Los calzados utilizados por los Incas para las altas montañas

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Resumen

En el presente artículo se dan a conocer los resultados de un reciente hallazgo efectuado a nivel superficial en uno de los sitios arqueológicos del volcán Llullaillaco (6739 msnm). Tras un proceso de limpieza y acondicionamiento, realizado en el laboratorio del Museo de Arqueología de Alta Montaña, se pudieron observar, registrar y describir tres objetos textiles que resultaron ser un tipo de calzado de abrigo empleado por los Incas para ascender a las altas montañas donde se realizaban ofrendas. Hasta el presente, no existían antecedentes publicados respecto a esta variedad tan específica de calzado, por lo que se abre un nuevo panorama en los estudios arqueológicos del Tawantinsuyo.

Palabras claves: Calzado prehispánico, volcán Llullaillaco, arqueología de alta montaña, Incas.

Abstract

This article discusses the results of a recent surface find made at one of the archaeological sites on the Llullaillaco volcano (6739 m), located on the international border between Argentina and Chile. After a process of cleaning and conservation in the laboratory of the Museum of High Altitude Archaeology, it was possible to observe, record and describe three textile objects that turned out to be a type of shoe used by the Incas to ascend to the high mountains to perform offerings. Thus far, no data regarding this very specific type of footwear has been published, so the current work reveals new insights in the archaeology of the Incas.

Keywords: Prehispanic footwear, Llullaillaco volcano, high mountain archaeology, Incas.

Autor: Christian Vitry

chvitry@gmail.com

Artículo originalmente publicado en la Revista Haucaypata Nro.8 (https://sites.google.com/site/revistahaucaypata/home)

Introducción

Desde hace varias décadas se investigan los picos de la cordillera donde los Incas realizaron ceremonias y ofrendas. Hasta el presente existe un registro aproximado de dos centenares de montañas con evidencias arqueológicas y la mayoría de ellas superan ampliamente la cota de los 5000 metros de altura, donde las condiciones ambientales son extremas (Vitry 2008: 51). Uno de los temas sin resolver, respecto a la indumentaria utilizada por los Incas para soportar el riguroso frío de esos ambientes, era el calzado, ya que no existían registros arqueológicos o históricos que hicieran referencia a los mismos.

Recientemente se produjo un hallazgo arqueológico a una altura de 5200 msnm, en las proximidades de uno de los ocho sitios que integran el complejo arqueológico del volcán Llullaillaco, ubicado en el límite internacional entre Argentina y Chile. Luego de los trabajos realizados en el laboratorio del Museo de Arqueología de Alta Montaña (Salta, Argentina) se confirmó que se trataba de calzados especialmente preparados para soportar el frío (Vitry 2013). Ante la ausencia de publicaciones referidas al tema se inició un trabajo de consulta a investigadores de diferentes países, sin obtener resultados positivos a excepción del Dr. Johan Reinhard, quien en 1995 había observado y fotografiado un calzado similar proveniente del Nevado de Ampato en Arequipa, Perú.

El hallazgo del Llullaillaco consistió en cinco calzados impares, de diferentes confecciones y tamaños. En el laboratorio trabajamos con tres (F1, F2 y F3) y a continuación damos a conocer los avances de los estudios realizados a dos de ellos (F1 y F2).

El hallazgo de los calzados

En enero de 2010 un grupo integrado por investigadores del proyecto Qhapaq Ñan y topógrafos del Instituto Geográfico Nacional, se encontraba en la base del volcán Llullaillaco realizando planos de los sitios arqueológicos y tareas relacionadas con el proceso de nominación del volcán como Patrimonio de la Humanidad ante la UNESCO. Uno de los topógrafos nos avisó que había observado algo en el hueco de una roca, al llegar al lugar pudimos comprobar que se trataba de textiles. En ese momento no contábamos con ningún elemento contenedor para recolectarlos, por lo que decidimos dejarlos en el lugar y regresar el próximo año.

Así, a fines de 2011 nos encontrábamos nuevamente en el volcán. El equipo ahora estaba integrado por Mario Lazarovich y Diego Sberna de la Dirección General de Patrimonio Cultural; Gonzalo Cristófani de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable y el que escribe del Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), quienes a su vez realizábamos trabajos técnicos para el Proyecto Qhapaq Ñan-Sistema Vial Andino.

Imagen 1. Lugar del hallazgo a una altura de 5200 msnm en el volcán Llullaillaco. Se aprecia la oquedad de la roca y los textiles en su interior debajo de una piedra.

A una altura de 5200 msnm, cerca de uno de los sitios arqueológicos de la base relocalizamos el lugar donde habíamos observado el año anterior los textiles. Los calzados estaban todos juntos en el hueco natural de una roca (imagen 1), formando un bulto de textiles inidentificables y semi cubiertos con una roca mediana. Documentamos el lugar, tomamos fotografías y un punto con el posicionador geográfico satelital (GPS), luego procedimos a ubicar los elementos en una bolsa estéril y sellada, para que no sufrieran ningún tipo de contaminación durante el traslado al laboratorio.

Al regresar de aquella expedición se derivó el material al responsable del laboratorio del MAAM, señor Pedro Santillán. Luego de una semana ya estaban los textiles separados, se trataba de cinco calzados en diferentes estados de conservación, ninguno formaba par y se pudo distinguir dos modelos de confección bien diferenciados.

Las tareas de conservación

En el laboratorio del MAAM se realizaron una serie de actividades para la preservación y conservación de los objetos. Dichas tareas estuvieron a cargo del señor Pedro Oscar Santillán y consistieron en:

1. Registro inicial del material, para lo cual se empleó una ficha técnica de ingreso al laboratorio. Los campos que se consideran contemplan información tal como fecha, responsables, lugar del hallazgo, altura, coordenadas, breve descripción del sitio y condiciones de recolección y toda información de importancia contextual. Luego se registraron las medidas: largo, ancho, alto, espesor y peso (Tabla 1) y se realizaron croquis que facilitan la interpretación de las mediciones realizadas. Posteriormente se tomaron fotografías con escala gráfica y se realizaron observaciones y comentarios sobre los objetos, información que tendrá utilidad en futuras investigaciones.

Tabla 1. Dimensiones de los calzados F1 y F2.

2. Una vez completada la ficha, se procedió a la estabilización del material para evitar contaminar a otras colecciones (imagen 2). Esta tarea consistió en aislar a los objetos recién incorporados ubicándolos en campanas especiales, donde fueron observados minuciosamente y se trató de eliminar todo factor que pudiese afectarlos (ácaros, polillas, hongos, etc.). Este proceso se realizó en un período de tres a cuatro días. En el interior de las campanas se introdujo sílica gel a efectos de disminuir la humedad relativa del ambiente.

3. Una vez estabilizado el material se realizó una limpieza superficial mecánica utilizando cepillos y pinceles pequeños y esterilizados (imagen 3). Todo el polvillo o sedimentos extraídos de los objetos fueron guardados en pequeños frascos esterilizados (Hidrologix Tubes) para futuros estudios.

4. Finalmente, se realizó una segunda intervención, más profunda, donde se aplicó el siguiente tratamiento:

– Humectación de los textiles con el objeto de ablandarlos y poderlos manipular sin producir ruptura de las fibras. Se llevó a un rango comprendido entre 52 y 58 % de humedad.

– Micro cepillado y utilización de una aspiradora pequeña de laboratorio. Todo el sedimento extraído fue guardado en frascos esterilizados.

Imagen 2. Primeros trabajos de estabilización del material en el laboratorio del MAAM.

– Deshumidificación del textil realizada en forma gradual. Al cabo de 72 horas la humedad quedó estabilizada en 44%.

– Armado de soportes y cajas contenedoras con materiales apropiados para la conservación de los objetos, construidas con materias primas libres de ácidos, ignífugas e hidrófugas (imagen 4).

– Una vez ubicados los calzados en sus soportes se realizó un control permanente (diario), midiendo la humedad relativa y la temperatura, y un monitoreo del aspecto físico visible (cambio de forma, color, emanación de olores, etc.) durante varios meses hasta comprobar la estabilidad de los mismos.

Variedades de calzados prehispánicos

En el mundo andino prehispánico, donde existió gran diversidad de grupos étnicos y ambientes geográficos, hubo diferentes tipos de calzados y también de nombres que los identificaron. Tomaremos como referencia la nomenclatura propuesta por Abal (2010).

 

Imagen 3. Limpieza superficial mecánica, con cepillos y pinceles.

Los calzados se pueden agrupar en dos variedades: uno abierto como sandalia, donde los dedos están descubiertos o cubiertos parcialmente y otro cerrado, similar a un mocasín. Los más utilizados fueron los primeros y se conocen numerosas variedades y nombres regionales. En este trabajo consideraremos cuatro con claras diferencias: ojota, shukuy, chápito y llanke (Abal 2010: 187 y Vitry 2013 y 2014).

La ojota (usuta o ushuta) es el término más conocido para denominar a las sandalias andinas y suele usarse como sinónimo de la mayoría de calzados abiertos, pero también es el menos presente en las evidencias arqueológicas de los Andes meridionales. Las ushutas tienen una suela de cuero o fibra vegetal de donde salen tres amarres, dos para el talón y uno que pasa entre el primer y segundo artejo (dedo gordo y el siguiente). En estos amarres se sujetan los cordeles de pelo de camélido, cintas de cuero o de fibra vegetal que fijan el pie a la suela (imagen 5).

Los calzados conocidos como abarca o shukuy, chápito, y llanke son variedades de un mismo tipo de calzado en el sentido de que poseen cuatro amarres, dos en la parte anterior y dos en la posterior, vinculados por correas de pelo de camélido, fibra vegetal o cuero (Abal 2010: 187); la diferencia entre éstos radica en la manera de confeccionar la capellada y también en la ubicación de los amarres (imágenes 6, 7 y 8).

Imagen 4. Caja contenedora para la conservación de los materiales. primeImagen 5. Sandalia tipo ojota o ushuta. Posee tres amarres, los dos anteriores se unen en uno solo en la parte posterior. Dibujo de Gastón Vitry.

La siguiente cita de Bernabé Cobo nos da cuenta de la confusión respecto al nombre de dos sandalias, donde se utiliza el nombre genérico de “usuta” pero se describe al llanke: “Al calzado que usaban llamaban usuta; hácenlo de una suela más corta que lo largo del pie, de suerte que traen los dedos fuera dellos, para agarrar con ellos cuando suben cuesta arriba. No tienen más obra estos zapatos que las dichas suelas, atadas de los talones al empeine del pie con ciertos cordones de lana tan gruesos como el dedo, hechos con gran curiosidad, porque son redondos y blandos, por tener sacado el pelo como rizo o como pelo de alfombra, de colores muy vivos y hermosas labores, respecto de que toda la gala del calzado la ponen en estas ligaduras” (Cobo 1962: 238 [1653: tomo II]).

De los calzados cerrados tipo mocasín se pueden mencionar, en términos generales, el pollco y el kawkachu, ambos fabricados con cueros de camélido, venado o lobos marinos. El primero, de fina confección, fue usado para las ceremonias y las ofrendas (imagen 9) y el segundo es muy resistente a las inclemencias del tiempo y a las largas caminatas que realizaban los caravaneros con sus recuas de llamas a través de la cordillera.

Un nombre para una evidencia no descrita

Al hallarnos frente a un hallazgo nuevo, debíamos asignarle un nombre debido a que no estaba en la clasificación de calzados conocidos en la bibliografía para el ámbito andino.

Desde el principio primó la idea de asignarle un nombre literal de acuerdo a su función, algo que identifique los dos elementos que lo caracterizan: calzado y montaña. No tenemos mayores dudas de que estos calzados fueron exclusivamente utilizados para subir las montañas, caso contrario ya se habrían encontrado en otros contextos que, sin ser de alta montaña, son igualmente fríos y ameritarían un buen abrigo, no ha sido así hasta el momento. El único dato de un calzado similar fue aportado por el Dr. Johan Reinhard (comunicación personal) y proviene de un contexto de alta montaña (imagen 10). Asimismo, una pieza textil dentro de una sandalia en el contexto funerario de la momia del cerro El Toro (San Juan, Argentina) posee la misma técnica, solo que está confeccionada con dos capas de pelo de camélido y se trataría de un calcetín (Michieli 2008: 129).

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