Descubren tumbas de élite con ornamentos en Chan Chan: un viaje al pasado de la ciudad de barro más grande de América.

Un equipo de investigadores ha desenterrado once tumbas de la élite Chimú en el yacimiento prehispánico de Chan Chan, ubicado en las cercanías de Trujillo, Perú. Los restos óseos, hallados junto a lujosos ornamentos como orejeras, cuentas de chaquira y conchas Spondylus, se encontraban al pie del muro perimetral del sector norte del conjunto amurallado Uthz An, ex Palacio Gran Chimú. Este impactante descubrimiento ofrece una fascinante ventana a la vida, la muerte y las costumbres de la élite de esta antigua civilización.

Un entierro inusual en la ciudad de barro

Los restos, hallados junto a tres pares de orejeras, dos collares de cuentas y conchas Spondylus – elementos asociados a la élite Chimú -, se encontraron en el conjunto amurallado Utzh An, ex Palacio Gran Chimú. La zona no presenta características de cementerio, por lo que se baraja la hipótesis de que haya sido utilizada como tal tras el abandono del lugar.

Un proyecto con miras al futuro

Las investigaciones en curso buscan arrojar luz sobre la función, técnicas constructivas, arquitectura y cultura material asociados a los muros de Chan Chan. Se espera que, a través de la restauración de estos muros de más de 750 años, se descubran nuevos vestigios y se amplíe el conocimiento sobre la civilización Chimú.

Un legado cultural invaluable

El proyecto de restauración no solo busca preservar la monumentalidad de Chan Chan, sino también difundir su valor cultural y patrimonial. Chan Chan, Patrimonio Cultural de la Humanidad, fue la ciudad de barro más grande de América y un importante centro administrativo, religioso y económico de la cultura Chimú.

Nuevos descubrimientos a la vista

Los investigadores no descartan encontrar más restos humanos y objetos durante la restauración de los 620 metros de muro perimetral previstos para el 26 de noviembre de 2024. Este proyecto se suma al anterior hallazgo de 19 esculturas de madera y un corredor ceremonial en el muro norte en 2018.

Un hito en la arqueología peruana

El descubrimiento de las tumbas de élite en Chan Chan marca un hito en la arqueología peruana y posiciona a este sitio como un centro de investigación de gran importancia para comprender el desarrollo de las sociedades prehispánicas en el norte de Perú.

Restauraran 620 metros de muros
Inversión en Chan Chan: reestructuración del muro perimetral este y difusión cultural

Gracias a la inversión del Estado, se está llevando a cabo la reestructuración del muro perimetral este del Complejo Arqueológico Chan Chan. Este proyecto, que se enmarca dentro de los esfuerzos por preservar este patrimonio cultural de la humanidad, tiene como objetivo restaurar 620 metros del muro perimetral transversal a la vía que conduce de Trujillo a Huanchaco, y viceversa.

Más allá de la restauración física

La iniciativa va más allá de la simple restauración física de las estructuras arqueológicas. Su meta principal es la difusión cultural y la conservación social de este bien de características excepcionales. Se busca acercar el legado de Chan Chan a la comunidad y convertirlo en un elemento clave para el desarrollo social y económico de la región.

Un compromiso con la historia y el futuro

La reestructuración del muro perimetral este y las acciones de difusión cultural que la acompañan representan un compromiso del Estado peruano con la preservación de su historia y la promoción del turismo cultural. Chan Chan, Patrimonio Cultural de la Humanidad, es un testimonio invaluable del ingenio y la creatividad de las antiguas civilizaciones del Perú.

 

Zona Arqueológica de Chan Chan – Patrimonio de la Humanidad

Inscripción

La Zona Arqueológica de Chan Chan (Perú) (C 366) fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro de la Convención de la UNESCO de 1972 como bien cultural bajo los criterios (i) (iii), en la 10ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, realizada en París, Francia, el 28 de noviembre de 1986.

Significado Cultural

El reino Chimú alcanzó su apogeo en el siglo XV, poco antes de ser asimilado por los incas. Su capital, Chan Chan, se ubica en el otrora fértil valle de Moche o Santa Catalina. Como centro del poder hegemónico de un vasto imperio extendido en la costa norte del Perú, alcanzó grandes dimensiones (aproximadamente 20 km²) y es hoy día considerada como la ciudad de arquitectura de tierra más grande de la América precolombina. Los restos de esta vasta ciudad reflejan en su trazado una estrategia política y social estricta, enfatizada por su división en nueve ciudadelas o palacios que forman unidades independientes.

El Valor Universal Excepcional de Chan Chan no solo reside en su notable extensión, sino también en la planificación jerárquica de esta gran ciudad, que incluye sectores de diferente prestancia social y política, barrios de artesanos y en los restos de los antiguos sistemas hidráulicos y agrícolas que una vez la sostuvieron.

El núcleo del gran centro urbano, de aproximadamente 6 km2, está ocupado por nueve grandes conjuntos rectangulares de enormes murallas, denominados comúnmente ciudadelas o palacios, que habrían funcionado como sedes de distintos regentes de la dinastía chimú. Estos edificios presentan una organización bipartita o tripartita, que reproduce grandes espacios abiertos o plazas, así como una densa concentración de depósitos, estructuras en forma de “U” llamadas audiencias, y la plataforma funeraria real. Como corresponde a su alto estatus, los muros que dividían los espacios internos de estos edificios estaban a menudo profusamente decorados con celosías romboidales y frisos que representan motivos abstractos, como bandas y paneles escenográficos con figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas elaboradas en relieve y originalmente policromadas.

En el mismo núcleo monumental, encontramos pirámides escalonadas de distintas dimensiones, además de 32 conjuntos residenciales de élite. El cinturón externo de la ciudad está compuesto por extensas áreas cercadas o canchones, cementerios y cuatro sectores con densas concentraciones de pequeñas viviendas irregulares en donde las excavaciones arqueológicas han detectado actividades relacionadas con la producción de objetos suntuarios (textilería, madera y metales ornamentales). El paisaje urbano se complementa con distintos elementos que hicieron posible la vida en la ciudad y la administración de un vasto territorio, como caminos terraplenados, manantiales, extensos campos de cultivo y restos de un sistema de irrigación que permitió transformar el desierto circundante en una inimaginable zona fértil.

Construida durante más de 600 años (850-1470 d.C.), la Zona Arqueológica de Chan Chan representa la culminación de un proceso de once mil años de desarrollo cultural en la costa norte del Perú y constituye un testimonio excepcional de los modelos de urbanismo desarrollados por las antiguas civilizaciones americanas. Antes del Cusco, Chan Chan fue la ciudad más suntuosa en Sudamérica y es posible que los incas asimilaran de ella principios y conceptos que usaron para enriquecer la pompa de sus propias cortes.

Los ríos Moche y Chicama una vez suministraron un intrincado sistema de riego a través de un canal de aproximadamente 80 km de largo, que sostuvo a la región alrededor de Chan Chan durante la cumbre de la civilización chimú.

Criterio (i): La planificación de la ciudad de tierra más grande de la América precolombina es una absoluta obra maestra de planificación urbana. Su rigurosa zonificación, el uso diferenciado del espacio habitado y la construcción jerárquica, ilustran un ideal político y social que raramente se expresa con tal claridad.

Criterio (iii): Chan Chan ofrece un testimonio único y es la ciudad más representativa del desaparecido reino Chimú, donde se sintetizan y expresan once milenios de evolución cultural en el norte del Perú. El conjunto arquitectónico integró de manera única la arquitectura simbólica y sagrada con el conocimiento tecnológico y la adaptación eficaz al medio ambiente local.

Condiciones de Integridad y Autenticidad

Chan Chan conserva todos los elementos que expresan su Valor Universal Excepcional en un área de 1414.57 hectáreas, que, a pesar de ser menos que el área original de la ciudad, contiene características representativas de las unidades arquitectónicas, caminos ceremoniales, templos y residencias de élite, así como muestras representativas de los barrios populares y sistemas de cultivo periféricos que transmiten el significado cultural de la propiedad.

El tipo de material constructivo empleado en la ciudad – adobes de tierra batida y argamasa de barro – es especialmente frágil y sensible frente a agentes de deterioro medioambiental (viento, humedad del suelo, lluvias y sales). La vulnerabilidad del sitio se incrementa por estar situado en una zona costera donde los embates de los eventos cíclicos de El Niño-Oscilación Sur (ENSO) se sienten con más fuerza. A lo largo de siglos, las torrenciales lluvias que acompañan estos eventos han deteriorado y causado el colapso de los muros de Chan Chan y barrido los frisos de barro que los decoraban. Sin embargo, el mantenimiento continuo con materiales de tierra ha mitigado el degrado del impacto físico. Los muros más masivos mantienen todavía gran altura. Las excavaciones arqueológicas prueban la supervivencia de frisos que permanecieron siglos cubiertos por escombros.

En términos de forma y diseño, el sitio arqueológico todavía expresa fielmente la esencia del paisaje urbano monumental de la antigua capital chimú. Los componentes arquitectónicos que evidencian su organización jerárquica permiten discernir claramente la alta complejidad política, social, tecnológica, ideológica y económica que alcanzó la sociedad chimú entre los siglos IX y XV de nuestra era.

A pesar de las pasadas catástrofes climáticas y el saqueo de tumbas, palacios y pirámides, sobreviven numerosos ejemplos de muros decorados con frisos y celosías. Al ser descubiertos, se toman las previsiones necesarias para garantizar su preservación incluyendo, en algunos casos, volver a enterrarlos. Las excavaciones arqueológicas practicadas en distintos sectores de la ciudad comprueban que esta todavía esconde numerosas evidencias y artefactos que permiten reconstruir los rituales, actividades y formas de vida de sus antiguos habitantes. La arquitectura de tierra original, con sus características y decoraciones simbólicas, está siendo sometida a intervenciones de conservación utilizando materiales de tierra y aún representan fielmente los métodos de construcción y el espíritu de la gente de Chimú.

Gestión

El sitio está protegido por leyes y decretos nacionales de larga data. Así, mediante la Ley N° 6634 de junio de 1929, se proclamó expresamente el derecho inalienable e imprescriptible de la nación a todos los monumentos históricos precedentes a la época del virreinato. Esta misma ley, declaró monumento nacional a Chan Chan. Más adelante se aprobaron los planos de delimitación del sitio mediante Resolución Suprema N° 0518- 67-ED de junio de 1967, a la que se le otorgó fuerza de ley con la Ley N° 28261 de junio de 2004 que declara de Necesidad y Utilidad Pública la Recuperación del Complejo Arqueológico de Chan Chan. Asimismo, se encuentra protegido por la Constitución Política del Perú (artículo 21°) y la Ley N° 28296, Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación, de julio de 2004.

El Ministerio de Cultura es el órgano principal encargado de proteger la zona arqueológica. Colabora con autoridades a nivel nacional, regional y municipal en implementar acciones de protección del bien. Sin embargo, problemas de larga data, como la tenencia de la tierra, aún deben abordarse de manera efectiva para garantizar la plena conservación y protección a largo plazo de Chan Chan. Los mecanismos reguladores para la zona de amortiguamiento se están implementando en colaboración con el municipio local.

En 1986, Chan Chan fue inscrito originalmente en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro debido al frágil estado de conservación de la arquitectura de tierra y a su vulnerabilidad frente a los eventos climáticos extremos causados por el Fenómeno El Niño que afecta la costa norte del Perú, la extracción ilegal de objetos arqueológicos, la presencia de ocupantes ilegales y la construcción de una carretera que cruza el sitio.

Desde su inscripción, se han tomado una serie de medidas para alcanzar el estado de conservación deseado y retirar al sitio de la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro y el desarrollo de un plan de gestión. Estas medidas tomaron la forma de acciones concretas, como el patrullaje permanente y el control total de la extracción ilegal de piezas arqueológicas, la erradicación de construcciones e instalaciones indebidas, la construcción de canales de drenaje para controlar el afloramiento de aguas subterráneas y el desarrollo sostenido de programas de investigación, conservación y protección del sitio y sensibilización de la comunidad local, que se conducen bajo los principios de las normas internacionales; así como la construcción del Museo de Sitio de Chan Chan para el desarrollo de la investigación, conservación y la promoción de los valores del sitio.

Un nivel mayor de planificación se alcanzó con la elaboración del Plan Maestro para la Conservación y Manejo del Complejo Arqueológico de Chan Chan, aprobado por Decreto Supremo N° 003-2000-ED de enero de 2000, al que se le dio fuerza de ley mediante la Ley N° 28261 antes indicada. A fines del 2006, se creó el Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan (Decreto de Urgencia N° 032-2006 y Decreto Supremo N° 026- 2006-ED), auspiciado por el Estado peruano para la ejecución sostenida del plan maestro con financiamiento gubernamental permanente a través de la Unidad Ejecutora 110 (actualmente UE 006). El plan fue actualizado en el año 2018 para un horizonte de 10 años. Desde entonces, el plan maestro ha fortalecido la gestión de Chan Chan permitiendo concretar una serie de medidas efectivas relacionadas al mantenimiento del nivel freático, la estabilidad de muros perimetrales e internos de los palacios y plataformas funerarias, el mantenimiento de áreas de uso público, la investigación arqueológica, la documentación arquitectónica para la conservación y la gestión, la conservación de estructuras arquitectónicas, el desarrollo de capacidades del personal y de artesanos locales, programas de sensibilización para estudiantes y la comunidad local y la creación del Centro Panamericano de Conservación de la Arquitectura de Tierra con la finalidad de desarrollar la conservación de las estructuras de Chan Chan sobre la base de estudios científicos.

Asimismo, se ha desarrollado un plan de preparación para emergencias y desastres contra el Fenómeno El Niño.

La visión para Chan Chan es mantener su estatus como símbolo cultural para el Perú, que vincule el presente con el pasado y juegue un rol esencial para el desarrollo humano de la región y el país. La conservación y presentación del sitio arqueológico y su contexto contribuyen a su valoración y a fortalecer la identidad cultural peruana.

Galeria Fotografica de Chan Chan
Mapa de Ubicación de Chan Chan

Principales Culturas
COSTA NORTE
CHIMU
Complejos de Ofrendas Florales Chimú

En las últimas décadas diferentes investigaciones arqueológicas, particularmente las desarrolladas en la costa norte, han reportado una serie de contextos, entre los que destacan entierros Chimú pertenecientes mayormente a niños-adolescentes. Estos se encuentran por lo general, asociados a determinado ajuar funerario, entre los cuales destacan siempre los siguientes materiales: valvas de Spondylus y caracoles Conus (a veces enteros, otros trabajados), sartas de semillas denominados comúnmente como «ishpingo» (Nectandra sp.), «huayruro» entre las mas conocidas, ídolos de madera en diferentes actitudes (algunos con incrustaciones de nácar, o pintados), textiles decorados, plumas de colores, implementos de cobre, etc., es a éste conjunto de elementos asociados específicos que estamos denominando Complejo de Ofrendas Rituales.

Recientemente, con los trabajos de investigación arqueológica que viene ejecutando la Universidad Nacional de Trujillo en el centro ceremonial Huaca de la Luna, se ha recuperado también material asociado a entierros de la época Chimú (intrusivo al sitio, dado a que la construcción originalmente es Moche). La correlación de estos contextos con hallazgos similares para otros sitios arqueológicos, nos permitirá comprender algunas prácticas rituales llevadas a cabo durante dicha época.

Por las características evidenciadas en estas tumbas, planteamos la posibilidad de que durante esta época se llevaran a cabo complejos rituales, en los que el sacrificio humano formaría parte importante como ofrenda, conjuntamente con los otros elementos anteriormente mencionados del ajuar funerario, es decir el personaje enterrado no sería necesariamente un personaje de élite o alta jerarquía al que se ofrendan dichos elementos simbólicos, idea que generalmente ha sido aceptada para los entierros asociados a elementos suntuosos, sin considerar otras posibilidades de interpretación.

El presente estudio está aún en su fase inicial, si bien nos arriesgamos aquí a plantear algunas propuestas, solo podrán ser mejor definidas mediante la ejecución de un estudio de carácter interdisciplinario (Montoya, 1996a), debido a la naturaleza del mismo.

Antecedentes

La procedencia de este complejo específico de ofrendas, que han sido recurrentemente evidenciados para ocupaciones del Periodo Intermedio Tardío según valles y sitios arqueológicos son:

Valle de Moche:

Chanchan:

  • Tschudi (Sector Wachaque-Plataforma):
    Fue reportado en contextos Chimú el entierro secundario de un personaje (al parecer adolescente, por la no fusión de la cabeza de húmero y la epifisis de la tibia, características observadas a nivel fotográfico), asociado a una máscara de oro, textiles (cuyas decoraciones son similares a los que hemos reportado en similares contextos Chimú en Huaca de la Luna), Spondylus, etc., y semillas perforadas (evidentemente de Nectandra sp.) amontonadas a un costado del entierro, la fibra que traspasaba las semillas no se conservaba por la descomposición orgánica que había sufrido (excavaciones realizadas en 1987 por el IRC/LL, I. Pérez C., 1993, com. pers.).
  • Calvario de los Incas:
    Hrdlicka (1911, cit. por Pozorski, 1979: 133) reportó entierros al parecer exclusivamente de niños. Una observación de este mismo sitio (1993) nos reportó en su superficie, y áreas huaqueadas, semillas de Nectandra sp., conjuntamente con valvas de Spondylus, Conus, huesos humanos y de camélidos. Bourget, también en 1995, reportó este mismo material para este sitio, observando incluso restos de pigmento rojizo en cráneos humanos, etc. (Bourget, 1997: 113).

Huaca de la Luna:

  • En las temporadas de campo 1991-94 realizadas en este sitio por el Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, hemos reportado, si bien inicialmente en contextos de escombros, evidencias de abundantes restos óseos, textiles decorados (foto 5 y 6) asociados al estilo Chimú, además de cerámica Chimú, y especímenes arqueobotánicos (Nectandra sp., Ormosia coccinea y cálices de flores de Nectandra sp). Estos fueron reportados abundantemente hacia el Corredor Sur del sector Plataforma I (fig. 3 a-c) (Montoya, 1993, 1998).
  • Similares contextos, fueron reportados (en menor cantidad) para el sector de la Plataforma Superior, durante la primera temporada de campo 1991, área donde un grupo de estudiantes de la UNT realizaban sus Prácticas Pre-profesionales, descombrando grandes perfiles arquitectónicos en uno de los forados Coloniales que más afectó al sitio, es aquí donde conjuntamente con los estudiantes reportamos la presencia de semillas perforadas, fragmentos óseos, plumas de colores, implementos de cobre, etc.
    Sin embargo, la identificación realizada a los especímenes botánicos, publicada posteriormente por las entonces estudiantes Castillo y Chilca (1992) no sería correcta, ya que ellas reportan la identificación de estas semillas como Phaseolus lunatus, citando: «pallares perforados ensartados con hilos de junco» (ídem: 66). Al contrario, hemos identificado (Montoya, 1998) estos especímenes como pertenecientes a Nectandra sp. (con diferentes especies), además citan el hallazgo de otro tipo de «semillas» pequeñas y también ensartadas identificándolas como «chofe» (Melilotus indicus), sin embargo dicha identificación también es errada porque no son semillas, estos mismos especímenes los hemos reportado en las tumbas Chimú 6 y 7, y los hemos identificado arqueobotánicamente como cálices de flores pertenecientes a la familia Lauraceas, del género Nectandra, probablemente pertenecientes a la especie puchury-minor (Montoya, 1998).
  • Durante la temporada 95 del Proyecto Huaca de la Luna, se reportó en la Unidad 12 (Tello, 1997) del Sector Plataforma I, un contexto mejor conservado, en relación a los anteriormente descritos.
    Estos estaban asociados evidentemente a dos entierros Chimú, los análisis de antropología física efectuados por Laurel Anderson (Programa de Doctorado, Universidad de Tulane) definieron que pertenecían a niños casi adolescentes (13-14 años), no encontrándose evidencias físicas de las causas de muerte de los mismos (com. pers., 1995), con abundantes ofrendas, entre los que se encontraba una maqueta e idolillos de madera en miniatura, representado un ritual de entierro en una plaza ceremonial similar a la existente en las ciudadelas de Chan Chan, además de otras escenas (Uceda, 1997), entre éstas ofrendas se reportaron abundantes semillas perforadas sueltas y ensartadas en hilos o en soguillas, también fueron reportadas decenas de piezas textiles, algunas decoradas en sus esquinas con el símbolo escalonado (elemento decorativo típico del estilo Chimú) o decoradas con cálices de Nectandra sp., varias de estas piezas envolvían a diferentes tipos de semillas, a manera de paquetes anudados (Montoya, 1995, 1998).En este mismo contexto han sido reportados fragmentos de cerámica pertenecientes a tinajas grandes, de paredes delgadas, algunos presentaban también una decoración aplicada de la representación de semillas de Nectandra sp., también fueron reportados restos óseos animales y malacológicos (Montoya, 1996b).
  • En la temporada 96 fueron reportadas otras dos maquetas en la proximidad de la Unidad 12 (Plataforma I), en contextos también parcialmente disturbados. El contexto de la maqueta Nº 3 se asociaba, entre otros elementos, también a semillas de Nectandra sp. sueltas pero perforadas, algunos de los cuales conservaban aun las sartas hechas de soguillas.
    El contexto de la maqueta Nº 4, estuvo parcialmente disturbado, las excavaciones realizadas por una estudiante de la PUCP pudieron definir también la existencia de un entierro Chimú intrusivo, quien consideró que por el ajuar funerario reportado en esta tumba entonces debía pertenecer a un personaje de alta jerarquía (Habletter, 1997: 22), se encontraba asociado a grandes tinajas y el esqueleto pertenecía a un niño, entre los especímenes reportados habían además algunos idolillos de madera, caracoles Conus, y valvas enteras de Spondylus, así como también fragmentos trabajados de estas mismas especies, fragmentos textiles y algunas semillas de Nectandra sp. perforadas, etc. Los materiales estaban muy deteriorados por descomposición orgánica, también se reportó que las tinajas tenían decoración en relieve con diseños de semillas de Nectandra y serpientes (ídem: 21).

Cerro Blanco

  • Este sitio fue inicialmente excavado en 1899 por Uhle, él reporta la existencia de una ocupación Chimú, entre los materiales describe figurinas de madera, Conus, Spondylus, plumas de colores, textiles, conjuntamente con sepulturas (cit. Bourget, 1997: 110).
  • En 1994, Bourget realizó excavaciones en este mismo sitio, el cual sin embargo ya estaba muy destruido por las actividades de huaquería que la afectaron, luego de las excavaciones de Uhle.
    Fueron reportados en contextos de escombros, entierros de niños, adolescentes y mujeres, asociados a piezas textiles, plumas de colores, granos de nectandra (sic), Conus y Spondylus (naturales y piezas trabajadas), así también fue reportada una enorme cantidad de huesos de camélidos jóvenes (Bourget, 1997: 112, 113).

Huaca El Dragón

  • En 1966, Schaedel publica los hallazgos realizados en este sitio, consistentes en una serie de objetos, asociados a entierros, y en áreas de depósitos, entre sus hallazgos reporta: ídolos de madera, valvas de Spondylus, semillas perforadas identificadas como Nectandra, etc. Para el caso de estas últimas él menciona: «.. cuentas de un collar de nectandra (sic), que aparentemente estuvo alrededor del cuello de un niño al momento del entierro» (Schaedel, 1966: 424).
    Considera que la Nectandra conforma una cuarta clase principal de artefactos ceremoniales en este sitio, a saber:
    – Idolos de madera,
    – Spondylus,
    – Strombus (Bourget, 1994, revisó estos últimos especímenes, determinando que se trata del género Conus), y
    – Semillas de Nectandra,
    No hemos podido determinar si en Huaca Arco Iris existieron paquetes de tela envolviendo las semillas, tal y como hemos reportado para Huaca de la Luna. Al respecto, el material arqueobotánico que hemos analizado de Huaca Arco Iris las hemos encontrado ya separadas de las piezas textiles, en donde era probable que hayan sido originalmente encontradas, al respecto Schaedel ya mencionaba el pobre estado de conservación de los textiles, pero menciona también el hallazgo de un paquete de tela con varios pequeños collares de semillas de Nectandra (ídem: 424), que bien podría haber sido similar a los reportados en Huaca de la Luna.

Huanchaco:

  • Fue reportado el entierro de niños y camélidos jóvenes, así como ceramios pertenecientes a grandes jarras, asociadas al Periodo Intermedio Tardío (Donnan y Foote, 1978, cit. Bourget, 1997: 115).

Valle Jequetepeque:

  • Pacatnamú:
  • Huaca 16: Fueron reportadas semillas de Nectandra en contexto funerario, dentro de un fardo, conjuntamente con dos collares de chaquiras (Hecker, 1991: 399), además de un collar de semillas cerca a la cabeza de un niño (ídem: 489), para ocupaciones tardías del sitio, probablemente Lambayeque.
  • El Proyecto Pacatnamú, reportó en Huaca 1 el hallazgo de entierros humanos de adolescentes y jóvenes, asociados a textiles, cobre, semillas de Nectandra, caracoles Conus, valvas de Spondylus (Donnan, 1986; cit. por Bourget, 1997: 115).
  • Huaca Dos Cabezas :
    1. En los trabajos de investigación que viene realizando el Dr. Donnan, se ha reportado (temporada de campo 1997) algunas semillas en áreas próximas a tumbas saqueadas, pero pertenecientes a la cultura Lambayeque, una sarta conteniendo 5 semillas nos fue proporcionada, las que hemos identificado como Nectandra sp..

Valle La Leche:

  • Túcume:
    Las investigaciones arqueobotánicas del material orgánico de Túcume, reportaron también el hallazgo de semillas del género Nectandra, para contextos asociados a cerámica Lambayeque (León del Val, F., 1991).
    El contexto más relevante está referido a un fardo de la época Inca, hallado en Huaca Larga (Plataforma II) en 1991, en este fardo las semillas de «Amala» estaban ensartadas, y colocadas a ambos lados del fardo, éste al ser desenfardelado (en 1993) tenía un olor muy penetrante al parecer provocado por estas semillas (com. pers. Narváez, 1994). Algunas semillas nos fue proporcionada, las que identificamos como pertenecientes al género Nectandra sp..

Valle de Lurín:

  • Pachacamac:
    Baessler (1902-1903) reporta el hallazgo en Pachacamac, de un fardo funerario Inca, pero conteniendo el cuerpo de un puma, éste se asocia a implementos de plumas de aves selváticas, objetos de metal (oro, plata), tejidos, valvas de Spondylus, y collares de semillas que dicho autor identifica como perteneciente a la familia Sapotaceae. Sin embargo en la foto de este fardo publicado por Longhena (1990: fig. 265) podemos apreciar que estas semillas pertenecerían mas bien a Nectandra sp.(foto 9).

Islas Guaneras:

  • Guañape y Macabí :
    G. Kubler (1948) reporta en las islas guaneras de Guañape y Macabí, sartas de semillas, conjuntamente con otros artefactos como: ídolos de madera, textiles, representaciones de peces en plata laminada, conchas Spondylus. Las semillas las reportó con el nombre de «cacao seeds» y «oval brown berries», no mencionando la identificación taxonómica de las mismas. Sin embargo, por las características morfológicas que el autor menciona, además de los dibujos que él publica, consideramos que podrían pertenecer a semillas de Nectandra sp.
    No se define bien el contexto de los hallazgos ni el período cultural al que estarían asociados ya que el material al parecer estaría disturbado. Sin embargo, en estos sitios se ha reportado una secuencia ocupacional amplia, que va desde el período Moche a Inca, e incluso colonial.
    Por las características reportadas estos sitios tuvieron una connotación ritual en la que básicamente se depositaban ofrendas, al parecer relacionadas también a actividades de sacrificios humanos, tal es el hallazgo en estas islas de ídolos de madera representando a prisioneros desnudos (Kubler, 1948).

Los Restos Arqueobotánicos en los Complejos de Ofrendas Rituales: La Nectandra sp.

Los análisis que hemos realizado del material botánico (específicamente semillas y cálices de flores,asociados a determinados complejos de ofrendas procedentes del valle de Moche (Huaca de la Luna, Cerro Blanco y Huaca El Dragón) nos ha permitido definir que el uso de diferentes especies del género Nectandra sp. (Montoya, 1998), fue común para estos tres sitios.

Por las características de disposición y ordenamiento de los cotiledones de Nectandra sp. en las sartas (soguillas), la gente que las elaboraba debió tener determinados parámetros de elaboración, dado a que los tres sitios reportan características comunes, como: el tipo de semillas usadas en las sartas, la disposición de las diferentes especies al momento de ser ensartadas, el uso predominante de la cabuya (con respecto al algodón e inea), así como el tipo de torsión final en Z, que es predominante en los tres sitios.

El único contexto donde se han podido observar sartas completas (y no fragmentos, como hasta ahora habían sido reportadas en los diferentes sitios) son las que han estado contenidas dentro de paquetes de tela anudados, reportados en la Tumba 7 – Chimú de Huaca de la Luna, es posible que los reportados en otros sitios hallan sido depositadas originalmente de esa misma forma, o asimiladas a otros tipos de contextos con características ofrendatorias, ya que sabemos de otros contextos arqueológicos asociados también a semillas de Nectandra sp., tales como: semillas ensartadas encontradas tanto dentro de bivalvas de Spondylus, como rodeándolas, o también dispersas y sueltas, no sabiéndose generalmente la forma original cómo fueron ensartadas y depositadas.

Los Textiles del Complejo de Ofrendas Rituales en Huaca de La Luna

El material textil recuperado de los contextos disturbados en el Corredor Sur de Huaca de la Luna, fue asumido como perteneciente a la época Chimú, por sus características de diseño y elaboración, así como por su aproximación a fragmentos de cerámica del estilo Chimú. Entre los fragmentos mas diagnósticos, pertenecientes a textiles decorados, se han registrado: bandas con diseños policromos ictiomorfos en tapiz ranurado, paños con decoración escalonada y diseños geométricos policromos en brocado, además de piezas consistentes en borlas y medallones bordados con diseños policromos de volutas, etc. (Montoya, 1993: 22-23).
Entre las características peculiares que reportó este material era que en los fragmentos pertenecientes a bandas, no observábamos evidencias de haber estado cosidas a otro textil, por lo que no pudimos determinar en ese entonces a qué tipo de pieza pertenecían. Sin embargo, por la calidad de los tejidos, policromía y diseños ya habíamos considerado que estos textiles, antes que parte de la vestimenta, conformarían parte de las ofrendas de los personajes depositados en Huaca de la Luna.

Algunas interrogantes surgieron de las características de estos materiales textiles, ya que como mencionamos, éstas no tenían evidencias de haber estado cosidas, a manera de decoración a una pieza determinada, lo cual nos planteó la posibilidad de que dichas piezas no fueron terminadas en su elaboración, pero que sin embargo fueron incluidas como parte de las ofrendas en el ritual de entierro, pudiendo ser que ¿fueran elaboradas especialmente para el entierro de determinados personajes Chimú?, ¿formarían parte de la vestimenta de los personajes enterrados?, o ¿cumplierían una función de ofrendas a los mismos?.
Es recién en 1995, que tuvimos la oportunidad de evidenciar material textil en contextos relativamente mas seguros y asociados a tumbas Chimú (Tello, 1997), las piezas textiles eran evidentemente del mismo tipo que los fragmentos que habíamos reportado en 1991 en escombros de la época colonial en Huaca de la Luna. Este hallazgo nos ayudó a definir que las bandas fueron depositadas de dos maneras diferentes en estas tumbas, algunas estaban cosidas a los bordes de paños cuadrangulares (fotos 11, 12, 13), y otras eran bandas completas solas, es decir que aún no estaban cosidas alrededor del manto.

Así también, se reportaron mantos elaborados con fibra de algodón, conformados por dos paños cosidos en sus orillos de urdimbre, estos tenían hacia sus esquinas una decoración en base a tramas suplementarias de fibras de camélido teñidas, formando un diseño escalonado en colores amarillo, rojo, verde o azul (foto 14). Se observó sin embargo que las decoraciones de cada paño en un mismo manto no coincidían ni en diseño ni en dimensiones, esto también nos hace suponer que los paños fueron cosidos indistintamente, sin tomar en consideración la similitud ni simetría de los diseños, en un mismo manto (Montoya, 1995). Al parecer, se debería a una manera particular de elaboración, debido posiblemente a diferentes factores, entre los cuales podríamos suponer que ¿no contaban con las piezas completas ni terminadas?, o que ¿fueron elaboradas apresuradamente?.
Esto respaldaba en parte el planteamiento inicial de que las piezas fueron especialmente hechas para cumplir un rol de ofrendas en un ritual específico, más que como parte de la vestimenta del personaje enterrado.
Las características de elaboración, forma y diseño de los textiles Chimú recuperados en Huaca de la Luna son similares a los reportados en el entierro de un niño en Tschudi (1987), en Huaca Arco Iris (material depositado en el Museo de Arqueología de la UNT), ésto estaría respaldando nuestra hipótesis de la existencia de patrones de elaboración para piezas textiles destinadas especialmente para determinados eventos rituales.

Estos contextos recurrentes, donde estos elementos (Nectandra sp., textiles, etc.) forman parte de todo un corpus de ofrendas específicas, nos estaría indicando un determinado tipo de ritual en sitios ceremoniales durante la época Chimú.
Al respecto un dato interesante, que respalda en cierto modo que estos materiales conforman parte de ofrendas especialmente elaboradas para estos rituales y no son elementos aislados, nos la da Anne P. Rowe, quien analizó el material textil registrado por Pozorski para el sitio de Las Avispas, quien menciona: «…Muchos de los textiles fueron hallados doblados o envueltos, como si ellos hubieran servido como ofrendas independientes mas bien que como prendas de vestir o envolturas de fardos» (1984: 23). Traducción libre.
Al respecto, es necesario realizar una revisión de los contextos arqueológicos reportados para dilucidar la ocurrencia de este tipo de elaboración en las piezas textiles.

Entierros Chimú: ¿Ofrendas Humanas?

Los análisis de antropología física de las tumbas 6 y 7 (Chimú) de Huaca de la Luna, evidenciaron que pertenecían a niños-adolescentes de 13-14 años (dato no publicado), no observándose en los mismos las causas específicas de muerte, así también la tumba 9 (Chimú) reportó ser de un niño.
Hallazgos similares han sido reportados en Huaca Arco Iris, Chan Chan, Cerro Blanco, etc., asociados a objetos ofrendados también similares. Estos rasgos nos ha permitido plantear a manera de hipótesis que estos entierros no pertenecen a dignatarios o personajes de estatus en la jerarquía gubernamental Chimú, o de élite, como se ha planteado generalmente. La recurrencia de características en cuanto a edad y material de ofrendas depositadas, harían pensar mas bien en una selección específica de personas para formar parte de estos rituales conjuntamente con un rico ajuar, posiblemente solo en determinados sitios, y para servir como ofrendas especialmente preparadas para determinados eventos.
Esto nos planteó que debíamos indagar en las causas de muerte, de allí surgió la interrogante: ¿cabría la posibilidad de sacrificios humanos, quizás por envenenamiento?.

La muerte por envenenamiento -por lo rápido de la reacción en el cuerpo humano- no deja huellas en el sistema óseo. Sin embargo, cabe la posibilidad de indagar sobre el consumo de alucinógenos en base al análisis de metabolitos del cabello humano, que aún conservan estos personajes. Así también, un estudio de los componentes fitoquímicos de las semillas reportadas en asociación a este tipo de tumbas Chimú, planteó aspectos interesantes sobre su función en estos contextos (Montoya, 1998).

Algunas referencias etnohistóricas también nos dieron pautas para la realización de estos análisis. Es así que hemos iniciado el estudio fitoquímico de las semillas de Nectandra sp. reportadas en las tumbas 6 y 7 de Huaca de la Luna, así como también una serie de bioensayos. Los resultados obtenidos en la fase inicial, si bien son solo indicativos de las propiedades que estas semillas tienen, han reflejado que entre sus componentes existen determinados tipos de alcaloides, que bien pueden provocar las alteraciones reportadas por los cronistas y según las dosis podrían haber actuado como causantes de muerte. Como mencionamos, nuestro objetivo principal era contrastar la diferente información obtenida de diferentes disciplinas para tener una idea mas clara sobre las posibilidad de uso de estos especímenes botánicos dentro del complejo de ofrendas asociados a entierros de niños, ésto en la medida de que no había una causa específica de muerte, por lo que la posibilidad de que hubieran sido sacrificados, debía ser dilucidado en el estudio fitoquímico mediante análisis específicos.
Los bioensayos realizados (con Rattus rattus var. albinus) nos dieron indicios de que el extracto de las semillas de Nectandra sp. puede llegar a producir un efecto neuroestimulante corto, seguido por un efecto depresivo, pero si la dosis es alta, bien podría llegar a producirse la muerte.
Este bioensayo brindó la posibilidad de realizar un experimento comparativo entre el cabello humano de la tumba 7 de Huaca de la Luna y el pelo de la rata, el cual debía responder positivamente a la reacción de alcaloides, en la medida que los metabolitos se quedan impregnados en el pelo.
Los resultados dieron positivo (reacción de Mayer, y Mandelin) y por las características de la reacción el tipo de alcaloide podría ser del tipo Estricnina o Solanina, pero que no pertenecían al tipo Aminos.
Estos resultados son aún indicativos, nos falta realizar más bioensayos con grupos de ratas para poder ofrecer un dato de mayor confiabilidad.

Si los resultados llegan a ser positivos podemos considerar que la actividad analgésica se estaría relacionando a lo reportado por Cobo (cit. Rostworowski, 1989: 249), que mencionaba en relación al espinco o espingo (ishpingo):
«Los polvos desta yerba con polvos de incienso y dados en vino, hacen no sentir los tormentos, por rigurosos que sean».
El cronista Arriaga menciona en relación a la bebida de chicha mezclada con polvo de Espingo
«… beven la demas los Hechiceros, y les buelve como locos» (cit. Wassén, 1973: 44), lo cual estaría relacionado a la actividad de los alcaloides en el sistema nervioso.
El consumo de bebidas conteniendo porcentajes de alcohol, de por sí produce un efecto neuroestimulante, si consideramos el agregado a la chicha de especímenes que contienen alcaloides, como es el caso de la Nectandra sp. o «polvos de Espingo» citado por los cronistas, el efecto es mucho mayor, por lo que proponemos el uso de este espécimen como un aditivo que pudo haber provocado una muerte sin dolor, es decir la víctima pudo haber sido narcotizada, en ceremonias donde la ofrenda humana formaba parte del ritual a ejecutarse, ésta propuesta no debe descartarse de plano y mas bien valdría incidir sobre este aspecto en futuras investigaciones interdisciplinarias.

Según los contextos de aparición, al parecer la Nectandra era un elemento aprovechable por la élite para determinados fines socio-políticos, enmarcados sutilmente en contextos ceremoniales.
Planteamos, como una tentativa para comprender los rituales Chimú, una clasificación inicial de los contextos arqueológicos reportados recurrentemente, tomando en cuenta principalmente la particularidad de los mismos, y las recurrencias constantes de ofrendas similares.
La particularidad de algunos de estos tipos de ofrendas como parte de complejas actividades rituales, ha llevado a plantearnos que éstos podrían estar correlacionándose con eventos específicos en las sociedades prehispánicas, un estudio etnohistórico queda pendiente para realizar, lo cual deberá ayudar en el estudio arqueológico para aclarar o descartar este planteamiento.
Bourget plantea: «… estos rituales prescritos formaron una parte importante del aparato religioso del inicio de la cultura Chimú y que ellos se realizaron a lo largo de la costa peruana durante un período de tiempo largo» (1997: 115).
Estamos de acuerdo con lo planteado por dicho investigador, en el sentido de que los niños y jóvenes evidenciados en estos sitios se constituyen como parte de la ofrenda misma en estos rituales (ídem: 115), y no que constituyen entierros de personajes de alta jerarquía a quienes se les ofrenda. Consideramos que no es casual la presencia de una determinada edad en estos entierros humanos, y que bien podría deberse a causas específicas de muerte exprofesa (Montoya, 1998).

En el estudio que planteamos realizar debemos necesariamente indagar en las causas de muerte de los adolescentes, reportados en contextos similares en diferentes sitios Chimú. T. Pozorski menciona, para el caso de los entierros reportados en Las Avispas (excavada en 1970): «Las muertes naturales y aún por epidemias o catástrofes, ocurren en variedad predecible de individuos de diferentes edades y sexos, salvo que el patrón de la muerte fuera altamente selectivo» (Traducción Libre) (1979: 133). Uceda (1997) considera para la tumba 7 de Huaca de la Luna la posibilidad de que el esqueleto pertenezca al personaje principal o a algún acompañante (ídem: 152), además, según el fechado radiocarbónico (obtenido a partir del cabello del personaje) que data entre 1440 a 1665 d.C. esta tumba pertenecería a la fase Chimú Tardío, según ésto él propone:

«Es conocido que desde la ocupación Inca, Chan Chan empezó a ser saqueado, lo que llevaría a algunos dignatarios o descendientes de ellos a buscar lugares seguros para enterrar a sus difuntos» (ídem: 152-153).
Dicha propuesta es lógica considerando los hechos históricos sucedidos en la costa norte, sin embargo, consideramos que faltan realizar estudios puntuales al respecto, ya que como hemos propuesto es sintomática la presencia recurrente de entierros Chimú de personajes adolescentes asociados al parecer a contextos rituales específicos y no necesariamente que pertenezcan a contextos de tumbas de personajes de jerarquía con un rico ajuar como ofrendas.
Si bien no existen reportes etnohistóricos con respecto a los casos de sacrificios de niños para la época Chimú, existe información de los cronistas Martín de Murúa (1964) y Calancha (1976) sobre sacrificios específicos de niños para la época Inca, por lo que valdría considerar la existencia de estos sacrificios específicos para épocas anteriores.

Es posible que nos encontremos ante cementerios especializados, es decir si tomamos como ejemplo el caso recurrente de los entierros de adolescentes en Huaca de la Luna, éstos tendrían un lugar especifico donde debían ser enterrados, y depositada la gran cantidad de ofrendas, tal es el caso de la tumba 7 en que se encontraron 45 valvas de Spondylus, 287 caracoles Conus, además de 700 fragmentos de Conus y Spondylus trabajados, e idolillos de madera (Tello, 1997; Uceda, 1997) que representaban una serie de escenas ceremoniales tales como el entierro de un personaje en una litera, un personaje desnudo al parecer destinado a ser sacrificado, además de personajes que portaban en las manos cabezas trofeo, etc. el ajuar de esta tumba nos da nuevos indicios de los rituales que se llevaban a cabo en la época Chimú.
Queda también, aclarar la implicancia de estas características rituales en diferentes momentos del desarrollo de la sociedad Chimú, por lo que la correlación de fechados seguros para los diferentes sitios con estos contextos será importante.
Revista Sian Nº 4
Por: María del R. Montoya Vera, Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna
En: Revista Sian Nº 5 pp. 9 – 1998

Chan Chan: A toda costa

Los resultados que arrojó el monitoreo practicado por los trabajadores del Instituto Nacional de Cultura La Libertad y el proyecto de irrigación Chavimochic no dejaban lugar a dudas: la napa freática del complejo arqueológico de Chan Chan –ese remanente acuífero depositado en el subsuelo y que había aflorado al suelo de la ciudad Chimú– estaba creciendo en razón de cinco centímetros al mes.

«Llegaron los patos silvestres y creció la vegetación acuática», dice Ana María Hoyle, directora de la Dirección de Arqueología del INC y ex directora del INC La Libertad, «se volvió un espectáculo paisajístico maravilloso, formidable para el ecoturismo, pero trajo un severísimo problema para Chan Chan».

Y no era para menos: una de las riquezas más representativas del país y Patrimonio Mundial por la UNESCO corría peligro.

Alertada por el fenómeno, Hoyle inició una serie de acciones encaminadas a alertar a la sociedad civil sobre el peliagudo problema y a extraer la napa del lugar.

El panorama, sin embargo, no era sencillo.

«No hay logística adecuada en Trujillo.

Abrir una zanja de drenaje cuesta por encima de los 100,000 dólares –algo impensable para nosotros– y además había que destruir arquitectura monumental; la otra opción era bombear el agua, pero SEDALIB no tenía el motor necesario y la Compañía de Bomberos de La Libertad no tenían mangueras suficientemente largas para lograr el cometido».

Así, pues, El INC coordinó con las autoridades competentes de la UNESCO.

Éstas propusieron realizar una Campaña a nivel mundial que se iniciaría con un Seminario internacional destinado a reunir el aporte técnico suficiente para la propuesta de un plan de Mitigación que solucione el problema puntual de la napa freática.

Sin ese aporte delineado técnicamente será muy difícil que el organismo internacional obtenga los fondos necesarios para rescatar Chan Chan.

EL PLAN DE TODOS LOS DÍAS.

Pero, ¿es imprescindible realizar este tipo de acciones? ¿Las armas metodológicas y técnicas no se pueden generar dentro de nuestro país? Lamentablemente la respuesta tiene varios sesgos.

Y ello se debe a la situación absolutamente sui generis que detenta, histórica, arquitectónica, ambiental y geográficamente, la ciudad de Chan Chan, el monumento de mayor envergadura construido en adobe de América continental y acosado por fuerzas naturales tan complejas como las que se ciernen sobre la costa nor peruana.

Desde que en los años sesenta empezaran las labores de investigación a través del Patronato de Arqueología y durante las labores interdisciplinarias posteriores de profesionales del Instituto Nacional de Cultura La Libertad –investigación científica, conservación y presentación para uso turístico de distintas áreas del complejo según los criterios de intervención de los organismos competentes internacionales, e incluso acciones judiciales e intersectoriales para retirar del monumento a las 220 familias que habían dispuesto casas, fábricas, tierras de cultivo y ganadería en la zona del complejo– se tuvo presente la vulnerabilidad del material con que fue construido Chan Chan y su resistencia frente a la acción de diversos factores entre los que destaca el intemperismo, es decir la acción conjunta del los vientos, la humedad nocturna y las esporádicas y devastadoras lluvias que destruyen lentamente las estructuras de tierra y carcomen los cimientos de Chan Chan.

Hay armas para enfrentar estos problemas, por supuesto, y éstas han sido desarrolladas paulatinamente por los técnicos del INC La Libertad, pero aun sin solución definitiva, debido a la complejidad de la problemática.

Así, pues, la creación de un conjunto de criterios específicos para encarar las condiciones absolutamente particulares de Chan Chan era imperiosa y se materializaron a través de un Plan de Manejo –esa herramienta de gestión tan necesaria para la conservación seria de los valores de un complejo arqueológico de tal magnitud– que fue producto de un evento internacional.

En efecto, en el año 1996 Ana María Hoyle emprendió la misma estrategia que ahora se piensa emplear para encontrar la solución técnica al problema de la napa freática: «Organizamos con el ICCROM, CRATerre y el Instituto de Conservación Getty (GCI)- proyecto TERRA, y con la contribución del WHC de UNESCO, un curso internacional para la conservación y el manejo de los sitios del patrimonio cultural, tanto históricos y arqueológicos, construidos en tierra.

Allí se impartió la metodología para la elaboración para planes de manejo para sitios del patrimonio cultural inmueble que reunían estas características.

Chan Chan fue el objeto de estudio del cónclave, tanto por su significación mundial y su condición de Patrimonio Mundial en Peligro como porque ahí se iniciaron y desarrollaron los trabajos de conservación en adobe más avanzados de la región».

Luego de realizado el evento, llamado «Curso Panamericano sobre la Conservación y el Manejo del Patrimonio Arquitectónico Histórico Arqueológico de Tierra, PAT 98», y con la metodología en la mano, se inició la elaboración del Plan Maestro de Conservación y Manejo del Complejo Arqueológico Chan Chan, también con el apoyo financiero de la UNESCO, del grupo TERRA y el trabajo humano y profesional de expertos locales y del Instituto Nacional de Cultura La Libertad y la consultora internacional Carolina Castellanos.

El equipo interdisciplinario, más de cuarenta personas, se puso manos a la obra.

El Plan reunió el análisis de la problemática del sitio; la definición de los valores del monumento que debían ser conservados para las siguientes generaciones y que se inspira en la carta de Burra (carta de recomendación de la UNESCO); los principios y criterios de intervención –hasta dónde, cuándo y cómo intervenir sobre las estructuras del complejo–; los objetivos y finalmente el plan de acción final para solucionar o atender o neutralizar los problemas analizados e identificados.

El Plan de Manejo, que salió a la luz en enero del 2000 y fue aprobado por Decreto Supremo N° 003-2000 ED, tiene una vigencia de diez años y es la herramienta principal para el actual manejo de Chan Chan.

Comprende siete programas con 134 proyectos de investigación arqueológica, arquitectónica, química, de conservación y puesta en valor, y ha sido el marco dentro del cual se han realizado una serie de proyectos de investigación, conservación, de emergencia y de mitigación por el fenómeno del Niño en los últimos cuatro años.

Ha permitido a los responsables del Instituto Nacional de Cultura La Libertad entender la compleja red que rodea a este Patrimonio Cultural de la Humanidad.

ENEMIGOS AL ACECHO.

Chan Chan está desplegado en una terraza aluvial de suave pendiente y a una distancia del mar de sólo 1,000 metros: el palacio más cercano al litoral se encuentra a 14 metros de altura mientras que el extremo opuesto del complejo se erige a 44 metros sobre el nivel del mar.

Esto facilita la acción permanente y erosiva de los vientos alisios, más aun cuando escasea vegetación alta que modere su velocidad.

Por ello los paramentos del sector sur del complejo se encuentran muy deteriorados.

Existe además una pérdida de estabilidad vertical en los muros y plataformas de Chan Chan debido a la superposición de construcciones arquitectónicas realizadas por los hombres Chimú; hay estructuras superiores que poseen mayor peso que las inferiores y en ciertas zonas, incluso, hay defectuosos rellenos en el subsuelo, lo cual pone en entredicho la estabilidad de las estructuras.

«La calidad de la albañilería es importante», agrega Hoyle.

«Las construcciones de Chan Chan no tienen la misma calidad de trabajo.

Si bien éstas fueron supervisadas por arquitectos e ingenieros Chimú, el trabajo dependía de campesinos que tributaban con mano de obra y que no dominaban de igual manera el oficio; por ello hay fragmentos mejor edificados que otros, lo cual se manifiesta cuando sobrevienen los sismos y algunos colapsan».

Pero no sólo los movimientos terráqueos; las lluvias cíclicas que trae consigo el Fenómeno El Niño son dos factores determinantes en la conservación de la arquitectura de tierra nor costeña.

La erosión pluvial y su intensidad se puede observar en las superficies rugosas de los muros y en las profundas huellas que corren de las partes altas de los muros hasta los suelos.

Por último tenemos la acción del gran enemigo, el hombre, quien ha realizado una condenable actividad de maltrato a las estructuras desde tiempos de la Colonia -mediante cédulas reales que permitían el saqueo a «compañías de explotación de huacas»- hasta bien entrada la República, a través de concesiones oficiales a principios del siglo pasado para la realización de faenas agrícolas.

Existen dos carreteras, un camino colonial y una autopista que horadan el territorio del complejo y además, en la actualidad, la expansión urbana de la ciudad de Trujillo ha terminado por cercar la ciudad prehispánica.

Además, el sitio fue paulatinamente invadido con granjas agropecuarias, campos agrícolas, establecimientos nocturnos, talleres de mecánica, viviendas, entre otros, que ocupaban cerca de 600 hectáreas de la zona intangible de Chan Chan.

La acción del Instituto Nacional de Cultura no se dejó esperar.

Ejecutó diversas acciones de defensa y, en acción conjunta con la Procuraduría de Educación, realizó diversos procesos judiciales coactivos para la demolición de instalaciones indebidas en la zona intangible de Chan Chan pertenecientes a 220 ocupantes ilegales, no sin antes convocar a la Municipalidad Provincial de Trujillo para que dispusiera lotes de viviendas que alentaran la reubicación pacífica y voluntaria de los ocupantes indicados, medida a la que muchos de éstos se acogieron.

Con estas acciones el Instituto Nacional de Cultura recuperó cerca de 400 hectáreas de la zona intangible de Chan Chan.

El problema de la napa freática, sin embargo, se mantiene sin solución.

La Dirección Regional de Cultura de La Libertad está trabajando con organismos locales a través de un comité multisectorial que por estos días realiza el análisis de campo y prepara la documentación técnica sobre la problemática así como las alternativas de solución para ser discutidas en el Seminario Internacional que se desarrollará con el Comité del Patrimonio Mundial de UNESCO.

«Hay posibilidades de que hayan fuentes subterráneas desconocidas debajo de la ciudad; quizás un río seco que está empezando a tener actividad por debajo de Chan Chan.

Es más, hay posibilidades de la existencia bolsones de agua», acota Ana María Hoyle.

Su preocupación es compartida.

El llamado de alerta de la Procuraduría, que ha convocado la atención a los titulares de los ministerios de Agricultura y de Comercio Exterior y Turismo, así como al presidente del Gobierno Regional de La Libertad sobre los problemas que aquejan a Chan Chan, debería contribuir a llamar la atención de la sociedad en su conjunto para coordinar esfuerzos a fin de rescatar esta riqueza de nuestro país a toda costa.