estrictamente en el sitio y en su breve lapso de existencia. Esto, naturalmente, llevó a preguntas tales como ¿qué pasó después del abandono de Pampa Grande y el colapso de la entidad política Mochica hacia el 700 d.C.? Mi atención se orientó entonces a Sicán y a la cultura que surgió a su alrededor.

Mi primera visita al sitio fue en la primavera de 1973; un reconocimiento informal con los miembros del Centro de Estudios Arqueológicos de Lambayeque, dirigidos por el fallecido y siempre recordado Jorge Rondón, dejó una vívida impresión de los montículos monumentales de adobe asomándose a través del denso bosque de algarrobos, rodeados por los numerosos hoyos dejados por los huaqueros. Estos monumentos y la desconcertante cantidad de objetos de oro huaqueados de las tumbas, que ya había visto en el Museo de Oro del Penl, aludían la presencia de una cultura altamente desarrollada y poderosa, capaz de movilizar una gran cantidad de fuerza de trabajo y de adquirir recursos variados de lugares ya cercanos o lejanos, de su centro de poder político-religioso, incluyendo bienes suntuarios tales como pepitas de oro y esmeraldas. Además, en una primera impresión, asumí que el distintivo estilo Sicán manifestó la clara influencia del estilo Mochica, sugiriendo que el primero siguió muy de cerca, en el tiemPO, al segundo. Breves investigaciones previas de varios arqueólogos apoyaron estas impresiones (p.e., Bonavia 1974; Donnan 1972; Schaedel 1978).

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Fig. 6. Brian Schaffield, miembro del Proyecto Arqueológico de Sicán, mostrando cómo se usan el batán y el chungo. Foto, I. Shimada en el sector noroeste del Cerro Huaringa.

Es así que, en 1977, decidí iniciar un nuevo proyecto en la región de Batán Grande con el objetivo a largo plazo de clarificar la evolución, la organización interna y los logros materiales de la Cultura Sicán. Estaba interesado en llegar a un cabal conocimiento de esta cultura. Mi meta era ambiciosa y decidí asignarle unos quince años a esta tarea. En esa época —e incluso ahora—, la mayoría de las investigaciones arqueológicas en los Andes no han mantenido sus esfuerzos e interés sobre un mismo tópico o área de investigación para alcanzar una cabal comprensión del mismo (Shimada 1990b, 1994: 27-28). Sentí que Sicán, por su complejidad y mis primeras apreciaciones, podría requerir una investigación sostenida, de largo plazo, incluso llegando a manejar una multitud de perspectivas analíticas. Junto con una futura investigación sobre el afamado oráculo de Pachacamac —cerca a la ciudad de Lima— considero este proyecto como una parte de mi meta profesional, orientada a definir la naturaleza y el rol del urbanismo y de los centros ceremoniales andinos prehispánicos.

 

Las metas y perspectivas anteriores nos llevaron a tener un enfoque regional, con un muestreo de múltiples sitios de diferente ubicación (p.e., capital versus periferia), carácter (p.e., residencial, industrial y ceremonial) y tamaño. Obviamente, también, a contar con un equipo de especialistas. Para investigar propiamente el amplio espectro de los fenómenos culturales en los cuales estamos interesados, necesitábamos ser eclécticos y trabajar cojuntamente con diversos especialistas. Inicialmente, un geólogo (Alan Craig de la Florida Atlantic University), una analista de restos animales y vegetales (Melody Shimada, del Centro para Invesigaciones Arqueológicas, Southern Illinois University) y una etnohistoriadora (Susan Ramírez, de la De Paul University) fueron integrados al Proyecto para trabajar con los arqueólogos. Los dos primeros participaron en el trabajo de campo para proveernos de un panorama exacto del contexto medioambiental de la Cultura Sicán y la forma cómo fue explotado para la subsistencia y demás requerimientos (p.e., Craig 1985; Craig y Shimada 1986; M. Shimada 1994; Shimada y Shimada 1985). Ramírez examinó los documentos históricos coloniales para obtener claves del destino de la gente Sicán bajo el dominio Chimú e Inca, así como de los sobrevivientes de la tradición cultural Sicán (p.e., Ramírez 1982, 1985). Más tarde, para llegar a nuevos datos y desarrollar metodologías apropiadas, dictaminadas por las cambiantes direcciones y tópicos de la investigación, otros especialistas (ver tabla 2) se unieron al equipo para aportar su experiencia. Por ejemplo, para la presente investigación, en cuanto a la tecnología y la organización de la producción de cobre arsenical y metales preciosos, se nos unieron en el trabajo de campo y de laboratorio aquí en Perú: Adon Gordus (especialista en la caracterización química del metal y otros materiales, de la Universidad de Michigan; Gordus y Shimada en prensa), Jo Ann Griffin (especialista en análisis y conservación de objetos de oro prehispánicos, Dallas; Griffin y Shimada 1994; Shimada y Griffin 1994), Laurence Le Ber (conservador de metal, Museo Hornimam, Londres; Le Ber 1994) y John F. Merkel (especialista en metalurgia antigua de la University College London; Merkel y Shimada 1988; Merkel et al. 1994, en prensa; Shimada y Merkel 1991, 1993).

Nuestro trabajo de campo comenzó con un reconocimiento general de los restos arqueológicos en el área central del valle de La Leche, seguido por excavaciones en una serie de sitios Sicán tales como centros metalúrgicos, asentamientos habitacionales y la capital. Además, diversas series de fotografías aéreas tomadas en diferentes épocas fueron sistemáticamente examinadas para apoyar nuestra prospección.

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Fig. 7. Tres conjuntos sobrepuestos de hornos de fundición (950-1000 d.C. aproximadamente), encontrados en la Huaca del Pueblo Batán Grande en 1983. Nótese que las ofrendas están ubicadas en sus bocas. Foto, I. Shimada.

Los reconocimientos de 1978 y 1979 revelaron varios aspectos importantes para la arqueología de la zona (Shimada 1981a, 1981 b, ,1982). En contraste a las evidencias hallada en todos los valles aledaños, fueron escasos los testimonios de agricultura prehispánica en Poma. A todo lo largo cle la costa el agua y la tierra cultivable han sido siempre muy solicitadas y la situación observada era notablemente peculiar. Particularmente, porque en Poma la calidad del suelo era excelente y por la presencia de un río de caudal constante. En vez de desarrollo agrícola, lo que encontramos fueron numerosos cementerios prehispánicos y una increible concentración de construcciones monumentales de adobe. Schaedel sugirió, tempranamente, que el pequeño valle de La Leche constituyó un par funcional del adyacente y extenso valle de Lambayeque. Y, este último, sirviendo como despensa del primero, vino a ser el marco del centro ceremonial y político durante el florecimiento Sicán hacia el año 1000 d.C. (195 la: 540).

 

Otro rasgo notable fue la ubicua presencia de restos metalúrgicos en nuestra área de estudio. Y, en lo que respecta al nombre del principal asentamiento moderno en el valle, Batán Grande, deriva del hecho que hubo numerosos batanes (grandes yunques de piedra [de 1 m. de diámetro aproximadamente]), los cuales en tiempos antiguos eran usados para moler el mineral y la escoria, con pesadas piedras llamadas chungos (fig. 6). Los residentes antiguos de Batán Grande aún recuerdan cómo, a principios de siglo, docenas de estas piedras fueron traidas de sitios arqueológicos cercanos para ser usadas en las casas en tareas domésticas, como por ejemplo para moler café y el ají, entre otras cosas. Hasta nuestra investigación, los actuales residentes desconocían la función original de estas piedras e ignoraban el origen del nombre de su pueblo.

Hablando a grosso modo, los restos metalúrgicos son escasos en los sitios arqueológicos del Nuevo Mundo. No obstante, la abundancia de batanes y de chungos, y de otros implementos, así como la cantidad de objetos de metal huaqueados de tumbas locales, señalaban la presencia de una importante tradición metalúrgica prehispánica en esta área.

Las excavaciones realizadas desde 1979 hasta 1983 en el pequeño sitio de la Huaca del Pueblo de Batán Grande (fig. 7), y en dos sitios más grandes -los cerros Huaringa y Sajino- en las afueras del mismo, dieron amplias evidencias de trabajos de fundición a gran escala, de cobre arsenical durante la era Sicán. Incluyendo aquí hileras de hornos bien preservados, que son las únicas estructuras de esa naturaleza excavadas hasta la fecha en el Nuevo Mundo (fig. 8; p.e., Epstein y Shimada 1984; Shimada 1987a; Shimada et al. 1982, 1983).

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Fig. 8. Diagrama de flujo de la sfases los componentes de la producción de cobre arsenical; adaptado de la figura en Merkel et al. (1994: 202).

El cobre arsenical es un conjunto de aleaciones compuesto de varias mezclas de cobre y arsénico, un elemento químico venenoso. Típicamente, el producto que los metalurgistas Sicán obtuvieron contiene de 2% a 6% de arsénico y puede ser descrito como un tipo de bronce. Las aleaciones tienen un color plateado amarillento y una dureza, una maleabilidad y capacidad de fundición superiores. Ni más ni menos tampoco, que los mejores conocidos bronces de cobre y estaño producidos en varios lugares del Viejo Mundo, así como en el sur peruano y áreas vecinas (Lechtman 1979, 1980, 1981). Aunque los metales preciosos tienden a atraer más la atención del público, dentro de la historia de la tecnología prehispánica del Nuevo Mundo, puede decirse que la exitosa producción a gran escala de cobre arsenical fue lo que distinguió la metalurgia Sicán.

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Fig. 9. Fundición del cobre usando un horno de 600 años de antigüedad en Cerro Huaringa. Nótese el uso de largos tubos para soplar hechos de caña y engastados en el extremo inferior con una tobera de cerámica. Foto, I. Shimada.

Nuestra investigación ha demostrado que los metalurgistas Sicán mezclaron deliberada y directamente malaquita —encontrada cerca a la superficie en los depósitos locales de cobre— y formas oxidadas de arsenopirita, como la scorodite (FeAsO -2H O), para producir cobre arsenical (Merkel y Shimada 1988; Merkel et al. 1994; Shimada, en prensa; Shimada y Klerkel 1991; compárese Lechtman 1976, 1991). Nuestra excavación también reveló que la fundición fue llevada a cabo en una serie de talleres relativamente pequeños, cada uno equipado con una hilera de 3 a 4 hornillos y juegos de batán y chungo. El combustibe era el carbón de algarrobo, árbol abundante localmente. La fuerza necesaria para fundir la carga en el horno a temperaturas de cerca de 1000-1100 0 C era provista por la capacidad pulmonar de varios hombres que probablemente invertían de dos a tres horas soplando, al mismo tiempo, a través de tubos (fig. 9). Aparentemente, el fuelle no fue conocido en el Nuevo Mundo. Con este limitado potencial para alimentar la temperatura del horno, no fueron capaces de fundir suficiente carga como para producir un lingote. En vez de eso, se formaban prills o pequeñas gotitas esféricas de metal —generalmente de 1 a 5 mm. de diámetro—, las cuales permanecían atrapadas en la viscosa escoria. Moliendo esta escoria se liberaban los prills, para luego ser recogidos y vueltos a fundir para formar lingotes planos convexos. Aunque cada horno de fundición tenía una capacidad solamente de 1.5 a 3.0 Its. aproximadamente, la alta productividad fue alcanzada a través del uso de numerosos hornos, en talleres contiguos construidos especialmente para tal modalidad de trabajo.

 

Sin embargo, aunque actualmente nos puede parecer ineficiente, esta tecnología de fundición persistió sin mayor cambio incluso después de las sucesivas conquistas del territorio Sicán por parte de los chimúes e incas. Así como la alquimia de la Edad Media en Europa o la primitiva fundición del hierro en Africa que continúa hasta hoy en día, aparentemente la fundición Sicán en su estadío inicial tuvo aspectos mágico-religiosos (p.e. Eliade 1956; Shimada, en prensa; Shimada y Merkel 1991; Van der Merwe y Avery 1988). La construcción de los hornos fue precedida por elaborados rituales y ofrendas (p.e., de fetos de llama; Shimada y Shimada 1985). Y, en el momento que dejaron de ser usados, los hornos recibieron más ofrendas -comida y/o bebida en vasijas de cerámicas-. Después de todo, el proceso de fundición implica una metamorfosis del mineral natural en una sustancia «nueva» totalmente distinta y valiosa llamada metal.

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Fig. 10. (a-1): Varios tamaños de naipes provenientes de la tumba de élite Sicán Medio, parcialmente depredada en Huaca La Merced (Elera et al. 1984), (A-D): dos tamaños de naipes hallados en las tumbas buaqueadas, Huaca de Las Ventanas; (E) manera como los mismos naipes huaqueados de una tumba en la Huaca Menor, fueron amontonados (ver Pedersen 1976). Dibujo, I. Shimada.

La reconstrucción anterior del proceso de fundición Sicán fue sucesivamente probada en el campo usando réplicas de hornos; entre ellos uno de 600 años de antigüedad, en Cerro Huaringa (fig. 9). Este hecho proveyó información valiosa a cerca de los altos costos en trabajo y materiales de una fundición y de cómo operaron los hornos.

En resumen, hacia fines de 1983, demostramos que a mediados del siglo X d.C. los antiguos Sicán desarrollaron exitosamente una tecnología y una industria de fundición de cobre arsenical. Como es de esperarse, con el inicio de la fundición de bronce a gran escala, el cobre, soporte anterior de la metalurgia norperuana, fue permanentemente reemplazado (p.e., Lechtman 1979; Shimada y Merkel 1991). Inclusive las herramientas de piedra y hueso fueron gradualmente sustituidas por los implementos de cobre arsenical. Así, la cultura Sicán Medio (900-1100 d.C.) fue verdaderamente la precursora de la «Edad de Bronce» para el norte del Perú.

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Fig. 11. Arquitectura de adobe en el Montículo II de Huaca La Merced, expuesta por la inmensa trinchera de huaqueo que atraviesa en dos al montículo, revelando cerca de ms. de muros pisos sobrepuestos. Limpiamos la estratigrafía evidenciando una ocupación del sitio desde elprimer milenio a.C. hasta la dominación inca en la región. Foto, 1. Shimada (dirección Oeste) antes de su excavación en 1985. El sitio fue excavado nuevamente en 1991-92.

Sus productos de cobre arsenical incluyeron lo que bien podría ser la moneda primitiva, localmente llamada naipes, la que se cree fue usada por los comerciantes especializados (fig. 10; p.e., Shimada 1985a, 1985b, 1987b). Los naipes son objetos en forma de I, delineados y cortados a partir de láminas martilladas de cobre arsenical (típicamente de 3.5% a 4.3% de arsénico aproximadamente). Y, como han sido hechos a mano, presentan ciertas variaciones; pero como conjunto parecen haber sido igualados en cuanto a tamaño y forma. De este modo, se ha identificado cinco tamaños distintos, siendo el más pequeño de 2.8 cms. de ancho por 4.5 cms. de largo, y el más grande de aproximadamente 8.5 cms. por lado. El grosor de la lámina de metal se incrementa más o menos en proporción al tamaño. Aunque creemos que los naipes de cada tamaño fueron uniformados en cuanto al peso, la corrosión de los especímenes excavados hace difícil clarificar este punto. La hipótesis de que la entidad política Sicán verdaderamente produjo los naipes y los usó para adquirir bienes exóticos de tierras distantes, bien puede explicar gran parte del poder político y la riqueza económica inferidos a partir de las construcciones monumentales y los bienes funerarios huaqueados.

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Fig 12. Seriación de las botellas Sicán de gollete úínico. La secuencia (izq. dcha.) presenta los cambios en laforma en la decoración desde elperiodo Sicán Temprano
(aprox. del 750 al 900 d.C.) basta el Sicán Tardío (aprox. del 1100 al 1375 d.C.). La forma básica de la vasija incluye una base anular apedestalada, cuerpo redondo pico
troncocónico, tiene una fuerte continuidad en el tiempo, mientras que sus proporciones relativas, así como la decoración, muestran notables cambios. El cambio más drástico es la abrupta desaparición de la
cabeza de la deidad Sican en la base del gollete en épocas de Sicán Tardío.

Junto con el trabajo de campo ya descrito, se llevó a cabo una serie de reconocimientos y excavaciones intensivos en Poma. En sitios como las huacas Lucía, Soledad y La Merced (fig. 11), el trabajo de campo demostró que las ocupaciones Sicán eran precedidas por las de culturas más tempranas, incluyendo Cupisnique —localmente llamada Chólope—, Gallinazo y Mochica (p.e., Shimada 1981a, 1994; Shimada y Maguiña 1994). Hacia el final de la campaña de 1983 ésta y otras excavaciones en Poma, y en el interior, mostraron una larga y prominente ocupación humana en la región de Batán Grande, comenzando hacia el 2000 a.C. (tabla 1). Con más de 100 fechados radiocarbónicos (tabla 3) y una larga estratigrafía y secuencias arqueomagnéticas —cubriendo juntas desde el año 1000 a.C. a la época colonial aproximadamente—, la de Batán Grande, como una totalidad, quizás es la región arqueológica mejor fechada de los Andes. (figs. 12-13).

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Fig. 13. Este diagrama presenta los cambios en laforma de los adobes desde tiempos Gallinazo (primeros siglos d. C.) basta la dominación inca. La tendencia es la de incrementar su tamaño, en general. En la última parte de la seriación se nota cómo la cara superior se bace gradualmente más convexa. Esta secuencia se basa en una serie de superposiciones arquitentónicas documentadas en Batán Grande.

Estas excavaciones también han revelado que la notable importancia económica y religiosa de Poma se dieron hacia el año 1000 a.C. Por ejemplo una excavación en 1989, a lo largo del Canal Poma, reveló un centro principal de producción cerámica de 3000 años de antigüedad, con docenas de hornos tecnológicamente eficientes (fig. 14; la más grande concentración de hornos prehispánicos documentada en toda Sudamérica), a unos pocos kilómetros de distancia del contemporáneo y monumental Templo de las Columnas de la Huaca Lucía, y de numerosos asentamientos habitacionales (Shimada et al. 1990, 1994; Wagner et al. 1994a, b).

Curiosamente, en el momento del abandono hacia el 700-750 a.C., el Templo de las Columnas fue cuidadosa y totalmente sellado, enterrado bajo tres capas sucesivas de arena limpia, alcanzando 8 ms. de altura (Shimada 1981a, 1981 b, 1982, 1986; Shimada et al. 1982). Así, las colosales columnas —1.2 ms. de diámetro originalmente, y de aproximadamente 4 ms. de alto— y la escalera central —de 16 ms. de ancho y de 23 escalones— se conservaron hasta hoy en día en un excelente estado (figs. 15,16). Esta costumbre del «enterramiento ritual de los templos» o huacas se ha registrado en varios sitios vecinos de la Costa y la Sierra. En Poma, esta costumbre, junto con la tradición de construir montículos monumentales con plataformas de carácter religioso, persisitió hasta la época de la conquista española, mientras que en otras partes de los Andes, al establecer Wari su imperio hacia los 700-800 d.C., este ritual se perdió. El reemplazo de los montículos por grandes áreas amuralladas, como aquellas que predominan en la capital Chimú de Chan Chan, han sido interpretadas tradicionalmente como el principio de una forma secular de control social, político y de integración.

Fig. 14. Experimento de quema de cerámica usando un borno de 3000 años de antigtriedad excavado en el Canal de Poma en 1989, El ceramista Víctor Chang produjo vasijas estilo Cupisnique usando arcilla del Canal de Poma para esta quema experimental. Las temperaturas dentro del borno fueron cuidadosamente monitoreadas. El experimento demostró que estos hornospermiten un buen rendimiento del combustible una refracción alta, que son defácil manejo pueden alcanzar temperaturas cercanas los 800’C. Foto, I. Shimada.

Fig. 15. Parte de las escaleras centrales de 16 ms. de ancho del Templo de las Columnas, en la Huaca Lucía, excavada en 1980. Nótese el relleno de arena pura y limpia, y los sellos de arcilla que protegían las gigantescas columnas (fig. 16) y la escalera. Foto, I. Shimada.

En este sentido, la capital Sicán Medio de Sicán, un área en forma de T de unos 1.6 kms. en su eje Norte-Sur y 1 km. en su eje Este-Oeste, representa una notable excepción. Nuestras excavaciones en la cima y alrededor de las bases de los montículos monumentales de adobes, en Sicán, sugieren que fueron construidos en un tiempo relativamente corto, hacia los años 900 y 1000 d.C. aproximadamente, para actividades ceremoniales. No fueron erigidas áreas amuralladas de escala similar como las ciudadelas en Chan Chan. Algunos de los montículos —p.e., las huacas El Corte y El Moscón— sólo alcanzan de 7 a 12 ms. de altura y tienen forma de T, con una amplia rampa ubicada en el centro para un acceso directo a la alargada cima (fig. 17). Otras pirámides son mucho más grandes y tienen forma trunca, llegando a tener bases de 80 por 100 ms. de lado y cerca de 40 ms. de altura (p.e., las Huacas Loro y Rodillona; fig. 18). A la cima se llega a través de una rampa amurallada relativamente estrecha, empinada y zigzagueante. La Huaca Las Ventanas parece ser un caso transicional entre estas dos formas básicas de acceso, mientras que en la Rodillona, un montículo en forma de T, fue construido en uno de los lados de la pirámide trunca.

Ahora bien, todas las huacas tienen estructuras auxiliares a su alrededor, incluyendo lo que parecen ser depósitos de almacenamiento al sur del montículo de la Huaca El Corte y talleres de metal en el sector noreste, en el caso de Las Ventanas. Cada uno de los montículos descrito en El Corte y Las Ventanas es, en realidad, parte de un complejo arquitectónico en forma de U -abierto al oeste; donde Huaca La Botija ocupa la parte intermediaLos dos complejos están perfectamente alineados y juntos forman el eje Este-Oeste de Sicán. Tanto el montículo de El Corte como el de Las Ventanas tienen dos fases constructivas principales y, probablemente, fueron construidas como pares. Su primera fase representa una de los complejos monumentales más tempranos del período Sicán Medio.

Fig. 16. Gran columna pintada que emerge del relleno de arena, durante la excavación del Templo de las Columnas en la Huaca Lucía; 1979. Foto, I. Shimada.

En contraposición al alineamiento Este-Oeste de las huacas El Corte-Las Ventanas, está el eje Norte-Sur formado por las construcciones de las huacas Loro y La Merced. La plataforma norte de Loro, de unos 150 ms. de largo, no solamente está construida a lo largo del eje central de la huaca sino que, también, está perfectamente orientada Norte-Sur. Los restos estructurales visibles a ambos lados del actual curso del río La Leche sugieren que, originalmente, las huacas Loro y La Merced estuvieron arquitectónicamente unidas la una con la otra.

Las estructuras piramidales truncas de las huacas Rodillona y Soltillo -o Santillo- se ubican hacia el noroeste de la intersección de los ejes descrito líneas arriba. Esta última tiene una larga plataforma en el lado norte, del mismo modo que la Huaca Loro. Sin embargo, las técnicas y los rasgos de construcción hallados en ambas huacas, son idénticas o similares a aquellas encontradas en otras edificaciones monumentales de Sicán Medio, en Sicán.

Fig. 18. Reconstrucción isométrica de las construcciones principales en Sicán. La Huaca Rodillona se ubica en la esquina superior derecha. Dibujo, César Samillán en base a un original de I. Shimada. Foto, Y. Yoshii.

Creemos que Sicán sirvió como capital religiosa y política de la Cultura Sicán Medio con el agregado, sin paralelo, de los templos monumentales y las estructuras formales asociadas para este período de tiempo. Fue el centro religioso más prestigioso en el norte del Perú, eclipsando a Pachacamac. Sin embargo, no fue un centro poblacional. La capital con templos, altares y tumbas fue terreno sagrado y parece haber tenido un número relativamente pequeño de residentes: miembros de la élite y sus servidores. Los que trabajaron los metales preciosos muy bien pueden haberse trasladado desde asentamientos residenciales, cercanos al perímetro de la capital, como la Huaca Arena.

El volumen de estos montículos monumentales fue logrado por el entretejido sobrepuesto de cámaras contiguas de adobe, rellenadas de manera práctica con variedad de materiales (Cavallaro y Shimada 1988; Shimada y Cavallaro 1986, en prensa). Los desechos y otros sustratos de relleno provienen de distintos contextos; así por ejemplo encontramos excremento de llamas, tiestos —probablemente de los hornos—, arena de las dunas, y escoria, fragmentos de moldes de lingotes y otros desechos de los centros metalúrgicos. Cada cámara fue construida con adobes hechos en moldes y asentados sobre una oruesa capa de mortero. Aquellos, varían en tamaño, forma, color y textura, por la calidad de la tierra utilizada, así como en las marcas impresas o incisas, lo que probablemente indica que fueron trabajados en diferentes lugares.

Más del 90% de los adobes usados en las estructuras Sicán Medio —en Sicán— tienen marcas (fig. 19). De manera muy semejante a la ampliamente difundida y persistente tradición de donación de materiales —p.e., baldosas para el piso y piedras para las paredes—, con el nombre del donante inscrito en ellos, para la construcción de los templos o iglesias en el Viejo Mundo; marcas que pueden simbolizar a los protectores o favorecedores de los templos como, también, referirse a estructuras públicas. Muchas de las más de 220 marcas identificadas (fig. 20) son representativas en su carácter —p.e., pala de madera, vasijas de doble pico, naipes, tumi— y pueden, muy bien, estar identificando el producto o la actividad principal del donante. El tumi, la X y otras marcas encontradas en los adobes, igualmente se encuentran en la base de los platos Sicán, hechos en molde.

Fig. 19. Adobes marcados expuestos en la cima del templo de Huaca Rodillona (capas 3, lo largo del lado oeste). Dibujo, Shimada
Fig. 20. Compilación de las marcas halladas en los adobes usados en varios de los sitios Sicán Medio. Dibujo, I, Shimada.

 

Fig. 21. Caja de columna con un sacrificio humano asociado, en la cima del montículo de Huaca Rodillona. Foto, I. Shimada.

 

Fig. 22. Uno de los seis templos en miniatura (cada uno con tresfigurinas del Señor Sicón parado) de la parte posterior de una litera Sicán que se encuentra en el Museo de Oro del Perú, en Lima. Foto reproducida con la autorización del Museo Real de Ontario, Toronto.

Las excavaciones en las cimas de los montículos en Sicán, han demostrado la función ceremonial de los mismos (fig. 21). Todos se caracterizan por presentar formal y gradualmente un complejo de terrazas ascendentes, una impresionante serie de docenas de columnas pintadas y regularmente espaciadas, además de paredes perimetrales decoradas con murales polícromos de imágenes religiosas. La apariencia original de la cima de los montículos de las huacas El Moscón y El Corte, debe haberse parecido a los templos en miniatura que decoran la parte posterior de la bien preservada litera de madera —estilo Sicán Medio—, que se encuentra en el Museo de Oro del Perú (fig. 22). En otras palabras, estos montículos fueron diseñados para la realización de rituales que, probablemente, afirmaban los valores y prioridades sociedades e ideológicas existentes.

 

Autor: IZUMI SHIMADA
Fuente:  CULTURA SICAN : DIOS, RIQUEZA Y PODER EN LA COSTA NORTE DEL PERU

 

El Proyecto Arqueologico SICÁN: Una caracterización
Sicán y Sipán : Cronología Peruana

Es necesario esclarecer un punto que es tema de confusión. A causa de la semejanza y eufonía de sus nombres, Sicán y Sipán son confudidos a menudo. Tenemos así que el término Sicán designa una cultura que existió durante lo que los arqueólogos llaman el Horizonte Medio y el Período Intermedio Tardío temprano (tabla 1) con su capital en Poma.

En lo que se refiere a Sipán, es el nombre de un pueblo ubicado en la margen sur del valle medio de Lambayeque, a unos 40 kms. al sur de Poma y sobre los 30 kms. al este de Chiclayo. Existen abundantes restos arqueológicos allí, incluyendo Huaca Rajada, y dos montículos monumentales contiguos situados en la esquina noroeste del pueblo. Fue el huaqueo y la subsecuente excavación arqueológica de tempranas tumbas de la élite Mochica, que fechan del siglo 11 al IV’ d. C. (Alva y Donnan 1993) y que se ubican en un pequeño montículo de adobe en la base este de Huaca Rajada, los que trajeron la fama a Sipán. Este montículo también contiene entierros Sicán Medio, Chimú y Chimú-Inca. La importancia arqueológica de Sipán ya era conocida (p.e., Kosok 1959, 1965; Nolan 1980; Schaedel 1951a, 1966a, 196613, 1972) y, probablemente, corresponde al asentamiento prehispánico de Cipán mencionado en varios registros coloniales (p.e., Netherly 1977, 1984). Pero, antes del reciente huaqueo, nadie sospechaba la presencia de las tempranas tumbas de élite Mochica.

A continuacion el cuadro cronológico y la ubicación de la  Cultura Sipán.

La Cultura Sicán en la Cronología Peruana
CRONOLOGÍA PERUANA
REGIÓN LAMBAYEQUE – BATAN GRANDE
VALLE DE MOCHE
HORIZONTE TARDIO SICAN – INCA

1470-1533 d.C.

CHIMU – INCA 1470-1533 d.C.
PERIODO

INTERMEDIO

TARDIO

SICAN – CHIMU 1375-1470 d.C.

SICAN TARDIO 1100-1375 d.C.

SICAN MEDIO 900-1100 d.C.

CHIMU

1200-1470 d.c.

INFLUENCIA SICAN

800-1200 d.C.

HORIZONTE MEDIO SICAN TEMPRANO 700-900 d.C.

MOCHE V

550-700 d.C.

INFLUENCIA WARI 700-800 d.C.

MOCHE V

550-700 d.C.

PERIODO

INTERMEDIO

TEMPRANO

MOCHE ıv

450-550 d.C.

MOCHE 1-111/

GALLINAZO 1-450 d.C.

GALLINAZO

200 a.C. – ı d.C.

SALINAR

300-200 a.C.

MOCHE ıv

450-550 d.C.

MOCHE 1-111 1-450 d.C.

GALLINAZO

200 a.C. – ı d.C.

SALINAR

300-200 a.C.

HORIZONTE TEMPRANO CUPISNIQUE

Tabla 1

 

Fuente: Libro «Cultura SICAN, Dios, Riqueza y Poder en la costa norte del Perú»

Sicán y Sipán : Cronología Peruana
Señor de Sipán, Arqueologia del Peru
Sicán y Sipán : Cronología Peruana
Cultura Sicán, Arqueologia del Peru
Máscara de Sicán es recuperada después de casi 20 años

Hoy, después de 19 años de proceso judicial, el Perú recuperó la Máscara de Sicán, perteneciente a nuestro patrimonio cultural, que en 1999 fue decomisada por parte de la Oficina de INTERPOL en Wiesbaden, Alemania.

La ministra de Cultura, Patricia Balbuena, recibió hoy la pieza arqueológica de manos del Plenipotenciario del Estado Libre de Baviera ante el Estado Federal, Rolf-Dieter Jungk, quien hizo entrega del respectivo permiso de exportación.

“Estoy contenta de recibir uno de los bienes más emblemáticos de las culturas norteñas del Perú, una Máscara de Sicán. Agradezco al Tribunal de Justicia alemán por su impecable desempeño en el proceso judicial, a la Oficina de Investigación Criminal de Baviera, que se encargó de custodiar el bien cultural y a todas las autoridades, a nuestra Cancillería, que de una u otra forma, han intervenido en este largo camino, el cual finaliza hoy con la entrega de la Máscara de Sicán”, subrayó la ministra Balbuena.

En el año 1999, la Máscara de Sicán no contaba con autorización de salida del país ni se había autorizado la exportación de alguna réplica con características similares.

Cuando la pieza arqueológica fue decomisada, se inició un proceso judicial ante el Tribunal Regional de Munich, que el 15 de diciembre del 2016, a través de la Sexta Sala Civil, emitió una sentencia ordenando la liberación de la Máscara de Sicán, confiscada por la Fiscalía del Munich y autorizando su entrega al Estado Peruano.

Hoy se recuerda aniversario de recuperación del Santuario histórico Bosque de Pómac

 

El Santuario Histórico Bosque de Pómac, ubicado en la Provincia de Ferreñafe, Departamento de Lambayeque, es una de las cuatro áreas categorizadas como santuarios históricos del Perú.

El objetivo de la categorización del Bosque de Pómac como santuario histórico es contribuir a la conservación del área más representativa de la ecorregión de bosque seco ecuatorial, en su formación vegetal típica de algarrobal.

La Zona Arqueológica Monumental del Batán Grande (Bosque de Pómac), declarada Patrimonio Cultural de la Nación con RDN N° 057/INC, tiene una extensión de 6.145,95 ha., y está ubicada mayoritariamente en parte del Pítipo, y en menor grado, en sectores de los distritos de Pacora, Íllimo y Túcume, territorios todos ellos de la provincia de Ferreñafe.

Los santuarios históricos del Perú se declararon como tales con el objeto de proteger con carácter de intangibilidad, y constituirlos así en sitios de especial significado nacional, espacios que contienen valores naturales relevantes, o muestras del patrimonio monumental y arqueológico, o por ser lugares donde se desarrollaron hechos sobresaliente.

Acorde con ello, la Zona Arqueológica Monumental Batán Grande (Bosque de Pómac) posee declaratoria como Patrimonio Cultural de la Nación mediante Resolución Nacional Directoral N° 057/INC, del 16 de enero de 2009, emitido por el Instituto Nacional de Cultura (ahoraMinisterio de Cultura), dado que su magnitud y fisionomía deben conservarse por poseer valor cultural, histórico y urbanístico de conjunto. A través del acuerdo de la Comisión Nacional Técnica de Arqueología del actual Ministerio de Cultura del Perú, se recomendó a la Alta Dirección la declaración de la zona como parte del Patrimonio Cultural de la Nación, incluyéndose en la declaración el plano perimétrico con su ficha técnica y su memoria descriptiva.

 

Debido a que el Santuario Histórico Bosque de Pómac (Lambayeque), cumple cuatro años de haberse recuperado, este 20 de enero, el Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado  (SERNANP) realizará un homenaje a los agentes de la Policía que fallecieron durante el operativo de rescate.

Según el programa, el domingo 20 se dará inicio a la homilía en nombre de los policías SO Carlos Alberto Peralta Padilla y SO Fernando Hidalgo Ibarra, caídos en la operación, en la que participarán el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal; el viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, Rafael Varón Gabay; el jefe del SERNANP, Pedro Gamboa Moquillaza; el presidente regional de Lambayeque, Humberto Acuña Peralta, la directora de Sitios de Patrimonio de la Humanidad, Ana María Hoyle Montalva; el jefe del Área Natural Protegida, Vicente Cortés; entre otras autoridades y familiares de los sub oficiales.

Luego se visitará el área recuperada, ubicada a la altura de la huaca Cholope-huaca Lucía, para observar el resultado de las acciones realizadas para la restauración de los ecosistemas degradados, y los avances en los circuitos de avistamiento de aves en el sector Río Viejo.

Asimismo irán a ver las obras de avance en la implementación del Centro de Interpretación del Bosque de Pómac, donde funcionarios del Gobierno Regional de Lambayequepresentarán el proyecto de inversión pública “Implementación de infraestructura turística en el Santuario Histórico Bosque de Pómac».

El Bosque de Pómac posee 5,887.38 hectáreas y una gran diversidad biológica y cultural, que se fusionan para ofrecerle al visitante una mezcla de naturaleza e historia. Alberga especies típicas del bosque seco y 36 pirámides de la cultura Sicán.

 

Fuente: La República

Importante Hallazgo: Descubren tumba de jerarca de Cultura Lambayeque en huaca Chotuna-Chornancap, Perú

La tumba de un personaje de élite de la cultura Sicán de unos 1,200 años de antigüedad fue descubierta en la huaca Chotuna-Chornancap, a 10 kilómetros de la ciudad de Lambayeque, tras varios años de paciente búsqueda, informaron hoy especialistas.

El jefe del proyecto Chotuna-Chornancap, Carlos Wester La Torre, explicó que los restos del jerarca de la cultura Sicán o Lambayeque fueron encontrados en la zona sur de la huaca, a cuatro metros de profundidad, en posición decúbito ventral y con ofrendas de cerámica a ambos lados.

Precisó que inicialmente apareció una corona y una máscara de ojos alados, de los cuales se desprenden adornos semejantes a gruesas lágrimas.

Luego se halló un collar de discos, cuchillos ceremoniales, dos acompañantes adultos, ofrendas de cerámica y objetos metálicos. Además, un pectoral con 21 cascabeles de cobre y un bastón de cobre y plata, elemento que confirma que fue un jerarca.

Wester La Torre y los arqueólogos Fausto Saldaña y Samuel Castillo recordaron que desde hace cinco años buscaban esta tumba, tras encontrar en la zona norte de Chotuna frisos en alto relieve, pinturas murales, un trono ceremonial, un pequeño templo y varios entierros de personajes secundarios con ofrendas de cerámica, metales y conchas spondyllus.

Debido al criterio de la dualidad propio de la cultura Lambayeque, los estudiosos pensaron que si en el norte estaba el trono, en el sur debía estar la última morada del personaje que lo usó.

Wester La Torre dijo sentir orgullo por el descubrimiento de este personaje de élite y que tiene una relación directa con la leyenda de Naylamp.

Manifestó que los ornamentos y ofrendas que aparecerán en adelante tendrán «gran valor y serán ricos en información», porque permitirán conocer el proceso funerario y reconstruir la vida de un personaje que habría liderado un señorío que formó parte de la cultura Lambayeque y que tuvo como eje las pirámides del santuario histórico Bosque de Pómac.

La presencia en la zona de fina cerámica Cajamarca podría entenderse como «los vínculos de naturaleza familiar, matrimonial o intercambio de recursos que el personaje habría tenido con otros grupos de la macrorregión norte».

En julio pasado, un equipo de arqueólogos del proyecto  Chotuna-Chornancap halló la tumba de un joven personaje de élite denominado El Sacrificador, que tendría ascendencia en la sociedad de las culturas Lambayeque y Chimú.

En la huaca Norte de Chornancap se hallaron más de 50 objetos sobre sacrificios humanos, reafirmando que la zona es un «gran centro ceremonial» y en ella hubo un especialista en los rituales al agua y a la fertilidad, que incluían sacrificios humanos.

Desde 2007, el Ministerio de Cultura, a través de la Unidad Ejecutora Naylamp, ha invertido en el proyecto Chotuna-Chornancap aproximadamente cuatro millones de nuevos soles en trabajos científicos en dicho sitio arqueológico.